domingo, octubre 25, 2009

¿Una crisis de 1962 resuelta a la inversa?


















Batería de S-400 en estado de revista. Aparte de la eficiacia de los proyectiles en sí, los sistemas de radar y guiado descollan por su precisión

Aunque resulta cada vez más evidente que la calidad de "El País" deriva en proporción inversa a las subidas de precios del periódico, todavía se pueden leer buenos reportajes, como los de Ángeles Espinosa sobre la crisis en Asia Central; u opiniones razonables sobre los conflictos en esa zona, como las de Miguel Ángel Aguilar o Lluís Bassets; a ello se añaden las magistrales opiniones de "El Roto" hechas caricatura.

Otra cosa son las ocasionales piezas de Carlos Mendo, que parecen obedecer a esa extraña filosofía del periódico madrileño según la cual siempre ha de estar presente en sus páginas la pluma de algún reaccionario. Sin embargo, el problema de Mendo no es que el lector habitual sospeche que su presencia sería más adecuada en un periódico francamente de derechas; al fin y al cabo, sin llegar a los extremos de Hermann Tertsch en su incomprensible larga carrera en "El País", no está mal que podamos leer las opiniones de lo que a veces parece un partidario tardío de McCain. La cosa es que el veterano periodista y ex responsable de Internacional del rotativo de PRISA, parece suponer que los lectores somos un poco tontos.

Por ejemplo: es de esos que cada cierto tiempo opinan que "Occidente se juega mucho" aquí y allá. Hace unos pocos años, Occidente se jugaba mucho en Kosovo. Ahora la pasa lo mismo en Afganistán, lo cual induce a sospechar que Mendo es de los que confunden Occidente con la OTAN y los jaleos en los que se mete esa organización en los últimos años, para dejar fuera de juego a la ONU. En realidad, el hecho de que Mendo fuera en su día
un firme partidario de la intervención en Irak, alcara bastante sobre algunas de sus opiniones actuales.

Veamos los argumentos que utiliza. El 18 de septiembre de este mismo año escribía que la retirada de Afganistán
no es una opción:

"Las opiniones públicas suelen tener la memoria flaca cuando se trata de apoyar conflictos letales en países lejanos, que causan bajas propias, sobre todo cuando sus Gobiernos no explican con la suficiente claridad las razones de esos conflictos. Pero, los atentados de Kenia y Tanzania, Nueva York, Madrid, Londres y Bali, por citar sólo los más atroces, deberían constituir en sí mismos un recordatorio trágico del peligro que correrían nuestras ciudades si Al Qaeda volviera a contar con una base de operaciones permanente en Afganistán al amparo de un nuevo Gobierno talibán"





















Caricatura de El Roto publicada en "El País", 22 de septiembre, 2009

Carlos Mendo se refiere a las "memorias flacas" de aquellos que propugnan cualquier cosa que se aprezca a una retirada de Afganistán, pero el que anda mal de memoria es él, precisamente. Porque los atentados de Madrid, Londes y Bali tuvieron lugar cuando Afganistán ya había sido invadido, el gobierno talibán destruido y el estado mayor de Al Qaeda expulsado del remoto país centro asiático. Vuelvo a preguntarlo de manera más específica: ¿Evitó la presencia internacional (y española) en Afganistán, desde hacía ya casi tres años, el atentado del 11-M en Madrid, 2004?¿La respuesta a esa pregunta es todavbía más contundente en el caso de los aentados de Londres en 2005, teniendo en cuenta que Gran Bretaña ers y es un páis militarmente muy comprometido en Afganistán.

Ya ha pasado el tiempo de argumentos tan manidos, tautologías y mantras. Vayamos a asuntos más actuales.

Hace pocos días, Carlos Mendo volvía a la carga con
otro párrafo memorable: "[Obama] Ha humillado a Europa del Este con la retirada con nocturnidad del escudo antimisiles en la República Checa y Polonia para que su secretaria de Estado, Hillary Clinton, escuchase el martes de su colega ruso, Sergei Lavrov, que las sanciones a Irán serían "contraproducentes".

En una sola, aunque larga frase, encontramos bien retratada la contradicción básica de todo ese asunto: Polonia y Chequia están muy enfadas porque Obama les ha retirado un escudo antimisiles que debía defenderles de un ataque procedente desde Irán. ¿Pero hay alguien que se crea esta bobada? Si Varsovia y Praga están encabronadas es porque sabían que el dichoso escudo iba dirigido contra los rusos; ergo, estos tenían razón en sentirse molestos. Y por si faltara algo, para Mendo los rusos tienen la clave de la tensión con Irán. O sea que muerto el perro, se acabó la rabia. Si pudiéramos doblegar a Rusia, se terminaría el problema de los iraníes.

Pues bien: vamos a darle la vuelta al tema. incoporamos a Turquía, reecuperamos una reciente historia de venta de misiles rusos, comparamos tablas cronológicas, y sale el análisis posteado acontinuación, publicado el día 6 de este mismo mes en "El Periódico".


"El Periódico", 6/10/2009

JUGADA DIPLOMÁTICA DE GRAN CALADO EN EL CÁUCASO Y ASIA CENTRAL



¿Una entente entre Rusia y Turquía?
• El abandono por Obama del escudo antimisiles podría ser una reedición de la crisis de Cuba de 1962 a la inversa



FRANCISCO Veiga*
Desde los años centrales del siglo XIX se desarrolló en Asia Central el denominado Gran Juego entre rusos y británicos, cuando sus mutuos impulsos imperialistas chocaron en torno a Afganistán. Menos de dos siglos más tarde, Afganistán y Asia Central siguen trayendo de cabeza a rusos y occidentales.

De nuevo, la lucha es muy enconada en la zona y se ha complicado por la concurrencia de protagonistas que a lo largo del siglo XIX no tenía la fuerza de nuestros días: potencias islamistas, como Irán o Arabia Saudí; potencias nucleares, como Pakistán o India; grandes superpotencias, como China.

En cualquier caso, no todo es guerra, también se producen audaces jugadas diplomáticas en toda esa zona, desde Turquía a los confines de Asia Central, pasando por el Cáucaso. Precisamente, estos días hemos asistido a una, y de gran calado, sin que la prensa occidental haya reaccionado ante lo sucedido.

El capítulo visible de la historia ha sido la reciente decisión del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de renunciar al escudo antimisiles a instalar en Polonia y la República Checa. Ese proyecto había sido impulsado por el presidente George Bush con la idea de proteger a Europa y los propios Estados Unidos de un presunto ataque balístico de los países del eje del mal, esto es, Irán y Corea del Norte. La idea recordaba mucho a la guerra de las galaxias impulsada en los años 80 por el también republicano presidente Ronald Reagan. Aquello había sido un bluff, hoy admitido por los historiadores. Y el escudo antimisiles de Europa oriental volvía a tener mucho de eso, dado que hubiera requerido enormes inversiones para poner a punto un dispositivo susceptible de ser burlado con relativa facilidad por el enemigo. De otra parte, el entusiasmo de los polacos y checos por el proyecto dejaba muy en evidencia que, de hecho, estaba más enfocado hacia Rusia que contra unos coreanos e iranís que a Varsovia o Praga dejaban indiferentes. Dicho de otra manera: el escudo antimisiles estaba más pensado para tensar las relaciones con Rusia y enfrentar a esa potencia con Europa, en una suerte de nueva guerra fría impulsada por la presidencia de Bush, que para un objetivo militar concreto y real.

Ahora, Obama ofrece un sistema alternativo de defensa ante la supuesta amenaza iraní basado en el una nueva generación de misiles antimisiles (ABM) a desplegar en el mar y en países cercanos a Irán. Entre ellos está Turquía.

Precisamente ahora, el Gobierno turco acaba de convocar una licitación para renovar su sistema de defensa antiaérea que los norteamericanos esperan ganar, de una vez por todas, con sus misiles Patriot de última generación.

Lo que no se cuenta es que ese concurso ya se planteó hace un par de años por estas fechas, en plena ofensiva diplomática de Bush, cuando arrancaba el proyecto del escudo de misiles en Europa oriental. Por entones, los rusos desbancaron a los competidores norteamericanos al ofrecer lo mejor de su arsenal: los misiles antiaéreos S-400 Tryumph, considerados por entonces los más eficaces del mundo.

La iniciativa tomó por sorpresa a los observadores occidentales y la misma plana mayor del Ejército turco acabó muy dividida ante la jugosa oferta rusa. Washington protestó recordando que, al ser Turquía un miembro de la OTAN, no debería utilizar sistemas de armas estratégicas rusas (olvidando el caso de Grecia, por cierto).

La maniobra rusa ante Turquía hablaba muy a las claras. Si los norteamericanos colocaban sistemas defensivos ante sus puertas, en países exaliados, ellos podrían hacer lo mismo con Turquía, país que hubiera sido la opción más lógica para detener una arremetida iraní.

Podemos imaginar las presiones que Washington ejerció por entonces sobre Turquía. Pero también parece evidente que ese país sacó beneficios de su actitud.

Posiblemente, la presencia de Obama en Estambul el pasado mes de abril, abogando por la candidatura turca a la UE, tuvo que ver con el deseo de conjurar las tentaciones rusas. Estas, mientras tanto, se habían materializado, de nuevo, en la venta de helicópteros de ataque MI-28 para combatir al PKK en Irak, en detrimento de los Cobra norteamericanos, cuya venta retrasaba Washington so pretexto de problemas legales debidos al traspaso de tecnología punta a los turcos.

En conjunto, en el periodo de pocos meses hemos asistido a un nuevo capítulo de lo que parece una entente ruso-turca, sobre la cual apenas informa la prensa occidental.

Ese acercamiento está provocando unas ondas subterráneas de gran alcance, que además traen recuerdos del pasado. En 1962, durante la crisis entre la Unión Soviética y Estados Unidos, Nikita Jruschov renunció a suspender el envío de misiles nucleares a Cuba a cambio de que los norteamericanos retiraran los suyos estacionados en Turquía. Si la oferta de los S-400 a Turquía influyó en la decisión de Obama con respecto al escudo antimisiles en la Europa oriental, ¿hemos vivido una reedición de ese acontecimiento, sólo que a la inversa?

*Profesor de Historia Contemporánea (UAB) y autor de El desequilibrio como orden (2009)

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jueves, agosto 28, 2008

Polonia, por fin en el "spiral development"
















El ministro de Asuntos Exteriores polaco, Radoslaw Sikorski, encantado de sentir que su país está por fin, bien defendido ante la inminente agresión rusa, tras firmar el acuerdo para la construcción de una base de misiles en su territorio; Varsovia, 20 de agosto, 2008


The US missile defence system is the magic pudding that will never run out

Poland is just the latest fall guy for an American foreign policy dictated by military industrial lobbyists in Washington


George Monbiot


"The Guardian", Tuesday, Augst 19, 2008

It's a novel way to take your own life. Just as Russia demonstrates what happens to former minions that annoy it, Poland agrees to host a US missile defence base. The Russians, as Poland expected, respond to this proposal by offering to turn the country into a parking lot. This proves that the missile defence system is necessary after all: it will stop the missiles Russia will now aim at Poland, the Czech Republic and the UK in response to, er, their involvement in the missile defence system.

The American government insists that the interceptors, which will be stationed on the Baltic coast, have nothing to do with Russia: their purpose is to defend Europe and the US against the intercontinental ballistic missiles Iran and North Korea don't possess. This is why they are being placed in Poland, which, as every geography student in Texas knows, shares a border with both rogue states.

They permit us to look forward to a glowing future, in which missile defence, according to the Pentagon, will "protect our homeland ... and our friends and allies from ballistic missile attack"; as long as the Russians wait until it's working before they nuke us. The good news is that, at the present rate of progress, reliable missile defence is only 50 years away. The bad news is that it has been 50 years away for the past six decades.

The system has been in development since 1946, and so far it has achieved a grand total of nothing. You wouldn't know it if you read the press releases published by the Pentagon's missile defence agency: the word "success" features more often than any other noun. It is true that the programme has managed to hit two out of the five missiles fired over the past five years during tests of its main component, the ground-based midcourse missile defence (GMD) system. But, sadly, these tests bear no relation to anything resembling a real nuclear strike.

All the trials run so far - successful or otherwise - have been rigged. The target, its type, trajectory and destination, are known before the test begins. Only one enemy missile is used, as the system doesn't have a hope in hell of knocking down two or more. If decoy missiles are deployed, they bear no resemblance to the target and they are identified as decoys in advance. In order to try to enhance the appearance of success, recent flight tests have become even less realistic: the agency has now stopped using decoys altogether when testing its GMD system.

This points to one of the intractable weaknesses of missile defence: it is hard to see how the interceptors could ever outwit enemy attempts to confuse them. As Philip Coyle - formerly a senior official at the Pentagon with responsibility for missile defence - points out, there are endless means by which another state could fool the system. For every real missile it launched, it could dispatch a host of dummies with the same radar and infra-red signatures. Even balloons or bits of metal foil would render anything resembling the current system inoperable. You can reduce a missile's susceptibility to laser penetration by 90% by painting it white. This sophisticated avoidance technology, available from your local hardware shop, makes another multibillion component of the programme obsolete. Or you could simply forget about ballistic missiles and attack using cruise missiles, against which the system is useless.

Missile defence is so expensive and the measures required to evade it so cheap that if the US government were serious about making the system work it would bankrupt the country, just as the arms race helped to bring the Soviet Union down. By spending a couple of billion dollars on decoy technologies, Russia would commit the US to trillions of dollars of countermeasures. The cost ratios are such that even Iran could outspend the US.

The US has spent between $120bn and $150bn on the programme since Ronald Reagan relaunched it in 1983. Under George Bush, the costs have accelerated. The Pentagon has requested $62bn for the next five-year tranche, which means that the total cost between 2003 and 2013 will be $110bn. Yet there are no clear criteria for success. As a recent paper in the journal Defense and Security Analysis shows, the Pentagon invented a new funding system in order to allow the missile defence programme to evade the government's usual accounting standards. It's called spiral development, which is quite appropriate, because it ensures that the costs spiral out of control.

Spiral development means, in the words of a Pentagon directive, that "the end-state requirements are not known at programme initiation". Instead, the system is allowed to develop in whatever way officials think fit. The result is that no one has the faintest idea what the programme is supposed to achieve, or whether it has achieved it. There are no fixed dates, no fixed costs for any component of the programme, no penalties for slippage or failure, no standards of any kind against which the system can be judged. And this monstrous scheme is still incapable of achieving what a few hundred dollars' worth of diplomacy could do in an afternoon.

So why commit endless billions to a programme that is bound to fail? I'll give you a clue: the answer is in the question. It persists because it doesn't work.

US politics, because of the failure by both Republicans and Democrats to deal with the problems of campaign finance, is rotten from head to toe. But under Bush, the corruption has acquired Nigerian qualities. Federal government is a vast corporate welfare programme, rewarding the industries that give millions of dollars in political donations with contracts worth billions. Missile defence is the biggest pork barrel of all, the magic pudding that won't run out, however much you eat. The funds channelled to defence, aerospace and other manufacturing and service companies will never run dry because the system will never work.

To keep the pudding flowing, the administration must exaggerate the threats from nations that have no means of nuking it - and ignore the likely responses of those that do. Russia is not without its own corrupting influences. You could see the grim delight of the Russian generals and defence officials last week, who have found in this new deployment an excuse to enhance their power and demand bigger budgets. Poor old Poland, like the Czech Republic and the UK, gets strongarmed into becoming America's groundbait.

If we seek to understand American foreign policy in terms of a rational engagement with international problems, or even as an effective means of projecting power, we are looking in the wrong place. The government's interests have always been provincial. It seeks to appease lobbyists, shift public opinion at crucial stages of the political cycle, accommodate crazy Christian fantasies and pander to television companies run by eccentric billionaires. The US does not really have a foreign policy. It has a series of domestic policies which it projects beyond its borders. That they threaten the world with 57 varieties of destruction is of no concern to the current administration. The only question of interest is who gets paid and what the political kickbacks will be.


monbiot.com

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martes, junio 12, 2007

George Bush, gran defensor de Europa contra sí misma














Comienza la cabalgata: Bush en Praga, con el presidente Vláclav Klaus



Estuvimos hablando unos minutos sobre la reciente cumbre del G-8 en Heiligendamm, donde el viernes pasado destacaba la noticia de que los tan manidos nubarrones de guerra fría entre Moscú y Washington se habían disipado en 45 minutos, tras el tête à tête entre Putin y Bush y la propuesta del ruso para instalar un sistema de control antimisiles avanzado en Azerbayán en las veteranas instalaciones de Gabala.

Desde hace unos meses, los periodistas parecen obsesionados por el posible retorno de la Guerra Fría entre Rusia y Occidente. Entra en el divertido concepto de la paleopolítica, acuñádo por Manuel Rivas en "El País", hace un par de días. Pero a la hora de la verdad, cuando parece que están entrando en punto de ebullición, las cosas no van a más: asuntos que hace pocos meses preocupaban enormemente, aparecen y desaparecen como el Guadiana, y finalmente se esfuman (¿por dónde vamos en el novelón sobre el polonio?). Quebraderos de cabeza aparentemente muy graves, se solucionan en la sombra o quién sabe (¿siguen existiendo problemas con el suministro de crudo a través de Bielorrusia?).

Mi teoría es que el retorno a la Guerra Fría como la vivida durante la segunda mitad del siglo XX es muy difícil, porque entonces la división bipolar del mundo era casi total, basada en el enfrentamiento entre dos modelos políticos y socioeconómicos diametralmente opuestos y enfrentados entre sí. Hoy, el nivel de inversiones occidental en Rusia y China es enorme, así como los negocios de todo tipo que se hacen en estos países. Una crisis política o militar seria entre Rusia y la UE o América, supondría una quiebra financiera y económica de primer orden para la economía y la sociedad occidentales: recemos porque no sea así, en vez de explotar informativamente cualquier rumor o incidente para tirar del “filón” guerra fría, sacar adelante la crónica del día y embolsarnos unos euritos.



















Se esperaba un duelo Jruschov-Eisenhower, y al final hubo un abrazo afectuoso...


La respuesta de Ramon Company, mi amigo e interlocutor en COM Ràdio cada viernes, no carecía de peso lógico: ¿Si no hay una situación de guerra fría entre Rusia y Occidente, qué pintan ahí los sistemas de alerta temprana y antimisiles que los americanos proyectan instalar en Polonia y Chequia? Y en efecto, esa es la pregunta del millón: ¿Hacia dónde apunta realmente el escudo antimisiles que proyectan los norteamericanos? Irán no es una amenaza nuclear real para Europa y blancos más lejanos aún, como América. Corea del Norte lo es menos todavía. Puede que lo sean dentro de algunos años, pero aún así, y para entonces, Bush no estará ya en la Casa Blanca y a esas supuestas amenazas pueden añadirse otras, ahora imprevisibles. Por lo tanto, ¿a qué viene tanta prisa, por qué arriesgarse a fricciones con Rusia?

En efecto, puede ocurrir que para los estrategas norteamericanos que respaldan la idea, el peligro sea Rusia. Pero en ese caso, parece dudoso que un escudo defensivo centrado en Polonia-Chequia sea suficiente para la capacidad nuclear que aún conserva esa potencia y que puede ampliar en el futuro. Y si fuera así, no tiene mucho sentido andar mareando la perdiz con Putin, invitándole a que participe en el programa y aceptando su propuesta sobre la base de Gabala. Por último, si realmente el escudo antimisiles estuviera enfocado hacia Rusia, Putin tendría toda la razón del mundo en mostrarse molesto e incluso airado. A los norteamericanos no les haría ninguna gracia que Rusia instalara un sistema parecido en Corea del Norte, por ejemplo. O en Turquía, si a este país le diera por abandonar la OTAN, tal como aseguran algunos rumores alarmistas en los últimos tiempos.


...y muchas sonrisas, parabienes e invitaciones, como en otros encuentros Putin-Bush. Estos dos se entienden mejor de lo que parece













Si el escudo antimisiles apunta a Rusia, quien está jugando sucio es Bush, y no Putin. Pero por estos pagos, nadie cuestiona que el americano es “de los nuestros” y actúa animado por excelentes intenciones, mientras que el ruso es un tipo siniestro del que uno no se puede fiar. No deja de tener su gracia que esto se plantee así casi al mismo tiempo que el investigador especial del Consejo de Europa, Dick Marty, revelara hace muy pocos días que existió un acuerdo secreto entre varios países europeos, la OTAN y la CIA para capturar y trasladar de forma clandestina a supuestos “combatientes enemigos” de los Estados Unidos. Algunos de los países implicados lo han negado con pasión el mismo viernes, 8 de junio. Pero el muy serio trabajo de Marty viene avalado por 19 meses de investigaciones, el testimonio de 30 oficiales de inteligencia europeos y un sofisticado análisis por computadora del sistema de planificación de vuelos internacionales.

No es menos irónico que nuestra prensa, tan necesitada de una nueva Guerra Fría, no dude en volver a asumir razonamientos propios de los años cincuenta y sesenta del pasado siglo, sobre todo después de constatar diariamente la increíble capacidad de Bush y los suyos por meter la pata cada vez más a fondo, por ejemplo en Irak. Pueden echar un vistazo a la última y genial idea :
armas a milicias suníes en Irak para que se enfrenten a Al Qaeda, uno de esos operativos para fomentar la guerra civil que, al parecer, ya se está experimentando en Líbano. Incluso en su propio país se están dando cuenta de que George Bush es un desastre ambulante y eso le costó a los republicanos, ya hace bastante meses, perder la mayoría en el Congreso. Y el último proyecto legislativo del presidente, la ley de inmigración, acaba de ser tumbada por el Senado: ese es el panorama que el espera a su regreso del triunfal viaje por Europa.






Y continíua el periplo: en Varsovia, incluso Bush no puede evitar un gesto de desconcierto. Mandatarios gemelos, "Teletubbies" homosexuales... ¿Seguro que los misiles deben estar situados aquí?








No falta quien opine (y no desde periódicos de la más rancia derecha, precisamente) que Putin está utilizando el asunto del escudo antimisiles para dividir a los europeos. Eso podría tener su lógica si fuera Putin quien anda dando la brasa por aquí y por allá para instalar el tinglado en Polonia y Chequia. Pero es que resulta ser George Bush quien ha impulsado esta copia encogida de la gloriosa “Guerra de las Galaxias”, aquel enorme y exitoso engaño imaginado por su antecesor Ronald Reagan. No harto con armar un trágico e innecesario lío en Irak y Medio Oriente, pretende complicarnos la vida para disimular lo mal que se le da la política exterior y relativizar los éxitos de los demás. Por lo tanto, nos ponen el carro delante de los caballos y aplaudimos. El amigo americano nos da una patada en el culo y nosotros damos las gracias, parafraseando a Tristan Tzara, el poeta y fundador del dadaísmo.

No sabemos si el dichoso escudo antimisiles llegará a ser instalado algún día; pero de momento, apunta a Europa, no lo duden. Ni hacia Irán, ni hacia Rusia, y menos aún Corea del Norte: somos nosotros sus objetivos. Porque una de sus funciones principales es desunir estratégicamente a los europeos impidiéndoles múltiples y provechosas formas de acercamiento a Rusia, que forma parte del mismo continente. Y eso le interesa a los Estados Unidos de América. El día en que Europa logre algún acuerdo sólido y a largo plazo con Rusia (no necesariamente el ingreso en la UE, algo que de momento resulta impensable), tendrá muy pocos rivales económicos a escala mundial. En realidad, puede ser la forma de consolidar definitivamente la integración, incluso a escala política y convertir a la Unión Europea en una superpotencia con política exterior propia y coherente a la vanguardia de las conquistas sociales y las formulaciones políticas más progresistas e innovadoras. Y por supuesto, ese será el momento en que Europa pueda influir más provechosamente en Rusia, conjurando con éxito cualquier asomo de tentaciones autocráticas y contribuyendo a la modernización social del país-continente. Pero nada de eso será posible mientras Bruselas no logre meter en cintura a miembros como Polonia, Estonia o Lituania, que fuerzan por su cuenta y en beneficio exclusivamente propio, fricciones y crisis con las potencias de la periferia europea, y se convierten motu propio en excelentes peones de Washington.


















Más sonrisas a medias del americano, esta vez en Tirana. No es de extrañar, ante la mueca casi feroz del turbulento Sali Berisha. Se cumplen diez años de las estafas piramidales en Albania, 1997. Por entonces, el actual primer ministro era presidente



La UE está desunida a priori, y Bush fuerza sus contradicciones. Y si cabe alguna duda, vean los destinos de su periplo una vez concluida la reunión del G-8. En Italia anunció el objetivo de la ronda: presionar por la independencia de Kosovo, anunciar a diestro y siniestro que Washington va a secundar activamente el Plan Ahtisaari si este se impone, o reconocer la soberanía de la provincia si ésta es proclamada unilateralmente por los albaneses. Sabedor de los problemas que eso puede generar en el entorno cercano de Kosovo, visita Italia, Albania y, cómo no, Bulgaria. Estos dos últimos son países en los que se admira sin límites a los americanos, tanto que, como dice irónicamente un diplomático español, buen conocedor de la zona, podrían optar por pedir el ingreso en los Estados Unidos de América “y así nos dejarían en paz a los europeos”. No sería mala idea, porque tanta devoción filoamericana no les ha reportado precisamente grandes beneficios a los primos del Este: normalmente, quien paga las facturas de los créditos estructurales, quién contribuye a estabilizar sus economías, o quien les tapa sus pecadillos debajo de la alfombra es la mitad rica de Europa. Es cierto que también se buscan allí beneficios, pero si esos países tuvieran que despertar el interés de los inversores norteamericanos por su cuenta y riesgo, necesitarían hacer un esfuerzo más imaginativo que el de las rendidas pancartas de bienvenida a Bush.

Como se apuntaba más arriba, el trapicheo del presidente norteamericano con el asunto de Kosovo es un verdadero abuso que, una vez más, no parece estar generando apenas reacciones de la prensa europea. Bush ha ido a tranquilizar a los italianos (y a proclamar allí mismo la idea de lo que quiere) a reconfortar a los albaneses y a prevenir a los búlgaros, pues sabe perfectamente que un Kosovo independiente puede terminar rebajándole una buena tajada a Macedonia, y es un país que sus vecinos orientales consideran una mera provincia propia que habla un dialecto del búlgaro. El presidente norteamericano ha hecho todo esto para tocarle las narices a Rusia: no funcionó del todo bien el asunto del escudo de misiles (Putin le sorprendió visiblemente con su propuesta sobre la base de Gabala, en Azerbayán) pero Bush ya ha proclamado a los cuatro vientos que de nada le servirá a los Moscú oponerse a la proclamación de la independencia de Kosovo en el Consejo de Seguridad.
















Final del rodeo: el presidente Parvanov no es de los más entusiasmados con el apretón de manos. Sabe la que se le viene encima con la indepedencia de Kosovo


Visto lo cual tampoco sería una mala solución en relación a las consecuencias legales, políticas y diplomáticas que tendría el reconocimiento por la ONU de la soberanía de una provincia desgajada de un estado soberano. Si va a ser uno de los presidentes más nefastos que han tenido los Estados Unidos el que se encargue de la explosiva tarea, mejor que mejor. Tendría su gracia que algunos de los más célebres luchadores del soberanismo a destiempo en el viejo continente se vieran obligados a ir a Washington a fin de pedir respaldo para sus proyectos al amigo americano. Aunque, vistos los enjuagues y líos que se traen los americanos por Oriente Medio y Líbano, haciendo juegos de trileros con los nuevos enemigos, las viejas amenazas y las armas de destrucción masiva inexistentes, se admite cualquier apuesta: hagan juego.

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