February 17th: Freedom Fighters Day

Monumento a los caídos del UÇK en la guerra de 1996-1999: Vucitrin / Vushtrri, Kosovo. Obsérvese que el mapa que enmarca la silueta del caído es el de la Gran Albania. Aunque es improblable que se convierta en una realidad a medio plazo, también es cierto que no se trata de "propaganda serbia¨, como argumentan los simpatizantes de la causa albanesa.
Dentro de pocas horas nacerá la “autoproclamada República de Kosovo”, adjetivo que en los últimas décadas la prensa occidental distribuía selectivamente por aquí, callaba por allá y obviaba acullá. Hace ya bastantes años que los dobles raseros se aplican generosamente en diversas regiones del planeta, aquellas que son más dadas a la colonización y división en zonas de influencia que otras. La lista, aplicable a los Balcanes y extensible al resto del espacio ex otomano, es larga y tiene probada profundidad histórica. Eran peyorativamente “autoproclamadas” la República Serbia de la Krajina y lo es la República Turca del Norte de Chipre. Pero no lo es Nagorno-Karabaj, territorio no tan ignoto que ha provocado numerosas tensiones en el Cáucaso, amén de un número crecido de muertes. Eso, mejor meterlo en el cajón.
La verdad es que, aunque pueden cobrar una gran relevancia en un momento dado –las “repúblicas autoproclamadas” son carne de manipulación por excelencia- la exhibición de dobles o triples varas de medir ha tenido momentos estelares en la reciente historia de las crisis balcánicas. Aparte del ya bien conocido “vals de la federación” (“Yugoslavia federal no es factible-Bosnia está destinada a serlo-Kosovo nunca lo será-en Macedonia la solución está ahí, precisamente”) no han faltado grotescos momentos estelares, si no fuera porque terminaron en tragedia. Por ejemplo: el 6 de abril de 1992, la Comunidad Europea reconoció formalmente a la República de Bosnia-Hercegovina. Una de esas “soluciones” de la diplomacia occidental que ignoró olímpicamente el deseo de una mayoría de serbios de Bosnia de abandonar esa república; en este caso, la sagrada “voluntad de la mayoría” no tuvo ningún valor para Bruselas y Washington. Pero, casi peor, en la agenda de ese mismo día 6 de abril estaba previsto reconocer la República de Macedonia. Sin embargo, ese asunto se dejó de lado para no contradecir a Grecia, que por entonces desplegaba una desmesurada campaña nacionalista contra lo que se consideraba una amenaza revisionista. Según el gobierno de Atenas, la homónima región norteña de Grecia era la verdadera Macedonia, mientras que la república ex yugoslava era un invento de Tito, con objetivos descaradamente anexionistas. Sea como fuere, Bruselas demostró una marcada indolencia hacia la soberanía Macedonia, y una innecesaria impaciencia en reconocer la independencia bosnia, que ayudó a precipitar la guerra.

Monumento al héroe del UÇK en la plaza principal de Prizren. Fotografía procedente del blog: "
Els viatges del Xavi"
Casi dieciséis años más tarde, estamos ante un caso parecido. Los aplausos orgánicos que escuchamos en occidente hacia la epopeya soberanista de los albaneses de Kosovo, se permiten ignorar los derechos de la minoría serbia, objeto de flagrantes campañas de limpieza étnica ante la indiferencia de la administración internacional. Por lo visto los albaneses “se merecen” la independencia, pero la minoría serbia “no se merece” una especial atención hacia sus derechos. Debe de ser cosa del número exiguo de los que quedan (menos del cinco por ciento de la población total de Kosovo). Aunque si tenemos en cuenta que la definición de genocidio se ajustó en el Tribunal Penal Internacional hasta un mínimo de seis mil personas para poder acusar a Slobodan Milosevic y los líderes nacionalistas serbios de Bosnia de ese crimen en relación con los sucesos de Srebrenica, bien se puede dictaminar que los algo más de cien mil serbios que sobreviven como pueden en Kosovo son una minoría demasiado minoritaria para ser tenida en cuenta, o “reajuste” similar de última hora.
En realidad, los diez años de crisis yugoslavas han ido creando unas lógicas manipuladoras casi mecánicas. Adonde no se llega con unos argumentos amañados, se prueba con otros y sobre todo con las pasiones futbolísticas que embargan incluso a sesudos académicos cuando de Balcanes se trata. Y aquí si que los resultados pueden llegar a ser francamente divertidos, cuando contemplamos alineados en el mismo bando “soberanista” a intelectuales de rancio abolengo progre con derechosos periodistas de imperial pijería. Y ya son ganas de emborronar papeles a mayor gloria de la vanidad sublimada en el “sostenella y no enmendalla”, para terminar haciendo masa coral con lo que no es sino el objetivo de cualquier extremismo político no islamista en la Europa de hoy: conseguir como sea el apoyo norteamericano no sólo para obtener la victoria, sino también para bendecirla. Todo ello bien poco tiene que ver con el derecho a la soberanía de los albaneses de Kosovo y es mero interés coyuntural de un grupo de potencias hegemonistas enfrascados en salir del paso obviando hipócritamente cualquier cosa que no sean sus intereses aquí y ahora.
Desde ese punto de vista, la decisión del gobierno español de no reconocer al nuevo estado “soberano” de Kosovo es consecuente, correcta y valiente. Que no quedó más remedio que llevarla a cabo en una coyuntura internacional desventajosa, de eso no cabe duda. A la vista está: distanciamiento de Bruselas, nuevo desencuentro con Washington y por si faltara algo, aprovechamiento desconsiderado de Moscú en beneficio de su propio guión –y como venganza, habitual desde hace años, contra la figura y significado de Javier Solana, en 1999 al frente de la OTAN y ahora, en decisivo cargo comunitario.

Iconografías similares, valoraciones diferentes: Miembros del Real IRA se entrenan en uniformes de campaña ya en 2001
¿Se dio ese paso en nombre de la preservación de las españolísimas esencias patrias? Parece evidente que ese debe ser el caso desde las filas del Partido Popular. Pero, obligaciones del peculiar momento de la campaña electoral al margen, la decisión del gobierno de Zapatero tiene otro trasfondo. Porque lo que se debate aquí no es la vieja discusión bizantino-politológica sobre la intangibilidad de las fronteras realmente existentes o el hipotético “efecto dominó” sobre los soberanismos celtibéricos. La cuestión es otra.
El problema central, que lógicamente no vamos a encontrar debatido en la prensa democrática occidental, es que Washington y Bruselas están reconociendo de facto y de iure, la validez de la vía armada para conseguir objetivos políticos nacionalistas en el continente europeo. O más precisamente, el viejo principio básico de "acción-reacción" de los grupos guerrillerosa y terroristas desde hace más de un siglo. Porque no representa otra cosa el hecho de que el actual primer ministro albanés de Kosovo sea Hashin Thaçi, un antiguo comandante guerrillero del UÇK cuyo nombre en clave era “Serpiente”. O que otro anterior primer ministro, Ramush Haradinaj, también antiguo líder militar del UÇK, esté siendo juzgado en el TPI de La Haya por crímenes de guerra.
Lógicamente, como antídoto a cualquier tentación de aproximarse demasiado a esta delicada cuestión, los apologetas del guión desarrollado en Washington y aplicado desde Bruselas insisten una y otra vez que se le está concediendo la independencia a los albaneses como una especie de premio a sus sufrimientos o de compensación a la abolición de su autonomía en 1989 por obra de Slobodan Milosevic. En realidad, la intervención de la OTAN en 1999 no se produjo en base a esas cuestiones. En el verano de 1996, quien escribe estas líneas visitó Kosovo, donde comenzaba a oírse hablar de los atentados de un misterioso grupo nacionalista albanés contra policías y administradores serbios, amén de los “colaboracionistas” albaneses. Pues bien, la gran mayoría de los albaneses kosovares a quienes entrevistó dijeron no saber nada de “aquella gente” violenta, que posiblemente no eran “de por allí”. Rugova, el líder de la Liga Democrática de Kosovo, la opción mayoritaria, gradualista y no violenta de soberanismo albanés en Kosovo, negaba de forma vehemente y reiterada, que los activistas del UÇK existieran: eran “meras provocaciones de la policía serbia”. Por entonces, los diplomáticos occidentales en la zona no querían oír hablar de aquel feo asunto de Kosovo, cuando hacía pocos meses que se había logrado concluir la guerra de Bosnia. ¿Qué es ese cuento de hadas de que la UE –o determinados socios de la UE- están reconociendo estos días los méritos también de esa opción moderada? Si el UÇK no hubiera empezado a liarse a tiros a lo largo de 1996, profusamente equipados con armas procedentes de Albania al año siguiente, muy diferente hubiera sido la historia. La OTAN nunca hubiera intervenido para apoyar a Ibrahim Rugova y sus seguidores. De eso no hay la menor duda, porque precisamente lo que produjo la aparición del UÇK fue la conciencia de que la opción gradualista del LDK no parecía llevar a la deseada intervención occidental después de que en 1995 los occidentales reconocieran en las conversaciones de Dayton las fronteras de Bosnia, sí; pero también las de Croacia y Serbia, y en éstas se incluía Kosovo. Eso lo saben ahora y lo sabían entonces los albaneses de Kosovo, y de ahí la proliferación de un verdadero culto al combatiente del UÇK expresado en estatuas de regusto stalinista en varias de las ciudades y pueblos de Kosovo, o en las decenas de monumentos a los caídos, que también están presentes en la zona albanesa de Macedonia, con gran profusión de insignias y banderas.

1958-2008: este mismo año se cumple el medio siglo de existencia de ETA. Conmemoriaciones inoportunas en coincidencia con iconografías similares bendecidas precisamente en estos mismos días por Washington y algunos miembros de la UE
Uno estaría incluso tentado de suponer que Washington y Londres esperaron a que se solucionara el conflicto del Ulster para impulsar la independencia de Kosovo. Porque ese doble rasero sí que resultaba totalmente insostenible. Por otra parte, hoy puede parecer inimaginable que algún día ETA pudiera ser reconocida en Euskadi en términos parecidos a como el UÇK lo fue en Kosovo. Pero si no es así, es bien cierto que el precedente kosovar sí puede convertirse en la base de la utilización del radicalismo armado vasco –por ejemplo- como forma externa de presión sobre el gobierno de turno en Madrid. De hecho, la estrategia de apoyar a grupos radicales le fue bien a Washington durante la Guerra Fría –incluso a costa de subvencionar a Bin Laden y similares “freedom fighter” en Afganistán- y ahora parece retomar la idea: ahí está residiendo, dicen, el éxito del plan de pacificación de Irak: en apoyar a unos contra los otros. Y es que subvencionar grupos armados radicales puede resultar muy rentable. Cuatro fusiles por aquí y dos pistolas por allá, y ya tenemos organizado un grupo armado de "freedom fighters" que puede convertirse fácilmente en instrumento de poder y autoridad. Un líder guerrillero convenientemente afeitado o al menos con un traje caro, puede devenir en estadista aceptable, incluso con un aura romántica de la que carece el político civil de toda la vida. Pero eso sí: el grupito y su líder han de saber claramente quién es el amo, quién manda allí en último término.
Entendámonos: eso, al fin y al cabo, puede que ni siquiera suponga una gran ventaja a largo plazo para la opción violenta y radical objeto de las atenciones de Washington. El margen de acción política real y de soberanía que le queda a Thaçi no es envidiable, y ese es el final de la historia tras años de ardua lucha. Hoy en día, ningún movimiento radical armado tiene posibilidades de éxito en Occidente sin el respaldo de Washington. El IRA es un ejemplo bien claro; también el UÇK, desde luego, pero es que incluso Al Fatah tuvo que ponerse en manos de la CIA hace bien poco tiempo. La verdad es que si yo fuera un activista radical europeo estaría preocupado ante el mensaje que supone la respaldada proclamación de la independencia kosovar: hoy por hoy, si no están los americanos detrás, olvídate. Y en el mejor de los casos, serás un mero peón en manos del Tio Sam. Ahí tenemos a los miles y miles de albaneses que ya están celebrando la independencia agitando obsesivamente banderas norteamericanas con el mismo valor sentimental que la albanesa –que por cierto, no debería ser la enseña del nuevo estado kosovar-. Esas banderas americanas se las frotan los interesados por las narices a la familia europea, a los países del club UE, a Bruselas. Muy poquitas parecen ser las enseñas azules de la Europa comunitaria que se agitan en Kosovo. Por lo tanto, y ya que las fronteras del mundo parecen haberse vuelto elásticas, para regocijo de algunos, pues quizás sería el momento de proponer a los norteamericanos que adoptaran a Kosovo como un nuevo estado de la Unión.
Lo que, en todo caso, resulta un tanto incomprensible es esa idea de que la integración en la UE aportará la solución de los problemas en la zona. Ahí tenemos a los países balcánicos, pero europeos a la postre, haciendo piña contra el reconocimiento de la independencia de Kosovo. Ya no sólo son Serbia (lógicamente), Rumania, Chipre, Grecia y Bulgaria, sino también Bosnia. Son todos estados balcánicos con nutridas minorías nacionales y situados, precisamente en los Balcanes. ¿Cómo pueden demostrar entusiasmo ante lo que está ocurriendo a pocos kilómetros de sus fronteras? Parece lógico que ni siquiera se fíen de las ideas de Bruselas miembros locales de la UE, como Rumania, Bulgaria, Grecia y Chipre. Tampoco lo hace Eslovaquia, que no es un país balcánico pero sí desconfía de lo que pueda ocurrir con su minoría magiar.
Adem Jasari, uno de los mitos de la primera rebelión del UÇK, allá por 1996, muerto dos años más tarde. Ese es el origen real de la intervención OTAN en la zona que llevó indefectiblemente a la independencia proclamada hoy
Por lo tanto, la UE no está resultando nada tranquilizadora. Y menos aún actuando a dictado de Washington. Pero aún poniéndole toda la buena fe del mundo, toda la candidez bienintencionada de la que (aún) podamos ser capaces, ¿qué sentido tiene montar todo este circo de la independencia kosovar si se supone que de aquí a pocos años ese país, junto a Serbia y los demás formarán parte de la UE en un único mercado común, con instituciones financieras y legales conjuntas y unas fronteras medio disueltas por el “espacio Schengen”?¿Si las fronteras son hoy en día relativas y no son en absoluto intangibles ¿por qué construimos más y las bendecimos una y otra vez?
"El Periódico", 16/2/2008
LA DECLARACIÓN UNILATERAL DE INDEPENDENCIA DE LA REGIÓN SERBIA
Kosovo es el comienzo
Bruselas está tirando piedras a su propio tejado: tres de los cinco países que rechazan el nuevo Estado son miembros de la UE
Si los albaneses macedonios deciden irse con los kosovares sí que tendremos un problema serio
La proclamación de la independencia de Kosovo el próximo día 17 es presentada por muchos analistas, con más pasión que otra cosa, como el final de un proceso iniciado hace casi veinte años. En realidad, es más de lo mismo por lo que toca a la situación interna del nuevo estado; y a la vez, el comienzo de algo nuevo a escala internacional.
Que los fastos no nos engañen: la independencia de que disfrutará Kosovo será aparente. No poseerá fuerzas armadas, los policías y los jueces los pondrá la UE, no podrá ingresar en las Naciones Unidas como miembro. Por lo tanto, un estado que va a carecer de atributos de soberanía plena y seguirá siendo una especie de protectorado, ahora de Bruselas. Lógicamente, los extremistas no tardarán en meter baza. Los nacionalistas albaneses duros de “Vetëvendosje!” (“¡Autodeterminación!”) liderados por el joven Albin Kurti, flagelo de la administración internacional, comenzará a movilizar a sus seguidores en las calles pidiendo independencia absoluta, sin cortapisas. Y los serbios del enclave norteño de Kosovska Mitrovica, donde funciona una administración serbia propia, parece que van a ignorar activamente la autoridad de Pristina.

Medio en serio, medio en broma: propuestas para una nueva bandera de la Gran Albania, modelo USA
A pesar de toda esa carga de incertidumbres con la que se estrena el nuevo estado semisoberano, no es de temer que tengan lugar desórdenes de envergadura. De momento, ni a serbios ni a albaneses les interesa aparecer como los provocadores ante las grandes potencias que son las auténticas protagonistas de toda la operación. Otra cosa es la situación en la que queda Macedonia, un tabú que la prensa occidental evita tratar, como si fuera la peste. Nadie quiere recordar que en 2001 esa república vivió una guerra interna en la cual la guerrilla secesionista albanesa estaba conectada, hasta en denominaciones y símbolos, con la del UÇK kosovar que había luchado contra los serbios dos años antes. Y es que no existen diferencias étnicas entre los albaneses de Kosovo y los de Macedonia, porque hasta 1991 pertenecieron al mismo estado (Yugoslavia) y podían circular libremente por todo su territorio, y en el norte de esta última república se han erigido monumentos conmemorativos a los caídos en aquella corta pero dura contienda.
Ese conflicto sí que se puede reabrir; y lo saben Bruselas y Washington. Y si los albaneses de Macedonia deciden irse con los de Kosovo, y Macedonia queda rota y su capital dividida, si que tendremos ahí un problema serio, dado que la supervivencia de esa pequeña república quedará en entredicho y seguramente Bulgaria buscaría intervenir, abriéndose nuevas dimensiones de conflicto balcánico, más allá de las que quedaron confinadas a las guerras yugoslavas de 1991-2001.

Composición conmemorativa para un combatiente del UÇKömbetar, caído en Macedonia, primavera de 2001. La misma parafernalia que el UÇK kosovar ¿La misma lucha?
Pero existe otro nivel de análisis, que remite al papel de las tres potencias que juegan la partida real: los Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea. Washington y Bruselas están siguiendo un guión muy rígido –el descubrimiento de algunas de esas astutas complicidades han creado una crisis política en Eslovenia, que preside la UE- que para sortear las numerosas contradicciones que conlleva, está generando un esquema argumental muy pobre pero peligrosamente maniqueo: todo iría como la seda si rusos y serbios no se empeñaran en poner problemas. Los serbios porque “como demuestra” el resultado de las recientes elecciones presidenciales, siguen siendo, en un porcentaje elevado, unos nacionalistas peligrosos (por lo tanto, el problema no era sólo Milosevic, añade el guioncito por pasiva). Los rusos, porque temen que Kosovo sea un precedente para algunas de sus regiones que, según parece, estarían dispuestas a proclamarse independientes en cadena, cosa harto improbable.
Pero este planteamiento evita cuidadosamente explicarnos que es Bruselas quien está tirándose piedras sobre el propio tejado. Primero porque los problemas derivados del parto con fórceps de un Kosovo independiente está creando fuertes tensiones en los Balcanes: al menos cinco estados de la región ya han anunciado su intención de no reconocer al Kosovo soberano: Serbia (lógicamente), Rumania, Grecia, Chipre y Bosnia. De ellos, tres pertenecen a la UE. Es decir, socios que no se fían de Bruselas. Y en Bosnia todos tienen claro que arreglar de esta manera el contencioso de Kosovo es vender por un plato de lentejas su propia viabilidad como estado, tal como fue pactada en Dayton, 1995.
En cuanto a Moscú ¿qué esperaban? En Bruselas y Washington siguen empeñados en que la Rusia de Putin vuelva a ser la de Yeltsin, aquella potencia postrada, gobernada a ratos por un presidente enfermo y dominada por oligarcas descontrolados con los que se podían hacer suculentos negocios. Pero esos tiempos se fueron. Y ahora Rusia ha dejado muy claro que se debe contar con ella para solucionar por las buenas toda una serie de problemas y dejar de empeñarse en colar dobles raseros a martillazos. Porque si se reconoce a Kosovo, ¿por qué no hacer lo mismo con la República Turca del Norte de Chipre? La noticia saltó a los informativos en días pasados y entusiasmó a los turcos. Definitivamente, el mundo ya no se puede compartimentar como hace quince años, porque se ha balcanizado, cierto, pero a la vez se ha globalizado, conectando entre sí a actores muy dispares y lejanos, que pueden crear efectos inesperados.Etiquetas: Bosnia, Chipre, Grecia, Kosovo, Kurti, Macedonia, Rumania, Rusia, UE
NOTA: Atentado en Macedonia

Símbolo del UÇKömbetar sobre los frescos del monasterio ortodoxo de Mateice. La pequeña localidad y toda su región colindante fueron centro de fuertes combates durante la guerra de Macedonia, en la primavera de 2001
Ayer, 10 de septiembre, tuvo lugar un incidente armado en el norte de Macedonia, de resultas del cual murió un agente de policía, y otros dos resultaron heridos. El asunto tiene todo el aspecto de ser un atentado, vinculado con la reaparición de las tensiones étnicas en la zona. Ahora que el debate en torno a la independencia de Kosovo está entrando en ebullición, esperemos no temer que lamentar lo que, hasta ahora, los medios de comunicación, muchos diplomáticos y analistas y el presidente George Bush, se empeñan en ignorar tercamente: que un Kosovo independiente amenazará la integridad de Macedonia. Si lo ocurrido Kasince ha sido un atentado político, debe tenerse en cuenta que es un acto de especial gravedad a escala de toda la región. Hoy por hoy, no es en absoluto admisible que ocurran sucesos así ni en Bosnia, ni en Croacia, ni en Serbia ni en Albania; sólo en Macedonia o Kosovo podría volver a prender la violencia.
Macedonia cuenta con una nutrida minoría albanesa y unos cuantos cientos de ex guerrilleros del UÇKömbetar, los que hicieron la guerra de 2001, los cuáles comenzarán a preguntar cuándo será su turno para independizarse y que las potencias occidentales reconozcan convenientemente el gesto. Dado que Macedonia es tierra tradicional de disputa entre Grecia, Albania y Bulgaria (Serbia está ahora fuera de juego), un conflicto en la zona derivado de la independencia de Kosovo sería quizá el más inútil de todos los que han venido aconteciendo en los Balcanes desde 1991.

En Mateice hubo para todos: paracaidistas británicos de la fuerza de pacificación de la OTAN, patrullan ante los restos de la demolida mezquita en 2001. La víctima del atentado de ayer era jefe local del destacamento de policía de esa misma localidad
Macedonia.- Un policía muerto y dos heridos en un tiroteo en el que también murieron dos de los asaltantes
SKOPJE, 11 Sep. (EP/AP) -
Un agente policial murió y otros dos resultaron heridos de carácter grave ayer en un tiroteo registrado en el norte de Macedonia y protagonizado por hombres armados con ametralladoras, informaron las autoridades.
La víctima fue identificada como Fatmir Alili, de 48 años de edad y director de la comisaría de Policía de la localidad de Matejce. Murió cuando tres hombres iniciaron disparos desde su coche, explicó a 'AP' el portavoz policial Ivo Kotevski. Otros dos agentes permanecen estables tras ser heridos en el mismo tiroteo. El asalto se produjo a unos 50 kilómetros al norte de la capital, Skopje.
El ministro del Interior, Gordana Jankulovska, indicó que dos de los atacantes también murieron en el tiroteo, mientras que un tercero quedó herido y fue hospitalizado más tarde en un hospital del cercano Kosovo, en donde permanece bajo custodia policial.
Según Jankulovska, sobre los dos asaltantes fallecidos pesaban causas pendientes, uno por terrorismo y el otro por asesinato, pero no dio más detalles al respecto.
La Policía estaba patrullando la región cuando el coche de los asaltantes paró y un hombre armado abrió fuego con una ametralladora. Estos disparos fueron respondidos por la Policía, informaron las autoridades. 
La ministro del Interior de Macedonia, Gordana Jankulovska, sube a su vehículo oficial, un 4 x 4 que
perteneció al futbolista David BeckhamEmboscada Mortal en Macedonia
"La Vanguardia", 11 de septiembre, 2007
Un oficial de la policía murió y otros dos agentes resultaron heridos de gravedad al ser asaltado ayer su vehículo por un grupo de pistoleros cerca de la localidad de Kaksince, en el norte de Macedonia. Fatmir Alili, albanés de 48 años, jefe del destacamento policial de la ciudad de Mateice, murió a manos de tres personas que disararon contra su coche. El incidente ocurrió a unos 50 kilómetros de Skopje, en una zona de mayoría albanesa, por lo que se considera lo sucedido un enfrentamiento étnico.
Etiquetas: Kosovo, Macedonia, terrorismo, UÇK, UÇKömbetar
Kosovo y PSOE

Legionario español de uno de los primeros contigentes presentes en Kosovo
Hace tan sólo un par de días (14 de mayo), artículo insólito: Andrés Ortega, conocido columnista de “El País”, firmó y publicó: “Cuidado con Kosovo”. Realmente han tenido que pasar muchos años para que un periodista de plantilla del célebre rotativo adoptara unas posiciones como las que se leen ahí. No es que resulte escandaloso, ni mucho menos: es, simplemente, razonable en su tono general. Desde la perspectiva de las grandes potencias intervinientes, hay prisa por otorgarle la independencia a Kosovo y dar carpetazo al asunto. En 1999 se prescindió de la ONU para intervenir militarmente en la zona. Hoy, las potencias occidentales confían en que ésta sea proclamada precisamente por esa misma Organización de las Naciones Unidas. Claro, ello supone (como en 1999) que al menos Rusia vetará esa propuesta en el Consejo de Seguridad. Y que los nacionalistas albaneses proclamarán la independencia por su cuenta; lo cual supondrá, como en el caso de Croacia, en 1991, que una serie de países europeos y los Estados Unidos, reconocerán esa soberanía. En consecuencia, lleva razón Ortega, la UE se dividirá ante el problema.
“Primero se exigió a Kosovo que cumpliera ciertos estándares antes de darle un estatuto definitivo; luego los estándares a la vez que el estatuto; y ahora, casi sin explicación, el estatuto pasa por delante de unos mínimos que cumplir para acceder a la independencia” –apunta el autor. Una vez más, lleva razón. Una vez más, el caso de Croacia en diciembre de 1991, uno de los puntos de partida para la larga tragedia de las repúblicas ex yugoslavas, que de hecho ya había comenzado con Eslovenia en julio de aquel mismo año y terminó en la última guerra, la de Macedonia, en el invierno y primavera de 2001. Una década casi clavada.
Los rusos piden un poco más de tiempo para negociar mejor; y también, aunque no lo digan, para no dar a los albaneses la razón por sistema. La respuesta de algunos países occidentales es la consabida: ahí está la supuesta amenaza rusa en acción, la nueva y agresiva potencia que nos chantajea con el petróleo, el gas y el vodka. Pero “Moscú puede esta vez tener razón” –argumenta Ortega. El sueco Carl Bildt, ministro sueco de Asuntos Exteriores y un consumado veterano como mediador en las guerras balcánicas, está en esta misma línea. En su momento, allá por 1995, se esforzó por denunciar los peligros que suponían los dobles raseros que aplicaban las potencias occidentales en la supuesta mediación de los conflictos. Se lo torearon; se lo toreó Madeleine Albright, por ejemplo, en agosto de 1995.

Carl Bildt en una foto inusitada, inspirada al parecer en las de Philippe Halsman
“La afirmación de Ahtisaari, apoyada por EE UU, de que ‘la independencia es la única opción para un Kosovo políticamente estable y económicamente viable’ no se basa en ningún argumento” –remata Ortega. No: tampoco lo era en 1999, cuando la intervención de la OTAN provocó la independencia de facto de Kosovo, rematada por una limpieza étnica de grandes proporciones propiciada por los nacionalistas albaneses ante la pasividad de las fuerzas de la OTAN. Y las cosas continuaron así en los años que siguieron, porque desde Occidente nadie cuestionó seriamente que algún día Kosovo sería independiente y se repitió una y otra vez, como en un mantra, la afirmación sin fundamento de Ahtisaari: “La independencia es la única opción para un Kosovo políticamente estable y económicamente viable”. Mientras tanto, el desgobierno se afianzaba, la minoría serbia se enrocaba, víctima de la marginación ajena y de la propia automarginación. No se aplicaron las ideas puestas en práctica en Bosnia en 1995, y eso que ese modelo estaba a pocos kilómetros de distancia. Casi nadie se planteaba las consecuencias que todo ello tendría en Macedonia, y de rebote, en todo el sur de los Balcanes. Sólo quedó en pie la difusa promesa de que algún día, Kosovo sería independiente. Y en España, todo eso adobado por las opiniones de algunos progres y nacionalistas de manual; o mejor, de catecismo. Es decir, edición de los años setenta.
Con todo, el artículo de Ortega contiene dos afirmaciones a considerar. La primera, esa tan contundente de que “el Kosovo independiente estará regido por bandidos y mafias y dominado por la corrupción, lo que le convertirá en un agujero negro y Estado fallido en medio de Europa, si es que no acaba uniéndose una débil Albania”. El final de la frase denota que Ortega quizá no conoce bien a los albaneses: los de la “madre patria” no suelen mirar con buenos ojos a los kosovares. Por lo tanto, no sería descartable una unificación (o reunificación, según cómo se mire y qué referencia histórica se utilice). Pero no sería ni mucho menos tan automática y a saber si en realidad Kosovo no terminaría anexionando a Albania y no al revés.
De cualquier forma, la afirmación de que Kosovo está gobernado por bandidos y mafias es demasiado contundente. Es cierto que Veton Surroi, hábil e inteligente, es la gran esperanza que nunca ha llegado a la cúpula del poder; que no parece un hombre capaz de crear y controlar tramas de poder que rivalicen con las de los clanes. También lo es que los antiguos intelectuales disidentes (Adem Demaçi, Rexhep Qosja) están ya muy fuera de juego y que los radicales de nuevo cuño (Albin Kurti) son muy intratables. Pero hay figuras intermedias con las que se puede contar siempre que desde las cancillerías occidentales se haga un esfuerzo por cambiar el lenguaje y los parámetros heredados de 1999.
Segunda afirmación de Andrés Ortega que tiene su miga: “Todo esto no tiene que ver con proyectar los demonios españoles sobre aquello, sino con la realidad de Kosovo, respecto a la cual la comunidad internacional puede estar cometiendo graves errores”. Frase metida con calzador que, justamente, pone evidencia lo que, justamente, pretendía disimular.

Chiste gráfico de El Roto, publicado en "El País" durante la campaña de la OTAN contra Serbia por el conflicto de Kosovo: "Cuando un ejército sale por la puerta, otro entra por la ventana"
Casualidad de las casualidades: al día siguiente de leer la columna de Andrés Ortega, me topé en la red con un artículo de “Hispanidad”, publicación electrónica, edición correspondiente al 14 de mayo, nº 2669. El titular rezaba así: “Una fundación próxima al PSOE rechaza de plano la independencia de Kosovo porque carece de Estado de Derecho”. Subtítulo: Asegura que "rompería con la legislación internacional vigente" y pide que España y la UE defiendan su continuidad en Serbia”. Se puede leer más abajo que la fundación es “Alternativas” y que la autora del análisis es Ruth Ferrero.
Conozco a Ruth desde años y me cuesta creer que haya cambiado tanto sus puntos de vista como para mantener explícitamente la continuidad de Kosovo en Serbia, tal como suena. En realidad, según se puede leer al final de la pieza, sus recomendaciones son que España y la UE apuesten por mantener el status quo en la región balcánica "hasta la consecución de un verdadero Estado de Derecho, prosperidad económica y estabilidad política en la región", impulsando "los procesos de adhesión a la Unión Europea de los Balcanes occidentales, en particular de la adhesión conjunta de Serbia con Kosovo. Y continúa: "La visualización por parte de estos países del acceso a Europa es el mejor remedio para una aceleración de sus procesos democratizadores y la moderación de las tensiones nacionalistas", aconseja, antes de incidir en que España, "aprovechando su condición de presidencia de la OSCE, debería jugar un papel decisivo para conseguir llegar a un acuerdo lo más consensuado posible entre los principales actores involucrados en este conflicto".
La recomendación no está mal (supone llevar hasta el final las consecuencias que se extraían de la resolución 1244 de las Naciones unidas en 1999) pero a estas alturas es más una propuesta simplemente buenista que un plan realmente aplicable. ¿Quién les dice ahora a los dirigentes albaneses (a todos) que se olviden de lo dicho, que incluso el Plan Ahtisaari es demasiado extremo, que lo metan en un cajón y que volvamos todos juntos al status quo existente entre 1999 y 2007? Si alguna potencia o grupo de ellas tuviera intención de aplicar esa propuesta, desde luego no lo haría “a partir del acuerdo de las partes (…) sin caer en la coacción”. Esta propuesta, explicada así en difuso, sin precisiones técnicas adicionales, forma parte de la familia de las sugerencias celestiales que ni siquiera llegan a acariciar la gruesa piel coriácea de los bisontes balcánicos.
Parece evidente que el objetivo político del informe "Alternativas" es de consumo más nacional que cosmopolita. Lo que molesta bastante en Moncloa es que ahora, precisamente, se plantee la resolución en falso del problema de Kosovo a partir de una independencia tutelada por Naciones Unidas. Así, se lee: "Desde la perspectiva del Derecho Internacional Público", el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas "carece de competencias para alterar el status territorial de un Estado soberano miembro" (…) "Puede, efectivamente, adoptar medidas para el mantenimiento de la paz y seguridad internacionales pero eso no implica el ir creando y deshaciendo Estados".

Vehículos de las Naciones Unidas víctimas de un atentado con bomba en Kosovo durante el pasado mes de febrero. Los autores fueron activistas radicales albaneses
Por lo tanto, hemos de sospechar que lo que Ortega pretende disimular tiene mucho que ver con el asunto: una independencia de Kosovo lanzada por Naciones Unidas interfiere en el proceso de paz en el País Vasco. El informe añade un párrafo un tanto críptico: "Por tanto, un Estado soberano en Kosovo sólo podría resultar del acuerdo de las partes, sobre las que, eso sí, se puede influir políticamente sin caer en la coacción, o de un hecho consumado reconocido por otros Estados y organizaciones internacionales atendiendo a un principio de efectividad". El subrayado es del autor de este blog y parece indicar que una autodeterminación a palo seco, seguida del reconocimiento internacional de algunas potencias sí sería aceptable… atendiendo al principio de efectividad. Es muy posible que me equivoque, pero esta idea, en paralelo a la situación del País Vasco ahora o en el futuro, da qué pensar. Y quizá también yerre en esto, pero da toda la impresión de que Ortega sacó las consideraciones para su columna del informe de Ruth.
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En una tranquila y pequeña república de los Balcanes
Elecciones parlamentarias en Macedonia: el asunto apenas ha merecido en la prensa muchos más comentarios que un simple titular y el desglose de los porcentajes obtenidos. Ganó el VMRO-DPMNE con un 32,46% de los sufragios. Por lo tanto, el SDSM pierde con sólo el 23,31% de los votos. Y poco más se puede leer en la prensa española que apenas se ha dignado a mencionar el hecho. Traducido a términos más inteligibles, la derecha nacionalista en la oposición obtuvo la victoria, mientras que los socialdemócratas deberán dejar el poder tras detentarlo en coalición con el Partido Liberal Democrático (LDP). desde 2002. De todas maneras, la victoria del VMRO-DPMNE tampoco ha sido tan amplia y por lo tanto no podrá gobernar en mayoría: deberá formar coalición, y como ya es tradicional, incorporar en el pacto a alguno de los partidos de la minoría albanesa. El hasta ahora primer ministro, Vlado Bučkovski aceptó la derrota de su partido y felicitó al líder de la oposición vencedora, Nikola Gruevski. No más tarde del 9 de septiembre, el nuevo gobierno deberá tomar posesión. Normalidad, tranquilidad, un poco de elegancia, incluso. Hasta aquí, fin de una historia que, vista así, parece absolutamente gris y sin mayor interés.

Mujeres de la minoría albanesa esperan para votar. Foto: "Washington Post"
Primera conclusión: Macedonia no es noticia, ergo los grandes medios de comunicación y agencias de prensa internacionales no quieren que nos interese y así pues, no news, goods news. En referencia a los Balcanes en sí y para sí, cuanto menos objeto de noticia, mejor. Ellos van haciendo, se conocen bien entre sí, saben cómo tratarse, llegan a sus acuerdos internos y todos contentos. De hecho, Macedonia es ya candidata formal a la UE (diciembre de 2005), pero Bruselas había supeditado el inicio formal del proceso de negociaciones a que los comicios transcurrieran sin violencia ni fraude.
Durante la campaña electoral se produjeron algunos incidentes violentos, peleas entre activistas de los diversos partidos y algún que otro ataque a oficinas de las formaciones albanesas. Lo cual no quiere decir que se trata de incidentes interétnicos: el que suscribe aún recuerda el ataque a tiros contra la sede del BDI (Unión Democrática para la Integración) en las afueras de Tetovo, mientras esperaba pacientemente para entrevistarse con el portavoz y secretario del partido, Agron Buxhaku (hasta hace poco, director del Centro para Gestión de Crisis del gobierno macedonio). Eso ocurrió el 24 de junio de 2002 y no tenía nada que ver con la celebración del día de San Juan, sino que fue un asalto perpetrado (presuntamente) por los rivales del PDSH (Partido Democrático Albanés) Qué tiempos. Hacía apenas un año que el país había salido de su particular y corta guerra civil entre las fuerzas de seguridad del Estado y las guerrillas albanesas independentistas del UÇKömbetar. Las elecciones de septiembre en el 2002 fueron de lo más irregular; cómo no iban a serlo cuando hacía bien poco que se habían enterado los muertos y miles de armas seguían en poder de los insurgentes. Aquella campaña se desarrolló durante el tórrido verano y tuvieron lugar todo tipo de incidentes, desde asesinatos de policías a toma de rehenes, ataques a partidos y medios de prensa.
Por lo tanto, primera conclusión para las elecciones macedonias de 2006: normalidad. Parece que el denominado acuerdo de Ohrid firmado el 13 de agosto de 2001 ha funcionado bien, lo cual es una señal muy esperanzadora para la diplomacia europea, que junto con la OTAN tuvo un destacado protagonismo en la pacificación del país. De hecho, el conflicto macedonio quedó particularmente bien rematado, a diferencia de lo ocurrido tras las guerras de Bosnia y Kosovo. Cierto es que estos fueron conflictos largos y sangrientos. Pero también los es que en Macedonia las cosas no fueron a peor, y en parte ello fue debido a una más adecuada y flexible respuesta diplomática.
El quid de ésta consistió en hacerle saber a la guerrilla albanesa que las potencias occidentales no iban a intervenir a su favor, como de hecho ocurrió en Kosovo. En realidad lo hicieron en su contra, pero de una manera bastante sutil. No podía ser de otra forma: La intervención directa de las unidades de la OTAN era muy problemática, pues cualquier acción directa contra los insurgentes traería problemas para las fuerzas de la KFOR en Kosovo. Pero abstenerse de actuar contra los guerrilleros minaría la autoridad de la OTAN y podría llevar a la desintegración de Macedonia y a una guerra de gran calado internacional en el sur de los Balcanes. La solución consistió, una vez más, en recurrir a la war-by-proxy strategy: utilizar un intermediario, es decir, a las fuerzas del joven Ejército macedonio para repeler la agresión. Aunque no se le dio mucha publicidad, la operación implicó también la adquisición de importantes alijos de armas y municiones a otros países, especialmente a la vecina Bulgaria, muy interesada en intervenir en la zona, pero también a Ucrania; Italia y Alemania suministraron asimismo algún armamento. Igualmente, se utilizaron tropas especiales de mercenarios extranjeros (ucranianos, sobre todo) en el asalto final contra las alturas que dominan Tetovo y para pilotar los helicópteros de combate y los aviones de ataque el suelo.
La diplomacia comunitaria, con el infatiglabe Javier Solana al frente, presionó para la formación de un gobierno de concertación que incluía a representantes de los partidos albaneses, como primera medida para evitar un enfrentamiento entre ambas comunidades, anulando políticamente a la guerrilla. Finalmente, a finales de junio la OTAN comenzó a trabajar en un plan para el envío de una brigada que tendría la misión de recoger las armas de los rebeldes. Pero desde el Consejo Atlántico se insistió en que las fuerzas internacionales sólo se personarían en Macedonia cuando las partes en conflicto hubieran llegado a algún acuerdo político. La tenacidad del presidente Trajkovski y la presión de la diplomacia comunitaria abrieron el camino a la solución cuando el 4 de julio representantes de la minoría albanesa y el gobierno de Skopje acordaron discutir una reforma constitucional a instancias de las propuestas del veterano Robert Badinter, que volvía a escena una década después del colapso de Yugoslavia. A lo largo de julio y agosto las treguas pactadas se rompieron reiteradamente por ambas partes y el plan pareció a punto de fracasar en numerosas ocasiones. Pero el 13 de agosto se firmó el denominado acuerdo de paz de Ohrid. Aunque el alto el fuego fue de nuevo violado, el acuerdo fue la base estable que posibilitó la intervención de fuerzas de la OTAN hacia finales de agosto. La guerrilla entregó las armas que quiso ceder, pero al menos la situación fue evolucionando claramente hacia la calma, a pesar de las protestas de los nacionalistas albaneses contra un pacto y unas reformas constitucionales que consideraban abusivas. Finalmente, una parte de los insurgentes se desmovilizó y se integró en los partidos albaneses, especialmente en el BDI. Todo se hizo sin ruido, sin focos mediáticos y sin dar pábulo a las ganas de gresca de unos y otros. Diplomacia europea, con poco espectáculo, pero eficaz.

Jóvenes albaneses del PDSH durante la campaña electoral. Foto: Reuters
La segunda conclusión que se extrae de las elecciones de 2006 es que el país parece haber cobrado conciencia de que el acceso a la UE es una posibilidad real, y la victoria del VMRO-DPMNE tiene que ver con esa reacción. Aunque no es un axioma, cuando gobierna este partido Skopje se acerca más a Bulgaria. Por el contrario, los socialistas tienden más a simpatizar con Serbia. Entiéndase: la identidad nacional macedonia está conformada, en parte “a la contra de”. Se puede decir que tiene más de búlgara que de serbia, pero no en vano Macedonia se pasó casi todo el siglo XX siendo provincia de Serbia y más tarde región y república de Yugoslavia. El resultado de todo ello viene a ser que las simpatías hacia los vecinos pueden estar repartidas, según las circunstancias. Y ello acompañado de curiosos vaivenes. Por ejemplo: al cabo de un cierto tiempo de estar gobernados por un gobierno más cercano a Sofía, una parte creciente de los macedonios tienden a simpatizar con Belgrado, y a la inversa. Pero la situación actual no parece que obedezca al movimiento pendular de un turno de partidos clásico, sino al hecho de que Bulgaria está próxima a convertirse en miembro de pleno derecho de la UE e interesa acerarse a ella en busca de apoyo y guía para el propio camino hacia la integración. En el momento presente esta claro que Serbia no es el modelo a seguir.
Por último los albaneses. En buena medida, siguen siendo un pequeño misterio. Parece haberse llegado a una situación de equilibrio en virtud de la cual sus partidos políticos hacen de bisagra en los sucesivos gobiernos de coalición. Entre ellos mantienen unas relaciones no siempre amistosas, algo propio de la política en sociedades clánicas. Por otra parte, no todas las armas del extinto UÇKömbetar fueron entregadas y es de esperar que no se produzca una desgracia en el futuro. De momento, para los reporteros extranjeros siguen siendo los actores más coloristas para cualquier reportaje en Macedonia. Un ejemplo en las fotos que acompañan este post. Y para remate la breve noticia de que tras las elecciones se escucharon en la noche de Skopje disparos de armas automáticas y “procedentes de la municipalidad de Cair y el Viejo Bazar”. Según informaciones de la policía, se trataba de miembros y seguidores del Partido de la Integración Democrática de Ali Ahmeti, celebrando su particular victoria electoral.
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Pura poesía fílmica
Si existen bellos rostros armenios, están todos filmados en “El color de las granadas”. Tocados con los característicos gorros cónicos, mantienen fijamente tu mirada desde la pantalla. Todo es lento, la gestualidad, hierática. Hay una clara influencia del teatro mimo en esta película; aunque posiblemente también del primer cine surrealista de Buñuel: un pie que pisa un racimo de uvas, poco a poco las chafa y el espectador puede recrear esa sensación. Viejos libros que rezuman agua tras la inundación; libros que abren sus páginas y muestran la escritura en viejos caracteres armenios. El protagonista, aún niño, ante decenas de libros secándose al viento, como si nerviosos lectores invisibles pasaran sus páginas.
Quizás hay demasiado simbolismo acumulado, como ocurre con todo el cine de autor del Este, incluyendo el ruso. Por supuesto, para entender la película más allá del puro intento de poesía fílmica que es, hay que conocer la vida de Sayat-Nova (Սայաթ-Նովա) es decir, el “Rey de las Canciones”, nombre artístico de Harutyun Sahakyan, el gran trovador armenio. Virtuoso del kamancheh o especie de violín de tres cuerdas de origen iraní, Sayat-Nova fue a la vez un influyente diplomático en la corte del rey georgiano Heraclio II, hacia mediados del siglo XVIII. Pero el amor interfirió en esa carrera en forma de cuento medieval y de hija del rey. Expulsado de la corte, se convirtió en un bardo itinerante que recitaba sus canciones y poemas en armenio, persa, georgiano y turco azerí.
Todo esto daría para un film biográfico con dosis de considerable densidad narrativa e incluso acción pura y dura. Pero el director, Sergei Parajanov (Sarkis Parajanyan en su versión armenia) dedica todo el film a recrear el universo poético de Sayat-Nova. A veces, basta con imágenes casi surrealistas. Uno, dos, tres peces; agitándose aún vivos sobre el mármol entre maderas flotantes. Pies frotándose sobre alfombras mojadas. Tres granadas rezuman sobre un blanco mantel de lino. Una daga caucasiana bajo la cual aparece ese zumo. Estrofa: “Soy el hombre cuya vida y alma son tortura”. Música de fagot, notas de clarinete, viejos sonidos armenios. “Soy el hombre cuya vida y alma son tortura”. En armenio suena impresionante.
El film tiene en sí mismo una historia torturada. Fue rodado en la República Socialista Soviética de Armenia (URSS) en 1969. Dicen que fue la mejor obra de Parajanov, pero también la más oscura. A partir de ahí, se le cayó el mundo encima. Hubo acusaciones para todos los gustos: homosexualidad, formalismo, desviacionismo ideológico, secretismo [sic.], nacionalismo. Por supuesto, el film contiene todo eso y más todavía, pero en la Unión Soviética de la época seguían siendo ingredientes indigeribles en una obra de arte. Parajanov casi se pasó el resto de sus días en la cárcel, antes de morir de cáncer en 1990, sin haber asistido a la independencia de Armenia.
“Mi agua es de una clase especial / No todo el mundo puede beberla / Mis escritos son de una clase muy especial / No todo el mundo puede leerlos / Mis cimientos no están hechos de arena / sino de granito sólido”. Las imágenes son realmente potentes, aunque el color sea desvaído. El director compone a veces curiosos retablos incalificables. Son historia, pero son futuro. Y es una película de trasfondo nacionalista, desde luego. Comenzando por los títulos de crédito en caracteres armenios y la insistencia en los símbolos étnicos. Al parecer llegó a exhibirse en algunos cines soviéticos, pero purificada de elementos nacionalistas. Y luego desapareció; pero fueron rescatándose copias. Una en la misma Armenia, a comienzos de los noventa, aunque también incompleta. Parece que otra llegó a los Estados Unidos.
¿Influyó en el cine posterior? Está incluida en el libro de Steven Jay Schneider, 1001 películas que hay que ver antes de morir (Grijalbo, 2005, 2ª edición) como una obra clásica. La escena inicial del monasterio recuerda el comienzo de “Before the Rain”, de Milčo Mančevski (1994). Al fin y al cabo, el film macedonio trata sobre los estragos del nacionalismo. Quien sabe. El cine tiene ese componente de cultura aglutinante y de gran consumo en el que cada obra heredera y lega. Etiquetas: Armenia, armenios, cine, Macedonia, música tradicional, Parajanov, poesía, Sayat-Nova