Patriotismos y espejismos

Un niño sostiene en alto un cartel del PIS durante al reciente campaña electoral en Polonia. El nacionalismo polaco ultra de raíz católica, es heredero del que alumbró Solidaridad en los años 80 y fue fervorosamente aplaudido y sostenido desde Occidente
A continuación, artículo enviado a "El País" el pasado 29 de agosto y rechazado formalmente el pasado 11 de octubre. Justificación oficial ofrecida: con el advenimiento del nuevo formato del periódico (ya saben, recuerden ese anuncio tan relamido de la tele en el que aparece una especie de Roncagliolo paseándose por ciudades del mundo y haciendo rimas alocadas y supuestamente trascendentes en plan: "La perra, Camberra, discursos de Guerra, Alfonso, ¡qué sonso!, un chiste de Moncho... Borrajo, carajo, currele a destajo: ¡la sopa de ajo!" ) el periódico ha decidido "vaciar nevera" y hacer tabla rasa. ¿Ustedes se lo creerían? Bueno, aceptemos pulpo como animal de compañía, tal como se decía en aquel popular anuncio televisivo. Dentro de unas horas, si nos recuperamos de la conmoción nacional que supondrá el nuevo formato del rotatico ya con el acento en el título, podremos entrever lo sucesido. Quizá. Como reza la impresentable sintaxis a base de dos infinitivos que ha ideado su publicitario: "Querer saber". Ok, Tarzán.
[Adenda a 25 de octubre: Convenientemente reducido a 5.700 caracteres, con algunas actualizaciones y un título diferente, la pieza fue publicada por el nuevo cotidiano "Público" a día de hoy, espacio: "Dominio público", en edición de esa misma fecha, pag. 12]
Jaroslaw Kaczynski en un mitin ante el logo de su partido, el PIS, que incluye el águila heráldica de Polonia con la corona
Patriotismos y espejismos: de Polonia a Kosovo
A mediados de los 80, los brotes de nacionalismo en Europa oriental tenían ya unos cuantos años. Se puede decir que todo comenzó de forma muy clara con el nacionalismo de raíz católica reactivado en torno al sindicato Solidaridad en Polonia desde 1980. Procesiones con popes o el dramático periplo de los restos del príncipe Lazar que se vivieron en Serbia en la segunda mitad de esa misma época, tuvieron de hecho su precedente y equivalente en las emotivas misas y confesiones públicas celebradas en los astilleros de Gdansk o las peregrinaciones al santuario de Częstochowa. Los medios de comunicación occidentales se extasiaron ante la resurrección de la catolicidad anticomunista, símbolo eterno del nacionalismo polaco, y se mofaron de la ortodoxia balcánica convertida en bandera del nuevo nacionalismo serbio. Pero en realidad formaban parte de un mismo discurso político, de la misma generación, de un área geográfica similar y de unas circunstancias históricas muy parecidas.
De ese ambiente surgió un agresivo nacionalismo y de él son hijos los gemelos Kaczynski, que tantos quebraderos de cabeza vienen dando a Bruselas desde hace meses. Por fin en crisis, es deseable que esa especie de extraña experiencia onírico-política desaparezca; pero posiblemente el nacionalismo polaco seguirá presionando en un futuro. Ahí estaba ya, hace tres años, en los duros momentos finales de la negociación con Bruselas para el acceso de Polonia a la Unión Europea, bajo la presidencia de Aleksander Kwasnieski y el gobierno del socialdemócrata Miller. Es natural que sea así, porque una parte considerable de los polacos están desconcertados. La Polonia surgida de la Segunda Guerra Mundial, renació con unas nuevas fronteras que le supusieron destacados beneficios: una costa con puertos para desarrollar el comercio marítimo y el negocio de los astilleros. Antiguas regiones alemanas, que aportaron infraestructuras, minas y materias primas; incluso una porción importante de Prusia Oriental, corazón de lo más germánico del derrotado vecino. ¿Quién garantizaba esas fronteras? La Unión Soviética. Cuando esa potencia desapareció, todo descansó en la buena voluntad alemana de no volver a abrir viejas heridas. Pero ¿cuánto perdurará tal actitud?¿Dependerá de que Polonia juegue un papel subordinado en el seno de la Unión Europea?

El primer ministro socialdemócrata Leszek Miller en un momento de cordialidad con el entonces canciller alemán Gerhard Schröder. A pesar de la aparente distensión, el gobierno polaco demostró ser un duro negociador ante Bruselas. Y desde luego, sobre las relaciones germano-polacas continúan planeando las nubes negras del pasado
Este tipo de temores son muy delicadas y en la mitad occidental del continente las rehuimos. Pero no son ajenas a la cultura nacionalista de países como Polonia. Y por si faltara algo, el país debe depender más si cabe de Alemania y la UE ante una Rusia que parece estar recuperando su estatus de potencia amenazadora. Por lo tanto, a Polonia han regresado las viejas pesadillas de comienzos del siglo pasado, la vetusta idea de que el país tiene el trágico destino histórico de estar situado entre rusos y alemanes. No es de extrañar que se vuelvan desesperadamente hacia los Estados Unidos, dispuestos a acoger cualquier proyecto estrafalario de un presidente Bush en caída libre, pero que no renuncia a agitar las aguas de la “Vieja Europa” haciendo lo único que sabe: inventarse peligros de destrucción masiva.
Dentro de la misma lógica dominante basada en espejismos y veteranos fantasmas, también es comprensible que tanto serbios como albaneses estén desconcertados y crean que no es tiempo de olvidarse de las histerias nacionalistas. Hace algunos años, Ralf Dahrendorf dio unas declaraciones a este mismo periódico en las que, refiriéndose a los Balcanes, dijo que los occidentales “no sabemos lo que queremos”. Llevaba razón: en nombre del oportunismo, del desconcierto ante el chantaje, del doble rasero y del manejo temerario de ideas trasnochadas sobre supuestos derechos nacionales, propugnamos la desmembración de Yugoslavia porque los diversos pueblos “no podían convivir entre sí”. Eso fue en 1991; en cambio, durante los cuatro años siguientes, las potencias occidentales involucradas en la guerra de Bosnia se esforzaron por mantener unidos en dicha república a serbios, bosníacos y croatas, y de hecho dieron luz verde a una especie de mini Yugoslavia en 1995. En 1999 intervinieron en Kosovo porque albaneses y serbios no podían coexistir, y apenas intentaban repetir la experiencia federal puesta en marcha en Bosnia. En cambio, sí que impusieron la unidad de Macedonia cuando los albaneses de esa república se sublevaron con un claro programa de autodeterminación, en la guerra de 2001.

El filósofo Ralf Dahrendorf. "El País" publicó sus interesantes declaraciones sobre los Balcanes el 5 de octubre de 1998, pero sin darles mucho espacio ni relevancia. Nunca volvió a hacerlo
Ahora, la misma ONU ha lanzado un plan para respaldar una “independencia tutelada” de Kosovo, que desde el primer día no gustó ni a los nacionalistas serbios ni a los albaneses. Rusia, que durante la guerra de 1999 experimentó en Kosovo una humillación diplomática busca resarcirse y ha forzado la continuación de unas negociaciones entre serbios y albaneses tuteladas por las grandes potencias. Pero a estas alturas ya casi todo es inútil: ningún bando parece aceptar nada que no sea la imposición en bloque de sus respectivas opciones, basadas más en consideraciones emocionales que prácticas. De nuevo, como desde hace dos siglos, serbios y albaneses intentan conseguir sus objetivos presionando a sus importantes padrinos, sin importarles que a estas alturas la cuestión de Kosovo es un asunto especialmente molesto para casi todas las potencia intervinientes, a excepción de los Estados Unidos.
Y más que nadie, para la misma ONU. Si realmente impone la soberanía de la región añadirá un clavo más a su propio ataúd, después de los fallos garrafales cometidos en las crisis de los noventa, desde la debacle de Somalia al genocidio de Ruanda (1994) y la mala gestión de la guerra en Bosnia o la incapacidad de hacer nada por salvar a Irak. Por eso Bush está tan empeñado en la independencia kosovar: sabe que con el Plan Ahtisaari la ONU crea un precedente insólito al conceder la soberanía a un territorio que anteriormente pertenecía a un estado, contraviniendo su propia resolución 1244 de 1999 en la que no se hablaba de independencia, sino de una autonomía sustancial.

Martty Ahtisaari: su plan sobre Kosovo es una carga de profundidad para la ONU. Debido a ello y a que Rusia vetaría su aplicación en el Consejo de Seguridad, la UE será la encargada de aplicarlo; o eso parece que va a suceder en diciembre
Pero si es la Unión Europea la obligada a alumbrar el parto, se encontrará ante la tesitura de apoyar la independencia de un nuevo estado nación de corte decimonónico, cuando la filosofía del proceso de integración va por el camino opuesto. Por lo tanto, se está dando un enorme rodeo para montar un tinglado que dentro de un tiempo deberá desmontarse de una u otra forma. Primero, porque al día siguiente de su independencia, Kosovo será lo que en términos diplomáticos se denomina un “estado fallido”: una administración deficiente, incapacidad de hacer cumplir las leyes, carencia de un sistema fiscal eficaz, serios problemas para gestionar la economía y muy poco atractivo para la inversión exterior. ¿Qué ocurrirá a continuación? Muy posiblemente, las inversiones las harán los vecinos directamente interesados en controlar al nuevo estado, y quizás en esa operación descuelle Serbia, apoyada financieramente por Rusia. Como contrapartida, y dado que el poder de la UE como generadora de ayudas y subsidios tiende a menguar, Kosovo no se va a poder beneficiar de un apoyo a largo plazo desde ese lado, ni siquiera si termina integrándose de aquí a una década.
Por otra parte, si la soberanía de Kosovo respaldada por la ONU tenderá a vaciar de contenido a esa institución, lo mismo ocurrirá con la UE, en mayor o menor medida. A ojos de algunos países miembros podría sugerirles que formar parte del club no es garantía para verse arrinconados frente a la política de los hechos consumados bajo el pretexto de mantener la “solidaridad comunitaria”, una vez que algunos países ya han montado la operación que deseaban consumar. Y volvemos a Polonia y sus miedos; pero también a los de Rumania, Bulgaria, Hungría y, en general, casi todos los nuevos socios del Este. Etiquetas: Bulgaria, Hungría, Kaczynski, Kosovo, ONU, plan de Ahtisaari, Polonia, proceso de integración en la UE, Rumania, Serbia, Solidaridad, Unión Europea
301 x 700.000

Fotomontaje sobre la imagen de Kemal Atatürk, el fundador de la República de Turquía e indiscutido padre de la patria.
El pasado 7 de marzo, muchas publicaciones electrónicas repitieron la noticia, con escasa variantes. Venía a decir que “Turquía” había bloqueado YouTube a causa de un vídeo publicado por esta "popular página". Al parecer, la pieza había sido editada por un griego –al menos en un caso se escribió “un egipcio”- y se mofaba de Kemal Atatük y los turcos en general llamándoles homosexuales, con ánimo de insultar, es decir: maricones, bujarras, sarasas.
Como reacción, un fiscal turco recomendó el bloqueo de la página de vídeos YouTube, lo que no dudó en sentenciar un juzgado de ese país. La empresa Türk Telecom –que estuvo a punto de adquirir Teléfonica de España hace un par de años- acató la decisión e impidió el acceso a esa dirección. Las crónicas repetían que, a partir de entonces, los internautas turcos se encontraban en sus pantallas con un aviso en el que se podía leer: "¡El acceso a este sitio ha sido bloqueado por una decisión judicial!". Y se añadía, en turco y en inglés: "El acceso a www.youtube.com ha sido suspendido conforme a la decisión nº 2007/384 del Primer Tribunal Criminal de Paz de Estambul".
Hasta aquí la noticia en toda su desnudez. La mayoría de las publicaciones que la citaban, incluían un tono que iba del asombro a la velada indignación. Se venía a considerar que la reacción había sido desproporcionada, escasamente cool, y por lo tanto, lamentablemente anticuada. El tonillo se remataba con referencias a “las leyes del país”, que incluyen penas contra quien insulte a Kemal Atatürk, fundador de la República, o al ya célebre Artículo 301 del Código Penal, que castiga como delito el agravio contra el sentimiento nacional turco. En apariencia todo está dicho, la noticia “habla por sí sola” y no cabe más. En realidad, es justamente al revés: da para mucho comentario, caso de que salgamos de la trillada praxis de los medios de comunicación basada en la repetición incuestionada de la noticia, tono original incluido, sin ampliar el enfoque más allá de unos escasos centímetros.


Kemal Atatürk bajo el logo de YouTube y una imagen al parecer intolerable: la que vieron muchos internautas turcos cuando quisieron acceder a la página de videos, bloqueada por decisión judicial
De entrada y como es habitual, casi ninguna publicación nos explicó lo ocurrido a continuación. Para una inmensa mayoría de los lectores los turcos se han quedado para siempre sin YouTube por causa de la sentencia de un tribunal de trogloditas. Sin embargo, la realidad es que a las pocas horas el acceso a la “popular-página-de-vídeos” volvió a quedar expedito. Al menos en la red y entre las publicaciones en español, sólo “The Inquirer” (sábado 10 de marzo) se dignó explicar que “YouTube anunció rápidamente que había quitado el vídeo de su página. Se disculpó diciendo que `está trabajando a conciencia para prevenir la publicación de ese tipo de vídeos en su página´”.
Es decir: hemos asistido a uno más de los múltiples problemas e incidentes protagonizados por YouTube en los últimos tiempos. De hecho, en “20minutos.es”, tras publicar la noticia referida a Turquía, se añadía un enlace hacia otra crónica titulada: “Los narcotraficantes mexicanos trasladan su guerra a YouTube”. Al parecer, las bandas de narcos habían colgado en la popular-página una serie de vídeos en los que reproducían ejecuciones y ajustes de cuentas en plan de jocosa mofa. En la crónica de “20minutos.es” puede leerse: “Una de las grabaciones de video más veces vista en el sitio muestra a un hombre cuando recibe un disparo en la cabeza. Otra serie de repulsivas imágenes muestran la ejecución de otra víctima, con la mitad del rostro destrozada.” La pieza incluye uno de los vídeos como muestra, aunque cuando el lector intenta activarlo un anuncio en inglés nos dice que ya no está disponible. En efecto, YouTube retiró ese material.
Es fácil comprobar que en YouTube se intenta ejercer un cierto control sobre los vídeos que cuelgan los usuarios. Por ejemplo, se elimina la pornografía. No parece que se practique la misma pronta censura sobre las imágenes violentas, pero aún así, el material explícito suele retirarse en un plazo más o menos corto. Otra cosa son los ataques contra personas e instituciones o la apología del ultranacionalismo e incluso la violencia, como puede comprobar, por ejemplo, cualquier usuario que se dedique a recuperar vídeos referidos a las guerras de Yugoslavia. También resulta fácil encontrar material como el célebre "Dirty Kuffar", con el rapero armado de pistola y Corán que hace apología de Al Qaeda y la guerrilla chechena. Pero como es ya todo un clásico repetido en numerosos portales de internet, no causa mayor impacto que YouTube lo conserve.

El rapero islamista, en una mano la pistola, en la otra el Corán, canta contra el "sucio infiel", con acompañamiento de imágenes de la guerra santa, algunas tan crudas como la ejecución de un prisionero ruso en Chechenia. "Dirty kuffar" es un vídeo que al parecer fue editado por musulmanes británicos hace unos tres años
En cambio, no ofrece resultados la búsqueda de material injurioso o vejatorio contra la Casa Real española o políticos de ese país, como pudieran ser ciertos vídeos que, se rumoreaba hace años, existían sobre el Rey de España en situaciones comprometidas. Y tras él, políticos y periodistas, cómo no. ¿Quién no recuerda aquel en el que, se decía, “actuaba” cierta celebridad de nuestras letras diarias? Pero no, no hay nada de eso. A día de hoy, tampoco se encuentra ninguna pieza que haga apología de ETA, que las hay corriendo por ahí, y no son pocas; pero no en YouTube. En cambio, el internauta curioso sí que puede partirse la caja con las aventuras de McGyver en el País Vasco, liberando a una turista americana secuestrada por los activistas de ETA (definidos como “montañeros vascos que desde tiempos inmemoriales han estado luchando contra Francia o España”). Mientras McGyver deambula por el campamento de los “freedom fighters” [¿?] estos realizan unos ridículos ejercicios gimnásticos con la chapela calada y alguien, de fondo, entona "Granada" con voz de tenor. Y no se refiera a ninguna bomba de mano, no: se trata de la pieza compuesta en 1932 por el mejicano Agustín Lara, que al director de la serie se le debió antojar algo muy apropiado como himno de los vascos insurgentes en sustitución del "Eusko Gudariak".
La pregunta del millón es qué ocurriría si a alguien le diera por realizar un montaje lo suficientemente agresivo sobre alguno de esos asuntos (o todos a la vez) y a continuación lo colgara en YouTube. ¿Intervendrían las autoridades?¿Acaso no ha sucedido ya? Si ustedes entran en Google e introducen (por ejemplo) los parámetros de búsqueda “YouTube + denuncia” se encontrarán con unas cuantas noticias: “Viacom denuncia a YouTube”, “La cadena Fox demanda a YouTube por colgar ilegalmente capítulos de 'Los Simpsons' y '24'”, “Universal Tube denuncia a YouTube”, y… ¡“La justicia de Brasil contra YouTube”! Según explicaba el diario argentino “Clarín” el 7 de enero pasado, la ex exposa del futbolista Ronaldo interpuso una demanda que derivó en fallo de un tribunal brasileño que ordenó bloquear YouTube porque “el portal no retiró un video que muestra a la modelo Daniela Cicarelli, ex esposa de Ronaldo, en la playa junto a otro hombre”. En realidad, la demanda iba dirigida contra la Cadena O Globo, el portal IG y YouTube, pero mientras los dos primeros retiraron el material, el tercero no lo hizo. Por lo tanto, la orden de tribunal determinó el “bloqueo de los internautas brasileños hasta que la empresa retire el vídeo”. El ministerio público no pudo ir más allá por considerar que le ejecución de la sentencia era técnicamente impracticable.
Por lo tanto, al tribunal brasileño la jugada le salió mal, y al turco mucho mejor, demostrando que sí puede ser practicable un bloqueo contra YouTube, a lo cual la popular-página ha respondido con solícita prontitud (parece que no le hicieron el mismo caso, inicialmente, al justicia brasileña). No ha habido más consecuencias, ni se sabe de ningún suicidio por parte de algún internauta incapacitado de acceder a YouTube durante algunas horas.

Una imagen que se está convirtiendo en una pesadilla para Bruselas: Lech Kaczynski como gran caudillo purificador
Sinceramente, algunas cosas resultan difíciles de entender. ¿Por qué YouTube, una web de vídeos básicamente caseros, que acaba de cumplir dos años de vida, ha de ser una entidad intocable? Se le suponen excelentes intenciones a Chad Hurley, Steve Chen y Jawed Karim los creadores e impulsores de la idea. Pero es fácil comprender que, como otras empresas de la era global, existen gigantescas lagunas en las mil y una legislaciones internacionales que pueden afectar a la difusión de la red. Es lógico que se produzcan todo tipo de conflictos. Según los países y las culturas, las alegaciones de unos pueden resultar ridículas o insuficientes a los otros, pero eso no es sino reflejo de una deficiente adaptación a la nueva cultura global. Y eso va por todos, incluso columnistas como Michael Cognato de "Foreing Policy" cargados de santa y pomposa "razón".
Puede parecer excesivo el culto a Kemal Atatürk en Turquía; y objetivamente, en función de parámetros modernos, no hay nada extraño en considerarlo así. Pero es cierto que una buena parte de la población turca le profesa un afecto sincero a esa figura histórica; y en cualquier caso, la última palabra le corresponde a la ley de un país democrático. ¿Debemos entender que es más democrática la libre emisión de un vídeo que utiliza la homosexualidad como insulto (¡en la Europa de 2007!) contra una figura histórica y todo un pueblo? El incidente se puede interpretar de muchas maneras, pero una de ellas, y bastante positiva, podría ser que los turcos han sentado un precedente que a lo mejor nos ahorra, a todos, mayores males en el futuro. Lo malo es que el problema no son realmente Kemal Atatürk, ni YouTube, ni Ronaldo, ni su ex, sino el empeño en sacar a relucir cualquier bobada relativa a las actitudes “poco europeas” o “modernas “de Turquía. ¿Cómo puede ser que los turcos prefieran a "su" anticuado Atatürk sobre la deliciosa modernidad occidental de YouTube? Intolerable.

Jaroslaw Kaczynski travestido como Gran Dictador, en reciente fotomontaje
Regresemos a la crónica de “The Inquirer” mencionada al inicio del post. Éste site de aguerrido nombre anglosajón, se anuncia con un teatral subtítulo: “Buscándole las cosquillas a los que mueven los hilos”. Qué risa. Pues bien, tras explicarnos que el conflicto de YouTube con los tribunales turcos había concluido con la retirada del video polémico y las disculpas de la popular-página, añade la siguiente coletilla: “No estaría mal que Turquía dijera algo parecido sobre el holocausto armenio”. ¿A qué viene esta chorrada? Posiblemente a que “The Inquirer” encarga la redacción de sus breves crónicas a becarios con ganas de mover los hilos y que también a ellos les hagan algunas cosquillas de vez en cuando.
Definitivamente, los informáticos metidos a comentaristas de la actualidad internacional no resultan muy serios, sobre todo si a continuación lees crónicas como la dedicada a los cepillos de dientes musicales de la firma Hasbro, gran novedad en los USA; aquella que celebra los 25 años de edad de los smileys, el que describe la moda Twitter (que nadie sabe para qué sirve) o uno en el que se explica seriamente que Windows puede llamar a tu domicilio si desactivas el centro de seguridad incluido en Vista. Pero lo más divertido es encontrar que sólo una semana antes de los impertinentes comentarios dedicados al conflicto turco, “The Inquirer” ya había publicado, a fecha 1º de marzo de 2007 que “un estado australiano prohíbe el uso de YouTube”. Se trata de Victoria del Sur, donde las autoridades han decidido prohibir el acceso al servicio YouTube en todos los ordenadores de sus escuelas, tras “la grabación que unos escolares realizaron de sí mismos abusando sexualmente y degradando a una joven con discapacidad intelectual”.

"Buenas noches y buena suerte", reciente film sobre la "caza de brujas" (G. Clooney, 2005) fue filmamdo en blanco y negro para subrayar una distancia temporal con respecto a nuestra época que parece haberse borrado con la puesta en marcha de la "ley de la lustración" en un país de la Unión Europea
Vistas las cosas con una mínima distancia, una buena parte del corpus de críticas elaborado contra la candidatura turca a la Unión Europea resulta ser tan infantil que cabe preguntarse si eso es todo, si no hay consideraciones de mayor enjundia. ¿De verdad no hay nada más consistente que el asunto del genocidio armenio de 1915 o el Artículo 301 del Código Penal? Ciertamente que el Artículo 301 es cuestionable, pero al fin y a la postre, las leyes más inocuas pueden ser devastadoras si se aplican con mala intención, y las más letales quedar desactivadas si no hay ánimo de utilizarlas. Y lo cierto es que los intentos de aplicar el 301 en Turquía por parte de juristas de ultraderecha no les ha dado demasiado resultado últimamente: hicieron mucho ruido, pero las denuncias se convirtieron en absoluciones y los que impulsaron la campaña quedaron muy en evidencia.
La obsesión por revisar el pasado, pedir disculpas a diestro y siniestro y poner en la picota a los presuntos culpables históricos de esto y aquello, tan de moda en estos tiempos, parece estar llevando a unos resultados inesperados: el sueño de la justicia espectáculo produce monstruos. Y tales son los Hermanos Patata en Polonia, que acaban de poner en marcha su “ley de la lustración”, en virtud de la cual, funcionarios, profesores y periodistas, nacidos antes de 1972, deberán confesar antes de dos meses si colaboraron con los servicios secretos del régimen comunista. Caso de que mientan, podrán ser despedidos o sancionados hasta con diez años de inhabilitación. La medida, una verdadera ordalía ultrapatriótica y anticomunista a gran escala, podría afectar a 700 u 800.000 personas, quizá más.
Este escándalo equivale de forma muy ajustada a aquello que estudiábamos en los libros de texto y que se denominaba “caza de brujas”, impulsada a partir de 1947 en los Estados Unidos por el senador católico Joe McCarthy apoyándose en el Comité de Actividades Antiamericanas. Año tras año este punto del temario de historia contemporánea se imparte en las aulas para asombro de los estudiantes: ¿Cómo pudo acontecer algo tan trágico y surrealista en un país que es cuna de las virtudes cívicas más democráticas del mundo? Pues algo así está pasando en el corazón de la Unión Europea, en pleno siglo XXI. Ahora se llaman hermanos Kaczynski, son católicos ultras y cuentan con Radio María y el Instituto de la Memoria Nacional. Y lo que se está llevando a cabo en Polonia viene a ser algo así como la aplicación masiva del artículo 301 turco sobre 700.000 personas, de una sola tacada. Puro ultranacionalismo apoyado por fundamentalismo religioso. ¿Podemos realmente criticar con tanta insistencia algunas actitudes turcas, desde la modélica Europa, cuando se permite que un bisoño miembro de la Unión cometa tales excesos históricos sin que, aparentemente, se pueda hacer nada por impedirlo?
Etiquetas: "caza de brujas", Artículo 301, Australia, Brasil, genocidio armenio, Kaczynski, proceso de integración en la UE, Turquía, YouTube
11-Milošević

Slobodan Milosevic llega a la prisión de Scheveningen en la noche del 28 de junio, 2001
Una superstición serbia dice que el día 28 de junio, día de San Vito (Vidovdan) suelen acaecer sucesos sorprendentes y muchas veces, infaustos. Esa fecha corresponde al día en que tuvo lugar la batalla de Kosovo Polje, en 1389, cuando los ejércitos serbios sufrieron la decisiva derrota ante las fuerzas otomanas conquistadoras de Murad I. Quizás el 11 de marzo empieza a competir con el 28 de junio, a la vista de la coincidencia entre un atentado terrorista de alcance internacional y la muerte de Slobodan Milošević, persoanlidad central en los conflictos del occidente balcánico a fines del siglo XX. Ha pasado ya un año desde ese suceso y nada nuevo parece haberse añadido a las sombrías sospechas sobre el suceso o al impacto que tuvo sobre el intento de construir una legalidad internacional centrada en Europa. A continuación se reproducen tres artículos firmados por el autor de este blog: dos de ellos publicados, el tercero sale ahora a la luz tras ser rechazado por "El País".
Muerte anunciada e inoportuna, "El Periódico", 12.03.2006
La muerte de Slobodan Milošević en su celda de La Haya fue una pesadilla anunciada para los cada vez más escasos profesionales de la jurisprudencia y la política que seguían su juicio con una mínima asiduidad. En efecto, el proceso contra el mandatario serbio era la joya de la corona de una nueva justicia internacional que ya quedó un tanto tocada cuando se permitió que Saddam Hussein fuera juzgado en Irak y no en La Haya. Además, muchos otros estadistas susceptibles de ser encausados, nunca fueron ni siquiera molestados. En el juicio de Milošević las pruebas no solían ser muy concluyentes y algunas acusaciones, como la de genocidio, resultaban indemostrables. Y sobre todo, la duración: el juicio estaba resultando larguísimo, interminable. Eso era restarle contundencia y sobre todo, propiciar que ocurriera lo que al final sucedió: la muerte del acusado.
El general Ratko Mladic. Cabe la posibilidad de que este personaje tuviera que ver en alguna medida con los sucesos que confluyeron en la muerte de Milosevic. E incluso en la de Babic
Por si todo ello no fuera suficiente, el suceso acaece a los pocos días de que Milan Babić fuera encontrado muerto en su celda, tras haber cometido suicidio. Éste reo había sido presidente de la fantasmagórica República Serbia de la Krajina, una entidad que había surgida en Croacia en los comienzos de la guerra, allá por el verano de 1991. No se entiende muy bien qué pudo inducir a Babić a suicidarse, porque de hecho terminó siendo una víctima de Milošević y estaba en La Haya para testificar en su contra. Pero el suceso recibió una muy escasa cobertura mediática: buena muestra del desinterés que genera la justicia internacional en la sociedad. Y quizá también entre los mismos responsables del juicio. ¿Cómo puede ser que logre suicidarse un prisionero en una celda de alta seguridad?¿Cómo no se controló más estrictamente la salud de Milošević, cuyos problemas cardiacos eran bien conocidos?
La dejadez, el hastío, revelan hasta qué punto el proceso contra el estadista serbio poseía un componente de espectáculo que falló desde el comienzo, cuando el mismo acusado demostró ser capaz de defenderse a sí mismo con inesperada eficacia. Y a partir de ahí, la suerte del resto de los reos serbios en el TPIY pasó a depender de complejas negociaciones sobre lo que debían o podían testificar en función de las conveniencias de la acusación contra Milošević. Muy posiblemente, la odisea de Radovan Karadžić y Ratko Mladić tuvo que ver con esto: resulta realmente muy extraño que no hayan sido capturados desde 1995 escondidos como están en países tan pequeños como Bosnia, Montenegro o Serbia, y estrechamente vigilados por los servicios de inteligencia occidentales. Precisamente, la muerte de Milošević acaece después de unos meses de tira y afloja sobre la posibilidad de que el general Mladić se entregara a la corte internacional; el último rumor desmentido, hace pocas semanas. El quid de la cuestión podría residir en que el testimonio del militar serbio, de triste memoria, no habría implicado a Milošević en la matanza de Srebrenica y otros crímenes de guerra similares. Otro gol para la acusación y un triunfo para la defensa del ex mandatario serbio, que se vería reflejado al final en una sentencia mucho más suave de la esperada.
Heather Cottin, miembro del comité norteamericano de apoyo a Milosevic, en una manifestación de apoyo al estadista ante el tribunal de La Haya. Las asociaciones internacionales que lo apoyaban solían estar integradas por militantes de la izquierda comunista radical
Explicado así, parece que la muerte de Slobodan Milošević haya sido bien oportuna. Sin que el juicio llegue a su culminación, pervivirá internacionalmente la imagen que se tenía de él en 2001, cuando fue detenido. Ciertamente que en Serbia no tardará en surgir un culto a su figura como mártir de la “injusticia internacional”. Pero eso también iba a suceder una vez fuera leída la sentencia. Y al fin y al cabo, bien poco peso internacional tiene la opinión pública serbia: que digan lo que quieran aquellos que lo llorarán, que ya son bien pocos. Pero quien piense así caerá en aquello del “pan para hoy y hambre para mañana”. Los juicios y suicidios de jerarcas nazis en Nuremberg, tras la Segunda Guerra Mundial, no son un precedente comparable, porque Alemania había quedado destruida y ocupada, y no contaba ya nada en la política internacional, ante unos vencedores unidos en el interés por erradicar el nazismo. No es el caso de los juicios contra los criminales de guerra en la ex Yugoslavia. Los procesos a estadistas han de ser preparados con una perfección técnica superior a la requerida por los reos de derecho común, porque normalmente, un ex presidente tiene recursos para defenderse que son superiores a los de un ratero o incluso un estafador. Entre otros, la posibilidad de desvelar datos muy delicados que pueden salpicar a estadistas de las grandes potencias. 
Un momento de relajación en pleno juicio ante el TPIY. Milosevic fue un político con una extrema confianza en sí mismo. No lo hizo mal como abogado, cuando actuó en su propia defensa.
Slobo: un epitafio político, "La Vanguardia", 12.03.2006
Los relatos que describen a Slobodan Milošević como una persona dotada de una enorme frialdad o una inteligencia diabólica son sólo un reflejo del sensacionalismo de ciertos medios. “Slobo” era un hombre notablemente común y corriente, parecido a los que podemos encontrar cerca de nosotros mismos, en nuestro trabajo, entre el vecindario, en el grupo de conocidos que frecuentamos habitualmente.
¿Qué fue entonces lo excepcional de Milošević, qué le proyectó de forma imparable hacia el poder? En primer lugar, una acentuada confianza en sí mismo, muy superior a la que cualquier persona tiene en sus capacidades. Eso terminaría siendo también su perdición, pues hasta el último momento creyó que lograría jugar contra el resto del mundo. Después, una desconcertante capacidad para ir combinando, según le convenía, las diferentes facetas de su personalidad. Una parte de ese componente provenía de su pasado como cargo importante en la Liga de los Comunistas de Yugoslavia: Slobo era un comunista y lo fue hasta el final. Pero a la vez, era un admirador de cierta imagen de eficacia occidental que se resumía a la perfección en los Estados Unidos. Milošević admiraba ese país, sobre todo a raíz de los viajes que hizo cuando estaba al cargo de un importante banco yugoslavo. Y eso se notó claramente durante las conversaciones de Dayton, en 1995. Por último, Slobo era además un serbio procedente de una oscura ciudad de provincias y en ocasiones también extrajo recursos de ahí, especialmente cara a los que le votaban o apoyaban en su país. La combinación de esos tres elementos de su personalidad hacían de él un político muy impredecible en su época, tanto para los extranjeros como para los mismos serbios.
Firma del Tratado de Paris, que concluyó la guerra de Bosnia, 1995. Fue uno de los momentos de mayor gloria de Milosevic, coronado como estadista internacional y personaje clave en las conversaciones de Dayton. A la derecha de Milosevic, Felipe González
Esos recursos le sirvieron para gobernar de forma autoritaria sin llegar a imponer un régimen totalitario. En efecto, Slobo no gobernó como un dictador; pura y simplemente no podía hacerlo, porque nunca dispuso de los medios para instaurar una dictadura. Entre el Ejército federal y él no existía la mutua confianza necesaria para dar un golpe conjunto o para que las fuerzas armadas colaboraran. Posiblemente se hubiera desencadenado una guerra civil entre serbios, y a eso no quería llegar nadie.
En consecuencia, Slobo hubo de echar mano de sus recursos, capacidades y un estilo propio que en parte recordaba su pasado de político formado en las conspiraciones de la Liga, pero también de su formación jurídica. En efecto, a veces gobernó como un abogado tramposo, logrando la proclamación de leyes que le convenían para forzar después su interpretación; o haciendo juegos malabares con los votos y los porcentajes. La derivación nefasta de todo ello fue su tendencia a métodos gangsteriles, como el recurso a "hombres para todo" capaces de organizar palizas o armar grupos paramilitares como los que actuaron en Bosnia. Pero nunca fue un hombre de uniformes fantasiosos, como el nacionalista Tudjman: Slobo era de traje y corbata, un líder de despacho al que no le hacía ninguna gracia visitar hospitales o provincias irredentas. Jugó a ser caudillo carismático, pero en cuanto pudo representó ese papel desde la televisión; las grandes tribunas al aire libre fueron una temprana excepción. En tal sentido, su forma de gobernar siempre estuvo hecha a base de reuniones cortas, preparadas de antemano y en las que no se discutía. Si alguien expresaba alguna disensión era convocado más tarde, a solas. El poder que ejercía Slobo no se ayudaba con ruidosas oficinas, activos grupos de trabajo y equipos de consejeros.
Corbata y americana bajo el calor: el célebre discurso de Milosevic en Gazimestan, Kosovo, 28 de junio de 1989
En realidad, nada de esto era tan específico de Milošević; tampoco estaba enraizado en la forma serbia de concebir la política, si es que existe tal cosa. En toda Europa del Este, a lo largo de la primera mitad del siglo XX, se sucedieron regímenes políticos similares al de Slobo, que algunos historiadores denominan "de democracia vigilada" o "congelación de la democracia". El parlamento continuaba funcionando, pero los partidos representaban cada vez menos a los ciudadanos, éstos veían sus derechos restringidos; la prensa seguía siendo independiente pero recibía duros golpes, el presidente o proto-dictador se imponía mediante subterfugios legales y políticos y, ocasionalmente, la fuerza bruta. Tal ocurrió en la Hungría o la Polonia del periodo de entreguerras.
Colección de sellos conmemorativos relativos al sindicato polaco Solidaridad. Los motivos religiosos hicieron causa común con las reivinidcaciones obreras y todo ello articuló la recuperación de un nacionalismo agresivamente anticomunista del que surgieron los actuales gemelos Kaczynski
Más cercanas en el tiempo, son las comparaciones entre el lenguaje político utilizado o instrumentalizado por Milosevic y el de su misma época. A mediados de los 80, los brotes de nacionalismo en Europa oriental -con toda la carga de "peligrosidad" que se le daba desde Occidente- tenían ya unos cuantos años. Se puede decir que todo comenzó de forma muy clara y explosiva con el nacionalismo de raíz católica reactivado en torno al sindicato Solidaridad en Polonia desde 1980. Procesiones con popes o el dramático periplo de los restos del príncipe Lazar que se vivieron en Serbia en la segunda mitad de esa misma época, tuvieron de hecho su precedente y equivalente en las emotivas misas y confesiones públicas celebradas en los astilleros de Gdansk, las peregrinaciones al santuario de Częstochowa o el delirio colectivo provocado por la visita del Papa Karol Wojtyla en junio de 1979. Los medios de comunicación occidentales se extasiaron ante la resurrección de la catolicidad anticomunista, símbolo eterno del nacionalismo polaco, y se mofaron de la ortodoxia balcánica convertida en bandera del nuevo nacionalismo serbio (y rumano o búlgaro). Pero en realidad formaban parte de un mismo discurso político.
Cuando en la primavera de 1987 Slobo dio su célebre discurso en Kosovo, las cosas habían evolucionado mucho en todo el Este. Por aquella época, recién comenzada la "perestroika" en la Unión Soviética, el desencanto con los regímenes comunistas estaba ampliamente extendido en toda la mitad oriental de Europa, entremezclado con las crisis económicas que se vivían en varios de ellos. En consecuencia, algunos líderes comunistas recurrieron a resucitar antiguas o nuevas consignas nacionalistas buscando movilizar a la ciudadanía o, al menos, un respaldo popular a las necesarias reformas que solían tener mucho de impopular. Desde occidente ese renacimiento del nacionalismo en el Este fue calificado de forma positiva o negativa según las circunstancias o las conveniencias, como había ocurrido con el nacionalismo de base católica a comienzos de los ochenta.
El dirigente comunista húngaro Imre Pozsgay recurrió al nacionalismo para reactivar el entusiasmo popular por el partido comunista, más o menos por la misma época en que Milosevic hacía lo mismo. Pozsgay agitó la situación de la minoría magiar en Transilvania y Milosevic la de los serbios en Kosovo.
En definitiva, Slobo no era un hombre tan alejado de su época ni de su contexto cultural; tampoco era ajeno al ambiente social en el que vivió y creció durante los primeros años de su carrera. Parece ser que incluso se sentía cómodo en el arrabal de bloques que era Novi Beograd, donde vivió nada más llegar a la capital.
Por lo tanto, el epitafio político y personal de Slobodan Milošević podría ser el siguiente: gobernó a la última Yugoslavia como si fuera una gran potencia internacional. Con la audacia, arrogancia y brutalidad con que los grandes estadistas manejan sus grandes estados todopoderosos. Pero resultó algo así como conducir un pequeño SEAT (o Zastava) 600 en los grandes circuitos de carreras, con aspiraciones a que hiciera el papel de un fórmula 1. Aún así, obtuvo resultados más allá de lo que cabría esperar. Pero fue perdiendo piezas por el camino y el desastre final, para Serbia, y para sí mismo, fue de considerables proporciones.
Una de las fotos más originales de Milosevic y en cierta manera, también una de las más representativas
La última pirueta del supervillano, rechazado por "El País"
El fallecimiento de Slobodan Milošević en su celda de la prisión de Scheveningen y el abrupto final del juicio que se seguía contra él en el Tribunal penal internacional de La Haya, han sido casi unánimemente calificados en la prensa europea como de serio inconveniente para lo que debería haber sido una nueva justicia internacional erigida sobre las ruinas del mundo bipolar de la Guerra Fría. Al margen de que el juicio estuviera mal o bien planteado, es innegable que las cosas en la prisión de Scheveningen no funcionaban como es debido. No resulta fácil justificar lo que parece flagrante negligencia que llevó al suicidio de dos detenidos: primero el de Slavko Dokmanović, y ahora, el de Milan Babić , pocos días antes de que falleciera Milošević, detalle revelador que se ha metido bajo la alfombra en una buena parte de los periódicos occidentales. Lo llamativo del caso Babić es que no se entienda la lógica que subyace al suceso, dado que terminó siendo una víctima de Milošević y como tal iba a declarar en contra de su antiguo protector. Pero la ingesta de medicinas no controladas por el ex presidente serbo-yugoslavo no puede disimularse fácilmente como rocambolesco complot por parte del fallecido: el asunto central es que, al parecer, nadie detectó la entrada de tales medicamentos en una prisión de alta seguridad, ni su ingesta reiterada por parte del reo más importante.

Milan Babic: los periódicos españoles, y entre ells "El País", pasaron de largo sobre su suicidio en la prisión de Scheveningen. Posiblemente, consideraron que no resultaba significativo el hecho de que tuviera lugar pocos días antes de la muerte de Milosevic. O quizá pensaron lo contrario.
Por lo tanto, intentar justificar moralmente que de una forma u otra, Milošević es el culpable de lo ocurrido, antes de saber lo que realmente ocurrió, viene a ser postura de beata colocando moralinas, lo cual, como mínimo, resulta poco útil para analizar lo sucedido y sus consecuencias reales. Aplaudir la pena de muerte por intercesión divina no es sino una forma de añorar su aplicación terrenal, sin tener el valor de pedirla. O sea: es ponerse a la altura de Milošević o de algunos de sus adversarios en las repúblicas vecinas, que sí la aplicaron. El tiempo dirá si el mandatario serbio estaba en situación física de planear rocambolescas fugas en la mejor tradición cinematográfica del género, lo cual tampoco disculparía en absoluto la relajada seguridad de la cárcel holandesa. Pero lo cierto es que su fallecimiento, incluso por las causas más naturales que imaginarse puedan, es una mala noticia para Europa, y así lo ha comentado la gran mayoría de la prensa del continente. Porque el Tribunal Internacional de La Haya es una institución de factura básicamente europea, y el varapalo que ha recibido no deja de ser un golpe más al prestigio de las instituciones continentales, en una época en la que éstas vienen siendo muy cuestionadas. El efecto negativo de lo ocurrido en Scheveningen se amplifica, si cabe, por el hecho de que desde Europa se ha criticado –y con razón- la formaen que más allá de nuestras costas se hace justicia en la lucha contra el terrorismo internacional. Por estos pagos, no podemos caer en tales errores; y mucho menos, intentar disimularlos con disculpas que a veces rondan la frivolidad o que traen ecos de un tipo de “complot balcánico” al que Milošević y los suyos eran tan aficionados.

Los expertos en jurisprudencia fueron muy críticos con Carla del Ponte y su estrategia en el proceso a Milosevic. Puede que su larga duración tuviera una influencia decisiva en el fallecimiento del reo, físicamente debilitado. Pero desde luego, la fiscal no supo prever que esa posibilidad pudiera tener lugar, lo que constituyó un golpe demoledor al intento de poner en marcha una justicia internacional. Y aún así, no dimitió: sigue siendo una de las escasas figuras del grupo inicial de juristas que continúa actuando en los procesos del TPIY
En cuanto a éste, ya ni siquiera es tema para juristas: ha pasado definitivamente al dominio de la historiografía. Y desde ese punto de vista es posible analizar la responsabilidad del sensacionalismo mediático y político en la agudización de un problema político. Podría denominársele la “teoría del supervillano”: al exagerar tanto la maldad de un determinado estadista, al marcar las tintas sobrepasando incluso las líneas editoriales y convertirlo en esperpento, la figura del supervillano se hace increíble para una parte importante del público consumidor. Ese efecto paradójico marcó casi toda la vida política de Milošević, e incluso las circunstancias de su muerte. Pero también parece haber tenido una gran responsabilidad en lo mal llevado que fue el juicio, con una fiscalía que se obcecó en probar infructuosamente la acusación por genocidio y en generar un monumental precedente histórico que se prolongó durante cuatro años. Milošević tuvo la habilidad de utilizar a su favor la desmesura del juicio, hasta el punto de que el pasado mes de diciembre él mismo rechazó la separación del proceso sobre Kosovo que hubiera supuesto una rápida sentencia en firme sobre una parte del total. El resultado es que, como señalan los expertos internacionales cercanos al TPI, el reo ha muerto sin poder probar su culpabilidad. Algo, que lógicamente, ha sentado muy mal a sus víctimas.
Una viñeta francesa, ciertamente grosera, pero muy descriptiva de lo que supuso la muerte de Milosevic para el TPIY
Por lo tanto y ahora que los únicos jueces de Milošević serán los historiadores, se impone desechar las consignas y recuperar cierto rigor en el análisis. Hace días, y tras equivocarse reiteradamente en la fecha en la cual Milošević viajó a Kosovo por primera vez, iniciando así su estrategia de apoyarse en el emergente nacionalismo serbio, un académico escribió en esta misma sección que era una “candorosa superstición” suponer que “desde 1986” –en realidad 1987- Milošević buscaba preservar el estado yugoslavo. ¿Todavía nos manejamos con artículos de fe? Han pasado casi veinte años: el dato se tiene o no se tiene, no es una cuestión de creencias o supersticiones. En definitiva, está fuera de lugar que sigamos luchando en guerras del pasado para justificar las torpezas del presente. Ya no podremos utilizar a Milošević para tapar el desastre que ha sido la justicia internacional; ni tampoco para echarle las culpas sobre la parálisis política, institucional y económica de Bosnia y Kosovo. Occidente ha de asumir su importante cuota de culpa en lo sucedido, sobre todo para enmendar los errores y construir un futuro viable para los afectados.
Etiquetas: Babic, Bosnia, Carla del Ponte, Hungría, Kaczynski, Kosovo, Milosevic, Polonia, Poszgay, Serbia, Solidaridad, TPIY, Transilvania, Wojtyla
La balada de los Rhythm & Blues

Ciudadanos rumanos celebrando la entrada de su país en la Unión Europea, la pasada Nochevieja
El presente post está basado en un artículo de próxima aparición en la revista "Capçalera" del Col·legi de Periodistes de Catalunya A fuerza de discutir sobre el binomio Rumania-Bulgaria durante las negociaciones de acceso a la Unión Europea se les acabó denominado “R & B” y alguien en Bruselas decidió llamarles los “Rhythm & Blues”. La broma tuvo tanto éxito, que en cierta ocasión un delegado búlgaro preguntó quejoso por qué ellos debían ser los “blues”, mientras los rumanos aportaban el “ritmo”. Esta desenfadada anécdota contrasta con la pomposidad que rodeó el ingreso de los miembros que accedieron a la UE en mayo de 2004. Por entonces, el evento conservó ecos de la trascendencia con la que se hablaba en 1990 de la “casa común europea” y de la deuda histórica hacia los países de la Europa central. Casi tres años más tarde, con la UE en plena crisis institucional, con duros debates sobre la conveniencia de continuar con el proceso de ampliación o no, y con molestos problemas planteados por nuevos socios como Polonia, Hungría o Chipre, la bienvenida a los “Rhythm & Blues” no ha sido entusiasta.

Un viejo automóvil "Dacia" (Renault 12 fabricado bajo licencia rumana en los años 70) cargado hasta los topes de productos agrícolas. Rumania es todavía un país marcadamente agrario con un bajo nivel de desarrollo rural. Fotografía procedente de Antena 3 Rumania
A lo largo del mes de enero, la prensa occidental se dedicó a debatir sobre la idoneidad económica de Rumania y Bulgaria: ¿Están realmente preparados para entrar en la UE? Las cifras macroeconómicas resultan inquietantes: ambos países están situados en la cola de Europa; aparentemente, Turquía está más preparada que estos dos para participar activamente en el proceso de integración europea. Pues aunque en el crecimiento de sus economías es acelerado (7,8% de Rumania y 6,3% de Bulgaria entre enero y noviembre de 2006) en realidad parece deberse a un incremento del consumo interior. Por otra parte, el gasto público se ha racionalizado con éxito: el déficit rumano es sólo del 2% y Bulgaria ha conseguido incluso un superávit fiscal del 3,5%, resultados ambos correspondientes al año 2006.
Por lo tanto, ambos países cumplen con las estipulaciones de Bruselas. Pero existen otros problemas bien conocidos. A escala de la microeconomía, los salarios siguen muy bajos, la producción continúa siendo de discutible calidad, el sector bancario aún es anticuado. La agricultura y la ganadería siguen poseyendo un papel proporcionalmente muy marcado en la economía: en torno al 20% del PIB en ambos países, abarcando al 23% del empleo en Bulgaria y hasta el 40% en Rumania, aunque el sector agropecuario sólo participa en un 12% de las exportaciones búlgaras y un 5% de las rumanas.
Pero el primer y principal problema en ambos países es el de la corrupción, que alcanza niveles preocupantes, tanto en el sector público como en el privado. Bruselas se muestra rigurosa y amenaza con cancelar pagos de fondos estructurales e incluso ayudas agrícolas si se sospecha de fraudes, irregularidades o corrupción. De entrada, sólo se va a entregar el 75% de los fondos europeos a lo largo del próximo trienio en espera de de que mejore la lucha contra la corrupción.
En medio de todo ello, la carga de ingenuidad que adorna las distorsiones sociales de estos países puede llegar a ser desarmante. Noticia del pasado 1 de febrero: Bill Gates viaja a Rumania para inaugurar un centro técnico mundial de Microsoft y en el discurso de agradecimiento, el presidente Traian Băsescu le explica al magnate de la informática, con toda la buena fe del mundo, que “la piratería del software de Microsoft ha ayudado a Rumania a construir una pujante industria tecnológica”. Gates, informan las crónicas, “no hizo comentarios”. Según los expertos, el 70% del software utilizado en Rumania es pirata. Para concluir, “el presidente rumano condecoró a Gates con la orden nacional de máximo prestigio, la Estrella de Rumanía en grado de comendador y destacó los valores de este empresario, como "el trabajo, el respeto a la ley y la responsabilidad social”.

Bill Gates, feliz tras haber sido condecorado con la "Estrella de Rumania" por el presidente Băsescu
Por supuesto, el futuro económico de los “Rhythm & Blues” es bien incierto: puede evolucionar mal -como está ocurriendo con Hungría- o con el tiempo despegar de forma imparable, como ha sucedido con miembros antaño pobres de la UE que han sabido aprovechar a fondo esa condición y han despegado de forma imparable: tal es el célebre caso de Irlanda, cuyo crecimiento económico ha sido espectacular en los últimos diez años. Todo dependerá, en buena medida, de cómo evolucione la estructura social y la situación política. En tal sentido, Rumania, que es un país sorprendente en muchos aspectos, debe hacer frente a problemas específicos, como por ejemplo, la exagerada tasa de emigración. Un fenómeno que en el caso de este país no parece estar en relación directa con su relativo nivel de pobreza, sino más bien con el hecho de que el emigrante es una figura de éxito social. Aparte de la fuga de cerebros y clases técnico-profesionales que acaban ejerciendo como trabajadores no profesionales en Occidente –y dos de cada tres científicos rumanos investigan y trabajan en el extranjero- la masiva emigración rumana ha propiciado que el país carece ya de suficiente mano de obra, lo que implica aceptar inmigración. De momento, la prensa rumana, muy “a la rumana” presenta el fenómeno como un posible negocio sólo apto para espabilados: exportar mano de obra cara e importarla barata. Pero lo cierto es que de momento las autoridades ya están dándole vueltas a la posibilidad de drenar población agraria muy pobre del campo a la ciudad (algo que recuerda alguno de los planes de Ceauşescu) y la forma de poner en marcha un programa de recuperación de emigrantes, a la manera de los que ya intentó Méjico o Polonia.
Ante esta situación, la prensa juega un papel social aún limitado en estos dos nuevos socios de la UE. En los últimos años, la calidad de los medias ha mejorado de forma notable. Hasta 1989 eran meros comparsas en manos de los regímenes comunistas. Broma común en Rumania era afirmar que el papel de la prensa consistía explicar por entregas "las aventuras del “haiduc” (bandolero) de Scorniceşti", pueblo natal de Nicolae Ceauşescu. La oferta de ocio era prácticamente inexistente, hasta el punto de que en Bucarest los rumanos solían pasarse por la Embajada búlgara para tomar nota de la programación de la televisión de ese país, porque a pesar de que el común de la gente no entendía nada de esa lengua eslava (el rumano es de raíz latina) al menos no incurrían en la reiteración sistemática del culto al líder y sus imágenes eran más entretenidas.
"Scînteia", órgano oficial del PCR en tiempos de Ceauşescu . Posiblemente, uno de los diarios más aburridos del mundo en su época
De esta uniformidad se pasó, en 1990, a la explosión de los medios de comunicación tras la caída del régimen comunista. Sólo los periódicos se contaban por decenas, algunos no pasaban del primer número. Se decía, de broma, que cada rumano equivalía potencialmente a un periódico. La calidad de tales medias era más que cuestionable. Su contenido no estaba controlado por ninguna agencia independiente, ni siquiera por los órganos de justicia, y solían incurrir fácilmente en la difamación o el mero artificio informativo, el puro invento. Incluso la tinta en la que estaban impresos desteñía en los dedos del lector. Hoy todo eso es ya historia. Los grandes rotativos, algunos de los cuales parecen haber tomado como modelo de formato la prensa italiana (sobre todo en Rumania), poseen una calidad reconocida y pueden ser consultados en internet.
Por otra parte, los diarios han ido dejando atrás un estilo especulativo poco profesional y en la actualidad se centran en informar detalladamente sobre cualquier asunto de la actualidad nacional o internacional por delicado que sea. De todas formas, uno de los problemas comunes a los medios de prensa búlgaros y rumanos tiene que ver con el hecho de que, aparentemente, todavía no son capaces de llevar a cabo periodismo de investigación serio, de envergadura y sobre todo, independiente. En un momento dado pueden producirse denuncias puntuales e irregularidades, pero no parece posible que, hoy por hoy, los medios de prensa sean capaces de destapar por su cuenta, por ejemplo, un affaire como el de los GAL en España. Y ello no es atribuible a la carencia de periodistas muy cualificados, que los hay y de gran calidad profesional. En parte podría deberse a que se trata de medios con escasa independencia, sujetos como están a la órbita de los grupos empresariales o incluso partidos relacionados con el poder. Por otra parte, investigar escándalos de corrupción o redes mafiosas puede ser todavía una actividad demasiado peligrosa en estos países. Y sin llegar a extremos tan dramáticos, juega también el hecho de que la política local posee un estilo muy personalista, de manera que en ocasiones una investigación sobre las actitudes de estadistas u hombres públicos puede desembocar en motivaciones pura y simplemente triviales.

Fotografía inusitada de la revolución rumana de diciembre, 1989
El problema sigue siendo que la prensa parece tener una limitada capacidad como agente de control social y político al servicio de la sociedad civil. En principio, la situación debería ser mejor en Bulgaria, donde al menos está más equilibrado el panorama político: existe una derecha pero también una izquierda con sus propios medios de comunicación. En Rumania, donde fue prohibido el Partido Comunista y en general la izquierda tradicional fue presentada de forma negativa por una buena parte de las nuevas autoridades y resaltado de forma un tanto histérica por la opinión pública, la capacidad equilibradora que podía haber ejercido esa parte del abanico político quedó muy cuestionada, incluso por los nuevos partidos definidos un tanto abusivamente como "socialdemócratas". Y sin embargo, incluso en Bulgaria han tenido que ser una serie de ONGs las que se han comprometido a investigar y controlar que antiguos agentes de los servicios de inteligencia y policía política del desaparecido régimen comunista no intenten ocupar cargos en Bruselas a partir de las inminentes elecciones al Parlamento Europeo.
En definitiva, el planteamiento informativo que se ha propuesto desde Occidente sobre los nuevos socios debería haber estado más centrado en aspectos políticos y mucho menos en los económicos, que son mejorables y en un lapso de tiempo más corto que los otros. En días pasados, la prensa rumana avisó del impacto negativo que estaba teniendo la crisis de gobierno que enfrentaba al presidente, Traian Băsescu y el primer ministro, Călin Popescu Tăriceanu, que podría minar las reformas en curso y ralentizar la lucha contra la corrupción. Y por supuesto, tales incidentes ponen en peligro la coalición de gobierno que forman el Partido Democrático (Băsescu) y el los liberales de Tăriceanu. A su vez, el FMI ha advertido del peligro que supone para las inversiones y la economía el peligro de desestabilización política en un momento tan delicado.
Pero las cosas van más allá. Con Rumania y Bulgaria han accedido a la UE un par de países que tienen problemas manifiestamente irredentistas, entre ellos y con otros socios comunitarios. Ahí están los viejos contenciosos entre por Transilvania (un conflicto húngaro-rumano) o el sur de la Dobrogea (entre Rumania y Bulgaria). Habrá que ver cómo aceptan los rumanos la libre circulación de ciudadanos comunitarios húngaros cuando lidian un sordo conflicto que dura décadas con su propia minoría magiar. Y desde luego, ni hablar con Sofia o Bucarest de una futura Europa federalizada. Todo esto es bastante nuevo para la UE y el impacto en sus estructuras puede ser impredecible. De momento ahí tenemos, por ejemplo, la creación de un grupo parlamentario de ultraderecha (Identidad-Tradición-Soberanía) en la Eurocámara, gracias a la llegada de cinco diputados del Partido Gran Rumania y el búlgaro de Ataka, Dimitar Stoyanov.

Situación imposible: En una localidad transilvana sin especificar, los locales del Partido Gran Rumania comparten edificio que sus archienemigos de la Unión Democrática Magiar de Rumania. Fotografía de Antena 3 Rumania
La ultraderecha en la UE: éste es un fenómeno en desarrollo ya conocido: ahí tenemos la Polonia de los “Hermanos Patata”, Lech y Jaroslaw Kaczynski; la Letonia de Andris Berzins o las de Aigars Kalvïtis, la del caso Smits; la Austria de Jörg Haider. Por lo tanto, no es impensable que algún día Vadim Tudor o Siderov llegaran a la presidencia de sus respectivos países, aunque desde Occidente no se entienda el éxito de unos histriones como estos, cuyos discursos, órganos de prensa y programas televisivos no son sino retahílas de ataques, insultos e inventos dirigidos contra todos aquellos que consideran enemigos y traidores a la patria. Pero el hecho de que hayan accedido a la Eurocámara les ha supuesto una nueva popularidad entre sus compatriotas. De repente han dejado de ser unos gritones provincianos, especialistas en contar chistes groseros y hacer reivindicaciones de una xenofobia estrambótica, pasando a ser considerados unosrespetables europarlamentarios con un abultado sueldo y prebendas de todo tipo. Según datos aportados por Judith Argila: “Ya han conseguido fuerza política, punto a favor. Y ahora, ¿qué? En primer lugar, tendrán los mismos derechos que el resto de partidos del parlamento en lo que concierne a tiempo de palabra en el hemiciclo, así que ganaran en visibilidad (a lo mejor son lo suficientemente radicales como para que logren que se hable más de la UE, quién sabe). Además, podrán enmendar textos y disponer de funcionarios, y… también empezaran a llenarse los bolsillos: calculan que percibirán en torno a un 30% más de lo que recibían como no inscritos, lo que supone cerca de un millón de euros suplementarios”. De momento, es de prever que los votantes rumanos y búlgaros se limiten a guardar la carta de la ultraderecha en la manga. Necesitan a Europa y muchos de ellos suponen, erróneamente, que la UE viene a ser algo así como una enorme ONG de auxilio caritativo. Por lo tanto, creen que Bruselas les ayudará y no votarán a quién quiera destruir el espíritu europeo. No obstante, si no reciben de la UE lo que ellos esperan, el desengaño les podría conducir a inclinarse por un voto más nacionalista con el fin de defender con más fuerza sus intereses en este tira y afloja que es la negociación en los foros comunitarios. Etiquetas: Basescu, Bulgaria, Ceauşescu, corrupción, Haider, inmigración, Kaczynski, proceso de integración en la UE, Rumania, Tariceanu, ultraderecha europea
NOTA: Acaparación genética del poder: galería de fotos
Desde Polonia llegan noticias de crisis política. Con muy pocos días de diferencia se produce una curiosa repetición de lo acontecido en Hungría: "Alguien" grabó en secreto un vídeo en el que se podía ver cómo Adam Lipinski, jefe político del gabinete del primer ministro Jarosław Kaczyński le ofrecía a una diputada de la oposición un alto cargo público a cambio de ingresar en el gobernante Partido Ley y Justicia. El vídeo se emitió por la cadena de televisión privada TVN y terminó de descoyuntar el panorama político polaco. La oposición ha forzado una moción para disolver el Sejm o parlamento, que se votará a partir del próximo 10 de octubre.
Esto podría ser el principio del fin para una de las experiencias políticas más bizarras de la historia contemporánea: la presidencia del estado y el gobierno acaparados por dos hermanos gemelos, Lech y Jarosław Kaczyński. El resultado ha sido una casi onírica galería de fotos en las que a veces resulta casi imposible distinguir al primer ministro del presidente.
ÚLTIMAS NOTICIAS [5 DE MARZO, 2007]: VARSOVIA (AFP) - Gracias a un simple juego los internautas polacos pueden intentar distinguir a los hermanos gemelos Lech y Jaroslaw Kaczynski, presidente de Polonia y primer ministro del país, respectivamente. El objetivo del juego es identificar correctamente 20 fotos donde figuran Lech y su hermano mayor por 45 minutos, Jaroslaw.
Titulado: "¿Sabes distinguir a los Kaczynski?", el juego está disponible en el sitio de internet: 'www.cda.pl/gry-online/3/kaczki.php'
El juego ha recibido la nota 7 sobre 10 en esta página 'web' especializada. "Contrariamente a lo que esperábamos, no es tan simple", remarcan sus autores. Los gemelos Kaczynski se parecen como dos gotas de agua, hasta el punto de que a menudo hasta sus colaboradores más cercanos les confunden. Los únicos puntos de diferencia están en que Lech tiene dos lunares, uno sobre la nariz y otro en su mejilla izquierda, y Jaroslaw tiene los ojos un poco menos redondos que su hermano.
Ambos juristas de formación, los hermanos Kaczynski entraron a la vez en la vida política uniéndose al movimiento anticomunista Solidaridad en los años 80.
"Polonia en español", lunes, 13 noviembre 2006
EL PARECIDO DE los hermanos Kaczynski, cuyo partido se llevó ayer un varapalo en las municipales polacas, ha traído consigo algunas cómicas confusiones. El Financial Times aseguró que el primer ministro polaco, Jaroslaw Kaczynski, estaba de visita en Londres para hablar con Tony Blair y visitar a la reina Isabel II.El problema es que… se trataba de Lech, su hermano gemelo. Lo mismo le ocurrió a un periodista de la BBC que, asumiendo que se trataba del primer ministro, le preguntó qué tal sus conversaciones militares con la canciller alemana, Angela Merkel. “Para ser exactos”, dijo su interlocutor, “fue mi hermano el que habló con Merkel. Aunque admito que nos parecemos”. Pero éste no fue el fin de los errores. Cuando le preguntaron por los inmigrantes polacos en Reino Unido, dijo que estaban indefensos al no hablar el idioma y que terminaban en la calle. Pero el intérprete tradujo mal y utilizó el calificativo feckless, ineficaces e irresponsables. Justo lo que estaban esperando los tabloides británicos, que lo llevaron al día siguiente a portada.






Etiquetas: Kaczynski, Polonia, Sejm, Solidaridad, ultraderecha europea