lunes, junio 02, 2008

El Festival del Eurocontrol (4)






















Angela Merkel en la Knesset, Jerusalen, 18 de marzo de 2008. El viaje y el gesto coincidían con una más activa política exterior comunitaria en Oriente Medio, ante los meses de vacío generados por el relevo en la Casa Blanca


Queda ya atrás en el tiempo el Festival de Eurovisión, pero continúa esplendoroso el discurrir del Festival del Eurocontrol. Por el camino, aquel ha servido para demostrar la supremacía de la fórmula esencial de éste. Es decir: por Eurovisión-Belgrado 2008 han desfilado dos grandes conceptos de planteamiento lírico: el que buscaba resaltar las bondades del propio hecho diferencial como intrínsecamente superior al de los demás, expresado ello con con mayor o menor intensidad y disimulo; y aquel que se atenía a las más estrictas leyes de la rentabilidad comercial. Sin embargo, todo el conjunto del festival depende en último término de una fórmula sincrética: la rentabilidad existente en cierta manera de concebir las políticas de supremacía europea.

La idea es elástica, incluso escurridiza, e históricamente ha sido práctica esencial en las políticas exteriores de varios estados europeos. Ahora se intenta aplicar como una proyección conjunta de la Unión Europea, aunque de hecho, los diferentes problemas se enfrentan en base al juego de intereses concretos por parte de grupos determinados de países miembros. Dado que el concepto básico de esta forma de actuar es al tanteo, resulta esencial no dar publicidad a las intenciones reales o los objetivos perseguidos –que no siempre están claros a priori. Ante todo, hay que evitar las confrontaciones internas, las reclamaciones, el debate. Se actúa, se prueba, se tantea la solución. Se evalúan los resultados, pero siempre sin levantar polvareda. Ante el fracaso, la experiencia se archiva y a veces hasta se tira la llave del cajón. Caso de que las cosas hayan salido aceptablemente bien, se continúa por el camino de los hechos consumados, y pocas veces se recurre a la publicidad.



















Pesos y medidas: Bernard Kouchner (izquierda) saluda al presidente serbio Boris Tadic. Las declaraciones del ministro galo suelen dejar en evidencia la errática deriva de la política exterior francesa, pero eso no debe confundirse con la política del Eurocontrol

El lector puede encontrar un ejemplo en un artículo publicado hace un par de semanas por “The Economist” (15 de mayo) y titulado: “Balkan excepcionalism - What Serbia's election says about the European Union's enlargement”. El articulista comenzaba comentando el cacareo de algunos políticos comunitarios ante la pretendida “victoria del voto europeísta” en las recientes elecciones serbias. Destacaba, un vez más, la vana contundencia del ministro de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, según el cual “los serbios habían elegido Europa claramente”. El autor de la pieza se preguntaba cómo casaba la zanahoria presentada a los serbios durante las elecciones, con la propuesta francesa de apenas hace un año y pico, destinada a frenar la ampliación de la UE basándose en el resbaladizo concepto de la “capacidad de absorción” que defendía el mismo Sarkozy. Respuesta del autor:

“If enlargement is so unpopular, why do so many EU leaders want the credit for Serbia's vote for Europe? There are two, linked explanations. The first is that holding the door open to Balkan countries such as Croatia, Serbia, Macedonia and the rest does not imply support for enlargement in general—it is a specific strategy for preventing further instability in Europe's backyard. And the second is that enlargement mostly works like that”

Y por supuesto, porque la propuesta francesa, muy coyuntural, iba dirigida a frenar la integración de Turquía en la UE; pero el estilo populista de Sarkozy y los que lo apoyaban por entonces, pusieron el carro por delante de los caballos, al menos en relación a la praxis usual de la diplomacia comunitaria. Y fue precisamente esa tendencia a hablar demasiado la que ayudó a hundir el prestigio político de Sarkozy y Kouchner (éste mismo ya muy tocado para entonces).

En ese contexto, los medios de comunicación suelen contribuir a la perpetuación de las estrategias de Eurocontrol; en muchos casos porque, pura y simplemente, no lo conciben. La prensa suele imbuirse de la misma esencia de la cultura popular que transmite, y por ello asume ese tópico de que “no existe política exterior europea” –dado que no ven que actúe con una sola voz, como si fuera la de un único estado- o que ésta carece de imaginación o anda sobrada de rigidez. Y es cierto que existen muchas carencias y descoordinaciones, que no existe proyección militar exterior –eso es cosa de la OTAN y esa no es una alianza realmente europea- que Bruselas no obtiene resultados fulgurantes, que abundan los desajustes y los golpes bajos entre socios, que se confunde el lenguaje de madera con los resultados. Pero también se han producido pequeños y grandes prodigios de adaptación y con el tiempo ha ido surgiendo una diplomacia comunitaria que a escala de Eurovisión puede ser comparada con el estilo de algunas tonadillas triunfadoras años atrás: ligero europop, pegadizo, aparentemente banal, pero técnicamente bien construida y sobre todo rentable, muy rentable.

En la actualidad, la actitud de Bruselas con respecto a Turquía ha devenido caso de manual en la técnica del Eurocontrol comentada más arriba, incluyendo el papel ya tópico desempeñado por determinados medios de comunicación. Hace una semana, fui invitado por una productora de canal Cuatro de televisión, en Barcelona, para comentar el significado de lo que en apariencia constituía todo un éxito de la diplomacia turca en la intermediación entre Siria e Israel, especialmente en la espinosa cuestión de los Altos del Golán. Como ya se sabe, la mediación de Turquía en las conversaciones de paz sirio-israelíes fue acordada en febrero pasado por Olmert, y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdoğan. Hace unas semanas, el presidente sirio, Bachar Al Asad, reveló que Olmert le había ofrecido a través de Erdoğan la devolución del Golán -que Israel capturó en la Guerra de los Seis Días de 1967- a cambio de la paz entre sus respectivos países.















Oficiales israelíes en los altos del Golan. Es pieza clave en las negociaciones entre Damasco y Jerusalén


El pasado 21 de mayo, Israel y Siria anunciaron que habían comenzado negociaciones indirectas de paz auspiciadas por Turquía. El anuncio lo realizó Israel y fue confirmado por Damasco y Ankara, con especial énfasis por el ministro turco de Relaciones Exteriores, Ali Babacan, según el cual, conversaciones seguirán teniendo lugar en Estambul mientras las partes no expresen su interés de que sea en otra parte de Turquía.

La noticia recibió una cobertura más destacada en los medios de comunicación europeos que en los españoles. Sin embargo, Canal Cuatro decidió hacerle un espacio en el informativo de la noche, de ahí que se recabara mi opinión sobre el alcance de la noticia. El proceso de grabación fue el habitual y el resultado el mismo o muy parecido al de anteriores ocasiones (lo cual también es conocido por otros compañeros académicos) : diez o doce minutos de entrevista grabada; de ellos, cuatro o cinco segundos se ponen en boca del entrevistado (generalmente se escogen frases genéricas, perogrulladas o afirmaciones escasamente significativas en relación al conjunto de la grabación); y del resto se utiliza lo que más interesa a fin de elaborar el guión del breve reportaje, de un par de minutos de duración.

Previamente a la grabación hice un esbozo de lo que consideraba más significativo de la noticia y expliqué las causas de la misma, dado que, además, llevaba trabajando varias semanas en el asunto y poseía información y conclusiones específicas. A continuación, insistí sobre la línea argumental principal en la entrevista, sabiendo por anteriores experiencias, dónde estaba el riesgo. Pero fue en vano: el medio de comunicación en cuestión volvió a diluirlo todo en un condescendiente guiño de simpatía hacia Turquía, lo cual era un logro, proveniendo de un canal informativo del Grupo Prisa.


















Ali Babacan, el joven y dinámico ministro de Asuntos Exteriores del gobierno turco del AKP. Su protagonismo como intermediario entre Israel y Siria, ha sido relevante

La base de la actitud era muy típicamente española (y no sólo en el ámbito mediático): recurrir al experto, pero no para hacerle caso o aprovechar su opinión, sino para utilizar su nombre a fin de reforzar los prejuicios, estereotipos e interpretaciones propias del medio. ¡Si sabrán ellos…! Sobre esta base y en el caso específico de la noticia referida, se erigía la típica ignorancia voluntaria sobre los mecanismos de actuación de la diplomacia comunitaria y la insistencia informativa en la compartimentación: ¿La UE en Oriente Medio? Imposible: aquello es terreno de los norteamericanos, los turcos actúan por su cuenta, los israelíes por la suya, el mundo funciona a partir de los estereotipos que les asignan en las redacciones.

En el caso concreto de la diplomacia turca en Oriente Próximo, Asia Central y el Cáucaso, lo que ha estado sucediendo desde hace meses, resulta bastante sencillo de entender: sea cuál sea el resultado de las elecciones norteamericanas, a partir de enero de 2009 empieza una nueva era, especialmente en aquellas regiones en las que Washington se ha venido implicando más directamente. No se sabe a ciencia cierta por qué camino tirarán los norteamericanos, pero algo, forzosamente, deberán hacer. De momento, se vive un ambiente de interregno, y en ese creciente vacío ha comenzado a moverse la diplomacia turca.

En algunas zonas, por lo que le toca de cerca. Por ejemplo, el Kurdistán, donde bien pudiera ocurrir que Masud Barzani quedara medio abandonado a su suerte, impelido a ponerse de acuerdo con Ankara y Teherán. En Oriente Medio, George W. Bush intenta, sin éxito, imponer alguna forma de acuerdo de última hora entre árabes palestinos e israelíes. Como también intentó hacerlo Bill Clinton antes de abandonar la Casa Blanca. Todo esto está ya muy trillado, y ahora Jerusalén desea actuar con mayor autonomía, en vista de que la desastrosa incapacidad norteamericana en la zona ha terminado por complicarle las cosas a Israel, más que a solucionárselas. Es en este ámbito donde se enmarca el esfuerzo diplomático de Ankara, mediando entre Siria e Israel. Por otra parte, empresas turcas ya hace tiempo que se han posicionado en las zonas controladas por la Autoridad Nacional Palestina, o que trabajan en Egipto, Siria y Líbano. Por último, también la situación en el Cáucaso está experimentando un vuelco, no sólo porque Turquía y Armenia están en proceso de reconstruir sus relaciones, sino porque está impulsando la reconciliación intracaucásica, en especial entre Georgia y Armenia. En este caso, sólo indirectamente se trata de cubrir el hueco dejado por Washington: en realidad, la labor turca en la zona se corresponde con un acercamiento al vecino ruso, aunque en parte esté relacionado con los desastres.






















El profesor Ahmet Davutoğlu, a quien a veces se le denomina el "Metternich turco", es el asesor principal del primer ministro Recep Tayyip Erdoğan y arquitecto de la política exterior turca, que algunos analistas gustan de tildar como "neo otomana". Es un estadista apreciado en Bruselas

Ahora bien, toda esa actividad y sus causas no sólo son conocidas por Bruselas, sino que en algunos casos está siendo controlada, estudiada, alentada y a veces planificada en común con diversas cancillerías europeas. Y es lógico y bueno que así sea, por varias razones:

a) En primer lugar, porque Ankara está desarrollando una actividad diplomática en la zona de Oriente Medio, Asia Central y el Cáucaso que es precisamente uno de los activos ofrecidos en su día a Bruselas y que ahora busca y necesita la UE en esas difíciles zonas: know how, brokerage y seguridad. Turquía está demostrando lo que sabe y puede hacer; y Bruselas toma nota, sugiere y prueba. Pura y simplemente, no es realista suponer que en plenas negociaciones de acceso a la UE, Ankara está haciendo lo que le parece, sin contar con Bruselas. Hay indicaciones y datos concretos relativos a ello aunque, lógicamente, no se prodigan; como siempre, a la espera de resultados. Y aunque los haya y sean positivos, los cómos y porqués tampoco se filtrarán en demasía.

b) En la actual situación, cuando faltan pocos meses para que George W. Bush deje la Casa Blanca, se están generando vacíos de planificación y control estratégicos en las zonas referidas. Los proyectos de la actual presidencia norteamericana van a ser cancelados o drásticamente reformados; pero hasta hace poco, Washington ha llevado la voz cantante en la gestión de crisis en Oriente Medio, la buscada confrontación con Rusia y las presiones contra Irán. Bruselas sabe que el momento es peligroso para Europa, debido a ese vacío de poder que se está generando en el turbulento espacio ex otomano. Y como mínimo, intenta intervenir para recoger los platos rotos y adecentar el desorden reinante, antes de negociar con el que será nuevo inquilino de la Casa Blanca. En cualquier caso, estamos ante lo que puede definirse como la primera intervención extensa en Oriente Medio de la diplomacia comunitaria. Y Turquía está actuando como agente avanzado de la misma. ¿O creen que es casualidad que Ankara no haya recibido presiones desde Bruselas para que retire definitivamente a sus tropas del Norte iraquí?

c) Ante la situación política que se vive actualmente en Ankara, Bruselas tiende a apoyar al gobierno Erdoğan y no a los elementos vinculados antiguo régimen (derecha y ultraderecha nacionalistas autodefinidas como “sectores laicos”) empeñados en desestabilizarlo y boicotear el proceso de negociaciones para el acceso a la UE, proceso en el cual ven una amenaza contra sus posiciones de poder social: por unas razones o por otras sólo entre el 25 ó 27% de la población turca se sitúa en esa línea. Tal como están las cosas, el actual gobierno supone para Bruselas una línea de cooperación provechosa y coherente en Oriente Medio y Asia Central. Un golpe de estado en Turquía, del tipo que sea, sólo ofrece incertidumbres, presiones y fantasías, como la idea de “
irse con Rusia”, en vez de continuar con el proceso de integración en la UE.

d) La UE, o al menos un grupo de países dentro de ella, están trabajando para reconstruir el mensaje de que el proceso de integración europea sigue siendo válido como panacea para restañar los viejos conflictos disgregadores. El cortocircuito que ha supuesto el reconocimiento de la autoproclamada República de Kosovo por una mayoría de países de la UE, presionados algunos de ellos por la administración Bush, ha supuesto un serio quebranto para la credibilidad de esa fórmula. Por ello, mientras se busca ahora que las aguas vuelvan a su cauce en los Balcanes y se intentan restañar heridas, la colaboración de Turquía en Oriente Medio y el Cáucaso puede suponer, para la Unión Europea, la recuperación del hilo de un discurso integrador y superador de conflictos.


















Las contradicciones del presidente Nicolas Sarkozy no deben circunscribirse a las políticas del Eurocontrol. Están demasiado relacionadas con los desastrosos resultados cosechados por el mandatario en política interior francesa

Lógicamente, iniciativas como el reciente debate en la Asamblea Nacional francesa sobre la posibilidad de incluir en el proyecto de reforma constitucional una enmienda que confirme la convocatoria obligatoria de un referéndum «para aprobar o rechazar el ingreso en la UE de países que representen más del 5 % de la población de la Unión», va claramente dirigido contra Turquía y parece desmentir todo lo dicho más arriba. ¿Son posibles políticas de Eurocontrol ante actitudes nacionales tan veleidosas? Recuérdese que de prosperar la enmienda, Sarkozy terminaría tirando piedras de grueso calibre contra, por ejemplo, el proyecto de Unión Mediterránea (UM), que él mismo lanzará con su habitual pompa, durante una cumbre euromediterránea excepcional, a mediados de julio. En el proyecto de la UM, Turquía está llamada a tener un papel destacado, máxime ahora, cuando está demostrando un marcado protagonismo en su capacidad diplomática por el Mediterráneo Oriental. Aquí la política del Eurocontrol fallaría por su misma base, es decir, como una enfermedad autoinmune, al no poder controlar un jefe de estado la coherencia de su propia estrategia política.

Por lo tanto, en realidad estaríamos en este caso ante un problema estructural, y por lo tanto profundo, propio de los mecanismos esenciales de la UE. Los conflictos que puede plantear Sarkozy en la cuestión turca al intentar superar sus contradicciones en política interior, a base de la demagogia habitual, no dejan de ser comparables, ahora mismo, a los que también pone sobre la mesa Berlusconi, en Italia, o la inquietante actitud de la sociedad irlandesa ante el referéndum para la ratificación del Tratado de Lisboa. ¿Hace todo ello inviable la Unión Europea? No son asuntos tan nuevos y en realidad están asociados a problemas internos de cada uno de los líderes políticos con respecto a sus votantes. Pero hasta el momento se ha demostrado que esas figuras pasan y se van (incluso a De Gaulle le ocurrió). Mientras tanto, la voluntad de afianzarse y crecer de la Unión Europea permanece; y mientras eso sea así, de una forma u otra, más o menos discreta, consensuada o agresiva, seguirá existiendo la política del Eurocontrol, con todos sus errores y titubeos, pero también con sus logros e innovaciones originales; porque es el único camino posible, al menos desde el punto de vista continental.

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sábado, marzo 15, 2008

El Festival del Eurocontrol (1)





















Sin complejos: el campeón de catch irlandés Sheamus O'Shaunessy, promociona a "Dustin the Turkey", el pavo de gomaespuma que representará a la católica isla en el Festival de Eurovisión 2008. En Bruselas esperan con la respiración contenida el resultado del referéndum irlandés sobre el nuevo tratado de la Unión Europea, en la segunda semana de junio. Irlanda es el único de los 27 Estados miembros de la UE que celebrará un referéndum sobre el tratado. Un posible "no" por parte del votante irlandés echaría otra vez abajo el proyecto para poner fin a años de debate sobre las reformas institucionales de la Unión. ¿Refleja "Dustin" la actual concepción que tienen los irlandeses sobre la UE?


La nota apareció en “La Vanguardia” el pasado 8 de marzo, cuando aún no se había desencadenado la tormenta del “Chiki chiki”, es decir, la victoria total e inesperada de la canción de Chikilicuatre (el cómico catalán David Fernández) que este año representará a España en el Festival de Eurovisión (pinchar aquí para la versión en serbio a cargo de Bojana Vešković). A estas alturas, el resultado de la votación por sms se confunde para muchos lectores de nuestra prensa con los porcentajes emitidos en las legislativas del pasado domingo. “Confío en que esos electores [los de Chikilicuatre] actuaran con otros criterios en la cita que el domingo teníamos todos los españoles en las urnas” –afirmaba el pasado 12 de marzo una lectora en la sección de Cartas al Director de “El País”. Lo curioso no es que haya ciudadanos que piensen así, sino que uno de los principales periódicos del país decida que la carta posee el suficiente peso intelectual o interés social como para publicar la reflexión.

La nota a la que se hacía referencia más arriba venía firmada por el reportero Plàcid García-Planas, habitual durante un tiempo en los conflictos balcánicos y Palestina. Escribe el periodista: “En el este, la esquizofrenia: Todos quieren estar cerca de Londres, Berlín o París; pero en Eurovisión –mira qué bien- sólo se votan a ellos mismos”. Hubo un tiempo en que Massiel representó para España un estrafalario aliento de aceptación europea. Ahora, los del Este magnifican el festival de Eurovisión y víctimas del correspondiente sarampión de ingenuidad transicional, creen que significa algo, al margen de su más puro interés lúdico. Sï: durante años, los de Occidente también agitamos banderitas y libramos batallas nacionales, voto a voto, en torno a grupos como “Abba” (suponiendo que el europop merezca un lugar destacado en la historia de la música) pero arropando también, cada dos por tres, a intérpretes impresentables de los que nadie se acuerda, y es bueno que así sea. En el ínterin, la mayoría de los países occidentales ni siquiera concurren ya a Eurovisión; comenzando por Italia, verdadera potencia de la canción melódica, y continuando por Gran Bretaña. De hecho, los países occidentales ya están en minoría, incluso contando con Islandia y Andorra.

Lo chocante es que en España estemos viviendo un proceso de regresión infantil en torno a la canción del “Chiki chiki”. Personalmente, y ya que estamos en onda, tenía la esperanza de que la charlotada sirviera para terminar de sacudirnos de encima algunos complejos de aldeanos en imagen exterior; por lo visto, aún nos luce el pelo de la dehesa. Pero hay algo peor que se mueve por ahí debajo.




Logo de "Bushido": intérprete bosnio de turbofolk-bosnio-euroislamista con toques de yugoslavismo reconciliatorio. Es sólo un ejemplo posible entre decenas, repartidos en las repúblicas ex yugoslavas y más allá. El guirigay de tendencias musicales etno-manele-turbo-raperas (por decir algo) en los Balcanes es, simplemente, fenomenal. No se puede reducir a los vetustos parámetros de hace una década, como hace la entrada de Wikipedia dedicada a turbo-folk




“El año pasado, Serbia –vencedora- obtuvo 12 puntos de cada una de las ex repúblicas yugoslavas, incluidas las Croacia de Vukovar o la Bosnia de Srebrenica” –continúa Plàcid García-Planas con un punto de indignación indisimulado. Esta es buena: por lo visto, "desde aquí" nos corresponde dar luz verde a cualquier forma de reconciliación que intenten "los de allí", y no vale cualquier cosa que no sea una buena misa o un juicio justiciero. De la misma manera que la destacada lectora de "El País" insinúa que las legislativas españolas del 9-M 2008 pueden ponerse a la altura de Eurovisión - Belgrado 2008, García-Planas parece considerar un acto de interés geoestratégico o incluso moral en el hecho de que Croacia o Bosnia (con toda la simplicidad que conlleva hablar de “Croacia” o “Bosnia”, así, en abstracto) voten por Serbia en… el Festival de Eurovisión. Deberían haber tenido en cuenta a Vukovar o Srebrenica. Qué falta de seriedad, qué bárbaros. Han pasado más de quince años en un caso y una década en el otro, pero aún no les hemos dado permiso para que superen el asunto. Y menos utilizando "nuestro" Festival de Eurovisión.

Este tipo de reflexiones son banales, desde luego. “El cachondeo está asegurado” –concluye García-Planas con toda la razón del mundo y parte de la europea. Pero en serio, en broma o a medias, ignoran las realidades locales. Como por ejemplo, que los soldados musulmanes escuchaban la misma música turbo-folk que sus enemigos serbios en plena guerra de Bosnia; música, por ejemplo, que según revela un estudio reciente del diario croata “Jutarnji List”, se está poniendo
de moda entre los jóvenes croatas: les gusta nada menos que al 43% de los que tienen entre 17-18 años de edad. "Los jóvenes están fascinados. Es una verdadera fiebre de turbo folk. He tratado de poner música diferente, pero el público me abucheaba y se iba a su casa. Ellos quieren esto," dice Ivica Sovic, el propietario de la discoteca “Sova” en las afueras de Zagreb, uno de los templos de la nueva moda. Desde luego, existe turbo-folk albanés guego de Kosovo ¿O se creían que era cosa de chetniks? Y por si faltara alguna guinda, el turbo-folk ha sido utilizado incluso en una marcha gay en Viena.

En fin: a veces, breves apuntes en secciones no frecuentadas por el periodista, hacen aflorar en estado bruto esa peculiar forma de razonar que nos gastamos en Occidente y llevamos agazapada en las entretelas. Hemos sido nosotros los que nos hemos inventado crisis, guerras, etnias, pueblos, identidades: una “nación kosovar”, los “bosnio-musulmanes”, los “eslavo-macedonios”, reconocimiento diplomático para unos y no para otros, hoy toca, mañana no toca, premiamos la insurgencia armada aquí, nombramos terroristas allá. Lo de siempre: Europa, el polvorín de los Balcanes.






















Una moneda croata de 25 kunas, batida en 2005 en conmemoración de la candidatura oficial del país a la UE. El hecho se produjo entre fuertes presiones de algunos países de la Unión, con especial protagonismo austriaco, a cambio de no bloquear la candidatura turca.

Pero a la postre -y de ello es síntoma lo dicho- parece que en realidad nunca nos hemos creído eso de que son realmente europeos, de que tienen derecho a expresar sus temores, intereses y/o puntos de vista. Desde aquí nos encanta pensar que caerán de rodillas ante la modernidad occidental hasta el punto de reconocer públicamente que son unos horteras pueblerinos y renunciar a sus dioses. Gran desconcierto cuando se comprueba que compartimos las mismas creencias y similar escala de valores (o restos de la misma). Y no es un problema actual, sino una constante histórica de las relaciones entre Europa occidental y los países del Este, y más en especial del Sudeste: nos suele molestar profundamente que ellos copien, utilicen o intenten emular nuestras iniciativas. Como contrapartida, siempre se mira con sospecha lo que llega de allí: existe una especie de alerta permanente sobre la competencia de sus científicos, la solvencia de sus negocios, la validez de sus ideas, la originalidad de su cultura. Sus sentimientos nacionalistas, al parecer, nos resultan excesivos, como si nosotros no viviéramos inmersos en cotidianos argumentos patrióticos, por no decir, pura y simplemente, chauvinistas.

Gran contraste: los que son bendecidos como hijos pródigos quedan a salvo de cualquier duda. El pasado 1º de febrero, quien esto escribe recibió vía mail una invitación de la Representación de la Comisión Europea en Barcelona para “participar en una visita a Zagreb (Croacia) dirigida a directores de medios y opinadores de Cataluña y las Islas Baleares” que se llevaría a cabo entre los días 3 y 5 de marzo. En la misiva electrónica no se especificaba mucho más, aparte de los horarios de los vuelos y el hotel de la capital croata donde serían alojados los invitados. ¿A qué venía tan generosa iniciativa? Lógicamente, estaba relacionada con la candidatura de Croacia a la Unión Europea, o eso cabía deducir de la opaca nota de invitación. Por teléfono se me informó someramente que el viaje estaría destinado a que los invitados (periodistas, tertulianos y enterados en general) “evaluaran” los méritos del país. Ya se pueden imaginar de qué manera: una comida por aquí, entrevista con un ministro por allá, todo buenas formas, alfombra roja, ambiente en rosa. Desde luego: previamente se habían organizado viajes similares para otros candidatos, como Rumania o Bulgaria. No, no se sabía nada de un posible viaje similar a la salud de la candidatura de Turquía. No, por supuesto, la visita no se hacía a instancias de algún lobby o país pro-croata en el seno de la Comisión Europea.

La información que me facilitaron algunos de los participantes a su regreso, cuadraba con la impresión que ofrecía la convocatoria: un breve festival del ditirambo y el piropo a mayor gloria del candidato balcánico. Desde entonces, no han cesado de aparecer en los medios de comunicación señales de que “alguien” ha decidido darle un firme empujón a Croacia. Precisamente ahora, ha comenzado en el TPI de La Haya el juicio contra Ante Gotovina y los principales responsables de la limpieza étnica en la Krajina en agosto de 1995. Al general croata se le considera en su país
un héroe de guerra, de la misma forma que en Serbia se hace con el general Mladic. Lo interesante del caso es que, al parecer, en el tribunal se está aceptando este planteamiento: su defensor, el abogado Gregory Kehoe, no tiene empacho en abundar sobre esa versión, señalándolo como “responsable de la paz” en los Balcanes y el “hombre que logró detener al general serbio Ratko Mladić, cuya intención era unir Krajina con los territorios serbobosnios” o que “puso fin a la matanza perpetrada por los serbios”. A pesar de las reconvenciones del juez Orie, más dirigidas a la forma que al fondo, la estrategia del defensor parece ir dirigida a obtener el respaldo popular de Croacia, que como inminente miembro de la UE y la OTAN, ha de serlo libre de polvo y paja, y no puede tener a su más brillante general condenado como criminal de guerra. ¿Lo admitirían Bruselas, Berlín o Washington? Además es dudoso que Gotovina relate ante el tribunal el grado de coordinación que mantenía con sus asesores norteamericanos durante la ofensiva “Oluja” en agosto de 1995. Ni que salga a relucir el número de víctimas mortales entre la población civil, superior al sufrido en Srebrenica. O las bajas sufridas por el contingente de cascos azules de la ONU ante sus tropas.











Cabecera de una de las numerosas páginas web mantenidas por asociaciones nacionalistas de emigrantes croatas en América o Australia, a favor de la absolución de Gotovina en La Haya

En realidad, el teatro que se está montando es importante. “Barroso espera la adhesión de Croacia para el año que viene” –proclamaba hace un par de días el diario “El País” (13 de marzo, 2008) en crónica procedente de Reuters. Hasta hace poco, el único obstáculo serio que parecía existir era la reclamación croata de derechos territoriales en el Adriático a fin de salvaguardar sus recursos pesqueros: su flota sólo captura una décima parte del tonelaje de la italiana (200.000 Tms. anuales). Pues bien, dado que el miércoles pasado el Parlamento croata votó por mayoría simple la plena devolución de los derechos de pesca a los países de la UE, el cielo quedó abierto, y sin muchos más trámites, el presidente de la Comisión anunció que Croacia debería concluir sus negociaciones en el 2009 para convertirse en el siguiente país en ingresar en la Unión Europea”.


(Continuará)

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