Las campañas del loro [Parrot campaigns]

Click on picture to enlarge, and enjoy the detailsFormer U.S. President Bill Clinton speaks in front of his statue in the capital Pristina, November 1, 2009. Clinton is in Kosovo where he unveiled the statue on
Clinton’s Boulevard. Reuters
El pasado 18 de octubre, Juan Goytisolo afirmó en “El País” que durante las guerras de la ex Yugoslavia (1991-2001) Mitterrand apoyó a Milosevic porque “sólo una Serbia fuerte, podría frenar el previsible expansionismo alemán tras la reunificación de 1990”. Pocos días más tarde, el 9 de noviembre, José Ignacio Torreblanca repitió en el mismo medio la misma afirmación lapidaria.
Hay muchos datos, bien conocidos, que prueban la impostura de tal afirmación. Pero baste recordar que ningún miembro de la Comunidad Europea defendió la unidad del Estado yugoslavo en el verano de 1991, mientras que el gobierno alemán reconoció unilateralmente la independencia de Croacia y Eslovenia en diciembre, y con ello hundió el Plan Carrington, elaborado para facilitar la pacífica desintegración de Yugoslavia. Justamente por eso, Alemania contribuyó decisivamente al comienzo de la Guerra de Bosnia. Genscher nunca explicó claramente por qué se dio ese paso, que puso en peligro la unidad europea. La verdad es que, a veces, los alemanes hacen cosas bastante raras, pero no parece que Goytisolo ni Torreblanca tengan mucho interés en aclararlas.
Pasan unos días más, y empezamos a ver por dónde va la campaña. Sábado, 20 de noviembre: “El País” publica un reportaje firmado por Luis Prados y una entrevista a Hashim Thaci. No es información, sino presión pura y dura para que el gobierno de Madrid reconozca la independencia de Kosovo. El autor no duda en incluir afirmaciones tan distorsionadas como la de Bajran Rexhepi: "¿Por qué España está ejerciendo presión política en América Latina contra el reconocimiento de Kosovo?”.
Pero, ¿realmente alguien puede creer que España es capaz de ejercer alguna influencia sobre países como Brasil o Venezuela en ésta u tras muchas cuestiones?
Parece que sirve cualquier argumento, por patético que parezca. Por ejemplo, Lulzim Peci, director del Instituto Kosovar de Investigación Política y Desarrollo, asegura, “categórico”: "La relación de España con EE UU nunca será realmente cordial mientras España boicotee la estrategia estadounidense en los Balcanes".
Hace falta creer que los Balcanes, y Kosovo dentro de ellos, están en el centro del mundo para decir tales cosas. Pero lo extraño no es que los nuevos estadistas y funcionarios albaneses de la República de Kosovo utilicen argumentos tan demagógicos como inconsistentes. Lo llamativo es que el periódico “El País” persista en un discurso propio de la era Clinton/Aznar, o incluso Bush.
Y es que, concluyendo el año 2009, los intereses empresariales del grupo PRISA conjugados con las presiones de la vieja guardia del PSOE, encabezada por Felipe González, siguen empeñados en hacernos creer que el New World Order aún está vigente. Paciencia: en vísperas de la presidencia española de la EU, vamos a leer cosas mucho más descabelladas.
On 18 October, Juan Goytisolo wrote in "El País" that during the wars of former Yugoslavia (1991-2001) Mitterrand supported Milosevic because "only a strong Serbia, could curb the expected German expansionism after the reunification in 1990". A few days later, on November 9, José Ignacio Torreblanca in the same paper repeated the same lapidarian statement.
There are many well known facts, which prove the fraudulence of this claim. But suffice it to note that no member of the European Community advocated the unity of the Yugoslav state in the summer of 1991, while the German government unilaterally recognized Croatia's and Slovenia´s independence in December; and doing that, sank the Carrington Plan, developed to facilitate the peaceful breakup of Yugoslavia. Just because of this, Germany contributed decisively to the start of the Bosnian War. Mr. Genscher never clearly explained why the German gouvernment gave that step, which endangered European unity. To tell the truth, sometimes the Germans do very odd things, but it seems that neither Goytisolo nor Torreblanca have interest in such clarifications.
A few days later, we started to see where the campaign goes. Saturday, November 20th, "El País” publishes an article signed by journalist Luis Prados and an interview with Kosovo´s President Mr. Hashim Thaci. It was not information, but sheer and hard pressure so that the Madrid government to recognize Kosovo's independence.
The author does not hesitate in including distorted statements such as Bajran Rexhepi´s: "Why Spain is exerting political pressure in Latin America against recognition of Kosovo?"
But, can anyone really seriously believe that Spain can exert some influence over countries such as Brazil and Venezuela, in this or many other issues?
Any argument seems valid, even if pathetic. For instance: Lulzim Peci, Director of the Institute for Research and Development Policy of Kosovo, says, "categorical": "Spain's relationship with the U.S. will never be really friendly while Spain boycott U.S. strategy in the Balkans".
To say such things, you really need to believe that the Balkans, and Kosovo within them, are at the real center of the world. The strange thing is not that the new Albanian statesmen and officials from Kosovo Republic used arguments as demagogic as inconsistent. More striking is that the newspaper "El País" persist in a bizarre language with echoes from the the Clinton/Aznar or even Bush eras.
In conclusion: in Spain, ending the year 2009, the joint action of the business interests of the PRISA business group, conjugated with the pressures of the PSOE´s old guard, led by Felipe González, remains committed to make us believe that the New World Order is still valid. Be patient: on the eve of the Spanish presidency of the EU, we will read more outrageous things, like those. Etiquetas: Bill Clinton, Bosnia, Bush, Carrington, Croatia, Genscher, Kosovo, Obama, Spain, Thaçi
Karadžić: el gurú que nunca calló

El "Dr. Dragan Dabić" en plena conferencia. Una vida dedicada a perorar: como siquiatra, como político y como gurú: ni en la clandestinidad se mantuvo en silencio. La captura de Radovan Karadžić ha incluido la sorpresa de su inusitado aspecto y
su dedicación a la medicina naturista y la energía PSY.
Karadžić detenido: es lógica la conmoción inicial que provocó la noticia, sobre todo por venir acompañada de los detalles freakies sobre la falsa identidad del ex estadista serbobosnio. Realmente, la cultura balcánica posee una capacidad de sorprender a los occidentales prácticamente inagotable. ¡Y todavía hay quien tilda de surrealista el contenido argumental de los films de Kusturica! Pero no: el esperpento no es un invento tan hispánico, como lo demuestra incluso la imagen valleinclanesca del "Dr. Dragan Dabić". Aunque en realidad la impostura no estaba tan lejos de la realidad en la forma de pensar original del piadoso siquiatra Radovan Karadžić. Los estereotipos populares que trazan sencillas identificaciones, suelen olvidar que Adolf Hitler era vegetariano o que determinados sectores del Partido nazi mostraron mucho interés por lo esotérico y hasta se envió una expedición al Tibet. Que varios de los líderes populistas y fascistas en los Balcanes abominaban de las ciudades como centros de pecado y recurrían a la medicina natural. Cosa que impulsó el mismo Nicolae Ceauşescu en los años 80, favoreciendo de paso a círculos de meditación trascendental.
Al hilo de esa reflexión: los centros de medicinas alternativas, esoterismos varios y energías de vaivén, tienden a devenir sectarios y no es extraño que algún iluminado logre controlar a su pequeño grupito de segudiores. Sólo hay que tener labia y un cierto carisma, y Karadžić poseía ambas. Por ende, su carácter piadoso cuadraba muy bien con la versión popular sobre las capacidades del gran héroe nacional de la ciencia en Serbia (disputado duramente por Croacia) que es Nikola Tesla
De hecho, incluso la literatura clásica sobre espionaje y misterio lleva años recurriendo a ese tipo de tinglados. ¿Quién no recuerda la academia de Esperanto descrita por Graham Greene (su director es una caricatura del mismísimo Zamenhof) que sirve de tapadera de contacto a su Agente confidencial (1939)?
Sin embargo, no deberíamos ser tan ingenuos como los seguidores del Dr. Dabić (las personalidades internacionales que se han precipitado a hacer grandes declaraciones bobas no lo son, en absoluto): cambiar de aspecto, convertirse en un gurú New Age, y largar parrafas abstrusas sobre energías captadas por la coleta, no es suficiente. En realidad, no lo es justamente por el disfraz escogido, que incluso en el variopinto Belgrado (donde todo el mundo se conoce, a pesar de ser una gran ciudad) debía llamar la atención. Un buen camuflaje requiere, ante todo, papeles creíbles: documentos de identidad falsos de buena calidad, certificados a prueba de curiosos enterados y que respalden la historia, un pasado cuidadosamente inventado y memoriazado. Sobre todo si se llama en realidad Radovan Karadžić, posee una voz característica y es uno de los fugitivos más buscados de Europa.

a primera fotografía que llegó a las redacciones tras la detención del prófugo. Al parecer, algunos seguidores consideraban que la trenza tenía por función captar energías
Por todo ello, lo más probable es lo que parece: que quien sabía sobre la verdadera identidad del Dr. Dabić, mantuvo esa carta en la manga, a buen recaudo, para jugarla en el momento más apropiado: tras el resbalón de los americanos y la UE en Kosovo, en un contexto de aperturismo comunitario hacia Serbia (con la excepción de Holanda, que no se puede perdonar a sí misma la responsabilidad de lo ocurrido en Srebrenica) y cuando el mandato Bush se acaba, no va a ganar Clinton y ya veremos qué ocure con el candidato Obama. Mientras tanto, el as Mladic (más importante y comprometedor que Karadžić) continúa escondido en la manga para la jugada final de partida. ¿Es lícito este planteamiento? En todo caso, no es ni la primera ni la última vez que se juega este tipo de partidas en los Balcanes. Ya la ganó el gobierno croata con Ante Gotovina en 2005, por poner un ejemplo cercano.
Pero lo importante es tener muy presente que con haber detenido a Karadžić ya todo está solucionado. Al contrario: justamente ahora recomienzan viejos via crucis. Si asociar naturismo con pacifismo puede resultar engañoso, es temerario suponer que una detención o una acusación bastan para probar la culpabilidad de una persona. Eso está en el orígen de numerosos linchamientos públicos, de esos que vivimos cotidianamante en nuestro propio país.
¿Quiere decir esto que Karadžić podría no ser culpable? Personalmente, creo que caben muy pocas dudas sobre la envergadura de lo que hizo y por qué. Pero ahora hay que demostrarlo mediante un juicio técnicamente bien organizado, profesional, eficaz. Al fin y al cabo lo ha dicho el mismo Serge Bremmertz, actual fiscal jefe del TPIY: la presunción de inocencia es básica para poder garantizarle un juicio justo al procesado. El que se siguió contra Milošević no tuvo esas características, y el desastre no sólo contribuyó a terminar con su vida -la del acusado más importante de la historia del Tribunal Penal Internacional- sino que liquidó la carrera de la mediática fiscal Carla Del Ponte. En abril de este mismo año, cuando ya era embajadora de la Confederación Helvética en Buenos Aires, presentó en Milán su libro: La caza. Yo y los criminales de guerra, en el que hacía importantes acusaciones contra el actual primer ministro kosovar albanés y ex líder guerrillero Hashim Thaçi.
El Ministerio de Asuntos Exteriores suizo intentó callar a Del Ponte y hubo reprimenda oficial. Pero en cualquier caso, Del Ponte recurrió al ajuste de cuentas en forma de críticas a la manera en que funcionaba el TPIY, lo que a su vez era respuesta las críticas profesionales que había generado su estrategia procesal y a las enemistades que dejó en varias ex repúblicas yugoslavas incluyendo, si, a Bosnia.
Todos estos avatares han dejado malparado al TPIY, caben pocas dudas de ello. Por eso, el previsible juicio a Radovan Karadžić será todo un desafío en el cual el Tribunal se jugará definitivamente su credibilidad; pero también, ojo, toda una forma europea de entender la justicia internacional. Por activa y por pasiva: el proceso a Karadžić será, posiblemente, un juicio paralelo al TPI y su valía real.
Y por último una consideración que es menos evidente para los especialistas que para el lector cotidiano de prensa: el mundo ha cambiado mucho desde el año 2001, cuando Milošević fue enviado al TPIY; y no digamos desde 1995, cuando el Tribunal emitió orden de captura contra Karadžić. Leerse los comentarios que dejan los lectores a pie de noticia en la prensa on-line es repasar un catálogo de "agravios-2008" del que sobresale el siguiente: ¿Cuándo le tocará a Bush ser juzgado? Claro: los atentados del 11-S, del 11-M, del 6-J, Fallujah y las granadas de fósforo blanco, Abu Ghraib, las torturas en Guantánamo (mientras usted se acuesta o desayuna por la mañana), los ¿150.000?¿650.000?¿1.2000.000? muertos en la guerra de Irak entre 2003 y 2007, los bombardeos del sur de Beirut con munición de racimo... Nada de esto había sucedido en 1995 ni en aquel 28 de junio de 2001, cuando Slobo fue empaquetado hacia La Haya y se suponía que los americanos habían logrado imponer, por fin, el tan ansiado Nuevo Orden que debería dejar clara su aplastante victoria en la Guerra Fría.

El Dr. Dabic se dispone a ingerir un refrigerio tras haber dado una conferencia en Sombor, Vojvodina, el
pasado mes de mayo"Público"
La detención de Karadzic, una nueva prueba para Europa
FRANCISCO VEIGA - 23/07/2008 00:07
Karadzic ha sido, por fin, detenido. Y una vez más, los telediarios dieron la vuelta al reloj y lograron que volviéramos a vivir en el ambiente informativo de mediados de los noventa. Como ya vamos para los tres lustros de aquellos dramáticos sucesos acaecidos en Bosnia, los jóvenes presentadores y documentalistas se han hecho pequeños líos con la presentación del personaje y sus culpas.
Karadzic detenido: qué duda cabe, es un una noticia positiva. Aunque habremos de esperar a que aquello que venga a continuación se aborde correctamente en el contexto de las actuales circunstancias. Por ejemplo, han cambiado muchas cosas desde 1995, cuando terminó la guerra de Bosnia; o incluso desde 2001, año en que Milosevic fue llevado al Tribunal Penal Internacional. Entre ellas, lo que se espera actualmente de esa corte.
La misteriosa muerte de Milosevic en su propia celda, hace dos años y medio, cuestionó la seguridad del centro de detención de Scheveningen. Pero sobre todo, puso seriamente en entredicho la estrategia procesal contra ese personaje capital, cuyo ritmo vino muy marcado por la fiscal Carla del Ponte.
Ésta dio portazo después del fiasco, y terminó denunciando la parcialidad en los juicios de los responsables de los crímenes de guerra cometidos en las diversas repúblicas de la ex Yugoslavia publicando un libro muy polémico. Los medios de comunicación taparon el asunto como pudieron, pero resulta evidente que la misma fiscal estrella de otras épocas desautorizó a la justicia-espectáculo que ella misma aplicó.
Detener a Karadzic era algo que se esperaba desde hace muchos años. Pero ahora debe ser procesado, una labor que será ardua; de paso, el proceso también debe explicar los enjuagues y acuerdos que se tejieron en torno a la guerra de Bosnia y que implicaron a estadistas europeos y norteamericanos. Además, el entorno del juicio debe ser lo más serio y consecuente posible. Si mientras tanto se toleran las muestras internacionales de simpatía por el acusado Ante Gotovina (el Mladic croata) o se deja en libertad sin cargos a inculpados bosnios o albaneses (cosa que ya ha sucedido) el juicio contra los responsables serbios terminará por volverse en contra de una Europa que necesita buenas dosis de coherencia y seriedad en el proceso de integración. No se puede estar metiendo bajo la alfombra lo que no interesa airear, porque tarde o temprano saldrá a la luz y no es una buena base para la justicia y la reconciliación.
El nuevo Gobierno serbio ha dado un paso correcto y digno, en unas circunstancias delicadas para el país, debido a la polémica “autodeterminación respaldada” de Kosovo, cuyo encaje jurídico internacional sigue sin haber sido solucionado por sus padrinos internacionales.
Ahora corresponde a Bruselas responder a las promesas y sugerencias hechas a Belgrado, mostrarse a la altura de las circunstancias, con presteza y rapidez.
Como mínimo, para evitar que el necesario proceso de reconciliación y justicia en los Balcanes occidentales no termine contribuyendo a la desestabilización de una zona cuyas heridas le corresponde curar a la Unión Europea.
No lo olvidemos: en el comienzo de las guerras de la ex Yugoslavia tuvo mucha culpa una diplomacia comunitaria que no supo atajar las cosas a tiempo. No sería mala idea crear algún día un tribunal para los estadistas irresponsables, aunque posiblemente estaría perpetuamente desbordado por el trabajo a evacuar.
Francisco Veiga es profesor de Historia de Europa Oriental y Turquía en la UAB

2008 y 1995: del camuflaje a la vegetación, ida y vuelta
Etiquetas: Bosnia, Carla del Ponte, guerras de secesión yugoslavas, Karadzic, TPIY
February 17th: Freedom Fighters Day

Monumento a los caídos del UÇK en la guerra de 1996-1999: Vucitrin / Vushtrri, Kosovo. Obsérvese que el mapa que enmarca la silueta del caído es el de la Gran Albania. Aunque es improblable que se convierta en una realidad a medio plazo, también es cierto que no se trata de "propaganda serbia¨, como argumentan los simpatizantes de la causa albanesa.
Dentro de pocas horas nacerá la “autoproclamada República de Kosovo”, adjetivo que en los últimas décadas la prensa occidental distribuía selectivamente por aquí, callaba por allá y obviaba acullá. Hace ya bastantes años que los dobles raseros se aplican generosamente en diversas regiones del planeta, aquellas que son más dadas a la colonización y división en zonas de influencia que otras. La lista, aplicable a los Balcanes y extensible al resto del espacio ex otomano, es larga y tiene probada profundidad histórica. Eran peyorativamente “autoproclamadas” la República Serbia de la Krajina y lo es la República Turca del Norte de Chipre. Pero no lo es Nagorno-Karabaj, territorio no tan ignoto que ha provocado numerosas tensiones en el Cáucaso, amén de un número crecido de muertes. Eso, mejor meterlo en el cajón.
La verdad es que, aunque pueden cobrar una gran relevancia en un momento dado –las “repúblicas autoproclamadas” son carne de manipulación por excelencia- la exhibición de dobles o triples varas de medir ha tenido momentos estelares en la reciente historia de las crisis balcánicas. Aparte del ya bien conocido “vals de la federación” (“Yugoslavia federal no es factible-Bosnia está destinada a serlo-Kosovo nunca lo será-en Macedonia la solución está ahí, precisamente”) no han faltado grotescos momentos estelares, si no fuera porque terminaron en tragedia. Por ejemplo: el 6 de abril de 1992, la Comunidad Europea reconoció formalmente a la República de Bosnia-Hercegovina. Una de esas “soluciones” de la diplomacia occidental que ignoró olímpicamente el deseo de una mayoría de serbios de Bosnia de abandonar esa república; en este caso, la sagrada “voluntad de la mayoría” no tuvo ningún valor para Bruselas y Washington. Pero, casi peor, en la agenda de ese mismo día 6 de abril estaba previsto reconocer la República de Macedonia. Sin embargo, ese asunto se dejó de lado para no contradecir a Grecia, que por entonces desplegaba una desmesurada campaña nacionalista contra lo que se consideraba una amenaza revisionista. Según el gobierno de Atenas, la homónima región norteña de Grecia era la verdadera Macedonia, mientras que la república ex yugoslava era un invento de Tito, con objetivos descaradamente anexionistas. Sea como fuere, Bruselas demostró una marcada indolencia hacia la soberanía Macedonia, y una innecesaria impaciencia en reconocer la independencia bosnia, que ayudó a precipitar la guerra.

Monumento al héroe del UÇK en la plaza principal de Prizren. Fotografía procedente del blog: "
Els viatges del Xavi"
Casi dieciséis años más tarde, estamos ante un caso parecido. Los aplausos orgánicos que escuchamos en occidente hacia la epopeya soberanista de los albaneses de Kosovo, se permiten ignorar los derechos de la minoría serbia, objeto de flagrantes campañas de limpieza étnica ante la indiferencia de la administración internacional. Por lo visto los albaneses “se merecen” la independencia, pero la minoría serbia “no se merece” una especial atención hacia sus derechos. Debe de ser cosa del número exiguo de los que quedan (menos del cinco por ciento de la población total de Kosovo). Aunque si tenemos en cuenta que la definición de genocidio se ajustó en el Tribunal Penal Internacional hasta un mínimo de seis mil personas para poder acusar a Slobodan Milosevic y los líderes nacionalistas serbios de Bosnia de ese crimen en relación con los sucesos de Srebrenica, bien se puede dictaminar que los algo más de cien mil serbios que sobreviven como pueden en Kosovo son una minoría demasiado minoritaria para ser tenida en cuenta, o “reajuste” similar de última hora.
En realidad, los diez años de crisis yugoslavas han ido creando unas lógicas manipuladoras casi mecánicas. Adonde no se llega con unos argumentos amañados, se prueba con otros y sobre todo con las pasiones futbolísticas que embargan incluso a sesudos académicos cuando de Balcanes se trata. Y aquí si que los resultados pueden llegar a ser francamente divertidos, cuando contemplamos alineados en el mismo bando “soberanista” a intelectuales de rancio abolengo progre con derechosos periodistas de imperial pijería. Y ya son ganas de emborronar papeles a mayor gloria de la vanidad sublimada en el “sostenella y no enmendalla”, para terminar haciendo masa coral con lo que no es sino el objetivo de cualquier extremismo político no islamista en la Europa de hoy: conseguir como sea el apoyo norteamericano no sólo para obtener la victoria, sino también para bendecirla. Todo ello bien poco tiene que ver con el derecho a la soberanía de los albaneses de Kosovo y es mero interés coyuntural de un grupo de potencias hegemonistas enfrascados en salir del paso obviando hipócritamente cualquier cosa que no sean sus intereses aquí y ahora.
Desde ese punto de vista, la decisión del gobierno español de no reconocer al nuevo estado “soberano” de Kosovo es consecuente, correcta y valiente. Que no quedó más remedio que llevarla a cabo en una coyuntura internacional desventajosa, de eso no cabe duda. A la vista está: distanciamiento de Bruselas, nuevo desencuentro con Washington y por si faltara algo, aprovechamiento desconsiderado de Moscú en beneficio de su propio guión –y como venganza, habitual desde hace años, contra la figura y significado de Javier Solana, en 1999 al frente de la OTAN y ahora, en decisivo cargo comunitario.

Iconografías similares, valoraciones diferentes: Miembros del Real IRA se entrenan en uniformes de campaña ya en 2001
¿Se dio ese paso en nombre de la preservación de las españolísimas esencias patrias? Parece evidente que ese debe ser el caso desde las filas del Partido Popular. Pero, obligaciones del peculiar momento de la campaña electoral al margen, la decisión del gobierno de Zapatero tiene otro trasfondo. Porque lo que se debate aquí no es la vieja discusión bizantino-politológica sobre la intangibilidad de las fronteras realmente existentes o el hipotético “efecto dominó” sobre los soberanismos celtibéricos. La cuestión es otra.
El problema central, que lógicamente no vamos a encontrar debatido en la prensa democrática occidental, es que Washington y Bruselas están reconociendo de facto y de iure, la validez de la vía armada para conseguir objetivos políticos nacionalistas en el continente europeo. O más precisamente, el viejo principio básico de "acción-reacción" de los grupos guerrillerosa y terroristas desde hace más de un siglo. Porque no representa otra cosa el hecho de que el actual primer ministro albanés de Kosovo sea Hashin Thaçi, un antiguo comandante guerrillero del UÇK cuyo nombre en clave era “Serpiente”. O que otro anterior primer ministro, Ramush Haradinaj, también antiguo líder militar del UÇK, esté siendo juzgado en el TPI de La Haya por crímenes de guerra.
Lógicamente, como antídoto a cualquier tentación de aproximarse demasiado a esta delicada cuestión, los apologetas del guión desarrollado en Washington y aplicado desde Bruselas insisten una y otra vez que se le está concediendo la independencia a los albaneses como una especie de premio a sus sufrimientos o de compensación a la abolición de su autonomía en 1989 por obra de Slobodan Milosevic. En realidad, la intervención de la OTAN en 1999 no se produjo en base a esas cuestiones. En el verano de 1996, quien escribe estas líneas visitó Kosovo, donde comenzaba a oírse hablar de los atentados de un misterioso grupo nacionalista albanés contra policías y administradores serbios, amén de los “colaboracionistas” albaneses. Pues bien, la gran mayoría de los albaneses kosovares a quienes entrevistó dijeron no saber nada de “aquella gente” violenta, que posiblemente no eran “de por allí”. Rugova, el líder de la Liga Democrática de Kosovo, la opción mayoritaria, gradualista y no violenta de soberanismo albanés en Kosovo, negaba de forma vehemente y reiterada, que los activistas del UÇK existieran: eran “meras provocaciones de la policía serbia”. Por entonces, los diplomáticos occidentales en la zona no querían oír hablar de aquel feo asunto de Kosovo, cuando hacía pocos meses que se había logrado concluir la guerra de Bosnia. ¿Qué es ese cuento de hadas de que la UE –o determinados socios de la UE- están reconociendo estos días los méritos también de esa opción moderada? Si el UÇK no hubiera empezado a liarse a tiros a lo largo de 1996, profusamente equipados con armas procedentes de Albania al año siguiente, muy diferente hubiera sido la historia. La OTAN nunca hubiera intervenido para apoyar a Ibrahim Rugova y sus seguidores. De eso no hay la menor duda, porque precisamente lo que produjo la aparición del UÇK fue la conciencia de que la opción gradualista del LDK no parecía llevar a la deseada intervención occidental después de que en 1995 los occidentales reconocieran en las conversaciones de Dayton las fronteras de Bosnia, sí; pero también las de Croacia y Serbia, y en éstas se incluía Kosovo. Eso lo saben ahora y lo sabían entonces los albaneses de Kosovo, y de ahí la proliferación de un verdadero culto al combatiente del UÇK expresado en estatuas de regusto stalinista en varias de las ciudades y pueblos de Kosovo, o en las decenas de monumentos a los caídos, que también están presentes en la zona albanesa de Macedonia, con gran profusión de insignias y banderas.

1958-2008: este mismo año se cumple el medio siglo de existencia de ETA. Conmemoriaciones inoportunas en coincidencia con iconografías similares bendecidas precisamente en estos mismos días por Washington y algunos miembros de la UE
Uno estaría incluso tentado de suponer que Washington y Londres esperaron a que se solucionara el conflicto del Ulster para impulsar la independencia de Kosovo. Porque ese doble rasero sí que resultaba totalmente insostenible. Por otra parte, hoy puede parecer inimaginable que algún día ETA pudiera ser reconocida en Euskadi en términos parecidos a como el UÇK lo fue en Kosovo. Pero si no es así, es bien cierto que el precedente kosovar sí puede convertirse en la base de la utilización del radicalismo armado vasco –por ejemplo- como forma externa de presión sobre el gobierno de turno en Madrid. De hecho, la estrategia de apoyar a grupos radicales le fue bien a Washington durante la Guerra Fría –incluso a costa de subvencionar a Bin Laden y similares “freedom fighter” en Afganistán- y ahora parece retomar la idea: ahí está residiendo, dicen, el éxito del plan de pacificación de Irak: en apoyar a unos contra los otros. Y es que subvencionar grupos armados radicales puede resultar muy rentable. Cuatro fusiles por aquí y dos pistolas por allá, y ya tenemos organizado un grupo armado de "freedom fighters" que puede convertirse fácilmente en instrumento de poder y autoridad. Un líder guerrillero convenientemente afeitado o al menos con un traje caro, puede devenir en estadista aceptable, incluso con un aura romántica de la que carece el político civil de toda la vida. Pero eso sí: el grupito y su líder han de saber claramente quién es el amo, quién manda allí en último término.
Entendámonos: eso, al fin y al cabo, puede que ni siquiera suponga una gran ventaja a largo plazo para la opción violenta y radical objeto de las atenciones de Washington. El margen de acción política real y de soberanía que le queda a Thaçi no es envidiable, y ese es el final de la historia tras años de ardua lucha. Hoy en día, ningún movimiento radical armado tiene posibilidades de éxito en Occidente sin el respaldo de Washington. El IRA es un ejemplo bien claro; también el UÇK, desde luego, pero es que incluso Al Fatah tuvo que ponerse en manos de la CIA hace bien poco tiempo. La verdad es que si yo fuera un activista radical europeo estaría preocupado ante el mensaje que supone la respaldada proclamación de la independencia kosovar: hoy por hoy, si no están los americanos detrás, olvídate. Y en el mejor de los casos, serás un mero peón en manos del Tio Sam. Ahí tenemos a los miles y miles de albaneses que ya están celebrando la independencia agitando obsesivamente banderas norteamericanas con el mismo valor sentimental que la albanesa –que por cierto, no debería ser la enseña del nuevo estado kosovar-. Esas banderas americanas se las frotan los interesados por las narices a la familia europea, a los países del club UE, a Bruselas. Muy poquitas parecen ser las enseñas azules de la Europa comunitaria que se agitan en Kosovo. Por lo tanto, y ya que las fronteras del mundo parecen haberse vuelto elásticas, para regocijo de algunos, pues quizás sería el momento de proponer a los norteamericanos que adoptaran a Kosovo como un nuevo estado de la Unión.
Lo que, en todo caso, resulta un tanto incomprensible es esa idea de que la integración en la UE aportará la solución de los problemas en la zona. Ahí tenemos a los países balcánicos, pero europeos a la postre, haciendo piña contra el reconocimiento de la independencia de Kosovo. Ya no sólo son Serbia (lógicamente), Rumania, Chipre, Grecia y Bulgaria, sino también Bosnia. Son todos estados balcánicos con nutridas minorías nacionales y situados, precisamente en los Balcanes. ¿Cómo pueden demostrar entusiasmo ante lo que está ocurriendo a pocos kilómetros de sus fronteras? Parece lógico que ni siquiera se fíen de las ideas de Bruselas miembros locales de la UE, como Rumania, Bulgaria, Grecia y Chipre. Tampoco lo hace Eslovaquia, que no es un país balcánico pero sí desconfía de lo que pueda ocurrir con su minoría magiar.
Adem Jasari, uno de los mitos de la primera rebelión del UÇK, allá por 1996, muerto dos años más tarde. Ese es el origen real de la intervención OTAN en la zona que llevó indefectiblemente a la independencia proclamada hoy
Por lo tanto, la UE no está resultando nada tranquilizadora. Y menos aún actuando a dictado de Washington. Pero aún poniéndole toda la buena fe del mundo, toda la candidez bienintencionada de la que (aún) podamos ser capaces, ¿qué sentido tiene montar todo este circo de la independencia kosovar si se supone que de aquí a pocos años ese país, junto a Serbia y los demás formarán parte de la UE en un único mercado común, con instituciones financieras y legales conjuntas y unas fronteras medio disueltas por el “espacio Schengen”?¿Si las fronteras son hoy en día relativas y no son en absoluto intangibles ¿por qué construimos más y las bendecimos una y otra vez?
"El Periódico", 16/2/2008
LA DECLARACIÓN UNILATERAL DE INDEPENDENCIA DE LA REGIÓN SERBIA
Kosovo es el comienzo
Bruselas está tirando piedras a su propio tejado: tres de los cinco países que rechazan el nuevo Estado son miembros de la UE
Si los albaneses macedonios deciden irse con los kosovares sí que tendremos un problema serio
La proclamación de la independencia de Kosovo el próximo día 17 es presentada por muchos analistas, con más pasión que otra cosa, como el final de un proceso iniciado hace casi veinte años. En realidad, es más de lo mismo por lo que toca a la situación interna del nuevo estado; y a la vez, el comienzo de algo nuevo a escala internacional.
Que los fastos no nos engañen: la independencia de que disfrutará Kosovo será aparente. No poseerá fuerzas armadas, los policías y los jueces los pondrá la UE, no podrá ingresar en las Naciones Unidas como miembro. Por lo tanto, un estado que va a carecer de atributos de soberanía plena y seguirá siendo una especie de protectorado, ahora de Bruselas. Lógicamente, los extremistas no tardarán en meter baza. Los nacionalistas albaneses duros de “Vetëvendosje!” (“¡Autodeterminación!”) liderados por el joven Albin Kurti, flagelo de la administración internacional, comenzará a movilizar a sus seguidores en las calles pidiendo independencia absoluta, sin cortapisas. Y los serbios del enclave norteño de Kosovska Mitrovica, donde funciona una administración serbia propia, parece que van a ignorar activamente la autoridad de Pristina.

Medio en serio, medio en broma: propuestas para una nueva bandera de la Gran Albania, modelo USA
A pesar de toda esa carga de incertidumbres con la que se estrena el nuevo estado semisoberano, no es de temer que tengan lugar desórdenes de envergadura. De momento, ni a serbios ni a albaneses les interesa aparecer como los provocadores ante las grandes potencias que son las auténticas protagonistas de toda la operación. Otra cosa es la situación en la que queda Macedonia, un tabú que la prensa occidental evita tratar, como si fuera la peste. Nadie quiere recordar que en 2001 esa república vivió una guerra interna en la cual la guerrilla secesionista albanesa estaba conectada, hasta en denominaciones y símbolos, con la del UÇK kosovar que había luchado contra los serbios dos años antes. Y es que no existen diferencias étnicas entre los albaneses de Kosovo y los de Macedonia, porque hasta 1991 pertenecieron al mismo estado (Yugoslavia) y podían circular libremente por todo su territorio, y en el norte de esta última república se han erigido monumentos conmemorativos a los caídos en aquella corta pero dura contienda.
Ese conflicto sí que se puede reabrir; y lo saben Bruselas y Washington. Y si los albaneses de Macedonia deciden irse con los de Kosovo, y Macedonia queda rota y su capital dividida, si que tendremos ahí un problema serio, dado que la supervivencia de esa pequeña república quedará en entredicho y seguramente Bulgaria buscaría intervenir, abriéndose nuevas dimensiones de conflicto balcánico, más allá de las que quedaron confinadas a las guerras yugoslavas de 1991-2001.

Composición conmemorativa para un combatiente del UÇKömbetar, caído en Macedonia, primavera de 2001. La misma parafernalia que el UÇK kosovar ¿La misma lucha?
Pero existe otro nivel de análisis, que remite al papel de las tres potencias que juegan la partida real: los Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea. Washington y Bruselas están siguiendo un guión muy rígido –el descubrimiento de algunas de esas astutas complicidades han creado una crisis política en Eslovenia, que preside la UE- que para sortear las numerosas contradicciones que conlleva, está generando un esquema argumental muy pobre pero peligrosamente maniqueo: todo iría como la seda si rusos y serbios no se empeñaran en poner problemas. Los serbios porque “como demuestra” el resultado de las recientes elecciones presidenciales, siguen siendo, en un porcentaje elevado, unos nacionalistas peligrosos (por lo tanto, el problema no era sólo Milosevic, añade el guioncito por pasiva). Los rusos, porque temen que Kosovo sea un precedente para algunas de sus regiones que, según parece, estarían dispuestas a proclamarse independientes en cadena, cosa harto improbable.
Pero este planteamiento evita cuidadosamente explicarnos que es Bruselas quien está tirándose piedras sobre el propio tejado. Primero porque los problemas derivados del parto con fórceps de un Kosovo independiente está creando fuertes tensiones en los Balcanes: al menos cinco estados de la región ya han anunciado su intención de no reconocer al Kosovo soberano: Serbia (lógicamente), Rumania, Grecia, Chipre y Bosnia. De ellos, tres pertenecen a la UE. Es decir, socios que no se fían de Bruselas. Y en Bosnia todos tienen claro que arreglar de esta manera el contencioso de Kosovo es vender por un plato de lentejas su propia viabilidad como estado, tal como fue pactada en Dayton, 1995.
En cuanto a Moscú ¿qué esperaban? En Bruselas y Washington siguen empeñados en que la Rusia de Putin vuelva a ser la de Yeltsin, aquella potencia postrada, gobernada a ratos por un presidente enfermo y dominada por oligarcas descontrolados con los que se podían hacer suculentos negocios. Pero esos tiempos se fueron. Y ahora Rusia ha dejado muy claro que se debe contar con ella para solucionar por las buenas toda una serie de problemas y dejar de empeñarse en colar dobles raseros a martillazos. Porque si se reconoce a Kosovo, ¿por qué no hacer lo mismo con la República Turca del Norte de Chipre? La noticia saltó a los informativos en días pasados y entusiasmó a los turcos. Definitivamente, el mundo ya no se puede compartimentar como hace quince años, porque se ha balcanizado, cierto, pero a la vez se ha globalizado, conectando entre sí a actores muy dispares y lejanos, que pueden crear efectos inesperados.Etiquetas: Bosnia, Chipre, Grecia, Kosovo, Kurti, Macedonia, Rumania, Rusia, UE
Yugoslavia se reinventa

El mapa político más complejo de la historia de Europa central y oriental, ya superado a fecha de hoy (no queda ni rastro de la YU que se indica). Pero además, dentro de pocos días, una breve manchita señalará la aparición de un nuevo estado soberano entre las actuales Montenegro, Serbia, Macedonia y Albania. La viabilidad económica de un conjunto tan fragmentado sólo tiene sentido en el contexto de la nueva economía global y en el seno de la integración en la UE
Noticias de hace poco más de 48 horas predicen la proclamación de la independencia de Kosovo para el próximo domingo, día 17 de febrero. Al margen de lo que ocurra antes o después de esa fecha, está asegurada una virulenta reacción de las pasiones en diversos países europeos en torno a la cuestión, con la misma furia futbolística demostrada previamente hacia conflictos o procesos en la zona turco-balcánica. Dejando atrás las mortíferas guerras de secesión yugoslavas (1991-2001), las previsibles vehemencias en torno a la soberanía de Kosovo se unen, en los últimos años, a las que despertó el fracaso del Plan Annan en Chipre, la candidatura turca a la UE, la virulenta reaparición del recuerdo del genodicio armenio, o el definitivo divorcio montenegrino. Resulta característico en esos casos que las discusiones vayan asociadas a cuestiones totalmente ajenas al sujeto aparentemente central. El resultado es que quedan en la sombra asuntos más reales o que, sencillamente, están en la cola del inmediato devenir: el espectacular acercamiento entre Ankara y Atenas, el posible debate sobre la integración de las repúblicas caucásicas en la UE, la amenaza que supone la independencia kosovar para la integridad de Macedonia o el posible estallido de los dobles raseros en cadena.
Como mero ejercicio de desintoxicación se propone aquí un reportaje publicado en la edición otoñal de "Foreign Policy" en español por la peridista Mirjana Tomić. Nacida en Belgrado y nacionalizada española, es una veterana profesional que cubrió en directo una buena parte de los acontecimienbtos de las guerras de secesión yugoslavas para el diario "El País", aportando una calidad informativa sobre el conflcito de la que el diario estaba bastante necesitado por aquellas fechas.
Mirjana Tomić pasó un tiempo en las repúblicas de la antigua Yugoslavia para llevar a cabo el reportaje que nos ocupa. En él escribe más sobre el futuro que sobre el pasado: el mundo de los negocios entre las diversas empresas y capitales de las repúblicas yugoslavas, con sus fracasos y limitaciones, pero apuntando a una tendencia clara, que es la que se impondrá definitivamente si los recién nacidos estados terminan integrándose en el espacio comunitario de la UE que es, hoy por hoy, la única apuesta con posibilidades para superar las tensiones que trajo la destrucción de Yugoslavia en todo el espacio de los Balcanes occidentales.

Otro mapa caducado desde 2006, cuando dejó de existir el estado denominado "Serbia y Montenegro", conocido jocosamente como "Repúblika Solania". La gran mancha verde que es Bosnia-Hercegovina disimula lo que es uno de los estados confederales más complejos del mundo. desde el punto de vista político y administrativo
FP - Edición en español
Artículos
YUGOSLAVIA SE REINVENTA
octubre-noviembre 2007
Mirjana Tomic
"¿Tiene revistas de Croacia y Bosnia?”. “No, sólo prensa internacional,” responde la dependienta en Plato, la mejor librería de Belgrado, con la mayor oferta de revistas y diarios británicos, italianos, franceses y alemanes. “Perdone”, se corrige y precisa: “Bosnia y Croacia son también países extranjeros”. La vendedora busca una explicación políticamente correcta para definir los Estados surgidos de la antigua Yugoslavia. “No tenemos la prensa de la región y dudo que la encuentre en Belgrado”, concluye.
Nadie en la antigua Yugoslavia habla de la antigua Yugoslavia, pero hay numerosos eufemismos: la región, los países vecinos, los países del entorno. La ausencia de prensa y de libros regionales en los quioscos y las librerías de Belgrado, Zagreb o Sarajevo no significa que no existan comercio, inversiones, intercambios culturales, viajes privados y cierta comunicación entre la población de las antiguas repúblicas yugoslavas.
La élite económica y cultural nunca ha roto todos los lazos. En los últimos cinco años, el comercio y la cooperación cultural se han intensificado. Sin embargo, el nacionalismo no ha muerto. Mientras las élites hacen negocios y los oligarcas balcánicos compiten por el tamaño de sus yates en la costa dálmata croata, los medios de comunicación y muchos políticos siguen alimentando el chauvinismo.
Pocos recuerdan que el preámbulo a la desintegración de Yugoslavia y a las guerras fue el boicot económico serbio de los productos eslovenos, decretado por el entonces presidente Slobodan Milosevic. Hoy, más de 400 empresas eslovenas están presentes en el mercado serbio, con inversiones superiores a 500 millones de euros. La cadena de hipermercados Mercator abrió el camino, inaugurando tiendas en la capital serbia y en Novi Sad. El fabricante de electrodomésticos Gorenje adquirió fábricas en Valjevo y el gigante metalúrgico Cimos compró la siderurgia en Kikinda. “Los eslovenos controlan los fondos de inversiones, las compañías de seguros y ofrecen diversos servicios de consultoría,” explica Mila Korugic, directora de recursos humanos del banco griego Piraeus. “La buena cooperación económica con Eslovenia lanza un mensaje positivo a los potenciales inversores de la Unión Europea. Significa que el mercado serbio es estable”, opina Mitar Przulj, de la Cámara de Comercio serbia. “Algunas empresas internacionales contratan a expertos eslovenos para trabajar en Serbia: ellos conocen el mercado, la mentalidad y las leyes”.
Conscientes del tamaño reducido de su mercado, con sólo dos millones de habitantes, los empresarios eslovenos, representantes de las compañías cuya transición del socialismo al capitalismo fue la más indolora en Europa del Este, y la menos corrupta, entendieron que sus ventajas comparativas yacían en la región de la antigua Yugoslavia, donde sus productos son conocidos, dominan el idioma y están dispuestos a asumir los riesgos que los occidentales no aceptarían. Por ejemplo, Mercator no pudo comprar el suelo donde construyó sus hipermercados. Las empresas del único miembro de la UE entre las ex repúblicas yugoslavas han invertido en Croacia, Bosnia Herzegovina y Montenegro. Aparte de sus ocho millones de habitantes, sin contar Kosovo, Serbia tiene otro aliciente: el acuerdo de libre comercio con Rusia.
El éxito esloveno empujó a las empresas croatas a seguir sus pasos. Unas 170 compañías han desembolsado hasta el momento 364,6 millones de euros. “Un 17,7% de las inversiones directas croatas están destinadas al mercado serbio”, según la Cámara de Comercio croata. Los inversores más grandes son el consorcio agroalimentario Agrokor y el de la construcción Nexe Group. La prensa croata alaba esta inyección de capital, mientras los medios de comunicación serbios parecen alarmados. “Los croatas compraron Serbia”, según el diario sensacionalista Kurir. La revista belgradense NIN titulaba: “La conquista de Serbia: los colonizadores croatas y eslovenos”.
Los empresarios serbios no han podido o no han querido conquistar los mercados croata y esloveno. Exportan, pero no invierten. En Croacia no hay obstáculos legales para el capital serbio, aunque la opinión pública no es favorable. “No hay que crear malestar entre los ciudadanos y permitir la entrada de capital serbio”, opina Ljubo Jurcic, candidato a primer ministro de Croacia, si el Partido Socialdemócrata (ex comunistas) gana las elecciones, previstas para noviembre de 2007. Las inversiones en Eslovenia son difíciles para todos los extranjeros.
Los tycoons serbios, palabra inglesa empleada en la región para denominar a los nuevos ricos surgidos de las guerras y apoyados por las alianzas políticas dudosas, están concentrados, desde la caída del régimen de Milosevic en 2000, en expandir sus oligopolios por el mercado interno a la vez que adquieren la representación exclusiva de las marcas internacionales para toda la región, con la excepción de Eslovenia. Sus planes estratégicos abarcan Bosnia, Macedonia, Montenegro y Albania. Algunos esperan tiempos mejores para lanzarse a Croacia. En Bosnia Herzegovina invierten tanto los croatas como los serbios, pero sus capitales van hacia las zonas donde cada etnia tiene la mayoría. Sólo los eslovenos hacen negocios por encima de las consideraciones étnicas. “Los eslovenos compraron la mayor parte de las empresas privatizadas por medio de la venta de acciones de los trabajadores”, se lamenta la revista bosnia BH Dani.
De alguna forma, sin que nadie se atreva a decirlo en público, se reproducen las relaciones de la ex Yugoslavia: Zagreb y Belgrado compiten por ser el centro económico y cultural de los Balcanes; Ljubliana se mantiene alejada, pero invierte y acumula riquezas; Sarajevo y Skopje siguen las corrientes impuestas por otros. La independencia de Montenegro es muy reciente, un año, y el país cuenta con 650.000 habitantes. Por el momento, Podgorica es reticente a aceptar el capital serbio.
La racionalidad económica parece guiar las decisiones empresariales: los tamaños reducidos de los mercados locales obligan a las empresas a buscar nuevas oportunidades; la proximidad lingüística y cultural favorece la cooperación, además de los diferentes niveles de desarrollo y salariales. Por ejemplo, el sueldo medio en Eslovenia supera los 860 euros, en Croacia alcanza los 650, en Serbia es de 346, en Montenegro de 330, en Bosnia de 300 y en Macedonia de 234. Los ingresos medios engañan sobre el nivel de vida, debido a las grandes disparidades salariales dentro de cada país. Por ejemplo, un obrero en Serbia o en Bosnia trabaja por 150 euros. El paro oficial en Bosnia, Montenegro y Macedonia supera el 30%. Con la excepción de Eslovenia, ninguno de los países surgidos de la antigua Yugoslavia ha recuperado el nivel de vida anterior a la desintegración, en 1991. Por otro lado, el patriotismo económico, como se define en Zagreb y Belgrado cierto malestar (o envidia) ante el éxito esloveno, no ha muerto.
El tycoon croata Ivica Todoric y su homólogo serbio Miroslav Miskovic, propietarios de vastos imperios en el área de distribución y venta de alimentos, entre otros sectores, intentaron frenar la expansión de los hipermercados Mercator. “El pacto Todoric-Miskovic: los nuevos dueños de los Balcanes”, tituló la revista croata Globus, especulando acerca de cómo los dos nuevos ricos iban a repartirse la región y perjudicar a los eslovenos. El pacto fracasó y los dos hombres fuertes están buscando nuevas alianzas.
En toda la zona, el proceso de transición económica del socialismo al capitalismo no ha terminado y las privatizaciones aceleradas forman parte esencial de las estrategias económicas. Este proceso provoca numerosas especulaciones acerca del origen de los inversores extranjeros: ¿quién es la tapadera de quién? Motivos existen, tanto económicos como políticos: empresas con nombres ingleses y sedes en las islas caribeñas suelen tener capitales locales o regionales de dudoso origen; la procedencia de dichos capitales está a veces ligada a las guerras o, como escribe la prensa local, es “controvertida” y hay corrupción.
En agosto de 2007, por ejemplo, siete miembros del Fondo Croata de Privatizaciones, incluidos tres vicepresidentes, fueron detenidos por recibir cohechos y organizar privatizaciones ilegales. En Serbia, las prácticas económicas monopolistas o de dudosa legalidad son minuciosamente descritas en la prensa, pero no han desencadenado grandes acciones judiciales. Y cuando las hay, la opinión pública nunca se entera del desenlace. En Bosnia y en Macedonia, los clanes étnico-políticos dominan las privatizaciones.
A pesar del acelerado movimiento de los capitales regionales en los últimos cinco años, los mayores inversores siguen siendo austriacos, alemanes, holandeses, italianos, franceses, noruegos, griegos y rusos. Las ventas inmobiliarias en la costa de Montenegro están dominadas por los oligarcas rusos. Las empresas estadounidenses han comprado algunas fábricas estratégicas, a la vez que Bosnia ha recibido inversiones de Emiratos Árabes, Arabia Saudí y otros países musulmanes. El sector bancario local ha desaparecido con la llegada de las grandes instituciones financieras europeas. Se espera que la recién creada área de libre comercio, Central European Free Trade Area (CEFTA), estrenada en julio pasado, intensifique aún más los intercambios económicos. Los miembros de la CEFTA son: Albania, Bosnia Herzegovina, Croacia, Macedonia, Moldavia, Montenegro, Serbia y Kosovo, el territorio administrado por la ONU. Según el diplomático austriaco Erhard Busek, coordinador especial del Pacto de Estabilidad, este acuerdo incrementará la capacidad regional para “potenciar el comercio, participar en el sistema multilateral y competir globalmente por las necesarias inversiones, y crear empleos”.

Los cantones de la República de Bosnia-Hercegovina, cada uno con administración y legislación propias en muchas áreas, que se suman a la coexistencia de la Republika Srpska y la Federación Croato-Musulmana, todo ello en un exiguo territorio de 51.129 km²
Los intercambios culturales regionales preceden a la cooperación económica: el mundo del cine y del teatro nunca ha roto del todo sus contactos profesionales y personales. Por otro lado, las diferentes donaciones internacionales promueven actividades culturales multiculturales. Para conseguir el dinero, hay que crear redes de contactos regionales.
El teatro esloveno Slovensko Gledalisce llegó a Belgrado antes que las empresas y fue noticia de primera plana. Lo mismo sucedió cuando el prestigioso Atelje 212 de Belgrado regresó a Croacia. Este verano, la jet set croata y la serbia se reunían para ver las obras del teatro Ulises en la isla de Brijuni (Croacia), antes residencia veraniega de Josip Broz Tito. El reparto de este teatro privado es multiétnico. “Los actores circulan por todo el territorio”, explica Milena Dragicevic, profesora de la Academia de Arte Dramático de la capital serbia. “Las series de televisión en Bosnia y Croacia cuentan siempre con actores serbios”, precisa. Sin embargo, los nacionalistas serbios atacaron violentamente a la actriz Mirjana Karanovic por su actuación en la película bosnia Grbavica, ganadora del Oso de Oro en Berlín en 2006. Karanovic interpreta a una mujer bosnia violada por soldados serbios. Hubo una única proyección del filme en Belgrado y los nacionalistas intervinieron.
“Hay mucha coproducción cinematográfica en la región”, afirma Dragicevic. La carencia de salas de cine en Serbia –la mayoría fueron vendidas y no se sabe si reabrirán– no impide que el Fondo de Cine serbio financie varias películas al año para poder participar en festivales, en especial en los especializados en el ámbito regional: Sarajevo, Palic, Herceg Novi, Motuvan o Pula.
Si bien todos los países intentan promover la alta cultura, el único producto que no ha necesitado promoción o donaciones internacionales y ha conquistado toda la región es la música folclórica serbia con arreglos tecno, conocida como turbofolk. Esta música con ritmos orientales, ligada al periodo del nacionalismo beligerante, de gusto dudoso e interpretada por unas cantantes de vulgaridad ostentosa, ha sido todo un fenómeno regional.
“Durante la guerra, cuando el Ejército bosnio llegó a Vares, la población estaba confundida. Los soldados llevaban el uniforme bosnio, pero escuchaban turbofolk”, cuenta el escritor bosnio Nenad Velickovic. Esta moda preocupa a las autoridades culturales croatas. Un programa especial de la televisión de esa república intentó analizar por qué los jóvenes bailan esos ritmos en las discotecas de Zagreb, donde este tipo de música no se vende legalmente. Tampoco se promueve en Eslovenia, pero se escucha en discotecas y fiestas.
En paralelo a los intercambios culturales con carácter comercial –teatro, cine, jazz y rock– y público reducido, debido al precio de las entradas, diferentes instituciones internacionales promueven las actividades culturales y académicas multiétnicas. Sin embargo, su alcance es limitado. Para la mayoría de la población, cruzar las fronteras étnicas es más bien la excepción que la norma. No existe el turismo masivo: algunos tienen miedo, otros rechazan los viajes debido a las guerras y la mayoría no tiene dinero. Serbios y macedonios prefieren veranear en Grecia y en Turquía que en la costa dálmata. Los croatas no viajan a Serbia si no es por motivos profesionales o personales. Basta recordar que no hay vuelos entre Belgrado y Zagreb. Resulta más barato viajar de Ljubliana a Londres que de Ljubljana a Skopje. Los precios de las llamadas telefónicas tampoco favorecen la comunicación. Las tarifas desde Macedonia son ilustrativas: resulta más barato llamar a Australia que a Belgrado.

Mapa étnico (lingüístico y religioso) del territorio de la ex Yugoslavia. En algunos casos, las diferencias han sido magnificadas por conveniencias políticas. Pero en todo caso, la reintegración informal sigue siendo el camino lógico para la coexistencia y el progreso comunes
El Babel de los Balcanes
Una de las primeras medidas políticas de los países surgidos de la antigua Yugoslavia fue cambiar el nombre del idioma oficial. El Estado desaparecido tenía tres lenguas: serbocroata, esloveno y macedonio. En cuatro de las seis repúblicas se hablaba serbocroata. Con la desintegración, éste desapareció y la región se ha enriquecido con cuatro idiomas nuevos: serbio, croata, bosnio y montenegrino.
¿Cuántos idiomas se hablan hoy? Depende. Oficialmente, seis, pero todo el mundo se entiende sin necesidad de intérpretes. El esloveno se diferencia del serbocroata –por utilizar la antigua denominación– tanto como el castellano del catalán. El macedonio se distingue del serbocroata tanto como el castellano del gallego. Y serbios, croatas y bosnios jamás hicieron ningún esfuerzo por aprender macedonio o esloveno, que se hablan sólo en un país. En cuanto al serbocroata, o sea, serbio, croata, bosnio y montenegrino, la cuestión lingüística y política está ligada. ¿Es uno o varios idiomas? ¿Cubano, argentino, mexicano y castellano son uno o varios idiomas? En el caso del serbocroata, las diferencias lo son todo. Es más, los políticos las han potenciado con la introducción de palabras nuevas. Para justificar la singularidad del serbio, Belgrado declaró el cirílico alfabeto oficial. Antes coexistía con el latino. Ningún letrero comercial en Serbia está escrito en cirílico. Para potenciar el croata, el fallecido presidente Franjo Tudjman introdujo palabras nuevas y reactivó algunas expresiones en desuso. Algunas han sido adoptadas por la población, otras desaparecieron. Para no quedar atrás, los políticos de Sarajevo inauguraron el uso de términos turcos, heredados de la dominación otomana y olvidados desde hace décadas. Los montenegrinos sólo cambiaron el nombre del idioma. –M. T. Etiquetas: Bosnia, Croacia, economía, Eslovenia, Rusia, Serbia, Yugoslavia
Las tribulaciones de Bernard K

Cubierta del libro de Michel Floquet y Bertrand Coq, rareza bibliográfica recuperada del recuerdo por la actualidad política en Francia
"Esta guerra concluirá con una paz”. Así terminó Bernard Kouchner, actual ministro de Asuntos Exteriores de Francia, una entrevista concedida a los periodistas Michel Floquet y Bertrand Coq en plena guerra de Croacia, en el patio del Hospital de Osijek, finales de otoño, 1991. Sospechando que la entrevista podría dejar demasiado claro que el personaje era más simple de lo que parecía o quizá porque Kouchner lo logró decir absolutamente nada de interés, sus interlocutores decidieron no publicar la entrevista, realizada por causalidad en el marco de un reportaje sobre la situación militar en la región de Eslavonia. Sin embargo, Floquet y Coq terminaron por publicar un libro entero dedicado a las aventuras y desventuras del personaje durante los conflictos de Croacia y Bosnia: Les tribulations de Bernard K. en Yougoslavie, Eds. Albin Michel, Paris, 1993
Eran 223 páginas corrosivas, puro ácido sulfúrico sobre la imagen de Bernard Kouchner: médico de formación, cofundador de Médicos Sin Fronteras (1971) y Médicos del Mundo (1979) –como respuesta a su abandono intempestivo de la primera ONG-, ministro de Sanidad y Acción Humanitaria (una de esas innovaciones tan francesas) en 1992-1993, y administrador de Kosovo como Alto Representante de la ONU entre julio de 1999 y enero de 2001. Un hombre dedicado a la “alta acción humanitaria”, gran impulsor del concepto “derecho de injerencia” y… ambicioso trepador en el mundo de la política francesa: desde su militancia en el Partido Comunista Francés, al Partido Socialista, al Partido Radical de Izquierda, para volver con los socialistas y terminar en el equipo de Sarkozy. Por lo tanto, cuando tanto se debate en estos tiempos sobre los fichajes socialistas del nuevo y controvertido presidente (Bernard K fue el primero), no cabe más remedio que recordar y reseñar, siquiera brevemente, el libro de Floquet y Coq.

Un caquéxico Bernard Kouchner es "nacionalizado" por Sarko, según caricatura del autor bretón
Fañch Ar RuzLa obra es muy de su época (en plena guerra de Bosnia) y por ello es útil como caja de resonancia de las obsesiones mediáticas de entonces. Pero también se adelanta al cuestionar la mojigatería de los “bien pensantes” de entonces, cuya única solución para cualquier conflicto internacional pasaba por el “derecho de injerencia”: el último capítulo y conclusión se titula, muy significativamente: “De regreso de la cuestión de Oriente, al nuevo sueño colonial”. Y faltaba toda una década para la invasión de Irak. También nos ilumina sobre la guerra de las ONG´s, otro asunto estrella de aquellos ya lejanos años. El combate singular entre Médicos Sin Fronteras y Médicos del Mundo, ambas ligadas en sus orígenes a Bernard K., se superpone a las guerras de secesión yugoslavas. Allí, MSF escoge Vukovar en el otoño de 1991; pero pierde varios miembros atrapados en los combates y decide replegarse a fin de consagrarse a los refugiados. De esa forma, pierde protagonismo frente a su rival, MDM, al menos en el muy mediático escenario yugoslavo. Es el turno de ésta ONG, dirigida entonces por el astuto Míster K., que se decide por Dubrovnik. Es una excelente apuesta: la bella ciudad, patrimonio de la UNESCO e icono turístico por antonomasia (todo el mundo la conoce, no como a Vukovar) es una apuesta segura. Ahora bien: ¿necesita ayuda humanitaria la ciudad de Dubrovnik? Rony Brauman, presidente de la rival MSF lo tiene claro: “Esta ciudad no tenía ninguna necesidad estricta. Se creó una necesidad humanitaria, pieza a pieza, y después se respondió a ella. La respuesta, como la necesidad, son virtuales” (Floquet et Coq, 1993: 55)
La idea de crear un “corredor humanitario” hacia Dubrovnik tuvo momentos de opereta que ya en aquella misma época fueron celebrados con lejía por periodistas y testigos de todo tipo. El convoy marítimo de ayuda que intentó llegar hasta el puerto rompiendo el bloqueo marítimo que mantenían las unidades de la Marina Federal yugoslava, fue una aventura en la que Kouchmner compartió protagonismo con el histriónico Stipe Mesic. Laura Silber en su célebre obra de referencia The Death of Yugoslavia (Penguin Books, 1995) relata cómo Mesic, al mando de la flotilla de yates, barquitos y barquichuelas de recreo de todo tipo, junto con el prier minsitro, al esposa del Minsitro de Asuntos Exteriores y Tereza Kesovija (la Nana Muskuri croata) intentó abrirse paso gritándole por radio al almirante serbio que él era el “comandante supremo” del Ejército yugoslavo. Lo cierto es que ya no lo era desde el 3 de octubre (y el 13 de septiembre Croacia había abandonado el gobierno federal) y quizá por eso o por las horas que llevaban en el bar del Slavija I, las celebridades a bordo festejaron la ocurrencia con sonoros aplausos, pitos y carcajadas.

Dubrovnik asediado por las baterías montenegrinas, octubre de 1991
El convoy no pasó. Si llegó, semanas más tarde, el barco hospital italiano San Marco (18 de noviembre), que desembarcó medicamentos y evacuó refugiados. Pero aprovechando que las tropas croatas tuvieron que retirar tropas del frente para controlar la operación en el puerto, las tropas serbo-montenegrinas tomaron el barrio de Mokosica. Los intentos de Kouchner para erigirse en negociador con los militares federales fueron un fracaso. No sólo se mofaban abiertamente de él, sino que cada vez que el notable francés abandonaba la ciudad, ésta era duramente bombardeada. No es de extrañar que las autoridades locales terminaran algo cansadas y comenzaran a reprochar a Bernard K. que alentara a los habitantes de la ciudad a evacuarla, puesto que eso se lo pondría más fácil a los asediadores. De hecho, desde finales de octubre las autoridades croatas habían puesto en marcha la operación “Retorno a Dubrovnik”.
Mientras tanto, Kouchner desplegaba una concentrada ofensiva mediática auto inventándose como protagonista. “Dubrovnik también le proporcionó a Bernard Kouchner la ocasión de dar la medida de su talento con la pluma. Kouchner, uno de cuyos tormentos es el fracaso de pasar por intelectual, cree que la inteligencia es contagiosa. Alentado por sus amigos (que una cierta prudencia retiene de cantar las gestas del ministro) se convierte en bardo de sus propios éxitos” (Floquet et Coq, 1993: 87) A lo largo del otoño de 1991 escribe rimbombantes artículos en al prensa francesa. ¿Y lo resultados concretos? Según él mismo, se transportaron más de 10.000 toneladas de alimentos a la ciudad. “3.500 toneladas de papeo” –corrige el doctor Michel Bonnot, fundador de Ayuda Médica Internacional, citado en el libro que nos ocupa. Según los autores, de esa ayuda debe restarse la entregada a los sitiadores. “Bernard usa las cifras como los medias: sin moderación”, concluyen. Y de paso califican la obra del biografiado. Según Kouchner la ayuda humanitaria consiste en “pequeños gestos constantes, en pequeños lugares para un pequeño grupos de personas”: es decir, la “ayuda bonsái” (Floquet et Coq, 1993: 93)

Portada de uno de los libros de Bernard K. él mismo, pensativo y preocupado, en la portada
Lo que añadía una dura nota trágica a todo esto era que mientras tanto, la ciudad croata de Vukovar estaba siendo machada por la artillería del Ejército federal y asaltada por los chetniks, pero Kouchner no hizo nada por ella, a pesar de que el 17 de noviembre recibió un llamamiento personal desde el hospital de la asediada ciudad, a punto de caer en manos del enemigo, para que evacuaran algunas decenas de heridos graves. “Pero Bernard Kouchner no escucha. Está a punto de escribir: ‘Dubrovnik ciudad de la Paz’ un artículo que publica “Le Monde” dos días más tarde” (Floquet et Coq, 1993: 84). La última iniciativa del ministro consistió en imaginar un “Concierto para la Paz”, en el que deberían cantar juntos una soprano serbia y un bajo croata. Ante la negativa de Zagreb de que entrara en la ciudad ni un solo serbio, hubo que conformarse con la Orquesta Nacional de Cámara de Toulouse. A ese concierto de Nochevieja acudieron, como no, Bernard K, Simone Veil y Michel Piccoli. La población local le dedicó una gélida indiferencia.
Los años que siguieron estuvieron marcados por el protagonismo de Bernard K. en la guerra de Bosnia, como no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta que era un abogado histórico de lo que por entonces se llegó a convertir en sacrosanto “derecho de injerencia”. Pero también de gestos a veces espectaculares, pero de eficacia real bastante dudosa. ¿El convoy del 5 de abril de 1992, que nunca llegó a entrar en Sarajevo sirvió realmente de algo, aparte de resaltar la imagen de Bernard K.? El “beau geste” del 28 de junio, protagonizado por el presidente Mitterrand para que se abriera el aeropuerto de la asediada ciudad (al parecer inspirado por Kouchner) desunió más a los europeos, evitó una temprana intervención militar occidental contra los serbios? Eso sí: siempre con la prensa por testigo, siempre cámaras e imagen. Todo un precedente el estilo Sarko de nuestros días: enormes tasas de popularidad, hiperactividad, ubicuidad, “efecto anuncio” y “charla por los codos”, como parte del retrato que hacía Lluis Bassets hace pocos días.

Bernard K, 2007, implicado en los manejos de Sarkozy con el dictador libio Gaddafi
El libro de Floquet y Coq, hoy difícil ya de encontrar, incluso de segunda mano, dejó a Bernard K. en Bosnia. Pero su carrera continuó, siempre con el mismo o similar estilo, siempre dejando en el aire la pregunta: ¿Es Bernard Kouchner un simple caradura, un tipo realmente listo, un ambicioso sin límites, un simple “con”, como lo califican algunos franceses en los foros? “Le Point” le coronó “Hombre del año” en la Francia de 1991, y sólo unos meses más tarde era el político más popular. Personaje altamente estimado por sus compatriotas en aquello lejanos años, lo cierto es que nunca logrará ser elegido como parlamentario, ni en Moselle en 1994 ni en Gardanne en 1996. Una cosa es la popularidad mediática y otra confiar el destino de una parcela del propio país en manos de Bernard K. Eso es lo que, al menos, pensaban los franceses por aquel entonces.

Bernard K, junio de 1999, recién concluida la campaña militar de la OTAN contra Serbia. En la fotografía, con dos líderes del UÇK (Thaci y Ceku), el general de la KFOR, Jackson, y el comandante de la OTAN, general Clark
Pasaron los años. En 1999, después de que la última bomba humanitaria de la OTAN cayera sobre lo que restaba de Yugoslavia, Bernard K fue nombrado administrador de las Naciones Unidas para Kosovo. Ocasión más que propicia para acuñar otra de sus frases características: “Europa, la que amamos, ha nacido en Kosovo”. En la arrasada provincia, Kouchner debe ocuparse de la asistencia humanitaria, la administración civil, la economía y la elaboración de instituciones democráticas. Es una ocasión perfecta para desarrollar sus teorías. Así, durante su mandato (julio de 1999-enero de 2001), regresaron los refugiados albaneses, pero fueron expulsados casi un cuarto de millón de serbios y otras minorías étnicas de Kovoso. Hasta la fecha, la limpieza étnica, consumada, más voluminosa de la las guerras de secesión yugoslavas. El Ejército de Liberación de Kosovo (UÇK) es desarmado y reconvertido en el Cuerpo de Protección de Kosovo, pero se cree, con fundamento, que puede recuperar su capacidad ofensiva con facilidad; de hecho, algunos mandos son sospechosos de estar tras acciones hostiles. No se logrará que funcione el Consejo de Transición de Kosovo, por desavenencias internas entre las dos principales fuerzas políticas de los albaneses, los representantes del UÇK y los de la Liga Democrática de Kosovo. La gestión gestual de Kouchner, en entredicho, dejando tras de sí polémica.

Bernard K pasea por Pristina con la controvertida Secretaria de Estado norteamericana Madeleine Albright
El año 2003 comenzó a marcar los límites de la desintegración de la doctrina del “derecho de injerencia”. En un célebre artículo publicado en “Le Monde” (4 de febrero), Bernard K. intenta salirse por la tangente ante la inminente invasión de Irak. Adopta una postura tan facilona como demagógica: “Ni la guerra ni Saddam”. No duda que existen armas de destrucción masiva escondidas, tampoco debe consentirse que Saddam siga en el poder. Intervencionismo, derecho de injerencia, si, pero sin guerra. ¿Cómo? “Qu’en ce début de XXIe siècle, on invente d’autres formes de politique et d’interventions internationales". Efectivamente : que inventen otros para sostener lo que yo afirmo. Bernard K sólo sugiere fórmulas nebulosas, que para derribar a Saddam del poder e “instaurar la democracia” en Irak, no funcionan. Pura y santa buena intención. pero claro, o injerencia a la manera clásica, o nada. Y como nada no puede ser…
Mientras tanto, ha fundado una consultoría: BK Conseil. Y con ella se mezcla en un resbaladizo negocio (septiembre 2003): lograr que la petrolera francesa Total obtenga de la dictadura militar que gobierna Birmania (Myanmar) la opción de construir y gestionar un oleoducto a cambio de que la empresa se implique en la subvención de mejoras de infraestructura humanitaria en el país. Pero el asunto se complica y desemboca en un escándalo cuando, dos años y medio más tarde, un grupo de ONG´s radicadas en Gran Bretaña lanza una campaña contra las actividades de Total en Myanmar, el trabajo forzado que se está utilizando en el oleoducto (incluyendo mano de obra infantil) y al represión que ha estado practicando “horrorosos abusos en la región del oleoducto”

El invento casi no da más de si: Bernard K. en 2003, después de la invasión de Irak
Floquet y Coq supieron a quien tenían delante en aquel lejano otoño de 1991, cuando lo entrevistaron en Croacia y decidieron dedicarle un libro. Trece años más tarde, Jordi Raich, un curtido veterano de la ayuda humanitaria, a la que sin embargo critica y fustiga en su polémico libro: El espejismo humanitario. La especie solidaria al descubierto (Debate, Madrid, 2004) hace de él éste completo retrato (pags. 162-163):
“Lo suyo era el espectáculo solidario y para ponerlo en escena recorrió incansable los escenarios más exóticos de la miseria humana. Visitó campos de refugiados, prisiones, trincheras, hospitales y fosas comunes en Croacia, Kosovo, Kurdistán y Pakistán. El doctor estaba en todas las fotos: con su mujer, con el secretario general de la ONU, sonriendo a Lady Di, entre la multitud de desgraciados y junto a los señores de la guerra. Kouchner convirtió sus cargos en un formidable instrumento de propaganda al servicio del presidente de la república y de sí mismo. Y, en el camino, hizo añicos al humanitarismo independiente basado en las necesidades de las víctimas, que fue tan valioso en sus orígenes.

Bernard K en los buenos tiempos, pero ya con una inseparable cámara detrás: Somalia, 1992
En diciembre de 1992 le vi llegar a Mogadiscio para presidir el atraque de “su” barco cargado con la cosecha de “su” operación Saco de Arroz: cada niño francés debía aportar un kilo de arroz para un niño somalí. Llegó al puerto en convoy, acompañado de un séquito de periodistas y cámaras de televisión. Hizo pomposa entrega de la carga a no se sabe quién, se echó un costal a la espalda y aguantó con sonrisa dentrífica hasta que los fotógrafos estuvieron satisfechos. Por cierto, la mayoría de ONG rechazó distribuir el arroz por su baja calidad, mezcla de variedades diferentes del cereal y nefasto empaquetado. Treinta camiones con una parte de la donación fueron robados y desaparecieron en la nada. Una partida acabó en manos de comerciantes privados que lo vendieron durante meses a precio de ganga reventado así la frágil economía local”.
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