¿Por qué Kosovo? (y 2)

Putin y Bush se echan un pulso estrujando de paso a serbios y albaneses. Una ajustada visión de la realidad realizada por el conocido caricaturista serbio Corax, que publica habitualmente en la revista belgradense "
Vreme"
Entrevista concedida al Canal 9 de Valencia, a media tarde de ayer, 10 de diciembre. La periodista ofrece como gran primicia informativa a comentar el hecho de que la Unión Europea parece dispuesta a apadrinar la independencia de Kosovo, en sustitución de la ONU. Desilusión total cuando le respondo que la novedad tiene dos meses. De hecho, si leyera de vez en cuando este blog, se hubiera enterado de ello ya el 11 de octubre, y eso que la noticia procedía del “The New York Times”, nueve días antes. La entrevistadora tampoco entendía que la independencia de Kosovo difícilmente pudiera ser modelo cabal para ningún movimiento soberanista en la Europa occidental, tras ocho años de casi infructuosas misiones, ayudas y gestión internacionales, y eso después de haber organizado una guerra con el consiguiente resultado de muertes y destrucción de bienes e infraestructuras.
¿Cómo va a ser Kosovo el espejo del independentismo flamenco, bretón, vasco o catalán, cuando otros modelos de más enjundia y futuro –como el lituano, el esloveno, el eslovaco, incluso el croata o el montenegrino- se han quedado por el camino como juguetes rotos? Otra cosa es que el precedente que están marcando la ONU, le UE y los Estados Unidos –bendecir la secesión de una provincia previamente integrada en un estado soberano, cuyas fronteras estaban reconocidas por esas mismas entidades- pueda ser la siembra de los primeros vientos que anuncien tempestades. Pero el “modelo kosovar” es lo de menos. O en todo caso, podría ser el anuncio de la futura política de minorías en la UE: un tinglado en formato “cajas chinas” con desembocadura en el reconocimiento legal del estatus de minoría para poblaciones de inmigrantes comunitarios con un determinado número de años de residencia en el país de acogida. De momento, por ejemplo, veremos qué resultados irá obteniendo en el futuro el Partido Independiente Rumano en algunas de las numerosas alcaldías españolas en las que creen que pueden llegar a tener peso político.

El presidente grecochipriota Tasso Papadopoulos (derecha) junto al ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, durante una reciente reunión en Nicosia. Los grecochipriotas le han visto las orejas al lobo: ¿El embrollo kosovar podría traer alguna forma de reconocimiento internacional para la RTNC? No es extraño que basculen hacia Rusia, país con el que siempre han mantenido buenas relaciones y excelentes negocios
La verdad es que la prensa lleva un despiste fenomenal y esta vez no sólo la española. Y como no saben lo que deben decir, dado que no hay consignas claras sobre lo correcto y lo incorrecto, se hacen unos líos importantes. La tendencia más o menos general es ir de agoreros y barajar o sugerir lo habitual en estos casos: guerras, masacres y caos balcánico a diestro y siniestro. Como hace quince años o más, lo de siempre. Caso de que no suceda nada, hacen mutis por el foro, lo más discretamente posible, y esperan a la próxima fecha "tremenda". Otros, restos de serie de la colección de "expertos en los Balcanes" que brotaron como champiñones en la pasada década, se limitan repetir viejos mantras y quedar bien: no queda más remedio que acceder a la independencia de Kosovo, pero hay que aprovechar para implantar allí la democracia, la justicia, y la bla, bla, bla... Como si no lleváramos ya casi dos décadas de excelentes e impecables intenciones, jaculatorias y hermosos conjuros, que ya no sirven ni para salvar la cara a los que las utilizan.
En fin, a estas alturas, los pobres periodistas ya no se enteran de dónde van a caerles las tartas. Buscando y rebuscando una solución, a TV3, la televisión autonómica catalana, se le ocurrió una muy sencilla: gastarse una pequeña fortunita y hacer un reportaje de media hora sobre... ¡Bosnia! Un producto muy Carles Bosch, su director. Ya saben, la historieta colorista de siempre: Sarajevo, Srebrenica, habla el hermano de Karadzic (ya habitual en las teles occidentales) serbios malos y brutos, animadversiones interétnicas seculares, pero bosniomusulmanes-preservan-la-diversidad: el menú completo que nunca falla desde 1992, que quince años no son nada. Y todo ello emitido el domingo día 9 y presentado Joan Salvat bajo el argumento de que "el corazón de los Balcanes vuelve a calentarse, mañana Kosovo podría declarase independiente con la oposición de Serbia y Rusia..." Todo un recital de rentabilidades a costa de exprimir a fondo el "síndrome del 93". Claro, no se mencionó Kosovo, pero da igual, porque para muchos televidentes, los Balcanes son una gigantesca albóndiga informe, un corral donde serbios, bosnios, croatas, albaneses y tutti quanti comen, duermen y hacen sus necesidades, todos juntos y revueltos. Y de esa manera quedan a salvo las simpatías políticamente correctas del más tibio y televisivo nacionalismo catalán hacia los "pueblos y naciones oprimidos" en general, sin dar nombres y pasando por encima de los conflictivos albaneses.
Mientras tanto, ayer por la mañana, “El País” informaba en su edición electrónica de que Chipre es el único país miembro de la UE que se opone con uñas y dientes al reconocimiento formal de la independencia kosovar. ¿Realmente existe la posibilidad de que ese proceso lleve a un reconocimiento internacional de la República Turca del Norte de Chipre? Pues claro que sí, faltaría más. ¿Por qué no? La misma lógica “aplastante” de unos se aplica a los otros: ¿Por qué negarles a los albaneses de Kosovo su independencia, si eso es lo que quieren?¿Por qué no reconocerles a turcos de Chipre su república, si eso es lo que desean? Claro que una vez más se puede tirar del doble rasero habitual, pero eso terminaría funcionando ahora a favor de Turquía, ya ven lo que son las cosas. Y más facturas políticas que deberán pagarse en los Balcanes, y más dinero a fondo perdido (parece que sobra) en el enorme agujero negro que es en realidad el pequeño territorio kosovar. Los europeos están cayendo impasiblemente en las trampas de los demás: la que supuso Kosovo para Yugoslavia, y la que fue Afganistán para la Unión Soviética.
Por lo tanto, se está formando un plancton de confusiones y agravios comparativos que vamos a ver cómo se deshace. Desde luego, lo que menos importa es el destino de los albaneses de Kosovo y cualquier alusión a sus “derechos históricos” es mera filfa, por el mero hecho de que nunca existió anteriormente una “República de Kosovo”. No hay nada que restaurar. Tendría más lógica histórica una Gran Albania que integrara a Kosovo y el tercio occidental de Macedonia, pero eso parece difícil que vaya a cumplirse ante la oposición de los albaneses de Albania, que no muestran precisamente muchas simpatías por los hermanos kosovares. Una Gran Albania con capital en Priština es lo último que desearían.

Poses de guerra fría: un par de oficiales paracaidistas rusos miran hoscamente al oficial británico que les fotografía. Slatina, aeropuerto de Kosovo, junio de 1999. Rusia fue especialmente humillada en Kosovo y una reacción de última hora consistió en enviar tropas de intervención desde Bosnia para ocupar el aeropuerto de Kosovo adelantándose a la llegada de las fuerzas de la OTAN.
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En realidad, los que están jugando ahí su partida propia son Rusia y los Estados Unidos; quién pagará los platos rotos, como suele ser norma, es la Unión Europea. Moscú, lógicamente, desea retomar el papel que tuvo en los Balcanes desde el siglo XVIII. Durante la fase final de la presidencia de Yeltsin, un periodo de máxima decadencia, se vio apartada por la intervención de la OTAN y la presión norteamericana. Pero era mucha ingenuidad por parte de los occidentales suponer que las cosas seguirían siempre así. Y hoy, al final de esta historia de la independencia anunciada de la microrrepública, la gran pregunta del millón: ¿A quién le comprarán los albaneses de Kosovo el petróleo, el gas, la electricidad, todo el paquete energético, en suma? Pues lo más lógico es que de una forma u otra importen de Rusia, el proveedor más cercano y más económico. Además, no hay muchas más alternativas posibles, si excluimos el caro, lento y más bien decadente oleoducto AMBO, de capital norteamericano, pero que al fin y a la postre transportará crudo... ruso.
Por otra parte, muchos hombres de negocios albaneses están haciendo grandes negocios con los rusos. De hecho, algunos actúan incluso como intermediarios u hombres de paja de inversores de esa nacionalidad que están comprando terrenos por aquí y por allá, en Montenegro, en Croacia, en diversos puntos de los Balcanes. Para muestra un botón: Beghjet Pacolli, el millonario albanés que hizo suculentos negocios en Rusia y volvió a Kosovo para fundar en 2006 du propio partido: Alianza para un Nuevo Kosovo (Aleanca Kosova e Re, AKR) partido que quedó tercero en las recientes elecciones, con un 10% de los votos, a pesar de la insistente campaña de denuncia que se le organizó en su país. Por lo tanto, si unos han de acostumbrarse a la idea de un Kosovo independiente, les guste o no, los otros tendrán que resignarse al retorno de Rusia a la zona, así están las cosas. La superpotencia eslava será el principal suministrador de energía de la zona, un referente para las inversiones en Kosovo, destino de negocios para los albaneses y, debido a todo ello, terminará por tener la sartén por el mango en una serie de cuestiones.

Behgjet Pacolli posa con Boris Yeltsin tras llegar a un acuerdo comercial, en 1996. La fotografía forma parte de la campaña que sus adversarios políticos organizaron contra él durante las recientes elecciones generales en Kosovo
Visto desde el prisma norteamericano en 1999, el conflicto de Kosovo fue un intento por demostrar que el “Nuevo Orden” anunciado por George Bush padre a comienzos de los años noventa, había triunfado a finales de la década, aunque fuera a golpes de fuerza bruta aquí y allá. De paso, se trataba de hacer olvidar otros conflictos que se estaban desarrollando por esas mismas fechas y desmentían de plano ese discurso, pero que tenían la mala fortuna de desarrollarse en regiones más pobres del planeta: Argelia, Congo, Sierra Leona, Colombia. La guerra de Kosovo supuso, por parte de la OTAN, un despliegue militar descomunal cuyo fin real no era exactamente solucionar un conflicto en una pequeña provincia balcánica del tamaño del principado de Asturias, sino ofrecer la imagen de que el Nuevo Orden era lo que un grupo de grandes potencias decidirían que fuera. A éste respecto, cuando la prensa occidental ofrecía espantosas descripciones de las matanzas argelinas, con todo lujo de detalles sobre tripas colgando de los árboles, niños aplastados contra la pared o embarazadas destripadas; cuando las televisiones mostraban a los niños soldados de Sierra Leona o los abigarrados rebeldes liberianos con máscaras o pelucas de colores, sólo se trataba de ofrecer imágenes más o menos pintorescas o crueles que dieran una medida de cuán primitivas eran esas guerras y por lo tanto, cuán irresolubles le resultaban a la “comunidad internacional occidental”.
Dado que teóricamente resultaba imposible resolver tales conflictos, el Nuevo Orden debería ajustarse a aquellos otros susceptibles de ser zanjados por las potencias occidentales. Esto podía ofrecer un abanico más o menos amplio de opciones, pero de cualquier forma, una cosa era vender el resultado como un depurado producto mediático, a mayor gloria de las potencias intervinientes; y otra muy diferente era mover las piezas con discreción, a veces como acción colateral en el escenario principal.

Un joven albanés besa fervorosamente un poster del presidente George W. Bush. La devoción de los albaneses de Kosovo por los norteamericanos llega casi a la obsesión: hay restaurantes, calles, posters y mil denominaciones que loan a la familia Clinton al completo o al actual presidente. Sin embargo, la gran mayoría de las ayudas y subvenciones provienen de Europa.
Sin embargo, ese Nuevo Orden selectivo que intentaban imponer las grandes potencias occidentales, no sólo no coincidía con el que deseaban las nuevas potencias emergentes, como Rusia, China o India, sino que ni siquiera respondía a los grandes desafíos de la globalización. Al fin y al cabo, ésta era heredera directa de la Guerra Fría –el primer gran conflicto global de la historia- y de la misma forma que durante esos cuarenta años cualquier conflicto en cualquier punto del planeta era susceptible de desencadenar un guerra a gran escala o un foco de tensiones de difícil resolución, lo mismo iba a suceder a partir de 1991. Y justamente por ello, los conflictos yugoslavos se encadenaron unos con los otros durante la década de los noventa, y Kosovo –o mejor, el modus operandi de las grandes potencias en torno a esa guerra- no tardarían en llevar a Afganistán e Irak.
Así, a pesar de los grandes esfuerzos propagandísticos destinados a insistir en que Kosovo era el comienzo de una nueva era de paz y justicia internacionales basados en una tecnología militar futurista, en realidad esa guerra supuso un retorno a modelos antiguos de intervencionismo internacional. No sin razón, la campaña de Kosovo no tardó en generar numerosas protestas entre aquellos que había apoyado la intervención en Bosnia y pronto comenzó a hablarse, no sin razón, del nuevo “imperialismo humanitario”, concepto que iba a inspirar más de un libro.
Etiquetas: Chipre, intervencionismo, Kosovo, minorías nacionales, Nuevo Orden, Pacolli, PIR, RTNC, Rusia, Turquia, UE
¿Por qué Kosovo? (1)

Tormenta implacable sobre las frágiles tiendas de los refugiados albaneses procedentes de Kosovo, en Kükes, Norte de Albania, primavera de 1999. La OTAN no tomó medidas para paliar la previsible expulsión masiva de población por las fuerzas de seguridad serbias, a pesar de que se sabía que algo así iba a suceder
Siempre recordaré aquella cena en una pizzería bastante aburrida y sobria del centro de Skopje, Macedonia. Era el 24 de enero de 1999, faltaban exactamente dos meses para que comenzara la denominada guerra de Kosovo; y allí, un colega, un profesor de la Universidad de Skopje, macedonio, me comentaba lo que era ya más que un rumor insistente: si la OTAN atacaba a Yugoslavia, los serbios “arrasarían aldeas y expulsarían a miles y miles de albaneses”. En efecto, era un asunto bien sabido en los Balcanes. Poco tiempo después, la revista búlgara “Sega”, basándose en informaciones de la agencia serbia “Beta”, publicó el 11 de marzo un artículo muy documentado en el que se llamaba la atención sobre los planes serbios para llevar a cabo una limpieza étnica total, siguiendo el modelo de la practicada por los turcos en el Norte de Chipre, en 1974.
Por lo tanto, a partir del 24 de marzo, cuando comenzó la ofensiva aérea de la OTAN contra Yugoslavia (Serbia y Montenegro) las autoridades serbias cumplieron su amenaza y comenzaron a ejecutar una gigantesca campaña de expulsión de población albanesa de Kosovo. Pronto la riada adquirió proporciones bíblicas y la preocupación cundió en las cancillerías occidentales. Era evidente que peligraba la estabilidad política de los países que acogían a la creciente masa de refugiados, especialmente la de Macedonia. También parecía claro que para el régimen serbio aquello era una respuesta estratégica, una verdadera “bomba humana”, como la denominaron algunos medios. Ante la contingencia, por cierto, y aún sabiendo que iba a tener lugar, la OTAN no había preparado campos de acogida, todo se hizo sobre la marcha.
Por lo tanto, esa situación planteaba una incómoda pregunta: ¿Sabían las grandes potencias occidentales que las fuerzas de seguridad serbias iban a responder con una tal operación de represalia? La respuesta oficial fue reiteradamente negativa, pero escasamente creíble. La experiencia personal de quien escribe estas líneas era la de que, al menos en Serbia, Macedonia y Bulgaria se sabía con antelación que el régimen de Milosevic haría lo que hizo. Posteriormente, desde Alemania se argumentó que de hecho la OTAN se había adelantado a los planes serbios de ejecutar una enorme operación interétnica, y se dio a entender que eso se hubiera llevado a cabo sin el ataque previo de las OTAN. Sin embargo, la prensa europea (incluyendo la española) no tardó en publicar que ese planteamiento era, pura y simplemente, un engaño.

Una imagen emitida con frecuencia por las televisiones de todo el mundo en aquella primavera de 1999: albaneses de Kosovo expulsados masivamente por los serbios en aplicación de la estrategia de desestabilización social de los países vecinos que apoyaban de buen o mal grado la ofensiva de la OTAN
De esa forma, en 1999, la OTAN provocó una importante limpieza étnica de población albanesa con su intervención a sabiendas de que eso iba a ocurrir. Como se sabe, la inducción al delito es delito en sí misma y eso en casi todos los países del mundo. Un policía, por ejemplo, no puede provocar un robo para detener a unos potenciales delincuentes. Por ello, sin negar el carácter represivo del régimen de Milosevic, la necesidad de la “injerencia humanitaria” que presidió la intervención de la OTAN en Kosovo es bastante discutible. Máxime teniendo en cuenta que pocos meses más tarde, cuando las fuerzas occidetnales ya habían entrado en la provincia, los nacionalistas albaneses organizaron otra limpieza étnica, pero en este caso de serbios locales; y los soldados de la OTAN no intervinieron para detenerla. Todo lo más, escoltaron a las caravanas de refugiados en su huida.

Una larga caravana de refugiados serbios escapa de Kosovo en el verano de 1999, encabezada por un vehículo blindado de la OTAN
Ocho años más tarde, Kosovo está a punto de obtener la independencia, apadrinada por la UE. La operación violentará la resolución 1244, emitida por la ONU en junio de 1999, como parte de los esfuerzos pacificadores iniciales tras la rendición serbia y la entrada de las fuerzas de la OTAN en Kosovo. No deja de ser fascinante la desfachatez con la que fuentes occidentales admiten ante la prensa que juristas a sueldo de la ONU están “retorciendo” activamente la resolución 1244.
Por lo tanto, abundan las pistas que señalan que todo está repartido en el futuro de Kosovo y que sólo es cuestión de unas pocas semanas que obtenga alguna forma de soberanía, apadrinada por la Unión Europea. Lo que sigue sin estar claro es en base a qué las principales potencias occidentales han estado concediendo a los albaneses de Kosovo todo lo que han querido, al menos desde 1999. Una intervención militar con fines humanitarios, llevada a cabo por la OTAN, ha terminado por dar lugar a la independencia de la provincia de un estado soberano, ocho años más tarde ¿En base a qué se justifica exactamente ese gesto político?
Según un joven colega dado a los esquematismos bienintencionados, si los albaneses son mayoría en Kosovo y desean la soberanía, ¿cómo se les puede negar? Sin embargo, y en este caso, el problema reside en considerar quiénes son mayorías y minorías en cada momento. Por ejemplo, si antes de la ocupación de la OTAN en 1999 -con la consiguiente segregación de facto de la provincia- se hubiera llevado a cabo un referéndum en Serbia sobre la soberanía de Kosovo, hubiera dado por resultado un “no” rotundo. Está claro: dado que los serbios eran mayoría, no hubieran accedido a la segregación de una de sus provincias de entonces, cuya población albanesa era minoría en el conjunto de toda la república. Pero en la nueva situación, y con la república ya segregada de Serbia, ¿por qué no se convocó en estos últimos años otro referéndum entre la población que habita Kosovska Mitrovica y las comarcas del norte? Allí, la gran mayoría de la población es serbia y posiblemente desearían la secesión con respecto al Kosovo albanés; o al menos, algún tipo de entidad federativa, como se hizo en Bosnia con cada una de las etnias de la república.
El resultado de todo ello es que la ONU ha intentado tutelar la independencia de una provincia perteneciente a un estado soberano, violentando una resolución propia emitida con anterioridad; ante la oposición activa de, al menos un miembro del Consejo de Seguridad, parece que la Unión Europea será la encargada de llevar a cabo esa tarea. Y todo ello sin que quede claro en base a qué razón real se le ha de conceder esa independencia a la mencionada provincia. Por supuesto, tampoco existen derechos históricos a restablecer: Kosovo no fue nunca independiente con anterioridad.
Este cúmulo de imprecisiones están continuamente presentes en los análisis y afirmaciones de académicos, diplomáticos, analistas o políticos, que escriben y escriben artículos o ensayos pero no terminan de explicitar nunca en base a qué razón real o concreta los albaneses de Kosovo deben o pueden constituir una entidad soberana. El lector puede comprobarlo casi a diario. Tómese, por ejemplo, el artículo de opinión firmado por Juan Garrigues, investigador de Paz y Seguridad en FRIDE, publicado ayer mismo en “El País” y titulado: “Kosovo: la solución menos mala”. En medio de su extensa pieza de 6.700 caracteres sin espacios y 1.300 palabras, Garrigues le dedica tan sólo 421 caracteres y 84 palabras a intentar explicarnos por qué empezó todo, qué justificó el hecho de que la intervención de las potencias occidentales llevara al fenomenal problema político y jurídico de nuestros días. Así, nos dice que, “enfrentados a una creciente resistencia, las tropas serbias empezaron una ola de masacres que condujo a la decisión de la OTAN de intervenir militarmente contra Serbia en 1999 para evitar un genocidio”.
Lean bien: con la “creciente resistencia” de los albaneses de Kosovo, Garrigues debe referirse al alzamiento insurreccional protagonizado por la guerrilla del UÇK a partir de 1998 (aunque existían numerosos casos de acciones de cariz terrorista desde 1996) que dejaron fuera de juego al “gobierno clandestino” albanés del LDK, liderado por Ibrahim Rugova, quien por ciento, se hartó de explicarle a los periodistas occidentales a lo largo de 1997, que los activistas que andaban pegando tiros por Kosovo eran en realidad "provocadores de la policía serbia”. Rugova sabía mejor que nadie que la ofensiva del UÇK no sólo iba dirigida contra los serbios, sino también contra la estrategia pacifista y gradualista que él encabezaba.

2004: Nueva limpieza étnica de serbios en Kosovo, al socaire de los disturbios. El mapa procede de una
web proserbia
De hecho las acciones violentas aumentaron coincidiendo con las elecciones presidenciales clandestinas de los albaneses de Kosovo, convocadas para marzo. El lector puede encontrar varios ejemplos de tales afirmaciones si revisa la prensa de la época. Por supuesto, Garrigues tampoco hace mención de los abusos y atrocidades cometidos contra la población civil serbia y gitana por algunas unidades y miembros de la guerrilla del UÇK y eso ya desde 1998, razón por la cual está siendo juzgado por el TPIY y desde enero de este mismo año el ex primer ministro albanés del gobierno de Kosovo, Ramush Haradinaj.
A continuación, Juan Garrigues nos explica que “las tropas serbias empezaron una ola de masacres”, refiriéndose a la campaña contrainsurgente llevada a cabo por las fuerzas de seguridad serbias entre marzo y finales de octubre de 1998 en las que se produjeron varias matanzas, cada una de ellas de entre veinte y treinta albaneses, replicadas a veces por el UÇK con población civil serbia y colaboracionistas albaneses. Pero esa situación no condujo a la intervención de la OTAN, sino a la detención de los combates, a partir del 27 de octubre, y a la apertura de un proceso negociador entre serbios y albaneses, tutelado por el Grupo de Contacto, que concluyó en Rambouillet, en febrero de 1999. Y fue la más que previsible negativa de la delegación serbia a aceptar algunos aspectos del “Diktat” que se le presentaron (como el célebre Interim Agreement for Peace and Self-Government in Kosovo, especialmente en su Apéndice B, capítulo 8, páginas 75 a 80) lo que llevó a cancelar posteriores negociaciones dando luz verde al ataque de la OTAN.
Por lo tanto, la OTAN no intervino para detener una guerra que de hecho estaba en stand by, ni una limpieza étnica en marcha, dado que hasta el momento había salido de Kosovo hacia Albania un procentaje reducido de los albaneses desplazados por las operaciones militares. También hoy en día se cuentan centenares de miles de colombianos desplazados (hay quien habla de tres millones) víctimas de la guerra civil, y nadie piensa en intervenir en fuerza en ese país. Es más: por entonces, en 1999, el Ejército turco llevaba casi quince años de guerra contra el PKK en el Sudeste de Anatolia, con el resultado de centenares de miles de desplazadas (¿un millón, dos millones?) y aldeas quemadas, y al parecer, la reacción de los occidentales fue ayudar al gobierno de Ankara a capturar a Öcalan, en febrero de ese mismo año.

Guerrilleros del UÇK se pasean con trofeos: cabezas de víctimas decapitadas, en algún momento de la campaña insurgente de 1998 ó 1999. No sólo las fuerzas de seguridad serbias cometieron excesos
En realidad, Juan Garrigues nos desvela él mismo la naturaleza “preventiva” del ataque cuando afirma que la OTAN intervino “para evitar un genocidio”. Eso es: para evitar algo que no estaba sucediendo todavía. Y de hecho, no existen pruebas reales de que fuera a suceder tal cosa. En cambio, las expulsiones de albaneses en la primavera de 1999 –no acompañadas de matanzas masivas- fueron una respuesta a los ataques de las OTAN y no al revés. Es por ello, precisamente, por lo que la naturaleza preventiva de la ofensiva aérea contra Kosovo, llevada a cabo por la OTAN con exclusión de la ONU, es un antecedente real del ataque también supuestamente preventivo contra Irak, en 2003. Por entonces, Washington y Londres mintieron descaradamente; ¿lo hicieron también los protagonistas del bombardeo estratégico contra Yugoslavia, en marzo de 1999?
Pero no pretendo criticar la pieza de Garrigues, puesto que no posee una relevancia especial, ni informativa ni argumental; no es sino un ejemplo entre otros muchos sobre cómo los analistas pasan de puntillas sobre la explicación precisa de la intervención atlantista en Kosovo. Al parecer, hace pocos días, un profesor de cierta universidad madrileña explicaba a sus alumnos que los Estados Unidos apoyaban la independencia de Kosovo “para librarse de las mafias albanesas en su territorio”. No es de extrañar que realmente se haya hecho tal afirmación en un aula, porque lo cierto es que a falta de justificaciones diáfanas para explicar el por qué de la previsible independencia de Kosovo, se recurre a veces a las teorías más peregrinas.

Unidad especial del UÇK, con sus distintivos uniformes negros, desfila triunfalmente por Kosovo, en junio de 1999
Por otra parte, las justificaciones que quedan en pie son tan difíciles de admitir desde Occidente, que es mejor dejarlas de lado. Ya se ha hablado mucho sobre el hecho de que el reconocimiento, por parte de la ONU o de la UE de la independencia de una provincia perteneciente a un estado soberano constituye un precedente con consecuencias difíciles de prever, y se menciona al País Vasco, Cataluña, Córcega, Bretaña, Escocia y tutti quanti en Europa occidental. Pero esto es un fantasma más que una realidad; y para muestra, la crisis belga, que no ha esperado al "modelo kosovar" para desencadenarse. En cambio, no se habla para nada de las consecuencias más posibles y cercanas de lo que ocurra con Kosovo sobre los denominados "estados o territorios pre-estatales microperiféricos" tales como: Abjasia, Nagorno-Karabaj, República Turca del Norte de Chipre, Republika Srpska, oeste albanés de Macedonia, República del Transdniéster, Kurdistán iraquí, Sur del Líbano (¿por qué no?) o Gaza (de nuevo: ¿por qué no?).

¿Combatientes del UÇK, 1999? No: unidad de fuerzas especiales de la milicia de Hezbollah, sur del Líbano, 2006 Una estética parecida, una causa similar: forzar la creación de un pequeño estado propio con ayuda exterior
En realidad, Kosovo supone precedentes potencialmente más extravagantes todavía. Por ejemplo, la institucionalización del triunfo de la vía armada para que la UE reconozca soberanías, algo que ya ocurrió de hecho en 1991, con Eslovenia o Croacia, y que explica las simpatías o posturas complacientes que despiertan en algunos países europeos las opciones nacionalistas radicales y secesionistas presentes en el territorio de otros socios (y mejor no seguir con este escandaloso asunto). Y ya puestos, permítanme otro recuerdo: el de una señora mallorquina que acudió a una conferencia sobre el conflicto de Kosovo, celebrada en al Ateneu Barcelonés en aquel mismo año de 1999, y que dijo entender el problema desde la óptica de su isla, en relación a la creciente población alemana que había comprado ya un 14% del suelo de Mallorca. “De fuera vendrán, y de casa te sacarán”- apostilló lapidariamente. Quizás era una postura exagerada, desde luego. Pero aún así y a veinte años vista, quizá menos: ¿Surgirán en la Europa del futuro repúblicas basadas en núcleos compactos de población inmigrante?¿Serán definidos esos núcleos poblacionales como “minorías” algún día? El tiempo y el precedente kosovar lo dirán.
Pero de momento sigue en pie la pregunta: ¿Por qué una intervención militar destinada (supuestamente) a evitar una guerra interétnica en el interior de un estado soberano concluye en la independencia de la región afectada? Se supone que una vez conjurada la guerra y pacificado el territorio, liquidado el régimen de Milosevic en Belgrado y sustituido por otro netamente democrático, se hubiera podido lograr un proceso de reconciliación que garantizara la convivencia pacífica, la administración eficaz y la prosperidad material de la zona. Algo parecido al triunfo del federalismo, como ocurrió en Bosnia. En cambio, persistió el rancio estado nación, la economía de Kosovo sigue paralizada después de ocho años de administración internacional y para postres se le va a conceder la indepedencia como única "solución" a la desastrosa evolución del problema; la ONU va a violentar sus propias resoluciones y clavar un calvo más en su propio ataúd; la UE va a pagar los platos rotos de los demás y en virtud de la implicación de Rusia y los Estados Unidos en el asunto, el problema de un territorio no mayor que Asturias está cobrando un desproporcionado estatus de símbolo y precedente universal, aplicable en teoría a otras regiones del mundo más extensas, complejas e importantes. En definitiva: ¿Dónde reside la grotesca "magia" del problema kosovar?
(Continuará)
Etiquetas: estados microperiféricos, Haradinaj, Hezbollah, intervencionismo, Kosovo, Nagorno-Karabaj, ONU, OTAN, proceso de integración en la UE, RTNC, Serbia, UÇK
NOTA: dos blogs desde Chipre

Andrea, escribe desde "Chiprelandia" sobre la Isla de Afrodita y de paso muestra unos pendientes ¿adquiridos en la Isla del Cobre?
Chiprelandia y República Turca del Norte de Chipre: dos blogs, dos estilos, ambos muy interesantes. No pueden ser más diferentes entre sí: el primero es obra de Andrea, una divertida joven grecochipriota que se maneja en un casi perfecto castellano, fashion, muy desenfadada, compradora compulsiva de bolsos de diseño imposible, signo cáncer, clienta ocasional de Jacques Dessange y simpática. Esto es, al menos, lo que se trasluce de su otro blog, Habladora de perros. Pero aquí nos interesa su publicación "Chiprelandia", donde de vez en cuando nos cuenta cosas de su isla, con un estilo desenfadado, muy humano y en absoluto nacionalista. Chipre es lo que es, en muchos aspectos su realidad cotidiana es la de cualquiera de nosotros, en Barcelona, Estambul, Bucarest, o Belgrado. Eso, sí, a través del blog de Andrea se puede entender un poco mejor, por ejemplo, la relación de Chipre con Líbano, lo que de paso nos da una idea de ese mundo cosmopolita que nos puede parecer esquinado y lejano pero del que podemos aprender muchas cosas. O saber del servicio militar y la opinión que le merece el presi Papadopulos. Pero si alguien quiere hacerse unas risas, puede echarle un ojo a sus historias sobre las "salvajadas y mariconismo de los popes" (sic) que ella, ingenua, cree que no interesan a nadie. Y si por fin alguien esea concluir con algo un poco más ligero, Andrea invita a su exposición de fotos en Flickr, porque resulta que también tiene mano para la cámara (¿no era signo cáncer?)
Al otro lado, "República Turca del Norte de Chipre", de Eduardo Peñailillo Barra. Chileno, residente en el lugar que anuncia la publicación. El estilo de su blog es concienzudo, serio, en ocasiones un tanto oficial por distante, que no por filias mal entendidas. Si alguien dijo que el blog es el espejo del alma o que los blogs tienden a parecerse a sus dueños, se equivoca. En realidad, antes de emitir dictámen deberíamos comenzar por responder a la pregunta: ¿Qué hace un chileno de Conchalí en la Répública Turca del Norte de Chipre? Díganme, ¿eh? La respuesta se encuentra en otro de sus blogs. Quizás en la breve caracterización que hace de sí mismo, en un rincón, allá por donde se entra, a mano izquierda: "Diagnóstico: Hincha de equipos de fútbol segunda línea, complejo quijotesco incurable, megalomanía en grado moderado (tendiendo a disminuír), aficiones extrañas como escuchar radios del más allá; insomnio crónico, depresiones frecuentes, adicción a recibir correspondencia, a la leche sabor frutilla. Añádase el complejo de Diógenes: Recoge basura (boletos) en las calles. Y podríamos continuar. Su vida es un melodrama barato, y el mundo no lo quiso así. Escribió solito el guión". Y a continuación, no se pierdan sus fotoblogs y el otro que le dedica a Sealand.
Amigos, esto es grande: la república de los blogueros hispanos se extiende por los Balcanes, Anatolia y el Egeo, y más allá; imparable. ¿A quién le interesan ya las aventuras de Corto Maltés?
Etiquetas: Blogs, Chile, Chipre, Fotografía, popes, RTNC, Sealand
Negociaciones bajo cuerda (y 2): "No news... no news"

Fotografía de Peter Marlow - Agencia Magnum: Nicosia, 2004
Si el status de Kosovo viene siendo motivo de negociaciones más o menos discretas a lo largo de las últimas semanas, sucede algo parecido en torno a la situación en Chipre, relacionada con las negociaciones entre Ankara y Bruselas. Breve recapitulación: el pasado 8 de marzo, efectivos de la Guardia Nacional grecochipriota comenzaron a derribar algunos lienzos del muro que divide la ciudad de Nicosia. Por entonces, el presidente Tassos Papadopoulos se encontraba en la Cumbre de Jefes de Estado y gobierno en Bruselas explicó que el derribo del muro (que por otra parte se circunscribió por entonces a un sector determinado: la calle Ledra) no significaba que el paso de ciudadanos hubiera quedado libre y expedito de y hacia la zona turcochipriota, dado que para ello, deberían retirarse las fuerzas de seguridad de esa república y además, sería menester ponerse de acuerdo unos y otros para limpiar la tierra de nadie de minas y trampas explosivas que todavía siguen activas. Precisamente, esa circunstancia hace que algunos locales situados entre la zona griega y turca, hayan permanecido intactos desde hace más de treinta años: peluquerías, tiendas, negocios de todo tipo en los que muebles, adornos, posters, fotografías, todo lo que contiene un local comercial, sigan tal como estaban en el verano de 1974.
La noticia fue recibida con gran alegría en Bruselas: la Comisión Europea aplaudió la decisión unilateral del gobierno grecochipriota. El comisario europeo de Ampliación, Ollie Rehn, instó a “todas las partes a aprovechar la oportunidad creada por esta valiente decisión y por la retirada previa del puente por la comunidad turco-chipriota para tomar rápidamente los próximos pasos para reabrir el paso” en la citada calle. A continuación, la UE destinó más 100.000 euros para la financiación de cualquier obra necesaria en el paso de la calle Ledra.

Obras de demolición del muro de la calle Ledra, Nicosia, 8 de marzo, 2007
Tal como llegó, con ruido y alharacas, la noticia apenas tuvo continuidad y prácticamente desapareció de las primeras páginas de los rotativos importantes. La prensa occidental no volvió referirse al estado de las obras, las motivaciones reales del ejecutivo de Nicosia para dar ese paso, las iniciativas que se están dando para ir más allá: apenas nada, excepto lo que se podía ir pescando por internet. Y no es que dejaran de producirse noticias: cinco días más tarde, las autoridades grecochipriotas anunciaron los trabajos para abrir un nuevo paso en la denominada Línea Verde que divide la isla. Se trataba del paso Pyrgos-Limnitis, a unos 45 kilómetros al NW de Nicosia. De nuevo, las autoridades recurrieron a apostillar que ninguno de los pasos sería abierto al libre tránsito de personas hasta que las fuerzas turcochipriotas se retiraran de la zona. En esta ocasión, la portavoz fue la ministro de Asuntos Exteriores para la cuestión de Chipre, Turquía y la UE, Erato Kozakou-Marcoullis.
En conjunto, la evolución de los acontecimientos no pintaba mal. El día anterior, el embajador de Eslovaquia en Chipre, Jan Varso, reveló que estaba actuando como mediador entre griegos y turcos de la isla para la organización conjunta de eventos culturales y deportivos. Alguna iniciativa parecía festivamente propia de una pequeña comunidad social: un partido de fútbol entre equipos mixtos compuestos por líderes políticos de ambas comunidades. También se manejó la posibilidad de alguna forma de encuentro (¿barbacoa?) entre líderes políticos de ambas comunidades con sus respectivas familias. Visitas a lugares de culto y sedes de partidos políticos (también, en cierta forma, lugares de culto), conciertos o intercambios de estudiantes: todo un abanico de encuentros que deberían haberse puesto en marcha a partir del pasado 27 de marzo, y sobre los cuales no tenemos noticia. En fin, toda una panoplia de buenas intenciones que comenzaron a gotear como surgiendo de la nada, mientras los líderes políticos grecochipriotas, comenzando por el presidente Papadopoulos, juraban y perjuraban que Bruselas no les había presionado para que las pusieran en práctica. Pero en torno al retorcido proceso de negociaciones entre la UE, Chipre y Turquía, juegan mil y una consideraciones, dando lugar, cada una de ellas a otros tantos rumores. Por ejemplo, el que relaciona la repentina buena voluntad grecochipriota con la instalación en la isla de un moderno y potente sistema de control aéreo que gestionaría el tráfico en todo el Mediterráneo oriental. Y para ello, hay que estar en buenas relaciones con todos los países ribereños y superar, por supuesto, el bloqueo de los puertos y aeropuertos turcos a las naves grecochipriotas.
Pero parece que por el camino, algo se rompió. Apenas sabemos qué fue, y también por aquí se cuelan las hipótesis. Por ejemplo, el 16 de marzo, el Parlamento de Nicosia debatió la introducción del euro para el 1º de enero de 2008. La discusión duró tres horas: fue intensa. Al final, se aprobó por 36 votos a favor y 15 en contra. Pero en la calle las cosas no estaban tan claras. Una encuesta publicada a final de mes, reveló que el 51% de los grecochipriotas está en contra del euro, porque la medida incrementaría el desempleo y la inflación. Lo alarmante de la cifra era que revelaba un aumento de 10 puntos en la oposición ciudadana con respecto a 2005. Mientras tanto, y esto podría dar una pista sobre el mar de fondo en torno a la situación en la isla, la República Turca del Norte de Chipre seguiría con su lira turca. Por supuesto, la decisión de aprobar la legislación requerida para adoptar el euro se llevó a cabo sin el concurso de los 24 escaños del Parlamento chipriota destinados a la minoría turca, desiertos desde hace más de cuarenta años (no desde la crisis de 1974, sino la de 1963, anterior a la intervención turca).

Una casa abandonada y destruida por los combates de 1974, está integrada como sección del muro que separa Nicosia y se denomina "Línea Verde", en alusión a los hierbajos que han ido creciendo desde entonces en la tierra de nadie. Fotografía del
blog de Michael J. Totten, noviembre 2005
No es fácil encontrar datos sobre el debate ciudadano en torno a esta cuestión. ¿Suponen muchos grecochipriotas que la introducción del euro menoscabará su economía dándole ventaja a los turcos?¿Están los turcochipriotas menos decididos a la reunificación ahora que parece inevitable la introducción del euro en el resto de la isla?¿Ya con el euro circulando por Chipre, será condición sine qua non la purga de cualquier infraestructura financiera e institucional turca continental de la RTNC, antes de la reunificación dentro de la UE?
Lo cierto es que a partir del debate sobre el euro, las cosas parecieron torcerse en Chipre. El 23 de marzo, el rotativo turco “Cumhuriyet” denunció que Grecia había enviado a Chipre “un millar de mercenarios”, a pesar de que presionaba a Turquía para que retirara sus tropas del norte de la isla. Dentro de este contexto, la misma fuente revelaba que Grecia estaba intentando incrementar sus tropas en la República de Chipre, que actualmente asciende a 6.000 soldados. Según cifras facilitadas a Europa Press por la Fuerza de la ONU para el mantenimiento de la paz en Chipre, los efectivos de la parte grecochipriota suman 20.000 efectivos. La fuente no revela si los 6.000 soldados griegos se cuentan en la cifra total o en realidad estamos hablando de 26.000 soldados (griegos más grecochipriotas). Frete a ellos, la parte turcochipriota cuenta con 35.000 efectivos (recientemente, la inflación informativa los ha hecho aumentar hasta 43.000 y sigue en alza). Por otra parte, casi nunca se comenta en la prensa occidental o griega la composición y cualificación de tales efectivos, qué proporción de los efectivos griegos o turcos continentales son simples soldados de a pie o técnicos, pilotos de combate, especialistas, instructores y militares de alta graduación.
En efecto, el debate en torno a las tropas turcas en la RTNC está en el centro de de la discusión global sobre cómo debería realizarse la reunificación, bajo qué condiciones los grecochipriotas deberían dejar de bloquear las iniciativas de Bruselas hacia la RTNC o cuándo y cómo aplicaría el gobierno turco el denominado “protocolo de Ankara” que amplía el acuerdo aduanero a todos los países de la Unión Europea, incluido Chipre. Los grecochipriotas plantean la cuestión de las tropas turcas en la RTNC siempre que pueden. El pasado 15 de marzo, la ministra Kozakou-Marcoullis declaraba, por ejemplo: “El señor (Mehmet Alí) Talat --presidente de la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre, RTNC-- está maniatado (…) La mayoría de las decisiones se toman en Ankara. La llave está, por tanto, en Ankara y, especialmente, en manos del Ejército turco” (información recogida por el enviado especial de EUROPA PRESS, Ildefonso González).

Cartel que indica Zona Prohibida. Lado turco del barrio turístico de Varoşa, Famagusta. Fotografía procednete del blog de Michael J. Totten
La prensa turca ha publicado numerosas crónicas y comentarios a la situación en Chipre. Pero en ellas prima la especulación sobre la información concreta. En todo caso, sobresale la idea de que esta vez las cosas no van mal, pero todo el proceso de negociación sobre Chipre está en stand by, pendiente del resultado de las elecciones presidenciales y parlamentarias en Turquía. Esta es una cuestión ciertamente delicada, que lleva a que el gobierno turco haya suspendido casi cualquier iniciativa pública en relación a Chipre, y que incluso ha endurecido la retórica de los dirigentes turco, comenzando por el mismo Erdoğan. Cualquier concesión cara a la UE y, sobre todo, a los grecochipriotas, supondría dar munición a la oposición e incluso generar peligrosas disensiones internas en el AKP.
Desde este punto de vista, la iniciativa de Tassos Papadopoulos tendente a abrir nuevos pasos en la Línea Verde e impulsar otras medidas de acercamiento “suaves” puede entenderse mejor como una forma de hacer palanca sobre los turcochipriotas cuando estos, precisamente ahora, no pueden jugar a responder en términos igualmente amigables. Además, es una forma de recuperar imagen frente a Bruselas y la comunidad internacional sin arriesgar nada: la dialéctica buenista puede ser inatacable y rendir buenos réditos si se sabe aplicar en el momento justo. Y en este caso, los grecochipriotas saben que hostigar con buenas palabras es mucho mejor que provocar la suspensión de las negociaciones con Turquía.
Porque, no nos engañemos, todo este asunto de la oposición al acceso de Turquía a la UE tiene mucho de teatro: a casi ningún socio comunitario le conviene que ese país termine quedándose fuera; y Chipre es uno de los que más saldrían perdiendo. Turquía dentro, sí; pero “a la carta”, como chipriotas, franceses o alemanes quieren que entre y no de otra forma. Sinn embargo, como argumenta de forma bastante lógica Ayhan Simsek en “The New Anatolian" el pasado 14 de marzo, Erdoğan está en una posición de fuerza porque tanto si sabe aprovechar a su favor el descontento popular turco hacia la UE desafiando lo que desde Ankara se plantea como medidas injustas hacia Turquía, saldrá todavía más fortalecido en los comicios que si juega el papel de líder angustiado por la falta de apoyo europeo. El colofón es sencillo de entender: si esa postura le da resultado y gana por mayor margen todavía que en 2002, Erdoğan podría caer en la tentación de imponerse más duramente en la mesa de negociaciones comunitaria. Y si es otro el partido que lo descabalga aprovechando la fuerza del nacionalismo, adoptará la misma actitud.
Los impresionantes bloques de hoteles abandonados en la playa de Varoşa, Famagusta. Fotografía procedente del blog de Michael J. Totten
Sin embargo, no cabe duda de que Kozakou-Marcoullis tiene razón en subrayar el importante papel que juega el Ejército turco en torno a las negociaciones que afectan a Chipre. Parece cierto y resulta lógico suponer que una parte importante de los militares turcos están a favor del acceso de su país a la UE. Pero también está visto y comprobado que poseen sus propias ideas (e incluso iniciativas) en política exterior. También es cierto que no se puede considerar a los oficiales turcos como un grupo de espadones de república bananera siempre dispuestos a dar un golpe bajo cualquier excusa. La cultura política de los militares en ese país merece un post (o varios) porque en Turquía se están produciendo cambios muy importantes que también les alcanzan a ellos. En tal sentido, existen indicios de que algo se está moviendo dentro del Ejército turco. El asunto va más allá de las reformas que impuso o trata de continuar aplicando el ejecutivo, o las leyes que pueda aprobar el parlamento para controlar las fuerzas de defensa y seguridad al poder civil. Es que a estas alturas la misma oficialidad parece inmersa en un debate interno muy discreto, muy sordo, pero intenso.
Y como muestra, un botón: El pasado 2 de marzo, Andrés Mourenza dió un toque de atención desde su blog sobre las recientes declaraciones del general Kenan Evren sobre algunos de los planes políticos que habían barajado los militares turcos tras el decisivo golpe de estado de septiembre de 1980. Evren, que tuvo un papel de máxima importancia en esa operación y posteriormente se convirtió en presidente de la república entre 1980 y 1989, desveló que los militares implicados en el golpe habían discutido la posibilidad de convertir a Turquía en un estado federal-autonómico dividido en ocho entidades: Ankara, Istanbul, Izmir, Adana, Erzurum, Diyarbakir, Eskisehir and Trabzon.
La anécdota revela que los planteamientos políticos de los militares turcos a lo largo del siglo XX, erróneos o no, llegaron a poseer bastante más calado que, por ejemplo, los ideados por los coroneles griegos o incluso la mayoría de la cúpula golpista militar española. No deja de ser significativo que el 23-F de 1981 estuviera directamente inspirado en el golpe turco de 1980. Cuestra crrer, sin embargo, que los españoles llegaran a sopesar la posibilidad de ahondar en el estado de las autonomías o incluso plantear la federalización de España. De la misma forma, los golpistas turcos de 1960 impulsaron la redacción de la Constitución de 1961, la más progresista que ha tenido Turquía hasta la fecha. Pero poco antes de la aprobación en referéndum de la nueva ley, los militares colgaron al depuesto primer ministro Adnam Menderes. Y algunos años más tarde, el golpe de 1980 dio pie a la abolición de la Constitución de 1961, siendo sustituida por la actual, de 1982, mucho más restrictiva.

La "Línea Verde" que separa Nicosia no es tan evidente como el Muro de Berlín, pero es real. Minarete de una mezquieta y banderas turca y de la RTNC desde el sector griego. Foto procedente del blog de Michael J. Totten
En cualquier caso, ¿qué buscaba Kenan Evren, ya en sus 88 años de edad, sacando a relucir el viejo proyecto federal-autonómico para Turquía? Posiblemente, lavar la cara de la institución militar, que está recibiendo fuertes ataques desde Europa desde que comenzó el proceso de negociación para el acceso de Turquía a la UE. Y más todavía desde que la cuestión chipriota se ha convertido en un escollo que ha terminado por ralentizar e incluso amenazar la continuación de las negociaciones. Así, el pasado mes de marzo, Evren regresó del pasado y comenzó a hablar en un tono inesperadamente moderno; tanto que incluso resultaba provocativo. “Es difícil de creer que Ankara pueda controlar [eficazmente] todas las 81 provincias” –explicó. Por ello, Turquía deberá dar el paso hacia la federalización tarde o temprano. Y el país deberá aceptar el sistema tarde o temprano, añadió.
Sus declaraciones generaron una violenta tormenta política en el país, porque enseguida generaron acusaciones de separatismo dirigidas contra el antiguo golpista. Pocos días después, Evren remataba la faena aconsejando que el Partido de la Sociedad Democrática (DTP) abiertamente pro-kurdo, debería acceder al Parlamento en las próximas elecciones de noviembre, por el bien de Turquía a largo plazo. Echó un jarro de agua fría sobre las viejas aspiraciones ultras de anexionarse el Kurdistán iraquí, zona que además es rica en petróleo y actualmente cuenta con una amplia autonomía en el Irak casi desmembrado. Por si faltaba algo, Massoud Barzani (líder del Partido Democrático del Kurdistán y presidente de gobierno autónomo del Kurdistán iraquí) declaró casi al mismo tiempo que Turquía debería acostumbrarse a convivir con el vecino Kurdistán.

El polémico mapa de la Turquía federal sugerida por Evren y publicado en "The News Anatolian", marzo de 2007
En consecuencia, Evren fue tomado por chiflado –cosas de la edad-, agente contumaz de los intereses norteamericanos y, por supuesto, traidor a la patria por parte de los sectores ultras. Los fiscales a su servicio, por supuesto, estudian la posibilidad de procesarlo. Pero en todo caso, el extraordinario incidente podría forma parte de las galaxia de presiones, maniobras, dimes y diretes que giran en torno a la negociación bajo cuerda que se está llevando a cabo en estos momentos con relación a Chipre, máxime si tenemos en cuenta que el pasado 29 de marzo se reactivó el proceso de adhesión de Turquía con a la apertura de un nuevo capítulo de negociación, el número 20, “Empresa y Política industrial”. Se suele decir que “No news, good news”. En el caso del tortuoso juego que se está desarrollando en torno a las relaciones entre la Unión Europea, Turquía y Chipre, lo único que se puede decir es: "No news… no news”.
Etiquetas: Andrés Mourenza, Chipre, Constitución turca, Evren, Kozakou-Marcoullis, kurdos, Ollie Rehn, Papadopoulos, proceso de integración en la UE, RTNC, Talat, Turquía
Negociaciones bajo cuerda (1): guerritas de papel

Cartel de recompensa por los prófugos más buscadospor el TPIY. Ilustración que encabeza el
reportaje de Ramón Lobo en "El País", 1º.04.2007
Separata “Domingo” de “El País”, 1º de abril, 2007. Cuatro páginas más portadilla para un extenso reportaje de Ramón Lobo dedicado a Radovan Karadžić y Ratko Mladić, eternos criminales de guerras serbios de Bosnia, fugitivos del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia. En algún ordenador central del citado periódico debe de existir alguna tecla CTRL+Fx (donde x es igual a 1, 2, 3…) para que aparezcan en pantalla, listos para editarse, bloques de retórica repetida sobre Bosnia, Srebrenica, Karadžić y parafernalia similar. El reportaje de Lobo posee el abultamiento habitual, es rico en detalles coloristas, indica que anduvo por aquellas tierras a ver si había suerte y daba con los fugitivos, pero poco más. No añade gran cosa a lo que se sabe desde hace tiempo. Que Mladić, y Karadžić siguen huidos, que se han paseado impunemente por Bosnia o Belgrado, que en las cancillerías occidentales hay pocas ganas de atraparlos, que Carla Del Ponte anda desesperada, porque se va en septiembre y supone que después de ella ningún otro fiscal pondrá el mismo empeño. Pues vaya: a lo mejor ocurre justamente lo contrario, pero ella ha logrado fabricarse una imagen de eficacia que muchos periodistas consumen a pies juntillas.
¿A qué viene ahora, precisamente ahora, este reportaje tan estentóreo? Se parte de la base de que no está ahí por casualidad o porque a Ramón Lobo haya querido amortizar un reportaje pagado de su bolsillo. Es un asunto de política informativa. A continuación siguen tres hipótesis sobre los motivos del artefacto (en el sentido mecánico de su composición) periodístico:
Primera: “El País” tiene información fiable sobre la pronta captura o entrega voluntaria al TPIY de Ratko Mladić, y Radovan Karadžić. Un jugoso y tierno chivatazo. Todo puede ser. De todas formas, en los Balcanes hay que andar con cuidado con los cuentos chinos. En la primavera de 1999, en pleno bombardeo de Serbia, “Vía Digital” se dejó un potosí en el aparatoso viaje de Pepe Navarro desde Tirana a Belgrado, dando un enorme rodeo para evitar la zona operativa de la OTAN sobre el Adriático, lo que además incluyó estancia en la capital serbia durante bastantes días extras. Todo ello porque alguien les hizo creer que Slobodan Milošević quería dar una entrevista (y quizás un mensaje) a través de la citada cadena. Son cosas que ocurren en la prensa, con más frecuencia de lo que desearía saber el lector, oyente o telespectador.

El historiador Anthony Beevor contempla con aparente perplejidad la intervención de Tertsch en una conferencia
Segunda: Hace poco días, el conocido columnista (ex reportero y ex subdirector) Hermann Tertsch fue despedido sin miramientos de la redacción de “El País”. No hubo mucho secreto en los motivos: era público y notorio que actuaba como un verdadero submarino de la opinión de derechas española entre las columnas de “El País”, y que emergía en Telemadrid largando todo tipo de fuegos de artificio. Basta insertar su nombre en el buscador de noticias de Google, para comprobar que la grey de las tribus informativas de la derecha, desde la más suave a la más carca, lo recibió con los brazos abiertos: por fin salía del armario el hijo pródigo y regresaba a la familia que le correspondía. Ahora, a elegir el nicho ecológico más apropiado.
Hacía años que a Tertsch debería habérsele aplicado el finiquito en "El País"; pero primero por compadreo y más tarde, posiblemente, por una muy equivocada política de captar lectores de la derecha (como si no existiera internet al alcance del más perezoso) lo mantuvieron en plantilla años y años. Y claro, tanta impunidad innecesaria provocó la natural subida de humos: Tertsch se autocopió y perfeccionó la caricatura de sí mismo; y al final, ya fue tarde. Se le dio puerta en el peor momento, con ruido y escándalo, en pleno enfrentamiento entre PP y Prisa, y la prensa de derechas ha estado presentando a Tertsch como mártir de la libertad de expresión (aunque sólo durante un par de días, no crean; hasta que se fueron cerrando heridas entre las partes enfrentadas). En realidad, los mártires de lesa opinión éramos los miles de lectores que cada martes nos preguntábamos qué porcentaje de nuestro euro iba a pagar aquellas tomas de posición tercas, roncas, y cada vez más y más derechonas. O dicho de otra manera: en base a qué teníamos que pagar en "El País" la promoción ideológica de "La Razón".
Pues bien, la cosa (incluso divertida) es que desde hace no mucho tiempo, la opinión periodística conservadora y hasta neoliberal, está tomando partido por Serbia. ¿Resulta extraño? No tanto: es producto de la animadversión anti musulmana que tiñe cada vez más extensamente a la derecha y ultraderecha europea (aunque algunos neonazis comulgan con el islamismo radical, por antisemita); y también del respaldo a la independencia de Kosovo que están llevando a cabo las Naciones Unidas. Se argumenta que nunca antes la ONU ha concedido la independencia a un territorio que previamente pertenecía a un estado soberano y que eso puede crear precedentes muy peligrosos en Europa occidental y, por descontado, en el estado español.
Ciertamente que a Tertsch le va a costar encajar sus opiniones compulsivamente anti-serbias y anti-rusas en tal esquema. En fin, tribus hay en el campo de la derecha informativa y variadas, por ende. Nada impide que se acabe convirtiendo en un tonante Giménez Losantos de la opinión internacional hispana. Pero mientras tanto, “El País” se ha sentido obligado a marcar terreno en determinados temas, los de siempre, con o sin Tertsch. Levantar el pendón de PRISA frente al PP y sus aliados en determinados temas muy, pero que muy teñidos de pasión política local; entre ellos, Bosnia-Sarajevo-Srebrenica-Mladić. Demostrar que aún sin el “gran experto” son capaces de lidiar las viejas batallas. Tampoco es tan difícil gracias al comando CTRL+Fx, qué caramba.
Mal asunto estas guerritas de papel. Son casi inevitables, desde luego: cuántos opinatodo y periodistas pasan años tomando partido por uno u otro bando de cualquier conflicto internacional, simplemente porque coincide con sus opiniones políticas o lejanas preferencias juveniles. O porque de esa forma contradice o fastidia a mengano. Suena miserable, pero por esa vía tan habitual, algunos han alcanzado la fama y cualquier menoscabo a “su” causa es un atentado contra su señor caché. Es el caso de los “periodistas azote” sobre las que ya se escribió en este blog hace meses. A la larga, sin embargo, la muy periodística costumbre casi siempre termina causando sonrojo: recordemos las hilarantes anécdotas sobre las pullas entre aliadófilos y germanófilos durante la Gran Guerra de 1914 a 1918, todo un jalón en la historia de la prensa española.

Martti Ahtisaari en una foro reciente
Tercera hipótesis para el “Ni busca ni captura” de Ramón Lobo. Es quizá la más probable y, desde luego, la más profesional. Además se apoya en cierta tendencia, propia de muchos periódicos, a protagonizar la noticia, a montar la cruzada a un euro o la guerrita de papel. El lector avezado en los conflictos balcánicos ya debe saber que por estos días se están llevando a cabo conversaciones bajo cuerda referidas al futuro estatus de Kosovo. A pesar de que fracasó a la hora de poner de acuerdo a serbios con albaneses –como todo el mundo esperaba e incluso él mismo- el enviado de la ONU Martti Ahtisaari endosó el plan que lleva su nombre al Consejo de Seguridad, donde será debatido esta misma semana.
Inicialmente, sólo Rusia (y Serbia) estaban en contra del Plan Ahtisaari. Pero hace pocos días se supo de las reticencias de eslovacos, rumanos y griegos. En Madrid tampoco andan muy entusiasmados con la idea. Viendo venir las orejas del lobo, los ministros de Exteriores de la UE unieron sus espadas en Bremen, durante el pasado viernes, a fin de que la propuesta para la independencia tutelada de Kosovo no “fracture” a la Unión.
Y es que las cosas no están como para tirar cohetes. No porque catalanes y vascos se movilicen para negociar su independencia en parecidos términos, como teme la derecha hispana (aunque es cierto que el asunto de Kosovo cae en un momento delicado, vista la situación en Euskadi). En realidad es mucho más posible que a medio plazo la nueva iniciativa de la ONU tenga un efecto similar al de otras adoptadas anteriormente en los Balcanes: verter gasolina sobre el fuego. De momento, Macedonia baila sobre un alfiler, esperando a ver qué ocurre y qué actitud toma la minoría albanesa. Esperemos que en Transilvania no empiecen a redoblar los tambores del revisionismo magiar, ahora que Hungría y Rumania son vecinos en la UE. Y ya puestos, quién sabe si algún día no resucitará Rumelia Oriental, como patria de los turcos de Bulgaria. De momento, el precedente de Kosovo podría venirle muy bien a la República Turca del Norte de Chipre para reclamar el reconocimiento de su soberanía.

La bandera de la RTNC en una ladera del Norte de Chipre
Pero sobre todo, claro está, los serbios de Bosnia pueden ponerse farrucos y recordar que ellos no querían pertenecer a Bosnia-Hercegovina. Exactamente el mismo caso que los albaneses de Kosovo. De hecho, hace pocos días tuvo lugar una protesta en Banja Luka, capital de la Republika Srpska, y el Movimiento Popular Serbio planteó abiertamente la posibilidad de un referéndum sobre la separación de la entidad serbia del resto del actual estado bosnio. Dane Čanković, que es el presidente del citado movimiento, dijo que asistían a la tal iniciativa la Carta de la ONU, los acuerdos de Dayton y la Constitución de la Republika Srpska.
Republika Srpska por Kosovo: ahí está, posiblemente, la razón del enigmático reportaje de “El País”. Un aviso para navegantes lanzado desde Madrid (¿llegará a Banja Luka y Belgrado?): si los serbios de Bosnia se ponen burros, pondrán en problemas a Belgrado; una vez más, como durante la guerra. Y ya vieron en Pale y Banja Luka lo que ocurre cuando Belgrado ve sus intereses amenazados: no hay hermanos serbios que valgan. Si el ejemplo de los albaneses pretende ser copiado en la Republika Srpska, las potencias occidentales “recordarán” que Karadžić y Mladić, siguen huidos. No es posible que se pongan a buscarlos (por la cuenta que le trae a algunas cancillerías lo que podría salir a flote) pero sí que sacarán a relucir el asunto para cerrarle a Serbia la puerta entreabierta hacia la integración en la UE.

Convocatoria de
Vetëvendosje! para la manifestacioón del pasado sábado
Lo malo es que los albaneses también están algo burros. El pasado sábado los activistas del movimiento nacionalista radical Vetëvendosje! volvieron a organizar una manifestación por el centro de Pristina rechazando el Plan Ahtisaari y pidiendo un referéndum ya, y la independencia integral, sin tutelas, lo antes posible. Además, las garantías y libertades que se le reservan a la minoría serbia les parecen excesivas. Por lo tanto, ellos sí que están apra tirar cohetes. En la medianoche del jueves al viernes, unos desconocidos atentaron con cohetes contra el monasterio serbio de Dečane, el mayor y más antiguo de Kosovo. El lugar, que ya sufrió desperfectos durante el pogrom de 2003, está custodiado por fuerzas de la OTAN y está siendo rehabilitado. El denominado Grupo de Contacto para Kosovo, que comprende a Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia y Rusia, condenó el ataque, lo habitual. Pero de momento no se mencionó para nada la autoría del acto. Y hay que rebuscar un buen rato por internet para averiguar que el atentado del pasado 19 de febrero contra dos vehículos de la ONU en Pristina fue reivindicado por… el UÇK. Si: aún estamos así. Como si el tiempo no hubiera pasado, como hace casi diez años.
Contemplado en este contexto, uno se pregunta si el lujoso reportaje publicado en “El País” sobre Karadžić y Mladić, es simple manipulación informativa, desahogo corporativo, toma de posición-contra, o simple inducción lunática. Mientras tanto, el periódico en cuestión (y en esto no es el único, ni mucho menos) apenas informa con la boca pequeña sobre los trueques, despistes, omisiones o improvisaciones en torno a Kosovo. Posiblemente sus reporteros no están tan enterados como sobre las idas y venidas del “dúo dinámico” Karadžić-Mladić. Tampoco están muy por la labor de analizar las consecuencias del asunto kosovar en todas su implicaciones. Pero en eso tampoco van por detrás de los diplomáticos de las grandes potencias occidentales y una buena parte de los de la UE. Hay prisa por abandonar aquello a su suerte, hay ganas de alejarse de allí como sea. Lo malo es que, según parece y una vez más, va a ser peor el apresurado remedio que la enfermedad. Después de largos años de ineficacia y dejadez, la prisa se impone de nuevo. Kosovo es igual a doble rasero, pero también a prisa, a precipitación. Es el país del pan para hoy y hambre para mañana.
Espectacular panorámica de la base militar Bondsteel en Kosovo. Los norteamericanos son los máximos beneficiarios de la situación en la zona
Y mientras tanto, nadie se pregunta si Washington no se está frotando las manos ante la posibilidad de que los europeos vuelvan a meterse un gol en propia puerta. A los americanos les vendría de fábula; para Bush sería la salvación por la campana: la reactivación de un conflicto dando todas las apariencias de que no tiene salida y de que los europeos son tan inútiles como ellos; junto a ello, la constatación de que la ONU es un definitivo trasto inútil y descontrolado. Y se la vamos a ofrecer en bandeja. Además, y de paso, un traspiés en Kosovo inhabilitaría a las Naciones Unidas para erigirse en salvadoras finales de un proceso de paz en Irak sin los americanos (aunque en realidad eso no estaría dispuesto a permitirlo Washington jamás).
Y de Europa para los europeos: la independencia de Kosovo, monitarizada o no, se presenta como un mal menor, como un tránsito hacia la solución de las contradicciones balcánicas mediante el trámite de ingreso en la Unión Europea. Más tarde o más temprano, pero todos en el saco. Eso significa que el único camino es la ampliación de la UE, una y otra vez, una y otra vez… incluyendo a Albania, a Serbia… y a Turquía. ¿Están seguros los señores reporteros de “El País”, tertulianos opinatodo y en-contra-de-fulano, enterados de variado pelaje, así como virtuosos del sostenella y no enmendalla que es eso, precisamente eso, lo que desean?
Etiquetas: Ahtisaari, Carla del Ponte, Karadzic, Kosovo, Mladic, ONU, Republika Srpska, RTNC, Tertsch, Unión Europea
Unión Europea: Turquía o barbarie
La revista "Newsweek" corres- pondiente a esta misma semana en curso (11 de diciembre de 2006) dedica su negra portada a una embarazosa pre- gunta, en grandes titulares: “Who Lost Turkey?”. La pieza principal que acom- paña a tal interrogante está firmada por Owen Matthews y señala: “Europe Has Botched Its Grand Strategy – And Will Pay the Price”. No cabe duda de que la situación ha devenido delicada. El autor insiste en que el descarrilamiento de las negociaciones con el candidato turco pueden hacer que se le caigan encima a Bruselas todos los vagones que componen la UE. No le falta razón: a estas alturas, el fracaso daña mucho más al club europeo que a Turquía: aquí puede cambiar el gobierno, la situación política incluso sería susceptible de experimentar cierta regresión. Pero en Bruselas, tras el fracaso en el intento de aprobar una Constitución común, seguido por la incapacidad de controlar a los "socios gamberros", la impotencia a la hora de ponerse de acuerdo sobre las negociaciones con Turquía señalan un punto y aparte en el desgobierno de la UE.
Y lo peor: todo ello está sucediendo porque los turcos llevan razón en la mayor parte de sus posturas. De entrada, porque tal como se dice en Ankara, Europa es en buena medida, rehén de los grecochipriotas. En la primavera de 2004, ellos sabotearon el Plan Annan de la ONU para la reunificación de la isla, y la UE no supo ni quiso hacer nada para enmendar la situación. Ha sido necesario que el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdoğan ofreciera la apertura de un puerto y un aeropuerto turcos a las naves grecochipriotas, para que por fin la prensa europea se dignara explicar la esencia del conflicto en curso.
El 18 de noviembre pasado, el diario "El País" publicó y encuadró una carta al director formada por el periodista español Andrés Mourenza, residente en Estambul, que decía así: "El pasado lunes me sorprendió sobremanera no encontrar ni en la prensa ni en los medios españoles una sola referencia a una frase bastante importante pronunciada por el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdoğan en la rueda de prensa que el día anterior había ofrecido junto al presidente del gobierno español. Las palabras de Erdoğan -retransmitidas en directo por las televisiones turcas- fueron: "KKTC´ye uygulanan izoslayonlar kalksın, biz limanları da açarız, havaalanlarını da acarız" [Que se levante el actual embargo de la República Turca de Chipre del Norte y nosotros abriremos los puertos y aeropuertos (al comercio con la República de Chipre)]. Esta frase fue tomada por toda la prensa turca como un cambio de actitud más favorable al plan finlandés que propone la apertura bajo supervisión internacional del puerto turcochipriota de Famagusta a cambio de la aceptación de transacciones comerciales turcas con Chipre. Sin embargo, en esa rueda de prensa, algo se debió perder en la traducción española, o quizás sea que interesa más repetir los esquemas habituales sobre el gobierno "islamista" de Turquía. Por cierto, ese mismo día, el presidente del Partido Popular Europeo, Hans-Gert Pöttering, participó en el congreso del partido de Erdogan, ya que su organización es miembro observador del grupo conservador europeo".

El Plan Annan para la reunificación de Chipre incluso había previsto una nueva bandera para la república, como la que se muestra aquí. Procedencia:
WikipediaEn efecto: la prensa occidental se dedicó a ningunear que tras el fracaso del plan Annan, el Consejo se había comprometido, en abril de 2004, a trabajar para poner fin a la separación de Chipre. Ello incluía la restauración del comercio directo entre las dos comunidades y una ayuda financiera a la República Turca del Norte de Chipre (en torno a los 240 millones de euros) que no se han llevado a cabo. Ahora, dado que el ofrecimiento de Erdoğan se vinculaba a la ejecución de las promesas hechas por Bruselas, la prensa y la diplomacia europeas se han visto obligadas a mencionar el asunto en sus columnas y declaraciones. Y es que, en fecto, la UE tiene que mojarse en el conflicto chipriota, ha de intervenir presionando a uno de sus miembros más díscolos y patrióticamente egoístas, en vez de ceder a la pusilanimidad, encogerse de hombros y pasarle la factura a Turquía para que pague de su bolsillo todos los vidrios, incluyendo aquellos que rompieron los demás. Sabe muy bien lo que dice el primer ministro belga Guy Verhofstadt cuando argumenta, a quien le quiera escuchar, que la Unión Europea debe apresurarse a desterrar la regla de la unanimidad en la toma de decisiones y adoptar la llamada "claúsula pasarela" que daría paso a la mayoría cualificada. Mientreas la regla de la unanimidad continúe en vigor, La UE se arriesga a seguir el camino de la decadencia que sufrió la República de los Nobles polaca en el siglo XVIII, es decir, terminará presa de los mezquinos intereses egoístas de los socios más pequeños y de la cínica política de sabotajes de los grandes.
Los grecochipriotas no desean la reunificación de la isla ni que Turquía acceda como miembro de pleno derecho en la UE. Trabajan consciente y activamente en esta doble dirección y hasta ahora han intentado disimularlo, pero la propuesta de Erdoğan, que consideraban imposible, aflojó los nervios del ministro de Asuntos Exteriores, el cual no dudó en amenazar colectivamente a la UE: "Nicosia volverá a la línea dura si alguien en la UE intenta usar esto para limitar las sanciones que deben ser impuestas a Turquía por no cumplir con sus obligaciones" -sentenció, dejando claras las intenciones de su gobierno. Ankara recuerda, y le sobra razón, que Chipre no ha respetado sus compromisos, ni siquiera con la UE; por ejemplo, aliviar el embargo de la zona turca de la isla o negociar un nuevo acuerdo de reunificación. Si prosperan las iniciativas del pequeño y agresivo grupo de socios turcófobos, habremos de concluir que la Unión Europea está gobernada por ellos, y básicamente por un tinglado de agentes interpuestos: Francia envía por delante a Chipre, como si fuera un pequeño mastín acosador, y Alemania lleva a cabo la misma jugada con Austria e incluso Francia. Pero lo peor es la creciente constatación de que Paris estaría dispuesta a destruir a la UE antes de perder las riendas de su poder en ella.

İsmet İnönü conversa con Churchill en una de las diversas conferencias que mantuvieron durante la Segunda Guerra Mundial. Se puede decir que el estadista turco contribuyó a forjar un estilo diplomático coriáceo pero eficaz para afrontar la negociación en momentos difíciles.
De otra parte, uno de los aspectos más alarmantes de la diplomacia comunitaria es la tendencia a subestimar a su homóloga turca. Como hace ochenta y tres años, durante la Conferencia de Lausanne. Por entonces, la delegación turca encabezada por İsmet Bajá (más tarde devendría İsmet İnönü) logró driblar a la diplomacia británica y francesa, por entonces en el apogeo de su potencia, tras haber puesto de rodillas a los alemanes, austriacos y húngaros, derrotados en la Gran Guerra. Aquello fue un prodigio de tenacidad, cautela y astucia que logró descolocar a un despectivo Lord Curzon y al soberbio Poincaré. Lausanne fue el bautizo internacional de la nueva Turquía republicana y kemalista, y eso marcó fuertemente el estilo de su diplomacia. Algo envarada e inflexible, es cierto, pero muy curtida por tenérselas que ver, en plena Guerra Fría y aún hoy, con vecinos tan complejos y duros como los rusos, iraníes y sirios; capaz de lograr que su país sea el único de mayoría musulmana que hasta hace poco mantenía relaciones con Israel; ducha en movimientos delicados y a media luz, capaz por ello de conseguir un imposible acercamiento entre Pakistán e Israel. La diplomacia turca se las ha tenido que ver con los mismos norteamericanos en momentos difíciles, como la crisis de los misiles en 1962 o la reciente invasión de Irak, en 2003. Logró que Turquía accediera a la OTAN, ya en 1952, y que siguiera allí después de tres golpes militares; mantuvo el país a flote tras el bloqueo internacional sufrido a consecuencia de la invasión del tercio norte de Chipre, en 1974. Y sobre todo, consiguió que el país fuera neutral durante la Segunda Guerra Mundial, a pesar de las presiones ejercidas por el Eje y los Aliados. El mismo İsmet İnönü de Lausanne, defendió la neutralidad turca entre 1939 y 1945 con los conocidos argumentos referidos a la falta de preparación militar, problemas logísticos y una pobre economía; y eso incluso durante la segunda conferencia de El Cairo, en diciembre de 1943, ante Churchill y Roosevelt en persona. Según una divertida anécdota relatada por el historiador Selim Deringil, al despedirse en el aeropuerto, İnönü abrazó a Churchill en un gesto de despedida y le estampó un beso en la mejilla. El premier, muy complacido se lo comentó al ministro Eden: “¿Ha visto? İsmet me besó”. Su réplica un tanto desabrida fue que esa parecía ser la única ganancia después de 14 horas de duro forcejeo diplomático sin más resultados.
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