ECONOMÍA: Los temores búlgaros

Un autobús de línea adornado con el mapa y la bandera de Bulgaria, el símbolo de la UE y un euro
En las páginas naranja del diario "El País", que forman el cuadernillo domincial dedicado a negocios, aparecen en ocasiones valiosos análisis sobre economía cuyos protagonistas son países de la Europa oriental. A diferencia de los muchas veces efectistas reportajes de la sección Internacional o incluso de algunos artículos de Opinión, éstos suelen ser de mayor seriedad profesional; pero también pasan mucho más desapercibidos para el lector común. Por lo tanto, siempre que sea posible, este blog reproducirá algunos de esos análisis. El primero de ellos, llega con bastante retraso, dado que fue publicado a finales de septiembre. Pero dado que hablamos de economía, muchas veces con un tempo de evolución más lento que el de la actualidad política, y aún considerando que Bulgaria debe estar recibiendo ahora el impacto de la crisis que está extendiéndose por el continente, puede ser aún de utilidad valorar los datos que nos ofrecía Fernando Cano, como punto de partida para posteriores análisis

El primer ministro de Bulgaria, Sergei Stanisev, visitando la
Feria Técnica Internacional de Plovdiv, a finales del mes de septiembre de este mismo año
"El País", Economía-Negocios
REPORTAJE: COYUNTURA INTERNACIONAL
Los temores búlgaros
La economía del nuevo socio de la UE se ralentiza hasta el 6%
FERNANDO CANO 23/09/2007
Bulgaria sigue siendo uno de los miembros de la UE con mayor tasa de crecimiento. Gracias al dinamismo de la inversión extranjera y al aumento del comercio exterior con sus socios comunitarios, el país podrá crecer un 6% este año. No obstante, los riesgos vienen de la mano de su elevado déficit comercial, una inflación al alza y sus elevados niveles de pobreza.
Los últimos datos revelados por diferentes organismos internacionales y servicios de estudios sitúan el crecimiento del PIB búlgaro en un 6% para este año, después de crecer un 6,1% durante el año pasado. No obstante, estos mismos informes revelan que los próximos cursos el crecimiento comenzará a ralentizarse. Economist Intelligence Unit (EIU) reduce el dato de crecimiento hasta el 5,5% para 2008 y un 5,1% para 2009. Pese a ello, Bulgaria seguirá siendo uno de los países más dinámicos de la Unión Europea.
Parte del crecimiento búlgaro se debe a los elevados niveles de inversión extranjera y del despegue del comercio exterior. La inversión aumentó un 45% en los dos últimos años, mientras que el flujo de capitales extranjeros llegó hasta los 6.300 millones de euros en julio, considerando los últimos doce meses. Una cifra que representa casi el doble de los 2.600 millones registrados en los dos últimos cursos. Para el EIU, este crecimiento se debe a la combinación entre los avances en el clima para hacer negocios, el alza del PIB y la integración a la UE.
Tipo fiscal fijo
Precisamente para contribuir a la llegada de capital extranjero y dinamizar el consumo interno, el Gobierno polaco ha decidido imponer un tipo fijo fiscal del 10%, muy inferior al que se registra en otros países europeos. En cuanto al comercio exterior, la entrada al club comunitario ha dinamizado las exportaciones e importaciones del país. Entre enero y junio de este año, las exportaciones crecieron un 7,5%, mientras que las importaciones lo hicieron en un 18,5%.
En el primer semestre de este año, el 63% de las exportaciones búlgaras tuvieron como destino a sus socios de la Unión Europea, comparado con el 61% registrado en igual periodo del año pasado. En cuanto a las importaciones, 5.260 millones provinieron de la UE, el 53,1% del total que se compara con el 51,2% de hace un año. Estos importantes incrementos se explican en gran parte por la entrada de Bulgaria al club comunitario en enero de este año.
No obstante, este dinamismo se ha convertido en un arma de doble filo. Muchos analistas advierten signos de sobrecalentamiento en la economía, después de la escalada de la inflación y el desequilibrio en la balanza comercial. Durante los primeros seis meses del año, el balance negativo entre exportaciones e importaciones llegó hasta los 3.290 millones de euros, el 12,3% del PIB.
Reformas sociales
En el caso de la inflación -síntoma de un aumento del consumo interno-, ésta se ha elevado hasta un 8,4% en julio comparado con igual periodo del año anterior. No obstante, las predicciones indican que esta cifra debería caer hasta el 6% a final de año, para reducirse paulatinamente hasta el 5% en 2008 y el 3% en 2009. En cualquier caso los pronósticos del FMI son algo mejores y sitúan los precios en un crecimiento de 5,3% este año y 3,6% el próximo.
Estos datos se producen en momentos en que el Ejecutivo ha anunciado un plan de reformas sociales que entre otras cosas incluyen el aumento del salario mínimo, incrementar las pensiones en un 10% y los salarios de la Administración Pública en un porcentaje similar. Del mismo modo, se prevé reducir las contribuciones a la Seguridad Social en tres puntos porcentuales. El objetivo principal es mejorar las condiciones de una de las poblaciones con mayores índices de pobreza en la UE. Etiquetas: Bulgaria, economía, negocios, UE
Patriotismos y espejismos

Un niño sostiene en alto un cartel del PIS durante al reciente campaña electoral en Polonia. El nacionalismo polaco ultra de raíz católica, es heredero del que alumbró Solidaridad en los años 80 y fue fervorosamente aplaudido y sostenido desde Occidente
A continuación, artículo enviado a "El País" el pasado 29 de agosto y rechazado formalmente el pasado 11 de octubre. Justificación oficial ofrecida: con el advenimiento del nuevo formato del periódico (ya saben, recuerden ese anuncio tan relamido de la tele en el que aparece una especie de Roncagliolo paseándose por ciudades del mundo y haciendo rimas alocadas y supuestamente trascendentes en plan: "La perra, Camberra, discursos de Guerra, Alfonso, ¡qué sonso!, un chiste de Moncho... Borrajo, carajo, currele a destajo: ¡la sopa de ajo!" ) el periódico ha decidido "vaciar nevera" y hacer tabla rasa. ¿Ustedes se lo creerían? Bueno, aceptemos pulpo como animal de compañía, tal como se decía en aquel popular anuncio televisivo. Dentro de unas horas, si nos recuperamos de la conmoción nacional que supondrá el nuevo formato del rotatico ya con el acento en el título, podremos entrever lo sucesido. Quizá. Como reza la impresentable sintaxis a base de dos infinitivos que ha ideado su publicitario: "Querer saber". Ok, Tarzán.
[Adenda a 25 de octubre: Convenientemente reducido a 5.700 caracteres, con algunas actualizaciones y un título diferente, la pieza fue publicada por el nuevo cotidiano "Público" a día de hoy, espacio: "Dominio público", en edición de esa misma fecha, pag. 12]
Jaroslaw Kaczynski en un mitin ante el logo de su partido, el PIS, que incluye el águila heráldica de Polonia con la corona
Patriotismos y espejismos: de Polonia a Kosovo
A mediados de los 80, los brotes de nacionalismo en Europa oriental tenían ya unos cuantos años. Se puede decir que todo comenzó de forma muy clara con el nacionalismo de raíz católica reactivado en torno al sindicato Solidaridad en Polonia desde 1980. Procesiones con popes o el dramático periplo de los restos del príncipe Lazar que se vivieron en Serbia en la segunda mitad de esa misma época, tuvieron de hecho su precedente y equivalente en las emotivas misas y confesiones públicas celebradas en los astilleros de Gdansk o las peregrinaciones al santuario de Częstochowa. Los medios de comunicación occidentales se extasiaron ante la resurrección de la catolicidad anticomunista, símbolo eterno del nacionalismo polaco, y se mofaron de la ortodoxia balcánica convertida en bandera del nuevo nacionalismo serbio. Pero en realidad formaban parte de un mismo discurso político, de la misma generación, de un área geográfica similar y de unas circunstancias históricas muy parecidas.
De ese ambiente surgió un agresivo nacionalismo y de él son hijos los gemelos Kaczynski, que tantos quebraderos de cabeza vienen dando a Bruselas desde hace meses. Por fin en crisis, es deseable que esa especie de extraña experiencia onírico-política desaparezca; pero posiblemente el nacionalismo polaco seguirá presionando en un futuro. Ahí estaba ya, hace tres años, en los duros momentos finales de la negociación con Bruselas para el acceso de Polonia a la Unión Europea, bajo la presidencia de Aleksander Kwasnieski y el gobierno del socialdemócrata Miller. Es natural que sea así, porque una parte considerable de los polacos están desconcertados. La Polonia surgida de la Segunda Guerra Mundial, renació con unas nuevas fronteras que le supusieron destacados beneficios: una costa con puertos para desarrollar el comercio marítimo y el negocio de los astilleros. Antiguas regiones alemanas, que aportaron infraestructuras, minas y materias primas; incluso una porción importante de Prusia Oriental, corazón de lo más germánico del derrotado vecino. ¿Quién garantizaba esas fronteras? La Unión Soviética. Cuando esa potencia desapareció, todo descansó en la buena voluntad alemana de no volver a abrir viejas heridas. Pero ¿cuánto perdurará tal actitud?¿Dependerá de que Polonia juegue un papel subordinado en el seno de la Unión Europea?

El primer ministro socialdemócrata Leszek Miller en un momento de cordialidad con el entonces canciller alemán Gerhard Schröder. A pesar de la aparente distensión, el gobierno polaco demostró ser un duro negociador ante Bruselas. Y desde luego, sobre las relaciones germano-polacas continúan planeando las nubes negras del pasado
Este tipo de temores son muy delicadas y en la mitad occidental del continente las rehuimos. Pero no son ajenas a la cultura nacionalista de países como Polonia. Y por si faltara algo, el país debe depender más si cabe de Alemania y la UE ante una Rusia que parece estar recuperando su estatus de potencia amenazadora. Por lo tanto, a Polonia han regresado las viejas pesadillas de comienzos del siglo pasado, la vetusta idea de que el país tiene el trágico destino histórico de estar situado entre rusos y alemanes. No es de extrañar que se vuelvan desesperadamente hacia los Estados Unidos, dispuestos a acoger cualquier proyecto estrafalario de un presidente Bush en caída libre, pero que no renuncia a agitar las aguas de la “Vieja Europa” haciendo lo único que sabe: inventarse peligros de destrucción masiva.
Dentro de la misma lógica dominante basada en espejismos y veteranos fantasmas, también es comprensible que tanto serbios como albaneses estén desconcertados y crean que no es tiempo de olvidarse de las histerias nacionalistas. Hace algunos años, Ralf Dahrendorf dio unas declaraciones a este mismo periódico en las que, refiriéndose a los Balcanes, dijo que los occidentales “no sabemos lo que queremos”. Llevaba razón: en nombre del oportunismo, del desconcierto ante el chantaje, del doble rasero y del manejo temerario de ideas trasnochadas sobre supuestos derechos nacionales, propugnamos la desmembración de Yugoslavia porque los diversos pueblos “no podían convivir entre sí”. Eso fue en 1991; en cambio, durante los cuatro años siguientes, las potencias occidentales involucradas en la guerra de Bosnia se esforzaron por mantener unidos en dicha república a serbios, bosníacos y croatas, y de hecho dieron luz verde a una especie de mini Yugoslavia en 1995. En 1999 intervinieron en Kosovo porque albaneses y serbios no podían coexistir, y apenas intentaban repetir la experiencia federal puesta en marcha en Bosnia. En cambio, sí que impusieron la unidad de Macedonia cuando los albaneses de esa república se sublevaron con un claro programa de autodeterminación, en la guerra de 2001.

El filósofo Ralf Dahrendorf. "El País" publicó sus interesantes declaraciones sobre los Balcanes el 5 de octubre de 1998, pero sin darles mucho espacio ni relevancia. Nunca volvió a hacerlo
Ahora, la misma ONU ha lanzado un plan para respaldar una “independencia tutelada” de Kosovo, que desde el primer día no gustó ni a los nacionalistas serbios ni a los albaneses. Rusia, que durante la guerra de 1999 experimentó en Kosovo una humillación diplomática busca resarcirse y ha forzado la continuación de unas negociaciones entre serbios y albaneses tuteladas por las grandes potencias. Pero a estas alturas ya casi todo es inútil: ningún bando parece aceptar nada que no sea la imposición en bloque de sus respectivas opciones, basadas más en consideraciones emocionales que prácticas. De nuevo, como desde hace dos siglos, serbios y albaneses intentan conseguir sus objetivos presionando a sus importantes padrinos, sin importarles que a estas alturas la cuestión de Kosovo es un asunto especialmente molesto para casi todas las potencia intervinientes, a excepción de los Estados Unidos.
Y más que nadie, para la misma ONU. Si realmente impone la soberanía de la región añadirá un clavo más a su propio ataúd, después de los fallos garrafales cometidos en las crisis de los noventa, desde la debacle de Somalia al genocidio de Ruanda (1994) y la mala gestión de la guerra en Bosnia o la incapacidad de hacer nada por salvar a Irak. Por eso Bush está tan empeñado en la independencia kosovar: sabe que con el Plan Ahtisaari la ONU crea un precedente insólito al conceder la soberanía a un territorio que anteriormente pertenecía a un estado, contraviniendo su propia resolución 1244 de 1999 en la que no se hablaba de independencia, sino de una autonomía sustancial.

Martty Ahtisaari: su plan sobre Kosovo es una carga de profundidad para la ONU. Debido a ello y a que Rusia vetaría su aplicación en el Consejo de Seguridad, la UE será la encargada de aplicarlo; o eso parece que va a suceder en diciembre
Pero si es la Unión Europea la obligada a alumbrar el parto, se encontrará ante la tesitura de apoyar la independencia de un nuevo estado nación de corte decimonónico, cuando la filosofía del proceso de integración va por el camino opuesto. Por lo tanto, se está dando un enorme rodeo para montar un tinglado que dentro de un tiempo deberá desmontarse de una u otra forma. Primero, porque al día siguiente de su independencia, Kosovo será lo que en términos diplomáticos se denomina un “estado fallido”: una administración deficiente, incapacidad de hacer cumplir las leyes, carencia de un sistema fiscal eficaz, serios problemas para gestionar la economía y muy poco atractivo para la inversión exterior. ¿Qué ocurrirá a continuación? Muy posiblemente, las inversiones las harán los vecinos directamente interesados en controlar al nuevo estado, y quizás en esa operación descuelle Serbia, apoyada financieramente por Rusia. Como contrapartida, y dado que el poder de la UE como generadora de ayudas y subsidios tiende a menguar, Kosovo no se va a poder beneficiar de un apoyo a largo plazo desde ese lado, ni siquiera si termina integrándose de aquí a una década.
Por otra parte, si la soberanía de Kosovo respaldada por la ONU tenderá a vaciar de contenido a esa institución, lo mismo ocurrirá con la UE, en mayor o menor medida. A ojos de algunos países miembros podría sugerirles que formar parte del club no es garantía para verse arrinconados frente a la política de los hechos consumados bajo el pretexto de mantener la “solidaridad comunitaria”, una vez que algunos países ya han montado la operación que deseaban consumar. Y volvemos a Polonia y sus miedos; pero también a los de Rumania, Bulgaria, Hungría y, en general, casi todos los nuevos socios del Este. Etiquetas: Bulgaria, Hungría, Kaczynski, Kosovo, ONU, plan de Ahtisaari, Polonia, proceso de integración en la UE, Rumania, Serbia, Solidaridad, Unión Europea
Perros

El viejo Bucarest, en proceso de destrucción durante los años finales del régimen de Causescu, Fotografía de
Maria Bostenaru La primera vez que constaté la especial relación que existe entre algunas ciudades balcánicas y los perros fue en Bucarest, tras la caída de Ceauşescu. Se decía que era lógico, que las obras de remodelación del centro viejo de la ciudad habían arrasado decenas de casas con patios y pequeños jardines. En ese tipo de vivienda era posible y hasta útil tener uno o dos perros, pero con las malditas obras, los vecinos habían sido enviados a vivir en bloques de apartamentos, donde ya no era posible instalar a unos canes que, además, llevaban años acostumbrados a vivir en un hábitat más libre.
Por lo tanto, los perros fueron abandonados masivamente y en las calles revirtieron en una forma de vida semisalvaje. Se organizaron rápidamente en pequeñas jaurías, perfectamente identificables en algunas zonas, muy cercanas incluso al centro neurálgico de Bucarest. En la desorganización administrativa que siguió al colapso del régimen, nadie estaba para ocuparse de los perros. Teniendo en cuenta que por entonces el alumbrado público de la ciudad era muy deficiente, que en invierno Bucarest suele ser gélida y que no abundaban ni siquiera las basuras para alimentar a los animales, el peatón podía encontrarse en situaciones comprometidas. Y eso fue lo me ocurrió en pleno mes de julio de 1990, una noche, en esas calles que comunican Piața Rosetti con el Bulevar Balcescu pasando por detrás del Inter, es decir, por Tudor Arghezi o Batistei, pleno centro de la ciudad.

Perro tumbado en una calle de Bucarest. Fotografía de Ilja C.
HendelNunca he tenido miedo de los perros, ni de niño; sólo respeto. Pero les aseguro que sentir cómo uno es seguido por un grupo de canes ladradores a lo largo de una calle en sombras, es una experiencia inquietante. Caminaba aparentando seguridad, sin volverme, pero los animales detectaban que mi aplomo disminuía a cada paso y que estaba sólo. No nos cruzábamos con otros peatones, no había ningún escaparate iluminado, no circulaban coches. Los ladridos de los perros se acercaban a mi espalda y en un momento determinado supe que si no les hacía frente podrían echárseme encima. Habían llegado a menos de tres metros cuando me giré, gritándoles para mantenerlos a raya. Eran un grupito de cinco chuchos hambrientos e irritados, quizá también asustados y entre ellos había de todo, aunque por suerte ninguno de más de veinte kilos o de razas peligrosas.
Los gritos y mi actitud agresiva me dieron algunos metros más de ventaja cuando reanudé la marcha, pero pronto volvieron a las andadas. La escena se repitió un par de veces. Entonces, no muy lejos de Rosetti, vi una papelera o algo parecido –quizás era un bidón, no recuerdo. Aceleré el paso, sin correr, llegué hasta el recipiente y les arrojé todo lo que puede sacar de allí: piedras, latas, cualquier objeto que pudiera convertirse en proyectil. Me guardé dos o tres piedras y apretando el paso (hay que procurar no correr) desemboqué por fin en una arteria más iluminada y transitada, que quizás era el Bulevar Carol I.

Vendedores de ovejas en las calles de Bucarest, 1932
Con los años, el problema de los perros asilvestrados fue solucionado de forma sangrienta. Creo recordar que cuando fue alcalde de Bucarest (1996-1998), Victor Ciorbea organizó una campaña de liquidación de perros a gran escala, un verdadero canicidio. A pesar del recuerdo de aquella noche y aún reconociendo que los canes eran una amenaza para la salud pública, me apenó la noticia. Pero a pesar de todo, en esas calles de duro e irregular pavimento que aún quedan en Bucarest, sobreviven algunos chuchos, ayudados en algunos casos por vecinos caritativos.
La experiencia de aquel verano de 1990 volvió a repetirse en el glacial mes de diciembre de 2001. En aquella ocasión sólo fue un perro el que siguió mis pasos por una hermosa calle entre el Bulevar Lascar Catargiu y el Dacia, ladrando como un condenado. Pero esta vez no hizo falta que le plantara cara: de repente, se abrió la puerta de un jardincillo y una mujer, suboficial de policía, llamó cariñosamente al animal y lo calmó con una chuchería, palabra que deriva, lógicamente, de chucho. La presencia en aquel lugar de una oronda agente de uniforme se explicaba por el hecho de que el jardín o patio pertenecía a una comisaría, apenas visible por la noche.
Mientras tanto, ya había podido constatar que los perros eran especialmente queridos en otros muchos rincones del Sureste europeo. En Belgrado, por ejemplo, recuerdo los magníficos animales que llevaban sus propietarios al Studentski Park, en plena Stari Grad. Eran perros de raza, bien alimentados y criados, en pleno periodo del embargo internacional contra Serbia, en la primavera de 1993. Y seguí viendo animales magníficos a lo largo de los duros años que siguieron, hasta los aciagos días de los bombardeos y después, por supuesto. A los serbios les gustan los perros; y a los griegos. También a los búlgaros, aunque mi amiga Svetla me advertía que fuera con cuidado por las noches, en aquellos brumosos días del invierno de 1999, que pasé en Sofia, cerca del Orlov Most. El fenómeno no llegaba a la categoría de lo ocurrido en Bucarest, pero en cambio circulaban rumores alarmistas que mezclaban a gitanos y “Balkans” que era, según creo recordar, el nombre más habitual por el que atendían los canes callejeros. Para ser sinceros, lo que más me atemorizó en aquellos días era la niebla, el frío húmedo y las calles absolutamente vacías de la capital búlgara.
Un caballo a la puerta de un bloque de viviendas en el barrio gitano de Selita, Tirana, octubre de 2000. Foto ERRC
En Tirana, los perros proliferaban sin control a finales de la década de los noventa. La ciudad estaba bastante sucia y se les podía ver comiendo tranquilamente en los containers volcados, que ningún camión de basura parecía interesado en recoger. Pero no eran agresivos, ni siquiera por la noche; por entonces, lo que daba miedo era cruzarse con algún ser humano en aquellas calles que, como en Bucarest, tampoco eran generosas con la iluminación. En algunas zonas, los vecinos aparcaban conjuntamente los automóviles y pagaban a algún vigilante para que los guardara durante la noche, con el Kalashnikov al hombro. Los grupos de amigos que salían a cenar regresaban a casa formando pequeños convoyes, se acompañaban unos a los otros hasta los respectivos domicilios, procurando que los dos últimos terminaran la ronda cerca de los suyos. En una de esas ocasiones, Artan y yo quedamos para el final, tras acompañar a Edlira hasta la casa de sus padres. El periodista albanés llegó conmigo lo más cerca posible de mi domicilio, pero aún así hube de atravesar varias calles desiertas y un inquietante solar. Por fin, cuando apenas me quedaban veinte metros para llegar al portal –sin puerta, por cierto- pude escuchar una especie de gruñido estremecedor, un sonido profundo y feroz, pero contenido. Nunca supe de dónde salió aquella exclamación interrogativa, emitida por un can enorme o vaya usted a saber qué monstruo galáctico aterrizado en la Tirana poscomunista. Apreté el paso y entré de cabeza en el portal, rezando para que no le hubiera dado a un can vagabundo por acunarse en mi camino.

Un lobo, obligado a convivir con un burro en Albania. El suceso provocó las protestas del
Animal Liberation Front. De todas formas, cabe recordar que España es uno de los países donde más crueldades se comenten hacia los animales
Cuando le relaté la anécdota al escritor Bashkim Shehu (que me había cedido generosamente su apartamento en la ciudad) comentó riendo que los perros de Tirana no eran agresivos. ¿Por qué? Nadie parecía saberlo. Pero una madrugada me despertó el eco de unos disparos de arma automática. Al día siguiente, mientras tomaba el café, me dijeron que la policía se había liado a cazar perros a tiros. Al cabo de un rato, en uno de los principales periódicos pude ver a un conocido mafioso tumbado en una acera y chorreando sangre sobre el pavimento.
En los Balcanes existe una actitud afectuosa hacia los perros. Por decirlo de alguna manera, la gente vive junto a ellos y entre ellos de una forma más natural y fluida que en Occidente. Hasta cierto punto, el perro comparte el destino del resto de los vecinos. Y no sólo los canes. En un comic del esloveno Tomaž Lavrič se explica lo que ocurrió cuando uno de los cuidadores del zoo de Sarajevo decidió liberar a los animales, durante el asedio que sufrió la ciudad. Personalmente, recuerdo ver a un pequeño chucho sin las patas traseras: el dueño se las había sustituido con un par de ruedecillas, y el animal corría alegremente cerca de la Iglesia de los Franciscanos.

Dos perros se pelean en Srebrenica, Bosnia
Durante un tiempo pensé que una posible explicación estaba en la “actitud antimusulmana básica”: los pueblos cristianos de los Balcanes han terminado por preservar entusiásticamente pautas culturales diametralmente contrarias a las del islam. Por ejemplo, la preferencia que existe por la carne de cerdo en Serbia o Rumania. Así, el cariño por los perros sería un reflejo del rechazo que los musulmanes tienden a demostrar por ese animal, considerado impuro. Pero esa lógica facilona no es aplicable a los Balcanes y Turquía. Un buen día, leyendo el precioso libro de Philip Mansel dedicado a Constantinopla, encontré una pieza que ayudaba a cuadrar el conjunto (pag. 317 de la edición española):
“Otros pobladores, más pequeños, peludos y feos que las gentes de Constantinopla, también vivían allí. Desde el siglo XVI, miles de perros habían dividido la ciudad en distritos, cada uno controlado por una jauría con su correspondiente macho dominante. Vivían en la calle y prácticamente la limpiaban de cualquier tipo de comida y desperdicios. Los vecinos los alimentaban igual que a los pájaros y a los gatos, sobre todo los musulmanes, que les daban agua, pan, hígado y despojos que compraban a los vendedores ambulantes albaneses. También se hacía una especie de torta blanda especial para lanzársela a su paso. Sin embargo, en Pera y Gálata, se tenían que cuidar de los bastonazos y el veneno de los cristianos.
Las jaurías mataban o expulsaban a miembros de cualquier jauría rival que se internara en su territorio. No temían dormir en mitad de la calle, obligando a los habitantes de ese barrio a efectuar un rodeo. Mark Twain vio a tres perros que permanecían acostados en la calle sin moverse, mientras que un rebaño de ovejas pasaba sobre ellos. Los primeros tranvías iban precedidos por un individuo con un palo para apartarlos de la vía.

Perros de Estambul. Postal, 1878
Cuando el sol se ponía, haciendo que el Cuerno de Oro brillase realmente como tal, Constantinopla se desvanecía en la oscuridad como una aldea en el campo. En Pera y Gálata se encendían las lámparas de gas y los perros comenzaban a aullar. Un visitantes inglés escribió en 1850: “Los gañidos, aullidos, ladridos y gruñidos se mezclan en un único, uniforme y continuo sonido similar al de las ranas cuando se escucha a distancia”. Si regresabas por la noche andando a casa, un bastón y un farolillo de papel se hacían imprescindibles. Un marinero inglés borracho se cayó un noche en una calle de Gálata. A la mañana siguiente sólo quedaba su esqueleto.
Hay un refrán en Oriente Próximo que dice: “Una ciudad donde los perros no ladran por la noche es una ciudad muerta”. Los perros eran parte de la vida –y muchos creían que de la fortuna- urbana. Incluso desafiaron al mismísimo sultán. En una ocasión, Albülmecid los trasladó a una isla en el mar de Mármara. La protesta de los ciudadanos fue tal que se vió obligado a traerlos de vuelta a Constantinopla”
Philip Mansel, Constantinopla, la ciudad deseada por el mundo, 1453-1924, Ed. Almed, Granada, 2005
En la madrugada del pasado sábado, 23 de junio, falleció Cairo, mi perro, un alegre bóxer de seis años de edad, víctima de la lehismaniosis canina y la insuficiencia renal consiguiente. Todos aquellos que hayan tenido un animal doméstico saben lo que significa, literalmente, la expresión “perder a un ser querido”. In memoriam.
Etiquetas: Albania, animales, Belgrado, boxer, Bucarest, Bulgaria, Ciorbea, Imperio otomano, Mansel, Perros, Rumania, Sofia, Tirana
George Bush, gran defensor de Europa contra sí misma

Comienza la cabalgata: Bush en Praga, con el presidente Vláclav Klaus
Estuvimos hablando unos minutos sobre la reciente cumbre del G-8 en Heiligendamm, donde el viernes pasado destacaba la noticia de que los tan manidos nubarrones de guerra fría entre Moscú y Washington se habían disipado en 45 minutos, tras el tête à tête entre Putin y Bush y la propuesta del ruso para instalar un sistema de control antimisiles avanzado en Azerbayán en las veteranas instalaciones de Gabala.
Desde hace unos meses, los periodistas parecen obsesionados por el posible retorno de la Guerra Fría entre Rusia y Occidente. Entra en el divertido concepto de la paleopolítica, acuñádo por Manuel Rivas en "El País", hace un par de días. Pero a la hora de la verdad, cuando parece que están entrando en punto de ebullición, las cosas no van a más: asuntos que hace pocos meses preocupaban enormemente, aparecen y desaparecen como el Guadiana, y finalmente se esfuman (¿por dónde vamos en el novelón sobre el polonio?). Quebraderos de cabeza aparentemente muy graves, se solucionan en la sombra o quién sabe (¿siguen existiendo problemas con el suministro de crudo a través de Bielorrusia?).
Mi teoría es que el retorno a la Guerra Fría como la vivida durante la segunda mitad del siglo XX es muy difícil, porque entonces la división bipolar del mundo era casi total, basada en el enfrentamiento entre dos modelos políticos y socioeconómicos diametralmente opuestos y enfrentados entre sí. Hoy, el nivel de inversiones occidental en Rusia y China es enorme, así como los negocios de todo tipo que se hacen en estos países. Una crisis política o militar seria entre Rusia y la UE o América, supondría una quiebra financiera y económica de primer orden para la economía y la sociedad occidentales: recemos porque no sea así, en vez de explotar informativamente cualquier rumor o incidente para tirar del “filón” guerra fría, sacar adelante la crónica del día y embolsarnos unos euritos.

Se esperaba un duelo Jruschov-Eisenhower, y al final hubo un abrazo afectuoso...
La respuesta de Ramon Company, mi amigo e interlocutor en COM Ràdio cada viernes, no carecía de peso lógico: ¿Si no hay una situación de guerra fría entre Rusia y Occidente, qué pintan ahí los sistemas de alerta temprana y antimisiles que los americanos proyectan instalar en Polonia y Chequia? Y en efecto, esa es la pregunta del millón: ¿Hacia dónde apunta realmente el escudo antimisiles que proyectan los norteamericanos? Irán no es una amenaza nuclear real para Europa y blancos más lejanos aún, como América. Corea del Norte lo es menos todavía. Puede que lo sean dentro de algunos años, pero aún así, y para entonces, Bush no estará ya en la Casa Blanca y a esas supuestas amenazas pueden añadirse otras, ahora imprevisibles. Por lo tanto, ¿a qué viene tanta prisa, por qué arriesgarse a fricciones con Rusia?
En efecto, puede ocurrir que para los estrategas norteamericanos que respaldan la idea, el peligro sea Rusia. Pero en ese caso, parece dudoso que un escudo defensivo centrado en Polonia-Chequia sea suficiente para la capacidad nuclear que aún conserva esa potencia y que puede ampliar en el futuro. Y si fuera así, no tiene mucho sentido andar mareando la perdiz con Putin, invitándole a que participe en el programa y aceptando su propuesta sobre la base de Gabala. Por último, si realmente el escudo antimisiles estuviera enfocado hacia Rusia, Putin tendría toda la razón del mundo en mostrarse molesto e incluso airado. A los norteamericanos no les haría ninguna gracia que Rusia instalara un sistema parecido en Corea del Norte, por ejemplo. O en Turquía, si a este país le diera por abandonar la OTAN, tal como aseguran algunos rumores alarmistas en los últimos tiempos.

...y muchas sonrisas, parabienes e invitaciones, como en otros encuentros Putin-Bush. Estos dos se entienden mejor de lo que parece
Si el escudo antimisiles apunta a Rusia, quien está jugando sucio es Bush, y no Putin. Pero por estos pagos, nadie cuestiona que el americano es “de los nuestros” y actúa animado por excelentes intenciones, mientras que el ruso es un tipo siniestro del que uno no se puede fiar. No deja de tener su gracia que esto se plantee así casi al mismo tiempo que el investigador especial del Consejo de Europa, Dick Marty, revelara hace muy pocos días que existió un acuerdo secreto entre varios países europeos, la OTAN y la CIA para capturar y trasladar de forma clandestina a supuestos “combatientes enemigos” de los Estados Unidos. Algunos de los países implicados lo han negado con pasión el mismo viernes, 8 de junio. Pero el muy serio trabajo de Marty viene avalado por 19 meses de investigaciones, el testimonio de 30 oficiales de inteligencia europeos y un sofisticado análisis por computadora del sistema de planificación de vuelos internacionales.
No es menos irónico que nuestra prensa, tan necesitada de una nueva Guerra Fría, no dude en volver a asumir razonamientos propios de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, sobre todo después de constatar diariamente la increíble capacidad de Bush y los suyos por meter la pata cada vez más a fondo, por ejemplo en Irak. Pueden echar un vistazo a la última y genial idea : armas a milicias suníes en Irak para que se enfrenten a Al Qaeda, uno de esos operativos para fomentar la guerra civil que, al parecer, ya se está experimentando en Líbano. Incluso en su propio país se están dando cuenta de que George Bush es un desastre ambulante y eso le costó a los republicanos, ya hace bastante meses, perder la mayoría en el Congreso. Y el último proyecto legislativo del presidente, la ley de inmigración, acaba de ser tumbada por el Senado: ese es el panorama que el espera a su regreso del triunfal viaje por Europa.

Y continíua el periplo: en Varsovia, incluso Bush no puede evitar un gesto de desconcierto. Mandatarios gemelos, "Teletubbies" homosexuales... ¿Seguro que los misiles deben estar situados aquí?
No falta quien opine (y no desde periódicos de la más rancia derecha, precisamente) que Putin está utilizando el asunto del escudo antimisiles para dividir a los europeos. Eso podría tener su lógica si fuera Putin quien anda dando la brasa por aquí y por allá para instalar el tinglado en Polonia y Chequia. Pero es que resulta ser George Bush quien ha impulsado esta copia encogida de la gloriosa “Guerra de las Galaxias”, aquel enorme y exitoso engaño imaginado por su antecesor Ronald Reagan. No harto con armar un trágico e innecesario lío en Irak y Medio Oriente, pretende complicarnos la vida para disimular lo mal que se le da la política exterior y relativizar los éxitos de los demás. Por lo tanto, nos ponen el carro delante de los caballos y aplaudimos. El amigo americano nos da una patada en el culo y nosotros damos las gracias, parafraseando a Tristan Tzara, el poeta y fundador del dadaísmo.
No sabemos si el dichoso escudo antimisiles llegará a ser instalado algún día; pero de momento, apunta a Europa, no lo duden. Ni hacia Irán, ni hacia Rusia, y menos aún Corea del Norte: somos nosotros sus objetivos. Porque una de sus funciones principales es desunir estratégicamente a los europeos impidiéndoles múltiples y provechosas formas de acercamiento a Rusia, que forma parte del mismo continente. Y eso le interesa a los Estados Unidos de América. El día en que Europa logre algún acuerdo sólido y a largo plazo con Rusia (no necesariamente el ingreso en la UE, algo que de momento resulta impensable), tendrá muy pocos rivales económicos a escala mundial. En realidad, puede ser la forma de consolidar definitivamente la integración, incluso a escala política y convertir a la Unión Europea en una superpotencia con política exterior propia y coherente a la vanguardia de las conquistas sociales y las formulaciones políticas más progresistas e innovadoras. Y por supuesto, ese será el momento en que Europa pueda influir más provechosamente en Rusia, conjurando con éxito cualquier asomo de tentaciones autocráticas y contribuyendo a la modernización social del país-continente. Pero nada de eso será posible mientras Bruselas no logre meter en cintura a miembros como Polonia, Estonia o Lituania, que fuerzan por su cuenta y en beneficio exclusivamente propio, fricciones y crisis con las potencias de la periferia europea, y se convierten motu propio en excelentes peones de Washington.

Más sonrisas a medias del americano, esta vez en Tirana. No es de extrañar, ante la mueca casi feroz del turbulento Sali Berisha. Se cumplen diez años de las estafas piramidales en Albania, 1997. Por entonces, el actual primer ministro era presidente
La UE está desunida a priori, y Bush fuerza sus contradicciones. Y si cabe alguna duda, vean los destinos de su periplo una vez concluida la reunión del G-8. En Italia anunció el objetivo de la ronda: presionar por la independencia de Kosovo, anunciar a diestro y siniestro que Washington va a secundar activamente el Plan Ahtisaari si este se impone, o reconocer la soberanía de la provincia si ésta es proclamada unilateralmente por los albaneses. Sabedor de los problemas que eso puede generar en el entorno cercano de Kosovo, visita Italia, Albania y, cómo no, Bulgaria. Estos dos últimos son países en los que se admira sin límites a los americanos, tanto que, como dice irónicamente un diplomático español, buen conocedor de la zona, podrían optar por pedir el ingreso en los Estados Unidos de América “y así nos dejarían en paz a los europeos”. No sería mala idea, porque tanta devoción filoamericana no les ha reportado precisamente grandes beneficios a los primos del Este: normalmente, quien paga las facturas de los créditos estructurales, quién contribuye a estabilizar sus economías, o quien les tapa sus pecadillos debajo de la alfombra es la mitad rica de Europa. Es cierto que también se buscan allí beneficios, pero si esos países tuvieran que despertar el interés de los inversores norteamericanos por su cuenta y riesgo, necesitarían hacer un esfuerzo más imaginativo que el de las rendidas pancartas de bienvenida a Bush.
Como se apuntaba más arriba, el trapicheo del presidente norteamericano con el asunto de Kosovo es un verdadero abuso que, una vez más, no parece estar generando apenas reacciones de la prensa europea. Bush ha ido a tranquilizar a los italianos (y a proclamar allí mismo la idea de lo que quiere) a reconfortar a los albaneses y a prevenir a los búlgaros, pues sabe perfectamente que un Kosovo independiente puede terminar rebajándole una buena tajada a Macedonia, y es un país que sus vecinos orientales consideran una mera provincia propia que habla un dialecto del búlgaro. El presidente norteamericano ha hecho todo esto para tocarle las narices a Rusia: no funcionó del todo bien el asunto del escudo de misiles (Putin le sorprendió visiblemente con su propuesta sobre la base de Gabala, en Azerbayán) pero Bush ya ha proclamado a los cuatro vientos que de nada le servirá a los Moscú oponerse a la proclamación de la independencia de Kosovo en el Consejo de Seguridad.

Final del rodeo: el presidente Parvanov no es de los más entusiasmados con el apretón de manos. Sabe la que se le viene encima con la indepedencia de Kosovo
Visto lo cual tampoco sería una mala solución en relación a las consecuencias legales, políticas y diplomáticas que tendría el reconocimiento por la ONU de la soberanía de una provincia desgajada de un estado soberano. Si va a ser uno de los presidentes más nefastos que han tenido los Estados Unidos el que se encargue de la explosiva tarea, mejor que mejor. Tendría su gracia que algunos de los más célebres luchadores del soberanismo a destiempo en el viejo continente se vieran obligados a ir a Washington a fin de pedir respaldo para sus proyectos al amigo americano. Aunque, vistos los enjuagues y líos que se traen los americanos por Oriente Medio y Líbano, haciendo juegos de trileros con los nuevos enemigos, las viejas amenazas y las armas de destrucción masiva inexistentes, se admite cualquier apuesta: hagan juego.
Etiquetas: Albania, Azerbayán, Bulgaria, Bush, Chequia, escudo antimisiles, Gabala CIA, Guerra Fría, Irak, Irán, OTAN, Putin, Rusia
La balada de los Rhythm & Blues

Ciudadanos rumanos celebrando la entrada de su país en la Unión Europea, la pasada Nochevieja
El presente post está basado en un artículo de próxima aparición en la revista "Capçalera" del Col·legi de Periodistes de Catalunya A fuerza de discutir sobre el binomio Rumania-Bulgaria durante las negociaciones de acceso a la Unión Europea se les acabó denominado “R & B” y alguien en Bruselas decidió llamarles los “Rhythm & Blues”. La broma tuvo tanto éxito, que en cierta ocasión un delegado búlgaro preguntó quejoso por qué ellos debían ser los “blues”, mientras los rumanos aportaban el “ritmo”. Esta desenfadada anécdota contrasta con la pomposidad que rodeó el ingreso de los miembros que accedieron a la UE en mayo de 2004. Por entonces, el evento conservó ecos de la trascendencia con la que se hablaba en 1990 de la “casa común europea” y de la deuda histórica hacia los países de la Europa central. Casi tres años más tarde, con la UE en plena crisis institucional, con duros debates sobre la conveniencia de continuar con el proceso de ampliación o no, y con molestos problemas planteados por nuevos socios como Polonia, Hungría o Chipre, la bienvenida a los “Rhythm & Blues” no ha sido entusiasta.

Un viejo automóvil "Dacia" (Renault 12 fabricado bajo licencia rumana en los años 70) cargado hasta los topes de productos agrícolas. Rumania es todavía un país marcadamente agrario con un bajo nivel de desarrollo rural. Fotografía procedente de Antena 3 Rumania
A lo largo del mes de enero, la prensa occidental se dedicó a debatir sobre la idoneidad económica de Rumania y Bulgaria: ¿Están realmente preparados para entrar en la UE? Las cifras macroeconómicas resultan inquietantes: ambos países están situados en la cola de Europa; aparentemente, Turquía está más preparada que estos dos para participar activamente en el proceso de integración europea. Pues aunque en el crecimiento de sus economías es acelerado (7,8% de Rumania y 6,3% de Bulgaria entre enero y noviembre de 2006) en realidad parece deberse a un incremento del consumo interior. Por otra parte, el gasto público se ha racionalizado con éxito: el déficit rumano es sólo del 2% y Bulgaria ha conseguido incluso un superávit fiscal del 3,5%, resultados ambos correspondientes al año 2006.
Por lo tanto, ambos países cumplen con las estipulaciones de Bruselas. Pero existen otros problemas bien conocidos. A escala de la microeconomía, los salarios siguen muy bajos, la producción continúa siendo de discutible calidad, el sector bancario aún es anticuado. La agricultura y la ganadería siguen poseyendo un papel proporcionalmente muy marcado en la economía: en torno al 20% del PIB en ambos países, abarcando al 23% del empleo en Bulgaria y hasta el 40% en Rumania, aunque el sector agropecuario sólo participa en un 12% de las exportaciones búlgaras y un 5% de las rumanas.
Pero el primer y principal problema en ambos países es el de la corrupción, que alcanza niveles preocupantes, tanto en el sector público como en el privado. Bruselas se muestra rigurosa y amenaza con cancelar pagos de fondos estructurales e incluso ayudas agrícolas si se sospecha de fraudes, irregularidades o corrupción. De entrada, sólo se va a entregar el 75% de los fondos europeos a lo largo del próximo trienio en espera de de que mejore la lucha contra la corrupción.
En medio de todo ello, la carga de ingenuidad que adorna las distorsiones sociales de estos países puede llegar a ser desarmante. Noticia del pasado 1 de febrero: Bill Gates viaja a Rumania para inaugurar un centro técnico mundial de Microsoft y en el discurso de agradecimiento, el presidente Traian Băsescu le explica al magnate de la informática, con toda la buena fe del mundo, que “la piratería del software de Microsoft ha ayudado a Rumania a construir una pujante industria tecnológica”. Gates, informan las crónicas, “no hizo comentarios”. Según los expertos, el 70% del software utilizado en Rumania es pirata. Para concluir, “el presidente rumano condecoró a Gates con la orden nacional de máximo prestigio, la Estrella de Rumanía en grado de comendador y destacó los valores de este empresario, como "el trabajo, el respeto a la ley y la responsabilidad social”.

Bill Gates, feliz tras haber sido condecorado con la "Estrella de Rumania" por el presidente Băsescu
Por supuesto, el futuro económico de los “Rhythm & Blues” es bien incierto: puede evolucionar mal -como está ocurriendo con Hungría- o con el tiempo despegar de forma imparable, como ha sucedido con miembros antaño pobres de la UE que han sabido aprovechar a fondo esa condición y han despegado de forma imparable: tal es el célebre caso de Irlanda, cuyo crecimiento económico ha sido espectacular en los últimos diez años. Todo dependerá, en buena medida, de cómo evolucione la estructura social y la situación política. En tal sentido, Rumania, que es un país sorprendente en muchos aspectos, debe hacer frente a problemas específicos, como por ejemplo, la exagerada tasa de emigración. Un fenómeno que en el caso de este país no parece estar en relación directa con su relativo nivel de pobreza, sino más bien con el hecho de que el emigrante es una figura de éxito social. Aparte de la fuga de cerebros y clases técnico-profesionales que acaban ejerciendo como trabajadores no profesionales en Occidente –y dos de cada tres científicos rumanos investigan y trabajan en el extranjero- la masiva emigración rumana ha propiciado que el país carece ya de suficiente mano de obra, lo que implica aceptar inmigración. De momento, la prensa rumana, muy “a la rumana” presenta el fenómeno como un posible negocio sólo apto para espabilados: exportar mano de obra cara e importarla barata. Pero lo cierto es que de momento las autoridades ya están dándole vueltas a la posibilidad de drenar población agraria muy pobre del campo a la ciudad (algo que recuerda alguno de los planes de Ceauşescu) y la forma de poner en marcha un programa de recuperación de emigrantes, a la manera de los que ya intentó Méjico o Polonia.
Ante esta situación, la prensa juega un papel social aún limitado en estos dos nuevos socios de la UE. En los últimos años, la calidad de los medias ha mejorado de forma notable. Hasta 1989 eran meros comparsas en manos de los regímenes comunistas. Broma común en Rumania era afirmar que el papel de la prensa consistía explicar por entregas "las aventuras del “haiduc” (bandolero) de Scorniceşti", pueblo natal de Nicolae Ceauşescu. La oferta de ocio era prácticamente inexistente, hasta el punto de que en Bucarest los rumanos solían pasarse por la Embajada búlgara para tomar nota de la programación de la televisión de ese país, porque a pesar de que el común de la gente no entendía nada de esa lengua eslava (el rumano es de raíz latina) al menos no incurrían en la reiteración sistemática del culto al líder y sus imágenes eran más entretenidas.
"Scînteia", órgano oficial del PCR en tiempos de Ceauşescu . Posiblemente, uno de los diarios más aburridos del mundo en su época
De esta uniformidad se pasó, en 1990, a la explosión de los medios de comunicación tras la caída del régimen comunista. Sólo los periódicos se contaban por decenas, algunos no pasaban del primer número. Se decía, de broma, que cada rumano equivalía potencialmente a un periódico. La calidad de tales medias era más que cuestionable. Su contenido no estaba controlado por ninguna agencia independiente, ni siquiera por los órganos de justicia, y solían incurrir fácilmente en la difamación o el mero artificio informativo, el puro invento. Incluso la tinta en la que estaban impresos desteñía en los dedos del lector. Hoy todo eso es ya historia. Los grandes rotativos, algunos de los cuales parecen haber tomado como modelo de formato la prensa italiana (sobre todo en Rumania), poseen una calidad reconocida y pueden ser consultados en internet.
Por otra parte, los diarios han ido dejando atrás un estilo especulativo poco profesional y en la actualidad se centran en informar detalladamente sobre cualquier asunto de la actualidad nacional o internacional por delicado que sea. De todas formas, uno de los problemas comunes a los medios de prensa búlgaros y rumanos tiene que ver con el hecho de que, aparentemente, todavía no son capaces de llevar a cabo periodismo de investigación serio, de envergadura y sobre todo, independiente. En un momento dado pueden producirse denuncias puntuales e irregularidades, pero no parece posible que, hoy por hoy, los medios de prensa sean capaces de destapar por su cuenta, por ejemplo, un affaire como el de los GAL en España. Y ello no es atribuible a la carencia de periodistas muy cualificados, que los hay y de gran calidad profesional. En parte podría deberse a que se trata de medios con escasa independencia, sujetos como están a la órbita de los grupos empresariales o incluso partidos relacionados con el poder. Por otra parte, investigar escándalos de corrupción o redes mafiosas puede ser todavía una actividad demasiado peligrosa en estos países. Y sin llegar a extremos tan dramáticos, juega también el hecho de que la política local posee un estilo muy personalista, de manera que en ocasiones una investigación sobre las actitudes de estadistas u hombres públicos puede desembocar en motivaciones pura y simplemente triviales.

Fotografía inusitada de la revolución rumana de diciembre, 1989
El problema sigue siendo que la prensa parece tener una limitada capacidad como agente de control social y político al servicio de la sociedad civil. En principio, la situación debería ser mejor en Bulgaria, donde al menos está más equilibrado el panorama político: existe una derecha pero también una izquierda con sus propios medios de comunicación. En Rumania, donde fue prohibido el Partido Comunista y en general la izquierda tradicional fue presentada de forma negativa por una buena parte de las nuevas autoridades y resaltado de forma un tanto histérica por la opinión pública, la capacidad equilibradora que podía haber ejercido esa parte del abanico político quedó muy cuestionada, incluso por los nuevos partidos definidos un tanto abusivamente como "socialdemócratas". Y sin embargo, incluso en Bulgaria han tenido que ser una serie de ONGs las que se han comprometido a investigar y controlar que antiguos agentes de los servicios de inteligencia y policía política del desaparecido régimen comunista no intenten ocupar cargos en Bruselas a partir de las inminentes elecciones al Parlamento Europeo.
En definitiva, el planteamiento informativo que se ha propuesto desde Occidente sobre los nuevos socios debería haber estado más centrado en aspectos políticos y mucho menos en los económicos, que son mejorables y en un lapso de tiempo más corto que los otros. En días pasados, la prensa rumana avisó del impacto negativo que estaba teniendo la crisis de gobierno que enfrentaba al presidente, Traian Băsescu y el primer ministro, Călin Popescu Tăriceanu, que podría minar las reformas en curso y ralentizar la lucha contra la corrupción. Y por supuesto, tales incidentes ponen en peligro la coalición de gobierno que forman el Partido Democrático (Băsescu) y el los liberales de Tăriceanu. A su vez, el FMI ha advertido del peligro que supone para las inversiones y la economía el peligro de desestabilización política en un momento tan delicado.
Pero las cosas van más allá. Con Rumania y Bulgaria han accedido a la UE un par de países que tienen problemas manifiestamente irredentistas, entre ellos y con otros socios comunitarios. Ahí están los viejos contenciosos entre por Transilvania (un conflicto húngaro-rumano) o el sur de la Dobrogea (entre Rumania y Bulgaria). Habrá que ver cómo aceptan los rumanos la libre circulación de ciudadanos comunitarios húngaros cuando lidian un sordo conflicto que dura décadas con su propia minoría magiar. Y desde luego, ni hablar con Sofia o Bucarest de una futura Europa federalizada. Todo esto es bastante nuevo para la UE y el impacto en sus estructuras puede ser impredecible. De momento ahí tenemos, por ejemplo, la creación de un grupo parlamentario de ultraderecha (Identidad-Tradición-Soberanía) en la Eurocámara, gracias a la llegada de cinco diputados del Partido Gran Rumania y el búlgaro de Ataka, Dimitar Stoyanov.

Situación imposible: En una localidad transilvana sin especificar, los locales del Partido Gran Rumania comparten edificio que sus archienemigos de la Unión Democrática Magiar de Rumania. Fotografía de Antena 3 Rumania
La ultraderecha en la UE: éste es un fenómeno en desarrollo ya conocido: ahí tenemos la Polonia de los “Hermanos Patata”, Lech y Jaroslaw Kaczynski; la Letonia de Andris Berzins o las de Aigars Kalvïtis, la del caso Smits; la Austria de Jörg Haider. Por lo tanto, no es impensable que algún día Vadim Tudor o Siderov llegaran a la presidencia de sus respectivos países, aunque desde Occidente no se entienda el éxito de unos histriones como estos, cuyos discursos, órganos de prensa y programas televisivos no son sino retahílas de ataques, insultos e inventos dirigidos contra todos aquellos que consideran enemigos y traidores a la patria. Pero el hecho de que hayan accedido a la Eurocámara les ha supuesto una nueva popularidad entre sus compatriotas. De repente han dejado de ser unos gritones provincianos, especialistas en contar chistes groseros y hacer reivindicaciones de una xenofobia estrambótica, pasando a ser considerados unosrespetables europarlamentarios con un abultado sueldo y prebendas de todo tipo. Según datos aportados por Judith Argila: “Ya han conseguido fuerza política, punto a favor. Y ahora, ¿qué? En primer lugar, tendrán los mismos derechos que el resto de partidos del parlamento en lo que concierne a tiempo de palabra en el hemiciclo, así que ganaran en visibilidad (a lo mejor son lo suficientemente radicales como para que logren que se hable más de la UE, quién sabe). Además, podrán enmendar textos y disponer de funcionarios, y… también empezaran a llenarse los bolsillos: calculan que percibirán en torno a un 30% más de lo que recibían como no inscritos, lo que supone cerca de un millón de euros suplementarios”. De momento, es de prever que los votantes rumanos y búlgaros se limiten a guardar la carta de la ultraderecha en la manga. Necesitan a Europa y muchos de ellos suponen, erróneamente, que la UE viene a ser algo así como una enorme ONG de auxilio caritativo. Por lo tanto, creen que Bruselas les ayudará y no votarán a quién quiera destruir el espíritu europeo. No obstante, si no reciben de la UE lo que ellos esperan, el desengaño les podría conducir a inclinarse por un voto más nacionalista con el fin de defender con más fuerza sus intereses en este tira y afloja que es la negociación en los foros comunitarios. Etiquetas: Basescu, Bulgaria, Ceauşescu, corrupción, Haider, inmigración, Kaczynski, proceso de integración en la UE, Rumania, Tariceanu, ultraderecha europea
En una tranquila y pequeña república de los Balcanes
Elecciones parlamentarias en Macedonia: el asunto apenas ha merecido en la prensa muchos más comentarios que un simple titular y el desglose de los porcentajes obtenidos. Ganó el VMRO-DPMNE con un 32,46% de los sufragios. Por lo tanto, el SDSM pierde con sólo el 23,31% de los votos. Y poco más se puede leer en la prensa española que apenas se ha dignado a mencionar el hecho. Traducido a términos más inteligibles, la derecha nacionalista en la oposición obtuvo la victoria, mientras que los socialdemócratas deberán dejar el poder tras detentarlo en coalición con el Partido Liberal Democrático (LDP). desde 2002. De todas maneras, la victoria del VMRO-DPMNE tampoco ha sido tan amplia y por lo tanto no podrá gobernar en mayoría: deberá formar coalición, y como ya es tradicional, incorporar en el pacto a alguno de los partidos de la minoría albanesa. El hasta ahora primer ministro, Vlado Bučkovski aceptó la derrota de su partido y felicitó al líder de la oposición vencedora, Nikola Gruevski. No más tarde del 9 de septiembre, el nuevo gobierno deberá tomar posesión. Normalidad, tranquilidad, un poco de elegancia, incluso. Hasta aquí, fin de una historia que, vista así, parece absolutamente gris y sin mayor interés.

Mujeres de la minoría albanesa esperan para votar. Foto: "Washington Post"
Primera conclusión: Macedonia no es noticia, ergo los grandes medios de comunicación y agencias de prensa internacionales no quieren que nos interese y así pues, no news, goods news. En referencia a los Balcanes en sí y para sí, cuanto menos objeto de noticia, mejor. Ellos van haciendo, se conocen bien entre sí, saben cómo tratarse, llegan a sus acuerdos internos y todos contentos. De hecho, Macedonia es ya candidata formal a la UE (diciembre de 2005), pero Bruselas había supeditado el inicio formal del proceso de negociaciones a que los comicios transcurrieran sin violencia ni fraude.
Durante la campaña electoral se produjeron algunos incidentes violentos, peleas entre activistas de los diversos partidos y algún que otro ataque a oficinas de las formaciones albanesas. Lo cual no quiere decir que se trata de incidentes interétnicos: el que suscribe aún recuerda el ataque a tiros contra la sede del BDI (Unión Democrática para la Integración) en las afueras de Tetovo, mientras esperaba pacientemente para entrevistarse con el portavoz y secretario del partido, Agron Buxhaku (hasta hace poco, director del Centro para Gestión de Crisis del gobierno macedonio). Eso ocurrió el 24 de junio de 2002 y no tenía nada que ver con la celebración del día de San Juan, sino que fue un asalto perpetrado (presuntamente) por los rivales del PDSH (Partido Democrático Albanés) Qué tiempos. Hacía apenas un año que el país había salido de su particular y corta guerra civil entre las fuerzas de seguridad del Estado y las guerrillas albanesas independentistas del UÇKömbetar. Las elecciones de septiembre en el 2002 fueron de lo más irregular; cómo no iban a serlo cuando hacía bien poco que se habían enterado los muertos y miles de armas seguían en poder de los insurgentes. Aquella campaña se desarrolló durante el tórrido verano y tuvieron lugar todo tipo de incidentes, desde asesinatos de policías a toma de rehenes, ataques a partidos y medios de prensa.
Por lo tanto, primera conclusión para las elecciones macedonias de 2006: normalidad. Parece que el denominado acuerdo de Ohrid firmado el 13 de agosto de 2001 ha funcionado bien, lo cual es una señal muy esperanzadora para la diplomacia europea, que junto con la OTAN tuvo un destacado protagonismo en la pacificación del país. De hecho, el conflicto macedonio quedó particularmente bien rematado, a diferencia de lo ocurrido tras las guerras de Bosnia y Kosovo. Cierto es que estos fueron conflictos largos y sangrientos. Pero también los es que en Macedonia las cosas no fueron a peor, y en parte ello fue debido a una más adecuada y flexible respuesta diplomática.
El quid de ésta consistió en hacerle saber a la guerrilla albanesa que las potencias occidentales no iban a intervenir a su favor, como de hecho ocurrió en Kosovo. En realidad lo hicieron en su contra, pero de una manera bastante sutil. No podía ser de otra forma: La intervención directa de las unidades de la OTAN era muy problemática, pues cualquier acción directa contra los insurgentes traería problemas para las fuerzas de la KFOR en Kosovo. Pero abstenerse de actuar contra los guerrilleros minaría la autoridad de la OTAN y podría llevar a la desintegración de Macedonia y a una guerra de gran calado internacional en el sur de los Balcanes. La solución consistió, una vez más, en recurrir a la war-by-proxy strategy: utilizar un intermediario, es decir, a las fuerzas del joven Ejército macedonio para repeler la agresión. Aunque no se le dio mucha publicidad, la operación implicó también la adquisición de importantes alijos de armas y municiones a otros países, especialmente a la vecina Bulgaria, muy interesada en intervenir en la zona, pero también a Ucrania; Italia y Alemania suministraron asimismo algún armamento. Igualmente, se utilizaron tropas especiales de mercenarios extranjeros (ucranianos, sobre todo) en el asalto final contra las alturas que dominan Tetovo y para pilotar los helicópteros de combate y los aviones de ataque el suelo.
La diplomacia comunitaria, con el infatiglabe Javier Solana al frente, presionó para la formación de un gobierno de concertación que incluía a representantes de los partidos albaneses, como primera medida para evitar un enfrentamiento entre ambas comunidades, anulando políticamente a la guerrilla. Finalmente, a finales de junio la OTAN comenzó a trabajar en un plan para el envío de una brigada que tendría la misión de recoger las armas de los rebeldes. Pero desde el Consejo Atlántico se insistió en que las fuerzas internacionales sólo se personarían en Macedonia cuando las partes en conflicto hubieran llegado a algún acuerdo político. La tenacidad del presidente Trajkovski y la presión de la diplomacia comunitaria abrieron el camino a la solución cuando el 4 de julio representantes de la minoría albanesa y el gobierno de Skopje acordaron discutir una reforma constitucional a instancias de las propuestas del veterano Robert Badinter, que volvía a escena una década después del colapso de Yugoslavia. A lo largo de julio y agosto las treguas pactadas se rompieron reiteradamente por ambas partes y el plan pareció a punto de fracasar en numerosas ocasiones. Pero el 13 de agosto se firmó el denominado acuerdo de paz de Ohrid. Aunque el alto el fuego fue de nuevo violado, el acuerdo fue la base estable que posibilitó la intervención de fuerzas de la OTAN hacia finales de agosto. La guerrilla entregó las armas que quiso ceder, pero al menos la situación fue evolucionando claramente hacia la calma, a pesar de las protestas de los nacionalistas albaneses contra un pacto y unas reformas constitucionales que consideraban abusivas. Finalmente, una parte de los insurgentes se desmovilizó y se integró en los partidos albaneses, especialmente en el BDI. Todo se hizo sin ruido, sin focos mediáticos y sin dar pábulo a las ganas de gresca de unos y otros. Diplomacia europea, con poco espectáculo, pero eficaz.

Jóvenes albaneses del PDSH durante la campaña electoral. Foto: Reuters
La segunda conclusión que se extrae de las elecciones de 2006 es que el país parece haber cobrado conciencia de que el acceso a la UE es una posibilidad real, y la victoria del VMRO-DPMNE tiene que ver con esa reacción. Aunque no es un axioma, cuando gobierna este partido Skopje se acerca más a Bulgaria. Por el contrario, los socialistas tienden más a simpatizar con Serbia. Entiéndase: la identidad nacional macedonia está conformada, en parte “a la contra de”. Se puede decir que tiene más de búlgara que de serbia, pero no en vano Macedonia se pasó casi todo el siglo XX siendo provincia de Serbia y más tarde región y república de Yugoslavia. El resultado de todo ello viene a ser que las simpatías hacia los vecinos pueden estar repartidas, según las circunstancias. Y ello acompañado de curiosos vaivenes. Por ejemplo: al cabo de un cierto tiempo de estar gobernados por un gobierno más cercano a Sofía, una parte creciente de los macedonios tienden a simpatizar con Belgrado, y a la inversa. Pero la situación actual no parece que obedezca al movimiento pendular de un turno de partidos clásico, sino al hecho de que Bulgaria está próxima a convertirse en miembro de pleno derecho de la UE e interesa acerarse a ella en busca de apoyo y guía para el propio camino hacia la integración. En el momento presente esta claro que Serbia no es el modelo a seguir.
Por último los albaneses. En buena medida, siguen siendo un pequeño misterio. Parece haberse llegado a una situación de equilibrio en virtud de la cual sus partidos políticos hacen de bisagra en los sucesivos gobiernos de coalición. Entre ellos mantienen unas relaciones no siempre amistosas, algo propio de la política en sociedades clánicas. Por otra parte, no todas las armas del extinto UÇKömbetar fueron entregadas y es de esperar que no se produzca una desgracia en el futuro. De momento, para los reporteros extranjeros siguen siendo los actores más coloristas para cualquier reportaje en Macedonia. Un ejemplo en las fotos que acompañan este post. Y para remate la breve noticia de que tras las elecciones se escucharon en la noche de Skopje disparos de armas automáticas y “procedentes de la municipalidad de Cair y el Viejo Bazar”. Según informaciones de la policía, se trataba de miembros y seguidores del Partido de la Integración Democrática de Ali Ahmeti, celebrando su particular victoria electoral.
Etiquetas: albaneses, BDI, Bulgaria, elecciones, Kosovo, Macedonia, mercenarios, Ohrid, PDSH, proceso de integración en la UE, SDSM, Serbia, Tetovo, UÇKömbetar, VMRO
Is this trip necessary? (2)
Como cada año, como leíamos en la novela 1984, las estadísticas trompetean resultados excepcionales. Los últimos datos que recuerdo corresponden a mediados de marzo pasado: “Los ingresos por turismo en España alcanzaron los 37.792,7 millones de euros durante el año 2005, lo que representa un incremento del 3,89% en relación a la cifra acumulada en el ejercicio anterior”. Y suma y sigue. El oficialísimo “Balance del Turismo en España” publicado por el Ministerio y el Instituto de Estudios Turísticos también abunda en el mismo tono triunfalista. Todo son guarismos mareantes y al alza; todo va bien, más mejor que bueno.
Sin embargo, nada más salir del pulido templo de las evaluaciones oficiales, tropezamos con las primeras controversias polvorientas. No hace falta buscar mucho. Por ejemplo, un debate organizado por “Expansión” los pasados meses de agosto y septiembre, reproduce un buen puñado de quejas. Por bien conocidas no parecen alarmantes: la obsesión española por las bondades del turismo de costa, la explotación abusiva del turista-guiri, una calidad en el servicio más que cuestionable, nula renovación de las infraestructuras en décadas y suma y sigue. En todo caso, de entre los mails recogidos vale la pena destacar aquel que insiste en que, “desgraciadamente la débil credibilidad de los datos estadísticos hace que se puedan elevar conclusiones erróneas sobre el turismo”. Comenzando por los del propia Secretaría General de Turismo, que gozan de escasa credibilidad en el mismo sector hotelero.
Esto último es importante porque parece denotar una peligrosa manipulación del asunto. Francisco Muñoz de Escalona firma en la revista “Contribuciones a la Economía” un pugnante artículo de explícito nombre: “La resistible exaltación del turismo” en el que dice no comulgar con la “descomunal exaltación del turismo” que se lleva a cabo de forma interesada por un entramado empresarial-gubernamental-mediático en el que incluso las instituciones docentes especializadas. En sus propias palabras, desea “demostrar que dicha exaltación no se apoya en elementos objetivos sino en afirmaciones de calculada ambigüedad presentados como verdades científicas precisamente por quienes tienen el deber de comportarse de acuerdo con los criterios de independencia y distanciamiento que deben presidir la actividad científica (…) Porque el autor está convencido de que la exaltación del turismo es perfectamente resistible y evitable”.
El trabajo de Muñoz de Escalona no es la obrita de un chalado más de internet. Está documentado y sólo busca abrir públicamente la Caja de Pandora de un debate que, por otra parte existe desde hace años en los medios académicos de los turisperitos o expertos académicos en el sector. De hecho, ese artículo tiene una continuidad quizá más sistematizada en otro de Jafar Safari, profesor de Hospitalidad y Turismo en la Universidad de Wisconsin-Stout y titulado: “La cientificación del turismo”. El autor nos explica que las ideas y escritos sobre el turismo se agrupan en las denominadas cuatro plataformas: la “favorable”, la “desfavorable”, la “conciliadora” y la “científica”. El lector de este post que acuda al hipervínculo podrá ponderar por su cuenta la información que ofrecen Jafar Safari y Muñoz de Escalona, pero en general y comparando con las evaluaciones que se pueden leer aquí y allá en la red, la conclusión que se extrae es la de que los analistas pasan de lo “micro” a lo “macro” sin solución de continuidad. Pero falta la aplicación de los teórico a lo concreto. Por ejemplo, los supuestos beneficios socioculturales de la “plataforma favorable” incluyen extremos como la “eliminación de fronteras lingüísticas, raciales, políticas o religiosas” o “valoración de las diferentes culturas” . Esto puede resultar verosímil en aquellos países que se están lanzando a la explotación turística, pero no en España, que el año pasado encajó 55 millones de turistas –es el cuarto destino mundial-, y que sin embargo sigue siendo célebre internacionalmente porque sus habitantes apenas hablan algo más que el castellano y la lengua de la autonomía respectiva. Aquí, desde hace años, las ciudades turísticas tienen su “barrio de guiris” o incluso íntegros “resorts de concentración” (estilo Magalluf, en Mallorca) y la comunicación entre visitantes y locales es mínima y no buscada.
¿Creación de empleo? Una buena porción son trabajos estacionales pactados a base de contratos basura. Le viene de perlas a los políticos de turno en el poder para mezclar datos de otros sectores y fechas para “demostrar” que “globalmente” descendió el desempleo en tal periodo. ¿Construcción de infraestructuras? A eso ya se le llama “cementación de las costas”. Mira por dónde, tras varios días de cavilaciones y búsquedas para elaborar este post, alehop, esta misma mañana las principales cabeceras de la prensa estrenaban titulares referidos a un informe del Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE): “España es el país más edificado de Europa. En 2005 se construyó más que la suma de Alemania, Francia y Reino Unido”; “Suelo insostenible” (“ADN”); “El suelo edificado crece un 40% en los últimos 18 años” (“El País”). Algunos resultaban un poco más explícitos sobre el trasfondo más peligroso del asunto: “La tercera parte del litoral del Mediterráneo está edificada”; “La costa de los ladrillos. El 34% de la franja de litoral está edificado” (¨La Vanguardia”). Es significativo que incluso ante circunstancias tan graves, “observadores” y periodistas pasen de puntillas sobre la responsabilidad del turismo en ese desmadre. Porque lo cierto es que no hay nada que pueda crecer con tanta desgarradora celeridad como los complejos turísticos a base de hoteles, piscinas y chiringuitos. En el otoño de 2004 tuve oportunidad de visitar Nessebar, en la costa búlgara, y era como para quedarse boquiabierto (y lugo echarse a llorar). En muy poco tiempo, los hoteles han crecido como champiñones, muchos de ellos copia exacta de lo que se puede ver en nuestras costas. De hecho, algunos eran de empresas españolas y hasta la decoración y la misma cerámica de revestimiento hacían creer que andabas por la Costa Blanca cuando enfrente estaba el Mar Negro.
Pero aunque estos días llame tanto la atención (no deja de ser una “noticia de verano”) la destrucción del paisaje es ya un tópico ineludible y por lo tanto, bastante viejecito él. Ahora se habla más del arrasamiento de sistemas ecológicos completos: por ejemplo, el problemón que tienen con el suministro de agua en las costas andaluzas. ¿De dónde creen que les viene la brutal sequía a los pueblos cmalagueños y gaditanos del litoral? Últimamente proliferan los estudios sobre “ecoturismo” y sostenibilidad y se llega a la conclusión espeluznante de que el avión es el medio de transporte con mayores emisiones y consumo de energía por viajero-kilómetro. Y así resulta que las “escapadas” de fin de semana en compañías de bajo coste están terminando de agujerear la capa de ozono; pero hay quien opina que peores consecuencias sobre el medio ambiente tiene el desplazamiento de millones de turistas por vía aérea a destinos supuestamente exóticos y, en cualquier caso, lejanos.
Frente al planteamiento buenista y algo ingenuo, la “plataforma desfavorable” de los turisperitos peca de truculencia en algunos puntos, pero llama la atención sobre peligros bien reales. Y uno de ellos, seguramente el que más nos afecta ahora mismo a todos, fue portada de algunos periódicos ayer mismo: vaya casualidad. Pero eso debe quedar, forzosamente, para otro post. Etiquetas: Bulgaria, ecoturismo, Jafar Safari, Mar Negro, Nessebar, sostenibilidad, Turismo