Una guerra olvidada [A forgotten war]
A pesar de la ayuda mediática, voluntariosa pero ineficaz, el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia volvió a demostrar su desgaste como institución que pertenece ya a un New World Order periclitado. A la espera de que se reanude el juicio contra Radovan Karadzic y que se resuelva algún día la misteriosa desaparición del general Ratko Mladic, podemos ir refrescando la memoria sobre aspectos voluntariamente olvidados de la guerra de Bosnia, que, como una muñeca rusa, contuvo otros conflictos en su seno.
Para ello se recomienda la lectura del libro de Charles R. Shrader: The Muslim-Croat Civil War in Central Bosnia. A Military History, 1992-1994 (Texas A & M University Press, 2003). Se trata de una obra con datos muy detallados sobre la particular guerra que mantuvieron musulmanes y croatas dentro del marco de la guerra de Bosnia. El autor describe con precisión las unidades militares participantes en ese conflicto, las batallas y efectos sobre la población civil. La conclusión es clara:
"Los únicos combatientes extranjeros introducidos en Bosnia central eran los muyahidines radicales de varios países invitados por el gobierno musulmán Alija Izetbegovic.
De hecho, las pruebas disponibles, en su conjunto, muestran claramente que la fuerza del gobierno dirigido por musulmanes de Bosnia-Herzegovina fueron los agresores en la guerra civil musulmana-croata de noviembre de 1992 a marzo de 1994 (...) Por su fracaso para controlar, los elementos radicales, o incluso condenarlos públicamente, los líderes musulmanes políticos y militares de la República de Bosnia y Herzegovina tienen una gran culpa que, con pocas excepciones, todavía están llamados a expiar ante la comunidad internacional de naciones "(pp. 161-162)
Despite the media assistance, willful but ineffective, the International Criminal Tribunal for the former Yugoslavia once again demonstrated its wear as an institution that already belongs to an outdated New World Order. Pending the resumption of the trial of Radovan Karadzic and while hope to solve the mysterious disappearance of Gen. Ratko Mladic, should be useful to recall voluntarily forgotten aspects of the Bosnian war, which, like a Russian doll, contained other conflicts within it.
You should read the book written by Charles R. Shrader: The Muslim-Croat Civil War in Central Bosnia. A Military History, 1992-1994 (Texas A & M University Press, 2003). This is a work with very detailed data on the particular war that kept Muslims and Croats within the framework of the Bosnian war. The author accurately describes the military units involved in this conflict and the battles and effects on the civilian population. The conclusion is clear:
“The only foreign combatants introduced into central Bosnia were the radical mujahideen from various Muslim countries invited by Alija Izetbegovic´s government.
Indeed, the available evidence, taken as a whole, clearly shows that the force of the Muslim-led government of Bosnia-Herzegovina were the aggressors in the Muslim-Croat civil war of November, 1992-March, 1994 (…) By their failure to control, those radical elements, or even to condemn them publicly, the Muslim political and military leaders of the Republic of Bosnia-Herzegovina bear a heavy guilt that, with only a few exceptions, they have yet to be called upon to expiate before the international community of nations” (pp. 161-162) Etiquetas: crímenes de guerra, Croacia, Guerra de Bosnia, Karadzic
El Festival del Eurocontrol (3)

Cartelera de "
Živi i mrtvi” (“
Vivos y Muertos”) de Kristijan Milić (2007): un film de reciente estreno, que revela una vez más los fantasmas del pasado que laten en la sociedad croata. La historia describe un paralelismo generacional perfecto sobre un fondo de crímenes de guerra cometidos contra musulmanes bosnios en 1943 y 1993: late ahí la "magia de las efemérides simétricas"
Hace más de un mes, la sección cartas a director publicó una protesta del Embajador de Croacia, Filip Vučak, en protesta por un artículo, casi un breve, del enviado especial de “El País”, Ricardo M. de Rituerto sobre la Cumbre de la OTAN en Bucarest (publicado el 3 de abril) titulado: “Croacia, una buena imagen basada en la amnesia de los crímenes de guerra”. Por principio estoy en contra de este tipo cartas firmadas por diplomáticos que muchos periódicos se creen obligados a publicar (o que a veces bloquean, según les convenga) y que, de entrada, suelen ser un ejercicio más bien decepcionante y de escaso provecho incluso para la imagen del país que representa el diplomático.
¿Se imaginan a todo un Embajador de los Estados Unidos de América enviando cada dos por tres sentidas misivas de protesta a las secciones de cartas al director de los diversos rotativos de la prensa española? No suele ser norma; tampoco es habitual que lo hagan los representantes de potencias como Alemania, Gran Bretaña, Francia, incluso Italia. Casi siempre suele tratarse de embajadores de pequeños países europeos (los de países africanos o asiáticos no suelen tener mucho éxito con nuestra prensa) con diplomacias aquejadas de marcados síndromes nacionalistas y aparatosos problemas con su pasado histórico, que se ven compelidas a enviar cartas expresando sus más rotundo rechazo al titular de un artículo que a casi todo el mundo se le pasó desapercibido; a la intervención de tal o cual marrullero tertuliano, de harto conocidas posiciones parciales en política internacional; a las afirmaciones de cuatro opinadores aficionados en un perdido chat; o a no sé qué mapa que puede ser interpretado así o asá.
Por lo tanto, el diplomático de turno actúa para matar a cañonazos a la molesta hormiga; y avalando su firma con la expresa mención de su cargo y rango, nos endilga una purita pieza de propaganda política al servicio de su gobierno. La calidad de la pieza suele ser más que deficiente, entre otras cosas, porque la extensión que los periódicos conceden a las cartas al director es forzosamente limitado; pero además el diplomático todavía se autolimita más al ocupar con vehemencia y simples tautologías ese exiguo espacio que, en principio, debería ir destinado a datos.
Veamos un ejemplo práctico en la carta que remitió en su día el Embajador Vučak
“Quisiera recordarle que en 1991 Croacia sufrió una agresión que fue reconocida por las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. Durante la mencionada agresión contra Croacia, más de 15.000 ciudadanos perdieron la vida. Un tercio del territorio croata estuvo ocupado durante cuatro años, territorio que fue liberado por nuestras propias fuerzas, con muchas víctimas y sacrificios y a pesar de la desaprobación de la comunidad internacional. Después de finalizar la guerra, hemos reconstruido muy pronto nuestro país destruido, invirtiendo enormes esfuerzos. Hemos construido una democracia sólida y hemos creado las precondiciones políticas y económicas que nos posibilitarán la pronta adhesión a la Unión Europea. (....”

Una seguidora del cantante Marko Perkovic Thompson, convenientemente ataviada con la parafernalia
neo ustacha habitual entre el público del afamado cantante croata. La fotografía corresponde a un concierto celebrado en el verano de 2007. Las poses neofascistas vuelven a estar de moda en una parte de Europa, lo cual aporta un marco adecuado a las afirmaciones negacionistas de todo tipo
Acierta Ricardo M. de Rituerto con el argumento de su breve pieza, porque la carta de respuesta es un verdadero condensado de olvidos voluntarios.
“Quisiera recordarle que en 1991 Croacia sufrió una agresión que fue reconocida por las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU”.
Un componente esencial de esa supuesta agresión fue la revuelta de una parte de la ciudadanía de la República de Croacia que, en 1991, no deseaba formar parte de esa entidad recién autoproclamada, mecanismo que, por cierto, había legimitado simultáneamente la secesión de los nacionalistas croatas con respecto a Yugoslavia. Tras los primeros enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad croatas y los alzados, las Naciones Unidas crearon las UNPA´S (United Nation Protection Areas) o zonas de seguridad e interposición, que cuatro años más tarde fueron arrasadas por las tropas croatas en la Operación Tormenta. La memoria periodística con respecto a lo ocurrido en Bosnia con las Safe Areas de la ONU y la pusilanimidad de los “cascos azules” holandeses en Srebrenica, desaparece como por ensalmo cuando se trata de recordar que en 1995, las fuerzas croatas tomaron prisioneras a fuerzas de las Naciones Unidas destacadas en las UNPA´s, e incluso algunos fueron prácticamente ejecutados (especialmente los del contingente danés).
“Durante la mencionada agresión contra Croacia, más de 15.000 ciudadanos perdieron la vida.”
a) ¿Qué proporción de los 15.000 ciudadanos eran croatas de Croacia y cuántos de ellos eran ciudadanos serbios de Croacia?
b) ¿Desde cuánto las pérdidas en una guerra se pueden utilizar para justificar la justicia de la propia causa?¿Es cierto o no lo es que morir por una idea no la hace más justa? Por este camino, las pérdidas sufridas por la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial, justificarían la causa del Tercer Reich
“Un tercio del territorio croata estuvo ocupado durante cuatro años, territorio que fue liberado por nuestras propias fuerzas, con muchas víctimas y sacrificios y a pesar de la desaprobación de la comunidad internacional”
Territorio “ocupado” quizá no sea la expresión más adecuada para referirse a una parte de la República de Croacia en el cual una proporción de la ciudadanía, perteneciente a una minoría nacional, decidió optar por la secesión. La Ofensiva Tormenta del Ejército croata logró “liberar” ese territorio en agosto de 1995, es decir, expulsar a más de 200.000 ciudadanos de la minoría serbia de Croacia en menos de 48 horas. Fue la limpieza étnica más completa, brutal y contundente de todas las guerras de la ex Yugoslavia. Reivindicar tal acción como una “liberación” equivaldría a que el Embajador serbio en Madrid se lamentara en la prensa de que las fuerzas serbias no hubiera podido llevar a cabo la expulsión de la población albanesa de Kosovo en 1999. ¿Quién hubiera osado publicar una carta así? Que las grandes potencias nos hagan tragar sus dobles raseros es una cosa; que los protagonistas, metidos hasta el cuello en el asunto, hagan lo propio, ya resulta más cargante.
Debe recordarse también que la “autoliberación” de Croacia se llevó a cabo gracias a los intensivos planes de instrucción y rearme de las fuerzas croatas, operados por norteamericanos y alemanes a lo largo de 1994-1995, junto con la generosa cesión de datos sensibles sobre las posiciones del adversario.

El general Ante Gotovina con altos mandos y consejeros norteamericanos en
Fort Irwin, uno de los centros de entrenamiento más afamados del Ejército norteamericano. Eran los días en que los mandos croatas recibían instrucción activa para lanzar la Operación Tormenta
Por lo tanto, un parte de la comunidad internacional “aprobó” el esfuerzo militar croata y sus consecuencias humanas, vaya que si lo hizo. Otra porción no pasó por ahí, lo cual no es de extrañar, ante los excesos cometidos por las tropas coatas contra la población civil serbia de su mismo país. Pero, qué casualidad: el mismo día (10 de agosto de 1995) en que el Consejo de Seguridad de la ONU lanzaba la primera condena contra los abusos croatas en la Krajina, la emisaria del presidente Clinton ante las Naciones Unidas, Madeleine Albright, contraatacaba en ese mismo foro denunciando por primera vez las matanzas cometidos por los serbios en Srebrenica en base a las fotografías de supuestas fosas comunes tomadas por aviones espía norteamericanos. El tímido debate sobre los pecados croatas se desvió a una vía muerta.
“Después de finalizar la guerra, hemos reconstruido muy pronto nuestro país destruido, invirtiendo enormes esfuerzos. Hemos construido una democracia sólida y hemos creado las precondiciones políticas y económicas que nos posibilitarán la pronta adhesión a la Unión Europea. (....”
Nuevamente, parece que las pérdidas y destrozos justifican los errores y abusos cometidos. Pero ni una mención al juicio de Ante Gotovina en La Haya y las reacciones que concita en Croacia. Eso es un síntoma, pero también lo es la carta del embajador, y por eso se ha traido a este blog. Etendámonos: el embajador Vučak se ha limitado a hacer su trabajo, y en todo caso lo que se cuestiona aquí es esa estrategia de enviar cartas a la prensa, que marcan el estilo de determinadas diplomacias. Lo que se resalta en este post es que hasta hace no mucho tiempo, ningún periódico de centro se hubiera atrevido a publicar una carta como la del embajador Vučak. Pero estamos en 2008, y las cosas están cambiando. Quizás en Occidente y en la misma Croacia (sobre todo allí) muchos piensan que tras el impulso dado a la candidatura croata laten entusiasmos y simpatías mitteleuropeas, un reconocimiento “natural” de la valía especial de la nación croata. Quizás eso fue así años atrás y ese sentimiento incluso se perpetuó hasta el año 2005, cuando Croacia fue admitida como candidata oficial, junto con Turquía, a través de las presiones austriacas. Pero ahora, el empujón que se le está dando a la candidatura croata a la UE está en sintonía más con la Realpolitik comunitaria, que con simpatías concretas y particulares, y está en relación directa con la diplomacia soft power comunitaria, y con determinados objetivos a los que se hacía alusión en el último post dedicado a este asunto del Festival del Eurocontrol (17 de marzo, 2008).
La carretera de Eslavonia por la que escaparon decenas de miles de refugiados serbios de Croacia en agosto de 2005, completándose la "liberación" del país. Nada queda de aquello, nada ha sucedido.
El primero de los objetivos del espaldarazo dado a Croacia en estos últimos meses (con momento culminante durante la cumbre de la OTAN en Bucarest) ha sido, paradójicamente, ayudar a recomponer el puzzle balcánico tras el reconocimiento, por diversos países de la UE, de la autoproclamada independencia de Kosovo. Más precisamente, se ha buscado apaciguar las iras serbias haciendo ver a Belgrado, palpablemente, que Bruselas tiene palabra; que muchas cosas todavía son posibles si así lo quieren quienes mandan en la Unión Europea. Ahí tienen el “milagro croata”: entrando con vaselina en la comunidad europea, mientras en La Haya está teniendo lugar el juicio contra Ante Gotovina, un suceso que según y cómo lo trataran los medios de comunicación occidentales hubiera podido ser un escándalo de tomo y lomo. Pero no sucede nada de eso. Ante Gotovina saldrá como un torero, por la puerta grande, ya lo verán; nada será desvelado, los secretos inconfesables seguirán bajo la alfombra; Croacia dará esa imagen que desea transmitir el embajador Vučak en su carta-consigna.
¿De verdad que los serbios no tienen ni un poquito de envidia, ni unos celitos de los croatas? Alter ego unos de los otros, responsables ambos, juntos o enfrentados, de la gobernabilidad y coherencia de la desaparecida Yugoslavia (los demás, con perdón, siempre fueron piezas accesorias en la arquitectura del estado sudeslavo), toquen los serbios euroescépticos las llagas con sus propias manos ¿Creen ahora que los contenciosos contra Karadžić u Mladić no pueden pasar a un seguro, tercer o cuarto plano, si así lo desean los occidentales?¿Se dan cuenta de cómo los croatas pueden mantener su orgullo nacional a pesar de sus pecados, una vez que estos dejan de existir y por lo tanto nunca tuvieron lugar? La llave de lo que importa o no, reside hoy en Bruselas, donde se construye una nueva Europa en la cual los viejos mitos nacionales pueden darse vuelta, como un guante, en virtud de una calculada política de comunicación. “Ceci n´est pas une pipe: les crimes yougoslaves n´ont pas eu lieu". Kosovo no tiene importancia, Gotovina es un héroe, nadie recuerda quién fue Mladić, la Serbia europea es otra dimensión posible.
El resultado, a la vista está. Una vez más, desde Europa, hemos logrado adaptar la realidad a los titulares de la prensa. Las elecciones serbias de este mismo mes han sido un nuevo reférendum sobre una cuestión tan absolutamente artificiosa como la europeidad o no de Serbia. Y una vez más, muchos serbios han pasado por el aro. No todos, pero sí los suficientes como para que la opción que encabeza Tadić (que no es tan “ultraeuropeísta” como nos explican los titulares al uso) no se haya hundido después de lo ocurrido con Kosovo. En realidad, se ha logrado mantener la normalidad en Serbia, lo de siempre: el Partido Democrático en primera posición, con una mayoría relativa; los radicales en su eterno segundo lugar, anclados a su estrato habitual de votos, que ni la escandalera en torno a Kosovo ha logrado hinchar lo suficiente –entre otras razones, porque no son ya el ogro antieuropeísta que nos explica nuestra robotizada prensa. Y luego, detrás, el tocado partido de Kostunica; y los socialistas, que se van erigiendo en partido bisagra, algo que Bruselas está dispuesta a apoyar. Ya se habla de abrirles las puertas de la Internacional Socialista. 
Boris Tadić de visita en un acuartealmiento del Ejército serbio. Aunque las credenciales democráticas del estadista no pueden ser puestas en duda, el estereotipo de su imagen puesto en circulación por Occidente, olvida voluntariamente que Tadić no ha renunciado a revisar el contencioso de Kosovo
Claro que no ha cambiado nada, claro que todo está como siempre. Como debe estar. El mensaje ha sido muy claro: vote usted "por Europa" y todo seguirá igual. De hecho, gracias a ese sufragio contribuirá usted a que sigan ahí los radicales, y Kostunica, y tutti quanti. Porque de eso se trata en realidad, de asegurar el sillón a todos los que figuran en la foto del poder desde hace ocho años.
Triunfa el Festival del Eurocontrol. Todo está atado y bien atado, ¿o qué se creían? Por lo tanto, este sábado relájense y disfruten. España no tiene por qué hacer un ridículo excesivo con su “Chiki Chiki”, estamos todos en otra dimensión. Tomarse en serio Eurovisión es un anacronismo, pero por otra parte, se puede establecer un cierto paralelismo entre Eurovisión y lo que puede parecer la imagen popular de la política exterior comunitaria. En realidad es un potente modelo “soft power”; aunque parezca edulcorada cual tonadilla europop, aunque suene como “Abba”. Al fin y al cabo los suecos aquellos fueron incluso demasiado rentables para su propio país; y el “Chiki Chiki” va por los quince millones de euros de beneficios. Europa está tomando las riendas, el Eurocontrol existe: hay cosas buenas, otras no tanto, pero en conjunto el espectáculo abigarrado y sorprendente está garantizado. Y si le apetece, no se corte: vote usted (si puede) por el "Chiki Chiki": es la mejor garantía de que Eurovisión seguirá viva; el año pasado, en este país, nadie daba un céntimo por el festival. "Perrea, perrea..."Etiquetas: crímenes de guerra, Croacia, Gotovina, Kostunica, proceso de integración en la UE, Serbia, Tadic
El Festival del Eurocontrol (2)

Póster de un concierto celebrado en Knin, capital de la Krajina por el cantante ultranacionalista croata
Marko Perković Thompson en agosto de 2007. "
Oluja" ´("Tormenta", en croata) hace referencia a la operación militar que terminó con la insurgencia serbia y expulsó toda la población de esa nacionalidad en la región de la Krajina, agosto de 1995. La fecha de la ofensiva es fiesta nacional en la república. Vid.
una selección de sus videos a cargo de un fan en Suecia, con abundante parafernalia "ustacha". El intérprete no rehuía las puestas en escena belicosas. Vid: un vídeo enarbolando una ametralladora Thompson que adoptó como nombre artístico
Afirmar que la candidatura croata a la UE está dando saltos de gigante no sería lo correcto, porque al fin y al cabo, ya quedó muy claro en octubre de 2005 de qué iba el asunto cuando el país balcánico, a la par que Turquía, vio aprobada su candidatura y las previsiones para el ingreso apuntaban al final de la década, es decir, 2010. Lo divertido es constatar como Bruselas pretende hacer comulgar con ruedas de molino a la ciudadanía comunitaria con escaso sentido del ridículo. Así, mientras Durao Barroso anuncia al veloz adelantamiento croata gracias a la renuncia de lo que en Zagreb se denomina oficialmente la “Zona de protección ecológica-pesquera”, el propio Diario Oficial de la Unión Europea publicaba, tan sólo un mes antes (12 de febrero, 2008) La “Decisión del Consejo sobre los principios, las prioridades y las condiciones de la Asociación para la adhesión con Croacia". Como puede constatar el lector por sí mismo, el total de las condiciones por cumplir es elevado, destacando las siguientes cuestiones (utilizo el material aportado por Jelena Bjelajać en la lista Balkan:
— Garantizar la correcta aplicación de todos los compromisos asumidos en el Acuerdo de estabilización y asociación.
— Actualizar y aplicar la estrategia y el plan de acción para la reforma judicial.
— Adoptar y aplicar con rapidez una estrategia marco de reforma de la administración pública.
— Actualizar y aplicar aceleradamente el programa de lucha contra la corrupción y los planes de acción relacionados con el mismo y garantizar un enfoque mejor coordinado y más dinámico de los esfuerzos para prevenir, detectar y perseguir eficazmente la corrupción, especialmente la de alto nivel.
— Aplicar la Ley constitucional sobre minorías nacionales, con especial atención a las disposiciones que garantizan la representación proporcional de las minorías en el mercado de trabajo. Actuar más ampliamente contra la discriminación en el sector público.
— Completar el proceso de regreso de los refugiados; solucionar definitivamente todos los casos de adjudicación de viviendas a los antiguos titulares de derechos de ocupación/arrendamiento; completar la reconstrucción y restitución de propiedades y ofrecer nuevamente la posibilidad de presentar solicitudes de convalidación.

Los serbios conservan memoria de otra imagen: la expulsión masiva de sus tierras en la Krajina, que fue la mayor operación de limpieza étnica realizada de una sola vez en las guerras de la ex Yugoslavia. Una parte esos refugiados ha regresado, pero no todos, y no parece que se pueda recuperar la identidad socio-cultural de la zona, tal como estaba configurada en 1990
— Proseguir los esfuerzos encaminados a la reconciliación entre los ciudadanos de la región
—Incrementar los esfuerzos para encontrar soluciones definitivas a las cuestiones bilaterales pendientes, en particular las relativas a fronteras con Eslovenia, Serbia, Montenegro y Bosnia y Herzegovina y resolver la cuestión de la zona de protección ecológica y pesquera.
—Mantener la plena cooperación con el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia y velar por la integridad de los procesos penales nacionales contra los crímenes de guerra.
— Mejorar el entorno empresarial y el potencial de crecimiento económico, en particular reduciendo las subvenciones, reestructurando las grandes empresas deficitarias e incrementando la eficacia del gasto público.
A día de hoy: ¿Cumple la República de Croacia con todos estos requisitos, que además son una selección del conjunto? Seguramente sí, al menos desde el día 12 de febrero; caso contrario, es un suponer, Durao Barroso no se hubiera mostrado tan optimista al anunciar la casi inminente entrada de Croacia en la UE. Posiblemente, las delegaciones de la Comisión Europea tampoco estarían organizando viajes promocionales en dirección a Zagreb. Y sin embargo, lo que son las cosas, siempre hay gente incrédula.
Miren por dónde: Lluis Foix, el veterano columnista de “La Vanguardia”, no lo ve nada claro. Él fue uno de los que acudieron al agasajo de la delegación barcelonesa de la Comisión Europea; y lo relataba hace unos días, en un breve artículo publicado en el periódico y titulado, muy gráficamente: “Tres días en Zagreb” (6 de marzo, 2008, pag. 32) sin que, aparentemente, exista ni rastro de ironía en la frase. El autor nos viene a decir que “vió caras tristes y preocupadas” en la visita a la capital croata aunque, comienza afirmando que “no hay motivos objetivos para preocuparse”. De todas formas la construcción del párrafo es algo confusa y parece aludir al hecho de que la visita, organizada por la Representación en Barcelona de la Comisión europea estaba dirigida por “el fino y experimentado catalán Manel Camós, que participó muy directamente en el proceso de ingreso de Letonia en la Unión Europea”.
¿Lo hizo? No se pretende dudar aquí de la finura y experiencia en catalanidad de Camós, pero si tenemos en cuenta que Letonia protagonizó el que quizá fue el acceso a la UE más polémico hasta la fecha, debido a que un porcentaje más que elevado de su población lo hizo en calidad de minoría nacional sin derechos, quizá no deberíamos estar tan tranquilos sobre la inocuidad de determinadas “expertisen”, al menos como precedente para dar la bienvenida a Croacia. De hecho, el asunto no paró ahí: el gobierno de Riga ha venido acumulando denuncias de organizaciones internacionales de derechos humanos sobre problemas socio-sanitarios (prevalencia de tuberculosis, World Health Organization), abandono de menores en las calles, abusos policiales y procedimientos jurídicos opacos (recordemos el bochornoso juicio de estilo kafkiano contra dos jóvenes españoles acusados de ultrajar un banderín nacional, hace ahora casi un año) o seria vulneración de la libertad de expresión contra colectivos de gays y lesbianas (Human Rights Watch), entre otros tics propios de la extrema derecha.

Un ciudadano ruso de Letonia es detenido en Riga, 2005, tras manifestarse vestido con el uniforme de un campo de concetración nazi. El estatus de las minorías nacionales en la pequeña república báltica ha sido uno de los asuntos tabú en los problemas que ha generado la ampliación de la UE desde 2004.
Pero volviendo al testimonio de Foix, a pesar de haber sido recibido, con los demás, por el mismísimo primer ministro Ivo Sanader ( procede del HDZ, el partido nacionalista de derechas fundado por Franjo Tudjman) y de que “respondió con tranquilidad y precisión a todas las preguntas” el periodista vió “caras tristes y preocupadas”, “miedo en conversaciones”, todo ello debido al “peso del legado del pasado con abusos cometidos hacia las minorías”. No va desencaminado Lluis Foix, porque el asunto no constituye ningún secreto. Queda reflejado, por ejemplo, en el último informe de Human Rights Watch sobre Croacia (2007):
“There was limited progress toward resolving the ongoing obstacles to the return and reintegration of displaced and refugee Serbs. As of July 2007 around 125,000 of the 300,000 to 350,000 Serb refugees who fled the conflict were registered as having returned to Croatia. Around 60 percent of those who return stay permanently in Croatia. Figures from the United Nations High Commissioner for Refugees (UNHCR) indicate that 1,745 Serbs returned between January and September 2007. More than 80,000 refugees in neighboring countries have yet to decide about their future”
El informe contiene otros datos y algunos casos muy concretos referidos a abusos y actitudes poco recomendables hacia refugiados o incluso simples visitantes serbios. Además, según los datos del comisariado serbio para los refugiados, en Croacia hay unas 30.000 viviendas serbias ocupadas ilegalmente por otros inquilinos, lo que significa que al menos unos 100.000 serbios refugiados no pueden regresar a sus hogares, ni vender su propiedad en caso de que no quieran volver.

Mapa de poblaciones nacionales en la Europa sudoriental, 2003. La integración de Croacia en la UE supondría que sus fronteras limitarán con población croata en países no comunitarios, muy especialmente en el caso de Bosnia. Si el reconocimiento internacional de las fronteras pactadas en Dayton 1995 ha sido anulado con la soberanía de Kosovo, lo mismo es teóricamente válido para Hercegovina con respecto a Croacia. Se impone la lógica de las "grandes patrias" nacionales puramente étnicas.
Presionar con el puntero sobre la imagen para obtener ampliación del mapa
Por lo tanto, estamos ante lo que parece una escalada de facilidades destinadas a encajar el complejo mapa croata en la UE al menor tiempo posible y pelillos a la mar. Pero esa expresión, tan coloquial y relajada, esconde muchos más problemas, no ya los derivados del pasado, que Foix pudo percibir sin mucho esfuerzo. Incluso cabe considerar conflictos peores. Por ejemplo, y tal como argumentaba un suscriptor de la lista Balkan hace unos días, el mero hecho de que Croacia adelante su acceso a la UE en una década con respecto a vecinos como Serbia, Bosnia-Hercegovina y Montenegro, puede ser una fuente de incordios para el mismo candidato. Por ejemplo, podría perjudicar la integración económica de Croacia con respecto a las repúblicas ex yugoslavas vecinas, un proceso que actualmente se está produciendo por sí mismo con notable vigor. El hecho de que tanto en Hercegovina como en la Vojvodina existan minorías croatas localmente significativas, puede ser asimismo fuente de conflictos o incluso de disfuncionalidades jurídico-legales a varias bandas. Máxime teniendo en cuenta los precedentes que está creando el caso de Kosovo. Por otra parte, si Croacia se beneficia de un claro despegue en su nivel de vida, en creciente contraste con el de sus vecinos ex yugoslavos, es posible que aumente la presión de los refugiados por regresar o que puedan prosperar pleitos complejos que terminen pasando por Bruselas e incluso sirvan de precedente en futuras incorporaciones (por ejemplo, las anunciadas reclamaciones de los herederos de los armenios desplazados por las autoridades otomanas en 1915).
En definitiva: ¿Qué puede estar motivando esta precipitación en el proceso de ingreso de Croacia en la Unión Europea, justamente ahora, no antes ni después? Existen, por lo menos, tres objetivos que se explicarán en el siguiente y último post sobre el Festival del Eurocontrol que estamos viviendo en estas semanas.(Continuará)
Etiquetas: Croacia, HDZ, Human Rights Watch, Letonia, proceso de integración en la UE
El Festival del Eurocontrol (1)

Sin complejos: el campeón de catch irlandés Sheamus O'Shaunessy, promociona a "Dustin the Turkey", el pavo de gomaespuma que
representará a la católica isla en el Festival de Eurovisión 2008. En Bruselas esperan con la respiración contenida el resultado del referéndum irlandés sobre el nuevo tratado de la Unión Europea, en la segunda semana de junio. Irlanda es el único de los 27 Estados miembros de la UE que celebrará un referéndum sobre el tratado. Un posible "no" por parte del votante irlandés echaría otra vez abajo el proyecto para poner fin a años de debate sobre las reformas institucionales de la Unión. ¿Refleja "Dustin" la actual concepción que tienen los irlandeses sobre la UE?
La nota apareció en “La Vanguardia” el pasado 8 de marzo, cuando aún no se había desencadenado la tormenta del “Chiki chiki”, es decir, la victoria total e inesperada de la canción de Chikilicuatre (el cómico catalán David Fernández) que este año representará a España en el Festival de Eurovisión (pinchar aquí para la versión en serbio a cargo de Bojana Vešković). A estas alturas, el resultado de la votación por sms se confunde para muchos lectores de nuestra prensa con los porcentajes emitidos en las legislativas del pasado domingo. “Confío en que esos electores [los de Chikilicuatre] actuaran con otros criterios en la cita que el domingo teníamos todos los españoles en las urnas” –afirmaba el pasado 12 de marzo una lectora en la sección de Cartas al Director de “El País”. Lo curioso no es que haya ciudadanos que piensen así, sino que uno de los principales periódicos del país decida que la carta posee el suficiente peso intelectual o interés social como para publicar la reflexión.
La nota a la que se hacía referencia más arriba venía firmada por el reportero Plàcid García-Planas, habitual durante un tiempo en los conflictos balcánicos y Palestina. Escribe el periodista: “En el este, la esquizofrenia: Todos quieren estar cerca de Londres, Berlín o París; pero en Eurovisión –mira qué bien- sólo se votan a ellos mismos”. Hubo un tiempo en que Massiel representó para España un estrafalario aliento de aceptación europea. Ahora, los del Este magnifican el festival de Eurovisión y víctimas del correspondiente sarampión de ingenuidad transicional, creen que significa algo, al margen de su más puro interés lúdico. Sï: durante años, los de Occidente también agitamos banderitas y libramos batallas nacionales, voto a voto, en torno a grupos como “Abba” (suponiendo que el europop merezca un lugar destacado en la historia de la música) pero arropando también, cada dos por tres, a intérpretes impresentables de los que nadie se acuerda, y es bueno que así sea. En el ínterin, la mayoría de los países occidentales ni siquiera concurren ya a Eurovisión; comenzando por Italia, verdadera potencia de la canción melódica, y continuando por Gran Bretaña. De hecho, los países occidentales ya están en minoría, incluso contando con Islandia y Andorra.
Lo chocante es que en España estemos viviendo un proceso de regresión infantil en torno a la canción del “Chiki chiki”. Personalmente, y ya que estamos en onda, tenía la esperanza de que la charlotada sirviera para terminar de sacudirnos de encima algunos complejos de aldeanos en imagen exterior; por lo visto, aún nos luce el pelo de la dehesa. Pero hay algo peor que se mueve por ahí debajo.

Logo de "
Bushido": intérprete bosnio de turbofolk-bosnio-euroislamista con toques de yugoslavismo reconciliatorio. Es sólo un ejemplo posible entre decenas, repartidos en las repúblicas ex yugoslavas y más allá. El guirigay de tendencias musicales etno-manele-turbo-raperas (por decir algo) en los Balcanes es, simplemente, fenomenal. No se puede reducir a los vetustos parámetros de hace una década, como hace la
entrada de Wikipedia dedicada a turbo-folk
“El año pasado, Serbia –vencedora- obtuvo 12 puntos de cada una de las ex repúblicas yugoslavas, incluidas las Croacia de Vukovar o la Bosnia de Srebrenica” –continúa Plàcid García-Planas con un punto de indignación indisimulado. Esta es buena: por lo visto, "desde aquí" nos corresponde dar luz verde a cualquier forma de reconciliación que intenten "los de allí", y no vale cualquier cosa que no sea una buena misa o un juicio justiciero. De la misma manera que la destacada lectora de "El País" insinúa que las legislativas españolas del 9-M 2008 pueden ponerse a la altura de Eurovisión - Belgrado 2008, García-Planas parece considerar un acto de interés geoestratégico o incluso moral en el hecho de que Croacia o Bosnia (con toda la simplicidad que conlleva hablar de “Croacia” o “Bosnia”, así, en abstracto) voten por Serbia en… el Festival de Eurovisión. Deberían haber tenido en cuenta a Vukovar o Srebrenica. Qué falta de seriedad, qué bárbaros. Han pasado más de quince años en un caso y una década en el otro, pero aún no les hemos dado permiso para que superen el asunto. Y menos utilizando "nuestro" Festival de Eurovisión.
Este tipo de reflexiones son banales, desde luego. “El cachondeo está asegurado” –concluye García-Planas con toda la razón del mundo y parte de la europea. Pero en serio, en broma o a medias, ignoran las realidades locales. Como por ejemplo, que los soldados musulmanes escuchaban la misma música turbo-folk que sus enemigos serbios en plena guerra de Bosnia; música, por ejemplo, que según revela un estudio reciente del diario croata “Jutarnji List”, se está poniendo de moda entre los jóvenes croatas: les gusta nada menos que al 43% de los que tienen entre 17-18 años de edad. "Los jóvenes están fascinados. Es una verdadera fiebre de turbo folk. He tratado de poner música diferente, pero el público me abucheaba y se iba a su casa. Ellos quieren esto," dice Ivica Sovic, el propietario de la discoteca “Sova” en las afueras de Zagreb, uno de los templos de la nueva moda. Desde luego, existe turbo-folk albanés guego de Kosovo ¿O se creían que era cosa de chetniks? Y por si faltara alguna guinda, el turbo-folk ha sido utilizado incluso en una marcha gay en Viena.
En fin: a veces, breves apuntes en secciones no frecuentadas por el periodista, hacen aflorar en estado bruto esa peculiar forma de razonar que nos gastamos en Occidente y llevamos agazapada en las entretelas. Hemos sido nosotros los que nos hemos inventado crisis, guerras, etnias, pueblos, identidades: una “nación kosovar”, los “bosnio-musulmanes”, los “eslavo-macedonios”, reconocimiento diplomático para unos y no para otros, hoy toca, mañana no toca, premiamos la insurgencia armada aquí, nombramos terroristas allá. Lo de siempre: Europa, el polvorín de los Balcanes.

Una moneda croata de 25 kunas, batida en 2005 en conmemoración de la candidatura oficial del país a la UE. El hecho se produjo entre fuertes presiones de algunos países de la Unión, con especial protagonismo austriaco, a cambio de no bloquear la candidatura turca.
Pero a la postre -y de ello es síntoma lo dicho- parece que en realidad nunca nos hemos creído eso de que son realmente europeos, de que tienen derecho a expresar sus temores, intereses y/o puntos de vista. Desde aquí nos encanta pensar que caerán de rodillas ante la modernidad occidental hasta el punto de reconocer públicamente que son unos horteras pueblerinos y renunciar a sus dioses. Gran desconcierto cuando se comprueba que compartimos las mismas creencias y similar escala de valores (o restos de la misma). Y no es un problema actual, sino una constante histórica de las relaciones entre Europa occidental y los países del Este, y más en especial del Sudeste: nos suele molestar profundamente que ellos copien, utilicen o intenten emular nuestras iniciativas. Como contrapartida, siempre se mira con sospecha lo que llega de allí: existe una especie de alerta permanente sobre la competencia de sus científicos, la solvencia de sus negocios, la validez de sus ideas, la originalidad de su cultura. Sus sentimientos nacionalistas, al parecer, nos resultan excesivos, como si nosotros no viviéramos inmersos en cotidianos argumentos patrióticos, por no decir, pura y simplemente, chauvinistas.
Gran contraste: los que son bendecidos como hijos pródigos quedan a salvo de cualquier duda. El pasado 1º de febrero, quien esto escribe recibió vía mail una invitación de la Representación de la Comisión Europea en Barcelona para “participar en una visita a Zagreb (Croacia) dirigida a directores de medios y opinadores de Cataluña y las Islas Baleares” que se llevaría a cabo entre los días 3 y 5 de marzo. En la misiva electrónica no se especificaba mucho más, aparte de los horarios de los vuelos y el hotel de la capital croata donde serían alojados los invitados. ¿A qué venía tan generosa iniciativa? Lógicamente, estaba relacionada con la candidatura de Croacia a la Unión Europea, o eso cabía deducir de la opaca nota de invitación. Por teléfono se me informó someramente que el viaje estaría destinado a que los invitados (periodistas, tertulianos y enterados en general) “evaluaran” los méritos del país. Ya se pueden imaginar de qué manera: una comida por aquí, entrevista con un ministro por allá, todo buenas formas, alfombra roja, ambiente en rosa. Desde luego: previamente se habían organizado viajes similares para otros candidatos, como Rumania o Bulgaria. No, no se sabía nada de un posible viaje similar a la salud de la candidatura de Turquía. No, por supuesto, la visita no se hacía a instancias de algún lobby o país pro-croata en el seno de la Comisión Europea.
La información que me facilitaron algunos de los participantes a su regreso, cuadraba con la impresión que ofrecía la convocatoria: un breve festival del ditirambo y el piropo a mayor gloria del candidato balcánico. Desde entonces, no han cesado de aparecer en los medios de comunicación señales de que “alguien” ha decidido darle un firme empujón a Croacia. Precisamente ahora, ha comenzado en el TPI de La Haya el juicio contra Ante Gotovina y los principales responsables de la limpieza étnica en la Krajina en agosto de 1995. Al general croata se le considera en su país un héroe de guerra, de la misma forma que en Serbia se hace con el general Mladic. Lo interesante del caso es que, al parecer, en el tribunal se está aceptando este planteamiento: su defensor, el abogado Gregory Kehoe, no tiene empacho en abundar sobre esa versión, señalándolo como “responsable de la paz” en los Balcanes y el “hombre que logró detener al general serbio Ratko Mladić, cuya intención era unir Krajina con los territorios serbobosnios” o que “puso fin a la matanza perpetrada por los serbios”. A pesar de las reconvenciones del juez Orie, más dirigidas a la forma que al fondo, la estrategia del defensor parece ir dirigida a obtener el respaldo popular de Croacia, que como inminente miembro de la UE y la OTAN, ha de serlo libre de polvo y paja, y no puede tener a su más brillante general condenado como criminal de guerra. ¿Lo admitirían Bruselas, Berlín o Washington? Además es dudoso que Gotovina relate ante el tribunal el grado de coordinación que mantenía con sus asesores norteamericanos durante la ofensiva “Oluja” en agosto de 1995. Ni que salga a relucir el número de víctimas mortales entre la población civil, superior al sufrido en Srebrenica. O las bajas sufridas por el contingente de cascos azules de la ONU ante sus tropas.

Cabecera de una de las numerosas
páginas web mantenidas por asociaciones nacionalistas de emigrantes croatas en América o Australia, a favor de la absolución de Gotovina en La Haya
En realidad, el teatro que se está montando es importante. “Barroso espera la adhesión de Croacia para el año que viene” –proclamaba hace un par de días el diario “El País” (13 de marzo, 2008) en crónica procedente de Reuters. Hasta hace poco, el único obstáculo serio que parecía existir era la reclamación croata de derechos territoriales en el Adriático a fin de salvaguardar sus recursos pesqueros: su flota sólo captura una décima parte del tonelaje de la italiana (200.000 Tms. anuales). Pues bien, dado que el miércoles pasado el Parlamento croata votó por mayoría simple la plena devolución de los derechos de pesca a los países de la UE, el cielo quedó abierto, y sin muchos más trámites, el presidente de la Comisión anunció que Croacia debería concluir sus negociaciones en el 2009 para convertirse en el siguiente país en ingresar en la Unión Europea”.
(Continuará)
Etiquetas: Croacia, Eurovisión, Gotovina, proceso de integración en la UE
Yugoslavia se reinventa

El mapa político más complejo de la historia de Europa central y oriental, ya superado a fecha de hoy (no queda ni rastro de la YU que se indica). Pero además, dentro de pocos días, una breve manchita señalará la aparición de un nuevo estado soberano entre las actuales Montenegro, Serbia, Macedonia y Albania. La viabilidad económica de un conjunto tan fragmentado sólo tiene sentido en el contexto de la nueva economía global y en el seno de la integración en la UE
Noticias de hace poco más de 48 horas predicen la proclamación de la independencia de Kosovo para el próximo domingo, día 17 de febrero. Al margen de lo que ocurra antes o después de esa fecha, está asegurada una virulenta reacción de las pasiones en diversos países europeos en torno a la cuestión, con la misma furia futbolística demostrada previamente hacia conflictos o procesos en la zona turco-balcánica. Dejando atrás las mortíferas guerras de secesión yugoslavas (1991-2001), las previsibles vehemencias en torno a la soberanía de Kosovo se unen, en los últimos años, a las que despertó el fracaso del Plan Annan en Chipre, la candidatura turca a la UE, la virulenta reaparición del recuerdo del genodicio armenio, o el definitivo divorcio montenegrino. Resulta característico en esos casos que las discusiones vayan asociadas a cuestiones totalmente ajenas al sujeto aparentemente central. El resultado es que quedan en la sombra asuntos más reales o que, sencillamente, están en la cola del inmediato devenir: el espectacular acercamiento entre Ankara y Atenas, el posible debate sobre la integración de las repúblicas caucásicas en la UE, la amenaza que supone la independencia kosovar para la integridad de Macedonia o el posible estallido de los dobles raseros en cadena.
Como mero ejercicio de desintoxicación se propone aquí un reportaje publicado en la edición otoñal de "Foreign Policy" en español por la peridista Mirjana Tomić. Nacida en Belgrado y nacionalizada española, es una veterana profesional que cubrió en directo una buena parte de los acontecimienbtos de las guerras de secesión yugoslavas para el diario "El País", aportando una calidad informativa sobre el conflcito de la que el diario estaba bastante necesitado por aquellas fechas.
Mirjana Tomić pasó un tiempo en las repúblicas de la antigua Yugoslavia para llevar a cabo el reportaje que nos ocupa. En él escribe más sobre el futuro que sobre el pasado: el mundo de los negocios entre las diversas empresas y capitales de las repúblicas yugoslavas, con sus fracasos y limitaciones, pero apuntando a una tendencia clara, que es la que se impondrá definitivamente si los recién nacidos estados terminan integrándose en el espacio comunitario de la UE que es, hoy por hoy, la única apuesta con posibilidades para superar las tensiones que trajo la destrucción de Yugoslavia en todo el espacio de los Balcanes occidentales.

Otro mapa caducado desde 2006, cuando dejó de existir el estado denominado "Serbia y Montenegro", conocido jocosamente como "Repúblika Solania". La gran mancha verde que es Bosnia-Hercegovina disimula lo que es uno de los estados confederales más complejos del mundo. desde el punto de vista político y administrativo
FP - Edición en español
Artículos
YUGOSLAVIA SE REINVENTA
octubre-noviembre 2007
Mirjana Tomic
"¿Tiene revistas de Croacia y Bosnia?”. “No, sólo prensa internacional,” responde la dependienta en Plato, la mejor librería de Belgrado, con la mayor oferta de revistas y diarios británicos, italianos, franceses y alemanes. “Perdone”, se corrige y precisa: “Bosnia y Croacia son también países extranjeros”. La vendedora busca una explicación políticamente correcta para definir los Estados surgidos de la antigua Yugoslavia. “No tenemos la prensa de la región y dudo que la encuentre en Belgrado”, concluye.
Nadie en la antigua Yugoslavia habla de la antigua Yugoslavia, pero hay numerosos eufemismos: la región, los países vecinos, los países del entorno. La ausencia de prensa y de libros regionales en los quioscos y las librerías de Belgrado, Zagreb o Sarajevo no significa que no existan comercio, inversiones, intercambios culturales, viajes privados y cierta comunicación entre la población de las antiguas repúblicas yugoslavas.
La élite económica y cultural nunca ha roto todos los lazos. En los últimos cinco años, el comercio y la cooperación cultural se han intensificado. Sin embargo, el nacionalismo no ha muerto. Mientras las élites hacen negocios y los oligarcas balcánicos compiten por el tamaño de sus yates en la costa dálmata croata, los medios de comunicación y muchos políticos siguen alimentando el chauvinismo.
Pocos recuerdan que el preámbulo a la desintegración de Yugoslavia y a las guerras fue el boicot económico serbio de los productos eslovenos, decretado por el entonces presidente Slobodan Milosevic. Hoy, más de 400 empresas eslovenas están presentes en el mercado serbio, con inversiones superiores a 500 millones de euros. La cadena de hipermercados Mercator abrió el camino, inaugurando tiendas en la capital serbia y en Novi Sad. El fabricante de electrodomésticos Gorenje adquirió fábricas en Valjevo y el gigante metalúrgico Cimos compró la siderurgia en Kikinda. “Los eslovenos controlan los fondos de inversiones, las compañías de seguros y ofrecen diversos servicios de consultoría,” explica Mila Korugic, directora de recursos humanos del banco griego Piraeus. “La buena cooperación económica con Eslovenia lanza un mensaje positivo a los potenciales inversores de la Unión Europea. Significa que el mercado serbio es estable”, opina Mitar Przulj, de la Cámara de Comercio serbia. “Algunas empresas internacionales contratan a expertos eslovenos para trabajar en Serbia: ellos conocen el mercado, la mentalidad y las leyes”.
Conscientes del tamaño reducido de su mercado, con sólo dos millones de habitantes, los empresarios eslovenos, representantes de las compañías cuya transición del socialismo al capitalismo fue la más indolora en Europa del Este, y la menos corrupta, entendieron que sus ventajas comparativas yacían en la región de la antigua Yugoslavia, donde sus productos son conocidos, dominan el idioma y están dispuestos a asumir los riesgos que los occidentales no aceptarían. Por ejemplo, Mercator no pudo comprar el suelo donde construyó sus hipermercados. Las empresas del único miembro de la UE entre las ex repúblicas yugoslavas han invertido en Croacia, Bosnia Herzegovina y Montenegro. Aparte de sus ocho millones de habitantes, sin contar Kosovo, Serbia tiene otro aliciente: el acuerdo de libre comercio con Rusia.
El éxito esloveno empujó a las empresas croatas a seguir sus pasos. Unas 170 compañías han desembolsado hasta el momento 364,6 millones de euros. “Un 17,7% de las inversiones directas croatas están destinadas al mercado serbio”, según la Cámara de Comercio croata. Los inversores más grandes son el consorcio agroalimentario Agrokor y el de la construcción Nexe Group. La prensa croata alaba esta inyección de capital, mientras los medios de comunicación serbios parecen alarmados. “Los croatas compraron Serbia”, según el diario sensacionalista Kurir. La revista belgradense NIN titulaba: “La conquista de Serbia: los colonizadores croatas y eslovenos”.
Los empresarios serbios no han podido o no han querido conquistar los mercados croata y esloveno. Exportan, pero no invierten. En Croacia no hay obstáculos legales para el capital serbio, aunque la opinión pública no es favorable. “No hay que crear malestar entre los ciudadanos y permitir la entrada de capital serbio”, opina Ljubo Jurcic, candidato a primer ministro de Croacia, si el Partido Socialdemócrata (ex comunistas) gana las elecciones, previstas para noviembre de 2007. Las inversiones en Eslovenia son difíciles para todos los extranjeros.
Los tycoons serbios, palabra inglesa empleada en la región para denominar a los nuevos ricos surgidos de las guerras y apoyados por las alianzas políticas dudosas, están concentrados, desde la caída del régimen de Milosevic en 2000, en expandir sus oligopolios por el mercado interno a la vez que adquieren la representación exclusiva de las marcas internacionales para toda la región, con la excepción de Eslovenia. Sus planes estratégicos abarcan Bosnia, Macedonia, Montenegro y Albania. Algunos esperan tiempos mejores para lanzarse a Croacia. En Bosnia Herzegovina invierten tanto los croatas como los serbios, pero sus capitales van hacia las zonas donde cada etnia tiene la mayoría. Sólo los eslovenos hacen negocios por encima de las consideraciones étnicas. “Los eslovenos compraron la mayor parte de las empresas privatizadas por medio de la venta de acciones de los trabajadores”, se lamenta la revista bosnia BH Dani.
De alguna forma, sin que nadie se atreva a decirlo en público, se reproducen las relaciones de la ex Yugoslavia: Zagreb y Belgrado compiten por ser el centro económico y cultural de los Balcanes; Ljubliana se mantiene alejada, pero invierte y acumula riquezas; Sarajevo y Skopje siguen las corrientes impuestas por otros. La independencia de Montenegro es muy reciente, un año, y el país cuenta con 650.000 habitantes. Por el momento, Podgorica es reticente a aceptar el capital serbio.
La racionalidad económica parece guiar las decisiones empresariales: los tamaños reducidos de los mercados locales obligan a las empresas a buscar nuevas oportunidades; la proximidad lingüística y cultural favorece la cooperación, además de los diferentes niveles de desarrollo y salariales. Por ejemplo, el sueldo medio en Eslovenia supera los 860 euros, en Croacia alcanza los 650, en Serbia es de 346, en Montenegro de 330, en Bosnia de 300 y en Macedonia de 234. Los ingresos medios engañan sobre el nivel de vida, debido a las grandes disparidades salariales dentro de cada país. Por ejemplo, un obrero en Serbia o en Bosnia trabaja por 150 euros. El paro oficial en Bosnia, Montenegro y Macedonia supera el 30%. Con la excepción de Eslovenia, ninguno de los países surgidos de la antigua Yugoslavia ha recuperado el nivel de vida anterior a la desintegración, en 1991. Por otro lado, el patriotismo económico, como se define en Zagreb y Belgrado cierto malestar (o envidia) ante el éxito esloveno, no ha muerto.
El tycoon croata Ivica Todoric y su homólogo serbio Miroslav Miskovic, propietarios de vastos imperios en el área de distribución y venta de alimentos, entre otros sectores, intentaron frenar la expansión de los hipermercados Mercator. “El pacto Todoric-Miskovic: los nuevos dueños de los Balcanes”, tituló la revista croata Globus, especulando acerca de cómo los dos nuevos ricos iban a repartirse la región y perjudicar a los eslovenos. El pacto fracasó y los dos hombres fuertes están buscando nuevas alianzas.
En toda la zona, el proceso de transición económica del socialismo al capitalismo no ha terminado y las privatizaciones aceleradas forman parte esencial de las estrategias económicas. Este proceso provoca numerosas especulaciones acerca del origen de los inversores extranjeros: ¿quién es la tapadera de quién? Motivos existen, tanto económicos como políticos: empresas con nombres ingleses y sedes en las islas caribeñas suelen tener capitales locales o regionales de dudoso origen; la procedencia de dichos capitales está a veces ligada a las guerras o, como escribe la prensa local, es “controvertida” y hay corrupción.
En agosto de 2007, por ejemplo, siete miembros del Fondo Croata de Privatizaciones, incluidos tres vicepresidentes, fueron detenidos por recibir cohechos y organizar privatizaciones ilegales. En Serbia, las prácticas económicas monopolistas o de dudosa legalidad son minuciosamente descritas en la prensa, pero no han desencadenado grandes acciones judiciales. Y cuando las hay, la opinión pública nunca se entera del desenlace. En Bosnia y en Macedonia, los clanes étnico-políticos dominan las privatizaciones.
A pesar del acelerado movimiento de los capitales regionales en los últimos cinco años, los mayores inversores siguen siendo austriacos, alemanes, holandeses, italianos, franceses, noruegos, griegos y rusos. Las ventas inmobiliarias en la costa de Montenegro están dominadas por los oligarcas rusos. Las empresas estadounidenses han comprado algunas fábricas estratégicas, a la vez que Bosnia ha recibido inversiones de Emiratos Árabes, Arabia Saudí y otros países musulmanes. El sector bancario local ha desaparecido con la llegada de las grandes instituciones financieras europeas. Se espera que la recién creada área de libre comercio, Central European Free Trade Area (CEFTA), estrenada en julio pasado, intensifique aún más los intercambios económicos. Los miembros de la CEFTA son: Albania, Bosnia Herzegovina, Croacia, Macedonia, Moldavia, Montenegro, Serbia y Kosovo, el territorio administrado por la ONU. Según el diplomático austriaco Erhard Busek, coordinador especial del Pacto de Estabilidad, este acuerdo incrementará la capacidad regional para “potenciar el comercio, participar en el sistema multilateral y competir globalmente por las necesarias inversiones, y crear empleos”.

Los cantones de la República de Bosnia-Hercegovina, cada uno con administración y legislación propias en muchas áreas, que se suman a la coexistencia de la Republika Srpska y la Federación Croato-Musulmana, todo ello en un exiguo territorio de 51.129 km²
Los intercambios culturales regionales preceden a la cooperación económica: el mundo del cine y del teatro nunca ha roto del todo sus contactos profesionales y personales. Por otro lado, las diferentes donaciones internacionales promueven actividades culturales multiculturales. Para conseguir el dinero, hay que crear redes de contactos regionales.
El teatro esloveno Slovensko Gledalisce llegó a Belgrado antes que las empresas y fue noticia de primera plana. Lo mismo sucedió cuando el prestigioso Atelje 212 de Belgrado regresó a Croacia. Este verano, la jet set croata y la serbia se reunían para ver las obras del teatro Ulises en la isla de Brijuni (Croacia), antes residencia veraniega de Josip Broz Tito. El reparto de este teatro privado es multiétnico. “Los actores circulan por todo el territorio”, explica Milena Dragicevic, profesora de la Academia de Arte Dramático de la capital serbia. “Las series de televisión en Bosnia y Croacia cuentan siempre con actores serbios”, precisa. Sin embargo, los nacionalistas serbios atacaron violentamente a la actriz Mirjana Karanovic por su actuación en la película bosnia Grbavica, ganadora del Oso de Oro en Berlín en 2006. Karanovic interpreta a una mujer bosnia violada por soldados serbios. Hubo una única proyección del filme en Belgrado y los nacionalistas intervinieron.
“Hay mucha coproducción cinematográfica en la región”, afirma Dragicevic. La carencia de salas de cine en Serbia –la mayoría fueron vendidas y no se sabe si reabrirán– no impide que el Fondo de Cine serbio financie varias películas al año para poder participar en festivales, en especial en los especializados en el ámbito regional: Sarajevo, Palic, Herceg Novi, Motuvan o Pula.
Si bien todos los países intentan promover la alta cultura, el único producto que no ha necesitado promoción o donaciones internacionales y ha conquistado toda la región es la música folclórica serbia con arreglos tecno, conocida como turbofolk. Esta música con ritmos orientales, ligada al periodo del nacionalismo beligerante, de gusto dudoso e interpretada por unas cantantes de vulgaridad ostentosa, ha sido todo un fenómeno regional.
“Durante la guerra, cuando el Ejército bosnio llegó a Vares, la población estaba confundida. Los soldados llevaban el uniforme bosnio, pero escuchaban turbofolk”, cuenta el escritor bosnio Nenad Velickovic. Esta moda preocupa a las autoridades culturales croatas. Un programa especial de la televisión de esa república intentó analizar por qué los jóvenes bailan esos ritmos en las discotecas de Zagreb, donde este tipo de música no se vende legalmente. Tampoco se promueve en Eslovenia, pero se escucha en discotecas y fiestas.
En paralelo a los intercambios culturales con carácter comercial –teatro, cine, jazz y rock– y público reducido, debido al precio de las entradas, diferentes instituciones internacionales promueven las actividades culturales y académicas multiétnicas. Sin embargo, su alcance es limitado. Para la mayoría de la población, cruzar las fronteras étnicas es más bien la excepción que la norma. No existe el turismo masivo: algunos tienen miedo, otros rechazan los viajes debido a las guerras y la mayoría no tiene dinero. Serbios y macedonios prefieren veranear en Grecia y en Turquía que en la costa dálmata. Los croatas no viajan a Serbia si no es por motivos profesionales o personales. Basta recordar que no hay vuelos entre Belgrado y Zagreb. Resulta más barato viajar de Ljubliana a Londres que de Ljubljana a Skopje. Los precios de las llamadas telefónicas tampoco favorecen la comunicación. Las tarifas desde Macedonia son ilustrativas: resulta más barato llamar a Australia que a Belgrado.

Mapa étnico (lingüístico y religioso) del territorio de la ex Yugoslavia. En algunos casos, las diferencias han sido magnificadas por conveniencias políticas. Pero en todo caso, la reintegración informal sigue siendo el camino lógico para la coexistencia y el progreso comunes
El Babel de los Balcanes
Una de las primeras medidas políticas de los países surgidos de la antigua Yugoslavia fue cambiar el nombre del idioma oficial. El Estado desaparecido tenía tres lenguas: serbocroata, esloveno y macedonio. En cuatro de las seis repúblicas se hablaba serbocroata. Con la desintegración, éste desapareció y la región se ha enriquecido con cuatro idiomas nuevos: serbio, croata, bosnio y montenegrino.
¿Cuántos idiomas se hablan hoy? Depende. Oficialmente, seis, pero todo el mundo se entiende sin necesidad de intérpretes. El esloveno se diferencia del serbocroata –por utilizar la antigua denominación– tanto como el castellano del catalán. El macedonio se distingue del serbocroata tanto como el castellano del gallego. Y serbios, croatas y bosnios jamás hicieron ningún esfuerzo por aprender macedonio o esloveno, que se hablan sólo en un país. En cuanto al serbocroata, o sea, serbio, croata, bosnio y montenegrino, la cuestión lingüística y política está ligada. ¿Es uno o varios idiomas? ¿Cubano, argentino, mexicano y castellano son uno o varios idiomas? En el caso del serbocroata, las diferencias lo son todo. Es más, los políticos las han potenciado con la introducción de palabras nuevas. Para justificar la singularidad del serbio, Belgrado declaró el cirílico alfabeto oficial. Antes coexistía con el latino. Ningún letrero comercial en Serbia está escrito en cirílico. Para potenciar el croata, el fallecido presidente Franjo Tudjman introdujo palabras nuevas y reactivó algunas expresiones en desuso. Algunas han sido adoptadas por la población, otras desaparecieron. Para no quedar atrás, los políticos de Sarajevo inauguraron el uso de términos turcos, heredados de la dominación otomana y olvidados desde hace décadas. Los montenegrinos sólo cambiaron el nombre del idioma. –M. T. Etiquetas: Bosnia, Croacia, economía, Eslovenia, Rusia, Serbia, Yugoslavia
Las tribulaciones de Bernard K

Cubierta del libro de Michel Floquet y Bertrand Coq, rareza bibliográfica recuperada del recuerdo por la actualidad política en Francia
"Esta guerra concluirá con una paz”. Así terminó Bernard Kouchner, actual ministro de Asuntos Exteriores de Francia, una entrevista concedida a los periodistas Michel Floquet y Bertrand Coq en plena guerra de Croacia, en el patio del Hospital de Osijek, finales de otoño, 1991. Sospechando que la entrevista podría dejar demasiado claro que el personaje era más simple de lo que parecía o quizá porque Kouchner lo logró decir absolutamente nada de interés, sus interlocutores decidieron no publicar la entrevista, realizada por causalidad en el marco de un reportaje sobre la situación militar en la región de Eslavonia. Sin embargo, Floquet y Coq terminaron por publicar un libro entero dedicado a las aventuras y desventuras del personaje durante los conflictos de Croacia y Bosnia: Les tribulations de Bernard K. en Yougoslavie, Eds. Albin Michel, Paris, 1993
Eran 223 páginas corrosivas, puro ácido sulfúrico sobre la imagen de Bernard Kouchner: médico de formación, cofundador de Médicos Sin Fronteras (1971) y Médicos del Mundo (1979) –como respuesta a su abandono intempestivo de la primera ONG-, ministro de Sanidad y Acción Humanitaria (una de esas innovaciones tan francesas) en 1992-1993, y administrador de Kosovo como Alto Representante de la ONU entre julio de 1999 y enero de 2001. Un hombre dedicado a la “alta acción humanitaria”, gran impulsor del concepto “derecho de injerencia” y… ambicioso trepador en el mundo de la política francesa: desde su militancia en el Partido Comunista Francés, al Partido Socialista, al Partido Radical de Izquierda, para volver con los socialistas y terminar en el equipo de Sarkozy. Por lo tanto, cuando tanto se debate en estos tiempos sobre los fichajes socialistas del nuevo y controvertido presidente (Bernard K fue el primero), no cabe más remedio que recordar y reseñar, siquiera brevemente, el libro de Floquet y Coq.

Un caquéxico Bernard Kouchner es "nacionalizado" por Sarko, según caricatura del autor bretón
Fañch Ar RuzLa obra es muy de su época (en plena guerra de Bosnia) y por ello es útil como caja de resonancia de las obsesiones mediáticas de entonces. Pero también se adelanta al cuestionar la mojigatería de los “bien pensantes” de entonces, cuya única solución para cualquier conflicto internacional pasaba por el “derecho de injerencia”: el último capítulo y conclusión se titula, muy significativamente: “De regreso de la cuestión de Oriente, al nuevo sueño colonial”. Y faltaba toda una década para la invasión de Irak. También nos ilumina sobre la guerra de las ONG´s, otro asunto estrella de aquellos ya lejanos años. El combate singular entre Médicos Sin Fronteras y Médicos del Mundo, ambas ligadas en sus orígenes a Bernard K., se superpone a las guerras de secesión yugoslavas. Allí, MSF escoge Vukovar en el otoño de 1991; pero pierde varios miembros atrapados en los combates y decide replegarse a fin de consagrarse a los refugiados. De esa forma, pierde protagonismo frente a su rival, MDM, al menos en el muy mediático escenario yugoslavo. Es el turno de ésta ONG, dirigida entonces por el astuto Míster K., que se decide por Dubrovnik. Es una excelente apuesta: la bella ciudad, patrimonio de la UNESCO e icono turístico por antonomasia (todo el mundo la conoce, no como a Vukovar) es una apuesta segura. Ahora bien: ¿necesita ayuda humanitaria la ciudad de Dubrovnik? Rony Brauman, presidente de la rival MSF lo tiene claro: “Esta ciudad no tenía ninguna necesidad estricta. Se creó una necesidad humanitaria, pieza a pieza, y después se respondió a ella. La respuesta, como la necesidad, son virtuales” (Floquet et Coq, 1993: 55)
La idea de crear un “corredor humanitario” hacia Dubrovnik tuvo momentos de opereta que ya en aquella misma época fueron celebrados con lejía por periodistas y testigos de todo tipo. El convoy marítimo de ayuda que intentó llegar hasta el puerto rompiendo el bloqueo marítimo que mantenían las unidades de la Marina Federal yugoslava, fue una aventura en la que Kouchmner compartió protagonismo con el histriónico Stipe Mesic. Laura Silber en su célebre obra de referencia The Death of Yugoslavia (Penguin Books, 1995) relata cómo Mesic, al mando de la flotilla de yates, barquitos y barquichuelas de recreo de todo tipo, junto con el prier minsitro, al esposa del Minsitro de Asuntos Exteriores y Tereza Kesovija (la Nana Muskuri croata) intentó abrirse paso gritándole por radio al almirante serbio que él era el “comandante supremo” del Ejército yugoslavo. Lo cierto es que ya no lo era desde el 3 de octubre (y el 13 de septiembre Croacia había abandonado el gobierno federal) y quizá por eso o por las horas que llevaban en el bar del Slavija I, las celebridades a bordo festejaron la ocurrencia con sonoros aplausos, pitos y carcajadas.

Dubrovnik asediado por las baterías montenegrinas, octubre de 1991
El convoy no pasó. Si llegó, semanas más tarde, el barco hospital italiano San Marco (18 de noviembre), que desembarcó medicamentos y evacuó refugiados. Pero aprovechando que las tropas croatas tuvieron que retirar tropas del frente para controlar la operación en el puerto, las tropas serbo-montenegrinas tomaron el barrio de Mokosica. Los intentos de Kouchner para erigirse en negociador con los militares federales fueron un fracaso. No sólo se mofaban abiertamente de él, sino que cada vez que el notable francés abandonaba la ciudad, ésta era duramente bombardeada. No es de extrañar que las autoridades locales terminaran algo cansadas y comenzaran a reprochar a Bernard K. que alentara a los habitantes de la ciudad a evacuarla, puesto que eso se lo pondría más fácil a los asediadores. De hecho, desde finales de octubre las autoridades croatas habían puesto en marcha la operación “Retorno a Dubrovnik”.
Mientras tanto, Kouchner desplegaba una concentrada ofensiva mediática auto inventándose como protagonista. “Dubrovnik también le proporcionó a Bernard Kouchner la ocasión de dar la medida de su talento con la pluma. Kouchner, uno de cuyos tormentos es el fracaso de pasar por intelectual, cree que la inteligencia es contagiosa. Alentado por sus amigos (que una cierta prudencia retiene de cantar las gestas del ministro) se convierte en bardo de sus propios éxitos” (Floquet et Coq, 1993: 87) A lo largo del otoño de 1991 escribe rimbombantes artículos en al prensa francesa. ¿Y lo resultados concretos? Según él mismo, se transportaron más de 10.000 toneladas de alimentos a la ciudad. “3.500 toneladas de papeo” –corrige el doctor Michel Bonnot, fundador de Ayuda Médica Internacional, citado en el libro que nos ocupa. Según los autores, de esa ayuda debe restarse la entregada a los sitiadores. “Bernard usa las cifras como los medias: sin moderación”, concluyen. Y de paso califican la obra del biografiado. Según Kouchner la ayuda humanitaria consiste en “pequeños gestos constantes, en pequeños lugares para un pequeño grupos de personas”: es decir, la “ayuda bonsái” (Floquet et Coq, 1993: 93)

Portada de uno de los libros de Bernard K. él mismo, pensativo y preocupado, en la portada
Lo que añadía una dura nota trágica a todo esto era que mientras tanto, la ciudad croata de Vukovar estaba siendo machada por la artillería del Ejército federal y asaltada por los chetniks, pero Kouchner no hizo nada por ella, a pesar de que el 17 de noviembre recibió un llamamiento personal desde el hospital de la asediada ciudad, a punto de caer en manos del enemigo, para que evacuaran algunas decenas de heridos graves. “Pero Bernard Kouchner no escucha. Está a punto de escribir: ‘Dubrovnik ciudad de la Paz’ un artículo que publica “Le Monde” dos días más tarde” (Floquet et Coq, 1993: 84). La última iniciativa del ministro consistió en imaginar un “Concierto para la Paz”, en el que deberían cantar juntos una soprano serbia y un bajo croata. Ante la negativa de Zagreb de que entrara en la ciudad ni un solo serbio, hubo que conformarse con la Orquesta Nacional de Cámara de Toulouse. A ese concierto de Nochevieja acudieron, como no, Bernard K, Simone Veil y Michel Piccoli. La población local le dedicó una gélida indiferencia.
Los años que siguieron estuvieron marcados por el protagonismo de Bernard K. en la guerra de Bosnia, como no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta que era un abogado histórico de lo que por entonces se llegó a convertir en sacrosanto “derecho de injerencia”. Pero también de gestos a veces espectaculares, pero de eficacia real bastante dudosa. ¿El convoy del 5 de abril de 1992, que nunca llegó a entrar en Sarajevo sirvió realmente de algo, aparte de resaltar la imagen de Bernard K.? El “beau geste” del 28 de junio, protagonizado por el presidente Mitterrand para que se abriera el aeropuerto de la asediada ciudad (al parecer inspirado por Kouchner) desunió más a los europeos, evitó una temprana intervención militar occidental contra los serbios? Eso sí: siempre con la prensa por testigo, siempre cámaras e imagen. Todo un precedente el estilo Sarko de nuestros días: enormes tasas de popularidad, hiperactividad, ubicuidad, “efecto anuncio” y “charla por los codos”, como parte del retrato que hacía Lluis Bassets hace pocos días.

Bernard K, 2007, implicado en los manejos de Sarkozy con el dictador libio Gaddafi
El libro de Floquet y Coq, hoy difícil ya de encontrar, incluso de segunda mano, dejó a Bernard K. en Bosnia. Pero su carrera continuó, siempre con el mismo o similar estilo, siempre dejando en el aire la pregunta: ¿Es Bernard Kouchner un simple caradura, un tipo realmente listo, un ambicioso sin límites, un simple “con”, como lo califican algunos franceses en los foros? “Le Point” le coronó “Hombre del año” en la Francia de 1991, y sólo unos meses más tarde era el político más popular. Personaje altamente estimado por sus compatriotas en aquello lejanos años, lo cierto es que nunca logrará ser elegido como parlamentario, ni en Moselle en 1994 ni en Gardanne en 1996. Una cosa es la popularidad mediática y otra confiar el destino de una parcela del propio país en manos de Bernard K. Eso es lo que, al menos, pensaban los franceses por aquel entonces.

Bernard K, junio de 1999, recién concluida la campaña militar de la OTAN contra Serbia. En la fotografía, con dos líderes del UÇK (Thaci y Ceku), el general de la KFOR, Jackson, y el comandante de la OTAN, general Clark
Pasaron los años. En 1999, después de que la última bomba humanitaria de la OTAN cayera sobre lo que restaba de Yugoslavia, Bernard K fue nombrado administrador de las Naciones Unidas para Kosovo. Ocasión más que propicia para acuñar otra de sus frases características: “Europa, la que amamos, ha nacido en Kosovo”. En la arrasada provincia, Kouchner debe ocuparse de la asistencia humanitaria, la administración civil, la economía y la elaboración de instituciones democráticas. Es una ocasión perfecta para desarrollar sus teorías. Así, durante su mandato (julio de 1999-enero de 2001), regresaron los refugiados albaneses, pero fueron expulsados casi un cuarto de millón de serbios y otras minorías étnicas de Kovoso. Hasta la fecha, la limpieza étnica, consumada, más voluminosa de la las guerras de secesión yugoslavas. El Ejército de Liberación de Kosovo (UÇK) es desarmado y reconvertido en el Cuerpo de Protección de Kosovo, pero se cree, con fundamento, que puede recuperar su capacidad ofensiva con facilidad; de hecho, algunos mandos son sospechosos de estar tras acciones hostiles. No se logrará que funcione el Consejo de Transición de Kosovo, por desavenencias internas entre las dos principales fuerzas políticas de los albaneses, los representantes del UÇK y los de la Liga Democrática de Kosovo. La gestión gestual de Kouchner, en entredicho, dejando tras de sí polémica.

Bernard K pasea por Pristina con la controvertida Secretaria de Estado norteamericana Madeleine Albright
El año 2003 comenzó a marcar los límites de la desintegración de la doctrina del “derecho de injerencia”. En un célebre artículo publicado en “Le Monde” (4 de febrero), Bernard K. intenta salirse por la tangente ante la inminente invasión de Irak. Adopta una postura tan facilona como demagógica: “Ni la guerra ni Saddam”. No duda que existen armas de destrucción masiva escondidas, tampoco debe consentirse que Saddam siga en el poder. Intervencionismo, derecho de injerencia, si, pero sin guerra. ¿Cómo? “Qu’en ce début de XXIe siècle, on invente d’autres formes de politique et d’interventions internationales". Efectivamente : que inventen otros para sostener lo que yo afirmo. Bernard K sólo sugiere fórmulas nebulosas, que para derribar a Saddam del poder e “instaurar la democracia” en Irak, no funcionan. Pura y santa buena intención. pero claro, o injerencia a la manera clásica, o nada. Y como nada no puede ser…
Mientras tanto, ha fundado una consultoría: BK Conseil. Y con ella se mezcla en un resbaladizo negocio (septiembre 2003): lograr que la petrolera francesa Total obtenga de la dictadura militar que gobierna Birmania (Myanmar) la opción de construir y gestionar un oleoducto a cambio de que la empresa se implique en la subvención de mejoras de infraestructura humanitaria en el país. Pero el asunto se complica y desemboca en un escándalo cuando, dos años y medio más tarde, un grupo de ONG´s radicadas en Gran Bretaña lanza una campaña contra las actividades de Total en Myanmar, el trabajo forzado que se está utilizando en el oleoducto (incluyendo mano de obra infantil) y al represión que ha estado practicando “horrorosos abusos en la región del oleoducto”

El invento casi no da más de si: Bernard K. en 2003, después de la invasión de Irak
Floquet y Coq supieron a quien tenían delante en aquel lejano otoño de 1991, cuando lo entrevistaron en Croacia y decidieron dedicarle un libro. Trece años más tarde, Jordi Raich, un curtido veterano de la ayuda humanitaria, a la que sin embargo critica y fustiga en su polémico libro: El espejismo humanitario. La especie solidaria al descubierto (Debate, Madrid, 2004) hace de él éste completo retrato (pags. 162-163):
“Lo suyo era el espectáculo solidario y para ponerlo en escena recorrió incansable los escenarios más exóticos de la miseria humana. Visitó campos de refugiados, prisiones, trincheras, hospitales y fosas comunes en Croacia, Kosovo, Kurdistán y Pakistán. El doctor estaba en todas las fotos: con su mujer, con el secretario general de la ONU, sonriendo a Lady Di, entre la multitud de desgraciados y junto a los señores de la guerra. Kouchner convirtió sus cargos en un formidable instrumento de propaganda al servicio del presidente de la república y de sí mismo. Y, en el camino, hizo añicos al humanitarismo independiente basado en las necesidades de las víctimas, que fue tan valioso en sus orígenes.

Bernard K en los buenos tiempos, pero ya con una inseparable cámara detrás: Somalia, 1992
En diciembre de 1992 le vi llegar a Mogadiscio para presidir el atraque de “su” barco cargado con la cosecha de “su” operación Saco de Arroz: cada niño francés debía aportar un kilo de arroz para un niño somalí. Llegó al puerto en convoy, acompañado de un séquito de periodistas y cámaras de televisión. Hizo pomposa entrega de la carga a no se sabe quién, se echó un costal a la espalda y aguantó con sonrisa dentrífica hasta que los fotógrafos estuvieron satisfechos. Por cierto, la mayoría de ONG rechazó distribuir el arroz por su baja calidad, mezcla de variedades diferentes del cereal y nefasto empaquetado. Treinta camiones con una parte de la donación fueron robados y desaparecieron en la nada. Una partida acabó en manos de comerciantes privados que lo vendieron durante meses a precio de ganga reventado así la frágil economía local”.
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