domingo, febrero 07, 2010

Un paso hacia el pasado













24 de diciembre, 2009: una larga fila de representantes políticos e institucionales kurdos, detenidos, esposados y encolumnados por las calles de Diyarbakir



6/2/2010 TURQUÍA EN EL PROCESO DE INTEGRACIÓN EUROPEO

Victoria pírrica, y algo peor

La ilegalización del Partido de la Sociedad Democrática (DTP) aleja a Ankara de la Unión Europea

La reciente ilegalización del DTP o Partido de la Sociedad Democrática, kurdo, a instancias del Tribunal Constitucional turco, es un hecho sobre el que la prensa occidental ha pasado de puntillas. Más embarazosa todavía ha sido la difusión de las fotografías que mostraban alcaldes kurdos, elegidos democráticamente en su día por el DTP, sindicalistas, abogados, todos ellos vergonzosamente esposados y encolumnados por las calles de Diyarbakir. La comparación que se hizo con Batasuna no es acertada; en palabras del diplomático turco Akin Özçer, experto en nacionalismo vasco, “el DTP no era sólo Batasuna, sino también el PNV y EA”, dictamen totalmente ajustado a la realidad.

Durante las pasadas Navidades, la imagen de los detenidos paseados por las calles de la capital kurda, nos llevaba a otras épocas; y de ese mismo periodo surgía la iniciativa del Tribunal Constitucional, dirigido, sobre todo, contra el gobierno islamista. En Turquía, jurisprudencia y fuerzas armadas siguen siendo poderosos reductos de la derecha autotitulada kemalista, dispuesta a sabotear toda aquella iniciativa gubernamental que le acerque a Bruselas. Por lo tanto, la ilegalización del DTP a instancias de la fiscalía es todo un torpedo en la línea de flotación, que aleja a Ankara de la UE.

Los reductos de Atatürkia, en su faceta más vetusta, modelo años setenta y ochenta, continúan lanzando órdagos en la línea del suicidio político, como ya se pudo constatar con motivo de la campaña para ilegalizar al mismísimo partido en el poder, el islamista AKP, a comienzos de 2008. Aunque el golpe contra el DTP es, en apariencia, una victoria menor en comparación con aquello, lo cierto es que la UE ya no ha reaccionado con la misma firmeza en la defensa del partido kurdo. Eso es bastante lógico si tenemos en cuenta que en Bruselas la cuestión de la candidatura turca atraviesa horas bajas. Empieza a producirse un cierto cansancio: el gobierno de Erdogan, que también soporta presiones internas dentro del mismo partido AKP, apenas ha puesto en marcha las iniciativas legales que exige la confluencia con el acervo comunitario. Por ejemplo, y sobre todo, la reforma de la vigente Constitución de 1983, surgida del golpe militar de 1980. Por otra parte, París y Berlín han logrado ir asentando su política hegemonista en le UE, y ni Sarkozy ni Merkel ven con buenos ojos la candidatura turca. Por si fuera poco, a ellos se une ahora el recién elegido presidente del Consejo de Europa, Herman Van Rompuy.

Pero sobre todo, el gran problema de Turquía radica, hoy por hoy, en esa compleja transición post-kemalista, con la consiguiente lucha cainita entre las dos clases medias: la que nació y se crió con la República, laica, con fuerte presencia en la administración; y la nueva, de apariencia islamista, más neoliberal y que intenta consolidarse en el poder. Hasta que no se resuelva armónicamente esa pugna, Turquía será una potencia emergente con pies de barro, con tendencia a una persistente inestabilidad política; y la primera consecuencia de ello será una relación traumática con la UE.

Por supuesto, todos aquellos que abominan de la candidatura turca, estarán ahora frotándose las manos. Los sectores más radicales y violentos del independentismo kurdo, también. La decisión de ilegalizar al DTP les ha dado un estupendo balón de oxígeno cuando, este mismo verano, la solución a la cuestión kurda parecía que podría materializarse pasando sobre sus cabezas. Por lo tanto, la victoria de la Fiscalía, y del nacionalismo conservador es menos que pírrica. Y puede ser peor todavía.

Hasta ahora, va quedando claro que en Europa y los espacios colindantes, las aspiraciones soberanistas poseen un futuro más o menos prometedor en función de que se realicen dentro o fuera de la UE. En el primer caso, la ruptura interna dentro de un país miembro, sería difícilmente aceptada por Bruselas y la mayoría de los países miembros. Crearía precedentes que más adelante supondrían poner en marcha más procesos de ingreso para los nuevos estados surgidos de la desintegración, y complicaría la ya de por sí enmarañada arquitectura institucional de la Unión. Todo ello a cambio de una soberanía limitada para la nueva entidad, en una UE con espacio Schengen, moneda común y legislación supervisada desde Bruselas.

Pero en el exterior de ese ámbito, las cosas son diferentes, como lo demuestra el empeño de la mayor parte de los socios de esa misma UE en reconocer a los nuevos estados surgidos de la caída del Muro. Por lo tanto, si Turquía se queda fuera del proceso de integración europeo, quién sabe si algún día Bruselas no terminará por reconocer a un Kurdistán autoproclamado como estado independiente, si así conviene. Al fin y al cabo, el maquiavelismo es un antiguo invento europeo, que siempre ha tendido a llevarse bien alto, con cierto desvergonzado orgullo, por parte de los dirigentes políticos del Viejo Continente.

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lunes, julio 06, 2009

CK Way (1): desde Trabzon a Kars













La mezquita está en una vaguada en el camino hacia Kars. Sólo sobresale el minarete

Se me ocurrió bautizarla como “ruta CK”, sin asomo de ironía, dado que no hace referencia a ninguna marca de colonia . Simplemente, el camino trazaba una “C” invertida que recorría Turquía oriental; y de hecho la zona estaba poblada mayoritariamente por kurdos: de ahí la “K”. En conjunto es un largo trecho de más de 1.600 kilómetros, ignorado para las agencias turísticas de Europa occidental. En la misma Turquía hay algunos operadores que prácticamente a título individual han organizado tours desde Kars hasta Diyarbakır, pero no resulta fácil dar con ellos; y además, eso denota que se trata de una zona en la que el turismo turco recién comienza a acudir tras los años del conflicto armado con las guerrillas del PKK. Pero no es todavía una zona de turismo internacional, lo cual resulta bastante extraordinario en pleno 2009.

El arco se puede iniciar desde el norte o desde el sur, lo cual resulta indiferente para el resultado final del viaje. Si se escoge la primera opción, se aconseja comprar un billete de avión Estambul-Trabzon. Cabe la posibilidad de llegar a la zona de forma más directa mediante la ruta aérea Estambul-Ankara-Kars (que tiene un minúsculo aeropuerto) pero eso supone saltarse la espectacular carretera que, procedente de Trabzon, recorre las estribaciones del Cáucaso. En todo caso, es una alternativa para aquellos viajeros más apresurados, o los que no hayan encontrado otra combinación terrestre que la de Trabzon-Kars por Erzurum, la más habitual. Por fin, el regreso se puede hacer desde el aeropuerto de Diyarbakır. Pero atención: en Turquía los vuelos interiores pueden sufrir retrasos, por lo que se aconseja no calcular enlaces ajustados para el vuelo de regreso a casa desde Estambul. Tomarse las cosas con calma y dedicar una horas a la escala en la antigua capital del Imperio otomano, es lo más realista.


Ruinas de Ani. En el CK Way abundan los paisajes de una belleza desolada. Historia en bruto

Cuando el avión se dispone a aterrizar, una breve mirada a las escarpadas montañas del entorno para recordar que fue allí donde se estrelló el Yak 42 con 62 militares españoles y 15 tripulantes ucranianos en 2003. Por lo demás, Trabzon es una ciudad con historia: durante unos pocos años fue la última capital del Imperio bizantino, tras caer Constantinopla en manos de los turcos otomanos, en 1453. Pero quedan muy escasas trazas de aquel esplendor. Hoy una ciudad comercial, ajetreada y con escasa personalidad para el turista. Eso sí: tiene fama de rumbosa en el contexto de Turquía oriental. Conforme se adentre en el corazón del CK Way, el viajero entenderá esa fama y hasta llegará a echarla de menos en algunos momentos.













La fortaleza de Kars, eterno objtivo estratégico en las inumerables guerras por los pasos del Cáucaso

Trabzon es también la capital de los lazis, objeto de numerosas bromas ente los turcos, similares a las que se hacen en España con los leperos. los franceses con los belgas, los estadonunidenses con los suecos, los argentinos con los gashegos, suma y sigue. Los lazis son un grupo étnico que habita en la costa turca del Mar Negro, con lengua propia relacionado con el megrelio, georgiano y svan. Originariamente cristianos ortodoxos, se convirtieron al islam en tiempos del Imperio otomano, en torno al siglo XVI y en su propio sanjak destacaron como agricultores especializados en te y maíz y también como pescadores, con la anchoa como parte central de su dieta.

Relativamente cerca de la ciudad (unos 50 kilómetros) se encuentra el monasterio greco ortodoxo de
Sümela, fundado en el siglo IV y abandonado (e incendiado) en la década de los años 20 del siglo pasado, en tiempos del brutal intercambio de poblaciones entre Turquía y Grecia. Vale la pena la excursión, porque es uno de los principales monumentos reseñables en toda la costa turca del mar Negro: viene a ser un pequeño Monte Athos abandonado en plena Anatolia. Pero deben hacerse dos puntualizaciones. La primera: si el viajero es aficionado a la fotografía, vdebería llevarse un buen teleobjetivo. Hay dos vistas exteriores del impresionante monasterio incrustado en la ladera de una arbolada montaña. La primera, desde la carretera de acceso, en contrapicado, donde no se detienen los microbuses. La segunda es la que se obtiene desde una terraza panorámica, donde casi concluye el viaje; y aunque desde ahí se contempla todo el escarpado valle, la fachada del monasterio queda lejana y algo escondida. Segunda observación: ojo con la picaresca asociada a los transportes en Turquía; el interior del monasterio se puede ver en una media hora pero el microbús puede tardar hasta dos horas en regresar y recoger a los turistas; o no volver; o esperar a pie de la montaña, en un hotel y restaurante, al que se llega tras una buena caminata de casi media hora (y eso cuesta abajo).














Paisaje de montaña. Pueden pasar muchos kilómetros sin encontrar presencia humana

El recorrido Trabzon-Kars es el primer desafío importante del CK Way. El camino más pintoresco es el más largo y tortuoso, porque transcurre pegado a la frontera georgiana, por carretra de montaña. Pero los medios de transporte regulares brillan por su ausencia, e ir confiando en los microbuses que unen pueblos muy distantes puede suponer la pérdida de mucho tiempo en largas esperas a mitad de camino hacia la nada. La mejor solución consiste en contratar taxis para trayectos largos (una práctica nada extraña y no muy cara en Turquía y en el mundo balcánico y caucásico) o alquilar un coche.

De esa forma, camino de la lejana Kars, el viajero pasa de una soleada costa de aspecto mediterráneo (desolada y nada explotada turísticamente) a un paisaje alpino intensamente verde. Pero son más de 400 kilómetros de carretera llena de curvas y cuestas. La primera parte discurre por valles estrechos en los que se pueden ver, de tanto en tanto, arroyos de alta montaña y desvencijadas cabañas de madera, típicas del Cáucaso. Sin embargo, el último tramo antes de llegar a Kars son prados altos, intensamente verdes y desolados. En todos los paisajes están presentes los minaretes de las mezquitas: entre los abetos o surgiendo del horizonte de las praderas.



La antigua catedral armenia, tesoro arquitectónico en el desolado centro histórico de Kars













Kars forma parte de ese entorno geográfico, se percibe al primer golpe de vista. Pero hay algo más: tiene fama de ser una ciudad lúgubre, fría y apartada. La célebre novela tostón de Pamuk que transcurre en esa ciudad (“kar” significa “nieve”, en turco) terminó de remachar esa imagen. Ante tal imagen, lo único que se puede decir es que Kars posee un ambiente que tiene sus adeptos. El conjunto urbano está dominado por una poderosa y negra fortaleza aupada sobre un picacho. Allí pudo haber transcurrido el argumento del Desierto de los Tártaros de Dino Buzzati, pero dado que la ciudad perteneció a Rusia durante muchos años, también trae a la memoria el viaje de Tolstoi al Cáucaso y su estancia en el fuerte de Stari Yurt durante la Guerra de Crimea contra el Imperio otomano. En definitiva, Kars es ciudad fronteriza por antonomasia, campo de batalla en guerras eternas entre rusos, turcos, armenios y persas, punto de tratados internacionales y pieza de intercambio entre unos y otros. A lo pies de la oscura fortaleza, todavía en uso, la ciudad parece desordenada, inacabada: la abandonada y compacta catedral armenia, contribuye a esa impresión. Los viejos edificios administrativos rusos pasan desapercibidos por descuidados. Algunos bares y tiendas son el colmo de la decrepitud y la melancolía. Todo va en tonos de piedra oscura, a menudo bajo un cielo encapotado.

Más allá del barrio histórico, desolado y sucio, la arteria principal de Kars, conserva ese mismo ambiente, aunque esté llena de vida. Eso sí: aunque ajena a su abigarrado y violento pasado histórico, el ambiente anodino del centro conserva un punto de Far West. Abundan cafés internet, algo que el viajero encontrará en las ciudades de todo el CK Way, pero el visitante es toda una rareza y las miradas de los habitantes o los saludos de los niños se lo hacen saber a cada paso.



San Gregorio, Ani








Ir a Kars significa acercarse a contemplar las ruinas de Ani, la que fue esplendorosa capital del reino armenio medieval, a la que se apoda “ciudad de las mil y una iglesias”. Cae un sol de justicia y pasear por la enorme extensión de Ani respirando nubes de insectos es una experiencia poderosamente irreal. El silencio lo puede todo –son escasos grupos de turistas y se pierden enseguida en la inmensidad del paisaje. El cielo aplasta los escasos restos de edificaciones, aquí y allá, surgiendo de la vegetación agostada y salvaje. Apenas se han hecho excavaciones y el horizonte es el de un cementerio abandonado. Es muy difícil imaginarse que hubo vida allí; más parece como si un genio de la escenografía hubiera construido aquellos restos a propósito, para empequeñecer al viajero.

En algunas tomas es imposible evitar que quede constancia del paso de gruesos insectos voladores antes el objetivo; de la misma forma, a veces aparecen, a lo lejos, las torres de vigilancia de los guardias turcos de fronteras. Los costados de la extinta ciudad de Ani pasan junto a gargantas por la que fluyen los ríos Ajurian y Tsalkotsajour, que marcan la frontera entre las actuales Turquía y Armenia, por lo que la fabulosa ciudad de Ani, por la que vivieron y pelearon armenios, georgianos, kurdos, turcos selyúcidas y hasta mogoles, sigue sin poder descansar en paz; continúa siendo símbolo de símbolos disputados, aunque ya nadie viva en sus desaparecidas calles.



Torre de la Iglesia de San Salvador, partida por un rayo; al fondo, la Catedral. Ruinas de Ani


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domingo, julio 22, 2007

NOTA: El síndrome de los 90






















Imagen de un cyberataque protagonizado por un autodenominado Turkish Hacker, en nombre del islam, en febrero de este año



Por fin ha terminado la campaña electoral, e incluso el tiempo de reflexión. Dentro de pocas horas, los electores turcos acudirán a las urnas. Contradiciendo a los agoreros profesionales de lo anti turco, apenas se han producido incidentes reseñables de carácter puramente político. Y sin embargo, en la prensa occidental ha tenido un incómodo protagonismo lo que podríamos denominar "síndrome de los 90", muy presente en los análisis que se hacen todavía hoy de las crisis balcánicas (ahora la de Kosovo). ¿En que consiste ese fenómeno? En la pervivencia de ideas preconcebidas y prejuicios anticuados, en informaciones todavía no contrastadas a pesar del paso de los años, en todo un arsenal de mantras y consignas, en una parafernalia argumental que rebela que su autor se ha quedado detenido en 1993, 1994, 1995... Curiosamente, muchos de esos analistas gozan de gran predicamento entre el gran público, justamente porque ofrecen ideas tópicas que hacen sentir más seguros a sus lectores. Esos mismos autores se agarran con uñas, dientes y lo que sea menester al síndrome porque constituye una verdadera teta de la que seguir chupando durante años y años. Y que nunca llegue día en que la realidad rebele la caducidad de esos planteamientos que sólo son mentiras o medias verdades mil veces repetidas.

¿Qué aspectos de la actualidad turca están lastrados informativamente por el "síndrome de los 90"? He aquí algunos ejemplos:


a) "El Ejército turco puede volver a actuar una y otra vez como en 1960, 1971 ó 1980". Es discutible. Si no lo hizo en 1997 sería por algo. El caso es que se limitaron a dar un "golpe virtual" o "posmoderno", pero no sacaron los tanques a la calle. Por algo sería. Una década más tarde, el Ejército turco podría tener serios problemas si diera un golpe "clásico". Y los altos mandos lo saben. Es evidente que los tendrían a escala internacional, que el régimen que impusieran no contaría con el apoyo de la UE y ni siquiera de los EEUU (aunque, dado el nivel de descomposición que sufre el liderazgo político podría generar "bolsas de vacío" en su capacidad de respuesta que podrían propiciar situaciones inesperadas). Sin embargo, en 2007 los altos mandos han de contar con el sentimiento pro islamista de una parte de su oficialidad y de la tropa. O sencillamente, la posibilidad de que una parte de los cuadros y los reclutas provoquen serios problemas operacionales al no asimilar las consignas ideológias de un golpe. Las fuerzas armadas turcas son de leva: eso le dio fuerza política durante muchos años, pero ahora empieza a ser parte de su debilidad. Así, es muy posible que, dando un golpe, el Ejército, como el escorpión de la fábula, mataría a a su vehículo (la rana) pero moriría con él. ¿Cuál seria sería el grado o la posibilidad de ruptura socio-política interna en las FFAA turcas? No lo sabemos y posiblemente tampoco lo saben los altos mandos. Eso todavía añade más incertidumbre. Pero está claro que andamos por el 2007, los años 90 han quedado atrás.


b) "CHP y MHP pueden formar una coalición y gobernar en minoría". Cierto, es perfectamente posible. Pero sus líderes son conscientes que podría ocurrirles como al Ejército: el escorpión, la rana, ya saben: el riesgo de autodestrucción a medio plazo. La clase política turca no es una gran cosa, pero son gente astuta que conoce el escenario en el que se mueven, y a su pueblo. Como contraste, nuestros analistas parece que se empeñan en no tener en cuenta que el gobierno del AKP ha establecido un precedente en la vida política turca. Organizar un gobierno CHP-MHP con el AKP en la oposición, copando la mayoría del Parlamento podría convertirse en una pesadilla digna del mejor terror y gore para sus protagonistas. En realidad, ese escenario casi sería una bendición para el AKP, que podría retirarse del poder todavía sin mácula, con su prestigio intacto, recobrar fuerzas, y contraatacar forzando unas nuevas elecciones anticipadas, para terminar machacando a los temerarios CHP-MHP. Hemos de tener en cuenta, al hacer este análisis, que el AKP ha terminado representando a fuerzas muy poderosas de la sociedad turca, a todo un amplio sector de la clase media. Por contra, lo que le interesa al CHP y al MHP es la estrategia del hostigamiento, esperar a que el AKP se desgaste, cometa fallos, se corrompa claramente y se sitúe al nivel devaluado del resto de los partidos de la arena turca. Claro que es posible un pacto CHP-MHP, pero no sería como en los noventa, porque estamos en 2007 y el tiempo no pasa en vano, ni siquiera en Turquía.


c) "El viejo problema kurdo sigue sin resolverse". En general, la cuestión kurda es una de las más ancladas en el "síndrome de lo 90". Nuestros analistas y periodistas supuestamente expertos tienden a ofrecernos la vieja y romántica imagen que tienen algunos analistas extranjeros del nacionalismo radical vasco: "desperados", "freedom fighters", "bandoleros". Este tipo de planteamientos esconde otras ideas, más atrevidas pero también más políticamente incorrectas. No es nueva, por ejemplo, la teoría de que sin ETA el País Vasco sería independiente desde hace tiempo. En la era del "poder blando", la acción directa y violenta es ya una antigualla que sólo utilizan movimientos políticos de países socialmente atrasados. Por supuesto que el Kurdistán turco no tiene nada que ver, desde un punto de vista social y económico con el próspero País Vasco. Pero también lo es que el Sudeste turco no es lo que era, que la guerra de 1984-1999 desplazó a decenas de miles de kurdos hacia el oeste de Anatolia, que Diyarbakır no es ya, ni de lejos, la mayor ciudad kurda de Turquía. Pero sobre todo, hoy existe una clase media kurda con poder propio, con planes propios, con una creciente capacidad de marcarse objetivos e irlos cumpliendo. Normalmente, nuestros periodistas hablan de "los kurdos" como una especie de masa nacional sin diferencias políticas, sin estratificación social o sin importantes diferencias políticas. Y todo eso existe: ser kurdo en la Turquía de 2007 ya no es como serlo en la de 1993, 1994... Es cierto que muchos políticos y simples kurdos de a pie hablan todavía con extrema admiración de Apo Öcalan. Pero hemos de considerar por qué lo hacen: ¿Porque es una manera segura de hacerles la puñeta a los turcos, a casi cualquier turco?¿Porque todavía no tienen ningún otro lider de recambio al que admirar y eso encubre un fracaso real?¿O porque, precisamente, interesa disimular que ese ya no es el modelo, sino que hay otro más viable en marcha? Al fin y al cabo, el PKK le resulta muy útil al nacionalismo turco más duro; sin él, la situación política general le sería más favorable al nacionalismo kurdo. Porque hay una clase media kurda, que convive y se entremezcla con las dos de los turcos, la laica y la musulmana; y como ellas, tiene una creciente capacidad de liderazgo y de maniobra política. Pero es difícil de estudiar porque la consigna general es no evidenciarse. Si se sigue pensando en la cuestión kurda como algo inamovible desde 1984, se pierde una perspectiva útil para buscar la normalización y resolver el problema. Sin olvidar que los kurdos son los más firmes partidarios de la entrada de Turquía en la UE. Por lo tanto, más de un "admirador" empeñado en lo contrario, les está haciendo la puñeta.


Ahora la palabra la tienen los turcos, como debe ser. Pero serán los de 2007 los que votarán, no los de hace diez o quince años. Por mucho que nos empeñemos, la realidad es tozuda, incluso para quien escribe estas líneas, que, por supuesto, puede estar equivocado de medio a medio. Pero esa realidad es la que debemos estudiar, sin empeñarnos en trasladar el pasado al presente. Y teniendo en cuenta, en efecto, que muchos turcos también caen en el mismo error. Aún así, Turquía sigue siendo un importantísimo laboratorio social y político; no perdamos la oportunidad de aprender lecciones impagables.


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miércoles, junio 06, 2007

Habana-Ankara















Carros de combate M-60 turcos transitan en las inmediaciones de la frontera con Irak, a comienzos de este mismo mes

Turquía está inmersa de lleno en el ambiente político de una precipitada campaña pre electoral, que se desarrolla como un chorro a presión. En medio de esa situación, el PKK ha irrumpido en el proceso electoral con sendos atentados, el último en Tunceli. Los militares, también se han incorporado a la vida política. No es un fenómeno tan nuevo en la presente legislatura: ya hicieron ruido en 2003, por boca del presuntamente moderado general Jefe del Estado Mayor, Hilmi Özkök. Pero en los últimos meses, su injerencia ha subido de tono y frecuencia, ya desde la protesta expresada en diciembre por el general Bÿükanıt ante las tímidas propuesta del primer ministro Erdoğan por encontrar una salida al contencioso de Chipre.

En los últimos días han estado creciendo los rumores de una intervención inminente del Ejército turco en el Norte kurdo de Irak. La operación podría reproducir la llevada a cabo en 1995, con 35.000 soldados respaldados por material pesado y aviación, que provocó una muy
dura condena del Parlamento Europeo, tanto por la violación de derechos humanos como por el hecho de que el Norte de Irak era, por entonces, zona de protección de las Naciones Unidas. En la actualidad, las repercusiones de una ofensiva unilateral a gran escala, con ocupación a tiempo parcial de territorios, podría tener todavía repercusiones más graves, por cuanto todo Irak es ya zona de guerra entre las tropas de la coalición aliada y fuerzas de la resistencia, locales e internacionales. Un choque militar directo entre tropas turcas y milicias kurdas iraquíes respaldadas por fuerzas americanas, daría lugar a un escenario bélico de difícil resolución. Y debe tenerse en cuenta que uno de los objetivos del Alto Mando turco parece ser “castigar a Barzani”, y no solamente al PKK.



El presidente George Bush recibe a Massoud Barzani en la Casa Blanca, octubre de 2005














En todo este asunto cabe resaltar el decidido respaldo político del gobierno Erdoğan a la presión militar. El ministro Gül ha planteado con firmeza el derecho de su país a actuar contra los milicianos del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en el norte de Irak. «Les he dicho claramente que Turquía tiene derecho a tomar cualquier tipo de medida en caso de sufrir cualquier movimiento o acto terrorista en su frontera», declaró Gül tras un encuentro en Ankara con el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Frank Walter Steinmeier; el comisario europeo para la Ampliación, Olli Rehn, y el secretario de Estado portugués de Asuntos Exteriores y Cooperación, João Cravinho.

Dado que la UE considera que el conflicto kurdo (y en él la cuestión del PKK) no puede ser resuelto por vía militar, y que Steinmeir salió de la reunión rezongando sobre la necesidad de que Turquía cumpla sus compromisos para con Bruselas, todo este asunto pinta mal para los intereses de Ankara. Por ello, tiende a sorprender la actitud del gobierno del AKP. Los analistas apuntan a que quizá busca poner la situación de emergencia militar como excusa para aplazar las elecciones. O bien, que intenta volver a forjar un pacto de complicidad con los militares, roto por el asunto de la elección presidencial a finales del pasado mes de abril. Como se sabe, la directiva del AKP había pactado con círculos militares la designación como candidato presidencial de tres posibles personalidades del partido, de escasa proyección islamista. Pero en el último momento, debido a la presión de las bases más radicales del partido, personificadas en el presidente del Parlamento, Bülent Arınç, se acordó proponer a Abdullah Gül. De ahí, supuestamente, la incomodidad de los militares expresada en el denominado “e-golpe” del 27 de abril.


El primer ministro Erdoğan conversa con el general Bÿükanıt tras un acto público








Por lo tanto, el decidido respaldo a una breve aventura militar en el norte de Irak, con la destrucción de los santuario del PKK y la humillación –ni que fuera parcial- del gobierno de Barzani, que ya habla como si existiera un estado kurdo soberano, restañaría heridas con la consiguiente ganancia de aplomo para el gobierno de Erdoğan; pero también para los uniformados, que se vienen sintiendo vilipendiados, marginados y desvalorizados por todo le mundo: la UE, los norteamericanos y hasta el propio gobierno turco.

Hasta aquí, un juego peligroso en el filo de la navaja, pero al menos con actores habituales. Alguien puede sorprenderse de que militares supuestamente kemalistas e islamistas, por muy moderados que sean, logren alcanzar alguna forma de complicidad. Pues a lo mejor se equivocan, porque en el pasado reciente, durante la Guerra Fría, el Ejército turco propició el resurgimiento de un islamismo controlable como forma de contrarrestar la presión de la izquierda radical. Esto sucedió tras el golpe de 1971, pero lo impulsó sobre todo en general Evren tras el de 1980. Y recordemos que en la guerra sucia contra el PKK, las fuerzas de seguridad utilizaron los servicios del muy radical Hezbollah turco, un episodio muy turbio pero muy real acaecido en los años noventa. Por último, deberíamos considerar que la base anti islamista del laicismo turco es de origen religioso, de la misma forma que en ocasiones, las furibundas reacciones antirreligiosas de la izquierda española hunden sus raíces en la intransigencia de la tradición católica.

Y en eso llegó Fidel: en medio de la situación, irrumpe inesperadamente en el escenario una delegación del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Cuba (CITMA) que se reunió anteayer con su contrapartida turca (TUBITAK) para establecer vínculos de colaboración. Aparentemente se trata de una visita meramente técnica a fin de intercambiar experiencias y establecer mecanismos de colaboración en materia medioambiental. Yadira González recordó que Naciones Unidas acababa de aprobar un programa para el desarrollo de energías renovables en Cuba, cuya financiación se prevé cuente con el apoyo de Turquía.



Fídel Castro Díaz Balart, imagen de archivo. El parecido con su padre llegó a ser sorprendente








Sin embargo, el acto tiene lugar poco antes de las discusiones sobre el cambio climático que debería llevar a cabo la reunión del G-8 en Alemania y en el cual se ve venir que el presidente Bush no va a aportar grandes novedades en relación a las posturas norteamericanas. La presidente de la Agencia del Medio Ambiente en Cuba, Gisela Alonso, barrió para casa detallando las prioridades cubanas en desarrollo sostenible, lo avanzado de su legislación al respecto y la red de instituciones encargadas de cuestiones conexas con el medio ambiente con que cuenta la isla.

Pero es que, además, también visitó Ankara el hijo mayor del máximo líder cubano, Fidel Castro Díaz Balart que es, tomen nota, presidente del Centro de Investigaciones Atómicas de Cuba. Tuvo un encuentro con el viceprimer ministro turco Abdullatif Sener “para intercambiar experiencias sobre ese sector energético”, dice la nota de Efe. El cubano también se reunió con instituciones y funcionarios turcos vinculados con la energía nuclear. Y a cambio, el islamista Sener afirmó que “el marxismo ha dado una identidad a Cuba”, confesó que el viaje realizado el año pasado a la isla le había impresionado profundamente y regaló a Fidel Castro Díaz Balart un retrato del Ché Guevara (¿?).

No se trata de pensar en complots ni cosas raras. Pero parece evidente que, aún contando con que estos actos no se improvisan, esta historia difícilmente es una inocente reunión técnica. Puede que se haya incorporado algún elemento de última hora (como la visita del hijo de Fidel) o que el guión haya sido parcialmente reescrito. Pero da toda la sensación de que el gobierno turco le ha dedicado una oportuna mueca de burla a los americanos. En un momento en el que “Condi” Rizze vuela de aquí para allá hecha una hidra, largando desplantes a diestro y siniestro y
regañando a “Migüel” [Moratinos] por lo que ella entiende es pusilánime política del ejecutivo español hacia Cuba, los turcos se permiten el lujazo de hablar de política nuclear con el hijo de Fidel Castro. Y eso en plena histeria USA con respecto al programa nuclear iraní y los estrafalarios proyectos para crear un eje del Mal Teherán-Caracas. ¿Si Washington apoya a los kurdos, Ankara lo hará con los cubanos? La cosa se pone interesante.

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sábado, abril 07, 2007

Negociaciones bajo cuerda (y 2): "No news... no news"

Fotografía de Peter Marlow - Agencia Magnum: Nicosia, 2004















Si el status de Kosovo viene siendo motivo de negociaciones más o menos discretas a lo largo de las últimas semanas, sucede algo parecido en torno a la situación en Chipre, relacionada con las negociaciones entre Ankara y Bruselas. Breve recapitulación: el pasado 8 de marzo, efectivos de la Guardia Nacional grecochipriota comenzaron a derribar algunos lienzos del muro que divide la ciudad de Nicosia. Por entonces, el presidente Tassos Papadopoulos se encontraba en la Cumbre de Jefes de Estado y gobierno en Bruselas explicó que el derribo del muro (que por otra parte se circunscribió por entonces a un sector determinado: la calle Ledra) no significaba que el paso de ciudadanos hubiera quedado libre y expedito de y hacia la zona turcochipriota, dado que para ello, deberían retirarse las fuerzas de seguridad de esa república y además, sería menester ponerse de acuerdo unos y otros para limpiar la tierra de nadie de minas y trampas explosivas que todavía siguen activas. Precisamente, esa circunstancia hace que algunos locales situados entre la zona griega y turca, hayan permanecido intactos desde hace más de treinta años: peluquerías, tiendas, negocios de todo tipo en los que muebles, adornos, posters, fotografías, todo lo que contiene un local comercial, sigan tal como estaban en el verano de 1974.

La noticia fue recibida con gran alegría en Bruselas: la Comisión Europea aplaudió la decisión unilateral del gobierno grecochipriota. El comisario europeo de Ampliación, Ollie Rehn, instó a “todas las partes a aprovechar la oportunidad creada por esta valiente decisión y por la retirada previa del puente por la comunidad turco-chipriota para tomar rápidamente los próximos pasos para reabrir el paso” en la citada calle. A continuación, la UE destinó más 100.000 euros para la financiación de cualquier obra necesaria en el paso de la calle Ledra.


Obras de demolición del muro de la calle Ledra, Nicosia, 8 de marzo, 2007














Tal como llegó, con ruido y alharacas, la noticia apenas tuvo continuidad y prácticamente desapareció de las primeras páginas de los rotativos importantes. La prensa occidental no volvió referirse al estado de las obras, las motivaciones reales del ejecutivo de Nicosia para dar ese paso, las iniciativas que se están dando para ir más allá: apenas nada, excepto lo que se podía ir pescando por internet. Y no es que dejaran de producirse noticias: cinco días más tarde, las autoridades grecochipriotas anunciaron los trabajos para abrir un nuevo paso en la denominada Línea Verde que divide la isla. Se trataba del paso Pyrgos-Limnitis, a unos 45 kilómetros al NW de Nicosia. De nuevo, las autoridades recurrieron a apostillar que ninguno de los pasos sería abierto al libre tránsito de personas hasta que las fuerzas turcochipriotas se retiraran de la zona. En esta ocasión, la portavoz fue la ministro de Asuntos Exteriores para la cuestión de Chipre, Turquía y la UE, Erato Kozakou-Marcoullis.

En conjunto, la evolución de los acontecimientos no pintaba mal. El día anterior, el embajador de Eslovaquia en Chipre, Jan Varso, reveló que estaba actuando como mediador entre griegos y turcos de la isla para la organización conjunta de eventos culturales y deportivos. Alguna iniciativa parecía festivamente propia de una pequeña comunidad social: un partido de fútbol entre equipos mixtos compuestos por líderes políticos de ambas comunidades. También se manejó la posibilidad de alguna forma de encuentro (¿barbacoa?) entre líderes políticos de ambas comunidades con sus respectivas familias. Visitas a lugares de culto y sedes de partidos políticos (también, en cierta forma, lugares de culto), conciertos o intercambios de estudiantes: todo un abanico de encuentros que deberían haberse puesto en marcha a partir del pasado 27 de marzo, y sobre los cuales no tenemos noticia. En fin, toda una panoplia de buenas intenciones que comenzaron a gotear como surgiendo de la nada, mientras los líderes políticos grecochipriotas, comenzando por el presidente Papadopoulos, juraban y perjuraban que Bruselas no les había presionado para que las pusieran en práctica. Pero en torno al retorcido proceso de negociaciones entre la UE, Chipre y Turquía, juegan mil y una consideraciones, dando lugar, cada una de ellas a otros tantos rumores. Por ejemplo, el que relaciona la repentina buena voluntad grecochipriota con la instalación en la isla de un moderno y potente sistema de control aéreo que gestionaría el tráfico en todo el Mediterráneo oriental. Y para ello, hay que estar en buenas relaciones con todos los países ribereños y superar, por supuesto, el bloqueo de los puertos y aeropuertos turcos a las naves grecochipriotas.

Pero parece que por el camino, algo se rompió. Apenas sabemos qué fue, y también por aquí se cuelan las hipótesis. Por ejemplo, el 16 de marzo, el Parlamento de Nicosia debatió la introducción del euro para el 1º de enero de 2008. La discusión duró tres horas: fue intensa. Al final, se aprobó por 36 votos a favor y 15 en contra. Pero en la calle las cosas no estaban tan claras. Una encuesta publicada a final de mes, reveló que el 51% de los grecochipriotas está en contra del euro, porque la medida incrementaría el desempleo y la inflación. Lo alarmante de la cifra era que revelaba un aumento de 10 puntos en la oposición ciudadana con respecto a 2005. Mientras tanto, y esto podría dar una pista sobre el mar de fondo en torno a la situación en la isla, la República Turca del Norte de Chipre seguiría con su lira turca. Por supuesto, la decisión de aprobar la legislación requerida para adoptar el euro se llevó a cabo sin el concurso de los 24 escaños del Parlamento chipriota destinados a la minoría turca, desiertos desde hace más de cuarenta años (no desde la crisis de 1974, sino la de 1963, anterior a la intervención turca).


Una casa abandonada y destruida por los combates de 1974, está integrada como sección del muro que separa Nicosia y se denomina "Línea Verde", en alusión a los hierbajos que han ido creciendo desde entonces en la tierra de nadie. Fotografía del blog de Michael J. Totten, noviembre 2005







No es fácil encontrar datos sobre el debate ciudadano en torno a esta cuestión. ¿Suponen muchos grecochipriotas que la introducción del euro menoscabará su economía dándole ventaja a los turcos?¿Están los turcochipriotas menos decididos a la reunificación ahora que parece inevitable la introducción del euro en el resto de la isla?¿Ya con el euro circulando por Chipre, será condición sine qua non la purga de cualquier infraestructura financiera e institucional turca continental de la RTNC, antes de la reunificación dentro de la UE?

Lo cierto es que a partir del debate sobre el euro, las cosas parecieron torcerse en Chipre. El 23 de marzo, el rotativo turco “Cumhuriyet” denunció que Grecia había enviado a Chipre “un millar de mercenarios”, a pesar de que presionaba a Turquía para que retirara sus tropas del norte de la isla. Dentro de este contexto, la misma fuente revelaba que Grecia estaba intentando incrementar sus tropas en la República de Chipre, que actualmente asciende a 6.000 soldados. Según cifras facilitadas a Europa Press por la Fuerza de la ONU para el mantenimiento de la paz en Chipre, los efectivos de la parte grecochipriota suman 20.000 efectivos. La fuente no revela si los 6.000 soldados griegos se cuentan en la cifra total o en realidad estamos hablando de 26.000 soldados (griegos más grecochipriotas). Frete a ellos, la parte turcochipriota cuenta con 35.000 efectivos (recientemente, la inflación informativa los ha hecho aumentar hasta 43.000 y sigue en alza). Por otra parte, casi nunca se comenta en la prensa occidental o griega la composición y cualificación de tales efectivos, qué proporción de los efectivos griegos o turcos continentales son simples soldados de a pie o técnicos, pilotos de combate, especialistas, instructores y militares de alta graduación.

En efecto, el debate en torno a las tropas turcas en la RTNC está en el centro de de la discusión global sobre cómo debería realizarse la reunificación, bajo qué condiciones los grecochipriotas deberían dejar de bloquear las iniciativas de Bruselas hacia la RTNC o cuándo y cómo aplicaría el gobierno turco el denominado “protocolo de Ankara” que amplía el acuerdo aduanero a todos los países de la Unión Europea, incluido Chipre. Los grecochipriotas plantean la cuestión de las tropas turcas en la RTNC siempre que pueden. El pasado 15 de marzo, la ministra Kozakou-Marcoullis declaraba, por ejemplo: “El señor (Mehmet Alí) Talat --presidente de la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre, RTNC-- está maniatado (…) La mayoría de las decisiones se toman en Ankara. La llave está, por tanto, en Ankara y, especialmente, en manos del Ejército turco” (información recogida por el enviado especial de EUROPA PRESS, Ildefonso González).

Cartel que indica Zona Prohibida. Lado turco del barrio turístico de Varoşa, Famagusta. Fotografía procednete del blog de Michael J. Totten



La prensa turca ha publicado numerosas crónicas y comentarios a la situación en Chipre. Pero en ellas prima la especulación sobre la información concreta. En todo caso, sobresale la idea de que esta vez las cosas no van mal, pero todo el proceso de negociación sobre Chipre está en stand by, pendiente del resultado de las elecciones presidenciales y parlamentarias en Turquía. Esta es una cuestión ciertamente delicada, que lleva a que el gobierno turco haya suspendido casi cualquier iniciativa pública en relación a Chipre, y que incluso ha endurecido la retórica de los dirigentes turco, comenzando por el mismo Erdoğan. Cualquier concesión cara a la UE y, sobre todo, a los grecochipriotas, supondría dar munición a la oposición e incluso generar peligrosas disensiones internas en el AKP.

Desde este punto de vista, la iniciativa de Tassos Papadopoulos tendente a abrir nuevos pasos en la Línea Verde e impulsar otras medidas de acercamiento “suaves” puede entenderse mejor como una forma de hacer palanca sobre los turcochipriotas cuando estos, precisamente ahora, no pueden jugar a responder en términos igualmente amigables. Además, es una forma de recuperar imagen frente a Bruselas y la comunidad internacional sin arriesgar nada: la dialéctica buenista puede ser inatacable y rendir buenos réditos si se sabe aplicar en el momento justo. Y en este caso, los grecochipriotas saben que hostigar con buenas palabras es mucho mejor que provocar la suspensión de las negociaciones con Turquía.

Porque, no nos engañemos, todo este asunto de la oposición al acceso de Turquía a la UE tiene mucho de teatro: a casi ningún socio comunitario le conviene que ese país termine quedándose fuera; y Chipre es uno de los que más saldrían perdiendo. Turquía dentro, sí; pero “a la carta”, como chipriotas, franceses o alemanes quieren que entre y no de otra forma. Sinn embargo, como argumenta de forma bastante lógica Ayhan Simsek en “The New Anatolian" el pasado 14 de marzo, Erdoğan está en una posición de fuerza porque tanto si sabe aprovechar a su favor el descontento popular turco hacia la UE desafiando lo que desde Ankara se plantea como medidas injustas hacia Turquía, saldrá todavía más fortalecido en los comicios que si juega el papel de líder angustiado por la falta de apoyo europeo. El colofón es sencillo de entender: si esa postura le da resultado y gana por mayor margen todavía que en 2002, Erdoğan podría caer en la tentación de imponerse más duramente en la mesa de negociaciones comunitaria. Y si es otro el partido que lo descabalga aprovechando la fuerza del nacionalismo, adoptará la misma actitud.

















Los impresionantes bloques de hoteles abandonados en la playa de Varoşa, Famagusta. Fotografía procedente del blog de Michael J. Totten

Sin embargo, no cabe duda de que Kozakou-Marcoullis tiene razón en subrayar el importante papel que juega el Ejército turco en torno a las negociaciones que afectan a Chipre. Parece cierto y resulta lógico suponer que una parte importante de los militares turcos están a favor del acceso de su país a la UE. Pero también está visto y comprobado que poseen sus propias ideas (e incluso iniciativas) en política exterior. También es cierto que no se puede considerar a los oficiales turcos como un grupo de espadones de república bananera siempre dispuestos a dar un golpe bajo cualquier excusa. La cultura política de los militares en ese país merece un post (o varios) porque en Turquía se están produciendo cambios muy importantes que también les alcanzan a ellos. En tal sentido, existen indicios de que algo se está moviendo dentro del Ejército turco. El asunto va más allá de las reformas que impuso o trata de continuar aplicando el ejecutivo, o las leyes que pueda aprobar el parlamento para controlar las fuerzas de defensa y seguridad al poder civil. Es que a estas alturas la misma oficialidad parece inmersa en un debate interno muy discreto, muy sordo, pero intenso.

Y como muestra, un botón: El pasado 2 de marzo, Andrés Mourenza dió un toque de atención
desde su blog sobre las recientes declaraciones del general Kenan Evren sobre algunos de los planes políticos que habían barajado los militares turcos tras el decisivo golpe de estado de septiembre de 1980. Evren, que tuvo un papel de máxima importancia en esa operación y posteriormente se convirtió en presidente de la república entre 1980 y 1989, desveló que los militares implicados en el golpe habían discutido la posibilidad de convertir a Turquía en un estado federal-autonómico dividido en ocho entidades: Ankara, Istanbul, Izmir, Adana, Erzurum, Diyarbakir, Eskisehir and Trabzon.

La anécdota revela que los planteamientos políticos de los militares turcos a lo largo del siglo XX, erróneos o no, llegaron a poseer bastante más calado que, por ejemplo, los ideados por los coroneles griegos o incluso la mayoría de la cúpula golpista militar española. No deja de ser significativo que el 23-F de 1981 estuviera directamente inspirado en el golpe turco de 1980. Cuestra crrer, sin embargo, que los españoles llegaran a sopesar la posibilidad de ahondar en el estado de las autonomías o incluso plantear la federalización de España. De la misma forma, los golpistas turcos de 1960 impulsaron la redacción de la Constitución de 1961, la más progresista que ha tenido Turquía hasta la fecha. Pero poco antes de la aprobación en referéndum de la nueva ley, los militares colgaron al depuesto primer ministro Adnam Menderes. Y algunos años más tarde, el golpe de 1980 dio pie a la abolición de la Constitución de 1961, siendo sustituida por la actual, de 1982, mucho más restrictiva.



La "Línea Verde" que separa Nicosia no es tan evidente como el Muro de Berlín, pero es real. Minarete de una mezquieta y banderas turca y de la RTNC desde el sector griego. Foto procedente del blog de Michael J. Totten


En cualquier caso, ¿qué buscaba Kenan Evren, ya en sus 88 años de edad, sacando a relucir el viejo proyecto federal-autonómico para Turquía? Posiblemente, lavar la cara de la institución militar, que está recibiendo fuertes ataques desde Europa desde que comenzó el proceso de negociación para el acceso de Turquía a la UE. Y más todavía desde que la cuestión chipriota se ha convertido en un escollo que ha terminado por ralentizar e incluso amenazar la continuación de las negociaciones. Así, el pasado mes de marzo, Evren regresó del pasado y comenzó a hablar en un
tono inesperadamente moderno; tanto que incluso resultaba provocativo. “Es difícil de creer que Ankara pueda controlar [eficazmente] todas las 81 provincias” –explicó. Por ello, Turquía deberá dar el paso hacia la federalización tarde o temprano. Y el país deberá aceptar el sistema tarde o temprano, añadió.

Sus declaraciones generaron una violenta tormenta política en el país, porque enseguida generaron acusaciones de separatismo dirigidas contra el antiguo golpista. Pocos días después, Evren remataba la faena aconsejando que el Partido de la Sociedad Democrática (DTP) abiertamente pro-kurdo, debería acceder al Parlamento en las próximas elecciones de noviembre, por el bien de Turquía a largo plazo. Echó un jarro de agua fría sobre las viejas aspiraciones ultras de anexionarse el Kurdistán iraquí, zona que además es rica en petróleo y actualmente cuenta con una amplia autonomía en el Irak casi desmembrado. Por si faltaba algo, Massoud Barzani (líder del Partido Democrático del Kurdistán y presidente de gobierno autónomo del Kurdistán iraquí) declaró casi al mismo tiempo que Turquía debería acostumbrarse a convivir con el vecino Kurdistán.

El polémico mapa de la Turquía federal sugerida por Evren y publicado en "The News Anatolian", marzo de 2007




En consecuencia, Evren fue tomado por chiflado –cosas de la edad-, agente contumaz de los intereses norteamericanos y, por supuesto, traidor a la patria por parte de los sectores ultras. Los fiscales a su servicio, por supuesto, estudian la posibilidad de procesarlo. Pero en todo caso, el extraordinario incidente podría forma parte de las galaxia de presiones, maniobras, dimes y diretes que giran en torno a la negociación bajo cuerda que se está llevando a cabo en estos momentos con relación a Chipre, máxime si tenemos en cuenta que el pasado 29 de marzo se reactivó el proceso de adhesión de Turquía con a la apertura de un nuevo capítulo de negociación, el número 20, “Empresa y Política industrial”. Se suele decir que “No news, good news”. En el caso del tortuoso juego que se está desarrollando en torno a las relaciones entre la Unión Europea, Turquía y Chipre, lo único que se puede decir es: "No news… no news”.

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miércoles, enero 31, 2007

Venganzas freakies: de "El Valle de los Lobos" a "International Gorillay"


Conocida carátula del film "El Valle de los Lobos", con el rostro del protagonista. El film fue rodado a partir de una popular serie televisiva turca, que narra las peripecias del agente secreto Polat Alemdar.












Hace ya unos cuantos meses, mi profesora de turco cumplió amablemente con el encargo que le hice y me compró en Estambul el DVD del film “El Valle de los Lobos” (“Kurtlar Vadisi: Irak”) dirigida por Serdar Akar y Sadullah Sentürk, con guión de Bahadir Ozdener y estrenada en 2005. La obra, recordarán, levantó una importante polémica. Resultaba ser la película más cara de la historia del cine turco, batió records de taquilla en el propio país y entre los emigrantes de esa nacionalidad, especialmente en Alemania. El argumento partía de un acontecimiento real: el arresto, por tropas norteamericanas, de un grupo de once combatientes de las fuerzas especiales turcas presentes en el norte de Irak, en Sulaymaniye. El incidente, que tuvo lugar el 4 de julio de 2003, fue denominado “Bags Incident”, porque a fin de ocultar la identidad de los militares turcos, sus captores norteamericanos les cubrieron las cabezas con sendas fundas de almohada.

Sinopsis: Polat Alemdar (interpertado por el actor Necati Şaşmaz), un oficial del servicio de intleigencia turco (MIT), al mando de dos de sus hombres, entra en Irak con el propósito de vengar el honor militar de su país. Lo hace en respuesta a la carta póstuma de un amigo, un teniente del Ejército turco implicado en el incidente de Suleymaniye, que se suicida ante la vergüenza sufrida. Polat Alemdar y sus hombres pretenden humillar al siniestro jefe local de la CIA (San Marshall, interpretado por
Billy Zane) y a sus mercenarios. Para ello minan con explosivo plástico un lujoso hotel de Mosul y toman como rehén al agente americano, al que planean hacer salir con la cabeza tapada por una de las fundas de almohada que se utilizaron con los turcos meses atrás. Pero Polat Alemdar minusvalora la astucia y el cinismo del americano y la situación se complica. Afortunadamente para el turco y sus hombres, serán ayudados por Leyla (Bergüzar Korel), una joven que enviudó el mismo día de su boda, cuando los hombres de Marshall irrumpieron en la fiesta en busca de “terroristas”, causando una carnicería.















Secuencia del film turco: ataque suicida con bomba en el norte de Irak. "El Valle de los Lobos" utiliza numerosos y espectaculares efectos especiales, a la manera de los films de acción de Hollywood


A partir de ahí, el film se mete en los característicos meandros del cine de acción hasta el previsible desenlace final. Por el camino, el guionista carga en el argumento todos los fantasmas del nacionalismo turco referidos al conflicto iraquí: los kurdos son unos felones de los americanos, con el único objetivo de crear un estado propio, limpiando de paso su zona de árabes y turcomanos. Esta situación juega un importante papel en el film, con abundantes alusiones a la crueldad de los kurdos, el triste destino de los turcomanos y las supuestas buenas relaciones históricas que, al fin y al cabo, mantienen turcos y árabes. Según el film, los turcomanos poseen una destacada influencia en el norte de Irak (no en vano la provincia de Mosul es una reinvidicación histórica del nacionalismo turco) y un buen símbolo de ello es la figura del jeque Abdurrahman Halis Kerkuki (un impresionante Ghassan Massoud) que resulta ser un derviche con enorme autoridad moral (hasta el jefe miliciano kurdo lo respeta) y que el guionista utiliza además para aleccionar sobre el lado más pacífico y humanista del islam. Por lo demás, hay también kurdos "amigos": uno de los hombres del comando de Polat Alemdar lo es, y pelea como un bravo hasta el final, liquidando a sus compatriotas "iraquíes" sin ningún miramiento.

Pero lo que causó una gran escandalera en Occidente fue el trato que el film le reservaba a los norteamericanos. Como se puede leer muy acertadamente en
un blog que reseña la película, el guionista parece haber tenido carta blanca para incluir cualquier barbaridad. Sam Marshall (vaya nombre) el jefe americano (se supone que de la CIA) es un malvado al que no se le ahorran ruindades: desalmado, cruel, sádico, traidor y en línea general, un tipo repugnante. En un momento determinado del film, sus plegarias y meditaciones metafísicas en off nos lo presentan como algo parecido a un fundamentalista católico, o al menos eso parece indicar el imponente Cristo al que reza. Sus mercenarios -el guionista insiste en que Sam y los suyos no son soldados, como los turcos- exhiben estampa macarra: músculación de culturista resaltada por camisetas de tirantes, cadenitas, peinados tribal y parafernalia segurata. Son meras máquinas de matar, y su jefe -el lugarteniente de Marshall-, un sádico insensible que no duda en liquidar sobre la marcha a un oficial norteamericano. Pero quien se lleva la palma es un médico que en la siniestra prisión de Abu Ghraib extirpa órganos de los detenidos para enviarlos a Tel Aviv, Londres y Nueva York; o al menos, así rezan las direcciones de las cajitas en las que congela y empaqueta riñones y todo tipo de vísceras. En realidad, el guión casi da a entender que las detenciones arbitrarias que lleva a cabo Sam Marshall tienen como objeto proveerle de vísceras frescas. El doctor luce una expresión desencajada y un look capilar que recuerdan al desalmado profesor judío de "Metrópolis". Pero es que además, el médico de Abu Ghraib es también judío en el film, y eso elevó varios grados la ebullición de la indignada crítica occidental.


Sam Marshall (Billy Zane) en un momento del film.










Por lo demás, "El Valle de los Lobos" añade algunos toques documentales sobre las atrocidades perpetradas por los ocupantes y el infierno en el que se ha convertido el país: dramatización de las torturas en Abu Ghraib (incluyendo una émula de Lyndie England, limpieza étnica, ataques injustificados contra objetivos civiles, terrorismo islamista. Desde luego, el guión queda bien sobrecargado con todo tipo de denuncias, ataques, símbolos, exorcismos, amarguras e indignaciones varias. El planteamiento narrativo no ayuda a soportar tal cantidad de quincalla argumental, pero es que además tiene problemas de ritmo narrativo, sobre todo en la primera media hora de metraje, cuando el espectador se puede hacer un cierto lío con las idas y venidas inesperadas entre agentes turcos, celebrantes de la boda y autoridades locales.










Torturas en la prisión de Abu Ghraib, dramatizadas en "El Valle de los Lobos" a partir de las conocidas fotografías que escandalizaron a la opinión pública mundial


Con todo, lo que hace del film un serie B de pura raza (a pesar del crecido presupuesto que se llevó el rodaje) es la ingenuidad con la que fue concebido. Algunas explicitaciones son infantiles y desde luego, el personaje del médico judío es innecesario. Tampoco sirve la excusa de que "El Valle de los Lobos" es una copia simétrica de los films de Rambo, James Bond o el Equipo A, porque el cine norteamericano de superhéroes siempre aporta un poso irónico y de autocrítica (a veces muy evidente, como es el caso de una parte de los films de Stallone, concluyendo en "Rocky Balboa"). Y el film turco está planteado con una pétrea seriedad cosa que, precisamente, lo hace más irreal. Resulta significativo que uno de los actores que se mueve con mayor naturalidad sea precisamente Billy Zane, al que se le ve muy cómodo en su papel de malo integral; tanto que veces deja escapar alguna sonrisa, un gesto, ese tipo de detalles que, paradójicamente, ayudan a tomarse más en serio la obra.
















Los mercenarios de Sam Marshall en acción

Es evidente que "El Valle de los Lobos" es un film de tono nacionalista pensado para consumo interior. Pero resulta más discutible que le haga un favor a las fuerzas armadas. Posiblemente, un militar inteligente actuando como director, hubiera hecho una película más creíble e interesante sobre el “Bags Incident”. Y sobre todo, más europea. Porque conforme el film va discurriendo, se tiñe con un orientalismo de pandereta que concluye en un final digno de título Bollywood, con Leyla en sus mejores galas, muriendo en brazos de Polat Alemdar, mientras amanece sobre el nuevo Irak libre de tipos como Sam Marshall, felizmente atravesado éste por la curva daga de la venganza. Los elegantes trajes descorbatados de los protagonistas turcos, la parafernalia de melenas o patillas, terminan de dar un look “kıro” que tampoco ayuda mucho en evitar que el film envejezca estéticamente. Pero en fin, hemos de entender que si un día existió en España un "Curro Jiménez" que arrasó en las pantallas con sus hazañas contra los gabachos, se le pueden perdonar ciertos excesos estéticos a "El Valle de los Lobos".



Poster del film paquistaní "International Guerrillas": una rareza, incluso en internet










A riesgo de incurrir en las iras de algún lector turco, la película me ha traído a la memoria uno de los títulos estrella de la filmografía paquistaní: "International Guerrillas", que el lector curioso también puede buscar en internet por su transliteración fonética: "International Gorillay". Recuerdo haber leído un amplio reportaje firmado por un tal Enrico Ragazzoni, junto con algunas fotografías hoy imposibles de encontrar en un diario ya extinto: "El Observador", domingo 27 de enero de 1991. Dirigida por Jan Mohammad, el film se estrenó en 1990 y tuvo un resonante éxito en Pakistán, sobre todo en los feudos fundamentalistas de Peshawar y Quetta: enormes recaudaciones y 19 semanas en taquilla. Dos horas y cuarto de metraje y un argumento delirante y sobrecargado hacen de este film algo que cualquier joven de hoy en día calificaría como de auténtica "frikada". El barroco y bizarro entramado argumental parte de una idea principal: el escritor Salman Rushdie (si, el autor de Los versos satánicos, interpretado en el film por Afzal Khan ) encabeza una organización terrorista dedicada a destruir el Islam. El objetivo principal de su campaña es Pakistan, que según el guionista es la “fortaleza” del islam en nuestros días. Para ello, el “satánico” escritor planea abrir una red de discotecas y casinos que extiendan el vicio y la corrupción por el país. Por lo demás, Salman Rushdie es en el film un refinado sádico-sicópata que crucifica a sus enemigos, se empapa con su sangre o bien, lo que a juicio del guionista es casi peor, les tortura leyéndoles pasajes de sus Versos satánicos.

Ante la amenaza, un policía pakistaní (interpretado por
Mustafa Qureshi) organiza un comando de “muyahidines” con sus dos hermanos, ambos en el desempleo. Les une la venganza, pues el hermano menor ha muerto en una protesta contra los Versos satánicos (la histórica y real, acaecida el 19 de febrero de 1989). A partir de ahí, el acabose, el delirio argumental: una frenética mezcla surrealista de farsa, guasa y fanatismo infantil. No he podido visionar el film, pero al parecer hay de todo: desde una épica secuencia en la cual los protagonistas han de disfrazarse de Batman, hasta la espectacular conversión de Dolly (la ayudante de Rushdie) a la fe verdadera, en medio de un alud de efectos especiales. Además, cantos, bailes y lentejuelas al mejor estilo Lollywood, bombas, hombres rana, litros de sangre y un jeque árabe con limpiaparabrisas en las gafas. Lo que sí podemos admirar, gracias a You Tube, es el apoteósico final de Salman Rushdie, atacado por ejemplares del Corán que volando en círculo sobre su víctima, lanzan rayos destructores de color violáceo.



Otro poster de "International Gorillay" en el que se resalta su abigarramiento argumental













Un comentarista define al film como una “maniacal high farce”. Por ello insisto una vez más: desde un punto de vista argumental y de calidad, nada que ver con “El Valle de los Lobos”. Políticamente, defienden causas diametralmente opuestas: la película turca se asienta sobre argumentos nacionalistas, no islamistas. En cambio hay dos factores que los emparentan. De un lado, que en ambos casos se trata de “venganzas cinematográficas”. En el caso del film turco, contra la actitud de los norteamericanos en el tercio kurdo de Irak (además de funcionar como un desahogo por el incidente de Suleymaniye). La obra paquistaní, planteaba también un desquite, en este caso contra Salman Rushdie, que a mediados de 1989 había sido condenado a muerte por el ayatola Jomeini. Por lo tanto, dos burlas contra los occidentales, que recurren a los mismos o parecidos vehículos argumentales, que de paso, también quedan ridiculizados. Y en segundo lugar, dos películas denunciadas con una misma inmerecida y envarada seriedad desde Occidente, confundiendo el culo con las témporas, como suele decirse. En el caso de “International Guerrillas”, el mismo Salman Rushdie llegó a escribir al British Board of Film Classification (BBFC) a fin de que levantara el veto (por “criminal libel”) para la exhibición del film en Gran Bretaña. El célebre escritor –que en aquella época aún permanecía escondido y estaba sujeto a drásticas medidas de seguridad- demostró una vez más su inteligencia desactivando él mismo la instrumentalización que se podía haber hecho de tan descabellado film. Y así fue como “International Guerrillas” se estrenó en Londres, fue comercializada como vídeo para consumo de la comunidad paquistaní, y hasta emitida por televisión. Y después, nada. Hoy parece haber desaparecido completamente, incluso de eMule.


Salman Rushdie es atacado por el rayo violáceo de un Corán volador. Fotograma del film "International Gorillay" cuyas secuencias finales se pueden visionar todavía en You Tube






Las conclusiones que se pueden sacar de todo esto son muy sencillas. Primero, que desde Europa no debemos precipitarnos en el rasgado de vestiduras ante este tipo de films. Muchas veces son síntomas de algo que está sucediendo y conviene reflexionar sobre ello, sin precipitarnos a cavar más trincheras que perpetúen esa ficción llamada “choque de civilizaciones”. Además, puede ocurrir que el contenido real de las películas sea más suave que el de otros muchos estrenos occidentales, que no dejan de ser basura brutal, asimilada sin más como parte de nuestra cultura. Y por último, recordemos que, sin más, hay un público para este tipo de frikadas, qué le vamos a hacer. Por cierto: ¿Alguién sabe dónde conseguir una copia en buen estado de “International Gorillays”?¿Algunos fotogramas de calidad, cuanto menos?

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