domingo, diciembre 02, 2007

“Un hombre de nacionalidad rumana…”






















Ejemplo a seguir: cubierta del libro de Miguel Pajares del cual se hace una breve reseña al final de este post. Un estudio profesional y completo sobre un asunto controvertido que no interesa a los políticos españoles

En los últimos tiempos han menudeado noticias desagradables o dramáticas protagonizadas por inmigrantes de nacionalidad rumana. Primero llegaron a nuestros telediarios y periódicos algunos casos de violencia de género, como se dice ahora, de forma gramaticalmente impropia pero políticamente correcta. Después, a comienzos de septiembre, nos golpearon las espantosas imágenes de un inmigrante rumano quemándose a lo bonzo en Castellón. El hombre, se prendió fuego en protesta por el precario estado económico de su familia, tras llegar a España con una promesa de trabajo que resultó ser falsa, tras lo cual tuvo que sobrevivir tres meses, junto a su mujer y sus dos hijos, con la venta callejera de refrescos y chatarra. Ingresado con quemaduras que le interesaban hasta el 70% de su cuerpo, sobrevivió quince días en estado crítico antes de fallecer, el 19 de septiembre. El caso de Marian Mitriţă, que era como se llamaba este pobre hombre de etnia gitana, tuvo derivaciones todavía más penosas cuando, ya en Rumania, su familia segregó a su esposa, señalándola como causante de la tragedia. Todo ello fue cumplidamente seguido por la prensa española y en algunos casos, aunque parezca obsceno, incluso algunos intentaron sacar réditos políticos, aunque fueran mínimos.



El horror de una tragedia innecesaria: Marian Mitriţă se prende fuego ante las cámaras. Sucedió en Castellón, provincia que aglutina un destacado porcentaje de la inmigración rumana en España












Para rematar el conjunto, la Unión Hispano-Rumana “Dacia” tuvo que intervenir para que You Tube retirara un vídeo de intencionalidad xenófoba en el cual la canción de Georgie Dan “La Barbacoa” acompañaba las imágenes de Mitriţă ardiendo. ¿Recuerdan la escandalera que se organizó en marzo de este mismo año, cuando se publicó la noticia de que un fiscal turco había bloqueado la difusión de You Tube en el país porque la empresa no había retirado un video ofensivo contra la figura de Atatürk? Por entonces hubo mucho llanto y crujir de dientes ante el “avasallamiento” de la libertad de expresión que parecía significar el correctivo aplicado a la política editorial de You Tube. Después de ese incidente hubo otros muchos similares. Sólo dos meses más tarde, el Pentágono prohibía el acceso desde los equipos del Departamento de Defensa a You Tube y My Space; los motivos fueron técnicos, pero la decisión generó polémica, porque no parecía que se tratara sólo de eso. Por estos pagos se ha denunciado reiteradamente la utilización de ese foro para colgar vídeos de violencia y abusos grabados por adolescentes; y en ese contexto entraba el vídeo xenófobo montado a costa de Marian Mitriţă; pero en este caso, nuestros bravos medios de comunicación pasaron de puntillas sobre el asunto, claro que sí. De hurgar en el drama del gitano suicida sí que se podía sacar algo; de denunciar nuestro propio humus xenófobo, no.

Pasaron las semanas, que ni siquiera meses, y muy a comienzos de noviembre estalló el escándalo de las expulsiones masivas de rumanos en Italia. Todo comenzó cuando una mujer italiana fue violada, robada y asesinada en Roma presuntamente por un ciudadano rumano de etnia gitana, residente en un siniestro poblado de chabolas, Tor di Quinto. El gobierno italiano respondió aprobando un polémico procedimiento de expulsión que en teoría afectaba a todo el colectivo de inmigrantes rumanos en Italia, más de medio millón. Europa quedó boquiabierta ante la contundencia y celeridad con la que actuaron las autoridades italianas: en cuestión de horas el gobierno Prodi aprobó un decreto urgente que habilitaba a los prefectos de todas las ciudades de toda Italia a expulsar ciudadanos de otros países de la UE por causa de delitos o “motivos de seguridad pública”. En realidad, el decreto iba dirigido contra los rumanos y las expulsiones comenzaron casi enseguida: inicialmente afectaba a unas 5.000 personas.

El escándalo era un nuevo producto de la siempre tortuosa política italiana: una jugada del actual alcalde de Roma, Walter Veltroni, recién ungido como líder de la nueva formación de centro-izquierda, el Partido Demócrata. Como sucesor natural de Romano Prodi, actual primer ministro, Veltroni se estrenó con un golpe de efecto populista que dejó fuera de combate a la derecha: convocó una conferencia de prensa y pidió mano dura contra la emigración descontrolada. Ante esa situación y teniendo en cuenta que se espera una pronta convocatoria de elecciones en Italia, Prodi sólo tenía la opción de desautorizar a su heredero político o seguirle el juego. Así fue como Veltroni pilló descolocados a todos, incluido al presidente de la República, Giorgio Napolitano, que firmó inmediatamente el decreto de expulsión.

Por lo tanto, el oportunismo político llevado al límite desató una crisis social muy peligrosa. Veltroni hurgó en los recovecos más turbios de los miedos italianos. Según él, hasta un 75% de las detenciones en Roma correspondían a ciudadanos de origen rumano. Desde que Rumania ingresó en la UE, en enero de este mismo año, miles de inmigrantes llegaron al país, haciendo de Italia el país de la UE que más rumanos acogió, y dejando en segundo plano la imagen de los albaneses como gran colectivo principal, con gran potencial delictivo.



La policía italiana irrumpe en fuerza en la barriada chabolista de Tor Di Quinto, que fue derribada en el contexto de la política de mano dura contra la inmigración rumana, puesta en marcha en Italia durante el pasado mes de noviembre







Todo este barullo que hubiera podido dar lugar a una verdadera catástrofe social y política fue desactivado en el último momento por la intervención del gobierno rumano, que el 7 de noviembre envió al primer ministro Călin Popescu Tăriceanu a entrevistarse con Romano Prodi. Rápidamente, los italianos suavizaron actitudes y maneras –de la misma forma que previamente las habían encrespado, con furia latina- y prometieron que las expulsiones sólo se ejecutarían puntualmente. Ambos políticos suscribieron acuerdos de colaboración y de paso aprovecharon para cargarle parte del muerto a Bruselas, enviando una carta para que la UE tomara cartas en el asunto; dicho de otra manera, para que aportara fondos destinados a programas de integración social de inmigrantes sin recursos dentro de la UE.

El pasado día 27, el presidente rumano, Traian Băsescu, llegó a Madrid en su primera visita de estado a España. Le acompañaban los ministros de Exteriores y de las PYME. Lo recibieron los reyes, visitó Castellón y allí, en la plaza de toros citó a miles de compatriotas que trabajan y residen en esa provincia. Los medios de comunicación españoles pasaron sobre esta visita; apenas mención en la prensa y rápida revista en la televisión.
Transcrito en una crónica de Europa Press, su discurso no llama mucho la atención. Pero aún así, los que conocen la lengua rumana en general y a Băsescu en particular, quizá pudieron apreciar un tono algo tenso, un punto bronco. Ciertamente, es el estilo característico de este presidente rumano, tirando a crispado y con capacidad de crispar. Y una de las frases que destacaba era aquella en que afirmaba que los rumanos que residen en España no entienden por qué el gobierno español mantiene la moratoria que impone restricciones a la libre circulación de trabajadores rumanos pese a la entrada de su país en la UE en enero.


Uno de los muy escasos efectos positivos que tuvo la crisis de los inmigrantes rumanos en Italia fue la disolución del grupo parlamentario de extrema derecha en la Eurocámara (Identidad-Tradición-Soberanía), a raíz de unas declaraciones antirrumanas realizadas por la diputada Alessandra Mussolini, nieta del dictador homónimo, que los ultra de Vadim Tudor se tomaron muy mal






Al parecer, hubo varias incursiones a esta idea: Rumania quiere que sus ciudadanos "puedan ejercer el derecho fundamental ganado por la adhesión a la Unión Europea, que es la libre circulación de personas". O bien, dijo mostrarse muy agradecido del "calor" con el que ha sido recibido en España, que "no espera más del Gobierno español de lo que ya está haciendo" con respecto a los rumanos que residen en este país y que sus conciudadanos están muy agradecidos por cómo han sido recibidos en España, aunque les gustaría "ser tratados como ciudadanos europeos", de ahí la petición del fin de la moratoria. Por supuesto, hubo una inevitable alusión a lo ocurrido en el país latino: "Gracias a Dios ustedes no se han convertido en Italia". Y continuó explicando que ningún país que expulse a ciudadanos rumanos se encontrará "con la sintonía de las autoridades rumanas" puesto que Bucarest sólo aceptará imponer restricciones a sus propios ciudadanos si hay una sentencia judicial. "Rumanía no se va a convertir en un tipo de cárcel para sus propios ciudadanos", prometió.

Por lo tanto, Băsescu se pasó por Madrid para proponer algunos negocios y sacar un poco de pecho. Eso está bien, es lo que un presidente debe de hacer por su país, sus ciudadanos y también por sí mismo. Otra cosa es que desde aquí digamos amén a todo, tras habernos entrado por una oreja y salido por la otra. Aunque sea brevemente, la cuestión merece algunos comentarios.

Parece evidente que existe un problema relacionado con la inmigración rumana, asociado a su vez con un nexo causal común: el acceso de Rumania a la UE, en enero de este mismo año, que ha supuesto un aumento considerable del número de migrantes; por lo tanto, a más recién llegados de una misma nacionalidad concreta, más problemas potenciales con ese colectivo: es un axioma estadístico. Según el Ministerio de Trabajo,
el número de rumanos con tarjeta de residencia en España se ha duplicado en nueve meses (a fecha de 2 de noviembre). Si en tan sólo ese periodo (de enero a septiembre) el número de residentes rumanos registrados ha pasado de 264.928 a 560.670, eso significa una afluencia de casi 296.000 recién llegados en nueve meses. No es de extrañar que se produzcan disfunciones burocráticas, problemas de todo tipo, malentendidos: es muy posible que pura y simplemente, la maquinaria administrativa española no está preparada para afrontar un incremento que, además, ha continuado concentrándose en determinadas provincias, no se ha distribuido por toda la península. Y ello haciendo referencia tan sólo a los inmigrantes legalizados, ni se habla de los numerosos casos de personas que residen sin papeles. Ante este fenómeno sí se entiende mejor el asunto de la moratoria que Băsescu cuestiona. O por el contrario, quizá sería mejor levantarla, si realmente resulta que no sirve para nada. ¿Qué dice el gobierno español a todo esto?




















El presidente Traian Băsescu se dirige a la colonia de rumanos en España en la plaza de toros de Castellón, noviembre de 2007


Por otra parte, el presidente de Rumania nos explica que la razón por la cual los rumanos abandonan su país es "porque los sueldos son superiores" en los países a los que emigran. En consecuencia, siempre según Băsescu "esto se terminará cuando los sueldos en Rumanía sean aceptables para las aspiraciones de los rumanos". No sé qué pensarán ustedes, pero a mi esta argumentación me parece un tanto ingenua. La pregunta que viene a continuación sería: “¿Y por qué los sueldos en Rumania son tan bajos?” Porque según el mismo presidente admite, hablamos de dos millones de emigrantes rumanos. Dos millones sobre una población total de 22 millones de habitantes, es mucho emigrante: más del 9% de la población total del país, sin contar la proporción que supone de la población activa real. Es cierto que los rumanos son ahora ciudadanos de un estado miembro de la UE; pero parece claro que Rumania es un país de la comunidad cuya economía está bajo sospecha. Porque no es muy “comunitario” eso de tener fuera a dos millones de ciudadanos para que la economía nacional pueda seguir funcionando; y más ahora, cuando al parecer, siempre según Băsescu, Rumania tiene un "déficit de fuerza de trabajo". Dicho en otras palabras y reconocido desde hace tiempo por la prensa rumana: es tan elevado el número de emigrantes que muchas empresas locales han tenido que contratar inmigrantes de otros países para cubrir los huecos.



La trama argumental de "Lamerica" parte de los intentos de un empresario italiano por montar una empresa ficticia en Albania para intentar cobrar subvenciones de forma fraudulenta












Pero aún hay más: la abultada emigración rumana ha supuesto también una auténtica fuga de cerebros: ¿Cuántos miles de ingenieros, arquitectos, médicos y demás profesionales están trabajando como emigrantes en España o Italia, y en puestos laborales de base en sectores como restauración, construcción, agricultura etc.? Por supuesto, esto no concierne a las autoridades españolas e italianas, pero no parece muy normal que un gobierno de la UE, como es el rumano, no controle la fuga de cerebros o el deterioro del propio tejido social. Porque eso no dejará de repercutir en la perpetuación de un desarrollo económico y social deficiente y en el mecanismo fácil de que la emigración que “lo arregla todo”, especialmente la balanza de pagos siempre deficitaria.

Bien, ya sabemos: las autoridades rumanas no han tenido tiempo aún de enmendar estos problemas. Y otros peores. Por ejemplo: resulta que las empresas extranjeras que se han establecido en Rumania, pagan sueldos iguales o incluso inferiores a los que abonan las empresas rumanas. En busca de mano de obra barata, firmas italianas del textil, por ejemplo, están ofreciendo en Rumania salarios de 50 euros al mes por jornales de 10 ó 12 horas diarias [dato aportado por Miguel Pajares en pag. 70 de su libro, vid. más abajo]. Esto es, pura y simplemente, un escándalo de escala europea. Por lo visto, la situación retratada por Gianni Amelio en
Lamerica (1994) para ciertos empresarios italianos en Albania, sigue perpetuándose en otros países del Este. Pero, y no me gustaría equivocarme, da la sensación de que aquí hay algo que no cuadra, en lo tocante al precio real de ciertas estrategias destinadas a atraer la inversión extranjera, sea como sea. Y posiblemente, una parte de la responsabilidad le corresponde al gobierno rumano. Dicho de otra manera más clara: ¿No estaremos financiando entre todos (inmigrantes rumanos, países de la UE) la rapacidad neoliberal de unos y la incapacidad gestora y política de otros?

También es de suponer que no existen intenciones poco confesables trenzadas en el proceso. Pongamos por caso: la de sacarse de encima a sectores sociales inadaptados facilitándoles la salida en la corriente de inmigrantes. Esto no es nada nuevo: lo hicieron bastantes regímenes políticos a lo largo de la historia. Enviar fuera al ciudadano problemático puede ser ya de por sí un alivio; pero si además éste contribuye con sus remesas de divisas más o menos regulares o legales a la economía nacional, mejor que mejor, doble ventaja. Claro, hacer eso sería una mala idea, porque afectaría a la imagen global de la emigración rumana. Pero al fin y al cabo, es lo que, por desgracia ocurrió en Italia. Y además, hemos de recordar que Rumania tiene un importante problema de corrupción administrativa; de hecho, el asunto le da bastantes dolores de cabeza a Bruselas, y fue el caballo de batalla del aparatoso enfrentamiento reciente de Băsescu con su propio gobierno. Por lo tanto, ya saben: el miope interés de los corruptos puede dar lugar a errores de gran calado e ir en contra de los intereses del país o de la gran mayoría de ciudadanos honrados.

















George Gigi Becali, empresario multimillonario, político y accionista mayoritario del C. F. Steaua, autor del proyecto de financiar pequeños partidos políticos independientes integrados por emigrantes rumanos en los países de acogida. En España, la idea cuajó en octubre del 2006 en el PIR, Partido Independiente Rumano, liderado por el constructor Augusto Tecu, afincado en Castellón y de tendencia centro-derecha. Becali, conocido como el "Berlusconi rumano", es amigo del líder ultraderechista rumano Corneliu Vadim Tudor


En todo caso, estas son cuestiones a discutir. Cuando se apagan los discursos, una vez subsanados los momentos de tensión demagógica, no deberían dejarse de lado los debates serios, académicos, técnicos, sobre estas cuestiones. Justamente, porque estamos hablando de muchas decenas de miles de trabajadores honrados y eficaces, de la rentabilidad económica y social de la emigración para todos, del futuro de la UE. Aquí, en España, como sabrán muchos lectores extranjeros de este blog, andamos inmersos en pleno periodo preelectoral. Uno de los partidos contendientes ha propuesto una implicación más activa en la lucha por combatir el calentamiento global de la atmósfera. La oposición argumenta que esa es una cuestión a cincuenta años vista, como mínimo. Puede ser, pero España es uno de los países que peor está cumpliendo con el protocolo de Kyoto, y este tipo de problemas han de abordarse antes de que transcurran esos cincuenta años. Sin embargo, y de la misma forma, hay otros asuntos de matriz progresista que deberían ser debatidos, so pena de que las campañas electorales se conviertan en un espectáculo populista y demagógico que ofende la inteligencia del ciudadano medio. Y uno de ellos es el debate político sobre la inmigración, abierto y público. No a favor o en contra: a estas alturas de siglo, estar a favor o en contra de las corrientes migratorias es tan absurdo como estar a favor o en contra de que la lluvia caiga hacia el suelo. No: la cuestión es debatir sobre el control, rentabilización e integración de la inmigración, poner sobre el tapete temas importantes sobre el asunto, y con la debida antelación. Si resulta que los inmigrantes rumanos (y de otras nacionalidades comunitarias) pueden ya votar en nuestras elecciones municipales e incluso pronto en las generales, quizá sería interesante ir logrando una mayor sintonía, despejando malentendidos, que de eso se trata. Por ejemplo, ¿podría ser cierto que la última regularización masiva de inmigrantes en España se debió en parte a presiones bancarias, como parecía insinuar el diario “România Liberă” no hace mucho?¿Da igual que medios de prensa o políticos extranjeros aticen la idea de que la emigración de su país es fundamental para el desarrollo del de acogida? Pues si eso es cierto, sería interesante tenerlo bien claro. Se trata precisamente de evitar manipulaciones políticas de uno u otro lado. O de sacar a la clase política española de la poltrona, en la que a veces esperan pacientemente sus grandes figuras, hundidas en la comodidad, para ver de quién pueden copiar en asunto delicados, como el de la inmigración: ¿De Sarkozy?¿De Merkel?¿De Veltroni?

Mientras tanto, los lectores interesados en el tema tienen a su disposición el libro de Miguel Pajares, Inmigrantes del Este. Procesos migratorios de los rumanos, editado por Icaria en este mismo año de 2007. Es un volumen de 274 páginas que sale por 16,50 euros, que ha contado con subvención o apoyo del Eusko Jaurlaritza (Gobierno Vasco) y la Generalitat de Catalunya – Secretaria per a la inmigració. Se trata de un trabajo serio, llevado a cabo por un antropólogo social como es Miguel Pajares, que lleva ya tiempo investigando sobre el fenómeno inmigratorio en España y la integración. En este libro, el autor maneja una importante bibiliografía de referencia, así como datos no publicados u obtenidos en Rumania. Pero sobre todo, Pajares trabaja sobre el terreno, en Rumania y España: entrevista, escucha, observa. Esto es muy importante, porque convierte a su libro en un trabajo empírico, de esos que hacen mucha falta. La única deficiencia, aunque totalmente subsanable, es que la obra fue terminada antes de que Rumania ingresara como miembro de pleno derecho en la UE, por lo que Pajares no ha llegado a tiempo de analizar el impacto que eso ha tenido en el fenómeno migratorio rumano. Por eso, estamos ante un libro que tarde o temprano necesitará de nuevas reediciones.

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lunes, abril 16, 2007

La hipótesis Popescu


Băsescu, travestido en ama dominante, cabalga a Popescu-Tăriceanu. Fotomontaje satírico en "Răspândaku"
















La Vanguardia”, como otros periódicos españoles y –por desgracia- también instituciones académicas, tienen una marcada tendencia a contratar a personas que “por ser de por allí” se suponen que poseen un especial grado de discernimiento sobre una determinada zona del planeta. Según este planteamiento, se supone que un serbio “sabe mucho” de los Balcanes, cuando es muy posible que conozca más o menos bien su país, (o su ciudad) pero posiblemente no tiene ni pajolera idea sobre lo que sucede en Bulgaria, Grecia y, no digamos, Rumania. En ocasiones, “La Vanguardia” ha llevado esos planteamientos incluso más lejos y según su óptica, un alemán puede “saber mucho” sobre Turquía, pongamos por caso. Si esta ingenua forma de ver las (por decir algo piadoso) tuviera una cierta base, entonces habríamos de convenir en que cualquier español con una cultura media y capacidad de escribir un par de folios, “sabe mucho” sobre política y cultura de Italia, Francia y, no digamos, Marruecos o el Magreb en general, más allá de los habituales clichés sobre “gabachos” y “moros”. Y por esa misma regla de tres, tendríamos que aceptar que José María Aznar ha estado explicando cosas muy útiles e importantes sobre España en sus conferencias por los Estados Unidos de América, y que aquellas bobadas sobre los problemas de su país con los “moors” deberían figurar como preguntas de examen en las universidades americanas.
















Los viejos y buenos tiempos de concordia: Băsescu y Tăriceanu parodian una conocida escena del film "Titanic" (James Cameron, 1997). Fotomontaje satírico en la web de Sorin Tudor


Curiosa filosofía en un periódico que cuenta con alguno de los corresponsales autóctonos más valiosos de la prensa española, como es, por ejemplo, Rafael Poch, antes en la URSS-Rusia y ahora en China. En todo caso, uno de los personajes que representan esa filosofía tan de “La Vanguardia” favorable a los que por-ser-de-allí-saben-más-de-aquello, es Valentín Popescu, periodista rumano de pura cepa que durante algunos años escribió sobre la política alemana en el citado periódico. Lo hizo incluso en aquellos dramáticos días de diciembre, 1989, mientras se hundía violentamente el régimen de Ceauşescu. Desde hace algún tiempo, Popescu ha pasado a tener su propia columna en la que escribe sobre países “de por allí” con desigual fortuna. En más de una ocasión utilizando clichés un tanto rancios, ya leídos en periodistas de “por aquí”; y en otros, con mayor tino, producto de su veteranía.

Pero hace unos días (Jueves-Viernes Santo, 5-6 de abril) Valentín Popescu analizó la política de su país en una pieza titulada: “Bizantina crisis rumana”. No abundan los análisis de este hombre sobre su propio país. Además, en esta ocasión, albricias, lo hizo con justo y merecido tino, cubriendo un asunto que la mayoría de la prensa española arrinconó con un desinterés rayano en el exhibicionismo: la reciente crisis de gobierno rumano.

El lector hispano que desee seguir en detalle la evolución de la política en ese país, puede consultar el blog “
Noticias de Rumania”, donde confluye un puñado de becarios, rumanos hispanistas y todos aquellos que estén directamente interesados en ese país, tengan algo que decir sobre él o hayan dado con la dirección. Toda una muestra de la nueva generación de analistas de aquí que, por fin, tienen y pueden decir mucho sobre los países “de por allí”. Entre otras cosas, porque no rehúyen aprender idiomas y muestran un genuino interés por entender el país que estudian o en el que residen. Pero fuera de ese blog, poco más. Ni siquiera foros occidentales especializados en los Balcanes o Europa Central y Oriental, se han referido al nuevo espasmo de la política rumana.











Tăriceanu y Băsescu, vencedores en los comicios del otoño de 2004. Ambos usaron y abusaron de supuestas parecidos con la "revolución naranja" ucraniana, que tenía lugar por aquellas mismas fechas. Y en efecto, acertaron en la forma similar en la que están llegando a su desenlace confuso y sucio ambos procesos políticos.


Eso resulta tanto más inquietante cuanto que Rumania es una recién llegada al club europeo. O a la tómbola europea, porque a la vista de cómo están yendo las cosas entre toda una serie de nuevos miembros, uno se pregunta cómo se llevan realmente las negociaciones con los candidatos sobre el acervo comunitario. Y con qué cara se puede poner Bruselas dura con Turquía, cuando acaban de acceder dos países con una renta menor, con una infraestructura económica todavía con mucho pelo de la dehesa del periodo comunista, una corrupción peligrosamente extendida y una política muy preocupante por su inestabilidad. Pero es igual, da exactamente lo mismo: una vez dentro, los nuevos miembros se cubren con la gruesa capa de opacidad característica de las grandes instituciones occidentales: UE, OTAN y tutti quanti. Lo cual no quiere decir que las cosas se hagan mal, ojo. Sólo que se llevan a cabo con escasa glasnost.













Băsescu va a la guerra: el presidente, en visita a las tropas destacadas en Irak, embutido en uniforme de camuflaje y rodeado de algunas mujeres soldado. Băsescu se ha declarado en numerosas ocasiones devoto aliado y amigo del presidente Bush

Debido a todo ello, el trabajo de Valentín Popescu posee triple mérito: es oportuno, resulta clarificador y es sintético. Por desgracia, “La Vanguardia” suele aplicar una política muy cicatera en la difusión de sus productos informativos por la red. O nunca llegan a distribuirse en ella, o se convierten en piezas preciadas sólo accesibles para suscriptores online . Por ello, tanto para seguir con la política de este blog, tendente a evitar la reproducción de artículos ajenos, como para no contribuir a la ruina del rotativo barcelonés, ahí va una somera exposición de la “hipótesis Popescu”.

Lo que parece primer gran asalto de la prolongada confrontación entre el presidente Traian Băsescu (Partido Democrático – PD) y su primer ministro Călin Constantin Anton Popescu-Tăriceanu (Partido Nacional Liberal – PNL) concluyó el pasado 26 de marzo con la disolución de la coalición Alianza por la Justicia y la Verdad (ADA). El 2 de abril, Tăriceanu propuso oficialmente la remodelación del gobierno, sin la participación del PD, sólo con ministros del PNL (14) y el partido magiar de Transilvania (4), el UDMR (Unión Demócrata Magiar de Rumania). Por lo tanto, el gobierno se desmontó, se recompuso y volvió a ser ratificado por el presidente.





Tăriceanu también disfrutó luciendo uniforme militar de campaña, en este caso durante una visita al contingente rumano en Bosnia












En sí misma, esta salida no es tan extraordinaria. Lo llamativo del caso es que Băsescu y Tăriceanu, antiguos y hasta cordiales aliados, sólo comparten ahora una animadversión cainita. Y el nuevo gobierno resulta extremadamente débil y goza de un muy escaso apoyo social.

El perfil del enfrentamiento tiene como base, al menos en parte, la tendencia extremadamente personalista que aqueja a la política rumana, algo que tampoco es privativo de ese país (pensemos en Turquía e Italia, sin ir más lejos). En ese contexto, Tăriceanu hace alarde de su naturaleza coriácea y Băsescu saca brillo a su carácter difícil y su fama (de la cual está orgulloso) de ser un preşedinte jucător: un “presidente jugador”. Pero, claro está, la situación no puede ser entendida sólo como resultado de una pura incompatibilidad de caracteres.

Valentin Popescu articula su análisis en torno a tres claves que tienen en común tres conceptos: la corrupción institucionalizada en Rumania, el apoyo de la Unión Europea al presidente y la fatídica situación de suma cero en la política del país.

Según al análisis del periodista rumano, el objetivo principal de Traian Băsescu consiste en desarticular las muy extendidas y profundas relaciones entre el mundo político y la mafia económica (primera clave). Para ello, el presidente cuenta con el firme apoyo de Bruselas (segunda clave) que se muestra tajante para que se cumplan las promesas de limpiar la política rumana, condición sine qua non para el ingreso del país en la UE el pasado 1º de enero. El ariete del empeño presidencial era la ministro Monica Macovei, que ya había tenido un destacado protagonismo en la aplicación de las reformas jurídicas que permitieron el acceso de Rumania a la UE. Esta mujer logró llevar ante la justicia a 127 cargos públicos, por prevaricación. Pero también se enfrentó directamente a la decisión de Popescu-Tăriceanu de postergar las primeras elecciones rumanas al Parlamento europeo, por razones de política doméstica. Como era previsible, Monica Macovei ya no figura en el nuevo gabinete.


Tercera clave: Băsescu buscaba, consciente y tenazmente, sacar de en medio al primer ministro y su gobierno desde hacía tiempo. Posiblemente se limitó a instrumentalizar el apoyo de los otros partidos que componían la fenecida Alianza para escalar al cargo de presidente. Pero su intención final residiría en presentarse al cargo de primer ministro, dado que por ahora sigue siendo el político más popular de Rumania, frente a descrédito de la mayoría restante. Eso explicaría la rápida utilización del incidente en torno a Dinu Patriciu, millonario de turbia trayectoria y ex diputado por el PNL. Confidencialmente, Tăriceanu le pidió al presidente una “intervención” a favor de Patriciu, y éste llevó el asunto a la prensa, desencadenando abiertamente las hostilidades. Preşedinte jucător.


"Gambler president": Traian Băsescu tocado con un genuino Stetson durante una visita a los Estados Unidos. Su rendida admiración por esa potencia es común a la que sienten diversos estadistas del Este de Europa y Balcanes









Sin embargo, la situación política está bloqueada. Băsescu está pendiente de una posible inhabilitación por “conducta inconstitucional”. La comisión parlamentaria extraordinaria lo encontró culpable de diecinueve extralimitaciones graves de su cargo y en consecuencia, puso una denuncia ante el Tribunal Constitucional. De nuevo una iniciativa aparentemente inexplicable, porque el ejecutivo no necesita el dictamen de esa alta instancia de la judicatura para echar al presidente. Sólo con que lo decidieran por mayoría imple las dos cámaras, en sesión conjunta, Băsescu debería dejar el cargo.


Pero en ese caso, recuerda Popescu, “el proceso podría precipitar la convocatoria de elecciones adelantadas en las que todo el mundo, partidos, diputados y mafiosos, corre el riesgo de salir perdiendo”. En efecto, las encuestas revelan que Băsescu es el político más popular en Rumania (aún) y unas elecciones anticipadas lo podrían llevar a conquistar el gobierno.


"Băsescu Terminator", fotomontaje de las campaña electoral de 2004, en la que ya se le anunciaba como el gran campeón en la lucha anticorrupción. Son muy numerosas las caricaturas y fotomontajes sobre el presidente, quizá porque contienen un plus de ironía: su peculiar rostro rechina en casi cualquiera de las disparatadas combinaciones


Por lo tanto, la situación es de un muy precario equilibrio y casi todos los actores políticos actúan con movimientos laterales, golpean por medio de otros, hacen mucho ruido para ocultar las verdaderas intenciones y sobre todo, caen en la extravagancia. Y llegados a la situación del pasado 2 de abril, Tăriceanu se inclina por ganar tiempo, sea como sea, esperando que Băsescu cometa algún error, resulte encausado o la liebre salte por cualquiera de los lugares posibles (al fin y al cabo, sobre el actual presidente hay numerosos rumores malignos). El primer ministro no puede hacer otra cosa, y de tirar la toalla siempre está a tiempo. Además, no sólo se representa a él mismo en este tinglado: hay mucho que tapar, son gente poderosa la que le apoya y le rodea. En fin, no falta mucho para que se termine el mandato del legislativo. En cuanto a Băsescu, utiliza la estrategia de presionar para que sus adversarios, y entre ellos Popescu-Tăriceanu, se cuezan en su propia salsa y se ahorquen con su propia cuerda. Y como dice Valentín Popescu, tiene detrás el apoyo de Bruselas y de una base social de apoyo notablemente amplia. No es de extrañar que se muestre desafiante y amenace con dimitir y forzar elecciones este mismo verano si el parlamento decide votyar su suspensión.


El gobierno de Rumania en gráfica descripción del humorista Vidu










El problema es que con todas estas macanas, el tiempo y las energías se van en las mil y una maniobras y nadie gobierna, nadie legisla. Por otra parte, todo indica que Băsescu ha caído en el narcisismo de la genialidad. Quiere contentar a su público y a sí mismo, siempre, más y más en cada momento, y es posible que no sepa parar a tiempo. En política, los golpes de timón y las maniobras inspiradas no pueden ser lo cotidiano, porque tarde o temprano se acaba cayendo en la incongruencia. Por estos pagos hubo un tiempo en el que nos licenciamos y hasta doctoramos en las genialidades del Honorable President de la Generalitat, Pasqual Maragall. Eran tantas sus ideas luminosas, gracias, gracietas y piruetas que se las agrupó a todas bajo la denominación común de “maragalladas”. Algunas incluso parecían carecer de lógica aparente: había que mantener el ritmo. Pero cuando el hombre se fue, casi se pudo escuchar un extendido suspiro de alivio.




"Todo es normal en Rumania", parece concluir Vidu en otra viñeta humorística








Volviendo a Rumania, toda esta situación política se torna más lamentable por el hecho de que el país acaba de estrenar ingreso en la UE. Recuerdo que cuando aún parecía lejana la posibilidad de que el país accediera al club europeo (no hace tanto tiempo, no crean) muchos rumanos preguntaban al visitante occidental “cuándo acudiría la UE a ayudarles”, como si la poderosa institución fuera Caritas Diocesana o algo por el estilo. Por lo tanto, todas las señales indican que los políticos rumanos seguirán con la tontería hasta que comiencen a darse cuenta que deberán ponerse las pilas para sacar “algo” de Bruselas. Como los griegos, que también empezaron de una forma similar y acabaron percatándose (les costó bastante) de que sólo percibían una mínima parte de las ayudas a las que tenían derecho (y estoy hablando del año 2002, por ejemplo). Porque en Bruselas hay que trabajarse duramente las subvenciones y fondos, no caen automáticamente en la palma de la mano extendida. Y claro, luego vienen los euroescepticismos, los trucos y las multas. En fin: recuerdo que cuando Victor Ciorbea formó gobierno con la coalición de centro derecha en 1996, desplazando definitivamente a los socialistas del PDSR, el gran intelectual que es Andrei Pleşu dijo públicamente: “A partir de ahora ya no podremos seguir echándole la culpa de todos nuestros males a los comunistas. Ahora ya sólo nosotros somos responsables ante nosotros mismos”. Por lo visto, por desgracia, las pasiones, la pirotecnia levantina, el victimismo y la extravagancia, el enchufe y el chollo siguen formando parte de la forma de hacer política “a la rumana”. Nasol!

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sábado, marzo 10, 2007

La balada de los Rhythm & Blues

Ciudadanos rumanos celebrando la entrada de su país en la Unión Europea, la pasada Nochevieja









El presente post está basado en un artículo de próxima aparición en la revista "Capçalera" del Col·legi de Periodistes de Catalunya



A fuerza de discutir sobre el binomio Rumania-Bulgaria durante las negociaciones de acceso a la Unión Europea se les acabó denominado “R & B” y alguien en Bruselas decidió llamarles los “Rhythm & Blues”. La broma tuvo tanto éxito, que en cierta ocasión un delegado búlgaro preguntó quejoso por qué ellos debían ser los “blues”, mientras los rumanos aportaban el “ritmo”. Esta desenfadada anécdota contrasta con la pomposidad que rodeó el ingreso de los miembros que accedieron a la UE en mayo de 2004. Por entonces, el evento conservó ecos de la trascendencia con la que se hablaba en 1990 de la “casa común europea” y de la deuda histórica hacia los países de la Europa central. Casi tres años más tarde, con la UE en plena crisis institucional, con duros debates sobre la conveniencia de continuar con el proceso de ampliación o no, y con molestos problemas planteados por nuevos socios como Polonia, Hungría o Chipre, la bienvenida a los “Rhythm & Blues” no ha sido entusiasta.

Un viejo automóvil "Dacia" (Renault 12 fabricado bajo licencia rumana en los años 70) cargado hasta los topes de productos agrícolas. Rumania es todavía un país marcadamente agrario con un bajo nivel de desarrollo rural. Fotografía procedente de Antena 3 Rumania


A lo largo del mes de enero, la prensa occidental se dedicó a debatir sobre la idoneidad económica de Rumania y Bulgaria: ¿Están realmente preparados para entrar en la UE? Las cifras macroeconómicas resultan inquietantes: ambos países están situados en la cola de Europa; aparentemente, Turquía está más preparada que estos dos para participar activamente en el proceso de integración europea. Pues aunque en el crecimiento de sus economías es acelerado (7,8% de Rumania y 6,3% de Bulgaria entre enero y noviembre de 2006) en realidad parece deberse a un incremento del consumo interior. Por otra parte, el gasto público se ha racionalizado con éxito: el déficit rumano es sólo del 2% y Bulgaria ha conseguido incluso un superávit fiscal del 3,5%, resultados ambos correspondientes al año 2006.

Por lo tanto, ambos países cumplen con las estipulaciones de Bruselas. Pero existen otros problemas bien conocidos. A escala de la microeconomía, los salarios siguen muy bajos, la producción continúa siendo de discutible calidad, el sector bancario aún es anticuado. La agricultura y la ganadería siguen poseyendo un papel proporcionalmente muy marcado en la economía: en torno al 20% del PIB en ambos países, abarcando al 23% del empleo en Bulgaria y hasta el 40% en Rumania, aunque el sector agropecuario sólo participa en un 12% de las exportaciones búlgaras y un 5% de las rumanas.

Pero el primer y principal problema en ambos países es el de la corrupción, que alcanza niveles preocupantes, tanto en el sector público como en el privado. Bruselas se muestra rigurosa y amenaza con cancelar pagos de fondos estructurales e incluso ayudas agrícolas si se sospecha de fraudes, irregularidades o corrupción. De entrada, sólo se va a entregar el 75% de los fondos europeos a lo largo del próximo trienio en espera de de que mejore la lucha contra la corrupción.

En medio de todo ello, la carga de ingenuidad que adorna las distorsiones sociales de estos países puede llegar a ser desarmante. Noticia del pasado 1 de febrero: Bill Gates viaja a Rumania para inaugurar un centro técnico mundial de Microsoft y en el discurso de agradecimiento, el presidente Traian Băsescu le explica al magnate de la informática, con toda la buena fe del mundo, que “la piratería del software de Microsoft ha ayudado a Rumania a construir una pujante industria tecnológica”. Gates, informan las crónicas, “no hizo comentarios”. Según los expertos, el 70% del software utilizado en Rumania es pirata. Para concluir, “el presidente rumano condecoró a Gates con la orden nacional de máximo prestigio, la Estrella de Rumanía en grado de comendador y destacó los valores de este empresario, como "el trabajo, el respeto a la ley y la responsabilidad social”.









Bill Gates, feliz tras haber sido condecorado con la "Estrella de Rumania" por el presidente Băsescu


Por supuesto, el futuro económico de los “Rhythm & Blues” es bien incierto: puede evolucionar mal -como está ocurriendo con Hungría- o con el tiempo despegar de forma imparable, como ha sucedido con miembros antaño pobres de la UE que han sabido aprovechar a fondo esa condición y han despegado de forma imparable: tal es el célebre caso de Irlanda, cuyo crecimiento económico ha sido espectacular en los últimos diez años. Todo dependerá, en buena medida, de cómo evolucione la estructura social y la situación política. En tal sentido, Rumania, que es un país sorprendente en muchos aspectos, debe hacer frente a problemas específicos, como por ejemplo, la exagerada tasa de emigración. Un fenómeno que en el caso de este país no parece estar en relación directa con su relativo nivel de pobreza, sino más bien con el hecho de que el emigrante es una figura de éxito social. Aparte de la fuga de cerebros y clases técnico-profesionales que acaban ejerciendo como trabajadores no profesionales en Occidente –y dos de cada tres científicos rumanos investigan y trabajan en el extranjero- la masiva emigración rumana ha propiciado que el país carece ya de suficiente mano de obra, lo que implica aceptar inmigración. De momento, la prensa rumana, muy “a la rumana” presenta el fenómeno como un posible negocio sólo apto para espabilados: exportar mano de obra cara e importarla barata. Pero lo cierto es que de momento las autoridades ya están dándole vueltas a la posibilidad de drenar población agraria muy pobre del campo a la ciudad (algo que recuerda alguno de los planes de Ceauşescu) y la forma de poner en marcha un programa de recuperación de emigrantes, a la manera de los que ya intentó Méjico o Polonia.

Ante esta situación, la prensa juega un papel social aún limitado en estos dos nuevos socios de la UE. En los últimos años, la calidad de los medias ha mejorado de forma notable. Hasta 1989 eran meros comparsas en manos de los regímenes comunistas. Broma común en Rumania era afirmar que el papel de la prensa consistía explicar por entregas "las aventuras del “haiduc” (bandolero) de Scorniceşti", pueblo natal de Nicolae Ceauşescu. La oferta de ocio era prácticamente inexistente, hasta el punto de que en Bucarest los rumanos solían pasarse por la Embajada búlgara para tomar nota de la programación de la televisión de ese país, porque a pesar de que el común de la gente no entendía nada de esa lengua eslava (el rumano es de raíz latina) al menos no incurrían en la reiteración sistemática del culto al líder y sus imágenes eran más entretenidas.












"Scînteia", órgano oficial del PCR en tiempos de Ceauşescu . Posiblemente, uno de los diarios más aburridos del mundo en su época


De esta uniformidad se pasó, en 1990, a la explosión de los medios de comunicación tras la caída del régimen comunista. Sólo los periódicos se contaban por decenas, algunos no pasaban del primer número. Se decía, de broma, que cada rumano equivalía potencialmente a un periódico. La calidad de tales medias era más que cuestionable. Su contenido no estaba controlado por ninguna agencia independiente, ni siquiera por los órganos de justicia, y solían incurrir fácilmente en la difamación o el mero artificio informativo, el puro invento. Incluso la tinta en la que estaban impresos desteñía en los dedos del lector. Hoy todo eso es ya historia. Los grandes rotativos, algunos de los cuales parecen haber tomado como modelo de formato la prensa italiana (sobre todo en Rumania), poseen una calidad reconocida y pueden ser consultados en internet.

Por otra parte, los diarios han ido dejando atrás un estilo especulativo poco profesional y en la actualidad se centran en informar detalladamente sobre cualquier asunto de la actualidad nacional o internacional por delicado que sea. De todas formas, uno de los problemas comunes a los medios de prensa búlgaros y rumanos tiene que ver con el hecho de que, aparentemente, todavía no son capaces de llevar a cabo periodismo de investigación serio, de envergadura y sobre todo, independiente. En un momento dado pueden producirse denuncias puntuales e irregularidades, pero no parece posible que, hoy por hoy, los medios de prensa sean capaces de destapar por su cuenta, por ejemplo, un affaire como el de los GAL en España. Y ello no es atribuible a la carencia de periodistas muy cualificados, que los hay y de gran calidad profesional. En parte podría deberse a que se trata de medios con escasa independencia, sujetos como están a la órbita de los grupos empresariales o incluso partidos relacionados con el poder. Por otra parte, investigar escándalos de corrupción o redes mafiosas puede ser todavía una actividad demasiado peligrosa en estos países. Y sin llegar a extremos tan dramáticos, juega también el hecho de que la política local posee un estilo muy personalista, de manera que en ocasiones una investigación sobre las actitudes de estadistas u hombres públicos puede desembocar en motivaciones pura y simplemente triviales.


Fotografía inusitada de la revolución rumana de diciembre, 1989







El problema sigue siendo que la prensa parece tener una limitada capacidad como agente de control social y político al servicio de la sociedad civil. En principio, la situación debería ser mejor en Bulgaria, donde al menos está más equilibrado el panorama político: existe una derecha pero también una izquierda con sus propios medios de comunicación. En Rumania, donde fue prohibido el Partido Comunista y en general la izquierda tradicional fue presentada de forma negativa por una buena parte de las nuevas autoridades y resaltado de forma un tanto histérica por la opinión pública, la capacidad equilibradora que podía haber ejercido esa parte del abanico político quedó muy cuestionada, incluso por los nuevos partidos definidos un tanto abusivamente como "socialdemócratas". Y sin embargo, incluso en Bulgaria han tenido que ser una serie de ONGs las que se han comprometido a investigar y controlar que antiguos agentes de los servicios de inteligencia y policía política del desaparecido régimen comunista no intenten ocupar cargos en Bruselas a partir de las inminentes elecciones al Parlamento Europeo.

En definitiva, el planteamiento informativo que se ha propuesto desde Occidente sobre los nuevos socios debería haber estado más centrado en aspectos políticos y mucho menos en los económicos, que son mejorables y en un lapso de tiempo más corto que los otros. En días pasados, la prensa rumana avisó del impacto negativo que estaba teniendo la crisis de gobierno que enfrentaba al presidente, Traian Băsescu y el primer ministro, Călin Popescu Tăriceanu, que podría minar las reformas en curso y ralentizar la lucha contra la corrupción. Y por supuesto, tales incidentes ponen en peligro la coalición de gobierno que forman el Partido Democrático (Băsescu) y el los liberales de Tăriceanu. A su vez, el FMI ha advertido del peligro que supone para las inversiones y la economía el peligro de desestabilización política en un momento tan delicado.

Pero las cosas van más allá. Con Rumania y Bulgaria han accedido a la UE un par de países que tienen problemas manifiestamente irredentistas, entre ellos y con otros socios comunitarios. Ahí están los viejos contenciosos entre por Transilvania (un conflicto húngaro-rumano) o el sur de la Dobrogea (entre Rumania y Bulgaria). Habrá que ver cómo aceptan los rumanos la libre circulación de ciudadanos comunitarios húngaros cuando lidian un sordo conflicto que dura décadas con su propia minoría magiar. Y desde luego, ni hablar con Sofia o Bucarest de una futura Europa federalizada. Todo esto es bastante nuevo para la UE y el impacto en sus estructuras puede ser impredecible. De momento ahí tenemos, por ejemplo, la creación de un grupo parlamentario de ultraderecha (Identidad-Tradición-Soberanía) en la Eurocámara, gracias a la llegada de cinco diputados del Partido Gran Rumania y el búlgaro de Ataka, Dimitar Stoyanov.

















Situación imposible: En una localidad transilvana sin especificar, los locales del Partido Gran Rumania comparten edificio que sus archienemigos de la Unión Democrática Magiar de Rumania. Fotografía de Antena 3 Rumania


La ultraderecha en la UE: éste es un fenómeno en desarrollo ya conocido: ahí tenemos la Polonia de los “Hermanos Patata”, Lech y Jaroslaw Kaczynski; la Letonia de Andris Berzins o las de Aigars Kalvïtis, la del caso Smits; la Austria de Jörg Haider. Por lo tanto, no es impensable que algún día Vadim Tudor o Siderov llegaran a la presidencia de sus respectivos países, aunque desde Occidente no se entienda el éxito de unos histriones como estos, cuyos discursos, órganos de prensa y programas televisivos no son sino retahílas de ataques, insultos e inventos dirigidos contra todos aquellos que consideran enemigos y traidores a la patria. Pero el hecho de que hayan accedido a la Eurocámara les ha supuesto una nueva popularidad entre sus compatriotas. De repente han dejado de ser unos gritones provincianos, especialistas en contar chistes groseros y hacer reivindicaciones de una xenofobia estrambótica, pasando a ser considerados unosrespetables europarlamentarios con un abultado sueldo y prebendas de todo tipo. Según datos aportados por Judith Argila: “Ya han conseguido fuerza política, punto a favor. Y ahora, ¿qué? En primer lugar, tendrán los mismos derechos que el resto de partidos del parlamento en lo que concierne a tiempo de palabra en el hemiciclo, así que ganaran en visibilidad (a lo mejor son lo suficientemente radicales como para que logren que se hable más de la UE, quién sabe). Además, podrán enmendar textos y disponer de funcionarios, y… también empezaran a llenarse los bolsillos: calculan que percibirán en torno a un 30% más de lo que recibían como no inscritos, lo que supone cerca de un millón de euros suplementarios”. De momento, es de prever que los votantes rumanos y búlgaros se limiten a guardar la carta de la ultraderecha en la manga. Necesitan a Europa y muchos de ellos suponen, erróneamente, que la UE viene a ser algo así como una enorme ONG de auxilio caritativo. Por lo tanto, creen que Bruselas les ayudará y no votarán a quién quiera destruir el espíritu europeo. No obstante, si no reciben de la UE lo que ellos esperan, el desengaño les podría conducir a inclinarse por un voto más nacionalista con el fin de defender con más fuerza sus intereses en este tira y afloja que es la negociación en los foros comunitarios.

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jueves, junio 01, 2006

De cómo la şmecherie se convirtió en virtud nacional

Me llamaron hace un par de días desde el programa de Glòria Serra, anchorwoman de COM Ràdio para “una entrevista sobre Rumania”, así en líneas generales. En realidad, el asunto no tenía nada que ver con el gobierno de Basescu o lo complicado que se le está poniendo el acceso a la UE al candidato balcánico. El súbito interés por Rumania era por sus ciudadanos, los rumanos; y sobre todo, y de forma más o menos directa, con las decenas de miles que han ido llegando a España en los últimos años. Hasta el momento el fenómeno no llamaba mucho la atención en Cataluña, dado que la masa crítica de inmigrantes rumanos se concentra en Alicante y el Levante en general (donde ya ha dado lugar a episodios de xenefobia) así como también en Madrid. Pero la reciente detención de una banda de ladrones de pisos en Maspujols (Tarragona) ha disparado alarmas también por estos pagos.

Creo que a Serra no le encandilaron mis declaraciones. Posiblemente prefería la explicación que le ofreció una colaboradora rumana en ese mismo pograma, que según me pareció haber entendido, giraba en torno al alma rumana que no se encuentra a sí misma, o argumentos similares. El destino, la quiebra moral colectiva y esa especie de entelequia que es “el espíritu de los pueblos”, forman parte de un discurso muy usual en Europa oriental y que suele ser apreciado en los medios de comunicación catalanes. También parecía suficiente el argumento de la supuesta pobreza de la población, pobre gente, y tal. Hablábamos sobre uno de los principales problema de la Rumania actual: la corrupción. Para mí, el asunto tiene mucho que ver con el aparato administrativo del país, mal pagado por desmesurado en número. En parte es un problema generado por el desaparecido régimen comunista, que creó un estado muy burocratizado y plagado de controles y supervisores.

Pero en parte la cosa viene de atrás, porque la administración rumana que se construyó paralelamente al estado, desde el último cuarto del siglo XIX en adelante, siempre estuvo mal pagada. Esa situación es tan característicamente rumana que a comienzos de siglo XX el país poseía unas leyes muy extrañas: el campesino pagaba por exportar sus productos. La explicación de tan bizarras y antieconómicas disposiciones se debía a que los sucesivos gobiernos liberales intentaban evitar que subiera el precio de los productos básicos de alimentación, a fin de mantener los sueldos de la masa funcionarial lo más bajos posible. Aún así, el miserable funcionario se habituó a completar su magro salario a base del bacşiş, es decir la propinilla, la venta de favores o servicios. Fácil es comprender cómo en un país en el cual el común de la población veía cómo los numerosos representantes de la autoridad se dedicaban al mangoneo, todo el mundo terminara apuntándose a tales prácticas.

A ello deben añadirse los problemas de distribución que generó entre 1948 y 1989 un régimen comunista especialmente mal gestionado. Al bacşiş se unió el hurto y choriceo generalizados: había que vivir, y los productos de primera necesidad que no se encontraban en las tiendas durante semanas, se obtenían por los medios que fueran. Así fue como la inmensa mayoría de la sociedad se conjuró contra un sistema en el cual sus propios gobernantes formaban parte del robo universalmente perpetrado. Y no sólo eso: para terminar de arreglarlo, el régimen en tiempos de Nicolae Ceauşescu se dedicó a glorificar la proverbial şmecherie rumana. Éste es un término difícil de traducir, pero que es equivalente a nuestra hispánica picaresca. La coartada histórica consistía en lo siguiente: los rumanos (moldavos y válacos) habían sido vecinos, durante siglos, de enormes, poderosos y despiadados imperios. La única forma de sobrevivir había sido actuar con astucia; eso incluía negociar, maniobrar, fingir. Y cuando fue necesario, mentir y romper tratados, cambiar de bando por sorpresa y traicionar. De esa forma, los rumanos habían logrado burlar a los turcos, los rusos, los polacos, los austriacos, los alemanes.

Este tipo de argumentos se enseñaban en las escuelas y universidades, el rumano se los explicaba al visitante occidental y con todo ello se hacían films estilo espagueti western pero con heroicos voivodas (príncipes) moldo-válacos luchando con todas las armas y trapacerías contra el Imperio otomano. Por ejemplo, en “Miguel el Valiente” (Mihail Viteazul, 1970) de Sergiu Nicolaescu, que algunos canales españoles de televisión pasan todavía de vez en cuando en horarios poco frecuentados. Todo esto no sólo era posible verlo de forma palpable en la Rumania de los años setenta y ochenta. Está analizado en excelentes obras académicas como la de Katherine Verdery: Nacional Ideology Under Socialism. Indentity and Cultural Politics in Ceauşescu´s Romania (University of California Press, 1991)

Pero un país no puede tirar adelante de esa forma, al menos durante muchos años, y las cosas terminaron catastróficamente en 1989. Cuando desapareció el régimen comunista, el mal estaba ya hecho. Muchos rumanos (y no sólo ellos, sino también los albaneses, serbios, búlgaros…) se habían acostumbrado al trapicheo, a saltarse las reglas del orden social, a fingir que se trabaja, dado que el estado finge pagar. Cuando desapareció la unanimidad social, la cobertura generalizada que suponía la ética de la supervivencia, Occidente apareció en el horizonte: la cultura de la emigración hacia El Dorado aplicaba el todo vale con tal de triunfar y volver a Rumania, un día, como los antiguos indianos regresaban a España tras hacerse las Américas. El resto de la historia ya la saben o se la pueden imaginar. Bueno, en realidad, falta un factor complementario: la importante representación numérica de la minoría gitana en Rumania y sus relaciones con los payos locales. Pero eso es material para otro post.

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