domingo, diciembre 10, 2006

Unión Europea: Turquía o barbarie


La revista "Newsweek" corres- pondiente a esta misma semana en curso (11 de diciembre de 2006) dedica su negra portada a una embarazosa pre- gunta, en grandes titulares: “Who Lost Turkey?”. La pieza principal que acom- paña a tal interrogante está firmada por Owen Matthews y señala: “Europe Has Botched Its Grand Strategy – And Will Pay the Price”. No cabe duda de que la situación ha devenido delicada. El autor insiste en que el descarrilamiento de las negociaciones con el candidato turco pueden hacer que se le caigan encima a Bruselas todos los vagones que componen la UE. No le falta razón: a estas alturas, el fracaso daña mucho más al club europeo que a Turquía: aquí puede cambiar el gobierno, la situación política incluso sería susceptible de experimentar cierta regresión. Pero en Bruselas, tras el fracaso en el intento de aprobar una Constitución común, seguido por la incapacidad de controlar a los "socios gamberros", la impotencia a la hora de ponerse de acuerdo sobre las negociaciones con Turquía señalan un punto y aparte en el desgobierno de la UE.

Y lo peor: todo ello está sucediendo porque los turcos llevan razón en la mayor parte de sus posturas. De entrada, porque tal como se dice en Ankara, Europa es en buena medida, rehén de los grecochipriotas. En la primavera de 2004, ellos sabotearon el Plan Annan de la ONU para la reunificación de la isla, y la UE no supo ni quiso hacer nada para enmendar la situación. Ha sido necesario que el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdoğan ofreciera la apertura de un puerto y un aeropuerto turcos a las naves grecochipriotas, para que por fin la prensa europea se dignara explicar la esencia del conflicto en curso.

El 18 de noviembre pasado, el diario "El País" publicó y encuadró una carta al director formada por el periodista español Andrés Mourenza, residente en Estambul, que decía así: "El pasado lunes me sorprendió sobremanera no encontrar ni en la prensa ni en los medios españoles una sola referencia a una frase bastante importante pronunciada por el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdoğan en la rueda de prensa que el día anterior había ofrecido junto al presidente del gobierno español. Las palabras de Erdoğan -retransmitidas en directo por las televisiones turcas- fueron: "KKTC´ye uygulanan izoslayonlar kalksın, biz limanları da açarız, havaalanlarını da acarız" [Que se levante el actual embargo de la República Turca de Chipre del Norte y nosotros abriremos los puertos y aeropuertos (al comercio con la República de Chipre)]. Esta frase fue tomada por toda la prensa turca como un cambio de actitud más favorable al plan finlandés que propone la apertura bajo supervisión internacional del puerto turcochipriota de Famagusta a cambio de la aceptación de transacciones comerciales turcas con Chipre. Sin embargo, en esa rueda de prensa, algo se debió perder en la traducción española, o quizás sea que interesa más repetir los esquemas habituales sobre el gobierno "islamista" de Turquía. Por cierto, ese mismo día, el presidente del Partido Popular Europeo, Hans-Gert Pöttering, participó en el congreso del partido de Erdogan, ya que su organización es miembro observador del grupo conservador europeo".



El Plan Annan para la reunificación de Chipre incluso había previsto una nueva bandera para la república, como la que se muestra aquí. Procedencia: Wikipedia



En efecto: la prensa occidental se dedicó a ningunear que tras el fracaso del plan Annan, el Consejo se había comprometido, en abril de 2004, a trabajar para poner fin a la separación de Chipre. Ello incluía la restauración del comercio directo entre las dos comunidades y una ayuda financiera a la República Turca del Norte de Chipre (en torno a los 240 millones de euros) que no se han llevado a cabo. Ahora, dado que el ofrecimiento de Erdoğan se vinculaba a la ejecución de las promesas hechas por Bruselas, la prensa y la diplomacia europeas se han visto obligadas a mencionar el asunto en sus columnas y declaraciones. Y es que, en fecto, la UE tiene que mojarse en el conflicto chipriota, ha de intervenir presionando a uno de sus miembros más díscolos y patrióticamente egoístas, en vez de ceder a la pusilanimidad, encogerse de hombros y pasarle la factura a Turquía para que pague de su bolsillo todos los vidrios, incluyendo aquellos que rompieron los demás. Sabe muy bien lo que dice el primer ministro belga Guy Verhofstadt cuando argumenta, a quien le quiera escuchar, que la Unión Europea debe apresurarse a desterrar la regla de la unanimidad en la toma de decisiones y adoptar la llamada "claúsula pasarela" que daría paso a la mayoría cualificada. Mientreas la regla de la unanimidad continúe en vigor, La UE se arriesga a seguir el camino de la decadencia que sufrió la República de los Nobles polaca en el siglo XVIII, es decir, terminará presa de los mezquinos intereses egoístas de los socios más pequeños y de la cínica política de sabotajes de los grandes.

Los grecochipriotas no desean la reunificación de la isla ni que Turquía acceda como miembro de pleno derecho en la UE. Trabajan consciente y activamente en esta doble dirección y hasta ahora han intentado disimularlo, pero la propuesta de Erdoğan, que consideraban imposible, aflojó los nervios del ministro de Asuntos Exteriores, el cual no dudó en amenazar colectivamente a la UE: "Nicosia volverá a la línea dura si alguien en la UE intenta usar esto para limitar las sanciones que deben ser impuestas a Turquía por no cumplir con sus obligaciones" -sentenció, dejando claras las intenciones de su gobierno. Ankara recuerda, y le sobra razón, que Chipre no ha respetado sus compromisos, ni siquiera con la UE; por ejemplo, aliviar el embargo de la zona turca de la isla o negociar un nuevo acuerdo de reunificación. Si prosperan las iniciativas del pequeño y agresivo grupo de socios turcófobos, habremos de concluir que la Unión Europea está gobernada por ellos, y básicamente por un tinglado de agentes interpuestos: Francia envía por delante a Chipre, como si fuera un pequeño mastín acosador, y Alemania lleva a cabo la misma jugada con Austria e incluso Francia. Pero lo peor es la creciente constatación de que Paris estaría dispuesta a destruir a la UE antes de perder las riendas de su poder en ella.















İsmet İnönü conversa con Churchill en una de las diversas conferencias que mantuvieron durante la Segunda Guerra Mundial. Se puede decir que el estadista turco contribuyó a forjar un estilo diplomático coriáceo pero eficaz para afrontar la negociación en momentos difíciles.


De otra parte, uno de los aspectos más alarmantes de la diplomacia comunitaria es la tendencia a subestimar a su homóloga turca. Como hace ochenta y tres años, durante la Conferencia de Lausanne. Por entonces, la delegación turca encabezada por İsmet Bajá (más tarde devendría İsmet İnönü) logró driblar a la diplomacia británica y francesa, por entonces en el apogeo de su potencia, tras haber puesto de rodillas a los alemanes, austriacos y húngaros, derrotados en la Gran Guerra. Aquello fue un prodigio de tenacidad, cautela y astucia que logró descolocar a un despectivo Lord Curzon y al soberbio Poincaré. Lausanne fue el bautizo internacional de la nueva Turquía republicana y kemalista, y eso marcó fuertemente el estilo de su diplomacia. Algo envarada e inflexible, es cierto, pero muy curtida por tenérselas que ver, en plena Guerra Fría y aún hoy, con vecinos tan complejos y duros como los rusos, iraníes y sirios; capaz de lograr que su país sea el único de mayoría musulmana que hasta hace poco mantenía relaciones con Israel; ducha en movimientos delicados y a media luz, capaz por ello de conseguir un imposible acercamiento entre Pakistán e Israel. La diplomacia turca se las ha tenido que ver con los mismos norteamericanos en momentos difíciles, como la crisis de los misiles en 1962 o la reciente invasión de Irak, en 2003. Logró que Turquía accediera a la OTAN, ya en 1952, y que siguiera allí después de tres golpes militares; mantuvo el país a flote tras el bloqueo internacional sufrido a consecuencia de la invasión del tercio norte de Chipre, en 1974. Y sobre todo, consiguió que el país fuera neutral durante la Segunda Guerra Mundial, a pesar de las presiones ejercidas por el Eje y los Aliados. El mismo İsmet İnönü de Lausanne, defendió la neutralidad turca entre 1939 y 1945 con los conocidos argumentos referidos a la falta de preparación militar, problemas logísticos y una pobre economía; y eso incluso durante la segunda conferencia de El Cairo, en diciembre de 1943, ante Churchill y Roosevelt en persona. Según una divertida anécdota relatada por el historiador Selim Deringil, al despedirse en el aeropuerto, İnönü abrazó a Churchill en un gesto de despedida y le estampó un beso en la mejilla. El premier, muy complacido se lo comentó al ministro Eden: “¿Ha visto? İsmet me besó”. Su réplica un tanto desabrida fue que esa parecía ser la única ganancia después de 14 horas de duro forcejeo diplomático sin más resultados.

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

lunes, octubre 30, 2006

De Nansen a Grass: historia de dos silencios
























De 1922 a 1945 y 2006: historia de dos silencios

El sorprendente suceso ocurrió el 13 de diciembre de 1922. En plena conferencia de Lausana, el ya célebre humanista y Alto Comisionado de la Liga de Naciones, el noruego Fridtjof Nansen, expuso su informe ante los delegados presentes, recomendando un intercambio de poblaciones entre Turquía y Grecia, como “única forma de asegurar la pacificación del Próximo Oriente”. Los representantes turcos, y en especial el caústico doctor Riza Nour, se frotaron las manos. Como este diplomático reconoció más tarde en sus memorias, la propuesta de Nansen fue miel sobre ojuelas, pues incluso el mismo İsmet Paşa –luego İsmet İnönü, jefe de la delegación y presidente de Turquía a la muerte de Kemal Atatürk- deseaba que la minoría griega abandonara Anatolia lo antes posible. Pero no sabían cómo vencer las seguras retincencias de los británicos y franceses. De ahí la importancia de la intervención del noruego: no sólo abrió camino, sino que avaló la que sería una de las operaciones de limpieza étnica más descomunales del siglo XX en la que estuvieron implicadas Grecia y Turquía con la bendición de las grandes potencias de la época, Gran Bretaña y Francia en especial.

Recordemos cuál era la situación por entonces: en 1922, las tropas nacionalistas turcas lideradas por Mustafa Kemal habían derrotado a las fuerzas griegas, que habían ido ocupando más y más territorio de Anatolia desde que en 1919 los británicos les permitieran desembarcar en Esmirna. El intento de recuperar Anatolia y recrear la Megali Idea (Gran Idea) o suerte de nuevo Imperio bizantino, terminó en desastre militar para los griegos, pero de paso también llevó a la expulsión de franceses, italianos y británicos, las fuerzas ocupantes que se habían repartido Turquía en zonas de influencia. La victoria militar turca dejó obsoleto el tratado de Sèvres, impuesto por los vencedores de la Primera Guerra Mundial al fenecido Imperio otomano; de ahí que en 1923 se convocara la conferencia de Lausana. Ésta dio origen al moderno Estado turco, pero además fue la alfombra bajo la cual se disimuló el enorme intercambio de poblaciones entre Turquía y Grecia, que significó la expulsión y reasentamiento de 400.000 musulmanes y 1.300.000 griegos. El impacto en Grecia fue brutal, dado que por entonces su población total era de unos cuatro millones y medio de habitantes: el reasentamiento de parte de esos refugiados en algunas de las regiones más pobres del país tuvo mucho que ver con la posterior guerra civil de 1946 a 1949.


Fotografía de Fridtjof Nansen cuando era todavía un joven explorador. Ésta y la siguiente proceden de una web hagiográfica sobre el humanista noruego.













En Grecia existe la leyenda de que Eleuterios Venizelos, el gran estadista que representó al país en Lausana, fue el verdadero artífice del acuerdo. Una paradoja añadida al hecho de que un explorador, ecologista y pacifista como Nansen resultaba ser el padre intelectual de la idea. Nansen, que había recibido el Premio Nobel de la Paz en 1922 por su labor en pro de los campesinos rusos y ucranianos durante la gran hambruna de 1921 fue ayudado en su humanitaria labor, nueva paradoja, por un desconocido oficial del Ejército noruego llamado Vidkun Quisling, que devendría primer ministro al servicio de los nazis, durante la ocupación del país, y cuyo nombre sería para siempre, sinónimo de traición.

Hasta ahora, el devastador intercambio de poblaciones auspiciado por la conferencia de Lausana había sido objeto de muy escasos estudios monográficos, lo cual es comprensible, porque constituye una vergüenza histórica para la diplomacia occidental, voluntariamente olvidada. No así por los nacionalistas serbios y croatas, que en 1991 la recordaron como referencia para justificar las limpiezas étnicas que acompañaron las guerras de la ex Yugoslavia. Pero ahora, el evento se estudia con detalle en un libro de reciente aparición: Twice a Stranger. How Mass Expulsion Forged Modern Greece and Turkey (Doblemente extranjero. Cómo las expulsiones masivas forjaron las modernas Grecia y Turquía) firmado por el periodista británico Bruce Clark.


Un "pasaporte Nansen", documento ideado para apátridas y refugiados sin papeles de identidad internacional

















El papel de Nansen viene a cuento de la conmoción levantada este verano por la última confesión de Günter Grass sobre su pasado como recluta de las Waffen SS, y también el intento de explicar la adscripción del actual Papa Benedicto XVI a las Hitlerjugend desde 1941. Aparentemente todo se reduciría a una conclusión bien sencilla: casos como los mencionados hay muchos, sobre todo en personalidades de más edad, por la sencilla razón de que eso comporta el haber vivido una amplia gama de épocas históricas. Es cierto que lo bueno y lo reprobable está en función de los demás, del contexto social en el que se vive, y por ello el pasado es otro mundo. Nansen no fue aplaudido por lo que puso en marcha en Lausana, ni siquiera en aquella época; pero fue justificado y el hecho no quebró su biografía gloriosa. Evidentemente, de haber propuesto lo mismo para el caso de Yugoslavia en cualquier foro internacional, allá por 1991 ó 1992 podría haber terminado siendo juzgado en el Tribunal de La Haya pocos años más tarde.

El caso de Günter Grass contiene una variable interesante: fue él mismo quien confesó ese pecado biográfico y lo hizo a una edad avanzada. Parece claro que han pesado conveniencias muy personales. Por ejemplo, de haberlo hecho al inicio de su carrera literaria, en los años sesenta, ésta habría quedado muy obstaculizada o incluso interrumpida. La confesión de Günter Grass es de “final de época” y vistas las cosas así quizá no sería un acto tan reprobable. Vendría a ser la calculada pieza final que haría cuadrar en su justa medida toda la trayectoria literaria de Grass: no es lo mismo escribir bajo el peso de la culpa que en posesión de la total tranquilidad de conciencia. También cabría pensar en interpretaciones más maliciosas: los últimos veteranos de la Segunda Guerra Mundial están muriendo, quedan cada vez menos testigos, y el momento es apropiado para confesiones limitadas. Pero quizás ese planteamiento sería más apto para el actual papa Benedicto y su pasado en la Segunda Guerra Mundial, que para Grass.


Fotografía de Günter Grass. Procede de su biografía en Wikipedia
















De lo que no cabe duda es que, de nuevo, la época histórica ha ejercido su tiranía. En 2006, aquella contienda comienza a quedar realmente lejos. Y no sólo por el lapso temporal de los sesenta y un años. También los códigos morales, éticos y hasta políticos heredados en 1945, empiezan a estar obsoletos. Eso no quiere decir que el alistamiento de Günter Grass en la 10ª división de choque de las Waffen SS “Frundsberg” no sea un hecho menos reprobable en sí mismo, sino que para la sociedad actual el dato resulta menos significativo que hace un par de décadas. Lógicamente, para la generación de más de cuarenta años de edad sigue siendo una cuestión central. Pero las pirámides de población son más anchas por la base, lo cual quiere decir que a una porción creciente de la ciudadanía no les afecta el asunto de la misma manera. Y no necesariamente por ignorancia: pura y llanamente porque los miedos apocalípticos del siglo XX ya no son los del XXI. Hoy por hoy, el sistema democrático de las sociedades occidentales no está globalmente amenazado, ni por el fascismo ni por el bloque soviético. El “islamofascismo” de Bush, aunque nos lo creyéramos, no tiene nada que ver con ninguno de los grandes conceptos gestados entre 1918 y 1947, matriz ideológica de nuesta época hasta 1991. Los pecados de Nansen y Grass coinciden cronológicamente con la delimitación de esa época. Ahora, la globalización ha hecho que cada país, cada grupo social o político, cada disciplina científica tenga serios problemas estructurales de coherencia interna, pero los grandes esquemas de confrontación con el otro ya son cosa del siglo XX. Por mucho que las generaciones de entonces nos empeñemos en seguir defendiendo esos esquemas como actuales, la realidad de la nueva época es mucho más tozuda. Y por ello, es muy posible que Grass, lúcido como siempre, tuviera muy en cuenta el por qué y el cuándo de su revelación.

Foto de un grupo de "reenactment" o reconstrucción histórica de la 10ª Division der Waffen SS Frundsberg, la misma en la que sirvió Günter Grass durante la guerra. Los miembros de este grupo son norteamericanos de New Jersey, New York, Pennsylvania y West Virginia y poseen su propia página web. Por lo demás, existen numerosos grupos de figuración histórica que toman como sujeto las diversas divisiones de las SS y afirman solemnemente no defender en absoluto la ideología nazi que representaban estas unidades. Para muchos jóvenes de 2006, este tipo de iconos no posee el mismo significado aterrador que veinte o treinta años atrás.

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,