martes, marzo 09, 2010

Tener más deudas que Grecia






















Ilustración que acompaña al artículo original. - Leonard Beard

Actualización a 26 de marzo, 2010: según el diario griego "Kathimeri", el Hellenic Post Bank (TT por sus siglas en griego) "compró 1.200 millones de dólares en CDS (seguros contra riesgo de impago) de la República Helénica, un 15% de los 8.000 millones que existen en el mercado. Lógicamente, una compra de este tamaño por fuerza disparó el precio del CDS, es decir, el riesgo de invertir en Grecia, que fue el detonante de la crisis de febrero". Lean más pinchando aquí.



"El Periódico", 8/3/2010 - ESCÁNDALO FINANCIERO EN LA UE

Tener más deudas que Grecia

España sufre de un síndrome parecido al del país helénico: la desconfianza que genera su reputación histórica

Una amiga, veterana periodista de la desaparecida agencia Tanjug, jura y perjura que de pequeña oyó la siguiente expresión, típicamente serbia: «Tienes más deudas que Grecia». No es descabellado darle la razón: a lo largo del siglo XIX, y desde su independencia formal en 1830, el reino de Grecia resultó un quebradero de cabeza para las grandes potencias continentales, y más de una vez por su insolvencia.

El caso más conocido y escandaloso acaeció en 1850, cuando Londres envió a la flota para que el Gobierno griego compensara a don Pacífico. Este buen hombre, que era un comerciante judío gibraltareño, de origen portugués, había visto cómo una multitud destruía su casa y propiedades debido a un alboroto antisemita. Pues bien: la Royal Navy bloqueó el puerto griego del Pireo durante dos meses, hasta que Atenas accedió a resarcir al ciudadano británico don Pacífico.

Esta es una historia característica de la denominada «diplomacia de las cañoneras», que pocos años después vertebraría el clásico imperialismo europeo. Sin embargo, asombra lo poco que han variado los trasfondos y estereotipos de la política en el Viejo Continente.

Casi dos siglos más tarde, de nuevo una historia de la más que mala gestión financiera en Grecia, que provoca un escándalo de tomo y lomo en Europa. Ahora, con el agravante de que es la primera crisis balcánica de la Unión Europea: no todo van a ser guerras interétnicas. Los Balcanes también han dado mucha murga por su descontrol financiero en los últimos dos siglos, y en Bruselas deben estar rezando porque lo de Grecia no se repita en Rumanía o Bulgaria. Todo lo cual debe estar haciendo un flaco servicio a la candidatura de los Balcanes occidentales.

Pero en el contexto europeo también se perciben inquietantes reflejos hegemonistas de los de toda la vida. París y Berlín ya no esconden en absoluto sus deseos de gobernar para siempre los destinos de la Unión Europea. Y ahí está la razón principal para excluir a una Turquía que, solo con su peso demográfico, hipotéticamente desplazaría a Francia al frente de la Unión Europa ¡dentro de 50 años!

Desde ese punto de vista, la situación griega supone todo un desafío. Si París y Berlín desean imponer su peso como potencias dominantes en la Unión Europea, deberán aportar soluciones eficaces a la altura de los problemas más serios. La patata caliente griega es de consideración, y se nota que les ha caído entre las manos sin haberlo previsto hace unos meses. De ahí el sí, pero no, y ya veremos de Alemania, con Angela Merkel al frente. Porque, además, no se trata solo de aportar ayudas materiales, sino también de disciplinar a una sociedad, la griega, que prefiere seguir viviendo instalada en los viejos planteamientos. Y eso no va a ser posible cambiarlo desde París ni desde Berlín.

Pero hay otra reflexión que merece ponerse de relieve. Lo que está pasando en Grecia nos demuestra que a lo largo de su historia las sociedades, como las personas, tienden a cambiar poco en sus comportamientos. Problema añadido, y muy serio, es la percepción que tienen los demás de esas actitudes. En ese sentido, España no es Grecia, al menos en lo económico. Pero sufre de un síndrome parecido: la desconfianza que genera su reputación histórica, en este caso de enfrentamientos políticos eternamente reverdecidos. Un problema que predispone contra la cultura política de coaliciones, de pactos de Estado, esa práctica tan usual en Europa ante los momentos de crisis.

Y es que esas imágenes sempiternas son la causa de fondo de los extranjeros y de la desconfianza de los inversores. Parafraseando a un periodista catalán: los inversores huyen porque no confían en la imagen de escasa solvencia; no es lo mismo que afirmar que nuestra imagen de insolventes sea debida a la huida de los inversores.

En tal sentido, ya pueden investigar CNI y EYP, hermanados en el furgón de cola, si se produjeron conspiraciones o complots contra la puerta de atrás del euro. Y claro que los hubo: en la jerga financiera se denominan ataques especulativos, y los responsables son los de siempre, los grandes especuladores de los países que inventaron el capitalismo, los mismos que provocaron las crisis de 1996-1998 en Latinoamérica, el Sureste asiático y Rusia, que nuestros dirigentes no se han molestado en considerar, suponiendo que tengan idea de que existieron.

Lo grotesco es que el servicio de inteligencia se dedique a investigar asuntos que los servicios de análisis de los bancos, el Ministerio de Economía y las facultades de Económicas ya llevan años estudiando (y aportando medidas de prevención reales).

Por lo tanto, quizá hubiera sido más práctico poner una denuncia ante la Guardia Civil. Porque, caso de que al final den con un deus ex machina como el filántropo George Soros, que dirigió el ataque contra la libra esterlina el Miércoles Negro de 1992, ¿qué harán?¿Detenerlo, acaso?



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domingo, febrero 07, 2010

Un paso hacia el pasado













24 de diciembre, 2009: una larga fila de representantes políticos e institucionales kurdos, detenidos, esposados y encolumnados por las calles de Diyarbakir



6/2/2010 TURQUÍA EN EL PROCESO DE INTEGRACIÓN EUROPEO

Victoria pírrica, y algo peor

La ilegalización del Partido de la Sociedad Democrática (DTP) aleja a Ankara de la Unión Europea

La reciente ilegalización del DTP o Partido de la Sociedad Democrática, kurdo, a instancias del Tribunal Constitucional turco, es un hecho sobre el que la prensa occidental ha pasado de puntillas. Más embarazosa todavía ha sido la difusión de las fotografías que mostraban alcaldes kurdos, elegidos democráticamente en su día por el DTP, sindicalistas, abogados, todos ellos vergonzosamente esposados y encolumnados por las calles de Diyarbakir. La comparación que se hizo con Batasuna no es acertada; en palabras del diplomático turco Akin Özçer, experto en nacionalismo vasco, “el DTP no era sólo Batasuna, sino también el PNV y EA”, dictamen totalmente ajustado a la realidad.

Durante las pasadas Navidades, la imagen de los detenidos paseados por las calles de la capital kurda, nos llevaba a otras épocas; y de ese mismo periodo surgía la iniciativa del Tribunal Constitucional, dirigido, sobre todo, contra el gobierno islamista. En Turquía, jurisprudencia y fuerzas armadas siguen siendo poderosos reductos de la derecha autotitulada kemalista, dispuesta a sabotear toda aquella iniciativa gubernamental que le acerque a Bruselas. Por lo tanto, la ilegalización del DTP a instancias de la fiscalía es todo un torpedo en la línea de flotación, que aleja a Ankara de la UE.

Los reductos de Atatürkia, en su faceta más vetusta, modelo años setenta y ochenta, continúan lanzando órdagos en la línea del suicidio político, como ya se pudo constatar con motivo de la campaña para ilegalizar al mismísimo partido en el poder, el islamista AKP, a comienzos de 2008. Aunque el golpe contra el DTP es, en apariencia, una victoria menor en comparación con aquello, lo cierto es que la UE ya no ha reaccionado con la misma firmeza en la defensa del partido kurdo. Eso es bastante lógico si tenemos en cuenta que en Bruselas la cuestión de la candidatura turca atraviesa horas bajas. Empieza a producirse un cierto cansancio: el gobierno de Erdogan, que también soporta presiones internas dentro del mismo partido AKP, apenas ha puesto en marcha las iniciativas legales que exige la confluencia con el acervo comunitario. Por ejemplo, y sobre todo, la reforma de la vigente Constitución de 1983, surgida del golpe militar de 1980. Por otra parte, París y Berlín han logrado ir asentando su política hegemonista en le UE, y ni Sarkozy ni Merkel ven con buenos ojos la candidatura turca. Por si fuera poco, a ellos se une ahora el recién elegido presidente del Consejo de Europa, Herman Van Rompuy.

Pero sobre todo, el gran problema de Turquía radica, hoy por hoy, en esa compleja transición post-kemalista, con la consiguiente lucha cainita entre las dos clases medias: la que nació y se crió con la República, laica, con fuerte presencia en la administración; y la nueva, de apariencia islamista, más neoliberal y que intenta consolidarse en el poder. Hasta que no se resuelva armónicamente esa pugna, Turquía será una potencia emergente con pies de barro, con tendencia a una persistente inestabilidad política; y la primera consecuencia de ello será una relación traumática con la UE.

Por supuesto, todos aquellos que abominan de la candidatura turca, estarán ahora frotándose las manos. Los sectores más radicales y violentos del independentismo kurdo, también. La decisión de ilegalizar al DTP les ha dado un estupendo balón de oxígeno cuando, este mismo verano, la solución a la cuestión kurda parecía que podría materializarse pasando sobre sus cabezas. Por lo tanto, la victoria de la Fiscalía, y del nacionalismo conservador es menos que pírrica. Y puede ser peor todavía.

Hasta ahora, va quedando claro que en Europa y los espacios colindantes, las aspiraciones soberanistas poseen un futuro más o menos prometedor en función de que se realicen dentro o fuera de la UE. En el primer caso, la ruptura interna dentro de un país miembro, sería difícilmente aceptada por Bruselas y la mayoría de los países miembros. Crearía precedentes que más adelante supondrían poner en marcha más procesos de ingreso para los nuevos estados surgidos de la desintegración, y complicaría la ya de por sí enmarañada arquitectura institucional de la Unión. Todo ello a cambio de una soberanía limitada para la nueva entidad, en una UE con espacio Schengen, moneda común y legislación supervisada desde Bruselas.

Pero en el exterior de ese ámbito, las cosas son diferentes, como lo demuestra el empeño de la mayor parte de los socios de esa misma UE en reconocer a los nuevos estados surgidos de la caída del Muro. Por lo tanto, si Turquía se queda fuera del proceso de integración europeo, quién sabe si algún día Bruselas no terminará por reconocer a un Kurdistán autoproclamado como estado independiente, si así conviene. Al fin y al cabo, el maquiavelismo es un antiguo invento europeo, que siempre ha tendido a llevarse bien alto, con cierto desvergonzado orgullo, por parte de los dirigentes políticos del Viejo Continente.

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jueves, noviembre 05, 2009

De aquellos barros, estos lodos [He who sows winds, reaps storms]


















El presidente Klaus anuncia que accede a firmar el Tratado de Lisboa


Nuestra prensa trata de minimizar el hecho de que Bruselas haya asentido a las exigencias del presidente Vaclav Klaus para acceder a la firma del Tratado de Lisboa: ni un euro en indemnizaciones para los alemanes expulsados de los Sudetes después de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, las consecuencias políticas de ceder ante ese chantaje serán importantes. Así, será difícil mantener las exigencias de disculpas históricas e indemnizaciones en otros casos. Por ejemplo, las referidas al genocidio armenio de 1915 y las reparaciones consiguientes. Curiosamente, The Guardian publicó inmediatamente un artículo titulado: “Britain accused of ‘genocide denial’ over Armenia”

Our press tries to minimize the fact that Brussels has acquiesced to the demands of President Vaclav Klaus for agreeing to sign the Lisbon Treaty: not a single euro in compensation for Germans expelled from the Sudetenland after World War II. However, the political consequences of giving in to this blackmail will be important. Therefore, it will be difficult to maintain historical demands for apologies and compensation in some other cases. For instance, those referred to the Armenian genocide of 1915 and subsequent repairs. Interestingly enough, next day “The Guardian” published an article entitled: "Britain accused of 'genocide denial' over Armenia"

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miércoles, noviembre 04, 2009

El marco y los límites de un desencuentro [The framework and limits of a mismatch]
















Es imposible seguir ignorando por más tiempo el acercamiento entre Moscú y Ankara, con la complicidad de terceros

El artículo de José Ignacio Torreblanca referido al distanciamiento entre Bruselas y Ankara no está mal, simpático y resultón, ja. Pero peca de tres serias limitaciones: a) Olvida la dimensión internacional de Turquía en la actualidad, que incluye un claro acercamiento a Rusia (además de hacia los países árabes e Irán, como no se cansa de remachar nuestra derecha). b) Deja de lado, asimismo, que el fracaso en la integración de Turquía en la UE sería un verdadero crack para la imagen internacional de la UE, en la actual coyuntura de potencias emergentes del siglo XXI; c) Que hay un cansancio claro entre los socios comunitarios ante las políticas hegemonistas de París y Berlín

Torreblanca´s last article focused on the growing distance between Brussels and Ankara is fairly good, even a little bit clownish. But he forgets to consider three issues: a) The international dimension of Turkey today, including a clear approach to Russia (in addition to Arab countries and Iran, something which emphasizes Spanish political Right parties and media b) Leaves aside also that the failure to integrate Turkey into the EU would be a real crack for the international image of the EU in the current period of XXI century emerging powers, c) There is a clear fatigue among community partners towards hegemonic politics of Paris and Berlin

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sábado, octubre 10, 2009

La reconciliación turco-armenia (2): Bruselas tiene un problema




















En Los Ángeles, una furgoneta de la comunidad armenia denuncia el acuerdo turco-armenio sobre los rostros de los presidentes de ambos países



El miércoles de esta misma semana concluyeron las jornadas a puerta cerrada, en el CIDOB, tituladas: “A European South Caucasus? EU soft power and challenges to democracy, peace and development in the South Caucasus”. La organización corrió a cargo de la mencionada fundación junto con la Friedrich Ebert Stiftung y la European Stability Initiative (ESI). En la convocatoria se nos indicaba que deberíamos atenernos a las reglas de Chatham House, lo cual tiene un punto pretencioso: ¿por qué no se elaboran unas reglas CIDOB más adecuadas al formato y entidad de las jornadas como las organizadas? En cualquier caso, me ceñiré en la medida de lo posible a las condiciones, como si estuviéramos en Reino Unido, aunque no sea así: pueden encontrar el programa del evento en la página de la fundación.

La plantilla de invitados resultó muy correcta, lo cual suele ser habitual en las jornadas de CIDOB-ESI. Por lo demás, se notó una vez más la veteranía de la fundación barcelonesa, asociada al punto germánico que aporta ESI. La asistencia de invitados quedó bastante recortada con respecto a lo prometido en el programa, aunque es seguro que los organizadores no fueron responsables de ese fallo. En cambio, sí que se notó la ausencia de representación rusa, que corrió a cargo de un único ponente. La presencia turca fue igualmente anémica –algo menos comprensible. Y, desde luego, no se invitó a ningún iraní; y lo cierto es que Teherán siempre ha tenido mucho que decir en el Cáucaso. Personalmente, hubiera añadido algún invitado kurdo; y, aunque más difícil de conseguir, alguien que representara al Cáucaso Norte.

Segunda carencia, y ésta de mayor calado: faltó una visión de conjunto. En su lugar, se cayó en aquella práctica que resultaba habitual durante las crisis balcánicas: la parcelación. Los georgianos explicaron su guerra; los armenios de la república, su reconciliación con los turcos; los azeríes, y otra vez los armenios, la negociación sobre Nagorno-Karabaj. Previamente, tres intervenciones dedicadas a los actores mayores: una por Rusia, otra por Turquía, y la tercera por la UE. Y ni media palabra dedicada a los padres de la criatura: gaseoductos y oleoductos.

Por lo tanto, el Cáucaso apareció ante los asistentes como un rompecabezas tan artificialmente fragmentado como es habitual, con la pertinente explicación de base étnica, las declaraciones oficiales no demasiado retocadas, y mucho circunloquio. No se llegó a aquellos seminarios maratónicos de antaño, a base de jeremiadas balcánicas, con la obligada catarsis del público; pero la conclusión final de las jornadas quedó a cargo de los asistentes. Y la verdad es que vistas las cosas con una mínima perspectiva temporal, pedían una explicación a gritos.

Vean si no: hace dos años justos, la situación en el Cáucaso meridional parecía totalmente congelada. En Occidente no despertaba la menor atención. Ankara ya estaba manteniendo contactos bajo cuerda con unos y con otros, y especialmente con Yerevan, pero muy poco se sabía de eso. Los tejemenejes bajo cuerda salieron a la luz en febrero de 2008, así como la muy clara la disposición del nuevo presidente armenio a a
establecer relaciones con la vecina Turquía 'sin condiciones previas'. En agosto, la guerra ruso-georgiana. En octubre, los presidentes Gül y Sarkisian se reunían en la capital armenia con motivo del partido que enfrentó a sus selecciones nacionales para el Mundial de Fútbol 2010. Y desde entonces, las cosas avanzaron a gran velocidad. A día de hoy, todo va sobre ruedas: la apertura de la frontera turco-armenia es inminente, el conflicto de Nagorno-Karabaj entre armenios y azeríes (hasta hace poco aun asunto intocable para aquellos) parece en vías de solución; y hasta el el debate sobre el genocidio armenio ha periodo dramatismo en Turquía. Buen rollito por doquier, donde antes sólo imperaba el desencuentro; y todo ello en un tiempo récord.

¿Todos estos acontecimientos no tienen un hilo conductor, no están relacionados entre sí? Cuesta mucho de creer. Piense el lector que hablamos de conflictos de esos que políticos, periodistas e historiadores nos pintan como aparente y eternamente irresolubles, tan “característicos” de zonas como los Balcanes y el Cáucaso. Pues caramba con los conflictos eternos. ¿Quién descolgó el teléfono y marcó el número?¿Quien se puso al otro lado de la línea?¿Cuánto costó ésto y lo otro?

Mientras tanto, no hay manera de que nuestra prensa le dedique una línea a la pinza ruso-turca. Moscú y Ankara están repartiéndose el Cáucaso meridional en áreas de influencia, eso ya es muy evidente a estas alturas. Sin tal acuerdo, nunca se hubiera podido solucionar el contencioso armenio-azerí, que en su día costó tanta sangre. ¿Y qué decir de la guerra entre rusos y georgianos, que todo el mundo se veía venir, a excepción de la nube de asesores occidentales que le bailaban el agua al presidente Mijeil Saakhasvili? (por cierto: en “El País” siguen llamándole “Mijail”, a la rusa).

Seguramente, Washington anda detrás de Ankara, pero no así Bruselas. De hecho, en las jornadas del CIDOB-ESI llegaron claramente los ecos del despiste comunitario. La pregunta retórica de la convocatoria habla por sí misma. De momento, la única baza política de la UE, al menos en relación a su consistencia, es la denominada Asociación Oriental (en el programa del CIDOB le denominan “Partenariado”, pero ese término no figura en el DRAE). El proyecto se puso en marcha durante el pasado mes de mayo, en la cumbre de Praga, y estaba destinado a estrechar lazos entre la Unión Europea y una serie de repúblicas ex soviéticas: las muy cercanas Bielorrusia, Ucrania y Moldavia, junto con las tres del Cáucaso meridional: Georgia, Armenia y Azerbaiyán. Ángela Merkel puso especial empeño en la iniciativa, ante el desinterés de Sarkozy, Berlusconi y Zapatero, centrados en llevar a cabo un proyecto similar, más difuso, en el Mediterráneo. Pero la Asociación Oriental dejaba entender que ahí existía una cierta promesa implícita de integración, aunque fuera a largo plazo. Lo ideal sería que el proyecto restara protagonismo a las tendencias expansionistas de la OTAN en esa zona, lo que debería contribuir a unas relaciones más estables entre Rusia y la UE.

Sin embargo, la situación en la zona evoluciona con rapidez y el "soft power" de la UE poco tendría que hacer frente a una Turquía y una Rusia hostiles a cualquier promesa de integración al Cáucaso. O sea, que si seguimos así, pronto habrá que pedir permiso a Turquía y Rusia para seguir adelante con la Asociación Oriental. Mal asunto, por tanto, para los proyectos de tendido de ductos desde Asia Central.

Pero hay de por medio una última cuestión que tampoco salió a relucir durante las jornadas CIDOB-ESI. Cuando hablamos de política exterior europea se deben entender dos cosas diferentes. De un lado, las iniciativas consensuadas por la UE; del otro, la política exterior propia de cada uno de los países miembros, que a veces coincide con lo consensuado en Bruselas; o no. En ocasiones puede ir incluso a contracorriente de la política exterior comunitaria.

Mucho hemos de temer que en Cáucaso estén actuando una y otra. Mejor dicho: que quienes andan haciendo de las suyas sean algunos países europeos, cada uno por su lado. Por las trazas, la Italia de Berlusconi se ha colado en el eje ruso-turco y puede llegar a sacar buenos beneficios del asunto. Pero ¿cuál está siendo la actuación inglesa, francesa o alemana en la zona? El día que sepamos la respuesta exacta, no carecerá de interés.

Por supuesto, la motivación principal de esos y otros países para actuar en el Cáucaso tiene que ver más con el negocio de los hidrocarburos que con cualquier otro factor. O sea que debe existir ahí una cierta dosis de actividades inconfesables. Eso explicaría que, en base a al corrección política, en el seminario CIDOB-ESI no se haya tratado la problemática del Cáucaso actual bajo esta perspectiva.

Para finalizar, la conclusión de este post suaviza las críticas vertidas en el anterior en relación a las inhibiciones españolas en el escenario del Cáucaso, cómo no. Pero sólo en parte, dado que si bien Bruselas tiende en muchos casos a actuar como un avestruz en política exterior, eso no excluye que Madrid pueda liderar iniciativas en el seno de la comunidad (como se ha hecho en varias ocasiones, por cierto) o actuar siguiendo los propios intereses, incluso, en ocasiones, a título defensivo. Al fin y al cabo, nuestra dependencia del suministro argelino de gas es, como mínimo, temeraria.

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martes, enero 20, 2009

El legado de George W. Bush





















Un gesto que ya es historia




Dentro de pocas horas, Barack Obama tomará posesión como 44º presidente de los Estados Unidos de América y la presidencia de George W. Bush será ya historia, definitivamente. Pero su legado permanecerá. Nos guste o no, costará mucho tiempo restañar heridas. Resulta muy significativo el hecho de que, desde Europa y otras regiones del mundo pongamos tanta ilusión en que Obama se ocupe de solucionar lo que nosotros no supimos evitar, no quisimos prever, ni sabemos (o eso parece) reconstruir, al menos sin la supervisión o aquiescencia del presidente norteamericano de turno. Un enfoque preocupante; y más cuando el centro del proceso de cambio real, a escala global, ya no está en los Estados Unidos. Pero sobre todo, porque podríamos encontrarnos asumiendo, sin ser muy conscientes de ello, iniciativas del nefasto George W. Bush, o incluso de Dick Cheney.



Con motivo de esas interesantes reflexiones, "El Periódico" publicó, en su edición del lunes 19 de enero una colección de comentarios dedicados a "La herencia de la administración saliente", firmados por Luis De Sebastián, Juan-José López Burniol, Francisco Veiga y Antoni Segura. A continuación, la pieza que me correspondió (con el añadido de alguna línea eliminada en redacción)

Legado de disputas

• La Casa Blanca se dedicó a debilitar la Unión Europea


Francisco VEIGA
PROFESOR DE HISTORIA DE LA UAB

Cuando George W. Bush llegó a la Casa Blanca, allá por el 2001, meses antes del 11-S, llevaba bajo el brazo la idea de liquidar el Irak de Sadam Husein. La otra línea directriz surgió de la anterior, cuando una serie de países de la UE se opusieron a participar en el ataque contra Irak. Fue entonces cuando Bush se aplicó en debilitar a esa Europa que podría ser un obstáculo para que EEUU ejerciera su estrategia unilateral como potencia mundial sin rival.

En el 2004, la gran ampliación de la UE, el mayor impulso en el proceso de integración europea desde la fundación de la CE, consagraría la temida posibilidad: de repente, la Unión se convirtió en un espacio político y económico de 450 millones de ciudadanos.

Sin embargo, fue precisamente ahí donde Bush detectó la brecha a profundizar: los nuevos socios, procedentes de la órbita exsoviética, habían demostrado en varias ocasiones un entusiasmado apoyo a las opciones norteamericanas. De esa forma, países tales como los bálticos, Albania, Rumanía, Bulgaria, la República Checa y, sobre todo, Polonia comenzaron a recibir las atenciones de Washington. La masa crítica había sido ya formada con la Italia de Berlusconi, la España neoliberal del Gobierno de Aznar y la Gran Bretaña de Toni Blair, que habían dado lugar al trío de las Azores, firmemente a favor de la guerra contra Irak.

Bush hurgó a fondo en la herida. Atizó en lo que pudo las inquinas antirrusas de los nuevos europeos del Este con ayuda de una artificiosa nueva guerra fría. El escudo antimisiles, a instalar en Polonia y la República Checa, era la esencia de las obsesiones del presidente: iba dirigido contra dos países del denominado eje del mal (Irán y Corea del Norte), incomodaba a los rusos y movía millones de dólares en contratos. La Administración de Bush se aseguró la continuidad del juego dedicándose a apoyar con descaro la candidatura a la OTAN de repúblicas exsoviéticas como Georgia o Ucrania,aún lejos de ajustarse los necesarios criterios de estabilidad política.

El resultado fue la conocida diferenciación entre la vieja y la nueva Europa, el fomento de un creciente euroescepticismo entre los novatos, y la tendencia de los veteranos a asentir en público y trabajar por sus intereses a espaldas del amigo americano. Todo ello, desde luego, ha puesto palos en las ruedas del proyecto de integración europea.

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domingo, enero 18, 2009

Fuga de gas






















Cuando quieren, se entienden. Yulia Timoshenko, la "Princesa del Gas" (y una de las grandes fortunas internacionales) y Vladimir Putin, durante las negociaciones del pasado fin de semana. Excelente retrato publicado por "El País" y procedente de REUTERS.



Mire usted por dónde, la "guerra del gas" y la crisis de Gaza se resuelven como por ensalmo un par de días antes de la toma de posesión de Obama. Esto no parecía entenderlo la locutora barcelonesa que el pasado jueves me entrevistaba sobre el conflicto entre Moscú y Kiev, y que parecía creer que Europa, el otrora Viejo Continente, tenía todavía algún as en la manga para "exigir" políticamente a Rusia (que se perfila como deus ex machina de todas las maldades universales) la solución poco menos que fulminante del problema.


El motivo de tal energía reivindicativa tenía su origen en un seminario organizado por el CIDOB y el Ayuntamiento de Barcelona con invitados como Anatoly Chubais (¡Chubais!) o Giuliano Amato. Que a estas alturas todavía se cuente con personajes como Chubais o el "Dottor Sottile" para trazar las líneas de las relaciones UE-Rusia no es un aval demasiado convincente (por anacrónico) de toda esa generación de jóvenes leones politólogos muy empecinados en convencer al común de la población de cosas como que Ucrania es una apuesta seria y de peso, o que debemos seguir en Afganistán. A cambio, no parecen considerar la posibilidad de que Ucrania esté apostando de firme por la energía nuclear, olvidando (y haciéndonos olvidar) Chernóbil 1986. Sin mencionar para nada, claro está, que el amigo Obama vaya a pedir a Madrid tropas en orden de combate para pelear en una guerra abierta contra los talibanes, no para levantar escuelas y dispensarios médicos.


Ha vuelto a salir Obama; pero no es síntoma de que el autor de este post haya caído a su vez en al "Obamanía", sino a que la misma ministra de Defensa, Carme Chacón, se dirigió a las tropas españolas acantonadas en el lejano frente afgano, instándoles a que tuvieran fe en Obama. Como pueden ver, el presidente inminente, sin siquiera sentarse en el Despacho Oval, acaba de solucionar como por ensalmo la crisis de Gaza y la guerra del gas.


¿Seguro?


"El Periódico", 18/01/2009

Los gamberros del Este

Las presiones sobre Rusia posiblemente beneficiarán a los instaladores de centrales nucleares

Francisco VEIGA

La nueva guerra del gas entre Ucrania y Rusia ha sido una versión corregida y ampliada de otras dos crisis similares, acaecidas en enero del 2006 y el 2008; y ello no ha sido por casualidad. El nuevo incidente ha tenido lugar precisamente pocos días antes de que el próximo presidente norteamericano, Barack Obama, jure el cargo: todo ello lo convierte en uno más de los conflictos sonda o recordatorio en este mismo periodo, tal como lo es la destrucción del gueto de Gaza. Se trata de aprovechar ese momento de claroscuro, los minutos de vacío de poder en Washington, para hostigar y lanzar un desafío que el nuevo inquilino de la Casa Blanca se verá obligado a atender en primera instancia, y al cual deberá dedicar todas sus energías justo en los momentos en los que estará más verde en el cargo. Esta situación tiene una faceta preocupante en lo que concierne a Europa, porque demuestra que una serie de países continúan depositando toda su esperanza en que el amigo americano les solucione la papeleta. Y algunos conflictos, pura y simplemente, fueron puestos en marcha durante la era de George W. Bush para erosionar la autoridad comunitaria europea.

RESULTA evidente que en la guerra del gas de enero del 2009, los protagonistas centrales han sido Ucrania y Rusia, por este orden. Los gobernantes del primer país, por su contribución, con alevosía, al desencadenamiento del conflicto por motivos políticos, buscando situarse, junto con Israel, en los primeros puestos de la agenda exterior del nuevo presidente norteamericano. A Moscú le ha venido de perlas el amago de represalia ucraniana, porque, en el caso concreto del gas, lo que buscan los rusos es marcar precios al alza en el mercado internacional del gas, en el cual ese país es la mayor potencia mundial. No es el caso del petró- leo: no existe un mercado mundial del gas unificado, y tampoco un mecanismo que lo regule, por lo cual ahí Rusia tiene mucho que decir. Y ahora le conviene trabajar en esa dirección, dada la caída del precio del petróleo, que los grandes especuladores internacionales estuvieron hinchando entre la crisis de las subprime (agosto de 2007) y el crash del pasado septiembre. Este es el quid de la cuestión.

PARA LA UE es una situación delicada, y nada coyuntural; por eso son temerarias las llamadas al desplante o el desafío contra los rusos, como si estuviéramos en 1909. Las únicas armas que deben utilizarse, con la contundencia que sea, son las financieras y las económicas. En ese contexto, tratar el asunto como una continuación de la guerra de Georgia del pasado verano resulta muy perjudicial para los europeos. Pero más aún lo es jalear a esos países definidos por algunos como rogue Eastates (granujas o gamberros del Este) en alusión a los rogue states, término acuñado durante la era de Ronald Reagan, traducible como estados granujas. Se denominaba así a todos aquellos países de régimen autoritario, con una desafiante actitud antinorteamericana y dispuestos a poses duras y/o melodramáticas en política internacional: armas nucleares, provocaciones, propaganda agresiva y manipulación de sus primos mayores o potencias favorables. Si cambiamos totalitarismo por populismo (lo que muchos norteamericanos aceptarían para la Venezuela chavista), se puede ver cómo en Europa oriental y el Cáucaso han proliferado una serie de países proclives a actuar forzando a su favor los equilibrios de poder internacionales.

Aunque se pueden señalar algunos países concretos que iniciaron esta tendencia, al comienzo de las guerras de secesión yugoslavas, los orígenes de la actual generación de países del Este partidarios de jugar al límite con el apoyo de países occidentales poderosos, se puede datar en 1996, cuando Georgia, Ucrania, Moldavia y Azerbaiyán pusieron los cimientos de lo que en el 2001 sería el el GUAM, Organización para la Democracia y el Desarrollo Económico. Posteriormente, Moldavia se daría de baja y Azerbaiyán no coincidiría con la política antirrusa de Georgia y Ucrania; lo cual, junto con el activo apoyo norteamericano, serían dos marcas de origen del GUAM.

SIN EMBARGO, con el tiempo, al no recibir el esperado e incondicional amparo europeo (dado que las cruzadas contra Rusia apoyadas desde Washington no tienden a beneficiar a Bruselas), estas actitudes han sido semillero de euroescepticismo, incluso en aquellos países que se han convertido en miembros de la Unión Europea. Es importante tenerlo en cuenta para valorar si nos interesa apoyar presiones contra Rusia que posiblemente terminarán en beneficio de los instaladores de centrales nucleares: algo en lo cual tienen especial interés algunos de los denostadores pertinaces de llegar a alguna forma de concordia estable y permanente con Moscú. En cuanto a las historias sobre mafias, son pintorescas: pero a la vista de fraudes como el de Bernard Madoff y de lo que ha destapado la actual crisis financiera norteamericana, lo de los malos del Este suena ya un poco a calderilla.

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jueves, septiembre 25, 2008

La OTAN zancadillea a la UE, mientras Wall Street se desploma



















16 de septiembre: Jaap de Hoop Scheffer, en directo desde Tbilisi: intentando aparentar la inarrugable determinación de introducir a toda costa a Georgia en la OTAN.


Las cosas estaban yendo bastante bien para la mayoría. Bruselas-UE parecía haber logrado sortear la tensa situación con Rusia, heredada de la guerra de agosto pasado con Georgia. Es cierto que no había logrado revertir la situación en esa república al estadio anterior a 1992, pero eso no lo había conseguido nadie en todos estos años, ni siquiera en tiempos de la gran debilidad rusa, bajo el presidente Yeltsin. Y recuérdese, esto es importante, que tanto Abjasia como Osetia del Sur vivían en virtual estado de rebelión e independencia de Georgia desde aquellas ya lejanas fechas, siete años antes de que la OTAN forzara a bombazo limpio una soberanía de facto para Kosovo.

Bruselas-UE incluso había logrado salvar la cara ante Moscú, ofreciéndole a Ucrania una cierta promesa de inclusión en el proceso de integración europea. Era una salida posibilista, porque Moscú no protestó; la clave estuvo en dejar claro que la iniciativa era de la UE, no se trataba de promesas militares ligadas a la OTAN. Tanto Medvedev como Putin aceptaron. Al fin y al cabo, ya Gorbachov buscaba puentes, y la promesa, ni que fuera lejana, de una Ucrania en la UE era eso, precisamente: una pasarela, una zona de contacto entre Rusia y la UE, no una barricada.

Y de repente ocurrió: amaneció el 16 de septiembre de 2008, día histórico donde los haya. Desde Tblisi (Tiflis) la capital georgiana, el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer proclamó que la organización mantenía las puertas abiertas a Georgia. Las declaraciones, hechas con tono más bien bronco, deslegimitaban completamente los esfuerzos de la UE por controlar la situación por su cuenta. No es ninguna percepción; es pura y simple labor de hemeroteca. Justamente el día anterior, Scheffer había delcarado al “Financial Times” que permitir la presencia de tropas rusas en los dos territorios "era inaceptable". Como no podía ser menos, tales declaraciones sentaron mal en Bruselas-UE.



















Diego López Garrido se refirió expresamente a la "opinión" del Secretario General de la OTAN, en abierta defensa de lo que parecía una diplomacia independiente de la UE

Buena prueba de ello fueron, por ejemplo, las reacciones de la habitualmente timorata diplomacia española. Diego López Garrido, actual Secretario de Estado para Asuntos Europeos “comentó que las palabras de Scheffer, que revelan una ruptura en el frente occidental, no fueron comentadas por los ministros de la UE. ‘La UE no se siente vinculada en absoluto con lo que diga el secretario general de la Alianza’” –subrayó el secretario de Estado. Al mismo tiempo, ese más que mediocre diplomático que es Bernard Kouchner, quiso creer que el holandés había “quitado hierro” a sus palabras e incluso habló de “rectificación”. Scheffer "apoya el acuerdo de Sarkozy", dijo Kouchner. "Sólo ha presentado algunas reservas".

Pues caída con todo el equipo, y de morros al suelo. Al día siguiente Jaap de Hoop Scheffer dijo lo que dijo, y Bruselas-UE empezó a “comerse el marrón”, que en el castellano hablado en España en los últimos años es como viene a denominarse al antiguo “trágala”.

Ese mismo día tuvo lugar uno de los mayores terremotos financieros de los últimos setenta y cinco años, cuando la Reserva Federal de Estados Unidos decidió acudir al rescate de AIG, la mayor aseguradora del mundo, a fin de evitar su quiebra. Dicho de otra forma, la crisis de Wall Street alteró el orden financiero internacional y provocó la mayor intervención desde la Gran Depresión: “
Diez días que cambiaron el capitalismo”, cómo tituló el diario “El País” el amplio reportaje que publicó en sus páginas financieras, el pasado domingo 21 de septiembre.

De ahí el título que encabeza este post: "La OTAN zancadillea a la UE, mientras Wall Street se desploma”. La mayor crisis de las relaciones internacionales se complicaba con una implosión interna en las relaciones entre la UE y la OTAN, mientras los sumos sacerdotes del neoconservadurismo ultraliberal norteamericano debían aplicar medidas de urgencia del más puro intervencionismo estatal. para salvar a Wall Street: el modelo chino en sentido contrario. El pasado 16 de septiembre, la imagen que dió eso que llamamos Occidente, fue de incoherencia total.













El secretario del Tesoro USA, Henry Paulson. Junto con Timothy Geithner y Ben Bernanke han constituido un "grupo de los tres" para afrontar con medidas de choque el huracán financiero de septiembre, 2008



Lógicamente, la crisis no hizo sino ahondarse en días sucesivos, no podía ser de otra manera, porque el 16, nadie solucionó nada. Bruselas-OTAN saboteó la salida a la crisis con Rusia que había intentado Bruselas-UE. Era muy fácil ver que esto estaba ocurriendo. Mientras la situación financiera en los Estados Unidos ocupaba las primeras planas de la prensa mundial, el asunto de Georgia pasó a páginas muy interiores o incluso desapareció de las crónicas en muchos periódicos. Eso sí, se siguieron manteniendo los espacios de opinión; es decir, opinión sin compañía de información: mal asunto para la honestidad de la política informativa. El recurso a respetar las opiniones confrontadas: puede llegar a ser una engañifa destinada a enmascarar que, o bien no se posee información, o no se quiere ofrecer. Porque la labor de los opinadores puede ocurrir que vaya destinada a unos pocos lectores, amigos o adversarios; o sea una colección de párrafos tramposos a mayor gloria de la contumacia del opinador o de los servicios que rinde a los intereses que sean.

Por ejemplo, y volviendo a los sucesos del día 17 y a las palabras de López-Garrido, que se refirió explícitamente al secretario de la Alianza Atlántica. ¿Fue ese secretario, a título personal, quién abrió las puertas de la OTAN a Georgia el pasado día 17?¿Qué órgano de gobierno democrático respaldó ese paso?¿Tuvo un aval suficientemente rerpesentativo, o fue fruto de esos demonios que persiguen a los políticos y gobiernos holandeses desde que sus tropas en Srebrenica, 1995, fueron manipuladas por unos, otros y los de más allá?¿O acaso Scheffer recibió sugerencias concretas de Washington y estamos de nuevo ante una maniobra norteamericana para dividir a los europeos entre sí?

Tiene su gracia que hablemos genéricamente sobre "la OTAN", incluso en foros académicos o políticos de alto nivel, como si existiera una voluntad unánime, un perpetuo consenso interno y una fluidez de relaciones con la UE, que es mera teoría. Y menos ahora, ante la desastrosa situación en Afganistán, que está llevando la crisis interna de la OTAN a cotas insostenibles: conviene recordarlo de vez en cuando, por eso de que la opinión tiende a sustituir a la información.

Mientras tanto, en los últimos días fracasaba la maniobra de la UE –con aquiescencia de los rusos- para pacificar la zona. Así, Bruselas-UE acaba de abandonar sus planes de mantener conversaciones internacionales de alto nivel sobre el conflicto en Georgia, el mes próximo y en Ginebra. Se atribuye a “desencuentros con Rusia”, pero resulta evidente que Bruselas-UE se ha puesto firmes ante Bruselas-OTAN, aunque sólo sea para no agrandar más la crisis interna en la organización atlántica, empeñada en clavase a sí misma el aguijón. De hecho, en último término sí es una cuestión de vida o muerte, porque en Bruselas-OTAN cunde la alarma ante la posibilidad de que la crisis actual repercuta en la nutrida cartera de gastos militares. Al fin y al cabo, es una de las razones centrales que justifican la existencia de la OTAN y la continuada búsqueda de su implicación en conflictos “controlables” e hiperinflados, desde 1994.













"Condi" Rice en la sede de la OTAN, Bruselas. Ella se ha encargado de continuar con la presión sobre la UE y Rusia mientrras el presidente Bush intentaba atender al derrumbe financiero norteamericano

Paralelamente, la manipulación de la UE continúa implacablemente. Ayer mismo, La secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice prometió el apoyo firme de Washington para la apuesta de Ucrania por unirse a la alianza militar OTAN. Y de paso, se tomó la libertad de implicar a la UE: “Nosotros, por supuesto, estamos, hemos estado y continuaremos apoyando las ambiciones de Ucrania. Y, por supuesto, la posición de EU sobre el MAP fue muy clara” -aseveró “lady Chevron”.

Por lo tanto, y de momento, la UE parece estar quedando fuera de juego. Como mínimo, en esa crisis ofrece un perfil mucho más bajo que hace diez días. Para el autor de este post, como europeísta que es, no resulta una buena noticia. Pero como anuncio de la aceleración de lo que parece inevitable “catarsis OTAN”, el autor de este post no puede por menos que alegrarse. Esperando, una vez más, que los intereses particulares de la organización atlántica, sus patrones y empleados –lo cual significa mucho dinero- no nos lleve a catástrofes irreparables: no olvidemos que en 1993, en plena era del decadente Yeltsin, Moscú amenazó a Turquía con utilizar el arma nuclear si ese país se mezclaba en la guerra entre Armenia y Azerbaiyán por Nagorno-Karabaj.

Como afirma John Gray en la tribuna que sigue a continuación, más vale que vayamos despertando, que nos arremanguemos y que nos pongamos a solucionar seriamente el problema, aportando un poco más de imaginación y menos contumacia de la bravata barata. Partir de la base, como hacen nuestros analistas de derechosa tendencia, que un reloj parado marca la hora exacta dos veces al día, no es la solución. Ni siquiera para defender sus cargos.




Sigue también un interesante análisis sobre la crisis georgiana publicada en "Al Ahran" y firmada por Eric Walberg, un curioso analista que nos ofrece puntos de vista e información desde ángulos alternativos. Desde este blog no se asume la validez de tales extremos, sólo se reproduce como muestra de que los ángulos de aproximación a la crisis pueden ser mucho más variados de lo que habitualmente leemos en nuestra prensa.




















El paseo del cadáver político de Misha Saakashvili forma parte de la campaña de presión y desafío de Washington contra Moscú. Aquí, el atribulado polítigo georgiano promete una "segunda revolución de las rosas" en la ONU el pasado 24 de septiembre. Mientras tanto, apenas ha sabido explicar lo que ocurrió el 7 de agosto y eso de forma balbuciente





TRIBUNA: JOHN GRAY

Los riesgos de la ampliación de la OTAN

Engañado sobre su verdadero lugar en el mundo, Occidente no valora suficientemente los riesgos de intervenir en la vecindad de Rusia. Lo prudente sería aplazar las incorporaciones del Este a la Alianza Atlántica

JOHN GRAY 20/09/2008

El pánico actual a propósito de Rusia es un fenómeno curioso. Si se aplican criterios objetivos, los rusos son más libres en el Estado autoritario instaurado por Putin que cuando vivían en la Unión Soviética. Muchos también viven materialmente mejor. Rusia ha abandonado el expansionismo mundial y es una versión disminuida de lo que ha sido a lo largo de casi toda su historia, un imperio euroasiático cuya principal preocupación es defenderse de las amenazas externas. Sin embargo, las actitudes occidentales son más hostiles de lo que lo fueron durante gran parte de la guerra fría, cuando mucha gente de izquierdas consideraba a la URSS, responsable de decenas de millones de muertes, un régimen benigno.

Para comprender cómo se ha llegado a esta situación, hay que entender la narrativa progresista -adoptada hoy tanto por la derecha como por la izquierda- que inspira las percepciones de Occidente. El derrumbe soviético fue una derrota del comunismo, una ideología prototípicamente progresista. Una Rusia como la de Putin era algo que se veía venir, pero el regreso de la historia no forma parte del guión progresista. Nuestros dirigentes son, en su mayor parte, discípulos de Woodrow Wilson, con una fe religiosa en lo que Francis Fukuyama describió hace nada como "la marcha de la historia hacia la democracia mundial". La prosperidad entraña el aburguesamiento y, por consiguiente, los valores liberales, o eso creen. Rusia -rica, nacionalista y autoritaria- no encaja en este cuento de hadas progresista, y la reacción de Occidente es una mezcla de bravata amenazadora y un pánico cada vez mayor.

No hay mayor error que hablar de una nueva guerra fría. Lo que estamos presenciando es el final de la era posterior a la guerra fría y una nueva oleada de conflictos geopolíticos como los que se producían a finales del siglo XIX. Los líderes occidentales, con las mentes empañadas por las tonterías de moda sobre la globalización, creen que la democracia liberal está extendiéndose de forma imparable. La realidad es que sigue habiendo diversidad política. Las repúblicas y los imperios, las democracias liberales y las no liberales y una amplia variedad de regímenes autoritarios estarán todavía con nosotros durante un tiempo, por mucho que se globalice el mundo. La globalización no es más que la industrialización constante del planeta, y el nacionalismo creciente respecto a los recursos forma parte intrínseca del proceso (también lo es la aceleración del cambio climático, pero ése es otro asunto). A medida que la industrialización se extiende, los países que controlan los recursos naturales los utilizan para impulsar sus objetivos estratégicos. Al desplegar la energía como arma, Rusia no está resistiéndose a la globalización, sino explotando sus contradicciones.

Estamos otra vez en la política de grandes potencias, alianzas cambiantes y esferas de influencia. La diferencia es que ya no manda Occidente. Con sus diferentes historias y sus intereses a veces contradictorios, Rusia, China, India y los Estados del Golfo no van a formar ningún tipo de bloque. Pero ésos son los países que están configurando la evolución del mundo en este comienzo del siglo XXI. Estados Unidos -con las instituciones hipotecarias en bancarrota y nacionalizadas, y la inmensa máquina de guerra financiada, en la práctica, mediante préstamos exteriores- está en un pronunciado declive. Occidente tiene un sistema financiero en peor situación que nunca desde los años treinta y, como consecuencia, su capacidad de influir en los acontecimientos disminuye día a día. Los sermones sobre "relaciones basadas en las leyes internacionales" resultan ridículos después de Irak y, en el fondo, son poco más que nostalgia por una hegemonía desaparecida.

Engañado sobre su verdadero lugar en el mundo, Occidente no valora suficientemente los riesgos de intervenir en un exterior próximo de Rusia. Los puntos débiles rusos -el declive demográfico, el amiguismo en la economía y la sensación generalizada de humillación nacional- son bien conocidos, pero Occidente también tiene sus aspectos vulnerables. Nuestros líderes insisten en que Rusia nos necesita tanto como nosotros a ella. La realidad es que, a pesar de algún traspiés reciente, las inversiones en aquel país son una consecuencia del mercado globalizado que seguirá adelante mientras sean rentables, mientras que el suministro energético ruso puede verse interrumpido en cualquier momento por decisión del gobierno. Los economistas nos dicen que el país depende demasiado del petróleo. Pero las reservas mundiales de crudo están llegando a su máximo tope mientras la globalización sigue avanzando, y es inevitable que Rusia salga beneficiada de cualquier conflicto internacional en el que el abastecimiento se vea afectado. Occidente también necesita a Rusia para resolver alguna vez la crisis nuclear iraní por medios pacíficos, y sin la cooperación logística rusa a las fuerzas de la OTAN les será cada vez más difícil poner algún tipo de fin a la guerra sin sentido e imposible de ganar en Afganistán.

Los biempensantes de derechas de todos los partidos opinan que Rusia estaría más dispuesta a tener en cuenta los intereses occidentales si fuera una democracia más auténtica. Pero la gran popularidad de Putin se debe precisamente a que está reafirmando el poder ruso frente a Occidente y, si tuviera que responder más ante su opinión pública, quizá sería un interlocutor todavía más duro. La democracia tiene numerosas ventajas, pero no garantiza una política exterior razonable.

El embrollo georgiano es una derivación de la política democrática. La temeraria incursión de Saakashvili en Osetia del Sur, donde las fuerzas rusas se encuentran estacionadas desde hace 16 años en virtud de acuerdos internacionales, fue espoleada seguramente por algunos elementos del Gobierno de Bush, con la esperanza de perjudicar a Obama en plena campaña para las presidenciales. El resultado ha sido un conflicto que aumenta el control de Rusia sobre la circulación de petróleo en la región y fortalece a Irán en Asia central. Si la promesa de apoyar a Georgia que hizo Dick Cheney era un movimiento de ficha en el Gran Juego, fue espectacularmente imprudente.

Con la excepción de algunos en la "vieja Europa", nuestros dirigentes no saben lo que hacen. La grandilocuencia de David Miliband y David Cameron en Ucrania es un ejemplo. No pararon de decir tonterías sobre la autodeterminación nacional y la integridad territorial de los Estados, sin que parecieran darse cuenta de que los dos principios suelen ser incompatibles. La autodeterminación significa la secesión y la ruptura de los Estados. En el Cáucaso, una región de múltiples enemistades nacionales, significa una guerra más generalizada y una limpieza étnica aún más terrible. En Ucrania, está en juego incluso más. Profundamente dividido y con una gran base naval rusa en el puerto de Sebastopol, en Crimea, el nuevo Estado acabará seguramente desgarrado si se intenta arrancarlo de la esfera de influencia de Rusia. El país se convertirá en un campo de batalla y las grandes potencias acabarán inmersos en él. Jugar en estas condiciones con las nociones wilsonianas de autodeterminación es coquetear con el desastre.

Que no haya equívocos: Rusia es, en ciertos aspectos, un Estado peligroso. Sus dirigentes, con su historial de pertenencia a los servicios de seguridad, son pragmáticos implacables, dispuestos a emplear cualquier medio para alcanzar sus objetivos. Por ahora, perciben que Occidente está en declive y están comprobando si tiene alguna estrategia coherente para proteger sus intereses. Y, por lo que hemos oído de nuestros dirigentes hasta la fecha, no la tiene.

Un buen punto de partida sería aplazar los planes de ampliación de la OTAN, aunque dejando claro que se van a cumplir los compromisos existentes en Europa del Este y los Estados Bálticos. Al mismo tiempo, es preciso hacer todos los esfuerzos posibles para reducir la dependencia europea de la energía rusa. Los líderes occidentales deben adquirir la capacidad de pensar de forma realista, o la fuerza de los acontecimientos les despertará de su sueño de progreso.

John Gray es profesor de Pensamiento Europeo en la Escuela de Ciencias Económicas de Londres. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. © John Gray, 2008.
















Uno de los bombarderos estratégicos rusos Tu-160 destacados en la Base Aérea Libertador de Venezuela. En este caso se trata del Rojo 07 'Aleksandr Molodchiy'





"Al Ahran Weekly On-Line", 18 - 24 September 2008

Issue No. 915


The ghost of Stalingrad

Russia is determined to bring NATO's expansion eastward to a halt. Can it prevail, asks Eric Walberg

NATO's metamorphosis from Cold War Euro-policeman into the unabashed global military arm of the United States over the past 18 years has left a trail of debris from the Balkans to Afghanistan that will take decades to clear. It is a flagrant violation of the agreement James Baker III made with Soviet president Mikhail Gorbachev that the US would not extend the borders of NATO eastwards in return for Moscow allowing a united Germany to be a member of NATO. Russia was still in disarray and in no position to protest when the Eastern European countries and the Baltics joined, but as this policy of expansion turned into a blatant encirclement of Russia and a conquest of the Middle East, a furious, now self- confident Russia has finally drawn the line, at least in its immediate neighbourhood, with Georgia and Ukraine the last straws.

In a provocative analogy, Russian President Dmitri Medvedev called Georgia's 8 August attack on Ossetia Russia's 9/ 11, and said Russia would react the same even if Georgia is accepted as a prospective member of NATO. He announced to the Russian Information Agency 31 August "Five Points of Russian foreign policy" already dubbed the Medvedev Doctrine, as a response to what we might call the Bush I/ Clinton/ Bush II Doctrine, i.e., the dismemberment of the USSR/ Russia to ensure a US-dominated unipolar world. They include:

- A commitment to the principles of international law,

- A statement that "the world should be multipolar",

- The wish to have peaceful friendly relations with all nations,

- The intent to protect its citizens "wherever they may be", and

- The decisive fifth point: "as is the case of other countries, there are regions in which Russia has privileged interests. These regions are home to countries with which we share special historical relations and are bound together as friends and good neighbours. We will pay particular attention to our work in these regions and build friendly ties with these countries, our close neighbours."

The crisis in Georgia will be seen by future historians as the beginning of the end for the grandiose plans of the US to bring its version of a New World Order in Eurasia to fruition, if not "Russia's 9/11". Instead of a seemingly inexorable march towards the Volga and the dismantling of the Russian Federation -- recall this was Hitler's goal -- we are now witnessing war preparations at full tilt across the globe, with little Georgia as the catalyst.

The spider's web of intrigue surrounding Georgia is thick indeed. It even reaches as far as Iran, which Israel appeared to be preparing to attack using nearby Georgian bases as a launching pad. This plan has been thwarted for the moment, though Iran proceeded last week with its war games to test its defences in anticipation of a US/Israeli attack from farther afield.

As Georgia welcomes a permanent US military presence to help restore its battered army, Russia is expanding its military presence at Tajikstan's Gissar Airport. As the US positions missiles in Russia's neighbours Poland and the Czech Republic, Russia is preparing to hold joint naval drills with US neighbour Venezuela (10-14 November) and station long- range anti-submarine patrol aircraft there "temporarily".

The Russian navy has resumed its (or rather its predecessor's) presence in different regions of the world's oceans. A naval task force from Russia's Northern Fleet conducted a two-month tour of duty in the Mediterranean Sea and North Atlantic from December 2007 to February 2008.

Russia's Foreign Ministry spokesman Andrei Nesterenko insisted that Russia's decision to send its armed forces to Venezuela was made before Russia's war with Georgia. "This deployment had been planned in advance, and it's unrelated to the current political situation and the developments in the Caucasus." But the announcement was made just a week after Prime Minister Vladimir Putin warned that Russia would mount an unspecified response to recent US aid shipments to Georgia.

Thankfully, the war is still at the level of hot air. "Go ahead and squeal, Yankees," Venezuelan President Hugo Chavez said in a national broadcast in which he announced the exercises. The US mocked the announcement. State Department spokesman Sean McCormack poked fun at Russia's navy, expressing surprise that "they found a few ships that can make it that far." Just in case Venezuela is too far from US shores for the outmoded Russian vessels, Russia has signaled it is keen to restore military and intelligence ties with Cuba. There are rumours it is seeking a naval base in Vietnam.

Not to be left out of the increasingly complex maritime equation, in June the US Navy announced it was re- establishing the Fourth Fleet, disbanded in 1950, which would direct naval operations in the Caribbean and Latin America. It is also negotiating with Georgia and Turkey to establish a naval base at the Georgian port of Poti. One of the responsibilities of US Special Forces in the region is to ensure the security of an oil pipeline passing through Georgia.

As US "aid" flows to the Black Sea in US warships, Russian military hardware flows to the Caribbean, as Venezuela recently bought 24 Russian Sukhoi fighter jets, as well as submarines and missiles. Chavez has said that he would allow Venezuela to be a strategic base for Russian bombers should it be required. "In Venezuela they will always have a green light, they will be welcome, because Russia is an ally of Venezuela," said Chavez. He proceeded to expel the US ambassador last week until after the November presidential elections.

Sergei Markov, a United Russia Duma member, sees this as posturing rather than the prelude to setting up a permanent base in the Americas. "We need bases on the territory of Iran and Syria where our strategic interests lie." While Russia will indeed re-establish a permanent presence in the Mediterranean using a Soviet-era base in Tarsus, Syria, this talk of bases in Iran is a new development. It is rumoured that Russia may set up bases there and supply Tehran with the cutting edge S-300 missile system to help protect its nuclear facilities from airstrikes.

But apart from Venezuela, the main posturing is going on in Tbilisi, where President Mikhail Saakashvili insisted the West would help his country regain control of South Ossetia and Abkhazia, the separatist regions of Georgia recognised as independent nations by Russia and a trickle of other countries, including Nicaragua and Belarus. "Our territorial integrity will be restored, I am more convinced of this than ever," Saakashvili said in a televised appearance. "This will not be an easy process, but now this is a process between an irate Russia and the rest of the world."

The hot air and military strutting by this collection of antagonists is beginning to look like the calm before the storm. If it is true that US military were part of the invasion of South Ossetia, if only as advisors, this could mean that Russian soldiers might have been killed by Americans, something that never happened even during the height of the Cold War. During the Cold War, "the sides were very careful of each other. They were careful not to come too close," said Alexander Pikayev. "The risk of direct military clashes is much higher. This situation is much riskier than the Cold War." Both US presidential candidates are talking tough, and vice presidential hopeful Sarah Palin said, "We will not repeat a Cold War", presumably meaning she preferred a hot one.

In such a hair-trigger atmosphere, Ukraine and Georgia can kiss any dream of joining the ersatz Western "defence" alliance do svidania.

Nevertheless, last week Vice President Dick Cheney toured ex-Soviet countries the US considers threatened by Russia, including Ukraine, Georgia and Azerbaijan, promising Georgia $1 billion (where do these nice round sums come from?), vowing the US will continue to back the country's NATO application and saying that Moscow's intervention "cast grave doubt on Russia's intentions and on its reliability as an international partner." In Ukraine, he spoke of the "threat of tyranny, economic blackmail and military invasion or intimidation" from Russia. That is an interesting slant on the Medvedev Doctrine. The reader can easily conjure up appropriate words that Medvedev might use to describe the Bush I/ Clinton/ Bush II Doctrine.

Ukraine is now embroiled in a mud-slinging match, with the collapse of the coalition government 3 September, when President Viktor Yushchenko withdrew his support over the refusal of Prime Minister Yulia Tymoshenko to back the president in his support for Georgia and condemnation of Russia. Yushchenko accused Tymoshenko of "treason and political corruption", over her failure to back a pro-US stand, and of seeking Moscow's support of her likely presidential bid. Ukraine's pro-Russian former prime minister Viktor Yanukovich, who heads the Party of Regions, did not rule out the possibility of forming a parliamentary majority with the Yulia Tymoshenko bloc. Such a move would remove from the discussion the entire issue of a Ukrainian application to join NATO. Tymoshenko could well pull off a metaphorical coup by campaigning in the upcoming presidential elections on a sober platform of peace with Russia, which would very likely hand her the presidency with the support of the large Russian population of Ukraine as well as astute Ukrainians.

Another such scandal is brewing in Georgia itself, with the arrest of former president Zviad Gamsakhurdia's son Tsotne as a Russian spy smack in the middle of Cheney's visit to Georgia. He was charged in late 2007 with an attempted coup and links with Russian security services after opposition protests against Saakashvili. The voices of sensible Georgians, fed up with President Mikheil Saakashvili's reckless chauvinism, are clearly being cut in the bud, as he consolidates a very nasty dictatorship backed by the Americans and Israelis. Of course, all Western media coverage of Georgia slavishly supports this loose cannon, but Medvedev's description of him as "a political corpse" probably is closer to the truth.

It is hard not to sympathise with the Russians. The Black Sea, once the domain of the Soviet navy, now is the home of three NATO members -- Turkey, Bulgaria and Romania -- and two applicants, Georgia and Ukraine. If the two applicants join the alliance, Russia's Black Sea coastline would be surrounded by NATO. The volatile Caucasus would then be the playground of the US.

"Now it looks like there is a certain red line that exists in the heads of Russian leadership and they are willing to do anything to stop it from being crossed," said Nikolai Petrov, at the Carnegie Endowment for International Peace. "And this red line is Ukraine and Georgia joining NATO."

Russia's success in thwarting the Georgian attempt to wrest back Ossetia has shown its resolution. Russian warships have been sent to the coast of nearby Abkhazia. In the relatively close proximity in which the Russian and American ships operate there and elsewhere in the Black Sea, one misunderstanding could create an international incident. "We remember very well the Tonkin Gulf incident" in which untrue reports of North Vietnamese ships firing on US ships started the Vietnam War, said Markov. This was seconded by Republican California Congressman Dana Rohrabacher in a sharp criticism of US support for the Georgian attack.

Aleksandr Dugin, whose ideas about America's weakening geopolitical standing are popular with many Russian leaders, said Russia was challenging US dominance and that confrontation may be unavoidable. Russia's move into Georgia was "an irreversible decision that will mean in the future a serious, profound, irreversible confrontation with the United States. The stakes are so high that Moscow has placed all its chips on the table."

It is not surprising that the Shanghai Cooperation Organisation, which includes Russia, China and the former Soviet Asian republics Kazakhstan, Kyrgyzstan, Tajikistan and Uzbekistan, are supporting Moscow for "assisting peace and cooperation in this region." Nor that Armenia and Belarus also support Russia, and the non-Yushchenko forces in the Ukraine are backing away from the flirtation with NATO. It is clear now that the US has insufficient power to cope with the occupations of Iraq and Afghanistan. Both were to have been an essential part of a US policy to militarily control Eurasian rivals, especially Russia and China.

If the Russians hold firm, and it is worth remembering their spectacular defeat of the Nazis at Stalingrad in this regard, this crisis will defuse with or without fireworks, US hawks will find their feathers clipped, and the world will adjust to a "post-America" multilateral sanity.

The tide has already turned. The latter-day Strangelove was pointedly ignored on his cheerleading tour of countries supposedly threatened by Russia, except by his pal Saakashvili, and the European Union disregarded the US veepee's bluster, hammering out an agreement with Russia to replace Russian troops with EU observers in undisputed Georgian territory by 1 October.

The bottom line here is a very mundane one: the EU is Russia's neighbour and dependent on it for gas, whether her politicians like it or not. It is one thing for the US to wage wars far from its shores, as it is doing in Afghanistan and Iraq, or to play war games in other people's backyards, as it is doing in Poland and Georgia, but it is quite another thing to expect a war-weary Europe to sign up and prepare to freeze in the dark.

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martes, septiembre 16, 2008

De Georgia a Eurasia, evitando el sexo de Kosovo






















Los viejos mapas étnico-lingüísticos fueron muy poco utilizados por periodistas, políticos y diplomáticos occidentales en la reciente crisis del Cáucaso. En ambientes nacionalistas e irredentistas de Europa, todavía se discute (en sordina) sobre si los osetios "tienen derecho histórico" o no a la soberanía. La noticia de que los osetios emparentan con los antiguos alanos parece haber sorprendido a más de uno. Clicar sobre el mapa para obtener ampliación

Con el paso de las semanas, el revuelo informativo e interpretativo en torno a la crisis georgiana se va apaciguando en la gran prensa, mientras empiezan a salir a la superficie, aquí y allá, los restos de los naufragios provocados por la borrasca.

Casi la totalidad de nuestros analistas habituales para todo han dado ya su versión interpretativa, e incluso algunos han tenido la oportunidad de repetir y remendar lo dicho, con aquello de que donde dijeron digo quisieron decir Diego. Pero en líneas generales, ésta ha sido una crisis que ha descolocado a muchos, y además, de forma flagrante. Buena prueba de ello es que interpretaciones hechas a menos de dos semanas vista, han quedado ya anticuadas.

Ahí tenemos la pieza publicada por Moisés Naím el pasado 31 de octubre: “La causa secreta de la guerra”. El autor no es precisamente un arribista: coeditor en jefe de “Foreign Policy”, ex ministro de Economía de Venezuela, opinión autorizada en los más prestigiosos medios occidentales. Por lo tanto, sorprende que en algunos casos, como el de la crisis georgiana, todo quede reducido a la idea –manejada extensamente por los mismos nacionalistas georgianos- de que la clave del asunto radica en que Osetia del Sur y Abjasia son “importantísimos centros mundiales de todo tipo de tráficos ilegales”. Se supone que el hecho de que Naím haya escrito un libro dedicado al fenómeno de la delincuencia global (Ilícito. Cómo traficantes, contrabandistas y piratas están cambiando el mundo, Debate, 2006) debería ser aval de seriedad para respaldar un argumento de factura básicamente conspirativa, que es el mismo que aplican los nacionalistas de cualquier país contra enclaves extranjeros en su propio territorio. Recuerdo a un joven universitario marroquí que conocí hace años, quejándose de Ceuta y Melilla como puertas hacia el Magreb de todo tipo de tráficos ilegales. ¿Y quién no ha escuchado el argumento de que Gibraltar no es sino un nido de piratas avalado por el proverbial cinismo británico y con bandera propia?














Nuevas banderas soberanas, temporada otoño-invierno 2008. En este caso, la enseña de la República de Abjasia. ¿Le gusta el diseño?

También resulta divertido recordar que se utilizó en numerosas ocasiones el mismo argumento para denostar, precisamente, la existencia de la autoproclamada República de Kosovo: un pequeño estado cuya existencia sólo se justifica por dar amparo a todo tipo de mafias, la puerta de entrada al tráfico de drogas hacia Europa central y las mil y una historias que llevan más de una década yendo de aquí para allá en la prensa internacional.

Dentro de las propuestas estrafalarias de los últimos días también se puede encontrar un extemporáneo artículo de José Ignacio Torreblanca dedicado, a lo que parece a insuflar de moral a la troika comunitaria que el pasado 8 de septiembre viajó a Moscú para discutir en torno a la reciente crisis georgiana. La pieza, jalea recios argumentos morales que Torreblanca supone darán mucho juego en la negociación; pero el autor pretende resucitar un asunto que fue caballo de batalla particular suyo y que a estas alturas está más que agotado: el bizantino debate en torno al sexo de Kosovo. Como si la pura fuerza militar de la OTAN en 1999 pudiera asimilarse a la fuerza moral y jurídica. Por lo visto, los aviones de la Alianza Atlántica no bombardearon Serbia y Kosovo con bombas supuestamente inteligentes y munición de núcleo de uranio, sino con pesados mamotretos jurídicos.

Torreblanca lleva meses pretendiendo “corregir” una de las decisiones españolas más acertadas de la política exterior española en la última década, tras la retirada de sus tropas de Irak. Pero claro, para aceptar eso, hay que reconocer que la intervención en Kosovo fue, en su cobertura jurídica, el precedente de la que llevó a los Estados Unidos y sus aliados de entonces al atribulado país de Oriente Medio. En puros términos militares, los rusos fueron bastante más eficaces y contundentes: estos hicieron su tarea en apenas una semana, mientras que las tropas de la OTAN, desencadenaron una campaña supuestamente basada en la última tecnologíaa militar de la época, que tardó más de diez semanas en doblegar a los serbios, causando importantes daños a las infraestructuras del país.

Dado que el mero ejercicio de la fuerza militar no es suficiente para asimilar Kosovo a los casos de Osetia del Sur y Abjasia, Torreblanca regresa de nuevo, una y mil veces, con el conocido mantra: “El caso de Kosovo es absolutamente sui géneris, sólo puede ser entendido en el marco de la desintegración de la Federación Yugoslava, en modo alguno pone en cuestión el principio de integridad territorial ni tampoco concede a ninguna minoría ni Estado el derecho automático a redibujar unilateralmente o por la fuerza frontera alguna”. ¿Y quién respalda tales afirmaciones?¿La Organización de Naciones Unidas?¿La “comunidad internacional menos Rusia, China, India, la gran mayoría de los países latinoamericanos…”? Por supuesto, redactar asertos sin sujeto claro puede llevar a la veja trampa retórica de la tautología.













Bandera de Osetia del Sur. Tanto ésta enseña como la de Abjasia vienen siendo enarboladas desde 1992. La autoproclamación de la soberanía de ambos territorios no viene de este verano, sino del proceso de desintegración de la URSS, en 1991


Resulta mucho más clarificador tener en cuenta el mensaje de Moscú de este verano dirigido hacia la política unilateralista practicada desde Washington en los últimos ocho años: “Quien siembra vientos, recoge tempestades”. Pretender que una delegación comunitaria vaya a Moscú para discutir si los vientos son alisios o puro siroco, si las tempestades del mozón son equiparables a las del Atlántico Norte, es puro bizantinismo de salón, más propio de un periodista que de un moderno profesional de la "diplomacia cuántica".

Se llama escribir con trazo grueso (y con notable ingenuidad en relación a la inteligencia de los lectores) la pretensión de que los actos de fuerza militar no basados en alguna forma de legalidad internacional solvente o, al menos, en las resoluciones de las Naciones Unidas, poseen un diferente peso moral al amparo de los diferentes intereses que cada potencia tuvo en su momento. En 2008 rusos no buscaron obtener ninguna resolución 1244 de la ONU para Osetia meridional y Abjasia, como se hizo para Kosovo en 1999. Pero ¿para qué? Si precisamente lo que intentaron los rusos este verano fue recordarle a Torreblanca que la resolución 1244 fue totalmente violada por los países que reconocieron la autodeterminación de Kosovo el pasado mes de febrero.

Ahora bien: aconsejar a los compañeros diplomáticos de la troika europea que viaja hacia Moscú, que se olviden del amigo americano y lo metan debajo de la alfombra, parece cosa de conjuro mágico. Zas, y de repente, hacemos que se esfume en el aire la base norteamericana de Bondsteel, en el centro de Kosovo, utilizada en su momento como centro de interrogatorio o “cárcel secreta” en la ya olvidada “guerra internacional contra el terrorismo”, por cierto. De momento, los rusos no tienen nada parecido en Osetia del Sur o Abjasia; deben estar esperando el correspondiente permiso de no se sabe quién en Occidente. ¿Podrán construir una similar en Venezuela o Bolivia, el día de mañana?¿Quizás en Siria?














Uno de los diseños que compitieron en su día para convertirse en la enseña nacional de la República de Kosovo. Pretendía ser un homenaje a la bandera norteamericana y fue una suerte que no se aprobara, visto el parecido final con la de Abjasia


Por fortuna, como recordaba el editorial de “El País” el mismo día en que se publicó el artículo de Torreblanca, en Moscú primó el pragmatismo. Los rusos no debieron quedar muy impresionados por el convincente poder del comodín kosovar. Aunque posiblemente, el pretendido pragmatismo era más bien la actitud profesional de unos diplomáticos que saben muy bien lo que andan buscando desde hace ya algún tiempo, y no dejarán de hacerlo. La fenomenal quiebra de Lehman Brothers, acaecida ayer mismo, demuestra una vez más que los neocons norteamericanos ni siquiera han sabido gestionar aquello de lo que más presumían: la pura y simple economía liberal. Los rusos hace tiempo que decidieron que las recetas neoliberales que les dictaba Jeffrey Sachs en los noventa, eran puro veneno. Desde el otro lado del Atlántico nunca perdonaron ese desaire, nunca aceptaron el fracaso y rechazaron que Rusia siguiera su propio camino.
















Tropas regulares chechenas integradas en el Ejército ruso (como las de la fotografía) operaron en Osetia meridional (y posiblemente en Georgia) durante el pasado mes de agosto.


"El Periódico de Catalunya", 13/9/2008

EL CONTROL DE UNA ZONA GEOESTRATÉGICA EN EBULLICIÓN


La batalla por Eurasia ha empezado

En parte, los norteamericanos cuentan con salir de la actual situación de crisis invirtiendo en desarrollo tecnológico militar

• La UE espera lograr energía barata, mientras que el objetivo de EEUU es mantener su hegemonía

FRANCISCO Veiga*

En apariencia, las cosas están yendo como la seda para casi todos, menos para los norteamericanos. La Unión Europea entreabrió la puerta a Ucrania: algunos comentaristas lo han confundido con una señal de que también va en el paquete la inclusión en la OTAN. Pero no es así: la oferta viene de Bruselas, es un acuerdo de asociación comercial privilegiado y no hay referencia a cuestiones militares. La OTAN es un asunto básicamente norteamericano, y la respuesta rusa a su despliegue naval en el mar Negro son las anunciadas maniobras en el Caribe. Significativamente: hasta el momento, Moscú no ha protestado en voz alta contra el trato de favor de la UE a Ucrania. Algo muy sintomático, si se liga al protagonismo que le ha dado Moscú a Bruselas a lo largo de toda la crisis de Georgia.

ESTO PODRÍA probar que, en efecto, Rusia y la Unión Europea están en pleno proceso de acercamiento, intentando los europeos eludir la interferencia norteamericana. Las lágrimas de cocodrilo de algunos analistas --sobre todo de derechas-- por la supuesta decadencia occidental ante el oso ruso descontrolado esconden esas contradicciones. La razón del acercamiento ruso-europeo está en los desastres que han comportado los ochos años de presidencia de George Bush, tanto militares como económicos. Al final, algunas potencias de la Unión Europea se han decidido a buscar la iniciativa en determinados escenarios geoestratégicos, aprovechando los meses finales de su presidencia.

Uno de ellos, quizá el más importante, es Eurasia, y más concretamente las rutas y países que conectan a Europa con los yacimientos de gas y petróleo del mar Caspio. Pero también Rusia, superpotencia energética. El tercer actor de esta historia es Irán, que tiene un peso nada desdeñable porque está dispuesto a ofrecer esa misma energía a Europa, pero más barata que la procedente de las repúblicas de Asia Central.

Por su parte, los norteamericanos, que se abastecen mayoritariamente de gas y petróleo procedentes de Canadá, México, Venezuela y Bolivia, tienen un interés básicamente hegemonista, dado que buscan dejar fuera de juego a determinados productores (como Irán), controlar los ductos procedentes de algunos países de Asia Central exsoviética hacia Europa y, sobre todo, establecer condiciones beneficiosas para ellos en el mercado de la energía: fijar precios y condiciones en las necesarias inversiones para llevar a cabo y modernizar las extracciones, y mantener la hegemonía del dólar como medio de pago.

ESTO ES muy importante, porque hacer los desembolsos del crudo y el gas en su propia moneda permite a los norteamericanos operar con malabarismos financieros cuando es necesario: pagar en bonos, negociar aplazamientos y, sobre todo, no pagar por el cambio de divisas. Si el dólar perdiera un apreciable protagonismo en el mercado de la energía, los norteamericanos afrontarían un déficit extra que, posiblemente, les obligaría a controlar el consumo interno y ralentizar su carrera de armamentos. ¿Y por qué es esto tan importante? Porque, en parte, los norteamericanos cuentan con salir de la actual situación de crisis invirtiendo en desarrollo tecnológico militar. Al fin y al cabo, piensan, la segunda guerra mundial ayudó a superar la larga Depresión de los años 30, y la carrera de armamentos de la era Reagan ha sido presentada muchas veces como el detonante de una beneficiosa recuperación económica en los años 80. Los jugosos contratos multimillonarios son la esencia del tan célebre como inútil y provocador escudo antimisiles que Washington pretende instalar en Polonia.

En este tira y afloja financiero, los iranís están interesados en imponer el euro como moneda de pago preferente de los hidrocarburos, con el argumento de que el dólar se devalúa con facilidad y ocasiona grandes pérdidas, lo cual también afectó a los rusos, y mucho, el año pasado. Varios países relacionados con la compra y venta de energía en grandes cantidades --como China-- abogan por desvincularse del dólar e imponer sus propias monedas nacionales, cestas de divisas o el euro.

La crisis de Georgia, que ha propiciado la devaluación del rublo, todavía ha hecho más atractivo el precio de su petróleo y su gas para los europeos, sobre todo si lo pueden pagar con euros fuertes. La neutralización temporal de la presión norteamericana contra Irán podría posibilitar la construcción de un oleoducto a través del Cáucaso, y quizá Ucrania, hacia Europa. Por lo tanto, las perspectivas de una energía cara y los cuentos sobre posibles extorsiones rusas a Europa pueden no ser precisamente las correctas a medio plazo.

ESO SÍ: el guiño a Ucrania le puede salir bien caro a Bruselas. Es un país problemático, con una clase política demasiado volátil y una estructura nacional interna ciertamente explosiva. Posiblemente, a Moscú no le parezca tan mal que la UE cargue con su propia cuota de responsabilidad en controlar a la díscola Ucrania, que hasta ahora ha dado muchos quebraderos de cabeza a los rusos. Como dice el viejo y sombrío refrán chino, aplicable ahora a las potencias europeas más favorables a Kiev: "Ten cuidado con lo que deseas: podría llegar a cumplirse".

*Profesor de Historia Contemporánea de Europa Oriental y Turquía (UAB).

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