sábado, septiembre 05, 2009

Gol de tacón...














6 de agosto de 2009: mientras la prensa occidental se encuentra enfrascada en el primer aniversario de la guerra ruso-georgiana, con reportajes coloristas de todo tipo (en ausencia de los nada concluyentes análisis sobre lo acontecido) el primer ministro Vladimir Putin aparece en Ankara y remata en una jornada lo que parecía el final de un largo proceso de negociación entre rusos y turcos. Los resultados de lo acordado eran, para ambas partes, netamente provechosos.

En sus declaraciones públicas, tanto Putin como Erdogan intentan tranquilizar a los occidentales (quizá más el primero que el segundo). En términos estrictamente empresariales, vienen a decir: "aquí no pasa nada, hay para todos". Pero los gestos también cuentan. De hecho, lo ocurrido el 6 de agosto posee un potente contenido simbólico.

En medios turcos, se filtra la satisfacción o se
masca el desconcierto. Desde luego, las negociaciones con los rusos se han llevado en el mayor de los secretos, y no queda muy claro el alcance real de lo pactado. Pero, de entrada, no deja de ser llamativa la fecha escogida por Putin para viajar a Turquía. Y la maquinaria diplomática que terminó por llevar a ese evento se puso en marcha, precisamente, pocos días después de que se firmara el protocolo que bautizó oficialmente al proyecto Nabucco.

Por entonces, llamó la atención que salieran a la luz las diferencias entre los socios turcos y los europeos en torno al gasoducto. Por ejemplo, las discusiones sobre la cuota de gas demandada por Turquía para uso propio, que era del 15%, y que el resto de los socios consideraba inaceptable. También se supo que las repúblicas del Asia Central (Kazajstán, Turkmenistan, Uzbekistan) rehusaban comprometerse en un suministro continuado a Nabucco. Sólo Azerbaiyán aseguraba un caudal sostenido; aunque dejando claro que debería compatibilizarlo con un aumento de las exportaciones hacia Rusia, a partir de 2010.

Asimismo, resultaba significativo que mientras se fraguaba la partida de bautismo de Nabucco, Erdogan anunciara que
el gobierno no tenía intención de reformar (y mucho menos, reescribir) la Constitución de 1982, utilizando como pretexto las trabas puestas por la oposición. A pesar de ese y otros bloqueos de las reformas exigidas por Bruselas para el ingreso de Turquía, el primer ministro se mantuvo desafiante, dejando claro que se contaba con ejercer presiones políticas a través de la participación en Nabucco. Y es que, en realidad, es Rusia quien provee de verdaderas cuotas estratégicas de gas (63%) y petróleo (28%) de Turquía.

Por lo tanto, la negociación del 6 de agosto, no fue sino la fase final de un tira y afloja que se prolongó durante meses. Y la verdad es que, al final, los turcos se llevaron un buen bocado: hidrocarburos a buen precio, y acuerdos para poner en marcha una alternativa energética nuclear propia; y esto último ya tan pactado que este mismo verano sólo se le dieron los retoques finales. En los años 70 del siglo pasado, la izquierda ecologista antinuclear se hubiera llevado las manos a la cabeza, pero con la desidia actual, el evento está pasando totalmente desapercibido. Sin embargo, en Bruselas y Washington el asunto debió picar, porque si los rusos contribuyen activamente a que Turquía tenga sus propias centrales nucleares, resultará más difícil (por ejemplo) presionar a Moscú a que no haga lo mismo con los iraníes.

En conclusión: en el terreno de la energía, Ankara está jugando a dos barajas y a conciencia (con ayuda de expertos italianos en el asunto, todo hay que decirlo) y se supone que intentará utilizarlas para presionar doblemente a Bruselas. Erdogan no se anda con muchos tapujos al respecto.

Pero es que todo esto no es sino un aspecto más del acercamiento ruso-turco a varios niveles. Debe recordarse que Ankara compró y sigue comprando armamento a Rusia, y buena parte de él es de tipo estratégico, como ocurrió, nada menos, con toda la nueva red de defensa antiaérea basada en los S-400. Hay más, bastante más, e incluso acuerdos para que Turquía fabrique bajo licencia componentes de los sistemas de armas rusos, que posiblemente tendrían buena aceptación en terceros países, como India o algunos latinoamericanos. Y es que al margen del abultado coste de la tecnología militar, la adquisición de armas a una determinada potencia supone también comprometerse a largo plazo con respuestos, adaptaciones y modernización, cursos de formación y reciclaje, y a veces, incluso nueva doctrina militar.


Por supuesto, la entente ruso-turca se combina con la política exterior de Ankara en el Cáucaso (y Oriente Medio) y con la política interior. A estas alturas está ya bastante claro que rusos y turcos se han puesto de acuerdo para regular el Cáucaso meridional como mejor les convenga a ambos. Recuerden la forma en que reaccionó Erdogan cuando estalló la guerra ruso-georgiana: no se alineó para nada con las declaraciones belicistas de Bruselas, y prefirió entrevistarse directamente con Putin y estudiar como estabilizar la zona.

En cualquier caso, basta mirar el mapa para darse cuenta de que el acercamiento ruso-turco deja muy fuera de juego, en el Cáucaso-Mar Negro, a georgianos y ucranianos. Además de hacer que pierdan muchos puntos en el ranking de países-grifo o conductores de redes energéticas, ambos países pueden quedar muy aislados si el Mar Negro se convierte en un lago ruso-turco, estando estos dos de acuerdo. Recuérdese que la clave del valor estratégico real del Mar Negro reside en los Estrechos y que éstos están en manos turcas. Las consecuencias de un predominio turco-ruso en esa cuenca serían de tal envergadura, que incluso podrían desactivar las tensiones en torno a Crimea y la importancia de Ucrania como potencia marítima.

Por último, política interior. En la misma Turquía, el acercamiento ruso-turco aparca cada vez más a la derecha nacionalista "laica" y también, y sobre todo, a los ultras. Recordemos que hace menos de un año, éstos últimos andaban dándole vueltas a la idea de romper con la UE e irse con los rusos. Ahora, esa carta la juega el gobierno Erdogan. La oposición se está quedando sin proyecto de política exterior propia. Esto descoloca a importantes sectores de la diplomacia "kemalista" (que tan fieles partidarios tiene en nuestro país), reducto que en los últimos tiempos estaba creando problemas al gobierno. En este sentido, resulta muy significativo el relevo al frente de Exteriores del pasado mes de mayo: Ahmet Davutoglu tomó las riendas en persona.

En cualquier país, en cualquier régimen: cuando un peso pesado del gobierno se hace con el Ministerio de Asuntos Exteriores, es que se le está dando mucha importancia a la política internacional del país en cuestión. En el caso turco, la pregunta ingenua es: ¿qué se estaba cocinando en mayo? Pues ya tenemos la respuesta, o al menos un primer capítulo importante del culebrón.
















6 de agosto, 2009: Putin y Erdogan explican públicamente el alcance de lo acordado: sacándole hierro






"El Periódico"
1/9/2009 LA GEOPOLÍTICA Y LA ENERGÍA

Gol de tacón
• El pacto gasístico de Rusia y Turquía deja en potencial desventaja a los socios occidentales

Francisco Veiga

Hace ya un mes se cumplió el primer aniversario de la corta pero cruenta guerra que enfrentó a Georgia con los osetios del sur y los abjasios, apoyados por Rusia. Durante las semanas previas, algunos analistas jugaron a hacerse los agoreros, sacando a relucir el supuesto peligro de un nuevo rebrote del conflicto. Pero llegó la fecha y, como era de esperar, no sucedió nada. Era lógico que así fuera: Saakashvili es ya un político completamente quemado, que sigue en el poder para salvar la cara de los aliados norteamericanos y de la OTAN, que lo defendieron contra viento y marea con el simple objeto de no darles a los rusos el gusto de hacerlo caer. Hoy es un hombre acosado por la oposición y detestado por una buena parte de la población. El aniversario tampoco tuvo utilidad práctica a efectos informativos. Nadie aportó nuevos datos sobre las verdaderas razones que tuvo el presidente Saakashvili para lanzarse a la temeraria aventura de la guerra contra la vecina superpotencia. Por otra parte, el énfasis de la prensa en el otro protagonista de la pasada crisis tampoco se ha apartado de lo previsible. Se ha dado relevancia al reciente viaje de Putin a Abjasia, o del posible reforzamiento de las bases militares de esa potencia en las nuevas repúblicas secesionistas.


MIENTRAS TANTO, y justamente por esas mismas fechas, la historia no se detenía. El 6 de agosto, Putin visitaba Turquía para firmar quince protocolos de colaboración con el Gobierno de ese país. Pero, sobre todo, conseguía que los turcos abrieran sus aguas jurisdiccionales al gasoducto South Stream, y eso con la activa colaboración de Silvio Berlusconi, dado que la petrolera italiana ENI está también en el ajo de esa empresa gasística junto con el accionista mayoritario, Gazprom. De paso, el ruso aseguró importantes suministros de hidrocarburos a Turquía, para su propio consumo y para la exportación, todo a precios muy competitivos. Y para completar el cuadro, se pactó la ampliación del gasoducto Blue Stream, que atravesará Turquía de norte a sur.

TODO ELLO rubrica un claro acercamiento ruso-turco que, cada día que pasa, deja en potencial desventaja a los socios occidentales. Se diga lo que se quiera, los gasoductos rusos son una seria competencia para el proyecto Nabucco, estrella de las compañías occidentales, dado que nació, precisamente, para puentear a los rusos a base de gas procedente de Asia Central. La crisis del 2008 y la caída del precio de los hidrocarburos dejaron malparada la competitividad de Nabucco. A pesar de todo, este mismo verano, a finales de junio, se firmó el acuerdo para el tendido. Ahora, mucho nos hemos de temer que el viaje de Putin, apenas dos meses más tarde, haya puesto en serios aprietos al proyecto europeo, en el cual los turcos, por confesión propia, sacaban poco beneficio, excepto la capacidad de presión política.
Y es que, además, el acercamiento entre Moscú y Ankara, fundamentado en acuerdos económicos muy provechosos, deja fuera de juego a los dos díscolos peones prooccidentales de la zona: Ucrania y Georgia. De hecho, ya fue bastante sospechosa la actuación de Turquía durante el conflicto ruso-georgiano del pasado año. Por entonces, el Gobierno de Ankara actuó por su cuenta, bastante al margen del resto de los socios de la OTAN, decidido a no deteriorar sus relaciones con Moscú y a proponer planes de paz propios para el Cáucaso. La gran pregunta es ahora: ¿conocían los turcos por adelantado lo que se preparaba en Georgia? Es un interrogante pertinente si tenemos en cuenta que el acercamiento ruso-turco no solo se refiere a cuestiones energéticas. Desde hace algún tiempo, Turquía está renovando su armamento estratégico con material ruso, lo que ha llegado a provocar las protestas norteamericanas ante el temor de que los nuevos sistemas de armas sean incompatibles con los que utilizan el resto de socios de la OTAN.

EL RESULTADO de los acuerdos de este agosto del 2009 puede tildarse de éxito rutilante de la diplomacia de Moscú y Ankara. Un verdadero gol de tacón. Ahora, Bruselas deberá tratar con más cariño a los turcos, dado que se están convirtiendo nada menos que en la alternativa de suministro de gas ruso… con gas ruso. Los problemas que ha planteado Ucrania pueden ser un juego de niños si Turquía se enfurruña. De hecho, y dado que el bombeo de gas a través del South Stream comenzará en el 2015, no sería descabellado que el país anatolio formara parte de la UE para entonces, como forma de controlar mejor al socio-grifo. Y por si faltara algo, cara a la política interior el acercamiento a Rusia contribuirá a desactivar a buena parte de la oposición al Gobierno islamista turco, especialmente a la ultraderecha laica, que propugnaba romper con Europa y acercarse a Rusia. A este paso, en Bruselas ya deben estar haciéndose planes para acelerar la política exterior que vienen señalando desde hace años los alemanes, sea el Gobierno que sea: acercarse a Rusia y dejarse de intermediarios.

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miércoles, noviembre 21, 2007

NOTA: Negocios frescos entre viejos adversarios
















¿Amigos para siempre? El primer ministro griego Costas Karamanlis estrecha la mano de su homólogo turco Reyep Tayyip Erdogan durante las ceremonias de inauguración del ambicioso gasoducto. La prensa española, en general, pasó de puntillas sobre el evento

Siguen, más abajo, dos breves notas de actualidad aparecidas en diversos periódicos y que no deberían pasar desapercibidas, en un momento en el cual todavía prevalece el análisis parcelado de las cuestiones geopolíticas, algo que hace varios años el autor de este blog bautizó como: "Visión de los cinco centímetros" en un artículo publicao entonces por "El País". En ese contexto, la inauguración del gasoducto greco-turco debería hacer reflexionar a los que se empeñan en presentar la cuestión chipriota como un obstáculo totalmente insuperable en el proceso de negociaciones para el acceso de Turquía a la UE. Ya no es extraño oir que, caso de que estas complejas negociaciones fallaran por culpa de los grecochipriotas, ello debería ser visto como una catástrofe difícilmente superable por la UE. Pero no sería menos extraño que Atenas montara en cólera si la actitud de los hermanos grecochipriotas le complicaran tales suculentos negocios con el viejo vecino al que no hace tanto se calificaba de enemigo histórico de Grecia.



Turquía/Grecia.- Erdogan y Karamanlis inauguran hoy el primer gasoducto entre Turquía y Grecia

ESTAMBUL (TURQUIA), 18 Nov. (del corresponsal de EUROPA PRESS, Ildefonso González) -

Los primeros ministros de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y Grecia, Costas Karamanlis, inaugurarán hoy el primer gasoducto entre ambos países, en un acto cargado de simbolismo ya que se celebrará en un puente sobre el río Evros, frontera natural entre Grecia y Turquía.

El gasoducto, de 285 kilómetros de longitud --de los cuales 200 pasan por Turquía--, comenzó a construirse hace dos años y en un futuro próximo, en torno a 2010, se extenderá hasta Italia. Se culminará así un ambicioso anillo energético conocido con el nombre de SEGR (South European Gas Ring).

El gasoducto suministrará unos 11.500 millones de metros cúbicos anuales, procedentes de las reservas de la zona de Asia central y los países de la región del mar del Caspio, sobre todo Azerbaiyán. Unos 8.000 millones irán a parar al mercado transalpino y el resto al helénico. Con el gasoducto entre Turquía y Grecia, y después Italia, los mercados europeos ya no dependerán tanto del gas y el petróleo rusos, según han valorado los analistas.

Asimismo, la obra de ingeniería representa un nuevo acercamiento entre Ankara y Atenas. Las relaciones entre Turquía y Grecia, dos países miembros de la OTAN, han sido cuando menos tirantes durante las últimas décadas por sus disputas territoriales en el Mar Egeo y el problema de la división de la isla de Chipre.

No obstante, los fuertes terremotos que sufrieron sus territorios en 1999 contribuyeron a un acercamiento sin precedentes entre turcos y griegos. Desde entonces, los contactos y las visitas de alto nivel se han producido periódicamente. A la inauguración del gasoducto asistirá también el presidente azerí, Ilham Aliyev.



Tendido de un gasoducto ruso desde el Caspio. La iniciativa greco-turca busca ser una alternativa europea a la red rusa. Por desgracia, los problemas derivados del conflicto turco-chipriota podrían terminar afectándola de una u otra forma



Erdogan y Caramanlis inauguran con pompa un gasoducto grecoturco


AFP - domingo, 18 de noviembre, 17.31

EVROS, Frontera grecoturca (AFP) - Los jefes de gobierno griego, Costas Caramanlis, y turco, Recep Tayyip Erdogan, inauguraron este domingo el primer gasoducto que une a sus dos países, una obra que demuestra sus buenas relaciones económicas y refuerza su primacía energética.

Ambos primeros ministros se reunieron en la región de Tracia, en un puente encima del río Evros, frontera natural entre ambos vecinos de relaciones a menudo tempestuosas. Caramanlis y Erdogan participaron luego en una ceremonia del lado turco de la frontera, en presencia del presidente azerí, Ilham Aliyev, y del secretario estadounidense de Energía, Samuel Bodman.

Operativo desde el pasado verano, el gasoducto, de una longitud de 296 km, tiene una capacidad de 11,5 mds/m3, y lleva el gas azerí desde el mar Caspio a Grecia. En 2011, el gasoducto debería llegar hasta las costas orientales europeas, lo que lo convertirá en una infraestructura estratégica para una Europa que no quiere depender exclusivamente del gas ruso.

"Turquía se está convirtiendo en una plataforma energética. Eso implica algunas responsabilidades", declaró Recep Tayyip Erdogan. El proyecto "demuestra en la práctica que somos capaces de trabajar armoniosamente para nuestro beneficio mutuo", subrayó por su lado Costas Caramanlis.

"Esta obra marca una etapa suplementaria importante en la asociación económica entre ambos países", explicó a la AFP Svetoslav Danchev, experto del Instituto griego de Investigación Industrial (IOVE).

Si bien en el plano diplomático Atenas y Ankara no han resuelto en absoluto sus diferencias -en particular sobre Chipre y en varios puntos en el mar Egeo-, su intercambio comercial y financiero no cesa de aumentar. "El porcentaje de importaciones turcas en Grecia se duplicó ampliamente entre 2000 y 2006, del 1,18% al 2,62%, y su monto es de 1.300 millones de euros. Al mismo tiempo, Grecia se convirtió en uno de los principales inversores en Turquía", resaltó un diplomático europeo especialista de la economía griega.

En materia energética, sin embargo, Atenas y Ankara no juegan en la misma categoría: Turquía es desde hace tiempo una plataforma clave para el paso de gas y petróleo, mientras que Grecia apenas está empezando a aprovechar su posición estratégica al sur de los Balcanes. "Grecia produce aproximadamente el 80% de la energía que consume, y un 65% proviene del carbón, que libera enormes cantidades de CO2. Para adaptarse a las nuevas exigencias medioambientales, que no cesan de endurecerse, el gas es menos contaminante", señaló el diplomático europeo.

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sábado, abril 07, 2007

Una visión sobre Turquía desde España



12-13 de abril de 2007






Facultat de Traducció i d'Interpretació. Sala Jordi Arbonet;
Universitat Autònoma de Barcelona

Asistencia libre





Organiza:
Grup emergent de recerca sobre Turquia de la UAB





Colaboran:




(Por la UAB: Institut d´Estudis Internacionals i Interculturals)




Jueves 12 de abril


12h00 - 12h15 Inauguración


12h15 - 14h Historia


Francesc Veiga (UAB): “Turquía ante el viraje de 2002”


Francesc Espinet (UAB): “Armenios y turcos en el Siglo XX: la cuestión del negacionismo”


Glòria Rubiol (UB): “El alevismo en Turquía: de la ocultación a la afirmación”.


Sakip Murat Yalçin (UB): “Nacionalismo y sistema educativo turco”.




Almuerzo




15h30 - 17h30: Política doméstica

Ferran Izquierdo Brichs (UAB): “Las relaciones entre el Islam político y los militares: una competición por el control de los recursos de poder”


Carmen Rodríguez (UAM): “El sistema de partidos en Turquía, una evolución histórica”.


Marién Durán Cenit (Universidad de Granada) y Antonio Ávalos Méndez (Universidad Autónoma de Madrid): “Relaciones cívico-militares: análisis de las relaciones interinstitucionales”


John Etherington (UAB): “Territorio e Identidad Nacional en Turquía”



Pausa café




17h45 - 19h15: Política exterior



Laura Feliu (UAB): “Las vocaciones de la política exterior turca: el caso de Oriente Medio”.


Eduard Soler (UAB-CIDOB): “¿Cuánto pesa el factor estratégico? Una evaluación de los discursos europeos a favor y en contra de la adhesión turca”.

Luciano Zaccara (UAM): “Turquía e Irán: entre la cooperación y la confrontación”.


Helena Oliván (IEMed): Presentación de les conclusiones del VII Seminario UE – Turquía: “Imágenes recíprocas y conocimiento mutuo: de la confrontación a la integración”


Cena





Viernes 13 de abril


10h- 11h: Migraciones


Eva Ostegard Nielsen (UAB): “Las actividades políticas de los migrantes en las
relaciones Turquía-UE”.


Mariona Illamola (UdG): “Los trabajadores turcos en la Unión Europea ”.



Pausa café


11h15 - 12h45: Economía y energía


Javier Albarracín (COPCA): “Las nuevas dinámicas económicas de Turquía: nuevos actores, nuevos sectores y nuevos socios internacionales”.

Miguel Angel Medina (Univ. Cambridge): “Seguridad energética: el caso de Turquía”.


Isik Özel (IBEI): “El proceso de la democratización y los empresarios en Turquía”.


12h45 - 13h30: Clausura



Amuerzo

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lunes, octubre 23, 2006

Una mala cena la tiene cualquiera



Característico fotomontaje de "El País": se escogió la enorme foto de un bilioso Vladimir Putin "durante la rueda de prensa en Lahti" para contrastar, enfrentada, con los alegres semblantes de Chirac, Merkel y Zapatero, procedentes de otros eventos. Al parecer, no hubo manera de encontrar una instantánea más risueña de Romano Prodi. El conjunto gráfico ilustra la crónica de Carbajosa y Missé: "Putin critica la corrupción de los alcaldes españoles", en: "El País", domingo, 22 de octubre, pag. 9. La foto de Putin es de Associated Pres; las demás no incluyen créditos.



Una de las definiciones más concretas y descriptivas que conozco de un acontecimiento histórico, la formuló el historiador A.J.P. Taylor en referencia a los líderes de las revoluciones europeas de 1848 y sus motivaciones: "Los primeros movimientos nacionales fueron creados y dirigidos por escritores, principalmente por poetas e historiadores, y su política era la de la literatura más que la de la vida. los líderes nacionales hablaban como si tuvieran el apoyo de un pueblo consciente y organizado; sin embargo, sabían que la nación estaba todavía sólo en sus libros (...) En el mundo cerrado de su imaginación, estos líderes de la primera época volvieron a combatir en las históricas batallas que, siglos antes, se habían decidido. No sabían cuándo negociar y cuándo resistir y, sobre todo, no sabían con qué resistir. No entendían que la política es un conflicto de fuerzas, creían que se trataba de un conflicto de argumentos".

Parece que esa especie de ingenuidad ha cambiado poco, al menos a la vista de la forma en que descarriló la conversación diplomática mantenida en la cena por algunos dirigentes de la Unión Europea y el presidente ruso Vladimir Putin. Puede que la falta de imaginación haya contribuido a añadir una cierta dosis de estupidez; incluso sería justificable que el simple miedo, el temor de sentirse a merced de los rusos esté contribuyendo a la contumaz torpeza diplomática de algunos dirigentes euorpeos. O la peor opción posible: que al cabo de los años esos mismos individuos hayan terminado por creerse su propio discurso de madera, como les ocurría a los ministros soviéticos en tiempos de Breznev, cuando ni siquiera poseían -ni deseaban conocer- la información sobre el estado real del país.

Como se sabe, los líderes y a la vez representantes de la UE se habían reunido con Putin en Lahti (Finlandia) para llegar a un acuerdo con Moscú a fin de garantizar el necesario suministro de energía para el Viejo Continente. Actualmente, según últimas informaciones, Rusia suministra a los países de la UE hasta el 25% de sus necesidades energéticas. Las conversaciones se llevaban con guante de seda. La consigna era evitar asuntos incómodos referidos a la política interior rusa. Durante la cena, las diversas intervenciones, incluyendo la de Putin, fueron encajando según el guión previsto. Habló el dirigente ruso, reconocienmdo la necesidad y voluntad de cooperar con la UE en materia energética, reabriendo la puerta a la posibilidad de formar joint ventures europeas con las empresas rusas dedicadas a la extracción de gas y petróleo. Le respondió en términos cautos el presidente de la Comisión Europea, el portugués Durão Barroso. Luego hablaron con tono parecido aquellos dirigentes con los que Putin tiene más confianza, es decir, los más poderosos: "Jacques" (Chirac), "Tony" (Blair), "Ángela" (Merkel).

La crónica de "El País" precisa que todo se torció cuando "los países bálticos tomaron la palabra", sacando a colación los temas más polémicos posibles: la tensión entre Rusia y Georgia y la situación de los derechos humanos en la gran potencia, al hilo del asesinato de la periodista Anna Politkovskaya -no los del banquero Alexandr Plojin (10 de octubre) ni el del gerente de la Agencia Itar-Tass, Anatoli Voronin (15 de octubre). Al parecer, se trataba de una de esas actitudes gamberras que están adoptando los nuevos socios orientales de la UE en los últimos tiempos: el desprecio por los derechos de las minorías, los homosexuales o los extranjeros en Letonia y Polonia, el olímpico desdén a las recomendaciones comunitarias sobre estrategia económica en Hungría o la petulancia intransigente y obstruccionista en Chipre. En todos los casos suelen ser países pequeños -con exclusión de Polonia- que mezclan el euroescepticismo con sus pequeñas revanchas históricas y el deseo de mostrrar en Bruselas que "ellos saben" cómo tratar a Rusia, a Turquía a sus vecinos y hasta a la misma Bruselas. Al fin y al cabo, se supone que Bruselas les protege con el manto azul de la Virgen, en el cual está inspirada la bandera de las estrellas.

Pepe Borrell en tiempos de mejores digestiones

A pesar de todo, y como en Moscú también son expertos en egoísmos nacionales, Putin aguantó. Los bálticos hubieran quedado en evidencia ellos solos, de no haber sido por Josep Borrell, cadáver político en España desde hace ya años y a la sazón presidente del Parlamento Europeo. Según explican Ana Carbajosa y Andreu Missé en la crónica de "El País", Borrell protagonizó una intervención muy subida de tono. Comenzó "con palabras cargadas de sarcasmo" [sic]: "Hemos de agradecer al señor Putin que cerrara temporalmente el grifo a Ucrania, el pasado enero, porque gracias a esto estamos aquí discutiendo de política energética común". Y ya puesto, Borrell expresó "la preocupación de los ciudadanos europeos por la devaluación de los derechos humanos en Rusia" [sic, según la crónica citada], le recordó a Putin que el Parlamento Europeo dedicó un minuto de silencio por el asesinato de la Politovskaya y de propina se refirió a un tema que debió parecerle muy novedoso y apropiado para ser resuelto de un plumazo durante la cena: las dificultades que padece la oposición y las ONG en Rusia.

Ya sólo esta traca de petardos levantinos hubiera bastado para mover de sus casillas al mísmisimo ZP. Pero según parece, Borrell remató: "Sacamos petróleo de países peores que el suyo, pero nuestra preocupación es que con ustedes queremos asociarnos y ello exige compartir unos valores". Ante un párrafo de tamaño calibre insolente, cabe preguntarse si la pronunció literalmente Josep Borrell o es una transcripción aproximada artribuible a la grosería con la que Ana Carbajosa suele retratar a los personajes que no le caen bien (Putin, en este caso); o quizás es la conocida tendencia, propia de muchos periodistas, a mostrarse más papista que el Papa. Aunque quizá no sea justo mostrarse tan duro con el periódico o con la Carbajosa por lo que es un mero reflejo de incredulidad ante la más que evidente chapuza política de Borrell, que no hace sino reflejar años de dialéctica marrullera en nuestra propia política. Al fin y al cabo, Fernando García, enviado especial de "La Vanguardia" apunta que Borrell dijo también algo así como: "No cambiaremos energía por derechos humanos", frase que de ser cierta, no mencionan Carbajosa y Missé, conscientes que de que Borrell, con toda esa vena populista y demagógica, es al fin y al cabo afín a la ideología-bandera de la empresa de su periódico.

Por supuesto que la situación de los derechos humanos debe mejorar en Rusia y los mafiosos y asesinos han de terminar en la cárcel. Pero aquí lo que se pone en solfa es la necesidad de organizar una zapatiesta como la que protagonizó Borrell como el camino más indicado y eficaz para hacer algo útil y no terminar abochornado: él y el país que representa. Porque se supone que estamos hablando de profesionales de la alta diplomacia, no de líderes rockeros con ambiciones de trascendencia o alterados jóvenes alternativos. Posiblemente Borrell es realmente alguien que, como explicaba Taylor con referencia a los líderes de 1848, no sabe cuándo negociar, ni cuándo resistir y no entiende que la política (y más la internacional) no es un conflicto de argumentos, sino de fuerzas e incluso de astucia. En cualquier caso, ni Ana Carbajosa ni Andreu Missé nos explican por qué a nuestro Pepe le dio ese inoportuno y sobre todo, innecesario, arrebato polémico-justiciero. Quizá una mala cena y los gases de los que se hablaba en la reunión de Lahti, se fueron por la tubería no deseada.

Putin respondió como cabría esperar cuando alguien se siente muñeco de pim pam pún de feria: echando en cara los europeos su alegre tendencia al dobre rasero. Por supuesto que le recordó a los españoles los escándalos de corrupción inmobiliaria, que se tiran a la cara mutuamente el partido del gobierno y la oposición. Por estos pagos parecemos ser tan inconscientes como ajenos al hecho científicamente demostrado de que nuestras fronteras no son opacas y que las continuas broncas políticas se están cargando la escasa imagen exterior que le queda a España. Y menos mal que Putin se quedó ahí, porque lo más posible es que, como antiguo profesional del tema, posea datos más sensibles referidos a la corrupción española en ámbitos más diversificados que pueden ir desde el mundo bursátil a la gestión del flujo inmigratorio o el turismo, pasando por determinadas campañas de prensa o connivencia nacional con mafias extranjeras: todo ese mundillo en el que están incluidos personajes de aquí y allá, de todo el espectro político español, y que se veía reflejado en una tabla sobre corrupción a escala mundial que se citó en este mismo blog, hace pocos meses. Vaya usted a saber si Putin incluso está informado del escándalo de fraude fiscal que le costó a Pepe Borrell su carrera en el PSOE, allá por 1998 (asunto Aguiar-Huguet).

El mandatario ruso también recordó que el término Mafia se inventó en Italia; y lo hizo mirando a Romano Prodi, que se llevó un cachete colateral. Pudo hacerlo impunemente, dejándolo bien mudo, porque ahora ya no gobierna Berlusconi, del cual debe conocer también un buen número de secretos. Por lo demás, se abstuvo de mencionar el auge de la extrema derecha que se observa en el continente, y no digamos en el futuro socio comunitario búlgaro. No tuvo necesidad de disparar contra Blair ni menos aún contra Chirac. Al fin y al cabo, Paris lleva años intentando resucitar la viejísima y por lo tanto, tradicional política de alianza franco-rusa. Menos aún contra Ángela, pues con Berlín existen también años de Ostpolitik. Y quizá por ello se intoxicó Borrell de buenismo justiciero, recordando aquello tiempos en que se le conocía como el “Inquisidor”: el diario "El País" lleva un par de días denunciando de forma contundente el
egoísmo alemán, que se permite negocios bilaterales con el ruso para obtener el necesario gas a espaldas de la política europea comunitaria. No le falta razón al rotativo, pero cabe dudar si no late detrás la rabieta del expediente decidido por la Comisión Europea contra España por el caso E.ON. De tales croquetas, tamañas indigestiones.

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