viernes, noviembre 16, 2007

El infierno bondadoso















Un niño albanés posa ante un cartel independentista inspirado en la marca Coca-Cola

Hace pocos días, y en el contexto del escándalo generado por los niños chadianos que la ONG “Arca de Zoé” intentaba sacar ilegalmente del país, el diario “La Vanguardia” publicó un artículo que a muchos lectores pudo haberles pasado desapercibido. Otros se preguntarán qué pinta aquí una pieza que, en apariencia, no está relacionada con la temática central de este blog. Sin embargo, el asunto de “El infierno bondadoso”, firmado por Andy Robinson, es el denominado “derecho de injerencia”, que hace una década parecía totalmente incuestionable e inspiró a todos los bienpensantes que apoyaron sin fisuras las intervenciones de las potencias occidentales en Bosnia y Kosovo, asunto este último que, como saben, vuelve a formar parte de la actualidad más candente.

La primera intención de este post fue criticar la actitud de algunos diarios patrios, que ni bajo tortura admitirían la decrepitud del concepto “derecho de injerencia” y lo que es peor, la responsabilidad de la tal idea en algunas de las más sonadas catástrofes militares de los últimos años, la más conocida de las cuales es la intervención en Irak, seguida de cerca por la que protagoniza la OTAN en Afganistán. Pero ayer mismo, una entrevista a cargo de una simpática periodista de “Público”, el diario portugués (no confundir con el español homónimo, y de diferente ideología) me disuadió de la idea. Dado que la prensa portuguesa es tan profesional como la española y la de cualquier otro país europeo, el tono de algunas preguntas revelaba que aquí y allá, a lo largo y ancho de Occidente, sigue perviviendo la ya anacrónica mentalidad justiciera de hace una década, basada en el “síndrome de 1993”; esto es, el espejismo de que todo sigue como entonces: los serbios son muy malos y culpables de todo, Europa y Estados Unidos tienen una
deuda impagable para con Kosovo, algo de lo cual los albaneses locales siguen empeñados en convencernos, (aunque el tozudo adalid de esta idea, Ibrahim Rugova murió hace algún tiempo) y a pesar también de que los que van a otorgarle la independencia ya les han venido haciendo el trabajo desde hace ocho años.














Una columna de "panzer" alemanes integrados en las fuerzas de la OTAN, hace su entrada en Kosovo, 1999

El asunto del “derecho de injerencia” y la “injerencia humanitaria”, como plantea correctamente Andy Robinson en su artículo, va de la mano de las ONGs y los neocon; y por supuesto, está profundamente implicado con la mentalidad imperante en los noventa. A lo largo de esa década, las ONGs se multiplicaron con una energía febril: resulta evidente que tuvieron un éxito arrollador. Ello fue debido a razones que no estaba en relación directa con su eficacia real, algo que ni siquiera en el cambio de siglo se podía evaluar globalmente, dado que la galaxia de las ONGs era extremadamente extensa y variada. Complicaba más la evaluación de su labor el hecho de que, al ser entidades dependientes de subvención, un número significativo de organizaciones promovía unas u otras prioridades, desde el medio ambiente (más propia de los ochenta) a los microcréditos y la microempresa (en la década siguiente), la ayuda humanitaria en los diversas zonas de crisis, luego la violencia de género, la ayuda de emergencia y tantas otras. Es decir, en términos de sus críticos, estaban inmersas en la lógica del mercado, de la eficiencia y la competitividad, y en base a ello las ONGs tendían a crear demanda a partir de la oferta. Por otra parte, también contribuye a dificultar el balance de sus actividades el hecho de que este tipo de instituciones son responsables ante los financiadores, mientras el estado lo es ante los ciudadanos.

Por lo tanto, el balance sobre el impacto de las ONGs tenía que hacerse en clave política. Y desde ese punto de vista, las organizaciones no gubernamentales, junto con los think tanks y el resto de las instituciones de intermediación o análisis no dependientes de los gobiernos constituían lo que se denominada el Tercer Sector, situado entre el Estado y el Mercado, y por lo tanto, formaban parte integral de la nueva filosofía política y socio-económica que acompañaba al auge del neoliberalismo global. Eso suponía que las ONGs y las demás instituciones similares tenían como objetivo común desempeñar políticas anteriormente públicas y ahora privatizadas en base a la idea neoliberal de que el estado es un obstáculo para el libre mercado; y por lo tanto, parte de sus infraestructuras y atribuciones debían ser desmanteladas en aras de una mayor eficacia y rentabilidad.

Precisamente, el estado del bienestar era uno de los demonios del ultraliberalismo. Finalizada la Guerra Fría con la derrota del bloque marxista soviético, parecía quedar demostrado que el estatalismo a ultranza sólo conducía a la ruina; y desde Occidente, ya no eran necesarias políticas de protección social que emularan aquellas de las que se jactaban los soviéticos. Por otra parte, las ventajas sociales que ofrecía el estado del bienestar solían integrar las remesas presupuestarias más abultadas, y en muchos países del Tercer Mundo habían fallado desde hacía tiempo, con consecuencias sociales y políticas traumáticas. Por ello, en los noventa, las ONGs parecían el canal adecuado para gestionar fondos públicos o préstamos internacionales en programas de asistencia social compensatoria.

















Protestas en Chad contra lo que se considera una injerencia de la política francesa en los asuntos internos del país y en su justicia y leyes


Ahora bien, los resultados globales de su labor fueron ya cuestionados hacia finales de los noventa, dado que las ONGs no solían ser invitadas a coplanificar las estrategias globales de ayuda a cada país, o el diseño de las políticas de ajuste, que en muchas ocasiones se convertían en intermediarios financieros, más que en ejecutores de acciones concretas y que muchas veces carecían de sostenibilidad a largo plazo. Algunos expertos, como David Sogge (1998) llegaron a acusar las ONGs que operaban en África de ser “la vanguardia de la nueva era de recolonización en África”. Además, una parte sustancial de los fondos asistenciales gestionados por esas organizaciones fueron a parar a problemas que no se relacionaban de forma real con la miseria en el continente, llevándose por delante, de paso, prácticas culturales y económicas tradicionales que a veces mantenían el tejido social en precario equilibro.

Lógicamente, no todas las ONGs, individual o sectorialmente, obtuvieron resultados tan cuestionables. En muchos casos, fueron las únicas instituciones capaces de paliar situaciones de marginación y pobreza, desastres ecológicos o abusos represivos. Pero el “concepto ONG” venía genéricamente hipotecado por la idea de que en general actuaban como apagafuegos del nuevo sistema internacional. Con lo cual, en el fondo, paliar determinadas situaciones problemáticas contribuía por otro lado a perpetuarlas. E incluso, en el caso de algunas formas de ayuda en países muy desestructurados, a hacer que parte de la población terminara dependiendo de las políticas asistenciales.

Este tipo de apreciaciones son las que ya se están recogiendo en análisis cada vez más serios sobre las ONGs, y son necesarios para que se lleve a cabo una “poda” de las mismas (sólo en la India se cuentan entre uno y dos millones de ONGs, en Rusia sumaban 400.000 el año pasado) y, en definitiva, sobrevivan y prosperen sólo aquellas instituciones más capaces y profesionales. Y que cualquier grupo de aventureros, redentores obsesivos, inadaptados sociales, y tíos raros en general, erigido en ONG, deje de ser presentado como “bueno por naturaleza” o “por contraposición a los partidos políticos o los gobiernos, cuyo descrédito generalizado fomenta la apatía y el conformismo”, como afirma, muy acertadamente Maite Serrano Oñate en su contribución a un libro muy interesante y polémico: Las ONG y la política, editado por Marisa Revilla Blanco y publicado por Itsmo en 2002, que ya es tiempo.




Bernard Kouchner en Chad, junio de 2007








“La Vanguardia”, domingo, 11 de noviembre, 2007

La ONG llevó al límite la idea “neocon” del intervencionismo humanitario
EL INFIERNO BONDADOSO

Andy Robinson

Madrid

El caso de El Arca de Zoé y los 103 niños robados puede ser otro ejemplo de que en Darfur, y en África en general, "el camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones", según ironizó David Rieff en su libro A punta de pistola, que critica el uso de intervenciones militares para defender los derechos humanos.

Pero - según Rieff y otros críticos del intervencionismo humanitario entrevistados por “La Vanguardia” -los verdaderos responsables del excesivo celo altruista de El Arca de Zoé son las ONG, intelectuales y políticos que han distorsionado la realidad creando una imagen falsa de genocidio perpetrado por árabes blancos e islamistas en Jartum contra "inocentes" comunidades negras de fe cristiana o animista en Darfur.

"Si presentas la situación en Darfur como un campo de concentración nazi, me parece luego grotesco condenar a quienes intervienen por su cuenta", explicó Rieff. Bernard Kouchner y Nicolas Sarkozy, apoyado por intelectuales de la nueva derecha como Bernard Henry Levy, defendían el derecho de intervención en Darfur, y con la polémica de El Arca de Zoé "están cosechando lo que sembraron", dijo.

Kouchner, al igual que intervencionistas en EE. UU., agrupados en torno a la ONG Save Darfur Coalition, "dieron la impresión de que Darfur es el Apocalipsis en que los niños se enfrentan a una muerte inminente y han incitado a gente a montar rescates por su cuenta", dijo Rony Brauman, ex director de Médicos Sin Fronteras en París. Brauman, con experiencia directa de la crisis en Darfur, la califica no de genocidio sino como una guerra civil "triste pero típica, basada en la lucha por los recursos naturales".

Diversos informes de la ONU sobre Darfur coinciden en que no es un genocidio perpetrado por árabes fundamentalistas contra africanos inocentes sino una guerra en la que las atrocidades se cometen en ambos bandos.

Pese a ello, Save Darfur Coalition, que define su misión como "elevar la conciencia del público sobre el genocidio en Darfur", ha pedido desde EE. UU. la intervención militar contra Sudán, con el apoyo de celebridades de Hollywood, como Mia Farrow y Don Cheadle, y diversos políticos, desde neoconservadores republicanos hasta candidatos demócratas presidenciales como Joe Biden.

El Arca de Zoé, una escisión de la ONG Sauver le Darfur, es la última manifestación de esta ideología intervencionista, según coinciden Rieff y Brauman. Cuando ésta y Save Darfur Coalition - cuyo consejo incluye cuatro grupos de presión proisraelíes- se frustraron al ver imponerse una solución pragmática en Darfur, El Arca de Zoé y Sauver le Darfur cogieron el toro por los cuernos y anunciaron que evacuarían nada menos que a 10.000 supuestos huérfanos de Darfur para ofrecerlos en adopción en Francia.

En general, "la tendencia de celebridades de ir acumulando bebés y niños adoptados es parte de un fenómeno general de querer salvar a estos países de sí mismos", dijo Mahmud Mamdani, antropólogo oriundo de Uganda de la Universidad de Columbia, en Nueva York, en referencia a celebridades como Angelina Jolie y Madonna. Concretamente en Darfur "hay una suposición de que la gente no es capaz de salvar su región y por tanto tendrán que ser salvados desde fuera", añadió.

La Save Darfur Coalition tuvo que destituir a su director en junio cuando se descubrió que se había gastado más dinero en publicidad que en ayudas a los afectados por el conflicto. Aunque la coalición estadounidense mantiene que no tiene vínculos con Sauver le Darfur en Francia, "hay vínculos intelectuales aunque no sean operacionales", dijo Brauman.

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domingo, noviembre 11, 2007

Un respiro para Turquía (1)

















Despliegue de los objetivos estratégicos del Ejército turco en territorio iraquí, publicado por la prensa turca. Procede del blog de Erkan Saka


Parece que lo peor ha pasado: no habrá intervención del Ejército turco en el Kurdistán iraquí. No, al menos, de forma inminente. Eso no quita que se puedan producir intervenciones puntuales para buscar y destruir determinados objetivos concretos; eso se viene produciendo desde hace años, no es nuevo en absoluto. Pero lo más preocupante era que más de cien mil soldados turcos entraran en bloque por el norte de Irak. Pueden imaginarse. Esa fuerza, que podría llegar a ser equivalente a diez divisiones, bien a ser la misma que han desplegado los norteamericanos en Irak. Dos ejércitos de tamaño parecido, ambos de la OTAN y teóricamente aliados, cara a cara sobre los restos de Irak: una situación cuanto menos embarazosa para Washington.

Por ello, los norteamericanos han reaccionado de diversas maneras. Por un lado, dejando claro que la guerrilla del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) es tan enemigo de ellos como de los turcos. Lo dijo públicamente el mismo presidente Bush, por ejemplo, aunque no fue la única puntualización al respecto. En otras circunstancias, esto podría ser mera retórica circunstancial –al fin al cabo, Israel les ayudó en algunos momentos, y aparentemente, el PKK también se enfrenta a los iraníes. Pero en esta ocasión, Washington ha reconocido abiertamente que traspasó información confidencial sobre el PKK a los militares turcos. En base a esa colaboración, estos organizaron los ataques puntuales de hace unas semanas.



















Girando la torreta y con el arma alerta: un anticuado BTR-60 mostrado por las televisiones occidentales hace unos días, de patrulla por la frontera turco-iraquí

De otra parte, al ceder esa información de inteligencia y en plena crisis, los norteamericanos también han dado a entender, una vez más, lo que no es ningún secreto desde hace años: que Turquía es para ellos muy valiosa. Y que, llegado el caso, aunque los militares dieran un golpe en toda regla, Washington se entendería con la junta resultante. Y más teniendo en cuenta que tal como está la situación en Afganistán, Irak y ahora Pakistán, los último que desearía Washington ahora sería perder el control de Turquía. Eso no puede ser nada tranquilizador para el actual gobierno de Ankara y para una parte sustancial de la población turca, claro está. Pero sí para los militares, que empezaban a sufrir cierto síndrome de abandono ante la capacidad política de los nuevos gobernantes turcos y el crédito popular del que siguen gozando, como demostraron las elecciones de julio.

Y es que además, y esta afirmación llega a través de fuente de toda confianza, los uniformados turcos no tienen mucho afán por combatir. Lanzarse en masa sobre el norte de Irak significa meterse de lleno en una campaña compleja que no se pudo solucionar en más de diez años de lucha abierta y, además, hacerlo en puertas del duro invierno en las montañas de Kandil. También existe el riesgo de sufrir más bajas de las debidas, y arriesgarse a cualquier fallo, a perder prestigio político, que ya está muy rebajado. Y como no, abrir quizás el debate sobre la necesuidad de mprofesionalizar a las fuerzas armadas y terminar con el anticuado sistema de leva.

Además, se trataría de entrar en combate con un ejército que, a juzgar por las fotografías que se han ido viendo en los medios de comunicación internacionales, no es precisamente un dechado de modernidad. Sólo basta ver a esos soldados con equipos anticuados, empuñando viejísimos fusiles de asalto HK G3 de los cuales eran pariente los venerables CETMEs españoles de primera generación. O los vetustos BTR-60, vehículos blindados de exploración y transporte de tropas, de origen soviético, que datan ya de los años sesenta del siglo pasado, patrullando por las sinuosas carreteras de la frontera turco-iraquí, sin protección alguna contra las modernas armas anticarro, ni una simple rejilla contra los RPG-7, nada. Tampoco parece que los carros M-60 utilicen corazas reactivas.





















Soldados turcos de las unidades especiales, de patrulla por la zona amenazada: sin chalecos antibalas, ni cascos kevlar, ni visores nocturnos, ni equipamiento electrónico. Obsérvense las colchonetas de goma espuma y el fusil de asalto HK G3 del soldado en primer plano


Hace pocos días y en Lisboa, Yavuz Baydar, el columnista de “Zaman”, le comentaba al autor de este post que en los próximos meses existían tres escenarios posibles: a) Provocaciones del PKK que, a pesar de todo, obligarían al Ejército turco a intervenir; b) Calma invernal hasta la siguiente primavera, que le daría al ejecutivo de Erdoğan un tiempo precioso; c) Desactivación total del PKK por una u otra vía.

Son tres opciones lógicas que, sin embargo, dejan en el aire algunas preguntas. Una de ellas, referida al aspecto “interno” del conflicto. Esto es: ¿Qué parte del mismo correspondió a la voluntad militar de aprovechar la tensión para recuperar protagonismo y fuerza política en Turquía tras las elecciones de julio? Es una pregunta incómoda, por supuesto, pero hemos de recordar la muy mala cara que le pusieron los militares a Gül tras su elección como presidente, las declaraciones bastante agresivas del jefe de Estado Mayor, los desplantes, las manifestaciones patrióticas tras los atentados del PKK, que el CHP y el MHP intentaron capitalizar rápidamente, trayendo a la memoria de nuevo la situación política de la pasada primavera. Y el baile de objetivos posibles, caso de que se produjera una entrada en fuerza de los turcos en el norte de Irak: ¿La destrucción de los santuarios del PKK en la cordillera de Kandil?¿Castigar a Barzani?¿Llegar hasta Irbil o, al menos, hasta Mosul, la vieja reivindicación irredentista turca que Atatürk no logró cumplir?¿Ejercer una influencia directa sobre el gobierno autónomo del Kurdistán iraquí, cuando parece irreversible la aparición de un Estado soberano kurdo en la zona, que podría ser reconocido internacionalmente siguiendo la estela de Kosovo?
















Un guardia de aldea kurdo patrulla junto a un soldado del Ejército regular turco. Estas unidades de paramilitares kurdos que colaboran con el gobierno turco contra el PKK, han demostrado ser bastante efectivas, a pesar de su escaso equipo y armamento ligero: conocen el terreno y el medio social circundante a la perfección. La UE exige su desmovilización como una de las condiciones de acceso de Turquía



Es cierto que en las últimas semanas, la gran mayoría de los reporteros y analistas han enfocado la crisis poniendo en el centro al PKK y la cuestión kurda en Turquía e Irak. Vale la pena tener en cuenta, por ejemplo, la explicación que dio en su momento Sedat Laciner, director del Uluslararası Stratejik Araştırmalar Kurumu (USAK) o Organización de Investigación Estratégica Internacional, basada en Reino Unido. Según este analista, al PKK le urge recuperar ascendiente sobre la comunidad kurda en Turquía tras las pasadas elecciones de julio, en las que llegaron al Parlamento de ese país un total de 20 diputados del Partido de la Sociedad Democrática (DTP), nacionalista y socialdemócrata kurdo. Siempre según Laciner, en declaraciones recogidas por Andrés Mourenza, “el PKK ha perdido legitimidad ante los kurdos, que ahora rechazan el terrorismo. Así que quiere que el estado turco prohiba el DTP para recuperar la legitimidad de la lucha violenta. El PKK ha ido eliminando a todos los grupos kurdos que se le oponían y ahora pretende acabar con la única alternativa moderada que queda, el DTP”. Además, “el PKK ha reanudado la violencia ahora que el gobierno del AKP, que está siguiendo las reformas exigidas por la UE, había levantado las prohibiciones sobre la lengua kurda y es que, desde las pasadas elecciones, el AKP es el partido más votado por los kurdos. El próximo año hay elecciones municipales y probablemente el PJD podría ganar las alcaldías de las principales ciudades del sudeste [de mayoría kurda]”.

El punto de vista de Laciner es interesante porque nos recuerda que la cuestión kurda en Turquía no se puede reducir al PKK y menos ahora, cuando en el país ya existe una extensa clase media de esa etnia, con medios propios, con poder socio-económico real, con aspiraciones de proyectar todo ello en una opción política parlamentaria mucho más viable a largo plazo que el PKK; y con unos deseos nada disimulados de que Turquía acceda a la Unión Europea. Por otro lado, el PKK es una organización bastante amorfa en su cúpula dirigente, apoyos exteriores y métodos operativos; muchas veces tampoco está clara su estrategia ni cuáles consideran que son sus aliados. Por supuesto, saben que el régimen de Barzani no los va a entregar a los turcos (ni quiere hacerlo, al menos de momento) pero también desean hacerse un hueco, tener su propio espacio en la región autónoma del Kurdistán iraquí. Por todo ello, el PKK puede convertirse con cierta facilidad en comparsa, más que en actor principal, y de ahí que quepa un cierto espacio de duda para algunas cuestiones poco claras o complejas, vistas desde Turquía pero
también desde Irak

















"No te fallaré, amigo": Bush ha dado todo tipo de seguridades al preocupado primer ministro turco, durante la reciente visita de éste a la Casa Blanca. A fin de cuentas, Turquía es, para Washington, sagrada

En fin: de momento no hay respuesta para estas preguntas, el tiempo hará que las respuestas suban a la superficie, cuando los acontecimientos se estanquen en la zona. De momento, lo que tenemos parece claro: se refuerza decisivamente la figura de Erdoğan como un político hábil y con gran capacidad de maniobra. Se refuerza la imagen de estabilidad del gobierno del AKP y la imagen moderada de partido: ya no es tan insistente el recurso a la “agenda oculta” de los islamistas, ni siquiera en la misma Turquía; de hecho, cada vez son más los analistas que coinciden en recordar que el AKP no es propiamente un partido islamista, sobre todo si atendemos a la masa políticamente heterogénea de votantes.

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martes, octubre 16, 2007

NOTA: Turquia bombardea Wall Street












Caída de Wall Street ayer, 15 de octubre, aunque con rebote final. Gráfica de Invertia

Primera cosecha de consecuencias de la tensión en la frontera turco-iraquí: caída de las bolsas internacionales cuando apenas comenzaban a recuperarse de la crisis de las "subprimes" de este pasado verano. El Dow Jones cayó un 0,8% y el resto de las bolsas siguieron por ese camino: el FTSE 100 nada menos que un 1,3%; el DAX un 0,9%, el CAC 40 un 0,6% y la bolsa italiana un 1,3%. El IBEX 35 español, muy volatil desde hace meses, descendió un 0,5%.

En las últimas horas, por lo tanto, parece que son los turcos quienes empiezan a tener la sartén por el mango. Por supuesto, el Alto Mando norteamericano no parece tener planes de contingencia para el caso de que se produzca una incursión turca en profundidad y prolongada en el tiempo. Se supone que, ante esa situación, fuerzas norteamericanas deberían enfrentarse a los invasores, lo cual podría suponer situaciones muy desafortunadas y hasta peligrosas para ellas. ¿O sería mejor cruzarse de brazos y dejar que los turcos hicieran su trabajo libremente? Tal actitud supondría abandonar a su suerte al aliado kurdo Massud Barzani. En ese caso, la imagen de las fuerzas norteamericanas destacadas en Irak todavía caería más bajo, si cabe.

Por otra parte, cobra relevancia la posición de Turquía como distribuidor de combustibles hacia el Mediterráneo oriental y Europa. A continuación, dos artículos de entre los muchos que se publicaron en la red, ayer lunes.





Paracaidistas norteamericanos en Irak. ¿Cuál sería la reacción de las fuerzas de coupación ante los nuevos invasores?






MERCADO Digital, Argentina
Lunes, 15 de octubre, 2007

Turquía golpea Wall Street, lleva el crudo a US$ 86,10, el euro a 1,42 y el oro a 760 la onza

Los ataques turcos sobre el noreste de Irak sacuden los mercados. El WTI marca récord nominal en US$ 86,10 por barril. El Dow Jones industrial pierde 0,91%. Otras materias primas también suben. El euro vuelve a US$ 1,42,

A US$ 760 la onza troy, el oro torna a fines de enero de 1981 y se acerca al pico nominal absoluto, US$ 850, el 20 de ese mes, hace casi 27 años. Entretanto, el euro remonta a US$ 1,42 y el dólar no pasa de R 1,815 en San Pablo. Por su parte, los crudos tejanos rebotaban a US$ 86,10 y el Brent nórdico a 82,85. En ambos casos, máximos nominales.Hasta el lunes 8, a la sazón, muchos analistas afirmaban que la serie de balances trimestrales castigados por bancos y firmas de valores marcaba el fin de dos crisis, la hipotecaria y la de liquidez financiera. Por ende, no harían falta nuevas rebajas en los tipos básico (hoy en 4,75% anual) y de redescuento (5,75%) y Wall Street subiría.

Minutas en mano, los gurúes volvieron a darse vuelta el martes y se lanzaron a anticipar –para dentro de unos días- otra rebaja de medio punto, con la cual las tasas citadas cederían a 4,25 y 5,25% anual. Fue una fiesta, pero no duró. El miércoles, fue suficiente para añadir récords, que se pincharon el jueves, trataron de recomponerse el viernes y volvieron a ceder este lunes. Ahora, en medio de una crisis geopolítica desatada por Turquía.


EEUU: petróleo termina en récord de 86,13 dólares en Nueva York


NUEVA YORK (AFP) — Los precios del crudo terminaron este lunes por primera vez sobre los 86 dólares el barril (86,13 USD) en Nueva York, sostenidos por el incremento de la tensión en la frontera turco-iraquí, que hacen temer una nueva disparada de las cotizaciones y alcanzaron un nuevo récord en Londres.

En el New York Mercantile Exchange (Nymex), el baril de "light sweet crude" para entrega en noviembre subió 2,44 para terminar en 86,13 dólares, un récord de cierre.

El lunes, los precios subieron netamente, franqueando por primera vez la barra de los 85 dólares, en los intercambios electrónicos previos a la apertura, luego la de los 86 dólares a comienzos de la tarde. El barril llegó al nivel jamás alcanzado antes, de 86,22 dólares, superando en más de dos dólares su precedente marca del 20 de setiembre (84,10 dólares).

En el Intercontinental Exchange de Londres, el barril de Brent del mar del Norte para entrega en noviembre también fue impulsado a niveles récord, superando los 82 dólares (82,90 USD), contra su anterior marca de 81,05 dólares a fines de setiembre. Finalmente cerró en alza de 2,20 dólares en 82,75 dólares.

Este claro impulso de los precios estuvo alimentado principalmente por la creciente inestabilidad en la frontera de Turquía e Irak.

"Si Turquía interviene militarmente en Irak contra los rebeldes kurdos, se teme la desestabilización del norte de Irak, una región hasta ahora relativamente calma. Ello aumentaría la amenaza que pesa sobre la producción de petróleo en la región", explicó John Kilduff, analista de MF Global.

La tensión entre Turquía y los rebeldes separatistas kurdos del Partido de los Trabajadores del Kurdistan (PKK), que se refugian en el norte de Irak, se intensificaron, luego de que el gobierno enviara al parlamento turco el lunes una moción sobre una incursión militar en el norte de Irak.

Por esa zona pasa un oleoducto que transporta el petróleo extraído en los yacimientos de Kirkuk, en el norte de Irak, hasta la terminal de Ceyhan, en el Mediterráneo.

"Es la principal preocupación del momento. Actualmente la producción no está afectada, pero el mercado teme que lo sea", explicó Robert Montefusco, analista de la casa de corretajes Sucden.

"No son solamente las tensiones geopolíticas que impulsan al mercado, también los temores sobre una oferta que se reduce", agregó Phil Flynn, analista de Alaron Trading.


Al aproximarse el invierno boreal, cuando se incrementa la demanda de combustible para calefacción, los operadores se inquietan ante toda señal que ponga en evidencia la precariedad de la oferta de crudo para fin de año.

La semana pasada, el departamento de Energía estadounidense había anunciado un neto descenso de los stocks de crudo en Estados Unidos. Al mismo tiempo, la Agencia Internacional de Energía (AIE) subrayó la precariedad del aprovisionammiento en los países desarrollados.

Pero según Eric Wittenauer, analista de AG Edwards, el brusco ascenso del precio del crudo se debe en primer término "al dinero de los fondos que entran al mercado".

Luego de haberse retirado de los mercados de materias primas durante la crisis financiera de agosto, los fondos especulativos, alentados por los nuevos récords, refuerzan sus posiciones, lo que amplifica los movimientos del mercado.

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domingo, octubre 14, 2007

Diplomacia al borde del abismo





Hacia Irak. Tropas turcas, con equipo completo, están siendo dirigidas hacia la frontera











Un lector habitual de este blog plantea sus dudas sobre la relación entre la resolución en el Congreso norteamericano con respecto al genocidio armenio y la posibilidad de que tal suceso posea alguna intencionalidad concreta con respecto a lo que parece una inminente intervención turca en el norte de Irak. La duda es totalmente justificada y la forma en que se formula la pregunta es inteligente y abre una serie de reflexiones. A continuación y debido a que los acontecimientos son muy graves y la situación evoluciona con rapidez, unas apresuradas consideraciones aclaratorias al respecto.

a) La prensa occidental (y por supuesto, la española) tiende a aceptar que la resolución plantada en el Congreso norteamericano por el Comité de Relaciones Exteriores está directamente relacionado con la política interior norteamericana y que le hace un flaco favor a la administración Bush al complicarle las cosas en Irak. Mi tesis (que puede estar completamente equivocada, por supuesto) va en un sentido contrario.

b) Los analistas que asumen la hipótesis comentada no parecen tener en cuenta el orden cronológico de los acontecimientos, que por sí solo parece aportar una pista importante. La intención turca de atacar en el norte de Irak no es posterior a la resolución del Comité de Relaciones Exteriores en el Congreso, sino todo lo contrario: es muy anterior. Recordemos que a comienzos de agosto, Erdoğan y al Maliki se reunieron y acordaron intensificar su colaboración en la lucha antiterrorista, en particular contra la guerrilla del PKK. El mandatario árabe dijo que su gobierno "estaba de acuerdo con Turquía sobre la lucha contra el terrorismo" y agregó: "Irak no permite (al PKK) estar presente en su territorio y no lo permitirá (tampoco) en el futuro". Sin embargo, las autoridades iraquíes, que están desbordadas por la situación de caos general en su propio territorio no hicieron nada, y en las últimas semanas, el PKK intensificó sus acciones contra las fuerzas turcas, liquidando a un total de 17 soldados en poco tiempo. Ante esta escalada, las fuerzas armadas turcas, respaldadas políticamente por el gobierno, reactivaron su plan de intervención en Irak. O lo llevan a cabo ahora, o dentro de escasas semanas las circunstancias climáticas en la zona lo harán más complicado.


Una escena que muchos conductores pudieron ver a lo largo de las carreteras en la frontera turco-iraquí









c) Por lo tanto, se veía venir la ofensiva turca. Y en ese contexto, qué casualidad, se presenta la resolución sobre el genocidio armenio en el Congreso norteamericano. La pregunta es, ¿qué buscaba exactamente esa iniciativa en relación con los planes turcos de atacar en Irak ?

En primer lugar, la cuestión clave que le precede es: ¿Qué podía hacer la administración Bush para pararle los pies a Ankara hace una semana o diez días? Prácticamente nada. Las relaciones turco-americanas no eran tan malas como para que Washington tuviera posibilidades de lanzar un órdago duro como, por ejemplo, amenazar con sanciones. En diplomacia, un amigo no cambia hacia esa actitud de un día para otro. Además, como se ha repetido muchas veces en las últimas horas, un porcentaje muy elevado de la logística norteamericana con respecto a Irak, pasa sobre el espacio aéreo y territorio turcos, y la base de İncirlik es la piedra angular del poder aéreo norteamericano en Oriente Próximo. Por lo tanto, el asunto era muy delicado. Además, moralmente, los norteamericanos tampoco podían recriminarle a los turcos su actitud. El PKK tampoco es plato de gusto para Washington, pero saben que militarmente, hoy por hoy, apenas pueden hacer nada contra ellos; ni siquiera les conviene, porque pondrían en aprietos a los aliados kurdos en el norte de Irak. Imaginemos si, además, el PKK está recibiendo ayuda exterior. Pongamos por caso, que alguna potencia europea interesada en desestabilizar políticamente a Turquía, les estuviera enviando ayuda técnica o información sensible a través de terceros, como Siria, Libia o la misma Armenia (es un ejemplo hipotético).

Bien: los americanos no tienen, hoy por hoy, capacidad de intervención directa sobre Turquía y ante la emergencia deciden jugar la carta de la “diplomacia al borde del abismo”. Esto es, forzar la situación para llevarla a un punto de ebullición y aprovechando el momento, arrancar unas negociaciones dramáticas que salven la cara de todos y, de paso, precisamente a través del llanto y crujir de dientes, se reconozca indirectamente la legitimidad de las quejas turcas. Y es ahí donde entra la “bomba” de la resolución presentada por el Comité de Relaciones Exteriores sobre la muy explosiva cuestión del genocidio armenio.

Claro está, la maniobra no la podía llevar a cabo la propia administración Bush, porque eso hubiera sido un gesto de hostilidad directo hacia Ankara, un punto automático de no retorno, al que hubiera seguido la ruptura inmediata. Además, George Bush hubiera quedado no como un imbécil -eso es poco- sino como un verdadero demente. Por lo tanto, la piedra tenía que tirarla otro: el “poli malo”. El presidente haría de “poli bueno”.

En realidad, piénsenlo bien, no debió ser difícil lograr que la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso presentara la resolución sobre el genocidio armenio el pasado miércoles. Y en la pedrada venía envuelta en varios mensajes dirigidos a Ankara:

Mensaje nº 1. A pesar de lo mal que le van las cosas, Washington todavía puede actuar ofensivamente de formas diversas. Por ejemplo, convirtiendo a un país cualquiera en un paria internacional, a través de diversas formas de presión y denuncia. Como, también por ejemplo, y aunque pueda parecer surrealista, la cuestión del genocidio armenio acaecido hace casi un siglo.

Mensaje nº 2. Por ello, el gobierno de Erdoğan debe refrenar su apoyo a los militares en la proyectada ofensiva sobre Irak. Si no lo hace, el estamento castrense terminará por controlar la política turca nuevamente, y en ese caso, Washington apoyará a los uniformados. Recuerden que durante el denominado “e-golpe” del pasado mes abril, la reacción norteamericana de condena fue significativamente lenta y tibia, más incluso que la europea. Esta consecuencia resultaría especialmente dolosa porque además, la ofensiva militar contra el PKK será (posiblemente) baldía. En cualquier caso, es importante tener muy presente que Washington le besará el culo al diablo, pero no renunciará fácilmente a Turquía. Antes apoyaría a una dócil dictadura militar (por ejemplo).

Mensaje nº 3. Si Ankara hace oídos sordos y continúa adelante, la responsabilidad será suya y no de Washington. Esto significa varias cosas y todas malas para los turcos. Por ejemplo, supondrá que el gobierno de los Estados Unidos se reserva la posibilidad de seguir con una escalada de presiones ya más directas, duras y desagradables, muhco más que la cuestión del genocidio armenio. Además, Turquía cargará con una imagen internacional de intolerancia e impulsividad que le hará perder bazas morales ante la comunidad internacional y se las entregará al PKK, lo que fortalecerá justamente aquello que desean evitar: la formación de un estado kurdo en sus fronteras. Recuerden Kosovo, amigos turcos, aprendan de los errores serbios.



Silueta de un combatiente del PKK con la carga de un lanzamisiles RPG-7 al hombro.







Estos son algunos mensajes, entre otros. Por supuesto, la jugada de Washington es arriesgada. Si los turcos se ponen de acuerdo con los iraníes para actuar conjuntamente en Irak, mal asunto para los americanos; nefasta situación. Por otra parte, los rusos no están nada contentos con Condoleezza Rice y Bush por toda la bobada esa del escudo antimisiles en Polonia y Chequia, y justamente, esta misma semana estaban explicándole a los norteamericanos cuán enfadados están, mientras la delegación norteamericana se dedicaba a hacer el teatro de que eran ellos quienes estaban echando bronquitas a los rusos por esto y lo otro. Por lo tanto, muy mal momento para que Bush haga todavía más el tonto en Irak. Los rusos tienen ganas de armarla y por supuesto apoyarían gustosos a los turcos. (de hecho, ya lo hacen). Y alos iraníes. Y a todos aquellos que pudieran bajarle los humos a Bush y a la "Vieja Europa". Por si faltara algo, si los turcos se le suben a las barbas a los americanos, los saudíes tendrán un aliciente más para hacer lo mismo. Puede que terminen por intervenir más directamente en Irak, en apoyo de sus hermanos suníes. Pero si no lo hacen, podrán vender todavía más caro su apoyo a los americanos

¿Y los europeos? Ah, ese es otro capítulo. Si en Bruselas hubiera un poco de imaginación, los réditos que se podrían obtener del conflicto turco-americano serían importantes y cuantiosos. Pero mejor dejemos este asunto para otro día. Hoy sólo recalcar que para Washington, el margen de maniobra era ciertamente escaso: poco más se podía hacer. Ahora, a esperar acontecimientos.

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viernes, octubre 12, 2007

¿Controversia o instrumento?

















Bush y el congresista Tom Lantos (izquierda) en un momento divertido. Aparte de judío de origen húngaro y superviviente del Holocausto, y a pesar de militar en el Partido Demócrata, Tom Lantos fue un partidario acérrimo de la intervención norteamericana contra Irak, tanto en 1991 como en 2003. No es de extrañar que le esté echando una mano al presidente Bush para evitar la intervención turca en la zona, sacando a relucir la cuestión del genocidio armenio, palanca mediático-emocional que suele tener un éxito asegurado



De repente, Turquía vuelve a atravesar horas delicadas. Se terminó la feliz situación del "no news, goods news": no ha durado ni tres meses. Turquía paga, una vez más, el caro peaje de los países situados en las encrucijadas geoestratégicas más valiosas. Parece que es inminente una incursión militar en fuerza sobre territorio del norte iraquí, operación que en este mismo blog se insinuó que podría haber tenido lugar en julio. En todo caso, en la misma Turquía eran insistentes los rumores de que tendría lugar, más tarde o más temprano.

La sombra del conflicto armado se complica con la belicosa declaración del Congreso norteamericano ante el genocidio armenio. Porque eso, por cierto ¿a qué viene ahora?

Hace casi exactamente un año, en este mismo blog, se explicó por qué los grupos de presión armenios estaban trabajando activamente en los Estados Unidos para lograr alguna forma de protesta que lograra paralizar la financiación (especialmente por parte del US Export-Import Bank) para construir al tendido de ferrocarril azerí-georgiano-turco que seguía el recorrido del oleoducto BTC (Bakú-Tbilisi-Ceyhan) del cual Armenia quedaba excluida por actuar como un peón de Rusia en la zona del Cáucaso. Inicialmente, fue el congresista demócrata John Crowley el que comenzó a mover la campaña (que parece remontarse a julio de 2006) con el propósito explícito de denunciar el apartamiento de Armenia de los proyectos regionales en el Caúcaso, es decir, de los negocios en torno al petróleo y el gas.





Voluntarios armenios en el Ejército alemán, campaña de Crimea. Al parecer, unidades especiales de esta nacionalidad participaron en la represión de alzamiento de Varsovia, en 1944. Su trayectoria es objeto de culto en webs neonazis, como "Pan Aryan Alliance" de la cual procede esta foto. La manipulación propagandística y política del genocidio armenio ha sido tan intensa que se ha vuelto incontrolable



No deja de tener su amarga ironía el hecho de que hayan terminado por significarse en la campaña personajes como el demócrata Tom Lantos, el presidente del comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes. El parlamentario norteamericano, de religión judía y orígen húngaro, hizo pesar su dramática experiencia como superviviente del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial. Pues bien, la actual tendencia entre la ultraderecha dura (digamos nazi, por ejemplo) es la de denunciar que judíos y armenios no son lo mismo, ni de lejos. Estos son "arios", muchos de ellos combatieron como voluntarios en los ejércitos del Tercer Reich en la Segunda Guerra Mundial e incluso, pudieron haber sido víctimas de la "judería". Parece sorprendente y lo es, pero cualquier lector que tenga internet a su disposición puede ir al foro Nuevo Orden (el nombre lo dice todo) y leer, por ejemplo, una pieza firmada, desde Venezuela, por Carlos Vartkés Pozian titulada: "La Juderia Turca y su relacion con el genocidio armenio. Kemal Atatürk, la verdadera película"

Por lo tanto, parece que estamos, una vez más, ante el lamentable espectáculo de la manipulación de una tragedia con fines muy diferentes a la simples declamaciones buenistas referidas a la "justicia universal", que a veces lleven a ese infierno que está pavimentado de buenas intenciones. Y el incidente que nos ocupa, muy en especial, porque tiene todo el apsecto de estar destinado a presionar al gobierno turco para que no intervenga militarmente en Irak. ¿Coincidencia de fechas? Hay mucho en juego en el desgraciado país árabe como para suponer, ingenuamente, que estamos ante una simple coincidencia, sobre todo cuando ello se canaliza con algo algo tan fácil de manejar como el genocidio armenio de 1915





















Carros de combate turco patrullan por las inmediaciones de la frontera iraquí, durante el pasado verano. La intervención militar contra el PKK parece inminente, y va a complicar enormemente la posición norteamericana en Irak y ante Irán. ¿Estamos ante una nueva versión de la crisis de las Malvinas en 1982?







TRIBUNA: Conflicto entre Washington y Ankara

¿Controversia o instrumento?

FRANCISCO VEIGA 12/10/2007

En abril de 1915, durante la I Guerra Mundial, el Imperio otomano estaba siendo atacado desde distintos frentes (Dardanelos, Mesopotamia, Cáucaso), lo cual hacía temer un inminente colapso militar. Una de las ofensivas más peligrosas estaba protagonizada por el Ejército ruso, ayudado por guerrilleros armenios en el Cáucaso. El 24 de abril, el Estado Mayor otomano ordenó evacuar a la población civil armenia de la zona para reasentarla en áreas muy alejadas del frente. Sin embargo, las operaciones de deportación, que se prolongaron durante meses, pronto degeneraron en matanzas, perpetradas muchas veces por los mismos encargados de escoltar a los civiles desplazados. Los responsables materiales fueron, en su gran mayoría, unidades irregulares de kurdos y circasianos, o bien grupos paramilitares formados incluso con presidiarios liberados. Además, las condiciones sanitarias de los traslados eran tan deficientes, que miles de mujeres, niños y ancianos perecieron de fatiga y enfermedades.

Las cifras de la masacre varían entre el millón y medio de víctimas que utilizan los nacionalistas armenios y las 300.000 que manejan sus homólogos turcos. En cualquiera de ambos casos, el evento puede ser calificado como genocidio. Sin embargo, la polémica ha evolucionado hasta centrarse en el esclarecimiento de la motivación real que guió a las autoridades otomanas: ¿Fue un genocidio intencionado de principio a fin, y planeado desde Estambul? ¿Fue cosa de autoridades locales o bien el resultado previsible de una operación de contrainsurgencia como las que previamente habían organizado los españoles en Cuba o los británicos en Suráfrica, con alto coste de vidas civiles? Falta de documentos, aparición de algunas pruebas falseadas y, sobre todo, la sempiterna y candente politización del acontecimiento hacen difícil la clarificación.

La campaña de represalias organizada por los nacionalistas armenios comenzó inmediatamente después de la Gran Guerra: dos miembros del triunvirato que gobernó el imperio entre 1913 y 1918 fueron asesinados por activistas armenios. Años después, un grupo terrorista denominado Ejército Secreto Armenio para la Liberación de Armenia, fundado en 1973, asesinó a más de 35 diplomáticos turcos a lo largo de 20 años. Con el tiempo, el debate sobre el genocidio armenio se ha ido convirtiendo en un instrumento de presión contra el Gobierno turco en diversos frentes. Recientemente, es un argumento muy utilizado desde aquellos países que se oponen al acceso de Turquía a la Unión Europea. Pero también han recurrido a ella los grupos de presión armenios en Francia o Estados Unidos en relación con los proyectos de tendido de gasoductos y oleoductos que discurren por el Cáucaso y evitan territorio de la República armenia, que por otra parte es un satélite militar ruso. Ahora, la reciente iniciativa del comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes estadounidense podría ser una forma escenificada de presionar a Ankara para que se abstenga de lo que parece una inminente intervención turca en Irak. Por último, sectores de la ultraderecha internacional podrán estar buscando la demostración de que el Holocausto judío no fue un hecho único y aislado, rebajando su importancia histórica al equipararlo con el genocidio armenio y el Holodomor, o genocidio ucraniano de 1932-1933.

F. Veiga es autor del libro El turco. Diez siglos a las puertas de Europa (Debate)

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martes, octubre 09, 2007

Guerreros de la guerra


Un gesto característico de Bernard K



















En las últimas semanas, este blog tuvo el honor de adelantar un par de asuntos que, inopinadamente, saltaron a la prensa días o semanas más tarde. Uno de ellos fue el debate sobre la polémica figura de Kouchner. En cuestión de pocas semanas, hemos visto aflorar al verdadero Bernard K: vanidoso hasta el punto de querer eclipsar a su jefe Sarkozy, cínico, y como otros muchos tránsfugas de la izquierda radical de los sesenta, con su almita de neocon vocacional cada vez más blindada. Que nadie se queje ahora: ya en los noventa, Bernard K. decía, refiriéndose a la buena marcha de una ONG como las que él había fundado: “Si se quiere lograr algo en esta área, se tiene que ser un hombre de negocios y tener sensibilidad para la publicidad y la comercialización […] Si no se acepta que la ley del mercado también es válida para la industria de la caridad, no se conseguirá su introducción en ninguna parte”. La cita la recoge Maite Serrano Oñate en un valioso artículo sobre: “Las ONGD en la encrucijada: del estado del bienestar a la franquicia de estado”, que a su vez forma parte de uno de los muy escasos libros que se atreven a afrontar el fenómeno de las organizaciones no gubernamentales de forma valiente y realista: Las ONG y la política, con aportaciones de diversos autores, todos ellos expertos en el asunto, coordinados por Marisa Revilla Blanco (Ed. Itsmo, Madrid, 2002)



El gesto, los trajes: mímica y vanidad








Bernard K. es experto en largar frases inoportunas, que lo definen precisamente como él mismo no desea presentarse. Si a alguien le han hecho un refrán a la medida, “por la boca muere el pez” fue pensado para Kouchner. Recientemente, hemos vuelto a saborear algunas de estas boutades (en el sentido de exabruptos) de Bernard K. A mediados de septiembre largaba, en versión siglo XXI aquella vieja máxima latina: “Si vis pacem, para bellum”. En su opinión, había que prepararse “para lo peor” y eso era la guerra con Irán. Los medios de comunicación tendieron a la misma conclusión: el gobierno francés parece querer postularse como el nuevo amigo de confianza del ejecutivo Bush, ahora que Tony Blair ya no vive en Downing Street. Claro está, después de largar en el inequívoco y viejo lenguaje del belicismo, Bernard K. hizo y deshizo, explicó y lió para que se entendiera que los preparativos de guerra “no eran para mañana”, que él quiso decir esto y lo otro. Pero como afirmaba
Jean Daniel en un interesante artículo publicado en varios medios: “¿No es suficiente la amenaza estadounidense? ¿Necesitaba George Bush que los europeos fueran más allá?”. Cuando ni el mismo George Bush puede hacer creer a nadie que realmente tiene una salida para Irak, y queda muy claro que una nueva aventura militar en Irán sería una locura pura y dura, una chaladura digna de ser filmada por Kubrick, ¿qué necesidad tiene Kouchner de ser más papista que el Papa?

No debe ser su otoño de la suerte. Después de trapichear por Libia a base de ventas de armas a cambio de enfermeras búlgaras (eso sí que es tener mentalidad de empresario aplicada tanto a la industria de la caridad como al armamento) porque tras ponerse de manifiesto él mismo en su nuevo uniforme de gala como aprendiz de warmonger, el régimen militar de Myanmar aplastó la protesta pacífica encabezada por los monjes budistas desde el 19 de agosto pasado. La brutal represión de las autoridades a finales de septiembre, sacó a flote, de nuevo, el célebre informe de BK Conseil, para favorecer la entrada de Total en la antigua Birmania. E hizo recordar algunas de las torpes justificaciones de Kouchner cuando comenzaron a quedar en evidencia los abusos: que los birmanos que se había encontrado estaban “muy contentos” con la presencia de Total en el país, que el trabajo forzado era “una antigua costumbre legalizada ya por los británicos en 1907” (sic!) y, de todas formas, que dos decretos de 1999 y 2000 habían terminado con esas prácticas… decretos que de hecho no se llegaron a aplicar.



















Otra "grimace" de Bernard K., acompañando una nueva combinación de escogida elegancia



Sinceramente: cuesta entender cómo determinada izquierda progresista e hipocritona pudo aplaudir a Bernard Kouchner, año tras año, cuando ya quedaba muy lejos su aura de fundador de Médicos sin Fronteras. Sus torpezas y ambiciones se metieron cuidadosamente bajo la alfombra y ni siquiera sus émulos en otros países (por estos pagos también los tuvimos, ¿recuerdan?) lograron parecerse al desconcertante modelo. Y sin embargo, erre que erre. El pasado día 4, “El País” le publicó a André Glucksman un artículo justificativo hacia su amiguete Bernard K. De Glucksman a Kouchner, claro que sí. Nunca tan distantes en sus posiciones ideológicas, claro que no. Dispuesto el uno a mezclar las ambiciones políticas con la “industria de la caridad”. Siempre a punto el otro a confundirlo todo en el mismo perol: Irán con Irak, y por supuesto, la justificación ad aeternum de los errores cometidos y no resueltos. Hay que seguir buscando armas de destrucción masiva, y para Kouchner y Glucksman y Bush y todos los demás de la misma cuerda, si no se encontraron en Irak, aparecerán en Irak. A eso se llama echarle contumacia y caradura: ni siquiera se han molestado en cambiar de argumento para justificar una nueva guerra.



Mirada directa, dedo acusador. "C´est la guerre, monsieur!"








Pero ese no es el problema sino que una izquierda suavecita y "bienintencionada", aplaude todavía a Bernard K., pensando, ingenuamente, que sigue siendo de los suyos. En el fondo, el corazoncito de Kouchner es rosa. Algo así creyeron los socialistas polacos de Józef Piłsudski, el gran padre de la patria con ambiciones de dictador: que nunca había dejado de ser uno de los suyos, que al final reaparecería el viejo socialista de línea dura que había sido en su juventud. Pero no fue así, y mientras tanto, Piłsudski iba liquidando una tras una, las instituciones de la Polonia democrática, de común acuerdo con la plutocracia local. Y algo similar ocurrió con otro ex socialista: Benito Mussolini. Pues no, sintiéndolo mucho, el haber sido de izquierdas no es un estigma que marque para siempre (como tampoco lo es el catolicismo, por cierto). ¿Guerreros de la paz, como tituló Bernard K. uno de sus propios libros? ¡Anda ya!: Guerreros de la guerra.





















La verdadera utilidad del dedo de Kouchner, según caricatura publicada en la prensa francesa

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sábado, agosto 18, 2007

Un pulso a la turca (y 2)


Por fin, en agosto, Erdoğan logró atraer a Al Maliki a Ankara, aunque la falta de entusiasmo del árabe es patente en casi todas las fotos de su viaje a Turquía






Y comienzan a pasar cosas en Turquía. Y nadie comenta nada. Claro, es el mes de agosto, y todos aquellos que no paran con Turquía, arriba y abajo, parece que se han tomado un respiro. Pues se están perdiendo la procesión, que va por dentro, o es que no lo ven nada claro.

El primer ministro iraquí, Nuri Al Maliki, tras visitar por fin Ankara,
accedió a firmar un acuerdo con el gobierno turco para luchar conjuntamente contra el PKK. Era un secreto a voces que los norteamericanos andaban por detrás, que planificaron con los turcos la forma de atacar las bases del PKK y, con toda seguridad, presionaron a Al Maliki para que, oreja gacha, acudiera a Ankara en un momento en el que –supuestamente- la cuestión del PKK es el menor de sus problemas. A continuación, el primer ministro iraquí fue a reunirse con los iraníes, incluyendo al presidente Ahmadineyad, lo que provocó serios recelos y advertencias de los norteamericanos y la fractura política interna, en el mismo Irak, con los suníes. Y para rematar la turbia historia, el Ejército turco y el iraní están bombardeando supuestas bases kurdas en el norte iraquí: los turcos apuntaron sus cañones contra territorio del PKK, y los iraníes largaron sus obuses sobre posiciones de la guerrilla kurda que opera en su territorio, brazo armado del Partido de la vida en Libertad del Kurdistan (Pejak). Mientras tanto, en otro frente, diplomáticos turcos se han estado reuniendo con sus homólogos israelíes y sirios, mediando entre ambos para rebajar las tensiones entre ambos países.

Por lo tanto, algo parece indicar que Ankara no ha perdido ni un ápice de su capacidad de maniobra en el Próximo Oriente y está trabajando contra reloj para sacar el mayor provecho posible de la situación. Eso quiere decir que, muy posiblemente, Erdoğan está moviéndose en varias direcciones a la vez: acercándose a Irán, con quien le unen cada vez mayores y más provechosos proyectos petrolíferos, actuando como actor con recursos y objetivos propios en Oriente Medio, desactivando la presión del PKK y “haciendo algo” con el Ejército turco. Pero ¿qué exactamente? La respuesta, ahora mismo, parece estar en Ankara, y no en la frontera con Irak.








Köksal Toptan, elegido presidente de la Gran Asamblea Nacional. A su espalda, aplaudiendo, Erdoğan









El pasado día 9, gobierno y oposición consensuaron la elección de un presidente para la Gran Asamblea Nacional, el moderado Köksal Toptan, militante del AKP: obtuvo los votos de 450 parlamentarios, de un total de 535 asistentes. Aquel día, el parlamento turco pareció vivir la fiesta de la democracia: todos felicitaban a Toptan, todo era concordia y buen ambiente. Se rumoreaba que Erdoğan retiraría la candidatura de Gül a la presidencia, asunto que había contribuido a desencadenar la crisis de abril y se pactaría la selección de un nuevo candidato con los principales partidos de la oposición. Al fin y al cabo, algo así había prometido durante la campaña electoral e incluso después, en las declaraciones de la victoria.

Sin embargo, tan sólo cinco días más tarde, el ministro de Asuntos Exteriores turco, Abdullah Gül, volvió a presentar su candidatura respaldado por su partido en el gobierno, el AKP. Fue un suceso bastante curioso, porque nada más comenzar el periodo de nominación de candidatos a la presidencia (10 de agosto) el diario islamista “Yeni Şafak” publicó un artículo en el que se instaba a Gül a que depusiera su intención de volverse a presentar; y la pieza iba firmada por Yalçın Akdoğan, consejero de Erdoğan. En cualquier caso, el CHP reaccionó como era de esperar, como en abril: anunció su intención de boicotear la elección del nuevo presidente el próximo lunes día, 20. Algunos periódicos continuaron con la misma matraca de entonces, englobando en el CHP a “los laicos”. Pero esta vez las cosas parece que van a cambiar de forma radical, porque tanto los nacionalistas kurdos del Partido de la Sociedad Democrática como los ultraderechistas del MHP o Partido de Acción Nacionalista, anunciaron su intención de personarse el lunes en la elección, aunque no con el ánimo de votar por el candidato Gül. Da lo mismo: sumando esos 90 diputados a los 341 del AKP, en la Gran Asamblea Nacional habría quórum de sobra para completar el que en abril fue polémico mínimo de 367 diputados presentes para sacar adelante la elección.




Este personaje, con una expresión beatífica curiosamente similar a la del ministro español Jesús Caldera, es en realidad Yalçın Akdoğan, consejero de Erdoğan y protagonista de una lucha de poder interna en el AKP en torno a la candidatura de Gül.





Por lo tanto, el lunes Turquía podría tener nuevo presidente y ese sería Gül, si de alguna forma lograra obtener el voto afirmativo de los 367 diputados. Caso de que no lo consiguiera, que es lo más probable, el día 28 se celebraría la tercera vuelta y en esta sólo sería necesario el respaldo de la mayoría absoluta (276 diputados).

Así que, en las últimas horas, la tensión política ha subido apreciablemente en Turquía. Para redondearla, el presidente Ahmet Necdet Sezer, se está terminando de perfilar como un personaje movido más por el resentimiento que la capacidad política real. Ni siquiera se dignó echar un vistazo a la lista del nuevo gobierno que Erdoğan le presentó el pasado jueves. Se limitó a comunicarle que sería mejor que el nuevo gobierno lo aprobara el nuevo presidente. Eso fue un golpe bajo que sólo denota rencor, un sentimiento personal impuesto a las necesidades del país, que atraviesa un momento delicado, política y económicamente, pues la bolsa turca cayó fuertemente, arrastrada por la crisis de las “subprime” que asoló los mercados internacionales la pasada semana. Turquía necesita estabilidad y capacidad de decisión, pero continuará a flote con un gobierno provisional hasta que no disponga de un nuevo presidente. Aún así, con gesto de gran señor, Erdoğan salvó la situación ante la prensa con una jugada maestra de la retórica, al afirmar que la decisión de Sezer era muy positiva porque denotaba la confianza y la buena voluntad del presidente saliente hacia el entrante.
















Y reaparece, intacto, el candidato Gül, a mediados de agosto, con la expresión habitual y rodeado de preocupados guardaespaldas


¿Cómo se atan todos estos cabos sueltos? Pongamos en marcha una hipótesis que, por supuesto, será total o parcialmente errónea, pero puede servir como herramienta de trabajo. En primer lugar debemos considerar cuál es el principal problema que tiene enfrente el gobierno de Erdoğan: no es el pobre Sezer, ni tan sólo en CHP con un tocado Baykal al frente, que ni siquiera ha intentado sacar los manifestantes a la calle, como hiciera en abril. Pura y simplemente, no puede: se quedó sin margen de maniobra para hacerlo, tras la arrasadora victoria electoral del AKP. Los manifestantes podrían gritar lo que quisieran el domingo, antes o después de ir al fútbol, pero la mayoría de los turcos ha dicho lo contrario y lo ha firmado con su voto. Erdoğan actuó con una total confianza en sí mismo, en el partido y en los votantes, y ha ganado esa batalla.

Ahora tiene otra más difícil delante y se llama Ejército turco. Una parte del problema parece haberse resuelto entre bastidores. Los americanos atendieron las reclamaciones turcas y echaron una mano contra el PKK; Al-Maliki viajó a Ankara, poniendo mucho más difícil una intervención del Ejército turco en el Norte de Irak. Agosto entra en su último tercio y comienza a ser tarde para lanzarse a una operación militar en fuerza en las complicadas montañas de Kandil; encontrarse metido allí en octubre o noviembre puede ser problemático.





Guerra virtual: interface de un proyecto informático comercial para elaborar un juego sobre el Ejército turco. Todo un símbolo de la "ofensiva congelada" o "posmoderna" en la frontera kurda de Irak



Pero hay otro frente y éste consiste en poner las cosas en claro, públicamente, con las fuerzas armadas, el Alto Estado Mayor y el Consejo de Seguridad Nacional. Entendámonos: tras el “e-golpe” del pasado 27 de abril, el Ejército no ganó el pulso; pero tampoco hubo depuración de responsabilidades en sus filas. Nadie pagó los platos rotos, no se se produjeron dimisiones ni destituciones. Llegaron las elecciones del 22 de julio, ganó el AKP, y desde el Estado Mayor volvieron a escucharse refunfuños y gruñidos. El pasado día 4, hasta un total de veintitrés militares fueron expulsados del Ejército turco por “actividades islamistas”, sin que se explicara en qué consistieron éstas ni otros detalles de procedimiento. No es ningún secreto que al Ejército no le hizo ninguna gracia la victoria electoral del AKP y además, tuvo lugar una repetición de la advertencia lanzada el 27 de abril. Pero, una vez más, nadie respondió públicamente por el gesto. Por si faltara algo, últimamente se han producido cruces de declaraciones entre el primer ministro y el general Büyükanıt, con bastante sorna y retranca por parte del uniformado, que llegó a decir que sólo dimitiría "para que subiera la Bolsa". Este tipo de actitudes tienden a poner de relieve que en Turquía existen dos poderes que compiten entre sí, lo cual es, a todos luces, impropio de un estado de derecho.

Por lo tanto, parece evidente que si el gobierno del AKP no deja bien claro quién manda realmente en el país, no podrá pasar a la siguiente fase, la que le interesa realmente: la carrera contra reloj para recuperar el tiempo perdido y reiniciar las reformas que relancen las negociaciones para la candidatura en la Unión Europea. Así, por ejemplo, si el ejército sigue practicando una política obstruccionista, será imposible desbloquear la situación en Chipre, dado que el Alto Mando no querrá dar el brazo a torcer ni un milímetro, como ya pasó en el pasado mes de diciembre. Y llegará el momento de hablar con Bruselas de OYAK, el holding económico de los militares, y estos tampoco se mostrarán flexibles. Además, hay que buscar una salida honrosa a la “ofensiva congelada” en la frontera iraquí, y siempre será más fácil hacerlo si queda claro que quien da las órdenes es el ejecutivo, civil, y las fuerzas armadas obedecen, como en cualquier régimen democrático que se precie.

















Distinto del MIT, o servicio de inteligencia turco. La efigie de Atatürk tiene todo el protagonismo en la chapa, pero queda por ver qué papel está jugando el servicio en el elaborado pulso político que mantiene el gobierno del AKP con el Ejército




Pero sobre todo, lo que no puede hacer un gobierno es ceder a las presiones y chantajes, porque si lo hace, no podrá desempeñar su labor, que es gobernar; y menos aún en las actuales circunstancias, en las que ese mismo gobierno está pasando un meticuloso examen, con reválida incluida, ante la Unión Europea. Por lo tanto, Erdoğan tiene que meterse a los militares en el bolsillo, pero sin humillarlos: como se quiera, pero una versión suave del españolísimo trágala. E imponiendo a Gül en la presidencia, el mensaje es claro: la voz de las urnas ha hablado y si una amplia mayoría del electorado ha votado por el AKP, y no por el MHP o el CHP, eso quiere decir que hubieran votado en la misma proporción por el candidato presidencial del AKP; y ante eso no valen rezongues, ni sorna, ni artimañas legales ni movilizaciones demagógicas.

Con todo, quedan por aclarar algunos puntos. Uno, muy interesante, que tardaremos mucho en conocer, es el papel del MIT, es decir, los servicios de inteligencia del estado turco. Como se sabe, en todas las instituciones dedicadas a gestionar la información sensible del estado, sea cual sea el país, siempre suele existir un grupito de mandos que ve venir las nuevas situaciones. Y echa una mano para que la transición se produzca de la forma más adecuada; lo que quiere decir que ellos mismos y una parte significativa de las estructuras del servicio quedan a salvo, listas para servir al nuevo patrón. No sabemos qué forma toma esto en Turquía, pero sería muy extraño que algunos mandos del MIT no estuvieran a favor de evitar que la situación del nuevo gobierno del AKP se deteriorara. Eso al margen de las antipatías que esté concitando el polémico general Büyükanıt al frente del Estado Mayor, que las rivalidades corporativas no perdonan.


Devlet Bahçeli, ante la bandera de su partido. No insulta a nadie: ejecuta con los dedos el signo del lobo, animal ligado a los orígenes míticos del pueblo turco y símbolo de la ultraderecha nacionalista




También queda por dilucidar, y esto parece más sencillo, esa curiosa actitud dialogante y hasta conciliadora del ultranacionalista MHP, que incluso podría contribuir a la elección de Gül el próximo lunes. ¿De qué va la cosa? De momento, no parece existir una respuesta clara. Posiblemente revela que Devlet Bahçeli (Devlet, nombre de pila muy apropiado en este caso, porque en turco significa “Estado”) por el hecho de ser el líder de la ultraderecha no ha de ser necesariamente tonto; o al menos no tanto como Deniz Baykal, cabeza visible del CHP. Sabe que empeñarse en estrategias como la de abril ya no lleva a ningún sitio, sólo al descrédito político. Ahora hay que pasar página, y lo cierto es que la filosofía de oponerse a un presidente y un gobierno con cara y ojos puede ser más rentable que jugar al “cuanto mejor, peor” que viene practicando Baykal y su CHP, apoyados por determinadas personalidades de la alta clase media laica y funcionarial de Turquía, que detentan posiciones de poder en la alta judicatura o las fuerzas armadas del país. Eso, al margen de que Erdoğan no haya estado ofreciendo alguna forma discreta y limitada de reparto del pastel lo que, bien mirado y dadas las circunstancias, sería una jugada astuta.

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domingo, julio 01, 2007

Los turcos no son divisibles






"Taksim": fotografía de Bulent İcgudel, 2006






Dada la rapidez con la que pueden evolucionar los acontecimientos en el Sudeste europeo y Próximo Oriente, algunos aspectos del artículo que sigue más abajo podrían variar en cuestión de días. Por ejemplo, no sería extraño que los intentos de Erdoğan por desactivar la crisis en el Kurdistán iraquí quedaran en nada ante las reiteradas presiones del Ejército turco por intervenir en la zona. Algunas fuentes, habitualmnete bien informadas, ya hablan de una fecha precisa para la operación militar: en torno a las elecciones del 22 de julio.

Pero el mensaje real de la pieza no resultaría afectado por esos acontecimientos, ni tan siquiera en el peor de los casos, aunque Turquía se quedara definitivamente fuera de la larga marcha por acceder a la Unión Europea. Tal como están las cosas, el país no saldría demasiado perjudicado del desencabalgamiento. Sobre todo, desde las consideraciones más estrictamente sociales y económicas. Turquía está creciendo a buen ritmo, y las tensiones subterráneas que empieza a sufrir la economía de la UE -enjugadas por la ciudadanía- podrían tener efectos muy negativos sobre la estabilidad social turca. En cambio, el adiós de Turquía sería un golpe importante para Bruselas, ahora que se estaban dando pasos hacia la estabilización en el proceso de integración, superando las histerias de hace dos años. Demasiadas impotencias sumadas, especialmente ahora, que Polonia ha salido triunfante del pulso en la cumbre sobre el Tratado (22-23 de junio) y volverá una y otra vez con nuevas exigencias o desplantes.


Unidad del Ejército turco operando en las montañas del Kurdistán iraquí, 1995






Lo más destacable del artículo es la idea de que, en relación a Turquía, deberíamos relajar esa tendencia a escoger, o a que nos obliguen a hacerlo. ¿Por qué debemos posicionarnos continuamente? ¿Islamismo o laicidad?¿Lo de 1915 fue un genocidio o no?¿Es Turquía europea o asiática y en qué proporción? Nadie intentó obsesionarnos con este tipo de planteamientos cuando, durante las negociaciones de acceso a la UE, el gobierno de Polonia presionó hasta el final (y aún no estaban los nefastos Kaczynski en el poder) buscando obtener ventajas excepcionales. Después, nadie pareció preocupado por discutir si la cultura política de países cristianos y ortodoxos, como Rumania o Bulgaria, eran adecuados para el espacio comunitario (lo que, por otra parte, hubiera sido una soberana tontería). Mucho peor es el caso de Croacia, que se está colando por la puerta de atrás de la UE, sin que a nadie le interesen un comino responsabilidades históricas como las que tuvo en el desencadenamiento de las guerras de la ex Yugoslavia o el reparto de Bosnia. No digamos en el hecho histórico de que fue el único aliado de la Alemania nazi que tuvo campos de exterminio propios (Jasenovac) en los que se batieron marcas de liquidación de serbios, gitanos y judíos. Nadie va a demandar cuentas históricas y nadie pide o da opiniones.

Ahora, Turquía no debe decantarse por el islamismo o el laicismo, es una discusión ociosa y, sobre todo, peligrosa. Nosotros, desde Europa, todavía tenemos menos derecho a intervenir en tales querellas. Ambas opciones han de convivir y contribuir a que el país se encuentre a sí mismo. Ese es su destino histórico, no hay otro. Hace casi un siglo, Mustafa Kemal logró encontrar una salida a la catástrofe histórica que supuso para los turcos el hundimiento del Imperio otomano. El temple del líder sirvió para evitar la destrucción de Turquía en unos años especialmente turbulentos. Por desgracia murió relativamente joven, antes de que pudiera reorientar la marcha del país hacia la modernidad en las nuevas circunstancias que supuso el final de la Segunda Guerra Mundial. Esa tarea les quedó como herencia a los turcos. Y ahora, a comienzos del siglo XXI, la gran fase evolutiva parece estar llegando a buen puerto. Porque no se trata de que Turquía regrese a 1909 ó a 1923; ni siquiera a 1950. Esas batallas ya son historia. Ahora se han de resolver los desafíos que plantea 2007 y ya no son necesarios los fusiles, los golpes de estado ni las aventuras políticas, sino la voluntad de todos los turcos de progresar conjuntamente.

















Mayo de 1909: Las tropas del denominado Ejército Operacional ocupan las calles de Estambul tras aplastar la rebelión contra el regimen de los Jóvenes Turcos. Fue el primer encontronazo violento entre laicismo e islamismo turcos






Publicado en "El País", 29 de junio, 2007



Francisco Veiga
Turquía, o el irreversible camino hacia la modernidad


Lo sabe casi cualquier turco: cuando el primer ministro Recep Tayyip Erdoğan decidió no presentarse como candidato a la presidencia (una apuesta muy elevada, muy incierta y que no podía permitirse perder) la cúpula de su partido acordó que los candidatos alternativos podrían ser dos: Vecni Gönül, ministro de Defensa, en buenas relaciones con el estamento castrense. O bien, Nimet Çubukçu: una mujer, moderada ella misma dentro de un partido islamista moderado y que ni siquiera utiliza en público el polémico türban o pañoleta. El día 20 de abril, llegaron señales de que los militares podrían estar conformes con cualquiera de ambas opciones. Y entonces, se produjo algo inesperado.


Nimet Çubukçu, dirigente islamista y sin pañoleta. Pudo haber sido una buena opción para la presidencia turca











Bulet Arınç, el presidente del Parlamento, protagonizó una rebelión interna, apoyándose en la base más popular y radical del partido y postulándose él mismo como presidenciable. Ante esta presión, Erdoğan aplicó una solución salomónica: ni Gönül, ni Çubukçu ni Arınç: su ministro de Asuntos Exteriores y brazo derecho, Abdullá Gül, sería el candidato.

La noticia sentó muy mal en el Estado Mayor del Ejército, y no sólo propició el denominado “e-golpe” del 27 de abril, sino que facilitó una alianza táctica entre los principales partidos de oposición, con la satisfecha aquiescencia del poder judicial. Todo ello se revistió con protestas populares que en Turquía tuvieron un gran impacto, dado que en el país el fenómeno resultaba muy novedoso: no existe una tradición de manifestaciones cívicas a gran escala (aunque sí sindicales y de izquierdas, en los años setenta). Eso implica que el gran público tampoco tiene en cuenta las modernas técnicas de movilización que pueden utilizar gobiernos y partidos, y que en este caso agruparon mucho público espontáneo, pero también a participantes menos casuales, traídos y llevados a las diversas capitales.

En cualquier caso, queda claro que Erdoğan cometió un error al no llevar con mano más firme la cuestión de la candidatura presidencial. Los efectos del traspié han sido subsanados de diversas formas: en el Partido de la Justicia y el Desarrollo se han llevado a cabo las oportunas purgas de los elementos más radicales. La convocatoria anticipada de elecciones legislativas se hizo ágilmente y con las mínimas tensiones. Y la batalla para enmendar la Constitución e introducir la posibilidad de que el presidente sea escogido por sufragio universal, parece ir por buen camino, a pesar de la oposición del presidente en funciones, Ahmet Necdet Sezer, que en estos años ha hecho lo que ha podido por obstaculizar no sólo esta iniciativa, sino otras reformas que pudieran no parecerle suficientemente “laicas”.















Bülent Arınç, cabeza del sector conservador del AKP: una injerencia muy desafortunada


Pero donde más se puede percibir que Erdoğan es un político de altura es en la forma que está llevando, hasta ahora, las relaciones con el Ejército. Tras el error de abril –seguramente propiciado por la creencia de que Bruselas y Washington le iban a ser de más ayuda en este asunto- ha sabido trastear con el ejército como un verdadero De Gaulle: jugando en su terreno, manteniendo la autoridad e intentando desactivar las iniciativas más peligrosas. Por otra parte, unos y otros saben que las fuerzas armadas no tendrían apoyo internacional caso de una intervención en fuerza en el Norte de Irak. Que además, no sería de gran utilidad militar real, dado que en la actual situación política de esa zona, los guerrilleros del PKK podrían retirarse desde los montes de Qandil hacia el interior. De momento, Erdoğan ha invitado al primer ministro iraquí Nuri al Maliki a viajar a Turquía para neutralizar la crisis, lo que podría tener efectos ciertamente positivos, porque además demuestra que Ankara sabe jugar sus cartas en la zona. Eso sí: los turcos están deviniendo más y más filo rusos (algo hasta cierto punto tradicional en situaciones de emergencia nacional) y eso podría tener efectos nefastos para la política americana en Irak, sobre todo si la simpatía se extiende conjuntamente a Irán, lo que además podría formar una peligrosa tenaza sobre el kurdistán iraquí.

De todas formas, la situación turca es delicada. Por decirlo de alguna forma, el candidato a la UE se metió un gol en propia puerta con los sucesos de esta primavera. La imagen de inestabilidad política fue alarmante, y cobró tintes más oscuros a ojos de Bruselas ante la catastrófica entrada de Rumania en el club europeo debido a la crisis entre el presidente Băsescu, el gobierno y los partidos que integran la coalición y pueblan el Parlamento. La certidumbre de que Rumania entró antes de tiempo en la UE, los problemas que está creando Polonia, la llegada de Sarkozy a la presidencia francesa y el precario equilibrio de Oriente Próximo, propician la tendencia a ver y esperar cómo evoluciona la situación en Turquía. Pero ya se puede decir que 2007 ha sido un año prácticamente tirado por la borda en los esfuerzos del candidato turco.

Sin embargo, hay también elementos de optimismo. Ingrese Turquía o no en la UE, la legislatura del Partido de la Justicia y el Desarrollo ha creado un punto de inflexión muy positivo en la historia turca: es el final de una evolución que comenzó en 1950. Ha quedado demostrado que un gobierno islamista moderado puede ser tan occidental o más que los que hasta ahora se postulaban como adalides de la modernidad en Turquía, esto es, la clase media laica que detenta todavía importantes cuotas de poder. Y eso es muy interesante, porque demuestra que se puede operar una evolución positiva en el sentido de una modernización total de Turquía.




Como surgido de "Star Trek": Dr. Abdul Kalam, Presidente de la India y padre del programa nuclear de esa potencia











Entendámonos: no hay “dos Turquías”, no hay dos países. Hay dos clases medias, lo que es algo muy diferente y menos dramático. Una de ellas, más funcionarial y estatalista, la que denominados “laica”; la otra, de estilo más neoliberal y musulmán (no necesariamente “islamista”). Y no pueden autoexcluirse o eliminarse la una a la otra, eso sólo llevaría a la destrucción de Turquía, sin resultado alguno. Lo ideal sería que ambas clases medias tendieran a una cierta fusión para alcanzar ese estadio de modernidad propio de las potencias emergentes. En realidad están obligadas a entenderse y dirigir conjuntamente al país, es el inevitable camino hacia la modernidad y más en un país que está creciendo económicamente como lo hace Turquía. ¿Una armonización imposible? Ni mucho menos: recordemos, por ejemplo, que el presidente de la India, desde 2002, es el doctor Abdul Kalam, musulmán y padre científico del programa nuclear indio. El país que preside, de amplia mayoría hinduista, comparte un genocidio con el vecino Pakistán, país musulmán, y tres guerras. India: esa enorme democracia donde nunca ha habido un golpe de estado militar, en cuyo estado de Uttar la primer ministro es una mujer de la casta de los intocables, y que ya disputa con Japón el podio de la primacía económica.

¿No es ésta una referencia muy europea? Quizá no. Pero debería servir para recordar que tampoco lo es la actitud de mostrarse más laicistas que Bruselas: la UE ha estado apoyando al gobierno de Erdoğan y eso es un referente importante para recordar que nuestra evolucionada Europa actual reconoce la existencia de una moderna Turquía musulmana que existe y no va a esfumarse, por muchos conjuros sobre “agendas ocultas” que lancen los demagogos dentro y fuera del país

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