domingo, febrero 17, 2008

February 17th: Freedom Fighters Day





















Monumento a los caídos del UÇK en la guerra de 1996-1999: Vucitrin / Vushtrri, Kosovo. Obsérvese que el mapa que enmarca la silueta del caído es el de la Gran Albania. Aunque es improblable que se convierta en una realidad a medio plazo, también es cierto que no se trata de "propaganda serbia¨, como argumentan los simpatizantes de la causa albanesa.

Dentro de pocas horas nacerá la “autoproclamada República de Kosovo”, adjetivo que en los últimas décadas la prensa occidental distribuía selectivamente por aquí, callaba por allá y obviaba acullá. Hace ya bastantes años que los dobles raseros se aplican generosamente en diversas regiones del planeta, aquellas que son más dadas a la colonización y división en zonas de influencia que otras. La lista, aplicable a los Balcanes y extensible al resto del espacio ex otomano, es larga y tiene probada profundidad histórica. Eran peyorativamente “autoproclamadas” la República Serbia de la Krajina y lo es la República Turca del Norte de Chipre. Pero no lo es Nagorno-Karabaj, territorio no tan ignoto que ha provocado numerosas tensiones en el Cáucaso, amén de un número crecido de muertes. Eso, mejor meterlo en el cajón.

La verdad es que, aunque pueden cobrar una gran relevancia en un momento dado –las “repúblicas autoproclamadas” son carne de manipulación por excelencia- la exhibición de dobles o triples varas de medir ha tenido momentos estelares en la reciente historia de las crisis balcánicas. Aparte del ya bien conocido “vals de la federación” (“Yugoslavia federal no es factible-Bosnia está destinada a serlo-Kosovo nunca lo será-en Macedonia la solución está ahí, precisamente”) no han faltado grotescos momentos estelares, si no fuera porque terminaron en tragedia. Por ejemplo: el 6 de abril de 1992, la Comunidad Europea reconoció formalmente a la República de Bosnia-Hercegovina. Una de esas “soluciones” de la diplomacia occidental que ignoró olímpicamente el deseo de una mayoría de serbios de Bosnia de abandonar esa república; en este caso, la sagrada “voluntad de la mayoría” no tuvo ningún valor para Bruselas y Washington. Pero, casi peor, en la agenda de ese mismo día 6 de abril estaba previsto reconocer la República de Macedonia. Sin embargo, ese asunto se dejó de lado para no contradecir a Grecia, que por entonces desplegaba una desmesurada campaña nacionalista contra lo que se consideraba una amenaza revisionista. Según el gobierno de Atenas, la homónima región norteña de Grecia era la verdadera Macedonia, mientras que la república ex yugoslava era un invento de Tito, con objetivos descaradamente anexionistas. Sea como fuere, Bruselas demostró una marcada indolencia hacia la soberanía Macedonia, y una innecesaria impaciencia en reconocer la independencia bosnia, que ayudó a precipitar la guerra
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Monumento al héroe del UÇK en la plaza principal de Prizren. Fotografía procedente del blog: "Els viatges del Xavi"

Casi dieciséis años más tarde, estamos ante un caso parecido. Los aplausos orgánicos que escuchamos en occidente hacia la epopeya soberanista de los albaneses de Kosovo, se permiten ignorar los derechos de la minoría serbia, objeto de flagrantes campañas de limpieza étnica ante la indiferencia de la administración internacional. Por lo visto los albaneses “se merecen” la independencia, pero la minoría serbia “no se merece” una especial atención hacia sus derechos. Debe de ser cosa del número exiguo de los que quedan (menos del cinco por ciento de la población total de Kosovo). Aunque si tenemos en cuenta que la definición de genocidio se ajustó en el Tribunal Penal Internacional hasta un mínimo de seis mil personas para poder acusar a Slobodan Milosevic y los líderes nacionalistas serbios de Bosnia de ese crimen en relación con los sucesos de Srebrenica, bien se puede dictaminar que los algo más de cien mil serbios que sobreviven como pueden en Kosovo son una minoría demasiado minoritaria para ser tenida en cuenta, o “reajuste” similar de última hora.

En realidad, los diez años de crisis yugoslavas han ido creando unas lógicas manipuladoras casi mecánicas. Adonde no se llega con unos argumentos amañados, se prueba con otros y sobre todo con las pasiones futbolísticas que embargan incluso a sesudos académicos cuando de Balcanes se trata. Y aquí si que los resultados pueden llegar a ser francamente divertidos, cuando contemplamos alineados en el mismo bando “soberanista” a intelectuales de rancio abolengo progre con derechosos periodistas de imperial pijería. Y ya son ganas de emborronar papeles a mayor gloria de la vanidad sublimada en el “sostenella y no enmendalla”, para terminar haciendo masa coral con lo que no es sino el objetivo de cualquier extremismo político no islamista en la Europa de hoy: conseguir como sea el apoyo norteamericano no sólo para obtener la victoria, sino también para bendecirla. Todo ello bien poco tiene que ver con el derecho a la soberanía de los albaneses de Kosovo y es mero interés coyuntural de un grupo de potencias hegemonistas enfrascados en salir del paso obviando hipócritamente cualquier cosa que no sean sus intereses aquí y ahora.

Desde ese punto de vista, la decisión del gobierno español de no reconocer al nuevo estado “soberano” de Kosovo es consecuente, correcta y valiente. Que no quedó más remedio que llevarla a cabo en una coyuntura internacional desventajosa, de eso no cabe duda. A la vista está: distanciamiento de Bruselas, nuevo desencuentro con Washington y por si faltara algo, aprovechamiento desconsiderado de Moscú en beneficio de su propio guión –y como venganza, habitual desde hace años, contra la figura y significado de Javier Solana, en 1999 al frente de la OTAN y ahora, en decisivo cargo comunitario.



















Iconografías similares, valoraciones diferentes: Miembros del Real IRA se entrenan en uniformes de campaña ya en 2001

¿Se dio ese paso en nombre de la preservación de las españolísimas esencias patrias? Parece evidente que ese debe ser el caso desde las filas del Partido Popular. Pero, obligaciones del peculiar momento de la campaña electoral al margen, la decisión del gobierno de Zapatero tiene otro trasfondo. Porque lo que se debate aquí no es la vieja discusión bizantino-politológica sobre la intangibilidad de las fronteras realmente existentes o el hipotético “efecto dominó” sobre los soberanismos celtibéricos. La cuestión es otra.

El problema central, que lógicamente no vamos a encontrar debatido en la prensa democrática occidental, es que Washington y Bruselas están reconociendo de facto y de iure, la validez de la vía armada para conseguir objetivos políticos nacionalistas en el continente europeo. O más precisamente, el viejo principio básico de "acción-reacción" de los grupos guerrillerosa y terroristas desde hace más de un siglo. Porque no representa otra cosa el hecho de que el actual primer ministro albanés de Kosovo sea Hashin Thaçi, un antiguo comandante guerrillero del UÇK cuyo nombre en clave era “Serpiente”. O que otro anterior primer ministro, Ramush Haradinaj, también antiguo líder militar del UÇK, esté siendo juzgado en el TPI de La Haya por crímenes de guerra.

Lógicamente, como antídoto a cualquier tentación de aproximarse demasiado a esta delicada cuestión, los apologetas del guión desarrollado en Washington y aplicado desde Bruselas insisten una y otra vez que se le está concediendo la independencia a los albaneses como una especie de premio a sus sufrimientos o de compensación a la abolición de su autonomía en 1989 por obra de Slobodan Milosevic. En realidad, la intervención de la OTAN en 1999 no se produjo en base a esas cuestiones. En el verano de 1996, quien escribe estas líneas visitó Kosovo, donde comenzaba a oírse hablar de los atentados de un misterioso grupo nacionalista albanés contra policías y administradores serbios, amén de los “colaboracionistas” albaneses. Pues bien, la gran mayoría de los albaneses kosovares a quienes entrevistó dijeron no saber nada de “aquella gente” violenta, que posiblemente no eran “de por allí”. Rugova, el líder de la Liga Democrática de Kosovo, la opción mayoritaria, gradualista y no violenta de soberanismo albanés en Kosovo, negaba de forma vehemente y reiterada, que los activistas del UÇK existieran: eran “meras provocaciones de la policía serbia”. Por entonces, los diplomáticos occidentales en la zona no querían oír hablar de aquel feo asunto de Kosovo, cuando hacía pocos meses que se había logrado concluir la guerra de Bosnia. ¿Qué es ese cuento de hadas de que la UE –o determinados socios de la UE- están reconociendo estos días los méritos también de esa opción moderada? Si el UÇK no hubiera empezado a liarse a tiros a lo largo de 1996, profusamente equipados con armas procedentes de Albania al año siguiente, muy diferente hubiera sido la historia. La OTAN nunca hubiera intervenido para apoyar a Ibrahim Rugova y sus seguidores. De eso no hay la menor duda, porque precisamente lo que produjo la aparición del UÇK fue la conciencia de que la opción gradualista del LDK no parecía llevar a la deseada intervención occidental después de que en 1995 los occidentales reconocieran en las conversaciones de Dayton las fronteras de Bosnia, sí; pero también las de Croacia y Serbia, y en éstas se incluía Kosovo. Eso lo saben ahora y lo sabían entonces los albaneses de Kosovo, y de ahí la proliferación de un verdadero culto al combatiente del UÇK expresado en estatuas de regusto stalinista en varias de las ciudades y pueblos de Kosovo, o en las decenas de monumentos a los caídos, que también están presentes en la zona albanesa de Macedonia, con gran profusión de insignias y banderas.






















1958-2008: este mismo año se cumple el medio siglo de existencia de ETA. Conmemoriaciones inoportunas en coincidencia con iconografías similares bendecidas precisamente en estos mismos días por Washington y algunos miembros de la UE

Uno estaría incluso tentado de suponer que Washington y Londres esperaron a que se solucionara el conflicto del Ulster para impulsar la independencia de Kosovo. Porque ese doble rasero sí que resultaba totalmente insostenible. Por otra parte, hoy puede parecer inimaginable que algún día ETA pudiera ser reconocida en Euskadi en términos parecidos a como el UÇK lo fue en Kosovo. Pero si no es así, es bien cierto que el precedente kosovar sí puede convertirse en la base de la utilización del radicalismo armado vasco –por ejemplo- como forma externa de presión sobre el gobierno de turno en Madrid. De hecho, la estrategia de apoyar a grupos radicales le fue bien a Washington durante la Guerra Fría –incluso a costa de subvencionar a Bin Laden y similares “freedom fighter” en Afganistán- y ahora parece retomar la idea: ahí está residiendo, dicen, el éxito del plan de pacificación de Irak: en apoyar a unos contra los otros. Y es que subvencionar grupos armados radicales puede resultar muy rentable. Cuatro fusiles por aquí y dos pistolas por allá, y ya tenemos organizado un grupo armado de "freedom fighters" que puede convertirse fácilmente en instrumento de poder y autoridad. Un líder guerrillero convenientemente afeitado o al menos con un traje caro, puede devenir en estadista aceptable, incluso con un aura romántica de la que carece el político civil de toda la vida. Pero eso sí: el grupito y su líder han de saber claramente quién es el amo, quién manda allí en último término.

Entendámonos: eso, al fin y al cabo, puede que ni siquiera suponga una gran ventaja a largo plazo para la opción violenta y radical objeto de las atenciones de Washington. El margen de acción política real y de soberanía que le queda a Thaçi no es envidiable, y ese es el final de la historia tras años de ardua lucha. Hoy en día, ningún movimiento radical armado tiene posibilidades de éxito en Occidente sin el respaldo de Washington. El IRA es un ejemplo bien claro; también el UÇK, desde luego, pero es que incluso Al Fatah tuvo que ponerse en manos de la CIA hace bien poco tiempo. La verdad es que si yo fuera un activista radical europeo estaría preocupado ante el mensaje que supone la respaldada proclamación de la independencia kosovar: hoy por hoy, si no están los americanos detrás, olvídate. Y en el mejor de los casos, serás un mero peón en manos del Tio Sam. Ahí tenemos a los miles y miles de albaneses que ya están celebrando la independencia agitando obsesivamente banderas norteamericanas con el mismo valor sentimental que la albanesa –que por cierto, no debería ser la enseña del nuevo estado kosovar-. Esas banderas americanas se las frotan los interesados por las narices a la familia europea, a los países del club UE, a Bruselas. Muy poquitas parecen ser las enseñas azules de la Europa comunitaria que se agitan en Kosovo. Por lo tanto, y ya que las fronteras del mundo parecen haberse vuelto elásticas, para regocijo de algunos, pues quizás sería el momento de proponer a los norteamericanos que adoptaran a Kosovo como un nuevo estado de la Unión.

Lo que, en todo caso, resulta un tanto incomprensible es esa idea de que la integración en la UE aportará la solución de los problemas en la zona. Ahí tenemos a los países balcánicos, pero europeos a la postre, haciendo piña contra el reconocimiento de la independencia de Kosovo. Ya no sólo son Serbia (lógicamente), Rumania, Chipre, Grecia y Bulgaria, sino también Bosnia. Son todos estados balcánicos con nutridas minorías nacionales y situados, precisamente en los Balcanes. ¿Cómo pueden demostrar entusiasmo ante lo que está ocurriendo a pocos kilómetros de sus fronteras? Parece lógico que ni siquiera se fíen de las ideas de Bruselas miembros locales de la UE, como Rumania, Bulgaria, Grecia y Chipre. Tampoco lo hace Eslovaquia, que no es un país balcánico pero sí desconfía de lo que pueda ocurrir con su minoría magiar.























Adem Jasari, uno de los mitos de la primera rebelión del UÇK, allá por 1996, muerto dos años más tarde. Ese es el origen real de la intervención OTAN en la zona que llevó indefectiblemente a la independencia proclamada hoy

Por lo tanto, la UE no está resultando nada tranquilizadora. Y menos aún actuando a dictado de Washington. Pero aún poniéndole toda la buena fe del mundo, toda la candidez bienintencionada de la que (aún) podamos ser capaces, ¿qué sentido tiene montar todo este circo de la independencia kosovar si se supone que de aquí a pocos años ese país, junto a Serbia y los demás formarán parte de la UE en un único mercado común, con instituciones financieras y legales conjuntas y unas fronteras medio disueltas por el “espacio Schengen”?¿Si las fronteras son hoy en día relativas y no son en absoluto intangibles ¿por qué construimos más y las bendecimos una y otra vez?






"El Periódico", 16/2/2008
LA DECLARACIÓN UNILATERAL DE INDEPENDENCIA DE LA REGIÓN SERBIA

Kosovo es el comienzo


Bruselas está tirando piedras a su propio tejado: tres de los cinco países que rechazan el nuevo Estado son miembros de la UE

Si los albaneses macedonios deciden irse con los kosovares sí que tendremos un problema serio

La proclamación de la independencia de Kosovo el próximo día 17 es presentada por muchos analistas, con más pasión que otra cosa, como el final de un proceso iniciado hace casi veinte años. En realidad, es más de lo mismo por lo que toca a la situación interna del nuevo estado; y a la vez, el comienzo de algo nuevo a escala internacional.

Que los fastos no nos engañen: la independencia de que disfrutará Kosovo será aparente. No poseerá fuerzas armadas, los policías y los jueces los pondrá la UE, no podrá ingresar en las Naciones Unidas como miembro. Por lo tanto, un estado que va a carecer de atributos de soberanía plena y seguirá siendo una especie de protectorado, ahora de Bruselas. Lógicamente, los extremistas no tardarán en meter baza. Los nacionalistas albaneses duros de “Vetëvendosje!” (“¡Autodeterminación!”) liderados por el joven Albin Kurti, flagelo de la administración internacional, comenzará a movilizar a sus seguidores en las calles pidiendo independencia absoluta, sin cortapisas. Y los serbios del enclave norteño de Kosovska Mitrovica, donde funciona una administración serbia propia, parece que van a ignorar activamente la autoridad de Pristina.

















Medio en serio, medio en broma: propuestas para una nueva bandera de la Gran Albania, modelo USA

A pesar de toda esa carga de incertidumbres con la que se estrena el nuevo estado semisoberano, no es de temer que tengan lugar desórdenes de envergadura. De momento, ni a serbios ni a albaneses les interesa aparecer como los provocadores ante las grandes potencias que son las auténticas protagonistas de toda la operación. Otra cosa es la situación en la que queda Macedonia, un tabú que la prensa occidental evita tratar, como si fuera la peste. Nadie quiere recordar que en 2001 esa república vivió una guerra interna en la cual la guerrilla secesionista albanesa estaba conectada, hasta en denominaciones y símbolos, con la del UÇK kosovar que había luchado contra los serbios dos años antes. Y es que no existen diferencias étnicas entre los albaneses de Kosovo y los de Macedonia, porque hasta 1991 pertenecieron al mismo estado (Yugoslavia) y podían circular libremente por todo su territorio, y en el norte de esta última república se han erigido monumentos conmemorativos a los caídos en aquella corta pero dura contienda.

Ese conflicto sí que se puede reabrir; y lo saben Bruselas y Washington. Y si los albaneses de Macedonia deciden irse con los de Kosovo, y Macedonia queda rota y su capital dividida, si que tendremos ahí un problema serio, dado que la supervivencia de esa pequeña república quedará en entredicho y seguramente Bulgaria buscaría intervenir, abriéndose nuevas dimensiones de conflicto balcánico, más allá de las que quedaron confinadas a las guerras yugoslavas de 1991-2001.






Composición conmemorativa para un combatiente del UÇKömbetar, caído en Macedonia, primavera de 2001. La misma parafernalia que el UÇK kosovar ¿La misma lucha?












Pero existe otro nivel de análisis, que remite al papel de las tres potencias que juegan la partida real: los Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea. Washington y Bruselas están siguiendo un guión muy rígido –el descubrimiento de algunas de esas astutas complicidades han creado una crisis política en Eslovenia, que preside la UE- que para sortear las numerosas contradicciones que conlleva, está generando un esquema argumental muy pobre pero peligrosamente maniqueo: todo iría como la seda si rusos y serbios no se empeñaran en poner problemas. Los serbios porque “como demuestra” el resultado de las recientes elecciones presidenciales, siguen siendo, en un porcentaje elevado, unos nacionalistas peligrosos (por lo tanto, el problema no era sólo Milosevic, añade el guioncito por pasiva). Los rusos, porque temen que Kosovo sea un precedente para algunas de sus regiones que, según parece, estarían dispuestas a proclamarse independientes en cadena, cosa harto improbable.

Pero este planteamiento evita cuidadosamente explicarnos que es Bruselas quien está tirándose piedras sobre el propio tejado. Primero porque los problemas derivados del parto con fórceps de un Kosovo independiente está creando fuertes tensiones en los Balcanes: al menos cinco estados de la región ya han anunciado su intención de no reconocer al Kosovo soberano: Serbia (lógicamente), Rumania, Grecia, Chipre y Bosnia. De ellos, tres pertenecen a la UE. Es decir, socios que no se fían de Bruselas. Y en Bosnia todos tienen claro que arreglar de esta manera el contencioso de Kosovo es vender por un plato de lentejas su propia viabilidad como estado, tal como fue pactada en Dayton, 1995.

En cuanto a Moscú ¿qué esperaban? En Bruselas y Washington siguen empeñados en que la Rusia de Putin vuelva a ser la de Yeltsin, aquella potencia postrada, gobernada a ratos por un presidente enfermo y dominada por oligarcas descontrolados con los que se podían hacer suculentos negocios. Pero esos tiempos se fueron. Y ahora Rusia ha dejado muy claro que se debe contar con ella para solucionar por las buenas toda una serie de problemas y dejar de empeñarse en colar dobles raseros a martillazos. Porque si se reconoce a Kosovo, ¿por qué no hacer lo mismo con la República Turca del Norte de Chipre? La noticia saltó a los informativos en días pasados y entusiasmó a los turcos. Definitivamente, el mundo ya no se puede compartimentar como hace quince años, porque se ha balcanizado, cierto, pero a la vez se ha globalizado, conectando entre sí a actores muy dispares y lejanos, que pueden crear efectos inesperados.

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martes, diciembre 11, 2007

¿Por qué Kosovo? (y 2)
















Putin y Bush se echan un pulso estrujando de paso a serbios y albaneses. Una ajustada visión de la realidad realizada por el conocido caricaturista serbio Corax, que publica habitualmente en la revista belgradense "Vreme"

Entrevista concedida al Canal 9 de Valencia, a media tarde de ayer, 10 de diciembre. La periodista ofrece como gran primicia informativa a comentar el hecho de que la Unión Europea parece dispuesta a apadrinar la independencia de Kosovo, en sustitución de la ONU. Desilusión total cuando le respondo que la novedad tiene dos meses. De hecho, si leyera de vez en cuando este blog, se hubiera enterado de ello ya el 11 de octubre, y eso que la noticia procedía del “The New York Times”, nueve días antes. La entrevistadora tampoco entendía que la independencia de Kosovo difícilmente pudiera ser modelo cabal para ningún movimiento soberanista en la Europa occidental, tras ocho años de casi infructuosas misiones, ayudas y gestión internacionales, y eso después de haber organizado una guerra con el consiguiente resultado de muertes y destrucción de bienes e infraestructuras.

¿Cómo va a ser Kosovo el espejo del independentismo flamenco, bretón, vasco o catalán, cuando otros modelos de más enjundia y futuro –como el lituano, el esloveno, el eslovaco, incluso el croata o el montenegrino- se han quedado por el camino como juguetes rotos? Otra cosa es que el precedente que están marcando la ONU, le UE y los Estados Unidos –bendecir la secesión de una provincia previamente integrada en un estado soberano, cuyas fronteras estaban reconocidas por esas mismas entidades- pueda ser la siembra de los primeros vientos que anuncien tempestades. Pero el “modelo kosovar” es lo de menos. O en todo caso, podría ser el anuncio de la futura política de minorías en la UE: un tinglado en formato “cajas chinas” con desembocadura en el reconocimiento legal del estatus de minoría para poblaciones de inmigrantes comunitarios con un determinado número de años de residencia en el país de acogida. De momento, por ejemplo, veremos qué resultados irá obteniendo en el futuro el Partido Independiente Rumano en algunas de las numerosas alcaldías españolas en las que creen que pueden llegar a tener peso político.
















El presidente grecochipriota Tasso Papadopoulos (derecha) junto al ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, durante una reciente reunión en Nicosia. Los grecochipriotas le han visto las orejas al lobo: ¿El embrollo kosovar podría traer alguna forma de reconocimiento internacional para la RTNC? No es extraño que basculen hacia Rusia, país con el que siempre han mantenido buenas relaciones y excelentes negocios


La verdad es que la prensa lleva un despiste fenomenal y esta vez no sólo la española. Y como no saben lo que deben decir, dado que no hay consignas claras sobre lo correcto y lo incorrecto, se hacen unos líos importantes. La tendencia más o menos general es ir de agoreros y barajar o sugerir lo habitual en estos casos: guerras, masacres y caos balcánico a diestro y siniestro. Como hace quince años o más, lo de siempre. Caso de que no suceda nada, hacen mutis por el foro, lo más discretamente posible, y esperan a la próxima fecha "tremenda". Otros, restos de serie de la colección de "expertos en los Balcanes" que brotaron como champiñones en la pasada década, se limitan repetir viejos mantras y quedar bien: no queda más remedio que acceder a la independencia de Kosovo, pero hay que aprovechar para implantar allí la democracia, la justicia, y la bla, bla, bla... Como si no lleváramos ya casi dos décadas de excelentes e impecables intenciones, jaculatorias y hermosos conjuros, que ya no sirven ni para salvar la cara a los que las utilizan.

En fin, a estas alturas, los pobres periodistas ya no se enteran de dónde van a caerles las tartas. Buscando y rebuscando una solución, a TV3, la televisión autonómica catalana, se le ocurrió una muy sencilla: gastarse una pequeña fortunita y hacer un reportaje de media hora sobre... ¡Bosnia! Un producto muy Carles Bosch, su director. Ya saben, la historieta colorista de siempre: Sarajevo, Srebrenica, habla el hermano de Karadzic (ya habitual en las teles occidentales) serbios malos y brutos, animadversiones interétnicas seculares, pero bosniomusulmanes-preservan-la-diversidad: el menú completo que nunca falla desde 1992, que quince años no son nada. Y todo ello emitido el domingo día 9 y presentado Joan Salvat bajo el argumento de que "el corazón de los Balcanes vuelve a calentarse, mañana Kosovo podría declarase independiente con la oposición de Serbia y Rusia..." Todo un recital de rentabilidades a costa de exprimir a fondo el "síndrome del 93". Claro, no se mencionó Kosovo, pero da igual, porque para muchos televidentes, los Balcanes son una gigantesca albóndiga informe, un corral donde serbios, bosnios, croatas, albaneses y tutti quanti comen, duermen y hacen sus necesidades, todos juntos y revueltos. Y de esa manera quedan a salvo las simpatías políticamente correctas del más tibio y televisivo nacionalismo catalán hacia los "pueblos y naciones oprimidos" en general, sin dar nombres y pasando por encima de los conflictivos albaneses.

Mientras tanto, ayer por la mañana
, “El País” informaba en su edición electrónica de que Chipre es el único país miembro de la UE que se opone con uñas y dientes al reconocimiento formal de la independencia kosovar. ¿Realmente existe la posibilidad de que ese proceso lleve a un reconocimiento internacional de la República Turca del Norte de Chipre? Pues claro que sí, faltaría más. ¿Por qué no? La misma lógica “aplastante” de unos se aplica a los otros: ¿Por qué negarles a los albaneses de Kosovo su independencia, si eso es lo que quieren?¿Por qué no reconocerles a turcos de Chipre su república, si eso es lo que desean? Claro que una vez más se puede tirar del doble rasero habitual, pero eso terminaría funcionando ahora a favor de Turquía, ya ven lo que son las cosas. Y más facturas políticas que deberán pagarse en los Balcanes, y más dinero a fondo perdido (parece que sobra) en el enorme agujero negro que es en realidad el pequeño territorio kosovar. Los europeos están cayendo impasiblemente en las trampas de los demás: la que supuso Kosovo para Yugoslavia, y la que fue Afganistán para la Unión Soviética.

Por lo tanto, se está formando un plancton de confusiones y agravios comparativos que vamos a ver cómo se deshace. Desde luego, lo que menos importa es el destino de los albaneses de Kosovo y cualquier alusión a sus “derechos históricos” es mera filfa, por el mero hecho de que nunca existió anteriormente una “República de Kosovo”. No hay nada que restaurar. Tendría más lógica histórica una Gran Albania que integrara a Kosovo y el tercio occidental de Macedonia, pero eso parece difícil que vaya a cumplirse ante la oposición de los albaneses de Albania, que no muestran precisamente muchas simpatías por los hermanos kosovares. Una Gran Albania con capital en Priština es lo último que desearían.














Poses de guerra fría: un par de oficiales paracaidistas rusos miran hoscamente al oficial británico que les fotografía. Slatina, aeropuerto de Kosovo, junio de 1999. Rusia fue especialmente humillada en Kosovo y una reacción de última hora consistió en enviar tropas de intervención desde Bosnia para ocupar el aeropuerto de Kosovo adelantándose a la llegada de las fuerzas de la OTAN. Pinchar en la foto para obtener ampliación

En realidad, los que están jugando ahí su partida propia son Rusia y los Estados Unidos; quién pagará los platos rotos, como suele ser norma, es la Unión Europea. Moscú, lógicamente, desea retomar el papel que tuvo en los Balcanes desde el siglo XVIII. Durante la fase final de la presidencia de Yeltsin, un periodo de máxima decadencia, se vio apartada por la intervención de la OTAN y la presión norteamericana. Pero era mucha ingenuidad por parte de los occidentales suponer que las cosas seguirían siempre así. Y hoy, al final de esta historia de la independencia anunciada de la microrrepública, la gran pregunta del millón: ¿A quién le comprarán los albaneses de Kosovo el petróleo, el gas, la electricidad, todo el paquete energético, en suma? Pues lo más lógico es que de una forma u otra importen de Rusia, el proveedor más cercano y más económico. Además, no hay muchas más alternativas posibles, si excluimos el caro, lento y más bien decadente oleoducto AMBO, de capital norteamericano, pero que al fin y a la postre transportará crudo... ruso.

Por otra parte, muchos hombres de negocios albaneses están haciendo grandes negocios con los rusos. De hecho, algunos actúan incluso como intermediarios u hombres de paja de inversores de esa nacionalidad que están comprando terrenos por aquí y por allá, en Montenegro, en Croacia, en diversos puntos de los Balcanes. Para muestra un botón:
Beghjet Pacolli, el millonario albanés que hizo suculentos negocios en Rusia y volvió a Kosovo para fundar en 2006 du propio partido: Alianza para un Nuevo Kosovo (Aleanca Kosova e Re, AKR) partido que quedó tercero en las recientes elecciones, con un 10% de los votos, a pesar de la insistente campaña de denuncia que se le organizó en su país. Por lo tanto, si unos han de acostumbrarse a la idea de un Kosovo independiente, les guste o no, los otros tendrán que resignarse al retorno de Rusia a la zona, así están las cosas. La superpotencia eslava será el principal suministrador de energía de la zona, un referente para las inversiones en Kosovo, destino de negocios para los albaneses y, debido a todo ello, terminará por tener la sartén por el mango en una serie de cuestiones.



















Behgjet Pacolli posa con Boris Yeltsin tras llegar a un acuerdo comercial, en 1996. La fotografía forma parte de la campaña que sus adversarios políticos organizaron contra él durante las recientes elecciones generales en Kosovo

Visto desde el prisma norteamericano en 1999, el conflicto de Kosovo fue un intento por demostrar que el “Nuevo Orden” anunciado por George Bush padre a comienzos de los años noventa, había triunfado a finales de la década, aunque fuera a golpes de fuerza bruta aquí y allá. De paso, se trataba de hacer olvidar otros conflictos que se estaban desarrollando por esas mismas fechas y desmentían de plano ese discurso, pero que tenían la mala fortuna de desarrollarse en regiones más pobres del planeta: Argelia, Congo, Sierra Leona, Colombia. La guerra de Kosovo supuso, por parte de la OTAN, un despliegue militar descomunal cuyo fin real no era exactamente solucionar un conflicto en una pequeña provincia balcánica del tamaño del principado de Asturias, sino ofrecer la imagen de que el Nuevo Orden era lo que un grupo de grandes potencias decidirían que fuera. A éste respecto, cuando la prensa occidental ofrecía espantosas descripciones de las matanzas argelinas, con todo lujo de detalles sobre tripas colgando de los árboles, niños aplastados contra la pared o embarazadas destripadas; cuando las televisiones mostraban a los niños soldados de Sierra Leona o los abigarrados rebeldes liberianos con máscaras o pelucas de colores, sólo se trataba de ofrecer imágenes más o menos pintorescas o crueles que dieran una medida de cuán primitivas eran esas guerras y por lo tanto, cuán irresolubles le resultaban a la “comunidad internacional occidental”.

Dado que teóricamente resultaba imposible resolver tales conflictos, el Nuevo Orden debería ajustarse a aquellos otros susceptibles de ser zanjados por las potencias occidentales. Esto podía ofrecer un abanico más o menos amplio de opciones, pero de cualquier forma, una cosa era vender el resultado como un depurado producto mediático, a mayor gloria de las potencias intervinientes; y otra muy diferente era mover las piezas con discreción, a veces como acción colateral en el escenario principal.























Un joven albanés besa fervorosamente un poster del presidente George W. Bush. La devoción de los albaneses de Kosovo por los norteamericanos llega casi a la obsesión: hay restaurantes, calles, posters y mil denominaciones que loan a la familia Clinton al completo o al actual presidente. Sin embargo, la gran mayoría de las ayudas y subvenciones provienen de Europa.


Sin embargo, ese Nuevo Orden selectivo que intentaban imponer las grandes potencias occidentales, no sólo no coincidía con el que deseaban las nuevas potencias emergentes, como Rusia, China o India, sino que ni siquiera respondía a los grandes desafíos de la globalización. Al fin y al cabo, ésta era heredera directa de la Guerra Fría –el primer gran conflicto global de la historia- y de la misma forma que durante esos cuarenta años cualquier conflicto en cualquier punto del planeta era susceptible de desencadenar un guerra a gran escala o un foco de tensiones de difícil resolución, lo mismo iba a suceder a partir de 1991. Y justamente por ello, los conflictos yugoslavos se encadenaron unos con los otros durante la década de los noventa, y Kosovo –o mejor, el modus operandi de las grandes potencias en torno a esa guerra- no tardarían en llevar a Afganistán e Irak.

Así, a pesar de los grandes esfuerzos propagandísticos destinados a insistir en que Kosovo era el comienzo de una nueva era de paz y justicia internacionales basados en una tecnología militar futurista, en realidad esa guerra supuso un retorno a modelos antiguos de intervencionismo internacional. No sin razón, la campaña de Kosovo no tardó en generar numerosas protestas entre aquellos que había apoyado la intervención en Bosnia y pronto comenzó a hablarse, no sin razón, del nuevo “imperialismo humanitario”, concepto que iba a inspirar más de un libro.

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miércoles, noviembre 21, 2007

NOTA: Negocios frescos entre viejos adversarios
















¿Amigos para siempre? El primer ministro griego Costas Karamanlis estrecha la mano de su homólogo turco Reyep Tayyip Erdogan durante las ceremonias de inauguración del ambicioso gasoducto. La prensa española, en general, pasó de puntillas sobre el evento

Siguen, más abajo, dos breves notas de actualidad aparecidas en diversos periódicos y que no deberían pasar desapercibidas, en un momento en el cual todavía prevalece el análisis parcelado de las cuestiones geopolíticas, algo que hace varios años el autor de este blog bautizó como: "Visión de los cinco centímetros" en un artículo publicao entonces por "El País". En ese contexto, la inauguración del gasoducto greco-turco debería hacer reflexionar a los que se empeñan en presentar la cuestión chipriota como un obstáculo totalmente insuperable en el proceso de negociaciones para el acceso de Turquía a la UE. Ya no es extraño oir que, caso de que estas complejas negociaciones fallaran por culpa de los grecochipriotas, ello debería ser visto como una catástrofe difícilmente superable por la UE. Pero no sería menos extraño que Atenas montara en cólera si la actitud de los hermanos grecochipriotas le complicaran tales suculentos negocios con el viejo vecino al que no hace tanto se calificaba de enemigo histórico de Grecia.



Turquía/Grecia.- Erdogan y Karamanlis inauguran hoy el primer gasoducto entre Turquía y Grecia

ESTAMBUL (TURQUIA), 18 Nov. (del corresponsal de EUROPA PRESS, Ildefonso González) -

Los primeros ministros de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y Grecia, Costas Karamanlis, inaugurarán hoy el primer gasoducto entre ambos países, en un acto cargado de simbolismo ya que se celebrará en un puente sobre el río Evros, frontera natural entre Grecia y Turquía.

El gasoducto, de 285 kilómetros de longitud --de los cuales 200 pasan por Turquía--, comenzó a construirse hace dos años y en un futuro próximo, en torno a 2010, se extenderá hasta Italia. Se culminará así un ambicioso anillo energético conocido con el nombre de SEGR (South European Gas Ring).

El gasoducto suministrará unos 11.500 millones de metros cúbicos anuales, procedentes de las reservas de la zona de Asia central y los países de la región del mar del Caspio, sobre todo Azerbaiyán. Unos 8.000 millones irán a parar al mercado transalpino y el resto al helénico. Con el gasoducto entre Turquía y Grecia, y después Italia, los mercados europeos ya no dependerán tanto del gas y el petróleo rusos, según han valorado los analistas.

Asimismo, la obra de ingeniería representa un nuevo acercamiento entre Ankara y Atenas. Las relaciones entre Turquía y Grecia, dos países miembros de la OTAN, han sido cuando menos tirantes durante las últimas décadas por sus disputas territoriales en el Mar Egeo y el problema de la división de la isla de Chipre.

No obstante, los fuertes terremotos que sufrieron sus territorios en 1999 contribuyeron a un acercamiento sin precedentes entre turcos y griegos. Desde entonces, los contactos y las visitas de alto nivel se han producido periódicamente. A la inauguración del gasoducto asistirá también el presidente azerí, Ilham Aliyev.



Tendido de un gasoducto ruso desde el Caspio. La iniciativa greco-turca busca ser una alternativa europea a la red rusa. Por desgracia, los problemas derivados del conflicto turco-chipriota podrían terminar afectándola de una u otra forma



Erdogan y Caramanlis inauguran con pompa un gasoducto grecoturco


AFP - domingo, 18 de noviembre, 17.31

EVROS, Frontera grecoturca (AFP) - Los jefes de gobierno griego, Costas Caramanlis, y turco, Recep Tayyip Erdogan, inauguraron este domingo el primer gasoducto que une a sus dos países, una obra que demuestra sus buenas relaciones económicas y refuerza su primacía energética.

Ambos primeros ministros se reunieron en la región de Tracia, en un puente encima del río Evros, frontera natural entre ambos vecinos de relaciones a menudo tempestuosas. Caramanlis y Erdogan participaron luego en una ceremonia del lado turco de la frontera, en presencia del presidente azerí, Ilham Aliyev, y del secretario estadounidense de Energía, Samuel Bodman.

Operativo desde el pasado verano, el gasoducto, de una longitud de 296 km, tiene una capacidad de 11,5 mds/m3, y lleva el gas azerí desde el mar Caspio a Grecia. En 2011, el gasoducto debería llegar hasta las costas orientales europeas, lo que lo convertirá en una infraestructura estratégica para una Europa que no quiere depender exclusivamente del gas ruso.

"Turquía se está convirtiendo en una plataforma energética. Eso implica algunas responsabilidades", declaró Recep Tayyip Erdogan. El proyecto "demuestra en la práctica que somos capaces de trabajar armoniosamente para nuestro beneficio mutuo", subrayó por su lado Costas Caramanlis.

"Esta obra marca una etapa suplementaria importante en la asociación económica entre ambos países", explicó a la AFP Svetoslav Danchev, experto del Instituto griego de Investigación Industrial (IOVE).

Si bien en el plano diplomático Atenas y Ankara no han resuelto en absoluto sus diferencias -en particular sobre Chipre y en varios puntos en el mar Egeo-, su intercambio comercial y financiero no cesa de aumentar. "El porcentaje de importaciones turcas en Grecia se duplicó ampliamente entre 2000 y 2006, del 1,18% al 2,62%, y su monto es de 1.300 millones de euros. Al mismo tiempo, Grecia se convirtió en uno de los principales inversores en Turquía", resaltó un diplomático europeo especialista de la economía griega.

En materia energética, sin embargo, Atenas y Ankara no juegan en la misma categoría: Turquía es desde hace tiempo una plataforma clave para el paso de gas y petróleo, mientras que Grecia apenas está empezando a aprovechar su posición estratégica al sur de los Balcanes. "Grecia produce aproximadamente el 80% de la energía que consume, y un 65% proviene del carbón, que libera enormes cantidades de CO2. Para adaptarse a las nuevas exigencias medioambientales, que no cesan de endurecerse, el gas es menos contaminante", señaló el diplomático europeo.

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jueves, mayo 03, 2007

Taller de discusión: Chipre








La Fundación CIDOB remite la siguiente convocatoria:

El impasse de Chipre en las negociaciones entre la Unión Europea y Turquía

Taller

Presentación de un artículo de Stelios Stavridis sobre el momento actual del conflicto de Chipre y su impacto sobre las negociaciones entre la Unión Europea y Turquía. Después del rechazo del plan Annan por parte de la población del sur de la isla, el conflicto chipriota ha vuelto al estancamiento que le caracterizó durante años. Las negociaciones de Turquía con la Unión Europea para su adhesión comenzaron en octubre de 2005. Sin embargo, quedaron parcialmente congeladas en diciembre de 2006 por el rechazo turco a abrir sus puertos y aeropuertos en Chipre. Después de la intervención del profesor Stavridis, Andreas Kyriacou, experto en el conflicto chipriota y la integración de Chipre a la Unión Europea, abre el turno de debate.

Ponente: Stelios Stavridis, ninguna [sic] de la unidad de estudios euromediterráneos y de Oriente Medio al Instituto de Relaciones Económicas Internacionales (IDOS) de Atenas, Grecia.

Comentarista: Andreas Kyriacou, profesor de Economía Aplicada, Universitat de Girona.

Hora: 19.00 h.

Lugar: Fundación CIDOB. Sala Campana. C/ Elisabets, 24. 08001 Barcelona
Organiza: Programas Europa y Mediterráneo de la Fundación CIDOB

Asistencia libre. Aforo limitado. Se ruega confirmación a través de la página web de la Fundación

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jueves, abril 19, 2007

NOTA: dos blogs desde Chipre

Andrea, escribe desde "Chiprelandia" sobre la Isla de Afrodita y de paso muestra unos pendientes ¿adquiridos en la Isla del Cobre?









Chiprelandia y República Turca del Norte de Chipre: dos blogs, dos estilos, ambos muy interesantes. No pueden ser más diferentes entre sí: el primero es obra de Andrea, una divertida joven grecochipriota que se maneja en un casi perfecto castellano, fashion, muy desenfadada, compradora compulsiva de bolsos de diseño imposible, signo cáncer, clienta ocasional de Jacques Dessange y simpática. Esto es, al menos, lo que se trasluce de su otro blog, Habladora de perros. Pero aquí nos interesa su publicación "Chiprelandia", donde de vez en cuando nos cuenta cosas de su isla, con un estilo desenfadado, muy humano y en absoluto nacionalista. Chipre es lo que es, en muchos aspectos su realidad cotidiana es la de cualquiera de nosotros, en Barcelona, Estambul, Bucarest, o Belgrado. Eso, sí, a través del blog de Andrea se puede entender un poco mejor, por ejemplo, la relación de Chipre con Líbano, lo que de paso nos da una idea de ese mundo cosmopolita que nos puede parecer esquinado y lejano pero del que podemos aprender muchas cosas. O saber del servicio militar y la opinión que le merece el presi Papadopulos. Pero si alguien quiere hacerse unas risas, puede echarle un ojo a sus historias sobre las "salvajadas y mariconismo de los popes" (sic) que ella, ingenua, cree que no interesan a nadie. Y si por fin alguien esea concluir con algo un poco más ligero, Andrea invita a su exposición de fotos en Flickr, porque resulta que también tiene mano para la cámara (¿no era signo cáncer?)

Al otro lado, "República Turca del Norte de Chipre", de Eduardo Peñailillo Barra. Chileno, residente en el lugar que anuncia la publicación. El estilo de su blog es concienzudo, serio, en ocasiones un tanto oficial por distante, que no por filias mal entendidas. Si alguien dijo que el blog es el espejo del alma o que los blogs tienden a parecerse a sus dueños, se equivoca. En realidad, antes de emitir dictámen deberíamos comenzar por responder a la pregunta: ¿Qué hace un chileno de Conchalí en la Répública Turca del Norte de Chipre? Díganme, ¿eh? La respuesta se encuentra en otro de sus blogs. Quizás en la breve caracterización que hace de sí mismo, en un rincón, allá por donde se entra, a mano izquierda:
"Diagnóstico: Hincha de equipos de fútbol segunda línea, complejo quijotesco incurable, megalomanía en grado moderado (tendiendo a disminuír), aficiones extrañas como escuchar radios del más allá; insomnio crónico, depresiones frecuentes, adicción a recibir correspondencia, a la leche sabor frutilla. Añádase el complejo de Diógenes: Recoge basura (boletos) en las calles. Y podríamos continuar. Su vida es un melodrama barato, y el mundo no lo quiso así. Escribió solito el guión". Y a continuación, no se pierdan sus fotoblogs y el otro que le dedica a Sealand.

Amigos, esto es grande: la república de los blogueros hispanos se extiende por los Balcanes, Anatolia y el Egeo, y más allá; imparable. ¿A quién le interesan ya las aventuras de Corto Maltés?

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sábado, abril 07, 2007

Negociaciones bajo cuerda (y 2): "No news... no news"

Fotografía de Peter Marlow - Agencia Magnum: Nicosia, 2004















Si el status de Kosovo viene siendo motivo de negociaciones más o menos discretas a lo largo de las últimas semanas, sucede algo parecido en torno a la situación en Chipre, relacionada con las negociaciones entre Ankara y Bruselas. Breve recapitulación: el pasado 8 de marzo, efectivos de la Guardia Nacional grecochipriota comenzaron a derribar algunos lienzos del muro que divide la ciudad de Nicosia. Por entonces, el presidente Tassos Papadopoulos se encontraba en la Cumbre de Jefes de Estado y gobierno en Bruselas explicó que el derribo del muro (que por otra parte se circunscribió por entonces a un sector determinado: la calle Ledra) no significaba que el paso de ciudadanos hubiera quedado libre y expedito de y hacia la zona turcochipriota, dado que para ello, deberían retirarse las fuerzas de seguridad de esa república y además, sería menester ponerse de acuerdo unos y otros para limpiar la tierra de nadie de minas y trampas explosivas que todavía siguen activas. Precisamente, esa circunstancia hace que algunos locales situados entre la zona griega y turca, hayan permanecido intactos desde hace más de treinta años: peluquerías, tiendas, negocios de todo tipo en los que muebles, adornos, posters, fotografías, todo lo que contiene un local comercial, sigan tal como estaban en el verano de 1974.

La noticia fue recibida con gran alegría en Bruselas: la Comisión Europea aplaudió la decisión unilateral del gobierno grecochipriota. El comisario europeo de Ampliación, Ollie Rehn, instó a “todas las partes a aprovechar la oportunidad creada por esta valiente decisión y por la retirada previa del puente por la comunidad turco-chipriota para tomar rápidamente los próximos pasos para reabrir el paso” en la citada calle. A continuación, la UE destinó más 100.000 euros para la financiación de cualquier obra necesaria en el paso de la calle Ledra.


Obras de demolición del muro de la calle Ledra, Nicosia, 8 de marzo, 2007














Tal como llegó, con ruido y alharacas, la noticia apenas tuvo continuidad y prácticamente desapareció de las primeras páginas de los rotativos importantes. La prensa occidental no volvió referirse al estado de las obras, las motivaciones reales del ejecutivo de Nicosia para dar ese paso, las iniciativas que se están dando para ir más allá: apenas nada, excepto lo que se podía ir pescando por internet. Y no es que dejaran de producirse noticias: cinco días más tarde, las autoridades grecochipriotas anunciaron los trabajos para abrir un nuevo paso en la denominada Línea Verde que divide la isla. Se trataba del paso Pyrgos-Limnitis, a unos 45 kilómetros al NW de Nicosia. De nuevo, las autoridades recurrieron a apostillar que ninguno de los pasos sería abierto al libre tránsito de personas hasta que las fuerzas turcochipriotas se retiraran de la zona. En esta ocasión, la portavoz fue la ministro de Asuntos Exteriores para la cuestión de Chipre, Turquía y la UE, Erato Kozakou-Marcoullis.

En conjunto, la evolución de los acontecimientos no pintaba mal. El día anterior, el embajador de Eslovaquia en Chipre, Jan Varso, reveló que estaba actuando como mediador entre griegos y turcos de la isla para la organización conjunta de eventos culturales y deportivos. Alguna iniciativa parecía festivamente propia de una pequeña comunidad social: un partido de fútbol entre equipos mixtos compuestos por líderes políticos de ambas comunidades. También se manejó la posibilidad de alguna forma de encuentro (¿barbacoa?) entre líderes políticos de ambas comunidades con sus respectivas familias. Visitas a lugares de culto y sedes de partidos políticos (también, en cierta forma, lugares de culto), conciertos o intercambios de estudiantes: todo un abanico de encuentros que deberían haberse puesto en marcha a partir del pasado 27 de marzo, y sobre los cuales no tenemos noticia. En fin, toda una panoplia de buenas intenciones que comenzaron a gotear como surgiendo de la nada, mientras los líderes políticos grecochipriotas, comenzando por el presidente Papadopoulos, juraban y perjuraban que Bruselas no les había presionado para que las pusieran en práctica. Pero en torno al retorcido proceso de negociaciones entre la UE, Chipre y Turquía, juegan mil y una consideraciones, dando lugar, cada una de ellas a otros tantos rumores. Por ejemplo, el que relaciona la repentina buena voluntad grecochipriota con la instalación en la isla de un moderno y potente sistema de control aéreo que gestionaría el tráfico en todo el Mediterráneo oriental. Y para ello, hay que estar en buenas relaciones con todos los países ribereños y superar, por supuesto, el bloqueo de los puertos y aeropuertos turcos a las naves grecochipriotas.

Pero parece que por el camino, algo se rompió. Apenas sabemos qué fue, y también por aquí se cuelan las hipótesis. Por ejemplo, el 16 de marzo, el Parlamento de Nicosia debatió la introducción del euro para el 1º de enero de 2008. La discusión duró tres horas: fue intensa. Al final, se aprobó por 36 votos a favor y 15 en contra. Pero en la calle las cosas no estaban tan claras. Una encuesta publicada a final de mes, reveló que el 51% de los grecochipriotas está en contra del euro, porque la medida incrementaría el desempleo y la inflación. Lo alarmante de la cifra era que revelaba un aumento de 10 puntos en la oposición ciudadana con respecto a 2005. Mientras tanto, y esto podría dar una pista sobre el mar de fondo en torno a la situación en la isla, la República Turca del Norte de Chipre seguiría con su lira turca. Por supuesto, la decisión de aprobar la legislación requerida para adoptar el euro se llevó a cabo sin el concurso de los 24 escaños del Parlamento chipriota destinados a la minoría turca, desiertos desde hace más de cuarenta años (no desde la crisis de 1974, sino la de 1963, anterior a la intervención turca).


Una casa abandonada y destruida por los combates de 1974, está integrada como sección del muro que separa Nicosia y se denomina "Línea Verde", en alusión a los hierbajos que han ido creciendo desde entonces en la tierra de nadie. Fotografía del blog de Michael J. Totten, noviembre 2005







No es fácil encontrar datos sobre el debate ciudadano en torno a esta cuestión. ¿Suponen muchos grecochipriotas que la introducción del euro menoscabará su economía dándole ventaja a los turcos?¿Están los turcochipriotas menos decididos a la reunificación ahora que parece inevitable la introducción del euro en el resto de la isla?¿Ya con el euro circulando por Chipre, será condición sine qua non la purga de cualquier infraestructura financiera e institucional turca continental de la RTNC, antes de la reunificación dentro de la UE?

Lo cierto es que a partir del debate sobre el euro, las cosas parecieron torcerse en Chipre. El 23 de marzo, el rotativo turco “Cumhuriyet” denunció que Grecia había enviado a Chipre “un millar de mercenarios”, a pesar de que presionaba a Turquía para que retirara sus tropas del norte de la isla. Dentro de este contexto, la misma fuente revelaba que Grecia estaba intentando incrementar sus tropas en la República de Chipre, que actualmente asciende a 6.000 soldados. Según cifras facilitadas a Europa Press por la Fuerza de la ONU para el mantenimiento de la paz en Chipre, los efectivos de la parte grecochipriota suman 20.000 efectivos. La fuente no revela si los 6.000 soldados griegos se cuentan en la cifra total o en realidad estamos hablando de 26.000 soldados (griegos más grecochipriotas). Frete a ellos, la parte turcochipriota cuenta con 35.000 efectivos (recientemente, la inflación informativa los ha hecho aumentar hasta 43.000 y sigue en alza). Por otra parte, casi nunca se comenta en la prensa occidental o griega la composición y cualificación de tales efectivos, qué proporción de los efectivos griegos o turcos continentales son simples soldados de a pie o técnicos, pilotos de combate, especialistas, instructores y militares de alta graduación.

En efecto, el debate en torno a las tropas turcas en la RTNC está en el centro de de la discusión global sobre cómo debería realizarse la reunificación, bajo qué condiciones los grecochipriotas deberían dejar de bloquear las iniciativas de Bruselas hacia la RTNC o cuándo y cómo aplicaría el gobierno turco el denominado “protocolo de Ankara” que amplía el acuerdo aduanero a todos los países de la Unión Europea, incluido Chipre. Los grecochipriotas plantean la cuestión de las tropas turcas en la RTNC siempre que pueden. El pasado 15 de marzo, la ministra Kozakou-Marcoullis declaraba, por ejemplo: “El señor (Mehmet Alí) Talat --presidente de la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre, RTNC-- está maniatado (…) La mayoría de las decisiones se toman en Ankara. La llave está, por tanto, en Ankara y, especialmente, en manos del Ejército turco” (información recogida por el enviado especial de EUROPA PRESS, Ildefonso González).

Cartel que indica Zona Prohibida. Lado turco del barrio turístico de Varoşa, Famagusta. Fotografía procednete del blog de Michael J. Totten



La prensa turca ha publicado numerosas crónicas y comentarios a la situación en Chipre. Pero en ellas prima la especulación sobre la información concreta. En todo caso, sobresale la idea de que esta vez las cosas no van mal, pero todo el proceso de negociación sobre Chipre está en stand by, pendiente del resultado de las elecciones presidenciales y parlamentarias en Turquía. Esta es una cuestión ciertamente delicada, que lleva a que el gobierno turco haya suspendido casi cualquier iniciativa pública en relación a Chipre, y que incluso ha endurecido la retórica de los dirigentes turco, comenzando por el mismo Erdoğan. Cualquier concesión cara a la UE y, sobre todo, a los grecochipriotas, supondría dar munición a la oposición e incluso generar peligrosas disensiones internas en el AKP.

Desde este punto de vista, la iniciativa de Tassos Papadopoulos tendente a abrir nuevos pasos en la Línea Verde e impulsar otras medidas de acercamiento “suaves” puede entenderse mejor como una forma de hacer palanca sobre los turcochipriotas cuando estos, precisamente ahora, no pueden jugar a responder en términos igualmente amigables. Además, es una forma de recuperar imagen frente a Bruselas y la comunidad internacional sin arriesgar nada: la dialéctica buenista puede ser inatacable y rendir buenos réditos si se sabe aplicar en el momento justo. Y en este caso, los grecochipriotas saben que hostigar con buenas palabras es mucho mejor que provocar la suspensión de las negociaciones con Turquía.

Porque, no nos engañemos, todo este asunto de la oposición al acceso de Turquía a la UE tiene mucho de teatro: a casi ningún socio comunitario le conviene que ese país termine quedándose fuera; y Chipre es uno de los que más saldrían perdiendo. Turquía dentro, sí; pero “a la carta”, como chipriotas, franceses o alemanes quieren que entre y no de otra forma. Sinn embargo, como argumenta de forma bastante lógica Ayhan Simsek en “The New Anatolian" el pasado 14 de marzo, Erdoğan está en una posición de fuerza porque tanto si sabe aprovechar a su favor el descontento popular turco hacia la UE desafiando lo que desde Ankara se plantea como medidas injustas hacia Turquía, saldrá todavía más fortalecido en los comicios que si juega el papel de líder angustiado por la falta de apoyo europeo. El colofón es sencillo de entender: si esa postura le da resultado y gana por mayor margen todavía que en 2002, Erdoğan podría caer en la tentación de imponerse más duramente en la mesa de negociaciones comunitaria. Y si es otro el partido que lo descabalga aprovechando la fuerza del nacionalismo, adoptará la misma actitud.

















Los impresionantes bloques de hoteles abandonados en la playa de Varoşa, Famagusta. Fotografía procedente del blog de Michael J. Totten

Sin embargo, no cabe duda de que Kozakou-Marcoullis tiene razón en subrayar el importante papel que juega el Ejército turco en torno a las negociaciones que afectan a Chipre. Parece cierto y resulta lógico suponer que una parte importante de los militares turcos están a favor del acceso de su país a la UE. Pero también está visto y comprobado que poseen sus propias ideas (e incluso iniciativas) en política exterior. También es cierto que no se puede considerar a los oficiales turcos como un grupo de espadones de república bananera siempre dispuestos a dar un golpe bajo cualquier excusa. La cultura política de los militares en ese país merece un post (o varios) porque en Turquía se están produciendo cambios muy importantes que también les alcanzan a ellos. En tal sentido, existen indicios de que algo se está moviendo dentro del Ejército turco. El asunto va más allá de las reformas que impuso o trata de continuar aplicando el ejecutivo, o las leyes que pueda aprobar el parlamento para controlar las fuerzas de defensa y seguridad al poder civil. Es que a estas alturas la misma oficialidad parece inmersa en un debate interno muy discreto, muy sordo, pero intenso.

Y como muestra, un botón: El pasado 2 de marzo, Andrés Mourenza dió un toque de atención
desde su blog sobre las recientes declaraciones del general Kenan Evren sobre algunos de los planes políticos que habían barajado los militares turcos tras el decisivo golpe de estado de septiembre de 1980. Evren, que tuvo un papel de máxima importancia en esa operación y posteriormente se convirtió en presidente de la república entre 1980 y 1989, desveló que los militares implicados en el golpe habían discutido la posibilidad de convertir a Turquía en un estado federal-autonómico dividido en ocho entidades: Ankara, Istanbul, Izmir, Adana, Erzurum, Diyarbakir, Eskisehir and Trabzon.

La anécdota revela que los planteamientos políticos de los militares turcos a lo largo del siglo XX, erróneos o no, llegaron a poseer bastante más calado que, por ejemplo, los ideados por los coroneles griegos o incluso la mayoría de la cúpula golpista militar española. No deja de ser significativo que el 23-F de 1981 estuviera directamente inspirado en el golpe turco de 1980. Cuestra crrer, sin embargo, que los españoles llegaran a sopesar la posibilidad de ahondar en el estado de las autonomías o incluso plantear la federalización de España. De la misma forma, los golpistas turcos de 1960 impulsaron la redacción de la Constitución de 1961, la más progresista que ha tenido Turquía hasta la fecha. Pero poco antes de la aprobación en referéndum de la nueva ley, los militares colgaron al depuesto primer ministro Adnam Menderes. Y algunos años más tarde, el golpe de 1980 dio pie a la abolición de la Constitución de 1961, siendo sustituida por la actual, de 1982, mucho más restrictiva.



La "Línea Verde" que separa Nicosia no es tan evidente como el Muro de Berlín, pero es real. Minarete de una mezquieta y banderas turca y de la RTNC desde el sector griego. Foto procedente del blog de Michael J. Totten


En cualquier caso, ¿qué buscaba Kenan Evren, ya en sus 88 años de edad, sacando a relucir el viejo proyecto federal-autonómico para Turquía? Posiblemente, lavar la cara de la institución militar, que está recibiendo fuertes ataques desde Europa desde que comenzó el proceso de negociación para el acceso de Turquía a la UE. Y más todavía desde que la cuestión chipriota se ha convertido en un escollo que ha terminado por ralentizar e incluso amenazar la continuación de las negociaciones. Así, el pasado mes de marzo, Evren regresó del pasado y comenzó a hablar en un
tono inesperadamente moderno; tanto que incluso resultaba provocativo. “Es difícil de creer que Ankara pueda controlar [eficazmente] todas las 81 provincias” –explicó. Por ello, Turquía deberá dar el paso hacia la federalización tarde o temprano. Y el país deberá aceptar el sistema tarde o temprano, añadió.

Sus declaraciones generaron una violenta tormenta política en el país, porque enseguida generaron acusaciones de separatismo dirigidas contra el antiguo golpista. Pocos días después, Evren remataba la faena aconsejando que el Partido de la Sociedad Democrática (DTP) abiertamente pro-kurdo, debería acceder al Parlamento en las próximas elecciones de noviembre, por el bien de Turquía a largo plazo. Echó un jarro de agua fría sobre las viejas aspiraciones ultras de anexionarse el Kurdistán iraquí, zona que además es rica en petróleo y actualmente cuenta con una amplia autonomía en el Irak casi desmembrado. Por si faltaba algo, Massoud Barzani (líder del Partido Democrático del Kurdistán y presidente de gobierno autónomo del Kurdistán iraquí) declaró casi al mismo tiempo que Turquía debería acostumbrarse a convivir con el vecino Kurdistán.

El polémico mapa de la Turquía federal sugerida por Evren y publicado en "The News Anatolian", marzo de 2007




En consecuencia, Evren fue tomado por chiflado –cosas de la edad-, agente contumaz de los intereses norteamericanos y, por supuesto, traidor a la patria por parte de los sectores ultras. Los fiscales a su servicio, por supuesto, estudian la posibilidad de procesarlo. Pero en todo caso, el extraordinario incidente podría forma parte de las galaxia de presiones, maniobras, dimes y diretes que giran en torno a la negociación bajo cuerda que se está llevando a cabo en estos momentos con relación a Chipre, máxime si tenemos en cuenta que el pasado 29 de marzo se reactivó el proceso de adhesión de Turquía con a la apertura de un nuevo capítulo de negociación, el número 20, “Empresa y Política industrial”. Se suele decir que “No news, good news”. En el caso del tortuoso juego que se está desarrollando en torno a las relaciones entre la Unión Europea, Turquía y Chipre, lo único que se puede decir es: "No news… no news”.

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sábado, febrero 03, 2007

NOTA: Divertidas coincidencias

Martes, 30 de enero, 2007: "El País” publica una crónica titulada: “Irak, primera guerra civil panárabe”, firmada por Guillermo Altares desde Madrid. El artículo, elaborado con pretensiones de información técnica y detallada, presentaba un estudio sobre los análisis de la “Brookings Institution” sobre la intervención norteamericana en el Próximo Oriente titulado: “El desmoronamiento: contener las consecuencias de la guerra civil en Irak”. Hasta ahora, que se recuerde, este diario no le había dedicado ni media línea a la Brookings Institution; lo hace ahora, diez días después de que en este blog se publicara: “De Bosnia a Irak: miseria del intervencionimo en el espacio ex otomano”, donde se escribía sobre el tono ideológico y los proyectos del think tank norteamericano con respecto a Irak. Eso sí: ni una alusión al plan estrella de la Brookings: el reparto de Irak en líneas “étnicas” a la manera de Bosnia, inspirándose explícitamente en el caso de la ex república yugoslava. ¿Recuerdan lo que se podía leer en el post?: “Desde luego, la idea debe poner los pelos de punta a sectores mediáticos y políticos del ámbito socialista en Madrid (y también Barcelona) donde cualquier alusión a que la intervención en Irak es comparable a las que tuvieron lugar en Bosnia o Kosovo deviene riguroso anatema”. Pues bien, pueden comprobarlo en la crónica de Altares: ni rastro sobre la idea de convertir a Irak en una “Bosnia bis” y a ésta en un incómodo precedente del actual desastre final de la política de ingerencia, tan en boga hace una década.

Pero lo más divertido del artículo es considerar la sospecha de que en el rotativo madrileño alguien e incluso alguien más, entra regularmente en este blog y en él se inspira (o al menos, lo tiene en cuenta). Es evidente que puede sonar presuntuosa tamaña suposición, pero es que en el mundo de la prensa estas cosas son posibles. Hay otros indicios de esa regocijante hipótesis. Vean por ejemplo, el post deicado a las relaciones entre Grecia y Chipre del pasado verano: “Chipre acerca a Grecia y Turquía”, del jueves, 17 de agosto de 2006. Bien, pues pasan las semanas, luego los meses y el pasado 9 de diciembre, Juan Carlos Sanz, de gira por el Mediterráneo Oriental, se detiene en Atenas y ¿a qué no saben a quién entrevista? Pues a Alexis Papahelas, el periodista de “To Vima” en torno al cual giraba el post señalado. Y la conclusión del artículo era similar a la del post, claro está: “Grecia, de enemigo a aliado estrategico. Atenas apoya la integración de Turquía en Europa para que se mantenga en la vía de las reformas”. ¿Casualidad? Claro, es lo más posible. Seguiremos informando.

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domingo, diciembre 10, 2006

Unión Europea: Turquía o barbarie


La revista "Newsweek" corres- pondiente a esta misma semana en curso (11 de diciembre de 2006) dedica su negra portada a una embarazosa pre- gunta, en grandes titulares: “Who Lost Turkey?”. La pieza principal que acom- paña a tal interrogante está firmada por Owen Matthews y señala: “Europe Has Botched Its Grand Strategy – And Will Pay the Price”. No cabe duda de que la situación ha devenido delicada. El autor insiste en que el descarrilamiento de las negociaciones con el candidato turco pueden hacer que se le caigan encima a Bruselas todos los vagones que componen la UE. No le falta razón: a estas alturas, el fracaso daña mucho más al club europeo que a Turquía: aquí puede cambiar el gobierno, la situación política incluso sería susceptible de experimentar cierta regresión. Pero en Bruselas, tras el fracaso en el intento de aprobar una Constitución común, seguido por la incapacidad de controlar a los "socios gamberros", la impotencia a la hora de ponerse de acuerdo sobre las negociaciones con Turquía señalan un punto y aparte en el desgobierno de la UE.

Y lo peor: todo ello está sucediendo porque los turcos llevan razón en la mayor parte de sus posturas. De entrada, porque tal como se dice en Ankara, Europa es en buena medida, rehén de los grecochipriotas. En la primavera de 2004, ellos sabotearon el Plan Annan de la ONU para la reunificación de la isla, y la UE no supo ni quiso hacer nada para enmendar la situación. Ha sido necesario que el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdoğan ofreciera la apertura de un puerto y un aeropuerto turcos a las naves grecochipriotas, para que por fin la prensa europea se dignara explicar la esencia del conflicto en curso.

El 18 de noviembre pasado, el diario "El País" publicó y encuadró una carta al director formada por el periodista español Andrés Mourenza, residente en Estambul, que decía así: "El pasado lunes me sorprendió sobremanera no encontrar ni en la prensa ni en los medios españoles una sola referencia a una frase bastante importante pronunciada por el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdoğan en la rueda de prensa que el día anterior había ofrecido junto al presidente del gobierno español. Las palabras de Erdoğan -retransmitidas en directo por las televisiones turcas- fueron: "KKTC´ye uygulanan izoslayonlar kalksın, biz limanları da açarız, havaalanlarını da acarız" [Que se levante el actual embargo de la República Turca de Chipre del Norte y nosotros abriremos los puertos y aeropuertos (al comercio con la República de Chipre)]. Esta frase fue tomada por toda la prensa turca como un cambio de actitud más favorable al plan finlandés que propone la apertura bajo supervisión internacional del puerto turcochipriota de Famagusta a cambio de la aceptación de transacciones comerciales turcas con Chipre. Sin embargo, en esa rueda de prensa, algo se debió perder en la traducción española, o quizás sea que interesa más repetir los esquemas habituales sobre el gobierno "islamista" de Turquía. Por cierto, ese mismo día, el presidente del Partido Popular Europeo, Hans-Gert Pöttering, participó en el congreso del partido de Erdogan, ya que su organización es miembro observador del grupo conservador europeo".



El Plan Annan para la reunificación de Chipre incluso había previsto una nueva bandera para la república, como la que se muestra aquí. Procedencia: Wikipedia



En efecto: la prensa occidental se dedicó a ningunear que tras el fracaso del plan Annan, el Consejo se había comprometido, en abril de 2004, a trabajar para poner fin a la separación de Chipre. Ello incluía la restauración del comercio directo entre las dos comunidades y una ayuda financiera a la República Turca del Norte de Chipre (en torno a los 240 millones de euros) que no se han llevado a cabo. Ahora, dado que el ofrecimiento de Erdoğan se vinculaba a la ejecución de las promesas hechas por Bruselas, la prensa y la diplomacia europeas se han visto obligadas a mencionar el asunto en sus columnas y declaraciones. Y es que, en fecto, la UE tiene que mojarse en el conflicto chipriota, ha de intervenir presionando a uno de sus miembros más díscolos y patrióticamente egoístas, en vez de ceder a la pusilanimidad, encogerse de hombros y pasarle la factura a Turquía para que pague de su bolsillo todos los vidrios, incluyendo aquellos que rompieron los demás. Sabe muy bien lo que dice el primer ministro belga Guy Verhofstadt cuando argumenta, a quien le quiera escuchar, que la Unión Europea debe apresurarse a desterrar la regla de la unanimidad en la toma de decisiones y adoptar la llamada "claúsula pasarela" que daría paso a la mayoría cualificada. Mientreas la regla de la unanimidad continúe en vigor, La UE se arriesga a seguir el camino de la decadencia que sufrió la República de los Nobles polaca en el siglo XVIII, es decir, terminará presa de los mezquinos intereses egoístas de los socios más pequeños y de la cínica política de sabotajes de los grandes.

Los grecochipriotas no desean la reunificación de la isla ni que Turquía acceda como miembro de pleno derecho en la UE. Trabajan consciente y activamente en esta doble dirección y hasta ahora han intentado disimularlo, pero la propuesta de Erdoğan, que consideraban imposible, aflojó los nervios del ministro de Asuntos Exteriores, el cual no dudó en amenazar colectivamente a la UE: "Nicosia volverá a la línea dura si alguien en la UE intenta usar esto para limitar las sanciones que deben ser impuestas a Turquía por no cumplir con sus obligaciones" -sentenció, dejando claras las intenciones de su gobierno. Ankara recuerda, y le sobra razón, que Chipre no ha respetado sus compromisos, ni siquiera con la UE; por ejemplo, aliviar el embargo de la zona turca de la isla o negociar un nuevo acuerdo de reunificación. Si prosperan las iniciativas del pequeño y agresivo grupo de socios turcófobos, habremos de concluir que la Unión Europea está gobernada por ellos, y básicamente por un tinglado de agentes interpuestos: Francia envía por delante a Chipre, como si fuera un pequeño mastín acosador, y Alemania lleva a cabo la misma jugada con Austria e incluso Francia. Pero lo peor es la creciente constatación de que Paris estaría dispuesta a destruir a la UE antes de perder las riendas de su poder en ella.















İsmet İnönü conversa con Churchill en una de las diversas conferencias que mantuvieron durante la Segunda Guerra Mundial. Se puede decir que el estadista turco contribuyó a forjar un estilo diplomático coriáceo pero eficaz para afrontar la negociación en momentos difíciles.


De otra parte, uno de los aspectos más alarmantes de la diplomacia comunitaria es la tendencia a subestimar a su homóloga turca. Como hace ochenta y tres años, durante la Conferencia de Lausanne. Por entonces, la delegación turca encabezada por İsmet Bajá (más tarde devendría İsmet İnönü) logró driblar a la diplomacia británica y francesa, por entonces en el apogeo de su potencia, tras haber puesto de rodillas a los alemanes, austriacos y húngaros, derrotados en la Gran Guerra. Aquello fue un prodigio de tenacidad, cautela y astucia que logró descolocar a un despectivo Lord Curzon y al soberbio Poincaré. Lausanne fue el bautizo internacional de la nueva Turquía republicana y kemalista, y eso marcó fuertemente el estilo de su diplomacia. Algo envarada e inflexible, es cierto, pero muy curtida por tenérselas que ver, en plena Guerra Fría y aún hoy, con vecinos tan complejos y duros como los rusos, iraníes y sirios; capaz de lograr que su país sea el único de mayoría musulmana que hasta hace poco mantenía relaciones con Israel; ducha en movimientos delicados y a media luz, capaz por ello de conseguir un imposible acercamiento entre Pakistán e Israel. La diplomacia turca se las ha tenido que ver con los mismos norteamericanos en momentos difíciles, como la crisis de los misiles en 1962 o la reciente invasión de Irak, en 2003. Logró que Turquía accediera a la OTAN, ya en 1952, y que siguiera allí después de tres golpes militares; mantuvo el país a flote tras el bloqueo internacional sufrido a consecuencia de la invasión del tercio norte de Chipre, en 1974. Y sobre todo, consiguió que el país fuera neutral durante la Segunda Guerra Mundial, a pesar de las presiones ejercidas por el Eje y los Aliados. El mismo İsmet İnönü de Lausanne, defendió la neutralidad turca entre 1939 y 1945 con los conocidos argumentos referidos a la falta de preparación militar, problemas logísticos y una pobre economía; y eso incluso durante la segunda conferencia de El Cairo, en diciembre de 1943, ante Churchill y Roosevelt en persona. Según una divertida anécdota relatada por el historiador Selim Deringil, al despedirse en el aeropuerto, İnönü abrazó a Churchill en un gesto de despedida y le estampó un beso en la mejilla. El premier, muy complacido se lo comentó al ministro Eden: “¿Ha visto? İsmet me besó”. Su réplica un tanto desabrida fue que esa parecía ser la única ganancia después de 14 horas de duro forcejeo diplomático sin más resultados.

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lunes, noviembre 27, 2006

La balcanización de Próximo Oriente














El mausoleo de la mezquita de al-Askari en Samarra, según postal coloreada. El bombardeo del templo chiita por extremistas suníes en febrero de 2006, precipitó la escalada de la guerra civil en Irak


El que fuera presidente de Montenegro, Momir Bulatović, le relató a la periodista británica Laura Silber la siguient anécdota que transcurrió en los días previos al comienzo de las guerras de Eslovenia y Croacia, inicio de la violenta desintegración de Yugoslavia, que iba a durar una década casi exacta. A finales de aquel mes de junio de 1991, James Baker, que a la sazón era viceperensidente de los Estados Unidos bajo la presidencia de George Bush padre, hizo una gira por las inquietas repúblicas yugoslavas. En su entrevista con el presidente montenegrino éste notó que su interlocutor tenía ciertas dificultades para encauzar la conversación: simplemente no parecía tener muy claro sobre qué temas conversar. Entonces extrajo de su bolsillo una agenda. Intrigado, Bulatović logró escudriñar lo que Baker había apuntado sobre Montenegro. Eran solamente dos líneas: “La república más pequeña de Yugoslavia” y “Un posible quinto voto para Mesić” (candidato a presidente federal por entonces). Eso era todo lo que sabía de Montenegro el enviado especial de los Estados Unidos de América, que había llegado a la zona con la misión de desactivar la tragedia que se avecinaba.

Fotografía oficial de James A. Baker


Quince años más tarde, Baker reaparece como bombero en medio de otro estado pluriétnico que se hunde en la guerra civil. Es cierto que su protagonismo en asuntos árabes le da un mayor grado de experiencia que el desplegado en Yugoslavia en 1991, pero con todo y ello, su presencia en Irak resulta inquietante, incluso para él mismo. Porque Baker fue el artífice de la coalición de las 34 naciones que participaron en la primera Guerra del Golfo, después fue asesor de Bush hijo en la invasión de Irak y ahora, como director de un Grupo de Estudios especilizados parece estar llamado a cerrar la tapa del ataúd con la que concluye su particular carrera diplomática en la zona.

A estas alturas ya no tiene ni medio gramo de originalidad escribir que la intervención en Irak es el primer gran desastre militar y político del siglo XXI. Pero quizá no se ha insistido bastante en la enormidad de la tragedia: no se oculta, pero se pasa por encima del asunto, no se insiste lo suficiente en su enormidad. 600.000 muertos en Irak desde 2003, anunciaba la prestigiosa revista médica británica “The Lancet” a comienzos de octubre pasado. Eso ya es una cifra. Tan abultada que no sería de extrañar que dentro de algunos años los escolares nos pregunten qué hacíamos en 2006, cómo pudimos permitir que se disimulara tamaño genocidio existiendo cámaras de televisión y habiendo jurado solemnemente una y otra vez que “nunca más” se repetirían las atrocidades masivas. Pero así es, y no sólo lo permitimos sino que lo contemplamos imperturbables, noche tras noche en los telediarios, como si tal cosa. Y de esa forma, a buen seguro, no tardaremos en alcanzar el millón de muertos, y más todavía.

Mientras tanto, desde Occidente exigimos a quien nos parece, que se disculpe por su pasado; continuamos utilizando las herramientas del viejo imperialismo. Hacemos muchos pucheros y mohínes por los pecados ajenos cuando nos interesa manipularlos en nuestro beneficio. Y olvidamos las lecciones que debimos haber aprendido nosotros mismos. Finalmente, los occidentales nos engañamos creyendo que sólo con ese proceder –sin la posesiómn de la fuerza económica, tecnológica o militar- podemos ganarnos el respeto o la simpatía de otros pueblos. Y lo peor de todo: nos negamos tozudamente a considerar que esos pueblos dedican cada día horas y más horas ver nuestra televisión, leer las noticias que producimos y estudiar nuestra historia. De esa forma, todo parece indicar que el rumbo de los acontecimientos en Irak es una versión más o menos agudizada de situaciones similares acaecidas ya en otras regiones del espacio ex otomano. Por ejemplo, en Chipre.

El conflicto chipriota, que hoy parece eterno e insuperable, no tiene mucho más de cincuenta años de antigüedad. Comenzó a desarrollarse con rápida virulencia cuando, después de la Segunda Guerra Mundial, la presión descolonizadora puso a Gran Bretaña ante la tesitura de abandonar el control de la isla, colonia del imperio desde 1878. Lógicamente, Grecia era uno de los países que mayor empeño habían puesto en que los británicos se fueran de Chipre, a lo que cual contribuía su reciente ingreso en la OTAN. Inicialmente, Londres no hizo mucho caso de la presión griega. En septiembre de 1953, el primer ministro Anthony Eden respondió formalmente al gobierno griego que no había nada que discutir en relación a Chipre. Inmediatamente, Atenas hizo pública una declaración demandando libertad de acción para promover una autodeterminación chipriota que concluyera en la enosis, esto es, la unión de la isla con Grecia.

La tensión entre Londres y Atenas subió enteros con rapidez. A pesar de que para entonces ya habían accedido a la independencia de la India y otros territorios coloniales o protectorados, no estaban dispuestos a ceder Chipre con su base aeronaval, sus estaciones de escucha electrónica y sobre todo, su posición clave cercana al canal de Suez y la ruta del petróleo. El año en el que se abrió la caja de Pandora fue 1955. Desde hacía meses, un antiguo oficial del Ejército griego, grecochipriota de nacimiento, había llegado a la isla para organizar la EOKA (Ethniki Organosis Kyprion Agoniston), un grupo paramilitar que en abril inició su actividad con una espectacular campaña de atentados con bomba, siguiendo el modelo empleado previamente contra el dominador británico por irlandeses, judíos, hindúes y egipcios.

El libro de William Mallinson sobre historia contemporánea de Chipe, ofrece interesantes datos sobre la responsabilidad de las autoridades británicas en el inicio de la crisis chipriota, allá por los años cincuenta. Una situación que podría ser la del Irak actual



Ante esa situación, Londres decidió apoyar clandestinamente los intereses turcos; esto implicaba reforzar la posición de esa minoría en la isla, pero también ofrecer a Ankara mayor posibilidad de intervención política. El objetivo último de esos manejos apuntaba al viejo planteamiento de dividir para gobernar, lo que incluía el argumento de que la situación política en Chipre era demasiado inestable como para que Londres condescendiera a otorgarle la independencia. Los británicos recurrieron a todo tipo de triquiñuelas, lo que incluía hacer la vista gorda ante la formación de un grupo paramilitar turcochipriota (Volkan) a crear una fuerza de policía auxiliar compuesta enteramente por agentes de esa minoría y a la convocatoria de una conferencia en Londres, a celebrar en el mes de julio, relacionada de forma genérica con “cuestiones relativas al Mediterráneo Oriental y Chipre”, a la que fueron invitados los gobiernos griego y turco. La intención del acto era que fracasara, a fin de torpedear las relaciones greco-turcas, que habían permanecido estables e incluso razonablemente amistosas desde 1930, cuando Mustafa Kemal y Venizelos terminaron de limar las últimas asperezas saldadas previamente en el Tratado de Lausanne .

Londres implicó a Ankara en sus maniobras para conservar el control de Chipre, pero también porque Turquía poseía un valor estratégico muy superior al de Grecia, algo con lo que los británicos contaban para poner a los norteamericanos de su parte en el conflicto. Cabe recordar que en abril de 1955 Turquía firmó el Pacto de Bagdad con Gran Bretaña, en el que también se incluiría a Irán, Irak y Pakistán, en el contexto de la “pactomanía” norteamericana impulsada por John Foster Dulles.

En esa situación, el 5 de septiembre estalló una bomba en el consulado turco de Salónica y resultó dañada la casa natal de Kemal Atatürk. El incidente, se atribuyó en Turquía a nacionalistas griegos y generó una oleada de xenofobia dirigido contra las minorías que aún continuaban viviendo en el país: armenios y, sobre todo, griegos. Fue un pogrom en toda regla que afectó al corazón de Estambul e İzmir. Grupos de incendiarios y saqueadores destruyeron y pillaron sistemáticamente negocios y domicilios: la colección de fotografías de un profesional de la prensa de entonces (6-7 Eylül olayları. Fotoğraflar – Belgeler Fair Çoker Arşivi, Tarih Vakfi, 2005), revelan a la claras la extrema violencia de los ataques que sólo se detuvieron cuando el ejército sacó los tanques a la calle para restablecer el orden. Hubo también muertos y heridos, y miles de familias griegas abandonaron el país. Muchos años más tarde comenzó a quedar claro que en realidad la bomba de Salónica había sido obra de los servicios de inteligencia británicos, muy en la estrategia de espolear a griegos y turcos entre sí.

En el Irak de nuestros días, una serie de circunstancias muy sospechosas inducen a pensar que las fuerzas ocupantes no están haciendo nada por detener la guerra civil; incluso cabría considerar que la están espoleando. Por ejemplo, el aumento de la violencia entre suníes y chiítas coincide con los meses en los que Washington ha reconocido cada vez más abiertamente que la presencia norteamericana en Irak está yendo francamente mal. La derrota republicana en las legislativas, debida en buena medida a esa situación ha contribuido a que los ataques y represalias hayan crecido en espectacularidad. Claro es que las facciones enfrentadas ya combaten pensando en hacerse con la hegemonía para cuando los norteamericanos se hayan largado del país. Pero lo cierto es que éstos pueden ganar un tiempo precioso conforme aumenta la violencia interna aumenta: los ataques de la insurgencia dejan de lado a sus tropas y se concentran en el rival suní o chíita; y mientras la guerra civil mantenga un perfil bajo, los norteamericanos podrán seguir argumentando que irse de Irak sería condenarlo a la guerra abierta y a una orgía de sangre.

Un guión ya muy manido y que en realidad emerge de las décadas en que las potencias occidentales se aplicaron a desmembrar pieza a pieza el Imperio otomano. En torno al libreto en cuestión, algunas innovaciones actuales: la guerra civil en Irak podría llevar a alguna forma de enfrentamiento ideológico y hasta militar entre el islamismo radical. Por supuesto, entre el chiita y el suní. ¿Puede llegar el día en que Irán se lance a liquidar a Bin Laden?¿Han caído ya activistas de Al Qaeda a manos de insurgentes chiítas? De hecho, ¿qué opina al Sadr de la causa encabezada por el millonario saudí?

A comienzos de marzo de 2003 cualquier oficial de inteligencia occidental medianamente inteligente sabía, sin lugar a dudas, que la dictadura iraquí de Saddam Hussein era un elemento de estabilidad en Oriente Próximo y que precisamente, su erradicación haría de ese solar un verdadero caldo de cultivo del terrorismo islamista. Suponer que en realidad la invasión de Irak buscaba fomentar un terreno de enfrentamiento intermusulmán, que posteriormente podría dirigirse contra Al Qaeda, quizá sería atribuirle una excesiva sutileza a los estrategas norteamericanos. Pero sí es factible considerar que conforme se hacía cada vez más difícil controlar la situación en Irak fue surgiendo la idea, sobre el terreno, de aprovechar lo aprovechable de ese caos que se llevaba todo por delante.

Existen algunas pistas interesantes. Una de ellas es la dificultad existente para obtener información sobre los actores iraquíes sobre el terreno. La actividad de la prensa independiente ha cesado casi por completo. Durante un tiempo, los periodistas que intentaban moverse por su cuenta eran secuestrados, la mayor parte de las veces por grupos desconocidos que no se sabía a ciencia cierta qué buscaban con ello. Quizás el caso más emblemático fue el de la periodista italiana Giuliana Sgrena, de “Il Manifesto”, cuya liberación le costó la vida a Nicola Calipari un oficial de inteligencia, cuando el vehículo en el que la periodista liberada era conducida hacia el aeropuerto, fue tiroterado a conciencia por soldados norteamericanos (marzo de 2005). En Irak, todo el que busca información por su cuenta, termina mal. De la misma forma, algún día quizá salgan a la luz las verdaderas circunstancias, inducciones y motivaciones, de la emboscada tendida a dos automóviles del CNI español, en noviembre de 2003.


El precio de la verdad: la periodista italiana Giuliana Sgrena estuvo a punto de morir tiroteada por soldados americanos tras su liberacíón, en un confuso incidente aún hoy no totalmente aclarado.


El resultado de todo ello es que a día de hoy, un periódico como “El País”, que pretende ser uno de los mejor informados de España, sólo sabe explicarnos que “Al Qaeda es es el grupo [insurgente] más importante y a ésta organización terrorista se le atribuyen la mayor parte de atentados con bomba y decapitaciones” [sic]. Y más adelante concluye: “Además de los nacionalistas suníes, también actúan grupos chiíes. El más conocido es el Ejército de Mahdi, dirigido por el clérigo radical Múqtada al Sáder” (“Los grupos insurgentes armados”, en “El País”, 24 de noviembre, pag. 3). Es decir, que la constelación de grupos insurgentes suníes quedan reducidos a Al Qaeda; lo cual supone que los autores del fracasado asalto contra el Ministerio de Sanidad, el pasado día 23, eran suníes de Al Qaeda. O que los autores del bombardeo de la Mezquita Dorada de Samarra, el pasado 22 de febrero –origen de la actual escalada en Irak- eran también de la célebre organización terrorista. Por lo tanto, si damos crédito a estas informaciones, Al Qaeda abandera una guerra civil en Irak contra los chiitas de al Sadr. En buena lógica, no parece que esté ocurriendo esto, al menos de momento. Más parece que están enfrentándose los takfiriyun o grupos armados dependientes de la administración suní (teóricamente pro americana) con el Ejército del Mahdi y también con grupos armados chiítas dependientes de la administración (también pro americanos). Enfocado así el asunto, resulta muy alarmante.















El ojo de los occidentales: fotografía satélite de la mezquita de al-Askari oferecida por Global Securuty.org


El deterioro de la situación en Irak compite con el que viven Líbano y Afganistán. Ya se suele mencionar en las crónoicas que existe una corriente de conexión entre las guerras que se libran en Irak y Afganistán: los talibanes afganos han aprendido mucho de la forma en que llevan las operaciones de resistencia los radicales iraquíes. Pero además de ello es posible que exista un flujo de instructores, teóricos y mandos entre uno y otro frente. Por otra parte, ese fenómeno también se da entre sus oponentes, los ejércitos de las coaliciones ocupantes. Al fin y al cabo, fue en Afganistán donde primero se intentó aplicar la estrategia de enfrentar gupos étnicos y religiosos musulmanes: recordemos que las fuerzas de la Alianza del Norte estaba compuesta por tayikos, hazaras, uzbekos y hasta pastunes.

Y es que esa es otra constante en la estrategia intervencionista de las potencias vencedoras en la Guerra Fría: desde 1991 las grandes operaciones se han llevado a cabo en estados multiétnicos con problemas estructurales y la mitad de ellas en el espacio ex otomano: Yugoslavia, Somalia, Afganistán e Irak. En todos los casos siempre ha pendido, como una espada de Damocles, el argumento del descuartizamiento como opción final. Aquel discurso desarrollado en Yugoslavia, según el cual la convivencia entre eslovenos, croatas, serbios y bosníacos era “imposible”, planea también sobre Afganistán e Irak, como lo estuvo sobre el conflicto de Palestina en 1948. Y eso es así porque se trata de conflictos propios del espacio ex otomano, y por lo tanto, las potencias intervinientes siempre tienen presto el recurso al enfrentamiento interétnico, sobre todo en base a las definiciones apoyadas en la religión. Y en último término, a la materialización del “divide et impera”: el despiece del estado preexistente en nuevos y más pequeños estados, más dispuestos a la satelización, por unos y otros.

Un trabajo de precisión llevado a cabo por un profesional frío y muy bien entrenado: estado en que quedó el automóvil del ministro Pierre Gemayel.


No es de extrañar si, con el tiempo, las nuevas fuerzas emergentes han aprendido de ese esquema tan vetusto. El pasado 21 de noviembre, el asesinato del ministro de Industria libanés, Pierre Amin Gemayel, dio pie a la crisis más grave en ese pequeño país desde la guerra de Hezbolah con Israel del pasado verano. Un asesino muy profesional y bien preparado, hizo su trabajo de una manera muy precisa y desapareció sin dejar rastro. Los medias occidentales han achacado inmediatamente a Siria la autoría del atentado. Como afirma un autor satírico libanés, “las acusaciones contra Siria fueron más rápidas que las ambulancias”. La frase figura en una de las piezas publicadas por la publicación alternativa “Rebelion” y demuestra que, una vez más, las operaciones de los servicios de inteligencia, grupos terroristas y activistas violentos sin catalogación precisa, se confunden muy a menudo desde el 11-S. Desde luego, como afirma el articulista, existen razones lógicas para que Israel sea el verdadero autor de la acción. Pero también cabría considerar que Siria o Irán e incluso otros actores locales del mismo tejido político libanés, podrían haber tenido interés en el atentado. Por ejemplo, como respuesta a la degradación interesada de Irak. No olvidemos que la guerra civil iraquí alarma y mucho a los países circundantes, y que Irán propuso una cumbre a tres, con Siria e Irak para afrontar los problemas de la región, pero sin la presencia de los Estados Unidos. Por lo tanto, el asesinato de Pierre Gemayel, un ministro que al fin y al cabo no tenía tanta importancia, como afirma Quibla en “Rebelión”, podría haber tenido el valor de un mensaje, un aviso para navegantes: todos podemos jugar a desestabilizar, todos podemos practicar la “politique du pire”, y lo que está sucediendo en Irak podría repetirse en otros lugares. Y eso, en estos momentos, no le interesa a Washington, que bastantes problemas tiene ya en toda la zona como para que salte por los aires otro puzzle.

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