miércoles, mayo 02, 2007

Turquía: continúa la siembra de vientos

Deniz Baykal, líder del CHP o Partido Republicano del Pueblo, que puso en marcha la actual crisis política en Turquía. No parece probable que obtenga destacados beneficios de todo esto










Continúa la crisis en Turquía, con el más que previsible fallo del Tribunal Constitucional en contra de la votación que se llevó a cabo el viernes 27 de abril para proclamar a Abdullah Gül presidente de la República. Dado que ningún magistrado islamista (¿existen en Turquía?), por moderado que sea, ha podido acceder históricamente al Tribunal, éste se convierte casi de forma automática en defensor de las opciones políticas planteadas por la oposición; esto es: en los términos que ésta desea y más le convienen a ésta. Mal asunto. Pero es peor todavía el problema que señalaba Nicole Pope (periodista suiza experta en política turca desde hace años) en el artículo colgado ayer en este blog: esa misma oposición no tiene capacidad política para llenar el boquete que está horadando en la estabilidad política del país. Nicole Pope aventura que quizá por ello los ciudadanos contrarios al gobierno han salido a la calle sin haber sido encuadrados formalmente por la oposición. No estoy muy de acuerdo en esto, pero sí en el hecho de que al Partido Republicano del Pueblo, ANAVATAN, DYP y los demás, se les está yendo la situación de las manos, porque no tienen capacidad real para controlarla. Esos partidos están más que gastados, no son capaces de ofrecer alternativas políticas con futuro, y cargan con una fuerte hipoteca de errores históricos.

Por lo tanto, se celebrarán elecciones anticipadas, en junio, y muy posiblemente las volverá a ganar por mayoría absoluta el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). ¿Y entonces, qué?¿Se volverá a plantear la candidatura de un presidente islamista y retornaremos a las andadas?¿Quién llenará la brecha creada por los minoritarios partidos de oposición sin respaldo social real? Respuesta: el Ejército: el último bastión de la unidad nacional, la república laica y bla, bla, bla: ya saben: toda esa retórica que tantas y tantas veces hemos oído en Yugoslavia, en Argelia y (temblemos un poco) en España, no hace tanto.

Un grupo de manifestantes en los alrededores de la Plaza Taksim, Estambul, ayer 1º de mayo


Esa ha sido la razón de los palos que se repartieron ayer en la Plaza Taksim. El veterano sindicato DİSK se intentó manifestar en el mismo lugar en el que hace exactamente treinta años tuvo lugar una masacre, cuando pistoleros de extrema derecha tirotearon a la multitud de medio millón de personas que se manifestaba pacíficamente con motivo del 1º de Mayo: 42 muertos. El comando de extremistas que desencadenó la catástrofe estaba ligado a la red Gladio, un enorme operativo paramilitar “durmiente” concebido para encuadrar la resistencia clandestina armada, caso de una invasión soviética de Europa occidental; o para llevar a cabo operaciones antiterroristas, contrainsurgentes o, incluso, desestabilizadoras contra gobiernos e instituciones de izquierdas. En el bronco ambiente de los “años de plomo” turcos, durante los cuales la situación era virtualmente de guerra civil de baja intensidad, la red Gladio local estaba dirigida por el general Kenan Evren. Si, el mismo que encabezaría el golpe de estado de 1980 y devendría presidente de Turquía. Pueden constatar el detalle biográfico en Wikipedia.

Por eso, la manifestación sindicalista promovida por DİSK, poseía una fuerte connotación anti militar y anti golpista. Así que hoy hemos vivido una nueva tragedia más en el decurso de esta crisis turca, aunque afortunadamente no se han producido muertos. Pero en cambio, ha sido doblada por lo que está empezando a ser habitual distorsión informativa de los sectores interesados en el descarrilamiento de la estabilidad institucional y social turca, con el objetivo, a medio plazo, del fracaso de las negociaciones de acceso a la UE. ¿Quién se llevó ayer las culpas de la represión en la Plaza Taksim? El gobierno islamista de Erdoğan. ¿Quién se ha beneficiado de lo ocurrido? El Ejército. ¿Quién se hubiera beneficiado del acto si hubiera sido permitido? El Ejército, igualmente, que habría denunciado una intolerable provocación, permitida por el gobierno islamista.













Plaza Taksim, 1º de mayo de 1977, poco antes de que se desencadenara la tragedia



No hay manera de salir de esa lógica cerrada de la que, más tarde o más temprano, se beneficia el Ejército, que permanece ahí, tranquilamente sentado y callado, esperando a que la situación se deteriore lo suficiente para intervenir. ¿Cuándo ocurrirá eso? Cuando el gobierno de Erdoğan esté hecho un lío y haya perdido autoridad. Si eso llega a suceder, aparecerán los provocadores de profecías que ya conocemos y que nos dirán que "estaba claro lo que iba a ocurrir" y que "Turquía no estaba madura para acceder a la UE". Algo similar se intentó hacer con España hace más de viente años, y por suerte no salió bien.

En nuestro país, algunos medios parecen colaborar activamente en esta dinámica. Para el “El País”, lo importante es que caiga el actual gobierno turco, porque es “islamista” o porque, en realidad, es miembro del Partido Popular Europeo. Luego, es una forma de PP a la turca o eso creen interpretar. Ahí quien tiene que gobernar es Baykal y el Partido Republicano Popular, que es socialista; por ejemplo. No importa que Rodríguez Zapatero esté comprometido en una política de alianzas y apoyo a Erdoğan. A PRISA tampoco le gusta ZP, esto es público y notorio. Tiene su propia agenda oculta y sus intereses empresariales y políticos, al margen de los del país (el de verdad, con minúsculas). Por lo tanto, al carajo con Erdoğan y con ZP.

Repaso al tratamiento informativo de los acontecimientos actuales: “
La marcha del Día del Trabajo en Estambul deja 900 detenidos. Los manifestantes trataban de llegar a la plaza de Taksim, donde hace 30 años murieron 42 trabajadores”. Titular de ayer en la edición electrónica de “El País”. Pueden leerlo y releerlo: ni media frase dedicada a la connotación política actual de la protesta. Y según “El País”, 900 detenidos; el resto de los medios habla de 580 detenidos. Son muchos igualmente, de acuerdo. Pero ¿por qué incrementar la cifra en un tercio?















Pánico, 1º de mayo, 1977. Algunos manifestantes se refugian como pueden del tiroteo. La policía tardó en actuar, y cuando lo hizo varias personas fueron atropelladas por los vehículos blindados



La portada de la edición electrónica incorpora un vídeo sobre la manifestación del día 29 titulado: "Turquía quiere seguir siendo laica". Informativamente abusivo por voluntariamente confuso. ¿Qué significa "Turquía" en ese contexto?¿Los participantes en la manifestación, que eran sólo una fracción de la población con un color político determinado? En el vídeo, la locutora nos informa de que Turquía vive la mayor crisis política de los últimos años "por la creciente islamización de su gobierno". ¿Qué quiere decir eso, exactamente?¿Que Erdoğan ha regresado al lado de Erbakan, que ha dejado entrar en el gobierno? La locutora continúa informándonos de que los manifestantes protestan porque Gül "no cuenta con el apoyo popular ni con el del Ejército" (sic).

“La justicia turca anula la elección del aspirante islamista a presidente”. Titular de ayer en la edición electrónica ce “El País”. En puridad todo es correcto, ¿no? Sin embargo, habla del “aspirante islamista” como si hubiera otros; cuando el Partido Republicano Popular, desencadenante de este lío, no presentó ninguno, con toda la mala intención del mundo. La “justicia” (no el Tribunal Constitucional”) “anula la elección”. No es exacto: anula la primera vuelta de la elección, la que se planteó el viernes pasado. Si mañana hubiera quórum, Gül podría ser nombrado presidente. Y no digamos el 9 de mayo, cuando sólo con la mitad más uno de la cámara ya sería suficiente. Lo que ocurre es que, como explica Ilnur Cevik en el artículo seleccionado para hoy, el nuevo presidente tendría la hostilidad declarada de instituciones estatales que, con un talante nada democrático, han expresado su rechazo a la elección de un islamista, por el mero hecho de serlo. Eso, en el Occidente europeo sería muy mal visto, al menos si se hubiera planteado de una manera tan explícita. En cierta forma es maravilloso que la India nos tenga que dar lecciones de democracia, pues ese enorme país, de mayoría hindú, enfrentado a Pakistán y con un terrible pasado de luchas fratricidas interconfesionales, tiene un presidente musulmán, que además es el padre del programa nuclear indio: Abdul Kalam. En julio de 2002 derrotó a su oponente, que tenía el apoyo de la izquierda.







El Ejército espera pacientemente. El general Büyükanıt en unas maniobras.








Erdogan has to face the realities



Ilnur Cevik
"The New Anatolian", 01 May 2007


ilnurcevik@yahoo.com


You may be right and you may be justified in your anger but at times you have to bend and accept injustices. This is what may happen to Prime Minister Recep Tayyip Erdogan and his ruling Justice and Democracy (AK) Party.

The prime minister and the party are facing a dilemma of all kinds as the country sails through stormy waters…

If the supreme court allows the ruling party to elect its candidate, will this really solve everything? On paper it will but after witnessing the mass rallies in Ankara and Istanbul it is hard to believe any president elected by the AK Party now can remain in office and serve as president without experiencing constant dissent of all kinds.

Abdullah Gul deserves the presidency more than anyone. But we see that the opposition and the conservative secularist establishment will do everything to sabotage his rule.

Even if Gul wins the presidency AK Party will face serious turmoil and dissent and will have no other alternative but to hold early elections.

If the supreme court agrees that the presidential elections process got off to a wrong start and the first round of voting has to be annulled then this will push us into turmoil where the government will have to call for snap elections.

That may prove to be a good solution in the short run but it will create more complications in the future because from then on only a 367 quorum will be needed for the election of a president…

Turkey has been pushed into a mess.

The government has misread the anger of the secularist masses and underestimated their strength. The opposition mishandled the whole affair and turned it into a crisis.

Now it is up to the AK party and the prime minister to sort out the mess.

AK Party will win the elections despite the secularist masses because the strength of the masses with religious sensitivities is greater. But what will happen to the presidential issue remains a mystery.

May be we have to opt to a full presidential system…

The secularist may repent that they let the cat out of the bag

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lunes, abril 30, 2007

2007: ¿Quién promueve el golpismo turco?



Retrato oficial del general jefe del Estado Mayor de la Defensa del la República de Turquía, Yaşar Büyükanıt, Tras él, las banderas de Turquía y la RTNC












Ante la confusa evolución que van tomando los acontecimientos en Turquía, uno de los muy escasos periodistas españoles que han acertado en su comentario, es el veterano Xavier Batalla, otro de los maestros de “La Vanguardia”, rotativo que, una vez más, demuestra su supremacía analítica frente a la de “El País”. Vamos a dejar a las directivas de los respectivos diarios y las nutridas promociones de comunicólogos que ponen en la calle nuestras universidades cada curso, que diluciden a qué se debe ese fenómeno. Y aquí y ahora vamos a centrarnos en la compleja y cada vez más preocupante situación que atraviesa Turquía. Por ello, no se pierdan el artículo que sigue al de Batalla, cuyo autor es Ihsan Dagı, un comentarista del diario "Zaman", pro-islamista moderado.

Lo primero que salta a la vista cuando se toma un poco de altura y se examina el panorama informativo de los últimos quince días, es que la Unión Europea está demostrando una capacidad de liar la situación internacional similar a la de los Estados Unidos de George Bush. La culpa puede ser de cierta tendencia a darle la razón, innecesariamente, a todo el mundo; o la inexistencia de una política exterior común. La cuestión es que en los últimos días, Bruselas está siendo responsable directa e indirecta de la crisis en Turquía, del agrietamiento de las relaciones con Rusia y, paralelamente, de fomentar una vez más el ultranacionalismo en la generación de nuevos miembros orientales del club. Después de Polonia, Hungría y Chipre, ahora le toca al turno a Estonia. Todo lo cual lleva, básicamente, a que Bruselas tire piedras contra cada uno de sus propios tejados, a través de los cuales se supone que ha de llegarnos mañana el gas y el petróleo: sea a través de Rusia, sea a través de Turquía. No hay más.

El reputado profesor y analista de Ciencia Política, Soli Özel, suele decir que si la UE no quiere tener frontera con Oriente Medio, la tendrá de todas formas, si condena a Turquía a formar parte de esa conflictiva región. Si la situación se agrava en Turquía hasta llegar a la guerra civil, el comentario jocoso se habrá transformado en una preocupante profecía cumplida; y debido a sus devaneos, la UE tendrá una nueva guerra en su patio trasero, y de mucho mayor alcance que las de los Balcanes en la década 1991-2001.

El general Cemal Gürsel se dirige a la nación tras el golpe de 1960. Aunque no tuvo ningún papel en la preparación y desarrollo del operativo, los oficiales que sí lo organizaron decidieron nombrarle Jefe de Estado Mayor, ministro de Defensa, primer ministro y Presidente, por lo que a partir del 30 de mayo de 1960 acumuló más poder político que el mismísimo Atatürk








Sin embargo, es evidente que en este caso, los militares turcos han tenido un protagonismo que, en apariencia, es puramente autóctono. ¿O no? Vamos a discutir un poco esa idea, mientras que el lector puede encontrar otro punto de vista, más abajo, en el artículo de Ihsan Dagı.

El golpe de 1960, fue el más improvisado (obra de coroneles descontentos con el estamento, no del Estado Mayor) pero también el “más logrado” técnica y políticamente. Es cierto que supuso el ahorcamiento del primer ministro Adnan Menderes, una acción vergonzosa cometida en pleno año 1961, pero aún así, se diseñó y sancionó la Constitución de 1961, la más avanzada que tuvo Turquía hasta ahora. Desde entonces, las sucesivas asonadas militares han tenido consecuencias negativas a medio plazo. El golpe de 1971 fue una chapuza que ni siquiera palió el caos político en el país, y los uniformados quisieron rematarlo con el de 1980, que aparte de liquidar la Constitución de 1961, terminó por duplicar innecesariamente el abanico de los partidos políticos turcos, lo cual llevó a la situación de inestabilidad gubernamental crónica de la década 1991-2001. Por lo tanto, la desafortunada intervención castrense de 1980, donde además los mismos militares, encabezados por el general Kenan Evren dieron luz verde a la utilización del islamismo contra el comunismo, terminó por provocar lo que se denominó “golpe posmoderno” de 1997. Éste tampoco resolvió nada: los militares se propusieron liquidar el aparato político y económico de los islamistas. En 2001 creyeron haberlo logrado, pero les salió el tiro por la culata cuando la población turca, de toda condición, confesional y laica, votó masivamente por el AKP al año siguiente. Que al Ejército le sentó mal la aplastante victoria electoral de la alternativa islamo-democrática lo prueban las amenazas golpistas que ya le dirigió en mayo de 2003 el anterior Jefe de Estado Mayor, el general Hilmi Özkök, que algunos comentaristas tildaban de "moderado".

Por lo tanto, la apreciación de que los golpes militares han contribuido a mantener en pie al aparato kemalista, es pura y simplemente falsa. Y lo es incluso desde 1960, puesto que la liquidación del Partido Democrático y la ejecución de Menderes, dio lugar a la aparición del Partido de la Justicia de Süleyman Demirel. Abran los ojos, señores militares turcos: si dan un golpe ahora, será mejor que piensen en permanecer en el poder todo lo que puedan. El golpe políticamente “correctivo” no lleva a nada. Ahora bien: si se empeñan en una permanencia sine die en el poder, ¿cuánto aguantarían sin terminar en el desastre, como los coroneles griegos en 1974 o los generales argentinos en 1982?


El general Cevdet Sunay en la Asamblea Nacional. General jefe del Ejército de Tierra en 1960, sucedió a Gürsel al frente del la jefatura del estado en 1966 y continuó en el puesto hasta 1973



Un golpe ha de tener objetivos políticos claros, dirección firme, cierto apoyo social y una buena dosis de respaldo internacional. Todo eso lo tuvieron los golpistas turcos en 1960 y 1980 (menos en 1971). Hoy está comprobado que los norteamericanos respaldaron de una forma u otra estas acciones. En cambio, ya no está nada claro que los militares tuvieran ese respaldo en 1997, porque la Guerra Fría había quedado atrás y el supuesto peligro islamista no parecía tan grave a ojos del amigo americano antes del 11-S. Desde luego, los ”posmodernos” de 1997 no gozaron del apoyo de Europa, muy cansada ya de los uniformados turcos. Pero hoy, diez años exactos más tarde, siguen sin tenerlo de Bruselas y ni siquiera Washington lo ve claro. En realidad, un posible golpe militar a día de hoy, iría en parte dirigido contra la política norteamericana en Irak: una locura.

¿Cuál es el destino político de una acción militar en 2007? Turquía quedaría aislada internacionalmente, con la única posibilidad de acercarse a Rusia e Irán. Esta segunda opción también es impensable: ¿un régimen de militares “seculares” apoyándose en el Irán de los ayatolas? La posibilidad de apoyarse en los países árabes sería igualmente ridícula, porque si alguien ha hecho eso ha sido el gobierno actualmente en el poder, y esta vez con el consentimiento de la UE, no como durante el gobierno de Erbakan, hace una década.

Queda Rusia. Seguramente, no han de faltar nostálgicos que antes de nacer ya estaban instalados en 1920 ó 1921 y sueñan con recuperar aquel apoyo que los bolcheviques le dieron a las tropas de Mustafa Kemal en lucha contra los ocupantes europeos, griegos y armenios. Pero es que poco falta para que se cumpla un siglo de todo aquello; Lenin ya murió, así como Mustafa Kemal e incluso Lloyd George. Buscar al apoyo de Moscú no es mala jugada a corto plazo, pero resulta muy azarosa para un periodo de más de cinco años. Rusia está inmersa en una lucha muy compleja por volver a ocupar un puesto preeminente en la escena internacional. Un tira y afloja en el cual ha de velar por sus propios intereses en todo momento, y sin que haya mucho margen de maniobra para atender a sus aliados, incluso los más cercanos: recordemos lo que ocurrió con la Bielorrusia de Aleksandr Lukashenko hace muy pocos meses. Si además esos aliados lo son de ocasión (porque Turquía se acercaría a Rusia debido a su aislamiento) y gobernados por una camarilla de ineptos desesperados (una junta militar, por ejemplo) el resultado de esa maniobra podría terminar mal para Ankara.



El general Kenan Evren, líder del golpe de 1980 y presidente de la República entre 1982 y 1989. Al menos durante los años 70 fue jefe de la rama turca de Gladio















Por lo tanto, parece que los militares de tendencia golpista (que no son todos en el seno de las fuerzas armadas turcas, por suerte) y sus aliados coyunturales en el mundo de la política civil (el CHP socialdemócrata-tardokemalista, el ANAVATAN y el DYP) no poseen, hoy por hoy, un plan de acción que vaya más allá de defender sus intereses corporativos aquí y ahora. Muy poca cosa es eso para la complejidad del mundo globalizado del siglo XXI. La factura que pueden pagar por aventuras anacrónicas es cuantiosa: adiós a la UE; serios desencuentros con los amigos americanos; soledad frente a la crisis iraquí y el problema kurdo; pérdida de jugosos negocios en Oriente Medio, Europa y más allá; huida de las inversiones extranjeras; crisis económica consiguiente; despeñe de la estabilidad financiera; y al final, a ver quién le paga los salarios a los funcionarios y militares laicos. Con un poco de mala suerte, la República del Kurdistán puede terminar llegando a las puertas de Kayseri; lo cual sería un problema para los armenios, claro.

Pero aquí también hay responsabilidades, y muy serias, para actores políticos occidentales. Porque es cierto que los turcos, siempre tan necesitados de directivas políticas claras, llevan años enteros aguantando la cacofonía de las sugerencias y contrasugerencias, órdenes y contraórdenes de europeos y americanos. Y es evidente que así, no se puede seguir.

Por supuesto, en Europa muchos se están frotando las manos ante la crisis turca. La estrategia de la derecha (básicamente la francesa) consistente en hostigar y hostigar a los turcos a ver si así arrojan la toalla y abandonan su candidatura a la UE, no parecía llevar a ningún lado, porque el gobierno de Ankara se daba perfecta cuenta de que era eso, precisamente, lo que deseaban sus enemigos en Europa. Por ello, la postura coriácea de Erdoğan y el gabinete del AKP fue puenteada por la cerril oposición del CHP y otros partidos minoritarios, que además cuentan ahora con el respaldo de unas fuerzas armadas tan europeo-kemalistas (?) que están a punto de hacer descarrillar el acercamiento histórico de Turquía a la Europa. Lo que no consiguió el Papa Benedicto con el apoyo de las huestes católicas, puede que lo logre el fantasma de los jenízaros liquidados en 1826, en virtud del Benéfico Evento.

De todas maneras, todo esto es muy extraño, como venía a comentar el comisario para la Ampliación de la UE, Olli Rehn, en su comunicado contra las veleidades intervencionistas de los militares turcos. Verán: en Turquía los patrones de actuación de las fuerzas involucionistas parecen actuar de forma muy parecida en el tiempo. El 1º febrero de 1997, la sociedad civil turca, harta de los excesos que estaba cometiendo el “estado profundo” en la interminable guerra contra el PKK, organizó la “Jornada de luz contra la oscuridad” en la que decenas de miles de turcos protestaron encendiendo y apagando las luces o haciendo sonar bocinas y cacerolas. La iniciativa recordaba mucho a la que estaba teniendo lugar en Belgrado contra el régimen de Slobodan Milošević, por aquellas mismas fechas. Pero aquello que había sido una honesta y masiva movilización ciudadana, fue travestida por la prensa “laica” y algunos políticos como una protesta contra el auge del islamismo, dado que había terminado el mes de Ramadán, que el gobierno de Erbakan había intentado hacer cumplir con mayor rigor.

















Jóvenes islamistas radicales escenifican la victoria de Hamas en Sıncan febrero de 1997. La ilustración es un fotograma del vídeo "Coup / Darbe - A Documentary History of the Turkish Military Interventions", dirigido por Elif Savaş Felsen (2000)

Los militares no dejaron pasar la ocasión. También por entonces, el alcalde islamista del barrio de Sıncan, en Ankara, había organizado una provocativa jornada de apoyo al grupo palestino Hamas “por la liberación de Jerusalén”, a la que había acudido el embajador iraní. El acto incluía una dramatización de un ataque contra soldados israelíes a cargo de combatientes de Hamas y una serie de discursos incendiarios. Como respuesta, en el barrio tuvo lugar una protesta de “feministas laicas” (con rasgos similares a la manifestación de ayer mismo en Estambul) y el 4 de febrero, una columna de vehículos blindados atravesó la población. Eso fue el comienzo del denominado “golpe posmoderno” de 1997. Los militares consiguieron echar del poder a Necmettin Erbakan que, él sí, era un islamista considerablemente radical.

Parece como si los protagonistas de ahora estuvieran intentando repetir el patrón de hace diez años. Pero recordemos cómo continuó entonces la historia. Pocos meses después de que se consumara el “golpe posmoderno”, en diciembre de 1997, y durante la cumbre de Luxemburgo, se rechazó la candidatura turca para el paquete de ampliación de la UE, previsto para el periodo el 2004-2007. En parte, la culpa era del intervencionismo militar en política, claro está; pero además la guerra contra el PKK no había concluido, no paraban de producirse denuncias de corrupción política, la economía seguía por los suelos y la inflación alcanzaba el 90%.

















Cómo se da un "golpe posmoderno": el Consejo de Seguridad Nacional lee la cartilla al gobierno de Erbakan ante el presidente. Fotograma recogido en "Coup / Darbe"




Y dos años más tarde, qué curioso, fíjense lo que sucedió. Todo un viraje de la situación. El 15 de enero de 1999 tuvo lugar la rocambolesca captura de Abdullah Öcalan, el líder del PKK, en Kenia, tras haber realizado un periplo que comenzó con el acuerdo entre Ankara y Damasco para su expulsión de Siria, tras lo cual viajó por Rusia e Italia, donde fue tratado como un huésped incómodo. Protegido por los servicios de inteligencia griegos, fue capturado en Nairobi por sus homólogos turcos del MIT. Todo indica que fue una operación de inteligencia muy compleja, en la cual cooperaron diversos servicios y que concluyó… un mes antes de que comenzaran los ataques aéreos de la OTAN contra Serbia (24 de marzo), que habrían de llevar a que Kosovo se convirtiera en un protectorado internacional.

¿Creen ustedes que la captura de Öcalan no tuvo nada que ver con la encrucijada en la que se encontraba por entonces la Alianza Atlántica?¿Que fue pura casualidad? Turquía era por entonces miembro de la OTAN y había tenido un importante protagonismo en el apoyo a los musulmanes bosnios, entre 1993 y 1995. Por eso, las potencias occidentales habían hecho lo posible por pasar de puntillas sobre las operaciones que estaba desarrollando el Ejército turco contra la guerrilla del PKK, con tácticas que en muchos aspectos se asemejaban a los del Ejército de la Republika Srpska, en Bosnia. En 1999, los militares turcos aún no había concluido la guerra, y en vísperas de la gran ofensiva de la OTAN en los Balcanes, suponía una incómoda contradicción que Bruselas y Washington no podían asumir. Posiblemente, eso contribuyó a que entre unos y otros le pusieran a Öcalan en bandeja a las fuerzas de seguridad turcas (lo cual explicaría que, consciente de lo ocurrido, la moral del dirigente kurdo se hundiera como lo hizo). Y desde esa jugada se saltó a la siguiente: en Helsinki, durante la reunión semestral de los dirigentes de la UE, en diciembre de ese año, se concluyó que “Turquía, como otros candidatos se iba a beneficiar de una estrategia de preacceso destinada a estimular sus reformas”. Bruselas esperaba cambios significativos en Turquía y aunque se anunciaron rigurosos exámenes de adecuación, el horizonte de la integración en la UE comenzó a aclararse para los turcos, una vez que el ejército se quedó sin "su" guerra.






Abdullah Öcalan, esposado, vuela en dirección a Ankara tras ser capturado en Kenia por un comando de los servicios especiales turcos, febrero de 1999. Mientras tanto, los cazabombarderos de la OTAN calentaban sus motores para bombardear Serbia



Por lo tanto, los militares turcos seguramente recibieron un importante apoyo de la OTAN y las potencias occidentales para concluir la guerra contra el PKK, en 1999. Y antes de ello, a pesar de que siempre han alardeado de actuar en defensa de la integridad patria y en contra de la injerencia extranjera, resulta que, al menos en 1971 y 1980, intervinieron en nombre de los intereses norteamericanos. ¿Están actuando ahora a instancias de alguien?

Eso sería muy grave. Si los sectores golpistas están haciendo caso de cantos de sirena procedentes de Occidente –y cuesta creer que provengan de otra parte- pueden acabar haciendo un daño irreparable a los intereses de Turquía en su conjunto, liquidando para siempre el muy escaso ascendente político que les pueda quedar y perjudicándose muy seriamente a sí mismos como estamento. Porque resulta transparente a quién beneficiaría un golpe militar en Turquía, con el consiguiente descalabro político, diplomático y económico (al margen de un posible conflicto armado,
“a la argelina”). O mejor dicho: a quien cree que le beneficiaría el descalabro turco. Porque en la normalización política de Turquía, toda Europa se juega mucho: más que en Kosovo o en Bosnia. Mucho más.






El general Yaşar Büyükanıt pronuncia un discurso ante un gigantesco retrato de Atatürk
















Un tupido velo




Xavier Batalla

“La Vanguardia”, 29 de abril 2007



Dirigentes y analistas occidentales se pasaron la guerra fría haciéndose dos preguntas: ¿Se puede coexistir con los comunistas?¿es reformable el comunismo? Seis años después de los atentados del 11 de septiembre. El mundo occidental vuelve a plantearse similares cuestiones, aunque ahora los motivos de preocupación son el islam, el islam político y el terrorismo apocalíptico.

La posición entre el mundo occidental y el musulmán ha existido desde los orígenes del islam. Los dos se han mirado pero no se han comprendido nunca. Occdietne teme el terrorismo apocalíptico y el fundamentalismo. Y los islamistas [sic. ¿Quiere decir “musulmanes”?] acusan a Occidente de ser hostil a su cultura y de proteger, por intereses económicos, a los regímenes corruptos y antidemocráticos que controlan el inmenso arco geográfico musulmán.

Turquía llama a las puertas de Europa desde 1963, cuando se le concedió un acuerdo preferencial, y desde entonces ha cambiado de manera profunda. No ha cambiado tanto como debería, pero ha cambiado. Y el cambio se ha dado a instancias de la Unión Europea, que también en Turquía ha demostrado cómo el poder blando puede modernizar un país. Ahora, la oposición europea al ingreso de Turquía anima a los militares a intervenir en la política, lo que no es muy democrático.

El intento frustrado de Recep Tayyip Erdogan, primer ministro turco e islamista moderado, de ser elegido presidente de la república ha deparado una situación chocante. Los sectores laicos, con los militares al frente, se han opuesto a la candidatura de Erdogan, de quien temen que tenga una agenda islamista oculta, cuya parte visible sería el velo que se pone su esposa. Es comprensible. La posibilidad de que Erdogan tenga una agenda oculta no hay que descartarla, pero tampoco debería ignorarse la posibilidad de que Erdogan haya renunciado a causa de un nuevo tipo de golpe velado de los militares, que desde 1960 ya han protagonizado tres pronunciamientos tradicionales y uno posmoderno, el que le costó el poder a Erbakan, un islamista radical.

La situación resulta chocante porque si la oposición laica a los islamistas debería acercar más a los turcos a Europa, la realidad dice que Turquía, cansada de las medias tintas europeas, se está alejando. Cuando Europa aprobó la apertura de negociaciones con Turquía hace poco más de dos años, el 77% de los turcos era favorable a entrar en la comunidad. Ahora, cuando la oposición de alemanes y franceses se explica por factores culturales y religiosos, sólo el 30% es partidario del ingreso. Y quienes ganan son los ultranacionalistas y militares.

El presidente puede disolver el Parlamento y vetar una ley o el nombramiento de un juez. Quienes desconfían de Erdogan y de Gül, su segundo y ahora candidato a la presidencia, dicen que es por eso que se oponen a que el presidente sea islamista, ya que no vetaría iniciativas fundamentalistas. No hay que descartarlo. Pero si alguna vez debe haber un entendimiento con Turquía también habrá que entenderse con el islamismo moderado. Hay una expresión inglesa, self-fulfilling prophecy, que se refiere a alguien que hace una profecía y, acto seguido, dedica todas sus fuerzas para que se cumpla. Es el caso de los neoconservadores, que anunciaron el choque de civilizaciones y después invadieron Iraq. Europa dice que no hay que fiarse y después, al regatear, no ayuda a que no caiga sobre Turquía un tupido velo.




Erdoğan intenta llamar al orden a los militares, ante un enorme retrato de Atatürk. Para muchos comentaristas, el daño ya está hecho













The military intervenes: Will the West lose Turkey?



Ihsan Dagı
“Zaman”, 30.04.2007


i.dagi@todayszaman.com


The memorandum issued by the Turkish military seems to be motivated more by their objection to Turkey’s current place in the West and the direction of Westernization along the EU accession process than by their concerns with secularism. If this attempt succeeds, the West will lose Turkey. The military has not hidden its concerns with the EU accession preparations with regard to political reforms. The Turkish military’s deep disturbance with the West was displayed as recently as the April 12 press conference of Chief of General Staff Gen. Büyükanıt. In this press conference Buyukanit stated that the military “knows who makes Barzani talk against Turkey,” implying that the United States was behind Barzani. In the same press conference, believing that “creating minorities” is part of the EU acquis, Gen. Büyükanıt declared, “This [adapting the EU acquis] will divide Turkey into pieces.”

The view that the AK Party government has given too many concessions to the West and the EU in particular seems to have strong advocates in the military. Introducing revolutionary political reforms, supporting a solution to the Cyprus question along the Annan plan and encouraging foreign capital and privatization all have been regarded as selling out Turkey by nationalist forces whose concerns seem to be shared by the military. The latest intervention then expects to halt the process of Turkey’s integration with the world, including the EU, calculated as weakening Turkish independence and unity.

The common characteristics of those who support the military’s recent intervention are their anti-Western, anti-EU and anti-democracy views. They speak an anachronistic language of imperialism of the West plotting against the Turkish economy, territorial integrity and the “regime.” This was displayed by those who spoke at the meetings in Ankara on April 14 and Istanbul on April 29. They appear as the strongest ideological opponents of the West, of the EU and of the values and institutions of political modernity. They fear the West, Westernization and globalization. They also fear those people in Turkey who do not fear the West, Westernization and globalization.

EU representatives strongly condemned the military’s latest intervention in politics as unacceptable in a democracy that is conducting accession negotiations. The military’s memorandum will certainly be interpreted as an incidence of Turkey lacking a fully fledged democracy and rule of law, preconditions for the accession process as outlined in the negotiation framework document. The reason for this is very obvious: the Copenhagen political criteria refer to the “stability of institutions” guaranteeing democracy, human rights, rule of law and minority rights. But today we are in a situation in which the military openly threatens the civilian government and the Parliament with taking control. The Constitutional Court, which is to decide on a procedural dispute on the election of the president, is now under the shadow of the military’s obvious coercion.

After all this how can we describe this country as a properly functioning democracy with a notion of the rule of law? This event also shows that reforms undertaken with the EU perspective are fragile and reversible, and, thus, no one can claim the existence of the stability of institutions guaranteeing democratic institutions and values.

The damage has already been done. The Turkey skeptics have now been given a perfect case to disqualify Turkey as a democratic European state which can claim a place in the EU. My guess is that this was one of the objectives of the writers of the military memorandum anyway...

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sábado, abril 07, 2007

Negociaciones bajo cuerda (y 2): "No news... no news"

Fotografía de Peter Marlow - Agencia Magnum: Nicosia, 2004















Si el status de Kosovo viene siendo motivo de negociaciones más o menos discretas a lo largo de las últimas semanas, sucede algo parecido en torno a la situación en Chipre, relacionada con las negociaciones entre Ankara y Bruselas. Breve recapitulación: el pasado 8 de marzo, efectivos de la Guardia Nacional grecochipriota comenzaron a derribar algunos lienzos del muro que divide la ciudad de Nicosia. Por entonces, el presidente Tassos Papadopoulos se encontraba en la Cumbre de Jefes de Estado y gobierno en Bruselas explicó que el derribo del muro (que por otra parte se circunscribió por entonces a un sector determinado: la calle Ledra) no significaba que el paso de ciudadanos hubiera quedado libre y expedito de y hacia la zona turcochipriota, dado que para ello, deberían retirarse las fuerzas de seguridad de esa república y además, sería menester ponerse de acuerdo unos y otros para limpiar la tierra de nadie de minas y trampas explosivas que todavía siguen activas. Precisamente, esa circunstancia hace que algunos locales situados entre la zona griega y turca, hayan permanecido intactos desde hace más de treinta años: peluquerías, tiendas, negocios de todo tipo en los que muebles, adornos, posters, fotografías, todo lo que contiene un local comercial, sigan tal como estaban en el verano de 1974.

La noticia fue recibida con gran alegría en Bruselas: la Comisión Europea aplaudió la decisión unilateral del gobierno grecochipriota. El comisario europeo de Ampliación, Ollie Rehn, instó a “todas las partes a aprovechar la oportunidad creada por esta valiente decisión y por la retirada previa del puente por la comunidad turco-chipriota para tomar rápidamente los próximos pasos para reabrir el paso” en la citada calle. A continuación, la UE destinó más 100.000 euros para la financiación de cualquier obra necesaria en el paso de la calle Ledra.


Obras de demolición del muro de la calle Ledra, Nicosia, 8 de marzo, 2007














Tal como llegó, con ruido y alharacas, la noticia apenas tuvo continuidad y prácticamente desapareció de las primeras páginas de los rotativos importantes. La prensa occidental no volvió referirse al estado de las obras, las motivaciones reales del ejecutivo de Nicosia para dar ese paso, las iniciativas que se están dando para ir más allá: apenas nada, excepto lo que se podía ir pescando por internet. Y no es que dejaran de producirse noticias: cinco días más tarde, las autoridades grecochipriotas anunciaron los trabajos para abrir un nuevo paso en la denominada Línea Verde que divide la isla. Se trataba del paso Pyrgos-Limnitis, a unos 45 kilómetros al NW de Nicosia. De nuevo, las autoridades recurrieron a apostillar que ninguno de los pasos sería abierto al libre tránsito de personas hasta que las fuerzas turcochipriotas se retiraran de la zona. En esta ocasión, la portavoz fue la ministro de Asuntos Exteriores para la cuestión de Chipre, Turquía y la UE, Erato Kozakou-Marcoullis.

En conjunto, la evolución de los acontecimientos no pintaba mal. El día anterior, el embajador de Eslovaquia en Chipre, Jan Varso, reveló que estaba actuando como mediador entre griegos y turcos de la isla para la organización conjunta de eventos culturales y deportivos. Alguna iniciativa parecía festivamente propia de una pequeña comunidad social: un partido de fútbol entre equipos mixtos compuestos por líderes políticos de ambas comunidades. También se manejó la posibilidad de alguna forma de encuentro (¿barbacoa?) entre líderes políticos de ambas comunidades con sus respectivas familias. Visitas a lugares de culto y sedes de partidos políticos (también, en cierta forma, lugares de culto), conciertos o intercambios de estudiantes: todo un abanico de encuentros que deberían haberse puesto en marcha a partir del pasado 27 de marzo, y sobre los cuales no tenemos noticia. En fin, toda una panoplia de buenas intenciones que comenzaron a gotear como surgiendo de la nada, mientras los líderes políticos grecochipriotas, comenzando por el presidente Papadopoulos, juraban y perjuraban que Bruselas no les había presionado para que las pusieran en práctica. Pero en torno al retorcido proceso de negociaciones entre la UE, Chipre y Turquía, juegan mil y una consideraciones, dando lugar, cada una de ellas a otros tantos rumores. Por ejemplo, el que relaciona la repentina buena voluntad grecochipriota con la instalación en la isla de un moderno y potente sistema de control aéreo que gestionaría el tráfico en todo el Mediterráneo oriental. Y para ello, hay que estar en buenas relaciones con todos los países ribereños y superar, por supuesto, el bloqueo de los puertos y aeropuertos turcos a las naves grecochipriotas.

Pero parece que por el camino, algo se rompió. Apenas sabemos qué fue, y también por aquí se cuelan las hipótesis. Por ejemplo, el 16 de marzo, el Parlamento de Nicosia debatió la introducción del euro para el 1º de enero de 2008. La discusión duró tres horas: fue intensa. Al final, se aprobó por 36 votos a favor y 15 en contra. Pero en la calle las cosas no estaban tan claras. Una encuesta publicada a final de mes, reveló que el 51% de los grecochipriotas está en contra del euro, porque la medida incrementaría el desempleo y la inflación. Lo alarmante de la cifra era que revelaba un aumento de 10 puntos en la oposición ciudadana con respecto a 2005. Mientras tanto, y esto podría dar una pista sobre el mar de fondo en torno a la situación en la isla, la República Turca del Norte de Chipre seguiría con su lira turca. Por supuesto, la decisión de aprobar la legislación requerida para adoptar el euro se llevó a cabo sin el concurso de los 24 escaños del Parlamento chipriota destinados a la minoría turca, desiertos desde hace más de cuarenta años (no desde la crisis de 1974, sino la de 1963, anterior a la intervención turca).


Una casa abandonada y destruida por los combates de 1974, está integrada como sección del muro que separa Nicosia y se denomina "Línea Verde", en alusión a los hierbajos que han ido creciendo desde entonces en la tierra de nadie. Fotografía del blog de Michael J. Totten, noviembre 2005







No es fácil encontrar datos sobre el debate ciudadano en torno a esta cuestión. ¿Suponen muchos grecochipriotas que la introducción del euro menoscabará su economía dándole ventaja a los turcos?¿Están los turcochipriotas menos decididos a la reunificación ahora que parece inevitable la introducción del euro en el resto de la isla?¿Ya con el euro circulando por Chipre, será condición sine qua non la purga de cualquier infraestructura financiera e institucional turca continental de la RTNC, antes de la reunificación dentro de la UE?

Lo cierto es que a partir del debate sobre el euro, las cosas parecieron torcerse en Chipre. El 23 de marzo, el rotativo turco “Cumhuriyet” denunció que Grecia había enviado a Chipre “un millar de mercenarios”, a pesar de que presionaba a Turquía para que retirara sus tropas del norte de la isla. Dentro de este contexto, la misma fuente revelaba que Grecia estaba intentando incrementar sus tropas en la República de Chipre, que actualmente asciende a 6.000 soldados. Según cifras facilitadas a Europa Press por la Fuerza de la ONU para el mantenimiento de la paz en Chipre, los efectivos de la parte grecochipriota suman 20.000 efectivos. La fuente no revela si los 6.000 soldados griegos se cuentan en la cifra total o en realidad estamos hablando de 26.000 soldados (griegos más grecochipriotas). Frete a ellos, la parte turcochipriota cuenta con 35.000 efectivos (recientemente, la inflación informativa los ha hecho aumentar hasta 43.000 y sigue en alza). Por otra parte, casi nunca se comenta en la prensa occidental o griega la composición y cualificación de tales efectivos, qué proporción de los efectivos griegos o turcos continentales son simples soldados de a pie o técnicos, pilotos de combate, especialistas, instructores y militares de alta graduación.

En efecto, el debate en torno a las tropas turcas en la RTNC está en el centro de de la discusión global sobre cómo debería realizarse la reunificación, bajo qué condiciones los grecochipriotas deberían dejar de bloquear las iniciativas de Bruselas hacia la RTNC o cuándo y cómo aplicaría el gobierno turco el denominado “protocolo de Ankara” que amplía el acuerdo aduanero a todos los países de la Unión Europea, incluido Chipre. Los grecochipriotas plantean la cuestión de las tropas turcas en la RTNC siempre que pueden. El pasado 15 de marzo, la ministra Kozakou-Marcoullis declaraba, por ejemplo: “El señor (Mehmet Alí) Talat --presidente de la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre, RTNC-- está maniatado (…) La mayoría de las decisiones se toman en Ankara. La llave está, por tanto, en Ankara y, especialmente, en manos del Ejército turco” (información recogida por el enviado especial de EUROPA PRESS, Ildefonso González).

Cartel que indica Zona Prohibida. Lado turco del barrio turístico de Varoşa, Famagusta. Fotografía procednete del blog de Michael J. Totten



La prensa turca ha publicado numerosas crónicas y comentarios a la situación en Chipre. Pero en ellas prima la especulación sobre la información concreta. En todo caso, sobresale la idea de que esta vez las cosas no van mal, pero todo el proceso de negociación sobre Chipre está en stand by, pendiente del resultado de las elecciones presidenciales y parlamentarias en Turquía. Esta es una cuestión ciertamente delicada, que lleva a que el gobierno turco haya suspendido casi cualquier iniciativa pública en relación a Chipre, y que incluso ha endurecido la retórica de los dirigentes turco, comenzando por el mismo Erdoğan. Cualquier concesión cara a la UE y, sobre todo, a los grecochipriotas, supondría dar munición a la oposición e incluso generar peligrosas disensiones internas en el AKP.

Desde este punto de vista, la iniciativa de Tassos Papadopoulos tendente a abrir nuevos pasos en la Línea Verde e impulsar otras medidas de acercamiento “suaves” puede entenderse mejor como una forma de hacer palanca sobre los turcochipriotas cuando estos, precisamente ahora, no pueden jugar a responder en términos igualmente amigables. Además, es una forma de recuperar imagen frente a Bruselas y la comunidad internacional sin arriesgar nada: la dialéctica buenista puede ser inatacable y rendir buenos réditos si se sabe aplicar en el momento justo. Y en este caso, los grecochipriotas saben que hostigar con buenas palabras es mucho mejor que provocar la suspensión de las negociaciones con Turquía.

Porque, no nos engañemos, todo este asunto de la oposición al acceso de Turquía a la UE tiene mucho de teatro: a casi ningún socio comunitario le conviene que ese país termine quedándose fuera; y Chipre es uno de los que más saldrían perdiendo. Turquía dentro, sí; pero “a la carta”, como chipriotas, franceses o alemanes quieren que entre y no de otra forma. Sinn embargo, como argumenta de forma bastante lógica Ayhan Simsek en “The New Anatolian" el pasado 14 de marzo, Erdoğan está en una posición de fuerza porque tanto si sabe aprovechar a su favor el descontento popular turco hacia la UE desafiando lo que desde Ankara se plantea como medidas injustas hacia Turquía, saldrá todavía más fortalecido en los comicios que si juega el papel de líder angustiado por la falta de apoyo europeo. El colofón es sencillo de entender: si esa postura le da resultado y gana por mayor margen todavía que en 2002, Erdoğan podría caer en la tentación de imponerse más duramente en la mesa de negociaciones comunitaria. Y si es otro el partido que lo descabalga aprovechando la fuerza del nacionalismo, adoptará la misma actitud.

















Los impresionantes bloques de hoteles abandonados en la playa de Varoşa, Famagusta. Fotografía procedente del blog de Michael J. Totten

Sin embargo, no cabe duda de que Kozakou-Marcoullis tiene razón en subrayar el importante papel que juega el Ejército turco en torno a las negociaciones que afectan a Chipre. Parece cierto y resulta lógico suponer que una parte importante de los militares turcos están a favor del acceso de su país a la UE. Pero también está visto y comprobado que poseen sus propias ideas (e incluso iniciativas) en política exterior. También es cierto que no se puede considerar a los oficiales turcos como un grupo de espadones de república bananera siempre dispuestos a dar un golpe bajo cualquier excusa. La cultura política de los militares en ese país merece un post (o varios) porque en Turquía se están produciendo cambios muy importantes que también les alcanzan a ellos. En tal sentido, existen indicios de que algo se está moviendo dentro del Ejército turco. El asunto va más allá de las reformas que impuso o trata de continuar aplicando el ejecutivo, o las leyes que pueda aprobar el parlamento para controlar las fuerzas de defensa y seguridad al poder civil. Es que a estas alturas la misma oficialidad parece inmersa en un debate interno muy discreto, muy sordo, pero intenso.

Y como muestra, un botón: El pasado 2 de marzo, Andrés Mourenza dió un toque de atención
desde su blog sobre las recientes declaraciones del general Kenan Evren sobre algunos de los planes políticos que habían barajado los militares turcos tras el decisivo golpe de estado de septiembre de 1980. Evren, que tuvo un papel de máxima importancia en esa operación y posteriormente se convirtió en presidente de la república entre 1980 y 1989, desveló que los militares implicados en el golpe habían discutido la posibilidad de convertir a Turquía en un estado federal-autonómico dividido en ocho entidades: Ankara, Istanbul, Izmir, Adana, Erzurum, Diyarbakir, Eskisehir and Trabzon.

La anécdota revela que los planteamientos políticos de los militares turcos a lo largo del siglo XX, erróneos o no, llegaron a poseer bastante más calado que, por ejemplo, los ideados por los coroneles griegos o incluso la mayoría de la cúpula golpista militar española. No deja de ser significativo que el 23-F de 1981 estuviera directamente inspirado en el golpe turco de 1980. Cuestra crrer, sin embargo, que los españoles llegaran a sopesar la posibilidad de ahondar en el estado de las autonomías o incluso plantear la federalización de España. De la misma forma, los golpistas turcos de 1960 impulsaron la redacción de la Constitución de 1961, la más progresista que ha tenido Turquía hasta la fecha. Pero poco antes de la aprobación en referéndum de la nueva ley, los militares colgaron al depuesto primer ministro Adnam Menderes. Y algunos años más tarde, el golpe de 1980 dio pie a la abolición de la Constitución de 1961, siendo sustituida por la actual, de 1982, mucho más restrictiva.



La "Línea Verde" que separa Nicosia no es tan evidente como el Muro de Berlín, pero es real. Minarete de una mezquieta y banderas turca y de la RTNC desde el sector griego. Foto procedente del blog de Michael J. Totten


En cualquier caso, ¿qué buscaba Kenan Evren, ya en sus 88 años de edad, sacando a relucir el viejo proyecto federal-autonómico para Turquía? Posiblemente, lavar la cara de la institución militar, que está recibiendo fuertes ataques desde Europa desde que comenzó el proceso de negociación para el acceso de Turquía a la UE. Y más todavía desde que la cuestión chipriota se ha convertido en un escollo que ha terminado por ralentizar e incluso amenazar la continuación de las negociaciones. Así, el pasado mes de marzo, Evren regresó del pasado y comenzó a hablar en un
tono inesperadamente moderno; tanto que incluso resultaba provocativo. “Es difícil de creer que Ankara pueda controlar [eficazmente] todas las 81 provincias” –explicó. Por ello, Turquía deberá dar el paso hacia la federalización tarde o temprano. Y el país deberá aceptar el sistema tarde o temprano, añadió.

Sus declaraciones generaron una violenta tormenta política en el país, porque enseguida generaron acusaciones de separatismo dirigidas contra el antiguo golpista. Pocos días después, Evren remataba la faena aconsejando que el Partido de la Sociedad Democrática (DTP) abiertamente pro-kurdo, debería acceder al Parlamento en las próximas elecciones de noviembre, por el bien de Turquía a largo plazo. Echó un jarro de agua fría sobre las viejas aspiraciones ultras de anexionarse el Kurdistán iraquí, zona que además es rica en petróleo y actualmente cuenta con una amplia autonomía en el Irak casi desmembrado. Por si faltaba algo, Massoud Barzani (líder del Partido Democrático del Kurdistán y presidente de gobierno autónomo del Kurdistán iraquí) declaró casi al mismo tiempo que Turquía debería acostumbrarse a convivir con el vecino Kurdistán.

El polémico mapa de la Turquía federal sugerida por Evren y publicado en "The News Anatolian", marzo de 2007




En consecuencia, Evren fue tomado por chiflado –cosas de la edad-, agente contumaz de los intereses norteamericanos y, por supuesto, traidor a la patria por parte de los sectores ultras. Los fiscales a su servicio, por supuesto, estudian la posibilidad de procesarlo. Pero en todo caso, el extraordinario incidente podría forma parte de las galaxia de presiones, maniobras, dimes y diretes que giran en torno a la negociación bajo cuerda que se está llevando a cabo en estos momentos con relación a Chipre, máxime si tenemos en cuenta que el pasado 29 de marzo se reactivó el proceso de adhesión de Turquía con a la apertura de un nuevo capítulo de negociación, el número 20, “Empresa y Política industrial”. Se suele decir que “No news, good news”. En el caso del tortuoso juego que se está desarrollando en torno a las relaciones entre la Unión Europea, Turquía y Chipre, lo único que se puede decir es: "No news… no news”.

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