Hipótesis sobre el abordaje a la flotilla
Madrugada del 31 de mayo, 2010: participantes de la Flotilla de la Libertad están preparados para sufrir el previsible asalto de las fuerzas de seguridad israelíes. Entre ellos, varios miembros de la organización humanitaria turca IHH, relacionada con Millî Görüş (Visión Nacional) de Erbakan, el primer líder de un partido político islámico (Refah Partisi o Partido del bienestar) en ganar unas elecciones generales en Turquía (1995). Millî Görüş es una de las comunidades islámicas más grande de Europa. Cuesta creer que el gobierno turco hubiera permitido que miembros de grupos terroristas o Al Qaeda hubieran accedido a la expedición humanitaria, como alegaron inicialmente las autoridades israelíes para salir del paso.
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"El Periódico", 9 de junio, 2010
Hipótesis para un abordaje
La mediación de Erdogan y Lula en la crisis nuclear iraní quizá fue lo que llevó a Netanyahu a decidir el ataque
Tras el ruido mediático en torno al asalto de las fuerzas de seguridad israelís a la Flota de la Libertad, el tranquilo apresamiento posterior del barco pacifista irlandés Rachel Corrie le ha servido al Ejecutivo extremista israelí para remachar la campaña de ataques contra la operación pacifista internacional de la que formaba parte el barco Mavi Mármara, en el que nueve personas murieron víctimas de la desmedida brutalidad de fuerzas especiales israelís. Un balance que no se recordaba en Occidente desde la matanza de Vitoria por las fuerzas de policía franquistas, el 3 de marzo de 1976; o el Domingo Sangriento en Derry, en el Ulster, el 30 de enero de 1972.
Por lo tanto, la operación israelí ha sido, tanto desde el punto de vista militar como político, un fiasco bien patente, de esos que irán a los manuales de Historia de las escuelas. Pero ¿ha sido realmente así?
Es obligado comenzar con la pregunta del millón: ¿qué buscaba Binyamin Netanyahu al imponer una operación tan desastrosa al resto de su Ejecutivo? Al parecer, hay tres grandes explicaciones. La primera, y más directa, que no fue sino la búsqueda de una excusa para endurecer el cerco de Gaza cuando estaba creciendo la presión internacional para que aflojara. No es la lógica normal, desde luego, pero sí de una mentalidad de extrema derecha como la que gobierna actualmente en Israel (y que no es la de toda la sociedad de ese país, conviene recordarlo). Ahora, atrincherado contra el mundo, y con libertad de imaginar los complots más disparatados, Bibí puede continuar la huida hacia adelante con más comodidad. La misma huida que arranca de la provocación de la Explanada de las Mezquitas, en septiembre del 2000, que podría haber sido el detonante real de los atentados del 11-S, en septiembre del 2001.
Por otra parte, pocos días antes del asalto contra el Mavi Mármara y la Flota de la Libertad se había pactado en Teherán un plan para el control internacional del uranio que Irán necesita para sus plantas nucleares, con la asistencia del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, y del carismático presidente brasileño, Luis Inácio Lula da Silva. La aparición de Brasil en la zona alarmó, y mucho, en Tel- Aviv. Por varias razones, pero sobre todo una: ya no era posible sacar a relucir que el acercamiento a los iranís era protagonizado por una Turquía peligrosamente islamizada, víctima de la agenda oculta de Erdogan, más abocada a Oriente que a Occidente. Así, el ataque a la flotilla cumplió dos objetivos: desbarató la gira de Erdogan por Latinoamérica, en la que el mandatario turco buscaba apoyo al acuerdo con Irán; y situó en los medios afines a Israel y a la extrema derecha social europea las acusaciones sobre la «conjura islamista turca», haciendo olvidar muy rápidamente el relevante papel de Brasil.
Pero dado que en esta potencia latinoamericana se produjo una actitud crítica hacia la maniobra de Lula, considerada demasiado personalista y ligada a la campaña para las elecciones presidenciales de octubre, la jugada israelí contra Erdogan parece haber salido bien: el acuerdo sobre el combustible nuclear iraní del 18 de mayo ha quedado desbaratado. El eje irano-turco-brasileño, que arrancó con tanta fuerza, parece haber sido quebrado. Turquía vuelve a ser presentada por el imaginario de la reacción occidental como un país potencialmente peligroso, cuyos pacifistas no son como los del resto de los países que integraban la Flota de la Libertad: por ser musulmanes, son potencialmente terroristas. No deja de ser significativo que en las tertulias que han tenido lugar en muchos de nuestros medios, algunos defensores de Israel se hayan decantado por los argumentos de la extrema derecha en el poder, olvidando a la oposición, muy crítica, muy inteligente; o de los sectores pacifistas, muy activos y con una trayectoria aguerrida y digna de admiración.
Para terminar, tercera consideración: no se debe olvidar el contexto internacional del que ha intentado sacar tajada el Gobierno israelí, un mundo en el que las grandes superpotencias herederas del final de la guerra fría y sus pequeños escuderos ven con alarma el surgimiento de las potencias emergentes que aportan ideas, energías y soluciones nuevas. Resulta lamentable el muy enraizado papanatismo timorato que predica el mantenimiento de un orden conservadorde toda la vida. Al parecer, ellas nos sacarán de la crisis e implantarán, algún día, el Nuevo Orden Mundial en el que todos viviremos felices y comeremos perdices. basado en la predominancia de las grandes potencias
Por desgracia, la fuerza del involucionismo es tal que el mismo Obama parece haber sido una víctima más de lo sucedido. Según rumores muy persistentes, el presidente norteamericano había dado el visto bueno a la reunión de Teherán del 18 de mayo. Incluso pudo haber tenido un desencuentro significativo con Hillary Clinton. En todo este asunto del asalto israelí a la Flota de la Libertad hubo gato encerrado. Y vaya gato.
Etiquetas: Erdogan, Israel, Lula, Netanyahu, Oriente Próximo, Turquía
Turquía regresa a la senda europea (2)

Fețullah Gülen recibido en audicencia privada por el Papa Juan Pablo II. Según la página de la
Australian Catholic University: Gülen is especially noted in Catholic circles for his private audience with Pope John Paul II at the Vatican in 1998. This marked an important step forward in Muslim-Catholic relations"
Jueves, 4 de marzo: el Congreso norteamericano vota, por una ajustada mayoría –tanto que casi equivale a un empate- la resolución por la cual las matanzas de población armenia en 1915, durante la Primera Guerra Mundial, sean consideradas “genocidio”. Ese paso político, tiene lugar en un momento muy delicado para las relaciones entre Turquía y los Estados Unidos. En efecto, Washington cuenta con Turquía para la implantación del escudo antimisiles frente a Irán y en un momento en el que se está licitando el sistema antiaéreo de misiles de largo alcance de la propia Turquía (con jugosas ofertas rusas). También podría estar en juego la base aérea de İncirlik, bastión de la logística norteamericana, en suelo turco, y que cubre las operaciones en Irak y Afganistán. La misma Turquía mantiene 1.700 soldados en Afganistán y sus empresas gestionan una buena porción de las obras civiles y militares que se llevan a cabo por cuenta de Washington en el ocupado país.
¿Falta algo? Si: Ankara también ha jugado un rol clave en la estrategia de Estados Unidos para lograr que Afganistán y Pakistán trabajen juntas en la lucha contra militantes de Al Qaeda y talibanes en sus fronteras, y ha patrocinado conversaciones de alto nivel entre ambas naciones asiáticas.
Casi parece que Washington se haya metido un gol en propia puerta, sin que se perciba la utilidad de tamaño sacrificio, y precisamente ahora. A menos que se explique como una maniobra impulsada por la oposición para dañar la política exterior de Obama. O que el asunto sea consecuencia del enfrentamiento que el actual gobierno turco mantiene con Israel desde la operación militar protagonizada por sus fuerzas de seguridad, en Gaza, concluida en enero de 2009. En este último caso, el lobby pro-israelí habría movido la celebración del voto en el Congreso para forzar, precisamente, una ruptura de la buena sintonía que mantenía el presidente Obama con el gobierno del AKP. Si es así, por parte de los israelíes también habría sido una maniobra arriesgada, dado que una buena parte del suministro de hidrocarburos de su país, pasa precisamente por Turquía; pero sobre todo, porque ese mismo gobierno israelí jamás consentiría que el genocidio armenio se convirtiera en un fenómeno histórico capaz de rivalizar, ni lejanamente, con la Shoah.
Pero el esquema se complica aún más (sin perder coherencia) si consideramos el peso que puede haber tenido en todo ello el pulso que mantienen desde hace más de siete años el gobierno islamista moderado turco con la oposición de la derecha tradicional laica, y que en fechas muy recientes se saldó con la detención de un total de 67 militares de alta graduación en menos de una semana.
Lógicamente, las detenciones, -el mayor golpe contra los golpistas en toda la historia de la República turca- vinieron acompañadas del socorrido mantra entonado por la oposición derechista laica sobre la “agenda oculta de Erdoǧan”. Pero dado que la dichosa agenda nunca ha podido ser localizada, últimamente se acompaña el relato con el asunto del poder oculto de los feţullahcı. Lean un excelente ejemplo en el último artículo de Soner Çaǧaptay, uno de los puntales intelectuales del lobby de la derecha ”laica” en los Estados Unidos. Allí, Çaǧaptay es leído con reverencia y arrobo por todos aquellos que no quieren perder más tiempo del necesario en entender qué ocurre en Turquía justamente porque, de hecho, ya han tomado posición contra el gobierno del AKP, por aquello de que es islamista. Con el tiempo, a medida que el gabinete de Erdoǧan se afianzaba en el poder, contra viento y marea, Çaǧaptay ha ido adoptando modos y maneras cada vez más ultras.
En el artículo a que se hace referencia, el autor señala con aplomo que tras la última saca de militares (presuntamente) golpistas que ha impulsado el ejecutivo turco, está la mano oculta de Fețullah Gülen. ¿Quién es ese misterioso personaje? Hace menos de dos años, “El País” lo definió como el padre del “Opus Dei islámico”. Aunque el artículo está recogido en la edición española de la página de Gülen, la definición no es exacta, pero sirve para que el lector español se maneje. En realidad, Fețullah Gülen no es sino una versión exitosa a escala turca de la moderna teología musulmana de clase media. Su equivalente en Egipto y también en Líbano es, por ejemplo, Amr Jaled (o Amr Khaled, en su transcripción inglesa). Este hombre, definido como “telepredicador evangelista”, es todo un fenómeno de masas en Egipto. Llegó a ser tan popular que el gobierno egipcio lo expulsó del país por miedo a su influencia política. Ahora difunde su mensaje vía satélite.
Amr Jaled y Fețullah Gülen son dos personalidades religiosas diferentes, pero les une poseer una marcada vis mediática, y el hecho de no ser fundamentalistas, sino conservadores y puristas, aunque insisten en convincentes aproximaciones entre el moderno pensamiento islámico, los avances científicos y un enfoque neoliberal del mundo de los negocios. El mensaje de ambos, consecuentemente, va dirigido con preferencia a las clases medias como articuladoras de un islam más adecuando a los nuevos tiempos. En buena medida, esos personajes tienden a ser considerados desde Occidente como diques de contención contra el yihadismo: lo que la socialdemocracia fue con respecto al comunismo en la década de los años veinte del siglo pasado.
El teólogo Fețullah Gülen, inicialmente seguidor de la línea de pensamiento de Said Nursî, fundó su propia cofradía hacia finales de la década de los años setenta del siglo pasado. A partir de ahí, el “movimiento de Gülen” aglutinó de manera informal a decenas de miles de seguidores, primero en Turquía y después en otros países del mundo, especialmente en Asia Central, entre los musulmanes rusos, las comunidades islámicas en Europa occidental o Filipinas. El movimiento de Gülen se centra en la creación e instituciones de enseñanza, desde escuelas a universidades, que acogen a unos dos millones de estudiantes. Pero también posee una vertiente comunicativa que integra estaciones de televisión, prensa escrita y radio, en turco, inglés y árabe.
Los feţullahcı o seguidores de Fethullah Gülen han tendido a organizar lobbies de negocios y think tanks, con presencia incluso en Bruselas y Washington. Todo ello ha hecho del movimiento de Gülen la “orden” musulmana más importante del mundo en la actualidad.
En 1998, tras el “golpe posmoderno” de los militares turcos, Fețullah Gülen se exilió a los Estados Unidos, donde todavía reside. Fue una opción consecuente con la que estaba cayendo, puesto que en Turquía el Consejo de Seguridad Nacional impulsóaba por entonces una potente ofensiva de desactivación y neutralización de los soportes de poder social y económico islamistas. Cofradías, centros de enseñanza, medios de comunicación, funcionarios simpatizantes con el islamismo: todos fueron estrechamente vigilados o recibieron duros golpes: medidas restrictivas, prohibiciones, despidos. En algunos casos, los líderes de las cofradías fueron perseguidos por la justicia y encarcelados o se exiliaron, como fue el ocurrió con los de las diversas ramas de la Nakşibendiya. Incluso los moderados feţullahcı fueron perseguidos con saña; en especial su líder en el exilio Feţullah Gülen, que había apoyado públicamente las medidas del gobierno para controlar los centros de enseñanza religiosos. En el año 2000 fue juzgado en ausencia por actividades contra el estado laico, pero fue absuelto en 2006.
Gülen y su movimiento tienen buena fama en Occidente. Ha sido reseñado elogiosamente por “Forbes” o “New York Times”, los gobiernos noruego y holandés han mostrado interés en sus ideas integradoras y su insistencia en el diálogo interreligioso. Pero, sobre todo, Gülen sigue residiendo en Pennsylvania; más que posiblemente, bajo estrecho control por parte del gobierno norteamericano, al que le haría muy poca gracia que Hocaeffendi (apelativo respetuoso que le confieren sus discípulos) anduviera moviendo los hilos del gobierno turco de Erdoǧan, y menos aún para detener generales golpistas a mansalva.
En consecuencia: Soner Çaǧaptay nunca ha dejado de profesar la ingenuidad argumental de la derecha turca cercana al kemalismo castrense. Lo que cuesta algo más de entender es qué le ha dado a “Foreign Policy” para publicar un artículo más propio de “Hürriyet”, cuando fue precisamente FP la que “descubrió” que Gülen encabezaba la lista de los 20 pensadores más influyentes del mundo a partir de una encuesta llevada a cabo por la revista y publicada en la primavera de 2008.
Pero, en definitiva: ¿Qué relación existe entre las afirmaciones de Çaǧaptay y la revancha israelí contra Turquía?
(Continuará)Etiquetas: AKP, Amr Jaled, Çaǧaptay, feţullahcı, Foreign Politics, genocidio armenio, Gülen, Israel, Turquía
El "archipiélago palestino" en Cisjordania [The "Palestinian archipelago" in the West Bank]
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"Vals con Bashir" (Gemayel): ¿pólvora mojada?

Cartelera del film "Vals con Bashir", ya en cualquier videoclub de barrio
Hace ya meses que en este blog estaba pendiente una reseña crítica del film de Ari Folman: Vals con Bashir, estrenado hace casi un año. Leen bien: el estreno de la polémica película israelí no fue en febrero de 2009, sino mucho antes, en junio de 2008. Lo que ocurre es que, al menos en España, pasó amplia y voluntariamente desapercibida; si me apuran, creo recordar que en septiembre se exhibió brevemente en algún oscuro cine barcelonés de arte y ensayo, antes de ser retirado en una semana. Mientras tanto, en You Tube se acumulaban los vídeos con escenas del film que se estaba proyectando en diversos países. Sólo cuando empezó a acumular premios internacionales y, sobre todo, cuando fue nominada para el Óscar, los críticos de por aquí se vieron obligados a decir algo del desconcertante film.
Y precisamente entonces, no era un buen momento para papanatismos. El ataque del Ejército israelí a Gaza había concluido pocas semanas antes, y en España, el común de los medios de comunicación y la prensa comercial, suelen tomar con pinzas las demostraciones de fuerza de los gobiernos de ese país, incluso cuando son del color de la extrema derecha. Limitarse a comentar el acontecimiento histórico que centraba Vals con Bashir, era quedarse cortos. Ampliar la crítica hasta incluir el régimen de opresión sobre la población palestina, resultaba algo más delicado, incluso peligroso. ¿Qué hacer?
Respuesta: utilizar los ingredientes que servía en bandeja el mismo director. Deseoso de no perder la oportunidad de demostrar su autoatribuido talante cool, el diario "El País" dió un paso al frente. La separata "Babelia" del 14 de febrero le dedicó una espectacular portada y dos largos artículos al fim de Folman. El resultado fue un magistral ejemplo de la idea apuntada más arriba, subrayada por un eficaz "hinchamiento de perro". José Miguel Muñoz redactó su pieza añadiendo los comentarios del director israelí como si formaran parte de una entrevista, y de ahí salía eso de que Vals con Bashir había sido creada como animación, porque le daba a Folman la libertad de incorporar imágenes oníricas y mucho subsconciente. A partir de ese momento, fue la catarata de reseñas y comentarios, modelados de forma similar con la misma pasta. Pero por efecto del esquema "boca a oido", incluso fueron incorporándose calificativos cada vez más vacíos de contenido.
Uno muy interesante: "Vals con Bashir es un film de animación documental", lo cual, visto y no visto, lo convirtió en "la primera película de animación documental que se ha hecho en la historia del cine". Pueden ecomprobarlo, como un ejemplo más, en la presentación que hizo (ya en abril) un simpático "gafapastero", el periodista de la "Voz de Almería", Evaristo Martínez, que si no repite una docena de veces eso de que es una película de animación documental, no lo dice ninguna. Incluso la califica de "revolucionaria", término que sigue excitando enormemente al común de los lectores y espectadores, a pesar de lo mucho que ha dado de sí la palabra, a fuerza de ser usada, masticada y estirada, como un chicle.

Chaqueta metálica, de Kubrick: una escena en Saigón. ¿Podría ser Beirut?
En realidad, Vals con Bashir no es ni de lejos el primer film de animación documental, género que cumplía 90 años justos cuando se estrenó la obra del director israelí. Pero es que, además, el film de Ari Folman no es ningún documental; precisamente, ese es un error que no cometió Juan Miguel Muñoz en su pieza de "Babelia". Si así fuera, Chaqueta metálica de Kubrick también lo sería; o Platoon de Stone; incluso Apocalypse Now, de Coppola. Vals con Bashir relata una experiencia muy subjetiva del propio Folman, contada en clave autobiográfica. Tanto, que recurre a personajes reales, amigos y compañeros, que intervienen de forma directa en la película, incluyendo sus particulares obsesiones, sentimientos y percepciones que asimilan lo imaginario a lo real. Eso no es lo propio de un reportaje ni un documental; y es, precisamente, una de las trampas centrales del film. Vayamos por partes.
En primer lugar, el argumento de Vals con Bashir y buena parte de su puesta en escena toman muchos recursos del cine y la literatura antimilitarista clásicos. Pero sobre todo, la idea de que la guerra no es en absoluto coherente con el relato al uso de la épica nacional, algo que queda subrayado en el momento central del relato, cuando el protagonista regresa de permiso y se encuentra con que en la retaguardia no entienden ni saben lo que está ocurriendo en el frente. Esa es una circunstancia clave, porque si bien la guerra es surrealista, a ojos del combatiente la retaguardia (incluyendo la familia, los amigos, el entorno social de procedencia) también se convierte en algo incomprensible. Desde ese momento, el soldado queda "capturado" por la guerra, sin una referencia redentora que le ayude a salir del atolladero. De ahí el conocido síndrome del excombatiente incomprendido y aislado, que sólo encuentra alivio en el contacto más o menos habitual con los ex camaradas de armas, tan inadaptados a la vida civil como él mismo.
Este argumento, presente ya en Sin novedad en el frente de Remarque, pero que se extiende a infinidad de obras literarias y filmes (muy bien relatado en El Desierto de los Tártaros de Buzzati) fue serializado en una buena parte de las películas sobre la guerra del Vietnam, incluyendo el subgénero de los "veteranos del Vietnam", de enorme éxito comercial desde Rambo: Acorralado, estrenada precisamente el mismo año en el que el joven Folman andaba pegando tiros por el Líbano.
Precisamente, Vals con Bashir evidencia una cierta indigestión de films sobre Vietnam, incluyendo el delicado asunto de las masacres de civiles (los americanos protagonizaron la de My Lai); el clásico retrato de los caracteres de la escuadra de combate (el pusilánime, el héroe violento, el calculador...); los propios mandos: embrutecidos, puteros e ineficaces; el uso ciego y desproporcionado de la fuerza; el enemigo siempre emboscado (sea un charlie del Viet Cong o un fedayin de Al Fatah); la muerte a mansalva de los camaradas ("también nosotros tuvimos bajas, y muchas"); los aliados: más bestias y corruptos que el propio ejército (y culpable real de las crueldades); el papel de los medios de comunicación; y, sobre todo, la reacción de la propia sociedad de origen, incapaz de asumir lo que ha ocurrido en una guerra supuestamente ajena y lejana, en la distancia pero, sobre todo, en el tiempo, forzando todos los parámetros reales.
Fotomontaje de John Wood sobre la matanza de My Lai, 1969
Precisamente esa inspiración "vietnamita" explica la curiosa vía de escape política que obtuvo Ari Folman para su "Vals" en el mismo Israel. No deja de ser llamativo que un film antibelicista, que saca a colación el bochorno de las matanzas de Sabra y Chatila, haya contado con el entusiasta apoyo del gobierno de Ehud Olmert (tras el fiasco militar de la Segunda Guerra de Líbano), hasta el punto, según explica el mismo Folman, de haberlo enviado a "promocionar la película por todo el mundo". Pero en realidad, eso no es tan extraño. Los censores o supervisores, que casi siempre existen, por activa o por pasiva, saben que con las películas sobre la guerra del Vietnam, los norteamericanos dieron con el filón cinematografico para presentar como aceptable y hasta épica una contienda que, de hecho, y hasta ese momento, había sido el mayor fiasco militar de la historia de los Estados Unidos. La fórmula funcionó hasta tal punto que, es de temer, se perpetúe con nuevos títulos sobre las guerras de Irak y Afganistán, tal como están dando a entender toda una serie de films serie B sobre esos conflictos y series televisivas tales como Over There o Generation Kill.
Al fin y al cabo, Vals con Bashir juega al límite, pero no llega hasta el fondo. Es un film exculpatorio. Ni el protagonista, ni el periodista Ron Ben-Yishai, explican en Vals con Bashir quién tomó la decisión de dejar que los falangistas cristiano-libaneses entraran en los campos, a sabiendas de que se iban a vengar tras el asesinato de su líder, Bashir Gemayel. Los mandos militares y soldados que entrevistan en el film tanto el cineasta como el periodista, ven lo que ocurre o tienen noticias de ello, pero son combatientes de primera línea; y en un ejército como el israelí, con sus servicios de inteligencia a todos los niveles, parece evidente que la masacre no fue un hecho fortuito. De hecho, se sabe que tanto el ministro de Defensa, Ariel Sharon, como el entonces Jefe del Estado Mayor israelí, Raful Eitan, mantuvieron reuniones con los jefes de las micilias cristianas para coordinar la operación. Las masacres duraron tres días y durante sus noches, los soldados israelíes lanzaban bengalas para iluminar los campos y facilitar la tarea a los falangistas.
El ahora cineasta Ari Folman era por entonces uno de los soldados que lanzaba bengalas, de ahí sus remordimientos. Pero su amigo, el sicólogo Ori, juega un papel central como gran exculpador, todo a lo largo del film. En la primera entrevista, le sugiere que pudo no haber estado en la masacre de los campos, una simple jugada de la memoria. Al final del relato, cuando queda claro que así había estado, Ori le saca todo el hierro que puede al asunto: el sentimiento de culpa de Folman está relacionado con el paralelismo que inconscientemente (y parece que, erróneamente) hace con las matanzas en los campos de exterminio nazis. Ori, insiste: Ari Folman sólo lanzaba bengalas, no estaba llevando a cabo las masacres.

Ari Folman se representa a sí mismo como un joven soldado que lanza bengalas para iluminar los campos de refugiados palestinos, mientras los falangistas cristianos libaneses, cumplen su macabra tarea
Por lo demás, el cineasta dibuja una estampa más que equívoca de la sociedad israelí y su papel en la evolución política (y en las campañas militares) del país. Los soldados son unos pobres chicos que no se enteran de nada; la guerra no tiene glamour y parece que se hace "a pesar de". Los israelíes no encuentran interes ni motivación en las contiendas en que se han visto envueltos en el último cuatro de siglo. Nadie diría que los militares cuentan con apoyos políticos, no se explica por qué el mismo Ariel Sharon, tan implicado hasta el cuello en lo de Chabra y Satila, tan ultraderechista él, fue elegido como primer ministro en 2001, tras la célebre provocación de la Explanada de las Mezquitas, organizada también por él. Y de ese cargo, ganado con el voto de los ciudadanos israelíes, sólo le apartó un derrame cerebral en 2006. Nadie diría que existe una cultura militarista en Israel, muy extendida, que bebe de la épica de las guerras y los héroes, desde 1948 hasta ahora, precisamente hasta ahora. En Vals con Bashir no se recurre a la constante y obsesiva justificación de la lucha por la supervivencia, ante las reales o imaginadas amenazas de exterminio que se usan generosamente en cada campaña, en cada asesinato político. Ari Folman usa tan insistentemente del tópico norteamericano, que de hecho hace un film sobre Vietnam-en-Líbano; pero las diferencias entre ambas sociedades, la americana y la israelí, son demasiado obvias.
El director israelí retrata una amnesia colectiva que resulta forzada y totalmente increíble. Tanto, que el espectador se teme que no es sino una táctica que le permite eludir un guión realista que, forzasamente, hubiera sido más embarazoso y comprometedor. El 26 de septiembre de 1982, pocos días despues de las masacres, el movimiento pacifista Shalom Ahshav y grupos de la izquierda israelíes, organizaron en Tel Aviv una de las mayores manifestaciones de protesta de la historia de Israel, con unos 400.000 participantes. El despiste colectivo que vive el Ari Folman-personaje en su propio film resulta, más que extraño, inquietante. ¿Seguro que no hubo autocesura, que no tuvieron lugar negociaciones con "los de arriba"?¿El hecho de que el film sea una animación se explica porque así se incorporan elementos oníricos, que en nuestros días hubieran sido muy sencillos de poner en escena con la amplia panoplia de efectos especiales?¿No será que cuando Folman lanzó el proyecto no hubiera sido posible filmar una obra de esas características en Israel, y que aún así hubo que ajustar el mensaje del film de animación para poder proyectarlo en las salas de cine?
Vals con Bashir es un film interesante, con una estetica sobrecogedora y una realización técnica brillante. Pero plantea muchas dudas. Afortunadamente, el mismo Folman acierta al opinar que Israel todavía posee un sistema político lo suficientemente democrático y abierto. Pero lo hace en contra suya. Sugiero al lector que lea el artículo que se reproduce a continuación, escrito por el periodista israelí Gideon Levy, del diario "Haaretz": se trata de un hombre honesto y comprometido con una información imparcial sobre el conflicto israelo-palestino. Para él, según el título de su crónica, "el film 'antibelicista' de Folman, Vals con Bashir, no es sino una farsa".

El periodista de "
Haaretz", Gideon Levy: sin pelos en la lengua
'Antiwar' film Waltz with Bashir is nothing but charade
By Gideon Levy, Haaretz Correspondent
Everyone now has his fingers crossed for Ari Folman and all the creative artists behind "Waltz with Bashir" to win the Oscar on Sunday. A first Israeli Oscar? Why not?
However, it must also be noted that the film is infuriating, disturbing, outrageous and deceptive. It deserves an Oscar for the illustrations and animation - but a badge of shame for its message. It was not by accident that when he won the Golden Globe, Folman didn't even mention the war in Gaza, which was raging as he accepted the prestigious award. The images coming out of Gaza that day looked remarkably like those in Folman's film. But he was silent. So before we sing Folman's praises, which will of course be praise for us all, we would do well to remember that this is not an antiwar film, nor even a critical work about Israel as militarist and occupier. It is an act of fraud and deceit, intended to allow us to pat ourselves on the back, to tell us and the world how lovely we are.
Hollywood will be enraptured, Europe will cheer and the Israeli Foreign Ministry will send the movie and its makers around the world to show off the country's good side. But the truth is that it is propaganda. Stylish, sophisticated, gifted and tasteful - but propaganda. A new ambassador of culture will now join Amos Oz and A.B. Yehoshua, and he too will be considered fabulously enlightened - so different from the bloodthirsty soldiers at the checkpoints, the pilots who bomb residential neighborhoods, the artillerymen who shell women and children, and the combat engineers who rip up streets. Here, instead, is the opposite picture. Animated, too. Of enlightened, beautiful Israel, anguished and self-righteous, dancing a waltz, with and without Bashir. Why do we need propagandists, officers, commentators and spokespersons who will convey "information"? We have this waltz.
The waltz rests on two ideological foundations. One is the "we shot and we cried" syndrome: Oh, how we wept, yet our hands did not spill this blood. Add to this a pinch of Holocaust memories, without which there is no proper Israeli self-preoccupation. And a dash of victimization - another absolutely essential ingredient in public discourse here - and voila! You have the deceptive portrait of Israel 2008, in words and pictures.
Folman took part in the Lebanon war of 1982, and two dozen years later remembered to make a movie about it. He is tormented. He goes back to his comrades-in-arms, gulps down shots of whiskey at a bar with one, smokes joints in Holland with another, wakes his therapist pal at first light and goes for another session to his shrink - all to free himself at long last from the nightmare that haunts him. And the nightmare is always ours, ours alone
It is very convenient to make a film about the first, and now remote, Lebanon war: We already sent one of those, "Beaufort," to the Oscar competition. And it's even more convenient to focus specifically on Sabra and Chatila, the Beirut refugee camps.
Even way back, after the huge protest against the massacre perpetrated in those camps, there was always the declaration that, despite everything - including the green light given to our lackey, the Phalange, to execute the slaughter, and the fact that it all took place in Israeli-occupied territory - the cruel and brutal hands that shed blood are not our hands. Let us lift our voices in protest against all the savage Bashir-types we have known. And yes, a little against ourselves, too, for shutting our eyes, perhaps even showing encouragement. But no: That blood, that's not us. It's them, not us.
We have not yet made a movie about the other blood, which we have spilled and continue to allow to flow, from Jenin to Rafah - certainly not a movie that will get to the Oscars. And not by chance.
In "Waltz with Bashir" the soldiers of the world's most moral army sing out something like: "Lebanon, good morning. May you know no more grief. Let your dreams come true, your nightmares evaporate, your whole life be a blessing."
Nice, right? What other army has a song like this, and in the middle of a war, yet? Afterward they go on to sing that Lebanon is the "love of my life, the short life." And then the tank, from inside of which this lofty and enlightened singing emanates, crushes a car for starters, turning it into a smashed tin can, then pounds a residential building, threatening to topple it. That's how we are. Singing and wrecking. Where else will you find sensitive soldiers like these? It would really be preferable for them to shout with hoarse voices: Death to the Arabs!
I saw the "Waltz" twice. The first time was in a movie theater, and I was bowled over by the artistry. What style, what talent. The illustrations are perfect, the voices are authentic, the music adds so much. Even Ron Ben Yishai's half-missing finger is accurate. No detail is missed, no nuance blurred. All the heroes are heroes, superbly stylish, like Folman himself: articulate, trendy, up-to-date, left-wingers - so sensitive and intelligent.
Then I watched it again, at home, a few weeks later. This time I listened to the dialogue and grasped the message that emerges from behind the talent. I became more outraged from one minute to the next. This is an extraordinarily infuriating film precisely because it is done with so much talent. Art has been recruited here for an operation of deceit. The war has been painted with soft, caressing colors - as in comic books, you know. Even the blood is amazingly aesthetic, and suffering is not really suffering when it is drawn in lines. The soundtrack plays in the background, behind the drinks and the joints and the bars. The war's fomenters were mobilized for active service of self-astonishment and self-torment.
Boaz is devastated at having shot 26 stray dogs, and he remembers each of them. Now he is looking for "a therapist, a shrink, shiatsu, something." Poor Boaz. And poor Folman, too: He is devilishly unable to remember what happened during the massacre. "Movies are also psychotherapy" - that's the bit of free advice he gets. Sabra and Chatila? "To tell you the truth? It's not in my system." All in such up-to-the-minute Hebrew you could cry. After the actual encounter with Boaz in 2006, 24 years later, the "flash" arrives, the great flash that engendered the great movie.
One fellow comes to the war on the Love Boat, another flees it by swimming away. One sprinkles patchouli on himself, another eats a Spam omelet. The filmmaker-hero of "Waltz" remembers that summer with great sadness: It was exactly then that Yaeli dumped him. Between one thing and the other, they killed and destroyed indiscriminately. The commander watches porn videos in a Beirut villa, and even Ben Yishai has a place in Ba'abda, where one evening he downs half a glass of whiskey and phones Arik Sharon at the ranch and tells him about the massacre. And no one asks who these looted and plundered apartments belong to, damn it, or where their owners are and what our forces are doing in them in the first place. That is not part of the nightmare.
What's left is hallucination, a sea of fears, the hero confesses on the way to his therapist, who is quick to calm him and explains that the hero's interest in the massacre at the camps derives from a different massacre: from the camps from which his parents came. Bingo! How could we have missed it? It's not us at all, it's the Nazis, may their name and memory be obliterated. It's because of them that we are the way we are. "You have been cast in the role of the Nazi against your will," a different therapist says reassuringly, as though evoking Golda Meir's remark that we will never forgive the Arabs for making us what we are. What we are? The therapist says that we shone the lights, but "did not perpetrate the massacre." What a relief. Our clean hands are not part of the dirty work, no way.
And besides that, it wasn't us at all: How pleasant to see the cruelty of the other. The amputated limbs that the Phalange, may their name be obliterated, stuff into the formaldehyde bottles; the executions they perpetrate; the symbols they slash into the bodies of their victims. Look at them and look at us: We never do things like that.
When Ben Yishai enters the Beirut camps, he recalls scenes of the Warsaw ghetto. Suddenly he sees through the rubble a small hand and a curly-haired head, just like that of his daughter. "Stop the shooting, everybody go home," the commander, Amos, calls out through a megaphone in English. The massacre comes to an abrupt end. Cut.
Then, suddenly, the illustrations give way to the real shots of the horror of the women keening amid the ruins and the bodies. For the first time in the movie, we not only see real footage, but also the real victims. Not the ones who need a shrink and a drink to get over their experience, but those who remain bereaved for all time, homeless, limbless and crippled. No drink and no shrink can help them. And that is the first (and last) moment of truth and pain in "Waltz with Bashir."
Etiquetas: crímenes de guerra, filmografía, Folman, Israel, Libano
¿Quién sabía qué, en Ankara?

Olmert y Erdogan hace unos meses: los límites de la confianza, los límites de la información
La crisis de Gaza viene poniendo de relieve, una vez más, y así ad infinitum, hasta qué punto los conflictos en el "espacio ex otomano" son particularmente propensos a despertar pasiones desbocadas en Occidente, como hace casi doscientos años. Y como siempre, lo que ocurre sobre el terreno se convierte en remedo de contradicciones y conflictos en algunos de los observadores externos (algo que en España es ya un verdadero vicio secular en nuestros medios de prensa y sus lectores).
Por eso se recomienda con especial atención a los seguidores de este blog la pieza que sigue a continuación. Está pendiente de ser publicado en este mismo blog un post titulado: "El País no se entera", dedicado a las meteduras de pata, algunas involuntarias, y otras nada inocentes, del conocido periódico madrileño. Pero de momento, ahí va una crónica de Juan Miguel Muñoz, muy oportuna y bien elaborada. Las conclusiones, muy jugosas, las puede sacar por sí mismo el lector habitual de este blog.
El conflicto de Oriente Próximo
El conflicto echa por tierra la mediación de Turquía con Siria
"Olmert me ha traicionado", dice el primer ministro turco
Juan Miguel Muñoz, Ashkelón - 10/01/2009
Es un importante aliado de Israel. El único país musulmán con el que ha suscrito acuerdos de cooperación militar. E incluso destino turístico para miles de israelíes. Turquía, además, se ha esforzado denodadamente durante cinco años para aproximar a Israel y Siria. Y lo logró. Cinco veces viajaron en 2008 emisarios desde Tel Aviv al Bósforo para reunirse con los mediadores turcos, que trasladaban las propuestas a la contraparte siria. La guerra desatada contra Gaza ha destrozado ese canal mediador. Costará recuperar la confianza. El primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, está furioso con su homólogo, Ehud Olmert.
Días antes del ataque contra la franja, Olmert recibió a Erdogan en Jerusalén y abordaron las negociaciones con Damasco. Ni una palabra sobre la operación que se cernía sobre el territorio palestino. El jefe del Gobierno turco reaccionó tras comprobarse la magnitud de la agresión: "Olmert me ha traicionado y ha dañado el honor de Turquía". "Estábamos cerca de que comenzaran las conversaciones directas entre Israel y Siria. Esta operación lo arruina todo", afirmaron asesores de Erdogan.
A partir de ahí, la furia de Ankara se refleja en las declaraciones de sus dirigentes. Así, dejaron claro lo que resulta evidente para muchos analistas políticos: Israel rompió la tregua de seis meses pactada con el movimiento islamista palestino en junio de 2008. "Hamás cumplió la tregua durante seis meses, pero Israel no hizo honor a su compromiso y no levantó el bloqueo económico. La gente en Gaza vive en una prisión", enfatizó Erdogan a los gobernantes saudíes cuando viajaba de una capital árabe a otra para frenar las matanzas en Gaza.
Hamás reanudó el lanzamiento de cohetes a partir del 4 de noviembre, mes y medio antes de que expirara el alto el fuego pactado el 19 de junio. Pero sólo después de que ese mismo día Israel hiciera saltar la tregua por los aires.
El Ejército mató -la noche en que el mundo contemplaba el triunfo de Barack Obama- a seis milicianos de Hamás tras cuatro meses y medio sin ataques a Gaza y sin que Israel sufriera impactos de cohetes. También ha expresado en voz alta el ministro de Justicia, Mehmet Ali Sahin, una opinión casi unánime en el mundo musulmán, aunque no se escuche de bocas de sus dirigentes: "Israel es el principal generador de terrorismo en el mundo. La guerra contra el terrorismo no tendrá éxito mientras Israel continúe con sus provocaciones".
Etiquetas: "espacio ex otomano", Erdoğan, Gaza, Israel, Olmert, Siria, Turquía
Seymour Hersh, hace seis meses

El primer ministro ruso, Vladimir Putin, explica el 28 de agosto pasado en una entrevista a la CNN, sus sospechas de que la actual administración Bush estuvo detrás de la agresión georgiana contra Osetia del Sur para favorecer la candidatura del republicano John McCain a la presidencia
Durante la reciente Convención Nacional Republicana que designó a John McCain como candidato a la Presidencia de los Estados Unidos de América para las próximas elecciones del mes de noviembre, se pudo constatar con claridad cómo éste se lanzaba en profundidad a sacar partido de la reciente crisis ruso-georgiana. El candidato republicano atacó a Rusia y dió un un apoyo exagerado a Misha Saakashvili y "el pueblo de Georgia" que contrastaron marcadamente con la discreta alusión que hizo Barack Obama en la correspondiente Convención Nacional Demócrata, en la cual fue elegido a su vez como candidato presidencial. Recordemos además que cuando estalló el conflicto, el pasado 7 de agosto, Barack Obama pasaba sus vacaciones en Hawaii, mientras que John MacCain, que permanecía en activo, pudo reaccionar con rapidez al evento y sacarle el correspondiente beneficio político en su carrera por la Casa Blanca. Completando la maniobra, nos enteramos por crónica fechada a 26 de agosto, que la esposa del republicano, Cindy McCain ha viajado ya a Georgia "para colaborar con las labores de ayuda humanitaria". Al parecer, el viaje estaba programado de antemano y nadie explicó muy bien qué debía hacer allí la mujer de presidenciable quien, por cierto, ha sido su principal apoyo en la carrera hacia el poder gracias a su fortuna personal.
Todo esto ocurre mientras en la prensa occidental en general y española en particular se siguen desgranando artículos de opinión que gustan de abundar en el manido asunto (cotidiano durante los cuarenta años de régimen franquista) de que si hay rusos de por medio, allí hay una conspiración. Y sin embargo, resulta más bien al contrario: la tradición británica de la manipulación política a lo largo y ancho del globo (ahí están las interminables historias y aventuras mitad reales, mitad fabuladas sobre el poder del mítico "Intelligence Service") arranca de su histórica habilidad para gobernar el vasto imperio, enfrentando a unos contra otros. Los norteamericanos siempre han sido mucho menos discretos, pero su "score" es realmente impresionante; ahí están, sin ir más lejos, sus motivaciones para intervenir en Irak, que al parecer y recientemente, sólo quiso recordar el enviado especial ruso a las Naciones Unidas, Vitaly Churkin, durante su intervención del pasado 29 de agosto.
Por lo tanto, y aunque el autor de este post continúa pensando que la actual presidencia norteamericana posiblemente no tuvo una responsabilidad directa en el ataque desencadenado por el presidente georgiano contra Osetia del Sur, tampoco se quedaría anonadado de asombro si al final resultara que Bush le pagó a uno de sus aliados más cercanos con la misma moneda con la que utilizó con Aznar durante la invasión de Irak: dejándolo colgado. A tal efecto llama la atención de algunos intelectuales derechistas en poner el carro delante de los caballos y colar la tal combinación a cualquier precio. Por ejemplo, el escritor peruano Mario Vargas Llosa deja caer que Moscú prefiere en la Casa Blanca a un conservador duro antes que a un demócrata blando, "pues un mandatario norteamericano partidario de la confrontación tiene asegurada una impopularidad internacional que puede favorecer a Rusia y a cualquier adversario de Estados Unidos". Claro, eso suponiendo que Rusia desee mantener una confrontación que, en realidad, no parece haber sido iniciada por esa potencia y de hecho le perjudica económicamente; a no ser que regresemos a la teoría conspirativa de la "larga mano de Moscú" y vuelta a empezar; supongo que ese es el tipo de posicionamiento que cuadra con la orientración política actual de Vargas Llosa. Y ahora sugiero que le echen un vistazo a la entrevista que sigue a continuación. El Premio Pulitzer Seymour Hersh, uno de esos periodistas de choque norteamericanos curtido en mil batallas y blindado profesionalmente por informadores de primera calidad que, como él mismo argumenta, ostentan cargos de segundo nivel. Hersh pronosticaba hace seis meses en "La Vanguardia", que la actual presidencia metería a los Estados Unidos en un nuevo conflicto a fin de torpedear la candidatura de Barack Obama. La idea que se barajaba hace un año por estas mismas fechas, era el ataque contra Irán; pueden leeer también cómo en la oficina de Cheney (el mismo que estos días andaba por Georgia intentando sostener el cadáver de Saakashvili en pie) se barajaron diversas ideas para provocar la guerra en Irán, entre ellas, la de disfrazar como iraníes a tropas SEALS de la Marina norteamericana. ¿Desean leer las reflexiones de Hersh sobre la actual tensión ruso-americana en torno a Georgia? También pueden hacerlo, aunque por el momento no hay revelaciones importantes
En definitiva, parece quedar claro que el gabinete Bush, metido ya de lleno en la barrena plana de la impopularidad, lleva meses urdiendo una política internacional consciente de "cuanto peor, mejor". Y ello es así porque esa estrategia funciona, como pudimos ver durante la Convención Nacional Republicana: una proporción importante de los norteamericanos no desea aceptar que la decadencia norteamericana es tan rápida y patente. Si los republicanos ganaron la Guerra Fría, los republicanos deben enderezar la situación rehaciendo el mismo camino y aplicar de una vez por todas el New Order diseñado por ellos mismos.
Lo malo es que la dialéctica que se aplica resulta estructuralmente deficiente, dado que para justificar su presencia en el poder, los republicanos deben demostrar que los desafíos planetarios heredados de la Guerra Fría así lo exigen (y Obama, supuestamente, no posee experiencia para desenredar la maraña que sus rivales han tejido). Y entre esos desafíos, ahora está el de una supuesta Nueva Guerra Fría. Ahora bien: si Putin ha logrado resucitar al poder ruso de sus cenizas y plantear una nueva confrontación mundial, ¿qué carajo de Guerra Fría ganaron los norteamericanos en 1991?

Seymour Hersh en una foto reciente y una actitud característica
"Los republicanos irán a por Obama por ser musulmán"
Seymour Hersh, premio Pulitzer por informar sobre My Lai (Vietnam) y Abu Graib (Iraq)
Entrevistas - 14/03/2008 11:53 - Autor: Luis Amiguet - Fuente: La Vanguardia
Tengo la tira de años y siempre periodista... ¡Dios! Si hubiera servido, me habría dedicado al golf. Nací en Chicago, allí decimos la verdad; en Washington mienten hasta los muertos. Soy demócrata, pero amo más la verdad. Recibo el premio Vázquez Montalbán de Periodismo.
Critican que usted cita demasiadas "fuentes del Gobierno"... Siempre anónimas.
¡Ah! Mire mis notas...
¿Cómo demonios se aclara usted, Seymour?
Me aclaro. Cuando entrevisto a alguien interesante, se acumulan los apuntes.
¿Qué cuentan? ¿Invadirá EE. UU. Irán?
Existió el peligro y el plan. Ahora mismo, Cheney, que es quien decide, está presionado por Barak, el ministro de Defensa israelí, un tipo listísimo, para que bombardee Irán antes de las elecciones.
¿Por qué tantas prisas?
Porque Israel y el lobby judío americano tienen pánico a Obama, que puede ganar.
Pero... ¿por qué?
¡Porque no pueden comprar a Obama!
¿Pero por qué no pueden comprarlo?
Porque Obama obtiene sus fondos de miles de pequeñas donaciones de internet. Eso es una revolución y le concede una enorme libertad, que los Clinton no tienen.
¿Por qué?
Hillary recibe su dinero sobre todo del lobby judío americano, por eso es tan dura y proisraelí en Oriente Medio, pero a Obama no lo pueden comprar porque no los necesita, y eso pone muy nerviosos a Barak, a sus halcones y además a todo el lobby judío.
Todo candidato tiene servidumbres.
El problema de fondo es que los judíos del exterior, sobre todo en EE. UU., son más duros, agresivos y monolíticos que los israelíes que sí viven en Israel. Allí, muchos israelíes albergan críticas muy razonables contra el ciego e inútil militarismo de Tel Aviv.
Usted explicó cómo Washington le consiguió las bombas nucleares a Israel.
Israel tiene el mismo problema de asimetría militar que nosotros en Afganistán...
¿Cuál?
Tel Aviv tiene 400 bombas nucleares... ¿Y qué? ¿Qué va a hacer? ¿Tirárselas a los palestinos que les lanzan piedras? El otro día hablaba con un general amigo que regresaba de una base militar secreta en Afganistán.
Cuente, cuente...
Su arma secreta: ¡ovejas! Muchas ovejas.
¿En una base secreta? ¿Para despistar?
Para pagar a los campesinos por la información y favores varios. Ahí tiene otro caso de asimetría: hemos ofrecido 25 millones de dólares por Bin Laden... Igual con unas ovejitas hubiera sido suficiente.
Un rebaño entero... En mi pueblo hay.
Cualquier cosa menos ofrecer 25 millones de dólares a pastores de las montañas que saben que serían fusilados sólo por tenerlo.
Usted es judío: ¿no le insultan por revelar los planes neocon y los de Israel?
Me han insultado y llamado "kappo". Mire, yo no soy pacifista: el 11-S estaba convencido con todos los norteamericanos de que había que detener a los asesinos y juzgarlos.
Y yo también.
Pero mi presidente declaró una guerra al terror en vez de encontrar a los asesinos, traerlos y juzgarlos. Tenían que haber tomado nota de España, que sí supo hacer eso después del 11-M. Detener criminales. Eso es. ¿La policía española es eficaz?
Entonces lo fue, sin duda.
¡Ese es el camino! Detener y juzgar a los criminales y no volver a las cruzadas...
¿La larga pelea, cada vez más sucia, Hillary-Obama debilita a los demócratas?
Al contrario, Hillary le está haciendo un enorme favor a Obama: le está endureciendo. Le da la experiencia y la mala uva que le falta. Será un gran ganador.
Muchos ven a McCain más seguro.
McCain es un formidable competidor. Tiene una mala leche también formidable y encanto personal, aunque sea viejo, pero seguirá la doctrina neocon en Oriente Medio.
¿Por quién se apostaría una cena?
Los republicanos saben hacer una campaña... Y lo vamos a ver. Pronto concentrarán todo su fuego en un único punto: Obama es negro, pero ese no es el problema, su problema es que es musulmán.
Eso no está claro y él lo desmiente.
Es un flanco débil que puede acabar con él: un musulmán significa un enemigo de los cristianos y de los judíos al mismo tiempo. La mera sospecha puede liquidarlo.
¿Quién le cuenta todas esas cosas?
Yo no hablo con el presidente, ni con Condoleezza ni con Cheney... No se me ponen.
Le mentirían, de todas formas.
Por eso me relaciono con cargos de segundo nivel que creen que deberían tener más poder del que tienen. En esta Administración, el poder lo tienen muy pocos, aunque haya muchos cargos.
¿Y qué sacan al largarle cosas como las torturas de Abu Graib o, en su día, la construcción de la bomba nuclear por Israel o los planes para la invasión de Irán?
Hay tres tipos de razones y hay tipos para cada una. Primera, ego: sentirse importantes. Es bonito tener el poder de que publiquen lo que dices, gratificación psicológica.
Muy humano.
Y si encima eres cargo pero no te dejan decidir nada, pues entonces largas. Hay quien me dice cosas para putear a alguien.
Más humano todavía.
Y también están, en fin, quienes creen sinceramente que el presidente Bush es el peor que hemos tenido y es un peligro para EE. UU. y para el planeta. Y explican por qué.
Nunca los cita.
Si los nombrara, los echarían. Siempre digo los nombres a mi editor en The New Yorker y todos callamos.

Soldado norteamericano exhausto. Valle del Koregal, Afganistan, 2007. Célebre foto del reportero húngaro Balasz Gardi
Adenda al material ofrecido, a 9 de septiembre, 2008
Nueva situación en Afganistán-Pakistán
En plena estabilización incierta de la crisis en el Cáucaso, pero también en los últimos tramos de la campaña electoral, el presidente Bush parece continuar aplicando su estrategia de "presión hasta el último minuto", y anuncia el envío de más tropas a Afganistán, como se puede leer en crónica de la BBC que se añade a continuación de esta entradilla.
Por lo tanto, parece evidente que puede existir una motivación de oportunismo político: inflar todas las tensiones posibles a escala internacional, antes de la cita electoral de noviembre. Pero, indirectamente, la noticia nos ofrece también otras cuestiones a considerar:
a.- Situación de emergencia: el estado de deterioro de la situación militar en Afganistán es real, pero en la actualidad se está contagiando con gran rapidez a Pakistán, y éste último podría ser el verdadero objetivo del incremento de tropas norteamericanas en la zona.
b.- Preocupación por la crisis abierta en la OTAN a raíz del conflicto ruso-georgiano en el Cáucaso: Washington lleva muchos meses viviendo con creciente ansiedad el deterioro de la moral interna en la OTAN, por causa de la fallida intervención en Afganistán. La forma en que se "solucionó" el conflicto de Kosovo en febrero de este mismo año, tuvo mucho que ver con eso. Pero parece evidente que el renovado interés por Afganistán también está directamente relacionado con la forma en que se desarrolló la crisis de Georgia y la difícil situación en que deja a los sucesivos proyectos de ampliación de la organización atlántica (la misma Georgia, Ucrania...). Y ello, a su vez, abre nuevas brechas entre los principales socios históricos de la OTAN.
c.- Colaboración con Rusia: la ampliación del marco intervencionista en Asia Central requiere, forzosamente, del apoyo de Moscú en aspectos básicos como logística e inteligencia. El aumento del contingente de tropas norteamericanas en Afganistán no puede responder, en ningún caso, a un aumento de la tensión con Rusia. Al contrario.
Martes, 9 de septiembre de 2008 - 02:45 GMT
El presidente estadounidense George W. Bush se prepara a anunciar el envío de más tropas a Afganistán en los próximos meses.
En un discurso planeado para el martes, Bush informará que un batallón de infantes de marina, compuesto por unos 1.000 efectivos, que originalmente debía ser enviado a Irak en noviembre, irá en cambio a Afganistán.
Adicionalmente, una brigada de combate del ejército, que normalmente cuenta con entre 3.000 y 4.000 soldados, será enviada a Afganistán a comienzos del año entrante.
Según el corresponsal de la BBC en Washington, Jonathan Beale, la decisión es una señal de la creciente preocupación de la Casa Blanca con el resurgimiento del Talibán en Afganistán.
Aumento de la violencia
Más de 260 civiles murieron en julio pasado víctimas de la violencia en ese país.
El gobierno afgano dice que el baño de sangre está relacionado con los acuerdos de paz que el gobierno paquistaní ha buscado con militantes islamistas en las regiones tribales noroccidentales cerca de la frontera con Afganistán.
Bush sostendrá que los brutales ataques del Talibán han afectado la confianza de la gente en Afganistán.
"Pese a todo el buen trabajo que hemos hecho en ese país, es claro que debemos hacer aún más", dice parte del discurso que Bush dará este martes.
"A diferencia de Irak, tiene pocos recursos naturales y tiene una infraestructura subdesarrollada. Sus instituciones democráticas son frágiles".
Del mismo modo, el mandatario sostendrá que se planea retirar cerca de 8.000 soldados estadounidenses de Irak antes de febrero próximo, momento en el cual habrá un nuevo presidente en la Casa Blanca.
"Mientras el progreso en Irak es todavía frágil y reversible, el general David Petraeus y el embajador Ryan Crocker informaron que ahora parece haber un grado de durabilidad en los avances que hemos logrado", dirá Bush en su intervención en la Universidad Nacional de la Defensa, en Washington.
El corresponsal de la BBC señala que los retiros de tropas que se anunciarán el martes marcan el comienzo de una lenta y limitada reducción de efectivos, que de todos modos dejará en su lugar a la mayoría de las fuerzas estadounidenses en Irak.
En la actualidad hay cerca de 146.000 soldados estadounidenses en Irak y 33.000 en Afganistán.
Etiquetas: "Neo Cold War", Afgasnitán, Bush, Georgia, Hersh, Hillary Clinton, Irán, Israel, McCain, Obama, Osama Bin Laden, Rusia
Auge de la diplomacia turca

El ministro de Asuntos Exteriores turco, Ali Babacan, posa con su mujer ante la mezquita de Al Aqsa, durante una visita a Jerusalén, 7 de octubre de 2007.
Fotografía de Sebastian Schneider para AP Photo"El Periódico", 20/8/2008
TÓPICOS Y REALIDAD DEL GOBIERNO DE RECEP TAYYIP ERDOGAN
Turquía: el triunfo de la diplomacia
• La política exterior contribuyó a evitar el descarrilamiento del país en momentos muy delicados
FRANCISCO Veiga*
La reacción informativa ante el veredicto del Tribunal Constitucional turco, que renunció a ilegalizar el partido del Gobierno, ha sido, en líneas generales, de desconcierto. Muchos analistas occidentales han supuesto que el país y sus actores políticos no han cambiado en los últimos 20 años y que no solo se produciría la mencionada ilegalización, sino que incluso cabría la posibilidad de un golpe de Estado militar. Pero los países se transforman a lo largo del tiempo, porque lo hacen sus sociedades, sus economías, sus circunstancias internacionales. Incluso las grandes potencias actúan de forma diferente y cambian sus objetivos. Así, un golpe militar turco hubiera resultado azaroso en sus resultados sin conocer quién mandará en la Casa Blanca y qué objetivos perseguirá en la zona el nuevo presidente norteamericano. Por otra parte, la Unión Europea presionó lo suyo para que el Tribunal Constitucional turco no llevara a cabo la ilegalización del partido en el Gobierno.
Pero, sobre todo, ha quedado en el aire la falsa idea de que el Gobierno islamista moderado ha tenido parte de la culpa de lo sucedido por haber detenido las reformas modernizadoras que deberían llevar a Turquía al seno de la UE dentro de una década. Y en eso, muchos comentaristas occidentales se han dejado llevar por la campaña en los medios de la oposición derechista al Gobierno (la que se suele denominar "laica").
Ciertamente, durante los cuatro meses que duró esta última crisis, el Gobierno detuvo algunas reformas en política interior, so pena de que el Tribunal Constitucional las considerara un ataque a la patria o a la laicidad del Estado, conceptos que el establishment autodefinido como "kemalista" tiende a identificar entre sí, según le conviene. Se ha mencionado mucho que el Gobierno provocó las iras de los jueces al aprobar en el Parlamento la ley que posibilitaba el acceso a la universidad de las estudiantes musulmanas con türban o pañoleta. En cambio, se evita mencionar que el Gobierno de Erdogan también impulsó la reforma del polémico artículo 301 del Código Penal, que establecía una pena de hasta tres años de cárcel por insultar la "identidad turca", la República y los órganos e instituciones del Estado. Y esa medida, que nada tiene de islamista, sí que concitó las iras de los sectores nacionalistas laicos.
Pero, sobre todo, a lo largo de los últimos meses, el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan impulsó un cambio espectacular en política exterior. Se habló mucho del eficaz protagonismo turco en las negociaciones de paz entre sirios e israelís, precedido, en el 2006, por el reconocimiento diplomático de Israel por Pakistán, también promovido por la diplomacia de Ankara. Sin embargo, se ha pasado muy de puntillas sobre el desbloqueo del conflicto chipriota. Es cierto que en parte fue debido a la victoria del grecochipriota y comunista Christofias en las presidenciales de febrero. Pero los turcos reaccionaron con presteza, y lo que hace un par de años era contemplado como un escollo insalvable en el camino de Turquía hacia la UE, ahora está en vías de solución y, por lo tanto, ha sido olvidado por la prensa.
Algo muy similar ha sucedido con el conflicto armenio-turco, que solo algunos periodistas, como Andrés Mourenza, colaborador de este periódico, han seguido con atención desde Estambul. Al menos ya desde el pasado otoño, el Gobierno de Erdogan había iniciado contactos discretos con las autoridades de la República de Armenia. Desde entonces se mantuvieron reuniones diplomáticas secretas con armenios, georgianos y azerbaiyanos en febrero; y finalmente, en abril, el ministro turco de Asuntos Exteriores, Alí Babacan, dijo públicamente que Turquía abogaba por normalizar las relaciones bilaterales con Armenia. Por fin, ya en verano, el nuevo presidente armenio, Serge Sarkisian, cursó una invitación diplomática a su homólogo turco, Abdulá Gül, para que asistiera en Ereván al partido de clasificación para el Mundial de fútbol de Suráfrica del 2010 que enfrentará a las selecciones de ambos países el próximo 6 de septiembre.
Por lo tanto,el Gobierno de Erdogan ha estado trabajando de firme en desbloquear el otro gran conflicto exterior de Turquía. Analistas occidentales poco favorables a la candidatura turca a la UE insisten en ligar esta cuestión al reconocimiento del genocidio armenio de 1915 por el Gobierno turco, aunque se trata de dos cuestiones diferentes. El restablecimiento de las buenas relaciones con Armenia sí que es un asunto que el Gobierno turco debe solucionar cara a Bruselas. No así la histórica polémica, muy utilizada por las numerosas instituciones políticas de la diáspora armenia en Occidente, cada una con sus propios intereses.
En cualquier caso, debe recordarse que en los últimos meses, la diplomacia turca, muy bregada en situaciones difíciles, porque así es la posición geoestratégica de su país, ha demostrado a Bruselas dónde reside uno de los activos principales de la candidatura turca. Y quizás algún día se reconozca que contribuyó a evitar el descarrilamiento político del país en unos momentos muy delicados.
* Profesor de Historia Contemporánea en la UAB. Autor del libro El turco. Diez siglos a las puertas de Europa. Etiquetas: Armenia, Babacan, Erdoğan, Israel, proceso de integración en la UE, Siria, Turquía
El Festival del Eurocontrol (4)

Angela Merkel en la Knesset, Jerusalen, 18 de marzo de 2008. El viaje y el gesto coincidían con una más activa política exterior comunitaria en Oriente Medio, ante los meses de vacío generados por el relevo en la Casa Blanca
Queda ya atrás en el tiempo el Festival de Eurovisión, pero continúa esplendoroso el discurrir del Festival del Eurocontrol. Por el camino, aquel ha servido para demostrar la supremacía de la fórmula esencial de éste. Es decir: por Eurovisión-Belgrado 2008 han desfilado dos grandes conceptos de planteamiento lírico: el que buscaba resaltar las bondades del propio hecho diferencial como intrínsecamente superior al de los demás, expresado ello con con mayor o menor intensidad y disimulo; y aquel que se atenía a las más estrictas leyes de la rentabilidad comercial. Sin embargo, todo el conjunto del festival depende en último término de una fórmula sincrética: la rentabilidad existente en cierta manera de concebir las políticas de supremacía europea.
La idea es elástica, incluso escurridiza, e históricamente ha sido práctica esencial en las políticas exteriores de varios estados europeos. Ahora se intenta aplicar como una proyección conjunta de la Unión Europea, aunque de hecho, los diferentes problemas se enfrentan en base al juego de intereses concretos por parte de grupos determinados de países miembros. Dado que el concepto básico de esta forma de actuar es al tanteo, resulta esencial no dar publicidad a las intenciones reales o los objetivos perseguidos –que no siempre están claros a priori. Ante todo, hay que evitar las confrontaciones internas, las reclamaciones, el debate. Se actúa, se prueba, se tantea la solución. Se evalúan los resultados, pero siempre sin levantar polvareda. Ante el fracaso, la experiencia se archiva y a veces hasta se tira la llave del cajón. Caso de que las cosas hayan salido aceptablemente bien, se continúa por el camino de los hechos consumados, y pocas veces se recurre a la publicidad.
Pesos y medidas: Bernard Kouchner (izquierda) saluda al presidente serbio Boris Tadic. Las declaraciones del ministro galo suelen dejar en evidencia la errática deriva de la política exterior francesa, pero eso no debe confundirse con la política del Eurocontrol
El lector puede encontrar un ejemplo en un artículo publicado hace un par de semanas por “The Economist” (15 de mayo) y titulado: “Balkan excepcionalism - What Serbia's election says about the European Union's enlargement”. El articulista comenzaba comentando el cacareo de algunos políticos comunitarios ante la pretendida “victoria del voto europeísta” en las recientes elecciones serbias. Destacaba, un vez más, la vana contundencia del ministro de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, según el cual “los serbios habían elegido Europa claramente”. El autor de la pieza se preguntaba cómo casaba la zanahoria presentada a los serbios durante las elecciones, con la propuesta francesa de apenas hace un año y pico, destinada a frenar la ampliación de la UE basándose en el resbaladizo concepto de la “capacidad de absorción” que defendía el mismo Sarkozy. Respuesta del autor:
“If enlargement is so unpopular, why do so many EU leaders want the credit for Serbia's vote for Europe? There are two, linked explanations. The first is that holding the door open to Balkan countries such as Croatia, Serbia, Macedonia and the rest does not imply support for enlargement in general—it is a specific strategy for preventing further instability in Europe's backyard. And the second is that enlargement mostly works like that”
Y por supuesto, porque la propuesta francesa, muy coyuntural, iba dirigida a frenar la integración de Turquía en la UE; pero el estilo populista de Sarkozy y los que lo apoyaban por entonces, pusieron el carro por delante de los caballos, al menos en relación a la praxis usual de la diplomacia comunitaria. Y fue precisamente esa tendencia a hablar demasiado la que ayudó a hundir el prestigio político de Sarkozy y Kouchner (éste mismo ya muy tocado para entonces).
En ese contexto, los medios de comunicación suelen contribuir a la perpetuación de las estrategias de Eurocontrol; en muchos casos porque, pura y simplemente, no lo conciben. La prensa suele imbuirse de la misma esencia de la cultura popular que transmite, y por ello asume ese tópico de que “no existe política exterior europea” –dado que no ven que actúe con una sola voz, como si fuera la de un único estado- o que ésta carece de imaginación o anda sobrada de rigidez. Y es cierto que existen muchas carencias y descoordinaciones, que no existe proyección militar exterior –eso es cosa de la OTAN y esa no es una alianza realmente europea- que Bruselas no obtiene resultados fulgurantes, que abundan los desajustes y los golpes bajos entre socios, que se confunde el lenguaje de madera con los resultados. Pero también se han producido pequeños y grandes prodigios de adaptación y con el tiempo ha ido surgiendo una diplomacia comunitaria que a escala de Eurovisión puede ser comparada con el estilo de algunas tonadillas triunfadoras años atrás: ligero europop, pegadizo, aparentemente banal, pero técnicamente bien construida y sobre todo rentable, muy rentable.
En la actualidad, la actitud de Bruselas con respecto a Turquía ha devenido caso de manual en la técnica del Eurocontrol comentada más arriba, incluyendo el papel ya tópico desempeñado por determinados medios de comunicación. Hace una semana, fui invitado por una productora de canal Cuatro de televisión, en Barcelona, para comentar el significado de lo que en apariencia constituía todo un éxito de la diplomacia turca en la intermediación entre Siria e Israel, especialmente en la espinosa cuestión de los Altos del Golán. Como ya se sabe, la mediación de Turquía en las conversaciones de paz sirio-israelíes fue acordada en febrero pasado por Olmert, y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdoğan. Hace unas semanas, el presidente sirio, Bachar Al Asad, reveló que Olmert le había ofrecido a través de Erdoğan la devolución del Golán -que Israel capturó en la Guerra de los Seis Días de 1967- a cambio de la paz entre sus respectivos países.

Oficiales israelíes en los altos del Golan. Es pieza clave en las negociaciones entre Damasco y Jerusalén
El pasado 21 de mayo, Israel y Siria anunciaron que habían comenzado negociaciones indirectas de paz auspiciadas por Turquía. El anuncio lo realizó Israel y fue confirmado por Damasco y Ankara, con especial énfasis por el ministro turco de Relaciones Exteriores, Ali Babacan, según el cual, conversaciones seguirán teniendo lugar en Estambul mientras las partes no expresen su interés de que sea en otra parte de Turquía.
La noticia recibió una cobertura más destacada en los medios de comunicación europeos que en los españoles. Sin embargo, Canal Cuatro decidió hacerle un espacio en el informativo de la noche, de ahí que se recabara mi opinión sobre el alcance de la noticia. El proceso de grabación fue el habitual y el resultado el mismo o muy parecido al de anteriores ocasiones (lo cual también es conocido por otros compañeros académicos) : diez o doce minutos de entrevista grabada; de ellos, cuatro o cinco segundos se ponen en boca del entrevistado (generalmente se escogen frases genéricas, perogrulladas o afirmaciones escasamente significativas en relación al conjunto de la grabación); y del resto se utiliza lo que más interesa a fin de elaborar el guión del breve reportaje, de un par de minutos de duración.
Previamente a la grabación hice un esbozo de lo que consideraba más significativo de la noticia y expliqué las causas de la misma, dado que, además, llevaba trabajando varias semanas en el asunto y poseía información y conclusiones específicas. A continuación, insistí sobre la línea argumental principal en la entrevista, sabiendo por anteriores experiencias, dónde estaba el riesgo. Pero fue en vano: el medio de comunicación en cuestión volvió a diluirlo todo en un condescendiente guiño de simpatía hacia Turquía, lo cual era un logro, proveniendo de un canal informativo del Grupo Prisa.

Ali Babacan, el joven y dinámico ministro de Asuntos Exteriores del gobierno turco del AKP. Su protagonismo como intermediario entre Israel y Siria, ha sido relevante
La base de la actitud era muy típicamente española (y no sólo en el ámbito mediático): recurrir al experto, pero no para hacerle caso o aprovechar su opinión, sino para utilizar su nombre a fin de reforzar los prejuicios, estereotipos e interpretaciones propias del medio. ¡Si sabrán ellos…! Sobre esta base y en el caso específico de la noticia referida, se erigía la típica ignorancia voluntaria sobre los mecanismos de actuación de la diplomacia comunitaria y la insistencia informativa en la compartimentación: ¿La UE en Oriente Medio? Imposible: aquello es terreno de los norteamericanos, los turcos actúan por su cuenta, los israelíes por la suya, el mundo funciona a partir de los estereotipos que les asignan en las redacciones.
En el caso concreto de la diplomacia turca en Oriente Próximo, Asia Central y el Cáucaso, lo que ha estado sucediendo desde hace meses, resulta bastante sencillo de entender: sea cuál sea el resultado de las elecciones norteamericanas, a partir de enero de 2009 empieza una nueva era, especialmente en aquellas regiones en las que Washington se ha venido implicando más directamente. No se sabe a ciencia cierta por qué camino tirarán los norteamericanos, pero algo, forzosamente, deberán hacer. De momento, se vive un ambiente de interregno, y en ese creciente vacío ha comenzado a moverse la diplomacia turca.
En algunas zonas, por lo que le toca de cerca. Por ejemplo, el Kurdistán, donde bien pudiera ocurrir que Masud Barzani quedara medio abandonado a su suerte, impelido a ponerse de acuerdo con Ankara y Teherán. En Oriente Medio, George W. Bush intenta, sin éxito, imponer alguna forma de acuerdo de última hora entre árabes palestinos e israelíes. Como también intentó hacerlo Bill Clinton antes de abandonar la Casa Blanca. Todo esto está ya muy trillado, y ahora Jerusalén desea actuar con mayor autonomía, en vista de que la desastrosa incapacidad norteamericana en la zona ha terminado por complicarle las cosas a Israel, más que a solucionárselas. Es en este ámbito donde se enmarca el esfuerzo diplomático de Ankara, mediando entre Siria e Israel. Por otra parte, empresas turcas ya hace tiempo que se han posicionado en las zonas controladas por la Autoridad Nacional Palestina, o que trabajan en Egipto, Siria y Líbano. Por último, también la situación en el Cáucaso está experimentando un vuelco, no sólo porque Turquía y Armenia están en proceso de reconstruir sus relaciones, sino porque está impulsando la reconciliación intracaucásica, en especial entre Georgia y Armenia. En este caso, sólo indirectamente se trata de cubrir el hueco dejado por Washington: en realidad, la labor turca en la zona se corresponde con un acercamiento al vecino ruso, aunque en parte esté relacionado con los desastres.

El profesor
Ahmet Davutoğlu, a quien a veces se le denomina el "Metternich turco", es el asesor principal del primer ministro Recep Tayyip Erdoğan y arquitecto de la política exterior turca, que algunos analistas gustan de tildar como "neo otomana". Es un estadista apreciado en Bruselas
Ahora bien, toda esa actividad y sus causas no sólo son conocidas por Bruselas, sino que en algunos casos está siendo controlada, estudiada, alentada y a veces planificada en común con diversas cancillerías europeas. Y es lógico y bueno que así sea, por varias razones:
a) En primer lugar, porque Ankara está desarrollando una actividad diplomática en la zona de Oriente Medio, Asia Central y el Cáucaso que es precisamente uno de los activos ofrecidos en su día a Bruselas y que ahora busca y necesita la UE en esas difíciles zonas: know how, brokerage y seguridad. Turquía está demostrando lo que sabe y puede hacer; y Bruselas toma nota, sugiere y prueba. Pura y simplemente, no es realista suponer que en plenas negociaciones de acceso a la UE, Ankara está haciendo lo que le parece, sin contar con Bruselas. Hay indicaciones y datos concretos relativos a ello aunque, lógicamente, no se prodigan; como siempre, a la espera de resultados. Y aunque los haya y sean positivos, los cómos y porqués tampoco se filtrarán en demasía.
b) En la actual situación, cuando faltan pocos meses para que George W. Bush deje la Casa Blanca, se están generando vacíos de planificación y control estratégicos en las zonas referidas. Los proyectos de la actual presidencia norteamericana van a ser cancelados o drásticamente reformados; pero hasta hace poco, Washington ha llevado la voz cantante en la gestión de crisis en Oriente Medio, la buscada confrontación con Rusia y las presiones contra Irán. Bruselas sabe que el momento es peligroso para Europa, debido a ese vacío de poder que se está generando en el turbulento espacio ex otomano. Y como mínimo, intenta intervenir para recoger los platos rotos y adecentar el desorden reinante, antes de negociar con el que será nuevo inquilino de la Casa Blanca. En cualquier caso, estamos ante lo que puede definirse como la primera intervención extensa en Oriente Medio de la diplomacia comunitaria. Y Turquía está actuando como agente avanzado de la misma. ¿O creen que es casualidad que Ankara no haya recibido presiones desde Bruselas para que retire definitivamente a sus tropas del Norte iraquí?
c) Ante la situación política que se vive actualmente en Ankara, Bruselas tiende a apoyar al gobierno Erdoğan y no a los elementos vinculados antiguo régimen (derecha y ultraderecha nacionalistas autodefinidas como “sectores laicos”) empeñados en desestabilizarlo y boicotear el proceso de negociaciones para el acceso a la UE, proceso en el cual ven una amenaza contra sus posiciones de poder social: por unas razones o por otras sólo entre el 25 ó 27% de la población turca se sitúa en esa línea. Tal como están las cosas, el actual gobierno supone para Bruselas una línea de cooperación provechosa y coherente en Oriente Medio y Asia Central. Un golpe de estado en Turquía, del tipo que sea, sólo ofrece incertidumbres, presiones y fantasías, como la idea de “irse con Rusia”, en vez de continuar con el proceso de integración en la UE.
d) La UE, o al menos un grupo de países dentro de ella, están trabajando para reconstruir el mensaje de que el proceso de integración europea sigue siendo válido como panacea para restañar los viejos conflictos disgregadores. El cortocircuito que ha supuesto el reconocimiento de la autoproclamada República de Kosovo por una mayoría de países de la UE, presionados algunos de ellos por la administración Bush, ha supuesto un serio quebranto para la credibilidad de esa fórmula. Por ello, mientras se busca ahora que las aguas vuelvan a su cauce en los Balcanes y se intentan restañar heridas, la colaboración de Turquía en Oriente Medio y el Cáucaso puede suponer, para la Unión Europea, la recuperación del hilo de un discurso integrador y superador de conflictos.

Las contradicciones del presidente Nicolas Sarkozy no deben circunscribirse a las políticas del Eurocontrol. Están demasiado relacionadas con los desastrosos resultados cosechados por el mandatario en política interior francesa
Lógicamente, iniciativas como el reciente debate en la Asamblea Nacional francesa sobre la posibilidad de incluir en el proyecto de reforma constitucional una enmienda que confirme la convocatoria obligatoria de un referéndum «para aprobar o rechazar el ingreso en la UE de países que representen más del 5 % de la población de la Unión», va claramente dirigido contra Turquía y parece desmentir todo lo dicho más arriba. ¿Son posibles políticas de Eurocontrol ante actitudes nacionales tan veleidosas? Recuérdese que de prosperar la enmienda, Sarkozy terminaría tirando piedras de grueso calibre contra, por ejemplo, el proyecto de Unión Mediterránea (UM), que él mismo lanzará con su habitual pompa, durante una cumbre euromediterránea excepcional, a mediados de julio. En el proyecto de la UM, Turquía está llamada a tener un papel destacado, máxime ahora, cuando está demostrando un marcado protagonismo en su capacidad diplomática por el Mediterráneo Oriental. Aquí la política del Eurocontrol fallaría por su misma base, es decir, como una enfermedad autoinmune, al no poder controlar un jefe de estado la coherencia de su propia estrategia política.
Por lo tanto, en realidad estaríamos en este caso ante un problema estructural, y por lo tanto profundo, propio de los mecanismos esenciales de la UE. Los conflictos que puede plantear Sarkozy en la cuestión turca al intentar superar sus contradicciones en política interior, a base de la demagogia habitual, no dejan de ser comparables, ahora mismo, a los que también pone sobre la mesa Berlusconi, en Italia, o la inquietante actitud de la sociedad irlandesa ante el referéndum para la ratificación del Tratado de Lisboa. ¿Hace todo ello inviable la Unión Europea? No son asuntos tan nuevos y en realidad están asociados a problemas internos de cada uno de los líderes políticos con respecto a sus votantes. Pero hasta el momento se ha demostrado que esas figuras pasan y se van (incluso a De Gaulle le ocurrió). Mientras tanto, la voluntad de afianzarse y crecer de la Unión Europea permanece; y mientras eso sea así, de una forma u otra, más o menos discreta, consensuada o agresiva, seguirá existiendo la política del Eurocontrol, con todos sus errores y titubeos, pero también con sus logros e innovaciones originales; porque es el único camino posible, al menos desde el punto de vista continental. Etiquetas: Erdoğan, Eurocontrol, Eurovisión, intermediación, Israel, Kouchner, Sarkozy, Siria, Turquía, UE