viernes, enero 22, 2010

Al Qaeda sigue llevando la iniciativa





















Una víctima del atentado de Jost: Jeremy Jason Wise, 35, "security contractor". El equipo de última generación no tuvo ninguna utilidad frente a las viejas astucias de una de las profesiones más antiguas de la historia.

En un corto periodo de tiempo, en las semanas finales de 2009, el radicalismo islamista impulsó tres espectaculares atentados (supuestamente coordinados por Al Qaeda): la matanza en la base militar de Fort Hood (Texas), protagonizada por el mayor Nidal Malik Hasan, que causó 13 víctimas mortales, la mayor parte de ellas, soldados norteamericanos (5 de noviembre). En segundo lugar, el fallido intento de provocar una explosión en el vuelo 253 de North West Airlines cuando estaba a punto de aterrizar en Detroit (25 de noviembre) a cargo del médico nigeriano Umar Farouk Abdul Mutallab. Por último, el ataque contra una base avanzada de la CIA en Jost (Afganistán), el 30 de diciembre. Esta operación, que se saldó con la muerte de siete responsables de inteligencia, entre ellos algunos oficiales de la CIA, incluyendo el jefe de la FOB, un oficial de inteligencia jordano y otro afgano, jefe de la seguridad de la base. Seis personas más quedaron gravemente heridas. El ataque protagonizado por un agente doble jordano, que se autoinmoló cargado de explosivos, supone uno de los mayores desastres de los servicios de inteligencia norteamericanos.

Es evidente que las tres acciones formaban parte de una ofensiva del terrorismo islamista destinada a demostrar las vulnerabilidades de los servicios de seguridad e inteligencia de los Estados Unidos, humillándolos y provocando una oleada de miedo y desconcierto no vista en ese país desde el 11-S.

No voy a repetir aquí la larga lista de carencias que han dejado en evidencia los ataques. La gran mayoría de la prensa mundial las ha puesto de relieve detalladamente. En este post sólo vamos a centrarnos en otro grupo de consecuencias.

En 2008, Riddley Scott estrenó su film “Body of Lies”, considerada erróneamente una obra puramente comercial. En los Estados Unidos se evitó cuidadosamente considerar el contenido de las críticas que la película dedicaba a denunciar un estilo “neoliberal” de hacer la guerra contra el “terrorismo mundial”. Los protagonistas eran un agente de campo de la CIA, su jefe y controlador desde Langley, y el jefe del servicio de inteligencia jordano (Dairat al-Mukhabarat al-Ammah), un ficticio Hari Salaam. En el film, los tres siguen la pista de un peligroso terrorista, Al-Saleem.

"Body of Lies" contenía un mensaje interesante: no se pueden organizar operaciones de inteligencia basándose en lo que se podría definir como la pura rentabilidad inmediata, tan en boga por entonces. Hari Salaam le explicaba al agente Ferris (Leonardo Di Caprio) que, en Oriente Medio, la lealtad es la base del trabajo de inteligencia.

Un año después, tras el atentado de Jost, la imagen del Dairat al-Mukhabarat al-Ammah ha quedado tan deteriorada o más que la de la misma CIA. Pero el mensaje de Hari Salaam sigue siendo más válido que nunca. Un tinglado de inteligencia “artesanal” o de “aficionados”, como es el de Al Qaeda, está demostrando tener una capacidad operativa capaz de dejar fuera de juego a toda la comunidad de inteligencia norteamericana, altamente profesional, estructurada y tecnologizada.

En realidad, el fenómeno no es tan grave si tenemos en cuenta que Washington planteó el combate a escala global. Si el prestigioso Mossad ha recibido numerosos golpes en los estrechos márgenes territoriales de su principal teatro de operaciones, podemos imaginar que los norteamericanos seguirán sufriendo desastres similares en el futuro, incluso mucho más graves.

Lo que ha resultado realmente temerario es la pretensión de que los servicios de inteligencia norteamericanos nunca encajarían fracasos como éstos. Esa arrogancia seguramente está pasando una seria factura en su credibilidad ante los aliados. Porque si en un par de meses, la seguridad norteamericana ha sufrido tres atentados humillantes, los numerosos servicios que tienen como modelo a las agencias de la comunidad de inteligencia estadounidense se estarán planteando que ese patrón ya no sirve. Que la información que les suministra el amigo americano está contaminada (¿y en qué proporción?). Que confiarle, a su vez, información sensible de cosecha propia puede ser inútil; o, lo que es peor, arriesgado. “El espionaje de EEUU se sume en el derrotismo tras la cadena de errores”, rezaba el titular de una crónica de Antonio Caño en “El País”. ¿Sólo el de EEUU?

Por otra parte, como se podía leer en un portal de noticias, es Al Qaeda quien domina los tiempos, quien va por delante. Mala cosa, cuando el adversario es quien lleva la iniciativa, cuando se supone que la imaginación estratégica es, precisamente, patrimonio de las potencias occidentales. Y continuaba el anónimo autor del certero análisis:

"Siempre malas consejeras, las prisas son letales cuando el enemigo no las tiene, cuando está convencido de que la sombra termina alcanzando al que sabe esperar. En el combate contra Al Qaeda, las democracias occidentales están lastradas por las prisas, por el frenesí mediático que exige informaciones, explicaciones, respuestas y hasta soluciones instantáneas, por la impaciencia de una población educada en la satisfacción inmediata, por la angustia de unos políticos que actúan en el cortoplacismo de los procesos electorales".

Con lo cual volvemos de nuevo al film de Ridley Scott.




















Fotos que han conmocionado a la comunidad de inteligencia occidental: el agente doble (triple, en realidad) Humam Jalil Abu Mulal al Balawi. Arriba, en su faceta occidentalizada; abajo, en el vídeo que grabó explicitando cuál era su verdadero adversario




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lunes, noviembre 16, 2009

Silos nucleares paquistaníes [Pakistan nuclear sites]




















Click the map to enlarge

Este es el mapa de los silos nucleares paquistaníes. Sargodha es la base principal. Los silos de lanzamiento están señaladas en rojo. Aunque ya desde la primavera se viene especulando con la posibilidad de que fuerzas especiales de los Estados Unidos pudieran intervenir para hacerse con el control de los sistemas nucleares paquistaníes, esa especie se está haciendo muy insistente en las últimas semanas, en torno a la última campaña de atentados extremistas. [Novedades sobre ello a 20.11.2009]



Here it is: a map of the Pakistani nuclear silos. Sargodha is the main base. The launch sites are marked in red. Since spring, some sources speculated that the JSOC of the U.S. Forces might intervene to gain control of Pakistan's nuclear systems, but this rumor is very insistent in recent weeks, after the last campaign of terrorist attacks. [News about this matter: 20th, November, 2009]

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jueves, septiembre 13, 2007

I Wanna Be Like Osama (2)
















Efectos del primer atentado de Al Qaeda, que tuvo lugar el 26 de febrero 1993, cuando un coche bomba fue explosionado por un terrorista en el parking del World Trade Center. Un hecho generalmente olvidado por nuestra prensa, que suele datar el primer atentado de esta organización en 1996. Un buen ejemplo de las inexactitudes que suelen acompañar la cobertura informativa de las acciones de Al Qaeda, supuestas o reales


Hace algo más de un mes se hacía en este mismo blog un comentario sobre el musical “Yihad”, presentado en el “Edinbugh Fringe Festival” este mismo verano. Este post continúa con considerando algunas cuestiones de imagen y política informativa en torno al fenómeno Al Qaeda. La fecha no es casual: al autor de estas líneas las efemérides le resultan fastidiosas. Más en este caso: posiblemente deberíamos negarnos a “festejar” informativamente el 11-S, a concederle una importancia especial, reverencial, a esa fecha y hacerle así el juego a los que se cometieron el atentado. Cada septiembre, cada 11-S, esperamos atentados espectaculares y sangrientos, y cada año, grupos de islamistas radicales, que saben de nuestra expectación y del vértigo que desatan las efemérides en los medios de comunicación, intentan conmemorar a su manera la fecha. Por lo tanto, una propuesta inicial: hablemos del 11-S al día siguiente; o al otro, el 13-S. O un mes después. Es mejor dejar de publicar caricaturas estúpidas sobre Mahoma y no sacralizar de ninguna manera la violencia que nos imponen los demás. No le hagamos el juego, desde los medios de comunicación, a los terroristas de ningún signo, porque para eso cuentan ellos con los medias. De esto trata este post.
















Septiembre-octubre de 2001: tras los atentados del 11-S, se desencadenó una verdadera histeria en torno a unos supuestos atentados con antrax, un asunto que se atribuyó a Al Qaeda pero nunca llegó a aclararse


El atentado contra un grupo de turistas españoles en Yemen (2 de julio) puso de relieve –no por primera vez, pero sí de forma clara- que de vez en cuando afloran las dudas. Es cierto que las autoridades de ese país dijeron haber terminado con la vida de los autores del asesinato y que pertenecían a una rama local de Al Qaeda. Lo cual no es en absoluto descabellado si tenemos en cuenta que Yemen es una continuación geográfica y cultural de Arabia. Sin embargo, en su momento, el atentado dejó una sombra de duda en el aire, que tardó en disiparse. Es como si el gobierno yemení se hubiera apresurado a resolver el caso, solventar la papeleta y a pasar página, cuando aún quedaba temporada turística por delante. En realidad y a efectos de este post, es irrelevante quién haya firmado la desdichada acción. Lo importante es esa, hasta cierto punto, novedosa incertidumbre, hablando desde un punto de vista de políticas informativas.

¿Alguna fuente oficial de Al Qaeda reivindicó el atentado? Aunque es posible que me equivoque, no tengo noticia. Pero les diré algo: aunque hubiera sido así, ¿tendríamos que creernos a pies juntillas que el ataque contra los turistas españoles formó parte de la estrategia de Al Qaeda? La verdad es que todas las posibilidades están abiertas y el tratamiento de la noticia parece que, por fin, comienza a asentar las dudas sobre la costumbre periodística de aceptar que cualquier atentado cometido por musulmanes tiene que ver con Al Qaeda. Una actitud que, hasta ahora, le ha hecho el juego a Al Qaeda porque –entre otras razones- le ha ido permitiendo cubrir flancos débiles en su “estrategia de la franquicia”. Y además, ha contribuido a la creciente islamofobia que vivimos y sufrimos en Occidente, que también va a favor de los radicales: hacer que los extremistas de cada bando hostiguen a los moderados es un viejo truco de terroristas y grupos belicosos.


















Bomberos con uniformes de protección químico-bacterológica se desinfectan tras investigar una carta con polvo blanco recibida en el Ministerio de Salud de Grecia. La alarma había cruzado el Atlántico en pocas horas

¿Es siempre Al Qaeda quien comete los atentados atribuidos a esta organización? Aunque no disponemos de datos para dudar de ello, parece que está extendiéndose una nube de escepticismo. Vayamos por partes. Y comencemos por reconsiderar la validez de la “estrategia de la franquicia” practicada por los ideólogos y líderes Al Qaeda. ¿Es tan eficaz, es tan imaginativa y exitosa? Posiblemente fue válida en una primera fase de la campaña de atentados, cuando la organización de acciones por parte de grupos autónomos de seguidores pero con alguna forma de coordinación y hasta diseño a partir de un Jalid Sheij Mohamed (detenido en su Pakistán natal en marzo de 2003) pudo dar la impresión de que Al Qaeda era una gigantesca organización, un ejército en la sombra de ámbito planetario. En cierta manera era la versión “verde” de la peor pesadilla de la Guerra Fría e incluso antes: la “conspiración roja” manejada desde Moscú. No cabe dudar de que este recuerdo le ha conferido una envergadura a Al Qaeda que, posiblemente, en nuestros días, está lejos de poseer.














Los empleados de correos de Brasil, fueron provistos con una protección más que dudosa ante la posibilidad de que cartas con antrax pasaran por sus manos. Este tipo de pánicos han hecho más por Al Qaeda que muchos atentados reales


Hasta ahora, los medios de comunicación occidentales han trabajado a favor de la campaña de Al Qaeda, atribuyéndole, sin cuestionarla demasiado, la supuesta autoría cualquier atentado o acción que pareciera llevar su sello: ataques suicidas, matanzas masivas de población inocente, formato espectacular o, simplemente, novedoso. Ahora las cosas parecen estar cambiando, la duda aparece. Pero es que, en realidad, la “estrategia de la franquicia” es susceptible de generar numerosos problemas críticos en la misma organización que la pone en práctica.

En primer lugar porque, siguiendo el manual del terrorismo moderno, Al Qaeda necesita de la prensa y sobre todo, la televisión occidentales; los medios de comunicación son un arma más, al servicio de la acción directa. Como cualquier otro grupo violento de esas características, el de Bin Laden cuenta con que los medias contribuyan a actuar como pregoneros y altavoces de sus ideas, magnifiquen el impacto de sus acciones, ayuden a generar confusión. Pero claro está: si un grupo terrorista no vinculado ideológicamente a Al Qaeda lleva a cabo una acción y reivindica el hecho en beneficio propio (por numerosas circunstancias oportunistas) los medios de comunicación no dudarán ni un instante en aceptar esa versión de los hechos; sobre todo, si el grupo terrorista ha tomado la precaución de recurrir a un modus operandi supuestamente similar al de los hombres de Bin Laden. A partir de ese momento, si Al Qaeda niega la autoría, pone en cuestión su “estrategia de la franquicia”; y si calla y otorga, casi peor todavía, porque estará contribuyendo a pudrir su plan estratégico de actuación, incluso a medio plazo. Y ese detalle, paradójicamente, es el uno de los talones de Aquiles operativos de Al Qaeda, que quizá no ha sido convenientemente explotado.

















Jalid Sheij Mohammed poco después de su captuta. Hasta 2003 fue, al parecer, el principal planificador y coordinador de los atentados de Al Qaeda



Se podrá objetar que pocos grupos terroristas estarían dispuestos a obrar de ese modo; bien por temor a las represalias de Al Qaeda, o porque pondría tras de sí a los potentes servicios de seguridad occidentales. Pero en la ya larga historia de los grupos terroristas existen numerosos ejemplos de acciones de provocación, grupúsculos descontrolados, líderes audaces dispuestos a jugarse el todo por el todo, oportunistas mil, simples perturbados y, cómo no, servicios de inteligencia (o secciones concretas dentro de ellos), gente muy profesional, en suma, sacando partido del río revuelto.

Por otra parte, la “estrategia de la franquicia” posibilita que las fuerzas de seguridad occidentales o de sus aliados se apunten, de vez en cuando, algunos tantos falsos pero que le vienen bien en sus campañas contrainsurgentes. Imaginemos –es un suponer- que un supuesto terrorista es abatido por la policía del país Y tras el atentado X, atribuyéndole una imaginaria militancia en Al Qaeda. En ese caso, la policía local del país Y estaría sacando un fácil provecho de una vulnerabilidad de Al Qaeda. Algo similar ocurrió a finales de los años cincuenta del siglo pasado en Sierra Maestra, Cuba, cuando las tropas del dictador Batista ejecutaban campesinos y ante la prensa los hacían pasar como guerrilleros del Movimiento 28 de Julio. Fue justamente por esa razón que Castro lanzó la consigna de que sus hombres se dejasen crecer la barba, a lo que dio amplia publicidad: era algo que las fuerzas de seguridad no podían improvisar y por lo tanto los castristas previnieron eficazmente un flanco débil en su campaña de insurgencia: el mediático. Parece difícil que Al Qaeda logre tapar esa brecha si continúa organizando sus campañas en torno a la “estrategia de la franquicia”; y, de otro lado, ahora es ya tarde para hacer tabla rasa y comenzar con otra nueva.












Estremecedora imagen de algunas mujeres comando muertas en el asalto de las fuerzas especiales rusas al Teatro Dubrovka en Moscú, octubre de 2002. El local había sido tomado por radicales chechenos. A pesar de que eran conocidas las relaciones de algunos grupos islamistas y nacionalistas chechenos con al Qaeda, la prensa occidental nunca los consideró parte de la estrategia de la franquicia. Sin embargo, los yihadistas sí los presentaban de esa forma. Las conveniencias políticas han influido mucho en la catalogación de lo que son o no atentados de Al Qaeda por la prensa occidental.


En realidad, con su “estrategia de la franquicia”, Al Qaeda inauguró un enorme bazar del terrorismo, donde cualquier profesional del ramo, tendencias ideológicas o motivaciones reales al margen, puede llevar a cabo la acción que le interese, reivindicarlo (más o menos explícitamente) en nombre de Al Qaeda y aprovechar como mejor le parezca el impacto que tiene esa trade mark. Por ello, más que nunca, es necesario que para evaluar a quién corresponde la autoría de un atentado, debamos preguntarnos, antes que nada: Qui prodest?. ¿A quién beneficia? Y a continuación, las fuerzas de seguridad han de ponerse a buscar, sobre todo, al responsable operativo de la acción.

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sábado, agosto 04, 2007

I Wanna Be Like Osama (1)















Cartel del vodevil: "Yihad: el musical", estrenado el pasado 1º de agosto en Edimburgo. De momento, y que se sepa, sin incidentes


La música es pegadiza, no lo duden: se escucha un par de veces, y luego aparece y reaparece por la cabeza a lo largo del día: “I-Wanna…Be Like Osama…!” Supongo que es la melodía central de: "Jihad: The Musical" que se estrenó el 1º de agosto en el Edinburgh Fringe Festival, obra de la compañía neoyorkina Silk Circle Productions. La obra es una pieza clásica del vodevil anglosajón, que en su forma más simple puede ser utilizado para amenizar los finales de curso de instituciones académicas y educativas o incluso algún congreso, como los que describe David Lodge en su magistral novela: El mundo es un pañuelo (Small World, 1984). La historia que nos ocupa, esto es: "Yihad: el musical", cuenta cómo un ambiciosillo campesino afgano llamado Sayid al-Boom (un nombre que no necesita comentarios) sueña en llegar a ser un exitoso cultivador de adormidera. Pero una misteriosa mujer envelada le propone trabajar para una no menos intrigante compañía que exporta las amapolas a Occidente. El campesino pronto descubre que en realidad intenta captarle una organización terrorista musulmana que pretende atentar contra el supremo objetivo: “A Very Prestigious Landmark”.

Sin embargo, una siniestra reportera norteamericana llamada Foxy Redstate (otro nombre que no disimula complicadas alusiones) descubre el complot y pretende que Sayid le mantenga al corriente para obtener así el scoop, la gran exclusiva soñada por cualquier reportero que se precie. La recta y mandona hermana del afgano (Shazzia) acude al rescate ayudada por un francés, el profesor Jacques, de la Sorbona (!) aunque la decisión de Sayid queda pendiente hasta el último momento, otro elemento típico y tópico de la narrativa anglosajona.



El actor Sorab Wadia interpreta en la obra al reclutador y terrorista Hussein al-Mansur, que con un inglés de acento recortado y un espantoso traje de raya diplomática canta: "I Wanna be Like Osama". Obsérvense el coro de féminas de riguroso burka, armadas con lanzagranadas y ametralladoras de cartón








Los autores, argumentan que Yihad: el musical es “a madcap gallop through the wacky world of international terrorism; one that puts the powers that be in their place, and that invokes the Blitz spirit that we must laugh at those who seek to intimidate us. Stand back! This is a high-kicking chorus line!”. Resulta evidente que no estamos ante ninguna obra maestra de la dramaturgia universal. Yihad: el musical es una pieza que derrocha sal gruesa, argumento facilón y estilo voluntariamente zafio e infantil. Formalmente es cutre y salchichera, parece cosa de aficionados y está producida con cuatro céntimos. Pero de eso se trata, precisamente. El piano que acompaña la pieza “I Wanna Be Like Osama” es, en efecto, un aderezo indispensable del estilo cabaretero que los británicos tanto gustan de corear bebiéndose unas buenas pintas. Y, en efecto, si que recuerda mucho el fondo y la forma de aquellas obritas que ayudaban a mantener la moral británica en 1940 cuando llovían las bombas alemanas sobre la isla (la Batalla de Inglaterra o Blitz a que hace referencia la reseña).

Ante esta voluntaria provocación, los bienpensantes se han infligido aparatosos desgarros de vestimenta, llanto y crujir de dientes. Según la nota de Efe que reprodujeron fielmente “La Vanguardia” y “El País” sin quitar una coma, “ya hay algunos que, antes del estreno, se han levantado contra lo inapropiado de que este musical se estrene en Escocia, escenario hace un mes de un atentado fallido contra el aeropuerto de Glasgow, y en un país como el Reino Unido, que sigue en estado grave de amenaza terrorista. En la página web del 10 de Downing Street, residencia del Primer Ministro británico, varios ciudadanos piden a su inquilino, Gordon Brown, que "condene este retrato de mal gusto del terrorismo y sus víctimas".

Tiene gracia ese “algunos”, seguido más abajo del “varios ciudadanos”. ¿Cuántos son exactamente, qué peso social, intelectual, político e incluso moral tienen “algunos” que envían sus mails a las página web del gobierno británico o que se enzarzan en discusiones paletas entre ellos mismos, en los foros de las ediciones on-line de los periódicos, bien escudados tras los respectivos alias?. Hubiera estado bien leer las protestas de esos tipos en 1942, cuando se estrenó “
To Be or Not to Be” de Ernst Lubitsch, que incluía mucha broma sobre la ocupación alemana de Polonia, los campos de concentración y, cómo no, el mismísimo Adolf Hitler. O contra Chaplin en “El gran dictador”.




Fotograma de "Ser o no ser" (1942), la celebrada sátira de Lubitsch contra el nazismo




Y es que Yihad: el musical es una obra que intenta ridiculizar al enemigo. Podemos discutir (y así se hará) sobre la entidad real de ese adversario; pero existe como tal, porque así se ha definido por sí mismo a través de los discursos y proclamas editados en internet o divulgados por todo el mundo a través de las cadenas de televisión (nunca, y es un detalle interesante, a través de la prensa escrita). Por lo tanto, un grupo de comediantes, tiene todo el derecho del mundo a montar una obrita de tres al cuarto en la que intentan ridiculizar al enemigo y con ello, desdramatizar la amenaza. El hecho de que haya participado algún judío no tiene por qué ser motivo de especial escándalo, y menos aún teniendo en cuenta que en el reparto haya actores como Daniella Rabbani, italo-americana, o Sorab Wadia (que es quien canta “I Wanna Be Like Osama”, nacido en Bombay, India (y no judío, como argumentaba, con gran indignación un comentario a pie de vídeo en You Tube).

¿Constituye el vodevil una falta de respeto explícito para con las víctimas? No parece que tenga mucha lógica el argumento de que atacar al verdugo suponga burlarse de aquellos que lo han padecido. Si fuera así, “La vida es bella” (1997), dirigida e interpretada por Roberto Benigni, habría recibido duras críticas de la comunidad judía, cosa que no fue así, por acercarse con humor a la tragedia del Holocausto. De forma más precisa, denunciar "Yihad: el Musical" como inapropiado podría equipararse a haberlo hecho con varias de las comedias de Monty Python en los años ochenta, comenzando con la divertida caricatura de los “movimientos de liberación” tan al uso por entonces, en “La vida de Bryan” (1979).


















Bryan crucificado por haberse metido en los líos políticos del "Frente de Liberación de Judea", en el cáustico film de Monty Python

Pero quizá, en tal caso, y si es así, la afrenta de ridiculizar al terrorismo de Al Qaeda no sólo iría dirigida contra las víctimas del 11-S, del 11-M o del 7-J, sino también los miles de personas inocentes que mueren continuamente en Irak ante la casi total indiferencia universal. Ya saben: mujeres, niños, ancianos, atrapados entre la fracasada política de intervención angloamericana y la ineficacia criminal de las bombas extremistas de la insurgencia y de los supuestos aliados de Al Qaeda. Y algo similar podría decirse de las víctimas en Afganistán, también hombres, mujeres, niños, ancianos, todos civiles e inocentes, que son uno de los resultados colaterales de seis años de “intervención humanitaria”, liderada por una OTAN que nadie sabe ya para qué sirve, aparte de ayudar a reinventar una imposible guerra fría con Rusia.

Claro, aquí hay un problema añadido: ¿Es el vodevil de Silk Circle Productions un ataque contra el islam? Algunos pequeños miserables se regocijaban en los foros de que la obra atacara a los musulmanes. En realidad, “Yihad: el Musical” va dirigida contra el fanatismo de una organización terrorista, no contra el islam. De ahí precisamente este post: la sátira no tiene nada que ver con, “Borat”, por ejemplo, que fue acremente reseñada en este mismo blog, hace algunos meses. El “chorus line” de Silk Circle Productions no ataca a ninguna colectividad social o nacional de una forma tan gratuita, como lo hacía el film de Sacha Baron Cohen. De la misma forma, el vodevil angloamericano que se estrenó en Edimburgo tampoco tiene relación con las caricaturas contra Mahoma publicadas en septiembre de 2005 por el diario danés “Jyllands Postem” y que tan virulento rechazo cosecharon en el mundo musulmán. En aquella ocasión se atacó a un símbolo religioso universal identificando de paso a islam con terrorismo. Eso fue, ni más ni menos, que una notoria demostración del creciente racismo y la intolerancia que están creciendo en Europa. Para los nazis, cualquier judío del mundo era eso, antes que ciudadano de su nación. El ser judío era una calidad “cosmopolita” (entendido el adjetivo de forma despectiva) debido a su base “racial” y por ello, jamás se definiría como alemán, francés, ruso lo que fuera: siempre sería, antes y ante todo, judío.












El "Jyllands-Posten", venerable diario danés (1781) que, en 2005 no dudó en explotar a fondo la "comercialización de la libertad de expresión" a base de unas caricaturas islamofóbicas, expresión del auge de la opinión ultra y racista en Europa. Aún hoy, la edición on line del diario sólo permite a los abonados el acceso a las caricaturas, aunque éstas pueden ser vistas a través de Wikipedia. De otra parte, el periódico acapara en su propio país duras controversias sobre sus opiniones en relación a temas como la inmigración. Y según "Media Guardian" en su edición del 6 de febrero de 2006, el "Jyllands-Posten" rechazó publicar caricaturas sobre Jesucristo en abril de 2003 con el pretexto de que podrían herir la sensibilidad del lector danés.



Actualmente asistimos a la reactivación de esa misma mentalidad racista, fomentada incluso desde medios de comunicación presuntamente progresistas. Un sirio, un egipcio, un iraquí, un paquistaní o un afgano, son simplemente y ante todo “musulmanes” para miles de cristianos bienpensantes del Viejo Continente. Seguramente, a toda esa gente les resulta imposible concebir que el Holocausto o el genocidio de Ruanda fueron perpetrados por cristianos. ¿Qué opinarían si un periódico no blanco ni europeo publicara una caricatura en la que Cristo se identificara con el fascismo, el nazismo o el simple racismo?¿Acaso los viejos antisemitas del siglo XIX no se esforzaron por “demostrar” que Jesucristo no había sido judío sino ario?

De otra parte, “Yihad: el musical” aporta su granito de arena contra la prepotente y zorruna prensa occidental y sus pretensiones de “libertad de expresión” cuando le conviene, lo que muchas veces se traduce en el objetivo de lograr una mejor venta de la propia mercancía informativa. El nombre de la periodista norteamericana que pretende manipular a Sayid no tiene desperdicio: “Foxy Redstate”. Si, desde luego que hace referencia a cierto canal de televisión; y a alguna que otra profesión menos correcta políticamente. Habrá que visionar la obra para comprobar qué papel juega el profesor francés que quiere salvar a Sayid; quizá se haya introducido alguna modificación de última hora que recuerde la forma en que Sarko se dedica a hacer “intervencionimso humanitrario” a costa de vender misiles antitanque Milan a Gadafi (por valor de 168 millones de euros) y pactar la construcción de una central nuclear en Libia, con el pretexto de haber contribuido a la liberación de las enfermeras búlgaras.
















Sarkozy acompaña a Gadafi durante la reciente visita de presidente francés a Libia. El dictador exhibe un look próximo al de los disfraces de Michael Jackson



Por lo tanto, amigos, ya lo saben: sobran los motivos. Dejen atrás los miedos y prejuicios, no se queden encogidos en una esquina cagándose en los zapatos. En el mejor de los casos y aunque sea en una microscópica proporción, contribuirán a la paz mundial. Vean y escuchen el videoclip, dejense llevar por la pegadiza tonadilla, pongan su mejor voz cazallosa para hacer el coro y entonen: “I-Wanna…Be Like Osama!!” (La letra, a pie del video)






Letra de la canción por gentileza de Jauhara al Kafirah, que vive en Infidelphia y se define en su blog como "THE Najiest Kuffar in all of Dar el Harb!"

I Wanna Be Like Osama!

I wanna be like Osama
I wanna bomb a path to fame across the earth!
I know people may abhor me, but by God they won’t
ignore me
When the CIA determines what I’m worth.
I will delegate the killing to the malleable and willing
But be sure to have top billing when the news gets
around,
Please make me like Osama B.
I’ll be Islamically renowned!

I wanna be like Osama
I want aplomb, allure and flair that can convince!
If I hadn’t been so rowdy, they’d have let me stay in
Saudi,
But I couldn’t play the big leagues as a prince.
So I film eloquent reminders that the Yanks have yet to
find us,
Though we’re happy to attack them on home ground!
Please make me like Osama B.
I’ll be Islamically renowned!

And they will speak of me throughout history,
Oh, what bliss to be al Mansour!
I’ll enact my plan, be the bogeyman!
With a brand new holy war!

I wanna be like Osama
I wanna wear designer clothes beneath a robe!
While my lackeys loom like vultures, I’ll declare a clash
of cultures,
Kill civilians by the millions round the globe!
Grow a beard down to my navel, conquer YouTube, get
on cable,
And be wealthier than any man I know!
Please make me like Osama B.
With an al Jazeera Show!

Who could ask for more, to be six-foot-four,
Oh, the name Mansour will be known!
And I won’t be missed on the wanted list,
With a jihad of my own! Yes a jihad of my own!

I wanna be like Osama
I want celebrity and riches that astound!
Please make me like Osama B
I’ll be Islamically renowned! I’ll be Islamically renowned!

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domingo, junio 03, 2007

NOTA: ¿Se está fabricando un nuevo Eje del Mal?















Panorámica de los tanques de combustible del aeropuerto internacional JFK de NY



En las últimas veinticuatro horas han saltado a la actualidad informativa dos noticias de alcance que parecen continuar la línea argumental del último post publicado en este blog. Primera: el supuesto complot para atentar contra el aeropuerto JFK de Nueva York a cargo de una “célula terrorista de extremistas musulmanes muy persistente” –definición del portavoz del FBI. Según la fiscal del distrito Este de NY, Roslynn Mauskopf (es imposible evitar alguna broma sobre lo que sugiere la traducción de ese apellido) se trata de uno de los “complots más escalofriantes que se pueda imaginar”.

La descripción de la trama, componentes, objetivos supuestos, reales o imaginarios del rocambolesco complot no tienen que ver con la temática de este blog. Pero sí algunos datos que, de pasada, conectan la noticia con la situación en Oriente Próximo. Primera: las sucesivas crónicas no relacionan a los detenidos con Al Qaeda. El portavoz del FBI no lo hizo, aunque tampoco parece haberla negado.

Segundo: de los detenidos, dos son de Guayana y un tercero de Trinidad y Tobago. Se busca a un cuarto integrante de la “célula” que también sería de Guayana. Esto quiere decir Caribe, y esos países se sitúan muy cerca de Venezuela. Como recordarán, ya hace meses que determinados foros e incluso agencias de noticias insisten en la posibilidad de que el Irán de Ahmadineyad y la Venezuela de Chávez hayan forjado una turbia alianza que va más allá de acuerdos en la venta de crudo; el último grito parece ser la rutilante aparición de Hezbollah (recientemente investido como "grupo terrorista más peligroso del mundo") por el Caribe.

Casi todas las crónicas publicadas en la red y en la prensa son copia de un par de noticias de agencia y repiten los mismos datos una y otra vez, pero rastreando con cuidado podemos encontrar un detalle interesante: “Isha Kadir, la esposa del sospechoso [Abdul Kadir], dijo que su marido voló a Trinidad el jueves y fue detenido el viernes al abordar un vuelo desde ese país a Venezuela, donde planeaba recoger una visa para asistir a una conferencia islámica en Irán” –podemos leer en una crónica publicada en red por “Univisión” el 3 de junio a las 09:43 ET. De todas formas, el detalle ya saltó a la red durante el día de ayer, nada más conocerse la noticia.

Abdul Kadir es un antiguo parlamentario de Guyana, mientras que el resto de los acusados pertenecerían a la organización afro-trinidaria Jamaat al Muslimeen, grupo que parece centrar su atención e intenciones en la situación interna de la isla, aunque especulaciones altamente alarmistas de hace dos años consideraban la posibilidad de que células terroristas pudieran atacar el canal de Panamá desde el Caribe.

Para concluir, algunas declaraciones de expertos ya están quitándole hierro al “escalofriante” complot. En crónica de “La Vanguardia” de hoy mismo: “El portavoz de la compañía [que gestiona los depósitos de combustible del JFK], Roy Haase, restó importancia a los supuestos planes de atentado, al indicar que el conducto [contra el que se pretendía atentar] está enterrado casi por completo y no contiene oxígeno, un elemento indispensable para provocar un estallido. "Decir que el conducto iba a estallar simplemente no es posible", agregó Haase, que opinó que si lo que estallara fuera un tanque de combustible los daños se limitarían a las cercanías de ese tanque, no al conducto en sí.”

Por lo demás, el ejército libanés se enfrenta a un nuevo foco de insurgencia palestina radical en otro campo, el de Ain el Helu donde, según Seymour Hersh en su artículo del pasado mes de marzo, también llegaban “ayudas” de círculos cercanos al gobierno de Siniora. Parece que el Ejército libanés está aprobando el primer examen contra al Fatah al Islam; veremos cómo le va con el segundo y si pronto estará preparado para misiones de más calibre.

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martes, mayo 29, 2007

Líbano 2007: Un embrollo apenas sofisticado

















Un miliciano de Al Fatah al-Islam, posa para el fotógrafo, Corán en mano y empuñando un fusil de asalto norteamericano M-16. el equipo y el arma son nuevos de trinca.


Conviene tener en cuenta la pista porque proviene de una fuente segura: Georges Corm, uno de los más lúcidos analistas árabes, ex ministro del gobierno libanés él mismo y autor de algunos de los libros y artículos más clarificadores sobre la compleja historia y política de su país. La alusión fue publicada en castellano en un artículo de opinión aparecido en ”La Vanguardia” el pasado 24 de mayo, titulado: “Líbano en la tormenta”. La pieza, obviamente, hacía referencia al actual enfrentamiento entre el Ejército libanés y los milicianos de Al Fatah al Islam en el campo de refugiados de palestino de Nahr Al Bared.

Corm sugiere de forma bastante explícita que la provocación de los combatientes de Al Fatah al Islam está relacionada con el descontento existente en diversos países intervinientes en la zona (Estados Unidos, Arabia Saudí) con la actitud del Ejército libanes que, desde la guerra del pasado verano, no ha intentado desarmar a las milicias de Hezbollah. Es más, de hecho ha confraternizado en numerosas ocasiones con esa organización. Mientras tanto, no es ningún secreto que Washington apoya al gobiernos libanés de Fouad Siniora, seriamente acosado por Hezbollah desde hace meses.
















Soldados del Ejército libanés en los recientes combates. Todavía intentan proteger sus cabezas con anticuados cascos italianos. De todas formas, su mayor debilidad es la estructuración de sus unidades en base a consideraciones étnicas y confesionales


El analista libanés sostiene que los actuales incidentes entre el Ejército libanés y el grupo yihadista estaban más que anunciados desde hace tiempo. Como apoyo documental cita un extenso artículo que es fácil de encontrar en internet y fue publicado ya hace más de tres meses en “The New Yorker”. La pieza, firmada por Seymour M. Hersh –otro gran experto en Oriente Medio y Líbano- se titula: “The Redirection. Is the Administration’s new policy benefitting our enemies in the war on terrorism?” aparecido el pasado 5 de marzo. La fecha es interesante, porque Hersh ya mencionaba por entonces el protagonismo que iba a tener Al Fatah al Islam, grupo que, en teoría era por entonces un perfecto desconocido. La prueba de la hemeroteca, funciona una vez más para probar la excelente calidad informativa de algunas piezas (Si prefiere escuchar y ver la entrevista concedida por Seymour Hersh a CNN, pinche aquí o visiónela al final de este post).

En esencia, Hersh explica que desde hace meses la administración norteamericana está apoyando a los países suníes moderados e incluso (indirectamente) a grupos suníes violentos, obsesionados por el auge del Irán chiíta en Irak pero también de sus aliados en Líbano, es decir, Hezbollah. La estrategia posee peligrosas contradicciones, porque hasta ahora, las tropas americanas en Irak han sido atacadas preferentemente, y tanto en cantidad como en intensidad, por grupos de resistencia predominantemente sunís. El lector puede comprobar por sí mismo hasta qué punto ese planteamiento es problemático en Irak. Pero aquí interesa en especial el caso de Líbano, donde el Washington apoya al gobierno libanés de Fouad Siniora, seriamente acosado por Hezbollah. En ese empeño, los norteamericanos cuentan con el activo apoyo del gobierno de Arabia Saudí, y muy en especial del príncipe Bandar, actual asesor de seguridad del gobierno de Riyad, y antiguo embajador en los Estados unidos durante veintidós años, amigo personal del presidente Bush y del vicepresidente Cheney. Los saudíes, en efecto, están muy preocupados por el auge los iraníes y del islam chiíta en la zona.






















La última moda en alarmismo: Hezbollah se está infiltrando en Latinoamérica e intenta seducir a pueblos indios descontentos, como los Wayuu. En algunos foros ya se afirma de forma contundente que "Hezbollah es la organización terrorista más peligrosa del mundo". Por suerte, algunos grupos ligados a Al Qaeda podrían echar una mano para frenarla, y de paso, quién sabe, liquidar también a Hugo Chávez...

El gobierno de Siniora ha recibido ayudas de todo tipo por parte de sus poderosos aliados. Y también mucho dinero, millones de dólares. Sin embargo, funcionarios norteamericanos en la zona han comentado que se pierde rápidamente la pista de esas ayudas y que algunas han ido a parar a malas manos. Ya en marzo se decía abiertamente que grupos de extremistas suníes yihadistas estaban recibiendo ayudas de círculos cercanos al gobierno Siniora. Estos grupos, aunque pequeños, deberían servir de amortiguador ante los chiíes de Hezbollah; lo malo era que, ideológicamente estaban próximos a Al-Qaeda. Hersh mencionaba dos en concreto: Asbat al-Ansar, radicado en el campo de refugiados palestinos de Ain al-Hilweh [también transcrito como Ain el Helu] ; y Al Fatah al Islam, una escisión del pro-sirio Al Fatah al Intifada, cuya base estaba en el campo de Nahr al-Bared, norte del Líbano. En ambos casos, el articulista recogía testimonios que mencionaban ayudas en dinero y armas de individuos que se presentaban a sí mismos como “representantes de los intereses del gobierno libanés” con el supuesto objetivo de enfrentarse a Hezbollah.

En círculos gubernamentales se expresaba la opinión de que la actual administración libanesa demostraba una actitud “liberal” hacia militantes de Al Qaeda en el país. La preocupación obsesiva es, una y otra vez, Hezbollah, capaz de poner contra las cuerdas al gobierno, quizá también a las fuerzas de mayoría suní. Por lo tanto, todo vale con tal de cortarle las alas a Hezbollah y, si fuera posible, desarticularla. Al parecer, los norteamericanos tampoco verían con malos ojos la infiltración y apoyo de grupos radicales integristas en Siria, como la Hermandad Musulmana. Los saudíes también estarían activamente interesados en tales maniobras.

Si hacemos caso de Corm y Hersh, y son dos firmas de peso, los norteamericanos y sus aliados saudíes se han embarcado claramente en una estrategia activa de enfrentar a suníes y chiítas en Oriente Medio y, de momento, en Irak y Líbano. Resultaría tragicómico -con fuerte desequilibrio hacia el segundo componente- que al final los norteamericanos terminaran apoyando a Al Qaeda abiertamente; entonces, no sería tan extraño que alguien preguntara desde cuándo dura esa situación. Pero sin ir tan lejos, parece claro que la estrategia norteamericana no se centra específicamente en apoyar a suníes contra chiítas. Más bien parece que de lo que se trata es de enfrentar a unos con los otros, al margen de que se alternen los beneficiarios de los apoyos concretos.

En realidad, las cosas pueden ir incluso más lejos, dado que uno de los efectos del actual alzamiento en el campo de Nahr Al Bared ha sido el apresurado
rearme del Ejército libanés con material norteamericano; y por las imágenes que ofrecieron las televisiones, un plus de equipos procedentes de los Emiratos Árabes Unidos y, pronto, otros amigos del americano en la zona (Egipto, por ejemplo). En definitiva: un ejército armado, fogueado y con las manos ya manchadas de sangre, debería mostrar menos respeto hacia la milicia de Hezbollah.






Un avión de transporte C-130 Hércules del Ejército de las Emiratos Árabes Unidos, cargado de armas y equipos militares, se apresta a aterrizar rozando los techos de Beirut, 28 de mayo, 2007








Y a partir de aquí, las puertas quedan abiertas de par en par para todo tipo de conclusiones y elucubraciones. El marco general de las maniobras descritas por Hersh y refrendadas por Corm, es de manual sobre intervencionismo en el espacio ex otomano. Podríamos estar hablando, por ejemplo, de las viejas maniobras franco-británicas en torno a Monte Líbano en la década de 1840. En ese contexto, la reunión de embajadores norteamericano e iraní en Bagdad, el pasado lunes 28 de mayo no excluye todavía nada. Como apunta Corm, si el Ejército libanés no da los resultados apetecidos, podría ser desmontado y liquidado como un saldo. Eso entra, por ejemplo, en la lógica de los estrategas de sofá que pueblan la Brookings Institution: todo es despiezable: Bosnia (Kosovo no, por lo visto), Irak y, por supuesto, Líbano. Dado que ahora están tan obsesionados por el poder de Iran como el mismo presidente Bush, todo lo demás es secundario, incluyendo al mismísimo Osama Bin Laden. Es la estrategia del último minuto, que esconde carencias básicas, como por ejemplo, la falta de objetivos estratégicos de fondo en toda la región de Oriente Próximo e incluso Asia Central.

De todas formas, no deja de ser inquietante ver cómo van cobrando forma concreta las sospechas de que, tras el esquema monocolor de la "guerra contra el terrorismo internacional" que ha venido trompeteando la administración Bush desde hace casi seis años, emergen sombras y tonalidades variadas, contrapuestas y desconcertantes. Los ataques del 11-S inauguraron un amplio supermercado de grupos terroristas, franquicias reales e imaginarias, siglas políticas, secciones de servicios de inteligencia, aliados reales e inventados, surtidos tutti frutti de objetivos posibles y beneficios directos e indirectos todo tipo de formatos. Es lógico: la guerra de contrainsurgencia siempre fue terreno abonado para las fantasías y exageraciones, tanto por parte de las fuerzas insurgentes como las del "orden". ¿Recuerdan por qué los guerrilleros castristas comenzaron a dejarse la barba a finales de la década de los 50 en la Sierra Maestra cubana? Para que el ejército de Batista no presentara las ejecuciones de campesinos lampiños como "bajas" de los insurgentes en "batallas" inventadas.


Individuo armado, en las calles de Beirut, presentado como miliciano de Hezbollah. A destacar el distintivo de su camiseta deportiva












Por lo tanto, la tentación de la mentirijilla está siempre presente en el día a día de la lucha entre los USA y Al Qaeda. Pero claro: si la invasión de un país y el despanzurramiento de su estado, su tejido social y su economía se justificaron sobre delirantes mentiras sobre su capacidad de destrucción masiva "en 45 minutos", ¿qué podemos creernos a estas alturas? Y si resulta que ahora mismo, a la administración Bush y a los chicos de la Brookings les resulta más amenazador un Irán real que los tentáculos de Al Qaeda, e incluso les atrae la posibilidad de utilizarlos coyunturalmente para hacer alguna que otra chapucilla (por ejemplo, contra el muy concreto Hezbollah) la pregunta que surge naturalmente es: ¿Desde cuándo es esa la realidad del problema, tal como se percibe desde Washington?

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domingo, abril 22, 2007

La dudosa rentabilidad de la vía armada
















Un chimpancé dispara una semiautomática Glock 17



Durante los diez días que hemos dejado atrás, los televisores han chorreado sangre: la matanza de Virginia, algunos de los peores o más audaces atentados en Irak, ataques e inmolaciones suicidas en el Magreb y los asesinatos de Malatya, en Turquía. Todos ellos tienen en común la “contumacia la de violencia”, la muy peregrina idea de que recurrir una y otra vez a las armas o insistir en estrategias violentas, produce resultados positivos a sus autores.

Comencemos por lo más sencillo: la contumacia de una parte de la sociedad norteamericana en mantener contra viento y marea la Segunda Enmienda que posibilita la libre obtención de armas. Esta semana han vuelto a reverdecer los muy gastados argumentos de aquellos sectores más carcas o neocons de la sociedad USA en defensa de la libre utilización de armas. Dado que a estas alturas están más que gastados y consisten básicamente en poner el carro delante de los caballos e ignorar los datos objetivos, los defensores de la libre obtención e armas de fuego suelen terminar sus entrevistas, post o artículos con exabruptos y pirotecnias. Ya se sabe: no hay mejor defensa que un mejor ataque.



John Markell: por 571 dólares la pieza, uno de los pocos beneficiarios directos de la violencia social. Y con servicio postventa de cobertura moral: comentario de la jugada y garantía de excusa

¿Cómo se van a abolir la Segunda Enmienda en Estados Unidos si no funciona el control de armas? Claro, es evidente que el control de armas será tanto más difícil en tanto en cuanto se venda libremente en las numerosas armerías que proliferan por todo el país. Precisamente, John Markell, propietario de la tienda de armas que le vendió las automáticas al asesino Cho Seung-hui, no sólo se muestra totalmente libre de remordimientos, sino que incluso ha dado algunos consejillos sobre las armas que hubieran hecho un mejor trabajo en el campus de la Virginia Tech. Y de paso, ha recurrido a los polvorientos argumentos de siempre: si todos los estudiantes hubieran estado armados (la universidad era, lógicamente, "Zona libre de armas") no hubiera ocurrido la tragedia o su alcance hubiera sido menor. No acontecen asesinatos en lugares donde proliferan las armas. Y sin embargo, la realidad de las cifras desmiente esos banales argumentos dignos de los más relajados momentos en la cafetería o peluquería, entre amigotes partidarios de lo que uno despotrica. Si cada día mueren en los Estados Unidos 16 adolescentes en tiroteos, eso ocurre mayoritariamente en barrios marginales, rebosantes de armas. ¿Sí o no?











Un soldado del Ejército Continental de Washington muestra cómo se cargaba un mosquetón durante la Guerra de Independencia

Los controles de armas no funcionan ni siquiera en Europa, nos dicen los defensores de la Segunda Enmienda. Pero los resultados no se puede comparar con el fenómeno americano: sumando todos los países europeos con sus peculiares fallos en el control, no encontramos las disparadas cifras sobre violencia tan propias de los USA. Ni de lejos. Y en medio de todas las estadísticas y cálculos, un dato estremecedor: quien posee un arma de fuego tiene 43 veces más probabilidades de usarla para matar a un amigo o familiar. Es de suponer que un arma para cada miembro de la familia (un calibre 22 para los más pequeñines) sería una fórmula adecuada para el tendero Markell.

Cuando los argumentos se acaban, los defensores de la libre venta y posesión de armas sueltan aquello de: “Los europeos no entienden a los norteamericanos”. Cuando alguien saca a relucir “argumentos” de este calado, mal asunto. Norteamérica es algo tan especial, que a pesar del elevado y cotidiano consumo de telefilms USA, noticias mediatizadas por agencias USA, lógica diplomática USA y productos USA de toda suerte, varios centenares de millones de europeos no son capaces de entender lo más cañí de varios centenares de millones de norteamericanos. Quizá es que el verdadero choque de civilizaciones es el que enfrenta a europeos y americanos. O que en pleno siglo XXI ya nadie puede explicar de forma inteligible dónde carajo ha ido a parar la vieja cultura WASP.

Por supuesto, es un debate político, no realmente sociológico. Casi es materia de fe, lo cual explica que en estos días incluso hayan aparecido chupamedias (adjetivo de uso en Argentina) hispanos que se han lanzado a defender la conveniencia de mantener la Segunda Enmienda en los EEUU. Hace falta ser papanatas para pensar que los americanos partidarios de la libre venta de armas necesitan del “refuerzo” del españolito neocon para sostener sus posiciones. Y bastante limitado para convencer a los europeos del gran logro social que supone la Segunda Enmienda en los Estados Unidos, en pleno siglo XXI.
















Carros blindados asaltan el rancho Waco, en 1993. Uno de ellos enarbola una bandera norteamericana. Las armas con que contaban los davidianos, legalmente adquiridas, no les defendieron del poder superior, que lógicamente, ellos consideraban abusivo


Porque al fin y al cabo, la última palabra sobre la rentabilidad de tales presupuestos la tiene la tecnología. El argumento de que el pueblo debe estar armado para defenderse de los tiranos es de un anacronismo hilarante. Que se lo digan a los 74 desgraciados (mujeres y niños incluidos) masacrados por las fuerzas del FBI en Waco, abril de 1993, con sus armas legalmente adquiridas (un incidente muy censurado en la red, por cierto); que se lo expliquen a los miles de policías muertos cada años en los Estados Unidos a manos de los delincuentes; o a los más de 3.300 soldados muertos en Irak: un arma no es nada sin un entrenamiento intensivo, sin la costumbre de utilizarla, sin el arrojo y los reflejos necesarios. Y aún así, poseyendo todo eso, un arma es poca cosa ante la sorpresa y la emboscada, la inferioridad de condiciones tácticas, la superioridad del tirador adversario.

Pero aún así, admitiendo que una pistola tiene más valor que el de sus 600 gramos de metálico peso: el espíritu de 1776 que concedió a los americanos la “Gun Rights”, tenía como referencia las armas de fuego de esa época. ¿Cuánto se tardaba en cargar y disparar un rifle de Pennsylvania o un pistolón del 0,65?¿Qué alcance efectivo poseían tales armas? Definitivamente, las características letales de la Glock 19 del asesino de la Virginia Tech, año 2007, son muy superiores. El tendero Markell calculó que entre 5 y 10 segundos bastarían para acabar con la vida de diez personas; por eso, opinó (recomendó, de hecho) que para matanzas más rentables, es mejor recurrir al fusil automático: mayor potencia, velocidad de tiro y alcance.


Por lo tanto, las armas de fuego a las que tiene derecho cualquier norteamericano o residente poseen cada vez mayor letalidad. Imaginemos que dentro de unos años, nuevas generaciones de armas portátiles alcanzan todavía mayor eficacia y con una sola de ellas un agresor puede destruir vidas por decenas, en cuestión de minutos. ¿Seguirá siendo válido el “espíritu de 1776”? Si un agresor puede liquidar a 300 personas inocentes antes de que alguien logre abatirlo (sin contar con las “bajas colaterales”) ¿sirve esa lógica de hace tres siglos? ¿300 x 1 sería asumible? En realidad, Cho la emprendió a tiros con un guardia de seguridad, supuestamente armado, que no logró liquidar; pero el segurata tampoco intentó nada, al parecer. ¿32 x 1 es todavía un porcentaje válido? A comienzos de siglo XXI, el nivel tecnológico del armamento ligero ni evita el desorden público y la delincuencia (11.000 homicidios en 2004, 477.000 víctimas por incidentes con armas de fuego en 2005), ni sería útil para evitar una dictadura. Por otra parte, todo lo que no sea libre adquisición de misiles contracarros, explosivo plástico, minas, granadas y sistemas militares avanzados de guerra electrónica (convenientemente actualizados) no tiene nada que ver con "armar al pueblo". Es pura contumacia política adornada por hermosas frasecitas de una demagogia anacrónica.



Los guerreros de Bush. Una visión caricaturesca a cargo de la revista alemana "Der Spiegel"














La tendencia norteamericana a no replantearse sus errores, ni en el interior ni en el exterior, a no reconocer que su sistema socio-político ya no es, ni de lejos, el mejor posible, también se trasluce en la patética posición del presidente George Bush. Esta semana ha quedado bien patente el fracaso del plan de seguridad en Irak. Y lo único que se le ha ocurrido es pedir más fondos al Congreso. Más de lo mismo. Más soldados, más armas, más poder de fuego, para que la derrota sea más sonada, y más evidente la falta de ideas políticas, que son las que a la postre solucionarán de una forma u otra el conflicto. Este sí que es un modelo de contumacia de la violencia poco rentable. Ruinoso, más bien.

Pero la actual presidencia norteamericana y la rígida ala extrema de los republicanos no son los únicos que aplican una muy poco rentable contumacia de la violencia. Con Al Qaeda sucede algo parecido. Los recientes episodios de terrorismo suicida en Casablanca y Argel, revelan una vez más lo escasamente rentable que resulta esa estrategia a medio y largo plazo. No nos engañemos: cuando hablamos de las nuevas potencias emergentes que dominarán el planeta dentro de medio siglo, no figura ningún país árabe musulmán. China, India, Brasil, Sudáfrica, quizá Méjico, puede que Indonesia, también Turquía; se medirán con Europa y los Estados Unidos. Pero nadie habla de Egipto, de Siria, Arabia Saudí, Aregelia, Libia, Marruecos, ni siquiera Irán. Al Qaeda es una lucha de retaguardia, que en último término se nutre de la hipótesis de que los musulmanes ganaron la Guerra Fría al derrotar militarmente a la URSS en Afganistán, gran semillero de los combatientes de Argelia, Egipto, Marruecos, Bosnia, Irak, Chechenia. Una ideología consistente de esencia religiosa y basada en el sacrificio derrotó por las armas a otra propuesta ideológica secular y con pretensiones científicas. Pero ¿cuál es el modelo a construir?¿El Afganistán de los talibanes, 1996-2001?

La contumacia de la violencia sólo está dando lugar a la primera guerra civil panislámica de la historia contemporánea, que enfrenta a musulmanes contra musulmanes. Gran pecado, sancionado desde los primeros años de la religión musulmana: la guerra hay que llevarla al Dar al-Hab, no al Dar al-Islam. Hoy, en pleno siglo XXI, se matan cada día entre sí decenas de musulmanes, contra el limitado número de víctimas occidentales que supusieron el 11-S, el 11-M o el 6-J. Incluso un hadiz del Profeta contradice este ruinoso planteamiento: “La tinta del estudioso es más preciosa que la sangre del mártir”.
















Detalle de una manifestación contra los asesinatos de Malatya y por la libertad religiosa, celebrada en Turquía


Turquía: la contumacia de la violencia se cobró el pasado 18 de abril la vida de tres empleados de una editorial cristiana en la ciudad de Malatya. Fue un crimen espantoso, rebosante de sadismo, perpetrado por al menos tres jóvenes ultranacionalistas de esa tendencia turco-islamista que comenzó a proliferar en los años 80. Aún dejando de lado la posible existencia de un tenebroso cerebro planificador del asesinato de un sacerdote católico en Trabzon (febrero de 2006), del periodista Hrant Dink (enero de 2007) y de los colaboradores de la Editorial Zirve, parece evidente que alguien (una o varias personas) consideran rentables políticamente este tipo de acciones violentas. Pero, por supuesto, tampoco lo son en Turquía.

Si el objetivo es evitar que Recep Tayyip Erdoğan se presente como candidato a la presidencia turca, la reacción lógica de este político sería dar el paso definitivo y hacer precisamente eso: presentarse y ganar. Si ahora no se decide, si da a entender que se ha dejado impresionar por las presiones de los militares, la plutocracia laica (¿“kemalista”?) la extrema derecha, o los terroristas de cualquier signo, será el principio del fin para su carrera política. Porque al pretender hurtarse de las presiones, éstas continuarán y se acrecentarán. Aparte de su talante europeísta y sus capacidades como gestor, Erdogan es un político “resistencialista”, no un maniobrero carismático, como Turgut Özal. Si cede en su tenacidad, habrá perdido una batalla.

Y que conste que, personalmente, no considero acertada la idea de que el actual primer ministro de el salto hacia la presidencia. Porque cuando Özal y Demirel le precedieron en esa maniobra, eso significó que sus partidos políticos quedaron en cierta forma, en la estacada. En el primer caso, cuando Özal se postuló a la presidencia, su Partido de la Madre Patria estaba en proceso de descomposición y perdió las elecciones de 1991. Demirel, que saltó a la presidencia en 1993, tras la inesperada muerte de su antecesor, dejó el gobierno en manos de Tansu Çiller, que terminó por llevarlo al desastre. Hoy, un gobierno del AKP presidido por Abdullah Gül o cualquier otro barón del partido que no sea el mismo Erdoğan, puede ser una perspectiva lo suficientemente desalentadora como para que muchos turcos dejen de votar a esa opción el próximo mes de noviembre.




Erdogan y Gül: cuesta imaginar a éste sustituyando al carismático primer ministro al frente del gobierno





En cualquier caso, es posible que el triple asesinato de Malatya le haya dado a Erdoğan el empujón final hacia la presidencia. Y también haya terminado por decidir a muchos turcos en el camino hacia la aceptación de esa iniciativa. Porque este tipo de violencia política contribuye a que la mayoría de la población tome partido en contra o a favor de una propuesta política determinada, saltándose las sutilezas y matices. Y dado que la opción de los asesinos está en franca minoría, lo más probable es que genere todavía más rechazo entre capas más amplias de la población. Esto no es necesariamente válido para cualquier coyuntura política y social en cualquier país, pero posiblemente lo es para Turquía en la primavera de 2007. Y desde luego, si detrás de todo el asunto está el “derin devlet” (“estado profundo”) quizá valdría la pena que la prensa turca comenzara a hablar del “geri zekalı derin devlet”. Seguramente lo escribo mal, pero vendría ser algo así como el “estado profundamente retrasado”.

A continuación, cabe considerar otros posibles beneficiarios de la violencia política ultra en Turquía. En teoría, los militares no deberían considerarse como tales, asumiendo incluso que ningún mando en activo o rama de la inteligencia militar ha tenido nada que ver con este tipo de sucesos. Cuesta creer que alguien importante y en activo en la cadena de mando de las fuerzas armadas haya podido impulsar una secuencia de asesinatos sectarios cuyos resultados pueden ser, precisamente, contrarios a los del Ejército y Turquía en su conjunto. Los militares saben que existe ya una amplia clase media y hasta una plutocracia musulmana y que jugar a la presión desestabilizadora no llevaría a nada bueno. Por eso no sacaron los tanques a la calle en 1997 y los libros de historia sólo hablan de un “golpe virtual” o “posmoderno” (es decir, “a la Baudrillard”): porque los resultados de un golpe entonces (y hoy todavía más) quedaban reflejados en el espejo del horror llamado Argelia.



El poder militar sigue al civil: El general Büyükanit tras el primer ministro Erdogan en una fotografía cargada de simbolismo












También saben que un fracaso en al proceso de integración a la Unión Europea liquidaría los últimos restos del muy evanescente kemalismo que flota todavía en el aire turco. El país no necesariamente derivaría hacia un acercamiento con los países árabes (éstos tampoco están muy interesados) pero lo aproximaría a Rusia, quizá a China: referentes alejados de lo que los kemalistas o ataturkistas tradicionales entienden por modernización. Pero en cualquier caso, un alejamiento de Europa, en cualquier dirección, daría más fuerza a la clase media, el capital y la plutocracia musulmanas.

En la crítica situación política y militar que atraviesa la presencia norteamericana en Irak, una intervención turca a gran escala en el norte kurdo es algo que Washington no perdonaría a Ankara, a no ser que hubiera recibido permiso explícito para involucrarse en el marasmo. Pero aún y así, es posible que las fuerzas armadas turcas terminaran por pagar un precio elevado que además y muy posiblemente, acabaría por repercutir en la estabilidad política interna; y volvemos al problema principal. Pero sobre todo, recuerden: Washington no desea un golpe militar en Turquía; tampoco lo quería en España, el 23 de febrero de 1981.

Se mire como se mire, la institución militar turca no va a obtener una rentabilidad política de la contumacia de la violencia. Si es así, también el Estado Mayor debería condenar clara y explícitamente asesinatos como el de Malatya, de la misma manera que el jefe del Estado Mayor, el general Yaşar Büyükanıt protestó por la decisión del gobierno, durante el pasado mes de diciembre, de abrir un puerto y un aeropuerto a Chipre. Si entonces el militar consideró que la apertura suponía “un alejamiento de la posición oficial del Estado turco” (9 de diciembre) hoy podría plantearse que los crímenes de Malatya afectan la seguridad de ese mismo Estado.

Quien sí cree obtener un beneficio de los sucesos es la derecha europea, cuando más ultra, mejor. Afortunadamente, parece que la prensa española ha moderado sus apreciaciones; no así foros europeos cuyo alcance les obligaría, a priori, a ser más cautos. Por ejemplo, “Deutsche Welle”, que aprovecha para informarnos de que “durante el último año una ola de nacionalismo ha invadido el país secular pero predominantemente musulmán”. Nos recuerda que “el año pasado, una visita histórica del Papa a Turquía Benedicto XVI se vio antecedida por protestas en Estambul y se produjo luego de un aumento en la violencia contra el clero cristiano”. Primera noticia de tales persecuciones, pero ninguna alusión a que el germánico Papa hace semanas que vuelve a dar la lata con el asunto de las raíces cristianas de Europa, olvidando los parabienes a la candidatura turca, y todo el show ecuménico con exhibición de plegarias en la mezquita incluido. A continuación, DW se dedica a recoger párrafos de la prensa propia y europea, para colar de alguna forma el habitual mensaje de que el incidente torpedea las negociaciones para el acceso de Turquía en la UE. Y consiguen encontrar la cita en el “Mitteldeutsche Zeitung” de Halle, pequeña ciudad de 230.000 habitantes situada en Sajonia-Anhalt, ex RDA. Un antiguo feudo de la ultraderecha, donde el DVU (Unión del Pueblo Alemán) obtuvo una importante victoria electoral en 1998.













El monumento a las víctimas de Solingen: ¿Lo había visto antes?


Claro, se entiende la exasperación ante el hecho de que uno de los degollados en Malatya era alemán y se rescate la decimonónica indignación ante el misionero muerto. Pero frente a comentarios del estilo: “Turquía no es capaz de defender a sus minorías”, llega el momento de recordar los mortíferos ataques de los neonazis alemanes en los años noventa, dirigidos muy en especial contra la comunidad turca. Sólo en 1992 se registraron nada menos que ¡2.280 incidentes con 17 asesinatos!. Y al año siguiente, el horror: el 29 de mayo cinco niñas y jóvenes turcas (con edades que iban de los 4 a los 27 años) fueron quemadas vivas en su domicilio en la ciudad de Solingen. También quedaron muy afectados un bebé de seis meses y un adolescente de 15 años; otras 14 personas, todos turcos, debieron ser tratadas por quemaduras de diversa consideración. Los autores, jóvenes extremistas de entre 18 y 24 años, como sus “camaradas” turcos de Malatya.

Las manifestaciones a favor de las víctimas en Solingen degeneraron en enfrentamientos que llevaron a la ciudad casi al estado de sitio. Posteriormente, se elevó un monumento a las víctimas pero a pesar de lo prometido, no se estableció en el centro de la ciudad, como se prometió en un principio, sino a 2,5 kilómetros, en las afueras, admitiéndose que se hizo para preservar la paz social en el centro de Solingen.

Por lo tanto, y una vez más, mal asunto, muy mal negocio eso de intentar obtener réditos políticos de la violencia contumaz. No conviene despertar perros dormidos. Y la extrema derecha europea no está en absoluto dormida, ni se le contenta a base de darle cuatro huesos mal contados, aunque sean de turco.

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jueves, febrero 15, 2007

NOTA: ¿Al Qaeda contra Pasdaran?


Enseña de los Guardianes de la Revolución iraníes. Ilustración procedente de Wikipedia


El atentado con coche bomba en las inmediaciones de la ciudad iraní de Zahedan, capital de la provincia de Sistán-Beluchistán, situada en el extremo este del país, junto a la frontera con Afganistán y Pakistan, acaparó hoy páginas destacadas de la prensa occidental. El ataque se perpetró contra un autobús de los Guardianes de la Revolución (conocidos en persa como Sepah -"ejército"- o Pasdaran -"guardianes"-) produjo once muertos, de la conocida milicia iraní. De momento, y que se sepa, existe todavía una cierta confusión en torno a la autoría del ataque, dado que la zona donde se produjo el ataque, situada cerca de las fronteras con Pakistán y Afganistán, es muy porosa y menudean los incidentes con organizaciones dedicadas al contrabando y plagada de refugiados e inmigrantes pocedentes de los países vecinos. Además, la región de Sistán-Beluchistan es la más pobre de Irán y es feudo de la minoría beluchi. Por lo tanto, la atribución de la autoría real del hecho puede variar en las próximas horas.

Sin embargo, de momento se ha atribuido a un oscuro grupo terrorista conocido como
Jundallah, es decir, “Ejército de Alá” dirigido por Abdulmalak Rigi. El grupo tiene sus bases en Pakistan y opera en la provincia baluchi de Irán. Su soporte ideológico es doble: de un lado parece defender los intereses de los baluchis en esa empoberecida provincia, y de otro se declara defensor del credo suní. Pero lo más interesante en este caso es que también parece poseer vínculos con Al Qaeda.

La primera impresión que deja el atentado podría ser la de que estamos ante un operativo preparado por los Estados Unidos, como respuesta a las recientes denuncias de que Teherán, a través de los Pasdaran y de Hezbollah, está armando con modernos arsenales a las milicias chiíes en Irak. De hecho, incluso podría estar suministrando armas de última generación a la insurgencia suní, lo que explicaría el derribo de seis helicópteros militares norteamericanos en las últimas semanas. Pero, muy significativamente, las mismas autoriades iraníes, muy dadas a culpar a Washington de cualquier acción de estas características, se han refrenado esta vez. Y sin embargo, el ataque ha estado ejecutado con letal profesionalidad y ha ido dirigido contra uno de los símbolos más claros del actual régimen iraní, los Guardianes de la Revolución; y además, en fechas conmemorativas del triunfo de la revolución los ayatollas, de 1979.

Por lo tanto, aquí tenemos de nuevo un escenario repetido una y otra vez en el mundo musulmán durante los últimos meses: enfrentamientos entre chiitas y suníes, como en Irak, como en Líbano y Pakistán, posiblemente manipulados desde el exterior. Y sobre todo, Al Qaeda contra chiíes, esta vez de una manera bastante evidente. Por lo tanto, un breve apunte para dejar marca de un tema a reseguir, sobre el que ya se escribió aquí este mismo verano, ante la posibilidad, precisamente, de que Hezbollah terminara enfrentándose a Al Qaeda (14 de septiembre, 2007); y también para insistir en que ese tinglado terrorista, definido muchas veces como “ultramoderno” e “ingenioso”, en realidad ha contribuido a abrir verdaderos supermercados del terrorismo y crimen de estado susceptibles de manipular la trade mark Al-Qaeda en busca de los objetivos más variados; incluyendo la lucha contra la misma organización liderada por el millonario saudí Osama Bin Laden.

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