El talibán sigue golpeando

7 de agosto: soldados norteamericanos pertenecienrtes a la 5ª Brigada de Choque toman posiciones detrás de sus vehículos en las cercanías de Spin Boldak, Afganistán, inmediaciones de la frontera con Pakistán. La fotografía es de
Emilio Morenatti, recientemente herido en aquella guerra.
Para ampliación, pulsar sobre la fotografíaLa preparación de las elecciones en Afganistán ha traído consigo una respuesta militar talibán que, a la manera de la ya mítica Ofensiva del Têt, en la guerra de Vietnam, enero de 1968, ha llevado la guerra al centro de la capital: Kabul. No es la primera vez que tal cosa sucede. Pero ahora, el impacto de los ataques se multiplica por cien, en un momento en que mantener la apariencia de control resulta básico para las potencias intervinientes, a fin de preservar la validez política de las elecciones. El gobierno afgano se ha tomado en serio la estrategia de la opacidad, e intenta evitar que se informe sobre los ataques; resultado de ello son las amenazas a los periodistas occidentales que intentan cubrir gráficamente los atentados.
Precisamente, la contraposición de estrategias enfrentadas en Afganistán, arroja mucha luz sobre el futuro desenlace de esta guerra. La idea de incrustar un sistema democrático en una sociedad que no tiene la más mínima tradición, procurando además imponer un candidato propio (Karzai) no tiene muchas posibilidades frente al "voto armado" de los talibanes. Súmese a ello que en los últimos nueve años de ocupación militar norteamericana e ISAF (OTAN) el común de la población afgana no ha experimentado ninguna mejora sustancial en su nivel de vida.
Ello muestra de manera bastante elocuente que en Afganistán no se está librando ninguna "guerra de civilizaciones", y que el fallo no está en haber planteado una estrategia mal adaptada a las pautas culturales del enemigo talibán. En ese sentido, la "etnicitis" de tono decimonónico que arrastran los analistas occidentales desde las guerras de Yugoslavia, ha supuesto la diseminación de algunos mecanismos de la "trampa balcánica" por otros conflictos en las más variadas zonas del mundo y, por supuesto, en Asia Central y Afganistán.
Últimanente, el profesor Patrick Porter, del Departamento de Estudios de la Defensa, Kings College de Londres, introduce numerosos ejemplos de esa manera errónea de plantear esta y otras guerras en su libro: Military Orientalism. Eastern War Through Eastern Eyes (Hurst & Co., London, 2009). Es una obra brillante, tanto por la elección de sus contenidos como por la agilidad de su narrativa, disecciona los fantasmas de los estrategas y políticos occidentales en relación a los mitos y pesadillas de la guerra en o contra Oriente. Una atracción por el abismo que hechiza, y eso ya desde los tiempos de las guerras entre griegos y persas.
Pero la intención de Porter no es la de hacer un catálogo de folklorismos de barraca, sino de llamar la atención sobre los riesgos de utilizar el culturalismo para entender las guerras. Y más precisamente, para demostrar, mediante una sistemática demolición de mitos, cuán erróneo y peligroso resulta la quimera de que los enemigos de Occidente son curiosidades arcaicas o fantasmas medievales.
En efecto, la guerra genera unas presiones, una lucha por la supervivencia, unas capacidades de adaptación y sacrificio de tal envergadura, que los comportamientos culturales se adecúan forzosamente a la urgencia del momento. A partir de ahí, los planteamientos teóricos, las patéticas "interpretaciones" que llegan a hacer analistas occidentales (incluyendo a algunos académicos) Corán en mano, demuestran cuán (peligrosamente) atrevida es la ignorancia. Los resultados finales, a la vista están: la guerra va cada día peor para el bando occidental., que no logra dar con la estrategia adecuada, ni la militar, ni la política, a pesar de lo cual, no se quita ni pone una coma en el discurso habitual. La contumacia no es una virtud; pero es que además, sea lo que sea, ni siqnaera es inteligente.
"El Periódico", 30/7/2009
LA ESTRATEGIA NORTEAMERICANA Y EUROPEA EN EL PAÍS CENTROASIÁTICO
Ofensiva demagógica en AfganistánEl contingente español es escaso y no está preparado para acciones sostenidas y de gran magnitud
La muerte de quince soldados británicos en Afganistán, en apenas diez días, levantó recientemente una nueva ráfaga de polémicas sobre la ya interminable guerra. En Gran Bretaña, la oposición tiró hacia donde pudo, echando la culpa al gobierno de no suministrar a las tropas el equipo necesario para su seguridad. En el fondo, una reacción política parecida a la que habría demostrado la oposición española, porque la causa del goteo de bajas que sufren las tropas de la ISAF-OTAN en Afganistán no se basa en la calidad de las tropas o en su material. Cuando los norteamericanos desembarcaron en el remoto país centroasiático, allá por 2001, la propaganda de guerra insistió en que se trataba del primer conflicto del siglo XXI, a base de pequeños grupos de tropas altamente especializadas, unidades de intervención adscritas a servicios de inteligencia, mucha guerra asimétrica y “proxy war”. Ahora, según algunos de los estrategas de sofá que pueblan nuestra prensa, resulta que lo que se necesita en Afganistán es “doctrina soviética”: masivas ofensivas, material pesado, bombardeos de alfombra, medios y más medios, batallón tras batallón. Lo malo es que ya hace meses que se celebró la escasamente heroica retirada de las tropas soviéticas de Afganistán, en febrero de 1989. Otros diez años antes, en las Navidades de 1979, los soviéticos habían invadido Afganistán con, nada más y nada menos que 100.000 tropas, y unos 2.000 carros de combate, más un incontable número de helicópteros. A lo largo de la década siguiente, pasaron por esa guerra unos 620.000 soldados soviéticos. Y a pesar de todo, no ganaron.
Las tropas británicas están altamente profesionalizadas y son muy eficaces. Su tasa de bajas se debe a que la doctrina que aplican no acaba de funcionar, y a que son el segundo contingente en tamaño después del estadounidense: unos 8.300 soldados; a más soldados, más bajas. Si las tropas de la ISAF rebasaran los 100.000 hombres (ahora son unos 60.000) y se aplicaran con la agresividad soviética, es posible que se alcanzara la ratio de los 1.500 bajas mortales por año.
En medio de ese trágico baile de cifras, cuando se produce algún incidente serio, no faltan comentaristas que lanzan soflamas para levantar la moral e insistir en que es esencial nuestra permanencia en Afganistán. En ocasiones, el tono entusiasta recuerda el de las crónicas de la prensa decimonónica, cuando se apelaba a la ciudadanía a apoyar cualquier expedición de castigo en algún lejano país, porque los nativos se habían merendado a algún misionero. El hecho de que se esté produciendo un claro retroceso de la política española hacia comportamientos retratados por Valle Inclán en su Ruedo Ibérico, contribuye a reforzar el tono anacrónico de las arengas a favor de la aventura española en Afganistán. Como en aquellos tiempos, se insiste en difusos silogismos para explicarnos que nuestra presencia militar allí evita atentados aquí, cuando más parece que sea al revés; o que el foco principal de peligro terrorista proviene para nosotros del Asia Central, cuando el problema está en el Magreb.
Lo cierto es que el contingente español es escaso y no está preparado para acciones ofensivas sostenidas y de gran magnitud, que es lo que requiere la estrategia norteamericana contra los talibanes. La misma logística es difícil para las tropas españolas: los muertos del Yak 42 y los del helicóptero Cougar son computados en la página web de la ISAF como pérdidas españolas en la guerra. Los servicios de inteligencia no están preparados para operar a gran escala en países remotos y en circunstancias de guerra. Las tropas no pueden llevar a cabo acciones ofensivas eficaces. En consecuencia, los soldados (la mitad de los cuales son personal de servicios, no combatiente) están confinados en las bases, la mayor parte del tiempo, y mucho nos hemos de temer que como ocurría hace un siglo en las colonias españolas del norte de África, estemos recurriendo en Afganistán a pagar a los jefes y prebostes locales para que no se muestren agresivos. En ese caso, y dado que la tradición manda pagar en negro, a saber quién estaría controlando esas partidas, y a cuánto ascienden. Pero al margen de suposiciones, los gastos regulares de la misión militar en Afganistán ya ascienden de por sí a una suma elevada, lo que es un lastre en estos tiempos de crisis financiera.
En definitiva, si las tropas españolas deben seguir en Afganistán, en nombre de una estrategia europea seguidista de las necesidades norteamericanas, al menos que nadie nos obligue a mostrarnos entusiastas o a comulgar con demagógicas ruedas de molino. Y sobre todo, que de vez en cuando se recuerden los porcentajes de británicos (68%), franceses (62%), australianos (56%), etc. deseosos de retirar sus tropas de Afganistán; y que nos pregunten a nosotros lo que pensamos. Es de suponer que las cifras irían en aumento si se publicitara que existen otras maneras más fructíferas, pacíficas y rentables para todos, de resolver los problema del atribulado país centroasiático. POST SCRIPTUM A 22 DE AGOSTO. Día E + 2
Han pasado ya dos días desde la celebración de las elecciones generales en Afganistán. Tras, apenas, una mirada descuidada a los comentarios en la prensa, vale la pena entresacar dos piezas. La primera, un reportaje de Ramón Lobo, publicado en "El País", ayer mismo, con un título de lo más inapropiado: "Elecciones en Afganistán - La OTAN proclama el éxito electoral".
¿Cómo se ha podido llegar a estos extremos de descerebrado triunfalismo?¿Cómo se puede reivindicar desde un rotativo de gran tirada que una organización militar nacida para defender a Occidente de un ataque soviético, puede proclamar el triunfo de un proceso electoral en un remoto país del Asia Central? Lo único interesante de la pieza es que tal titular, precisamente ese, viene a confirmar la especie de que la intervención en Kosovo, allá por 1999, fue la antesala de la acaecida en Irak, en 2003... y lleva camino de emparentar con la que tuvo lugar en 2001 en Afganistán. Porque no se trata de que la OTAN sustiuya a la ONU, operación impulsada por George Bush y sus "Vulcanos", totalmente apoyada en su día desde el gabinete Aznar en España. Por lo visto, el "liberalfelipismo" (o quizá: "liberalcebrianismo") ha calado a fondo en "El País". Y no es sólo una cuestión de titulares: el relamido artículo de Lobo, bien podría servir para cubrir unas elecciones en Kosovo; sólo basta con cambiar los nombres y referencias geográficas.
La segunda pieza, es un reportaje recién publicado en BBC Mundo: "¿Elecciones justas o fraude?". Sobran los comentarios. Se sugiere leer el mencionado reportaje y comparar con el contenido de éste último. ¿Realmente ha valido la pena relanzar la guerra, con un resultado de bajas civiles importante, y gastarse 160 millones de euros para que haya sucedido algo como lo que nos explica BBC?¿Es esa la solución para el conflicto afgano? Etiquetas: "choque de civilizaciones", Afganistán, OTAN
El Kosovo de nunca acabar (y 2)
28 de noviembre, 2008: uno de los agentes del BND o servicio de inteligencia alemán, abandona el centro de detención de Pristina, cuidadosamente tapado. Junto con otros dos colegas, fue acusado de lanzar explosivos contra oficinas de la UE en Kosovo. Un oscuro incidente del que se puede leer una interesante versión
aquí. En cualquier caso, una de esos sucesos siniestros que acaecen en Kosovo y que no son precisamente un ejemplo de colaboración "leal" entre aliados. Por supuesto, la prensa occidental en general, y española en particular, cubrieron con toneladas de tierra esta turbia historia. ¿Hace falta que las fuerzas españolas se vean implicadas, ni que sea indirectamente, en estos torpes manejos?
Cómo era de esperar, el globo se desinfla tan rápidamente como se hinchó. Detrás quedan los restos de la resaca, entre ellos, la bochornosa sesión del Congreso del 25 de marzo, en el que quedó bien en evidencia el lamentable estado de la clase política y mediática española. Englobando en el calificativo "español", por lo tanto, a los nacionalistas vascos y catalanes, que en estos casos se hacen plenamente merecedores de los aspectos más cutres del casticismo hispánico.
La tormenta ya venía siendo anunciada por algunos artículos de opinión publicados en el primer aniversario de la independencia de Kosovo. A destacar la machacona insistencia de José Ignacio Torreblanca (en adelante: JIT) desde “El País” y a lo largo de tres o cuatro semanas, lunes tras lunes, saltándose cualquier alusión a los atentados del Ulster o cualquier otro evento europeo relevante, para martillear sobre la supuesta inconveniencia de que Madrid no hubiera reconocido a Kosovo, la inexcusable paletada de cortejar a Serbia y, por último, en un artículo con varios errores de bulto, la curiosa sugerencia de que España se acerque a Albania; según los lugareños con los que se entrevistó JIT, “Albania ha contribuido muchísimo más a la estabilidad regional” que Serbia. Curiosa afirmación cuando él mismo se refiere a la catástrofe que fue el hundimiento total del Estado albanés en 1997, de resultas de lo cual miles de armas entraron en Kosovo y Macedonia donde, por cierto, se produjo la última guerra de los Balcanes, en 2001, atizada por los albaneses, cuando Milosevic ya estaba enchironado y ya no podía ejercer más de malo universal en activo. Eso por no hablar del escandalazo que fue el descubrimiento de que el banco nacional albanés blanqueaba dinero; o los centros de entrenamiento del UÇK supervisados por el Ejército de ese país en 1999. ¿Y qué decir del tráfico de drogas y prostitución con destino a Europa, las oleadas migratorias de 1991, que son el verdadero trasfondo de “Lamerica”, de Gianni Amelio, 1994 (JIT se confunde al afirmar que el filme hace referencia la crisis de 1997).
Dado que pocos días más tarde y ya en plena tormenta por las declaraciones de chacón, Jordi Vaquer, nuevo director de CIDOB, abogaba en “El País” por un (re)acercamiento español a los Balcanes occidentales, y más especialmente a los albaneses, Kosovo y Albania, cabe pensar que el joven “cinquerío” hispano y el club de los “otanitos” anda detrás de alguna aguda jugada diplomática con punto de apoyo en el atribulado país de las águilas. Dado que no parecen conocerlo demasiado y que Albania parece resignarse a afrontar el facturón que le esperea por su pronto ingreso en la OTAN, el asunto debe estar relacionado con asuntos más locales. Quizá está conectado con la actividad del embajador Bobbio, formando todo ello un precario lobby asentado en dos difusas e inestables patas, vaya usted a saber si destinado a apuntalar la capitalidad mediterránea de Barcelona, evento logrado, al parecer, con el concurso nada desdeñable de Tirana (?). Todo parece deslavazado y pillado por los pelos, desde luego. Pero ellos sabrán; a veces la realidad supera a la ficción cuando ésta se convierte en realidad.
Cómo no, cuando estalló el “Chacoñazo” (que me disculpe la ministra: se trata de zaherir los instigadores del penoso evento, no de burlarme de su apellido), JIT vio la luz y el resultado fue un nuevo y belicoso artículo, aplastante, como aplastante es la lógica y leve es la contradicción. Afirmando que “Kosovo es, bajo cualquier criterio, un asunto menor desde el punto de vista de los intereses de España” largaba a la papelera su dale que te pego con el asunto, a lo largo de los monotemáticos artículos anteriores, y desvelaba su satisfacción por el deber cumplido de atizar una buena tormenta en un vaso de agua.
Porque, no lo olvidemos, toda esta traca era publicada por el diario “El País”, junto con otras piezas aquí y allá, como la de Albert Branchadell (25 de febrero) que desarrollaba geometrías imposibles a base de Kosovo, Osetia del Sur y Estatut de Catalunya. Y el mismo diario hizo de potente caja de resonancia cuando se declaró el incendio, a base de tonantes piezas de Miguel González, o RM de Rituerto.
Por supuesto, era de esperar que “ABC”, “El Mundo” y prensa de derechas en general lanzara rayos y centellas sobre la atribulada ministra Chacón, a partir del 19 de febrero. Pero… ¿”El País” y ya desde un mes antes? En medios de la izquierda socialdemócrata en general, se acudía con cierta sorpresa al espectáculo, indecisos sobre qué tono asumir. “¿Qué es más macho?¿lightbulb or schoolbus?” –preguntaba la provocadora Laurie Anderson en su canción “Smoke rings”, allá por los ochenta. “¿Qué es más progre?¿Barroso or Cebrián?”. Porque de eso se trataba todo el asunto: un rifirrafe más de los “corrillos madrileños” y politiquerío del foro en general, centrado esta vez en el marido de la ministra Chacón, que desde noviembre del año pasado dirigía “en secreto la comunicación del Ministerio de Defensa”. Ya saben: Barroso-Rubalcaba-Felipe-González-Cebrián y toda la tropilla (¿quién se alinea con quién, quién corta el bacalao?): estampita de rancia estirpe madrileña, con figura de mujer catalana, al fondo.
Y a partir de ahí, Rajoy con el gesto casi descompuesto, y la Rodríguez-Salmones con mirada dura, y más artículos en “El Pais” de los de siempre, en la misma línea y en papanática sucesión, deJosé Maria Ridao a Carlos Mendo, pasando por Javier Pradera, diciendo lo mismo, con escasa variaciones, y Josu Erkorena, de nuevo en el Congreso, recordando el cabreo del PNV por haber perdido la Lehendekaritza, y Joan Ridao repitiendo rígidamente lo de siempre, pero reafirmando que ahora ERC, en efecto repudia a Georgia y se alinea con Osetia del Sur (quizás). Sin querer enterarse de que empresarios españoles y catalanes preparan sus negocios en Rusia a través de la lanzadera serbia, mientras Kosovo es “un instinto y un reflejo condicionado”, asunto “lógicamente” relacionado con catalanes y vascos (¿qué otra cosa podría ser?). Y “El País” anunciando con gran satisfacción en la primera plana de su edición del 26 de marzo: “Zapatero sufre un severo castigo [sic] en el Congreso por el fiasco [sic] de Kosovo”. O mejor, primer asalto de la oposición unida contra un PSOE que se ha quedado solo con el apoyo del BNG, tras perder el del PNV; el fiasco en concreto, da igual.
Vean sino: al día siguiente, 27 de marzo, “El País” enviaba a su página 17 la incómoda noticia de que “La Eurocámara pide congelar los fondos para España por el urbanismo salvaje. Una amplia mayoría apoya el devastador informe contra todas las autoridades” (para nada en la primera página, junto a la Chacón, de nuevo, quía). Eso sí que es un fiasco y de los buenos: España denunciada públicamente en Bruselas como país de estafadores y con una corrupción de no te menees, a escala de la tantas veces denostada Turquía, Rumania, o (¿se puede escribir esto tan políticamente incorrecto?) el mismísimo Kosovo. ¿Entienden por qué es tan fácil montar campañas contra políticos corruptos en este país? Porque el fenómeno es generalizado y se podría extender con facilidad a casi cualquier partido que se pusiera en el punto de mira. Y no sólo partidos, desde luego.
¿Pero qué hacemos hablando de los recovecos de la política española, como si estuviéramos en los tiempos de Larra, en este blog dedicado al espacio ex otomano? A ver si lo entienden: el día 26, el del revolcón, también “El País” publicaba en la tercera, a toda página, que “La recesión económica tumba a tres gobiernos de la Europa oriental”: Letonia, Hungría y República checa. Esos países de Europa del Este, con sus economías tan maltrechas, con sus reflejos política de cintura para abajo, sus crispaciones eternas e internas; la misma que acogió mazmorras secretas para que la CIA escondiera sus capturas en la "guerra contra el terrorismo" o que se compromete a instalar misiles norteamericanos en su territorio, cosa a la que ya nadie accdería en Occidente. Esa “Nueva Europa” en la que nos alineó Bush, pero que, a lo peor, resulta que sí pertenecemos; y, ay el peso de la lógica, esa "Nueva Europa" la que le son tan necesarios nuestros seiscientos soldaditos y nuestra generosa ayuda.

Camp Bondsteel, base norteamericana en Kosovo, definida en noviembre de 2005 por Álvaro Gil-Robles como la "pequeña Guantánamo" por haber albergado a supuestos detenidos de Al Qaeda, procedentes de Irak y Afganistán. Nada de ésto fue pactado por los norteamericanos con los aliados europeos, o eso cabría suponer. En cualquier caso, ¿es necesaria la presencia de tropas españolas para defender "ésto", pagando tanto desencuentro con el dinero del contribuyente durante toda una década?
27/03/2009 UNA DECISIÓN POLÉMICA EN POLÍTICA INTERNACIONAL
Resbalón, pero menos
• Cara al exterior, son más negativas para España las críticas internas que el anuncio de retirada de Kosovo
Al hilo del revuelo por las declaraciones de la ministro Chacón está creciendo la especie de que España debió retirar las tropas de Kosovo hace un año, cuando se produjo su autoproclamada independencia, que Madrid no reconoció. Pero ese argumento es, simplemente, tramposo. En febrero de 2008, Bush todavía estaba en la Casa Blanca y ese gesto hubiera implicado darle dos veces en la misma mejilla al entonces presidente norteamericano, cuando faltaban tan pocos meses para que se celebraran unas elecciones que podría haber ganado McCain. Además, ya se había armado bastante revuelo, interno e internacional, con el hecho de que el gobierno español rehusara reconocer la independencia de la pequeña república y base norteamericana en los Balcanes. Recordemos además que todo eso acontecía en torno a las elecciones en nuestro país; definitivamente, no hubiera sido el momento de anunciar la retirada de las tropas.
Ahora es una buena ocasión. Entre otras razones, porque ha transcurrido un año decisivo para evaluar cómo evolucionaba la joven “república-base”. Y resulta que sólo un tercio de los países soberanos del mundo han reconocido tal autoproclamada independencia. De acuerdo que lideraron esa maniobra las potencias occidentales, encabezadas por un Bush empeñado en organizar una Neo Guerra Fría que distrajera de los desastres en Irak. Pero otros también poderosos y democráticos, como India o el enorme Brasil de Lula da Silva, que es occidental, democrático y más progresista que algunos países europeos, siguen sin reconocer la independencia del minúsculo Kosovo.
Por lo tanto, ojo con argumentos que esconden planteamientos reaccionarios. El pasado 8 de octubre, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por mayoría una resolución en la cual se exigía que la Corte Internacional de Justicia emitiera su fallo sobre la legalidad de la proclamación de la independencia por Kosovo. Este hecho en sí mismo fue un fenómeno extraordinario, uno de los escasos contragolpes contra el poder de las grandes potencias en la ONU, implantado en la Asamblea General. Sólo por eso, los que acusan al gobierno español de “provincianismo” por no seguir la senda de los “grandes” en el asunto de Kosovo, parecen ahora, con la boina bien calada, simples vendedores de la estampita.
Y por si faltara algo, en este primer año de independencia kosovar también se ha podido constatar que la soberanía no tiene por qué ser la varita mágica que ingenuamente se supone: la situación económica de la nueva república sigue siendo, como mínimo, calamitosa. Ante ese dato, sería abusivo suponer que la mera presencia de tropas internacionales en la zona es una garantía para que el país kosovar salga adelante. En realidad, lo que enseñan casi veinte años de operaciones de intervenciones supuestamente humanitarias, es que aquellos países bajo la tutela internacional y con tropas en su suelo, han ido a peor o, por lo menos, siguen paralizados como estados viables.
Aclarado todo esto, pasemos al eco de las declaraciones de la ministra en Kosovo, el pasado día de San José. El Secretario General de la OTAN el holandés Jaap de Hoop Scheffer, se las tomó bastante a mal. Es el mismo hombre que sólo pudo defender verbalmente a la díscola Georgia el pasado mes de agosto cuando su presidente se lanzó a la extraña aventura épica de enfrentarse a Rusia. Pero recientemente, el holandés tuvo que tragar la decisión de restablecer las buenas relaciones entre la OTAN y Rusia. La verdad es que la Organización Atlántica no da una a derechas en los últimos tiempos: no olvidemos lo mal que van las cosas en Afganistán. No es de extrañar que con tantos nervios, en Bruselas hayan sobreactuado ante el anuncio de la retirada española de Kosovo.
Por su parte, la reacción de Washington ha sido de desconcierto, producto de un todavía desconcertada presidencia, muy reciente en la Casa Blanca y volcada en paliar la crisis económica, pero que cuenta con el mismo Secretario de Defensa que servía a Bush. ¿Se percatan de lo que hubiera significado retirar las tropas de Kosovo en febrero de 2008?
Para terminar, en la misma España la polémica ha sido muy atizada por determinados medios de prensa, de la oposición externa e interna al partido del gobierno, que se están acostumbrado demasiado a azuzar campañas políticas. Con la resaca de la reciente dimisión del ministro de Justicia, las plumas se calentaron de nuevo con Chacón. Pero sin tanta soflama como se ha escuchado y leído estos días, la perspectiva sobre lo ocurrido en Kosovo hubiera sido más ajustada a la realidad. Defensa y Asuntos Exteriores son dos ministerios de vital interés estratégico para el gobierno, estrechamente coordinados desde Presidencia. Y estas tres instituciones mantienen sus propias formas de contacto permanente con el resto de los países. Siempre se pueden producir fallos o desencuentros, pero cara al exterior la cacofonía de las críticas ha dado una imagen del país mucho peor que el supuesto resbalón de la ministra. Etiquetas: Chacón, gobierno español, guerra de Kosovo, OTAN, Scheffer
Afganistán o la viga en el propio ojo

Febrero de 1989: las últimas tropas soviéticas abandonan Afganistán, todavía ondeando banderas rojas
Justamente hoy, 14 de febrero 2009, se cumplen veinte años clavados de la retirada final de las tropas sovieticas de Afganistán. Pero nuestros medios de comunicación ya no celebran ya tales hitos históricos, que la actualidad ha convertido en inoportunos; en la prensa, apenas hay alguna alusión a la efemérides, si es que se llega a mencionar. Responsables relevantes de los gobiernos occidentales y de la OTAN, analistas y periodistas afines a la maquinaria propagandística, se limitan a repetir como un mantra que "en Afganistán nos jugamos mucho". De la misma forma que no hace tantos años nos jugábamos también "mucho" en Bosnia o en Kosovo. El término clave es: "jugarse", verbo que denota escaso cálculo real, excesivo peso de las circunstancias azarosas y, en líneas generales, dudosa seriedad en los procedimientos, con la consiguiente mengua en la credibilidad.
Porque, precisamente, lo que está sobre la mesa es, una vez más, la credibilidad: de los líderes políticos, de los medios de comunicación, de instituciones enteras que viven de reformular en clave "políticamente correcta" (léase: "correctamente tergiversada") las meteduras de pata.
El sentido de la presencia occidental en Afganistán ha cambiado totalmente desde 2001, porque han pasado más de siete años y no se han cumplido los objetivos militares y políticos que llevaron a los Estados Unidos, primero, y la OTAN, después, a aquel remoto país. Militarmente, las fuerzas de la ISAF se enfrentan allí a una catástrofe militar, dando por sentado que la batalla política se ha perdido hace tiempo, al menos tal como se planteó inicialmente.
Por lo tanto, seguir haciendo estrategia de sillón desde las columnas de la prensa es un ejercicio que ya ni siquiera resulta justificable para el mero ejercicio del lucimiento personal de periodistas, políticos y analistas. La situación en Afganistán es realmente muy grave. De hecho, el pasado 11 de febrero, hace muy pocos días, se produjo el primer ataque en fuerza de los talibanes en el interior de Kabul; eso podría marcar el comienzo del fin para la iniciativa militar occidental en Afganistán. Argumentar que "la meta realista (...) no es la victoria, sino la contención" es una trampa capciosa tan ingenua que suena a propaganda de guerra soviética de los años ochenta; o peor aún, a las "retiradas estratégicas" alemanas en los años postreros de la Segunda Guerra Mundial. Veamos cómo lo formulaba Daniel Korski hace pocos días en "Foreign Policy": "El triunfo de Occidente no se medirá tanto por cómo hayan cambiado las cosas como por cuánto hayan mejorado; y no dependerá tanto de la derrota de los yihadistas como de conseguir bloquear sus actividades en el país centroasiático". Éste es un párrafo divertido, que hace de Korski un excelente ejemplo de spin doctor, es decir, un experto en tirar de la sinécdoque y el sofisma. Pero uno de los apartados en los que se percibe con mayor claridad el salto hacia la estratósfera de la irrealidad desde la moqueta y el sillón, es aquel en el que se argumenta que España no debe retirar sus tropas de Afganistán: "Grandes partes del sur del país, del este e incluso áreas cercanas a la capital, Kabul, se han vuelto peligrosas. Si Madrid abandonase el oeste –y la inseguridad aumentase por ello–, desencadenando un efecto cascada en Europa, las consecuencias para la misión de la OTAN podrían ser dramáticas".

Una expresiva portada del diario francés "Libération". Las encuestas en la práctica totalidad de los países participantes en la ISAF, exoresan con rotundidad el deseo mayoritario de retirarse. En noviembre de 2008, incluso el 68% de los británicos se mostraban partidarios de retirar sus tropas en el límite de un año. Lo mismo había opinado el 62% de los franceses y el 56% de los australianos dos meses antes.
A continuación, Daniel Korski pretende rematar su arenga con el consabido argumento buenista hasta lo lacrimógeno, y pretendidamente inatacable: "Abandonar Afganistán a merced de unos fortalecidos talibanes tampoco parece una decisión muy acorde con el empeño del Gobierno socialista español en la defensa de los derechos humanos. Merece la pena recordar cómo era el país hace siete años: un régimen violento y represivo que lapidaba a las mujeres o les arrojaba ácido a la cara, azotaba a los hombres por no rezar suficientes veces al día y prohibía a las chicas asistir a la escuela o al ginecólogo. No se podían volar cometas ni cantar, y se demolieron monumentos que habían resistido el paso de los ejércitos de Gengis Khan y Tamerlán. Afganistán era, con los talibanes, un país destrozado sin esperanzas de progreso. Y podría volver a serlo, si la OTAN se retira. Dejarlo y minar la firmeza y unidad de la coalición sería una extraña manera de promover los derechos humanos".
Rematando la traca argumental, Korski pretende apoyarse en una frase de José Ignacio Torreblanca: "Hay una delgada y porosa línea que se extiende desde las cámaras de seguridad de la estación de trenes de Atocha en Madrid a nuestras Fuerzas Armadas desplegadas en Afganistán”.
Si es así, Dios nos pille confesados; porque tal como están las cosas, el contingente español en Afganistán ni puede contribuir en la aplicación de los derechos humanos, ni es el bastión que nos pinta Korski, por la simple y sencilla razón de que no controla más que una exigua porción del territorio (posiblemente, no superior al 15%) que se le asignó en una de las provincias afganas en la que la presencia taliban es más poderosa. El lector todavía puede contemplar en la red el monumental video reportaje realizado el pasado verano por el periodista David Beriain. Es conveniente advertir que el acceso a la página de ADN.es, donde se encuentra toda la colección, puede resultar azaroso, posiblemente por la deficiente organización del material presentado allí. Pero una vez conseguido, se advierte de que las breves piezas resultan muy adictivas y contienen una notable cantidad de información en bruto. A efectos de subsanar en la medida de lo posible las dificutlades del acesso a la serie titulada: Perdiendo Afganistán, se ofrece ese enlace principal y otro alternativo, clicando aquí. Aunque todos son muy interesantes, se recomiendan los capítulos incluidos a continuación:
"Badghis: territorio español, territorio talibán"
Las fuerzas españolas no combaten en Afganistán, si no es en defensa propia. No contribuyen en operaciones contrainsurgentes ofensivas, como otros contingentes nacionales, y sobreviven en un rincón de sus zonas asignadas gracias a un fragil equilibrio de silencios y, posiblemente, acuerdos bajo cuerda. Todo ello se justifica en base al argumento (hasta hace meses todavía válido) de que las fuerzas españolas están allí únicamente para ayudar en la reconstrucción de Afganistán. Pero ese comodín se volverá pronto ineficaz cuando el "amigo americano" exija más presencia de sus aliados en el país y, sobre todo, un nuevo planteamiento estratégico: los paises contribuyentes de la ISAF, entre ellos España, deberán aportar tropas en orden de combate, listas para participar en operaciones ofensivas, como es propio de cualquier guerra. Porque lo que hay en Afganistán es una guerra, y no otra cosa.
Las implicaciones de esa situación que parece imponerse inexorablemente, las sopesa el historiador Henry Kamen en un artículo publicado el pasado 3 de diciembre en "El Mundo", y que se adjunta a continuación. Aquel mismo día, Daniel Korski, junto con Paddy Ashdown, publicaron otra pieza de opinión sobre el mismo asunto y con el habitual tono argumental, que en esencia reproduce lo apuntado más arriba en este post. El hecho de que ambas piezas fueran publicadas simultáneamente, potencia el interés de lo escrito por Kamen. 
Un soldado de la ISAF en Afganistán; a menudo se omite en los noticiarios la nacionalidad de las bajas, para evitar polémicas y recriminaciones. Aquello es una guerra abierta
[Los subrayados son obra del autor de este post, no de Kamen]
Hace muchos años, la última vez que visité la ciudad, todavía se llamaba Bombay, en la lengua hindi. Desde 1996 se llama Mumbai, que es el nombre en la lengua marathi, que hablan tres cuartos de la población. Mumbai se ha convertido hoy en un símbolo del horror provocado por el fanatismo religioso, mientras los cuerpos de hindúes, cristianos y judíos yacen esparcidos por una ciudad horrorizada. Lo probable es que los muy adiestrados terroristas, casi con certeza al servicio de Al Qaeda, procedan de Pakistán, Afganistán o de alguna zona de la región de Cachemira. Los expertos, sin duda, muy pronto nos darán su opinión. La tragedia no puede dejar de impactar a todos los países, incluida España.
Mumbai no se encuentra en un planeta lejano. Es un lugar con el que los hombres de negocios y políticos españoles tienen contacto diario. Como ha señalado el eurodiputado catalán Ignasi Guardans, los europeos -y por tanto, también los españoles- no pueden permanecer indiferentes ante lo ocurrido. Países como Canadá, que ha perdido ciudadanos durante los acontecimientos de la pasada semana, ya han anunciado que no permanecerán impasibles. Los ingleses, entre los que también hay varias víctimas mortales, han comunicado que enviarán más personal a Afganistán para apoyar la lucha contra el terrorismo. ¿Estará España dispuesta a apoyar a estos aliados y seguir su ejemplo?
Desafortunadamente, eso es improbable, porque el Gobierno ha borrado sistemáticamente su propia imagen internacional. A mediados de noviembre, una agencia de la Administración de Estados Unidos -el National Intelligence Council- publicó un informe de 100 páginas que trata de pronosticar el futuro que nos espera, y la contribución que varios países harán en él. Pues bien, el informe no menciona ni una sola vez a España. Hace referencia a Francia, Italia, Suecia y a casi todos los países de relevancia en el mundo moderno, pero no a España. Por esos mismos días, en Estados Unidos, José Luis Rodríguez Zapatero se mostraba orgulloso ante las cámaras de la prensa porque al fin, gracias a la generosidad del presidente de Francia, se le había permitido estrechar la mano del aún presidente George W. Bush. Fue posiblemente el momento más humillante de toda la historia moderna de España, que, una vez más, había perdido el tren. ¿Cuántos más trenes está dispuesto a perder el Gobierno de Zapatero?
La prensa internacional -no importa en qué idioma la lea uno-, se hace eco del fracaso del Ejecutivo español en la escena internacional. ¿Por qué el resto del mundo ya no se toma en serio a España? La única iniciativa política importante que ha tomado ha sido a favor de la notoria Alianza de Civilizaciones, que se basa en una estrecha alianza con Turquía (un país al que la Unión Europea sigue negando la afiliación) y una activa hostilidad hacia Israel. España ha desaparecido como jugador importante del escenario internacional. Zapatero es, con toda probabilidad, el líder más aislado de Europa. En vez de ser invitada a foros internacionales, España tiene que entrar por la puerta trasera. Y para la reunión crucial del G-20 que tendrá lugar en Londres el próximo abril, Zapatero ha declarado que «el Ejecutivo tiene una estrategia para consolidar su presencia».
La prensa en Estados Unidos ha comentado con cinismo su visita a Washington por lo embarazoso de la situación. Una entrevista que se publicó en el Houston Chronicle, de Texas, comunicaba que la ansiedad de Zapatero por ir a la Casa Blanca para ofrecer al fin sus respetos a George W. Bush, constituía un momento «surrealista». En la misma entrevista, el líder español expresaba su convicción de que el próximo presidente americano, Barack Obama, era su «nuevo mejor amigo por siempre». El comentarista del Houston encontró este reciente entusiasmo por los Estados Unidos muy extraño, ya que cada aspecto de la política de Zapatero es la antítesis de la política americana.
Pero, la aparición de Obama como el «nuevo mejor amigo», ¿ayudará a España a salir de su aislamiento? La repuesta a esta pregunta trae nuevas y sorprendentes perspectivas, sobre todo en el tema del terrorismo internacional.
Muy poca gente en España sabe que su país es uno de los comerciantes de armamento más grande del mundo. El público tiende a considerar que su Gobierno es un partidario inflexible de la paz. La verdad es que, según el Stockholm Peace Institute, aunque la España de Zapatero se niega a enviar tropas de combate a cualquier centro de conflicto terrorista, se clasifica entre los 15 mayores gastadores de armamento, inmediatamente después de Australia y Canadá. ¿Por qué un pequeño Estado que no está en guerra gasta tanto en armas? En un informe parecido, Oxfam International señala que España es el mayor proveedor de armas para el Africa subsahariana. Estos datos han pasado completamente desapercibidos en la prensa española. E, irónicamente, esta compra y exportación masiva de armas significa que España se encuentra en una posición excelente para poder ayudar al «nuevo mejor amigo por siempre» de Zapatero.
¿Y cómo ocurriría esto? A pesar de su inicial entusiasmo por el nuevo Gobierno estadounidense, los ciudadanos pronto se darán cuenta de que el precio para ser buenos amigos de Obama será que España salga de su aislamiento internacional. Y, desafortunadamente, los españoles pronto descubrirán que, en la práctica, la política internacional de Obama tal vez siga las líneas fijadas por Bush. La principal evidencia ha sido que el presidente electo ha confirmado en su puesto al actual director de operaciones en Irak, y ha acordado un nuevo tratado con este país para mantener las tropas americanas allí durante tres años más, como mínimo. Irónicamente, si España acepta estas decisiones, estará de algún modo apoyando la política de Bush.
Pero ese no es el final de la historia. Acabo de leer un análisis de la presumible futura política internacional de Obama, escrito por un experto en cuestiones de estrategia, que declara que «el primer deseo del nuevo presidente será que haya una mayor participación de los europeos en Afganistán». Obama ha dejado claro en sus primeras declaraciones tras las elecciones que la guerra en Afganistán será una prioridad para su Administración. E igualmente, sus palabras a la prensa después de la masacre en Mumbai confirman cuál es su intención. Parece seguro que enviará más tropas a Afganistán, y es muy posible que inste a las naciones europeas -que son sus «amigas»- a hacer lo mismo. Sin embargo, insistirá en que esas tropas no vayan con el rol de «pacificadoras» -como desde el Ministerio de Defensa español se insiste que están nuestros efectivos en este momento-, sino cumpliendo una clara misión militar, en un escenario de guerra.
Estas no serán buenas noticias para Zapatero, para quien cada muerte militar en Afganistán representa un golpe a su política. De la misma manera, sobre la cuestión de Irán, Obama también ha dejado claro que no dejará la opción militar fuera de la mesa. Si Zapatero insiste en apoyar a su «nuevo mejor amigo», muy pronto verá que está adoptando exactamente la misma política exterior de José María Aznar, es decir, una estrecha alianza y de colaboración con la estrategia mundial de Estados Unidos. Mientras Bush, a menudo, simplemente ignoraba a los europeos, Obama está dispuesto a trabajar con ellos. Pero a cambio pedirá cosas.
En definitiva, si España quiere librarse de la imagen humillante de su líder mendigando a la Casa Blanca, necesitará establecer aliados firmes y poderosos, y, sobre todo, necesita colaborar con Estado Unidos. Recientemente, el International Herald Tribune publicaba: «El perfil político de España se está encogiendo bajo el liderazgo de un hombre profundamente absorbido en la reforma doméstica y falto de experiencia internacional». Quizás el nuevo presidente de Estados Unidos hará posible que los líderes españoles salgan de su ombliguismo y entren en una nueva era de relevancia internacional.
El horror de Mumbai debería dar al Gobierno español la ocasión y la excusa para demostrar que es capaz de responder al desafío moral de mantener la paz, no mediante demostraciones fútiles o caceroladas en los balcones, sino a través de la cooperación militar activa en Afganistán con sus compañeros europeos y su «nuevo mejor amigo», Barack Obama.
Henry Kamen es historiador y su último libro publicado es Imagining Spain: Historical Myth & National Identity (Yale University Press, 2008).
Etiquetas: Afganistán, España, ISAF, Obama, OTAN
Un proyecto para Afganistán

Soldados turcos llegan a Kabul por vía aérea, junio 2002
Asuntos profesionales prioritarios han mantenido este blog inactivo durante algunas semanas. Sin embargo, esa situación no se ha resuelto completamente. Y mientras tanto, los asuntos a tratar, se acumulan.
A efectos de ir restableciendo el pulso del blog (sin garantías de que vaya a continuar editándose por mucho tiempo) se ha optado de momento por ir publicando algunos post a base de comentarios breves o mediante la reedición de meras noticias, que a su vez hacen referencia a las anteriores líneas de análisis trabajadas en este blog. Por supuesto, todo ello sin concesiones al diseño de edición: de momento no hay disponibilidad de tiempo para incluir apoyo gráfico. De todas formas, y dado que este blog cuenta con algunos fieles seguidores, se confía en su paciencia y comprensión para subsanar el bache.
El artículo que se reproduce a continuación fue publicado hace pocos días y se refiere a una cuestión que últimamente suscita mucha polémica en la prensa española y, por extensión, en la occidental. ¿Debe continuar la presencia de la misión ISAF en Afganistán?¿Qué postura debe tomar el gobierno español al efecto? El lector encontrará una respuesta en el artículo que sigue, asociada al papel (poco conocido) que juega Turquía en ese escenario. Debe tenerse presente que ese país cuenta con muy útiles relaciones en la zona, además de tener excelentes expertos y analistas en Afganistán y Asia Central, a los que posiblemente le dedicaremos atención en futuros post.
El profesor Akın Özçer ha tenido la gentileza de incluir la pieza en la revista que dirige: "Hispanatolia". Es por esa razón, y por la afortunada coincidencia de que s eesté celebrando en Estambul la Trilateral turco-afgano-paquistaní, por lo cual el autor decidió editar su propio artículo en su propio blog, aún contando con los problemas de tiempo y disponibilidad mencionados más arriba.
Pinchar sobre la imagen para ampliar: Restos de los 96 vehículos de transporte de la misión OTAN-ISAF destruidos por un comando talibán en Peshawar, Pakistán, el pasado 7 de diciembre. 96 vehículos son muchos vehículos. El ataque se volvió a repetir al día siguiente contra otra terminal cercana. Todo indica que los talibanes están iniciando las operaciones para el estrangulamiento de Kabul;
las tropas ISAF podrán seguir siendo abastecidas, pero posiblemente la población civil de la capital sufrirá las consecuencias y la insurgencia prenderá en el interior de la ciudad. El margen para aplicar soluciones políticas
se estrecha a cada día que pasa.
"El Periódico", 29/11/2008
Un proyecto para Afganistán
La Alianza de Civilizaciones es el marco apropiado para vehicular los estudios, ideas y propuestas que pudieran hacerse desde Turquía
• Es de temer que, en el plano militar, la posición de España en el país sea insostenible a medio plazo
FRANCISCO Veiga
Hace cuatro años, el contingente militar español en Irak era un "eslabón débil", dado que, políticamente, España no podía permitirse encajar pérdidas elevadas participando en un conflicto que era muy impopular. Por razones que no se van a discutir aquí, Madrid continuó enviando tropas en misiones internacionales a zonas de crisis en el mundo islámico: Afganistán y el Líbano. La diferencia con lo ocurrido en Irak es que ahora el Gobierno sabe que, le guste o no, ha de estar preparado para encajar golpes de la insurgencia o el terrorismo. Retirar unilateralmente las tropas de alguno de esos puntos amenazadores puede resultar contraproducente para la seguridad del Estado, porque convertiría al resto de los contingentes, y a la población española en su conjunto, en el perfecto rehén del terrorismo islamista o de cualquier otro.
Más allá de esa consideración, es de temer que, desde un punto de vista militar, nuestra posición en Afganistán sea insostenible a medio plazo. Argumentar que las tropas españolas permanecen en aquel remoto país para defender una red de centros de atención médica y escuelas o para echar una mano en la habilitación de infraestructuras básicas resulta, como poco, escasamente realista. Todo ese tinglado flota en el aire sin beneficiarse del apoyo de unas instituciones administrativas locales que tampoco tienen claro el futuro de su país. Mientras decae irremisiblemente la estrella del presidente Karzai, ni militares extranjeros ni autoridades locales poseen un plan político claro al margen de consignas bienintencionadas. Analistas occidentales empecinados abogan por enviar más tropas allí, lo que equivale a más fuerza militar para defender un proyecto político que sigue sin existir. Así que, mientras en Madrid esperan a que lo elaboren otros, la opción parece ser mantener en zona de guerra unas tropas sin material pesado y que pueden convertirse en el pim pam pum de los insurgentes talibanes.
Y, sin embargo, el momento es apropiado para pensar que España podría contribuir, con ideas propias, al diseño de ese plan para Afganistán, en el marco de la Alianza de Civilizaciones, esto es, en colaboración con Turquía. En los últimos meses, el Gobierno de Ankara, que no termina de ver aplicaciones prácticas al proyecto, pretende encontrarlas en alguna forma de colaboración hispano-turca para abordar conjuntamente los problemas que suponen ETA y el PKK. Pero la Alianza de Civilizaciones no es un programa antiterrorista conjunto. Ante una idea tan escasamente práctica, cabe pensar que el Gobierno de Erdogan esté siendo mal asesorado desde sectores de la derecha laica, interesados en deteriorar las relaciones entre Madrid y Ankara.
En cambio, la experiencia turca resulta altamente valiosa para buscar una solución práctica para Afganistán. El mundo turco siempre ha sido un laboratorio de innovaciones políticas en torno al islam; posee un enorme conocimiento histórico del Asia central, y buenas relaciones allí. Prueba de ello es la privilegiada relación que tiene Turquía con Pakistán, por poner un ejemplo. Y ese país es precisamente una de las claves para el destino de Afganistán. Además, Ankara colabora con un contingente propio de soldados en la misión de la ISAF (la fuerza internacional de seguridad).
Turquía es un país con una política exterior muy compleja, dado que debe moverse en escenarios dispares. Por ello, no va a dar el primer paso para desarrollar por su cuenta ningún plan político para Afganistán. En cambio, la Alianza de Civilizaciones sí es el marco apropiado para vehicular los estudios, ideas y propuestas que pudieran hacerse al respecto. Madrid tendría una ocasión única para reflotar un proyecto que nació a raíz de la retirada de las tropas españolas de Irak, en el 2004, y que podría tener los días contados, desaparecido Bush de la Casa Blanca y restablecidas las buenas relaciones con Wa- shington a través de un presidente Obama que parece llegar con actitudes propias sobre las civilizaciones, sus choques y alianzas, si es que todo ello se puede enfocar así.
En estos tiempos, Ankara también necesita de alguna baza brillante al servicio de sus aliados en la OTAN y amigos en la Unión Europea. El Gobierno de Erdogan se ha atascando sine díe en una interminable guerra contra el PKK, bajo unas directivas estratégicas marcadas por los militares, que no sirvieron de gran cosa en la guerra de 1984-1999 y que ahora parecen llevar el mismo camino. Los oleoductos que pasan por el país están amenazados por el PKK, mientras el precio del petróleo no para de bajar, y Turquía como camino alternativo de los oleoductos desde el Caspio a Europa se devalúa en paralelo al acercamiento entre la UE y Rusia. Rematando todo el conjunto, el proceso de reformas que deberían llevar al país a la UE parece haberse atascado también.
En definitiva, los errores cometidos en Irak son responsabilidad histórica del presidente George W. Bush, y ello contribuyó precisamente a que Estados Unidos haga frente a una crisis de credibilidad internacional sin precedentes. En cambio, las responsabilidades en Afganistán están más distribuidas e implican no solo a los norteamericanos, sino también a los europeos y a la OTAN. Es decir, a nosotros también nos alcanzan.
Etiquetas: Afganistán, Alianza de Civilizaciones, Erdoğan, España, Karzai, OTAN, PKK, talibanes, Turquía
El eje resolutivo Cáucaso-Balcanes

Uno de los Cobra de las fuerzas armadas georgianas, desfila por las calles de Tblisi, antes del conflicto del pasado mes de agosto
Como afimaba un amigo diplomático, la situación internacional ha evolucionado considerablemente desde que se colgara el anterior post en este blog. En realidad, incluso desde que el artículo que sigue a continuación fuera redactado, han tenido lugar más y más acontecimientos de alcance. Por ejemplo, el pasado 8 de octubre, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución en que se exigía que la Corte Internacional de Justicia emitiera su fallo sobre la legalidad o la ilegalidad de la proclamación de la independencia por Kosovo.
En otro orden de cosas, la concesión del "Membership Action Plan" para Georgia y Ucrania en la Cumbre OTAN de diciembre ya no es tan segura como parecía. Pasadas las primeras semanas de aguantar el tipo, en Bruselas-OTAN se tiene en cuenta la actitud temeraria de la presidencia y mandos georgianos, pero también las capacidades militares reales del modesto Ejército georgiano.
De otra parte, revertir el rumbo catastrófico que ha tomado la situación militar en Afganistán va a requerir el envío de más y más contingentes militares por parte de la OTAN, incluso al margen de quién sea el ganador de las elecciones en los Estados Unidos. Y tal esfuerzo no va a dejar mucho margen para volcarse en candidaturas indefendibles, como las de Ucrania o Georgia. Los números y la geografía casi siempre terminan por imponerse a la tozudez.
"El Periódico", 16/10/2008
El eje resolutivo Cáucaso-Balcanes
España es uno de los pocos socios europeos que, hoy por hoy, pueden actuar en la región con ideas propias
• La OTAN debería tener cuidado de no dañar la labor de la UE, porque la dejaría aún peor parada
Los primeros vehículos blindados georgianos que penetraron en Tsjinval, la capital de Osetia del Sur, en la mañana del 8 de agosto pasado, fueron algunos de los Cobra adquiridos a Turquía meses antes. A pesar de la embarazosa contribución que habían tenido los turcos en el rearme georgiano, llamó la atención la muy matizada postura de Ankara durante la crisis de este verano. Turquía supo jugar por su cuenta: miembro de la OTAN, no secundó las agresivas posiciones de esta organización en los días posteriores a la crisis. Ankara demostró una vez más que su diplomacia sabe moverse con soltura en la toda la zona de Oriente Medio, Mediterráneo Oriental, Cáucaso y Asia Central.
Turquía no podía permitirse el lujo de alinearse en el conflicto georgiano, debido a sus intereses cruzados con todas las partes en conflicto. Moscú tuvo muy en cuenta esa circunstancia cuando llevó a cabo su intensa labor diplomática posterior a la guerra; y el gobierno turco respondió de forma ingeniosa con la propuesta de un Pacto de Estabilización y Cooperación para el Cáucaso. Fue una finta, pero bien jugada, porque estaba en la línea de una solución posible a la crisis: la acción integradora en la zona del Cáucaso, que no de confrontación.

Los Cobra, utilizados en la guerra de Osetia del Sur como vehículos de exploración, no fueron adversario para los antitanques rusos en manos de los independentistas. Uno de ellos destruido en las calles de Tsjinval, al día siguiente de la batalla.
Junto con Ankara, otra de las cancillerías que parece estar aprovechando sus posiciones de neutralidad es Madrid, que ante Moscú tiene a su favor la baza de no haber reconocido la autoproclamación de la independencia de Kosovo, el pasado mes de febrero. España es uno de los pocos socios europeos que hoy por hoy puede actuar con ideas propias en el eje Cáucaso-Balcanes. En torno a ese cigüeñal estratégico, gira en buena medida la solución del delicado momento que viven las relaciones entre Europa y Rusia. Cuando un grupo de países pertenecientes a la UE se lanzó en febrero a reconocer la autoproclamada soberanía de Kosovo, quedó malparado uno de los argumentos clave para el proceso de construcción europeo: su capacidad para superar los viejos conflictos nacionalistas en los rincones más sensibles del Viejo Continente. Porque el reconocimiento de Kosovo significaba crear más problemas de los que solucionaba, al establecer nuevas fronteras duras, en vez de contribuir a borrarlas.
Ahora, en el Cáucaso acaba de aparecer una oportunidad de reconducir esa situación. Y podría venir con la propuesta de integración en la UE de las tres repúblicas del Cáucaso: Georgia, Armenia y Azerbaiyán. Al fin y al cabo son tres países europeos y los dos primeros se cuentan entre los estados más pretéritos del continente. Rusia no pondría objeciones, siempre que el proceso de integración no significara el paralelo ingreso en la OTAN de esos países, o alguna forma de potencial amenaza militar.
El viaje del presidente Rodríguez Zapatero a San Peterburgo, a comienzos de este mismo mes, no fue muy bien tratado por la prensa española en general; pero resultó ser una maniobra diplomática oportuna. En realidad, la políica española hacia la zona de Turquía-Cáucaso y el problema de Kosovo, no ha variado desde el anterior gobierno Aznar al actual de Zapatero; y muy posiblemente continuaría siendo la misma bajo un hipotético gobierno Rajoy
En esta ocasión, Moscú lleva la iniciativa, y lo sabe. Da igual que determinados grupos de presión en la OTAN se empeñen en buscar la solución a la crisis del Cáucaso con la huida hacia adelante. Es posible que la integración de Georgia en la Alianza Atlántica tarde bastante tiempo en hacerse efectiva, y para entonces veremos en qué situación está la OTAN, cuyo deterioro interno a raíz de la intervención en Afganistán resulta muy evidente. La crisis financiera internacional, de no arreglarse rápidamente, repercutirá en las inversiones multimillonarias que exige el mantenimiento de la Alianza en nivel de eficacia. Los Estados Unidos, ya no son el coloso económico de hace cinco lustros y su propio rearme está siendo financiado con préstamos del exterior. Esto es: no podrá permitirse los dispendios en alta tecnología militar de la era Reagan, no digamos desplegar redes de bases en micropaíses militarmente indefendibles.
O sea que el único protagonista occidental que está haciendo algo positivo y realista en la zona de crisis caucásica es la UE; o algunos de sus socios, tirando del carro. Lo demás, desde el estricto punto de vista de la geoestrategia, son fantasías y guerra de propaganda. En realidad, la OTAN debería llevar cuidado en no dañar la labor ni la coherencia de la UE, lo cual la dejaría aún más malparada y políticamente aislada como institución. Por el contrario, puesto en marcha el proceso de integración en el Cáucaso, el resultado final podría ser el de una Osetia del Sur y una Abjasia, que dentro de algunos años no le hicieran ascos a la integración en un ámbito comunitario caucásico circunscrito al espacio Schengen.

Cara de circunstancias. El secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates (dcha), junto al presidente kosovar, Fatmir Sejdiu, en rueda de prensa, tras la reunión mantenida en Pristina (Kosovo), a raíz de que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobara el 8 de octubre pasado la resolución en que se exige que la Corte Internacional de Justicia emitiera su fallo sobre la legalidad o la ilegalidad de la proclamación de la independencia por Kosovo. Oscurecida por la crisis financiera que vivía el planeta y por los tradicionales prejuicios, la noticia fue todo un acontecimiento histórico que parecía poner de relieve nuevas reglas en las relaciones internacionales; algo que en mundo de las finanzas también se estaba planteando con fuerza (Foto Agencia EFE)
La perspectiva de una inclusión del Cáucaso meridional en la UE tendría efectos beneficiosos para todos, estabilizando la zona e incluyendo la normalización en las relaciones entre Bruselas y Moscú, que serán decisivas para afrontar la crisis económica global. Y a más largo plazo, restauraría la idea central de que, de una forma u otra, en el proceso de integración todavía se encuentra la clave para la solución (o conjugación) pacífica de las contradicciones interétnicas y los conflictos nacionales en el espacio europeo: incluyendo los Balcanes y, por supuesto, Kosovo y la delicada situación de Serbia. Pero como no se utilice de forma resolutiva, el eje de conflictos Cáucaso-Balcanes, continuará funcionando de forma destructiva para la política y hasta la supervivencia de la UE en estos momentos tan delicados. Etiquetas: Cáucaso, Georgia, Kosovo, Medvedev, Osetia del Sur, OTAN, proceso de integración en la UE, Rodríguez Zapatero, Rusia, Serbia, Turquia