Un respiro para Turquía (y 2)

El comisario para la ampliación de la UE, Olli Rehn, durante una visita a Ankara
Hace pocos días se difundió el último Progress Report de la Comisión de las Comunidades Europeas sobre el debe y el haber de Turquía en su camino hacia el ingreso en la UE. El documento, que en realidad es un legajo de ochenta páginas, cuatro grandes apartados –con numerosas subsecciones- y 33 capítulos, fue comentado y resumido en pocas líneas por los periodistas de turno, que posiblemente ni lo hojearon y se centraron en los aspectos negativos más aparatosos o tradicionales e incluso en los comentarios que hizo el finlandés Olli Rehn, comisario encargado de los asuntos de ampliación.
En algunos casos, los comentarios emitidos dejan la duda sobre dónde están los límites entre el empecinamiento malintencionado o la simple ignorancia supina. Por ejemplo, Javier Aguilar, desde “La Razón” escribía: “Curiosamente, el informe, al igual que la resolución aprobada el mes pasado por el Parlamento Europeo, no hace referencia alguna a la necesidad de reconocer el genocidio armenio cometido por Turquía en 1915”. Más “curiosamente” todavía, el reconocimiento del genocidio armenio no forma parte del acervo comunitario institucional sobre el que negocian por Bruselas y Ankara; ni ahora, ni antes. Quizá porque en ese caso también deberían habérsele impuesto claúsulas similares a todos y cada uno de los países de la actual constelación de miembros de la UE, reos históricos de desmanes parecidos, desde la feroz represión cometida por Francia en lugares como Argelia o Madagascar a la generosa participación del Estado croata en el genocidio judío durante la Segunda Guerra Mundial, pasando por las masacres cometidas por España contra población civil en las guerras de Cuba o el Rif.

No son armenios en 1915 sino cubanos en 1897, víctimas de la denominada
"política de reconcentración" del general español Valeriano Weyler en la isla. Prácticamente todos los miembros o candidatos a la UE tienen episodios sombríos en su pasado histórico, pero ese tipo de asuntos no forman parte de las cuestiones a negociar con Bruselas, que en su mayoría son de tipo económico
Por su parte, “El País” envió a Ana Carbajosa a Ankara para que recogiera las reacciones turcas al informe y en especial la recomendación de que el Artículo 301 del Código Penal debe ser abolido. En ausencia del habitual Carlos Sanz, en esta ocasión por baja laboral, el diario libera de vez en cuando los humos despectivos de Carbajosa hacia Turquía y su candidatura, y esta ocasión no podía ser menos: la periodista resalta, encantada, los “jarros de agua fría” contra la candidatura turca, las manifestaciones de desilusión de los mismos protagonistas y cualquier manifestación que demuestre que los turcos, en general, son más cortos que las mangas de un chaleco.

El entonces fallido candidato a la presidencia, Abdullah Gül, en abril de este mismo año. Desde la pasada primavera, Turquía ha vivido acontecimientos históricos que por entonces nadie sabía cómo iban a terminar
Sin embargo, en contraste con estas visiones miopes y generalmente mal intencionadas, lo cierto es que históricamente no ha existido ningún otro país candidato al que el proceso de negoaciación haya afectado hasta el punto de generar una verdadera transformación de las estructuras estatales: y tal es el caso de Turquía. Normalmente, los estados europeos que accedieron a la UE lo hicieron una vez completada la pertinente transición, con un régimen en mayor o menor medida sintonizado con la Europa comunitaria; pero en cualquier caso, ya totalmente transformado e institucionalizado. Eso fue válido en su momento para España, y después para los regímenes del antiguo bloque del Este. No es el caso de Turquía, que desde la pasada primavera ha venido experimentando importantes convulsiones: presión de la denominado “oposición laica” contra el gobierno, importantes manifestaciones en calle contra el ejecutivo del AKP, el ya célebre “e-coup” militar, el bloqueo en el parlamento contra la candidatura de Gül como presidente, elecciones legislativas, Gül como primer jefe de estado islamista en la República turca, y aprobación mediante referéndum de la elección del presidente mediante sufragio directo. Por lo tanto, cambios históricos, un nuevo balance de poder, algo realmente novedoso que no se había visto en Turquía desde los tiempos de Menderes o quizá, mucho antes. ¿Es el comienzo del fin de la herencia kemalista?¿Está naciendo una "República turca de la UE"? Lo cierto es que en los último tiempos, el nacionalismo turco, incluso el radical, ya no recurre sistemáticamente a la figura de Atatürk, sino más a los más abstractos intereses nacionales, y eso de forma directa.
La respuesta de Bruselas a esta profunda remodelación del estado y a lo que empieza a aparecer como repunte de una verdadera revolución política en Turquía –es la primera vez desde la fundación de la República que el país tiene a la vez un jefe de estado y primer ministro islamistas- ha encontrado un eco tibio en el mecánico tono del informe elaborado por la Comisión y hecho público el pasado 6 de noviembre. De hecho, se puede detectar con cierta facilidad una clara indiferencia de Bruselas hacia la situación real del país, y también hacia su destino final.

Una de las grandes manifestaciones de abril convocadas por la oposición "laica" al gobierno. Por entonces no estaba clara la fuerza real de que disponían los que organizaban y secundaban tales actos. Los medios de comunicación tienen una flaca memoria, porque por entonces, y de eso hace bien poco, no estaba nada claro el destino de Turquía
El resultado de esta actitud es que los discursos y dialécticas, europeos y turcos, se mueven en niveles diferentes y paralelos, sin converger nunca, sin encontrarse en ningún punto. Dediquen, por ejemplo, un somero vistazo al apartado 2.1 del informe sobre “Democracy and the rule of law” y pasen directamente al apartado “Administración Pública“ (corresponde a la página 8) en el que se lee: “No se han producido progresos en lo relativo a la adopción de la Ley Marco sobre Administración Pública, que busca reformar la administración central y descentralizar poderes a favor de la administración local. Además, no se han hecho progresos en relación a la transferencia de más recursos financieros a la administración local”. Y un poco más abajo continúa: “A pesar de que la reforma del funcionariado ha sido reconocida como un asunto importante, no ha sido enviada al Parlamento un exhaustivo borrador de ley. Es necesario cumplir enteramente con el PMFC [Public Match Funding Certificate] y desarrollar una completa estrategia para reducir la corrupción”.
¿Pueden ustedes imaginarse, ni por un momento, qué hubiera resultado del mero intento de plantear estos asuntos en el Parlamento turco durante los (políticamente hablando) calientes meses de primavera, verano e incluso otoño?¿Se imaginan cómo hubiera reaccionado la oposición “laica” y nacionalista ante la propuesta de debate, por parte del gobierno, del borrador de ley para la transferencia de recursos a los ayuntamientos? Sólo hubiera faltado eso para que se hubiera proclamado a bombo platillo que el gobierno del AKP proyectaba también su sombra sobre los ayuntamientos tras buscar el acaparamiento del poder en el gobierno, el parlamento y la jefatura del estado. Los del CHP incluso hubieran recordado las maniobras del gobierno Menderes, allá por los años cincuenta, para arrasar con el legado kemalista en el mundo rural.
También tiene su ironía esa alusión, como de pasada, a la teoría de que el cumplimiento con el acervo comunitario es una manera poco menos que garantizada de, ni siquiera, “reducir” la corrupción. Que se lo digan a rumanos y búlgaros, que en teoría han cumplido con todas las condiciones, han negociado exitosamente todos los capítulos para el acceso a la UE, y desde enero son miembros… con una espectacular corrupción, tanto a escala funcionarial, en general, como municipal. Pero si ese ejemplo les cae un poco lejano, los lectores españoles pueden volver los ojos hacia su propio entorno, sin apenas girar la cabeza, sólo lo justo para leer la prensa y enterarse los resultados de la Operación Guateque sobre corrupción administrativa en Madrid; aunque posiblemente se aburrirán, porque llevamos meses enteros oyendo y leyendo sobre corrupción municipal. ¿Ya no recuerdan cuando, el 22 de octubre del año pasado, durante la conferencia de Lahti, Putin criticó sin tapujos la corrupción inmobiliaria reinante en España, para cerrarle la boca a un Pepe Borrell que parecía estar comportándose cual Hugo Chávez desbocado?

Agentes de la Guardia Civil española registran la Junta de Distrito de Centro en el marco de la denominada "Operación Guateque", Madrid, noviembre de 2007
Por lo tanto, no es de extrañar que durante la reciente sesión del Observatorio Turquía/EU celebrada en Lisboa a instancias del İstanbul Politikalar Merkezi de la Universidad Sabancı en colaboración con el Institut Europeo de la Mediterrània (8-9 de noviembre, 2007) algunos ponentes comentaran que el informe de la Comisión resultaba pesimista, mientras que otros lo consideraban optimista. Y allí estábamos, como los venerables “kremlinólogos” de la Guerra Fría, leyendo entre líneas, intentado interpretar cuál era el verdadero mensaje del informe de la Comisión, emitido apenas dos días antes.
Desde luego, el informe era el típico producto elaborado en base a los ingredientes clásicos del “lenguaje de madera” de los diplomáticos y periodistas occidentales: doble rasero, prejuicios y, sobre todo, una buena porción de dogmatismo. Este tipo de mensajes y análisis era algo corriente durante los años de la Guerra Fría, pero ese tiempo pasó, se fue por el fregadero de la historia, guste o no. Y hoy en día, en labios de los órganos directivos de la Unión Europea, refleja un problema ciertamente serio: carencia del principio de autoridad.
Entendámonos: no debe confundirse el principio de autoridad con el de autoritarismo. Cuando algún analista occidental comenta eso tan oído de: “¿No quieren los turcos acceder al club de la UE? Pues que paguen y cumplan con las reglas”... pues bien, eso es el principio de autoritarismo. Y por si fuera poco, no sustentado por el principio de autoridad.

Un panfleto contra la integración de Turquía a la UE. Sin embargo, el principal problema para el candidato no proviene de las negativas frontales, sino de las actitudes tibias en Bruselas
Porque los turcos tienen todo el derecho del mundo a quejarse y preguntar de qué club se trata realmente. Mal asunto si los... ¿dueños? del mencionado club cambian las reglas o hacen la vista gorda con unos o con otros, según les convenga. El principio de autoridad se basa en el comportamiento firme, tranquilo y consciente de quien lo ejerce, sin sensiblerías ni histerias. Si el único fin del club es ganar dinero y distribuirlo entre los compinches, entonces el mensaje dirigido a los candidatos es claro: guarda las formas, acepta de boquilla todo lo que pedimos, aunque sea absurdo, y después ya harás lo que te de la real gana cuando hayas accedido. Ahí, el principio de autoridad brilla por su ausencia, claro está; pero al menos, como en un grupo de piratas, el éxito se medirá en base a las duras leyes del beneficio y la supervivencia. Claro que entonces no viene mucho al caso rasgarse las vestiduras ante consideraciones de carácter más o menos ético, moral o democrático sobre libertad de expresión, derechos humanos, educación y cultura, o estructura del poder judicial.
Si estamos ante un club con aspiraciones político-morales, que intentará imponer nuevas formas de gobierno y administración, unificar Europa bajo fórmulas nuevas y avanzadas, entonces la falta de principio de autoridad es más que patente y funciona como una enfermedad paralizante, pues la manada de países europeos carece de objetivos claros, de ideas precisas que sustituyan la (en este caso) normal y natural ausencia de lo que en etología se conoce como "macho-alfa". Y el resultado final podría ser que tanto el acceso de Turquía a la UE como su rechazo, serían producto de esa carencia de principio de autoridad. Mal asunto.
De momento, parece como si la Comisión sufriera de una tendencia preocupante a no valorar de forma adecuada el impacto de sus afirmaciones o informes. Ante la tormenta política que ha estado viviendo Turquía, el informe de la Comisión se convierte en un mero boletín de noticias (muy resumido) que ni quita ni pone, ni siente ni padece. ¿Sirve para algo este tipo de documentos, es adecuado para la discusión o la apreciación del estado real en el que están las negociaciones entre Ankara y la UE?
Va en la misma línea la actitud de Bruselas ante los recientes acontecimientos en la frontera turco-iraquí. Según Enrique Serbeto, corresponsal en Bruselas del diario “ABC” y conocido comentarista de ese rotativo sobre cuestiones relativas a Turquía, “la Unión Europea le ha pedido a Turquía que dedique mayores esfuerzos a las reformas políticas que a las aventuras militares en el Kurdistán”. Planteada así, la cosa tiene su gracia, porque expresa una vez más la tibieza y la carencia del sentido de autoridad de Bruselas. Al menos, los norteamericanos tienen clara su actitud frente a Turquía, esconden sus cartas y las juegan al final de manera acertada o equivocada; pero son coherentes donde Europa no lo es. Pactarían con el mismísimo diablo antes que perder al aliado turco; y por supuesto, no le harían ningún asco a establecer relaciones diplomáticas con una junta militar si mañana los uniformados dieran un golpe de estado en el país. Tal como están las cosas en Pakistán, Afganistán e Irak y cómo van las relaciones con Irán, lo último que haría Washington sería demostrar la blandengue actitud de los europeos.

Un convoy militar turco se desplaza cerca de la frontera con Irak. La masiva presión armada contra los santuarios del PKK podría ser considerada como un precedente de la futura política de presencia comunitaria en Oriente Medio
Y lo cierto es que Turquía ha hecho lo que casi cualquier otro país europeo frente a un problema similar como el que tuvo con el PKK en sus fronteras orientales. ¿Creen ustedes que franceses, británicos, alemanes o polacos hubieran actuado de otra forma? Desde luego, la larga historia del conflicto que mantuvo Gran Bretaña en Irlanda del Norte, con abundante empleo de personal militar, policía especial y tácticas de guerra sucia, parece demostrar que, en efecto, los turcos no han sido tan originales ni “escasamente europeos”. En realidad, la presión militar turca en la frontera iraquí, verano-otoño de 2007, puede ser considerada como la primera intervención unilateral (no asociada a una campaña orquestada por los EEUU) de un país europeo en el Próximo Oriente. Y además, en consonancia con una de las aportaciones específicamente turcas que Brusleas espera de Ankara: la seguridad. La UE desea que que Turquía asegure sus futuras fronteras orientales ante la inmigración masiva e ilegal; ante el terrorismo internacional; ante el crimen organizado; ante todos aquellos que deseen dañar los preciados oleoductos y gasoductos. Y eso es, precisamente lo que ha hecho el gobierno turco en estas semanas pasadas.
Sin embargo, Bruselas no parece haberle hecho feliz la iniciativa; o teme demostrarlo abiertamente, como suele suceder. Quizá porque algunos empiezan a temer que Turquía se esté comportando de una forma demasiado europea. Y de paso van asumiendo con pavor que ya no hay lugar para el debate y la duda: en realidad Turquía es europea. Puede que no acceda nunca a la UE, pero en ese caso sería por no cumplir con los requisitos políticos o económicos que todo candidato debe asumir. La Comisión no está evaluando ya credenciales de europeidad. Recuerden que desde octubre de 2005, Turquía fue admitida como candidata oficial y no para la Organización de Estados Americanos o la Organización para la Unidad Africana: fue la Unión Europea la que admitió como candidato a un país europeo. Desde ese punto de vista, el presidente Sarkozy ya puede cantar misa cuando dice que él no considera que Turquía sea un país europeo. Puede incluso hacerlo en húngaro, si se acuerda del viejo idioma familiar, que por cierto, tiene un interesante parecido con el turco. Etiquetas: Ollie Rehn, proceso de integración en la UE, Turquía
Negociaciones bajo cuerda (y 2): "No news... no news"

Fotografía de Peter Marlow - Agencia Magnum: Nicosia, 2004
Si el status de Kosovo viene siendo motivo de negociaciones más o menos discretas a lo largo de las últimas semanas, sucede algo parecido en torno a la situación en Chipre, relacionada con las negociaciones entre Ankara y Bruselas. Breve recapitulación: el pasado 8 de marzo, efectivos de la Guardia Nacional grecochipriota comenzaron a derribar algunos lienzos del muro que divide la ciudad de Nicosia. Por entonces, el presidente Tassos Papadopoulos se encontraba en la Cumbre de Jefes de Estado y gobierno en Bruselas explicó que el derribo del muro (que por otra parte se circunscribió por entonces a un sector determinado: la calle Ledra) no significaba que el paso de ciudadanos hubiera quedado libre y expedito de y hacia la zona turcochipriota, dado que para ello, deberían retirarse las fuerzas de seguridad de esa república y además, sería menester ponerse de acuerdo unos y otros para limpiar la tierra de nadie de minas y trampas explosivas que todavía siguen activas. Precisamente, esa circunstancia hace que algunos locales situados entre la zona griega y turca, hayan permanecido intactos desde hace más de treinta años: peluquerías, tiendas, negocios de todo tipo en los que muebles, adornos, posters, fotografías, todo lo que contiene un local comercial, sigan tal como estaban en el verano de 1974.
La noticia fue recibida con gran alegría en Bruselas: la Comisión Europea aplaudió la decisión unilateral del gobierno grecochipriota. El comisario europeo de Ampliación, Ollie Rehn, instó a “todas las partes a aprovechar la oportunidad creada por esta valiente decisión y por la retirada previa del puente por la comunidad turco-chipriota para tomar rápidamente los próximos pasos para reabrir el paso” en la citada calle. A continuación, la UE destinó más 100.000 euros para la financiación de cualquier obra necesaria en el paso de la calle Ledra.

Obras de demolición del muro de la calle Ledra, Nicosia, 8 de marzo, 2007
Tal como llegó, con ruido y alharacas, la noticia apenas tuvo continuidad y prácticamente desapareció de las primeras páginas de los rotativos importantes. La prensa occidental no volvió referirse al estado de las obras, las motivaciones reales del ejecutivo de Nicosia para dar ese paso, las iniciativas que se están dando para ir más allá: apenas nada, excepto lo que se podía ir pescando por internet. Y no es que dejaran de producirse noticias: cinco días más tarde, las autoridades grecochipriotas anunciaron los trabajos para abrir un nuevo paso en la denominada Línea Verde que divide la isla. Se trataba del paso Pyrgos-Limnitis, a unos 45 kilómetros al NW de Nicosia. De nuevo, las autoridades recurrieron a apostillar que ninguno de los pasos sería abierto al libre tránsito de personas hasta que las fuerzas turcochipriotas se retiraran de la zona. En esta ocasión, la portavoz fue la ministro de Asuntos Exteriores para la cuestión de Chipre, Turquía y la UE, Erato Kozakou-Marcoullis.
En conjunto, la evolución de los acontecimientos no pintaba mal. El día anterior, el embajador de Eslovaquia en Chipre, Jan Varso, reveló que estaba actuando como mediador entre griegos y turcos de la isla para la organización conjunta de eventos culturales y deportivos. Alguna iniciativa parecía festivamente propia de una pequeña comunidad social: un partido de fútbol entre equipos mixtos compuestos por líderes políticos de ambas comunidades. También se manejó la posibilidad de alguna forma de encuentro (¿barbacoa?) entre líderes políticos de ambas comunidades con sus respectivas familias. Visitas a lugares de culto y sedes de partidos políticos (también, en cierta forma, lugares de culto), conciertos o intercambios de estudiantes: todo un abanico de encuentros que deberían haberse puesto en marcha a partir del pasado 27 de marzo, y sobre los cuales no tenemos noticia. En fin, toda una panoplia de buenas intenciones que comenzaron a gotear como surgiendo de la nada, mientras los líderes políticos grecochipriotas, comenzando por el presidente Papadopoulos, juraban y perjuraban que Bruselas no les había presionado para que las pusieran en práctica. Pero en torno al retorcido proceso de negociaciones entre la UE, Chipre y Turquía, juegan mil y una consideraciones, dando lugar, cada una de ellas a otros tantos rumores. Por ejemplo, el que relaciona la repentina buena voluntad grecochipriota con la instalación en la isla de un moderno y potente sistema de control aéreo que gestionaría el tráfico en todo el Mediterráneo oriental. Y para ello, hay que estar en buenas relaciones con todos los países ribereños y superar, por supuesto, el bloqueo de los puertos y aeropuertos turcos a las naves grecochipriotas.
Pero parece que por el camino, algo se rompió. Apenas sabemos qué fue, y también por aquí se cuelan las hipótesis. Por ejemplo, el 16 de marzo, el Parlamento de Nicosia debatió la introducción del euro para el 1º de enero de 2008. La discusión duró tres horas: fue intensa. Al final, se aprobó por 36 votos a favor y 15 en contra. Pero en la calle las cosas no estaban tan claras. Una encuesta publicada a final de mes, reveló que el 51% de los grecochipriotas está en contra del euro, porque la medida incrementaría el desempleo y la inflación. Lo alarmante de la cifra era que revelaba un aumento de 10 puntos en la oposición ciudadana con respecto a 2005. Mientras tanto, y esto podría dar una pista sobre el mar de fondo en torno a la situación en la isla, la República Turca del Norte de Chipre seguiría con su lira turca. Por supuesto, la decisión de aprobar la legislación requerida para adoptar el euro se llevó a cabo sin el concurso de los 24 escaños del Parlamento chipriota destinados a la minoría turca, desiertos desde hace más de cuarenta años (no desde la crisis de 1974, sino la de 1963, anterior a la intervención turca).

Una casa abandonada y destruida por los combates de 1974, está integrada como sección del muro que separa Nicosia y se denomina "Línea Verde", en alusión a los hierbajos que han ido creciendo desde entonces en la tierra de nadie. Fotografía del
blog de Michael J. Totten, noviembre 2005
No es fácil encontrar datos sobre el debate ciudadano en torno a esta cuestión. ¿Suponen muchos grecochipriotas que la introducción del euro menoscabará su economía dándole ventaja a los turcos?¿Están los turcochipriotas menos decididos a la reunificación ahora que parece inevitable la introducción del euro en el resto de la isla?¿Ya con el euro circulando por Chipre, será condición sine qua non la purga de cualquier infraestructura financiera e institucional turca continental de la RTNC, antes de la reunificación dentro de la UE?
Lo cierto es que a partir del debate sobre el euro, las cosas parecieron torcerse en Chipre. El 23 de marzo, el rotativo turco “Cumhuriyet” denunció que Grecia había enviado a Chipre “un millar de mercenarios”, a pesar de que presionaba a Turquía para que retirara sus tropas del norte de la isla. Dentro de este contexto, la misma fuente revelaba que Grecia estaba intentando incrementar sus tropas en la República de Chipre, que actualmente asciende a 6.000 soldados. Según cifras facilitadas a Europa Press por la Fuerza de la ONU para el mantenimiento de la paz en Chipre, los efectivos de la parte grecochipriota suman 20.000 efectivos. La fuente no revela si los 6.000 soldados griegos se cuentan en la cifra total o en realidad estamos hablando de 26.000 soldados (griegos más grecochipriotas). Frete a ellos, la parte turcochipriota cuenta con 35.000 efectivos (recientemente, la inflación informativa los ha hecho aumentar hasta 43.000 y sigue en alza). Por otra parte, casi nunca se comenta en la prensa occidental o griega la composición y cualificación de tales efectivos, qué proporción de los efectivos griegos o turcos continentales son simples soldados de a pie o técnicos, pilotos de combate, especialistas, instructores y militares de alta graduación.
En efecto, el debate en torno a las tropas turcas en la RTNC está en el centro de de la discusión global sobre cómo debería realizarse la reunificación, bajo qué condiciones los grecochipriotas deberían dejar de bloquear las iniciativas de Bruselas hacia la RTNC o cuándo y cómo aplicaría el gobierno turco el denominado “protocolo de Ankara” que amplía el acuerdo aduanero a todos los países de la Unión Europea, incluido Chipre. Los grecochipriotas plantean la cuestión de las tropas turcas en la RTNC siempre que pueden. El pasado 15 de marzo, la ministra Kozakou-Marcoullis declaraba, por ejemplo: “El señor (Mehmet Alí) Talat --presidente de la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre, RTNC-- está maniatado (…) La mayoría de las decisiones se toman en Ankara. La llave está, por tanto, en Ankara y, especialmente, en manos del Ejército turco” (información recogida por el enviado especial de EUROPA PRESS, Ildefonso González).

Cartel que indica Zona Prohibida. Lado turco del barrio turístico de Varoşa, Famagusta. Fotografía procednete del blog de Michael J. Totten
La prensa turca ha publicado numerosas crónicas y comentarios a la situación en Chipre. Pero en ellas prima la especulación sobre la información concreta. En todo caso, sobresale la idea de que esta vez las cosas no van mal, pero todo el proceso de negociación sobre Chipre está en stand by, pendiente del resultado de las elecciones presidenciales y parlamentarias en Turquía. Esta es una cuestión ciertamente delicada, que lleva a que el gobierno turco haya suspendido casi cualquier iniciativa pública en relación a Chipre, y que incluso ha endurecido la retórica de los dirigentes turco, comenzando por el mismo Erdoğan. Cualquier concesión cara a la UE y, sobre todo, a los grecochipriotas, supondría dar munición a la oposición e incluso generar peligrosas disensiones internas en el AKP.
Desde este punto de vista, la iniciativa de Tassos Papadopoulos tendente a abrir nuevos pasos en la Línea Verde e impulsar otras medidas de acercamiento “suaves” puede entenderse mejor como una forma de hacer palanca sobre los turcochipriotas cuando estos, precisamente ahora, no pueden jugar a responder en términos igualmente amigables. Además, es una forma de recuperar imagen frente a Bruselas y la comunidad internacional sin arriesgar nada: la dialéctica buenista puede ser inatacable y rendir buenos réditos si se sabe aplicar en el momento justo. Y en este caso, los grecochipriotas saben que hostigar con buenas palabras es mucho mejor que provocar la suspensión de las negociaciones con Turquía.
Porque, no nos engañemos, todo este asunto de la oposición al acceso de Turquía a la UE tiene mucho de teatro: a casi ningún socio comunitario le conviene que ese país termine quedándose fuera; y Chipre es uno de los que más saldrían perdiendo. Turquía dentro, sí; pero “a la carta”, como chipriotas, franceses o alemanes quieren que entre y no de otra forma. Sinn embargo, como argumenta de forma bastante lógica Ayhan Simsek en “The New Anatolian" el pasado 14 de marzo, Erdoğan está en una posición de fuerza porque tanto si sabe aprovechar a su favor el descontento popular turco hacia la UE desafiando lo que desde Ankara se plantea como medidas injustas hacia Turquía, saldrá todavía más fortalecido en los comicios que si juega el papel de líder angustiado por la falta de apoyo europeo. El colofón es sencillo de entender: si esa postura le da resultado y gana por mayor margen todavía que en 2002, Erdoğan podría caer en la tentación de imponerse más duramente en la mesa de negociaciones comunitaria. Y si es otro el partido que lo descabalga aprovechando la fuerza del nacionalismo, adoptará la misma actitud.
Los impresionantes bloques de hoteles abandonados en la playa de Varoşa, Famagusta. Fotografía procedente del blog de Michael J. Totten
Sin embargo, no cabe duda de que Kozakou-Marcoullis tiene razón en subrayar el importante papel que juega el Ejército turco en torno a las negociaciones que afectan a Chipre. Parece cierto y resulta lógico suponer que una parte importante de los militares turcos están a favor del acceso de su país a la UE. Pero también está visto y comprobado que poseen sus propias ideas (e incluso iniciativas) en política exterior. También es cierto que no se puede considerar a los oficiales turcos como un grupo de espadones de república bananera siempre dispuestos a dar un golpe bajo cualquier excusa. La cultura política de los militares en ese país merece un post (o varios) porque en Turquía se están produciendo cambios muy importantes que también les alcanzan a ellos. En tal sentido, existen indicios de que algo se está moviendo dentro del Ejército turco. El asunto va más allá de las reformas que impuso o trata de continuar aplicando el ejecutivo, o las leyes que pueda aprobar el parlamento para controlar las fuerzas de defensa y seguridad al poder civil. Es que a estas alturas la misma oficialidad parece inmersa en un debate interno muy discreto, muy sordo, pero intenso.
Y como muestra, un botón: El pasado 2 de marzo, Andrés Mourenza dió un toque de atención desde su blog sobre las recientes declaraciones del general Kenan Evren sobre algunos de los planes políticos que habían barajado los militares turcos tras el decisivo golpe de estado de septiembre de 1980. Evren, que tuvo un papel de máxima importancia en esa operación y posteriormente se convirtió en presidente de la república entre 1980 y 1989, desveló que los militares implicados en el golpe habían discutido la posibilidad de convertir a Turquía en un estado federal-autonómico dividido en ocho entidades: Ankara, Istanbul, Izmir, Adana, Erzurum, Diyarbakir, Eskisehir and Trabzon.
La anécdota revela que los planteamientos políticos de los militares turcos a lo largo del siglo XX, erróneos o no, llegaron a poseer bastante más calado que, por ejemplo, los ideados por los coroneles griegos o incluso la mayoría de la cúpula golpista militar española. No deja de ser significativo que el 23-F de 1981 estuviera directamente inspirado en el golpe turco de 1980. Cuestra crrer, sin embargo, que los españoles llegaran a sopesar la posibilidad de ahondar en el estado de las autonomías o incluso plantear la federalización de España. De la misma forma, los golpistas turcos de 1960 impulsaron la redacción de la Constitución de 1961, la más progresista que ha tenido Turquía hasta la fecha. Pero poco antes de la aprobación en referéndum de la nueva ley, los militares colgaron al depuesto primer ministro Adnam Menderes. Y algunos años más tarde, el golpe de 1980 dio pie a la abolición de la Constitución de 1961, siendo sustituida por la actual, de 1982, mucho más restrictiva.

La "Línea Verde" que separa Nicosia no es tan evidente como el Muro de Berlín, pero es real. Minarete de una mezquieta y banderas turca y de la RTNC desde el sector griego. Foto procedente del blog de Michael J. Totten
En cualquier caso, ¿qué buscaba Kenan Evren, ya en sus 88 años de edad, sacando a relucir el viejo proyecto federal-autonómico para Turquía? Posiblemente, lavar la cara de la institución militar, que está recibiendo fuertes ataques desde Europa desde que comenzó el proceso de negociación para el acceso de Turquía a la UE. Y más todavía desde que la cuestión chipriota se ha convertido en un escollo que ha terminado por ralentizar e incluso amenazar la continuación de las negociaciones. Así, el pasado mes de marzo, Evren regresó del pasado y comenzó a hablar en un tono inesperadamente moderno; tanto que incluso resultaba provocativo. “Es difícil de creer que Ankara pueda controlar [eficazmente] todas las 81 provincias” –explicó. Por ello, Turquía deberá dar el paso hacia la federalización tarde o temprano. Y el país deberá aceptar el sistema tarde o temprano, añadió.
Sus declaraciones generaron una violenta tormenta política en el país, porque enseguida generaron acusaciones de separatismo dirigidas contra el antiguo golpista. Pocos días después, Evren remataba la faena aconsejando que el Partido de la Sociedad Democrática (DTP) abiertamente pro-kurdo, debería acceder al Parlamento en las próximas elecciones de noviembre, por el bien de Turquía a largo plazo. Echó un jarro de agua fría sobre las viejas aspiraciones ultras de anexionarse el Kurdistán iraquí, zona que además es rica en petróleo y actualmente cuenta con una amplia autonomía en el Irak casi desmembrado. Por si faltaba algo, Massoud Barzani (líder del Partido Democrático del Kurdistán y presidente de gobierno autónomo del Kurdistán iraquí) declaró casi al mismo tiempo que Turquía debería acostumbrarse a convivir con el vecino Kurdistán.

El polémico mapa de la Turquía federal sugerida por Evren y publicado en "The News Anatolian", marzo de 2007
En consecuencia, Evren fue tomado por chiflado –cosas de la edad-, agente contumaz de los intereses norteamericanos y, por supuesto, traidor a la patria por parte de los sectores ultras. Los fiscales a su servicio, por supuesto, estudian la posibilidad de procesarlo. Pero en todo caso, el extraordinario incidente podría forma parte de las galaxia de presiones, maniobras, dimes y diretes que giran en torno a la negociación bajo cuerda que se está llevando a cabo en estos momentos con relación a Chipre, máxime si tenemos en cuenta que el pasado 29 de marzo se reactivó el proceso de adhesión de Turquía con a la apertura de un nuevo capítulo de negociación, el número 20, “Empresa y Política industrial”. Se suele decir que “No news, good news”. En el caso del tortuoso juego que se está desarrollando en torno a las relaciones entre la Unión Europea, Turquía y Chipre, lo único que se puede decir es: "No news… no news”.
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