El Festival del Eurocontrol (4)

Angela Merkel en la Knesset, Jerusalen, 18 de marzo de 2008. El viaje y el gesto coincidían con una más activa política exterior comunitaria en Oriente Medio, ante los meses de vacío generados por el relevo en la Casa Blanca
Queda ya atrás en el tiempo el Festival de Eurovisión, pero continúa esplendoroso el discurrir del Festival del Eurocontrol. Por el camino, aquel ha servido para demostrar la supremacía de la fórmula esencial de éste. Es decir: por Eurovisión-Belgrado 2008 han desfilado dos grandes conceptos de planteamiento lírico: el que buscaba resaltar las bondades del propio hecho diferencial como intrínsecamente superior al de los demás, expresado ello con con mayor o menor intensidad y disimulo; y aquel que se atenía a las más estrictas leyes de la rentabilidad comercial. Sin embargo, todo el conjunto del festival depende en último término de una fórmula sincrética: la rentabilidad existente en cierta manera de concebir las políticas de supremacía europea.
La idea es elástica, incluso escurridiza, e históricamente ha sido práctica esencial en las políticas exteriores de varios estados europeos. Ahora se intenta aplicar como una proyección conjunta de la Unión Europea, aunque de hecho, los diferentes problemas se enfrentan en base al juego de intereses concretos por parte de grupos determinados de países miembros. Dado que el concepto básico de esta forma de actuar es al tanteo, resulta esencial no dar publicidad a las intenciones reales o los objetivos perseguidos –que no siempre están claros a priori. Ante todo, hay que evitar las confrontaciones internas, las reclamaciones, el debate. Se actúa, se prueba, se tantea la solución. Se evalúan los resultados, pero siempre sin levantar polvareda. Ante el fracaso, la experiencia se archiva y a veces hasta se tira la llave del cajón. Caso de que las cosas hayan salido aceptablemente bien, se continúa por el camino de los hechos consumados, y pocas veces se recurre a la publicidad.
Pesos y medidas: Bernard Kouchner (izquierda) saluda al presidente serbio Boris Tadic. Las declaraciones del ministro galo suelen dejar en evidencia la errática deriva de la política exterior francesa, pero eso no debe confundirse con la política del Eurocontrol
El lector puede encontrar un ejemplo en un artículo publicado hace un par de semanas por “The Economist” (15 de mayo) y titulado: “Balkan excepcionalism - What Serbia's election says about the European Union's enlargement”. El articulista comenzaba comentando el cacareo de algunos políticos comunitarios ante la pretendida “victoria del voto europeísta” en las recientes elecciones serbias. Destacaba, un vez más, la vana contundencia del ministro de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, según el cual “los serbios habían elegido Europa claramente”. El autor de la pieza se preguntaba cómo casaba la zanahoria presentada a los serbios durante las elecciones, con la propuesta francesa de apenas hace un año y pico, destinada a frenar la ampliación de la UE basándose en el resbaladizo concepto de la “capacidad de absorción” que defendía el mismo Sarkozy. Respuesta del autor:
“If enlargement is so unpopular, why do so many EU leaders want the credit for Serbia's vote for Europe? There are two, linked explanations. The first is that holding the door open to Balkan countries such as Croatia, Serbia, Macedonia and the rest does not imply support for enlargement in general—it is a specific strategy for preventing further instability in Europe's backyard. And the second is that enlargement mostly works like that”
Y por supuesto, porque la propuesta francesa, muy coyuntural, iba dirigida a frenar la integración de Turquía en la UE; pero el estilo populista de Sarkozy y los que lo apoyaban por entonces, pusieron el carro por delante de los caballos, al menos en relación a la praxis usual de la diplomacia comunitaria. Y fue precisamente esa tendencia a hablar demasiado la que ayudó a hundir el prestigio político de Sarkozy y Kouchner (éste mismo ya muy tocado para entonces).
En ese contexto, los medios de comunicación suelen contribuir a la perpetuación de las estrategias de Eurocontrol; en muchos casos porque, pura y simplemente, no lo conciben. La prensa suele imbuirse de la misma esencia de la cultura popular que transmite, y por ello asume ese tópico de que “no existe política exterior europea” –dado que no ven que actúe con una sola voz, como si fuera la de un único estado- o que ésta carece de imaginación o anda sobrada de rigidez. Y es cierto que existen muchas carencias y descoordinaciones, que no existe proyección militar exterior –eso es cosa de la OTAN y esa no es una alianza realmente europea- que Bruselas no obtiene resultados fulgurantes, que abundan los desajustes y los golpes bajos entre socios, que se confunde el lenguaje de madera con los resultados. Pero también se han producido pequeños y grandes prodigios de adaptación y con el tiempo ha ido surgiendo una diplomacia comunitaria que a escala de Eurovisión puede ser comparada con el estilo de algunas tonadillas triunfadoras años atrás: ligero europop, pegadizo, aparentemente banal, pero técnicamente bien construida y sobre todo rentable, muy rentable.
En la actualidad, la actitud de Bruselas con respecto a Turquía ha devenido caso de manual en la técnica del Eurocontrol comentada más arriba, incluyendo el papel ya tópico desempeñado por determinados medios de comunicación. Hace una semana, fui invitado por una productora de canal Cuatro de televisión, en Barcelona, para comentar el significado de lo que en apariencia constituía todo un éxito de la diplomacia turca en la intermediación entre Siria e Israel, especialmente en la espinosa cuestión de los Altos del Golán. Como ya se sabe, la mediación de Turquía en las conversaciones de paz sirio-israelíes fue acordada en febrero pasado por Olmert, y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdoğan. Hace unas semanas, el presidente sirio, Bachar Al Asad, reveló que Olmert le había ofrecido a través de Erdoğan la devolución del Golán -que Israel capturó en la Guerra de los Seis Días de 1967- a cambio de la paz entre sus respectivos países.

Oficiales israelíes en los altos del Golan. Es pieza clave en las negociaciones entre Damasco y Jerusalén
El pasado 21 de mayo, Israel y Siria anunciaron que habían comenzado negociaciones indirectas de paz auspiciadas por Turquía. El anuncio lo realizó Israel y fue confirmado por Damasco y Ankara, con especial énfasis por el ministro turco de Relaciones Exteriores, Ali Babacan, según el cual, conversaciones seguirán teniendo lugar en Estambul mientras las partes no expresen su interés de que sea en otra parte de Turquía.
La noticia recibió una cobertura más destacada en los medios de comunicación europeos que en los españoles. Sin embargo, Canal Cuatro decidió hacerle un espacio en el informativo de la noche, de ahí que se recabara mi opinión sobre el alcance de la noticia. El proceso de grabación fue el habitual y el resultado el mismo o muy parecido al de anteriores ocasiones (lo cual también es conocido por otros compañeros académicos) : diez o doce minutos de entrevista grabada; de ellos, cuatro o cinco segundos se ponen en boca del entrevistado (generalmente se escogen frases genéricas, perogrulladas o afirmaciones escasamente significativas en relación al conjunto de la grabación); y del resto se utiliza lo que más interesa a fin de elaborar el guión del breve reportaje, de un par de minutos de duración.
Previamente a la grabación hice un esbozo de lo que consideraba más significativo de la noticia y expliqué las causas de la misma, dado que, además, llevaba trabajando varias semanas en el asunto y poseía información y conclusiones específicas. A continuación, insistí sobre la línea argumental principal en la entrevista, sabiendo por anteriores experiencias, dónde estaba el riesgo. Pero fue en vano: el medio de comunicación en cuestión volvió a diluirlo todo en un condescendiente guiño de simpatía hacia Turquía, lo cual era un logro, proveniendo de un canal informativo del Grupo Prisa.

Ali Babacan, el joven y dinámico ministro de Asuntos Exteriores del gobierno turco del AKP. Su protagonismo como intermediario entre Israel y Siria, ha sido relevante
La base de la actitud era muy típicamente española (y no sólo en el ámbito mediático): recurrir al experto, pero no para hacerle caso o aprovechar su opinión, sino para utilizar su nombre a fin de reforzar los prejuicios, estereotipos e interpretaciones propias del medio. ¡Si sabrán ellos…! Sobre esta base y en el caso específico de la noticia referida, se erigía la típica ignorancia voluntaria sobre los mecanismos de actuación de la diplomacia comunitaria y la insistencia informativa en la compartimentación: ¿La UE en Oriente Medio? Imposible: aquello es terreno de los norteamericanos, los turcos actúan por su cuenta, los israelíes por la suya, el mundo funciona a partir de los estereotipos que les asignan en las redacciones.
En el caso concreto de la diplomacia turca en Oriente Próximo, Asia Central y el Cáucaso, lo que ha estado sucediendo desde hace meses, resulta bastante sencillo de entender: sea cuál sea el resultado de las elecciones norteamericanas, a partir de enero de 2009 empieza una nueva era, especialmente en aquellas regiones en las que Washington se ha venido implicando más directamente. No se sabe a ciencia cierta por qué camino tirarán los norteamericanos, pero algo, forzosamente, deberán hacer. De momento, se vive un ambiente de interregno, y en ese creciente vacío ha comenzado a moverse la diplomacia turca.
En algunas zonas, por lo que le toca de cerca. Por ejemplo, el Kurdistán, donde bien pudiera ocurrir que Masud Barzani quedara medio abandonado a su suerte, impelido a ponerse de acuerdo con Ankara y Teherán. En Oriente Medio, George W. Bush intenta, sin éxito, imponer alguna forma de acuerdo de última hora entre árabes palestinos e israelíes. Como también intentó hacerlo Bill Clinton antes de abandonar la Casa Blanca. Todo esto está ya muy trillado, y ahora Jerusalén desea actuar con mayor autonomía, en vista de que la desastrosa incapacidad norteamericana en la zona ha terminado por complicarle las cosas a Israel, más que a solucionárselas. Es en este ámbito donde se enmarca el esfuerzo diplomático de Ankara, mediando entre Siria e Israel. Por otra parte, empresas turcas ya hace tiempo que se han posicionado en las zonas controladas por la Autoridad Nacional Palestina, o que trabajan en Egipto, Siria y Líbano. Por último, también la situación en el Cáucaso está experimentando un vuelco, no sólo porque Turquía y Armenia están en proceso de reconstruir sus relaciones, sino porque está impulsando la reconciliación intracaucásica, en especial entre Georgia y Armenia. En este caso, sólo indirectamente se trata de cubrir el hueco dejado por Washington: en realidad, la labor turca en la zona se corresponde con un acercamiento al vecino ruso, aunque en parte esté relacionado con los desastres.

El profesor
Ahmet Davutoğlu, a quien a veces se le denomina el "Metternich turco", es el asesor principal del primer ministro Recep Tayyip Erdoğan y arquitecto de la política exterior turca, que algunos analistas gustan de tildar como "neo otomana". Es un estadista apreciado en Bruselas
Ahora bien, toda esa actividad y sus causas no sólo son conocidas por Bruselas, sino que en algunos casos está siendo controlada, estudiada, alentada y a veces planificada en común con diversas cancillerías europeas. Y es lógico y bueno que así sea, por varias razones:
a) En primer lugar, porque Ankara está desarrollando una actividad diplomática en la zona de Oriente Medio, Asia Central y el Cáucaso que es precisamente uno de los activos ofrecidos en su día a Bruselas y que ahora busca y necesita la UE en esas difíciles zonas: know how, brokerage y seguridad. Turquía está demostrando lo que sabe y puede hacer; y Bruselas toma nota, sugiere y prueba. Pura y simplemente, no es realista suponer que en plenas negociaciones de acceso a la UE, Ankara está haciendo lo que le parece, sin contar con Bruselas. Hay indicaciones y datos concretos relativos a ello aunque, lógicamente, no se prodigan; como siempre, a la espera de resultados. Y aunque los haya y sean positivos, los cómos y porqués tampoco se filtrarán en demasía.
b) En la actual situación, cuando faltan pocos meses para que George W. Bush deje la Casa Blanca, se están generando vacíos de planificación y control estratégicos en las zonas referidas. Los proyectos de la actual presidencia norteamericana van a ser cancelados o drásticamente reformados; pero hasta hace poco, Washington ha llevado la voz cantante en la gestión de crisis en Oriente Medio, la buscada confrontación con Rusia y las presiones contra Irán. Bruselas sabe que el momento es peligroso para Europa, debido a ese vacío de poder que se está generando en el turbulento espacio ex otomano. Y como mínimo, intenta intervenir para recoger los platos rotos y adecentar el desorden reinante, antes de negociar con el que será nuevo inquilino de la Casa Blanca. En cualquier caso, estamos ante lo que puede definirse como la primera intervención extensa en Oriente Medio de la diplomacia comunitaria. Y Turquía está actuando como agente avanzado de la misma. ¿O creen que es casualidad que Ankara no haya recibido presiones desde Bruselas para que retire definitivamente a sus tropas del Norte iraquí?
c) Ante la situación política que se vive actualmente en Ankara, Bruselas tiende a apoyar al gobierno Erdoğan y no a los elementos vinculados antiguo régimen (derecha y ultraderecha nacionalistas autodefinidas como “sectores laicos”) empeñados en desestabilizarlo y boicotear el proceso de negociaciones para el acceso a la UE, proceso en el cual ven una amenaza contra sus posiciones de poder social: por unas razones o por otras sólo entre el 25 ó 27% de la población turca se sitúa en esa línea. Tal como están las cosas, el actual gobierno supone para Bruselas una línea de cooperación provechosa y coherente en Oriente Medio y Asia Central. Un golpe de estado en Turquía, del tipo que sea, sólo ofrece incertidumbres, presiones y fantasías, como la idea de “irse con Rusia”, en vez de continuar con el proceso de integración en la UE.
d) La UE, o al menos un grupo de países dentro de ella, están trabajando para reconstruir el mensaje de que el proceso de integración europea sigue siendo válido como panacea para restañar los viejos conflictos disgregadores. El cortocircuito que ha supuesto el reconocimiento de la autoproclamada República de Kosovo por una mayoría de países de la UE, presionados algunos de ellos por la administración Bush, ha supuesto un serio quebranto para la credibilidad de esa fórmula. Por ello, mientras se busca ahora que las aguas vuelvan a su cauce en los Balcanes y se intentan restañar heridas, la colaboración de Turquía en Oriente Medio y el Cáucaso puede suponer, para la Unión Europea, la recuperación del hilo de un discurso integrador y superador de conflictos.

Las contradicciones del presidente Nicolas Sarkozy no deben circunscribirse a las políticas del Eurocontrol. Están demasiado relacionadas con los desastrosos resultados cosechados por el mandatario en política interior francesa
Lógicamente, iniciativas como el reciente debate en la Asamblea Nacional francesa sobre la posibilidad de incluir en el proyecto de reforma constitucional una enmienda que confirme la convocatoria obligatoria de un referéndum «para aprobar o rechazar el ingreso en la UE de países que representen más del 5 % de la población de la Unión», va claramente dirigido contra Turquía y parece desmentir todo lo dicho más arriba. ¿Son posibles políticas de Eurocontrol ante actitudes nacionales tan veleidosas? Recuérdese que de prosperar la enmienda, Sarkozy terminaría tirando piedras de grueso calibre contra, por ejemplo, el proyecto de Unión Mediterránea (UM), que él mismo lanzará con su habitual pompa, durante una cumbre euromediterránea excepcional, a mediados de julio. En el proyecto de la UM, Turquía está llamada a tener un papel destacado, máxime ahora, cuando está demostrando un marcado protagonismo en su capacidad diplomática por el Mediterráneo Oriental. Aquí la política del Eurocontrol fallaría por su misma base, es decir, como una enfermedad autoinmune, al no poder controlar un jefe de estado la coherencia de su propia estrategia política.
Por lo tanto, en realidad estaríamos en este caso ante un problema estructural, y por lo tanto profundo, propio de los mecanismos esenciales de la UE. Los conflictos que puede plantear Sarkozy en la cuestión turca al intentar superar sus contradicciones en política interior, a base de la demagogia habitual, no dejan de ser comparables, ahora mismo, a los que también pone sobre la mesa Berlusconi, en Italia, o la inquietante actitud de la sociedad irlandesa ante el referéndum para la ratificación del Tratado de Lisboa. ¿Hace todo ello inviable la Unión Europea? No son asuntos tan nuevos y en realidad están asociados a problemas internos de cada uno de los líderes políticos con respecto a sus votantes. Pero hasta el momento se ha demostrado que esas figuras pasan y se van (incluso a De Gaulle le ocurrió). Mientras tanto, la voluntad de afianzarse y crecer de la Unión Europea permanece; y mientras eso sea así, de una forma u otra, más o menos discreta, consensuada o agresiva, seguirá existiendo la política del Eurocontrol, con todos sus errores y titubeos, pero también con sus logros e innovaciones originales; porque es el único camino posible, al menos desde el punto de vista continental. Etiquetas: Erdoğan, Eurocontrol, Eurovisión, intermediación, Israel, Kouchner, Sarkozy, Siria, Turquía, UE
Guerreros de la guerra

Un gesto característico de Bernard K
En las últimas semanas, este blog tuvo el honor de adelantar un par de asuntos que, inopinadamente, saltaron a la prensa días o semanas más tarde. Uno de ellos fue el debate sobre la polémica figura de Kouchner. En cuestión de pocas semanas, hemos visto aflorar al verdadero Bernard K: vanidoso hasta el punto de querer eclipsar a su jefe Sarkozy, cínico, y como otros muchos tránsfugas de la izquierda radical de los sesenta, con su almita de neocon vocacional cada vez más blindada. Que nadie se queje ahora: ya en los noventa, Bernard K. decía, refiriéndose a la buena marcha de una ONG como las que él había fundado: “Si se quiere lograr algo en esta área, se tiene que ser un hombre de negocios y tener sensibilidad para la publicidad y la comercialización […] Si no se acepta que la ley del mercado también es válida para la industria de la caridad, no se conseguirá su introducción en ninguna parte”. La cita la recoge Maite Serrano Oñate en un valioso artículo sobre: “Las ONGD en la encrucijada: del estado del bienestar a la franquicia de estado”, que a su vez forma parte de uno de los muy escasos libros que se atreven a afrontar el fenómeno de las organizaciones no gubernamentales de forma valiente y realista: Las ONG y la política, con aportaciones de diversos autores, todos ellos expertos en el asunto, coordinados por Marisa Revilla Blanco (Ed. Itsmo, Madrid, 2002)

El gesto, los trajes: mímica y vanidad
Bernard K. es experto en largar frases inoportunas, que lo definen precisamente como él mismo no desea presentarse. Si a alguien le han hecho un refrán a la medida, “por la boca muere el pez” fue pensado para Kouchner. Recientemente, hemos vuelto a saborear algunas de estas boutades (en el sentido de exabruptos) de Bernard K. A mediados de septiembre largaba, en versión siglo XXI aquella vieja máxima latina: “Si vis pacem, para bellum”. En su opinión, había que prepararse “para lo peor” y eso era la guerra con Irán. Los medios de comunicación tendieron a la misma conclusión: el gobierno francés parece querer postularse como el nuevo amigo de confianza del ejecutivo Bush, ahora que Tony Blair ya no vive en Downing Street. Claro está, después de largar en el inequívoco y viejo lenguaje del belicismo, Bernard K. hizo y deshizo, explicó y lió para que se entendiera que los preparativos de guerra “no eran para mañana”, que él quiso decir esto y lo otro. Pero como afirmaba Jean Daniel en un interesante artículo publicado en varios medios: “¿No es suficiente la amenaza estadounidense? ¿Necesitaba George Bush que los europeos fueran más allá?”. Cuando ni el mismo George Bush puede hacer creer a nadie que realmente tiene una salida para Irak, y queda muy claro que una nueva aventura militar en Irán sería una locura pura y dura, una chaladura digna de ser filmada por Kubrick, ¿qué necesidad tiene Kouchner de ser más papista que el Papa?
No debe ser su otoño de la suerte. Después de trapichear por Libia a base de ventas de armas a cambio de enfermeras búlgaras (eso sí que es tener mentalidad de empresario aplicada tanto a la industria de la caridad como al armamento) porque tras ponerse de manifiesto él mismo en su nuevo uniforme de gala como aprendiz de warmonger, el régimen militar de Myanmar aplastó la protesta pacífica encabezada por los monjes budistas desde el 19 de agosto pasado. La brutal represión de las autoridades a finales de septiembre, sacó a flote, de nuevo, el célebre informe de BK Conseil, para favorecer la entrada de Total en la antigua Birmania. E hizo recordar algunas de las torpes justificaciones de Kouchner cuando comenzaron a quedar en evidencia los abusos: que los birmanos que se había encontrado estaban “muy contentos” con la presencia de Total en el país, que el trabajo forzado era “una antigua costumbre legalizada ya por los británicos en 1907” (sic!) y, de todas formas, que dos decretos de 1999 y 2000 habían terminado con esas prácticas… decretos que de hecho no se llegaron a aplicar.

Otra "grimace" de Bernard K., acompañando una nueva combinación de escogida elegancia
Sinceramente: cuesta entender cómo determinada izquierda progresista e hipocritona pudo aplaudir a Bernard Kouchner, año tras año, cuando ya quedaba muy lejos su aura de fundador de Médicos sin Fronteras. Sus torpezas y ambiciones se metieron cuidadosamente bajo la alfombra y ni siquiera sus émulos en otros países (por estos pagos también los tuvimos, ¿recuerdan?) lograron parecerse al desconcertante modelo. Y sin embargo, erre que erre. El pasado día 4, “El País” le publicó a André Glucksman un artículo justificativo hacia su amiguete Bernard K. De Glucksman a Kouchner, claro que sí. Nunca tan distantes en sus posiciones ideológicas, claro que no. Dispuesto el uno a mezclar las ambiciones políticas con la “industria de la caridad”. Siempre a punto el otro a confundirlo todo en el mismo perol: Irán con Irak, y por supuesto, la justificación ad aeternum de los errores cometidos y no resueltos. Hay que seguir buscando armas de destrucción masiva, y para Kouchner y Glucksman y Bush y todos los demás de la misma cuerda, si no se encontraron en Irak, aparecerán en Irak. A eso se llama echarle contumacia y caradura: ni siquiera se han molestado en cambiar de argumento para justificar una nueva guerra.

Mirada directa, dedo acusador. "C´est la guerre, monsieur!"
Pero ese no es el problema sino que una izquierda suavecita y "bienintencionada", aplaude todavía a Bernard K., pensando, ingenuamente, que sigue siendo de los suyos. En el fondo, el corazoncito de Kouchner es rosa. Algo así creyeron los socialistas polacos de Józef Piłsudski, el gran padre de la patria con ambiciones de dictador: que nunca había dejado de ser uno de los suyos, que al final reaparecería el viejo socialista de línea dura que había sido en su juventud. Pero no fue así, y mientras tanto, Piłsudski iba liquidando una tras una, las instituciones de la Polonia democrática, de común acuerdo con la plutocracia local. Y algo similar ocurrió con otro ex socialista: Benito Mussolini. Pues no, sintiéndolo mucho, el haber sido de izquierdas no es un estigma que marque para siempre (como tampoco lo es el catolicismo, por cierto). ¿Guerreros de la paz, como tituló Bernard K. uno de sus propios libros? ¡Anda ya!: Guerreros de la guerra.
La verdadera utilidad del dedo de Kouchner, según caricatura publicada en la prensa francesa
Etiquetas: Francia, Irak, Irán, Kouchner, ONGs, Sarkozy
Las tribulaciones de Bernard K

Cubierta del libro de Michel Floquet y Bertrand Coq, rareza bibliográfica recuperada del recuerdo por la actualidad política en Francia
"Esta guerra concluirá con una paz”. Así terminó Bernard Kouchner, actual ministro de Asuntos Exteriores de Francia, una entrevista concedida a los periodistas Michel Floquet y Bertrand Coq en plena guerra de Croacia, en el patio del Hospital de Osijek, finales de otoño, 1991. Sospechando que la entrevista podría dejar demasiado claro que el personaje era más simple de lo que parecía o quizá porque Kouchner lo logró decir absolutamente nada de interés, sus interlocutores decidieron no publicar la entrevista, realizada por causalidad en el marco de un reportaje sobre la situación militar en la región de Eslavonia. Sin embargo, Floquet y Coq terminaron por publicar un libro entero dedicado a las aventuras y desventuras del personaje durante los conflictos de Croacia y Bosnia: Les tribulations de Bernard K. en Yougoslavie, Eds. Albin Michel, Paris, 1993
Eran 223 páginas corrosivas, puro ácido sulfúrico sobre la imagen de Bernard Kouchner: médico de formación, cofundador de Médicos Sin Fronteras (1971) y Médicos del Mundo (1979) –como respuesta a su abandono intempestivo de la primera ONG-, ministro de Sanidad y Acción Humanitaria (una de esas innovaciones tan francesas) en 1992-1993, y administrador de Kosovo como Alto Representante de la ONU entre julio de 1999 y enero de 2001. Un hombre dedicado a la “alta acción humanitaria”, gran impulsor del concepto “derecho de injerencia” y… ambicioso trepador en el mundo de la política francesa: desde su militancia en el Partido Comunista Francés, al Partido Socialista, al Partido Radical de Izquierda, para volver con los socialistas y terminar en el equipo de Sarkozy. Por lo tanto, cuando tanto se debate en estos tiempos sobre los fichajes socialistas del nuevo y controvertido presidente (Bernard K fue el primero), no cabe más remedio que recordar y reseñar, siquiera brevemente, el libro de Floquet y Coq.

Un caquéxico Bernard Kouchner es "nacionalizado" por Sarko, según caricatura del autor bretón
Fañch Ar RuzLa obra es muy de su época (en plena guerra de Bosnia) y por ello es útil como caja de resonancia de las obsesiones mediáticas de entonces. Pero también se adelanta al cuestionar la mojigatería de los “bien pensantes” de entonces, cuya única solución para cualquier conflicto internacional pasaba por el “derecho de injerencia”: el último capítulo y conclusión se titula, muy significativamente: “De regreso de la cuestión de Oriente, al nuevo sueño colonial”. Y faltaba toda una década para la invasión de Irak. También nos ilumina sobre la guerra de las ONG´s, otro asunto estrella de aquellos ya lejanos años. El combate singular entre Médicos Sin Fronteras y Médicos del Mundo, ambas ligadas en sus orígenes a Bernard K., se superpone a las guerras de secesión yugoslavas. Allí, MSF escoge Vukovar en el otoño de 1991; pero pierde varios miembros atrapados en los combates y decide replegarse a fin de consagrarse a los refugiados. De esa forma, pierde protagonismo frente a su rival, MDM, al menos en el muy mediático escenario yugoslavo. Es el turno de ésta ONG, dirigida entonces por el astuto Míster K., que se decide por Dubrovnik. Es una excelente apuesta: la bella ciudad, patrimonio de la UNESCO e icono turístico por antonomasia (todo el mundo la conoce, no como a Vukovar) es una apuesta segura. Ahora bien: ¿necesita ayuda humanitaria la ciudad de Dubrovnik? Rony Brauman, presidente de la rival MSF lo tiene claro: “Esta ciudad no tenía ninguna necesidad estricta. Se creó una necesidad humanitaria, pieza a pieza, y después se respondió a ella. La respuesta, como la necesidad, son virtuales” (Floquet et Coq, 1993: 55)
La idea de crear un “corredor humanitario” hacia Dubrovnik tuvo momentos de opereta que ya en aquella misma época fueron celebrados con lejía por periodistas y testigos de todo tipo. El convoy marítimo de ayuda que intentó llegar hasta el puerto rompiendo el bloqueo marítimo que mantenían las unidades de la Marina Federal yugoslava, fue una aventura en la que Kouchmner compartió protagonismo con el histriónico Stipe Mesic. Laura Silber en su célebre obra de referencia The Death of Yugoslavia (Penguin Books, 1995) relata cómo Mesic, al mando de la flotilla de yates, barquitos y barquichuelas de recreo de todo tipo, junto con el prier minsitro, al esposa del Minsitro de Asuntos Exteriores y Tereza Kesovija (la Nana Muskuri croata) intentó abrirse paso gritándole por radio al almirante serbio que él era el “comandante supremo” del Ejército yugoslavo. Lo cierto es que ya no lo era desde el 3 de octubre (y el 13 de septiembre Croacia había abandonado el gobierno federal) y quizá por eso o por las horas que llevaban en el bar del Slavija I, las celebridades a bordo festejaron la ocurrencia con sonoros aplausos, pitos y carcajadas.

Dubrovnik asediado por las baterías montenegrinas, octubre de 1991
El convoy no pasó. Si llegó, semanas más tarde, el barco hospital italiano San Marco (18 de noviembre), que desembarcó medicamentos y evacuó refugiados. Pero aprovechando que las tropas croatas tuvieron que retirar tropas del frente para controlar la operación en el puerto, las tropas serbo-montenegrinas tomaron el barrio de Mokosica. Los intentos de Kouchner para erigirse en negociador con los militares federales fueron un fracaso. No sólo se mofaban abiertamente de él, sino que cada vez que el notable francés abandonaba la ciudad, ésta era duramente bombardeada. No es de extrañar que las autoridades locales terminaran algo cansadas y comenzaran a reprochar a Bernard K. que alentara a los habitantes de la ciudad a evacuarla, puesto que eso se lo pondría más fácil a los asediadores. De hecho, desde finales de octubre las autoridades croatas habían puesto en marcha la operación “Retorno a Dubrovnik”.
Mientras tanto, Kouchner desplegaba una concentrada ofensiva mediática auto inventándose como protagonista. “Dubrovnik también le proporcionó a Bernard Kouchner la ocasión de dar la medida de su talento con la pluma. Kouchner, uno de cuyos tormentos es el fracaso de pasar por intelectual, cree que la inteligencia es contagiosa. Alentado por sus amigos (que una cierta prudencia retiene de cantar las gestas del ministro) se convierte en bardo de sus propios éxitos” (Floquet et Coq, 1993: 87) A lo largo del otoño de 1991 escribe rimbombantes artículos en al prensa francesa. ¿Y lo resultados concretos? Según él mismo, se transportaron más de 10.000 toneladas de alimentos a la ciudad. “3.500 toneladas de papeo” –corrige el doctor Michel Bonnot, fundador de Ayuda Médica Internacional, citado en el libro que nos ocupa. Según los autores, de esa ayuda debe restarse la entregada a los sitiadores. “Bernard usa las cifras como los medias: sin moderación”, concluyen. Y de paso califican la obra del biografiado. Según Kouchner la ayuda humanitaria consiste en “pequeños gestos constantes, en pequeños lugares para un pequeño grupos de personas”: es decir, la “ayuda bonsái” (Floquet et Coq, 1993: 93)

Portada de uno de los libros de Bernard K. él mismo, pensativo y preocupado, en la portada
Lo que añadía una dura nota trágica a todo esto era que mientras tanto, la ciudad croata de Vukovar estaba siendo machada por la artillería del Ejército federal y asaltada por los chetniks, pero Kouchner no hizo nada por ella, a pesar de que el 17 de noviembre recibió un llamamiento personal desde el hospital de la asediada ciudad, a punto de caer en manos del enemigo, para que evacuaran algunas decenas de heridos graves. “Pero Bernard Kouchner no escucha. Está a punto de escribir: ‘Dubrovnik ciudad de la Paz’ un artículo que publica “Le Monde” dos días más tarde” (Floquet et Coq, 1993: 84). La última iniciativa del ministro consistió en imaginar un “Concierto para la Paz”, en el que deberían cantar juntos una soprano serbia y un bajo croata. Ante la negativa de Zagreb de que entrara en la ciudad ni un solo serbio, hubo que conformarse con la Orquesta Nacional de Cámara de Toulouse. A ese concierto de Nochevieja acudieron, como no, Bernard K, Simone Veil y Michel Piccoli. La población local le dedicó una gélida indiferencia.
Los años que siguieron estuvieron marcados por el protagonismo de Bernard K. en la guerra de Bosnia, como no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta que era un abogado histórico de lo que por entonces se llegó a convertir en sacrosanto “derecho de injerencia”. Pero también de gestos a veces espectaculares, pero de eficacia real bastante dudosa. ¿El convoy del 5 de abril de 1992, que nunca llegó a entrar en Sarajevo sirvió realmente de algo, aparte de resaltar la imagen de Bernard K.? El “beau geste” del 28 de junio, protagonizado por el presidente Mitterrand para que se abriera el aeropuerto de la asediada ciudad (al parecer inspirado por Kouchner) desunió más a los europeos, evitó una temprana intervención militar occidental contra los serbios? Eso sí: siempre con la prensa por testigo, siempre cámaras e imagen. Todo un precedente el estilo Sarko de nuestros días: enormes tasas de popularidad, hiperactividad, ubicuidad, “efecto anuncio” y “charla por los codos”, como parte del retrato que hacía Lluis Bassets hace pocos días.

Bernard K, 2007, implicado en los manejos de Sarkozy con el dictador libio Gaddafi
El libro de Floquet y Coq, hoy difícil ya de encontrar, incluso de segunda mano, dejó a Bernard K. en Bosnia. Pero su carrera continuó, siempre con el mismo o similar estilo, siempre dejando en el aire la pregunta: ¿Es Bernard Kouchner un simple caradura, un tipo realmente listo, un ambicioso sin límites, un simple “con”, como lo califican algunos franceses en los foros? “Le Point” le coronó “Hombre del año” en la Francia de 1991, y sólo unos meses más tarde era el político más popular. Personaje altamente estimado por sus compatriotas en aquello lejanos años, lo cierto es que nunca logrará ser elegido como parlamentario, ni en Moselle en 1994 ni en Gardanne en 1996. Una cosa es la popularidad mediática y otra confiar el destino de una parcela del propio país en manos de Bernard K. Eso es lo que, al menos, pensaban los franceses por aquel entonces.

Bernard K, junio de 1999, recién concluida la campaña militar de la OTAN contra Serbia. En la fotografía, con dos líderes del UÇK (Thaci y Ceku), el general de la KFOR, Jackson, y el comandante de la OTAN, general Clark
Pasaron los años. En 1999, después de que la última bomba humanitaria de la OTAN cayera sobre lo que restaba de Yugoslavia, Bernard K fue nombrado administrador de las Naciones Unidas para Kosovo. Ocasión más que propicia para acuñar otra de sus frases características: “Europa, la que amamos, ha nacido en Kosovo”. En la arrasada provincia, Kouchner debe ocuparse de la asistencia humanitaria, la administración civil, la economía y la elaboración de instituciones democráticas. Es una ocasión perfecta para desarrollar sus teorías. Así, durante su mandato (julio de 1999-enero de 2001), regresaron los refugiados albaneses, pero fueron expulsados casi un cuarto de millón de serbios y otras minorías étnicas de Kovoso. Hasta la fecha, la limpieza étnica, consumada, más voluminosa de la las guerras de secesión yugoslavas. El Ejército de Liberación de Kosovo (UÇK) es desarmado y reconvertido en el Cuerpo de Protección de Kosovo, pero se cree, con fundamento, que puede recuperar su capacidad ofensiva con facilidad; de hecho, algunos mandos son sospechosos de estar tras acciones hostiles. No se logrará que funcione el Consejo de Transición de Kosovo, por desavenencias internas entre las dos principales fuerzas políticas de los albaneses, los representantes del UÇK y los de la Liga Democrática de Kosovo. La gestión gestual de Kouchner, en entredicho, dejando tras de sí polémica.

Bernard K pasea por Pristina con la controvertida Secretaria de Estado norteamericana Madeleine Albright
El año 2003 comenzó a marcar los límites de la desintegración de la doctrina del “derecho de injerencia”. En un célebre artículo publicado en “Le Monde” (4 de febrero), Bernard K. intenta salirse por la tangente ante la inminente invasión de Irak. Adopta una postura tan facilona como demagógica: “Ni la guerra ni Saddam”. No duda que existen armas de destrucción masiva escondidas, tampoco debe consentirse que Saddam siga en el poder. Intervencionismo, derecho de injerencia, si, pero sin guerra. ¿Cómo? “Qu’en ce début de XXIe siècle, on invente d’autres formes de politique et d’interventions internationales". Efectivamente : que inventen otros para sostener lo que yo afirmo. Bernard K sólo sugiere fórmulas nebulosas, que para derribar a Saddam del poder e “instaurar la democracia” en Irak, no funcionan. Pura y santa buena intención. pero claro, o injerencia a la manera clásica, o nada. Y como nada no puede ser…
Mientras tanto, ha fundado una consultoría: BK Conseil. Y con ella se mezcla en un resbaladizo negocio (septiembre 2003): lograr que la petrolera francesa Total obtenga de la dictadura militar que gobierna Birmania (Myanmar) la opción de construir y gestionar un oleoducto a cambio de que la empresa se implique en la subvención de mejoras de infraestructura humanitaria en el país. Pero el asunto se complica y desemboca en un escándalo cuando, dos años y medio más tarde, un grupo de ONG´s radicadas en Gran Bretaña lanza una campaña contra las actividades de Total en Myanmar, el trabajo forzado que se está utilizando en el oleoducto (incluyendo mano de obra infantil) y al represión que ha estado practicando “horrorosos abusos en la región del oleoducto”

El invento casi no da más de si: Bernard K. en 2003, después de la invasión de Irak
Floquet y Coq supieron a quien tenían delante en aquel lejano otoño de 1991, cuando lo entrevistaron en Croacia y decidieron dedicarle un libro. Trece años más tarde, Jordi Raich, un curtido veterano de la ayuda humanitaria, a la que sin embargo critica y fustiga en su polémico libro: El espejismo humanitario. La especie solidaria al descubierto (Debate, Madrid, 2004) hace de él éste completo retrato (pags. 162-163):
“Lo suyo era el espectáculo solidario y para ponerlo en escena recorrió incansable los escenarios más exóticos de la miseria humana. Visitó campos de refugiados, prisiones, trincheras, hospitales y fosas comunes en Croacia, Kosovo, Kurdistán y Pakistán. El doctor estaba en todas las fotos: con su mujer, con el secretario general de la ONU, sonriendo a Lady Di, entre la multitud de desgraciados y junto a los señores de la guerra. Kouchner convirtió sus cargos en un formidable instrumento de propaganda al servicio del presidente de la república y de sí mismo. Y, en el camino, hizo añicos al humanitarismo independiente basado en las necesidades de las víctimas, que fue tan valioso en sus orígenes.

Bernard K en los buenos tiempos, pero ya con una inseparable cámara detrás: Somalia, 1992
En diciembre de 1992 le vi llegar a Mogadiscio para presidir el atraque de “su” barco cargado con la cosecha de “su” operación Saco de Arroz: cada niño francés debía aportar un kilo de arroz para un niño somalí. Llegó al puerto en convoy, acompañado de un séquito de periodistas y cámaras de televisión. Hizo pomposa entrega de la carga a no se sabe quién, se echó un costal a la espalda y aguantó con sonrisa dentrífica hasta que los fotógrafos estuvieron satisfechos. Por cierto, la mayoría de ONG rechazó distribuir el arroz por su baja calidad, mezcla de variedades diferentes del cereal y nefasto empaquetado. Treinta camiones con una parte de la donación fueron robados y desaparecieron en la nada. Una partida acabó en manos de comerciantes privados que lo vendieron durante meses a precio de ganga reventado así la frágil economía local”.
Etiquetas: Bosnia, Croacia, Francia, guerras yugoslavas, Kosovo, Kouchner, ONGs, Sarkozy
Pensamiento Sarko

¿Fotomontaje o realidad? A Nicolas Sarkozy le encandilan los medios de comunicación. Por lo tanto, existen miles de fotografías de su persona, muchas de las cuales, por su carácter histriónico o surrealista, han sido manipuladas con ventaja por la oposición
El pasado domingo, Sarkozy ganó las elecciones presidenciales en Francia. Pues bien, estamos a viernes y por estos pagos ya han comenzado a aparecer ecos y réplicas del “pensamiento Sarko”. Pero vayamos por partes: ya se veía venir el evento cuando, durante la reciente crisis turca, se hicieron evidentes algunas señales. Por ejemplo, en la tozuda insistencia de algunos medios y figuras de la prensa española, generalmente de derechas, en presentar la situación como si estuviéramos en la antesala de una nueva revolución iraní. Hace pocos días, y tras concluir una conferencia, un señor del público me preguntó si era posible que Turquía terminara como el vecino régimen de los ayatolas. Tras unos minutos de conversación quedó patente que el hombre no atendía a razones ni explicaciones, no estaba preguntando realmente nada: sólo deseaba que le reafirmara en su angustia y temores ante lo que para él era poco menos que una certidumbre: que el Shah era equiparable a Atatürk; y por lo tanto, Turquía podría devenir Irán. La breve pero intensa campaña había calado: la Turquía laica está en peligro, la inmensa mayoría de sus ciudadanos son musulmanes practicantes, el actual gobierno del AKP es el submarino de un movimiento islamista fanático universal, etc., etc., etc.
A ojos de la derecha europea, ya sabemos cuál es el colofón: Turquía es un país musulmán, es una bomba de relojería (o una “ruleta rusa”, como dijo públicamente un corresponsal de “El País” asistente a los cursos del pasado verano, organizados por el periódico) y es urgente cerrarle las puertas de la UE. Sarkozy dice que, evidentemente, forma parte de Asia, y no hay nada más que discutir: con la misma contundencia con la que sostiene teorías del más rancio y decimonónico determinismo genérico sobre el origen de la delincuencia.

"Le roi de la grimace": Sarkozy está en los divertidos límites de la fotogenia.
Uno de los aspectos interesantes de la victoria electoral de Sarko consistirá en ver cómo va a sacar adelante promesas subidas de tono hechas a la masa francesa, pasando por encima de la ciudadanía y el resto de los estadistas de la Unión Europea. Dicho de otra manera, tenemos ante nosotros una nueva e interesante experiencia de conjugación de políticas nacionales y comunitarias. De momento han desfilado los hermanos Kaczynski, el presidente Papadopulos, los gobiernos nacionalistas bálticos. Pero con un Sarko en medio y medio de la geografía comunitaria, la cosa se pone más interesante.
En consecuencia, está volviendo a bullir por aquí y por allá la consabida cantinela de que los musulmanes, en general, son sospechosos y problemáticos, sean marroquíes, argelinos, tunecinos, iraníes o turcos. Que se está produciendo una invasión silenciosa, que incluso miles de europeos se están convirtiendo al islam, y similares cuentos para viejas desdentadas. Lo divertido de este discursos antimusulmán de la derecha dura, es que un poco más allá, en terreno del neonazismo, algunos militantes admiran abiertamente a Al Qaeda porque son los máximos campeones del antisionismo.
Lo de la artera invasión musulmana es una de las esencias del discurso de Sarkozy: su actitud anti turca va dirigida, en realidad, contra la inmigración musulmana en Francia, que es mayoritariamente magrebí. Es una cuestión de “corrección política”: dado que no puede atacar directamente lo que él ve como un problema (sería demasiado escandaloso) lo flanquea desde el rechazo a la Turquía musulmana. Y claro está, los magrebíes y otros musulmanes de Francia no son tontos y están perfectamente informados. Lógicamente, en las pasadas elecciones, sólo el 1% de la comunidad musulmana del país entregó su voto a Sarkozy. Lo cual, a su vez, refuerza los prejuicios de la derecha... Un círculo vicioso de profecías autocumplidas.

Una de las muecas más logradas del nuevo presidente francés
Como era de esperar, ese discurso se ha trasladado rápidamente a la derecha española, gran admiradora de Sarko. Le ha faltado tiempo al Partido Popular de Badalona (populoso municipio obrero en los límites de Barcelona) para editar un vídeo de propaganda electoral con un claro y contundente mensaje antimusulmán: no a una mezquita edificada en terreno público. Los entrevistados, instigados por el entrevistador, embutido en un caro pullover Napapijri, tienden a considerar que una guardería o una biblioteca son de mayor interés social que un lugar de culto para la inmigración. Según parece, se harán 30.000 copias del corto en DVD (titulado: “7 minutos”). No estaría de más que recibieran el correspondiente ejemplar algunos de los corresponsales de la prensa española que de vez en cuando se hospedan en los hoteles de Turquía y se llenan la boca con artículos tirando a sensacionalistas sobre los problemas de libertad de culto en el país, como algo incompatible con la integración europea. De momento y lógicamente, SOS Racismo ha puesto el grito en el cielo y ya amenaza con emprender acciones legales.
Pero el PP no ha estado solo en la difusión del "pensamiento Sarko”. Ahora podría resultar que el artículo de Carlos Nadal reseñado el post del 6 de mayo quizá no era tan inocente en sus apreciaciones sobre la existencia de un terrorismo radical en Turquía que asesinaba “por razones religiosas o racistas", ¿recuerdan? Pues bien, en su edición del día 9 de mayo,”La Vanguardia” abre ya primera plana con un gran titular alarmista: “Catalunya concentra el mayor foco de yihadistas”. La pieza se encuentra en la página 15 y está firmada por E. Martín de Pozuelo. Se justifica su publicación en esa fecha y lugar por una investigación del Departamento de Terrorismo Global del Real Instituto Elcano. Puede que éste think tank no haya editado todavía ese estudio en su web o quizás el que escribe este post no ha sabido encontrarlo, pero la única alusión al asunto que cita el rotativo barcelonés se puede leer en un artículo de Fernando Reinares publicado el 8 de marzo, es decir, dos meses antes.
Insisto: puede tratarse de un error por mi parte o bien la pieza del Instituto Elcano todavía no ha sido editada. Sin embargo, y aún así, el asunto no es tan novedoso en términos estrictamente informativos y para algunos lectores consultados no parecía merecer un destacado tan prominente en la edición de “La Vanguardia”. Por otra parte, el autor cita asimismo como apoyo documental la opinión de una asociación de policías, la CEP. Pero no deja de ser una asociación, no se trata de la declaración oficial de un cuerpo concreto. Y además, como podrán juzgar ustedes por sí mismos, no parece que la CEP sea precisamente muy simpatizante del gobierno, no sé si me entienden. Por lo tanto, Martín de Pozuelo nos ha endilgado una pieza basada en información que, según todos los indicios, está considerablemente hinchada en relación a su procedencia. ¿A qué viene toda esta historia tan tenebrosa?

Fotografía de colección sobre un estadista francés ciertamente rupturista
Dos pistas. Primera: integrado en el cuerpo del reportaje, la tira cómica de Toni Batllori. Un ciudadano va repasando tranquilamente la prensa y lee: “…Catalunya se ha convertido en centro de reclutamiento de terroristas islámicos más grande Europa…” (aprecien ustedes la variación al alza con respecto al enunciado general). El ciudadano sigue caminando, leyendo y meditando durante una viñeta en blanco y a la tercera comenta: “No sé si hay algo previsto al respecto en el Estatut”.
Como seguramente sabrán incluso los lectores de fuera de Cataluña (aunque no los amigos latinoamericanos y los de otros países europeos) recientemente tuvo lugar una polémica relacionada con el Estatuto de Cataluña aprobado por referéndum el 18 de junio de 2006. El asunto puso en aprietos a los socios socialistas del actual gobierno de coalición que gobierna la Generalitat o gobierno autónomo. Por lo tanto, y a todas luces, “La Vanguardia” ha tratado de utilizar el miedo al terrorismo islámico como punzón con el cual contribuir a escarbar en las contradicciones políticas del gobierno local. A esta apreciación contribuye la segunda pista: en la página siguiente, la 16, Antoni F. Sandoval complementa el cuadro con otro reportaje titulado: “Alta tensión en Salt”. Se trata de un pequeño municipio de Girona (28.812 habitantes) en el cual el 36% de la población es inmigrante. Es ciertamente el caso más llamativo de Cataluña, pero no de España, dado que en torno a Madrid existen municipios con proporciones iguales o superiores de población forastera.
La alarma de Sandoval se centra en los inmigrantes musulmanes del pueblo donde, además, añade, “han llegado imanes radicales”. La pieza se complementa con una foto muy expresiva: un grupo de mujeres “con la cabeza cubierta con el velo islámico” (en realidad es la pañoleta o türban de la que ya se habló) comprando en un mercadillo. Y con carritos de niño: el problema se reproduce. Al día siguiente, 10 de mayo, ambos reportajes se repitieron en página 26: el asunto de los yihadistas y la cuestión de Salt; por los mismos autores.

Sarkozy tras el que entonces era todavía su protector y predecesor en el cargo, Jacques Chirac
“La Vanguardia” es un periódico de tendencias derechistas y conservadoras, a veces bastante marcadas. Por lo tanto, es lógico que se cuelen ecos del estilo Sarkozy, incluso en paralelo con el entusiasmo que demuestra el PP por su nuevo y reverenciado modelo. Al fin y al cabo, se está hablando de un posible pacto entre ese partido y Convergencia i Unió en vistas a las elecciones municipales en Cataluña. Los problemas la tal política informativa vienen por otro lado.
Uno de ellos es la tendencia a considerar que posturas y opiniones de ese estilo son apolíticas o incluso progresistas. Los lectores del periódico pueden asumirlas o no, son muy libres de hacerlo; pero debería quedar claro que ese tipo de posicionamientos son de derechas, tanto como las de Sarkozy. Por ello, a veces causa una cierta desazón que entrevistas como la que se hizo a la profesora francesa Riva Kastoryano, “analista en migración”, publicada por “La Vanguardia” el 8 de febrero de 2004, fuera recogida en la web Aula Intercultural de FETE-UGT como dando la sensación de que posee un cierto valor progresista. Particularmente, no me extrañaría que la profesora Kastoryano fuera votante de Sarkozy, pero en todo caso la entrevista da por sentadas varias cosas que, quizá ,merecerían una reflexión más seria y serena antes de presentarlas como una pieza imprescindible para el debate.
Por ejemplo, reivindica un estatalismo que difícilmente aceptaría la ciudadanía española, mientras desecha sin muchos miramientos el modelo americano de integración. O considera que si las niñas van a la escuela con la pañoleta es porque lo mandan los imanes y “una especie de para policía religiosa sin uniforme que está en todas partes y lo ve todo”. En base a ello, el estado laico tiene todo el derecho a prohibir la prenda, “dado que en la escuela laica francesa sólo el Estado puede regular las relaciones sociales y no debe tolerar que los imanes decidan cómo se visten los ciudadanos de Francia”. Aún admitiendo (con muchas cautelas) tales planteamientos, ¿qué ocurre si una joven decide ponerse la pañoleta porque la da la gana, como persona individual?¿ Y si son tres?¿O cuatro?¿Dónde están los límites precisos en los que el ciudadano puede pararle los pies a un estado intervencionista que decide cómo debe vestirse? Hipotéticamente: ¿podrían ir los niños de la Cataluña francesa con barretina a las clases, dado que no es una cuestión religiosa?¿Y si argumentan que en realidad es el gorro frigio de los revolucionarios de 1789?

Una admiración incondicional e indisimulada: de Mariano Rajoy hacia Nicolas Sarkozy
Todo esto tiene su interés para este blog porque, evidentemente, tales planteamientos políticos son eco de la actitud que están adoptando muchos ciudadanos españoles hacia la cuestión de Turquía, mero reflejo del sarkozismo en alza. Fenómeno agravado por el hecho de que Kemal Atatürk se inspiró precisamente en el Estado francés laico para crear el de la República de Turquía. Y hoy, en pleno 2007, comienza a dar la sensación de que ambos modelos andan un tanto decaídos en este mundo tan complejo en el que vivimos. Mal momento para que nosotros, que no tenemos tales problemas, nos pongamos a debatir con esos parámetros o importemos una retórica y unas causas que nos resultan ajenas.
Y esto es algo que los amigos turcos han de tener en cuenta en la compleja hora presente. Porque a lo mejor ocurre que salir a la calle a manifestarse contra la elección de un presidente musulmán es ir en plan Sarko, y por lo tanto, tirarse piedras en el propio tejado. A todos aquellos euroescépticos que prescindan de la UE (cosa que muchos demostraron ser en la manifestación del pasado día 29 de abril, conviene recordarlo) les dará lo mismo, por supuesto. Pero al menos deben tener claro que en Paris, los seguidores del nuevo presidente se frotan las manos: hasta los mismos turcos demuestran que Sarko tenía razón: el islam se está comiendo Turquía, ese asunto de la laicidad es un cuento, luego Turquía ha de quedarse fuera de Europa, porque geográficamente es Asia: con todos sus militares, magistrados y políticos laicos. Por eso, todos aquellos turcos que piensan que movilizarse en la calle contra el gobierno, apoyar el boicot abusivo e ilegal del CHP contra la mayoría del AKP, sostener que el presidente Sezer es un estadista genuinamente democrático porque zancadillea cualquier ley que considera islamista moderada... todos ellos le están haciendo un excelente servicio a Nico Sarkozy, a quien muchos comienzan a llemar irónicamente, en su propio país, el sultán. "Non, la Turquie ça n´est pas chic"

La colección de fotomontajes y caricaturas de Sarko es enorme. Aquí una muy conocida, caracterizado como sultán turco
Y suponer que el nuevo presidente francés es el último clavo en al ataúd de la candidatura turca, es otro error. ¿No debería entrar Turquía en la UE dentro de una década o más tarde todavía? Pues eso es mucho tiempo. Pueden pasar muchas cosas. Muchas. De momento, Bruselas ya le ha recordado al nuevo presidente francés que las promesas que hizo a sus votantes no tienen por qué gustarle a los ciudadanos del resto de Europa, y que la UE no es la UE Francesa. Veremos qué opina Merkel; esperemos a ver cómo se las gasta Brown, o incluso Cameron.
De la misma forma, empieza a quedar claro que los principales estadistas europeos saben muy bien que el debate sobre el acceso de Turquía a la UE ya no es un asunto teórico, al menos desde octubre de 2005. Como candidato oficial que es, el país está recibiendo importantes subvenciones y fondos estructurales europeos. Y luego está todo el capítulo de las inversiones en Turquía, que tuvo un índice de crecimiento económico del 6,78% entre los años 2002 a 2006. Hay mucho dinero europeo en Turquía, también francés. Si las cosas van mal, si algo falla en el proceso de integración, si la economía cae en picado, todos pagaremos la factura; incluyendo la Sarkofrance. Los que han hecho posible el tirón económico de Turquía durante estos años, los que han estabilizado la economía y han acercado el país a Europa son los integrantes del gobierno moderado del AKP: convendría que todos le diéramos un voto de confianza. De hecho, Bruselas ya se lo da: a Erdogan, no a Baykal y a los militares. Y dentro de todo ese proceso y en relación a las excitaciones que están generando los cambios políticos en Paris, lo mejor es no caer en vértigos ni papanatismos de esos a los que somos tan dados. Nada de copiar el sarkozismo a tontas y a locas desde la derecha; ¿qué es eso de aplaudir desde la izquierda a un supuesto nuevo revolucionario francés?: Wait and see: es también una "actitud de importación" (algo que debería tranquilizar a muchos españoles), pero la más rentable en los momentos que corren.
Mientras tanto, no estaría de más que nuestros grandes timoneles fueran pensando en un debate político, amplio, profundo y sincero, sobre el fenómeno inmigratorio. Directamente o a través de medios académicos, lo que prefieran. Pero debate; con sus pros, contras y planteamientos de futuro. Meter la cabeza dentro del agujero, como los avestruces, no le reportará ventajas a ningún partido, sea cual sea su tendencia.Etiquetas: Cataluña, inmigración, PP, proceso de integración en la UE, Sarkozy, Turquía, ultraderecha europea
El contencioso armenio-turco (5): el factor francés

El obispo armenio Norvan Zakarian en la conmemoración del día del genocidio armenio, Lyon, 24 de abril de 2006. La comunidad armenia en Francia no parece ser, a la postre un factor tan importante en la política de ese país con respecto a Turquía. Al menos en relación a los problemas que puede generar la comunidad magrebí
Martes 24 de abril: se celebra el 92º aniversario del genocidio armenio. Decliné amablemente dos invitaciones para hablar del asunto en sendos programas de la televisión catalana. Voy a intentar explicar someramente el por qué de tal actitud para ir cerrando, de paso, una mini serie comenzada meses atrás sobre el contencioso turco-armenio (al menos, de momento).
Con la cuestión del genocidio armenio sucede lo mismo que con el sicoanálisis en sus primeros tiempos. Si alguien lo rechazaba por inapropiado, podía encontrarse con una apasionada respuesta de sus partidarios: algún complejo crítico o problema mental tendría el “negacionsita”, dado que no consideraba apropiada la terapia sicoanalítica. En el caso del genocidio armenio, ya saben, acaecido en 1915, la pregunta obsesiva es: ¿De qué parte está usted?¿Es revisionista o acepta que en efecto hubo un plan para aniquilar a los armenios y el gobierno turco debería pedir excusas y etcétera, etcétera? Personalmente entiendo que actualmente la cuestión no reside ahí. Cuando un fenómeno histórico acaecido hace un siglo levanta tan elevadas cotas de pasión, es que algo refleja de la realidad actual. Y en ese caso, lo interesante no es quedarse en el síntoma, sino ir a su origen.

Conmemoración del del 90º aniversario del genocidio turco en Paris, 2005. Entonces sí tenía lógica propia
¿Por qué hoy, precisamente el aniversario número 92, levanta tantas pasiones?. La pregunta no le pasa desapercibida ni a los programadores televisivos. Se ha previsto una manifestación en Madrid, al menos dos programas de la televisión catalana tocarán el tema con cierto detenimiento, son de esperar editoriales en la prensa, declaraciones apasionadas sin fin. Pero estamos hablando del 92º aniversario. No del 75º, ni del 90, ni siquiera el 95º, no digamos el siglo redondo que se celebrará en 2015. Y ya saben ustedes que en esto de las efemérides los números mágicos son el 25, el 50, quizás el 75 y desde luego el 100. Por lo tanto, ¿qué tiene de destacado este Armenia 92?
Mucho hemos de temernos que este año la conmemoración del genocidio armenio esté muy ligada a la campaña electoral de Nicolas Sarkozy, abril de 2007, a plena potencia hacia la segunda vuelta de las presidenciales francesas, el próximo 6 de mayo. De forma directa o indirecta o aprovechando a fondo las pulsiones de la izquierda socialista-nacional, la derecha francesa ha sido la principal beneficiaria (cuando no impulsora) de todo este apasionado “revivalismo”, con las consabidas presiones al gobierno turco para que reconozca la supuesta intencionalidad genocida de las autoridades otomanas, allá por el 1915 y emita las oportunas disculpas históricas. De la misma forma que desde esos mismos sectores políticos se ha impulsado el proyecto de ley para castigar las declaraciones negacionistas en Francia. Los réditos políticos que han obtenido con esta cuestión han sido lo suficientemente jugosos como para que la candidata socialista, Segolène Royal, se apuntara deprisa y corriendo, a última hora –-a comienzos de este mismo mes de abril-- a la bicoca armenia. Precisamente, estas actitudes a remolque de las iniciativas sarkozistas, siempre a salto de mata y a destiempo, son una explicación de por qué toda la campaña socialista va a varios puntos por detrás de su principal adversario. Porque aparte de demostrar falta de consistencia, en cada exabrupto anti turco, la izquierda francesa pierde votos de la banlieue inmigrante, preferiblemente magrebí. Pero en su conjunto, la manipulación política actual del genocidio armenio de 1915, como ya sabe o sospechará usted, está específicamente pensado para hostigar las negociaciones de acceso de Turquía a la Unión Europea.

Sarkozy en estado de gracia mediática. No se trata de un fotomontaje
Llegados a este punto, surge la pregunta: ¿Por qué la derecha (y ultraderecha) francesa profesa tal inquina a la candidatura turca? Se ha esgrimido la importancia del lobby armenio en ese país, dado que no se puede comparar el peso de la inmigración turca en Francia con la existente en Alemania. Aún así, con todo el melodramatismo del que son capaces, muchos franceses tienden a sobredimensionar la importancia del factor conspirativo, mencionando de pasada algunos personajes situados en los vértices del poder, que son armenios o de tal origen, mientras deslizan en algunos productos culturales de muy escasa calidad todo tipo de fantasías sobre el poder de las mafias turcas. Historias de Landrú.
La derecha nacionalista francesa tiene dos problemas con Turquía. El primero es que si este país entra en la UE, y en virtud del actual sistema de representación, el recién llegado tendrá más parlamentarios en Bruselas, por detrás de Alemania. Epoustouflant. La segunda cuestión, ya sugerida más arriba, es que el rechazo de los turcos es una forma de tirar por elevación, de forma indirecta, contra los magrebíes: por inmigrantes, porque vete a saber si algún día a marroquíes y argelinos se les ocurre decir que son europeos y piden el acceso al club. Esa inquina fue precisamente una de las causas de aquellos célebres y muy violento motines en las banlieues francesas en noviembre de 2005, el fenómeno de agitación francés más importante desde mayo del 68, no lo olvidemos. Nicolas Sarkozy dando salida a su faceta mediática más agria y utilizando la palabra “racaille” contra los jóvenes de los suburbios, preferiblemente magrebíes y gentes de piel oscura. También la política de Sarkozy, en su conjunto, como ministro de Interior. Y el uso y el abuso de la tirria antiturca (es decir, anti-magrebí) en los recientes y muy duros debates contra el referéndum por la Constitución europea en la primavera de ese mismo año.
Por si no fuera suficiente la relación entre el 92º aniversario del genocidio armenio y la campaña electoral en curso en el vecino hexágono, ahí está también el reciente conflicto entre Ankara y la compañía francesa Gaz de France en torno al proyecto del gasoducto Nabucco para transportar gas del Mar Caspio a Europa. Con un presupuesto de 4.600 millones de euros, el proyecto prevé solucionar el transporte de gas natural desde Turquía a Austria a través de Bulgaria, Rumania y Hungría, haciendo que la UE fuera menos dependiente del petróleo ruso. El grupo de gas y petróleo de Austria OMV dirige el consorcio que planea construir el gasoducto. También son socios del proyecto las compañías Bulgargaz, Transgaz de Rumania, MOL de Hungría y la empresa estatal turca Botas. Pues bien, esta última se negó a que Gaz de France se convirtiera en el sexto socio, mostrándose favorable, en cambio, a la entrada de compañías alemanas y ucranianas. El conflicto, que se ha venido arrastrando precisamente a lo largo del mes de abril, discurre todavía por tormentosos meandros, no en vano es mucho el dinero y la influencia que están en juego: hace algo más de un año, en marzo de 2006, Gaz de France se ofreció a financiar hasta un 30% del tendido de Nabucco. El pasado 10 de abril, el ministro turco de Energía, Hilmi Güler, afirmó que Gaz de France aún no había sido apartada del proyecto.

Un oleoducto en Turquía: muhco dinero, mucha importancia geoestratégica, mucho conflicto
Pero es evidente que hay mucha disputa y navajeo bajo cuerda; y tampoco es ningún secreto que la iniciativa turca está relacionada con la polémica ley francesa sobre la negación del genocidio, votada en la Asamblea Nacional el pasado 12 de octubre por 106 votos a favor y 19 en contra cuando, precisamente ese día, estaban ausentes la mayoría de los 577 diputados de la cámara. La iniciativa fue de un grupo de parlamentarios socialistas, que esperaban sacar una buena tajada electoral del asunto. Pero quien sacó magros beneficios de la maniobra fue Sarkozy, incluso superando las reticencias de un sector de su propio partido, el MUP.
Después de esa iniciativa, que levantó una gran polémica en Europa, las relaciones turco-francesas se deterioraron de forma apreciable. La primera manifestación de esa tensión fue la negativa del gobierno turco a invitar a Francia a la feria de armamento IDEF 2007 que se celebra anualmente en Ankara. Las declaraciones excluyentes fueron pronunciadas por el ministro turco de Defensa en noviembre de 2006, pero el evento se celebrará dentro de poco, en mayo. A efectos de celebraciones filoarmenias: qué oportuno. Y lo cierto es que IDF 2007 es el mayor muestrario de armamento de Europa Sudoriental y Oriente Medio. En tono a ese descalabro andan también, a la baja, los volúmenes de negocio de empresas como Carrefour y Total en Turquía. O el apartamiento de Crédit Agricole de la puja por el banco OYAK. En fin, todo este asunto amenaza con mermar el volumen de negocios entre Turquía y Francia, que había aumentado en un 15% a lo largo de 2006.

Arde la banlieue, noviembre de 2005. La inmigración magrebí se percata de que los ataques contra la candidatura turca van dirigidos, de forma indirecta pero reconocible, contra lo que ya empiezan a ser ninorías nacionales argelinas y marroquíes en Francia
Por si faltara algo, las relaciones germano-turcas van mejorando, en paralelo al enfrentamiento Ankara-Paris, y eso también está sucediendo en este mes de abril. El pasado día 15, la canciller alemana Angela Merkel anunció, junto al primer ministro turco Recep Tayyip Erdoğan, que la UE podría de aquí a finales de junio, dos nuevos capítulos en sus negociaciones de adhesión con Turquía, coincidiendo con la presidencia alemana. Eso ocurría en la inauguración de la Feria de Hannover, una vez que a finales del mes de marzo se hubiera reactivado el segundo capítulo de las negociaciones. Una situación que no augura buenos tiempos para las futuras relaciones entre el nacionalismo alemán y el francés en el seno de la baqueteada UE.
En definitiva, Paris le está viendo las orejas al lobo durante esta primavera en que, paradojas de la historia, transcurren en paralelo las presidenciales francesas y las turcas. Y de ahí que a través de los habituales canales informativos y mediáticos, se haya decidido desempolvar de nuevo, a conveniencia propia, el ya habitual instrumento de presión, manipulando las celebraciones del genocidio armenio a conveniencia propia. Es por ello, y también por el hecho de que la equiparación histórica y jurídica del genocidio armenio al Holodomor ucraniano y el Holocausto judío se esté convirtiendo en bandera de la extrema derecha europea, y la negación del genocidio turco en palanca de la derecha turca, por lo que, el autor de este post declina implicarse en una campaña que a estas alturas tiene muy poco de académico, moral o simplemente conmiserativo, a 92, precisamente 92 años vista. Si hay cuestiones históricas a discutir o aclarar en torno a las matanzas de armenios en la primavera de 1915, ya se harán en otra ocasión; pero de momento, no parece que sea imprescindible contribuir en shows mediáticos a mayor beneficio y gloria de la derecha francesa y el señor Sarkozy, aunque estén arropados de la mejor y santa intención del mundo.
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Cruzadas a 1 euro

Como es bien sabido, en torno a la conferencia de Lahti ha cuajado una verdadera histeria antirrusa en diversos países occidentales, y sobre todo en sus medios de comunicación. En parte ha sido el desahogo a un largo verano en el que a Rusia todo parecía salirle bien, mientras que a los occidentales, encabezadas malgré eux por los Estados Unidos, no hacían sino perder pie por aquí y por allá, y sobre todo en el Medio Oriente. Ya en otoño, y durante la presidencia finlandesa de la UE, el intento de fijar una política común para garantizar los suministros de gas, ha terminado de poner a los europeos más que nerviosos ante la constatación de que en ese capítulo Rusia tiene la sartén por el mango: como si no se supiera desde hace décadas. Como mínimo desde los remotos tiempos de la Östpolitik de Willy Brandt. Lo que ocurre ahora es que en menos de seis años Putin ha tenido un claro éxito en la reconstrucción de aquel estado que en la era de Yeltsin daba pura risa, y tanta eficacia ha disparado todas las alarmas. De esa formka, deprisa y corriendo, en la cocktelera mediática se han mezclado y agitado antiguos fantasmas desaparecidos (la Unión Soviética) con nuevas y alarmantes coyunturas: las potencias emergentes, de China a la India, pasando por Brasil y algunas más; el fracaso en domesticar al "enemigo inventado": el mundo musulmán en el Medio Oriente y Asia Central; el fenómeno de la implosión social interna que están viviendo las mayoría de los países occidentales. Y el resultado es una imagen cada vez más bochornosa de todas las Europas –la vieja y la nueva- y del amigo americano.
Una simple anécdota: hace una semana el grupo emergente de investigación en el que colaboro mantuvo una reunión de trabajo con un profesor turco de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, Fatih Tayfur de la METU de Ankara. Uno de los invitados lanzó una pregunta de tono periodístico: “¿Si fracasan las negociaciones para su acceso a la Unión Europea, se decantará la política exterior de Turquía hacia el mundo árabe-islámico?”. Respuesta que dejó patidifusa a una parte de la concurrencia: “¿Por qué con los países árabes? Lo más probable es que los turcos nos vayamos con Rusia”. Una solución muy lógica si tenemos en cuenta que Mustafa Kemal ganó la guerra de independencia contra las potencias de la Entente gracias al apoyo de la Rusia bolchevique, y que en los años treinta sacó adelante su industrialización en base a planes quinquenales diseñados en Moscú, todo ello sin que el viejo zorro de Atatürk se comprometiera políticamente con la Unión Soviética.
Todas las modélicas revistas de actualidad anglosajonas de la semana hacen referencia al nuevo temor ante Rusia. Pero una de ellas refleja con gran precisión los encontrados sentimientos que se viven en torno al fenómeno. "The Bussines - London First Global Bussines Magazine" titula en su primera plana: "Russia´s threat is no longer Marxism and missiles. It´s energy. THE NEW COLD WAR". El titular está flanqueado por un enorme retrato inexpresivo de Putin. La cover story se desarrolla entre las páginas 28 y 30 bajo el título: "Putin´s superpower play". Se trata de un reportaje con ambiciones de globalidad, firmado por Richard Orange en London y James Forsyth en Washington. Pues bien, pocas páginas antes, en la 20, podemos leer otra crónica titulada: "BT knows it´s good to talk in Russia", firmada por Tony Glover. En la pieza, el presidente de British Telecom International se hace lenguas sobre las maravillas de operar en el mercado ruso con clientes como Aeroflot o... Gazprom. ¿Podemos ianmginar una situación ni remotanmente similar en ls años sesenta o setenta del siglo pasado, en tiempos de la URSS de Breznev?¿Acaso General Electric montando las piezas de los misiles soviéticos?
Por lo tanto, mucho retorno de la guerra fría y mucho miedo al superdictador Putin pero, por favor, bussines as usual, sobre todo ahora, que van mejor que nunca en la cada vez más estable Rusia. Este es el asunto que se mueve tras el ruido y las nueces de las cancillerías occidentales y los grandes grupos de comunicación que cotizan en bolsa. Cuando las manadas de lobos del occidente capitalista no pueden esquilmar tan fácilmente rebaños antaño desprotegidos y se encuentran con otras manadas tan fuertes como ellos, lo que tiene lugar a continuación es un interminable concierto de ladridos y aullidos y luego intensos meneos de rabos.
En medio de todo ello, España se ha llevado algunos mordiscos adicionales dentro de su propia manada. El jaleo de la OPA de E.ON sobre Endesa ha enfrentado al gobierno con Alemania. Como en diplomacia estas cosas no pueden ventilarse a la cara y de cualquier manera, el diario "El País" lleva semanas lanzando puñaladas traperas desde sus páginas contra los "intereses egoístas" de Berlín: "La alianza entre Moscú y Berlín bloquea una política energética común en la UE" -proclamaba el ariete catalán Andreu Missé desde Bruselas en la edición del 18 de octubre, página 2 (llevarlo a la primera plana hubiera supuesto una confrontacióin demasiado atrevida). Claro, es que además, la alemana E.ON Ruhrgas es una de las empresas alemanas que ha sacado tajada de los acuerdos con Moscú. Por supuesto, la zapateta de Borrell en Lahti tenía que ver con esas cuestiones, lo cual debe haber granjeado comentarios poco caritativos en Paris, Berlín y países del Este que, como este año se queden sin gas se van a acordar de Pepe y su parentela.
Como Paris anda metido en el ajo y Sarkozy le cantó las cuarenta a ZP este verano tirándole a la cara la regularización masiva de inmigrantes –lo que también hicieron Berlín y Viena a continuación- el pobre "El País" anda por ahí hecho un lío, en la consideración de las cruzadas a las que se sube y de las que se apea. El pinchazo en el debate sobre el proceso de pacificación del País Vasco llevado a cabo en el Parlamento Europeo el pasado 25 de octubre, ha terminado de desbaratar la situación y hoy por hoy, el gobierno de ZP, como Don Quijote, y el rotativo de Prisa, como Sancho Panza, atraviesan alicaídos por el yermo del mayor enrarecimiento internacional de la historia de España desde, pongamos, 1974.
Fotografía que acompañaba el artículo de Hermann Tertsch citado en este post. Comparar con la publicada el 22 de octubre en la crónica: "Putin critica la corrupción de los alcaldes españoles"
En medio de este fenomenal quilombo, el periodista Hermann Tertsch de "El País" se apuntó alegremente a la cruzada, ondenado su habitual pendón amarillo, con un patético artículo titulado: "El reloj del zar" (24 de octubre). Como dice el refrán serbio: “Éramos pocos, y el pope a caballo”. En realidad, la pieza no aporta nada nuevo a la ya muy conocida trayectoria de este publicista, uno de los muy escasos en la plantilla de un periódico teóricamente de izquierda moderada, con numerosos seguidores en la derecha más casposa. Alguno de los cuales, incluso, no ha dudado en calificarlo admirativamente como "azote de progres". Así, su quinta columnita de los martes se ha convertido en legación de la prensa con estatus de inmunidad diplomática de la desde la que ha venido defendiendo causas acomo la invasión de Irak en 2003, el papa Wojtyla, azote de comunistas, cualquiera de los excesos de las fuerzas de seguridad israelíes y en palabras de Justo Serna, un agudo profesor valenciano, incluso al mismísimo Dios.
En esta ocasión, Tertsch que gusta dárselas de historiador, se sacó de la manga una cita de František Palacký uno de los ideólogos del austroeslavismo a mediados del siglo XIX para decirnos, como Serrano Súñer en 1941, que Rusia es culpable (de todo) y por supuesto de fomentar la destrucción del Imperio Austro-Húngaro para extender su hegemonía en Europa. Tertsch no tuvo que rascarse mucho el cacúmen para encontrarla: la pilló al vuelo de uno de los libros que promociona "El País" con fruición, no exactamente por su calidad intrínseca, sino por haber sido editado en Taurus. La obra de Tony Judt, Postguerra. Una historia de Europa desde 1945 (Taurus, 2006), es un libro de historia actual, de factura más bien conservadora, que no añade nuevas interpretaciones ni información a lo que otros títulos similares han venido aportando en los últimos diez años. Es un manual que pone en fila india una cierta cantidad de información y deja numerosos “peros” en al aire, y cuya originalidad más útil es la de abarcar hasta el año 2005. 
El joven František Palacký (1798-1876) primer gran historiador de la nación checa y uno de los teóricos de lo que se denominó el "austroeslavismo": según él, el tiempo de los pequeños estados había terminado y la humanidad caminaba hacia grandes conjuntos económicos y políticos. Así, un pueblo pequeño como el checo no podría sobrevivir si no era dentro del Imperio Habsburgo, que debería convertirse en estado federal.
En esa línea, encabezan cada capítulo una serie de entradillas un tanto deslabazadas entre sí, y que en muchos casos resultan puramente anacrónicas. Tal es el caso de la que Tertsch utiliza para los fines de su artículo, pero echando mano de la gastada trampa del periodista que juega a ser historiador: escaqueando lo que no le interesa y abusando de sus incautos lectores. Porque lo que silencia interesadamente es que Tomaš Masaryk, discípulo de Palacký en último término, fue el artífice real de la destrucción del Imperio Austro-Húngaro, con la consiguiente aparición de esa "multitud de repúblicas grandes y pequeñas" que según Palacký serían una "estupenda base para una monarquía rusa univeresal" y que en 2006 son una colección de miembros de la OTAN o recién integrados socios de la UE, con una actitud notablemernte antirrusa. Masaryk llevó a cabo su labor disgregadora durante la Gran Guerra, tras una concienzuda campaña en la que fue ayudado por Italia, Francia y los Estados Unidos, mientras Rusia se debatía por entonces en la guerra civil, a partir de 1918. Y en cuanto a Palacký, su cita iba dirigida a los húngaros, que en 1848 intentaron separarse del imperio y fueron aplastados por los eslavos (croatas y serbios) manipulados desde Viena y por tropas rusas. Como buen austroeslavista, Palacký trata de vender las bondades de permanecer unidos en el Imperio Habsburgo, algo que de forma más contundente solía hacer el mismo emperador Francisco-José.

Masaryk rodeado de voluntarios destinados a las legiones checas, 1918, en el campo de reclutamiento de Stamford, Connecticut (EEUU). La desintegración del Imperio Austro-Húngaro fue obra de un demócrata a carta cabal como Masaryk, con activo apoyo de los aliados occidentales. El protagonismo ruso fue nulo. La idea que supo vender Masaryk fue la de que polacos, checos y yugoslavos serían un bastión eficaz contra el imperialismo alemán en Europa central
En realidad, el Hermann Tertsch historiador aficionado al que nadie ha puesto proa en estos últimos años, no hace sino chupar una y otra vez del bote de las viejas concepciones de la escuela historicista y nacionalista alemana, comenzando por Heinrich von Treitschke y terminando por Friedrich von Bernhardi. De ahí le viene ese odio sin disimulos contra cualquier pueblo eslavo que no sea católico, y que deja ver perfectamente claro en su artículo: a Hermann "Treitschke" Tertsch no le gusta ningún gobernante ruso desde Pedro el Grande hasta la actualidad: “Los zares Pedro y Catalina ya se resignaron ante la certeza de que importar el concepto de ciudadanía era ridículo, caro y peligroso”
Pero en realidad, resulta dudoso que Tertsch se haya leido realmente a los historiadores alemanes clásicos. Parece manejarse de oido, una idea de aquí, otra de allá, lo que le contaron y lo que encontró por casa de pequeñito. Por ejemplo, la idea de que la destrucción del Imperio Austro-Húngaro abonó el terreno para la llegada del comunismo no es cosa del Palacký de 1848 (lógicamente) sino teoría más reciente. Si desean, la pueden encontrar expresada en grandes titulares en la revista española "Mundo", Año IX, nº 413 del 4 de abril de 1948. A nueve años del final de la guerra civil y en puertas de la guerra fría podemos leer que "La desintegración europea en el Este, por obra soviética, tiene una razón determinante: haber destruido Austria-Hungría". Y añade el articulista: "La existencia de esa masa -decía Talleyrand- es necesaria para la salud futura de las naciones civilizadas". Por lo que, en realidad la cita que le hubiera venido bien a Tertsch hubiera sido la del maquiavélico y poco recomendable Talleyrand, y no la de Pallacký.
Titulares de la revista española "Mundo", correspondiente a su edición del 4 de abril de 1948. El reportaje era consecuencia de la instauración del régimen comunista en Checoslovaquia, acaecido apenas dos meses antes.
Para mayor inri, columna con columna, en la misma página 6 de esa edición de "El País", alguien en la redacción había encajado una crónica de Cecilia Fleta desde Berlín, titulada: "Las memorias de Schröder levantan ampollas". Allí se podían leer algunas de las opiniones que le merecían al ex canciller personalidades como George Bush, Ángela Merkel y el primer ministro bávaro, Edmund Stoiber. Pero ni media palabra sobre Putin, al que Schröder considera uno de los estadistas más accesibles y tratables de lo que se puede encontrar en el retablo del poder mundial.
La cruzada de Tertsch iba acompañada por la habitual foto burlona de Putin -ya es marca de fábrica de "El País" la manipulación interesada del material gráfico. En fin: todo un lamentable contraste con la cobertura mucho más profesional y centrada llevada a cabo por otros periódicos más serios, tal como "La Vanguardia", que cinco días más tarde publicó dos artículos. Ambos análisis, sin renunciar a la crítica del fenómeno Putin, lo hacían desde una posición infinitamente más realista: "Putin el Grande" por ese fino y veterano analista que es Xavier Batalla (pag. 8) y "Europa y la Rusia de Putin", por Carlos Nadal (pag. 9).
La pequeña cruzada de "El País", con aires de comic de “Roberto Alcázar y Pedrín” ("¡Toma del frasco, carrasco!") no hubiera resultado ni la mitad de grotesca de no haber sido porque ese mismo día, 24 de octubre, "El Mundo" publicó una crónica (referencia desde primera plana) sobre el oso que Su Majestad cazó en una montería amañada, organizada en Rusia y que al parecer estaba borracho. No era la primera vez que ese diario sacaba a relucir incidentes similares. Pero en esta ocasión, amontonado los datos lamentables, resultaba que la pacífica pieza era un oso amaestrado llamado Mitrofan, un "animal bondadoso y alegre", según explicó el funcionario local encargado de la Protección y el Fomento de los Recursos Cinegéticos en la región de Vólogda a 400 kilómetros al norte de Moscú. Por supuesto, el ruso no acusaba al rey, que al parecer no estuvo al tanto del escándalo, acaecido en agosto. Pero lo cierto es que previamente el monarca había sido invitado por el matrimonio Putin, no se sabe todavía si de forma oficial o extraoficial. La Casa Real intentó sacarse de encima el asunto de forma bastante desábrida, pero lo cierto es que el parlamentario de Esquerra Republicana, Joan Tardà, hizo una interpelación en el Congreso que fue rechazada alegando que “la actividad privada del Rey no forma parte del ámbito de competencias del Gobierno y que, conforme a la Constitución, la figura del Monarca no está sujeta a control parlamentario”. El affaire se extendió por Cataluña y algún que otro medio de comunicación lo caricaturizó con una considerable dosis de sorna, haciendo referencia a la forma en que el rey relata a sus nietos el cuento de los tres ositos.

La viga en el ojo propio: Anuncio de la pantomima del actor Toni Albà, especializado en parodiar al Rey Juan Carlos. El espectáculo, emitido regularmente en los programas "Set de nit" y "Polònia" de TV3 ha dado lugar a numerosas quejas y polémicas.
No es de extrañar que "El País" pasara por alto olímpicamente este asunto mientras daba vía libre a su personal versión de la cruzada contra el mandatario ruso, llevada a su extremo por un periodista de la casa que más parece un embajador privilegiado de otas épocas y de abecedarios razonables. Sintiéndolo mucho por la Mesa del Congreso, el hecho es que los responsables de que el monarca terminara implicado en una "aborrecible escenificación" o una "payasada sangrienta", como define el funcionario ruso la cacería, son toda una serie de organismos del estado y el gobierno cuya función consiste precisamente estar informados del riesgo político que puede correr el jefe del estado en una excursión de estas características y evitarlo en la medida de lo posible. Porque si hubiera fotos de por medio y resultaban manipuladas por algún diario ruso, a lo peor dejaban en un nivel de aficionados los festivos fotomontajes de "El País". Y menos mal que a Putin no se le ocurrió sacarlo a relucir en sus duras respuestas a Borrell. Será que, al fin y al cabo, la relevancia y respeto que conceden los eslavos al invitado, ha tenido su peso en esta ocasión.
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