¿Por qué Kosovo? (1)

Tormenta implacable sobre las frágiles tiendas de los refugiados albaneses procedentes de Kosovo, en Kükes, Norte de Albania, primavera de 1999. La OTAN no tomó medidas para paliar la previsible expulsión masiva de población por las fuerzas de seguridad serbias, a pesar de que se sabía que algo así iba a suceder
Siempre recordaré aquella cena en una pizzería bastante aburrida y sobria del centro de Skopje, Macedonia. Era el 24 de enero de 1999, faltaban exactamente dos meses para que comenzara la denominada guerra de Kosovo; y allí, un colega, un profesor de la Universidad de Skopje, macedonio, me comentaba lo que era ya más que un rumor insistente: si la OTAN atacaba a Yugoslavia, los serbios “arrasarían aldeas y expulsarían a miles y miles de albaneses”. En efecto, era un asunto bien sabido en los Balcanes. Poco tiempo después, la revista búlgara “Sega”, basándose en informaciones de la agencia serbia “Beta”, publicó el 11 de marzo un artículo muy documentado en el que se llamaba la atención sobre los planes serbios para llevar a cabo una limpieza étnica total, siguiendo el modelo de la practicada por los turcos en el Norte de Chipre, en 1974.
Por lo tanto, a partir del 24 de marzo, cuando comenzó la ofensiva aérea de la OTAN contra Yugoslavia (Serbia y Montenegro) las autoridades serbias cumplieron su amenaza y comenzaron a ejecutar una gigantesca campaña de expulsión de población albanesa de Kosovo. Pronto la riada adquirió proporciones bíblicas y la preocupación cundió en las cancillerías occidentales. Era evidente que peligraba la estabilidad política de los países que acogían a la creciente masa de refugiados, especialmente la de Macedonia. También parecía claro que para el régimen serbio aquello era una respuesta estratégica, una verdadera “bomba humana”, como la denominaron algunos medios. Ante la contingencia, por cierto, y aún sabiendo que iba a tener lugar, la OTAN no había preparado campos de acogida, todo se hizo sobre la marcha.
Por lo tanto, esa situación planteaba una incómoda pregunta: ¿Sabían las grandes potencias occidentales que las fuerzas de seguridad serbias iban a responder con una tal operación de represalia? La respuesta oficial fue reiteradamente negativa, pero escasamente creíble. La experiencia personal de quien escribe estas líneas era la de que, al menos en Serbia, Macedonia y Bulgaria se sabía con antelación que el régimen de Milosevic haría lo que hizo. Posteriormente, desde Alemania se argumentó que de hecho la OTAN se había adelantado a los planes serbios de ejecutar una enorme operación interétnica, y se dio a entender que eso se hubiera llevado a cabo sin el ataque previo de las OTAN. Sin embargo, la prensa europea (incluyendo la española) no tardó en publicar que ese planteamiento era, pura y simplemente, un engaño.

Una imagen emitida con frecuencia por las televisiones de todo el mundo en aquella primavera de 1999: albaneses de Kosovo expulsados masivamente por los serbios en aplicación de la estrategia de desestabilización social de los países vecinos que apoyaban de buen o mal grado la ofensiva de la OTAN
De esa forma, en 1999, la OTAN provocó una importante limpieza étnica de población albanesa con su intervención a sabiendas de que eso iba a ocurrir. Como se sabe, la inducción al delito es delito en sí misma y eso en casi todos los países del mundo. Un policía, por ejemplo, no puede provocar un robo para detener a unos potenciales delincuentes. Por ello, sin negar el carácter represivo del régimen de Milosevic, la necesidad de la “injerencia humanitaria” que presidió la intervención de la OTAN en Kosovo es bastante discutible. Máxime teniendo en cuenta que pocos meses más tarde, cuando las fuerzas occidetnales ya habían entrado en la provincia, los nacionalistas albaneses organizaron otra limpieza étnica, pero en este caso de serbios locales; y los soldados de la OTAN no intervinieron para detenerla. Todo lo más, escoltaron a las caravanas de refugiados en su huida.

Una larga caravana de refugiados serbios escapa de Kosovo en el verano de 1999, encabezada por un vehículo blindado de la OTAN
Ocho años más tarde, Kosovo está a punto de obtener la independencia, apadrinada por la UE. La operación violentará la resolución 1244, emitida por la ONU en junio de 1999, como parte de los esfuerzos pacificadores iniciales tras la rendición serbia y la entrada de las fuerzas de la OTAN en Kosovo. No deja de ser fascinante la desfachatez con la que fuentes occidentales admiten ante la prensa que juristas a sueldo de la ONU están “retorciendo” activamente la resolución 1244.
Por lo tanto, abundan las pistas que señalan que todo está repartido en el futuro de Kosovo y que sólo es cuestión de unas pocas semanas que obtenga alguna forma de soberanía, apadrinada por la Unión Europea. Lo que sigue sin estar claro es en base a qué las principales potencias occidentales han estado concediendo a los albaneses de Kosovo todo lo que han querido, al menos desde 1999. Una intervención militar con fines humanitarios, llevada a cabo por la OTAN, ha terminado por dar lugar a la independencia de la provincia de un estado soberano, ocho años más tarde ¿En base a qué se justifica exactamente ese gesto político?
Según un joven colega dado a los esquematismos bienintencionados, si los albaneses son mayoría en Kosovo y desean la soberanía, ¿cómo se les puede negar? Sin embargo, y en este caso, el problema reside en considerar quiénes son mayorías y minorías en cada momento. Por ejemplo, si antes de la ocupación de la OTAN en 1999 -con la consiguiente segregación de facto de la provincia- se hubiera llevado a cabo un referéndum en Serbia sobre la soberanía de Kosovo, hubiera dado por resultado un “no” rotundo. Está claro: dado que los serbios eran mayoría, no hubieran accedido a la segregación de una de sus provincias de entonces, cuya población albanesa era minoría en el conjunto de toda la república. Pero en la nueva situación, y con la república ya segregada de Serbia, ¿por qué no se convocó en estos últimos años otro referéndum entre la población que habita Kosovska Mitrovica y las comarcas del norte? Allí, la gran mayoría de la población es serbia y posiblemente desearían la secesión con respecto al Kosovo albanés; o al menos, algún tipo de entidad federativa, como se hizo en Bosnia con cada una de las etnias de la república.
El resultado de todo ello es que la ONU ha intentado tutelar la independencia de una provincia perteneciente a un estado soberano, violentando una resolución propia emitida con anterioridad; ante la oposición activa de, al menos un miembro del Consejo de Seguridad, parece que la Unión Europea será la encargada de llevar a cabo esa tarea. Y todo ello sin que quede claro en base a qué razón real se le ha de conceder esa independencia a la mencionada provincia. Por supuesto, tampoco existen derechos históricos a restablecer: Kosovo no fue nunca independiente con anterioridad.
Este cúmulo de imprecisiones están continuamente presentes en los análisis y afirmaciones de académicos, diplomáticos, analistas o políticos, que escriben y escriben artículos o ensayos pero no terminan de explicitar nunca en base a qué razón real o concreta los albaneses de Kosovo deben o pueden constituir una entidad soberana. El lector puede comprobarlo casi a diario. Tómese, por ejemplo, el artículo de opinión firmado por Juan Garrigues, investigador de Paz y Seguridad en FRIDE, publicado ayer mismo en “El País” y titulado: “Kosovo: la solución menos mala”. En medio de su extensa pieza de 6.700 caracteres sin espacios y 1.300 palabras, Garrigues le dedica tan sólo 421 caracteres y 84 palabras a intentar explicarnos por qué empezó todo, qué justificó el hecho de que la intervención de las potencias occidentales llevara al fenomenal problema político y jurídico de nuestros días. Así, nos dice que, “enfrentados a una creciente resistencia, las tropas serbias empezaron una ola de masacres que condujo a la decisión de la OTAN de intervenir militarmente contra Serbia en 1999 para evitar un genocidio”.
Lean bien: con la “creciente resistencia” de los albaneses de Kosovo, Garrigues debe referirse al alzamiento insurreccional protagonizado por la guerrilla del UÇK a partir de 1998 (aunque existían numerosos casos de acciones de cariz terrorista desde 1996) que dejaron fuera de juego al “gobierno clandestino” albanés del LDK, liderado por Ibrahim Rugova, quien por ciento, se hartó de explicarle a los periodistas occidentales a lo largo de 1997, que los activistas que andaban pegando tiros por Kosovo eran en realidad "provocadores de la policía serbia”. Rugova sabía mejor que nadie que la ofensiva del UÇK no sólo iba dirigida contra los serbios, sino también contra la estrategia pacifista y gradualista que él encabezaba.

2004: Nueva limpieza étnica de serbios en Kosovo, al socaire de los disturbios. El mapa procede de una
web proserbia
De hecho las acciones violentas aumentaron coincidiendo con las elecciones presidenciales clandestinas de los albaneses de Kosovo, convocadas para marzo. El lector puede encontrar varios ejemplos de tales afirmaciones si revisa la prensa de la época. Por supuesto, Garrigues tampoco hace mención de los abusos y atrocidades cometidos contra la población civil serbia y gitana por algunas unidades y miembros de la guerrilla del UÇK y eso ya desde 1998, razón por la cual está siendo juzgado por el TPIY y desde enero de este mismo año el ex primer ministro albanés del gobierno de Kosovo, Ramush Haradinaj.
A continuación, Juan Garrigues nos explica que “las tropas serbias empezaron una ola de masacres”, refiriéndose a la campaña contrainsurgente llevada a cabo por las fuerzas de seguridad serbias entre marzo y finales de octubre de 1998 en las que se produjeron varias matanzas, cada una de ellas de entre veinte y treinta albaneses, replicadas a veces por el UÇK con población civil serbia y colaboracionistas albaneses. Pero esa situación no condujo a la intervención de la OTAN, sino a la detención de los combates, a partir del 27 de octubre, y a la apertura de un proceso negociador entre serbios y albaneses, tutelado por el Grupo de Contacto, que concluyó en Rambouillet, en febrero de 1999. Y fue la más que previsible negativa de la delegación serbia a aceptar algunos aspectos del “Diktat” que se le presentaron (como el célebre Interim Agreement for Peace and Self-Government in Kosovo, especialmente en su Apéndice B, capítulo 8, páginas 75 a 80) lo que llevó a cancelar posteriores negociaciones dando luz verde al ataque de la OTAN.
Por lo tanto, la OTAN no intervino para detener una guerra que de hecho estaba en stand by, ni una limpieza étnica en marcha, dado que hasta el momento había salido de Kosovo hacia Albania un procentaje reducido de los albaneses desplazados por las operaciones militares. También hoy en día se cuentan centenares de miles de colombianos desplazados (hay quien habla de tres millones) víctimas de la guerra civil, y nadie piensa en intervenir en fuerza en ese país. Es más: por entonces, en 1999, el Ejército turco llevaba casi quince años de guerra contra el PKK en el Sudeste de Anatolia, con el resultado de centenares de miles de desplazadas (¿un millón, dos millones?) y aldeas quemadas, y al parecer, la reacción de los occidentales fue ayudar al gobierno de Ankara a capturar a Öcalan, en febrero de ese mismo año.

Guerrilleros del UÇK se pasean con trofeos: cabezas de víctimas decapitadas, en algún momento de la campaña insurgente de 1998 ó 1999. No sólo las fuerzas de seguridad serbias cometieron excesos
En realidad, Juan Garrigues nos desvela él mismo la naturaleza “preventiva” del ataque cuando afirma que la OTAN intervino “para evitar un genocidio”. Eso es: para evitar algo que no estaba sucediendo todavía. Y de hecho, no existen pruebas reales de que fuera a suceder tal cosa. En cambio, las expulsiones de albaneses en la primavera de 1999 –no acompañadas de matanzas masivas- fueron una respuesta a los ataques de las OTAN y no al revés. Es por ello, precisamente, por lo que la naturaleza preventiva de la ofensiva aérea contra Kosovo, llevada a cabo por la OTAN con exclusión de la ONU, es un antecedente real del ataque también supuestamente preventivo contra Irak, en 2003. Por entonces, Washington y Londres mintieron descaradamente; ¿lo hicieron también los protagonistas del bombardeo estratégico contra Yugoslavia, en marzo de 1999?
Pero no pretendo criticar la pieza de Garrigues, puesto que no posee una relevancia especial, ni informativa ni argumental; no es sino un ejemplo entre otros muchos sobre cómo los analistas pasan de puntillas sobre la explicación precisa de la intervención atlantista en Kosovo. Al parecer, hace pocos días, un profesor de cierta universidad madrileña explicaba a sus alumnos que los Estados Unidos apoyaban la independencia de Kosovo “para librarse de las mafias albanesas en su territorio”. No es de extrañar que realmente se haya hecho tal afirmación en un aula, porque lo cierto es que a falta de justificaciones diáfanas para explicar el por qué de la previsible independencia de Kosovo, se recurre a veces a las teorías más peregrinas.

Unidad especial del UÇK, con sus distintivos uniformes negros, desfila triunfalmente por Kosovo, en junio de 1999
Por otra parte, las justificaciones que quedan en pie son tan difíciles de admitir desde Occidente, que es mejor dejarlas de lado. Ya se ha hablado mucho sobre el hecho de que el reconocimiento, por parte de la ONU o de la UE de la independencia de una provincia perteneciente a un estado soberano constituye un precedente con consecuencias difíciles de prever, y se menciona al País Vasco, Cataluña, Córcega, Bretaña, Escocia y tutti quanti en Europa occidental. Pero esto es un fantasma más que una realidad; y para muestra, la crisis belga, que no ha esperado al "modelo kosovar" para desencadenarse. En cambio, no se habla para nada de las consecuencias más posibles y cercanas de lo que ocurra con Kosovo sobre los denominados "estados o territorios pre-estatales microperiféricos" tales como: Abjasia, Nagorno-Karabaj, República Turca del Norte de Chipre, Republika Srpska, oeste albanés de Macedonia, República del Transdniéster, Kurdistán iraquí, Sur del Líbano (¿por qué no?) o Gaza (de nuevo: ¿por qué no?).

¿Combatientes del UÇK, 1999? No: unidad de fuerzas especiales de la milicia de Hezbollah, sur del Líbano, 2006 Una estética parecida, una causa similar: forzar la creación de un pequeño estado propio con ayuda exterior
En realidad, Kosovo supone precedentes potencialmente más extravagantes todavía. Por ejemplo, la institucionalización del triunfo de la vía armada para que la UE reconozca soberanías, algo que ya ocurrió de hecho en 1991, con Eslovenia o Croacia, y que explica las simpatías o posturas complacientes que despiertan en algunos países europeos las opciones nacionalistas radicales y secesionistas presentes en el territorio de otros socios (y mejor no seguir con este escandaloso asunto). Y ya puestos, permítanme otro recuerdo: el de una señora mallorquina que acudió a una conferencia sobre el conflicto de Kosovo, celebrada en al Ateneu Barcelonés en aquel mismo año de 1999, y que dijo entender el problema desde la óptica de su isla, en relación a la creciente población alemana que había comprado ya un 14% del suelo de Mallorca. “De fuera vendrán, y de casa te sacarán”- apostilló lapidariamente. Quizás era una postura exagerada, desde luego. Pero aún así y a veinte años vista, quizá menos: ¿Surgirán en la Europa del futuro repúblicas basadas en núcleos compactos de población inmigrante?¿Serán definidos esos núcleos poblacionales como “minorías” algún día? El tiempo y el precedente kosovar lo dirán.
Pero de momento sigue en pie la pregunta: ¿Por qué una intervención militar destinada (supuestamente) a evitar una guerra interétnica en el interior de un estado soberano concluye en la independencia de la región afectada? Se supone que una vez conjurada la guerra y pacificado el territorio, liquidado el régimen de Milosevic en Belgrado y sustituido por otro netamente democrático, se hubiera podido lograr un proceso de reconciliación que garantizara la convivencia pacífica, la administración eficaz y la prosperidad material de la zona. Algo parecido al triunfo del federalismo, como ocurrió en Bosnia. En cambio, persistió el rancio estado nación, la economía de Kosovo sigue paralizada después de ocho años de administración internacional y para postres se le va a conceder la indepedencia como única "solución" a la desastrosa evolución del problema; la ONU va a violentar sus propias resoluciones y clavar un calvo más en su propio ataúd; la UE va a pagar los platos rotos de los demás y en virtud de la implicación de Rusia y los Estados Unidos en el asunto, el problema de un territorio no mayor que Asturias está cobrando un desproporcionado estatus de símbolo y precedente universal, aplicable en teoría a otras regiones del mundo más extensas, complejas e importantes. En definitiva: ¿Dónde reside la grotesca "magia" del problema kosovar?
(Continuará)
Etiquetas: estados microperiféricos, Haradinaj, Hezbollah, intervencionismo, Kosovo, Nagorno-Karabaj, ONU, OTAN, proceso de integración en la UE, RTNC, Serbia, UÇK
NOTA: ¿Se está fabricando un nuevo Eje del Mal?

Panorámica de los tanques de combustible del aeropuerto internacional JFK de NY
En las últimas veinticuatro horas han saltado a la actualidad informativa dos noticias de alcance que parecen continuar la línea argumental del último post publicado en este blog. Primera: el supuesto complot para atentar contra el aeropuerto JFK de Nueva York a cargo de una “célula terrorista de extremistas musulmanes muy persistente” –definición del portavoz del FBI. Según la fiscal del distrito Este de NY, Roslynn Mauskopf (es imposible evitar alguna broma sobre lo que sugiere la traducción de ese apellido) se trata de uno de los “complots más escalofriantes que se pueda imaginar”.
La descripción de la trama, componentes, objetivos supuestos, reales o imaginarios del rocambolesco complot no tienen que ver con la temática de este blog. Pero sí algunos datos que, de pasada, conectan la noticia con la situación en Oriente Próximo. Primera: las sucesivas crónicas no relacionan a los detenidos con Al Qaeda. El portavoz del FBI no lo hizo, aunque tampoco parece haberla negado.
Segundo: de los detenidos, dos son de Guayana y un tercero de Trinidad y Tobago. Se busca a un cuarto integrante de la “célula” que también sería de Guayana. Esto quiere decir Caribe, y esos países se sitúan muy cerca de Venezuela. Como recordarán, ya hace meses que determinados foros e incluso agencias de noticias insisten en la posibilidad de que el Irán de Ahmadineyad y la Venezuela de Chávez hayan forjado una turbia alianza que va más allá de acuerdos en la venta de crudo; el último grito parece ser la rutilante aparición de Hezbollah (recientemente investido como "grupo terrorista más peligroso del mundo") por el Caribe.
Casi todas las crónicas publicadas en la red y en la prensa son copia de un par de noticias de agencia y repiten los mismos datos una y otra vez, pero rastreando con cuidado podemos encontrar un detalle interesante: “Isha Kadir, la esposa del sospechoso [Abdul Kadir], dijo que su marido voló a Trinidad el jueves y fue detenido el viernes al abordar un vuelo desde ese país a
Venezuela, donde planeaba recoger una visa para asistir a una conferencia islámica en
Irán” –podemos leer en una crónica publicada en red por “
Univisión” el 3 de junio a las 09:43 ET. De todas formas, el detalle ya saltó a la red durante el día de ayer, nada más conocerse la noticia.
Abdul Kadir es un antiguo parlamentario de Guyana, mientras que el resto de los acusados pertenecerían a la organización afro-trinidaria
Jamaat al Muslimeen, grupo que parece centrar su atención e intenciones en la situación interna de la isla, aunque
especulaciones altamente alarmistas de hace dos años consideraban la posibilidad de que células terroristas pudieran atacar el canal de Panamá desde el Caribe.
Para concluir, algunas declaraciones de expertos ya están quitándole hierro al “escalofriante” complot. En crónica de “
La Vanguardia” de hoy mismo: “El portavoz de la compañía [que gestiona los depósitos de combustible del JFK], Roy Haase, restó importancia a los supuestos planes de atentado, al indicar que el conducto [contra el que se pretendía atentar] está enterrado casi por completo y no contiene oxígeno, un elemento indispensable para provocar un estallido. "Decir que el conducto iba a estallar simplemente no es posible", agregó Haase, que opinó que si lo que estallara fuera un tanque de combustible los daños se limitarían a las cercanías de ese tanque, no al conducto en sí.”
Por lo demás, el ejército libanés se enfrenta a un nuevo foco de insurgencia palestina radical en otro campo, el de Ain el Helu donde, según Seymour Hersh en su artículo del pasado mes de marzo, también llegaban “ayudas” de círculos cercanos al gobierno de Siniora. Parece que el Ejército libanés está aprobando el primer examen contra al Fatah al Islam; veremos cómo le va con el segundo y si pronto estará preparado para misiones de más calibre.
Etiquetas: Al Qaeda, Chávez, Hezbollah, Irán, islamismo, Líbano, OLP, Siniora, terrorismo, Venezuela
NOTA: ¿Al Qaeda contra Pasdaran?

Enseña de los Guardianes de la Revolución iraníes. Ilustración procedente de Wikipedia
El atentado con coche bomba en las inmediaciones de la ciudad iraní de Zahedan, capital de la provincia de Sistán-Beluchistán, situada en el extremo este del país, junto a la frontera con Afganistán y Pakistan, acaparó hoy páginas destacadas de la prensa occidental. El ataque se perpetró contra un autobús de los Guardianes de la Revolución (conocidos en persa como Sepah -"ejército"- o Pasdaran -"guardianes"-) produjo once muertos, de la conocida milicia iraní. De momento, y que se sepa, existe todavía una cierta confusión en torno a la autoría del ataque, dado que la zona donde se produjo el ataque, situada cerca de las fronteras con Pakistán y Afganistán, es muy porosa y menudean los incidentes con organizaciones dedicadas al contrabando y plagada de refugiados e inmigrantes pocedentes de los países vecinos. Además, la región de Sistán-Beluchistan es la más pobre de Irán y es feudo de la minoría beluchi. Por lo tanto, la atribución de la autoría real del hecho puede variar en las próximas horas.
Sin embargo, de momento se ha atribuido a un oscuro grupo terrorista conocido como Jundallah, es decir, “Ejército de Alá” dirigido por Abdulmalak Rigi. El grupo tiene sus bases en Pakistan y opera en la provincia baluchi de Irán. Su soporte ideológico es doble: de un lado parece defender los intereses de los baluchis en esa empoberecida provincia, y de otro se declara defensor del credo suní. Pero lo más interesante en este caso es que también parece poseer vínculos con Al Qaeda.
La primera impresión que deja el atentado podría ser la de que estamos ante un operativo preparado por los Estados Unidos, como respuesta a las recientes denuncias de que Teherán, a través de los Pasdaran y de Hezbollah, está armando con modernos arsenales a las milicias chiíes en Irak. De hecho, incluso podría estar suministrando armas de última generación a la insurgencia suní, lo que explicaría el derribo de seis helicópteros militares norteamericanos en las últimas semanas. Pero, muy significativamente, las mismas autoriades iraníes, muy dadas a culpar a Washington de cualquier acción de estas características, se han refrenado esta vez. Y sin embargo, el ataque ha estado ejecutado con letal profesionalidad y ha ido dirigido contra uno de los símbolos más claros del actual régimen iraní, los Guardianes de la Revolución; y además, en fechas conmemorativas del triunfo de la revolución los ayatollas, de 1979.
Por lo tanto, aquí tenemos de nuevo un escenario repetido una y otra vez en el mundo musulmán durante los últimos meses: enfrentamientos entre chiitas y suníes, como en Irak, como en Líbano y Pakistán, posiblemente manipulados desde el exterior. Y sobre todo, Al Qaeda contra chiíes, esta vez de una manera bastante evidente. Por lo tanto, un breve apunte para dejar marca de un tema a reseguir, sobre el que ya se escribió aquí este mismo verano, ante la posibilidad, precisamente, de que Hezbollah terminara enfrentándose a Al Qaeda (14 de septiembre, 2007); y también para insistir en que ese tinglado terrorista, definido muchas veces como “ultramoderno” e “ingenioso”, en realidad ha contribuido a abrir verdaderos supermercados del terrorismo y crimen de estado susceptibles de manipular la trade mark Al-Qaeda en busca de los objetivos más variados; incluyendo la lucha contra la misma organización liderada por el millonario saudí Osama Bin Laden.Etiquetas: Al Qaeda, beluchis, Guardianes de la Revolución, Hezbollah, Irán, Pasdaran, Sepah, terrorismo
NOTA: ¿Hezbollah vs. Al Qaeda? Apuntes adicionales
En un corto periodo de tiempo, en el mismo periódico, y de forma aparentemente contradictoria, dos noticias recientes que parecen reforzar argumentos mantenidos en este blog (vid. post del pasado 8 de septiembre: “Más hipótesis sobre el Líbano e Irán”). Breve exposición y análisis de las mismas.
“La Vanguardia”, martes, 12 de septiembre, titular de primera plana: “Al Qaeda amenaza a las tropas de la ONU en Líbano”. La noticia se amplia en página 3, en los mismos términos: “Al Qaeda amenaza a la Finul. Zawahiri califica de `enemiga del islam´ la misión de la ONU en el Líbano”. La referencia al número dos en el mando supremo de la organización terrorista se situaba en el contexto de un vídeo difundido con motivo del aniversario del 11-S.
Al-Zawahiri en un característico vídeo reciente de Al Qaeda
La noticia parecía trascendente: surgía en un documento que Al Qaeda mostraba como destacado, al coincidir precisamente con el aniversario del ataque contra las Torres Gemelas y procedía directamente del estado mayor de la organización. Sin embargo, no todos los periódicos subrayaban con tanta insistencia la amenaza contra la FINUL. Cabe pensar que como periódico de la derecha política, “La Vanguardia” sugiere un cierto paralelismo de causa-efecto en relación a la extinta misión española en Irak: el gobierno actual podría estar renovando la inquina del terrorismo fundamentalista, aunque defina la presencia de las tropas españolas en el Líbano como misión de paz.
Sin embargo, la noticia tiene otra lectura, más jugosa. Fíjense que en el vídeo, al Zawahiri no amenaza sólo a las tropas de la ONU en Líbano, sino también a las monarquías petroleras del golfo Pérsico e Israel. Resulta llamativo que Al Qaeda nunca haya intentado lanzar un ataque directo dentro de las fronteras de Israel. Y ahora, amenaza con acudir a la zona: ahora, precisamente, cuando Hezbollah ha logrado reverdecer sus laureles poniendo en jaque al Ejército israelí en combate singular y campo abierto. Ahí les ha dolido a los de bin Laden. Por lo tanto, Al Qaeda desea hacer acto de presencia en Líbano buscando el apoyo pero también competir con los chiíes libaneses. ¿Tienen posibilidades de hacer algo?
Entrevista en el mismo diario: “La Vanguardia”, miércoles, 13 de septiembre. Se trata de “La Contra”, de Lluis Amiguet. Habla para el periódico Rachid Jamaly, alcalde la ciudad libanesa de Trípoli. Viaja por Europa en representación de todos los alcaldes de su país, en busca de ayuda financiera para la reconstrucción. Es un hombre cordial y optimista, pero sobre todo es un político libanés, que conoce bien el terreno que pisa. El entrevistador tercia: “Chirac confiesa su temor a Zapatero de que Líbano sea una ratonera para los soldados españoles y europeos”. Y la respuesta de Jamaly es contundente: “¡En abdsoluto! Estén ustedes muy tranquilos. Me consta, porque los conozco y los trato a diario, que Hezbollah no considera la fuerza multinacional un enemigo. No se ha opuesto a su despliegue. En cuanto a la población libanesa, ve con muy buenos ojos a esa fuerza multinacional y especialmente a los españoles. Son bienvenidos”. Lluis Amiguet no se queda muy convencido, e insiste: "¿Cómo lo sabe?". Y la respuesta del otro es bien lógica: "Le he dicho que represento a los alcaldes del Líbano. Conocemos nuestro pueblo".

El alcalde de Trípoli, Rachid Jamaly. Fotografía de Llibert Teixidó, publicada en la entrevista e "La Contra", diario "La Vanguardia", 13.09.2006
Por lo tanto y en conclusión, no parece que el Líbano vaya a convertirse en un nuevo Irak (quizás también buscaba eso el ataque israelí). Y si no es así y Hezbollah no permite o no respalda acciones de Al Qaeda en la zona, ¿qué sucederá entre ambas organizaciones? La pregunta se pone más interesante si tenemos en cuenta que tras la organización chií libanesa está Irán, y que precisamente ahora, parece que Teherán está logrando un terreno de entendimiento con la UE. En fin: si no se pierde de vista el contexto global, el pequeño Líbano promete seguir siendo un escenario muy interesante donde se jueguen bazas de gran alcance en los próximos meses.
Etiquetas: Al Qaeda, Al-Zawahiri, chiíes, Finul, Hezbollah, Irán, Líbano
Desarmados de información

Publicado en "El Periódico", 9 de septiembre, 2006. Título:
EL PELIGRO DE INTERVENIR A CIEGAS
El debate en torno al envío de fuerzas españolas al Líbano entre gobierno y oposición se ha terminado por reducir a los elementos esenciales que permiten salvar la cara a unos y otros. Para el Partido Popular, con enormes fantasmas internos de hace menos de tres años, todo se va centrando en "demostrar" que el operativo en curso es similar al de Irak, en terminos de misión de guerra o de paz. El gobierno, en cambio, está más preocupado por evitar un discusión en profundidad sobre el balance de los beneficios reales que supone para España el paso adelante dado en el Líbano.
En ambos casos se habla de riesgos, nadie lo niega. Pero a la hora de la verdad quedan bastante difuminados: se trata de una zona "muy conflictiva", donde ya fracasaron anteriores misiones de paz de las Naciones Unidas; las tropas de interposición podrían quedar atrapadas en el medio de los combates o ser víctimas de provocaciones, y argumentos de este tenor. De todas formas, tercia el gobierno, la unidad que se envía es militarmente robusta, capaz de defenderse a sí misma y no estará sola ni aislada en la zona. Se suele obviar que estas misiones no cuentan con la valiosa contribución de fuerzas aéreas propias, aparatos de ataque al suelo o reconocimiento, factor decisivo en cualquier operación militar actual, de paz o de guerra.
Pero el quid de la cuestión no está aquí; y lo peor es que por su misma esencia será difícil que se llegue a debatir, ni en foros políticos e institucionales, ni en la prensa. El talón de Aquiles en estas operaciones multinacionales de intervención suele radicar en la obtención y gestión de inteligencia, tanto estratégica como táctica. Dicho de otra manera: suele haber haber problemas con la información reservada que permite evitar atentados, provocaciones, encerronas y las mil y una perrrerías a las que puede quedar sometida una fuerza de interposición multinacional (esto es, básicamente desunida) aunque cuente con un mando temporal centralizado.
Hace unos años, este factor hubiera sido desestimado en cualquier análisis. Pero cabe recordar que en noviembre de 2003, el CNI cosechó en Irak uno de los fiascos más sonados de la historia de los servicios de inteligencia occidentales en las últimas dos décadas; y un precedente de tal calibre habría de tenerse en cuenta ante un esfuerzo logístico como el que supondrá el despliegue español en Líbano.
Situar una fuerza militar en el Próximo Oriente supone, ante todo, conocer el terreno político que se pisa. Tener buenos informadores, ser capaces de prever las intenciones de unos y otros y, llegado el caso, poseer discretos cauces de negociación. Eso puede resultar medianamente fácil de improvisar en un estado tan desestructurado como Afganistán. Y aún así, la situación se le está yendo de las manos a las fuerzas de la OTAN: a casi cinco años de la ocupación del país y la erradicación del régimen de los talibanes, el goteo de bajas aliadas se está haciendo intolerable para algunos miemboros de la coalición, mientras que el país está lejos de haber sido controlado y amenaza con irse "iraquizando". Sobre las dificultades de obtener información eficaz en Irak habla bien a las claras el inmanejable desastre delm teatro estratégico allí. Y en el Congo, destino de otro contingente destacado de fuerzas europeas, la volatilidad de la situación es muy superior a lo que se creía hace tan sólo un par de meses.
Fácil es imaginarse las dificultades que comportará obtener información sensible en el sur del Líbano, donde opera un Mossad que se las sabe todas, pero no tanto como para hacer que la ofensiva israelí del pasado mes de julio no deviniera un fiasco. Y por parte contraria, qué decir. Hezbollah es una caja fuerte, y sus contactos con Teherán o Damasco están igualmente blindados. Por si faltara algo, los iraníes tienen una bien ganada fama de astutos y hasta torticeros. Sólo cabe añadir un dato para ilustrar cómo juegan los protagonistas sobre el terreno. Según todos los indicios, el Estado Mayor israelí tenía preparada la ofensiva contra Hezbollah y sus rampas de misiles para estas fechas, quizá más tarde. Pero la milicia de los chiíes libaneses se lo venía oliendo, y de ahí la incursión del 10 de julio a fin de capturar algunos reclutas israelíes que dieran información sobre los preparativos. Estaba claro que los dos prisioneros que se hicieron en aquella operación desvelarían a Hezbollah detalles importantes que echarían por tierra los preparativos. De ahí que tras consultar apresuradamente con Olmert y Washington, el Estado Mayor israelí decidiera adelantar la fecha de la incursión. Y así empezó el lío.
En el escenario libanés, todos los actores están nerviosos y por lo tanto, inseguros. Si un fallo en los operativos de inteligencia israelíes dio un vuelco tan desastroso a la situación, es posible imaginar lo que puede suponer para una fuerza recién llegada, sin tradición de permanencia en la zona, improvisar sobre la marcha y en el terreno, un tinglado eficaz y suficientemente seguro para recoger información que evite bajas y posibilite cumplir los objetivos. Y no nos engañemos: sin una robusta capacidad de información propia, enviar tropas a escenarios exóticos puede ser tan irreal o innecesario como mover soldaditos de plomo sobre un mapa. O peor aún: ponerlos a disposición de los demás.
Etiquetas: Afganistán, Congo, España, Hezbollah, intervencionismo, Irak, Israel, Líbano, Mossad, ONU, OTAN, talibanes
Más hipótesis sobre el Líbano e Irán

La bandera de Hizbullah y el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad: dos iconos conectados entre sí, y de hirviente actualidad
Al parecer, la crisis de julio en el Líbano comenzó de la siguiente manera: según todos los indicios, el Estado Mayor israelí tenía preparada la ofensiva contra Hezbollah y sus rampas de misiles para estas fechas (septiembre) quizá más tarde, aunque no más allá de octubre. La milicia de los chiíes libaneses se lo venía oliendo, y de ahí la incursión del 10 de julio para capturar algunos reclutas israelíes que dieran información sobre el despliegue. Estaba claro que los dos prisioneros que se hicieron en aquella operación desvelarían a Hezbollah detalles importantes que echaban por tierra los preparativos. De ahí que tras consultar apresuradamente con Olmert y Washington, el Estado Mayor israelí decidió anticipar la fecha de la incursión. A los americanos, el adelanto de la ofensiva israelí les vino como anillo al dedo, porque entendían que la crisis serviría para presionar a Rusia y China a fin de que se unieran en la votación de sanciones contra Irán en el Consejo de Seguridad de la ONU, como así fue.
Todavía están frescos en la memoria los acontecimientos de la reciente guerra del Líbano hasta que se pactó el alto el fuego. "Israel no puede permitirse el lujo de perder una guerra": una frase que se repitió una y otra vez a lo largo de la crisis. Pero la perdió por no haberla ganado. ¿Y ahora qué? En realidad, Israel no puede permitirse hacer bobadas. Su gobierno decidió actuar antes de tiempo; adelantó sus planes sin contar con la preparación adecuada: cometió el mismo error que los norteamericanos y británicos en Irak. Y además lo hizo, en buena medida, a conveniencia de la política de Bush. La factura a pagar es cara, porque en estos momentos, Israel anda por ahí, a mitad de camino hacia ninguna parte. Justamente como el amigo americano. Y lo peor de todo, es que ha dado contundentes pruebas de debilidad militar: la intervención en el Líbano, en julio de 2006 ha sido para el Tsahal lo que fue para las tropas norteamericanas en Vietnam la ofensiva del Tet, en 1968: un claro punto de inflexión. Esto no es nuevo, en realidad. Viene ocurriendo desde la guerra del Yom Kippur, en 1973. Se ha percibido ese cansancio en la moral de combate israelí, después de casi sesenta años de guerras. Objetivos estratégicos confusos, tácticas inadecuadas, incapacidad de asumir bajas, pobre calidad de la infantería, obsesión por librar una guerra a base de tanques, artillería y aviación contra fuerzas irregulares, convirtiendo de paso a la población civil en objetivo militar; y para colmo, utilizando munición prohibida por las convenciones internacionales. El mismo error cometido por los rusos en Chechenia o por los serbios en Vukovar y Sarajevo. Como en 1973, a Israel le obsesionó en exceso la guerra contra los palestinos, que es la guerra primigenia, la de siempre en realidad, que viene librando desde 1948. Victor Ostrovsky [fotografía adjunta], uno de los muy escasos desertores del Mossad que se conocen, escribió en 1990 un libro titulado: Por el camino de la
decepción (Planeta, 1991) en el que explicaba los entresijos más inconfesables del célebre servicio de inteligencia israelí. Pues bien: para el autor, los egipcios y sirios pillaron por sorpresa al Mossad en octubre de 1973 porque éste se había embebido en la lucha contra el terrorismo palestino, especialmente en la ardua tarea de vengar los atentados de la Olimpiada de Munich, el año anterior –Operación Cólera Divina. Algo así ha ocurrido en julio de 2006: para la tropa israelí, la guerra era liquidar a los activistas de Hamas en los territorios palestinos; la lucha en campo abierto contra unidades regulares de un ejército enemigo era algo que llevaba casi una generación sin producirse.
Por lo tanto, y regresando a la apresurada ofensiva de este verano, una conclusión: la "política del acelerador" no suele dar buenos resultados, y menos en una zona en la cual los entresijos de la política y el poder son tan enrevesados e impredecibles. Pero aún puede resultar más desconcertante si el intrincado escenario está conectado a su vez con otros de mayor envergadura. En el presente septiembre de 2006, ya se han volatilizado los beneficios que pudo haber obtenido Washington el 31 de julio, cuando en el Consejo de Seguridad se produjo la votación contra el programa nuclear iraní., que es lo que buscaba cuando dio luz verde o impulsó la ofensiva israelí. ¿Y ahora qué? La administración Bush bastante tiene ya con seguir manteniendo sus tropas en ese desastre sin remedio que es Irak. En Afganistan, lo dicho: la guerra antiterrorista global pierde gas, tras un lustro de presencia militar. La OTAN necesita más y más soldados allí, el apoyo de la población europea a la Alianza cae a ojos vista, en la provincia de Helmand se afianzan los talibanes. La daga israelí ha quedado mellada. Todo eso quiere decir que Washington no puede soñar con una nueva guerra en la zona, esta vez contra Irán. En el vecino Irak no se descubrió la receta para domeñar a un país musulmán invadido; por lo tanto, si en el mejor de los casos las tropas norteamericanas lograran ocupar sin grandes pérdidas a la vecina potencia iraní, la pesadilla vivida en Irak se multiplicaría hasta la enésima potencia. Mundo chií y sunní se unirian en la lucha contra el infiel. Pero si las cosas fueran mal y los Estados Unidos no lograran obtener una rápida victoria convencional, la mayoría de la población norteamericana le daría definitivamente la espalda a su presidente.
En este callejón sin salida, a Bush sólo le quedan los canales de la diplomacia y en ello los europeos juegan un importante papel. También rusos y chinos; pero éstos son a la vez serios competidores en el liderazgo mundial, y tienen unos intereses propios muy disociados de los norteamericanos. Canalizar todo ello a través de las Naciones Unidas se ha revelado muy limitado para los intereses norteamericanos. Y además tiene un punto de humillación, al asumir que no pueden permitirse más guerras. Pero al menos, ha servido para movilizar a los europeos y llevarlos al Líbano. Decir ahora que por primera vez estos se han implicado en los asuntos del Próximo Oriente es olvidar que franceses e italianos ya jugaron un papel muy destacado en la fuerza de pacificación de 1983 y que salieron zumbando del Líbano, junto con los marines norteamericanos, a raíz de que el 23 de octubre dos camiones suicidas de Hezbollah, cargados de explosivos, fueron lanzados contra los acuartelamientos de las tropas norteamericanas y francesas en Beirut. A consecuencia de la explosión murieron 222 marines y 58 legionarios.

Mapa con el despliegue original de las fuerzas FINUL en 1982. Los contingentes europeos incluían unidades francesas, italianas, británicas y hasta polacas.

Paracaidistas franceses del 3e RPIMa retiran cadáveres de sus compañeros tras el atentado del 23 de octubre de 1983
Ahora, más de veinte años más tarde, los europeos casi vuelven más como rehenes que como protagonistas. Al implicarse como barrera entre Hezbollah e Israel, los europeos intentan ser la garantía de que las negociaciones con Irán no se van a desestabilizar por el flanco libanés. Pero se han convertido en una pieza más en el intrincado tablero diplomático -en un sentido muy amplio, que incluye la guerra localizada- en el cual se juega la forma de hacerle un hueco a la nueva potencia iraní, que convenga a norteamericanos, rusos, chinos y a los propios europeos, muy interesados en el crudo y el gas del país persa. 
Marcas de procedencia iraní en un lanzacohetes RPG-7T capturado a Hezbollah. El arsenal utilizado por los chiíes libaneses no parece de última generación. La razón de su éxito ha sido debida al entrenamiento, la organización y la moral de combate.
Hay otra carta escondida. Tanto Hezbollah como Irán pueden transformarse en la piedra de toque que contrarreste a ese extraño tinglado denominado Al Qaeda, pero que desde luego es de factura sunní. No es que chiíes y sunniés estén condenados a la mutua greña perpetua, ni mucho menos.


Osama bin Laden y Sayyid Hassan Nasrallah: ¿Dos figuras destinadas a enfrentarse?
En realidad, Hezbollah se ha convertido en un referente para las comunidades sunníes más anti occidentales o antisionistas. A diferencia de Al Qaeda, este movimiento ha desafiado a los odiados israelíes en el campo de batalla, en una guerra convencional que ha contado con e apoyo claro y sin fisuras de todo un pueblo. En conjunto, un modelo mucho más noble y digno de pública y abierta admiración que la lucha terrorista dirigida por unos señoritos medio integrados en la cultura occidental. Y que por tanto, y a pesar de su aparente fanatismo, no siempre suenan muy convincentes para los musulmane tradicionales arraigados en la vieja tierra.¿Qué los de Al Qaeda se autoinmolan? Puede. Pero ¿desde cuándo morir por una idea la hace más convincente a ojos de los demás?
Etiquetas: Ahmadineyad, Al Qaeda, Finul, Hezbollah, Irán, Líbano, Nasrallah