lunes, agosto 11, 2008

Cáucaso: de nuevo, la extrema derecha
















Soldados georgianos desfilan orgullosamente con sus banderas y uniformes de estilo norteamericano, en mayo de este mismo año. Pocos meses más tarde, asaltarían Osetia del Sur para terminar con su proceso de autodeterminación

En líneas generales, los medios de comunicación occidentales están tratando con guante de seda los acontecimientos en Osetia del Sur. No es para menos: desde el momento en que llegó al poder gracias al "parlamentazo" de la "Revolución Rosa" en noviembre de 2003, Mijeil Saakashvili no ha dejado der ser un personaje más que polémico, con un tufo a extrema derecha apenas tapado por los asesores occidentales. No es casualidad que la entrada de su biografía en Wikipedia esté marcada como de "neutralidad disputada".

Saakashvili es un peón de Bush, y eso desde el principio. Ahora, el calamitoso presidente norteamericano incluso vería con buenos ojos un buen jaleo militar y político en el Cáucaso, justo lo necesario para tapar lo catastróficamente mal que lo ha hecho en todos los frentes que ha tocado -últimamente, incluso el acuerdo israelí-palestino ha hecho aguas. Pero es que puede llegar a ser cierto el absurdo de que George W. Bush no sabía nada de los preparativos militares del "Zorro del Cáucaso", cuyas unidades, bien pertrechadas con vehículos militares franceses y de otras potencias occidentales, entrenadas en parte por israelíes, luciendo incluso en algunos casos el camuflaje último modelo de los Marines, lanzaron una ofensiva en fuerza sobre Osetia del Sur. Precisamente, el mismo día en que se inauguraban los Juegos Olímpicos, fecha que tradicionalmente se considera de paz y reconciliación, mientras los princiaples mandatarios del planeta se encontraban en Beijing.











Las siluetas de los presidentes Bush y Saakashvili se recortan ante el Parlamento georgiano, en Tiflis, adornado con las banderas norteamericana y georgiana. Mayo de 2005

Ahora, los medios de comunicación occidentales olvidan tales circunstancias con rapidez. Los medios de prensa nos enseñan fotografías de las víctimas y desperfectos causados por las fuerzas rusas en sus ataques a Georgia, pero no hay ni una imagen de las numerosas víctimas civiles provocadas por los feroces bombardeos georgianos sobre la capital de Osetia, Tsjinval, llevados a cabo, entre otras armas, con lanzacohetes también de factura occidental.

Y como los afines se atraen entre sí, al ahora periodista de "ABC", Hermann Tertsch, cuyas posiciones ultras han quedado bien establecidas desde hace años, le ha faltado tiempo para salir por la Gran Vía, greña al viento, gritando una vez más, como Serrano Súñer
: "¡Rusia es culpable! El exterminio de Rusia es una exigencia de la historia y de porvenir de Europa". No voy a añadir un link en este post para que el lector encuentre con facilidad tamaño panfleto. Pero sí creo que vale la pena hacer un par de comentarios. El primero, que "ABC", un periódico que antaño poseía un cierto prestigio en la interpretación de la actualidad internacional, a través de algunas firmas destacadas, parece ahora empeñado en un tipo de análisis vocinglero que ni siquiera es de 1948, sino de 1914 ó, peor aún, de 1941. Véase post anterior con la "diana " conseguida por Enrique Serbeto en Turquía, rematada ahora de cabeza por Tertsch en Georgia.


















Hermann Tertsch del Valle-Lersundi. Ha tenido una visión: la de siempre

Sobre éste no se puede decir gran cosa: el tiempo pasa, se va haciendo mayor y por lo tanto, tiende a creer que las viejas recetas siempre tendrán éxito: basta irle poniendo cada vez más sal y pimienta, para disimular la ya inexistente frescura de los ingredientes. De su artículo se infiere que lo acertado hubiera sido meter de cabeza a Georgia en la OTAN, por la vía rápida, y eso desde hace meses. De esa forma, según parece argumentar, Rusia se hubiera arrugado y Saakashvili hubiera podido lanzar impunemente su ataque sobre Osetia del Sur. Se supone que, además, los osetios hubieran salido a la calle para vitoriear y dar la bienvenida a las tropas georgianas, no como ha ocurrido ahora, que han tenido que ser bombardeados y expulsados por su cabeza dura y no mostrar amor por el líder Saakashvili.

Sigamos con su línea argumental: en el peor de los casos, si las tropas rusas hubieran hecho lo mismo que ahora, la OTAN habría intervenido en fuerza contra Rusia, claro que sí. Qué estupenda oportunidad para tapar lo catastróficamente mal que le van las cosas en Afganistán y la forma más que deficiente en que los americanos y sus escasísimos aliados (entre ellos un contingente georgiano) "defienden a Occidente" (sic, en palabras de Tertsch) en Irak. Posiblemente, en el calor de los combates, el
oleoducto BTC, que pasa por Azerbaiyán, Georgia y Turquía, hubiera quedado cortado a bombazos (el otro día los rusos acertaron en un tramo). Como es una de las vías más importantes que tiene Europa para abastecerse de crudo, posiblemente acabaríamos pagando la gasolina a 300 euros el litro en cosa de pocas semanas. Supongo que que a ustedes, lectores europeos, no les daría lo mismo; a Tertsch, desde luego que sí. Lo importante, una vez más, es sostenella y no enmendalla.

Y a partir de ahí, el delirio. Si quieren comprobar adónde llevan este tipo de discursos argumentales, pueden releerse el capítulo final del libro de Hermann Tertsch, La venganza de la historia, en su primera edición (El País-Aguilar) de 1993, pags. 257-264. El capítulo se denomina: "Ejercicio de ficción" y en él, el autor no tiene ningún tipo de rubor en prefigurar lo que, en tiempos de la guerra de Bosnia, veía como catastrófico futuro para Europa, debido a los pecados de debilidad de Occidente. Guerras por aquí y por allá, el gran mogollón, efecto dominó acelerado, Turquía se aprestaba a quedarse con Tracia y Macedonia oriental, tras aplastar a los armenios en apoyo de los azeríes. Hungría se preparaba para recuperar el territorio de la Corona de San Esteban; guerra total en los Balcanes: un panorama calcado de un retorno a 1914 pero al revés. Y al final de todo, el descontrol de la inmigración, y sugerencias sobre lo que "puede pasar" que como mínimo, pueden ser catalagodas de majaderías, o de algo peor:

"Entre los españoles se ha extendido la convicción de que los inmigrantes magrebíes son culpables de la frecuente desaparición de niñas en los últimos años. No hay ninguna prueba de ello, pero desde que un diario nacional expuso esta tesis y multiplicó varias veces su tirada con una campaña contra 'asesinos y pederastas magrebíes', la mayoría de los medios de comunicación se han adherido a la misma, y ésta es ya una certeza para la inmensa mayoría de los españoles. Un partido que pide la 'limpieza étnica ya' aboga por la inmediata deportación forzosa de todos los extranjeros que no puedan comprar su estancia en España por cinco millones de pesetas anuales. Grupos de africanos que se negaban a ser internados en los campos han huido de las ciudades al monte y se han armado en asaltos a cuartelillos de Guardia Civil. Como lobos acorralados, viven del saqueo y del bandidaje" (pags. 263-264)

Esto fue escrito en 1993, faltaban más de diez años para el 11-M en Madrid. ¿Reconoce el lector español esta reacción como realista, a mediados de los noventa? Hermann Tertsch, considerado un analista a tener en cuenta para Europa Oriental, no parecía conocer bien ni a su propio país. ¿Debemos tener en cuenta sus puntos de vista sesgados y apriorísticos en escenarios bien alejados del español y basados en polvorientos manuales de historia alemanes?


















El presidente polaco Lech Kaczynski visita la catedral de Tiflis acompañado del presidente georgiano Mijeil Saakashvili, 23 de noviembre de 2007. El evento tuvo lugar con motivo del aniversario de la "Revolución rosa" que llevó a Saakashvili al poder. Los nuevos miembros de la UE muestran una acusada simpatía por los proyectos nacionalistas de sus vecinos, cuando van contra Rusia.


Por cierto: y cerrando de nuevo con la situación en Georgia y Mijeil Saakashvili: según últimas informaciones, Washington acusa a Moscú de querer derrocar al presidente georgiano. Visto así, no sería una opción tan mala. Sobre todo si el presidente georgiano es juzgado a continuación en el TPI de La Haya. ¿Una pérdida para la democracia? Bueno, hemos de recordar que en enero de este mimso año, Saakashvili tuvo problemas con la oposición tras el recuero de los votos en las presidenciales. Durante unos días, parecía que iba a repertirse la "Revolución Rosa" pero al revés, sacando de enmedio al actual mandatario. Sin embargo, ay, esta vez no hubo apoyo americano a las protestas, los medios de comunicación occidentales pasaron de puntillas sobre el asunto. Tampoco se le dió publicidad al resultado del referéndum celebrado en Osetia del Sur el 12 de noviembre de 2006: 91% de participación, 99% de unanimidad por dejar atrás a Georgia. Un caso, más flagrante que el de la mayoría de las repúblicas secesionistas en los Balcanes, por ejemplo, bendecidas por los occidentales. Pero, claro está: para Osetia del Sur, no era válido.

A continaución, sigue un artículo enviado por el autor de este post a "El País" en diciembre de 2003 y enero de 2004; no fue publicado, aunque meses más tarde, parte del contenido se vertió en otra pieza dedicada a la "Revolución Naranja" ucraniana. El lector podrá constatar que ya por entonces, los mecanismos que parecían mover a la primera de las "revoluciones de colores" no era agua clara. El final del camino, a menos de cinco años más tarde.

















Una dramatizada instantánea de la "Revolución Rosa", noviembre de 2003


Y la multitud asaltó el Parlamento


Francisco Veiga (redactado: 30 de enero, 2004, 2ª versión)

Este mismo invierno pudimos contemplar por televisión, una vez más, un espectáculo político que comienza a ser habitual en la Europa oriental: el asalto a un parlamento. En este último caso fue en la capital de Georgia, Tbilisi, y supuso la caída del presidente Shevarnadze. La fachada arquitectónica del edificio, de rancio sabor estalinista, y las imágenes invernales de la revuelta, transportaron a los espectadores de nuevo a Bucarest, diciembre de 1989. En aquella ocasión, la multitud tomó el Comité Central, no un parlamento propiamente dicho. Pero se inauguró esa práctica, que tenía como ingredientes complementarios la presencia de la televisión grabando en directo y la pasividad de las fuerzas armadas. Desde entonces se han sucedido otros casos muy similares, siempre en la Europa balcánica. En febrero de 1997, fueron multitudes búlgaras las que entraron en plena sesión parlamentaria, en el centro de Sofía y derribaron al gobierno socialista. En septiembre de 1998, manifestantes del derechista Partido Democrático Albanés tomaron el palacio presidencial, en Tirana. La penúltima de estas acciones tuvo lugar en el parlamento de Skopje, capital de la República de Macedonia, en el verano de 2001, cuando ciudadanos de la mayoría eslava protestaron pidiendo armas por el acuerdo que había alcanzado el gobierno con la última guerrilla albanesa aparecida por entonces en la zona, el Ejército de Liberación Nacional.

El ejemplo más turbador acaeció en Belgrado, en octubre del año 2000 y supuso la caída del régimen de Slobodan Milosevic: el asalto de las multitudes a la Skupstina o parlamento federal. Sin embargo, aquella acción tuvo poco de espontánea. Fue preparada -así como la marcha de cinco columnas sobre Belgrado- con precisión militar por algunos líderes opositores, encabezados por el recientemente asesinado primer ministro Zoran Djindjic, y que entonces era líder del Partido Democrático. Pero también jugó un papel primordial otro dirigente político, Nebojsa Covic, de Alternativa Democrática. El tercer conspirador fue el general Momcilo Perisic, ex jefe del Alto Estado Mayor del Ejército. Los tres se habían reunido en una de las salas de la fábrica de productos metálicos que tenía Covic: se suponía que era completamente segura y a salvo de escuchas. Todo este asunto lo explicaron después los mismos protagonistas y está recogido en un libro publicado al efecto en Serbia, así como en alguna de las recientes biografías de Milosevic aparecidas en los Estados Unidos. De la misma forma que tampoco es un secreto que entre los asaltantes de la Skupstina había bastantes chetniks ultranacionalistas -formalmente de la oposición- y que muchos de los manifestantes iban armados. Todo un detalle a tener en cuenta a la vista de los resultados de las últimas elecciones en Serbia.
Además, Washington tuvo un papel de gran protagonista en todo ello, a través de la OYA, siglas de la Office of Yugoslav Affairs, que operaba desde Budapest y fue organizada por la entonces Secretaria de Estado Madeleine Albright. Esta historia la relató el "Washington Post", hace ya tiempo, y con mal disimulado orgullo. William Montgomery, que había sido embajador norteamericano en Belgrado en los años setenta, dirigió la OYA, que trabajó de firme con la oposición serbia y pagó lo que hubo que pagar: 2,5 millones de pegatinas o cinco mil envases de spray para pintadas, por ejemplo. En 1995 los americanos enseñaron a los croatas las modernas técnicas de combate; cinco años más tarde entrenaron a los serbios en las avanzadas técnicas de la lid electoral a la americana.

Es evidente que en estas acciones participaron multitudes, pero no es tan seguro que ello sea suficiente para catalogarlo como "revuelta popular" o incluso "revolución" con las connotaciones de "democracia espontánea" que parece sugerir su tratamiento informativo. En tal caso, quizá la marcha sobre Roma de los fascistas italianos en 1922 entraría en esa categoría. No se pretende afirmar con ello que la nueva oleada de asaltos a parlamentos balcánicos y caucásicos sea de ese tipo, aunque desde luego en todos los casos -menos en el rumano de 1989- estamos ante grupos políticos formalmente derechistas que asaltan parlamentos -o instituciones de gobierno- socialistas, por mucho que se les añada la etiqueta de "postcomunistas", como justificando el hecho de pasada. De cualquier forma, deberíamos ser cuidadosos ante la tentación de aplaudir sistemáticamente ese tipo de actos, en interés de la simple coherencia informativa. Un ejemplo: seis años después del asalto contra el parlamento búlgaro que derribó al gobierno socialista del primer ministro provisional, Stefan Sofianski, ese partido ha ganado las elecciones municipales en la mayoría de los ayuntamientos del país. Claro que en Georgia, Saakashvili ha conseguido un éxito arrollador. Tanto que a pesar de ese aplastante 96,27% de votos cosechados, en Occidente nos quedamos muy satisfechos y apenas hubo algún comentario que revelaba la lógica inquietud ante resultados tan antinaturales quizá por un exceso de terciopelo revolucionario. Pero dado que consideramos al nuevo ejecutivo georgiano un "aliado natural", "educado en occidente", a nadie se le ocurrió hablar de fraude, claro está. Alexander Saakashvili es tan poco sospechoso como, por ejemplo, el mayor mafioso georgiano, Zurab Zhvania y su papel en todo esto. Pero sobre tales factores no hay mucho interés en informar porque rompen esquemas y complican mucho los análisis apriorísticos a base viejos mitos históricos, clichés en azul y rojo y lo que dicen las grandes agencias.

Pero sin entrar en la evolución de los regímenes surgidos del "parlamentazo", volviendo nuevamente al hecho desencadenante y sus justificaciones, la verdad es que ante fraudes electorales o regímenes corruptos existen muchas maneras de protesta realmente masiva y popular, sin tomar por la vía directa y violenta de asaltar el parlamento, un objetivo sospechosamente sencillo de tomar. Por lo demás, las cámaras de televisión puede que no certifiquen nada. El objetivo enfoca, escoge y lo que no entra en cuadro, no existe. Así, puede ocurrir que unos pocos metros más allá de la supuesta multitud no haya ni rastro de la ciudadanía. Todo lo cual, unido a las cautelas informativas basadas en prejuicios o filias y fobias que arrastra durante años cada medio en particular, resulta tan engañoso como unas elecciones manipuladas o un asalto tácticamente bien planeado. Y en España, el recuerdo de las sesiones parlamentarias violentamente interrumpidas debería inspirarnos una cautela más aguzada que en otros países. En todo caso, no estaría de más echarle un vistazo de vez en cuando a un libro difícil de encontrar, si, pero muy ilustrativo: Técnica del golpe de estado, de Curzio Malaparte, publicado en 1931. Al menos, los organizadores de la revuelta serbia de 2000 dijeron que lo habían leído.

Francisco Veiga, prof. de Hª de Europa oriental, UAB y autor de La trampa balcánica (2002) y Slobo. Una biografía no autorizada de Milosevic (2004
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jueves, agosto 02, 2007

Comics y guerras de secesión yugoslavas (3)











La guerra de Croacia, especialmente durante el primer periodo (1991) fue reivindicada como causa propia por una buena parte de la ultraderecha europea. ¿Qué puede hacer un fascista francés durante sus vacaciones?. Un personaje creado por el autor ultra francés Olric explicaba: "Être fasciste en France est baroque et fatiguant... hum... Plus simplement: Aujourd´hui Osijek, demain Paris!" . Agradezco a Xavier Casals haberme conseguido un ejemplar tan raro hoy en día, de los comics de Olric. Pulsar sobre la viñeta para verla ampliada.



2b - 1989-1995: evolución de la imágenes e iconografía bélicas en los medias. Segunda parte

Hasta enero de 1992 Croacia fue perdiendo en el terreno militar, y ganando en el informativo. Lo mismo ocurrió en la Guerra Civil española con el bando repúblicano, que supo amargarle la victoria a Franco durante muchos años. Tantos que, de hecho, los estereotipos creados sobre la España franquista impidieron que entrara en la OTAN, mientras que no hubo problemas para que el Portugal del dictador Salazar lo hiciera mucho antes de llegar a la democracia. La batalla informativa ganada por Croacia también le generó réditos a largo plazo, porque durante bastante tiempo fue prácticamente imposible deshacer la imagen fundamentalmente positiva del régimen de Zagreb. Tardó en ir abriéndose camino la noticia de las intenciones expansionistas de Tudjman en Hercegovina y su dudosa buena fe democrática. Por otro lado, los medios de comunicación occidentales evitaron mencionar las crecientes tensiones entre musulmanes y croatas en Bosnia central hasta que fue imposible ocultarlas. Al final incluso se mantuvo durante un tiempo la tesis de que los croatas se habían vuelto "malos" debido a la parálisis de la comunidad internacional ante los serbios, lo que ignoraba las tempranas conversaciones entre Milošević y Tudjman para repartirse Bosnia-Hercegovina o los precedentes marcados por Matica hrvatska en 1971. Por supuesto, no faltó quien sacara a relucir que todo era un complot de los servicios secretos británicos, reviviendo argumentos novelescos con un siglo de antigüedad.















Voluntarios británicos en el HOS (milicia de la extrema derecha neo-ustacha croata) en una trinchera durante la guerra de 1991. Fotografía procedente de Wikipedia


Mientras ocurría todo esto, la actualidad informativa que llegaba del Este desafiaba los planteamientos maniqueos todavía muy reforzados, si cabe, por la cercanía de la extinta guerra fría. La desintegración de la URSS, que se inició con el fracasado golpe involucionista de agosto, en 1991, fue demasiado para los medias audiovisuales. A pesar de que la cobertura del golpe fue una demostración espectacular de la capacidad de directo que tenía la televisión, lo cierto fue que en comparación con los entresijos políticos de la caída de Gorbachov y la aparición de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), los misterios de la revolución rumana eran una incógnita menor. Rápidamente se perdió la noción clara de quiénes eran los "buenos" o los "malos", se conocía poco a los protagonistas: la cobertura de la crisis georgiana, en enero 1992 se redujo a Gamsajurdia y "la oposición". Por otro lado, eran muy contados los informantes directos en el núcleo de los grandes cambios. En cualquier lugar del enorme tablero post-soviético podía saltar la liebre. Un ejemplo: ¿cuántos enviados de la prensa occidental estaban en la ciudad de Minsk el 9 de diciembre de 1991, para informar sobre el final de la URSS? Aún así, los medios tecnológicos existentes lograban suministrar cobertura informativa directa en la mayor parte de los casos. Lo malo era que apenas había tiempo y posibilidades de analizarla, con lo cual la noticia quedabas inutilizada al no servir para entender el fenómeno del que formaba parte.

En consecuencia, la guerra de Bosnia fue abordada por los medios de comunicación occidentales con un mayor entusiasmo, si cabe, que la de Croacia. Allí los campos estaban bien delimitados y las diferencias entre unos y otros quedaron cada vez más marcadas conforme salían a la luz las salvajadas protagonizadas por las tropas serbias, sobre todo la "limpieza étnica", con su secuela de refugiados, los campos de concentración y las violaciones masivas de mujeres musulmanas. Pero sobre todo, la Sarajevo asediada y bombardeada se convirtió para los medias en el gran símbolo de la guerra en Bosnia. La odisea de la población civil, el carácter multiénico de los defensores, su calidad de capital y sobre todo el hecho de que era una ciudad europea asediada por una especie de trogloditas, eran imágenes muy claras que los medios de comunicación, y especialmente la televisión, podían explotar a fondo. A cambio, otras ciudades igualmente asediadas y más castigadas que Sarajevo hubieron de resignarse a ocupar sólo ocasionalmente la atención informativa. El caso de Mostar fue especialmente sangrante.











En el comic de Hermann: Sarajevo - Tango, los serbobosnios era representados como poco menos que meros trogloditas. Pulsar sobre la viñeta para verla ampliada.


En general, los medios de comunicación occidentales recuperaron en estos conflictos, así como en las transiciones protagonizadas por otros estados de la zona, las mejores tradiciones del "periodismo balcánico" decimonónico. Como en los tiempos de los filohehelenos o de Januarius MacGahan, e incluso de los pintorescos reporteros de los años treinta del siglo XX, los Balcanes seguían siendo lo suficientemente exóticos manteniéndose más cercanos que nunca del centro de Europa. Por otra parte, a diferencia de otras muchas crisis contemporáneas, los conflictos balcánicos (sobre todo los yugoslavos) tenían una explicación en la que los reporteros podían explayarse: la Historia.






El periodista americano Januarius MacGahan (1844-1878) dio forma a un tipo de reportaje tremendista sobre los conflictos balcánicos, con gran capacidad de impacto político, que más de un siglo más tarde seguían calcando los enviados especiales a la zona con motivo de las guerras yugoslavas








Ese recurso no podía aplicarse a la desintegración de la URSS (debida genéricamente "al fracaso del comunismo") ni a las guerras o independencias que siguieron en su periferia. Hacía demasiados años que no tenían lugar conflictos en una Armenia, una Georgia, un Azerbayan o una Chechenia independientes. Además, ese era "aún" territorio ruso. La independencia de Ucrania era un fenómeno político con más proyección hacia el reordenamiento geoestratégico del siglo XXI que con raíces en un pasado reciente. Tampoco se utilizaba la historia para explicar los nuevos conflictos en el mundo árabe, entre otras cosas porque resultaba difícil resumir esa cultura o el contenido del universo musulmán. Lo mismo ocurría en Camboya y por supuesto en Somalia o Ruanda. En cambio, la historia servía para describir los procesos políticos en Rumania y Bulgaria, siempre que el reportaje se centrase en los problemas de unos y otros con los húngaros y los turcos o las supuestas tradiciones políticas de búlgaros y rumanos, huyendo del análisis de la estructura política y social, real y actual. Ni que decir tiene que en los conflictos en las repúblicas ex-yugoslavas eran el centro de tales recursos argumentales. Los odios eran eternos, el retorno del pasado resultaba evidente.

En realidad, tales argumentos eran útiles para vender el producto informativo a nivel de gran consumo de masas, pero no como razonamiento realmente convincente en una información de cierta calidad. El hecho de que los mismos balcánicos, impregnados de la propaganda de sus respectivos regímenes nacionalistas, recurrieran machaconamente a las tragedias remotas de su historia no era una excusa sostenible. Muy al contrario: era un síntoma que debería haber levantado sospechas sobre la autenticidad de los argumentos ofrecidos por las partes en conflicto. A comienzos de los años noventa, los sistemas comunistas se habían hundido y no existían ideologías alternativas. Por tanto, en toda Europa del Este se produjo un fenómeno característico de las sociedades en transición: el retorno al pasado. En medio de ello, los analistas de tendencias historicistas olvidaban aquellos datos de la historia que no encajaban en el esquema porque no eran precedentes de la actualidad, y el ejercicio resultaba muchas veces tan forzado como si en 1940 un periodista extranjero intentase explicar la guerra civil española con los recursos historiográficos que manejaba la propaganda franquista referidos a la Cruzada o los Reyes Católicos. El resultado solía ser esperpéntico, como cuando en diciembre de 1991 el semanario "Newsweek" advertía que el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Hans Dietrich Genscher, era el objetivo de un grupo de terroristas serbios. Nuevamente Gavrilo Princip, Sarajevo-1914 y la paz mundial en peligro.


Lord Byron como personaje de "The Invisibles", comic de culto (1994-2000) sobre guión de Grant Morrison








Pero, por supuesto, la máquina era imparable. Incluso algunos conocidos intelectuales occidentales que intentaron destacarse en la guerra de Bosnia resultaron aplastados por la mediocridad de la información de consumo. El Byron fallecido a causa de una neumonía luchando por su causa filohelena había sido reemplazado a fines del siglo XX por otro tipo de Byron, electrónico e inoxidable y carente de finura literaria. Los mitos que los intelectuales nacionalistas balcánicos del siglo pasado habían ido acuñando artesanalmente y que de igual forma fueron absorbidos por sus congéneres occidentales o por la prensa de masas, eran ahora producidos en serie, pulverizados y amasados industrialmente por los modernos medios de comunicación hasta generar un verdadero "lenguaje de madera". Cuando el medio televisivo comenzó a hablar rutinariamente de "Rusia, aliado natural de los serbios" no sólo se ignoraba el pasado, incluso el más cercano. En palabras de un avezado analista de la zona, la insistencia en esa idea era "una broma lamentable". Durante la mayor parte de la historia serbia, Rusia había conspirado contra ella y "todos los generales yugoslavos que lidian las guerras balcánicas fueron entrenados precisamente para oponerse a una invasión rusa". El mito de la "alianza natural" ignoraba la espectacular ruptura entre Moscú y Belgrado de 1948, sin ir más lejos. Pero también los datos de la actualidad: aunque habían existido estrechos contactos entre Moscú y Belgrado, durante las fases iniciales de las guerras de secesión los rusos habían vendido armas en Bosnia a los serbios, pero asimismo a los musulmanes y a los croatas. La cantidad destinada a los serbios era mucho mayor, entre otras razones porque resultaba más fácil hacerlas llegar a su zona y podían pagarlas mejor. Pero con los croatas los rusos se mostraron más generosos y les proveyeron de misiles estratégicos SA-10 "Grumble" en una de las más escandalosas violaciones del embargo de armas y de aparente traición moral a los aliados "naturales".















Durante las fases finales de las guerras de secesión yugoslavas, los rusos no mostraron ningún complejo a la hora de vender misiles antiaéreos estratégicos S-300 (también conocidos como SA-10) a los croatas, que para la prensa occidental eran "enemigos naturales" de los "aliados naturales" de Rusia, esto es, los serbios


En realidad, el argumento central que se fue imponiendo conforme se prolongaba la guerra en Bosnia, era el de la necesidad de implicar directamente a Occidente en los Balcanes, como única solución a sus crisis. La reacción no era nueva, al revés: ante una guerra civil las potencias de la época siempre se plantean si deben intervenir o no: desde la Guerra de Secesión norteamericana a la de Nigeria, pasando por la española, la mejicana, la rusa, las de China y tantas otras. Ya durante la revolución en Rumania, en 1989, se había producido un breve impulso en tal sentido cuando los medios de comunciación recogieron la especulación del entonces ministro de Asuntos Exteriores, Roland Dumas, sobre la posibilidad de formar una brigada internacional de voluntarios para defender al nuevo régimen en el caso de una guerra civil contra los partidarios de Ceauşescu. Pero en Croacia primero y sobre todo en Bosnia-Hercegovina meses después, la presión se hizo obsesiva. Desde el campo de los medios de comunicación había varias causas para ello.

La primera surgía de la lógica del mensaje informativo desarrollado a partir de 1989 y ya explicada más arriba. Si con la derrota del comunismo sólo quedaba el Bien en el mundo, ¿cómo podía ocurrir un contrasentido como el de las guerras en la ex-Yugoslavia? Si esa aberración se toleraba es que el razonamiento original fallaba: en 1989 no había triunfado el Bien. Y eso resultaba, para muchos, profundamente desconcertante. En el fondo, éste tipo de argumentación fue la que posibilitó que incluso una proporción significativa de pacifistas se reconvirtieran en "belicistas bienintencionados" y recomendaran apasionadamente la intervención militar occidental en Bosnia. Eso recordaba otros momentos históricos pletóricos de peligroso chauvinismo europeo, como cuando en 1914 izquierdistas y pacifistas de las potencias continentales marcharon con la derecha en "uniones sagradas" para combatir en la Gran Guerra. Aquí también jugaba la tendencia egolátrica que venían experimentando los medios de comunicación desde 1989: aún podían seguir influyendo en los acontecimientos históricos como habían hecho en Berlín. Y de paso, adulaban los sentimiento eurocéntricos del espectador occidental. De hecho, el tono enfático empleado por muchos medios de comunicación difería muy poco del utilizado por la prensa del siglo XIX cuando clamaba por las intervenciones de las potencias en Grecia, en el Imperio otomano, en Bulgaria o, después, en Africa y Asia, para remediar los entuertos que entonces parecían amenazar a la sociedad occidental o afrentas que parecían intolerables para el orgullo europeo.

Durante las guerras de secesión yugoslavas, el "intervencionismo humanitario" era una postura supuestamente progresista, expresada muchas veces en términos de inapelable exigencia moral. Un buen ejemplo son algunas de las historietas recogidas en el libro de comics Como perros! de Max (seudónimo de Francesc Capdevila)







La segunda explicación de la presión intervencionista en los Balcanes surgía de la misma esencia de lo que son los medias: un negocio que vende noticias para lo cual se ha de saber explotar el mercado. Sólo por las cifras que se barajan, los medios de comunicación no son inocentes. En 1990, la economía de la información y la comunicación mundial representó una cifra de negocios global de 1.185 millones de dólares, es decir, más de un billón de dólares. De ellos, 500.000 correspondían a los EEUU, 264.000 a la Unión Europea, 253.000 al Japón y sólo 150.000 al resto del mundo. Por tanto, si un acontecimiento se convierte en un filón informativo hay que saber continuar con su explotación, en la que se invierten importantes cantidades. En ese contexto, las guerras en la ex-Yugoslavia se convirtieron en un producto de primera calidad. Pero la reiteración sobre una noticia determinada produce el efecto de sobreinformación: el espectador se satura. En consecuencia se replantea la rentabilidad de la información ofrecida, evitando cambiar o matizar los papeles previamente repartidos según los bandos en conflicto. En el caso de Bosnia, al cabo de un tiempo de mostrar imágenes estremecedoras, el paso siguiente fue apostar al alza por un "happy end" contundente. A esto contribuyó el "síndrome de la Guerra del Golfo": si la victoria contra la "cuarta potencia militar" del mundo, como se calificó exageradamente a Irak, se había logrado con un puñado de bajas propias, era inconcebible que no se intentara lo mismo con los anticuadas milicias serbias.

El tercer argumento intervencionista era menos confesable y éste sí que era un viejo mecanismo histórico superviviente. Como en el siglo XIX, pero ahora con mucha más experiencia y medios, los dirigentes políticos e intelectuales balcánicos habían demostrado una vez más su capacidad para implicar a las potencias occidentales en sus disputas. De la misma forma en que se hizo en varias ocasiones entre 1821 y 1914, desde los Balcanes se emborrachó a Europa occidental de historia. Basta leer el provocativo libro de un periodista tan agudo como Xavier Gautier, para asombrarse de la facilidad con la que serbios y croatas contagiaron sus delirios históricos a los estadistas y diplomáticos franceses y alemanes que en un momento dado terminaron por echarse a la cara sus respectivas experiencias anteriores a 1945. La pervivencia de este mecanismo no reflejaba tanto una innata capacidad de los balcánicos para la astucia y el engaño (inexistente, por otra parte) como la autosuficiencia occidental, que seguía representando a las sociedades balcánicas como en el siglo XIX. Dicho de otra manera, los Balcanes habían cambiado; lo que no había evolucionado era la percepción que se tenía de ellos y su historia desde Occidente.

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viernes, mayo 11, 2007

Pensamiento Sarko



¿Fotomontaje o realidad? A Nicolas Sarkozy le encandilan los medios de comunicación. Por lo tanto, existen miles de fotografías de su persona, muchas de las cuales, por su carácter histriónico o surrealista, han sido manipuladas con ventaja por la oposición










El pasado domingo, Sarkozy ganó las elecciones presidenciales en Francia. Pues bien, estamos a viernes y por estos pagos ya han comenzado a aparecer ecos y réplicas del “pensamiento Sarko”. Pero vayamos por partes: ya se veía venir el evento cuando, durante la reciente crisis turca, se hicieron evidentes algunas señales. Por ejemplo, en la tozuda insistencia de algunos medios y figuras de la prensa española, generalmente de derechas, en presentar la situación como si estuviéramos en la antesala de una nueva revolución iraní. Hace pocos días, y tras concluir una conferencia, un señor del público me preguntó si era posible que Turquía terminara como el vecino régimen de los ayatolas. Tras unos minutos de conversación quedó patente que el hombre no atendía a razones ni explicaciones, no estaba preguntando realmente nada: sólo deseaba que le reafirmara en su angustia y temores ante lo que para él era poco menos que una certidumbre: que el Shah era equiparable a Atatürk; y por lo tanto, Turquía podría devenir Irán. La breve pero intensa campaña había calado: la Turquía laica está en peligro, la inmensa mayoría de sus ciudadanos son musulmanes practicantes, el actual gobierno del AKP es el submarino de un movimiento islamista fanático universal, etc., etc., etc.

A ojos de la derecha europea, ya sabemos cuál es el colofón: Turquía es un país musulmán, es una bomba de relojería (o una “ruleta rusa”, como dijo públicamente un corresponsal de “El País” asistente a los cursos del pasado verano, organizados por el periódico) y es urgente cerrarle las puertas de la UE. Sarkozy dice que, evidentemente, forma parte de Asia, y no hay nada más que discutir: con la misma contundencia con la que sostiene teorías del más rancio y decimonónico determinismo genérico sobre el origen de la delincuencia.



"Le roi de la grimace": Sarkozy está en los divertidos límites de la fotogenia.







Uno de los aspectos interesantes de la victoria electoral de Sarko consistirá en ver cómo va a sacar adelante promesas subidas de tono hechas a la masa francesa, pasando por encima de la ciudadanía y el resto de los estadistas de la Unión Europea. Dicho de otra manera, tenemos ante nosotros una nueva e interesante experiencia de conjugación de políticas nacionales y comunitarias. De momento han desfilado los hermanos Kaczynski, el presidente Papadopulos, los gobiernos nacionalistas bálticos. Pero con un Sarko en medio y medio de la geografía comunitaria, la cosa se pone más interesante.


En consecuencia, está volviendo a bullir por aquí y por allá la consabida cantinela de que los musulmanes, en general, son sospechosos y problemáticos, sean marroquíes, argelinos, tunecinos, iraníes o turcos. Que se está produciendo una invasión silenciosa, que incluso miles de europeos se están convirtiendo al islam, y similares cuentos para viejas desdentadas. Lo divertido de este discursos antimusulmán de la derecha dura, es que un poco más allá, en terreno del neonazismo, algunos militantes admiran abiertamente a Al Qaeda porque son los máximos campeones del antisionismo.

Lo de la artera invasión musulmana es una de las esencias del discurso de Sarkozy: su actitud anti turca va dirigida, en realidad, contra la inmigración musulmana en Francia, que es mayoritariamente magrebí. Es una cuestión de “corrección política”: dado que no puede atacar directamente lo que él ve como un problema (sería demasiado escandaloso) lo flanquea desde el rechazo a la Turquía musulmana. Y claro está, los magrebíes y otros musulmanes de Francia no son tontos y están perfectamente informados. Lógicamente, en las pasadas elecciones, sólo el 1% de la comunidad musulmana del país entregó su voto a Sarkozy. Lo cual, a su vez, refuerza los prejuicios de la derecha... Un círculo vicioso de profecías autocumplidas.





Una de las muecas más logradas del nuevo presidente francés














Como era de esperar, ese discurso se ha trasladado rápidamente a la derecha española, gran admiradora de Sarko. Le ha faltado tiempo al Partido Popular de Badalona (populoso municipio obrero en los límites de Barcelona) para editar un vídeo de propaganda electoral con un claro y contundente mensaje antimusulmán: no a una mezquita edificada en terreno público. Los entrevistados, instigados por el entrevistador, embutido en un caro pullover Napapijri, tienden a considerar que una guardería o una biblioteca son de mayor interés social que un lugar de culto para la inmigración. Según parece, se harán 30.000 copias del corto en DVD (titulado: “7 minutos”). No estaría de más que recibieran el correspondiente ejemplar algunos de los corresponsales de la prensa española que de vez en cuando se hospedan en los hoteles de Turquía y se llenan la boca con artículos tirando a sensacionalistas sobre los problemas de libertad de culto en el país, como algo incompatible con la integración europea. De momento y lógicamente, SOS Racismo ha puesto el grito en el cielo y ya amenaza con emprender acciones legales.

Pero el PP no ha estado solo en la difusión del "pensamiento Sarko”. Ahora podría resultar que el artículo de Carlos Nadal reseñado el post del 6 de mayo quizá no era tan inocente en sus apreciaciones sobre la existencia de un terrorismo radical en Turquía que asesinaba “por razones religiosas o racistas", ¿recuerdan? Pues bien, en su edición del día 9 de mayo,”La Vanguardia” abre ya primera plana con un gran titular alarmista: “Catalunya concentra el mayor foco de yihadistas”. La pieza se encuentra en la página 15 y está firmada por E. Martín de Pozuelo. Se justifica su publicación en esa fecha y lugar por una investigación del
Departamento de Terrorismo Global del Real Instituto Elcano. Puede que éste think tank no haya editado todavía ese estudio en su web o quizás el que escribe este post no ha sabido encontrarlo, pero la única alusión al asunto que cita el rotativo barcelonés se puede leer en un artículo de Fernando Reinares publicado el 8 de marzo, es decir, dos meses antes.

Insisto: puede tratarse de un error por mi parte o bien la pieza del Instituto Elcano todavía no ha sido editada. Sin embargo, y aún así, el asunto no es tan novedoso en términos estrictamente informativos y para algunos lectores consultados no parecía merecer un destacado tan prominente en la edición de “La Vanguardia”. Por otra parte, el autor cita asimismo como apoyo documental la opinión de una asociación de policías, la CEP. Pero no deja de ser una asociación, no se trata de la declaración oficial de un cuerpo concreto. Y además, como podrán juzgar ustedes por sí mismos, no parece que la
CEP sea precisamente muy simpatizante del gobierno, no sé si me entienden. Por lo tanto, Martín de Pozuelo nos ha endilgado una pieza basada en información que, según todos los indicios, está considerablemente hinchada en relación a su procedencia. ¿A qué viene toda esta historia tan tenebrosa?



Fotografía de colección sobre un estadista francés ciertamente rupturista







Dos pistas. Primera: integrado en el cuerpo del reportaje, la tira cómica de Toni Batllori. Un ciudadano va repasando tranquilamente la prensa y lee: “…Catalunya se ha convertido en centro de reclutamiento de terroristas islámicos más grande Europa…” (aprecien ustedes la variación al alza con respecto al enunciado general). El ciudadano sigue caminando, leyendo y meditando durante una viñeta en blanco y a la tercera comenta: “No sé si hay algo previsto al respecto en el Estatut”.

Como seguramente sabrán incluso los lectores de fuera de Cataluña (aunque no los amigos latinoamericanos y los de otros países europeos) recientemente tuvo lugar una polémica relacionada con el Estatuto de Cataluña aprobado por referéndum el 18 de junio de 2006. El asunto puso en aprietos a los socios socialistas del actual gobierno de coalición que gobierna la Generalitat o gobierno autónomo. Por lo tanto, y a todas luces, “La Vanguardia” ha tratado de utilizar el miedo al terrorismo islámico como punzón con el cual contribuir a escarbar en las contradicciones políticas del gobierno local. A esta apreciación contribuye la segunda pista: en la página siguiente, la 16, Antoni F. Sandoval complementa el cuadro con otro reportaje titulado: “Alta tensión en Salt”. Se trata de un pequeño municipio de Girona (28.812 habitantes) en el cual el 36% de la población es inmigrante. Es ciertamente el caso más llamativo de Cataluña, pero no de España, dado que en torno a Madrid existen municipios con proporciones iguales o superiores de población forastera.

La alarma de Sandoval se centra en los inmigrantes musulmanes del pueblo donde, además, añade, “han llegado imanes radicales”. La pieza se complementa con una foto muy expresiva: un grupo de mujeres “con la cabeza cubierta con el velo islámico” (en realidad es la pañoleta o türban de la que ya se habló) comprando en un mercadillo. Y con carritos de niño: el problema se reproduce. Al día siguiente, 10 de mayo, ambos reportajes se repitieron en página 26: el asunto de los yihadistas y la cuestión de Salt; por los mismos autores.













Sarkozy tras el que entonces era todavía su protector y predecesor en el cargo, Jacques Chirac

“La Vanguardia” es un periódico de tendencias derechistas y conservadoras, a veces bastante marcadas. Por lo tanto, es lógico que se cuelen ecos del estilo Sarkozy, incluso en paralelo con el entusiasmo que demuestra el PP por su nuevo y reverenciado modelo. Al fin y al cabo, se está hablando de un posible pacto entre ese partido y Convergencia i Unió en vistas a las elecciones municipales en Cataluña. Los problemas la tal política informativa vienen por otro lado.

Uno de ellos es la tendencia a considerar que posturas y opiniones de ese estilo son apolíticas o incluso progresistas. Los lectores del periódico pueden asumirlas o no, son muy libres de hacerlo; pero debería quedar claro que ese tipo de posicionamientos son de derechas, tanto como las de Sarkozy. Por ello, a veces causa una cierta desazón que entrevistas como la que se hizo a la profesora francesa Riva Kastoryano, “analista en migración”, publicada por “La Vanguardia” el 8 de febrero de 2004, fuera recogida en la web Aula Intercultural de FETE-UGT como dando la sensación de que posee un cierto valor progresista. Particularmente, no me extrañaría que la profesora Kastoryano fuera votante de Sarkozy, pero en todo caso la entrevista da por sentadas varias cosas que, quizá ,merecerían una reflexión más seria y serena antes de presentarlas como una pieza imprescindible para el debate.

Por ejemplo, reivindica un estatalismo que difícilmente aceptaría la ciudadanía española, mientras desecha sin muchos miramientos el modelo americano de integración. O considera que si las niñas van a la escuela con la pañoleta es porque lo mandan los imanes y “una especie de para policía religiosa sin uniforme que está en todas partes y lo ve todo”. En base a ello, el estado laico tiene todo el derecho a prohibir la prenda, “dado que en la escuela laica francesa sólo el Estado puede regular las relaciones sociales y no debe tolerar que los imanes decidan cómo se visten los ciudadanos de Francia”. Aún admitiendo (con muchas cautelas) tales planteamientos, ¿qué ocurre si una joven decide ponerse la pañoleta porque la da la gana, como persona individual?¿ Y si son tres?¿O cuatro?¿Dónde están los límites precisos en los que el ciudadano puede pararle los pies a un estado intervencionista que decide cómo debe vestirse? Hipotéticamente: ¿podrían ir los niños de la Cataluña francesa con barretina a las clases, dado que no es una cuestión religiosa?¿Y si argumentan que en realidad es el gorro frigio de los revolucionarios de 1789?






















Una admiración incondicional e indisimulada: de Mariano Rajoy hacia Nicolas Sarkozy


Todo esto tiene su interés para este blog porque, evidentemente, tales planteamientos políticos son eco de la actitud que están adoptando muchos ciudadanos españoles hacia la cuestión de Turquía, mero reflejo del sarkozismo en alza. Fenómeno agravado por el hecho de que Kemal Atatürk se inspiró precisamente en el Estado francés laico para crear el de la República de Turquía. Y hoy, en pleno 2007, comienza a dar la sensación de que ambos modelos andan un tanto decaídos en este mundo tan complejo en el que vivimos. Mal momento para que nosotros, que no tenemos tales problemas, nos pongamos a debatir con esos parámetros o importemos una retórica y unas causas que nos resultan ajenas.

Y esto es algo que los amigos turcos han de tener en cuenta en la compleja hora presente. Porque a lo mejor ocurre que salir a la calle a manifestarse contra la elección de un presidente musulmán es ir en plan Sarko, y por lo tanto, tirarse piedras en el propio tejado. A todos aquellos euroescépticos que prescindan de la UE (cosa que muchos demostraron ser en la manifestación del pasado día 29 de abril, conviene recordarlo) les dará lo mismo, por supuesto. Pero al menos deben tener claro que en Paris, los seguidores del nuevo presidente se frotan las manos: hasta los mismos turcos demuestran que Sarko tenía razón: el islam se está comiendo Turquía, ese asunto de la laicidad es un cuento, luego Turquía ha de quedarse fuera de Europa, porque geográficamente es Asia: con todos sus militares, magistrados y políticos laicos. Por eso, todos aquellos turcos que piensan que movilizarse en la calle contra el gobierno, apoyar el boicot abusivo e ilegal del CHP contra la mayoría del AKP, sostener que el presidente Sezer es un estadista genuinamente democrático porque zancadillea cualquier ley que considera islamista moderada... todos ellos le están haciendo un excelente servicio a Nico Sarkozy, a quien muchos comienzan a llemar irónicamente, en su propio país, el sultán. "Non, la Turquie ça n´est pas chic"






















La colección de fotomontajes y caricaturas de Sarko es enorme. Aquí una muy conocida, caracterizado como sultán turco


Y suponer que el nuevo presidente francés es el último clavo en al ataúd de la candidatura turca, es otro error. ¿No debería entrar Turquía en la UE dentro de una década o más tarde todavía? Pues eso es mucho tiempo. Pueden pasar muchas cosas. Muchas. De momento, Bruselas ya le ha recordado al nuevo presidente francés que las promesas que hizo a sus votantes no tienen por qué gustarle a los ciudadanos del resto de Europa, y que la UE no es la UE Francesa. Veremos qué opina Merkel; esperemos a ver cómo se las gasta Brown, o incluso Cameron.

De la misma forma, empieza a quedar claro que los principales estadistas europeos saben muy bien que el debate sobre el acceso de Turquía a la UE ya no es un asunto teórico, al menos desde octubre de 2005. Como candidato oficial que es, el país está recibiendo importantes subvenciones y fondos estructurales europeos. Y luego está todo el capítulo de las inversiones en Turquía, que tuvo un índice de crecimiento económico del 6,78% entre los años 2002 a 2006. Hay mucho dinero europeo en Turquía, también francés. Si las cosas van mal, si algo falla en el proceso de integración, si la economía cae en picado, todos pagaremos la factura; incluyendo la Sarkofrance. Los que han hecho posible el tirón económico de Turquía durante estos años, los que han estabilizado la economía y han acercado el país a Europa son los integrantes del gobierno moderado del AKP: convendría que todos le diéramos un voto de confianza. De hecho, Bruselas ya se lo da: a Erdogan, no a Baykal y a los militares. Y dentro de todo ese proceso y en relación a las excitaciones que están generando los cambios políticos en Paris, lo mejor es no caer en vértigos ni papanatismos de esos a los que somos tan dados. Nada de copiar el sarkozismo a tontas y a locas desde la derecha; ¿qué es eso de aplaudir desde la izquierda a un supuesto nuevo revolucionario francés?: Wait and see: es también una "actitud de importación" (algo que debería tranquilizar a muchos españoles), pero la más rentable en los momentos que corren.

Mientras tanto, no estaría de más que nuestros grandes timoneles fueran pensando en un debate político, amplio, profundo y sincero, sobre el fenómeno inmigratorio. Directamente o a través de medios académicos, lo que prefieran. Pero debate; con sus pros, contras y planteamientos de futuro. Meter la cabeza dentro del agujero, como los avestruces, no le reportará ventajas a ningún partido, sea cual sea su tendencia.

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martes, abril 24, 2007

El contencioso armenio-turco (5): el factor francés















El obispo armenio Norvan Zakarian en la conmemoración del día del genocidio armenio, Lyon, 24 de abril de 2006. La comunidad armenia en Francia no parece ser, a la postre un factor tan importante en la política de ese país con respecto a Turquía. Al menos en relación a los problemas que puede generar la comunidad magrebí


Martes 24 de abril: se celebra el 92º aniversario del genocidio armenio. Decliné amablemente dos invitaciones para hablar del asunto en sendos programas de la televisión catalana. Voy a intentar explicar someramente el por qué de tal actitud para ir cerrando, de paso, una mini serie comenzada meses atrás sobre el contencioso turco-armenio (al menos, de momento).

Con la cuestión del genocidio armenio sucede lo mismo que con el sicoanálisis en sus primeros tiempos. Si alguien lo rechazaba por inapropiado, podía encontrarse con una apasionada respuesta de sus partidarios: algún complejo crítico o problema mental tendría el “negacionsita”, dado que no consideraba apropiada la terapia sicoanalítica. En el caso del genocidio armenio, ya saben, acaecido en 1915, la pregunta obsesiva es: ¿De qué parte está usted?¿Es revisionista o acepta que en efecto hubo un plan para aniquilar a los armenios y el gobierno turco debería pedir excusas y etcétera, etcétera? Personalmente entiendo que actualmente la cuestión no reside ahí. Cuando un fenómeno histórico acaecido hace un siglo levanta tan elevadas cotas de pasión, es que algo refleja de la realidad actual. Y en ese caso, lo interesante no es quedarse en el síntoma, sino ir a su origen.



Conmemoración del del 90º aniversario del genocidio turco en Paris, 2005. Entonces sí tenía lógica propia







¿Por qué hoy, precisamente el aniversario número 92, levanta tantas pasiones?. La pregunta no le pasa desapercibida ni a los programadores televisivos. Se ha previsto una manifestación en Madrid, al menos dos programas de la televisión catalana tocarán el tema con cierto detenimiento, son de esperar editoriales en la prensa, declaraciones apasionadas sin fin. Pero estamos hablando del 92º aniversario. No del 75º, ni del 90, ni siquiera el 95º, no digamos el siglo redondo que se celebrará en 2015. Y ya saben ustedes que en esto de las efemérides los números mágicos son el 25, el 50, quizás el 75 y desde luego el 100. Por lo tanto, ¿qué tiene de destacado este Armenia 92?

Mucho hemos de temernos que este año la conmemoración del genocidio armenio esté muy ligada a la campaña electoral de Nicolas Sarkozy, abril de 2007, a plena potencia hacia la segunda vuelta de las presidenciales francesas, el próximo 6 de mayo. De forma directa o indirecta o aprovechando a fondo las pulsiones de la izquierda socialista-nacional, la derecha francesa ha sido la principal beneficiaria (cuando no impulsora) de todo este apasionado “revivalismo”, con las consabidas presiones al gobierno turco para que reconozca la supuesta intencionalidad genocida de las autoridades otomanas, allá por el 1915 y emita las oportunas disculpas históricas. De la misma forma que desde esos mismos sectores políticos se ha impulsado el proyecto de ley para castigar las declaraciones negacionistas en Francia. Los réditos políticos que han obtenido con esta cuestión han sido lo suficientemente jugosos como para que la candidata socialista, Segolène Royal, se apuntara deprisa y corriendo, a última hora –-a comienzos de este mismo mes de abril-- a la bicoca armenia. Precisamente, estas actitudes a remolque de las iniciativas sarkozistas, siempre a salto de mata y a destiempo, son una explicación de por qué toda la campaña socialista va a varios puntos por detrás de su principal adversario. Porque aparte de demostrar falta de consistencia, en cada exabrupto anti turco, la izquierda francesa pierde votos de la banlieue inmigrante, preferiblemente magrebí. Pero en su conjunto, la manipulación política actual del genocidio armenio de 1915, como ya sabe o sospechará usted, está específicamente pensado para hostigar las negociaciones de acceso de Turquía a la Unión Europea.
















Sarkozy en estado de gracia mediática. No se trata de un fotomontaje



Llegados a este punto, surge la pregunta: ¿Por qué la derecha (y ultraderecha) francesa profesa tal inquina a la candidatura turca? Se ha esgrimido la importancia del lobby armenio en ese país, dado que no se puede comparar el peso de la inmigración turca en Francia con la existente en Alemania. Aún así, con todo el melodramatismo del que son capaces, muchos franceses tienden a sobredimensionar la importancia del factor conspirativo, mencionando de pasada algunos personajes situados en los vértices del poder, que son armenios o de tal origen, mientras deslizan en algunos productos culturales de muy escasa calidad todo tipo de fantasías sobre el poder de las mafias turcas. Historias de Landrú.

La derecha nacionalista francesa tiene dos problemas con Turquía. El primero es que si este país entra en la UE, y en virtud del actual sistema de representación, el recién llegado tendrá más parlamentarios en Bruselas, por detrás de Alemania. Epoustouflant. La segunda cuestión, ya sugerida más arriba, es que el rechazo de los turcos es una forma de tirar por elevación, de forma indirecta, contra los magrebíes: por inmigrantes, porque vete a saber si algún día a marroquíes y argelinos se les ocurre decir que son europeos y piden el acceso al club. Esa inquina fue precisamente una de las causas de aquellos célebres y muy violento
motines en las banlieues francesas en noviembre de 2005, el fenómeno de agitación francés más importante desde mayo del 68, no lo olvidemos. Nicolas Sarkozy dando salida a su faceta mediática más agria y utilizando la palabra “racaille” contra los jóvenes de los suburbios, preferiblemente magrebíes y gentes de piel oscura. También la política de Sarkozy, en su conjunto, como ministro de Interior. Y el uso y el abuso de la tirria antiturca (es decir, anti-magrebí) en los recientes y muy duros debates contra el referéndum por la Constitución europea en la primavera de ese mismo año.

Por si no fuera suficiente la relación entre el 92º aniversario del genocidio armenio y la campaña electoral en curso en el vecino hexágono, ahí está también el reciente conflicto entre Ankara y la compañía francesa Gaz de France en torno al proyecto del gasoducto Nabucco para transportar gas del Mar Caspio a Europa. Con un presupuesto de 4.600 millones de euros, el proyecto prevé solucionar el transporte de gas natural desde Turquía a Austria a través de Bulgaria, Rumania y Hungría, haciendo que la UE fuera menos dependiente del petróleo ruso. El grupo de gas y petróleo de Austria OMV dirige el consorcio que planea construir el gasoducto. También son socios del proyecto las compañías Bulgargaz, Transgaz de Rumania, MOL de Hungría y la empresa estatal turca Botas. Pues bien, esta última se negó a que Gaz de France se convirtiera en el sexto socio, mostrándose favorable, en cambio, a la entrada de compañías alemanas y ucranianas. El conflicto, que se ha venido arrastrando precisamente a lo largo del mes de abril, discurre todavía por tormentosos meandros, no en vano es mucho el dinero y la influencia que están en juego: hace algo más de un año, en marzo de 2006, Gaz de France se ofreció a financiar hasta un 30% del tendido de Nabucco. El pasado 10 de abril, el ministro turco de Energía, Hilmi Güler, afirmó que Gaz de France aún no había sido apartada del proyecto.


Un oleoducto en Turquía: muhco dinero, mucha importancia geoestratégica, mucho conflicto







Pero es evidente que hay mucha disputa y navajeo bajo cuerda; y tampoco es ningún secreto que la iniciativa turca está relacionada con la polémica ley francesa sobre la negación del genocidio, votada en la Asamblea Nacional el pasado 12 de octubre por 106 votos a favor y 19 en contra cuando, precisamente ese día, estaban ausentes la mayoría de los 577 diputados de la cámara. La iniciativa fue de un grupo de parlamentarios socialistas, que esperaban sacar una buena tajada electoral del asunto. Pero quien sacó magros beneficios de la maniobra fue Sarkozy, incluso superando las reticencias de un sector de su propio partido, el MUP.

Después de esa iniciativa, que levantó una gran polémica en Europa, las relaciones turco-francesas se deterioraron de forma apreciable. La primera manifestación de esa tensión fue la negativa del gobierno turco a invitar a Francia a la feria de armamento IDEF 2007 que se celebra anualmente en Ankara. Las declaraciones excluyentes fueron pronunciadas por el ministro turco de Defensa en noviembre de 2006, pero el evento se celebrará dentro de poco, en mayo. A efectos de celebraciones filoarmenias: qué oportuno. Y lo cierto es que IDF 2007 es el mayor muestrario de armamento de Europa Sudoriental y Oriente Medio. En tono a ese descalabro andan también, a la baja, los volúmenes de negocio de empresas como Carrefour y Total en Turquía. O el apartamiento de Crédit Agricole de la puja por el banco OYAK. En fin, todo este asunto amenaza con mermar el volumen de negocios entre Turquía y Francia, que había aumentado en un 15% a lo largo de 2006.

















Arde la banlieue, noviembre de 2005. La inmigración magrebí se percata de que los ataques contra la candidatura turca van dirigidos, de forma indirecta pero reconocible, contra lo que ya empiezan a ser ninorías nacionales argelinas y marroquíes en Francia


Por si faltara algo, las relaciones germano-turcas van mejorando, en paralelo al enfrentamiento Ankara-Paris, y eso también está sucediendo en este mes de abril. El pasado día 15, la canciller alemana Angela Merkel anunció, junto al primer ministro turco Recep Tayyip Erdoğan, que la UE podría de aquí a finales de junio, dos nuevos capítulos en sus negociaciones de adhesión con Turquía, coincidiendo con la presidencia alemana. Eso ocurría en la inauguración de la Feria de Hannover, una vez que a finales del mes de marzo se hubiera reactivado el segundo capítulo de las negociaciones. Una situación que no augura buenos tiempos para las futuras relaciones entre el nacionalismo alemán y el francés en el seno de la baqueteada UE.

En definitiva, Paris le está viendo las orejas al lobo durante esta primavera en que, paradojas de la historia, transcurren en paralelo las presidenciales francesas y las turcas. Y de ahí que a través de los habituales canales informativos y mediáticos, se haya decidido desempolvar de nuevo, a conveniencia propia, el ya habitual instrumento de presión, manipulando las celebraciones del genocidio armenio a conveniencia propia. Es por ello, y también por el hecho de que la equiparación histórica y jurídica del genocidio armenio al Holodomor ucraniano y el Holocausto judío se esté convirtiendo en bandera de la extrema derecha europea, y la negación del genocidio turco en palanca de la derecha turca, por lo que, el autor de este post declina implicarse en una campaña que a estas alturas tiene muy poco de académico, moral o simplemente conmiserativo, a 92, precisamente 92 años vista. Si hay cuestiones históricas a discutir o aclarar en torno a las matanzas de armenios en la primavera de 1915, ya se harán en otra ocasión; pero de momento, no parece que sea imprescindible contribuir en shows mediáticos a mayor beneficio y gloria de la derecha francesa y el señor Sarkozy, aunque estén arropados de la mejor y santa intención del mundo.

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domingo, abril 22, 2007

La dudosa rentabilidad de la vía armada
















Un chimpancé dispara una semiautomática Glock 17



Durante los diez días que hemos dejado atrás, los televisores han chorreado sangre: la matanza de Virginia, algunos de los peores o más audaces atentados en Irak, ataques e inmolaciones suicidas en el Magreb y los asesinatos de Malatya, en Turquía. Todos ellos tienen en común la “contumacia la de violencia”, la muy peregrina idea de que recurrir una y otra vez a las armas o insistir en estrategias violentas, produce resultados positivos a sus autores.

Comencemos por lo más sencillo: la contumacia de una parte de la sociedad norteamericana en mantener contra viento y marea la Segunda Enmienda que posibilita la libre obtención de armas. Esta semana han vuelto a reverdecer los muy gastados argumentos de aquellos sectores más carcas o neocons de la sociedad USA en defensa de la libre utilización de armas. Dado que a estas alturas están más que gastados y consisten básicamente en poner el carro delante de los caballos e ignorar los datos objetivos, los defensores de la libre obtención e armas de fuego suelen terminar sus entrevistas, post o artículos con exabruptos y pirotecnias. Ya se sabe: no hay mejor defensa que un mejor ataque.



John Markell: por 571 dólares la pieza, uno de los pocos beneficiarios directos de la violencia social. Y con servicio postventa de cobertura moral: comentario de la jugada y garantía de excusa

¿Cómo se van a abolir la Segunda Enmienda en Estados Unidos si no funciona el control de armas? Claro, es evidente que el control de armas será tanto más difícil en tanto en cuanto se venda libremente en las numerosas armerías que proliferan por todo el país. Precisamente, John Markell, propietario de la tienda de armas que le vendió las automáticas al asesino Cho Seung-hui, no sólo se muestra totalmente libre de remordimientos, sino que incluso ha dado algunos consejillos sobre las armas que hubieran hecho un mejor trabajo en el campus de la Virginia Tech. Y de paso, ha recurrido a los polvorientos argumentos de siempre: si todos los estudiantes hubieran estado armados (la universidad era, lógicamente, "Zona libre de armas") no hubiera ocurrido la tragedia o su alcance hubiera sido menor. No acontecen asesinatos en lugares donde proliferan las armas. Y sin embargo, la realidad de las cifras desmiente esos banales argumentos dignos de los más relajados momentos en la cafetería o peluquería, entre amigotes partidarios de lo que uno despotrica. Si cada día mueren en los Estados Unidos 16 adolescentes en tiroteos, eso ocurre mayoritariamente en barrios marginales, rebosantes de armas. ¿Sí o no?











Un soldado del Ejército Continental de Washington muestra cómo se cargaba un mosquetón durante la Guerra de Independencia

Los controles de armas no funcionan ni siquiera en Europa, nos dicen los defensores de la Segunda Enmienda. Pero los resultados no se puede comparar con el fenómeno americano: sumando todos los países europeos con sus peculiares fallos en el control, no encontramos las disparadas cifras sobre violencia tan propias de los USA. Ni de lejos. Y en medio de todas las estadísticas y cálculos, un dato estremecedor: quien posee un arma de fuego tiene 43 veces más probabilidades de usarla para matar a un amigo o familiar. Es de suponer que un arma para cada miembro de la familia (un calibre 22 para los más pequeñines) sería una fórmula adecuada para el tendero Markell.

Cuando los argumentos se acaban, los defensores de la libre venta y posesión de armas sueltan aquello de: “Los europeos no entienden a los norteamericanos”. Cuando alguien saca a relucir “argumentos” de este calado, mal asunto. Norteamérica es algo tan especial, que a pesar del elevado y cotidiano consumo de telefilms USA, noticias mediatizadas por agencias USA, lógica diplomática USA y productos USA de toda suerte, varios centenares de millones de europeos no son capaces de entender lo más cañí de varios centenares de millones de norteamericanos. Quizá es que el verdadero choque de civilizaciones es el que enfrenta a europeos y americanos. O que en pleno siglo XXI ya nadie puede explicar de forma inteligible dónde carajo ha ido a parar la vieja cultura WASP.

Por supuesto, es un debate político, no realmente sociológico. Casi es materia de fe, lo cual explica que en estos días incluso hayan aparecido chupamedias (adjetivo de uso en Argentina) hispanos que se han lanzado a defender la conveniencia de mantener la Segunda Enmienda en los EEUU. Hace falta ser papanatas para pensar que los americanos partidarios de la libre venta de armas necesitan del “refuerzo” del españolito neocon para sostener sus posiciones. Y bastante limitado para convencer a los europeos del gran logro social que supone la Segunda Enmienda en los Estados Unidos, en pleno siglo XXI.
















Carros blindados asaltan el rancho Waco, en 1993. Uno de ellos enarbola una bandera norteamericana. Las armas con que contaban los davidianos, legalmente adquiridas, no les defendieron del poder superior, que lógicamente, ellos consideraban abusivo


Porque al fin y al cabo, la última palabra sobre la rentabilidad de tales presupuestos la tiene la tecnología. El argumento de que el pueblo debe estar armado para defenderse de los tiranos es de un anacronismo hilarante. Que se lo digan a los 74 desgraciados (mujeres y niños incluidos) masacrados por las fuerzas del FBI en Waco, abril de 1993, con sus armas legalmente adquiridas (un incidente muy censurado en la red, por cierto); que se lo expliquen a los miles de policías muertos cada años en los Estados Unidos a manos de los delincuentes; o a los más de 3.300 soldados muertos en Irak: un arma no es nada sin un entrenamiento intensivo, sin la costumbre de utilizarla, sin el arrojo y los reflejos necesarios. Y aún así, poseyendo todo eso, un arma es poca cosa ante la sorpresa y la emboscada, la inferioridad de condiciones tácticas, la superioridad del tirador adversario.

Pero aún así, admitiendo que una pistola tiene más valor que el de sus 600 gramos de metálico peso: el espíritu de 1776 que concedió a los americanos la “Gun Rights”, tenía como referencia las armas de fuego de esa época. ¿Cuánto se tardaba en cargar y disparar un rifle de Pennsylvania o un pistolón del 0,65?¿Qué alcance efectivo poseían tales armas? Definitivamente, las características letales de la Glock 19 del asesino de la Virginia Tech, año 2007, son muy superiores. El tendero Markell calculó que entre 5 y 10 segundos bastarían para acabar con la vida de diez personas; por eso, opinó (recomendó, de hecho) que para matanzas más rentables, es mejor recurrir al fusil automático: mayor potencia, velocidad de tiro y alcance.


Por lo tanto, las armas de fuego a las que tiene derecho cualquier norteamericano o residente poseen cada vez mayor letalidad. Imaginemos que dentro de unos años, nuevas generaciones de armas portátiles alcanzan todavía mayor eficacia y con una sola de ellas un agresor puede destruir vidas por decenas, en cuestión de minutos. ¿Seguirá siendo válido el “espíritu de 1776”? Si un agresor puede liquidar a 300 personas inocentes antes de que alguien logre abatirlo (sin contar con las “bajas colaterales”) ¿sirve esa lógica de hace tres siglos? ¿300 x 1 sería asumible? En realidad, Cho la emprendió a tiros con un guardia de seguridad, supuestamente armado, que no logró liquidar; pero el segurata tampoco intentó nada, al parecer. ¿32 x 1 es todavía un porcentaje válido? A comienzos de siglo XXI, el nivel tecnológico del armamento ligero ni evita el desorden público y la delincuencia (11.000 homicidios en 2004, 477.000 víctimas por incidentes con armas de fuego en 2005), ni sería útil para evitar una dictadura. Por otra parte, todo lo que no sea libre adquisición de misiles contracarros, explosivo plástico, minas, granadas y sistemas militares avanzados de guerra electrónica (convenientemente actualizados) no tiene nada que ver con "armar al pueblo". Es pura contumacia política adornada por hermosas frasecitas de una demagogia anacrónica.



Los guerreros de Bush. Una visión caricaturesca a cargo de la revista alemana "Der Spiegel"














La tendencia norteamericana a no replantearse sus errores, ni en el interior ni en el exterior, a no reconocer que su sistema socio-político ya no es, ni de lejos, el mejor posible, también se trasluce en la patética posición del presidente George Bush. Esta semana ha quedado bien patente el fracaso del plan de seguridad en Irak. Y lo único que se le ha ocurrido es pedir más fondos al Congreso. Más de lo mismo. Más soldados, más armas, más poder de fuego, para que la derrota sea más sonada, y más evidente la falta de ideas políticas, que son las que a la postre solucionarán de una forma u otra el conflicto. Este sí que es un modelo de contumacia de la violencia poco rentable. Ruinoso, más bien.

Pero la actual presidencia norteamericana y la rígida ala extrema de los republicanos no son los únicos que aplican una muy poco rentable contumacia de la violencia. Con Al Qaeda sucede algo parecido. Los recientes episodios de terrorismo suicida en Casablanca y Argel, revelan una vez más lo escasamente rentable que resulta esa estrategia a medio y largo plazo. No nos engañemos: cuando hablamos de las nuevas potencias emergentes que dominarán el planeta dentro de medio siglo, no figura ningún país árabe musulmán. China, India, Brasil, Sudáfrica, quizá Méjico, puede que Indonesia, también Turquía; se medirán con Europa y los Estados Unidos. Pero nadie habla de Egipto, de Siria, Arabia Saudí, Aregelia, Libia, Marruecos, ni siquiera Irán. Al Qaeda es una lucha de retaguardia, que en último término se nutre de la hipótesis de que los musulmanes ganaron la Guerra Fría al derrotar militarmente a la URSS en Afganistán, gran semillero de los combatientes de Argelia, Egipto, Marruecos, Bosnia, Irak, Chechenia. Una ideología consistente de esencia religiosa y basada en el sacrificio derrotó por las armas a otra propuesta ideológica secular y con pretensiones científicas. Pero ¿cuál es el modelo a construir?¿El Afganistán de los talibanes, 1996-2001?

La contumacia de la violencia sólo está dando lugar a la primera guerra civil panislámica de la historia contemporánea, que enfrenta a musulmanes contra musulmanes. Gran pecado, sancionado desde los primeros años de la religión musulmana: la guerra hay que llevarla al Dar al-Hab, no al Dar al-Islam. Hoy, en pleno siglo XXI, se matan cada día entre sí decenas de musulmanes, contra el limitado número de víctimas occidentales que supusieron el 11-S, el 11-M o el 6-J. Incluso un hadiz del Profeta contradice este ruinoso planteamiento: “La tinta del estudioso es más preciosa que la sangre del mártir”.
















Detalle de una manifestación contra los asesinatos de Malatya y por la libertad religiosa, celebrada en Turquía


Turquía: la contumacia de la violencia se cobró el pasado 18 de abril la vida de tres empleados de una editorial cristiana en la ciudad de Malatya. Fue un crimen espantoso, rebosante de sadismo, perpetrado por al menos tres jóvenes ultranacionalistas de esa tendencia turco-islamista que comenzó a proliferar en los años 80. Aún dejando de lado la posible existencia de un tenebroso cerebro planificador del asesinato de un sacerdote católico en Trabzon (febrero de 2006), del periodista Hrant Dink (enero de 2007) y de los colaboradores de la Editorial Zirve, parece evidente que alguien (una o varias personas) consideran rentables políticamente este tipo de acciones violentas. Pero, por supuesto, tampoco lo son en Turquía.

Si el objetivo es evitar que Recep Tayyip Erdoğan se presente como candidato a la presidencia turca, la reacción lógica de este político sería dar el paso definitivo y hacer precisamente eso: presentarse y ganar. Si ahora no se decide, si da a entender que se ha dejado impresionar por las presiones de los militares, la plutocracia laica (¿“kemalista”?) la extrema derecha, o los terroristas de cualquier signo, será el principio del fin para su carrera política. Porque al pretender hurtarse de las presiones, éstas continuarán y se acrecentarán. Aparte de su talante europeísta y sus capacidades como gestor, Erdogan es un político “resistencialista”, no un maniobrero carismático, como Turgut Özal. Si cede en su tenacidad, habrá perdido una batalla.

Y que conste que, personalmente, no considero acertada la idea de que el actual primer ministro de el salto hacia la presidencia. Porque cuando Özal y Demirel le precedieron en esa maniobra, eso significó que sus partidos políticos quedaron en cierta forma, en la estacada. En el primer caso, cuando Özal se postuló a la presidencia, su Partido de la Madre Patria estaba en proceso de descomposición y perdió las elecciones de 1991. Demirel, que saltó a la presidencia en 1993, tras la inesperada muerte de su antecesor, dejó el gobierno en manos de Tansu Çiller, que terminó por llevarlo al desastre. Hoy, un gobierno del AKP presidido por Abdullah Gül o cualquier otro barón del partido que no sea el mismo Erdoğan, puede ser una perspectiva lo suficientemente desalentadora como para que muchos turcos dejen de votar a esa opción el próximo mes de noviembre.




Erdogan y Gül: cuesta imaginar a éste sustituyando al carismático primer ministro al frente del gobierno





En cualquier caso, es posible que el triple asesinato de Malatya le haya dado a Erdoğan el empujón final hacia la presidencia. Y también haya terminado por decidir a muchos turcos en el camino hacia la aceptación de esa iniciativa. Porque este tipo de violencia política contribuye a que la mayoría de la población tome partido en contra o a favor de una propuesta política determinada, saltándose las sutilezas y matices. Y dado que la opción de los asesinos está en franca minoría, lo más probable es que genere todavía más rechazo entre capas más amplias de la población. Esto no es necesariamente válido para cualquier coyuntura política y social en cualquier país, pero posiblemente lo es para Turquía en la primavera de 2007. Y desde luego, si detrás de todo el asunto está el “derin devlet” (“estado profundo”) quizá valdría la pena que la prensa turca comenzara a hablar del “geri zekalı derin devlet”. Seguramente lo escribo mal, pero vendría ser algo así como el “estado profundamente retrasado”.

A continuación, cabe considerar otros posibles beneficiarios de la violencia política ultra en Turquía. En teoría, los militares no deberían considerarse como tales, asumiendo incluso que ningún mando en activo o rama de la inteligencia militar ha tenido nada que ver con este tipo de sucesos. Cuesta creer que alguien importante y en activo en la cadena de mando de las fuerzas armadas haya podido impulsar una secuencia de asesinatos sectarios cuyos resultados pueden ser, precisamente, contrarios a los del Ejército y Turquía en su conjunto. Los militares saben que existe ya una amplia clase media y hasta una plutocracia musulmana y que jugar a la presión desestabilizadora no llevaría a nada bueno. Por eso no sacaron los tanques a la calle en 1997 y los libros de historia sólo hablan de un “golpe virtual” o “posmoderno” (es decir, “a la Baudrillard”): porque los resultados de un golpe entonces (y hoy todavía más) quedaban reflejados en el espejo del horror llamado Argelia.



El poder militar sigue al civil: El general Büyükanit tras el primer ministro Erdogan en una fotografía cargada de simbolismo












También saben que un fracaso en al proceso de integración a la Unión Europea liquidaría los últimos restos del muy evanescente kemalismo que flota todavía en el aire turco. El país no necesariamente derivaría hacia un acercamiento con los países árabes (éstos tampoco están muy interesados) pero lo aproximaría a Rusia, quizá a China: referentes alejados de lo que los kemalistas o ataturkistas tradicionales entienden por modernización. Pero en cualquier caso, un alejamiento de Europa, en cualquier dirección, daría más fuerza a la clase media, el capital y la plutocracia musulmanas.

En la crítica situación política y militar que atraviesa la presencia norteamericana en Irak, una intervención turca a gran escala en el norte kurdo es algo que Washington no perdonaría a Ankara, a no ser que hubiera recibido permiso explícito para involucrarse en el marasmo. Pero aún y así, es posible que las fuerzas armadas turcas terminaran por pagar un precio elevado que además y muy posiblemente, acabaría por repercutir en la estabilidad política interna; y volvemos al problema principal. Pero sobre todo, recuerden: Washington no desea un golpe militar en Turquía; tampoco lo quería en España, el 23 de febrero de 1981.

Se mire como se mire, la institución militar turca no va a obtener una rentabilidad política de la contumacia de la violencia. Si es así, también el Estado Mayor debería condenar clara y explícitamente asesinatos como el de Malatya, de la misma manera que el jefe del Estado Mayor, el general Yaşar Büyükanıt protestó por la decisión del gobierno, durante el pasado mes de diciembre, de abrir un puerto y un aeropuerto a Chipre. Si entonces el militar consideró que la apertura suponía “un alejamiento de la posición oficial del Estado turco” (9 de diciembre) hoy podría plantearse que los crímenes de Malatya afectan la seguridad de ese mismo Estado.

Quien sí cree obtener un beneficio de los sucesos es la derecha europea, cuando más ultra, mejor. Afortunadamente, parece que la prensa española ha moderado sus apreciaciones; no así foros europeos cuyo alcance les obligaría, a priori, a ser más cautos. Por ejemplo, “Deutsche Welle”, que aprovecha para informarnos de que “durante el último año una ola de nacionalismo ha invadido el país secular pero predominantemente musulmán”. Nos recuerda que “el año pasado, una visita histórica del Papa a Turquía Benedicto XVI se vio antecedida por protestas en Estambul y se produjo luego de un aumento en la violencia contra el clero cristiano”. Primera noticia de tales persecuciones, pero ninguna alusión a que el germánico Papa hace semanas que vuelve a dar la lata con el asunto de las raíces cristianas de Europa, olvidando los parabienes a la candidatura turca, y todo el show ecuménico con exhibición de plegarias en la mezquita incluido. A continuación, DW se dedica a recoger párrafos de la prensa propia y europea, para colar de alguna forma el habitual mensaje de que el incidente torpedea las negociaciones para el acceso de Turquía en la UE. Y consiguen encontrar la cita en el “Mitteldeutsche Zeitung” de Halle, pequeña ciudad de 230.000 habitantes situada en Sajonia-Anhalt, ex RDA. Un antiguo feudo de la ultraderecha, donde el DVU (Unión del Pueblo Alemán) obtuvo una importante victoria electoral en 1998.













El monumento a las víctimas de Solingen: ¿Lo había visto antes?


Claro, se entiende la exasperación ante el hecho de que uno de los degollados en Malatya era alemán y se rescate la decimonónica indignación ante el misionero muerto. Pero frente a comentarios del estilo: “Turquía no es capaz de defender a sus minorías”, llega el momento de recordar los mortíferos ataques de los neonazis alemanes en los años noventa, dirigidos muy en especial contra la comunidad turca. Sólo en 1992 se registraron nada menos que ¡2.280 incidentes con 17 asesinatos!. Y al año siguiente, el horror: el 29 de mayo cinco niñas y jóvenes turcas (con edades que iban de los 4 a los 27 años) fueron quemadas vivas en su domicilio en la ciudad de Solingen. También quedaron muy afectados un bebé de seis meses y un adolescente de 15 años; otras 14 personas, todos turcos, debieron ser tratadas por quemaduras de diversa consideración. Los autores, jóvenes extremistas de entre 18 y 24 años, como sus “camaradas” turcos de Malatya.

Las manifestaciones a favor de las víctimas en Solingen degeneraron en enfrentamientos que llevaron a la ciudad casi al estado de sitio. Posteriormente, se elevó un monumento a las víctimas pero a pesar de lo prometido, no se estableció en el centro de la ciudad, como se prometió en un principio, sino a 2,5 kilómetros, en las afueras, admitiéndose que se hizo para preservar la paz social en el centro de Solingen.

Por lo tanto, y una vez más, mal asunto, muy mal negocio eso de intentar obtener réditos políticos de la violencia contumaz. No conviene despertar perros dormidos. Y la extrema derecha europea no está en absoluto dormida, ni se le contenta a base de darle cuatro huesos mal contados, aunque sean de turco.

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