Turquía regresa a la senda europea (1)

Erdogan y Zapatero bromean en un momento relajado, durante la visita del mandatario turco a Madrid
El pasado día 22 de enero, mientras el primer ministro turco, Reyep Tayyip Erdogan estaba de visita en España, llegó la noticia de que la policía antiterrorista turca había detenido a casi medio centenar de militares retirados de alta graduación, acusados de haber planeado la operación “Martillo” ("Balyoz") en 2003, destinada a dar un golpe de estado castrense que habría derribado al gobierno del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), pocos meses después de que ese partido hubiera ganado las elecciones, el año anterior.Curiosamente, entre la prensa occidental se produjeron comentarios adversos, por activa o por pasiva. De una forma u otra, volvió a resonar la vieja cantinela sobre Turquía, compuesta a base de un gastado mantra que a fuerza de repetirse pretende adquirir consistencia de realidad. En España el grueso de la campaña antiturca ha estado respaldada básicamente por medios afines a la clásica derechona (incluyendo ultracatólicos), a los que se han unido “eurábicos” y nueva ultraderecha pro-israelí (también la hay anti-israelí), además de socialistas-nacionales. Desde hace pocos años, se han añadido sectores supuestamente afines al socialismo, pero dispuestos a torpedear cualquier opción original que persiga el gobierno Zapatero.La idea central de la cantinela, con melodía de la temporada primavera-verano de 2010, la encontramos, por ejemplo, en un vistoso editorial de “El País”, publicada a raíz de la visita del primer ministro Erdogan a España: Turquía es Oriente. Da igual que haga ya cuatro años y pico que Turquía haya sido admitido formalmente como país candidato a la Unión Europea. El hecho es que, según remata el autor del editorial, últimamente Turquía se mueve demasiado bien por Oriente Medio, y ello aparta a ese país de Europa.La afirmación parte de una tautología en su estado más simple, la del puro sí-o-sí: hace unos pocos años, se afirmaba que uno de los activos de Turquía como futuro miembro de la UE era su capacidad para actuar como broker de Europa entres los países árabes, en Oriente Medio. Ahora que demuestra poseer tal cualidad, resulta que eso precisamente juega contra su candidatura. Pero si hubiera renunciado a ella, ¿de qué le serviría Turquía a Europa?Por lo tanto, ya se sabe, hagan lo que hagan los turcos, está mal hecho, y no conviene a Europa.¿A Europa? En mayo del año pasado, el mismo diario “El País” precisaba con claridad a quién no le conviene la integración de Turquía en la UE: a Francia y Alemania. Por supuesto, eso no es una novedad, si por el primer país entendemos las posturas políticas del presidente Sarkozy, y el segundo lo identificamos con la canciller Angela Merkel. Pero el artículo aludido iba mucho más allá de esas precisiones coyunturales:“La cuestión de fondo de la firme oposición franco-alemana es el temor a la pérdida de poder político. Con el nuevo Tratado de Lisboa, la población pasará a ser un elemento determinante para medir la importancia de cada país en la UE. La gran conquista de Alemania en el nuevo tratado, que es nada menos que el reconocimiento a su mayor peso tras la reunificación, se desvanecería a la luz de la bomba demográfica que representa Turquía.Mientras Europa envejece y su población se estanca, la de Turquía se dispara. En el horizonte de 2060, Alemania contará sólo con 70 millones de habitantes frente a los 82 actuales. En cambio, en Turquía sus 71 millones de ciudadanos de hoy se convertirán en 97 millones dentro de cuarenta años. Francia, aunque también crecerá hasta los 71 millones, deberá asumir que el mayor poder político en el Consejo Europeo y el Parlamento lo ejercerá un país de mayoría islámica como Turquía”.Resulta incluso divertido el descaro con el que se plantea la cuestión: el Tratado de Lisboa se redactó primando el tamaño de los países que, vaya casualidad, son los que ahora reivindican para sí el liderazgo hegemónico de la Unión Europea, es decir: Francia y Alemania. Y por lo tanto, todo el tinglado queda amenazado por la natalidad turca. Pero, ojo al dato: no es una consideración coyuntural. Turquía no pone en cuestión la hegemonía franco-alemana en la UE en el 2015 o el 2020, sino… ¡a cuarenta o cincuenta años vista! No cabe duda de que Berlín y Paris cuentan con blindar su “liderazgo” a largo, muy largo plazo.No es de extrañar que la prensa conservadora española se frote las manos ante tales noticiones. ¿Pero sólo cabe esa opción o es precisamente lo que nos quieren hacer creer? Les invito a la lectura del artículo de Johan Galtung: “Turquía, la Unión Europea, Francia y Alemania”, en su versión castellana o inglesa.(Continuará) Etiquetas: Erdoğan, España, proceso de integración en la UE, Turquía, Unión Europea
La reconciliación turco-armenia (2): Bruselas tiene un problema

En Los Ángeles, una furgoneta de la comunidad armenia denuncia el acuerdo turco-armenio sobre los rostros de los presidentes de ambos países
El miércoles de esta misma semana concluyeron las jornadas a puerta cerrada, en el CIDOB, tituladas: “A European South Caucasus? EU soft power and challenges to democracy, peace and development in the South Caucasus”. La organización corrió a cargo de la mencionada fundación junto con la Friedrich Ebert Stiftung y la European Stability Initiative (ESI). En la convocatoria se nos indicaba que deberíamos atenernos a las reglas de Chatham House, lo cual tiene un punto pretencioso: ¿por qué no se elaboran unas reglas CIDOB más adecuadas al formato y entidad de las jornadas como las organizadas? En cualquier caso, me ceñiré en la medida de lo posible a las condiciones, como si estuviéramos en Reino Unido, aunque no sea así: pueden encontrar el programa del evento en la página de la fundación.
La plantilla de invitados resultó muy correcta, lo cual suele ser habitual en las jornadas de CIDOB-ESI. Por lo demás, se notó una vez más la veteranía de la fundación barcelonesa, asociada al punto germánico que aporta ESI. La asistencia de invitados quedó bastante recortada con respecto a lo prometido en el programa, aunque es seguro que los organizadores no fueron responsables de ese fallo. En cambio, sí que se notó la ausencia de representación rusa, que corrió a cargo de un único ponente. La presencia turca fue igualmente anémica –algo menos comprensible. Y, desde luego, no se invitó a ningún iraní; y lo cierto es que Teherán siempre ha tenido mucho que decir en el Cáucaso. Personalmente, hubiera añadido algún invitado kurdo; y, aunque más difícil de conseguir, alguien que representara al Cáucaso Norte.
Segunda carencia, y ésta de mayor calado: faltó una visión de conjunto. En su lugar, se cayó en aquella práctica que resultaba habitual durante las crisis balcánicas: la parcelación. Los georgianos explicaron su guerra; los armenios de la república, su reconciliación con los turcos; los azeríes, y otra vez los armenios, la negociación sobre Nagorno-Karabaj. Previamente, tres intervenciones dedicadas a los actores mayores: una por Rusia, otra por Turquía, y la tercera por la UE. Y ni media palabra dedicada a los padres de la criatura: gaseoductos y oleoductos.
Por lo tanto, el Cáucaso apareció ante los asistentes como un rompecabezas tan artificialmente fragmentado como es habitual, con la pertinente explicación de base étnica, las declaraciones oficiales no demasiado retocadas, y mucho circunloquio. No se llegó a aquellos seminarios maratónicos de antaño, a base de jeremiadas balcánicas, con la obligada catarsis del público; pero la conclusión final de las jornadas quedó a cargo de los asistentes. Y la verdad es que vistas las cosas con una mínima perspectiva temporal, pedían una explicación a gritos.
Vean si no: hace dos años justos, la situación en el Cáucaso meridional parecía totalmente congelada. En Occidente no despertaba la menor atención. Ankara ya estaba manteniendo contactos bajo cuerda con unos y con otros, y especialmente con Yerevan, pero muy poco se sabía de eso. Los tejemenejes bajo cuerda salieron a la luz en febrero de 2008, así como la muy clara la disposición del nuevo presidente armenio a a establecer relaciones con la vecina Turquía 'sin condiciones previas'. En agosto, la guerra ruso-georgiana. En octubre, los presidentes Gül y Sarkisian se reunían en la capital armenia con motivo del partido que enfrentó a sus selecciones nacionales para el Mundial de Fútbol 2010. Y desde entonces, las cosas avanzaron a gran velocidad. A día de hoy, todo va sobre ruedas: la apertura de la frontera turco-armenia es inminente, el conflicto de Nagorno-Karabaj entre armenios y azeríes (hasta hace poco aun asunto intocable para aquellos) parece en vías de solución; y hasta el el debate sobre el genocidio armenio ha periodo dramatismo en Turquía. Buen rollito por doquier, donde antes sólo imperaba el desencuentro; y todo ello en un tiempo récord.
¿Todos estos acontecimientos no tienen un hilo conductor, no están relacionados entre sí? Cuesta mucho de creer. Piense el lector que hablamos de conflictos de esos que políticos, periodistas e historiadores nos pintan como aparente y eternamente irresolubles, tan “característicos” de zonas como los Balcanes y el Cáucaso. Pues caramba con los conflictos eternos. ¿Quién descolgó el teléfono y marcó el número?¿Quien se puso al otro lado de la línea?¿Cuánto costó ésto y lo otro?
Mientras tanto, no hay manera de que nuestra prensa le dedique una línea a la pinza ruso-turca. Moscú y Ankara están repartiéndose el Cáucaso meridional en áreas de influencia, eso ya es muy evidente a estas alturas. Sin tal acuerdo, nunca se hubiera podido solucionar el contencioso armenio-azerí, que en su día costó tanta sangre. ¿Y qué decir de la guerra entre rusos y georgianos, que todo el mundo se veía venir, a excepción de la nube de asesores occidentales que le bailaban el agua al presidente Mijeil Saakhasvili? (por cierto: en “El País” siguen llamándole “Mijail”, a la rusa).
Seguramente, Washington anda detrás de Ankara, pero no así Bruselas. De hecho, en las jornadas del CIDOB-ESI llegaron claramente los ecos del despiste comunitario. La pregunta retórica de la convocatoria habla por sí misma. De momento, la única baza política de la UE, al menos en relación a su consistencia, es la denominada Asociación Oriental (en el programa del CIDOB le denominan “Partenariado”, pero ese término no figura en el DRAE). El proyecto se puso en marcha durante el pasado mes de mayo, en la cumbre de Praga, y estaba destinado a estrechar lazos entre la Unión Europea y una serie de repúblicas ex soviéticas: las muy cercanas Bielorrusia, Ucrania y Moldavia, junto con las tres del Cáucaso meridional: Georgia, Armenia y Azerbaiyán. Ángela Merkel puso especial empeño en la iniciativa, ante el desinterés de Sarkozy, Berlusconi y Zapatero, centrados en llevar a cabo un proyecto similar, más difuso, en el Mediterráneo. Pero la Asociación Oriental dejaba entender que ahí existía una cierta promesa implícita de integración, aunque fuera a largo plazo. Lo ideal sería que el proyecto restara protagonismo a las tendencias expansionistas de la OTAN en esa zona, lo que debería contribuir a unas relaciones más estables entre Rusia y la UE.
Sin embargo, la situación en la zona evoluciona con rapidez y el "soft power" de la UE poco tendría que hacer frente a una Turquía y una Rusia hostiles a cualquier promesa de integración al Cáucaso. O sea, que si seguimos así, pronto habrá que pedir permiso a Turquía y Rusia para seguir adelante con la Asociación Oriental. Mal asunto, por tanto, para los proyectos de tendido de ductos desde Asia Central.
Pero hay de por medio una última cuestión que tampoco salió a relucir durante las jornadas CIDOB-ESI. Cuando hablamos de política exterior europea se deben entender dos cosas diferentes. De un lado, las iniciativas consensuadas por la UE; del otro, la política exterior propia de cada uno de los países miembros, que a veces coincide con lo consensuado en Bruselas; o no. En ocasiones puede ir incluso a contracorriente de la política exterior comunitaria.
Mucho hemos de temer que en Cáucaso estén actuando una y otra. Mejor dicho: que quienes andan haciendo de las suyas sean algunos países europeos, cada uno por su lado. Por las trazas, la Italia de Berlusconi se ha colado en el eje ruso-turco y puede llegar a sacar buenos beneficios del asunto. Pero ¿cuál está siendo la actuación inglesa, francesa o alemana en la zona? El día que sepamos la respuesta exacta, no carecerá de interés.
Por supuesto, la motivación principal de esos y otros países para actuar en el Cáucaso tiene que ver más con el negocio de los hidrocarburos que con cualquier otro factor. O sea que debe existir ahí una cierta dosis de actividades inconfesables. Eso explicaría que, en base a al corrección política, en el seminario CIDOB-ESI no se haya tratado la problemática del Cáucaso actual bajo esta perspectiva.
Para finalizar, la conclusión de este post suaviza las críticas vertidas en el anterior en relación a las inhibiciones españolas en el escenario del Cáucaso, cómo no. Pero sólo en parte, dado que si bien Bruselas tiende en muchos casos a actuar como un avestruz en política exterior, eso no excluye que Madrid pueda liderar iniciativas en el seno de la comunidad (como se ha hecho en varias ocasiones, por cierto) o actuar siguiendo los propios intereses, incluso, en ocasiones, a título defensivo. Al fin y al cabo, nuestra dependencia del suministro argelino de gas es, como mínimo, temeraria. Etiquetas: Armenia, Asociación Oriental, Azerbayán, Cáucaso, Erdoğan, Georgia, Rusia, Sarkisian, Turquía, UE
Gol de tacón...
6 de agosto de 2009: mientras la prensa occidental se encuentra enfrascada en el primer aniversario de la guerra ruso-georgiana, con reportajes coloristas de todo tipo (en ausencia de los nada concluyentes análisis sobre lo acontecido) el primer ministro Vladimir Putin aparece en Ankara y remata en una jornada lo que parecía el final de un largo proceso de negociación entre rusos y turcos. Los resultados de lo acordado eran, para ambas partes, netamente provechosos.
En sus declaraciones públicas, tanto Putin como Erdogan intentan tranquilizar a los occidentales (quizá más el primero que el segundo). En términos estrictamente empresariales, vienen a decir: "aquí no pasa nada, hay para todos". Pero los gestos también cuentan. De hecho, lo ocurrido el 6 de agosto posee un potente contenido simbólico.
En medios turcos, se filtra la satisfacción o se masca el desconcierto. Desde luego, las negociaciones con los rusos se han llevado en el mayor de los secretos, y no queda muy claro el alcance real de lo pactado. Pero, de entrada, no deja de ser llamativa la fecha escogida por Putin para viajar a Turquía. Y la maquinaria diplomática que terminó por llevar a ese evento se puso en marcha, precisamente, pocos días después de que se firmara el protocolo que bautizó oficialmente al proyecto Nabucco.
Por entonces, llamó la atención que salieran a la luz las diferencias entre los socios turcos y los europeos en torno al gasoducto. Por ejemplo, las discusiones sobre la cuota de gas demandada por Turquía para uso propio, que era del 15%, y que el resto de los socios consideraba inaceptable. También se supo que las repúblicas del Asia Central (Kazajstán, Turkmenistan, Uzbekistan) rehusaban comprometerse en un suministro continuado a Nabucco. Sólo Azerbaiyán aseguraba un caudal sostenido; aunque dejando claro que debería compatibilizarlo con un aumento de las exportaciones hacia Rusia, a partir de 2010.
Asimismo, resultaba significativo que mientras se fraguaba la partida de bautismo de Nabucco, Erdogan anunciara que el gobierno no tenía intención de reformar (y mucho menos, reescribir) la Constitución de 1982, utilizando como pretexto las trabas puestas por la oposición. A pesar de ese y otros bloqueos de las reformas exigidas por Bruselas para el ingreso de Turquía, el primer ministro se mantuvo desafiante, dejando claro que se contaba con ejercer presiones políticas a través de la participación en Nabucco. Y es que, en realidad, es Rusia quien provee de verdaderas cuotas estratégicas de gas (63%) y petróleo (28%) de Turquía.
Por lo tanto, la negociación del 6 de agosto, no fue sino la fase final de un tira y afloja que se prolongó durante meses. Y la verdad es que, al final, los turcos se llevaron un buen bocado: hidrocarburos a buen precio, y acuerdos para poner en marcha una alternativa energética nuclear propia; y esto último ya tan pactado que este mismo verano sólo se le dieron los retoques finales. En los años 70 del siglo pasado, la izquierda ecologista antinuclear se hubiera llevado las manos a la cabeza, pero con la desidia actual, el evento está pasando totalmente desapercibido. Sin embargo, en Bruselas y Washington el asunto debió picar, porque si los rusos contribuyen activamente a que Turquía tenga sus propias centrales nucleares, resultará más difícil (por ejemplo) presionar a Moscú a que no haga lo mismo con los iraníes.
En conclusión: en el terreno de la energía, Ankara está jugando a dos barajas y a conciencia (con ayuda de expertos italianos en el asunto, todo hay que decirlo) y se supone que intentará utilizarlas para presionar doblemente a Bruselas. Erdogan no se anda con muchos tapujos al respecto.
Pero es que todo esto no es sino un aspecto más del acercamiento ruso-turco a varios niveles. Debe recordarse que Ankara compró y sigue comprando armamento a Rusia, y buena parte de él es de tipo estratégico, como ocurrió, nada menos, con toda la nueva red de defensa antiaérea basada en los S-400. Hay más, bastante más, e incluso acuerdos para que Turquía fabrique bajo licencia componentes de los sistemas de armas rusos, que posiblemente tendrían buena aceptación en terceros países, como India o algunos latinoamericanos. Y es que al margen del abultado coste de la tecnología militar, la adquisición de armas a una determinada potencia supone también comprometerse a largo plazo con respuestos, adaptaciones y modernización, cursos de formación y reciclaje, y a veces, incluso nueva doctrina militar.
Por supuesto, la entente ruso-turca se combina con la política exterior de Ankara en el Cáucaso (y Oriente Medio) y con la política interior. A estas alturas está ya bastante claro que rusos y turcos se han puesto de acuerdo para regular el Cáucaso meridional como mejor les convenga a ambos. Recuerden la forma en que reaccionó Erdogan cuando estalló la guerra ruso-georgiana: no se alineó para nada con las declaraciones belicistas de Bruselas, y prefirió entrevistarse directamente con Putin y estudiar como estabilizar la zona.
En cualquier caso, basta mirar el mapa para darse cuenta de que el acercamiento ruso-turco deja muy fuera de juego, en el Cáucaso-Mar Negro, a georgianos y ucranianos. Además de hacer que pierdan muchos puntos en el ranking de países-grifo o conductores de redes energéticas, ambos países pueden quedar muy aislados si el Mar Negro se convierte en un lago ruso-turco, estando estos dos de acuerdo. Recuérdese que la clave del valor estratégico real del Mar Negro reside en los Estrechos y que éstos están en manos turcas. Las consecuencias de un predominio turco-ruso en esa cuenca serían de tal envergadura, que incluso podrían desactivar las tensiones en torno a Crimea y la importancia de Ucrania como potencia marítima.
Por último, política interior. En la misma Turquía, el acercamiento ruso-turco aparca cada vez más a la derecha nacionalista "laica" y también, y sobre todo, a los ultras. Recordemos que hace menos de un año, éstos últimos andaban dándole vueltas a la idea de romper con la UE e irse con los rusos. Ahora, esa carta la juega el gobierno Erdogan. La oposición se está quedando sin proyecto de política exterior propia. Esto descoloca a importantes sectores de la diplomacia "kemalista" (que tan fieles partidarios tiene en nuestro país), reducto que en los últimos tiempos estaba creando problemas al gobierno. En este sentido, resulta muy significativo el relevo al frente de Exteriores del pasado mes de mayo: Ahmet Davutoglu tomó las riendas en persona.
En cualquier país, en cualquier régimen: cuando un peso pesado del gobierno se hace con el Ministerio de Asuntos Exteriores, es que se le está dando mucha importancia a la política internacional del país en cuestión. En el caso turco, la pregunta ingenua es: ¿qué se estaba cocinando en mayo? Pues ya tenemos la respuesta, o al menos un primer capítulo importante del culebrón. 
6 de agosto, 2009: Putin y Erdogan explican públicamente el alcance de lo acordado: sacándole hierro
"El Periódico"
1/9/2009 LA GEOPOLÍTICA Y LA ENERGÍA
Gol de tacón
• El pacto gasístico de Rusia y Turquía deja en potencial desventaja a los socios occidentales
Francisco Veiga
Hace ya un mes se cumplió el primer aniversario de la corta pero cruenta guerra que enfrentó a Georgia con los osetios del sur y los abjasios, apoyados por Rusia. Durante las semanas previas, algunos analistas jugaron a hacerse los agoreros, sacando a relucir el supuesto peligro de un nuevo rebrote del conflicto. Pero llegó la fecha y, como era de esperar, no sucedió nada. Era lógico que así fuera: Saakashvili es ya un político completamente quemado, que sigue en el poder para salvar la cara de los aliados norteamericanos y de la OTAN, que lo defendieron contra viento y marea con el simple objeto de no darles a los rusos el gusto de hacerlo caer. Hoy es un hombre acosado por la oposición y detestado por una buena parte de la población. El aniversario tampoco tuvo utilidad práctica a efectos informativos. Nadie aportó nuevos datos sobre las verdaderas razones que tuvo el presidente Saakashvili para lanzarse a la temeraria aventura de la guerra contra la vecina superpotencia. Por otra parte, el énfasis de la prensa en el otro protagonista de la pasada crisis tampoco se ha apartado de lo previsible. Se ha dado relevancia al reciente viaje de Putin a Abjasia, o del posible reforzamiento de las bases militares de esa potencia en las nuevas repúblicas secesionistas.
MIENTRAS TANTO, y justamente por esas mismas fechas, la historia no se detenía. El 6 de agosto, Putin visitaba Turquía para firmar quince protocolos de colaboración con el Gobierno de ese país. Pero, sobre todo, conseguía que los turcos abrieran sus aguas jurisdiccionales al gasoducto South Stream, y eso con la activa colaboración de Silvio Berlusconi, dado que la petrolera italiana ENI está también en el ajo de esa empresa gasística junto con el accionista mayoritario, Gazprom. De paso, el ruso aseguró importantes suministros de hidrocarburos a Turquía, para su propio consumo y para la exportación, todo a precios muy competitivos. Y para completar el cuadro, se pactó la ampliación del gasoducto Blue Stream, que atravesará Turquía de norte a sur.
TODO ELLO rubrica un claro acercamiento ruso-turco que, cada día que pasa, deja en potencial desventaja a los socios occidentales. Se diga lo que se quiera, los gasoductos rusos son una seria competencia para el proyecto Nabucco, estrella de las compañías occidentales, dado que nació, precisamente, para puentear a los rusos a base de gas procedente de Asia Central. La crisis del 2008 y la caída del precio de los hidrocarburos dejaron malparada la competitividad de Nabucco. A pesar de todo, este mismo verano, a finales de junio, se firmó el acuerdo para el tendido. Ahora, mucho nos hemos de temer que el viaje de Putin, apenas dos meses más tarde, haya puesto en serios aprietos al proyecto europeo, en el cual los turcos, por confesión propia, sacaban poco beneficio, excepto la capacidad de presión política.
Y es que, además, el acercamiento entre Moscú y Ankara, fundamentado en acuerdos económicos muy provechosos, deja fuera de juego a los dos díscolos peones prooccidentales de la zona: Ucrania y Georgia. De hecho, ya fue bastante sospechosa la actuación de Turquía durante el conflicto ruso-georgiano del pasado año. Por entonces, el Gobierno de Ankara actuó por su cuenta, bastante al margen del resto de los socios de la OTAN, decidido a no deteriorar sus relaciones con Moscú y a proponer planes de paz propios para el Cáucaso. La gran pregunta es ahora: ¿conocían los turcos por adelantado lo que se preparaba en Georgia? Es un interrogante pertinente si tenemos en cuenta que el acercamiento ruso-turco no solo se refiere a cuestiones energéticas. Desde hace algún tiempo, Turquía está renovando su armamento estratégico con material ruso, lo que ha llegado a provocar las protestas norteamericanas ante el temor de que los nuevos sistemas de armas sean incompatibles con los que utilizan el resto de socios de la OTAN.
EL RESULTADO de los acuerdos de este agosto del 2009 puede tildarse de éxito rutilante de la diplomacia de Moscú y Ankara. Un verdadero gol de tacón. Ahora, Bruselas deberá tratar con más cariño a los turcos, dado que se están convirtiendo nada menos que en la alternativa de suministro de gas ruso… con gas ruso. Los problemas que ha planteado Ucrania pueden ser un juego de niños si Turquía se enfurruña. De hecho, y dado que el bombeo de gas a través del South Stream comenzará en el 2015, no sería descabellado que el país anatolio formara parte de la UE para entonces, como forma de controlar mejor al socio-grifo. Y por si faltara algo, cara a la política interior el acercamiento a Rusia contribuirá a desactivar a buena parte de la oposición al Gobierno islamista turco, especialmente a la ultraderecha laica, que propugnaba romper con Europa y acercarse a Rusia. A este paso, en Bruselas ya deben estar haciéndose planes para acelerar la política exterior que vienen señalando desde hace años los alemanes, sea el Gobierno que sea: acercarse a Rusia y dejarse de intermediarios.
Etiquetas: ductos, energía, Erdoğan, gas, Nabucco, Putin, Rusia, South Stream, Turquía
¿Quién sabía qué, en Ankara?

Olmert y Erdogan hace unos meses: los límites de la confianza, los límites de la información
La crisis de Gaza viene poniendo de relieve, una vez más, y así ad infinitum, hasta qué punto los conflictos en el "espacio ex otomano" son particularmente propensos a despertar pasiones desbocadas en Occidente, como hace casi doscientos años. Y como siempre, lo que ocurre sobre el terreno se convierte en remedo de contradicciones y conflictos en algunos de los observadores externos (algo que en España es ya un verdadero vicio secular en nuestros medios de prensa y sus lectores).
Por eso se recomienda con especial atención a los seguidores de este blog la pieza que sigue a continuación. Está pendiente de ser publicado en este mismo blog un post titulado: "El País no se entera", dedicado a las meteduras de pata, algunas involuntarias, y otras nada inocentes, del conocido periódico madrileño. Pero de momento, ahí va una crónica de Juan Miguel Muñoz, muy oportuna y bien elaborada. Las conclusiones, muy jugosas, las puede sacar por sí mismo el lector habitual de este blog.
El conflicto de Oriente Próximo
El conflicto echa por tierra la mediación de Turquía con Siria
"Olmert me ha traicionado", dice el primer ministro turco
Juan Miguel Muñoz, Ashkelón - 10/01/2009
Es un importante aliado de Israel. El único país musulmán con el que ha suscrito acuerdos de cooperación militar. E incluso destino turístico para miles de israelíes. Turquía, además, se ha esforzado denodadamente durante cinco años para aproximar a Israel y Siria. Y lo logró. Cinco veces viajaron en 2008 emisarios desde Tel Aviv al Bósforo para reunirse con los mediadores turcos, que trasladaban las propuestas a la contraparte siria. La guerra desatada contra Gaza ha destrozado ese canal mediador. Costará recuperar la confianza. El primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, está furioso con su homólogo, Ehud Olmert.
Días antes del ataque contra la franja, Olmert recibió a Erdogan en Jerusalén y abordaron las negociaciones con Damasco. Ni una palabra sobre la operación que se cernía sobre el territorio palestino. El jefe del Gobierno turco reaccionó tras comprobarse la magnitud de la agresión: "Olmert me ha traicionado y ha dañado el honor de Turquía". "Estábamos cerca de que comenzaran las conversaciones directas entre Israel y Siria. Esta operación lo arruina todo", afirmaron asesores de Erdogan.
A partir de ahí, la furia de Ankara se refleja en las declaraciones de sus dirigentes. Así, dejaron claro lo que resulta evidente para muchos analistas políticos: Israel rompió la tregua de seis meses pactada con el movimiento islamista palestino en junio de 2008. "Hamás cumplió la tregua durante seis meses, pero Israel no hizo honor a su compromiso y no levantó el bloqueo económico. La gente en Gaza vive en una prisión", enfatizó Erdogan a los gobernantes saudíes cuando viajaba de una capital árabe a otra para frenar las matanzas en Gaza.
Hamás reanudó el lanzamiento de cohetes a partir del 4 de noviembre, mes y medio antes de que expirara el alto el fuego pactado el 19 de junio. Pero sólo después de que ese mismo día Israel hiciera saltar la tregua por los aires.
El Ejército mató -la noche en que el mundo contemplaba el triunfo de Barack Obama- a seis milicianos de Hamás tras cuatro meses y medio sin ataques a Gaza y sin que Israel sufriera impactos de cohetes. También ha expresado en voz alta el ministro de Justicia, Mehmet Ali Sahin, una opinión casi unánime en el mundo musulmán, aunque no se escuche de bocas de sus dirigentes: "Israel es el principal generador de terrorismo en el mundo. La guerra contra el terrorismo no tendrá éxito mientras Israel continúe con sus provocaciones".
Etiquetas: "espacio ex otomano", Erdoğan, Gaza, Israel, Olmert, Siria, Turquía
Un proyecto para Afganistán

Soldados turcos llegan a Kabul por vía aérea, junio 2002
Asuntos profesionales prioritarios han mantenido este blog inactivo durante algunas semanas. Sin embargo, esa situación no se ha resuelto completamente. Y mientras tanto, los asuntos a tratar, se acumulan.
A efectos de ir restableciendo el pulso del blog (sin garantías de que vaya a continuar editándose por mucho tiempo) se ha optado de momento por ir publicando algunos post a base de comentarios breves o mediante la reedición de meras noticias, que a su vez hacen referencia a las anteriores líneas de análisis trabajadas en este blog. Por supuesto, todo ello sin concesiones al diseño de edición: de momento no hay disponibilidad de tiempo para incluir apoyo gráfico. De todas formas, y dado que este blog cuenta con algunos fieles seguidores, se confía en su paciencia y comprensión para subsanar el bache.
El artículo que se reproduce a continuación fue publicado hace pocos días y se refiere a una cuestión que últimamente suscita mucha polémica en la prensa española y, por extensión, en la occidental. ¿Debe continuar la presencia de la misión ISAF en Afganistán?¿Qué postura debe tomar el gobierno español al efecto? El lector encontrará una respuesta en el artículo que sigue, asociada al papel (poco conocido) que juega Turquía en ese escenario. Debe tenerse presente que ese país cuenta con muy útiles relaciones en la zona, además de tener excelentes expertos y analistas en Afganistán y Asia Central, a los que posiblemente le dedicaremos atención en futuros post.
El profesor Akın Özçer ha tenido la gentileza de incluir la pieza en la revista que dirige: "Hispanatolia". Es por esa razón, y por la afortunada coincidencia de que s eesté celebrando en Estambul la Trilateral turco-afgano-paquistaní, por lo cual el autor decidió editar su propio artículo en su propio blog, aún contando con los problemas de tiempo y disponibilidad mencionados más arriba.
Pinchar sobre la imagen para ampliar: Restos de los 96 vehículos de transporte de la misión OTAN-ISAF destruidos por un comando talibán en Peshawar, Pakistán, el pasado 7 de diciembre. 96 vehículos son muchos vehículos. El ataque se volvió a repetir al día siguiente contra otra terminal cercana. Todo indica que los talibanes están iniciando las operaciones para el estrangulamiento de Kabul;
las tropas ISAF podrán seguir siendo abastecidas, pero posiblemente la población civil de la capital sufrirá las consecuencias y la insurgencia prenderá en el interior de la ciudad. El margen para aplicar soluciones políticas
se estrecha a cada día que pasa.
"El Periódico", 29/11/2008
Un proyecto para Afganistán
La Alianza de Civilizaciones es el marco apropiado para vehicular los estudios, ideas y propuestas que pudieran hacerse desde Turquía
• Es de temer que, en el plano militar, la posición de España en el país sea insostenible a medio plazo
FRANCISCO Veiga
Hace cuatro años, el contingente militar español en Irak era un "eslabón débil", dado que, políticamente, España no podía permitirse encajar pérdidas elevadas participando en un conflicto que era muy impopular. Por razones que no se van a discutir aquí, Madrid continuó enviando tropas en misiones internacionales a zonas de crisis en el mundo islámico: Afganistán y el Líbano. La diferencia con lo ocurrido en Irak es que ahora el Gobierno sabe que, le guste o no, ha de estar preparado para encajar golpes de la insurgencia o el terrorismo. Retirar unilateralmente las tropas de alguno de esos puntos amenazadores puede resultar contraproducente para la seguridad del Estado, porque convertiría al resto de los contingentes, y a la población española en su conjunto, en el perfecto rehén del terrorismo islamista o de cualquier otro.
Más allá de esa consideración, es de temer que, desde un punto de vista militar, nuestra posición en Afganistán sea insostenible a medio plazo. Argumentar que las tropas españolas permanecen en aquel remoto país para defender una red de centros de atención médica y escuelas o para echar una mano en la habilitación de infraestructuras básicas resulta, como poco, escasamente realista. Todo ese tinglado flota en el aire sin beneficiarse del apoyo de unas instituciones administrativas locales que tampoco tienen claro el futuro de su país. Mientras decae irremisiblemente la estrella del presidente Karzai, ni militares extranjeros ni autoridades locales poseen un plan político claro al margen de consignas bienintencionadas. Analistas occidentales empecinados abogan por enviar más tropas allí, lo que equivale a más fuerza militar para defender un proyecto político que sigue sin existir. Así que, mientras en Madrid esperan a que lo elaboren otros, la opción parece ser mantener en zona de guerra unas tropas sin material pesado y que pueden convertirse en el pim pam pum de los insurgentes talibanes.
Y, sin embargo, el momento es apropiado para pensar que España podría contribuir, con ideas propias, al diseño de ese plan para Afganistán, en el marco de la Alianza de Civilizaciones, esto es, en colaboración con Turquía. En los últimos meses, el Gobierno de Ankara, que no termina de ver aplicaciones prácticas al proyecto, pretende encontrarlas en alguna forma de colaboración hispano-turca para abordar conjuntamente los problemas que suponen ETA y el PKK. Pero la Alianza de Civilizaciones no es un programa antiterrorista conjunto. Ante una idea tan escasamente práctica, cabe pensar que el Gobierno de Erdogan esté siendo mal asesorado desde sectores de la derecha laica, interesados en deteriorar las relaciones entre Madrid y Ankara.
En cambio, la experiencia turca resulta altamente valiosa para buscar una solución práctica para Afganistán. El mundo turco siempre ha sido un laboratorio de innovaciones políticas en torno al islam; posee un enorme conocimiento histórico del Asia central, y buenas relaciones allí. Prueba de ello es la privilegiada relación que tiene Turquía con Pakistán, por poner un ejemplo. Y ese país es precisamente una de las claves para el destino de Afganistán. Además, Ankara colabora con un contingente propio de soldados en la misión de la ISAF (la fuerza internacional de seguridad).
Turquía es un país con una política exterior muy compleja, dado que debe moverse en escenarios dispares. Por ello, no va a dar el primer paso para desarrollar por su cuenta ningún plan político para Afganistán. En cambio, la Alianza de Civilizaciones sí es el marco apropiado para vehicular los estudios, ideas y propuestas que pudieran hacerse al respecto. Madrid tendría una ocasión única para reflotar un proyecto que nació a raíz de la retirada de las tropas españolas de Irak, en el 2004, y que podría tener los días contados, desaparecido Bush de la Casa Blanca y restablecidas las buenas relaciones con Wa- shington a través de un presidente Obama que parece llegar con actitudes propias sobre las civilizaciones, sus choques y alianzas, si es que todo ello se puede enfocar así.
En estos tiempos, Ankara también necesita de alguna baza brillante al servicio de sus aliados en la OTAN y amigos en la Unión Europea. El Gobierno de Erdogan se ha atascando sine díe en una interminable guerra contra el PKK, bajo unas directivas estratégicas marcadas por los militares, que no sirvieron de gran cosa en la guerra de 1984-1999 y que ahora parecen llevar el mismo camino. Los oleoductos que pasan por el país están amenazados por el PKK, mientras el precio del petróleo no para de bajar, y Turquía como camino alternativo de los oleoductos desde el Caspio a Europa se devalúa en paralelo al acercamiento entre la UE y Rusia. Rematando todo el conjunto, el proceso de reformas que deberían llevar al país a la UE parece haberse atascado también.
En definitiva, los errores cometidos en Irak son responsabilidad histórica del presidente George W. Bush, y ello contribuyó precisamente a que Estados Unidos haga frente a una crisis de credibilidad internacional sin precedentes. En cambio, las responsabilidades en Afganistán están más distribuidas e implican no solo a los norteamericanos, sino también a los europeos y a la OTAN. Es decir, a nosotros también nos alcanzan.
Etiquetas: Afganistán, Alianza de Civilizaciones, Erdoğan, España, Karzai, OTAN, PKK, talibanes, Turquía
Auge de la diplomacia turca

El ministro de Asuntos Exteriores turco, Ali Babacan, posa con su mujer ante la mezquita de Al Aqsa, durante una visita a Jerusalén, 7 de octubre de 2007.
Fotografía de Sebastian Schneider para AP Photo"El Periódico", 20/8/2008
TÓPICOS Y REALIDAD DEL GOBIERNO DE RECEP TAYYIP ERDOGAN
Turquía: el triunfo de la diplomacia
• La política exterior contribuyó a evitar el descarrilamiento del país en momentos muy delicados
FRANCISCO Veiga*
La reacción informativa ante el veredicto del Tribunal Constitucional turco, que renunció a ilegalizar el partido del Gobierno, ha sido, en líneas generales, de desconcierto. Muchos analistas occidentales han supuesto que el país y sus actores políticos no han cambiado en los últimos 20 años y que no solo se produciría la mencionada ilegalización, sino que incluso cabría la posibilidad de un golpe de Estado militar. Pero los países se transforman a lo largo del tiempo, porque lo hacen sus sociedades, sus economías, sus circunstancias internacionales. Incluso las grandes potencias actúan de forma diferente y cambian sus objetivos. Así, un golpe militar turco hubiera resultado azaroso en sus resultados sin conocer quién mandará en la Casa Blanca y qué objetivos perseguirá en la zona el nuevo presidente norteamericano. Por otra parte, la Unión Europea presionó lo suyo para que el Tribunal Constitucional turco no llevara a cabo la ilegalización del partido en el Gobierno.
Pero, sobre todo, ha quedado en el aire la falsa idea de que el Gobierno islamista moderado ha tenido parte de la culpa de lo sucedido por haber detenido las reformas modernizadoras que deberían llevar a Turquía al seno de la UE dentro de una década. Y en eso, muchos comentaristas occidentales se han dejado llevar por la campaña en los medios de la oposición derechista al Gobierno (la que se suele denominar "laica").
Ciertamente, durante los cuatro meses que duró esta última crisis, el Gobierno detuvo algunas reformas en política interior, so pena de que el Tribunal Constitucional las considerara un ataque a la patria o a la laicidad del Estado, conceptos que el establishment autodefinido como "kemalista" tiende a identificar entre sí, según le conviene. Se ha mencionado mucho que el Gobierno provocó las iras de los jueces al aprobar en el Parlamento la ley que posibilitaba el acceso a la universidad de las estudiantes musulmanas con türban o pañoleta. En cambio, se evita mencionar que el Gobierno de Erdogan también impulsó la reforma del polémico artículo 301 del Código Penal, que establecía una pena de hasta tres años de cárcel por insultar la "identidad turca", la República y los órganos e instituciones del Estado. Y esa medida, que nada tiene de islamista, sí que concitó las iras de los sectores nacionalistas laicos.
Pero, sobre todo, a lo largo de los últimos meses, el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan impulsó un cambio espectacular en política exterior. Se habló mucho del eficaz protagonismo turco en las negociaciones de paz entre sirios e israelís, precedido, en el 2006, por el reconocimiento diplomático de Israel por Pakistán, también promovido por la diplomacia de Ankara. Sin embargo, se ha pasado muy de puntillas sobre el desbloqueo del conflicto chipriota. Es cierto que en parte fue debido a la victoria del grecochipriota y comunista Christofias en las presidenciales de febrero. Pero los turcos reaccionaron con presteza, y lo que hace un par de años era contemplado como un escollo insalvable en el camino de Turquía hacia la UE, ahora está en vías de solución y, por lo tanto, ha sido olvidado por la prensa.
Algo muy similar ha sucedido con el conflicto armenio-turco, que solo algunos periodistas, como Andrés Mourenza, colaborador de este periódico, han seguido con atención desde Estambul. Al menos ya desde el pasado otoño, el Gobierno de Erdogan había iniciado contactos discretos con las autoridades de la República de Armenia. Desde entonces se mantuvieron reuniones diplomáticas secretas con armenios, georgianos y azerbaiyanos en febrero; y finalmente, en abril, el ministro turco de Asuntos Exteriores, Alí Babacan, dijo públicamente que Turquía abogaba por normalizar las relaciones bilaterales con Armenia. Por fin, ya en verano, el nuevo presidente armenio, Serge Sarkisian, cursó una invitación diplomática a su homólogo turco, Abdulá Gül, para que asistiera en Ereván al partido de clasificación para el Mundial de fútbol de Suráfrica del 2010 que enfrentará a las selecciones de ambos países el próximo 6 de septiembre.
Por lo tanto,el Gobierno de Erdogan ha estado trabajando de firme en desbloquear el otro gran conflicto exterior de Turquía. Analistas occidentales poco favorables a la candidatura turca a la UE insisten en ligar esta cuestión al reconocimiento del genocidio armenio de 1915 por el Gobierno turco, aunque se trata de dos cuestiones diferentes. El restablecimiento de las buenas relaciones con Armenia sí que es un asunto que el Gobierno turco debe solucionar cara a Bruselas. No así la histórica polémica, muy utilizada por las numerosas instituciones políticas de la diáspora armenia en Occidente, cada una con sus propios intereses.
En cualquier caso, debe recordarse que en los últimos meses, la diplomacia turca, muy bregada en situaciones difíciles, porque así es la posición geoestratégica de su país, ha demostrado a Bruselas dónde reside uno de los activos principales de la candidatura turca. Y quizás algún día se reconozca que contribuyó a evitar el descarrilamiento político del país en unos momentos muy delicados.
* Profesor de Historia Contemporánea en la UAB. Autor del libro El turco. Diez siglos a las puertas de Europa. Etiquetas: Armenia, Babacan, Erdoğan, Israel, proceso de integración en la UE, Siria, Turquía
Tras la decisión del Tribunal Constitucional turco
Turquía: la concordancia es posible"El País", 06/08/2008
La decisión del Tribunal Constitucional turco de no ilegalizar al partido del Gobierno es, junto con la detención de Radovan Karadzic, una de las buenas noticias de este verano, y ambas están relacionadas con el intento de retomar el buen pulso del proceso de integración europea. Los agoreros podrán decir que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) sólo se salvó por un voto, pero en realidad, pistas aquí y allá venían indicando que se estaba produciendo algún tipo de acuerdo de Estado para evitar la catástrofe. Además, es muy probable que la discreta mediación de la UE haya sido el mejor bálsamo para tranquilizar los ánimos e incluso para recuperar la confianza en el maltrecho proceso de integración europea en los Balcanes y Anatolia.
Recapitulemos: el pasado mes de abril, el Tribunal Constitucional aceptó la denuncia de la fiscalía turca para poner fuera de la ley al Gobierno democrático del AKP, que dirige Erdogan, por presuntas actividades "antilaicas". Llevar al extremo la teoría de la supuesta agenda oculta del Gobierno Erdogan para hacer de Turquía una república islámica generó esta situación surrealista.
De hecho, la intentona judicial resultaba suicida, porque Bruselas no le hubiera perdonado a los sectores "laicos", nacionalistas o ultraderechistas, que desestabilizaran a Turquía justo en este momento, cuando las posibilidades de ingreso del país en la UE empezaban a cobrar impulso. El daño hubiera sido devastador, dado que esos sectores de oposición no presentan un frente unido, no poseen un proyecto político moderno, no podrían llevar a Turquía a la UE y desequilibrarían al país de modo irremisible y durante años.
Mientras tanto, el Gobierno se mantuvo firme y respondió a la presión con la detención de un tinglado de conspiradores de extrema derecha: la denominada red Ergenekon. El mensaje era bien claro: el establishment laico sí poseía una agenda oculta, y no el vilipendiado Gobierno islamista. Pero si bien el contraataque no carecía de lógica, resultaba básicamente inapropiado mantenerlo siquiera a medio plazo. Porque los turcos no tenían por qué ir hacia la autoaniquilación política en nombre de la pugna entre dos estamentos político-sociales que no son tan diferentes entre sí.
Por un lado se nos habla de los "sectores laicos" u "oposición secular" de forma genérica, lo que pretende una identificación con la modernidad y hasta el progresismo. Pero esta oposición también asocia a militares de rancia tradición golpista y a jueces conservadores. En realidad, ese campo (que actualmente abarca en torno al 25 o el 27% de la población) define lo que en muchos países europeos se conoce como la derecha nacionalista, que integra desde posturas centristas hasta actitudes neofascistas. El Partido Republicano del Pueblo, sólo a medias heredero del que fundara en su día Atatürk, ve peligrar su presencia en la Internacional Socialista ante lo que este organismo considera netas posturas nacionalistas y poco más.
El Partido de la Justicia y el Desarrollo, en el Gobierno y con una amplia mayoría parlamentaria, suele ser tildado de "islamista moderado". En realidad, a la luz de la experiencia política occidental, podría ser definido de forma más precisa como demócrata-islámico, con un perfil ideológico y una base social muy similares a los que en su día tuvieron los demócrata-cristianos europeos. Es evidente que el actual Gobierno no hace feliz a la izquierda turca, y es normal que sea así; pero el problema real reside en el hecho de que en Turquía esa última opción está muy desdibujada.
Por tanto, estamos ante una transición política, y con las consabidas tensiones que implica un relevo, en el cual los que resisten al cambio se aferran a los viejos hábitos de la cultura política en extinción y no tienen apenas proyectos coherentes de futuro. En Turquía la extrema derecha ha llegado a lanzar propuestas de "irse con Rusia" y fantasías panturquistas de similar calado. El golpe militar parece descartado hasta que se redefina la política norteamericana hacia Oriente Medio, y para eso hay que esperar a las elecciones en la gran potencia. Pero lo evidente es que todo ese coro de voces conecta con los lamentos de un estrato social que se hizo con el poder institucional en tiempos del kemalismo clásico y ahora pretende vender caros sus sillones y prebendas. Al otro lado, los que han ido tomando el relevo desde 2002 cuentan con el respaldo de Bruselas, lo cual amarga aún más a la derecha "laica". Es más que comprensible: tras décadas identificando sus posiciones políticas con la esencia de lo occidental y lo moderno, se encuentran con que la Unión Europea apoya a la democracia islámica del Partido de la Justicia y el Desarrollo. Un amargo trágala.
En cualquier caso, la pugna política es entre una derecha y un centro, "islamista" o lo que se quiera, que es un centro derecha. Lógicamente, ambos estamentos políticos representan cada uno a clases medias diferentes destinadas a converger ¿Es suficiente eso para encarrilar a Turquía?
El objetivo más razonable habría de ser que en ese país se reconfigurara el sistema político y se constituyera un sistema de partidos equilibrado, adaptados a la realidad turca y alejados de nostalgias de épocas que no volverán.
Francisco Veiga es profesor de Historia Contemporánea de la Europa Oriental y Turquía en la Universidad Autónoma de Barcelona.
Etiquetas: AKP, CHP, derecha turca, Erdoğan, Ergenekon, Turquía, ultraderecha
Españoles ante Turquía: la tradición del “sostenella y no enmendalla”

Por entonces había espacio para todos: Ankara vista de la Plaza Ulus hacia comienzos de los años 30, en la portada de una revista de arquitectura
Hace algunos años, un diplomático español de renombre me contó la siguiente anécdota, acompañando el relato con un divertida sonrisa: cuando Mustafa Kemal (más tarde, Atatürk) decidió designar a Ankara como capital de la nueva República de Turquía, ofreció a las legaciones extranjeras amplios terrenos en las afueras de esa ciudad para que, a precios de oferta, se trasladaran desde Estambul, hasta entonces capital histórica del fenecido Imperio otomano. Casi todos aprovecharon la jugosa oportunidad, incluso estados por entonces recién nacidos, como Checoslovaquia, y se construyeron magníficas y amplias embajadas en Ankara.
¿Todos? ¡No! El embajador español de la época decidió que aquello no podría durar, que la experiencia fracasaría y la capital retornaría a Estambul, tarde o temprano ¡Se lo iban a decir a él! En consecuencia, en los años que siguieron, los representantes diplomáticos españoles se vieron obligados a realizar fatigosos viajes de ida y vuelta, entre Estambul y Ankara. Para cuando quedó claro que la capital de Turquía seguiría residiendo en la antigua ciudad de Angora, el gobierno español tuvo que conformarse con lo que pudo obtener: una, más bien, exigua parcela en las cercanías de lo que hoy es la Embajada de Indonesia.
Posiblemente, los españoles han tenido problemas para entender a los turcos en la época contemporánea. Eso es lógico, si tenemos en cuenta que España y el Imperio otomano quedaron desconectados entre sí durante casi cuatro siglos. Pero el problema a considerar aquí no son las consecuencias lógicas de ese desencuentro histórico, sino la pervivencia, en nuestro país, de esa peculiar figura sentenciosa o agorera que, por alguna razón no siempre relacionada con su formación profesional o cultural, está dispuesta a defender con uñas y dientes sus particulares predicciones, cuando más temerarias, mejor. Porque sí: porque él está tan convencido como José María Aznar de que en Irak había armas de destrucción masiva y el país era uno de los santuarios del terrorismo islamista internacional; porque en el 11-M intervino ETA. "¿Me lo va usted a decir a mi?"
Releo un informe desclasificado del embajador español en Ankara, en pleno otoño de 1950, negando la posibilidad de que Turquía accediera a la OTAN. En cambio insistía en “ser inconcebible cualquier arreglo Mediterráneo sin la presencia de España”; se trata de un telegrama cifrado, remitido desde Ankara el 11 de octubre de 1950. Turquía accedió a la OTAN como miembro de pleno derecho sólo dos años más tarde, en 1952. España tardaría treinta: en 1982.

Oficiales del Alto Estado Mayor de la OTAN durante unas maniobras militares en Turquía, a comienzos de los años cincuenta. La diplomacia Madrid se negaba a asumir en esa misma época que la importancia geoestratégica de Turquía era muy superior a la de España para la Alianza Atlántica. Pero los hechos cantaban
Afortunadamente, el actual cuerpo diplomático español posee una mayor calidad global que el de entonces, salvando los viejos maestros, las figuras señeras. Tampoco estamos hablando necesariamente de modelos y estrategias de política exterior, que eso es otro nivel. Sin embargo, en la administración española sigue existiendo una destacada tendencia a tomarse demasiado en serio lo que escriben los periodistas como guía para la política de estado. Mal asunto, porque en cuestiones de política exterior la prensa, en España, continua siendo un reducto del castizo (y un tanto esperpéntico) sostenella y no enmendalla.
Los recientes acontecimientos en Turquía han servido en bandeja excelentes ejemplos al respecto. Por el momento, el más flagrante corresponde al diario “ABC” y el que el diario considera su “experto en Turquía”, Enrique Serbeto. En líneas generales, el diario en cuestión no simpatiza para nada con la candidatura turca a la UE. Teniendo en cuenta que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) es una formación de derechas –aunque le añadamos el epíteto de “islamista”, también es de derechas- y observador invitado al Partido Popular Europeo. Da igual: en la prensa española de esa misma tendencia, la pulsión atávica “contra el moro” puede más. Aunque los turcos no lo sean, aunque Franco salvara el aislamiento de España en los cincuenta recurriendo a los “hermanos árabes”, aunque las tropas de choque de su ejército durante la contienda civil, estuvieran compuestas por nutridos batallones de tropas marroquíes, rifeñas o de Ifni. Al final, el moro es el moro. Y lo de Turquía en Europa es intragable; un país musulmán bajo el manto azul y la corona de estrellas de la Virgen, que inspiró a la bandera de la UE: eso es demasiado.
Aunque “ABC” no está oficialmente contra Turquía, su gobierno y sus intereses, más de un periodista de su plantilla rechaza de plano la posibilidad de que algún nefasto día, el país anatolio acceda a la UE. Es el mismo tipo de incredulidad que presidía los despachos del embajador en Ankara en los cincuenta con respecto a la posibilidad de que Turquía accedería a la OTAN, y España no.
Pero si hay alguien que lo tiene claro es el corresponsal de choque del periódico cuya cabecera son las tres primeras letras del abecedario. Enrique Serbeto se apunta sistemáticamente a los puntos de vista de la oposición autodenominada “laica”, extrae sus análisis en bloque de los argumentos de la derecha turca más carca y ridiculiza, ningunea o minimiza lo que puedan opinar los sectores afines al gobierno, al AKP... o simples analistas independientes.

Hasim Kilic, presidente del Tribunal Constitucional de Turquía anuncia el pasado día 30 de julio que dicha institución no considera la ilegalización del partido en el poder que gobierna por mayoría, tras haber ganado las elecciones por amplio margen. El rocambolesco affaire de la denuncia del AKP por la Fiscalía del Tribunal Supremo ha durado cuatro meses
Por supuesto, se abona con todos los carnets posibles a la teoría de la supuesta “agenda oculta” del gobierno islamista turco, repetida hasta la nausea desde hace seis años por los sectores de la derecha o ultraderecha. En cambio, rechaza sin contemplaciones las denuncias del ejecutivo de que sí existe una red conspirativa de estos sectores, que volvió recientemente a la actualidad con las detenciones del caso Ergenekon. Eso lo despacha en una crónica tildándolo de “leyenda urbana” (¿por qué "urbana" en este caso?). En realidad, no hay pruebas claras de que existan tales “agendas ocultas” reales en un caso u otro; pero al menos en el affaire Ergenekon hay detenidos y sumarios, mientras que en el asunto de la agenda oculta islamista sigue primando la vieja máxima del oscurantismo medieval: “¿Qué mejor prueba de que existe una conspiración que no existen pruebas de ella?”

Ergenekon es el nombre de una de las historias del ciclo legendario sobre el origen de los turcos, un amplio valle donde forjaron sus armas y desde donde salieron para conquistar las estepas
Pero la apoteosis de esa contumacia se hace verbo en la crónica del pasado 29 de julio, titulada: “El atentado de Estambul dispara la tensión, ante el posible cierre del partido en el poder”. Lo interesante del título es la segunda parte de la frase: “Ante el posible cierre del partido en el poder”. Si continúan leyendo la crónica, podrán observar que para Serbeto, eso resulta más que posible: es una certidumbre.
En realidad, el atentado con bomba del pasado domingo, 27 de julio, viene a ser el pretexto para anunciar al lector que el fin del gobierno del AKP está cercano, se puede tocar con la punta de los dedos y los bigotillos sensibles. Serbeto llega a esta conclusión citando las habituales fuentes locales que, haciendo su trabajo a favor de la opción política a la que pertenecen, confunden deseo con realidad; cosa que el periodista de “ABC” no tiene obligación profesional, moral o política de asumir; pero lo hace:
“Mientras tanto, los 11 jueces comenzaron ayer las deliberaciones para dictar sentencia en el caso más importante de los últimos años en la vida política de este país. Los periódicos se hacían eco ayer de declaraciones de Erdogan este fin de semana en las que reconocía haber «cometido algunos errores» que tienen que ver con el proceso de ilegalización. Oktay Uygun, catedrático de Derecho Público en la Universidad de Estambul, recordaba ayer que el Partido de la Virtud ya fue ilegalizado por el Constitucional, «sólo por haber anunciado que pensaba levantar la prohibición de usar el velo en los edificios públicos», mientras que el de Erdogan ha llegado a aprobarlo en el Parlamento. Yusuf Kanli, uno de los columnistas mas leídos, tiene pocas dudas sobre la decisión de los jueces «aunque yo estoy en contra de la prohibición de partidos que no se hayan mezclado con la violencia».”
Pero estas declaraciones saben a poco, les falta sal y pimienta; Serbeto se la sirve en abundancia, y en realidad lo hace nada más comenzar su crónica:
"Turquía ha entrado en una semana crucial para su futuro con el eco del terrible atentado del domingo por la noche en Estambul que causó casi veinte muertos y más de un centenar de heridos, muchos de ellos muy graves. Es difícil saber si algo así puede intervenir decisivamente en la situación política marcada por la inminente sentencia del Tribunal Constitucional contra el partido del primer ministro Tayip [sic] Erdogan, pero lo que está cada vez más claro es que si los jueces decidieran ilegalizar al AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo), no es previsible que eso sorprenda a nadie ni que provoque grandes reacciones de apoyo al líder islamista [subrayado y negrita del autor del post] La economía no va tan bien como en los últimos años y se considera que en caso de grandes tribulaciones, como frente a estos atentados terroristas, los turcos suelen volver su mirada hacia las omnipresentes fuerzas armadas. Ayer, en las mezquitas de Estambul donde se celebraron los funerales, había francotiradores en lo alto de los minaretes, en vez de muecines llamando a la oración".

Imagen de Serbeto utilizada por "ABC". Más imágenes en Flickr sobre unas jornadas dedicadas al "Periodismo de altura" celebradas en agosto del año pasado en Castejón de Sos, Huesca
Y unos párrafos más abajo, pocos, vuelve a la carga para que no quepa duda:
“No hace falta ningún tipo de ingrediente para aumentar el catastrofismo entre los turcos. La economía vuelve a ir medianamente [sic] mal, sobre todo porque es un país sensible a las bruscas subidas de los alimentos básicos y el petróleo, con las consecuencias correspondientes en la vida cotidiana. Cuando se anuncie la decisión de los jueces, no parece que vaya a haber grandes manifestaciones de apoyo a Erdogan [subrayado y negrita del autor del post] a pesar de que hace ahora un año obtuvo un resultado récord en las elecciones, con un 47 por ciento de los votos. Y eso es lo que se cree que va a pasar en todo caso: elecciones anticipadas. La prueba es que los diputados, empezando por los del AKP, preparan una ley que garantiza sus pensiones con menos de un año de mandato”.
La crónica de Enrique Serbeto anunciando reiteradamente que el AKP iba a ser ilegalizado, que Erdogan había caído en desgracia y que nadie daba una lira turca por él, fue publicada el día anterior que el Tribunal Constitucional hiciera justamente todo lo contrario. Qué tozuda es la realidad turca para la cabezonería histórica del hispánico sostenella y no enmendalla.
Si desean leer el amargo regreso de Serbeto a esa cruda realidad, pueden deleitarse en su crónica del día después. Se titula, sobria y púdicamente: “El Tribunal Constitucional turco rechaza ilegalizar al partido del Gobierno” y corresponde al 30 de julio de 2008. La campana es cruel cuando no salva al arriesgado púgil del KO justo el segundo antes de que termine el asalto.
Por cierto: si la economía turca sólo "vuelve a ir medianamente mal", en el actual contexto de crisis global, no estaría de más que "ABC" hiciera una eficaz labor de oposición y desde sus páginas le diera una severa lección al gobierno español explicando el método turco para evitar lo rematadamente mal que está yendo la cosa por estos pagos. Al fin y al cabo, no lo olvidemos, el golpe del 23-F español (1981) se inspiró de forma directa en que lanzaron los militares turcos el 12-S de 1980. De vez en cuando , Turquía sí que inspira a los españoles; mal en ese caso, todo hay que decirlo.
Etiquetas: "agenda oculta", AKP, derecha turca, Erdoğan, Tribunal Constitucional turco, Turquía, ultraderecha
El Festival del Eurocontrol (4)

Angela Merkel en la Knesset, Jerusalen, 18 de marzo de 2008. El viaje y el gesto coincidían con una más activa política exterior comunitaria en Oriente Medio, ante los meses de vacío generados por el relevo en la Casa Blanca
Queda ya atrás en el tiempo el Festival de Eurovisión, pero continúa esplendoroso el discurrir del Festival del Eurocontrol. Por el camino, aquel ha servido para demostrar la supremacía de la fórmula esencial de éste. Es decir: por Eurovisión-Belgrado 2008 han desfilado dos grandes conceptos de planteamiento lírico: el que buscaba resaltar las bondades del propio hecho diferencial como intrínsecamente superior al de los demás, expresado ello con con mayor o menor intensidad y disimulo; y aquel que se atenía a las más estrictas leyes de la rentabilidad comercial. Sin embargo, todo el conjunto del festival depende en último término de una fórmula sincrética: la rentabilidad existente en cierta manera de concebir las políticas de supremacía europea.
La idea es elástica, incluso escurridiza, e históricamente ha sido práctica esencial en las políticas exteriores de varios estados europeos. Ahora se intenta aplicar como una proyección conjunta de la Unión Europea, aunque de hecho, los diferentes problemas se enfrentan en base al juego de intereses concretos por parte de grupos determinados de países miembros. Dado que el concepto básico de esta forma de actuar es al tanteo, resulta esencial no dar publicidad a las intenciones reales o los objetivos perseguidos –que no siempre están claros a priori. Ante todo, hay que evitar las confrontaciones internas, las reclamaciones, el debate. Se actúa, se prueba, se tantea la solución. Se evalúan los resultados, pero siempre sin levantar polvareda. Ante el fracaso, la experiencia se archiva y a veces hasta se tira la llave del cajón. Caso de que las cosas hayan salido aceptablemente bien, se continúa por el camino de los hechos consumados, y pocas veces se recurre a la publicidad.
Pesos y medidas: Bernard Kouchner (izquierda) saluda al presidente serbio Boris Tadic. Las declaraciones del ministro galo suelen dejar en evidencia la errática deriva de la política exterior francesa, pero eso no debe confundirse con la política del Eurocontrol
El lector puede encontrar un ejemplo en un artículo publicado hace un par de semanas por “The Economist” (15 de mayo) y titulado: “Balkan excepcionalism - What Serbia's election says about the European Union's enlargement”. El articulista comenzaba comentando el cacareo de algunos políticos comunitarios ante la pretendida “victoria del voto europeísta” en las recientes elecciones serbias. Destacaba, un vez más, la vana contundencia del ministro de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, según el cual “los serbios habían elegido Europa claramente”. El autor de la pieza se preguntaba cómo casaba la zanahoria presentada a los serbios durante las elecciones, con la propuesta francesa de apenas hace un año y pico, destinada a frenar la ampliación de la UE basándose en el resbaladizo concepto de la “capacidad de absorción” que defendía el mismo Sarkozy. Respuesta del autor:
“If enlargement is so unpopular, why do so many EU leaders want the credit for Serbia's vote for Europe? There are two, linked explanations. The first is that holding the door open to Balkan countries such as Croatia, Serbia, Macedonia and the rest does not imply support for enlargement in general—it is a specific strategy for preventing further instability in Europe's backyard. And the second is that enlargement mostly works like that”
Y por supuesto, porque la propuesta francesa, muy coyuntural, iba dirigida a frenar la integración de Turquía en la UE; pero el estilo populista de Sarkozy y los que lo apoyaban por entonces, pusieron el carro por delante de los caballos, al menos en relación a la praxis usual de la diplomacia comunitaria. Y fue precisamente esa tendencia a hablar demasiado la que ayudó a hundir el prestigio político de Sarkozy y Kouchner (éste mismo ya muy tocado para entonces).
En ese contexto, los medios de comunicación suelen contribuir a la perpetuación de las estrategias de Eurocontrol; en muchos casos porque, pura y simplemente, no lo conciben. La prensa suele imbuirse de la misma esencia de la cultura popular que transmite, y por ello asume ese tópico de que “no existe política exterior europea” –dado que no ven que actúe con una sola voz, como si fuera la de un único estado- o que ésta carece de imaginación o anda sobrada de rigidez. Y es cierto que existen muchas carencias y descoordinaciones, que no existe proyección militar exterior –eso es cosa de la OTAN y esa no es una alianza realmente europea- que Bruselas no obtiene resultados fulgurantes, que abundan los desajustes y los golpes bajos entre socios, que se confunde el lenguaje de madera con los resultados. Pero también se han producido pequeños y grandes prodigios de adaptación y con el tiempo ha ido surgiendo una diplomacia comunitaria que a escala de Eurovisión puede ser comparada con el estilo de algunas tonadillas triunfadoras años atrás: ligero europop, pegadizo, aparentemente banal, pero técnicamente bien construida y sobre todo rentable, muy rentable.
En la actualidad, la actitud de Bruselas con respecto a Turquía ha devenido caso de manual en la técnica del Eurocontrol comentada más arriba, incluyendo el papel ya tópico desempeñado por determinados medios de comunicación. Hace una semana, fui invitado por una productora de canal Cuatro de televisión, en Barcelona, para comentar el significado de lo que en apariencia constituía todo un éxito de la diplomacia turca en la intermediación entre Siria e Israel, especialmente en la espinosa cuestión de los Altos del Golán. Como ya se sabe, la mediación de Turquía en las conversaciones de paz sirio-israelíes fue acordada en febrero pasado por Olmert, y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdoğan. Hace unas semanas, el presidente sirio, Bachar Al Asad, reveló que Olmert le había ofrecido a través de Erdoğan la devolución del Golán -que Israel capturó en la Guerra de los Seis Días de 1967- a cambio de la paz entre sus respectivos países.

Oficiales israelíes en los altos del Golan. Es pieza clave en las negociaciones entre Damasco y Jerusalén
El pasado 21 de mayo, Israel y Siria anunciaron que habían comenzado negociaciones indirectas de paz auspiciadas por Turquía. El anuncio lo realizó Israel y fue confirmado por Damasco y Ankara, con especial énfasis por el ministro turco de Relaciones Exteriores, Ali Babacan, según el cual, conversaciones seguirán teniendo lugar en Estambul mientras las partes no expresen su interés de que sea en otra parte de Turquía.
La noticia recibió una cobertura más destacada en los medios de comunicación europeos que en los españoles. Sin embargo, Canal Cuatro decidió hacerle un espacio en el informativo de la noche, de ahí que se recabara mi opinión sobre el alcance de la noticia. El proceso de grabación fue el habitual y el resultado el mismo o muy parecido al de anteriores ocasiones (lo cual también es conocido por otros compañeros académicos) : diez o doce minutos de entrevista grabada; de ellos, cuatro o cinco segundos se ponen en boca del entrevistado (generalmente se escogen frases genéricas, perogrulladas o afirmaciones escasamente significativas en relación al conjunto de la grabación); y del resto se utiliza lo que más interesa a fin de elaborar el guión del breve reportaje, de un par de minutos de duración.
Previamente a la grabación hice un esbozo de lo que consideraba más significativo de la noticia y expliqué las causas de la misma, dado que, además, llevaba trabajando varias semanas en el asunto y poseía información y conclusiones específicas. A continuación, insistí sobre la línea argumental principal en la entrevista, sabiendo por anteriores experiencias, dónde estaba el riesgo. Pero fue en vano: el medio de comunicación en cuestión volvió a diluirlo todo en un condescendiente guiño de simpatía hacia Turquía, lo cual era un logro, proveniendo de un canal informativo del Grupo Prisa.

Ali Babacan, el joven y dinámico ministro de Asuntos Exteriores del gobierno turco del AKP. Su protagonismo como intermediario entre Israel y Siria, ha sido relevante
La base de la actitud era muy típicamente española (y no sólo en el ámbito mediático): recurrir al experto, pero no para hacerle caso o aprovechar su opinión, sino para utilizar su nombre a fin de reforzar los prejuicios, estereotipos e interpretaciones propias del medio. ¡Si sabrán ellos…! Sobre esta base y en el caso específico de la noticia referida, se erigía la típica ignorancia voluntaria sobre los mecanismos de actuación de la diplomacia comunitaria y la insistencia informativa en la compartimentación: ¿La UE en Oriente Medio? Imposible: aquello es terreno de los norteamericanos, los turcos actúan por su cuenta, los israelíes por la suya, el mundo funciona a partir de los estereotipos que les asignan en las redacciones.
En el caso concreto de la diplomacia turca en Oriente Próximo, Asia Central y el Cáucaso, lo que ha estado sucediendo desde hace meses, resulta bastante sencillo de entender: sea cuál sea el resultado de las elecciones norteamericanas, a partir de enero de 2009 empieza una nueva era, especialmente en aquellas regiones en las que Washington se ha venido implicando más directamente. No se sabe a ciencia cierta por qué camino tirarán los norteamericanos, pero algo, forzosamente, deberán hacer. De momento, se vive un ambiente de interregno, y en ese creciente vacío ha comenzado a moverse la diplomacia turca.
En algunas zonas, por lo que le toca de cerca. Por ejemplo, el Kurdistán, donde bien pudiera ocurrir que Masud Barzani quedara medio abandonado a su suerte, impelido a ponerse de acuerdo con Ankara y Teherán. En Oriente Medio, George W. Bush intenta, sin éxito, imponer alguna forma de acuerdo de última hora entre árabes palestinos e israelíes. Como también intentó hacerlo Bill Clinton antes de abandonar la Casa Blanca. Todo esto está ya muy trillado, y ahora Jerusalén desea actuar con mayor autonomía, en vista de que la desastrosa incapacidad norteamericana en la zona ha terminado por complicarle las cosas a Israel, más que a solucionárselas. Es en este ámbito donde se enmarca el esfuerzo diplomático de Ankara, mediando entre Siria e Israel. Por otra parte, empresas turcas ya hace tiempo que se han posicionado en las zonas controladas por la Autoridad Nacional Palestina, o que trabajan en Egipto, Siria y Líbano. Por último, también la situación en el Cáucaso está experimentando un vuelco, no sólo porque Turquía y Armenia están en proceso de reconstruir sus relaciones, sino porque está impulsando la reconciliación intracaucásica, en especial entre Georgia y Armenia. En este caso, sólo indirectamente se trata de cubrir el hueco dejado por Washington: en realidad, la labor turca en la zona se corresponde con un acercamiento al vecino ruso, aunque en parte esté relacionado con los desastres.

El profesor
Ahmet Davutoğlu, a quien a veces se le denomina el "Metternich turco", es el asesor principal del primer ministro Recep Tayyip Erdoğan y arquitecto de la política exterior turca, que algunos analistas gustan de tildar como "neo otomana". Es un estadista apreciado en Bruselas
Ahora bien, toda esa actividad y sus causas no sólo son conocidas por Bruselas, sino que en algunos casos está siendo controlada, estudiada, alentada y a veces planificada en común con diversas cancillerías europeas. Y es lógico y bueno que así sea, por varias razones:
a) En primer lugar, porque Ankara está desarrollando una actividad diplomática en la zona de Oriente Medio, Asia Central y el Cáucaso que es precisamente uno de los activos ofrecidos en su día a Bruselas y que ahora busca y necesita la UE en esas difíciles zonas: know how, brokerage y seguridad. Turquía está demostrando lo que sabe y puede hacer; y Bruselas toma nota, sugiere y prueba. Pura y simplemente, no es realista suponer que en plenas negociaciones de acceso a la UE, Ankara está haciendo lo que le parece, sin contar con Bruselas. Hay indicaciones y datos concretos relativos a ello aunque, lógicamente, no se prodigan; como siempre, a la espera de resultados. Y aunque los haya y sean positivos, los cómos y porqués tampoco se filtrarán en demasía.
b) En la actual situación, cuando faltan pocos meses para que George W. Bush deje la Casa Blanca, se están generando vacíos de planificación y control estratégicos en las zonas referidas. Los proyectos de la actual presidencia norteamericana van a ser cancelados o drásticamente reformados; pero hasta hace poco, Washington ha llevado la voz cantante en la gestión de crisis en Oriente Medio, la buscada confrontación con Rusia y las presiones contra Irán. Bruselas sabe que el momento es peligroso para Europa, debido a ese vacío de poder que se está generando en el turbulento espacio ex otomano. Y como mínimo, intenta intervenir para recoger los platos rotos y adecentar el desorden reinante, antes de negociar con el que será nuevo inquilino de la Casa Blanca. En cualquier caso, estamos ante lo que puede definirse como la primera intervención extensa en Oriente Medio de la diplomacia comunitaria. Y Turquía está actuando como agente avanzado de la misma. ¿O creen que es casualidad que Ankara no haya recibido presiones desde Bruselas para que retire definitivamente a sus tropas del Norte iraquí?
c) Ante la situación política que se vive actualmente en Ankara, Bruselas tiende a apoyar al gobierno Erdoğan y no a los elementos vinculados antiguo régimen (derecha y ultraderecha nacionalistas autodefinidas como “sectores laicos”) empeñados en desestabilizarlo y boicotear el proceso de negociaciones para el acceso a la UE, proceso en el cual ven una amenaza contra sus posiciones de poder social: por unas razones o por otras sólo entre el 25 ó 27% de la población turca se sitúa en esa línea. Tal como están las cosas, el actual gobierno supone para Bruselas una línea de cooperación provechosa y coherente en Oriente Medio y Asia Central. Un golpe de estado en Turquía, del tipo que sea, sólo ofrece incertidumbres, presiones y fantasías, como la idea de “irse con Rusia”, en vez de continuar con el proceso de integración en la UE.
d) La UE, o al menos un grupo de países dentro de ella, están trabajando para reconstruir el mensaje de que el proceso de integración europea sigue siendo válido como panacea para restañar los viejos conflictos disgregadores. El cortocircuito que ha supuesto el reconocimiento de la autoproclamada República de Kosovo por una mayoría de países de la UE, presionados algunos de ellos por la administración Bush, ha supuesto un serio quebranto para la credibilidad de esa fórmula. Por ello, mientras se busca ahora que las aguas vuelvan a su cauce en los Balcanes y se intentan restañar heridas, la colaboración de Turquía en Oriente Medio y el Cáucaso puede suponer, para la Unión Europea, la recuperación del hilo de un discurso integrador y superador de conflictos.

Las contradicciones del presidente Nicolas Sarkozy no deben circunscribirse a las políticas del Eurocontrol. Están demasiado relacionadas con los desastrosos resultados cosechados por el mandatario en política interior francesa
Lógicamente, iniciativas como el reciente debate en la Asamblea Nacional francesa sobre la posibilidad de incluir en el proyecto de reforma constitucional una enmienda que confirme la convocatoria obligatoria de un referéndum «para aprobar o rechazar el ingreso en la UE de países que representen más del 5 % de la población de la Unión», va claramente dirigido contra Turquía y parece desmentir todo lo dicho más arriba. ¿Son posibles políticas de Eurocontrol ante actitudes nacionales tan veleidosas? Recuérdese que de prosperar la enmienda, Sarkozy terminaría tirando piedras de grueso calibre contra, por ejemplo, el proyecto de Unión Mediterránea (UM), que él mismo lanzará con su habitual pompa, durante una cumbre euromediterránea excepcional, a mediados de julio. En el proyecto de la UM, Turquía está llamada a tener un papel destacado, máxime ahora, cuando está demostrando un marcado protagonismo en su capacidad diplomática por el Mediterráneo Oriental. Aquí la política del Eurocontrol fallaría por su misma base, es decir, como una enfermedad autoinmune, al no poder controlar un jefe de estado la coherencia de su propia estrategia política.
Por lo tanto, en realidad estaríamos en este caso ante un problema estructural, y por lo tanto profundo, propio de los mecanismos esenciales de la UE. Los conflictos que puede plantear Sarkozy en la cuestión turca al intentar superar sus contradicciones en política interior, a base de la demagogia habitual, no dejan de ser comparables, ahora mismo, a los que también pone sobre la mesa Berlusconi, en Italia, o la inquietante actitud de la sociedad irlandesa ante el referéndum para la ratificación del Tratado de Lisboa. ¿Hace todo ello inviable la Unión Europea? No son asuntos tan nuevos y en realidad están asociados a problemas internos de cada uno de los líderes políticos con respecto a sus votantes. Pero hasta el momento se ha demostrado que esas figuras pasan y se van (incluso a De Gaulle le ocurrió). Mientras tanto, la voluntad de afianzarse y crecer de la Unión Europea permanece; y mientras eso sea así, de una forma u otra, más o menos discreta, consensuada o agresiva, seguirá existiendo la política del Eurocontrol, con todos sus errores y titubeos, pero también con sus logros e innovaciones originales; porque es el único camino posible, al menos desde el punto de vista continental. Etiquetas: Erdoğan, Eurocontrol, Eurovisión, intermediación, Israel, Kouchner, Sarkozy, Siria, Turquía, UE