Gol de tacón...
6 de agosto de 2009: mientras la prensa occidental se encuentra enfrascada en el primer aniversario de la guerra ruso-georgiana, con reportajes coloristas de todo tipo (en ausencia de los nada concluyentes análisis sobre lo acontecido) el primer ministro Vladimir Putin aparece en Ankara y remata en una jornada lo que parecía el final de un largo proceso de negociación entre rusos y turcos. Los resultados de lo acordado eran, para ambas partes, netamente provechosos.
En sus declaraciones públicas, tanto Putin como Erdogan intentan tranquilizar a los occidentales (quizá más el primero que el segundo). En términos estrictamente empresariales, vienen a decir: "aquí no pasa nada, hay para todos". Pero los gestos también cuentan. De hecho, lo ocurrido el 6 de agosto posee un potente contenido simbólico.
En medios turcos, se filtra la satisfacción o se masca el desconcierto. Desde luego, las negociaciones con los rusos se han llevado en el mayor de los secretos, y no queda muy claro el alcance real de lo pactado. Pero, de entrada, no deja de ser llamativa la fecha escogida por Putin para viajar a Turquía. Y la maquinaria diplomática que terminó por llevar a ese evento se puso en marcha, precisamente, pocos días después de que se firmara el protocolo que bautizó oficialmente al proyecto Nabucco.
Por entonces, llamó la atención que salieran a la luz las diferencias entre los socios turcos y los europeos en torno al gasoducto. Por ejemplo, las discusiones sobre la cuota de gas demandada por Turquía para uso propio, que era del 15%, y que el resto de los socios consideraba inaceptable. También se supo que las repúblicas del Asia Central (Kazajstán, Turkmenistan, Uzbekistan) rehusaban comprometerse en un suministro continuado a Nabucco. Sólo Azerbaiyán aseguraba un caudal sostenido; aunque dejando claro que debería compatibilizarlo con un aumento de las exportaciones hacia Rusia, a partir de 2010.
Asimismo, resultaba significativo que mientras se fraguaba la partida de bautismo de Nabucco, Erdogan anunciara que el gobierno no tenía intención de reformar (y mucho menos, reescribir) la Constitución de 1982, utilizando como pretexto las trabas puestas por la oposición. A pesar de ese y otros bloqueos de las reformas exigidas por Bruselas para el ingreso de Turquía, el primer ministro se mantuvo desafiante, dejando claro que se contaba con ejercer presiones políticas a través de la participación en Nabucco. Y es que, en realidad, es Rusia quien provee de verdaderas cuotas estratégicas de gas (63%) y petróleo (28%) de Turquía.
Por lo tanto, la negociación del 6 de agosto, no fue sino la fase final de un tira y afloja que se prolongó durante meses. Y la verdad es que, al final, los turcos se llevaron un buen bocado: hidrocarburos a buen precio, y acuerdos para poner en marcha una alternativa energética nuclear propia; y esto último ya tan pactado que este mismo verano sólo se le dieron los retoques finales. En los años 70 del siglo pasado, la izquierda ecologista antinuclear se hubiera llevado las manos a la cabeza, pero con la desidia actual, el evento está pasando totalmente desapercibido. Sin embargo, en Bruselas y Washington el asunto debió picar, porque si los rusos contribuyen activamente a que Turquía tenga sus propias centrales nucleares, resultará más difícil (por ejemplo) presionar a Moscú a que no haga lo mismo con los iraníes.
En conclusión: en el terreno de la energía, Ankara está jugando a dos barajas y a conciencia (con ayuda de expertos italianos en el asunto, todo hay que decirlo) y se supone que intentará utilizarlas para presionar doblemente a Bruselas. Erdogan no se anda con muchos tapujos al respecto.
Pero es que todo esto no es sino un aspecto más del acercamiento ruso-turco a varios niveles. Debe recordarse que Ankara compró y sigue comprando armamento a Rusia, y buena parte de él es de tipo estratégico, como ocurrió, nada menos, con toda la nueva red de defensa antiaérea basada en los S-400. Hay más, bastante más, e incluso acuerdos para que Turquía fabrique bajo licencia componentes de los sistemas de armas rusos, que posiblemente tendrían buena aceptación en terceros países, como India o algunos latinoamericanos. Y es que al margen del abultado coste de la tecnología militar, la adquisición de armas a una determinada potencia supone también comprometerse a largo plazo con respuestos, adaptaciones y modernización, cursos de formación y reciclaje, y a veces, incluso nueva doctrina militar.
Por supuesto, la entente ruso-turca se combina con la política exterior de Ankara en el Cáucaso (y Oriente Medio) y con la política interior. A estas alturas está ya bastante claro que rusos y turcos se han puesto de acuerdo para regular el Cáucaso meridional como mejor les convenga a ambos. Recuerden la forma en que reaccionó Erdogan cuando estalló la guerra ruso-georgiana: no se alineó para nada con las declaraciones belicistas de Bruselas, y prefirió entrevistarse directamente con Putin y estudiar como estabilizar la zona.
En cualquier caso, basta mirar el mapa para darse cuenta de que el acercamiento ruso-turco deja muy fuera de juego, en el Cáucaso-Mar Negro, a georgianos y ucranianos. Además de hacer que pierdan muchos puntos en el ranking de países-grifo o conductores de redes energéticas, ambos países pueden quedar muy aislados si el Mar Negro se convierte en un lago ruso-turco, estando estos dos de acuerdo. Recuérdese que la clave del valor estratégico real del Mar Negro reside en los Estrechos y que éstos están en manos turcas. Las consecuencias de un predominio turco-ruso en esa cuenca serían de tal envergadura, que incluso podrían desactivar las tensiones en torno a Crimea y la importancia de Ucrania como potencia marítima.
Por último, política interior. En la misma Turquía, el acercamiento ruso-turco aparca cada vez más a la derecha nacionalista "laica" y también, y sobre todo, a los ultras. Recordemos que hace menos de un año, éstos últimos andaban dándole vueltas a la idea de romper con la UE e irse con los rusos. Ahora, esa carta la juega el gobierno Erdogan. La oposición se está quedando sin proyecto de política exterior propia. Esto descoloca a importantes sectores de la diplomacia "kemalista" (que tan fieles partidarios tiene en nuestro país), reducto que en los últimos tiempos estaba creando problemas al gobierno. En este sentido, resulta muy significativo el relevo al frente de Exteriores del pasado mes de mayo: Ahmet Davutoglu tomó las riendas en persona.
En cualquier país, en cualquier régimen: cuando un peso pesado del gobierno se hace con el Ministerio de Asuntos Exteriores, es que se le está dando mucha importancia a la política internacional del país en cuestión. En el caso turco, la pregunta ingenua es: ¿qué se estaba cocinando en mayo? Pues ya tenemos la respuesta, o al menos un primer capítulo importante del culebrón. 
6 de agosto, 2009: Putin y Erdogan explican públicamente el alcance de lo acordado: sacándole hierro
"El Periódico"
1/9/2009 LA GEOPOLÍTICA Y LA ENERGÍA
Gol de tacón
• El pacto gasístico de Rusia y Turquía deja en potencial desventaja a los socios occidentales
Francisco Veiga
Hace ya un mes se cumplió el primer aniversario de la corta pero cruenta guerra que enfrentó a Georgia con los osetios del sur y los abjasios, apoyados por Rusia. Durante las semanas previas, algunos analistas jugaron a hacerse los agoreros, sacando a relucir el supuesto peligro de un nuevo rebrote del conflicto. Pero llegó la fecha y, como era de esperar, no sucedió nada. Era lógico que así fuera: Saakashvili es ya un político completamente quemado, que sigue en el poder para salvar la cara de los aliados norteamericanos y de la OTAN, que lo defendieron contra viento y marea con el simple objeto de no darles a los rusos el gusto de hacerlo caer. Hoy es un hombre acosado por la oposición y detestado por una buena parte de la población. El aniversario tampoco tuvo utilidad práctica a efectos informativos. Nadie aportó nuevos datos sobre las verdaderas razones que tuvo el presidente Saakashvili para lanzarse a la temeraria aventura de la guerra contra la vecina superpotencia. Por otra parte, el énfasis de la prensa en el otro protagonista de la pasada crisis tampoco se ha apartado de lo previsible. Se ha dado relevancia al reciente viaje de Putin a Abjasia, o del posible reforzamiento de las bases militares de esa potencia en las nuevas repúblicas secesionistas.
MIENTRAS TANTO, y justamente por esas mismas fechas, la historia no se detenía. El 6 de agosto, Putin visitaba Turquía para firmar quince protocolos de colaboración con el Gobierno de ese país. Pero, sobre todo, conseguía que los turcos abrieran sus aguas jurisdiccionales al gasoducto South Stream, y eso con la activa colaboración de Silvio Berlusconi, dado que la petrolera italiana ENI está también en el ajo de esa empresa gasística junto con el accionista mayoritario, Gazprom. De paso, el ruso aseguró importantes suministros de hidrocarburos a Turquía, para su propio consumo y para la exportación, todo a precios muy competitivos. Y para completar el cuadro, se pactó la ampliación del gasoducto Blue Stream, que atravesará Turquía de norte a sur.
TODO ELLO rubrica un claro acercamiento ruso-turco que, cada día que pasa, deja en potencial desventaja a los socios occidentales. Se diga lo que se quiera, los gasoductos rusos son una seria competencia para el proyecto Nabucco, estrella de las compañías occidentales, dado que nació, precisamente, para puentear a los rusos a base de gas procedente de Asia Central. La crisis del 2008 y la caída del precio de los hidrocarburos dejaron malparada la competitividad de Nabucco. A pesar de todo, este mismo verano, a finales de junio, se firmó el acuerdo para el tendido. Ahora, mucho nos hemos de temer que el viaje de Putin, apenas dos meses más tarde, haya puesto en serios aprietos al proyecto europeo, en el cual los turcos, por confesión propia, sacaban poco beneficio, excepto la capacidad de presión política.
Y es que, además, el acercamiento entre Moscú y Ankara, fundamentado en acuerdos económicos muy provechosos, deja fuera de juego a los dos díscolos peones prooccidentales de la zona: Ucrania y Georgia. De hecho, ya fue bastante sospechosa la actuación de Turquía durante el conflicto ruso-georgiano del pasado año. Por entonces, el Gobierno de Ankara actuó por su cuenta, bastante al margen del resto de los socios de la OTAN, decidido a no deteriorar sus relaciones con Moscú y a proponer planes de paz propios para el Cáucaso. La gran pregunta es ahora: ¿conocían los turcos por adelantado lo que se preparaba en Georgia? Es un interrogante pertinente si tenemos en cuenta que el acercamiento ruso-turco no solo se refiere a cuestiones energéticas. Desde hace algún tiempo, Turquía está renovando su armamento estratégico con material ruso, lo que ha llegado a provocar las protestas norteamericanas ante el temor de que los nuevos sistemas de armas sean incompatibles con los que utilizan el resto de socios de la OTAN.
EL RESULTADO de los acuerdos de este agosto del 2009 puede tildarse de éxito rutilante de la diplomacia de Moscú y Ankara. Un verdadero gol de tacón. Ahora, Bruselas deberá tratar con más cariño a los turcos, dado que se están convirtiendo nada menos que en la alternativa de suministro de gas ruso… con gas ruso. Los problemas que ha planteado Ucrania pueden ser un juego de niños si Turquía se enfurruña. De hecho, y dado que el bombeo de gas a través del South Stream comenzará en el 2015, no sería descabellado que el país anatolio formara parte de la UE para entonces, como forma de controlar mejor al socio-grifo. Y por si faltara algo, cara a la política interior el acercamiento a Rusia contribuirá a desactivar a buena parte de la oposición al Gobierno islamista turco, especialmente a la ultraderecha laica, que propugnaba romper con Europa y acercarse a Rusia. A este paso, en Bruselas ya deben estar haciéndose planes para acelerar la política exterior que vienen señalando desde hace años los alemanes, sea el Gobierno que sea: acercarse a Rusia y dejarse de intermediarios.
Etiquetas: ductos, energía, Erdoğan, gas, Nabucco, Putin, Rusia, South Stream, Turquía
Fuga de gas

Cuando quieren, se entienden. Yulia Timoshenko, la "Princesa del Gas" (y una de las grandes fortunas internacionales) y Vladimir Putin, durante las negociaciones del pasado fin de semana. Excelente retrato
publicado por "El País" y procedente de REUTERS.
Mire usted por dónde, la "guerra del gas" y la crisis de Gaza se resuelven como por ensalmo un par de días antes de la toma de posesión de Obama. Esto no parecía entenderlo la locutora barcelonesa que el pasado jueves me entrevistaba sobre el conflicto entre Moscú y Kiev, y que parecía creer que Europa, el otrora Viejo Continente, tenía todavía algún as en la manga para "exigir" políticamente a Rusia (que se perfila como deus ex machina de todas las maldades universales) la solución poco menos que fulminante del problema.
El motivo de tal energía reivindicativa tenía su origen en un seminario organizado por el CIDOB y el Ayuntamiento de Barcelona con invitados como Anatoly Chubais (¡Chubais!) o Giuliano Amato. Que a estas alturas todavía se cuente con personajes como Chubais o el "Dottor Sottile" para trazar las líneas de las relaciones UE-Rusia no es un aval demasiado convincente (por anacrónico) de toda esa generación de jóvenes leones politólogos muy empecinados en convencer al común de la población de cosas como que Ucrania es una apuesta seria y de peso, o que debemos seguir en Afganistán. A cambio, no parecen considerar la posibilidad de que Ucrania esté apostando de firme por la energía nuclear, olvidando (y haciéndonos olvidar) Chernóbil 1986. Sin mencionar para nada, claro está, que el amigo Obama vaya a pedir a Madrid tropas en orden de combate para pelear en una guerra abierta contra los talibanes, no para levantar escuelas y dispensarios médicos.
Ha vuelto a salir Obama; pero no es síntoma de que el autor de este post haya caído a su vez en al "Obamanía", sino a que la misma ministra de Defensa, Carme Chacón, se dirigió a las tropas españolas acantonadas en el lejano frente afgano, instándoles a que tuvieran fe en Obama. Como pueden ver, el presidente inminente, sin siquiera sentarse en el Despacho Oval, acaba de solucionar como por ensalmo la crisis de Gaza y la guerra del gas.
¿Seguro?
"El Periódico", 18/01/2009
Los gamberros del Este
• Las presiones sobre Rusia posiblemente beneficiarán a los instaladores de centrales nucleares
Francisco VEIGA
La nueva guerra del gas entre Ucrania y Rusia ha sido una versión corregida y ampliada de otras dos crisis similares, acaecidas en enero del 2006 y el 2008; y ello no ha sido por casualidad. El nuevo incidente ha tenido lugar precisamente pocos días antes de que el próximo presidente norteamericano, Barack Obama, jure el cargo: todo ello lo convierte en uno más de los conflictos sonda o recordatorio en este mismo periodo, tal como lo es la destrucción del gueto de Gaza. Se trata de aprovechar ese momento de claroscuro, los minutos de vacío de poder en Washington, para hostigar y lanzar un desafío que el nuevo inquilino de la Casa Blanca se verá obligado a atender en primera instancia, y al cual deberá dedicar todas sus energías justo en los momentos en los que estará más verde en el cargo. Esta situación tiene una faceta preocupante en lo que concierne a Europa, porque demuestra que una serie de países continúan depositando toda su esperanza en que el amigo americano les solucione la papeleta. Y algunos conflictos, pura y simplemente, fueron puestos en marcha durante la era de George W. Bush para erosionar la autoridad comunitaria europea.
RESULTA evidente que en la guerra del gas de enero del 2009, los protagonistas centrales han sido Ucrania y Rusia, por este orden. Los gobernantes del primer país, por su contribución, con alevosía, al desencadenamiento del conflicto por motivos políticos, buscando situarse, junto con Israel, en los primeros puestos de la agenda exterior del nuevo presidente norteamericano. A Moscú le ha venido de perlas el amago de represalia ucraniana, porque, en el caso concreto del gas, lo que buscan los rusos es marcar precios al alza en el mercado internacional del gas, en el cual ese país es la mayor potencia mundial. No es el caso del petró- leo: no existe un mercado mundial del gas unificado, y tampoco un mecanismo que lo regule, por lo cual ahí Rusia tiene mucho que decir. Y ahora le conviene trabajar en esa dirección, dada la caída del precio del petróleo, que los grandes especuladores internacionales estuvieron hinchando entre la crisis de las subprime (agosto de 2007) y el crash del pasado septiembre. Este es el quid de la cuestión.
PARA LA UE es una situación delicada, y nada coyuntural; por eso son temerarias las llamadas al desplante o el desafío contra los rusos, como si estuviéramos en 1909. Las únicas armas que deben utilizarse, con la contundencia que sea, son las financieras y las económicas. En ese contexto, tratar el asunto como una continuación de la guerra de Georgia del pasado verano resulta muy perjudicial para los europeos. Pero más aún lo es jalear a esos países definidos por algunos como rogue Eastates (granujas o gamberros del Este) en alusión a los rogue states, término acuñado durante la era de Ronald Reagan, traducible como estados granujas. Se denominaba así a todos aquellos países de régimen autoritario, con una desafiante actitud antinorteamericana y dispuestos a poses duras y/o melodramáticas en política internacional: armas nucleares, provocaciones, propaganda agresiva y manipulación de sus primos mayores o potencias favorables. Si cambiamos totalitarismo por populismo (lo que muchos norteamericanos aceptarían para la Venezuela chavista), se puede ver cómo en Europa oriental y el Cáucaso han proliferado una serie de países proclives a actuar forzando a su favor los equilibrios de poder internacionales.
Aunque se pueden señalar algunos países concretos que iniciaron esta tendencia, al comienzo de las guerras de secesión yugoslavas, los orígenes de la actual generación de países del Este partidarios de jugar al límite con el apoyo de países occidentales poderosos, se puede datar en 1996, cuando Georgia, Ucrania, Moldavia y Azerbaiyán pusieron los cimientos de lo que en el 2001 sería el el GUAM, Organización para la Democracia y el Desarrollo Económico. Posteriormente, Moldavia se daría de baja y Azerbaiyán no coincidiría con la política antirrusa de Georgia y Ucrania; lo cual, junto con el activo apoyo norteamericano, serían dos marcas de origen del GUAM.
SIN EMBARGO, con el tiempo, al no recibir el esperado e incondicional amparo europeo (dado que las cruzadas contra Rusia apoyadas desde Washington no tienden a beneficiar a Bruselas), estas actitudes han sido semillero de euroescepticismo, incluso en aquellos países que se han convertido en miembros de la Unión Europea. Es importante tenerlo en cuenta para valorar si nos interesa apoyar presiones contra Rusia que posiblemente terminarán en beneficio de los instaladores de centrales nucleares: algo en lo cual tienen especial interés algunos de los denostadores pertinaces de llegar a alguna forma de concordia estable y permanente con Moscú. En cuanto a las historias sobre mafias, son pintorescas: pero a la vista de fraudes como el de Bernard Madoff y de lo que ha destapado la actual crisis financiera norteamericana, lo de los malos del Este suena ya un poco a calderilla. Etiquetas: gas, Putin, Rusia, Timoshenko, Ucrania, UE
La clave de los ductos en el Cáucaso meridional

Enero de 2006: un centinela ruso guarda un tramo del oleoducto Mozdok-Tbilisi, en su recorrido por Osetia del Norte. La explosión tuvo causas naturales. Rusos y georgianos poseen una sólida experiencia en la cogestión de los ductos regionales que, forzosamente se verá afectada durante estos meses y que repercutirá en los suministros en dirección a Europa
Tras haber repasado algunas de las opiniones y aseveraciones más comunes, es momento de ir planteando las claves reales del conflicto georgiano. Una de ellas ya la planteó el autor de este blog el pasado 14 de agosto, en un artículo publicado en "El País" y reproducido también aquí: la cuestión de los oleoductos y gasoductos. La avalancha de acusaciones, amenazas, desgarros y cortinas de humo, mantienen al margen esta cuestión, que precisamente está en el centro de lo sucedido. Pero también nos impiden saber sobre los cuidadosos cálculos y los pasos a seguir, a partir de ahora.
Tratándose de medios de transporte, los problemas relacionados con los ductos no se circunscriben a un país determinado: abarcan regiones enteras, y el foco real de la crisis puede estar bastante alejado del lugar preciso en el cual se ha manifestado de forma explosiva. Eso es precisamente lo que ha ocurrido en el reciente conflicto ruso-georgiano: en la pieza que sigue a continuación, John Roberts se centra en las consecuencias del conflicto para los ductos georgianos; pero sólo nos deja atisbar que una causa de la breve guerra pudo haber estado, precisamente, al principio y final de esas mismas tuberías.
Esto no quiere decir que no existan otras explicaciones coincidentes en el origen de la crisis oque tengan que ver con ella a simple vista, lo que ya ha sido reiteradamente reseñado por los analistas habituales en los últimos días. O que la deriva de la misma pueda llevar hacia otros problemas estructurales. Sólo se sugiere aquí que el lector no pierda de vista la verdadera batalla por la energía del siglo XXI, que se libra en la región, y que posee frentes muy diversos y que van desde el mercado de petróleo de Teherán al escudo antimisiles en Polonia. Por el momento, sugiero tomen nota de lo siguiente: un servicio de la primera empresa de radio y televisión del Reino Unido no tiene ambages en explicarnos, sin misterios, que Georgia ha quedado fuera de juego en el negocio de las rutas petroleras y gasísticas desde el Caspio. Y resulta que la British Petroleum (BP) es una de las empresas más implicadas en tales negocios por la zona.
Dado que debe buscarse otro camino para desviar el BTC y ETC en el futuro, ¿por dónde podría discurrir? Respuesta: una posibilidad es Armenia. Hasta hace poco, ese país, satélite de Rusia, era un problema. Ahora puede ser la solución; y convertido en paso clave de los ductos, puede devenir pieza clave de la nueva era de acuerdos entre Rusia, determinados países y compañías occidentales, y Turquía.
BBC Mundo.com
Miércoles, 13 de agosto de 2008 - 15:31 GMT
Ductos georgianos: futuro negro
John Roberts
Especialista en temas de seguridad energética
El conflicto de Georgia impone un reto mayor para los gobiernos y las compañías que intentan encontrar nuevas maneras de transportar el petróleo y el gas del Mar Caspio, a través del Cáucaso del Sur, hasta los mercados europeos.
Hay varias tuberías importantes que pasan a través de Georgia, algunas de ellas a tan sólo kilómetros de posiciones ocupadas por las fuerzas rusas antes que Moscú declarara el alto el fuego el pasado 12 de agosto.
Actualmente, estos ductos no parecen estar bajo amenaza por el reciente conflicto (aunque los tres han sido temporalmente cerrados, uno por las razones de seguridad y los otros dos como medida de precaución).
Lo que sí está en juego son los planes para nuevas tuberías y los proyectos para la expansión de las ya existentes.
El cuarto corredor
Las dudas más grandes se refieren al futuro del transporte de gas.
Actualmente, el gaseoducto existente de Bakú-Tiflis-Erzurum (BTE) lleva 6 mil millones metros cúbicos de gas al año a Turquía, parte es luego transportado a Grecia.
Cuando la producción en Azerbaiyán crezca, la línea debe alcanzar su capacidad completa de 20 mil millones metros cúbicos de gas al año en el 2014.
La Unión Europea también está promoviendo otras propuestas para el desarrollo de tuberías paralelas que puedan llevar hasta 30 mil millones metros cúbicos de gas al año del gas de Turkmenistan, y quizás de Kazajstán.
La UE llama la ruta a través de Azerbaijan y de Georgia su "Cuarto Corredor", el cual incluye proyectos como el gasoducto "Nabucco" que llevaría el gas hasta Austria, saliendo desde donde termina el BTE en Turquía.
¿Quién gana?
Estos proyectos benefician a los productores caspios y a los consumidores europeos porque evitan el paso por Rusia.
Los productores ganan acceso directo a los consumidores finales, mientras que Rusia compra actualmente gas de Asia central a un precio, y después lo vende a Europa a precios mucho más altos y la diferencia supera con creces el mero costo del transporte.
También beneficia a los consumidores porque nuevas líneas traen nuevos competidores en el mercado europeo, que en este momento es abastecido en un 50% por Rusia.
Cada vez mayor presión
La demostración del poderío ruso -que oficialmente estaba protegiendo a los rusos que residen en el territorio separatista en Georgia de Osetia del Sur- es un recordatorio para los productores caspios, particularmente Kazajstán, donde cerca de 30% de la población es de origen ruso.
Se puede prever ahora que la presión rusa sobre los productores caspios para utilizar las rutas rusas para sus exportaciones aumentará.
Al mismo tiempo, las compañías occidentales que intenten conseguir los fondos necesarios para proyectos importantes en el Cáucaso del Sur enfrentarán más obstáculos.
Aunque seguramente el impacto sobre las rutas existentes será más limitado.
Por ahora, parece que no hay una seria amenaza a los oleoductos que pasan por Georgia, pero el golpe a la reputación del país como lugar seguro para alojar infraestructura costosa y extensiva es potencialmente muy fuerte.
Daños y perjuicios
En conclusión, todo el sistema de ductos para gas y petróleo que ya funcionaban antes del conflicto entre Rusia y Georgia deberían reanudar sus operaciones en unos días, siempre y cuando no se rompa el alto al fuego.
El tráfico ferroviario, sin embargo, puede tardar más para recuperarse, dependiendo del daño que sufrió la infraestructura.
Pero la verdadera perjudicada fue la reputación de Georgia.
Estos últimos días han demostrado que los llamados "conflictos congelados", no son más que volcanes cubiertos de nieve.
Proteger las inversiones que ya se hicieron en este país es una cosa, pero poner más dinero para construir nuevas tuberías es otra cuestión completamente distinta.
John Roberts es el autor del libro Políticas de Ductos: la seguridad energética global en el Caspio
LOS DUCTOS DE GEORGIA
-Bakú-Tiflis-Ceyhan (BTC), con una capacidad de 1.0 millones de barriles al día. Esta línea lleva el crudo de Azerbaiján hasta el puerto mediterráneo de Ceyhan en Turquía
-Baku-Supsa, con una capacidad de 150 mil barriles al día, lleva el petróleo del Mar Negro, al puerto georgiano de Supsa
-Bakú-Tiflis-Erzurum (BTE), gasoducto que lleva 6 mil millones metros cúbicos de gas al año a Turquía desde Azerbaiján Etiquetas: BTC, gas, Georgia, oleoductos, petróleo, Rusia
NOTA: Negocios frescos entre viejos adversarios

¿Amigos para siempre? El primer ministro griego Costas Karamanlis estrecha la mano de su homólogo turco Reyep Tayyip Erdogan durante las ceremonias de inauguración del ambicioso gasoducto. La prensa española, en general, pasó de puntillas sobre el evento
Siguen, más abajo, dos breves notas de actualidad aparecidas en diversos periódicos y que no deberían pasar desapercibidas, en un momento en el cual todavía prevalece el análisis parcelado de las cuestiones geopolíticas, algo que hace varios años el autor de este blog bautizó como: "Visión de los cinco centímetros" en un artículo publicao entonces por "El País". En ese contexto, la inauguración del gasoducto greco-turco debería hacer reflexionar a los que se empeñan en presentar la cuestión chipriota como un obstáculo totalmente insuperable en el proceso de negociaciones para el acceso de Turquía a la UE. Ya no es extraño oir que, caso de que estas complejas negociaciones fallaran por culpa de los grecochipriotas, ello debería ser visto como una catástrofe difícilmente superable por la UE. Pero no sería menos extraño que Atenas montara en cólera si la actitud de los hermanos grecochipriotas le complicaran tales suculentos negocios con el viejo vecino al que no hace tanto se calificaba de enemigo histórico de Grecia.
Turquía/Grecia.- Erdogan y Karamanlis inauguran hoy el primer gasoducto entre Turquía y GreciaESTAMBUL (TURQUIA), 18 Nov. (del corresponsal de EUROPA PRESS, Ildefonso González) -
Los primeros ministros de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y Grecia, Costas Karamanlis, inaugurarán hoy el primer gasoducto entre ambos países, en un acto cargado de simbolismo ya que se celebrará en un puente sobre el río Evros, frontera natural entre Grecia y Turquía.
El gasoducto, de 285 kilómetros de longitud --de los cuales 200 pasan por Turquía--, comenzó a construirse hace dos años y en un futuro próximo, en torno a 2010, se extenderá hasta Italia. Se culminará así un ambicioso anillo energético conocido con el nombre de SEGR (South European Gas Ring).
El gasoducto suministrará unos 11.500 millones de metros cúbicos anuales, procedentes de las reservas de la zona de Asia central y los países de la región del mar del Caspio, sobre todo Azerbaiyán. Unos 8.000 millones irán a parar al mercado transalpino y el resto al helénico. Con el gasoducto entre Turquía y Grecia, y después Italia, los mercados europeos ya no dependerán tanto del gas y el petróleo rusos, según han valorado los analistas.
Asimismo, la obra de ingeniería representa un nuevo acercamiento entre Ankara y Atenas. Las relaciones entre Turquía y Grecia, dos países miembros de la OTAN, han sido cuando menos tirantes durante las últimas décadas por sus disputas territoriales en el Mar Egeo y el problema de la división de la isla de Chipre.
No obstante, los fuertes terremotos que sufrieron sus territorios en 1999 contribuyeron a un acercamiento sin precedentes entre turcos y griegos. Desde entonces, los contactos y las visitas de alto nivel se han producido periódicamente. A la inauguración del gasoducto asistirá también el presidente azerí, Ilham Aliyev.

Tendido de un gasoducto ruso desde el Caspio. La iniciativa greco-turca busca ser una alternativa europea a la red rusa. Por desgracia, los problemas derivados del conflicto turco-chipriota podrían terminar afectándola de una u otra forma
Erdogan y Caramanlis inauguran con pompa un gasoducto grecoturcoAFP - domingo, 18 de noviembre, 17.31
EVROS, Frontera grecoturca (AFP) - Los jefes de gobierno griego, Costas Caramanlis, y turco, Recep Tayyip Erdogan, inauguraron este domingo el primer gasoducto que une a sus dos países, una obra que demuestra sus buenas relaciones económicas y refuerza su primacía energética.
Ambos primeros ministros se reunieron en la región de Tracia, en un puente encima del río Evros, frontera natural entre ambos vecinos de relaciones a menudo tempestuosas. Caramanlis y Erdogan participaron luego en una ceremonia del lado turco de la frontera, en presencia del presidente azerí, Ilham Aliyev, y del secretario estadounidense de Energía, Samuel Bodman.
Operativo desde el pasado verano, el gasoducto, de una longitud de 296 km, tiene una capacidad de 11,5 mds/m3, y lleva el gas azerí desde el mar Caspio a Grecia. En 2011, el gasoducto debería llegar hasta las costas orientales europeas, lo que lo convertirá en una infraestructura estratégica para una Europa que no quiere depender exclusivamente del gas ruso.
"Turquía se está convirtiendo en una plataforma energética. Eso implica algunas responsabilidades", declaró Recep Tayyip Erdogan. El proyecto "demuestra en la práctica que somos capaces de trabajar armoniosamente para nuestro beneficio mutuo", subrayó por su lado Costas Caramanlis.
"Esta obra marca una etapa suplementaria importante en la asociación económica entre ambos países", explicó a la AFP Svetoslav Danchev, experto del Instituto griego de Investigación Industrial (IOVE).
Si bien en el plano diplomático Atenas y Ankara no han resuelto en absoluto sus diferencias -en particular sobre Chipre y en varios puntos en el mar Egeo-, su intercambio comercial y financiero no cesa de aumentar. "El porcentaje de importaciones turcas en Grecia se duplicó ampliamente entre 2000 y 2006, del 1,18% al 2,62%, y su monto es de 1.300 millones de euros. Al mismo tiempo, Grecia se convirtió en uno de los principales inversores en Turquía", resaltó un diplomático europeo especialista de la economía griega.
En materia energética, sin embargo, Atenas y Ankara no juegan en la misma categoría: Turquía es desde hace tiempo una plataforma clave para el paso de gas y petróleo, mientras que Grecia apenas está empezando a aprovechar su posición estratégica al sur de los Balcanes. "Grecia produce aproximadamente el 80% de la energía que consume, y un 65% proviene del carbón, que libera enormes cantidades de CO2. Para adaptarse a las nuevas exigencias medioambientales, que no cesan de endurecerse, el gas es menos contaminante", señaló el diplomático europeo.
Etiquetas: Chipre, energía, gas, Grecia, oleoductos, Turquia
NOTA: El grifo turco

Noticias de última hora: Ankara firma un acuerdo con Teherán para transportar gas a Europa. La noticia genera varias reflexiones. La primera y más obvia, sobre la marcha de las negociaciones entre Turquía y la UE en los próximos meses. La segunda, sobre la viabilidad o no de una intervención militar turca en el Norte de Irak. En esta segunda cuestión intervinen a su vez dos consideraciones: a) que según uno de los mapas y en la misma web del
proyecto Nabucco, éste también podría desarrollar un empalme hacia el Norte de Irak. b) que la posible evacuación de las tropas norteamericanas en Irak (o al menos, una parte sustancial de las mismas) se realizaría por el norte, es decir, a través de Turquía.
Para terminar, obsérvese que el trazado de Nabucco concluye en Austria, país ferozmente contrario al ingreso de Turquía en la UE y tradicional aliado de Croacia.
Se recomiendan también los
artículos de Andrés Mourenza sobre esta misma cuestión, publicados en su blog y agrupados en la entrada del 16 de julio, que además incorporán un interesante link hacia un análisis de Lale Sarıibrahimoğlu publicado en "Zaman".

Terra-España, 15.07.2007
Turquía e Irán firmaron un acuerdo para suministrar gas a Europa, informó hoy el ministro de Energía turco, Hilmi Güler.
'Hemos firmado una carta de intenciones con Irán para transportar gas a Turquía vía Irán, y de aquí a Europa a través de Turquía', explicó Güler, según la agencia Anadolu.
El acuerdo incluye la participación de Turquía en la explotación del campo gasístico iraní South Pars (en el Golfo Pérsico) y el transporte de gas procedente de Turkmenistán a través de suelo iraní para conectar con el gasoducto Nabucco, un proyecto multinacional europeo que pretende reducir la dependencia energética de Rusia.
Los prensa local calificó este acuerdo de 'respuesta' al pacto ruso con Bulgaria para la construcción del oleoducto 'South Stream', que transportará directamente desde Rusia gas suministrado por Kazajistán y Turkmenistán, evitando la competencia de Turquía.
Turquía desea jugar con la Unión Europea su carta de alternativa al gas ruso, tal y como proclamó hoy el ministro Güler, para quien Turquía 'se convertirá en el puente de la energía para Europa'.
Desde el pasado enero, Irán, Turquía y la compañía energética austríaca OMV habían buscado un acuerdo para conseguir suministrar 31.000 millones de metros cúbicos de gas anuales desde Irán y Asia Central al gasoducto Nabucco.
Sin embargo, EEUU se ha opuesto a este plan pues insiste en la necesidad de respetar el embargo energético a Irán a raíz de la crisis sobre el enriquecimiento de uranio por parte de Teherán.
El proyecto Nabucco prevé la construcción de 3.300 kilómetros de tuberías a partir de 2008, que comenzaría a funcionar en 2011 con la aportación a Europa de más de 25.500 metros cúbicos de gas anuales.
En el consorcio del proyecto Nabucco están presentes la compañía austríaca OMV, la húngara Mol, la búlgara Bulgargaz, la rumana Transgaz y la turca Botas.
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El contencioso armenio-turco (5): el factor francés

El obispo armenio Norvan Zakarian en la conmemoración del día del genocidio armenio, Lyon, 24 de abril de 2006. La comunidad armenia en Francia no parece ser, a la postre un factor tan importante en la política de ese país con respecto a Turquía. Al menos en relación a los problemas que puede generar la comunidad magrebí
Martes 24 de abril: se celebra el 92º aniversario del genocidio armenio. Decliné amablemente dos invitaciones para hablar del asunto en sendos programas de la televisión catalana. Voy a intentar explicar someramente el por qué de tal actitud para ir cerrando, de paso, una mini serie comenzada meses atrás sobre el contencioso turco-armenio (al menos, de momento).
Con la cuestión del genocidio armenio sucede lo mismo que con el sicoanálisis en sus primeros tiempos. Si alguien lo rechazaba por inapropiado, podía encontrarse con una apasionada respuesta de sus partidarios: algún complejo crítico o problema mental tendría el “negacionsita”, dado que no consideraba apropiada la terapia sicoanalítica. En el caso del genocidio armenio, ya saben, acaecido en 1915, la pregunta obsesiva es: ¿De qué parte está usted?¿Es revisionista o acepta que en efecto hubo un plan para aniquilar a los armenios y el gobierno turco debería pedir excusas y etcétera, etcétera? Personalmente entiendo que actualmente la cuestión no reside ahí. Cuando un fenómeno histórico acaecido hace un siglo levanta tan elevadas cotas de pasión, es que algo refleja de la realidad actual. Y en ese caso, lo interesante no es quedarse en el síntoma, sino ir a su origen.

Conmemoración del del 90º aniversario del genocidio turco en Paris, 2005. Entonces sí tenía lógica propia
¿Por qué hoy, precisamente el aniversario número 92, levanta tantas pasiones?. La pregunta no le pasa desapercibida ni a los programadores televisivos. Se ha previsto una manifestación en Madrid, al menos dos programas de la televisión catalana tocarán el tema con cierto detenimiento, son de esperar editoriales en la prensa, declaraciones apasionadas sin fin. Pero estamos hablando del 92º aniversario. No del 75º, ni del 90, ni siquiera el 95º, no digamos el siglo redondo que se celebrará en 2015. Y ya saben ustedes que en esto de las efemérides los números mágicos son el 25, el 50, quizás el 75 y desde luego el 100. Por lo tanto, ¿qué tiene de destacado este Armenia 92?
Mucho hemos de temernos que este año la conmemoración del genocidio armenio esté muy ligada a la campaña electoral de Nicolas Sarkozy, abril de 2007, a plena potencia hacia la segunda vuelta de las presidenciales francesas, el próximo 6 de mayo. De forma directa o indirecta o aprovechando a fondo las pulsiones de la izquierda socialista-nacional, la derecha francesa ha sido la principal beneficiaria (cuando no impulsora) de todo este apasionado “revivalismo”, con las consabidas presiones al gobierno turco para que reconozca la supuesta intencionalidad genocida de las autoridades otomanas, allá por el 1915 y emita las oportunas disculpas históricas. De la misma forma que desde esos mismos sectores políticos se ha impulsado el proyecto de ley para castigar las declaraciones negacionistas en Francia. Los réditos políticos que han obtenido con esta cuestión han sido lo suficientemente jugosos como para que la candidata socialista, Segolène Royal, se apuntara deprisa y corriendo, a última hora –-a comienzos de este mismo mes de abril-- a la bicoca armenia. Precisamente, estas actitudes a remolque de las iniciativas sarkozistas, siempre a salto de mata y a destiempo, son una explicación de por qué toda la campaña socialista va a varios puntos por detrás de su principal adversario. Porque aparte de demostrar falta de consistencia, en cada exabrupto anti turco, la izquierda francesa pierde votos de la banlieue inmigrante, preferiblemente magrebí. Pero en su conjunto, la manipulación política actual del genocidio armenio de 1915, como ya sabe o sospechará usted, está específicamente pensado para hostigar las negociaciones de acceso de Turquía a la Unión Europea.

Sarkozy en estado de gracia mediática. No se trata de un fotomontaje
Llegados a este punto, surge la pregunta: ¿Por qué la derecha (y ultraderecha) francesa profesa tal inquina a la candidatura turca? Se ha esgrimido la importancia del lobby armenio en ese país, dado que no se puede comparar el peso de la inmigración turca en Francia con la existente en Alemania. Aún así, con todo el melodramatismo del que son capaces, muchos franceses tienden a sobredimensionar la importancia del factor conspirativo, mencionando de pasada algunos personajes situados en los vértices del poder, que son armenios o de tal origen, mientras deslizan en algunos productos culturales de muy escasa calidad todo tipo de fantasías sobre el poder de las mafias turcas. Historias de Landrú.
La derecha nacionalista francesa tiene dos problemas con Turquía. El primero es que si este país entra en la UE, y en virtud del actual sistema de representación, el recién llegado tendrá más parlamentarios en Bruselas, por detrás de Alemania. Epoustouflant. La segunda cuestión, ya sugerida más arriba, es que el rechazo de los turcos es una forma de tirar por elevación, de forma indirecta, contra los magrebíes: por inmigrantes, porque vete a saber si algún día a marroquíes y argelinos se les ocurre decir que son europeos y piden el acceso al club. Esa inquina fue precisamente una de las causas de aquellos célebres y muy violento motines en las banlieues francesas en noviembre de 2005, el fenómeno de agitación francés más importante desde mayo del 68, no lo olvidemos. Nicolas Sarkozy dando salida a su faceta mediática más agria y utilizando la palabra “racaille” contra los jóvenes de los suburbios, preferiblemente magrebíes y gentes de piel oscura. También la política de Sarkozy, en su conjunto, como ministro de Interior. Y el uso y el abuso de la tirria antiturca (es decir, anti-magrebí) en los recientes y muy duros debates contra el referéndum por la Constitución europea en la primavera de ese mismo año.
Por si no fuera suficiente la relación entre el 92º aniversario del genocidio armenio y la campaña electoral en curso en el vecino hexágono, ahí está también el reciente conflicto entre Ankara y la compañía francesa Gaz de France en torno al proyecto del gasoducto Nabucco para transportar gas del Mar Caspio a Europa. Con un presupuesto de 4.600 millones de euros, el proyecto prevé solucionar el transporte de gas natural desde Turquía a Austria a través de Bulgaria, Rumania y Hungría, haciendo que la UE fuera menos dependiente del petróleo ruso. El grupo de gas y petróleo de Austria OMV dirige el consorcio que planea construir el gasoducto. También son socios del proyecto las compañías Bulgargaz, Transgaz de Rumania, MOL de Hungría y la empresa estatal turca Botas. Pues bien, esta última se negó a que Gaz de France se convirtiera en el sexto socio, mostrándose favorable, en cambio, a la entrada de compañías alemanas y ucranianas. El conflicto, que se ha venido arrastrando precisamente a lo largo del mes de abril, discurre todavía por tormentosos meandros, no en vano es mucho el dinero y la influencia que están en juego: hace algo más de un año, en marzo de 2006, Gaz de France se ofreció a financiar hasta un 30% del tendido de Nabucco. El pasado 10 de abril, el ministro turco de Energía, Hilmi Güler, afirmó que Gaz de France aún no había sido apartada del proyecto.

Un oleoducto en Turquía: muhco dinero, mucha importancia geoestratégica, mucho conflicto
Pero es evidente que hay mucha disputa y navajeo bajo cuerda; y tampoco es ningún secreto que la iniciativa turca está relacionada con la polémica ley francesa sobre la negación del genocidio, votada en la Asamblea Nacional el pasado 12 de octubre por 106 votos a favor y 19 en contra cuando, precisamente ese día, estaban ausentes la mayoría de los 577 diputados de la cámara. La iniciativa fue de un grupo de parlamentarios socialistas, que esperaban sacar una buena tajada electoral del asunto. Pero quien sacó magros beneficios de la maniobra fue Sarkozy, incluso superando las reticencias de un sector de su propio partido, el MUP.
Después de esa iniciativa, que levantó una gran polémica en Europa, las relaciones turco-francesas se deterioraron de forma apreciable. La primera manifestación de esa tensión fue la negativa del gobierno turco a invitar a Francia a la feria de armamento IDEF 2007 que se celebra anualmente en Ankara. Las declaraciones excluyentes fueron pronunciadas por el ministro turco de Defensa en noviembre de 2006, pero el evento se celebrará dentro de poco, en mayo. A efectos de celebraciones filoarmenias: qué oportuno. Y lo cierto es que IDF 2007 es el mayor muestrario de armamento de Europa Sudoriental y Oriente Medio. En tono a ese descalabro andan también, a la baja, los volúmenes de negocio de empresas como Carrefour y Total en Turquía. O el apartamiento de Crédit Agricole de la puja por el banco OYAK. En fin, todo este asunto amenaza con mermar el volumen de negocios entre Turquía y Francia, que había aumentado en un 15% a lo largo de 2006.

Arde la banlieue, noviembre de 2005. La inmigración magrebí se percata de que los ataques contra la candidatura turca van dirigidos, de forma indirecta pero reconocible, contra lo que ya empiezan a ser ninorías nacionales argelinas y marroquíes en Francia
Por si faltara algo, las relaciones germano-turcas van mejorando, en paralelo al enfrentamiento Ankara-Paris, y eso también está sucediendo en este mes de abril. El pasado día 15, la canciller alemana Angela Merkel anunció, junto al primer ministro turco Recep Tayyip Erdoğan, que la UE podría de aquí a finales de junio, dos nuevos capítulos en sus negociaciones de adhesión con Turquía, coincidiendo con la presidencia alemana. Eso ocurría en la inauguración de la Feria de Hannover, una vez que a finales del mes de marzo se hubiera reactivado el segundo capítulo de las negociaciones. Una situación que no augura buenos tiempos para las futuras relaciones entre el nacionalismo alemán y el francés en el seno de la baqueteada UE.
En definitiva, Paris le está viendo las orejas al lobo durante esta primavera en que, paradojas de la historia, transcurren en paralelo las presidenciales francesas y las turcas. Y de ahí que a través de los habituales canales informativos y mediáticos, se haya decidido desempolvar de nuevo, a conveniencia propia, el ya habitual instrumento de presión, manipulando las celebraciones del genocidio armenio a conveniencia propia. Es por ello, y también por el hecho de que la equiparación histórica y jurídica del genocidio armenio al Holodomor ucraniano y el Holocausto judío se esté convirtiendo en bandera de la extrema derecha europea, y la negación del genocidio turco en palanca de la derecha turca, por lo que, el autor de este post declina implicarse en una campaña que a estas alturas tiene muy poco de académico, moral o simplemente conmiserativo, a 92, precisamente 92 años vista. Si hay cuestiones históricas a discutir o aclarar en torno a las matanzas de armenios en la primavera de 1915, ya se harán en otra ocasión; pero de momento, no parece que sea imprescindible contribuir en shows mediáticos a mayor beneficio y gloria de la derecha francesa y el señor Sarkozy, aunque estén arropados de la mejor y santa intención del mundo.
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Un cuento navideño con gnomos europeos

Una de las estatuas más imponentes del Turkmenbaşı en Aşgabad, erigida sobre el Arco de la Neutralidad. Las fotografías de la capital turkmena proceden de la web de viajes del matrimonio Leon Peute-Mírjam Stark (
BamJam)
¿Qué sabe usted de Turkmenistan? No se acongoje: posiblemente posea más nociones del país que muchos periodistas. Algunos acaban de descubrir, hace tan sólo unos pocos días que estaba gobernado por un extravagante tirano: Saparmurat Niyazov, que se hacía llamar Turkmenbaşı, señor de los turkmenos. Una proporción significativa de las crónicas se dedicó a detallar las extravagancias de Niyazov: que si había prohibido el ballet, las radios en los automóviles, los dientes de oro y las clínicas regionales. Que si declaró ilegales toda una serie de enfermedades infecciosas. Y no olvidemos que ordenó rebautizar los meses del año con los nombres de sus familiares; o construir un zoológico con instalaciones para pingüinos y pistas de patinajes en el tórrido desierto de Kara Kum. A los periodistas les pirran estos detalles, porque automáticamente declaran "loco" al estadista y todo queda explicado. No hace falta buscar coherencia en la política del país en cuestión, no es necesario saber más. Era un lugar lejano y extraño gobernado por un chalado; por lo tanto, no existió nunca o no hacía falta conocer nada de él y sus habitantes. Hoy mismo, día de Navidad, los periódicos españoles le dedican un breve espacio con fotografía al sepelio del “déspota”.
El
Ruhnama o libro de pensamientos, ideas y consejos morales del Turkmenbaşı. La imagen corresponde a una reproducción en cemento de la obra, convertida en monumento y expuesta en la vía pública en la capital (foto procedente del blog de BamJam). A la muerte del estadista estaba a punto de publicarse el volúmen II, confeccionado con las cartas de los turkmenos.
Turkmenistan es un país construido en torno a un desierto, el de Kara Kum. "Construir" es un verbo que le cuadra. En los años veinte, Moscú reorganizó a propia conveniencia las que deberán ser nuevas repúblicas socialistas federativas soviéticas en Asia Central. Lo importante era evitar cualquier proyecto autóctono de reagrupamiento. En 1921 fue creada la región autónoma de Turkmen y al año siguiente la de Kirguizia. Y en 1924 dejaron de existir Jiva y Bujara como estados nacionales herederos de los antiguos janatos. Ese mismo año, en octubre, el Comité Ejecutivo Central de la URSS votó por la fundación de las repúblicas socialistas de Turkmenistan y Uzbekistan. Desde 1991 esas repúblicas han devenido independientes, algunas de ellas bajo regímenes políticos peculiares, legitimando su existencia en teorías históricas notablemente forzadas y sobre todo, a partir de notables recursos naturales. En el caso de Turkmenistan es el gas. Algunos periodistas han confundido las exageraciones de Niyazov con la importancia real de los yacimientos. Claro que la república no tiene unas reservas de 12 billones de metros cúbicos, como trompeteaba triunfalmente el Turkmenbası; pero las actualmente existentes de 2,86 billones de metros cúbicos, ya la definen como el undécimo productor mundial de gas. Hoy la prensa española afima, con amplia posibilidad de error, que es el quinto, lo cual situaría a esa república a la altura de Rusia, Irán, Qatar, Arabia Saudí, Estados Unidos o Argelia; pero en cualquier caso, no son cifras en absoluto desdeñables. Y por si fuera poco, Turkmenistan posee otros recursos naturales nada despreciables: petróleo, oro, platino y uranio.

Esos datos ya son suficientes para entender la importancia real del país centroasiático y la política exterior rigurosamente neutralista seguida por Niyazov, ésta si, completamente coherente. La república procuraba tener buenas relaciones con sus vecinos peligrosos, especialmente con Irán. Con Rusia, las cosas eran todavía más difíciles, pero en líneas generales el dictador tendía a evitar las tensiones. Y sin embargo, el sueño del régimen perjudicaba potencialmente a iraníes y rusos, por cuanto consistía en tender un gaseoducto que a través de Afganistán llegara a Pakistán y al Índico (o la India, posible gran cliente futuro de Turkmenistan). Para hacer realidad el proyecto, Niyazov mantuvo cordiales relaciones con los talibanes; y también con las fuerzas de la Alianza del Norte. Más adelante, tras la invasión de 2001, la cordialidad se trasladó a los norteamericanos. Pero Turkmenistán no se llegó a embarcar en alianzas estrechas con Washington. En la guerra contra el terrorismo, Niyazov tampoco se comprometió; apenas hizo concesiones: permiso de sobrevuelo con fines básicamente humanitarios, pero nada de bases militares. Washington se temió que el país terminara sirviendo de refugio a los talibanes, pero los turkmenos cumplieron bien.

Fotografía de Saparmurat Niyazov. Para leer su biografía oficial pinchar aquí.
En la actualidad, el soñado proyecto del gaseoducto transafgano parece que va para largo. Los combates se recrudecen en la zona, los talibanes están recuperando su perdida fuerza, la OTAN no sabe cómo salir del atolladero y no se cumplen las mínimas condiciones de paz y estabilidad para tender un gaseoducto hacia Pakistan. Y justamente ahora, cuando proliferan misteriosamente las guerras civiles potenciales o reales en países árabes como Irak, Líbano y territorios palestinos (vaya coincidencia), cuando prosperan las sanciones de la ONU y de los norteamericanos contra Irán, siendo éste activamente apoyado por los rusos, fallece de un ataque al corazón (qué casualidad) el tirano Saparmurat Niyazov, conocido como Turkmenbaşı. Sobre todo, los rusos fueron quienes dieron la voz de alarma. Académicos, expertos, políticos y diplomáticos se han lanzado a opinar sobre un país que conocen bien. Unos cuantos de entre ellos pronostican tensiones e incluso crisis internas entre los diversos clanes por el control del poder. Fueron precisamente los rusos quienes han explicado que la sucesión en torno al viceprimer ministro y ministro de Sanidad, Gurbanguly Berdymuhammedow, se debe a que es hijo natural del desaparecido dictador.
Y es que Turkmenistán está en el centro de un juego de fuerzas de difícil equilibrio. De un lado vende gas a Rusia, que a su vez es máximo exportador mundial. Esto es así, porque el enorme país eslavo oferta tal cantidad de gas que al final siempre se queda corto en las previsiones para el consumo interno, y las ventas turkmenas ayudan a paliar esa carencia a un precio razonable. Pero Rusia es la parte fuerte y el ajuste de los precios no suele ser favorable a Turkmenistan. A partir de 1999 las cosas se complicaron con el descubrimiento del yacimiento de gas Şah-Deniz en el Caspio, cuya explotación puso en conflicto a Azerbayan con Turkmenistan, y no sólo por la cuestión del reparto del mar y sus explotaciones, sino también en lo referente de las ventas a Turquía, cuya demanda de gas está creciendo de forma apreciable: en 2010 se calcula que necesitará 55,2 billones de metros cúbicos, cifra que en 2020 ascenderá a 87,2. Durante un tiempo se consideró la posibilidad de tender un gaseoducto a través de Irán, otro cliente y vecino peligroso de Turkmenistan. Pero no resultaba convincente entregar a los iraníes el control de una salida tan importante como esa; durante el último año, las presiones de los países europeos y los Estados Unidos, que han catalizado en un paquete de sanciones votadas en la ONU, la posibilidad de contar con Irán como socio comercial se han vuelto demasiado problemáticas. Y tal como se ha dicho, la salida hacia la India está completamente cerrada a través Afganistán. Y los vecinos Uzbekistan y Kazajstan tienen su propio gas.

Por lo tanto, Turkmenistan resulta ser un país estratégicamente aislado, y no queda tan claro si esa circunstancia fue la base para la política de Niyazov o resultó más bien al revés. Casi cabe decir que a pesar de la cautelosa política exterior del difunto tirano el país había quedado rodeado por una cadena de coyunturas internacionales insalvables. Eso ayuda a entender que Ucrania se hubiera convertido en uno de los clientes más importantes del gas turkmeno, lo cual generaba curiosos efectos colaterales. Por ejemplo, ese "balón de gas" evitaba una mayor dependencia de Kiev hacia Moscú. Además, diversos prestamistas occidentales hicieron su agosto transfiriendo divisas a Kiev para que pagara sus crecidas importaciones de gas turkmeno. Pero aún así, los ucranianos tendían a saldar sus cuentas tarde y mal. Por ello, Aşgabad necesita tender gaseoductos hacia clientes fiables, solventes y capaces de absorber su potencial exportador. Pero también son necesarios socios inversores.

Una de las mezquitas principales de Aşgabad, edificada con aportaciones turcas. Fotografía procedente de la web de BamJam
Turquía es el primer paso; y a partir de ella, Europa. En este sentido, la muerte de Niyazov puede dar lugar a escenarios fatídicos o prometedores; todas las expectativas permanecen ahora dramáticamente abiertas. En pocos meses Turkmenistan podría devenir un anulado satélite ruso-iranio. O bien resolver sus diferencias con los primos azeríes y acercarse a Turquía. Al fin y al cabo no es sólo es una cuestión comercial. Los turkmenos son turcos de origen oğuz, ancestros de los actuales turcos de Anatolia y azeríes. A este respecto, la prensa turca ha recogido con atención la participación de la importante delegación de Ankara que acudió al sepelio de Saparmurat Niyazov en Aşgabad.

Perfil de la ciudad de Aşgabad en el horizonte. Fotografía procedente de la web de BamJam
Rusos y turcos siguen con atención los acontecimientos en la capital turkmena. Europa parece ajena al asunto. Mientras Francia, Alemania, Holanda, Italia y otros países miembros de la UE han preferido negociar bilateralmente con Moscú los suministros de gas, y España los obtiene de Argelia, la "vía turca" hacia el gas y el petróleo de Asia Central se antoja algo remoto. Cuando aún resuenan los pueriles suspiros de aquellos que consideran que los últimos obstáculos inventados para ralentizar la candidatura turca a la UE alejan las fronteras europeas de los países árabes de Oriente Próximo y sus conflictos, en realidad las apartan de las riberas del Caspio y de las fuentes de energía que podrían hacer del viejo continente el gigante del siglo XXI. El mismo periódico que hace pocos días apenas podía disimular su satisfación por el hecho de que Turquía haya sido “castigada”, se lleva ahora las manos a la cabeza ante el hecho de que Europa será cada vez más dependiente de la energía rusa, sin acertar a ver la importancia de la jugada turca que estamos tirando por el fregadero a cambio de nada. Por desgracia parece que seguiremos viviendo como enanitos bajo las setas de las leyendas franco-centroeuropeas. Slitzweitz!
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