La reconciliación turco-armenia (y 3): El gran círculo caucasiano

El jefe de Exteriores armenio Nalbandian (izquierda) y el turco Davutoglu, tras la frma del histórico acuerdo. Foto: EFE / CHRISTIAN HARTMANN
El domingo pasado, la sección de Internacional de "El Periódico" me encargó la elaboración de una pieza sobre el histórico acuerdo armeno-turco, que se publicó el martes siguiente y figura más abajo, reproducido en este mismo post. En él, el lector habitual de este blog encontrará ideas ya expresadas anteriormente, relacionadas con la necesidad de buscar interpretaciones globales sobre lo acaecido en un contexto tan geográficamente reducido e interconectado entre sí como es el Cáucaso meridional: tres pequeños países flanqueados por dos potencias.
La novedad se encuentra al final del artículo, con la inclusión del problema kurdo en el puzzle. En efecto, si hemos de considerar que la evolución política de Georgia, Armenia y Azerbaiyán debe analizarse conjuntamente, también ha de incluirse ahí la cuestión kurda, al menos en lo referido a la parte que corresponde al Estado turco. Parece evidente que la "descongelación" política de toda esa zona, del "gran círculo caucasiano", generará una fluidez en los conflictos presentes, hasta ahora silenciados o considerados latentes. Uno de ellos es el existente entre kurdos y armenios, instrumentalizado hasta convertirlo en alianza táctica anti-turca durante la Guerra Fría. Sin embargo, esa situación no tiene por qué seguir así, y el tratamiento de esa cuestión desde Occidetne exigirá menos posicionamientos pasionales y más disposición racional a que todas las partes salgan beneficiadas de las soluciones o acuerdos que se pacten.
Por último, la pieza publicada recupera la línea de interpretación, avanzada hace algo más de un año, a raíz de la guerra ruso-georgiana, y publicada en "El País". 13/10/2009 ANÁLISIS DEL ACUERDO ENTRE TURCOS Y ARMENIOS
• La acción conjunta de Rusia y Turquía en relación al Cáucaso parece estar detrás del deshielo con Armenia
• La Unión Europea no ha sido la fuerza catalizadora del proceso
La normalización de relaciones entre las repúblicas de Armenia y Turquía ha sido saludada desde diversos medios enfatizando las dificultades de última hora, que eran las de esperar. La diáspora armenia ve cómo se le dobla esa palanca de poder que podía utilizar en los países de acogida: el recuerdo del genocidio de 1915. Pero el Gobierno de Erevan también sabe que no puede desairar así como así a una diáspora que cuenta con más miembros que ciudadanos tiene la República, y una fuerza económica y política nada desdeñable.
En cuanto a Turquía, la derecha y ultraderecha nacionalistas se echan las manos a la cabeza ante la «traición» del Gobierno islamista. Harían cualquier cosa para hundir a Erdogan, y es de esperar que intenten sabotear la solución al nudo gordiano chipriota, el último gran problema internacional que le queda a Ankara para cumplir con las condiciones de Bruselas. Sin embargo, el Gobierno islamista moderado no ha parado de afianzarse, batiendo a la oposición en su propio terreno. Y cumpliendo de paso con las condiciones impuestas por la UE en política exterior: una de ellas, la regularización de las relaciones con Armenia y la apertura de la frontera.
Pero lo importante aquí es la visión de conjunto. Hace solo dos años, por estas mismas fechas, en Europa se consideraba utópica la reanudación de las relaciones turco-armenias. Hoy no solo se han restablecido, sino que parece que de paso se está cerca de resolver el contencioso del Alto Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán, un asunto aún más espinoso, que parte de una guerra entre ambos países entre 1991 y 1994.
Ahí ha sucedido algo: demasiados cambios en muy poco tiempo. Por el camino, un rosario de contactos secretos entre turcos, armenios y azerís y una extraña guerra, la de Georgia contra Rusia, cuyas causas no están ni mucho menos claras.
¿Dónde ha estado el hilo conductor de esta historia? A pesar de la solemne presencia de Solana en el acto de apretón de manos final entre los ministros de Exteriores Davutoglu y Nalbandian, la Unión Europea no ha sido la fuerza catalizadora del proceso. Ni siquiera a través de la Asociación Oriental, puesta en marcha el pasado mes de mayo en Praga e impulsada por Angela Merkel. Eso está en sus comienzos, y en el Cáucaso todo va mucho más rápido.
La respuesta parece estar en la acción conjunta de Turquía y Rusia, que de una manera u otra se han puesto de acuerdo en relación al Cáucaso, área de influencia común. Punto central ha sido la ruptura del aislamiento de Armenia, hasta ahora satélite ruso. A su vez, y gracias a las presiones de Moscú, Erevan cederá en Nagorno-Karabaj, con lo cual Azerbaiyán mantendrá un trato más relajado con Rusia. Todo ello ha sido posible a partir de que Georgia, vencida en la guerra del 2008, ha quedado estratégicamente fuera de juego. Deberemos esperar novedades en toda la zona. Armenia entrará en el recorrido de los gasoductos y oleoductos, y también de ejes de comunicación. Con ello se evitará un camino más largo y complicado por Georgia. Así, el negocio de los hidrocarburos y su transporte quedará más concentrado en manos de rusos, azerís y turcos, con la posible incorporación de iranís.
Reordenamiento general
En todo ese juego, Turquía se está erigiendo como árbitro frente a las pretensiones europeas en la zona. Y así gana bazas en su camino hacia la UE. Pero hay algo que queda por ajustar en el puzle: la cuestión kurda. La solución, a gusto de Ankara, está en camino: la normalización de relaciones con Armenia posiblemente llevará a las pertinentes reclamaciones de propiedades de los expulsados en 1915 de Anatolia oriental. Hoy, todo eso pertenece a la población local, mayoritariamente kurda. De ahí que la solución del problema que busca Erdogan pase por la defensa del status quo a cambio de una renovada fidelidad política kurda. A no dudar, en el Cáucaso sur se está operando un verdadero reordenamiento general, y todos buscan matar sus respectivos pájaros de un solo tiro.
Profesor de Historia Contemporánea (UAB) y autor de El desequilibrio como orden (2009).
Etiquetas: Armenia, Azerbayán, Cáucaso, Georgia, Kurdistán
La reconciliación turco-armenia (2): Bruselas tiene un problema

En Los Ángeles, una furgoneta de la comunidad armenia denuncia el acuerdo turco-armenio sobre los rostros de los presidentes de ambos países
El miércoles de esta misma semana concluyeron las jornadas a puerta cerrada, en el CIDOB, tituladas: “A European South Caucasus? EU soft power and challenges to democracy, peace and development in the South Caucasus”. La organización corrió a cargo de la mencionada fundación junto con la Friedrich Ebert Stiftung y la European Stability Initiative (ESI). En la convocatoria se nos indicaba que deberíamos atenernos a las reglas de Chatham House, lo cual tiene un punto pretencioso: ¿por qué no se elaboran unas reglas CIDOB más adecuadas al formato y entidad de las jornadas como las organizadas? En cualquier caso, me ceñiré en la medida de lo posible a las condiciones, como si estuviéramos en Reino Unido, aunque no sea así: pueden encontrar el programa del evento en la página de la fundación.
La plantilla de invitados resultó muy correcta, lo cual suele ser habitual en las jornadas de CIDOB-ESI. Por lo demás, se notó una vez más la veteranía de la fundación barcelonesa, asociada al punto germánico que aporta ESI. La asistencia de invitados quedó bastante recortada con respecto a lo prometido en el programa, aunque es seguro que los organizadores no fueron responsables de ese fallo. En cambio, sí que se notó la ausencia de representación rusa, que corrió a cargo de un único ponente. La presencia turca fue igualmente anémica –algo menos comprensible. Y, desde luego, no se invitó a ningún iraní; y lo cierto es que Teherán siempre ha tenido mucho que decir en el Cáucaso. Personalmente, hubiera añadido algún invitado kurdo; y, aunque más difícil de conseguir, alguien que representara al Cáucaso Norte.
Segunda carencia, y ésta de mayor calado: faltó una visión de conjunto. En su lugar, se cayó en aquella práctica que resultaba habitual durante las crisis balcánicas: la parcelación. Los georgianos explicaron su guerra; los armenios de la república, su reconciliación con los turcos; los azeríes, y otra vez los armenios, la negociación sobre Nagorno-Karabaj. Previamente, tres intervenciones dedicadas a los actores mayores: una por Rusia, otra por Turquía, y la tercera por la UE. Y ni media palabra dedicada a los padres de la criatura: gaseoductos y oleoductos.
Por lo tanto, el Cáucaso apareció ante los asistentes como un rompecabezas tan artificialmente fragmentado como es habitual, con la pertinente explicación de base étnica, las declaraciones oficiales no demasiado retocadas, y mucho circunloquio. No se llegó a aquellos seminarios maratónicos de antaño, a base de jeremiadas balcánicas, con la obligada catarsis del público; pero la conclusión final de las jornadas quedó a cargo de los asistentes. Y la verdad es que vistas las cosas con una mínima perspectiva temporal, pedían una explicación a gritos.
Vean si no: hace dos años justos, la situación en el Cáucaso meridional parecía totalmente congelada. En Occidente no despertaba la menor atención. Ankara ya estaba manteniendo contactos bajo cuerda con unos y con otros, y especialmente con Yerevan, pero muy poco se sabía de eso. Los tejemenejes bajo cuerda salieron a la luz en febrero de 2008, así como la muy clara la disposición del nuevo presidente armenio a a establecer relaciones con la vecina Turquía 'sin condiciones previas'. En agosto, la guerra ruso-georgiana. En octubre, los presidentes Gül y Sarkisian se reunían en la capital armenia con motivo del partido que enfrentó a sus selecciones nacionales para el Mundial de Fútbol 2010. Y desde entonces, las cosas avanzaron a gran velocidad. A día de hoy, todo va sobre ruedas: la apertura de la frontera turco-armenia es inminente, el conflicto de Nagorno-Karabaj entre armenios y azeríes (hasta hace poco aun asunto intocable para aquellos) parece en vías de solución; y hasta el el debate sobre el genocidio armenio ha periodo dramatismo en Turquía. Buen rollito por doquier, donde antes sólo imperaba el desencuentro; y todo ello en un tiempo récord.
¿Todos estos acontecimientos no tienen un hilo conductor, no están relacionados entre sí? Cuesta mucho de creer. Piense el lector que hablamos de conflictos de esos que políticos, periodistas e historiadores nos pintan como aparente y eternamente irresolubles, tan “característicos” de zonas como los Balcanes y el Cáucaso. Pues caramba con los conflictos eternos. ¿Quién descolgó el teléfono y marcó el número?¿Quien se puso al otro lado de la línea?¿Cuánto costó ésto y lo otro?
Mientras tanto, no hay manera de que nuestra prensa le dedique una línea a la pinza ruso-turca. Moscú y Ankara están repartiéndose el Cáucaso meridional en áreas de influencia, eso ya es muy evidente a estas alturas. Sin tal acuerdo, nunca se hubiera podido solucionar el contencioso armenio-azerí, que en su día costó tanta sangre. ¿Y qué decir de la guerra entre rusos y georgianos, que todo el mundo se veía venir, a excepción de la nube de asesores occidentales que le bailaban el agua al presidente Mijeil Saakhasvili? (por cierto: en “El País” siguen llamándole “Mijail”, a la rusa).
Seguramente, Washington anda detrás de Ankara, pero no así Bruselas. De hecho, en las jornadas del CIDOB-ESI llegaron claramente los ecos del despiste comunitario. La pregunta retórica de la convocatoria habla por sí misma. De momento, la única baza política de la UE, al menos en relación a su consistencia, es la denominada Asociación Oriental (en el programa del CIDOB le denominan “Partenariado”, pero ese término no figura en el DRAE). El proyecto se puso en marcha durante el pasado mes de mayo, en la cumbre de Praga, y estaba destinado a estrechar lazos entre la Unión Europea y una serie de repúblicas ex soviéticas: las muy cercanas Bielorrusia, Ucrania y Moldavia, junto con las tres del Cáucaso meridional: Georgia, Armenia y Azerbaiyán. Ángela Merkel puso especial empeño en la iniciativa, ante el desinterés de Sarkozy, Berlusconi y Zapatero, centrados en llevar a cabo un proyecto similar, más difuso, en el Mediterráneo. Pero la Asociación Oriental dejaba entender que ahí existía una cierta promesa implícita de integración, aunque fuera a largo plazo. Lo ideal sería que el proyecto restara protagonismo a las tendencias expansionistas de la OTAN en esa zona, lo que debería contribuir a unas relaciones más estables entre Rusia y la UE.
Sin embargo, la situación en la zona evoluciona con rapidez y el "soft power" de la UE poco tendría que hacer frente a una Turquía y una Rusia hostiles a cualquier promesa de integración al Cáucaso. O sea, que si seguimos así, pronto habrá que pedir permiso a Turquía y Rusia para seguir adelante con la Asociación Oriental. Mal asunto, por tanto, para los proyectos de tendido de ductos desde Asia Central.
Pero hay de por medio una última cuestión que tampoco salió a relucir durante las jornadas CIDOB-ESI. Cuando hablamos de política exterior europea se deben entender dos cosas diferentes. De un lado, las iniciativas consensuadas por la UE; del otro, la política exterior propia de cada uno de los países miembros, que a veces coincide con lo consensuado en Bruselas; o no. En ocasiones puede ir incluso a contracorriente de la política exterior comunitaria.
Mucho hemos de temer que en Cáucaso estén actuando una y otra. Mejor dicho: que quienes andan haciendo de las suyas sean algunos países europeos, cada uno por su lado. Por las trazas, la Italia de Berlusconi se ha colado en el eje ruso-turco y puede llegar a sacar buenos beneficios del asunto. Pero ¿cuál está siendo la actuación inglesa, francesa o alemana en la zona? El día que sepamos la respuesta exacta, no carecerá de interés.
Por supuesto, la motivación principal de esos y otros países para actuar en el Cáucaso tiene que ver más con el negocio de los hidrocarburos que con cualquier otro factor. O sea que debe existir ahí una cierta dosis de actividades inconfesables. Eso explicaría que, en base a al corrección política, en el seminario CIDOB-ESI no se haya tratado la problemática del Cáucaso actual bajo esta perspectiva.
Para finalizar, la conclusión de este post suaviza las críticas vertidas en el anterior en relación a las inhibiciones españolas en el escenario del Cáucaso, cómo no. Pero sólo en parte, dado que si bien Bruselas tiende en muchos casos a actuar como un avestruz en política exterior, eso no excluye que Madrid pueda liderar iniciativas en el seno de la comunidad (como se ha hecho en varias ocasiones, por cierto) o actuar siguiendo los propios intereses, incluso, en ocasiones, a título defensivo. Al fin y al cabo, nuestra dependencia del suministro argelino de gas es, como mínimo, temeraria. Etiquetas: Armenia, Asociación Oriental, Azerbayán, Cáucaso, Erdoğan, Georgia, Rusia, Sarkisian, Turquía, UE
La reconciliación turco-armenia (1): "Ir de avestruz será tu cruz"

10 de octubre de 2009: "La roja" acaba de ganar a la selección armenia por 1-2. Al parecer, sólo futbolísticamente España tiene empuje en el Cáucaso
La normalización de relaciones entre Turquía y Armenia es inminente, algo que se puede detectar no sólo por las declaraciones oficiales de ambos gobiernos, sino también por los gritos de desesperación de los ultras de ambos países, para los cuales el otro es el que sale ganando enormes ventajas, y el propio gobierno es el que ha sido estafado. En esta tesitura se sitúa el vasto campo de la diáspora armenia, con todos sus contactos políticos, lobbies e intereses económicos, que ven cómo pueden llegar a perder la bicoca del genocidio de 1915, utilizada durante decenios como palanca política (el lector curioso no tiene sino que hacer un simple exploración en Twitter para constatar la amplitud de la campaña).
Por parte turca, los nacionalistas “laicos” y los ultras ven como el gobierno Erdogan ha vuelto a consolidar su posición internacional: esta vez ante la Unión Europea, y también ante Rusia. Ahora sólo les queda la esperanza de que el proceso de negociación con Bruselas descarrile en Chipre; y es de suponer que harán todo lo posible para que así sea.
Ahora que la reconciliación entre Ankara y Yerevan parece a punto de consumarse por completo, es tiempo de comentar y replantear algunas cuestiones y lugares comunes al respecto.
La primera, referida a la gran baza diplomática que perdió el gobierno de Madrid para mediar ventajosamente en el conflicto. Y eso, al menos, desde el otoño de 2007. Por entonces, créanme, no parecía existir nadie en el Ministerio de Asuntos Exteriores (ni corrillos afines) que creyera en esa posibilidad; les parecía remotísima y azarosa. Debe decirse, en descargo de nuestra diplomacia, que el escepticismo estaba muy extendido. A comienzos de 2008, recuerdo haber hablado del asunto con el profesor Alexander Murinson, experto en el complejo laberinto de las relaciones entre Israel y Azerbaiyán, y casi me dejó con la palabra en la boca cuando surgió el asunto de la normalización de relaciones entre Turquía y Armenia.
La diferencia, quizá, estaba en que nuestro Ministerio tenía los datos de que se estaban produciendo contactos y tanteos muy activos entre Ankara y Yerevan; aunque seguramente se quedaron en algún cajón. El asunto resultó particularmente patético teniendo en cuenta que el presidente del gobierno y su entorno político apadrinan e impulsan desde hace ya unos cuantos años una conocida iniciativa denominada “Alianza de Civilizaciones”, en abierta colaboración con el gobierno turco encabezado por Recep Tayyip Erdogan. La iniciativa atraviesa en estos momentos horas muy bajas. Pero pudo haber salido adelante apostando en escenarios como el Cáucaso meridional, donde precisamente hay margen para entrar con el discurso de las civilizaciones dispuestas a aliarse o a chocar.
Bien, es evidente que en el Ministerio de Asuntos Exteriores nunca gozó de mucha popularidad eso de la “Alianza de Civilizaciones” que, al fin y al cabo, nació como una cobertura política para la retirada de las tropas españolas de Irak, allá por el año 2004. De buen apuro le sacó Erdogan a Zapatero, secundando la idea cuando nadie más dio un paso adelante y, ni franceses ni alemanes se la jugaron dándole una palmadita en la espalda, para no enfrentarse abiertamente a George Bush. No es de extrañar que, a cambio, el gobierno socialista se volcara en el apoyo a las pretensiones de Ankara de acceder a la Unión Europea.
Demasiadas consideraciones políticas para el común de una diplomacia profesional, según estándares ya un tanto obsoletos a estas alturas de siglo. Y quizá demasiado politizada; lo cual ha resultado una consecuencia inevitable de la crispación que arrastramos, y que lleva empeorando la situación general del país en todos los ámbitos, comenzando por el económico. La politización hace que una parte del funcionariado se permita llevar a su manera las directivas del gobierno –y no sólo aquella afín a las posiciones de la oposición- y ante el surgimiento de tensiones y zancadillas, unos y otros se refugien en el estricto cumplimiento de las prácticas profesionales “habituales”. Dicho de otra forma: la tendencia al escaqueo es general y nadie se compromete a nada, si sospecha que le puede perjudicar personalmente, sea en ese mismo momento o en un futuro incierto, que pueden ser las próximas elecciones, o la inminente remodelación ministerial. La consigna última es el españolísimo: “no complicarse la vida”.
Hay que decir que existen brillantes y hasta decisivas excepciones, como lo fue Luis Felipe de la Peña, ex embajador en Ankara. Pero en Madrid hubo una cierta tendencia a apostar por lo seguro, y en ese sentido, el gobierno islamista moderado del AKP no les parecía tal, quía. Durante muchos meses, demasiados, los verdaderos interlocutores fueron los amiguetes turcos de toda la vida, aquellos chicos de entonces, los del corro de Demirel o Ecevit, incluso algunos de los que ahora le estaban haciendo la pirula a su propio gobierno. No importaba si algunos eran de opiniones un tanto extremas; en realidad, en España siempre hubo sectores afines dispuestos a echar una mano, sobre todo en las filas de la derecha, mejor cuanto más dura. En fin: tampoco se trata de recordar, una y otra vez, que la intentona golpista del 23-F se inspiró de forma directa y por vía igualmente directa en el golpe militar turco de 1980. Pero ayuda a entender por qué el gobierno Aznar simpatizaba con Turquía y su candidatura a la UE; y después de las elecciones de marzo de 2004, y debido al apoyo político turco a la retirada de nuestras tropas de Irak, resultó que el gobierno Zapatero conservó esa amistad; fue uno de los muy escasos legados de la política exterior del PP continuados por el PSOE. Hay que ver las paradojas de la historia. Lo malo es que el nuevo gobierno asumió la herencia en su integridad, y eso fue un mal comienzo.
En cualquier caso, so capa de no incomodar a los amigos turcos, y en espera paralela para ver qué ocurría con el gobierno Erdogan, si era derribado o caía por sí solo (y ahí se llegó a extremos de temeraria pasividad) Madrid no se preocupó mucho de hacer verdadera política exterior con Ankara, al margen de las negociaciones para detener la ofensiva israelí sobre Gaza. La carta del Cáucaso, que pudo haberse jugado, incluso de común acuerdo con Bruselas (o imponiendo criterios propios en Bruselas, para variar) y con un coste político cero, ni tan siquiera llegó a plantearse.
Hay una refrán que reza: “lo barato, sale caro”. Pues bien: seguramente existe otro similar relacionado con la muy errónea idea de que si uno pretende “no complicarse la vida” a cualquier precio, muchas veces termina metiéndose en verdaderos berenjenales en los cuales la pereza mental, la pusilanimidad y la desidia se convierten en el capirote, el sambenito y la túnica de arpillera. ¿Quizás algo así como: "Ir de avestruz será tu cruz"?
Etiquetas: Alianza de Civilizaciones, Armenia, Cáucaso, España
CK Way (2): de Kars a Doğubeyazıt
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La mezquita cercana al İshak Paşa Sarayı era, de hecho, el templo del antiguo pueblo de Beyazıt, hoy destruido y convertido en Doğubeyazıt, unos 5 kilómetros más al este ("doğu" significa, en turco, "oriental"). Hoy es un templo abandonado al culto, pero posee un perfil ascético y agreste, acorde con la personalidad de su fundador: el sultán Selim I, que extendió el Imperio otomano por Oriente. Tras la mezquita, lo que parecen son restos de una muralla de origen
hurrita.
Lógicamente, en el espíritu de la CK Way no se trata ir desde Kars a Doğubeyazıt vía Horasan, dando un enorme rodeo. La carretera que contornea la frontera armenia es más corta pero más difícil, y por tanto, es la ruta adecuada. A veces se pasa a pocos metros de la línea divisoria o de los no man´s land minados y estrechamente vigilados por las tropas de guardafronteras. Aquí ya se comienza a notar de forma casi continuada la presencia militar. Se suceden las bases, los apostaderos guardados incluso por vehículos blindados más o menos camuflados, los observatorios, los ocasionales controles de carretera. No en vano, y a pesar de que han mejorado mucho las relaciones, la frontera turco-armenia está cerrada desde 1993.
Pero lo más sorprendente es el cambio de paisaje que se opera en unos pocos kilómetros, unos cuantos más al este de la aldea de Digor y hasta Tuzluca la cual, vista desde arriba, bajando por la empinada carretera, parece un oasis. El viajero desciende desde los paisajes verdes y ondulados de la meseta, a los perfiles terrosos y abruptos. Es como iniciar la bajada desde el Cáucaso hacia Mesopotamia por un primer y empinado escalón. La falla es tan brusca que se puede apreciar en un mapa de relieve mínimamente detallado, o en las fotos satélite que ofrece Google Maps.
Sin embargo, termina por recuperarse la horizontalidad, y hacia el frente comienza a dibujarse la silueta del monte Ararat, que el viajero contornea por el oeste y el sur, y que será punto de referencia constante hasta salir de Doğubeyazıt. Pero es a la vez un gigante esquivo; se puede ver incluso de noche, a la luz de la luna; y, con todo, resulta difícil incluso fotografiarlo de día. Su cumbre nevada está casi permanentemente oculta por densos penachos de nubes.

El Monte Ararat, en su nombre armenio, es en realidad un volcán extinto de 5.165 metros. Por su altura, es el segundo pico de Europa, tras el Elbrus, en el Cáucaso ruso (5.642). Una vez más, como de costumbre, sestea en el horizonte tras la cortina de nubes
En el cruce de la carretera que desde Iğdir lleva directamente al paso fronterizo de Markara, nuevo control, en este caso de la gendarmería, que corta completamente la carretera en ambos sentidos. Y luego, unos pocos kilómetros más adelante, Doğubeyazıt
Es una ciudad pequeña, decididamente más kurda que Kars, y denota una actividad que parece muy relacionada con negocios de todo tipo vinculados a la cercana frontera iraní, incluido el contrabando. En cualquier caso, abundan las tiendas de móviles y los acuartelamientos; es también célebre en la región un almacén situado en tierra de nadie del paso fronterizo de Bāzargān, entre Turquía e Irán, del que se dice que vende electrónica a precios imbatibles. Pero esos días, la frontera está medio cerrada, hay preocupación por lo que pueda ocurrir en Irán por causa de las manifestaciones a favor de Musaví, y una larga fila de camiones turcos hace cola ante la verja que se abre y se cierra de forma inesperada. Ante ella, todo un abigarrado mundo de transportistas y comerciantes, como hace centenares de años. La carretera, se dice, formaba parte esencial de la Ruta de la Seda: más allá de la frontera está Tabriz, y después, Asia Central.
Doğubeyazıt es pequeña, pero tiene un punto cosmopolita; los visitantes extranjeros no llaman la atención por las calles, como en Kars, a pesar de que no se ve ni un guiri occidental. No es de extrañar ese carácter desenvuelto, dado que además de la frontera iraní, está muy cerca la armenia, y detrás de ella, a pocos kilómetros, Yerevan. Al margen de las relaciones de tapadillo que se mantienen desde hace tiempo con la aislada república, es de esperar que no tarde en reabrirse la frontera, dados los recientes contacos entre los gobiernos de ambos países. Pero es que además, retomando esa misma carretera hacia Iğdir y Markara y tirando por un desvío hacia el este, por la carretera vecinal D080, el viajero llega a una de las fronteras más extrañas de la zona: los 9 kilómetros que separan a Turquía de la República Autónoma de Najicheván, que en realidad es un enclave azerí separado del resto del país por Armenia.

Tras un jalón levantado con simples piedras apiladas (muy característico en los prados de la zona), se puede ver el perfil de lo que se presenta como el Arca de Noé, en el yacimiento Durupınar. Como mínimo, una leyenda exótica.
El Monte Kapydzhik, el punto más alto de Najicheván, es a la vez parte central de la iconografía nacional, pues tiene una llamativa hendidura que, según la leyenda, le produjo la quilla del Arca de Noé cuando navegaba hacia el Monte Ararat, mientras descendía el nivel de la inundación causada por el diluvio universal. La leyenda de Noé y su Arca tienen mucho predicamento en toda la zona: desde comienzos del siglo XX se han organizado numerosas expediciones en torno al Monte Ararat, en busca de los restos del Arca.
Cerca de Doğubeyazıt, en las montañas Tendürer que caen sobre la carretera que lleva a Irán, el viajero puede visitar una curiosa formación geológica, con cierto parecido a lo que podría ser la base del casco de una ancha embarcación, y que se anuncia como resto verídico de la célebre Arca de Noé. La historia del descubrimiento se remonta a 1960, cuando el capitán Ilhan Durupınar, de las FFAA turcas, publicó fotos aéreas de lo que parecía ser el perfil de una nave. Inicialmente, el asunto pasó desapercibido, pero unos años más tarde, se sucedieron las expediciones de los arqueólogos creacionistas norteamericanos, que tras mediciones y análisis con sofisticados instrumentos de la época (como un radar de exploración subterránea) certificaron la autenticidad de lo que se decía, eran los restos fósiles del Arca de Noé, incluyendo un ancla. Posteriormente, en 1987, el gobierno turco secundó esa certificación y convirtió la zona en parque nacional, con el nombre de “yacimiento Durupınar”. En la actualidad, el viajero puede visitar un pequeño museo con artículos de prensa y restos de las excavaciones, y hasta es posible que sea agasajado con una serie interminable de tés por el afable conservador, cuya tetera parece tener una capacidad ilimitada.

Detalle del gran salón del Palacio de Ishak Pasha, con su característica simbiosis de estilos decorativos: tradicionales, neoclásicos y vegetales
Doğubeyazıt tiene algo de lugar encantado, con cierta propensión a los fenómenos paranormales, quizá por estar en el cruce de símbolos tan poderosos ligados a los orígenes de la Humanidad. Justo a dos kilómetros de la frontera iraní se puede visitar un enorme cráter, producido por la caída de un meteorito, en 1892. Para llegar hasta el lugar hay que pasar un control militar de los guarda fronteras turcos; el suboficial advierte que sólo se puede acceder para fotografiar el boquete, lo demás es de “interés militar”. El impacto debió ser formidable, porque el agujero mide nada menos que ¡35 metros de diámetro y 60 de profundidad! Asombra la forma, como si el meteorito hubiera sido un obús compacto de metal macizo. Para evitar caídas, alguien tendió una alambrada en torno al perímetro, que mide un centenar de metros. Dentro, anidan y vuelan siniestros pájaros oscuros, algunos de ellos, cuervos. Frente al cráter, un banco para que el viajero descanse; pero el lugar siempre está vacío y muy silencioso; el conjunto es surrealista e intimidante a la vez.
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İshak Paşa Sarayı: la biblioteca, y acceso a la mezquita interior
Con todo, la estrella de todo viaje a Doğubeyazıt es el İshak Paşa Sarayı; en kurdo, el Koşka Îshaq Paşa. Se trata de una construcción espectacular, tanto por su concepción arquitectónica como por su localización escenográfica, dominando el vacío del valle con solitaria autoridad. Se considera el complejo administrativo más extenso del Imperio otomano tras el mismo Topkapı, puesto que en realidad, tanto Colak Abdi Paşa, quien inició las obras en 1695, como su nieto İshak Paşa, que las concluyó en 1784, fueron gobernadores de la provincia de Beyazıt. El palacio, por lo tanto, es de los años de decadencia del Imperio otomano, pero de una época deliciosamente crepuscular: el Lale Devri, o “periodo de los tulipanes”, en que los poderosos del imperio rivalizaban por ostentar sus riquezas, mientras comenzaban a abrirse a las influencias estéticas de occidente. De ahí la mezcla entre la delicada ornamentación vegetal, de inspiración georgiana, pero quizá también rococó, y la rudeza del perfil fortificado, marcado por la estética de los caravanserrallos selyúcidas. Hombres de origen kurdo que vigilaban la frontera persa para el sultán, los gobernadores de Beyazıt fueron personajes adelantados a su tiempo, que instalaron en aquel rincón del imperio innovaciones como agua corriente por el palacio, un lujo futurista para la época.
No es fácil encontrar información biográfica sobre Colak Abdi Paşa o İshak Paşa y el teólogo y poeta kurdo Ahmed-i Hani, cuyos restos reposan cerca del palacio, en una türbe. Nacido en 1651, la fecha de su muerte no se conoce con precisión (1707?) pero se sabe que fue consejero de Colak Abdi Paşa. Los kurdos se quejan de que siendo una autoridad en el islam, los turcos no le hayan concedido la importancia históricaque merece. En su poesía épica, recogida en la obra Mem u Zin, no faltan, por cierto, referencias al orgullo de ser kurdo:
Mira, desde los árabes a los georgianos,
los kurdos se yergen como torres,
turcos y persas son rodeados por ellos.
Los kurdos están en las cuatro esquinas
ambos lados han hecho de los kurdos
blanco de las flechas del destino.
Dicen que son las llaves de las fronteras
formando cada tribu formidable baluarte.
Siempre que el Mar Otomano y el Mar Tayiko se encrespan
crecen las aguas y se agitan,
los kurdos quedan empapados en sangre
al separarlos como un itsmo 
İshak Paşa Sarayı: la gran vista del conjunto, uno de los tópicos principales de la oferta turca de turismo, por suerte aún poco visitado debido a su remoto emplazamiento
Etiquetas: Ahmed-i Hani, Ararat, Arca de Noé, Armenia, Doğubeyazıt, Irán, İshak Paşa Sarayı, Kars, Kurdistán, Lale Devri, Najicheván
CK Way (1): desde Trabzon a Kars

La mezquita está en una vaguada en el camino hacia Kars. Sólo sobresale el minarete
Se me ocurrió bautizarla como “ruta CK”, sin asomo de ironía, dado que no hace referencia a ninguna marca de colonia . Simplemente, el camino trazaba una “C” invertida que recorría Turquía oriental; y de hecho la zona estaba poblada mayoritariamente por kurdos: de ahí la “K”. En conjunto es un largo trecho de más de 1.600 kilómetros, ignorado para las agencias turísticas de Europa occidental. En la misma Turquía hay algunos operadores que prácticamente a título individual han organizado tours desde Kars hasta Diyarbakır, pero no resulta fácil dar con ellos; y además, eso denota que se trata de una zona en la que el turismo turco recién comienza a acudir tras los años del conflicto armado con las guerrillas del PKK. Pero no es todavía una zona de turismo internacional, lo cual resulta bastante extraordinario en pleno 2009.
El arco se puede iniciar desde el norte o desde el sur, lo cual resulta indiferente para el resultado final del viaje. Si se escoge la primera opción, se aconseja comprar un billete de avión Estambul-Trabzon. Cabe la posibilidad de llegar a la zona de forma más directa mediante la ruta aérea Estambul-Ankara-Kars (que tiene un minúsculo aeropuerto) pero eso supone saltarse la espectacular carretera que, procedente de Trabzon, recorre las estribaciones del Cáucaso. En todo caso, es una alternativa para aquellos viajeros más apresurados, o los que no hayan encontrado otra combinación terrestre que la de Trabzon-Kars por Erzurum, la más habitual. Por fin, el regreso se puede hacer desde el aeropuerto de Diyarbakır. Pero atención: en Turquía los vuelos interiores pueden sufrir retrasos, por lo que se aconseja no calcular enlaces ajustados para el vuelo de regreso a casa desde Estambul. Tomarse las cosas con calma y dedicar una horas a la escala en la antigua capital del Imperio otomano, es lo más realista.
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Ruinas de Ani. En el
CK Way abundan los paisajes de una belleza desolada. Historia en bruto
Cuando el avión se dispone a aterrizar, una breve mirada a las escarpadas montañas del entorno para recordar que fue allí donde se estrelló el Yak 42 con 62 militares españoles y 15 tripulantes ucranianos en 2003. Por lo demás, Trabzon es una ciudad con historia: durante unos pocos años fue la última capital del Imperio bizantino, tras caer Constantinopla en manos de los turcos otomanos, en 1453. Pero quedan muy escasas trazas de aquel esplendor. Hoy una ciudad comercial, ajetreada y con escasa personalidad para el turista. Eso sí: tiene fama de rumbosa en el contexto de Turquía oriental. Conforme se adentre en el corazón del CK Way, el viajero entenderá esa fama y hasta llegará a echarla de menos en algunos momentos.

La fortaleza de Kars, eterno objtivo estratégico en las inumerables guerras por los pasos del Cáucaso
Trabzon es también la capital de los lazis, objeto de numerosas bromas ente los turcos, similares a las que se hacen en España con los leperos. los franceses con los belgas, los estadonunidenses con los suecos, los argentinos con los gashegos, suma y sigue. Los lazis son un grupo étnico que habita en la costa turca del Mar Negro, con lengua propia relacionado con el megrelio, georgiano y svan. Originariamente cristianos ortodoxos, se convirtieron al islam en tiempos del Imperio otomano, en torno al siglo XVI y en su propio sanjak destacaron como agricultores especializados en te y maíz y también como pescadores, con la anchoa como parte central de su dieta.
Relativamente cerca de la ciudad (unos 50 kilómetros) se encuentra el monasterio greco ortodoxo de Sümela, fundado en el siglo IV y abandonado (e incendiado) en la década de los años 20 del siglo pasado, en tiempos del brutal intercambio de poblaciones entre Turquía y Grecia. Vale la pena la excursión, porque es uno de los principales monumentos reseñables en toda la costa turca del mar Negro: viene a ser un pequeño Monte Athos abandonado en plena Anatolia. Pero deben hacerse dos puntualizaciones. La primera: si el viajero es aficionado a la fotografía, vdebería llevarse un buen teleobjetivo. Hay dos vistas exteriores del impresionante monasterio incrustado en la ladera de una arbolada montaña. La primera, desde la carretera de acceso, en contrapicado, donde no se detienen los microbuses. La segunda es la que se obtiene desde una terraza panorámica, donde casi concluye el viaje; y aunque desde ahí se contempla todo el escarpado valle, la fachada del monasterio queda lejana y algo escondida. Segunda observación: ojo con la picaresca asociada a los transportes en Turquía; el interior del monasterio se puede ver en una media hora pero el microbús puede tardar hasta dos horas en regresar y recoger a los turistas; o no volver; o esperar a pie de la montaña, en un hotel y restaurante, al que se llega tras una buena caminata de casi media hora (y eso cuesta abajo).

Paisaje de montaña. Pueden pasar muchos kilómetros sin encontrar presencia humana
El recorrido Trabzon-Kars es el primer desafío importante del CK Way. El camino más pintoresco es el más largo y tortuoso, porque transcurre pegado a la frontera georgiana, por carretra de montaña. Pero los medios de transporte regulares brillan por su ausencia, e ir confiando en los microbuses que unen pueblos muy distantes puede suponer la pérdida de mucho tiempo en largas esperas a mitad de camino hacia la nada. La mejor solución consiste en contratar taxis para trayectos largos (una práctica nada extraña y no muy cara en Turquía y en el mundo balcánico y caucásico) o alquilar un coche.
De esa forma, camino de la lejana Kars, el viajero pasa de una soleada costa de aspecto mediterráneo (desolada y nada explotada turísticamente) a un paisaje alpino intensamente verde. Pero son más de 400 kilómetros de carretera llena de curvas y cuestas. La primera parte discurre por valles estrechos en los que se pueden ver, de tanto en tanto, arroyos de alta montaña y desvencijadas cabañas de madera, típicas del Cáucaso. Sin embargo, el último tramo antes de llegar a Kars son prados altos, intensamente verdes y desolados. En todos los paisajes están presentes los minaretes de las mezquitas: entre los abetos o surgiendo del horizonte de las praderas.

La antigua catedral armenia, tesoro arquitectónico en el desolado centro histórico de Kars
Kars forma parte de ese entorno geográfico, se percibe al primer golpe de vista. Pero hay algo más: tiene fama de ser una ciudad lúgubre, fría y apartada. La célebre novela tostón de Pamuk que transcurre en esa ciudad (“kar” significa “nieve”, en turco) terminó de remachar esa imagen. Ante tal imagen, lo único que se puede decir es que Kars posee un ambiente que tiene sus adeptos. El conjunto urbano está dominado por una poderosa y negra fortaleza aupada sobre un picacho. Allí pudo haber transcurrido el argumento del Desierto de los Tártaros de Dino Buzzati, pero dado que la ciudad perteneció a Rusia durante muchos años, también trae a la memoria el viaje de Tolstoi al Cáucaso y su estancia en el fuerte de Stari Yurt durante la Guerra de Crimea contra el Imperio otomano. En definitiva, Kars es ciudad fronteriza por antonomasia, campo de batalla en guerras eternas entre rusos, turcos, armenios y persas, punto de tratados internacionales y pieza de intercambio entre unos y otros. A lo pies de la oscura fortaleza, todavía en uso, la ciudad parece desordenada, inacabada: la abandonada y compacta catedral armenia, contribuye a esa impresión. Los viejos edificios administrativos rusos pasan desapercibidos por descuidados. Algunos bares y tiendas son el colmo de la decrepitud y la melancolía. Todo va en tonos de piedra oscura, a menudo bajo un cielo encapotado.
Más allá del barrio histórico, desolado y sucio, la arteria principal de Kars, conserva ese mismo ambiente, aunque esté llena de vida. Eso sí: aunque ajena a su abigarrado y violento pasado histórico, el ambiente anodino del centro conserva un punto de Far West. Abundan cafés internet, algo que el viajero encontrará en las ciudades de todo el CK Way, pero el visitante es toda una rareza y las miradas de los habitantes o los saludos de los niños se lo hacen saber a cada paso. .jpg)
San Gregorio, Ani
Ir a Kars significa acercarse a contemplar las ruinas de Ani, la que fue esplendorosa capital del reino armenio medieval, a la que se apoda “ciudad de las mil y una iglesias”. Cae un sol de justicia y pasear por la enorme extensión de Ani respirando nubes de insectos es una experiencia poderosamente irreal. El silencio lo puede todo –son escasos grupos de turistas y se pierden enseguida en la inmensidad del paisaje. El cielo aplasta los escasos restos de edificaciones, aquí y allá, surgiendo de la vegetación agostada y salvaje. Apenas se han hecho excavaciones y el horizonte es el de un cementerio abandonado. Es muy difícil imaginarse que hubo vida allí; más parece como si un genio de la escenografía hubiera construido aquellos restos a propósito, para empequeñecer al viajero.
En algunas tomas es imposible evitar que quede constancia del paso de gruesos insectos voladores antes el objetivo; de la misma forma, a veces aparecen, a lo lejos, las torres de vigilancia de los guardias turcos de fronteras. Los costados de la extinta ciudad de Ani pasan junto a gargantas por la que fluyen los ríos Ajurian y Tsalkotsajour, que marcan la frontera entre las actuales Turquía y Armenia, por lo que la fabulosa ciudad de Ani, por la que vivieron y pelearon armenios, georgianos, kurdos, turcos selyúcidas y hasta mogoles, sigue sin poder descansar en paz; continúa siendo símbolo de símbolos disputados, aunque ya nadie viva en sus desaparecidas calles. .jpg)
Torre de la Iglesia de San Salvador, partida por un rayo; al fondo, la Catedral. Ruinas de Ani
Etiquetas: Armenia, armenios, CK Way, Georgia, Kars, kurdos, ruinas de Ani, Trabzon, Turquia
Auge de la diplomacia turca

El ministro de Asuntos Exteriores turco, Ali Babacan, posa con su mujer ante la mezquita de Al Aqsa, durante una visita a Jerusalén, 7 de octubre de 2007.
Fotografía de Sebastian Schneider para AP Photo"El Periódico", 20/8/2008
TÓPICOS Y REALIDAD DEL GOBIERNO DE RECEP TAYYIP ERDOGAN
Turquía: el triunfo de la diplomacia
• La política exterior contribuyó a evitar el descarrilamiento del país en momentos muy delicados
FRANCISCO Veiga*
La reacción informativa ante el veredicto del Tribunal Constitucional turco, que renunció a ilegalizar el partido del Gobierno, ha sido, en líneas generales, de desconcierto. Muchos analistas occidentales han supuesto que el país y sus actores políticos no han cambiado en los últimos 20 años y que no solo se produciría la mencionada ilegalización, sino que incluso cabría la posibilidad de un golpe de Estado militar. Pero los países se transforman a lo largo del tiempo, porque lo hacen sus sociedades, sus economías, sus circunstancias internacionales. Incluso las grandes potencias actúan de forma diferente y cambian sus objetivos. Así, un golpe militar turco hubiera resultado azaroso en sus resultados sin conocer quién mandará en la Casa Blanca y qué objetivos perseguirá en la zona el nuevo presidente norteamericano. Por otra parte, la Unión Europea presionó lo suyo para que el Tribunal Constitucional turco no llevara a cabo la ilegalización del partido en el Gobierno.
Pero, sobre todo, ha quedado en el aire la falsa idea de que el Gobierno islamista moderado ha tenido parte de la culpa de lo sucedido por haber detenido las reformas modernizadoras que deberían llevar a Turquía al seno de la UE dentro de una década. Y en eso, muchos comentaristas occidentales se han dejado llevar por la campaña en los medios de la oposición derechista al Gobierno (la que se suele denominar "laica").
Ciertamente, durante los cuatro meses que duró esta última crisis, el Gobierno detuvo algunas reformas en política interior, so pena de que el Tribunal Constitucional las considerara un ataque a la patria o a la laicidad del Estado, conceptos que el establishment autodefinido como "kemalista" tiende a identificar entre sí, según le conviene. Se ha mencionado mucho que el Gobierno provocó las iras de los jueces al aprobar en el Parlamento la ley que posibilitaba el acceso a la universidad de las estudiantes musulmanas con türban o pañoleta. En cambio, se evita mencionar que el Gobierno de Erdogan también impulsó la reforma del polémico artículo 301 del Código Penal, que establecía una pena de hasta tres años de cárcel por insultar la "identidad turca", la República y los órganos e instituciones del Estado. Y esa medida, que nada tiene de islamista, sí que concitó las iras de los sectores nacionalistas laicos.
Pero, sobre todo, a lo largo de los últimos meses, el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan impulsó un cambio espectacular en política exterior. Se habló mucho del eficaz protagonismo turco en las negociaciones de paz entre sirios e israelís, precedido, en el 2006, por el reconocimiento diplomático de Israel por Pakistán, también promovido por la diplomacia de Ankara. Sin embargo, se ha pasado muy de puntillas sobre el desbloqueo del conflicto chipriota. Es cierto que en parte fue debido a la victoria del grecochipriota y comunista Christofias en las presidenciales de febrero. Pero los turcos reaccionaron con presteza, y lo que hace un par de años era contemplado como un escollo insalvable en el camino de Turquía hacia la UE, ahora está en vías de solución y, por lo tanto, ha sido olvidado por la prensa.
Algo muy similar ha sucedido con el conflicto armenio-turco, que solo algunos periodistas, como Andrés Mourenza, colaborador de este periódico, han seguido con atención desde Estambul. Al menos ya desde el pasado otoño, el Gobierno de Erdogan había iniciado contactos discretos con las autoridades de la República de Armenia. Desde entonces se mantuvieron reuniones diplomáticas secretas con armenios, georgianos y azerbaiyanos en febrero; y finalmente, en abril, el ministro turco de Asuntos Exteriores, Alí Babacan, dijo públicamente que Turquía abogaba por normalizar las relaciones bilaterales con Armenia. Por fin, ya en verano, el nuevo presidente armenio, Serge Sarkisian, cursó una invitación diplomática a su homólogo turco, Abdulá Gül, para que asistiera en Ereván al partido de clasificación para el Mundial de fútbol de Suráfrica del 2010 que enfrentará a las selecciones de ambos países el próximo 6 de septiembre.
Por lo tanto,el Gobierno de Erdogan ha estado trabajando de firme en desbloquear el otro gran conflicto exterior de Turquía. Analistas occidentales poco favorables a la candidatura turca a la UE insisten en ligar esta cuestión al reconocimiento del genocidio armenio de 1915 por el Gobierno turco, aunque se trata de dos cuestiones diferentes. El restablecimiento de las buenas relaciones con Armenia sí que es un asunto que el Gobierno turco debe solucionar cara a Bruselas. No así la histórica polémica, muy utilizada por las numerosas instituciones políticas de la diáspora armenia en Occidente, cada una con sus propios intereses.
En cualquier caso, debe recordarse que en los últimos meses, la diplomacia turca, muy bregada en situaciones difíciles, porque así es la posición geoestratégica de su país, ha demostrado a Bruselas dónde reside uno de los activos principales de la candidatura turca. Y quizás algún día se reconozca que contribuyó a evitar el descarrilamiento político del país en unos momentos muy delicados.
* Profesor de Historia Contemporánea en la UAB. Autor del libro El turco. Diez siglos a las puertas de Europa. Etiquetas: Armenia, Babacan, Erdoğan, Israel, proceso de integración en la UE, Siria, Turquía
Georgia: una rosa con demasiadas espinas

Mapa del viejo proyecto de Piłsudski, 1919-1920. Nadie podría imaginarse que una idea así iba a ser reeditada en pleno siglo XXI con apoyo norteamericano. Pinchar en la imagen para obtener una versión ampliada
Apenas ha transcurrido algo más de una semana desde que las tropas georgianas lanzaran una ofensiva en fuerza, preparada con antelación, contando con mercenarios o tropas auxiliares no extranjeras y puesta en marcha, con premeditación y alevosía, para el 7 de agosto de 2008, día en que se inauguraban los Juegos Olímpicos de Pekín.
Desde entonces, ya se pueden extraer algunas conclusiones. Una parte figuran en el artículo que se reproduce a continuación, publicado por "
El País" el pasado 14 de agosto. Aquí sólo se añaden algunas notas adicionales a partir de los acontecimientos en las últimas 48-72 horas
1. Parece confirmarse que el ataque lanzado por Saakashvili tomó a Washington por sorpresa. Mientras se producía el contraataque ruso que llegaba hasta el corazón de Georgia, el presidente Bush apenas atinaba a hacer despistadas declaraciones desde Pekín, con lenguaje más que moderado. Justamente cuando el asalto ruso se detuvo y la diplomacia europea entró en acción, el equipo Bush empezó a ladrar: amenazas, desplantes, desafíos y todo un despliegue de actitudes prepotentes, cuando lo peor ya había pasado; el vocerío orquestado desde Washington crece más y más conforme los rusos se retiran de territorio georgiano.
El caudillo Piłsudski... que no es tal, sino un fotomontaje que incorpora la cara del actual presidente, Lech Kaczyński, al conocido retrato histórico. Un buen resumen del ambiente de nacionalismo imperante en algunas repúblicas del Este, que permite soñar con anacrónicos proyectos hegemónicos2. La administración Bush está realmente en un serio aprieto: o bien admite que el ataque contra Osetia del Sur fue organizado con su apoyo y conocimiento previo; o reconocen abiertamente que no sabían nada. Mal en ambos casos.
En el primero, porque ello supondría asumir que utilizaron a su aliado y protegido georgiano como carne de cañón, sabiendo perfectamente que no lo iban a respaldar y que los rusos descargarían toda su fuerza sobre él.
Pero admitir que no sabían nada es hacer un ridículo espantoso: la superpotencia que lleva cosechando reveses en Irak y Afganistán a lo largo del último lustro, ni siquiera controla a un pequeño aventurero de opereta, que cuando las cosas le fueron mal, sólo supo organizar histéricas escenificaciones victimistas: denuncias de que los tanques rusos marchaban sobre Tiflis (incluso cuando ya había llegado Condoleezza Rice) intentando provocar oleadas de fugitivos de su propio país, o pérdida de nervios ante las cámaras de televisión tras confundir, quizá, una mosca veraniega con un ataque aéreo ruso.
Por lo tanto, no es de extrañar todo ese ruido que organizan los medios de comunicación americanos, las denuncias que hace cuatro días no servían contra los israelíes pero ahora sí contra los rusos, reutilizando en beneficio propio los argumentos rusos (¡o serbios!) sobre Kosovo y, sobre todo, escondiendo bajo un montón de alfombras al impresentable Saakashvili, ante la sospecha de que pudo haber actuado no ya como reflejo de su mote habitual ("
osito Misha") sino por influencia del estreno veraniego "
Kung Fu Panda"
3. La patética imagen que ofrece la Casa Blanca, contrasta cada vez más con el aplomado papel que están asumiendo Bruselas y algunas potencias europeas con pleno permiso de Moscú. Angela Merkel fue a territorio ruso y protestó ante las cámaras y los dirigentes de allí sin ningún problema. Sarkozy negoció el alto el fuego. Curiosamente, Gordon Brown no apareció todavía en la foto. En realidad, no deja de tener su interés que ni la canciller germana ni el premier británico estuvieran presentes en la inauguración de los JJOO en Pekín, el 7 de agosto pasado.
4. Por lo tanto, la crisis está acercando a Europa y Rusia. En realidad es una tendencia lógica que se ha ido poniendo de manifiesto este mismo verano, tras prolongarse el acuerdo básico de cooperación Rusia-UE y sobre todo, la cumbre de Janty-Mansiisk, Siberia Occidental, en junio pasado. Las relaciones serán (o querrán verse) como poco cordiales o incluso templadas, pero se basan sobre realidades tangibles.
Grosso modo, los intercambios comerciales entre Rusia y la UE son más de
siete veces mayores que los mantenidos entre los Estados Unidos y Rusia. Como afirmaba el analista francés
Emmanuel Todd hace ya casi siete años: "Implícitamente, lo que Rusia ofrece a Europa es un contrapeso a la influencia norteamericana en el plano militar y la seguridad de sus suministros energéticos. La oferta es tentadora".
Antes... El presidente Saakashvili ante un mapa del Cáucaso occidental y junto a un oficial de alta graduación del Ejército georgiano. Era el momento de los planes y las ambiciones
Claro está que la propaganda norteamericana intenta dividir a los europeos enfatizando el concepto "dependencia" en los intercambios entre Rusia y la UE. Pero hemos de recordar dos datos esenciales:
4.1. El primero es que Rusia cubre 1/3 de su PIB con los beneficios del petróleo y el gas. Es una cifra record a escala mundial, que hace de esos ingresos algo vital para que el gobierno pueda ir restañando las deudas y desastres generados por el proceso de descomposición de la URSS y la era Yeltsin.
4.2. Rusia vende la gran mayoría de su gas y su petróleo a Europa.
4.3. Esos datos suponen que Rusia tiene mucha necesidad de los fuertes euros europeos, y más ahora que compiten de tú a tú con los dólares USA en el mundo. Y ningún país que venda sus productos en tales proporciones y régimen preferencial se aplica alegremente boicots masivos contra sus clientes, destrucción de mercados, etc. Por lo tanto, va siendo hora de sopesar el alcance real de pánicos fomentados y simples cuentos de viejas.
...Y después. Condi Rice llega a Tiflis para apoyar a un Saakashvili que empieza a ser un visible estorbo. "¿Qué ha pasado aquí?". Significativamente, la enviada especial USA se reunió primero con los oficiales norteamericanos al mando del dispositivo militar de ayuda (presuntamente) humanitaria
5. Se confirma el buscado protagonismo de ucranianos, polacos y bálticos en la crisis georgiana, configurando lo que algunos comentaristas comienzan a llamar los "
Rogue EASTates" (los "gamberros" o "bribones" del Este). El pasado día 13, una troupe compuesta por el primer ministro de Letonia, Ivars Godmanis, y los presidentes de Ucrania, Víktor Yúschenko, Lituania, Valdas Adamkus, Estonia, Toomas Hendrik Ilves y Polonia, Lech Kaczynski, aterrizaron en Azerbaiyán y se dirigieron a Tiflis "para apoyar" a Mijeil Saakashvili. Esto prueba que el viejo proyecto de Piłsudski no sólo quiere hacerse realidad, sino que sus protagonsitas se lo creen. Algo así como si España soñara con recuperar influencia directa en Cuba y Filipinas pensando que vivimos en 1900.
Lo peor de todo ello es que la liga de los pequeños cristianos del Este no parece que vaya a tener utilidad real para nadie, ni siquiera para ellos mismos. En su empeño por complicar las relaciones entre Moscú y Bruselas en base a las viejas obsesiones y deudas nacionalistas con más de cien años de vida, pueden acabar favoreciendo la puesta en marcha definitiva de la UE de dos velocidades, retrasar el ingreso de Ucrania y los caucásicos muchos años más y terminar siendo un serio problema para su mentor norteamericano. No olvidemos que Ucrania comercia de froma preferente con la UE y con Rusia, y sólo una ínfima parte de sus intercambios van o llegan de los Estados Unidos.

Bush y Putin discuten sobre la situación en Osetia del Sur en un aparte, durante los JJOO de Pekín. Eran los momentos iniciales de la crisis, y el presidente norteamericano solía exhibir una cara de desconcieto que recordab a la de los primeros momentos tras los atentados del 11-S
6. Conviene tener siempre presente que además de los actores políticos tradicionales (gobiernos, partidos, parlamentos) juegan también su papel en la escena geoestratégica internacional otros muchos, como: medios de comunicación, compañías petrolíferas, bancos, empresas de armamento y, hoy en día, incluso agentes privados que operando en solitario pueden obtener su cuota de beneficio propio sin importar demasiado el daño colateral que puedan hacer y sin que resulte fácil controlarlos. Además, unos y otros intereses pueden estar total o parcialmente interrelacionados, complicando todavía más las interpetaciones. Por ejemplo, ¿sabían ustedes que Condoleezza Rice ha suido definida como una "Chevron lady" en referencia a sus vínculos con la multinacional petrolera?: Entre 1989 y 1992 estuvo en su consejo de administración como experta en Kazajstán.
7. Muchos analistas desean creer que estamos ante una nueva Guerra Fría. Por inercia mental, por incapacidad para entender la nueva situación mundial, por simple efecto rejuvenecimiento, el espejismo gana adeptos. Por supuesto, la actual administración en Washington está interesada en abonar esta fición, aunque procura que no se le vaya demasiado de las manos, porque los negocios e intereses que se mantienen con Rusia son muchos y muy lucrativos.
En realidad, la supuesta nueva Guerra Fría no es sino la señal de que la verdadera contienda bipolar queda muy lejos y ya no volverá. Es característico de las épocas de transición la reaparición del efecto "starting over", "vuelta a punto de partida", etc. Se vivió en España tras la muerte de Franco, cuando en 1976 y 1977 muchos creyeron que el reloj de la historia había vuelto a pomerse a cero en 1936-1937. En Yugoslavia se vivió trágicamente en 1991, cuando para muchos se produjo un retorno a 1941. En Europa oriental -por ejemplo en Polonia- se sigue viviendo el espejismo del regreso a 1939 ó 1918, según convenga. Ahopra, para los Estados unidos, estamos en 1948. Pero todo ese revival marca, tan sólo, el preciso momento de apoyar el pie en algo conocido antes de tomar carrerilla y dar el salto al vacío de lo desconocido y lo por venir.

Un miliciano de Osetia del Sur, encaramado a un automóvil con matrícula del territorio separatista. Los medios de comunicación occidentales han evitado cuidadosamente emitir determinadas fotografías. En este conflicto, los rebeldes nacionalistas no existen, a diferencia de lo acaecido durante la cobertura de los conflictos ex yugoslavos.
8. Y por último, se revela ahora uno de los efectos positivos de la negativa española a reconocer la autodeterminación de Kosovo. Ahora, el gobierno de Madrid no tendrá que hacer difíciles equilibrios para evitar el reconocimiento de Osetia y Abjasia como estados soberanos, ni tendrá que enfrentarse a Moscú por ello y a convenciencia norteamericana, como no les quedará más remedio que hacer a otros.
ERRATA
Una última cuestión: en el diario "El País" se comente sistemáticamente la errata de escribir mal el nombre del presidente armenio, que es Mijeíl, con "e", no "Mijaíl", que es la forma rusa. Llama la atención que incluso la biografía on line se encabece, todavía a estas alturas, con el nombre de pila mal escrito. En la reproducción del artículo que viene a continuación se ha corregido esa falta, que el autor no cometió en origen.

Mapa del recorrido del BTC. Obsérvese el amplio arco de su trazado occidental para discurrir por Georgia. Lo mismo ocurre con los demás conductos estratégicos en la zona: todos evitan el paso por Armenia
Una rosa con demasiadas espinas
FRANCISCO VEIGA 14/08/2008
Los acontecimientos de días pasados en Georgia y Osetia del Sur han sorprendido, por varias razones. Pero sobresale una en particular: ¿dónde está el sentido real de un conflicto tan explosivo? Por mucho que se haya intentado echar tierra sobre el asunto, todo empezó cuando tropas georgianas, equipadas y entrenadas en parte por norteamericanos, europeos e israelíes, se lanzaron a invadir o castigar al territorio de Osetia del Sur, que desde hace tiempo se autoproclamó independiente de Georgia y cuenta con el apoyo de Rusia. El ataque comenzó por sorpresa y en fuerza el mismo día de la inauguración de los Juegos Olímpicos, cuando los principales mandatarios mundiales estaban en Pekín.
A priori, la operación militar georgiana no tenía sentido, porque hubiera implicado limpieza étnica de población osetia y era de esperar una contundente respuesta militar rusa. Y Moscú lo hizo, con ganas. Desde su misma llegada al poder en virtud de la denominada Revolución de la Rosa, en noviembre de 2003, el presidente Saakashvili fue un peón de la Administración de Bush. Por su parte, los norteamericanos respaldaron la candidatura de Georgia a la OTAN y con pasión.
La iniciativa formaba parte de la reactivación de un viejo proyecto diseñado por el presidente y caudillo polaco Józef Pilsudski en los años veinte del pasado siglo: un cinturón de estados antirrusos de Europa oriental, con centro en Polonia y compuesto además por los países bálticos, Ucrania y Georgia; la nueva versión siglo XXI parece tener la marca del muy influyente analista norteamericano, de origen polaco: Zbigniew Brzezinski.
Y sin embargo, los mismos norteamericanos, comenzando por su presidente, quedaron descolocados ante lo sucedido estos días en Osetia del Sur. Es dudoso que esperaran una acción como la desencadenada por Saakashvili y mucho menos, que la alentaran. Llegados a este punto, y ante lo sucedido en Osetia del Sur y Georgia, cabe hacerse la obligada pregunta clarificadora: ¿qui prodest? ¿a quién beneficia?
Aparentemente, a los rusos, quienes se han sacado una espina que llevaban clavada desde 1991: han dado una respuesta simbólica bien contundente al asunto de Kosovo y en los mismos términos en que lo planteó Washington en su día. Y de paso han dejado malparados los planes para la ampliación de la OTAN por las repúblicas ex soviéticas, que iniciaron las denominadas revoluciones de colores entre 2003 y 2005. Por otra parte, Moscú ha cedido un protagonismo diplomático a Bruselas que le ha negado a Washington, lo que consolida una tendencia en el acercamiento Europa-Rusia ya anticipada por el analista francés Emmanuel Todd hace más de un lustro.
Pero la partida también se ha jugado desde otras mesas. Aunque la prensa occidental pasó de puntillas sobre el asunto y las instituciones diplomáticas mucho más que eso, Turquía y Armenia buscan desde hace meses un acercamiento que llevaría a la reconciliación entre ambos países, arreglaría el contencioso de Nagorno-Karabaj con Azerbaiyán y de paso estabilizaría el Cáucaso en su función de corredor energético entre el mar Caspio y Europa.
Esos tanteos se llevan en el mayor de los secretos, aunque es sabido que se han producido reuniones importantes, entre representantes armenios, georgianos, azeríes y turcos. Uno de los asuntos más delicados de esas negociaciones son los acuerdos sobre los corredores energéticos que unirán al Caspio con Europa.

El BTC es muy importante para los intereses occidentales, porque cortocircuita el, hasta hace poco, monopolio ruso de transporte de gas y petróleo desde el Caspio. El BTC fue inaugurado en al primavera de 2005 y tuvo mucho que ver con la admisión de Turquía como candidata formal a la UE
De momento, el oleoducto BTC es la pieza más importante de ese dispositivo que debería ser una alternativa al suministro de energía desde y en manos rusas, dado que su recorrido transcurre por Azerbaiyán, Georgia y Turquía. Sin embargo, se ha podido comprobar que desde 1991, fecha de su independencia, Georgia ha sido un compendio de problemas más que de soluciones: inestabilidad política, guerra civil, separatismos. Además, tiene frontera con Chechenia y una tortuosa conexión con su conflicto a través del Valle del Pankisi. Pero sobre todo, el BTC hace un largo recorrido extra por el hecho de pasar por Georgia... evitando Armenia. Lo cual, además, lo deja muy expuesto a conflictos.
Hasta el momento, el hecho de que esta república fuera un satélite de Rusia y estuviera enfrentada a Turquía, la excluyó de los negocios energéticos en la zona. Pero las cosas cambiaron, y quien se convirtió en estorbo para casi todos fue el volátil presidente georgiano, Mijeíl Saakashvili. La insistencia de Bush en apadrinarlo hasta el final, incluso le estaba creando problemas a algunos países de la UE, cuyas compañías petrolíferas son accionistas importantes en el BTC.
Además deben añadirse los desencuentros entre Bruselas y Washington por los numerosos errores estratégicos de la Administración de Bush, y otros problemas de gran calado, como es el origen de la actual crisis económica internacional. Por lo tanto, si dentro de unos meses el BTC fuera rediseñado, atravesando Armenia, la situación cambiaría radicalmente en la zona: menor recorrido y más seguro, estabilización del Cáucaso contando con Armenia y alejamiento de la presión de Washington en esos muy delicados asuntos europeos. Eso es un qui prodest respondido. Ahora falta saber la verdad de cómo y por qué Mijaíl Saakashvili se metió en la boca del lobo aquel 7 de agosto de 2008.
Francisco Veiga es profesor de Historia Contemporánea en la UAB.
Etiquetas: Armenia, Bush, Georgia, Osetia del Sur, Polonia, proceso de integración en la UE, Rusia, Saakashvili, Turquía, Ucrania, UE
¿Controversia o instrumento?

Bush y el congresista Tom Lantos (izquierda) en un momento divertido. Aparte de judío de origen húngaro y superviviente del Holocausto, y a pesar de militar en el Partido Demócrata, Tom Lantos fue un partidario acérrimo de la intervención norteamericana contra Irak, tanto en 1991 como en 2003. No es de extrañar que le esté echando una mano al presidente Bush para evitar la intervención turca en la zona, sacando a relucir la cuestión del genocidio armenio, palanca mediático-emocional que suele tener un éxito asegurado
De repente, Turquía vuelve a atravesar horas delicadas. Se terminó la feliz situación del "no news, goods news": no ha durado ni tres meses. Turquía paga, una vez más, el caro peaje de los países situados en las encrucijadas geoestratégicas más valiosas. Parece que es inminente una incursión militar en fuerza sobre territorio del norte iraquí, operación que en este mismo blog se insinuó que podría haber tenido lugar en julio. En todo caso, en la misma Turquía eran insistentes los rumores de que tendría lugar, más tarde o más temprano.
La sombra del conflicto armado se complica con la belicosa declaración del Congreso norteamericano ante el genocidio armenio. Porque eso, por cierto ¿a qué viene ahora?
Hace casi exactamente un año, en este mismo blog, se explicó por qué los grupos de presión armenios estaban trabajando activamente en los Estados Unidos para lograr alguna forma de protesta que lograra paralizar la financiación (especialmente por parte del US Export-Import Bank) para construir al tendido de ferrocarril azerí-georgiano-turco que seguía el recorrido del oleoducto BTC (Bakú-Tbilisi-Ceyhan) del cual Armenia quedaba excluida por actuar como un peón de Rusia en la zona del Cáucaso. Inicialmente, fue el congresista demócrata John Crowley el que comenzó a mover la campaña (que parece remontarse a julio de 2006) con el propósito explícito de denunciar el apartamiento de Armenia de los proyectos regionales en el Caúcaso, es decir, de los negocios en torno al petróleo y el gas. 
Voluntarios armenios en el Ejército alemán, campaña de Crimea. Al parecer, unidades especiales de esta nacionalidad participaron en la represión de alzamiento de Varsovia, en 1944. Su trayectoria es objeto de culto en webs neonazis, como "
Pan Aryan Alliance" de la cual procede esta foto. La manipulación propagandística y política del genocidio armenio ha sido tan intensa que se ha vuelto incontrolable
No deja de tener su amarga ironía el hecho de que hayan terminado por significarse en la campaña personajes como el demócrata Tom Lantos, el presidente del comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes. El parlamentario norteamericano, de religión judía y orígen húngaro, hizo pesar su dramática experiencia como superviviente del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial. Pues bien, la actual tendencia entre la ultraderecha dura (digamos nazi, por ejemplo) es la de denunciar que judíos y armenios no son lo mismo, ni de lejos. Estos son "arios", muchos de ellos combatieron como voluntarios en los ejércitos del Tercer Reich en la Segunda Guerra Mundial e incluso, pudieron haber sido víctimas de la "judería". Parece sorprendente y lo es, pero cualquier lector que tenga internet a su disposición puede ir al foro Nuevo Orden (el nombre lo dice todo) y leer, por ejemplo, una pieza firmada, desde Venezuela, por Carlos Vartkés Pozian titulada: "La Juderia Turca y su relacion con el genocidio armenio. Kemal Atatürk, la verdadera película"
Por lo tanto, parece que estamos, una vez más, ante el lamentable espectáculo de la manipulación de una tragedia con fines muy diferentes a la simples declamaciones buenistas referidas a la "justicia universal", que a veces lleven a ese infierno que está pavimentado de buenas intenciones. Y el incidente que nos ocupa, muy en especial, porque tiene todo el apsecto de estar destinado a presionar al gobierno turco para que no intervenga militarmente en Irak. ¿Coincidencia de fechas? Hay mucho en juego en el desgraciado país árabe como para suponer, ingenuamente, que estamos ante una simple coincidencia, sobre todo cuando ello se canaliza con algo algo tan fácil de manejar como el genocidio armenio de 1915

Carros de combate turco patrullan por las inmediaciones de la frontera iraquí, durante el pasado verano. La intervención militar contra el PKK parece inminente, y va a complicar enormemente la posición norteamericana en Irak y ante Irán. ¿Estamos ante una nueva versión de la crisis de las Malvinas en 1982?
TRIBUNA: Conflicto entre Washington y Ankara
¿Controversia o instrumento?
FRANCISCO VEIGA 12/10/2007
En abril de 1915, durante la I Guerra Mundial, el Imperio otomano estaba siendo atacado desde distintos frentes (Dardanelos, Mesopotamia, Cáucaso), lo cual hacía temer un inminente colapso militar. Una de las ofensivas más peligrosas estaba protagonizada por el Ejército ruso, ayudado por guerrilleros armenios en el Cáucaso. El 24 de abril, el Estado Mayor otomano ordenó evacuar a la población civil armenia de la zona para reasentarla en áreas muy alejadas del frente. Sin embargo, las operaciones de deportación, que se prolongaron durante meses, pronto degeneraron en matanzas, perpetradas muchas veces por los mismos encargados de escoltar a los civiles desplazados. Los responsables materiales fueron, en su gran mayoría, unidades irregulares de kurdos y circasianos, o bien grupos paramilitares formados incluso con presidiarios liberados. Además, las condiciones sanitarias de los traslados eran tan deficientes, que miles de mujeres, niños y ancianos perecieron de fatiga y enfermedades.
Las cifras de la masacre varían entre el millón y medio de víctimas que utilizan los nacionalistas armenios y las 300.000 que manejan sus homólogos turcos. En cualquiera de ambos casos, el evento puede ser calificado como genocidio. Sin embargo, la polémica ha evolucionado hasta centrarse en el esclarecimiento de la motivación real que guió a las autoridades otomanas: ¿Fue un genocidio intencionado de principio a fin, y planeado desde Estambul? ¿Fue cosa de autoridades locales o bien el resultado previsible de una operación de contrainsurgencia como las que previamente habían organizado los españoles en Cuba o los británicos en Suráfrica, con alto coste de vidas civiles? Falta de documentos, aparición de algunas pruebas falseadas y, sobre todo, la sempiterna y candente politización del acontecimiento hacen difícil la clarificación.
La campaña de represalias organizada por los nacionalistas armenios comenzó inmediatamente después de la Gran Guerra: dos miembros del triunvirato que gobernó el imperio entre 1913 y 1918 fueron asesinados por activistas armenios. Años después, un grupo terrorista denominado Ejército Secreto Armenio para la Liberación de Armenia, fundado en 1973, asesinó a más de 35 diplomáticos turcos a lo largo de 20 años. Con el tiempo, el debate sobre el genocidio armenio se ha ido convirtiendo en un instrumento de presión contra el Gobierno turco en diversos frentes. Recientemente, es un argumento muy utilizado desde aquellos países que se oponen al acceso de Turquía a la Unión Europea. Pero también han recurrido a ella los grupos de presión armenios en Francia o Estados Unidos en relación con los proyectos de tendido de gasoductos y oleoductos que discurren por el Cáucaso y evitan territorio de la República armenia, que por otra parte es un satélite militar ruso. Ahora, la reciente iniciativa del comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes estadounidense podría ser una forma escenificada de presionar a Ankara para que se abstenga de lo que parece una inminente intervención turca en Irak. Por último, sectores de la ultraderecha internacional podrán estar buscando la demostración de que el Holocausto judío no fue un hecho único y aislado, rebajando su importancia histórica al equipararlo con el genocidio armenio y el Holodomor, o genocidio ucraniano de 1932-1933.
F. Veiga es autor del libro El turco. Diez siglos a las puertas de Europa (Debate) Etiquetas: Armenia, Ejército turco, genocidio armenio, Irak, proceso de integración en la UE, Rusia, Turquía, ultraderecha