martes, marzo 09, 2010

Tener más deudas que Grecia






















Ilustración que acompaña al artículo original. - Leonard Beard

Actualización a 26 de marzo, 2010: según el diario griego "Kathimeri", el Hellenic Post Bank (TT por sus siglas en griego) "compró 1.200 millones de dólares en CDS (seguros contra riesgo de impago) de la República Helénica, un 15% de los 8.000 millones que existen en el mercado. Lógicamente, una compra de este tamaño por fuerza disparó el precio del CDS, es decir, el riesgo de invertir en Grecia, que fue el detonante de la crisis de febrero". Lean más pinchando aquí.



"El Periódico", 8/3/2010 - ESCÁNDALO FINANCIERO EN LA UE

Tener más deudas que Grecia

• España sufre de un síndrome parecido al del país helénico: la desconfianza que genera su reputación histórica

Una amiga, veterana periodista de la desaparecida agencia Tanjug, jura y perjura que de pequeña oyó la siguiente expresión, típicamente serbia: «Tienes más deudas que Grecia». No es descabellado darle la razón: a lo largo del siglo XIX, y desde su independencia formal en 1830, el reino de Grecia resultó un quebradero de cabeza para las grandes potencias continentales, y más de una vez por su insolvencia.

El caso más conocido y escandaloso acaeció en 1850, cuando Londres envió a la flota para que el Gobierno griego compensara a don Pacífico. Este buen hombre, que era un comerciante judío gibraltareño, de origen portugués, había visto cómo una multitud destruía su casa y propiedades debido a un alboroto antisemita. Pues bien: la Royal Navy bloqueó el puerto griego del Pireo durante dos meses, hasta que Atenas accedió a resarcir al ciudadano británico don Pacífico.

Esta es una historia característica de la denominada «diplomacia de las cañoneras», que pocos años después vertebraría el clásico imperialismo europeo. Sin embargo, asombra lo poco que han variado los trasfondos y estereotipos de la política en el Viejo Continente.

Casi dos siglos más tarde, de nuevo una historia de la más que mala gestión financiera en Grecia, que provoca un escándalo de tomo y lomo en Europa. Ahora, con el agravante de que es la primera crisis balcánica de la Unión Europea: no todo van a ser guerras interétnicas. Los Balcanes también han dado mucha murga por su descontrol financiero en los últimos dos siglos, y en Bruselas deben estar rezando porque lo de Grecia no se repita en Rumanía o Bulgaria. Todo lo cual debe estar haciendo un flaco servicio a la candidatura de los Balcanes occidentales.

Pero en el contexto europeo también se perciben inquietantes reflejos hegemonistas de los de toda la vida. París y Berlín ya no esconden en absoluto sus deseos de gobernar para siempre los destinos de la Unión Europea. Y ahí está la razón principal para excluir a una Turquía que, solo con su peso demográfico, hipotéticamente desplazaría a Francia al frente de la Unión Europa ¡dentro de 50 años!

Desde ese punto de vista, la situación griega supone todo un desafío. Si París y Berlín desean imponer su peso como potencias dominantes en la Unión Europea, deberán aportar soluciones eficaces a la altura de los problemas más serios. La patata caliente griega es de consideración, y se nota que les ha caído entre las manos sin haberlo previsto hace unos meses. De ahí el sí, pero no, y ya veremos de Alemania, con Angela Merkel al frente. Porque, además, no se trata solo de aportar ayudas materiales, sino también de disciplinar a una sociedad, la griega, que prefiere seguir viviendo instalada en los viejos planteamientos. Y eso no va a ser posible cambiarlo desde París ni desde Berlín.

Pero hay otra reflexión que merece ponerse de relieve. Lo que está pasando en Grecia nos demuestra que a lo largo de su historia las sociedades, como las personas, tienden a cambiar poco en sus comportamientos. Problema añadido, y muy serio, es la percepción que tienen los demás de esas actitudes. En ese sentido, España no es Grecia, al menos en lo económico. Pero sufre de un síndrome parecido: la desconfianza que genera su reputación histórica, en este caso de enfrentamientos políticos eternamente reverdecidos. Un problema que predispone contra la cultura política de coaliciones, de pactos de Estado, esa práctica tan usual en Europa ante los momentos de crisis.

Y es que esas imágenes sempiternas son la causa de fondo de los extranjeros y de la desconfianza de los inversores. Parafraseando a un periodista catalán: los inversores huyen porque no confían en la imagen de escasa solvencia; no es lo mismo que afirmar que nuestra imagen de insolventes sea debida a la huida de los inversores.

En tal sentido, ya pueden investigar CNI y EYP, hermanados en el furgón de cola, si se produjeron conspiraciones o complots contra la puerta de atrás del euro. Y claro que los hubo: en la jerga financiera se denominan ataques especulativos, y los responsables son los de siempre, los grandes especuladores de los países que inventaron el capitalismo, los mismos que provocaron las crisis de 1996-1998 en Latinoamérica, el Sureste asiático y Rusia, que nuestros dirigentes no se han molestado en considerar, suponiendo que tengan idea de que existieron.

Lo grotesco es que el servicio de inteligencia se dedique a investigar asuntos que los servicios de análisis de los bancos, el Ministerio de Economía y las facultades de Económicas ya llevan años estudiando (y aportando medidas de prevención reales).

Por lo tanto, quizá hubiera sido más práctico poner una denuncia ante la Guardia Civil. Porque, caso de que al final den con un deus ex machina como el filántropo George Soros, que dirigió el ataque contra la libra esterlina el Miércoles Negro de 1992, ¿qué harán?¿Detenerlo, acaso?



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miércoles, diciembre 10, 2008

Explosión social en Grecia















Contra el consumo: un joven contestatario ataca una tienda de artículos deportivos con un cóctel molotov. Las fotografías que acompañan al post, proceden EFE y fueron publicadas en la edición digital de "Público"
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Hace pocos meses, la todavía Secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, sugería un paralelismo directo entre la breve guerra ruso-georgiana y la intervención sovietica en Checoslovaquia. Verano de 1968 a verano de 2008: cuarenta años justos, tanques rusos por aquí y por allí: la simetría de las efemérides posee una magia irresistible para períodistas, políticos y una parte nada desdeñable del gran público. Pues bien: si el paralelismo tuviera alguna base comparativa realista, deberiamos considerar que los disturbios en Atenas son la versión contemporánea de aquel mayo del 68 francés. Tanto más significativa la comparación, si tenemos en cuenta que en 2008 los focos centrales de la actualidad ya no están sistemáticamente situadas en Paris, Londres, Berlín o Nueva York: Mumbai, 26 de noviembre, es un acontecimiento de referencia histórica; y lo mismo ocurrirá con Atenas, 6 de diciembre.

Lo que sigue a continuación es una breve pieza publicada deprisa y corriendo en el diario "Público". El lector no encontrará ideas novedosas ni información adicional por relación a lo que vienen explicando los diarios en estas últimas horas. Pero vale la pena conservar el artículo en este blog como posible punto de partida para reflexiones ulteriores.


















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"Público"

ANÁLISIS
Los jóvenes como caja de resonancia

FRANCISCO VEIGA - 09/12/2008 08:00

La
oleada de disturbios juveniles que se está viviendo en Grecia es susceptible de ser analizada a partir de varios niveles interpretativos. El primero y más evidente tiene que ver con la arraigada tradición de rebeldía de los estudiantes griegos, respondida en cada ocasión por la no menos clásica contundencia de la Policía local.

Podemos remontarnos a las históricas manifestaciones de 1973, cuya brutal represión culminó con el colapso de los siete años de la Junta Militar. En tiempos sucesivos, ya en la década de los ochenta, el barrio de Exarchia se convirtió en el bastión de la juventud rebelde y la pesadilla de la policía antidisturbios.

Pero sin ir tan lejos en el tiempo, recordemos que recientemente, el pasado mes de junio, los estudiantes griegos chocaron duramente contra las fuerzas de orden público tras ocupar varias facultades en protesta por los planes del Gobierno para fundar universidades privadas, mientras decrecían los presupuestos públicos destinados a la educación superior.

A su vez, esas manifestaciones se inscriben en las oleadas de protestas sociales que vive Grecia: recordemos la huelga general del año pasado por estas mismas fechas relacionada con el rechazo al recorte de las prestaciones de la seguridad social.

La conclusión de todo esto es doblemente interesante. Las rebeliones estudiantiles o más simplemente: juveniles suelen ser la caja de resonancia de malestares sociales más profundos. La unanimidad de las protestas en Grecia, aunque en apariencia pueda parecer que no existe una relación directa de causa a efecto, refleja un trasfondo de profundo desconcierto en el país: los socialistas del PASOK, desalojados del poder, atraviesan momentos de crisis. Pero la derecha en el Gobierno ha visto como su política neoliberal quedaba en entredicho, a poco de comenzar la legislatura, por la grave crisis económica y financiera que sus mentores occidentales han debido atajar a golpe de intervención de los poderes públicos. Por lo tanto, el reajuste neoliberal ha fracasado en Grecia, incluso antes de que diera sus primeros pasos. Sin embargo, tampoco es posible volver atrás y por ello Atenas está, políticamente, a mitad de camino hacia ninguna parte.

Hay un malestar profundo que ya se manifestó durante la picaresca que rodeó a los enormes incendios forestales de agosto de 2007 en paralelo al reventón de las subprime en EEUU y que ha continuado hasta ahora con reiterados escándalos de corrupción que salpican a los altos círculos del poder y la oposición. De ahí que mientras en otros países estamos llevando la crisis con una llamativa resignación social, Grecia parezca a punto de estallar.

Segundo colofón: estos conflictos definen la plena occidentalidad de Grecia, pese a estar situada geográfica y culturalmente en los Balcanes: el día en el que en otros países de la zona se organicen manifestaciones para reivindicar mejoras en la atención del estado a la ciudadanía o el rechazo de la brutalidad policial, dejando de lado cuestiones relacionadas con retoques fronterizos, rechazo del vecino e indignaciones nacionalistas varias, será síntoma de que están avanzando seriamente en el camino de la normalización civil y la integración real en Europa, aunque ello no deje de comportar pugnas duras e inquietantes.

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domingo, febrero 17, 2008

February 17th: Freedom Fighters Day





















Monumento a los caídos del UÇK en la guerra de 1996-1999: Vucitrin / Vushtrri, Kosovo. Obsérvese que el mapa que enmarca la silueta del caído es el de la Gran Albania. Aunque es improblable que se convierta en una realidad a medio plazo, también es cierto que no se trata de "propaganda serbia¨, como argumentan los simpatizantes de la causa albanesa.

Dentro de pocas horas nacerá la “autoproclamada República de Kosovo”, adjetivo que en los últimas décadas la prensa occidental distribuía selectivamente por aquí, callaba por allá y obviaba acullá. Hace ya bastantes años que los dobles raseros se aplican generosamente en diversas regiones del planeta, aquellas que son más dadas a la colonización y división en zonas de influencia que otras. La lista, aplicable a los Balcanes y extensible al resto del espacio ex otomano, es larga y tiene probada profundidad histórica. Eran peyorativamente “autoproclamadas” la República Serbia de la Krajina y lo es la República Turca del Norte de Chipre. Pero no lo es Nagorno-Karabaj, territorio no tan ignoto que ha provocado numerosas tensiones en el Cáucaso, amén de un número crecido de muertes. Eso, mejor meterlo en el cajón.

La verdad es que, aunque pueden cobrar una gran relevancia en un momento dado –las “repúblicas autoproclamadas” son carne de manipulación por excelencia- la exhibición de dobles o triples varas de medir ha tenido momentos estelares en la reciente historia de las crisis balcánicas. Aparte del ya bien conocido “vals de la federación” (“Yugoslavia federal no es factible-Bosnia está destinada a serlo-Kosovo nunca lo será-en Macedonia la solución está ahí, precisamente”) no han faltado grotescos momentos estelares, si no fuera porque terminaron en tragedia. Por ejemplo: el 6 de abril de 1992, la Comunidad Europea reconoció formalmente a la República de Bosnia-Hercegovina. Una de esas “soluciones” de la diplomacia occidental que ignoró olímpicamente el deseo de una mayoría de serbios de Bosnia de abandonar esa república; en este caso, la sagrada “voluntad de la mayoría” no tuvo ningún valor para Bruselas y Washington. Pero, casi peor, en la agenda de ese mismo día 6 de abril estaba previsto reconocer la República de Macedonia. Sin embargo, ese asunto se dejó de lado para no contradecir a Grecia, que por entonces desplegaba una desmesurada campaña nacionalista contra lo que se consideraba una amenaza revisionista. Según el gobierno de Atenas, la homónima región norteña de Grecia era la verdadera Macedonia, mientras que la república ex yugoslava era un invento de Tito, con objetivos descaradamente anexionistas. Sea como fuere, Bruselas demostró una marcada indolencia hacia la soberanía Macedonia, y una innecesaria impaciencia en reconocer la independencia bosnia, que ayudó a precipitar la guerra
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Monumento al héroe del UÇK en la plaza principal de Prizren. Fotografía procedente del blog: "Els viatges del Xavi"

Casi dieciséis años más tarde, estamos ante un caso parecido. Los aplausos orgánicos que escuchamos en occidente hacia la epopeya soberanista de los albaneses de Kosovo, se permiten ignorar los derechos de la minoría serbia, objeto de flagrantes campañas de limpieza étnica ante la indiferencia de la administración internacional. Por lo visto los albaneses “se merecen” la independencia, pero la minoría serbia “no se merece” una especial atención hacia sus derechos. Debe de ser cosa del número exiguo de los que quedan (menos del cinco por ciento de la población total de Kosovo). Aunque si tenemos en cuenta que la definición de genocidio se ajustó en el Tribunal Penal Internacional hasta un mínimo de seis mil personas para poder acusar a Slobodan Milosevic y los líderes nacionalistas serbios de Bosnia de ese crimen en relación con los sucesos de Srebrenica, bien se puede dictaminar que los algo más de cien mil serbios que sobreviven como pueden en Kosovo son una minoría demasiado minoritaria para ser tenida en cuenta, o “reajuste” similar de última hora.

En realidad, los diez años de crisis yugoslavas han ido creando unas lógicas manipuladoras casi mecánicas. Adonde no se llega con unos argumentos amañados, se prueba con otros y sobre todo con las pasiones futbolísticas que embargan incluso a sesudos académicos cuando de Balcanes se trata. Y aquí si que los resultados pueden llegar a ser francamente divertidos, cuando contemplamos alineados en el mismo bando “soberanista” a intelectuales de rancio abolengo progre con derechosos periodistas de imperial pijería. Y ya son ganas de emborronar papeles a mayor gloria de la vanidad sublimada en el “sostenella y no enmendalla”, para terminar haciendo masa coral con lo que no es sino el objetivo de cualquier extremismo político no islamista en la Europa de hoy: conseguir como sea el apoyo norteamericano no sólo para obtener la victoria, sino también para bendecirla. Todo ello bien poco tiene que ver con el derecho a la soberanía de los albaneses de Kosovo y es mero interés coyuntural de un grupo de potencias hegemonistas enfrascados en salir del paso obviando hipócritamente cualquier cosa que no sean sus intereses aquí y ahora.

Desde ese punto de vista, la decisión del gobierno español de no reconocer al nuevo estado “soberano” de Kosovo es consecuente, correcta y valiente. Que no quedó más remedio que llevarla a cabo en una coyuntura internacional desventajosa, de eso no cabe duda. A la vista está: distanciamiento de Bruselas, nuevo desencuentro con Washington y por si faltara algo, aprovechamiento desconsiderado de Moscú en beneficio de su propio guión –y como venganza, habitual desde hace años, contra la figura y significado de Javier Solana, en 1999 al frente de la OTAN y ahora, en decisivo cargo comunitario.



















Iconografías similares, valoraciones diferentes: Miembros del Real IRA se entrenan en uniformes de campaña ya en 2001

¿Se dio ese paso en nombre de la preservación de las españolísimas esencias patrias? Parece evidente que ese debe ser el caso desde las filas del Partido Popular. Pero, obligaciones del peculiar momento de la campaña electoral al margen, la decisión del gobierno de Zapatero tiene otro trasfondo. Porque lo que se debate aquí no es la vieja discusión bizantino-politológica sobre la intangibilidad de las fronteras realmente existentes o el hipotético “efecto dominó” sobre los soberanismos celtibéricos. La cuestión es otra.

El problema central, que lógicamente no vamos a encontrar debatido en la prensa democrática occidental, es que Washington y Bruselas están reconociendo de facto y de iure, la validez de la vía armada para conseguir objetivos políticos nacionalistas en el continente europeo. O más precisamente, el viejo principio básico de "acción-reacción" de los grupos guerrillerosa y terroristas desde hace más de un siglo. Porque no representa otra cosa el hecho de que el actual primer ministro albanés de Kosovo sea Hashin Thaçi, un antiguo comandante guerrillero del UÇK cuyo nombre en clave era “Serpiente”. O que otro anterior primer ministro, Ramush Haradinaj, también antiguo líder militar del UÇK, esté siendo juzgado en el TPI de La Haya por crímenes de guerra.

Lógicamente, como antídoto a cualquier tentación de aproximarse demasiado a esta delicada cuestión, los apologetas del guión desarrollado en Washington y aplicado desde Bruselas insisten una y otra vez que se le está concediendo la independencia a los albaneses como una especie de premio a sus sufrimientos o de compensación a la abolición de su autonomía en 1989 por obra de Slobodan Milosevic. En realidad, la intervención de la OTAN en 1999 no se produjo en base a esas cuestiones. En el verano de 1996, quien escribe estas líneas visitó Kosovo, donde comenzaba a oírse hablar de los atentados de un misterioso grupo nacionalista albanés contra policías y administradores serbios, amén de los “colaboracionistas” albaneses. Pues bien, la gran mayoría de los albaneses kosovares a quienes entrevistó dijeron no saber nada de “aquella gente” violenta, que posiblemente no eran “de por allí”. Rugova, el líder de la Liga Democrática de Kosovo, la opción mayoritaria, gradualista y no violenta de soberanismo albanés en Kosovo, negaba de forma vehemente y reiterada, que los activistas del UÇK existieran: eran “meras provocaciones de la policía serbia”. Por entonces, los diplomáticos occidentales en la zona no querían oír hablar de aquel feo asunto de Kosovo, cuando hacía pocos meses que se había logrado concluir la guerra de Bosnia. ¿Qué es ese cuento de hadas de que la UE –o determinados socios de la UE- están reconociendo estos días los méritos también de esa opción moderada? Si el UÇK no hubiera empezado a liarse a tiros a lo largo de 1996, profusamente equipados con armas procedentes de Albania al año siguiente, muy diferente hubiera sido la historia. La OTAN nunca hubiera intervenido para apoyar a Ibrahim Rugova y sus seguidores. De eso no hay la menor duda, porque precisamente lo que produjo la aparición del UÇK fue la conciencia de que la opción gradualista del LDK no parecía llevar a la deseada intervención occidental después de que en 1995 los occidentales reconocieran en las conversaciones de Dayton las fronteras de Bosnia, sí; pero también las de Croacia y Serbia, y en éstas se incluía Kosovo. Eso lo saben ahora y lo sabían entonces los albaneses de Kosovo, y de ahí la proliferación de un verdadero culto al combatiente del UÇK expresado en estatuas de regusto stalinista en varias de las ciudades y pueblos de Kosovo, o en las decenas de monumentos a los caídos, que también están presentes en la zona albanesa de Macedonia, con gran profusión de insignias y banderas.






















1958-2008: este mismo año se cumple el medio siglo de existencia de ETA. Conmemoriaciones inoportunas en coincidencia con iconografías similares bendecidas precisamente en estos mismos días por Washington y algunos miembros de la UE

Uno estaría incluso tentado de suponer que Washington y Londres esperaron a que se solucionara el conflicto del Ulster para impulsar la independencia de Kosovo. Porque ese doble rasero sí que resultaba totalmente insostenible. Por otra parte, hoy puede parecer inimaginable que algún día ETA pudiera ser reconocida en Euskadi en términos parecidos a como el UÇK lo fue en Kosovo. Pero si no es así, es bien cierto que el precedente kosovar sí puede convertirse en la base de la utilización del radicalismo armado vasco –por ejemplo- como forma externa de presión sobre el gobierno de turno en Madrid. De hecho, la estrategia de apoyar a grupos radicales le fue bien a Washington durante la Guerra Fría –incluso a costa de subvencionar a Bin Laden y similares “freedom fighter” en Afganistán- y ahora parece retomar la idea: ahí está residiendo, dicen, el éxito del plan de pacificación de Irak: en apoyar a unos contra los otros. Y es que subvencionar grupos armados radicales puede resultar muy rentable. Cuatro fusiles por aquí y dos pistolas por allá, y ya tenemos organizado un grupo armado de "freedom fighters" que puede convertirse fácilmente en instrumento de poder y autoridad. Un líder guerrillero convenientemente afeitado o al menos con un traje caro, puede devenir en estadista aceptable, incluso con un aura romántica de la que carece el político civil de toda la vida. Pero eso sí: el grupito y su líder han de saber claramente quién es el amo, quién manda allí en último término.

Entendámonos: eso, al fin y al cabo, puede que ni siquiera suponga una gran ventaja a largo plazo para la opción violenta y radical objeto de las atenciones de Washington. El margen de acción política real y de soberanía que le queda a Thaçi no es envidiable, y ese es el final de la historia tras años de ardua lucha. Hoy en día, ningún movimiento radical armado tiene posibilidades de éxito en Occidente sin el respaldo de Washington. El IRA es un ejemplo bien claro; también el UÇK, desde luego, pero es que incluso Al Fatah tuvo que ponerse en manos de la CIA hace bien poco tiempo. La verdad es que si yo fuera un activista radical europeo estaría preocupado ante el mensaje que supone la respaldada proclamación de la independencia kosovar: hoy por hoy, si no están los americanos detrás, olvídate. Y en el mejor de los casos, serás un mero peón en manos del Tio Sam. Ahí tenemos a los miles y miles de albaneses que ya están celebrando la independencia agitando obsesivamente banderas norteamericanas con el mismo valor sentimental que la albanesa –que por cierto, no debería ser la enseña del nuevo estado kosovar-. Esas banderas americanas se las frotan los interesados por las narices a la familia europea, a los países del club UE, a Bruselas. Muy poquitas parecen ser las enseñas azules de la Europa comunitaria que se agitan en Kosovo. Por lo tanto, y ya que las fronteras del mundo parecen haberse vuelto elásticas, para regocijo de algunos, pues quizás sería el momento de proponer a los norteamericanos que adoptaran a Kosovo como un nuevo estado de la Unión.

Lo que, en todo caso, resulta un tanto incomprensible es esa idea de que la integración en la UE aportará la solución de los problemas en la zona. Ahí tenemos a los países balcánicos, pero europeos a la postre, haciendo piña contra el reconocimiento de la independencia de Kosovo. Ya no sólo son Serbia (lógicamente), Rumania, Chipre, Grecia y Bulgaria, sino también Bosnia. Son todos estados balcánicos con nutridas minorías nacionales y situados, precisamente en los Balcanes. ¿Cómo pueden demostrar entusiasmo ante lo que está ocurriendo a pocos kilómetros de sus fronteras? Parece lógico que ni siquiera se fíen de las ideas de Bruselas miembros locales de la UE, como Rumania, Bulgaria, Grecia y Chipre. Tampoco lo hace Eslovaquia, que no es un país balcánico pero sí desconfía de lo que pueda ocurrir con su minoría magiar.























Adem Jasari, uno de los mitos de la primera rebelión del UÇK, allá por 1996, muerto dos años más tarde. Ese es el origen real de la intervención OTAN en la zona que llevó indefectiblemente a la independencia proclamada hoy

Por lo tanto, la UE no está resultando nada tranquilizadora. Y menos aún actuando a dictado de Washington. Pero aún poniéndole toda la buena fe del mundo, toda la candidez bienintencionada de la que (aún) podamos ser capaces, ¿qué sentido tiene montar todo este circo de la independencia kosovar si se supone que de aquí a pocos años ese país, junto a Serbia y los demás formarán parte de la UE en un único mercado común, con instituciones financieras y legales conjuntas y unas fronteras medio disueltas por el “espacio Schengen”?¿Si las fronteras son hoy en día relativas y no son en absoluto intangibles ¿por qué construimos más y las bendecimos una y otra vez?






"El Periódico", 16/2/2008
LA DECLARACIÓN UNILATERAL DE INDEPENDENCIA DE LA REGIÓN SERBIA

Kosovo es el comienzo


Bruselas está tirando piedras a su propio tejado: tres de los cinco países que rechazan el nuevo Estado son miembros de la UE

Si los albaneses macedonios deciden irse con los kosovares sí que tendremos un problema serio

La proclamación de la independencia de Kosovo el próximo día 17 es presentada por muchos analistas, con más pasión que otra cosa, como el final de un proceso iniciado hace casi veinte años. En realidad, es más de lo mismo por lo que toca a la situación interna del nuevo estado; y a la vez, el comienzo de algo nuevo a escala internacional.

Que los fastos no nos engañen: la independencia de que disfrutará Kosovo será aparente. No poseerá fuerzas armadas, los policías y los jueces los pondrá la UE, no podrá ingresar en las Naciones Unidas como miembro. Por lo tanto, un estado que va a carecer de atributos de soberanía plena y seguirá siendo una especie de protectorado, ahora de Bruselas. Lógicamente, los extremistas no tardarán en meter baza. Los nacionalistas albaneses duros de “Vetëvendosje!” (“¡Autodeterminación!”) liderados por el joven Albin Kurti, flagelo de la administración internacional, comenzará a movilizar a sus seguidores en las calles pidiendo independencia absoluta, sin cortapisas. Y los serbios del enclave norteño de Kosovska Mitrovica, donde funciona una administración serbia propia, parece que van a ignorar activamente la autoridad de Pristina.

















Medio en serio, medio en broma: propuestas para una nueva bandera de la Gran Albania, modelo USA

A pesar de toda esa carga de incertidumbres con la que se estrena el nuevo estado semisoberano, no es de temer que tengan lugar desórdenes de envergadura. De momento, ni a serbios ni a albaneses les interesa aparecer como los provocadores ante las grandes potencias que son las auténticas protagonistas de toda la operación. Otra cosa es la situación en la que queda Macedonia, un tabú que la prensa occidental evita tratar, como si fuera la peste. Nadie quiere recordar que en 2001 esa república vivió una guerra interna en la cual la guerrilla secesionista albanesa estaba conectada, hasta en denominaciones y símbolos, con la del UÇK kosovar que había luchado contra los serbios dos años antes. Y es que no existen diferencias étnicas entre los albaneses de Kosovo y los de Macedonia, porque hasta 1991 pertenecieron al mismo estado (Yugoslavia) y podían circular libremente por todo su territorio, y en el norte de esta última república se han erigido monumentos conmemorativos a los caídos en aquella corta pero dura contienda.

Ese conflicto sí que se puede reabrir; y lo saben Bruselas y Washington. Y si los albaneses de Macedonia deciden irse con los de Kosovo, y Macedonia queda rota y su capital dividida, si que tendremos ahí un problema serio, dado que la supervivencia de esa pequeña república quedará en entredicho y seguramente Bulgaria buscaría intervenir, abriéndose nuevas dimensiones de conflicto balcánico, más allá de las que quedaron confinadas a las guerras yugoslavas de 1991-2001.






Composición conmemorativa para un combatiente del UÇKömbetar, caído en Macedonia, primavera de 2001. La misma parafernalia que el UÇK kosovar ¿La misma lucha?












Pero existe otro nivel de análisis, que remite al papel de las tres potencias que juegan la partida real: los Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea. Washington y Bruselas están siguiendo un guión muy rígido –el descubrimiento de algunas de esas astutas complicidades han creado una crisis política en Eslovenia, que preside la UE- que para sortear las numerosas contradicciones que conlleva, está generando un esquema argumental muy pobre pero peligrosamente maniqueo: todo iría como la seda si rusos y serbios no se empeñaran en poner problemas. Los serbios porque “como demuestra” el resultado de las recientes elecciones presidenciales, siguen siendo, en un porcentaje elevado, unos nacionalistas peligrosos (por lo tanto, el problema no era sólo Milosevic, añade el guioncito por pasiva). Los rusos, porque temen que Kosovo sea un precedente para algunas de sus regiones que, según parece, estarían dispuestas a proclamarse independientes en cadena, cosa harto improbable.

Pero este planteamiento evita cuidadosamente explicarnos que es Bruselas quien está tirándose piedras sobre el propio tejado. Primero porque los problemas derivados del parto con fórceps de un Kosovo independiente está creando fuertes tensiones en los Balcanes: al menos cinco estados de la región ya han anunciado su intención de no reconocer al Kosovo soberano: Serbia (lógicamente), Rumania, Grecia, Chipre y Bosnia. De ellos, tres pertenecen a la UE. Es decir, socios que no se fían de Bruselas. Y en Bosnia todos tienen claro que arreglar de esta manera el contencioso de Kosovo es vender por un plato de lentejas su propia viabilidad como estado, tal como fue pactada en Dayton, 1995.

En cuanto a Moscú ¿qué esperaban? En Bruselas y Washington siguen empeñados en que la Rusia de Putin vuelva a ser la de Yeltsin, aquella potencia postrada, gobernada a ratos por un presidente enfermo y dominada por oligarcas descontrolados con los que se podían hacer suculentos negocios. Pero esos tiempos se fueron. Y ahora Rusia ha dejado muy claro que se debe contar con ella para solucionar por las buenas toda una serie de problemas y dejar de empeñarse en colar dobles raseros a martillazos. Porque si se reconoce a Kosovo, ¿por qué no hacer lo mismo con la República Turca del Norte de Chipre? La noticia saltó a los informativos en días pasados y entusiasmó a los turcos. Definitivamente, el mundo ya no se puede compartimentar como hace quince años, porque se ha balcanizado, cierto, pero a la vez se ha globalizado, conectando entre sí a actores muy dispares y lejanos, que pueden crear efectos inesperados.

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jueves, diciembre 13, 2007

NOTA: Seguridad social en camilla



Manifestaciones en Atenas, 12 de diciembre, 2007. La actuacióin contundente de la policía es casi una tradición en Grecia


En una de las novelas de Petros Markaris, el comisario Jaritos, herido en acto de servicio, ha de visitar al médico de la seguridad social. Ante las reticencias del galeno, discute con su esposa si debería recurrir al "sobre", es decir, la propina. No recuerdo si las circunstancias eran exactamente estas, pero el contexto general de la anécdota si coincide plenamente. Ante mi extrañeza, consulté con un amigo, residente en Atenas desde hace años: ¿Realmente siguen perviviendo tales niveles de corrupción en Grecia? Por supuesto, fue la respuesta de este hombre: él mismo tenía a mano el sobrecito con una cantidad tirando a abultada por si alguna contingencia sanitaria inesperada exigía abrise paso por entre las colas de espera a golpe de euro. Y no sólo eso: me relató otras historias de las más castiza Hélade, referidas, por ejemplo, al mundo del taxi. La anécdota reafirmó mi confianza en Markaris como clásico escritor de novela negra, es decir, aquel que utiliza dicho género para retratar los aspectos más turbios de la sociedad en la que habita.


La huelga general en Grecia se superpuso informativamente con, a este lado del Mediterráneo, el pequeño incendio que tuvo lugar ayer mismo en el Hospital Germans Trias i Pujol de Badalona, conocido popularmente como "Can Ruti". El accidente no revistió mayor gravedad en sí mismo: apenas afectó a 50 metros de una estancia en un sótano, pero la desorganización, la más que probable carencia de un eficaz servicio de prevención (interno o externo, pero obligatorio en las empresas de este país) junto con esa extraña y difusa pero extendida dolencia socio-laboral que es la suave "rehusación de responsabilidades", han generado un espectáculo sorprendente, con evacuación de enfermos entubados por las ventanas, colchones y mantas en las azoteas y hasta un hospital de campaña a pie de edificio. Porque al "Can Ruti" le pasa lo que al Clínic y otros buenos hospitales públicos catalanes y españoles: sus facultativos practican medicina de referencia, el personal sanitario posee una sólida experiencia profesional, pero... las infraestructuras están envejecidas, la buena voluntad y la improvisación parchean las carencias, unas cosas y otras están fijadas con alfileres; y el paciente, que a lo mejor se salva de una dolencia crítica gracias a una operación espectacular o un tratamiento de vanguardia, puede terminar pasándolas negras por un fallo banal.



Un paciente ingresado, entubado, es evacuado a través de una ventana. Hospital "Can Ruti", Badalona (Barcelona), 12 de diciembre, 2007






En todo caso, la intención de este post no es, ni de lejos, abogar por el recorte de los sistemas de seguridad social. Nada más alejado de ello: precisamente, ese debe ser el futuro de la sanidad. Que no se engañen los neocons: los tratamientos onerosos y de última generación sólo los pueden afrontar los sistemas de seguridad social. Si el ciudadano piensa que mutuas y seguros privados pueden sustituirlos, se llevaran una amarga desilusión cuando deban renunciar a ellos o pagar cuotas muy elevadas para que les incluyan sólo una parte de los servicios que habitualmente ofrece la medicina del welfare state. Por tanto, se trata de cuidarla y hasta mimarla. Primero, porque es insustituible; y segundo, porque cuando falla, las consecuencias son devastadoras. Un ejemplo extremo: Egipto, es el país del mundo con mayor prevalencia de hepatitis C: cinco millones de casos a comienzos de 2007 (sobre una población total de algo más de quince millones), legado de las campañas del gobierno anteriores a 1980 para tratar a la población rural de esquistosomiasis, una enfermedad propagada por el agua que antaño fuera endémica en el país. Las campañas de tratamiento, que conllevaban varias inyecciones, no siguieron modelos de higiene rigurosos y por ello extendieron en la población a través de la sangre la enfermedad del VHC.


Por ello, todo el apoyo de este humilde blog a las protestas de los ciudadanos griegos que se oponen al recorte de las prestaciones de su seguridad social. En buena medida, es una huelga que define la plena europeidad de Grecia. El día en que otros países balcánicos organicen manifestaciones para reinvindicar un mejor servicio de sanidad pública o por otra causa social, dejando de lado aquellas relacionadas con retoques fronterizos, rechazo del vecino e indignaciones nacionalistas varias, será síntoma de que están avanzando seriamente en el camino de la normalización civil y la integración real en Europa.



Hospitalización en la terraza, Hospital "Can Ruti", 12 de diciembre, 2007




Terra Actualidad - EFE

Grecia, 12-12-2007

Masiva huelga y manifestación contra reformas en seguridad social

Más de 200.000 personas se manifestaron hoy en Atenas contra las reformas del sistema de seguridad social propuestas por el gobierno, en medio de una huelga general de 24 horas convocada por los sindicatos.

'Ha habido una respuesta de un 90 por ciento de los trabajadores a nivel nacional y la manifestación en Atenas ha sido la mayor desde 2001, superando las 200.000 personas', informó a Efe el portavoz de la Confederación General de Trabajadores (GSEE), Stathi Anesti.

Junto con la Unión de Funcionarios Públicos (ADEDY), la GSEE convocó para hoy una huelga general en 63 ciudades griegas, en protesta contra las reformas que ha propuesto el gobierno conservador que, según alegan los trabajadores, afectan a las capas sociales de los ingresos más bajos.

Según los sindicatos, las reformas merman derechos y logros de unos tres millones de trabajadores públicos y privados.

'Dejen en paz nuestra jubilación' y 'Nuestros ahorros de nuestras cajas no se negocian', rezaban algunas de las pancartas que portaban los manifestantes, entre ellos profesores, abogados, ingenieros, doctores, empleados de bancos, funcionarios y personal de la aerolínea nacional Olympic Airlines, junto a inmigrantes legales e ilegales.

Estos últimos han denunciado que son cerca de un millón y que trabajan sin seguridad social.

La huelga mantuvo a todos los aeropuertos griegos cerrados, al igual que los puertos y las estaciones de ferrocarriles.

El transporte público en Atenas funcionó sólo un par de horas para facilitar el trasladado de los ciudadanos a la manifestación.

Durante la protesta se produjeron algunos incidentes entre la policía antidisturbios e individuos que prendieron fuego a un vehículo privado e intentaron romper vitrinas, antes de ser dispersados con bombas lacrimógenas.

Los periodistas griegos, unos de los más afectadas por el proyecto de reformas, participaron también en la huelga y por segunda vez en dos semanas se ausentaron de sus trabajos, creando un vacío en la información.

Gsee anunció hoy que la próxima semana se decidirá sobre la continuación de las protestas contra el Gobierno, que ha propuesto la unificación de algunas de las cajas de pensiones y parece inevitable que se aumente la edad de jubilación.

Se trata de la mayor manifestación de descontento social desde que el partido conservador Nueva Democracia asumió por primera vez el poder en 2004.

Con el compromiso de continuar el proceso de reformas iniciado entonces, Nueva Democracia fue reelegido en septiembre de este año cono una mayoría parlamentaria ajustada.

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miércoles, noviembre 21, 2007

NOTA: Negocios frescos entre viejos adversarios
















¿Amigos para siempre? El primer ministro griego Costas Karamanlis estrecha la mano de su homólogo turco Reyep Tayyip Erdogan durante las ceremonias de inauguración del ambicioso gasoducto. La prensa española, en general, pasó de puntillas sobre el evento

Siguen, más abajo, dos breves notas de actualidad aparecidas en diversos periódicos y que no deberían pasar desapercibidas, en un momento en el cual todavía prevalece el análisis parcelado de las cuestiones geopolíticas, algo que hace varios años el autor de este blog bautizó como: "Visión de los cinco centímetros" en un artículo publicao entonces por "El País". En ese contexto, la inauguración del gasoducto greco-turco debería hacer reflexionar a los que se empeñan en presentar la cuestión chipriota como un obstáculo totalmente insuperable en el proceso de negociaciones para el acceso de Turquía a la UE. Ya no es extraño oir que, caso de que estas complejas negociaciones fallaran por culpa de los grecochipriotas, ello debería ser visto como una catástrofe difícilmente superable por la UE. Pero no sería menos extraño que Atenas montara en cólera si la actitud de los hermanos grecochipriotas le complicaran tales suculentos negocios con el viejo vecino al que no hace tanto se calificaba de enemigo histórico de Grecia.



Turquía/Grecia.- Erdogan y Karamanlis inauguran hoy el primer gasoducto entre Turquía y Grecia

ESTAMBUL (TURQUIA), 18 Nov. (del corresponsal de EUROPA PRESS, Ildefonso González) -

Los primeros ministros de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y Grecia, Costas Karamanlis, inaugurarán hoy el primer gasoducto entre ambos países, en un acto cargado de simbolismo ya que se celebrará en un puente sobre el río Evros, frontera natural entre Grecia y Turquía.

El gasoducto, de 285 kilómetros de longitud --de los cuales 200 pasan por Turquía--, comenzó a construirse hace dos años y en un futuro próximo, en torno a 2010, se extenderá hasta Italia. Se culminará así un ambicioso anillo energético conocido con el nombre de SEGR (South European Gas Ring).

El gasoducto suministrará unos 11.500 millones de metros cúbicos anuales, procedentes de las reservas de la zona de Asia central y los países de la región del mar del Caspio, sobre todo Azerbaiyán. Unos 8.000 millones irán a parar al mercado transalpino y el resto al helénico. Con el gasoducto entre Turquía y Grecia, y después Italia, los mercados europeos ya no dependerán tanto del gas y el petróleo rusos, según han valorado los analistas.

Asimismo, la obra de ingeniería representa un nuevo acercamiento entre Ankara y Atenas. Las relaciones entre Turquía y Grecia, dos países miembros de la OTAN, han sido cuando menos tirantes durante las últimas décadas por sus disputas territoriales en el Mar Egeo y el problema de la división de la isla de Chipre.

No obstante, los fuertes terremotos que sufrieron sus territorios en 1999 contribuyeron a un acercamiento sin precedentes entre turcos y griegos. Desde entonces, los contactos y las visitas de alto nivel se han producido periódicamente. A la inauguración del gasoducto asistirá también el presidente azerí, Ilham Aliyev.



Tendido de un gasoducto ruso desde el Caspio. La iniciativa greco-turca busca ser una alternativa europea a la red rusa. Por desgracia, los problemas derivados del conflicto turco-chipriota podrían terminar afectándola de una u otra forma



Erdogan y Caramanlis inauguran con pompa un gasoducto grecoturco


AFP - domingo, 18 de noviembre, 17.31

EVROS, Frontera grecoturca (AFP) - Los jefes de gobierno griego, Costas Caramanlis, y turco, Recep Tayyip Erdogan, inauguraron este domingo el primer gasoducto que une a sus dos países, una obra que demuestra sus buenas relaciones económicas y refuerza su primacía energética.

Ambos primeros ministros se reunieron en la región de Tracia, en un puente encima del río Evros, frontera natural entre ambos vecinos de relaciones a menudo tempestuosas. Caramanlis y Erdogan participaron luego en una ceremonia del lado turco de la frontera, en presencia del presidente azerí, Ilham Aliyev, y del secretario estadounidense de Energía, Samuel Bodman.

Operativo desde el pasado verano, el gasoducto, de una longitud de 296 km, tiene una capacidad de 11,5 mds/m3, y lleva el gas azerí desde el mar Caspio a Grecia. En 2011, el gasoducto debería llegar hasta las costas orientales europeas, lo que lo convertirá en una infraestructura estratégica para una Europa que no quiere depender exclusivamente del gas ruso.

"Turquía se está convirtiendo en una plataforma energética. Eso implica algunas responsabilidades", declaró Recep Tayyip Erdogan. El proyecto "demuestra en la práctica que somos capaces de trabajar armoniosamente para nuestro beneficio mutuo", subrayó por su lado Costas Caramanlis.

"Esta obra marca una etapa suplementaria importante en la asociación económica entre ambos países", explicó a la AFP Svetoslav Danchev, experto del Instituto griego de Investigación Industrial (IOVE).

Si bien en el plano diplomático Atenas y Ankara no han resuelto en absoluto sus diferencias -en particular sobre Chipre y en varios puntos en el mar Egeo-, su intercambio comercial y financiero no cesa de aumentar. "El porcentaje de importaciones turcas en Grecia se duplicó ampliamente entre 2000 y 2006, del 1,18% al 2,62%, y su monto es de 1.300 millones de euros. Al mismo tiempo, Grecia se convirtió en uno de los principales inversores en Turquía", resaltó un diplomático europeo especialista de la economía griega.

En materia energética, sin embargo, Atenas y Ankara no juegan en la misma categoría: Turquía es desde hace tiempo una plataforma clave para el paso de gas y petróleo, mientras que Grecia apenas está empezando a aprovechar su posición estratégica al sur de los Balcanes. "Grecia produce aproximadamente el 80% de la energía que consume, y un 65% proviene del carbón, que libera enormes cantidades de CO2. Para adaptarse a las nuevas exigencias medioambientales, que no cesan de endurecerse, el gas es menos contaminante", señaló el diplomático europeo.

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viernes, agosto 31, 2007

NOTA: Grecia en negro















Una espectacular fotografía publicada en el diario costarricense "Nación": los incendios amenazan las ruinas de Olimpia

Anteayer mismo, un amigo recién llegado de Grecia, un profesor español perfectamente integrado en la realidad social del país desde años, comentaba varias novedades relativas a las consecuencias políticas que están generando los recientes incendios en ese país. La primera ya había sido cubierta por la prensa española: al gobernó le falló estrepitosamente la “denuncia” de que los incendios habían formado parte de una provocación criminal. De forma más o menos indirecta, los señalados como culpables fueron la oposición y (eso no se mencionó por estos pagos) los turcos, deseosos de terminar con la competencia del turismo griego. La teoría conspirativa, de rancia tradición balcánica, no coló. La ciudadanía está más que enfadada. Y ahora, a pocos días de las legislativas de septiembre, Nueva Democracia pierde posiciones.

Mi amigo añadió que en este momento, la pugna más o menos soterrada (y para muchos griegos, una de las claves de los incendios) es el reparto de las ayudas y subvenciones de la Unión Europa. ¿Quién repartirá más, cómo lo hará? Ha sido una agradable sorpresa encontrar en “El País” de ayer (30 de agosto) un reportaje de Ramón Lobo, desde una de las zonas más afectadas por los incendios, centrado precisamente en esa cuestión y titulado: “
Tras el fuego, llueven las ayudas. La picaresca se cuela en el cobro de indemnizaciones por el descontrol del Estado griego”.



Fotografía satélite del Peloponeso, Ática y la isla de Eubea, arrasadas por los incendios







Este asunto me ha traído a la memoria las excelentes novelas del autor griego (nacido en Estambul y de padre armenio) Petros Markaris, traducidas y publicadas casi todas ellas en castellano. Esa serie de obras de serie negra tienen como protagonista al comisario (teniente)
Jaritos, un ex policía durante la dictadura militar, de concepciones deliciosamente anticuadas que, como contraste, nos permiten entender mejor la sociedad griega de nuestros días. A lo largo de las diversas novelas, Jaritos debe enfrentarse a casos policiales relacionados con la explotación de la mano de obra inmigrante, especialmente la albanesa, los mangoneos financieros que tapan los clubs de fútbol, el tráfico de órganos, la reconversión de un antiguo progre de izquierdas en un perfecto neocon sociata, la especulación inmobiliaria, las irregularidades en los medios de comunicación, las corruptelas en la seguridad social, los chanchullos con las subvenciones de la UE y cosas así.

El escritor griego Petros Markaris, en una pose característica














Es cierto que los últimos títulos han caído un poco en cierta exageración argumental; pero en todo caso, no es sino una técnica para introducir a la vez, en una misma novela, más rasgos distintivos –negativos- de la Grecia actual. Por cierto: en medios españoles se ha comparado a veces, erróneamente, al comisario Jaritos con el Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán. Como caracteres no pueden ser más opuestos; pero además, el desaparecido escritor barcelonés tendía a insistir en la utilización del tradicional “esperpento”, desarrollado magistralmente por la pluma de Valle-Inclán un siglo antes. Lo de Markaris es otra cosa, no lo duden.

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lunes, noviembre 27, 2006

La balcanización de Próximo Oriente














El mausoleo de la mezquita de al-Askari en Samarra, según postal coloreada. El bombardeo del templo chiita por extremistas suníes en febrero de 2006, precipitó la escalada de la guerra civil en Irak


El que fuera presidente de Montenegro, Momir Bulatović, le relató a la periodista británica Laura Silber la siguient anécdota que transcurrió en los días previos al comienzo de las guerras de Eslovenia y Croacia, inicio de la violenta desintegración de Yugoslavia, que iba a durar una década casi exacta. A finales de aquel mes de junio de 1991, James Baker, que a la sazón era viceperensidente de los Estados Unidos bajo la presidencia de George Bush padre, hizo una gira por las inquietas repúblicas yugoslavas. En su entrevista con el presidente montenegrino éste notó que su interlocutor tenía ciertas dificultades para encauzar la conversación: simplemente no parecía tener muy claro sobre qué temas conversar. Entonces extrajo de su bolsillo una agenda. Intrigado, Bulatović logró escudriñar lo que Baker había apuntado sobre Montenegro. Eran solamente dos líneas: “La república más pequeña de Yugoslavia” y “Un posible quinto voto para Mesić” (candidato a presidente federal por entonces). Eso era todo lo que sabía de Montenegro el enviado especial de los Estados Unidos de América, que había llegado a la zona con la misión de desactivar la tragedia que se avecinaba.

Fotografía oficial de James A. Baker


Quince años más tarde, Baker reaparece como bombero en medio de otro estado pluriétnico que se hunde en la guerra civil. Es cierto que su protagonismo en asuntos árabes le da un mayor grado de experiencia que el desplegado en Yugoslavia en 1991, pero con todo y ello, su presencia en Irak resulta inquietante, incluso para él mismo. Porque Baker fue el artífice de la coalición de las 34 naciones que participaron en la primera Guerra del Golfo, después fue asesor de Bush hijo en la invasión de Irak y ahora, como director de un Grupo de Estudios especilizados parece estar llamado a cerrar la tapa del ataúd con la que concluye su particular carrera diplomática en la zona.

A estas alturas ya no tiene ni medio gramo de originalidad escribir que la intervención en Irak es el primer gran desastre militar y político del siglo XXI. Pero quizá no se ha insistido bastante en la enormidad de la tragedia: no se oculta, pero se pasa por encima del asunto, no se insiste lo suficiente en su enormidad. 600.000 muertos en Irak desde 2003, anunciaba la prestigiosa revista médica británica “The Lancet” a comienzos de octubre pasado. Eso ya es una cifra. Tan abultada que no sería de extrañar que dentro de algunos años los escolares nos pregunten qué hacíamos en 2006, cómo pudimos permitir que se disimulara tamaño genocidio existiendo cámaras de televisión y habiendo jurado solemnemente una y otra vez que “nunca más” se repetirían las atrocidades masivas. Pero así es, y no sólo lo permitimos sino que lo contemplamos imperturbables, noche tras noche en los telediarios, como si tal cosa. Y de esa forma, a buen seguro, no tardaremos en alcanzar el millón de muertos, y más todavía.

Mientras tanto, desde Occidente exigimos a quien nos parece, que se disculpe por su pasado; continuamos utilizando las herramientas del viejo imperialismo. Hacemos muchos pucheros y mohínes por los pecados ajenos cuando nos interesa manipularlos en nuestro beneficio. Y olvidamos las lecciones que debimos haber aprendido nosotros mismos. Finalmente, los occidentales nos engañamos creyendo que sólo con ese proceder –sin la posesiómn de la fuerza económica, tecnológica o militar- podemos ganarnos el respeto o la simpatía de otros pueblos. Y lo peor de todo: nos negamos tozudamente a considerar que esos pueblos dedican cada día horas y más horas ver nuestra televisión, leer las noticias que producimos y estudiar nuestra historia. De esa forma, todo parece indicar que el rumbo de los acontecimientos en Irak es una versión más o menos agudizada de situaciones similares acaecidas ya en otras regiones del espacio ex otomano. Por ejemplo, en Chipre.

El conflicto chipriota, que hoy parece eterno e insuperable, no tiene mucho más de cincuenta años de antigüedad. Comenzó a desarrollarse con rápida virulencia cuando, después de la Segunda Guerra Mundial, la presión descolonizadora puso a Gran Bretaña ante la tesitura de abandonar el control de la isla, colonia del imperio desde 1878. Lógicamente, Grecia era uno de los países que mayor empeño habían puesto en que los británicos se fueran de Chipre, a lo que cual contribuía su reciente ingreso en la OTAN. Inicialmente, Londres no hizo mucho caso de la presión griega. En septiembre de 1953, el primer ministro Anthony Eden respondió formalmente al gobierno griego que no había nada que discutir en relación a Chipre. Inmediatamente, Atenas hizo pública una declaración demandando libertad de acción para promover una autodeterminación chipriota que concluyera en la enosis, esto es, la unión de la isla con Grecia.

La tensión entre Londres y Atenas subió enteros con rapidez. A pesar de que para entonces ya habían accedido a la independencia de la India y otros territorios coloniales o protectorados, no estaban dispuestos a ceder Chipre con su base aeronaval, sus estaciones de escucha electrónica y sobre todo, su posición clave cercana al canal de Suez y la ruta del petróleo. El año en el que se abrió la caja de Pandora fue 1955. Desde hacía meses, un antiguo oficial del Ejército griego, grecochipriota de nacimiento, había llegado a la isla para organizar la EOKA (Ethniki Organosis Kyprion Agoniston), un grupo paramilitar que en abril inició su actividad con una espectacular campaña de atentados con bomba, siguiendo el modelo empleado previamente contra el dominador británico por irlandeses, judíos, hindúes y egipcios.

El libro de William Mallinson sobre historia contemporánea de Chipe, ofrece interesantes datos sobre la responsabilidad de las autoridades británicas en el inicio de la crisis chipriota, allá por los años cincuenta. Una situación que podría ser la del Irak actual



Ante esa situación, Londres decidió apoyar clandestinamente los intereses turcos; esto implicaba reforzar la posición de esa minoría en la isla, pero también ofrecer a Ankara mayor posibilidad de intervención política. El objetivo último de esos manejos apuntaba al viejo planteamiento de dividir para gobernar, lo que incluía el argumento de que la situación política en Chipre era demasiado inestable como para que Londres condescendiera a otorgarle la independencia. Los británicos recurrieron a todo tipo de triquiñuelas, lo que incluía hacer la vista gorda ante la formación de un grupo paramilitar turcochipriota (Volkan) a crear una fuerza de policía auxiliar compuesta enteramente por agentes de esa minoría y a la convocatoria de una conferencia en Londres, a celebrar en el mes de julio, relacionada de forma genérica con “cuestiones relativas al Mediterráneo Oriental y Chipre”, a la que fueron invitados los gobiernos griego y turco. La intención del acto era que fracasara, a fin de torpedear las relaciones greco-turcas, que habían permanecido estables e incluso razonablemente amistosas desde 1930, cuando Mustafa Kemal y Venizelos terminaron de limar las últimas asperezas saldadas previamente en el Tratado de Lausanne .

Londres implicó a Ankara en sus maniobras para conservar el control de Chipre, pero también porque Turquía poseía un valor estratégico muy superior al de Grecia, algo con lo que los británicos contaban para poner a los norteamericanos de su parte en el conflicto. Cabe recordar que en abril de 1955 Turquía firmó el Pacto de Bagdad con Gran Bretaña, en el que también se incluiría a Irán, Irak y Pakistán, en el contexto de la “pactomanía” norteamericana impulsada por John Foster Dulles.

En esa situación, el 5 de septiembre estalló una bomba en el consulado turco de Salónica y resultó dañada la casa natal de Kemal Atatürk. El incidente, se atribuyó en Turquía a nacionalistas griegos y generó una oleada de xenofobia dirigido contra las minorías que aún continuaban viviendo en el país: armenios y, sobre todo, griegos. Fue un pogrom en toda regla que afectó al corazón de Estambul e İzmir. Grupos de incendiarios y saqueadores destruyeron y pillaron sistemáticamente negocios y domicilios: la colección de fotografías de un profesional de la prensa de entonces (6-7 Eylül olayları. Fotoğraflar – Belgeler Fair Çoker Arşivi, Tarih Vakfi, 2005), revelan a la claras la extrema violencia de los ataques que sólo se detuvieron cuando el ejército sacó los tanques a la calle para restablecer el orden. Hubo también muertos y heridos, y miles de familias griegas abandonaron el país. Muchos años más tarde comenzó a quedar claro que en realidad la bomba de Salónica había sido obra de los servicios de inteligencia británicos, muy en la estrategia de espolear a griegos y turcos entre sí.

En el Irak de nuestros días, una serie de circunstancias muy sospechosas inducen a pensar que las fuerzas ocupantes no están haciendo nada por detener la guerra civil; incluso cabría considerar que la están espoleando. Por ejemplo, el aumento de la violencia entre suníes y chiítas coincide con los meses en los que Washington ha reconocido cada vez más abiertamente que la presencia norteamericana en Irak está yendo francamente mal. La derrota republicana en las legislativas, debida en buena medida a esa situación ha contribuido a que los ataques y represalias hayan crecido en espectacularidad. Claro es que las facciones enfrentadas ya combaten pensando en hacerse con la hegemonía para cuando los norteamericanos se hayan largado del país. Pero lo cierto es que éstos pueden ganar un tiempo precioso conforme aumenta la violencia interna aumenta: los ataques de la insurgencia dejan de lado a sus tropas y se concentran en el rival suní o chíita; y mientras la guerra civil mantenga un perfil bajo, los norteamericanos podrán seguir argumentando que irse de Irak sería condenarlo a la guerra abierta y a una orgía de sangre.

Un guión ya muy manido y que en realidad emerge de las décadas en que las potencias occidentales se aplicaron a desmembrar pieza a pieza el Imperio otomano. En torno al libreto en cuestión, algunas innovaciones actuales: la guerra civil en Irak podría llevar a alguna forma de enfrentamiento ideológico y hasta militar entre el islamismo radical. Por supuesto, entre el chiita y el suní. ¿Puede llegar el día en que Irán se lance a liquidar a Bin Laden?¿Han caído ya activistas de Al Qaeda a manos de insurgentes chiítas? De hecho, ¿qué opina al Sadr de la causa encabezada por el millonario saudí?

A comienzos de marzo de 2003 cualquier oficial de inteligencia occidental medianamente inteligente sabía, sin lugar a dudas, que la dictadura iraquí de Saddam Hussein era un elemento de estabilidad en Oriente Próximo y que precisamente, su erradicación haría de ese solar un verdadero caldo de cultivo del terrorismo islamista. Suponer que en realidad la invasión de Irak buscaba fomentar un terreno de enfrentamiento intermusulmán, que posteriormente podría dirigirse contra Al Qaeda, quizá sería atribuirle una excesiva sutileza a los estrategas norteamericanos. Pero sí es factible considerar que conforme se hacía cada vez más difícil controlar la situación en Irak fue surgiendo la idea, sobre el terreno, de aprovechar lo aprovechable de ese caos que se llevaba todo por delante.

Existen algunas pistas interesantes. Una de ellas es la dificultad existente para obtener información sobre los actores iraquíes sobre el terreno. La actividad de la prensa independiente ha cesado casi por completo. Durante un tiempo, los periodistas que intentaban moverse por su cuenta eran secuestrados, la mayor parte de las veces por grupos desconocidos que no se sabía a ciencia cierta qué buscaban con ello. Quizás el caso más emblemático fue el de la periodista italiana Giuliana Sgrena, de “Il Manifesto”, cuya liberación le costó la vida a Nicola Calipari un oficial de inteligencia, cuando el vehículo en el que la periodista liberada era conducida hacia el aeropuerto, fue tiroterado a conciencia por soldados norteamericanos (marzo de 2005). En Irak, todo el que busca información por su cuenta, termina mal. De la misma forma, algún día quizá salgan a la luz las verdaderas circunstancias, inducciones y motivaciones, de la emboscada tendida a dos automóviles del CNI español, en noviembre de 2003.


El precio de la verdad: la periodista italiana Giuliana Sgrena estuvo a punto de morir tiroteada por soldados americanos tras su liberacíón, en un confuso incidente aún hoy no totalmente aclarado.


El resultado de todo ello es que a día de hoy, un periódico como “El País”, que pretende ser uno de los mejor informados de España, sólo sabe explicarnos que “Al Qaeda es es el grupo [insurgente] más importante y a ésta organización terrorista se le atribuyen la mayor parte de atentados con bomba y decapitaciones” [sic]. Y más adelante concluye: “Además de los nacionalistas suníes, también actúan grupos chiíes. El más conocido es el Ejército de Mahdi, dirigido por el clérigo radical Múqtada al Sáder” (“Los grupos insurgentes armados”, en “El País”, 24 de noviembre, pag. 3). Es decir, que la constelación de grupos insurgentes suníes quedan reducidos a Al Qaeda; lo cual supone que los autores del fracasado asalto contra el Ministerio de Sanidad, el pasado día 23, eran suníes de Al Qaeda. O que los autores del bombardeo de la Mezquita Dorada de Samarra, el pasado 22 de febrero –origen de la actual escalada en Irak- eran también de la célebre organización terrorista. Por lo tanto, si damos crédito a estas informaciones, Al Qaeda abandera una guerra civil en Irak contra los chiitas de al Sadr. En buena lógica, no parece que esté ocurriendo esto, al menos de momento. Más parece que están enfrentándose los takfiriyun o grupos armados dependientes de la administración suní (teóricamente pro americana) con el Ejército del Mahdi y también con grupos armados chiítas dependientes de la administración (también pro americanos). Enfocado así el asunto, resulta muy alarmante.















El ojo de los occidentales: fotografía satélite de la mezquita de al-Askari oferecida por Global Securuty.org


El deterioro de la situación en Irak compite con el que viven Líbano y Afganistán. Ya se suele mencionar en las crónoicas que existe una corriente de conexión entre las guerras que se libran en Irak y Afganistán: los talibanes afganos han aprendido mucho de la forma en que llevan las operaciones de resistencia los radicales iraquíes. Pero además de ello es posible que exista un flujo de instructores, teóricos y mandos entre uno y otro frente. Por otra parte, ese fenómeno también se da entre sus oponentes, los ejércitos de las coaliciones ocupantes. Al fin y al cabo, fue en Afganistán donde primero se intentó aplicar la estrategia de enfrentar gupos étnicos y religiosos musulmanes: recordemos que las fuerzas de la Alianza del Norte estaba compuesta por tayikos, hazaras, uzbekos y hasta pastunes.

Y es que esa es otra constante en la estrategia intervencionista de las potencias vencedoras en la Guerra Fría: desde 1991 las grandes operaciones se han llevado a cabo en estados multiétnicos con problemas estructurales y la mitad de ellas en el espacio ex otomano: Yugoslavia, Somalia, Afganistán e Irak. En todos los casos siempre ha pendido, como una espada de Damocles, el argumento del descuartizamiento como opción final. Aquel discurso desarrollado en Yugoslavia, según el cual la convivencia entre eslovenos, croatas, serbios y bosníacos era “imposible”, planea también sobre Afganistán e Irak, como lo estuvo sobre el conflicto de Palestina en 1948. Y eso es así porque se trata de conflictos propios del espacio ex otomano, y por lo tanto, las potencias intervinientes siempre tienen presto el recurso al enfrentamiento interétnico, sobre todo en base a las definiciones apoyadas en la religión. Y en último término, a la materialización del “divide et impera”: el despiece del estado preexistente en nuevos y más pequeños estados, más dispuestos a la satelización, por unos y otros.

Un trabajo de precisión llevado a cabo por un profesional frío y muy bien entrenado: estado en que quedó el automóvil del ministro Pierre Gemayel.


No es de extrañar si, con el tiempo, las nuevas fuerzas emergentes han aprendido de ese esquema tan vetusto. El pasado 21 de noviembre, el asesinato del ministro de Industria libanés, Pierre Amin Gemayel, dio pie a la crisis más grave en ese pequeño país desde la guerra de Hezbolah con Israel del pasado verano. Un asesino muy profesional y bien preparado, hizo su trabajo de una manera muy precisa y desapareció sin dejar rastro. Los medias occidentales han achacado inmediatamente a Siria la autoría del atentado. Como afirma un autor satírico libanés, “las acusaciones contra Siria fueron más rápidas que las ambulancias”. La frase figura en una de las piezas publicadas por la publicación alternativa “Rebelion” y demuestra que, una vez más, las operaciones de los servicios de inteligencia, grupos terroristas y activistas violentos sin catalogación precisa, se confunden muy a menudo desde el 11-S. Desde luego, como afirma el articulista, existen razones lógicas para que Israel sea el verdadero autor de la acción. Pero también cabría considerar que Siria o Irán e incluso otros actores locales del mismo tejido político libanés, podrían haber tenido interés en el atentado. Por ejemplo, como respuesta a la degradación interesada de Irak. No olvidemos que la guerra civil iraquí alarma y mucho a los países circundantes, y que Irán propuso una cumbre a tres, con Siria e Irak para afrontar los problemas de la región, pero sin la presencia de los Estados Unidos. Por lo tanto, el asesinato de Pierre Gemayel, un ministro que al fin y al cabo no tenía tanta importancia, como afirma Quibla en “Rebelión”, podría haber tenido el valor de un mensaje, un aviso para navegantes: todos podemos jugar a desestabilizar, todos podemos practicar la “politique du pire”, y lo que está sucediendo en Irak podría repetirse en otros lugares. Y eso, en estos momentos, no le interesa a Washington, que bastantes problemas tiene ya en toda la zona como para que salte por los aires otro puzzle.

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jueves, agosto 17, 2006

Chipre acerca a Grecia y Turquía

















Las primeras tropas turcas aerotransportadas llegan al norte de Chipre en julio de 1974: Operación Atila.


El pasado 20 de julio se cumplía el correspondiente aniversario del desembarco de tropas turcas en Chipre acaecido en 1974. Según informaciones fiables, dos o tres periódicos españoles habían enviado corresponsales a la isla para redactar la inevitable crónica-efemérides combinada con la actual situación del escollo chipriota para las negociaciones de ingreso de Turquía en la UE. Al parecer, la nueva guerra del Líbano acaparó toda la atención informativa y convirtió en una fruslería la cuestión chipriota. Además, la isla estaba siendo utilizada como base avanzada para el rescate de ciudadanos occidentales procedentes del atacado país árabe, y no convenía enturbiar la situación innecesariamente.

Más adelante, en algún otro post, se volverá sobre los orígenes históricos del problema chipriota y la coyuntura política y militar interna en aquella isla. Pero ahora resulta más útil e interesante insistir en algo sobre lo que pasa de puntillas la tropilla de políticos y periodistas turcófobos; al menos los de nuestro país.

Chipre está dejando de ser un asunto griego. Tampoco es la piedra de toque de un supuesto enfrentamiento greco-turco en el Egeo: ya no. Chipre se está convirtiendo en la china en el zapato de la política exterior helena. Y paradójicamente, al ser un problema para Atenas y Ankara, deviene un factor de acercamiento para turcos y griegos.

Desde hace ya meses, no hace falta esforzarse demasiado para comprobar que el marco general de las relaciones greco-turcas viene dando señales de acercamiento que van más allá de la anécdota, y que son realmente muy significativas y alentadoras. En relación a la cuestión de Chipre contemplada desde el ángulo griego, no es ninguna novedad la publicación en la prensa de ese país, y la de mayor difusión, por ende, de artículos de análisis y opinión en los que se cuestiona la tradicional actitud de Atenas hacia Nicosia ahora que Chipre ha ingresado en la UE. El pasado 2 de julio, el periodista
Alexis Papahelas [lámina adjunta] publicaba en el influyente “To Vima” un significativo artículo titulado: “¿Por qué la cuestión chipriota está siempre candente?”. En la pieza, Papahelas hacía su propia contribución al resquebrajamiento del tabú que impide a Grecia amonestar en manera alguna a sus “hermanos” grecochipriotas: como gran tema nacional, Chipre es el talón de Aquiles de la política exterior ateniense desde hace más de medio siglo. Por un lado, siempre vidriosa y resbaladiza, la “cuestión chipriota” resulta ineludible para cualquier partido político, y un error de gestión –mediático, diplomático o político– conserva intacta su capacidad de hundir la carrera de cualquier político griego de talla. Por el otro, el columnista se quejaba de que Nicosia conoce demasiado bien los juegos de poder en Atenas y los explota a menudo a su favor; ahora, como miembro de pleno derecho de la UE, Chipre puede jugar esa baza aún con más ventaja y autonomía. El artículo se hace eco del malestar de la administración griega, que ha empezado a hacerse visible: comienza a evidenciarse que los objetivos estratégicos de Chipre y Grecia en relación con Turquía no son plenamente coincidentes y que, debido a la tradicional adhesión incondicional de Atenas a la República grecochipriota, aquella sufre tensiones en su propia política hacia Turquía.

El artículo de Papahelas no es el único síntoma de esta actitud griega. En esa misma línea, el diario “Eleftherotipia” publicó el pasado 5 de abril un sondeo que reflejaba el importante rechazo que existe, por parte de los grecochipriotas, a la convivencia con sus vecinos de la isla. Como respuesta, otro periodista griego, Giannis Giannoulopoulos rompió también el tabú sobre Chipre y criticó la postura de Nicosia en un artículo publicado en ese mismo diario el 19 de abril y titulado: “¿Puede saberse qué es lo que quieren?”. Y suma y sigue. El 18 de julio, Anny Podimata escrtibía en “To Vima”: “La guerra no declarada entre Dora (Bakoyanni) y Tassos (Papadopoulos)”, incidiendo sobre el mismo tema: los grecochipriotas se están aprovechando de Grecia, actúan según sus conveniencias.

La ministro de AAEE griega, Dora Bakoyanni y su homólogo chipriota, George Iaocovou: disparidades no sólo físicas


Por lo tanto, la cuestión chipriota ha dado un vuelco importante para los intereses de Atenas: ciertamente, con la entrada de la isla en la UE estamos ante una nueva era. Nicosia tiene ahora capacidad de maniobra propia frente a Turquía; está respaldada por Bruselas y otros socios del club europeo. Tiene en sus manos claves importantes para el ingreso o rechazo de Turquía en la UE. Se puede decir que de la misma forma que le ocurre al gobierno griego, al grecochipriota también le molesta en muchas ocasiones la actitud de Atenas.

Tanto Grecia como Turquía conservan fuerzas militares en Chipre. Es normal que así sea, porque en todo el ámbito balcánico y hasta caucásico han proliferado las “dobles estatalidades” que en muchos casos son activamente defendidas por la “madre patria”: Rumania-Moldavia, Albania-Kosovo, Serbia-Republika Srpska, Croacia-Herceg Bosna, Bulgaria-Macedonia, Grecia-Chipre, Armenia-Nagorno Karabaj, Turquía-RTNC. Pero la “duplicación” siempre ha terminado por dar disgustos a la correspondiente madre patria. Y además, en el caso de Grecia, son las relaciones con Turquía en su conjunto las que están cambiando.

Las razones son diversas, pero valga aquí reseñar una de ellas, muy importante: la incapacidad de mantener una carrera de armamentos como la existente hasta hace muy pocos años, que amenazaba con asfixiar la economía griega y que en Turquía también generaba tensiones sociales a comienzos del presente siglo XXI. Por supuesto, la “détente” ha dado lugar a todo tipo de resistencias por parte del estamento militar e incluso del mundo político. Pero la realidad se ha ido imponiendo y en los últimos meses han podido observarse síntomas claros de tal distensión. Así, las reacciones de ambos gobiernos ante el choque de dos aviones de combate, uno griego y otro turco, cuando realizaban una de las habituales maniobras de combate ficticio sobre la isla de Karpathos, el pasado 23 de mayo, fueron de lo más templadas. No hubo declaraciones tensas por parte de ninguno de los gobiernos, los ministros de Asuntos Exteriores se reunieron y como remate se estableció una “teléfono rojo” de conexión directa entre Atenas y Ankara para casos de extrema gravedad.

Por lo tanto esa es la situación: frente a Turquía, Chipre cuenta ahora con sus propias fuerzas, su capacidad de maniobra en el laberinto de la Europa comunitario y su tozudez. Pero cada vez menos con aquel incondicional apoyo de la madre patria griega, que a su vez soñaba con la
enosis. Desde aquí podemos seguir creyendo que Turquía y Grecia están al borde de la guerra y analizar la situación en el Mediterráneo oriental y el Egeo en base a las fantasías más convenientes. Pero la realidad es siempre más tozuda. Y también lo son esos suculentos negocios multimillonarios que abordan conjuntamente griegos y turcos. Aunque esa es otra historia digna de un post; o más.

Perfil de un caza turco F-16 como el que colisionó con otro igual, griego, en mayo de 2006. Pincha aquí para ver sus evoluciones con música de Lenny Kravitz

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domingo, mayo 28, 2006

Trabajar los chalets

Hace pocos días y a raíz de que cundiera ese producto político-mediático denominado “alarma social”, debido en este caso a los asaltos a chalets y casas unifamiliares en el campo catalán, “La Vanguardia” publicó un reportaje que anunciaba desde la primera página: “Los asaltos a casas cuestionan el modelo de crecimiento urbano” (jueves, 25 de mayo de 2006); y en la página 31: “Casas aisladas, casas amenazadas”. De entrada, la construcción del titular principal no cuadraba mucho, porque si se habla de casas unifamiliares aisladas en pleno campo, el adjetivo “urbano”, pues como que no pega. El subtítulo del reportaje procuraba corregir el asunto: “La ola de asaltos pone en cuestión el modelo urbanístico disperso de Catalumya”. Aclarada la cuestión de que por estos pagos disponemos de un “modelo urbanístico disperso”, el dictamen de los expertos parece incuestionable: “En un escenario de inseguridad está más desprotegido quien más se aísla” –comenta al diario Salvador Rueda, director de la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona.

Dicho así, parece inapelable. A no ser que recordemos la cara que ponen los testigos de tal o cual inmueble en barrio de populosa ciudad, cuando el periodista les pregunta por el vecino que acaba de ser detenido tras cometer un espantoso crimen: “Pues parecía una buena persona”. Les confieso que a mi me entra una risa un poco tonta, incluso cuando veo y escucho por enésima vez a la señora del 3º o al del bareto de la esquina: “Era muy educado, me saludaba todas las mañanas”. Aunque resulta mucho peor cuando la opinión cobra forma de sentensia: “Esos iban a terminar mal, estaba cantao”. Y no hace falta ser tan dramáticos: recuerdo perfectamente el día en que le desvalijaron la casa a mi vecino, en el puente de la Purísima, pleno mes de agosto de 2001, centro de Barcelona. No le robaron mucho, pero le reventaron la puerta blindada con un gato hidráulico y con ello le destrozaron un buen trozo de parqué. Y así se quedó el piso durante varios días, abierto de par en par, porque el hombre estaba de vacaciones en Mallorca con toda su familia y no había manera de dar con él. Estoy seguro de que ustedes conocen muchos otros casos similares, e incluso han sido víctimas de asaltos a sus propiedades inmuebles, sin que el vecindario al otro lado del tabique supiera, pudiera o quisiera hacer nada.

En una gran ciudad la sensación de aislamiento y desprotección resulta tan aguda y real como en un chalet más o menos aislado. Con una diferencia importante: en el campo puedes mantener una pareja de perros de presa de 40 kilos de peso, con funciones de vigilancia y defensa non stop, cosa mucho más complicada y molesta en un piso de 80 y pico metros cuadrados del casco urbano. Recuerdo a mi amigo Juanito, el embajador de Cuba en Belgrado. Como posiblemente su país no disponía de muchos medios para pagar vigilantes y sofisticados sistemas electrónicos de vigilancia, el hombre tenía dos rottweilers sueltos por el jardín de la residencia, un edificio aislado en las afueras de la capital. Nunca los llegué a ver, pero puedo asegurarles que sus ladridos ponían los pelos de punta cuando olían que a Juanito le acompañaba alguien más.

En realidad lo que deseo expresar aquí es mi malestar ante un reportaje como el de “La Vanguardia”, que parece destinado a echar pelotas fuera. Si asumimos que hay más asaltos a chalets porque hay más chalets que antes, estamos poniendo el carro delante de los caballos. El problema no es ese, porque desde siempre han existido habitats dispersos en la geografía rural catalana, vasca, gallega y de otros muchos países en todo el mundo; y en esas zonas no es crónica la delincuencia especializada en asaltos y robos a las casas con o sin ocupantes dentro. Por otra parte, el modus operandi de algunas de las bandas de ladrones es ahora muy sofisticado: montan operativos de seguimiento y vigilancia, organizan equipos de despiste, son rápidos y precisos, muy profesionales. Los medios de comunicación ya nos han informado de que en algunos casos se trata de antiguos policías, soldados y hasta guerrilleros procedentes de países del Este donde, o bien han actuado en guerras recientes o han formado parte de aparatos de inteligencia o represión muy activos.

Ese perfil, en apariencia, es nuevo. O relativamente, porque las muy profesionalizadas bandas de albaneses de Kosovo comenzaron a operar en Catalunya en el año 1999. Por aquella época, los medios de comunicación evitaban mencionar el asunto, posiblemente por aquello de la corrección política, dado que los albanokosovares acababan de montar una exitosa guerra de liberación contra los serbios respaldados por la OTAN, eran los héroes del momento y ustedes ya saben o intuyen lo que es el papanatismo mediático. Pero les puedo asegurar que incluso por entonces, al menos un cuerpo de seguridad del estado había logrado pinchar las comunicaciones de algunas bandas y tenía serios problemas para traducir del albanés. Después, los tipos se volvieron mucho más cautos y desechaban el teléfono móvil con su tarjeta prepago después de hacer la primera llamada. También por esos meses, mi amigo Veton Surroi me contó que en una visita a Barcelona, un compatriota le comentó en el avión que “muchos chicos estaban yendo a trabajar las fábricas” a Catalunya. A Veton le extrañó la extraña construcción de la frase: “¿A trabajar las fábricas?” ¿No sería más bien: “A trabajar en las fábricas?” Pues no, el tipo del avión se refería a las bandas que desvalijaban los polígonos industriales.

Bien: la cosa es que los delincuentes profesionales que se vienen dedicando a robar en fábricas y chalets en Catalunya –y otras partes de España- desde hace ya tiempo, manejan muy bien una herramienta que el ciudadano de a pie no suele considerar: la información. Y no sólo de los objetivos concretos, sino de todo el territorio de trabajo. En ello entra la documentación sobre la calidad y capacidades de su principal adversario en la zona de operaciones: la policía local. Hoy mismo, “El País” publica un reportaje titulado: “Vente para España, que esto es un paraíso. Aquí la policía ni te toca” (Domingo, 28 de mayo, pag. 26). La frase es la que escuchó la policía tras pinchar el teléfono de un delincuente rumano que animaba a un compinche en el país de origen.

Mucho debemos temer que éste sea el quid de la cuestión. Delincuentes y bandas del Este poseen información sobre las fuerzas de seguridad de determinados países; pero en cambio, éstas no la tienen sobre los agresores. La actuación de la policía se centra en la respuesta puntual ante el delito, pero no parece que exista una estretegia preventiva o disuasoria. Es significativo que en ese capítulo algunos países cercanos al foco del fenómeno han encontrado la solución. Por ejemplo, en la isla de Creta, Grecia. No es una zona tercermundista o pobre, carente de interés para los cacos de países vecinos. Hay campesinos pudientes y turismo internacional con propiedades. Pero allí el asunto de las bandas de delincuentes albaneses y similares no existe. ¿Saben por qué? La respuesta en otro post.

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