lunes, junio 02, 2008

El Festival del Eurocontrol (4)






















Angela Merkel en la Knesset, Jerusalen, 18 de marzo de 2008. El viaje y el gesto coincidían con una más activa política exterior comunitaria en Oriente Medio, ante los meses de vacío generados por el relevo en la Casa Blanca


Queda ya atrás en el tiempo el Festival de Eurovisión, pero continúa esplendoroso el discurrir del Festival del Eurocontrol. Por el camino, aquel ha servido para demostrar la supremacía de la fórmula esencial de éste. Es decir: por Eurovisión-Belgrado 2008 han desfilado dos grandes conceptos de planteamiento lírico: el que buscaba resaltar las bondades del propio hecho diferencial como intrínsecamente superior al de los demás, expresado ello con con mayor o menor intensidad y disimulo; y aquel que se atenía a las más estrictas leyes de la rentabilidad comercial. Sin embargo, todo el conjunto del festival depende en último término de una fórmula sincrética: la rentabilidad existente en cierta manera de concebir las políticas de supremacía europea.

La idea es elástica, incluso escurridiza, e históricamente ha sido práctica esencial en las políticas exteriores de varios estados europeos. Ahora se intenta aplicar como una proyección conjunta de la Unión Europea, aunque de hecho, los diferentes problemas se enfrentan en base al juego de intereses concretos por parte de grupos determinados de países miembros. Dado que el concepto básico de esta forma de actuar es al tanteo, resulta esencial no dar publicidad a las intenciones reales o los objetivos perseguidos –que no siempre están claros a priori. Ante todo, hay que evitar las confrontaciones internas, las reclamaciones, el debate. Se actúa, se prueba, se tantea la solución. Se evalúan los resultados, pero siempre sin levantar polvareda. Ante el fracaso, la experiencia se archiva y a veces hasta se tira la llave del cajón. Caso de que las cosas hayan salido aceptablemente bien, se continúa por el camino de los hechos consumados, y pocas veces se recurre a la publicidad.



















Pesos y medidas: Bernard Kouchner (izquierda) saluda al presidente serbio Boris Tadic. Las declaraciones del ministro galo suelen dejar en evidencia la errática deriva de la política exterior francesa, pero eso no debe confundirse con la política del Eurocontrol

El lector puede encontrar un ejemplo en un artículo publicado hace un par de semanas por “The Economist” (15 de mayo) y titulado: “Balkan excepcionalism - What Serbia's election says about the European Union's enlargement”. El articulista comenzaba comentando el cacareo de algunos políticos comunitarios ante la pretendida “victoria del voto europeísta” en las recientes elecciones serbias. Destacaba, un vez más, la vana contundencia del ministro de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, según el cual “los serbios habían elegido Europa claramente”. El autor de la pieza se preguntaba cómo casaba la zanahoria presentada a los serbios durante las elecciones, con la propuesta francesa de apenas hace un año y pico, destinada a frenar la ampliación de la UE basándose en el resbaladizo concepto de la “capacidad de absorción” que defendía el mismo Sarkozy. Respuesta del autor:

“If enlargement is so unpopular, why do so many EU leaders want the credit for Serbia's vote for Europe? There are two, linked explanations. The first is that holding the door open to Balkan countries such as Croatia, Serbia, Macedonia and the rest does not imply support for enlargement in general—it is a specific strategy for preventing further instability in Europe's backyard. And the second is that enlargement mostly works like that”

Y por supuesto, porque la propuesta francesa, muy coyuntural, iba dirigida a frenar la integración de Turquía en la UE; pero el estilo populista de Sarkozy y los que lo apoyaban por entonces, pusieron el carro por delante de los caballos, al menos en relación a la praxis usual de la diplomacia comunitaria. Y fue precisamente esa tendencia a hablar demasiado la que ayudó a hundir el prestigio político de Sarkozy y Kouchner (éste mismo ya muy tocado para entonces).

En ese contexto, los medios de comunicación suelen contribuir a la perpetuación de las estrategias de Eurocontrol; en muchos casos porque, pura y simplemente, no lo conciben. La prensa suele imbuirse de la misma esencia de la cultura popular que transmite, y por ello asume ese tópico de que “no existe política exterior europea” –dado que no ven que actúe con una sola voz, como si fuera la de un único estado- o que ésta carece de imaginación o anda sobrada de rigidez. Y es cierto que existen muchas carencias y descoordinaciones, que no existe proyección militar exterior –eso es cosa de la OTAN y esa no es una alianza realmente europea- que Bruselas no obtiene resultados fulgurantes, que abundan los desajustes y los golpes bajos entre socios, que se confunde el lenguaje de madera con los resultados. Pero también se han producido pequeños y grandes prodigios de adaptación y con el tiempo ha ido surgiendo una diplomacia comunitaria que a escala de Eurovisión puede ser comparada con el estilo de algunas tonadillas triunfadoras años atrás: ligero europop, pegadizo, aparentemente banal, pero técnicamente bien construida y sobre todo rentable, muy rentable.

En la actualidad, la actitud de Bruselas con respecto a Turquía ha devenido caso de manual en la técnica del Eurocontrol comentada más arriba, incluyendo el papel ya tópico desempeñado por determinados medios de comunicación. Hace una semana, fui invitado por una productora de canal Cuatro de televisión, en Barcelona, para comentar el significado de lo que en apariencia constituía todo un éxito de la diplomacia turca en la intermediación entre Siria e Israel, especialmente en la espinosa cuestión de los Altos del Golán. Como ya se sabe, la mediación de Turquía en las conversaciones de paz sirio-israelíes fue acordada en febrero pasado por Olmert, y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdoğan. Hace unas semanas, el presidente sirio, Bachar Al Asad, reveló que Olmert le había ofrecido a través de Erdoğan la devolución del Golán -que Israel capturó en la Guerra de los Seis Días de 1967- a cambio de la paz entre sus respectivos países.















Oficiales israelíes en los altos del Golan. Es pieza clave en las negociaciones entre Damasco y Jerusalén


El pasado 21 de mayo, Israel y Siria anunciaron que habían comenzado negociaciones indirectas de paz auspiciadas por Turquía. El anuncio lo realizó Israel y fue confirmado por Damasco y Ankara, con especial énfasis por el ministro turco de Relaciones Exteriores, Ali Babacan, según el cual, conversaciones seguirán teniendo lugar en Estambul mientras las partes no expresen su interés de que sea en otra parte de Turquía.

La noticia recibió una cobertura más destacada en los medios de comunicación europeos que en los españoles. Sin embargo, Canal Cuatro decidió hacerle un espacio en el informativo de la noche, de ahí que se recabara mi opinión sobre el alcance de la noticia. El proceso de grabación fue el habitual y el resultado el mismo o muy parecido al de anteriores ocasiones (lo cual también es conocido por otros compañeros académicos) : diez o doce minutos de entrevista grabada; de ellos, cuatro o cinco segundos se ponen en boca del entrevistado (generalmente se escogen frases genéricas, perogrulladas o afirmaciones escasamente significativas en relación al conjunto de la grabación); y del resto se utiliza lo que más interesa a fin de elaborar el guión del breve reportaje, de un par de minutos de duración.

Previamente a la grabación hice un esbozo de lo que consideraba más significativo de la noticia y expliqué las causas de la misma, dado que, además, llevaba trabajando varias semanas en el asunto y poseía información y conclusiones específicas. A continuación, insistí sobre la línea argumental principal en la entrevista, sabiendo por anteriores experiencias, dónde estaba el riesgo. Pero fue en vano: el medio de comunicación en cuestión volvió a diluirlo todo en un condescendiente guiño de simpatía hacia Turquía, lo cual era un logro, proveniendo de un canal informativo del Grupo Prisa.


















Ali Babacan, el joven y dinámico ministro de Asuntos Exteriores del gobierno turco del AKP. Su protagonismo como intermediario entre Israel y Siria, ha sido relevante

La base de la actitud era muy típicamente española (y no sólo en el ámbito mediático): recurrir al experto, pero no para hacerle caso o aprovechar su opinión, sino para utilizar su nombre a fin de reforzar los prejuicios, estereotipos e interpretaciones propias del medio. ¡Si sabrán ellos…! Sobre esta base y en el caso específico de la noticia referida, se erigía la típica ignorancia voluntaria sobre los mecanismos de actuación de la diplomacia comunitaria y la insistencia informativa en la compartimentación: ¿La UE en Oriente Medio? Imposible: aquello es terreno de los norteamericanos, los turcos actúan por su cuenta, los israelíes por la suya, el mundo funciona a partir de los estereotipos que les asignan en las redacciones.

En el caso concreto de la diplomacia turca en Oriente Próximo, Asia Central y el Cáucaso, lo que ha estado sucediendo desde hace meses, resulta bastante sencillo de entender: sea cuál sea el resultado de las elecciones norteamericanas, a partir de enero de 2009 empieza una nueva era, especialmente en aquellas regiones en las que Washington se ha venido implicando más directamente. No se sabe a ciencia cierta por qué camino tirarán los norteamericanos, pero algo, forzosamente, deberán hacer. De momento, se vive un ambiente de interregno, y en ese creciente vacío ha comenzado a moverse la diplomacia turca.

En algunas zonas, por lo que le toca de cerca. Por ejemplo, el Kurdistán, donde bien pudiera ocurrir que Masud Barzani quedara medio abandonado a su suerte, impelido a ponerse de acuerdo con Ankara y Teherán. En Oriente Medio, George W. Bush intenta, sin éxito, imponer alguna forma de acuerdo de última hora entre árabes palestinos e israelíes. Como también intentó hacerlo Bill Clinton antes de abandonar la Casa Blanca. Todo esto está ya muy trillado, y ahora Jerusalén desea actuar con mayor autonomía, en vista de que la desastrosa incapacidad norteamericana en la zona ha terminado por complicarle las cosas a Israel, más que a solucionárselas. Es en este ámbito donde se enmarca el esfuerzo diplomático de Ankara, mediando entre Siria e Israel. Por otra parte, empresas turcas ya hace tiempo que se han posicionado en las zonas controladas por la Autoridad Nacional Palestina, o que trabajan en Egipto, Siria y Líbano. Por último, también la situación en el Cáucaso está experimentando un vuelco, no sólo porque Turquía y Armenia están en proceso de reconstruir sus relaciones, sino porque está impulsando la reconciliación intracaucásica, en especial entre Georgia y Armenia. En este caso, sólo indirectamente se trata de cubrir el hueco dejado por Washington: en realidad, la labor turca en la zona se corresponde con un acercamiento al vecino ruso, aunque en parte esté relacionado con los desastres.






















El profesor Ahmet Davutoğlu, a quien a veces se le denomina el "Metternich turco", es el asesor principal del primer ministro Recep Tayyip Erdoğan y arquitecto de la política exterior turca, que algunos analistas gustan de tildar como "neo otomana". Es un estadista apreciado en Bruselas

Ahora bien, toda esa actividad y sus causas no sólo son conocidas por Bruselas, sino que en algunos casos está siendo controlada, estudiada, alentada y a veces planificada en común con diversas cancillerías europeas. Y es lógico y bueno que así sea, por varias razones:

a) En primer lugar, porque Ankara está desarrollando una actividad diplomática en la zona de Oriente Medio, Asia Central y el Cáucaso que es precisamente uno de los activos ofrecidos en su día a Bruselas y que ahora busca y necesita la UE en esas difíciles zonas: know how, brokerage y seguridad. Turquía está demostrando lo que sabe y puede hacer; y Bruselas toma nota, sugiere y prueba. Pura y simplemente, no es realista suponer que en plenas negociaciones de acceso a la UE, Ankara está haciendo lo que le parece, sin contar con Bruselas. Hay indicaciones y datos concretos relativos a ello aunque, lógicamente, no se prodigan; como siempre, a la espera de resultados. Y aunque los haya y sean positivos, los cómos y porqués tampoco se filtrarán en demasía.

b) En la actual situación, cuando faltan pocos meses para que George W. Bush deje la Casa Blanca, se están generando vacíos de planificación y control estratégicos en las zonas referidas. Los proyectos de la actual presidencia norteamericana van a ser cancelados o drásticamente reformados; pero hasta hace poco, Washington ha llevado la voz cantante en la gestión de crisis en Oriente Medio, la buscada confrontación con Rusia y las presiones contra Irán. Bruselas sabe que el momento es peligroso para Europa, debido a ese vacío de poder que se está generando en el turbulento espacio ex otomano. Y como mínimo, intenta intervenir para recoger los platos rotos y adecentar el desorden reinante, antes de negociar con el que será nuevo inquilino de la Casa Blanca. En cualquier caso, estamos ante lo que puede definirse como la primera intervención extensa en Oriente Medio de la diplomacia comunitaria. Y Turquía está actuando como agente avanzado de la misma. ¿O creen que es casualidad que Ankara no haya recibido presiones desde Bruselas para que retire definitivamente a sus tropas del Norte iraquí?

c) Ante la situación política que se vive actualmente en Ankara, Bruselas tiende a apoyar al gobierno Erdoğan y no a los elementos vinculados antiguo régimen (derecha y ultraderecha nacionalistas autodefinidas como “sectores laicos”) empeñados en desestabilizarlo y boicotear el proceso de negociaciones para el acceso a la UE, proceso en el cual ven una amenaza contra sus posiciones de poder social: por unas razones o por otras sólo entre el 25 ó 27% de la población turca se sitúa en esa línea. Tal como están las cosas, el actual gobierno supone para Bruselas una línea de cooperación provechosa y coherente en Oriente Medio y Asia Central. Un golpe de estado en Turquía, del tipo que sea, sólo ofrece incertidumbres, presiones y fantasías, como la idea de “
irse con Rusia”, en vez de continuar con el proceso de integración en la UE.

d) La UE, o al menos un grupo de países dentro de ella, están trabajando para reconstruir el mensaje de que el proceso de integración europea sigue siendo válido como panacea para restañar los viejos conflictos disgregadores. El cortocircuito que ha supuesto el reconocimiento de la autoproclamada República de Kosovo por una mayoría de países de la UE, presionados algunos de ellos por la administración Bush, ha supuesto un serio quebranto para la credibilidad de esa fórmula. Por ello, mientras se busca ahora que las aguas vuelvan a su cauce en los Balcanes y se intentan restañar heridas, la colaboración de Turquía en Oriente Medio y el Cáucaso puede suponer, para la Unión Europea, la recuperación del hilo de un discurso integrador y superador de conflictos.


















Las contradicciones del presidente Nicolas Sarkozy no deben circunscribirse a las políticas del Eurocontrol. Están demasiado relacionadas con los desastrosos resultados cosechados por el mandatario en política interior francesa

Lógicamente, iniciativas como el reciente debate en la Asamblea Nacional francesa sobre la posibilidad de incluir en el proyecto de reforma constitucional una enmienda que confirme la convocatoria obligatoria de un referéndum «para aprobar o rechazar el ingreso en la UE de países que representen más del 5 % de la población de la Unión», va claramente dirigido contra Turquía y parece desmentir todo lo dicho más arriba. ¿Son posibles políticas de Eurocontrol ante actitudes nacionales tan veleidosas? Recuérdese que de prosperar la enmienda, Sarkozy terminaría tirando piedras de grueso calibre contra, por ejemplo, el proyecto de Unión Mediterránea (UM), que él mismo lanzará con su habitual pompa, durante una cumbre euromediterránea excepcional, a mediados de julio. En el proyecto de la UM, Turquía está llamada a tener un papel destacado, máxime ahora, cuando está demostrando un marcado protagonismo en su capacidad diplomática por el Mediterráneo Oriental. Aquí la política del Eurocontrol fallaría por su misma base, es decir, como una enfermedad autoinmune, al no poder controlar un jefe de estado la coherencia de su propia estrategia política.

Por lo tanto, en realidad estaríamos en este caso ante un problema estructural, y por lo tanto profundo, propio de los mecanismos esenciales de la UE. Los conflictos que puede plantear Sarkozy en la cuestión turca al intentar superar sus contradicciones en política interior, a base de la demagogia habitual, no dejan de ser comparables, ahora mismo, a los que también pone sobre la mesa Berlusconi, en Italia, o la inquietante actitud de la sociedad irlandesa ante el referéndum para la ratificación del Tratado de Lisboa. ¿Hace todo ello inviable la Unión Europea? No son asuntos tan nuevos y en realidad están asociados a problemas internos de cada uno de los líderes políticos con respecto a sus votantes. Pero hasta el momento se ha demostrado que esas figuras pasan y se van (incluso a De Gaulle le ocurrió). Mientras tanto, la voluntad de afianzarse y crecer de la Unión Europea permanece; y mientras eso sea así, de una forma u otra, más o menos discreta, consensuada o agresiva, seguirá existiendo la política del Eurocontrol, con todos sus errores y titubeos, pero también con sus logros e innovaciones originales; porque es el único camino posible, al menos desde el punto de vista continental.

Etiquetas: , , , , , , , , ,

viernes, noviembre 16, 2007

El infierno bondadoso















Un niño albanés posa ante un cartel independentista inspirado en la marca Coca-Cola

Hace pocos días, y en el contexto del escándalo generado por los niños chadianos que la ONG “Arca de Zoé” intentaba sacar ilegalmente del país, el diario “La Vanguardia” publicó un artículo que a muchos lectores pudo haberles pasado desapercibido. Otros se preguntarán qué pinta aquí una pieza que, en apariencia, no está relacionada con la temática central de este blog. Sin embargo, el asunto de “El infierno bondadoso”, firmado por Andy Robinson, es el denominado “derecho de injerencia”, que hace una década parecía totalmente incuestionable e inspiró a todos los bienpensantes que apoyaron sin fisuras las intervenciones de las potencias occidentales en Bosnia y Kosovo, asunto este último que, como saben, vuelve a formar parte de la actualidad más candente.

La primera intención de este post fue criticar la actitud de algunos diarios patrios, que ni bajo tortura admitirían la decrepitud del concepto “derecho de injerencia” y lo que es peor, la responsabilidad de la tal idea en algunas de las más sonadas catástrofes militares de los últimos años, la más conocida de las cuales es la intervención en Irak, seguida de cerca por la que protagoniza la OTAN en Afganistán. Pero ayer mismo, una entrevista a cargo de una simpática periodista de “Público”, el diario portugués (no confundir con el español homónimo, y de diferente ideología) me disuadió de la idea. Dado que la prensa portuguesa es tan profesional como la española y la de cualquier otro país europeo, el tono de algunas preguntas revelaba que aquí y allá, a lo largo y ancho de Occidente, sigue perviviendo la ya anacrónica mentalidad justiciera de hace una década, basada en el “síndrome de 1993”; esto es, el espejismo de que todo sigue como entonces: los serbios son muy malos y culpables de todo, Europa y Estados Unidos tienen una
deuda impagable para con Kosovo, algo de lo cual los albaneses locales siguen empeñados en convencernos, (aunque el tozudo adalid de esta idea, Ibrahim Rugova murió hace algún tiempo) y a pesar también de que los que van a otorgarle la independencia ya les han venido haciendo el trabajo desde hace ocho años.














Una columna de "panzer" alemanes integrados en las fuerzas de la OTAN, hace su entrada en Kosovo, 1999

El asunto del “derecho de injerencia” y la “injerencia humanitaria”, como plantea correctamente Andy Robinson en su artículo, va de la mano de las ONGs y los neocon; y por supuesto, está profundamente implicado con la mentalidad imperante en los noventa. A lo largo de esa década, las ONGs se multiplicaron con una energía febril: resulta evidente que tuvieron un éxito arrollador. Ello fue debido a razones que no estaba en relación directa con su eficacia real, algo que ni siquiera en el cambio de siglo se podía evaluar globalmente, dado que la galaxia de las ONGs era extremadamente extensa y variada. Complicaba más la evaluación de su labor el hecho de que, al ser entidades dependientes de subvención, un número significativo de organizaciones promovía unas u otras prioridades, desde el medio ambiente (más propia de los ochenta) a los microcréditos y la microempresa (en la década siguiente), la ayuda humanitaria en los diversas zonas de crisis, luego la violencia de género, la ayuda de emergencia y tantas otras. Es decir, en términos de sus críticos, estaban inmersas en la lógica del mercado, de la eficiencia y la competitividad, y en base a ello las ONGs tendían a crear demanda a partir de la oferta. Por otra parte, también contribuye a dificultar el balance de sus actividades el hecho de que este tipo de instituciones son responsables ante los financiadores, mientras el estado lo es ante los ciudadanos.

Por lo tanto, el balance sobre el impacto de las ONGs tenía que hacerse en clave política. Y desde ese punto de vista, las organizaciones no gubernamentales, junto con los think tanks y el resto de las instituciones de intermediación o análisis no dependientes de los gobiernos constituían lo que se denominada el Tercer Sector, situado entre el Estado y el Mercado, y por lo tanto, formaban parte integral de la nueva filosofía política y socio-económica que acompañaba al auge del neoliberalismo global. Eso suponía que las ONGs y las demás instituciones similares tenían como objetivo común desempeñar políticas anteriormente públicas y ahora privatizadas en base a la idea neoliberal de que el estado es un obstáculo para el libre mercado; y por lo tanto, parte de sus infraestructuras y atribuciones debían ser desmanteladas en aras de una mayor eficacia y rentabilidad.

Precisamente, el estado del bienestar era uno de los demonios del ultraliberalismo. Finalizada la Guerra Fría con la derrota del bloque marxista soviético, parecía quedar demostrado que el estatalismo a ultranza sólo conducía a la ruina; y desde Occidente, ya no eran necesarias políticas de protección social que emularan aquellas de las que se jactaban los soviéticos. Por otra parte, las ventajas sociales que ofrecía el estado del bienestar solían integrar las remesas presupuestarias más abultadas, y en muchos países del Tercer Mundo habían fallado desde hacía tiempo, con consecuencias sociales y políticas traumáticas. Por ello, en los noventa, las ONGs parecían el canal adecuado para gestionar fondos públicos o préstamos internacionales en programas de asistencia social compensatoria.

















Protestas en Chad contra lo que se considera una injerencia de la política francesa en los asuntos internos del país y en su justicia y leyes


Ahora bien, los resultados globales de su labor fueron ya cuestionados hacia finales de los noventa, dado que las ONGs no solían ser invitadas a coplanificar las estrategias globales de ayuda a cada país, o el diseño de las políticas de ajuste, que en muchas ocasiones se convertían en intermediarios financieros, más que en ejecutores de acciones concretas y que muchas veces carecían de sostenibilidad a largo plazo. Algunos expertos, como David Sogge (1998) llegaron a acusar las ONGs que operaban en África de ser “la vanguardia de la nueva era de recolonización en África”. Además, una parte sustancial de los fondos asistenciales gestionados por esas organizaciones fueron a parar a problemas que no se relacionaban de forma real con la miseria en el continente, llevándose por delante, de paso, prácticas culturales y económicas tradicionales que a veces mantenían el tejido social en precario equilibro.

Lógicamente, no todas las ONGs, individual o sectorialmente, obtuvieron resultados tan cuestionables. En muchos casos, fueron las únicas instituciones capaces de paliar situaciones de marginación y pobreza, desastres ecológicos o abusos represivos. Pero el “concepto ONG” venía genéricamente hipotecado por la idea de que en general actuaban como apagafuegos del nuevo sistema internacional. Con lo cual, en el fondo, paliar determinadas situaciones problemáticas contribuía por otro lado a perpetuarlas. E incluso, en el caso de algunas formas de ayuda en países muy desestructurados, a hacer que parte de la población terminara dependiendo de las políticas asistenciales.

Este tipo de apreciaciones son las que ya se están recogiendo en análisis cada vez más serios sobre las ONGs, y son necesarios para que se lleve a cabo una “poda” de las mismas (sólo en la India se cuentan entre uno y dos millones de ONGs, en Rusia sumaban 400.000 el año pasado) y, en definitiva, sobrevivan y prosperen sólo aquellas instituciones más capaces y profesionales. Y que cualquier grupo de aventureros, redentores obsesivos, inadaptados sociales, y tíos raros en general, erigido en ONG, deje de ser presentado como “bueno por naturaleza” o “por contraposición a los partidos políticos o los gobiernos, cuyo descrédito generalizado fomenta la apatía y el conformismo”, como afirma, muy acertadamente Maite Serrano Oñate en su contribución a un libro muy interesante y polémico: Las ONG y la política, editado por Marisa Revilla Blanco y publicado por Itsmo en 2002, que ya es tiempo.




Bernard Kouchner en Chad, junio de 2007








“La Vanguardia”, domingo, 11 de noviembre, 2007

La ONG llevó al límite la idea “neocon” del intervencionismo humanitario
EL INFIERNO BONDADOSO

Andy Robinson

Madrid

El caso de El Arca de Zoé y los 103 niños robados puede ser otro ejemplo de que en Darfur, y en África en general, "el camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones", según ironizó David Rieff en su libro A punta de pistola, que critica el uso de intervenciones militares para defender los derechos humanos.

Pero - según Rieff y otros críticos del intervencionismo humanitario entrevistados por “La Vanguardia” -los verdaderos responsables del excesivo celo altruista de El Arca de Zoé son las ONG, intelectuales y políticos que han distorsionado la realidad creando una imagen falsa de genocidio perpetrado por árabes blancos e islamistas en Jartum contra "inocentes" comunidades negras de fe cristiana o animista en Darfur.

"Si presentas la situación en Darfur como un campo de concentración nazi, me parece luego grotesco condenar a quienes intervienen por su cuenta", explicó Rieff. Bernard Kouchner y Nicolas Sarkozy, apoyado por intelectuales de la nueva derecha como Bernard Henry Levy, defendían el derecho de intervención en Darfur, y con la polémica de El Arca de Zoé "están cosechando lo que sembraron", dijo.

Kouchner, al igual que intervencionistas en EE. UU., agrupados en torno a la ONG Save Darfur Coalition, "dieron la impresión de que Darfur es el Apocalipsis en que los niños se enfrentan a una muerte inminente y han incitado a gente a montar rescates por su cuenta", dijo Rony Brauman, ex director de Médicos Sin Fronteras en París. Brauman, con experiencia directa de la crisis en Darfur, la califica no de genocidio sino como una guerra civil "triste pero típica, basada en la lucha por los recursos naturales".

Diversos informes de la ONU sobre Darfur coinciden en que no es un genocidio perpetrado por árabes fundamentalistas contra africanos inocentes sino una guerra en la que las atrocidades se cometen en ambos bandos.

Pese a ello, Save Darfur Coalition, que define su misión como "elevar la conciencia del público sobre el genocidio en Darfur", ha pedido desde EE. UU. la intervención militar contra Sudán, con el apoyo de celebridades de Hollywood, como Mia Farrow y Don Cheadle, y diversos políticos, desde neoconservadores republicanos hasta candidatos demócratas presidenciales como Joe Biden.

El Arca de Zoé, una escisión de la ONG Sauver le Darfur, es la última manifestación de esta ideología intervencionista, según coinciden Rieff y Brauman. Cuando ésta y Save Darfur Coalition - cuyo consejo incluye cuatro grupos de presión proisraelíes- se frustraron al ver imponerse una solución pragmática en Darfur, El Arca de Zoé y Sauver le Darfur cogieron el toro por los cuernos y anunciaron que evacuarían nada menos que a 10.000 supuestos huérfanos de Darfur para ofrecerlos en adopción en Francia.

En general, "la tendencia de celebridades de ir acumulando bebés y niños adoptados es parte de un fenómeno general de querer salvar a estos países de sí mismos", dijo Mahmud Mamdani, antropólogo oriundo de Uganda de la Universidad de Columbia, en Nueva York, en referencia a celebridades como Angelina Jolie y Madonna. Concretamente en Darfur "hay una suposición de que la gente no es capaz de salvar su región y por tanto tendrán que ser salvados desde fuera", añadió.

La Save Darfur Coalition tuvo que destituir a su director en junio cuando se descubrió que se había gastado más dinero en publicidad que en ayudas a los afectados por el conflicto. Aunque la coalición estadounidense mantiene que no tiene vínculos con Sauver le Darfur en Francia, "hay vínculos intelectuales aunque no sean operacionales", dijo Brauman.

Etiquetas: , , , , , ,

martes, octubre 09, 2007

Guerreros de la guerra


Un gesto característico de Bernard K



















En las últimas semanas, este blog tuvo el honor de adelantar un par de asuntos que, inopinadamente, saltaron a la prensa días o semanas más tarde. Uno de ellos fue el debate sobre la polémica figura de Kouchner. En cuestión de pocas semanas, hemos visto aflorar al verdadero Bernard K: vanidoso hasta el punto de querer eclipsar a su jefe Sarkozy, cínico, y como otros muchos tránsfugas de la izquierda radical de los sesenta, con su almita de neocon vocacional cada vez más blindada. Que nadie se queje ahora: ya en los noventa, Bernard K. decía, refiriéndose a la buena marcha de una ONG como las que él había fundado: “Si se quiere lograr algo en esta área, se tiene que ser un hombre de negocios y tener sensibilidad para la publicidad y la comercialización […] Si no se acepta que la ley del mercado también es válida para la industria de la caridad, no se conseguirá su introducción en ninguna parte”. La cita la recoge Maite Serrano Oñate en un valioso artículo sobre: “Las ONGD en la encrucijada: del estado del bienestar a la franquicia de estado”, que a su vez forma parte de uno de los muy escasos libros que se atreven a afrontar el fenómeno de las organizaciones no gubernamentales de forma valiente y realista: Las ONG y la política, con aportaciones de diversos autores, todos ellos expertos en el asunto, coordinados por Marisa Revilla Blanco (Ed. Itsmo, Madrid, 2002)



El gesto, los trajes: mímica y vanidad








Bernard K. es experto en largar frases inoportunas, que lo definen precisamente como él mismo no desea presentarse. Si a alguien le han hecho un refrán a la medida, “por la boca muere el pez” fue pensado para Kouchner. Recientemente, hemos vuelto a saborear algunas de estas boutades (en el sentido de exabruptos) de Bernard K. A mediados de septiembre largaba, en versión siglo XXI aquella vieja máxima latina: “Si vis pacem, para bellum”. En su opinión, había que prepararse “para lo peor” y eso era la guerra con Irán. Los medios de comunicación tendieron a la misma conclusión: el gobierno francés parece querer postularse como el nuevo amigo de confianza del ejecutivo Bush, ahora que Tony Blair ya no vive en Downing Street. Claro está, después de largar en el inequívoco y viejo lenguaje del belicismo, Bernard K. hizo y deshizo, explicó y lió para que se entendiera que los preparativos de guerra “no eran para mañana”, que él quiso decir esto y lo otro. Pero como afirmaba
Jean Daniel en un interesante artículo publicado en varios medios: “¿No es suficiente la amenaza estadounidense? ¿Necesitaba George Bush que los europeos fueran más allá?”. Cuando ni el mismo George Bush puede hacer creer a nadie que realmente tiene una salida para Irak, y queda muy claro que una nueva aventura militar en Irán sería una locura pura y dura, una chaladura digna de ser filmada por Kubrick, ¿qué necesidad tiene Kouchner de ser más papista que el Papa?

No debe ser su otoño de la suerte. Después de trapichear por Libia a base de ventas de armas a cambio de enfermeras búlgaras (eso sí que es tener mentalidad de empresario aplicada tanto a la industria de la caridad como al armamento) porque tras ponerse de manifiesto él mismo en su nuevo uniforme de gala como aprendiz de warmonger, el régimen militar de Myanmar aplastó la protesta pacífica encabezada por los monjes budistas desde el 19 de agosto pasado. La brutal represión de las autoridades a finales de septiembre, sacó a flote, de nuevo, el célebre informe de BK Conseil, para favorecer la entrada de Total en la antigua Birmania. E hizo recordar algunas de las torpes justificaciones de Kouchner cuando comenzaron a quedar en evidencia los abusos: que los birmanos que se había encontrado estaban “muy contentos” con la presencia de Total en el país, que el trabajo forzado era “una antigua costumbre legalizada ya por los británicos en 1907” (sic!) y, de todas formas, que dos decretos de 1999 y 2000 habían terminado con esas prácticas… decretos que de hecho no se llegaron a aplicar.



















Otra "grimace" de Bernard K., acompañando una nueva combinación de escogida elegancia



Sinceramente: cuesta entender cómo determinada izquierda progresista e hipocritona pudo aplaudir a Bernard Kouchner, año tras año, cuando ya quedaba muy lejos su aura de fundador de Médicos sin Fronteras. Sus torpezas y ambiciones se metieron cuidadosamente bajo la alfombra y ni siquiera sus émulos en otros países (por estos pagos también los tuvimos, ¿recuerdan?) lograron parecerse al desconcertante modelo. Y sin embargo, erre que erre. El pasado día 4, “El País” le publicó a André Glucksman un artículo justificativo hacia su amiguete Bernard K. De Glucksman a Kouchner, claro que sí. Nunca tan distantes en sus posiciones ideológicas, claro que no. Dispuesto el uno a mezclar las ambiciones políticas con la “industria de la caridad”. Siempre a punto el otro a confundirlo todo en el mismo perol: Irán con Irak, y por supuesto, la justificación ad aeternum de los errores cometidos y no resueltos. Hay que seguir buscando armas de destrucción masiva, y para Kouchner y Glucksman y Bush y todos los demás de la misma cuerda, si no se encontraron en Irak, aparecerán en Irak. A eso se llama echarle contumacia y caradura: ni siquiera se han molestado en cambiar de argumento para justificar una nueva guerra.



Mirada directa, dedo acusador. "C´est la guerre, monsieur!"








Pero ese no es el problema sino que una izquierda suavecita y "bienintencionada", aplaude todavía a Bernard K., pensando, ingenuamente, que sigue siendo de los suyos. En el fondo, el corazoncito de Kouchner es rosa. Algo así creyeron los socialistas polacos de Józef Piłsudski, el gran padre de la patria con ambiciones de dictador: que nunca había dejado de ser uno de los suyos, que al final reaparecería el viejo socialista de línea dura que había sido en su juventud. Pero no fue así, y mientras tanto, Piłsudski iba liquidando una tras una, las instituciones de la Polonia democrática, de común acuerdo con la plutocracia local. Y algo similar ocurrió con otro ex socialista: Benito Mussolini. Pues no, sintiéndolo mucho, el haber sido de izquierdas no es un estigma que marque para siempre (como tampoco lo es el catolicismo, por cierto). ¿Guerreros de la paz, como tituló Bernard K. uno de sus propios libros? ¡Anda ya!: Guerreros de la guerra.





















La verdadera utilidad del dedo de Kouchner, según caricatura publicada en la prensa francesa

Etiquetas: , , , , ,

lunes, septiembre 10, 2007

Las tribulaciones de Bernard K




Cubierta del libro de Michel Floquet y Bertrand Coq, rareza bibliográfica recuperada del recuerdo por la actualidad política en Francia













"Esta guerra concluirá con una paz
”. Así terminó Bernard Kouchner, actual ministro de Asuntos Exteriores de Francia, una entrevista concedida a los periodistas Michel Floquet y Bertrand Coq en plena guerra de Croacia, en el patio del Hospital de Osijek, finales de otoño, 1991. Sospechando que la entrevista podría dejar demasiado claro que el personaje era más simple de lo que parecía o quizá porque Kouchner lo logró decir absolutamente nada de interés, sus interlocutores decidieron no publicar la entrevista, realizada por causalidad en el marco de un reportaje sobre la situación militar en la región de Eslavonia. Sin embargo, Floquet y Coq terminaron por publicar un libro entero dedicado a las aventuras y desventuras del personaje durante los conflictos de Croacia y Bosnia: Les tribulations de Bernard K. en Yougoslavie, Eds. Albin Michel, Paris, 1993

Eran 223 páginas corrosivas, puro ácido sulfúrico sobre la imagen de Bernard Kouchner: médico de formación, cofundador de Médicos Sin Fronteras (1971) y Médicos del Mundo (1979) –como respuesta a su abandono intempestivo de la primera ONG-, ministro de Sanidad y Acción Humanitaria (una de esas innovaciones tan francesas) en 1992-1993, y administrador de Kosovo como Alto Representante de la ONU entre julio de 1999 y enero de 2001. Un hombre dedicado a la “alta acción humanitaria”, gran impulsor del concepto “derecho de injerencia” y… ambicioso trepador en el mundo de la política francesa: desde su militancia en el Partido Comunista Francés, al Partido Socialista, al Partido Radical de Izquierda, para volver con los socialistas y
terminar en el equipo de Sarkozy. Por lo tanto, cuando tanto se debate en estos tiempos sobre los fichajes socialistas del nuevo y controvertido presidente (Bernard K fue el primero), no cabe más remedio que recordar y reseñar, siquiera brevemente, el libro de Floquet y Coq.



Un caquéxico Bernard Kouchner es "nacionalizado" por Sarko, según caricatura del autor bretón Fañch Ar Ruz















La obra es muy de su época (en plena guerra de Bosnia) y por ello es útil como caja de resonancia de las obsesiones mediáticas de entonces. Pero también se adelanta al cuestionar la mojigatería de los “bien pensantes” de entonces, cuya única solución para cualquier conflicto internacional pasaba por el “derecho de injerencia”: el último capítulo y conclusión se titula, muy significativamente: “De regreso de la cuestión de Oriente, al nuevo sueño colonial”. Y faltaba toda una década para la invasión de Irak. También nos ilumina sobre la guerra de las ONG´s, otro asunto estrella de aquellos ya lejanos años. El combate singular entre Médicos Sin Fronteras y Médicos del Mundo, ambas ligadas en sus orígenes a Bernard K., se superpone a las guerras de secesión yugoslavas. Allí, MSF escoge Vukovar en el otoño de 1991; pero pierde varios miembros atrapados en los combates y decide replegarse a fin de consagrarse a los refugiados. De esa forma, pierde protagonismo frente a su rival, MDM, al menos en el muy mediático escenario yugoslavo. Es el turno de ésta ONG, dirigida entonces por el astuto Míster K., que se decide por Dubrovnik. Es una excelente apuesta: la bella ciudad, patrimonio de la UNESCO e icono turístico por antonomasia (todo el mundo la conoce, no como a Vukovar) es una apuesta segura. Ahora bien: ¿necesita ayuda humanitaria la ciudad de Dubrovnik? Rony Brauman, presidente de la rival MSF lo tiene claro: “Esta ciudad no tenía ninguna necesidad estricta. Se creó una necesidad humanitaria, pieza a pieza, y después se respondió a ella. La respuesta, como la necesidad, son virtuales” (Floquet et Coq, 1993: 55)

La idea de crear un “corredor humanitario” hacia Dubrovnik tuvo momentos de opereta que ya en aquella misma época fueron celebrados con lejía por periodistas y testigos de todo tipo. El convoy marítimo de ayuda que intentó llegar hasta el puerto rompiendo el bloqueo marítimo que mantenían las unidades de la Marina Federal yugoslava, fue una aventura en la que Kouchmner compartió protagonismo con el histriónico Stipe Mesic. Laura Silber en su célebre obra de referencia The Death of Yugoslavia (Penguin Books, 1995) relata cómo Mesic, al mando de la flotilla de yates, barquitos y barquichuelas de recreo de todo tipo, junto con el prier minsitro, al esposa del Minsitro de Asuntos Exteriores y Tereza Kesovija (la Nana Muskuri croata) intentó abrirse paso gritándole por radio al almirante serbio que él era el “comandante supremo” del Ejército yugoslavo. Lo cierto es que ya no lo era desde el 3 de octubre (y el 13 de septiembre Croacia había abandonado el gobierno federal) y quizá por eso o por las horas que llevaban en el bar del Slavija I, las celebridades a bordo festejaron la ocurrencia con sonoros aplausos, pitos y carcajadas.



Dubrovnik asediado por las baterías montenegrinas, octubre de 1991








El convoy no pasó. Si llegó, semanas más tarde, el barco hospital italiano San Marco (18 de noviembre), que desembarcó medicamentos y evacuó refugiados. Pero aprovechando que las tropas croatas tuvieron que retirar tropas del frente para controlar la operación en el puerto, las tropas serbo-montenegrinas tomaron el barrio de Mokosica. Los intentos de Kouchner para erigirse en negociador con los militares federales fueron un fracaso. No sólo se mofaban abiertamente de él, sino que cada vez que el notable francés abandonaba la ciudad, ésta era duramente bombardeada. No es de extrañar que las autoridades locales terminaran algo cansadas y comenzaran a reprochar a Bernard K. que alentara a los habitantes de la ciudad a evacuarla, puesto que eso se lo pondría más fácil a los asediadores. De hecho, desde finales de octubre las autoridades croatas habían puesto en marcha la operación “Retorno a Dubrovnik”.

Mientras tanto, Kouchner desplegaba una concentrada ofensiva mediática auto inventándose como protagonista. “Dubrovnik también le proporcionó a Bernard Kouchner la ocasión de dar la medida de su talento con la pluma. Kouchner, uno de cuyos tormentos es el fracaso de pasar por intelectual, cree que la inteligencia es contagiosa. Alentado por sus amigos (que una cierta prudencia retiene de cantar las gestas del ministro) se convierte en bardo de sus propios éxitos” (Floquet et Coq, 1993: 87) A lo largo del otoño de 1991 escribe rimbombantes artículos en al prensa francesa. ¿Y lo resultados concretos? Según él mismo, se transportaron más de 10.000 toneladas de alimentos a la ciudad. “3.500 toneladas de papeo” –corrige el doctor Michel Bonnot, fundador de Ayuda Médica Internacional, citado en el libro que nos ocupa. Según los autores, de esa ayuda debe restarse la entregada a los sitiadores. “Bernard usa las cifras como los medias: sin moderación”, concluyen. Y de paso califican la obra del biografiado. Según Kouchner la ayuda humanitaria consiste en “pequeños gestos constantes, en pequeños lugares para un pequeño grupos de personas”: es decir, la “ayuda bonsái” (Floquet et Coq, 1993: 93)


















Portada de uno de los libros de Bernard K. él mismo, pensativo y preocupado, en la portada


Lo que añadía una dura nota trágica a todo esto era que mientras tanto, la ciudad croata de Vukovar estaba siendo machada por la artillería del Ejército federal y asaltada por los chetniks, pero Kouchner no hizo nada por ella, a pesar de que el 17 de noviembre recibió un llamamiento personal desde el hospital de la asediada ciudad, a punto de caer en manos del enemigo, para que evacuaran algunas decenas de heridos graves. “Pero Bernard Kouchner no escucha. Está a punto de escribir: ‘Dubrovnik ciudad de la Paz’ un artículo que publica “Le Monde” dos días más tarde” (Floquet et Coq, 1993: 84). La última iniciativa del ministro consistió en imaginar un “Concierto para la Paz”, en el que deberían cantar juntos una soprano serbia y un bajo croata. Ante la negativa de Zagreb de que entrara en la ciudad ni un solo serbio, hubo que conformarse con la Orquesta Nacional de Cámara de Toulouse. A ese concierto de Nochevieja acudieron, como no, Bernard K, Simone Veil y Michel Piccoli. La población local le dedicó una gélida indiferencia.

Los años que siguieron estuvieron marcados por el protagonismo de Bernard K. en la guerra de Bosnia, como no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta que era un abogado histórico de lo que por entonces se llegó a convertir en sacrosanto “derecho de injerencia”. Pero también de gestos a veces espectaculares, pero de eficacia real bastante dudosa. ¿El convoy del 5 de abril de 1992, que nunca llegó a entrar en Sarajevo sirvió realmente de algo, aparte de resaltar la imagen de Bernard K.? El “beau geste” del 28 de junio, protagonizado por el presidente Mitterrand para que se abriera el aeropuerto de la asediada ciudad (al parecer inspirado por Kouchner) desunió más a los europeos, evitó una temprana intervención militar occidental contra los serbios? Eso sí: siempre con la prensa por testigo, siempre cámaras e imagen. Todo un precedente el estilo Sarko de nuestros días: enormes tasas de popularidad, hiperactividad, ubicuidad, “efecto anuncio” y “charla por los codos”, como parte del
retrato que hacía Lluis Bassets hace pocos días.




















Bernard K, 2007, implicado en los manejos de Sarkozy con el dictador libio Gaddafi


El libro de Floquet y Coq, hoy difícil ya de encontrar, incluso de segunda mano, dejó a Bernard K. en Bosnia. Pero su carrera continuó, siempre con el mismo o similar estilo, siempre dejando en el aire la pregunta: ¿Es Bernard Kouchner un simple caradura, un tipo realmente listo, un ambicioso sin límites, un simple “con”, como lo califican algunos franceses en los foros? “Le Point” le coronó “Hombre del año” en la Francia de 1991, y sólo unos meses más tarde era el político más popular. Personaje altamente estimado por sus compatriotas en aquello lejanos años, lo cierto es que nunca logrará ser elegido como parlamentario, ni en Moselle en 1994 ni en Gardanne en 1996. Una cosa es la popularidad mediática y otra confiar el destino de una parcela del propio país en manos de Bernard K. Eso es lo que, al menos, pensaban los franceses por aquel entonces.

















Bernard K, junio de 1999, recién concluida la campaña militar de la OTAN contra Serbia. En la fotografía, con dos líderes del UÇK (Thaci y Ceku), el general de la KFOR, Jackson, y el comandante de la OTAN, general Clark



Pasaron los años. En 1999, después de que la última bomba humanitaria de la OTAN cayera sobre lo que restaba de Yugoslavia, Bernard K fue nombrado administrador de las Naciones Unidas para Kosovo. Ocasión más que propicia para acuñar otra de sus frases características: “Europa, la que amamos, ha nacido en Kosovo”. En la arrasada provincia, Kouchner debe ocuparse de la asistencia humanitaria, la administración civil, la economía y la elaboración de instituciones democráticas. Es una ocasión perfecta para desarrollar sus teorías. Así, durante su mandato (julio de 1999-enero de 2001), regresaron los refugiados albaneses, pero fueron expulsados casi un cuarto de millón de serbios y otras minorías étnicas de Kovoso. Hasta la fecha, la limpieza étnica, consumada, más voluminosa de la las guerras de secesión yugoslavas. El Ejército de Liberación de Kosovo (UÇK) es desarmado y reconvertido en el Cuerpo de Protección de Kosovo, pero se cree, con fundamento, que puede recuperar su capacidad ofensiva con facilidad; de hecho, algunos mandos son sospechosos de estar tras acciones hostiles. No se logrará que funcione el Consejo de Transición de Kosovo, por desavenencias internas entre las dos principales fuerzas políticas de los albaneses, los representantes del UÇK y los de la Liga Democrática de Kosovo. La gestión gestual de Kouchner, en entredicho, dejando tras de sí polémica.



Bernard K pasea por Pristina con la controvertida Secretaria de Estado norteamericana Madeleine Albright














El año 2003 comenzó a marcar los límites de la desintegración de la doctrina del “derecho de injerencia”. En un célebre artículo publicado en “Le Monde” (4 de febrero), Bernard K. intenta salirse por la tangente ante la inminente invasión de Irak. Adopta una postura tan facilona como demagógica: “Ni la guerra ni Saddam”. No duda que existen armas de destrucción masiva escondidas, tampoco debe consentirse que Saddam siga en el poder. Intervencionismo, derecho de injerencia, si, pero sin guerra. ¿Cómo? “Qu’en ce début de XXIe siècle, on invente d’autres formes de politique et d’interventions internationales". Efectivamente : que inventen otros para sostener lo que yo afirmo. Bernard K sólo sugiere fórmulas nebulosas, que para derribar a Saddam del poder e “instaurar la democracia” en Irak, no funcionan. Pura y santa buena intención. pero claro, o injerencia a la manera clásica, o nada. Y como nada no puede ser…

Mientras tanto, ha fundado una consultoría: BK Conseil. Y con ella se mezcla en un resbaladizo negocio (
septiembre 2003): lograr que la petrolera francesa Total obtenga de la dictadura militar que gobierna Birmania (Myanmar) la opción de construir y gestionar un oleoducto a cambio de que la empresa se implique en la subvención de mejoras de infraestructura humanitaria en el país. Pero el asunto se complica y desemboca en un escándalo cuando, dos años y medio más tarde, un grupo de ONG´s radicadas en Gran Bretaña lanza una campaña contra las actividades de Total en Myanmar, el trabajo forzado que se está utilizando en el oleoducto (incluyendo mano de obra infantil) y al represión que ha estado practicando “horrorosos abusos en la región del oleoducto”












El invento casi no da más de si: Bernard K. en 2003, después de la invasión de Irak


Floquet y Coq supieron a quien tenían delante en aquel lejano otoño de 1991, cuando lo entrevistaron en Croacia y decidieron dedicarle un libro. Trece años más tarde, Jordi Raich, un curtido veterano de la ayuda humanitaria, a la que sin embargo critica y fustiga en su polémico libro: El espejismo humanitario. La especie solidaria al descubierto (Debate, Madrid, 2004) hace de él éste completo retrato (pags. 162-163):

“Lo suyo era el espectáculo solidario y para ponerlo en escena recorrió incansable los escenarios más exóticos de la miseria humana. Visitó campos de refugiados, prisiones, trincheras, hospitales y fosas comunes en Croacia, Kosovo, Kurdistán y Pakistán. El doctor estaba en todas las fotos: con su mujer, con el secretario general de la ONU, sonriendo a Lady Di, entre la multitud de desgraciados y junto a los señores de la guerra. Kouchner convirtió sus cargos en un formidable instrumento de propaganda al servicio del presidente de la república y de sí mismo. Y, en el camino, hizo añicos al humanitarismo independiente basado en las necesidades de las víctimas, que fue tan valioso en sus orígenes.


Bernard K en los buenos tiempos, pero ya con una inseparable cámara detrás: Somalia, 1992




En diciembre de 1992 le vi llegar a Mogadiscio para presidir el atraque de “su” barco cargado con la cosecha de “su” operación Saco de Arroz: cada niño francés debía aportar un kilo de arroz para un niño somalí. Llegó al puerto en convoy, acompañado de un séquito de periodistas y cámaras de televisión. Hizo pomposa entrega de la carga a no se sabe quién, se echó un costal a la espalda y aguantó con sonrisa dentrífica hasta que los fotógrafos estuvieron satisfechos. Por cierto, la mayoría de ONG rechazó distribuir el arroz por su baja calidad, mezcla de variedades diferentes del cereal y nefasto empaquetado. Treinta camiones con una parte de la donación fueron robados y desaparecieron en la nada. Una partida acabó en manos de comerciantes privados que lo vendieron durante meses a precio de ganga reventado así la frágil economía local”.

Etiquetas: , , , , , , ,