jueves, marzo 04, 2010

Turquía regresa a la senda europea (1)























Erdogan y Zapatero bromean en un momento relajado, durante la visita del mandatario turco a Madrid


El pasado día 22 de enero, mientras el primer ministro turco, Reyep Tayyip Erdogan estaba de visita en España, llegó la noticia de que la policía antiterrorista turca había detenido a casi medio centenar de militares retirados de alta graduación, acusados de haber planeado la operación “Martillo” ("Balyoz") en 2003, destinada a dar un golpe de estado castrense que habría derribado al gobierno del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), pocos meses después de que ese partido hubiera ganado las elecciones, el año anterior.

Curiosamente, entre la prensa occidental se produjeron comentarios adversos, por activa o por pasiva. De una forma u otra, volvió a resonar la vieja cantinela sobre Turquía, compuesta a base de un gastado mantra que a fuerza de repetirse pretende adquirir consistencia de realidad. En España el grueso de la campaña antiturca ha estado respaldada básicamente por medios afines a la clásica derechona (incluyendo ultracatólicos), a los que se han unido “eurábicos” y nueva ultraderecha pro-israelí (también la hay anti-israelí), además de socialistas-nacionales. Desde hace pocos años, se han añadido sectores supuestamente afines al socialismo, pero dispuestos a torpedear cualquier opción original que persiga el gobierno Zapatero.

La idea central de la cantinela, con melodía de la temporada primavera-verano de 2010, la encontramos, por ejemplo, en un vistoso editorial de “El País”, publicada a raíz de la visita del primer ministro Erdogan a España: Turquía es Oriente. Da igual que haga ya cuatro años y pico que Turquía haya sido admitido formalmente como país candidato a la Unión Europea. El hecho es que, según remata el autor del editorial, últimamente Turquía se mueve demasiado bien por Oriente Medio, y ello aparta a ese país de Europa.

La afirmación parte de una tautología en su estado más simple, la del puro sí-o-sí: hace unos pocos años, se afirmaba que uno de los activos de Turquía como futuro miembro de la UE era su capacidad para actuar como broker de Europa entres los países árabes, en Oriente Medio. Ahora que demuestra poseer tal cualidad, resulta que eso precisamente juega contra su candidatura. Pero si hubiera renunciado a ella, ¿de qué le serviría Turquía a Europa?

Por lo tanto, ya se sabe, hagan lo que hagan los turcos, está mal hecho, y no conviene a Europa.

¿A Europa? En mayo del año pasado, el mismo diario “El País” precisaba con claridad a quién no le conviene la integración de Turquía en la UE: a Francia y Alemania. Por supuesto, eso no es una novedad, si por el primer país entendemos las posturas políticas del presidente Sarkozy, y el segundo lo identificamos con la canciller Angela Merkel. Pero el artículo aludido iba mucho más allá de esas precisiones coyunturales:

“La cuestión de fondo de la firme oposición franco-alemana es el temor a la pérdida de poder político. Con el nuevo Tratado de Lisboa, la población pasará a ser un elemento determinante para medir la importancia de cada país en la UE. La gran conquista de Alemania en el nuevo tratado, que es nada menos que el reconocimiento a su mayor peso tras la reunificación, se desvanecería a la luz de la bomba demográfica que representa Turquía.

Mientras Europa envejece y su población se estanca, la de Turquía se dispara. En el horizonte de 2060, Alemania contará sólo con 70 millones de habitantes frente a los 82 actuales. En cambio, en Turquía sus 71 millones de ciudadanos de hoy se convertirán en 97 millones dentro de cuarenta años. Francia, aunque también crecerá hasta los 71 millones, deberá asumir que el mayor poder político en el Consejo Europeo y el Parlamento lo ejercerá un país de mayoría islámica como Turquía”.

Resulta incluso divertido el descaro con el que se plantea la cuestión: el Tratado de Lisboa se redactó primando el tamaño de los países que, vaya casualidad, son los que ahora reivindican para sí el liderazgo hegemónico de la Unión Europea, es decir: Francia y Alemania. Y por lo tanto, todo el tinglado queda amenazado por la natalidad turca. Pero, ojo al dato: no es una consideración coyuntural. Turquía no pone en cuestión la hegemonía franco-alemana en la UE en el 2015 o el 2020, sino… ¡a cuarenta o cincuenta años vista! No cabe duda de que Berlín y Paris cuentan con blindar su “liderazgo” a largo, muy largo plazo.

No es de extrañar que la prensa conservadora española se frote las manos ante tales noticiones. ¿Pero sólo cabe esa opción o es precisamente lo que nos quieren hacer creer? Les invito a la lectura del artículo de Johan Galtung: “Turquía, la Unión Europea, Francia y Alemania”, en su versión castellana o inglesa.

(Continuará)

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domingo, octubre 21, 2007

Patriotismos y espejismos





















Un niño sostiene en alto un cartel del PIS durante al reciente campaña electoral en Polonia. El nacionalismo polaco ultra de raíz católica, es heredero del que alumbró Solidaridad en los años 80 y fue fervorosamente aplaudido y sostenido desde Occidente


A continuación, artículo enviado a "El País" el pasado 29 de agosto y rechazado formalmente el pasado 11 de octubre. Justificación oficial ofrecida: con el advenimiento del nuevo formato del periódico (ya saben, recuerden ese anuncio tan relamido de la tele en el que aparece una especie de Roncagliolo paseándose por ciudades del mundo y haciendo rimas alocadas y supuestamente trascendentes en plan: "La perra, Camberra, discursos de Guerra, Alfonso, ¡qué sonso!, un chiste de Moncho... Borrajo, carajo, currele a destajo: ¡la sopa de ajo!" ) el periódico ha decidido "vaciar nevera" y hacer tabla rasa. ¿Ustedes se lo creerían? Bueno, aceptemos pulpo como animal de compañía, tal como se decía en aquel popular anuncio televisivo. Dentro de unas horas, si nos recuperamos de la conmoción nacional que supondrá el nuevo formato del rotatico ya con el acento en el título, podremos entrever lo sucesido. Quizá. Como reza la impresentable sintaxis a base de dos infinitivos que ha ideado su publicitario: "Querer saber". Ok, Tarzán.



[Adenda a 25 de octubre: Convenientemente reducido a 5.700 caracteres, con algunas actualizaciones y un título diferente, la pieza fue publicada por el nuevo cotidiano "Público" a día de hoy, espacio: "Dominio público", en edición de esa misma fecha, pag. 12]


















Jaroslaw Kaczynski en un mitin ante el logo de su partido, el PIS, que incluye el águila heráldica de Polonia con la corona



Patriotismos y espejismos: de Polonia a Kosovo


A mediados de los 80, los brotes de nacionalismo en Europa oriental tenían ya unos cuantos años. Se puede decir que todo comenzó de forma muy clara con el nacionalismo de raíz católica reactivado en torno al sindicato Solidaridad en Polonia desde 1980. Procesiones con popes o el dramático periplo de los restos del príncipe Lazar que se vivieron en Serbia en la segunda mitad de esa misma época, tuvieron de hecho su precedente y equivalente en las emotivas misas y confesiones públicas celebradas en los astilleros de Gdansk o las peregrinaciones al santuario de Częstochowa. Los medios de comunicación occidentales se extasiaron ante la resurrección de la catolicidad anticomunista, símbolo eterno del nacionalismo polaco, y se mofaron de la ortodoxia balcánica convertida en bandera del nuevo nacionalismo serbio. Pero en realidad formaban parte de un mismo discurso político, de la misma generación, de un área geográfica similar y de unas circunstancias históricas muy parecidas.


De ese ambiente surgió un agresivo nacionalismo y de él son hijos los gemelos Kaczynski, que tantos quebraderos de cabeza vienen dando a Bruselas desde hace meses. Por fin en crisis, es deseable que esa especie de extraña experiencia onírico-política desaparezca; pero posiblemente el nacionalismo polaco seguirá presionando en un futuro. Ahí estaba ya, hace tres años, en los duros momentos finales de la negociación con Bruselas para el acceso de Polonia a la Unión Europea, bajo la presidencia de Aleksander Kwasnieski y el gobierno del socialdemócrata Miller. Es natural que sea así, porque una parte considerable de los polacos están desconcertados. La Polonia surgida de la Segunda Guerra Mundial, renació con unas nuevas fronteras que le supusieron destacados beneficios: una costa con puertos para desarrollar el comercio marítimo y el negocio de los astilleros. Antiguas regiones alemanas, que aportaron infraestructuras, minas y materias primas; incluso una porción importante de Prusia Oriental, corazón de lo más germánico del derrotado vecino. ¿Quién garantizaba esas fronteras? La Unión Soviética. Cuando esa potencia desapareció, todo descansó en la buena voluntad alemana de no volver a abrir viejas heridas. Pero ¿cuánto perdurará tal actitud?¿Dependerá de que Polonia juegue un papel subordinado en el seno de la Unión Europea?















El primer ministro socialdemócrata Leszek Miller en un momento de cordialidad con el entonces canciller alemán Gerhard Schröder. A pesar de la aparente distensión, el gobierno polaco demostró ser un duro negociador ante Bruselas. Y desde luego, sobre las relaciones germano-polacas continúan planeando las nubes negras del pasado


Este tipo de temores son muy delicadas y en la mitad occidental del continente las rehuimos. Pero no son ajenas a la cultura nacionalista de países como Polonia. Y por si faltara algo, el país debe depender más si cabe de Alemania y la UE ante una Rusia que parece estar recuperando su estatus de potencia amenazadora. Por lo tanto, a Polonia han regresado las viejas pesadillas de comienzos del siglo pasado, la vetusta idea de que el país tiene el trágico destino histórico de estar situado entre rusos y alemanes. No es de extrañar que se vuelvan desesperadamente hacia los Estados Unidos, dispuestos a acoger cualquier proyecto estrafalario de un presidente Bush en caída libre, pero que no renuncia a agitar las aguas de la “Vieja Europa” haciendo lo único que sabe: inventarse peligros de destrucción masiva.

Dentro de la misma lógica dominante basada en espejismos y veteranos fantasmas, también es comprensible que tanto serbios como albaneses estén desconcertados y crean que no es tiempo de olvidarse de las histerias nacionalistas. Hace algunos años, Ralf Dahrendorf dio unas declaraciones a este mismo periódico en las que, refiriéndose a los Balcanes, dijo que los occidentales “no sabemos lo que queremos”. Llevaba razón: en nombre del oportunismo, del desconcierto ante el chantaje, del doble rasero y del manejo temerario de ideas trasnochadas sobre supuestos derechos nacionales, propugnamos la desmembración de Yugoslavia porque los diversos pueblos “no podían convivir entre sí”. Eso fue en 1991; en cambio, durante los cuatro años siguientes, las potencias occidentales involucradas en la guerra de Bosnia se esforzaron por mantener unidos en dicha república a serbios, bosníacos y croatas, y de hecho dieron luz verde a una especie de mini Yugoslavia en 1995. En 1999 intervinieron en Kosovo porque albaneses y serbios no podían coexistir, y apenas intentaban repetir la experiencia federal puesta en marcha en Bosnia. En cambio, sí que impusieron la unidad de Macedonia cuando los albaneses de esa república se sublevaron con un claro programa de autodeterminación, en la guerra de 2001.


















El filósofo Ralf Dahrendorf. "El País" publicó sus interesantes declaraciones sobre los Balcanes el 5 de octubre de 1998, pero sin darles mucho espacio ni relevancia. Nunca volvió a hacerlo


Ahora, la misma ONU ha lanzado un plan para respaldar una “independencia tutelada” de Kosovo, que desde el primer día no gustó ni a los nacionalistas serbios ni a los albaneses. Rusia, que durante la guerra de 1999 experimentó en Kosovo una humillación diplomática busca resarcirse y ha forzado la continuación de unas negociaciones entre serbios y albaneses tuteladas por las grandes potencias. Pero a estas alturas ya casi todo es inútil: ningún bando parece aceptar nada que no sea la imposición en bloque de sus respectivas opciones, basadas más en consideraciones emocionales que prácticas. De nuevo, como desde hace dos siglos, serbios y albaneses intentan conseguir sus objetivos presionando a sus importantes padrinos, sin importarles que a estas alturas la cuestión de Kosovo es un asunto especialmente molesto para casi todas las potencia intervinientes, a excepción de los Estados Unidos.

Y más que nadie, para la misma ONU. Si realmente impone la soberanía de la región añadirá un clavo más a su propio ataúd, después de los fallos garrafales cometidos en las crisis de los noventa, desde la debacle de Somalia al genocidio de Ruanda (1994) y la mala gestión de la guerra en Bosnia o la incapacidad de hacer nada por salvar a Irak. Por eso Bush está tan empeñado en la independencia kosovar: sabe que con el Plan Ahtisaari la ONU crea un precedente insólito al conceder la soberanía a un territorio que anteriormente pertenecía a un estado, contraviniendo su propia resolución 1244 de 1999 en la que no se hablaba de independencia, sino de una autonomía sustancial.















Martty Ahtisaari: su plan sobre Kosovo es una carga de profundidad para la ONU. Debido a ello y a que Rusia vetaría su aplicación en el Consejo de Seguridad, la UE será la encargada de aplicarlo; o eso parece que va a suceder en diciembre



Pero si es la Unión Europea la obligada a alumbrar el parto, se encontrará ante la tesitura de apoyar la independencia de un nuevo estado nación de corte decimonónico, cuando la filosofía del proceso de integración va por el camino opuesto. Por lo tanto, se está dando un enorme rodeo para montar un tinglado que dentro de un tiempo deberá desmontarse de una u otra forma. Primero, porque al día siguiente de su independencia, Kosovo será lo que en términos diplomáticos se denomina un “estado fallido”: una administración deficiente, incapacidad de hacer cumplir las leyes, carencia de un sistema fiscal eficaz, serios problemas para gestionar la economía y muy poco atractivo para la inversión exterior. ¿Qué ocurrirá a continuación? Muy posiblemente, las inversiones las harán los vecinos directamente interesados en controlar al nuevo estado, y quizás en esa operación descuelle Serbia, apoyada financieramente por Rusia. Como contrapartida, y dado que el poder de la UE como generadora de ayudas y subsidios tiende a menguar, Kosovo no se va a poder beneficiar de un apoyo a largo plazo desde ese lado, ni siquiera si termina integrándose de aquí a una década.

Por otra parte, si la soberanía de Kosovo respaldada por la ONU tenderá a vaciar de contenido a esa institución, lo mismo ocurrirá con la UE, en mayor o menor medida. A ojos de algunos países miembros podría sugerirles que formar parte del club no es garantía para verse arrinconados frente a la política de los hechos consumados bajo el pretexto de mantener la “solidaridad comunitaria”, una vez que algunos países ya han montado la operación que deseaban consumar. Y volvemos a Polonia y sus miedos; pero también a los de Rumania, Bulgaria, Hungría y, en general, casi todos los nuevos socios del Este.

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viernes, agosto 31, 2007

NOTA: Grecia en negro















Una espectacular fotografía publicada en el diario costarricense "Nación": los incendios amenazan las ruinas de Olimpia

Anteayer mismo, un amigo recién llegado de Grecia, un profesor español perfectamente integrado en la realidad social del país desde años, comentaba varias novedades relativas a las consecuencias políticas que están generando los recientes incendios en ese país. La primera ya había sido cubierta por la prensa española: al gobernó le falló estrepitosamente la “denuncia” de que los incendios habían formado parte de una provocación criminal. De forma más o menos indirecta, los señalados como culpables fueron la oposición y (eso no se mencionó por estos pagos) los turcos, deseosos de terminar con la competencia del turismo griego. La teoría conspirativa, de rancia tradición balcánica, no coló. La ciudadanía está más que enfadada. Y ahora, a pocos días de las legislativas de septiembre, Nueva Democracia pierde posiciones.

Mi amigo añadió que en este momento, la pugna más o menos soterrada (y para muchos griegos, una de las claves de los incendios) es el reparto de las ayudas y subvenciones de la Unión Europa. ¿Quién repartirá más, cómo lo hará? Ha sido una agradable sorpresa encontrar en “El País” de ayer (30 de agosto) un reportaje de Ramón Lobo, desde una de las zonas más afectadas por los incendios, centrado precisamente en esa cuestión y titulado: “
Tras el fuego, llueven las ayudas. La picaresca se cuela en el cobro de indemnizaciones por el descontrol del Estado griego”.



Fotografía satélite del Peloponeso, Ática y la isla de Eubea, arrasadas por los incendios







Este asunto me ha traído a la memoria las excelentes novelas del autor griego (nacido en Estambul y de padre armenio) Petros Markaris, traducidas y publicadas casi todas ellas en castellano. Esa serie de obras de serie negra tienen como protagonista al comisario (teniente)
Jaritos, un ex policía durante la dictadura militar, de concepciones deliciosamente anticuadas que, como contraste, nos permiten entender mejor la sociedad griega de nuestros días. A lo largo de las diversas novelas, Jaritos debe enfrentarse a casos policiales relacionados con la explotación de la mano de obra inmigrante, especialmente la albanesa, los mangoneos financieros que tapan los clubs de fútbol, el tráfico de órganos, la reconversión de un antiguo progre de izquierdas en un perfecto neocon sociata, la especulación inmobiliaria, las irregularidades en los medios de comunicación, las corruptelas en la seguridad social, los chanchullos con las subvenciones de la UE y cosas así.

El escritor griego Petros Markaris, en una pose característica














Es cierto que los últimos títulos han caído un poco en cierta exageración argumental; pero en todo caso, no es sino una técnica para introducir a la vez, en una misma novela, más rasgos distintivos –negativos- de la Grecia actual. Por cierto: en medios españoles se ha comparado a veces, erróneamente, al comisario Jaritos con el Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán. Como caracteres no pueden ser más opuestos; pero además, el desaparecido escritor barcelonés tendía a insistir en la utilización del tradicional “esperpento”, desarrollado magistralmente por la pluma de Valle-Inclán un siglo antes. Lo de Markaris es otra cosa, no lo duden.

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domingo, abril 01, 2007

Negociaciones bajo cuerda (1): guerritas de papel


Cartel de recompensa por los prófugos más buscadospor el TPIY. Ilustración que encabeza el reportaje de Ramón Lobo en "El País", 1º.04.2007















Separata “Domingo” de “El País”, 1º de abril, 2007. Cuatro páginas más portadilla para un extenso reportaje de Ramón Lobo dedicado a Radovan Karadžić y Ratko Mladić, eternos criminales de guerras serbios de Bosnia, fugitivos del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia. En algún ordenador central del citado periódico debe de existir alguna tecla CTRL+Fx (donde x es igual a 1, 2, 3…) para que aparezcan en pantalla, listos para editarse, bloques de retórica repetida sobre Bosnia, Srebrenica, Karadžić y parafernalia similar. El reportaje de Lobo posee el abultamiento habitual, es rico en detalles coloristas, indica que anduvo por aquellas tierras a ver si había suerte y daba con los fugitivos, pero poco más. No añade gran cosa a lo que se sabe desde hace tiempo. Que Mladić, y Karadžić siguen huidos, que se han paseado impunemente por Bosnia o Belgrado, que en las cancillerías occidentales hay pocas ganas de atraparlos, que Carla Del Ponte anda desesperada, porque se va en septiembre y supone que después de ella ningún otro fiscal pondrá el mismo empeño. Pues vaya: a lo mejor ocurre justamente lo contrario, pero ella ha logrado fabricarse una imagen de eficacia que muchos periodistas consumen a pies juntillas.

¿A qué viene ahora, precisamente ahora, este reportaje tan estentóreo? Se parte de la base de que no está ahí por casualidad o porque a Ramón Lobo haya querido amortizar un reportaje pagado de su bolsillo. Es un asunto de política informativa. A continuación siguen tres hipótesis sobre los motivos del artefacto (en el sentido mecánico de su composición) periodístico:

Primera: “El País” tiene información fiable sobre la pronta captura o entrega voluntaria al TPIY de Ratko Mladić, y Radovan Karadžić. Un jugoso y tierno chivatazo. Todo puede ser. De todas formas, en los Balcanes hay que andar con cuidado con los cuentos chinos. En la primavera de 1999, en pleno bombardeo de Serbia, “Vía Digital” se dejó un potosí en el aparatoso viaje de Pepe Navarro desde Tirana a Belgrado, dando un enorme rodeo para evitar la zona operativa de la OTAN sobre el Adriático, lo que además incluyó estancia en la capital serbia durante bastantes días extras. Todo ello porque alguien les hizo creer que Slobodan Milošević quería dar una entrevista (y quizás un mensaje) a través de la citada cadena. Son cosas que ocurren en la prensa, con más frecuencia de lo que desearía saber el lector, oyente o telespectador.

El historiador Anthony Beevor contempla con aparente perplejidad la intervención de Tertsch en una conferencia


Segunda: Hace poco días, el conocido columnista (ex reportero y ex subdirector) Hermann Tertsch fue despedido sin miramientos de la redacción de “El País”. No hubo mucho secreto en los motivos: era público y notorio que actuaba como un verdadero submarino de la opinión de derechas española entre las columnas de “El País”, y que emergía en Telemadrid largando todo tipo de fuegos de artificio. Basta insertar su nombre en el buscador de noticias de Google, para comprobar que la grey de las tribus informativas de la derecha, desde la más suave a la más carca, lo recibió con los brazos abiertos: por fin salía del armario el hijo pródigo y regresaba a la familia que le correspondía. Ahora, a elegir el nicho ecológico más apropiado.

Hacía años que a Tertsch debería habérsele aplicado el finiquito en "El País"; pero primero por compadreo y más tarde, posiblemente, por una muy equivocada política de captar lectores de la derecha (como si no existiera internet al alcance del más perezoso) lo mantuvieron en plantilla años y años. Y claro, tanta impunidad innecesaria provocó la natural subida de humos: Tertsch se autocopió y perfeccionó la caricatura de sí mismo; y al final, ya fue tarde. Se le dio puerta en el peor momento, con ruido y escándalo, en pleno enfrentamiento entre PP y Prisa, y la prensa de derechas ha estado presentando a Tertsch como mártir de la libertad de expresión (aunque sólo durante un par de días, no crean; hasta que se fueron cerrando heridas entre las partes enfrentadas). En realidad, los mártires de lesa opinión éramos los miles de lectores que cada martes nos preguntábamos qué porcentaje de nuestro euro iba a pagar aquellas tomas de posición tercas, roncas, y cada vez más y más derechonas. O dicho de otra manera: en base a qué teníamos que pagar en "El País" la promoción ideológica de "La Razón".

Pues bien, la cosa (incluso divertida) es que desde hace no mucho tiempo, la opinión periodística conservadora y hasta neoliberal, está
tomando partido por Serbia. ¿Resulta extraño? No tanto: es producto de la animadversión anti musulmana que tiñe cada vez más extensamente a la derecha y ultraderecha europea (aunque algunos neonazis comulgan con el islamismo radical, por antisemita); y también del respaldo a la independencia de Kosovo que están llevando a cabo las Naciones Unidas. Se argumenta que nunca antes la ONU ha concedido la independencia a un territorio que previamente pertenecía a un estado soberano y que eso puede crear precedentes muy peligrosos en Europa occidental y, por descontado, en el estado español.

Ciertamente que a Tertsch le va a costar encajar sus opiniones compulsivamente anti-serbias y anti-rusas en tal esquema. En fin, tribus hay en el campo de la derecha informativa y variadas, por ende. Nada impide que se acabe convirtiendo en un tonante Giménez Losantos de la opinión internacional hispana. Pero mientras tanto, “El País” se ha sentido obligado a marcar terreno en determinados temas, los de siempre, con o sin Tertsch. Levantar el pendón de PRISA frente al PP y sus aliados en determinados temas muy, pero que muy teñidos de pasión política local; entre ellos, Bosnia-Sarajevo-Srebrenica-Mladić. Demostrar que aún sin el “gran experto” son capaces de lidiar las viejas batallas. Tampoco es tan difícil gracias al comando CTRL+Fx, qué caramba.

Mal asunto estas guerritas de papel. Son casi inevitables, desde luego: cuántos opinatodo y periodistas pasan años tomando partido por uno u otro bando de cualquier conflicto internacional, simplemente porque coincide con sus opiniones políticas o lejanas preferencias juveniles. O porque de esa forma contradice o fastidia a mengano. Suena miserable, pero por esa vía tan habitual, algunos han alcanzado la fama y cualquier menoscabo a “su” causa es un atentado contra su señor caché. Es el caso de los “periodistas azote” sobre las que ya se escribió en este blog hace meses. A la larga, sin embargo, la muy periodística costumbre casi siempre termina causando sonrojo: recordemos las hilarantes anécdotas sobre las pullas entre aliadófilos y germanófilos durante la Gran Guerra de 1914 a 1918, todo un jalón en la historia de la prensa española.


Martti Ahtisaari en una foro reciente












Tercera hipótesis para el “Ni busca ni captura” de Ramón Lobo. Es quizá la más probable y, desde luego, la más profesional. Además se apoya en cierta tendencia, propia de muchos periódicos, a protagonizar la noticia, a montar la cruzada a un euro o la guerrita de papel. El lector avezado en los conflictos balcánicos ya debe saber que por estos días se están llevando a cabo conversaciones bajo cuerda referidas al futuro estatus de Kosovo. A pesar de que fracasó a la hora de poner de acuerdo a serbios con albaneses –como todo el mundo esperaba e incluso él mismo- el enviado de la ONU Martti Ahtisaari endosó el plan que lleva su nombre al Consejo de Seguridad, donde será debatido esta misma semana.

Inicialmente, sólo Rusia (y Serbia) estaban en contra del Plan Ahtisaari. Pero hace pocos días se supo de las reticencias de eslovacos, rumanos y griegos. En Madrid tampoco andan muy entusiasmados con la idea. Viendo venir las orejas del lobo, los ministros de Exteriores de la UE unieron sus espadas en Bremen, durante el pasado viernes, a fin de que la propuesta para la independencia tutelada de Kosovo no “fracture” a la Unión.

Y es que las cosas no están como para tirar cohetes. No porque catalanes y vascos se movilicen para negociar su independencia en parecidos términos, como teme la derecha hispana (aunque es cierto que el asunto de Kosovo cae en un momento delicado, vista la situación en Euskadi). En realidad es mucho más posible que a medio plazo la nueva iniciativa de la ONU tenga un efecto similar al de otras adoptadas anteriormente en los Balcanes: verter gasolina sobre el fuego. De momento, Macedonia baila sobre un alfiler, esperando a ver qué ocurre y qué actitud toma la minoría albanesa. Esperemos que en Transilvania no empiecen a redoblar los tambores del revisionismo magiar, ahora que Hungría y Rumania son vecinos en la UE. Y ya puestos, quién sabe si algún día no resucitará Rumelia Oriental, como patria de los turcos de Bulgaria. De momento, el precedente de Kosovo podría venirle muy bien a la República Turca del Norte de Chipre para reclamar el reconocimiento de su soberanía.



La bandera de la RTNC en una ladera del Norte de Chipre












Pero sobre todo, claro está, los serbios de Bosnia pueden ponerse farrucos y recordar que ellos no querían pertenecer a Bosnia-Hercegovina. Exactamente el mismo caso que los albaneses de Kosovo. De hecho, hace pocos días tuvo lugar una protesta en Banja Luka, capital de la Republika Srpska, y el Movimiento Popular Serbio planteó abiertamente la posibilidad de un referéndum sobre la separación de la entidad serbia del resto del actual estado bosnio. Dane Čanković, que es el presidente del citado movimiento, dijo que asistían a la tal iniciativa la Carta de la ONU, los acuerdos de Dayton y la Constitución de la Republika Srpska.

Republika Srpska por Kosovo: ahí está, posiblemente, la razón del enigmático reportaje de “El País”. Un aviso para navegantes lanzado desde Madrid (¿llegará a Banja Luka y Belgrado?): si los serbios de Bosnia se ponen burros, pondrán en problemas a Belgrado; una vez más, como durante la guerra. Y ya vieron en Pale y Banja Luka lo que ocurre cuando Belgrado ve sus intereses amenazados: no hay hermanos serbios que valgan. Si el ejemplo de los albaneses pretende ser copiado en la Republika Srpska, las potencias occidentales “recordarán” que Karadžić y Mladić, siguen huidos. No es posible que se pongan a buscarlos (por la cuenta que le trae a algunas cancillerías lo que podría salir a flote) pero sí que sacarán a relucir el asunto para cerrarle a Serbia la puerta entreabierta hacia la integración en la UE.


Convocatoria de Vetëvendosje! para la manifestacioón del pasado sábado


Lo malo es que los albaneses también están algo burros. El pasado sábado los activistas del movimiento nacionalista radical Vetëvendosje! volvieron a organizar una manifestación por el centro de Pristina rechazando el Plan Ahtisaari y pidiendo un referéndum ya, y la independencia integral, sin tutelas, lo antes posible. Además, las garantías y libertades que se le reservan a la minoría serbia les parecen excesivas. Por lo tanto, ellos sí que están apra tirar cohetes. En la medianoche del jueves al viernes, unos desconocidos atentaron con cohetes contra el monasterio serbio de Dečane, el mayor y más antiguo de Kosovo. El lugar, que ya sufrió desperfectos durante el pogrom de 2003, está custodiado por fuerzas de la OTAN y está siendo rehabilitado. El denominado Grupo de Contacto para Kosovo, que comprende a Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia y Rusia, condenó el ataque, lo habitual. Pero de momento no se mencionó para nada la autoría del acto. Y hay que rebuscar un buen rato por internet para averiguar que el atentado del pasado 19 de febrero contra dos vehículos de la ONU en Pristina fue reivindicado por… el UÇK. Si: aún estamos así. Como si el tiempo no hubiera pasado, como hace casi diez años.

Contemplado en este contexto, uno se pregunta si el lujoso reportaje publicado en “El País” sobre Karadžić y Mladić, es simple manipulación informativa, desahogo corporativo, toma de posición-contra, o simple inducción lunática. Mientras tanto, el periódico en cuestión (y en esto no es el único, ni mucho menos) apenas informa con la boca pequeña sobre los trueques, despistes, omisiones o improvisaciones en torno a Kosovo. Posiblemente sus reporteros no están tan enterados como sobre las idas y venidas del “dúo dinámico” Karadžić-Mladić. Tampoco están muy por la labor de analizar las consecuencias del asunto kosovar en todas su implicaciones. Pero en eso tampoco van por detrás de los diplomáticos de las grandes potencias occidentales y una buena parte de los de la UE. Hay prisa por abandonar aquello a su suerte, hay ganas de alejarse de allí como sea. Lo malo es que, según parece y una vez más, va a ser peor el apresurado remedio que la enfermedad. Después de largos años de ineficacia y dejadez, la prisa se impone de nuevo. Kosovo es igual a doble rasero, pero también a prisa, a precipitación. Es el país del pan para hoy y hambre para mañana.

Espectacular panorámica de la base militar Bondsteel en Kosovo. Los norteamericanos son los máximos beneficiarios de la situación en la zona

Y mientras tanto, nadie se pregunta si Washington no se está frotando las manos ante la posibilidad de que los europeos vuelvan a meterse un gol en propia puerta. A los americanos les vendría de fábula; para Bush sería la salvación por la campana: la reactivación de un conflicto dando todas las apariencias de que no tiene salida y de que los europeos son tan inútiles como ellos; junto a ello, la constatación de que la ONU es un definitivo trasto inútil y descontrolado. Y se la vamos a ofrecer en bandeja. Además, y de paso, un traspiés en Kosovo inhabilitaría a las Naciones Unidas para erigirse en salvadoras finales de un proceso de paz en Irak sin los americanos (aunque en realidad eso no estaría dispuesto a permitirlo Washington jamás).

Y de Europa para los europeos: la independencia de Kosovo, monitarizada o no, se presenta como un mal menor, como un tránsito hacia la solución de las contradicciones balcánicas mediante el trámite de ingreso en la Unión Europea. Más tarde o más temprano, pero todos en el saco. Eso significa que el único camino es la ampliación de la UE, una y otra vez, una y otra vez… incluyendo a Albania, a Serbia… y a Turquía. ¿Están seguros los señores reporteros de “El País”, tertulianos opinatodo y en-contra-de-fulano, enterados de variado pelaje, así como virtuosos del sostenella y no enmendalla que es eso, precisamente eso, lo que desean?

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martes, julio 04, 2006

NOTA: Capricho y derroche

Un profesor del Departamento nos hace un envío masivo a todos sus compañeros. No deja de ser curioso, porque me consta que el asunto no es uno de sus temas habituales, ni parece muy pertinente para un correo electrónico como el de nuestra universidad, sobrecargado de spam que el servicio de informática (¿sigue externalizado?) parece no saber cómo controlar. Pero en fin, éste es un mail simpático:


De: Francesc Bonamusa Gaspà
Data: Mon, 26 Jun 2006 13:38:01 +0200
Assumpte: Unió Europea



Una vez al mes y durante varios días el Parlamento Europeo se traslada por entero, con todo su personal y documentos, desde Bruselas a Estrasburgo. El único motivo para este despilfarro de 200 millones de euros anuales es el capricho de Francia. Todos los Estados miembros de la UE y todos sus ciudadanos (usted y yo incluidos!) costeamos ese absurdo derroche.

Recientemente un grupo de diputados del Parlamento Europeo procedentes de diversos países han puesto en marcha una iniciativa para poner fin a ese absurdo despropósito.Hacen falta un millón de firmas para que el asunto se ponga en el orden del día de la Comisión Europea.

Se han recogido ya más de 380.000 firmas, pero es preciso alcanzar la cifra de un millón!

Por favor visite el website http://tinyurl.com/rjyfg y aporte su firma para poner fin sin demora a esa ridícula extravagancia.

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