De aquellos barros, estos lodos [He who sows winds, reaps storms]

El presidente Klaus anuncia que accede a firmar el Tratado de Lisboa
Nuestra prensa trata de minimizar el hecho de que Bruselas haya asentido a las exigencias del presidente Vaclav Klaus para acceder a la firma del Tratado de Lisboa: ni un euro en indemnizaciones para los alemanes expulsados de los Sudetes después de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, las consecuencias políticas de ceder ante ese chantaje serán importantes. Así, será difícil mantener las exigencias de disculpas históricas e indemnizaciones en otros casos. Por ejemplo, las referidas al genocidio armenio de 1915 y las reparaciones consiguientes. Curiosamente, The Guardian publicó inmediatamente un artículo titulado: “Britain accused of ‘genocide denial’ over Armenia”
Our press tries to minimize the fact that Brussels has acquiesced to the demands of President Vaclav Klaus for agreeing to sign the Lisbon Treaty: not a single euro in compensation for Germans expelled from the Sudetenland after World War II. However, the political consequences of giving in to this blackmail will be important. Therefore, it will be difficult to maintain historical demands for apologies and compensation in some other cases. For instance, those referred to the Armenian genocide of 1915 and subsequent repairs. Interestingly enough, next day “The Guardian” published an article entitled: "Britain accused of 'genocide denial' over Armenia" Etiquetas: Chequia, genocidio armenio, Sudetes, UE, Vaclav Klaus
La OTAN se la juega en Kosovo y Afganistán

Reacción internacional a la autoproclamación de independencia de los albaneses de Kosovo. En naranja, los países que han adoptada una postura francamente contraria; en un tono más claro, aquellos que han expresado su disgusto por la medida; en ocre, los que no tienen una posición clara. En gris, los que no han expresado opinión al respecto. En azul, los que han reconocido, y en tono más claro, aquellos que lo harán.
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Como es habitual cuando estalla una crisis balcánica, y eso desde 1821, en que los griegos se alzaron para obtener la independencia del Imperio otomano, en Occidente se desatan pasiones que, con el tiempo, acaban tomando formato futbolístico. Los artículos de opinión firmados por todos y cada uno de los comentaristas habituales de los periódicos -dado que cada uno se siente obligado a posicionarse- y las cartas al director que no cesan de llegar a las redacciones, suelen enfocar el asunto desde el ángulo estricto de la más pura teoría acompañada, a veces, de alguna ocurrencia original, más ingeniosa que la del vecino, aunque en el fondo todos se atienen a tres o cuatro posiciones básicas. Por lo tanto, el problema de tal tipo de debates sobre arbitraje, reglas, penalties y declaraciones de los entrenadores, es que contribuyen a congelar los términos del problema real y por lo tanto, evitan su resolución y contribuyen a perpetuarlo o diseminarlo.
Pero los tiempos cambian, y mucho se ha transformado el mundo y sus circunstancias entre 1991 y 2008; o incluso desde 1999, fecha de la anterior crisis kosovar. Por fortuna, para el caso del nuevo incidente en la zona, tenemos a mano un interesante baremo susceptible de medir el impacto positivo o negativo del hecho histórico que nos ocupa: el mapa de los países que han accedido a reconocer la independencia kosovar o que, por alguna razón no lo han hecho todavía o no lo harán.

Perros que deberían seguir dormidos: La cuestión kosovar ha reabierto el debate nacionalista en Argentina sobre las Malvinas, ahora ya sin Junta Militar de por medio. En la imagen, bandera argentina con el perfil de las islas en su centro, actualmente... ¿parte del territorio de la UE?
En un primer nivel de rechazo o cautela, se sitúan las nuevas potencias emergentes: China, Brasil e India. Parece evidente que estos nuevos poderes, que dentro de pocos años tendrán un peso decisivo no sólo en la economía sino en la política internacional, no pueden ver con simpatía la perpetuación de actos de fuerza al estilo del perpetrado por el “trío de las Azores” en 2003, incluso aunque en este caso toda una serie de países europeos se hayan alineado con el núcleo decisorio original (los Estados Unidos y Gran Bretaña) no sin reticencias de sectores íntegros de sus fuerzas políticas internas (caso de Alemania, por ejemplo). Podemos objetar que todo termina olvidándose y que ya pasarán por el aro. Puede ser; o no, dado que las nuevas potencias emergentes lo son y ejercerán como tales en el futuro, justamente porque no pretenden alinearse con el Nuevo Orden proclamado por George Bush a comienzos de los noventa.
Rusia, por supuesto, es una potencia “reemergente” y tiene sus propios intereses hegemónicos en esta cuestión. Pero por lo visto, el menor o mayor nivel democrático de su régimen la excluye por razones “morales” del actual litigio. No se pensó lo mismo en junio de 1999, cuando Moscú contribuyó a votar la resolución 1244 en las Naciones Unidas, que terminó el conflicto armado desencadenado por la OTAN contra los restos de la última Yugoslavia. Pocos meses antes, el debate sobre la crisis de Kosovo había sido puenteado en base a que Rusia no sintonizaba con la intervención armada que se pensaba votar; ahora, nueve años más tarde, se recurre al mismo mecanismo. En realidad, los credenciales democráticos de Rusia suben y bajan a ojos de los occidentales en función de las bases militares en Asia Central que Moscú desee ceder y su disponibilidad para apoyar algunas aventuras militares occidentales; las facilidades ofrecidas a los especuladores extranjeros o el precio del gas y el petróleo; y en general y a ojos de Washington, está en razón inversa del nivel de acercamiento a Europa.

Proyectada bandera de la posible República de Taiwan, si llega a consumarse la separación entre las dos Chinas. Otra polémica reabierta muy lejos geográficamente de Kosovo y con una entidad real mucho mayor. El 14 de marzo de 2005 China aprobó la Ley Anti-Secesión, que autoriza de forma explícita el uso de la fuerza para recuperar el control de un territorio sublevado. En Europa, nadie opina sobre estos problemas.
Aparte de Canadá, donde al parecer el asunto kosovar podría reabrir de nuevo, una vez más, la cuestión del Quebec, el mapa de los poco favorables a reconocer la independencia kosovar se extiende por casi toda América Latina. Claro está que Venezuela la rechaza, como era de prever. Pero también lo hace Argentina, donde se ha reabierto la cuestión de las Malvinas, islas argentinas dependientes de la UE; y Bolivia, donde el presidente Evo Morales teme por la provincia de Santa Cruz. O Brasil, ya mencionado antes en el grupo de las nuevas potencias. Es normal esa reticencia: si los “gringos” han logrado redibujar de nuevo las fronteras europeas en pleno 2008, ¿qué no podrán hacer con las del continente donde la doctrina Monroe se aplicó de forma particularmente abusiva? Esa reacción es todavía más ostensible en África, continente que casi en su integridad ha rechazo ni siquiera pronunciarse sobre la soberanía kosovar. Y que tiene una experiencia muy reciente sobre lo útiles que pueden ser los estados títere, creados sobre la marcha, para las jugadas de las grandes potencias occidentales. Recordemos, además, la reciente penetración china en el continente negro. Por lo tanto, es muy posible que el debate sobre la independencia kosovar en las Naciones Unidas hubiera contado con más oposición que la rusa, como se nos quiere hacer creer.
Pero ha sido en los Balcanes donde la reacción adversa ha resultado más contundente. Aparte del conocido caso de Chipre y por supuesto, la misma Serbia, ni Rumania, ni Bulgaria, ni Grecia –tres socios de la UE- han querido reconocer la independencia kosovar. Bosnia y Montenegro siguen sin pronunciarse , en parte porque la “solución” kosovar amenaza de una forma u otra su propia arquitectura estatal. Por lo tanto, lo que debería de haber sido una aportación a la estabilidad de los Balcanes, ha resultado ser todo lo contrario. Y lo peor es que ha puesto en entredicho las expectativas de que la UE sería el vehículo más seguro, el único posible para la superación de los conflictos interétnicos en la zona a partir de la progresiva disolución de las fronteras en un espacio económico común. Esto queda bien en evidencia para el caso de Rumania, donde grupos nacionalistas húngaros de Transilvania ya se manifestaron por las calles de Cluj expresando sus simpatía por Kosovo, un conflicto que, expresado de esa forma, llevaba ya más de dieciséis años.

Bandera del estado-protectorado de Bosnia-Herzegovina. La independencia no trajo la solución de los problemas de esa región europea. Dejar pasar el tiempo, tampoco.
Y ese es precisamente uno de los problemas que se están poniendo de relieve ante la situación. El de aquellos que se encogen de hombros y opinan que “todo pasará”, que de aquí a dos días nadie se acordará del contencioso, que unos y otros bajarán la cabeza, terminarán por reconocer a Kosovo y “tal día hará un año”, como reza la expresión popular. Pues justamente, ese es uno de los errores. Tal cosa se pensaba precisamente en junio de 1991, cuando se avecinaba la autoproclamación de independencia de Eslovenia y Croacia. Pelillos a la mar, todo pasará, tragarán; la eterna huida hacia adelante, el hecho consumado que tanto complace a las potencias occidentales, incluyendo, en su momento, el Tercer Reich.
A su vez, el hecho consumado impone el doble rasero. Y así llevamos ¡diecisiete años!, con un rosario de cinco guerras, sólo en las repúblicas ex yugoslavas. Eslovenia ha entrado en la UE, Croacia pronto lo hará: cuenta con buenos aliados europeos, que saben hacer discreta política lobbista. Las cuestiones morales y éticas que tanto se aplican a Rusia, resultan políticamente incorrectas referidas a Eslovenia y Croacia, cualesquiera que fueran sus responsabilidades en la cadena de guerras que asolaron la implosionada Yugoslavia. Y quizá, sino no hubiera sido por ellos, sus particulares intereses y los de aquellos países muy concretos que los secundaron, toda la ex Yugoslavia sería ya miembro del club europeo. Sin necesidad de disolver fronteras bautizadas con sangre, sin tener que dar un largo rodeo por el siglo XIX para llegar al XXI con todos esos debates seudo académicos sobre la “legalidad” o no de soberanías ganadas a punta de cañón, como fue en el caso de los Balcanes occidentales.
Todo el mundo acabó accediendo, esas independencias fueron reconocidas, Eslovenia es un miembros honorable y hasta ocupa la presidencia de la UE, con lo cual contribuye, por su parte y de nuevo, a la cada vez más escasa credibilidad política del club. Y es que el mundo está cambiando demasiado velozmente para los vetustos trucos, la política de las cañoneras, la vieja doble moral y las armas de destrucción masiva que, como todo el mundo sabe, existen y algún día se demostrará. ¿O no? Da igual, fue otro hecho consumado basado en una ficción de esas que se escenifican en Washington o Londres, convertidas más adelante en nueva legalidad fulgurante.
Por eso Kosovo ya no pertenece a los Balcanes, ni éstos a Europa. Esa es asimismo la razón de que, una vez más, como en 1999, la necesidad de justificar la viabilidad de la OTAN haya tenido un papel nada desdeñable en la tozudez norteamericana para aplicar la solución que ya había programado por entonces para Kosovo. Ahora, cuando todo va cada vez peor en el lejano Afganistán, cuando se debe ir preparando la retirada, la OTAN tiene que presentar balance positivo en, al menos, una de los dos campañas militares que emprendió. Seguir en Kosovo sin aplicar la “solución” que fue planeada, sería una amenaza demasiado contundente para la continuidad de una alianza militar que hasta hace bien poco, nadie sabía ya para qué servía. Por lo tanto: autodeterminación, el asunto pasa a Bruselas, los soldados cambian la bandera de la OTAN por otra más europea, y es la UE quien carga con los gastos y desgastes, financieros y políticos. Misión cumplida.

Nueva bandera de Kosovo, que de forma más que chocante, resulta muy similar a la de Bosnia-Hercegovina. ¿Misma bandera, mismas causas y síntomas, mismo destino?
Entiéndase: la guerra por Kosovo de 1999 se hizo, hipotéticamente, con la intención de que sirviera para derribar a Milosevic. Pero de hecho acaeció casi dos años más tarde, y no se debió precisamente a la operación militar atlantista en la provincia. Si eso era así, ¿cómo devolver Kosovo a Serbia una vez caído el presidente serbio? En buena medida, hubiera significado asumir y proclamar públicamente la inutilidad del gesto, subrayando la humillación con el disgusto de los nacionalistas albaneses y el regocijo de los serbios. Además, había que inducir al olvido el por qué de la operación militar de 1999, que en su momento fue un ejercicio para demostrar que el Nuevo Orden era una realidad, a pesar de los pesares; y que en él la OTAN tenía un papel central.
Por lo tanto, tras toda esta operación consistente en imponer internacionalmente el reconocimiento de Kosovo, se esconde la intención real de justificar la utilidad de la operación de la OTAN en 1999, algo tanto más decisivo en estos momentos cuanto que esa misma Alianza Atlántica está fracasando en Afganistán, que es nada más y nada menos que la segunda operación militar que emprendió la organización –y no de tipo defensivo, precisamente- en todo su medio siglo de historia. ¿Un mero detalle? Ni mucho menos: en estos momentos, Washington y Bruselas luchan desesperadamente por imponer urbi et orbi la idea de que la OTAN tiene un sentido, sirve para algo, a pesar del desastre que se avecina. Se están jugando, nada más y nada menos, que la supervivencia de la única organización militar internacional existente en el mundo (aunque pueden aparecer otras, y no precisamente controladas por los occidentales). Y para ello, no dudarán en recurrir a lo que sea, incluso a inventarse una nueva guerra fría totalmente artificial con Rusia, levantada a golpe de enfrentamientos provocados por sistemas defensivos de misiles en Polonia y Chequia, hostigamientos a Serbia o integración de los países del Cáucaso o la misma Ucrania, en la OTAN. La vieja huida hacia adelante, tirada por la vieja troika: fuerza bruta, hechos consumados y doble rasero.

Going back home: esta misma semana, el príncipe Enrique fue "oportunamente descubierto" por la prensa sirviendo en Afganistán y reenviado de vuelta a la patria. Las cosas se están poniendo demasiado feas en aquel frente como para seguir utilizándolo en campañas de propaganda triunfalista o para que la Casa Real británica sirva a la OTAN en primera línea
Etiquetas: Afganistán, África, Balcanes, Brasil, BRICS, Chequia, China, India, Kosovo, Latinoamérica, ONU, OTAN, Polonia, resolución 1244, Rumania, Rusia, Serbia
George Bush, gran defensor de Europa contra sí misma

Comienza la cabalgata: Bush en Praga, con el presidente Vláclav Klaus
Estuvimos hablando unos minutos sobre la reciente cumbre del G-8 en Heiligendamm, donde el viernes pasado destacaba la noticia de que los tan manidos nubarrones de guerra fría entre Moscú y Washington se habían disipado en 45 minutos, tras el tête à tête entre Putin y Bush y la propuesta del ruso para instalar un sistema de control antimisiles avanzado en Azerbayán en las veteranas instalaciones de Gabala.
Desde hace unos meses, los periodistas parecen obsesionados por el posible retorno de la Guerra Fría entre Rusia y Occidente. Entra en el divertido concepto de la paleopolítica, acuñádo por Manuel Rivas en "El País", hace un par de días. Pero a la hora de la verdad, cuando parece que están entrando en punto de ebullición, las cosas no van a más: asuntos que hace pocos meses preocupaban enormemente, aparecen y desaparecen como el Guadiana, y finalmente se esfuman (¿por dónde vamos en el novelón sobre el polonio?). Quebraderos de cabeza aparentemente muy graves, se solucionan en la sombra o quién sabe (¿siguen existiendo problemas con el suministro de crudo a través de Bielorrusia?).
Mi teoría es que el retorno a la Guerra Fría como la vivida durante la segunda mitad del siglo XX es muy difícil, porque entonces la división bipolar del mundo era casi total, basada en el enfrentamiento entre dos modelos políticos y socioeconómicos diametralmente opuestos y enfrentados entre sí. Hoy, el nivel de inversiones occidental en Rusia y China es enorme, así como los negocios de todo tipo que se hacen en estos países. Una crisis política o militar seria entre Rusia y la UE o América, supondría una quiebra financiera y económica de primer orden para la economía y la sociedad occidentales: recemos porque no sea así, en vez de explotar informativamente cualquier rumor o incidente para tirar del “filón” guerra fría, sacar adelante la crónica del día y embolsarnos unos euritos.

Se esperaba un duelo Jruschov-Eisenhower, y al final hubo un abrazo afectuoso...
La respuesta de Ramon Company, mi amigo e interlocutor en COM Ràdio cada viernes, no carecía de peso lógico: ¿Si no hay una situación de guerra fría entre Rusia y Occidente, qué pintan ahí los sistemas de alerta temprana y antimisiles que los americanos proyectan instalar en Polonia y Chequia? Y en efecto, esa es la pregunta del millón: ¿Hacia dónde apunta realmente el escudo antimisiles que proyectan los norteamericanos? Irán no es una amenaza nuclear real para Europa y blancos más lejanos aún, como América. Corea del Norte lo es menos todavía. Puede que lo sean dentro de algunos años, pero aún así, y para entonces, Bush no estará ya en la Casa Blanca y a esas supuestas amenazas pueden añadirse otras, ahora imprevisibles. Por lo tanto, ¿a qué viene tanta prisa, por qué arriesgarse a fricciones con Rusia?
En efecto, puede ocurrir que para los estrategas norteamericanos que respaldan la idea, el peligro sea Rusia. Pero en ese caso, parece dudoso que un escudo defensivo centrado en Polonia-Chequia sea suficiente para la capacidad nuclear que aún conserva esa potencia y que puede ampliar en el futuro. Y si fuera así, no tiene mucho sentido andar mareando la perdiz con Putin, invitándole a que participe en el programa y aceptando su propuesta sobre la base de Gabala. Por último, si realmente el escudo antimisiles estuviera enfocado hacia Rusia, Putin tendría toda la razón del mundo en mostrarse molesto e incluso airado. A los norteamericanos no les haría ninguna gracia que Rusia instalara un sistema parecido en Corea del Norte, por ejemplo. O en Turquía, si a este país le diera por abandonar la OTAN, tal como aseguran algunos rumores alarmistas en los últimos tiempos.

...y muchas sonrisas, parabienes e invitaciones, como en otros encuentros Putin-Bush. Estos dos se entienden mejor de lo que parece
Si el escudo antimisiles apunta a Rusia, quien está jugando sucio es Bush, y no Putin. Pero por estos pagos, nadie cuestiona que el americano es “de los nuestros” y actúa animado por excelentes intenciones, mientras que el ruso es un tipo siniestro del que uno no se puede fiar. No deja de tener su gracia que esto se plantee así casi al mismo tiempo que el investigador especial del Consejo de Europa, Dick Marty, revelara hace muy pocos días que existió un acuerdo secreto entre varios países europeos, la OTAN y la CIA para capturar y trasladar de forma clandestina a supuestos “combatientes enemigos” de los Estados Unidos. Algunos de los países implicados lo han negado con pasión el mismo viernes, 8 de junio. Pero el muy serio trabajo de Marty viene avalado por 19 meses de investigaciones, el testimonio de 30 oficiales de inteligencia europeos y un sofisticado análisis por computadora del sistema de planificación de vuelos internacionales.
No es menos irónico que nuestra prensa, tan necesitada de una nueva Guerra Fría, no dude en volver a asumir razonamientos propios de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, sobre todo después de constatar diariamente la increíble capacidad de Bush y los suyos por meter la pata cada vez más a fondo, por ejemplo en Irak. Pueden echar un vistazo a la última y genial idea : armas a milicias suníes en Irak para que se enfrenten a Al Qaeda, uno de esos operativos para fomentar la guerra civil que, al parecer, ya se está experimentando en Líbano. Incluso en su propio país se están dando cuenta de que George Bush es un desastre ambulante y eso le costó a los republicanos, ya hace bastante meses, perder la mayoría en el Congreso. Y el último proyecto legislativo del presidente, la ley de inmigración, acaba de ser tumbada por el Senado: ese es el panorama que el espera a su regreso del triunfal viaje por Europa.

Y continíua el periplo: en Varsovia, incluso Bush no puede evitar un gesto de desconcierto. Mandatarios gemelos, "Teletubbies" homosexuales... ¿Seguro que los misiles deben estar situados aquí?
No falta quien opine (y no desde periódicos de la más rancia derecha, precisamente) que Putin está utilizando el asunto del escudo antimisiles para dividir a los europeos. Eso podría tener su lógica si fuera Putin quien anda dando la brasa por aquí y por allá para instalar el tinglado en Polonia y Chequia. Pero es que resulta ser George Bush quien ha impulsado esta copia encogida de la gloriosa “Guerra de las Galaxias”, aquel enorme y exitoso engaño imaginado por su antecesor Ronald Reagan. No harto con armar un trágico e innecesario lío en Irak y Medio Oriente, pretende complicarnos la vida para disimular lo mal que se le da la política exterior y relativizar los éxitos de los demás. Por lo tanto, nos ponen el carro delante de los caballos y aplaudimos. El amigo americano nos da una patada en el culo y nosotros damos las gracias, parafraseando a Tristan Tzara, el poeta y fundador del dadaísmo.
No sabemos si el dichoso escudo antimisiles llegará a ser instalado algún día; pero de momento, apunta a Europa, no lo duden. Ni hacia Irán, ni hacia Rusia, y menos aún Corea del Norte: somos nosotros sus objetivos. Porque una de sus funciones principales es desunir estratégicamente a los europeos impidiéndoles múltiples y provechosas formas de acercamiento a Rusia, que forma parte del mismo continente. Y eso le interesa a los Estados Unidos de América. El día en que Europa logre algún acuerdo sólido y a largo plazo con Rusia (no necesariamente el ingreso en la UE, algo que de momento resulta impensable), tendrá muy pocos rivales económicos a escala mundial. En realidad, puede ser la forma de consolidar definitivamente la integración, incluso a escala política y convertir a la Unión Europea en una superpotencia con política exterior propia y coherente a la vanguardia de las conquistas sociales y las formulaciones políticas más progresistas e innovadoras. Y por supuesto, ese será el momento en que Europa pueda influir más provechosamente en Rusia, conjurando con éxito cualquier asomo de tentaciones autocráticas y contribuyendo a la modernización social del país-continente. Pero nada de eso será posible mientras Bruselas no logre meter en cintura a miembros como Polonia, Estonia o Lituania, que fuerzan por su cuenta y en beneficio exclusivamente propio, fricciones y crisis con las potencias de la periferia europea, y se convierten motu propio en excelentes peones de Washington.

Más sonrisas a medias del americano, esta vez en Tirana. No es de extrañar, ante la mueca casi feroz del turbulento Sali Berisha. Se cumplen diez años de las estafas piramidales en Albania, 1997. Por entonces, el actual primer ministro era presidente
La UE está desunida a priori, y Bush fuerza sus contradicciones. Y si cabe alguna duda, vean los destinos de su periplo una vez concluida la reunión del G-8. En Italia anunció el objetivo de la ronda: presionar por la independencia de Kosovo, anunciar a diestro y siniestro que Washington va a secundar activamente el Plan Ahtisaari si este se impone, o reconocer la soberanía de la provincia si ésta es proclamada unilateralmente por los albaneses. Sabedor de los problemas que eso puede generar en el entorno cercano de Kosovo, visita Italia, Albania y, cómo no, Bulgaria. Estos dos últimos son países en los que se admira sin límites a los americanos, tanto que, como dice irónicamente un diplomático español, buen conocedor de la zona, podrían optar por pedir el ingreso en los Estados Unidos de América “y así nos dejarían en paz a los europeos”. No sería mala idea, porque tanta devoción filoamericana no les ha reportado precisamente grandes beneficios a los primos del Este: normalmente, quien paga las facturas de los créditos estructurales, quién contribuye a estabilizar sus economías, o quien les tapa sus pecadillos debajo de la alfombra es la mitad rica de Europa. Es cierto que también se buscan allí beneficios, pero si esos países tuvieran que despertar el interés de los inversores norteamericanos por su cuenta y riesgo, necesitarían hacer un esfuerzo más imaginativo que el de las rendidas pancartas de bienvenida a Bush.
Como se apuntaba más arriba, el trapicheo del presidente norteamericano con el asunto de Kosovo es un verdadero abuso que, una vez más, no parece estar generando apenas reacciones de la prensa europea. Bush ha ido a tranquilizar a los italianos (y a proclamar allí mismo la idea de lo que quiere) a reconfortar a los albaneses y a prevenir a los búlgaros, pues sabe perfectamente que un Kosovo independiente puede terminar rebajándole una buena tajada a Macedonia, y es un país que sus vecinos orientales consideran una mera provincia propia que habla un dialecto del búlgaro. El presidente norteamericano ha hecho todo esto para tocarle las narices a Rusia: no funcionó del todo bien el asunto del escudo de misiles (Putin le sorprendió visiblemente con su propuesta sobre la base de Gabala, en Azerbayán) pero Bush ya ha proclamado a los cuatro vientos que de nada le servirá a los Moscú oponerse a la proclamación de la independencia de Kosovo en el Consejo de Seguridad.

Final del rodeo: el presidente Parvanov no es de los más entusiasmados con el apretón de manos. Sabe la que se le viene encima con la indepedencia de Kosovo
Visto lo cual tampoco sería una mala solución en relación a las consecuencias legales, políticas y diplomáticas que tendría el reconocimiento por la ONU de la soberanía de una provincia desgajada de un estado soberano. Si va a ser uno de los presidentes más nefastos que han tenido los Estados Unidos el que se encargue de la explosiva tarea, mejor que mejor. Tendría su gracia que algunos de los más célebres luchadores del soberanismo a destiempo en el viejo continente se vieran obligados a ir a Washington a fin de pedir respaldo para sus proyectos al amigo americano. Aunque, vistos los enjuagues y líos que se traen los americanos por Oriente Medio y Líbano, haciendo juegos de trileros con los nuevos enemigos, las viejas amenazas y las armas de destrucción masiva inexistentes, se admite cualquier apuesta: hagan juego.
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