sábado, noviembre 24, 2007

¿Por qué Kosovo? (1)
















Tormenta implacable sobre las frágiles tiendas de los refugiados albaneses procedentes de Kosovo, en Kükes, Norte de Albania, primavera de 1999. La OTAN no tomó medidas para paliar la previsible expulsión masiva de población por las fuerzas de seguridad serbias, a pesar de que se sabía que algo así iba a suceder


Siempre recordaré aquella cena en una pizzería bastante aburrida y sobria del centro de Skopje, Macedonia. Era el 24 de enero de 1999, faltaban exactamente dos meses para que comenzara la denominada guerra de Kosovo; y allí, un colega, un profesor de la Universidad de Skopje, macedonio, me comentaba lo que era ya más que un rumor insistente: si la OTAN atacaba a Yugoslavia, los serbios “arrasarían aldeas y expulsarían a miles y miles de albaneses”. En efecto, era un asunto bien sabido en los Balcanes. Poco tiempo después, la revista búlgara “Sega”, basándose en informaciones de la agencia serbia “Beta”, publicó el 11 de marzo un artículo muy documentado en el que se llamaba la atención sobre los planes serbios para llevar a cabo una limpieza étnica total, siguiendo el modelo de la practicada por los turcos en el Norte de Chipre, en 1974.

Por lo tanto, a partir del 24 de marzo, cuando comenzó la ofensiva aérea de la OTAN contra Yugoslavia (Serbia y Montenegro) las autoridades serbias cumplieron su amenaza y comenzaron a ejecutar una gigantesca campaña de expulsión de población albanesa de Kosovo. Pronto la riada adquirió proporciones bíblicas y la preocupación cundió en las cancillerías occidentales. Era evidente que peligraba la estabilidad política de los países que acogían a la creciente masa de refugiados, especialmente la de Macedonia. También parecía claro que para el régimen serbio aquello era una respuesta estratégica, una verdadera “bomba humana”, como la denominaron algunos medios. Ante la contingencia, por cierto, y aún sabiendo que iba a tener lugar, la OTAN no había preparado campos de acogida, todo se hizo sobre la marcha.

Por lo tanto, esa situación planteaba una incómoda pregunta: ¿Sabían las grandes potencias occidentales que las fuerzas de seguridad serbias iban a responder con una tal operación de represalia? La respuesta oficial fue reiteradamente negativa, pero escasamente creíble. La experiencia personal de quien escribe estas líneas era la de que, al menos en Serbia, Macedonia y Bulgaria se sabía con antelación que el régimen de Milosevic haría lo que hizo. Posteriormente, desde Alemania se argumentó que de hecho la OTAN se había adelantado a los planes serbios de ejecutar una enorme operación interétnica, y se dio a entender que eso se hubiera llevado a cabo sin el ataque previo de las OTAN. Sin embargo, la prensa europea (incluyendo la española) no tardó en publicar que ese planteamiento era, pura y simplemente, un engaño.

















Una imagen emitida con frecuencia por las televisiones de todo el mundo en aquella primavera de 1999: albaneses de Kosovo expulsados masivamente por los serbios en aplicación de la estrategia de desestabilización social de los países vecinos que apoyaban de buen o mal grado la ofensiva de la OTAN


De esa forma, en 1999, la OTAN provocó una importante limpieza étnica de población albanesa con su intervención a sabiendas de que eso iba a ocurrir. Como se sabe, la inducción al delito es delito en sí misma y eso en casi todos los países del mundo. Un policía, por ejemplo, no puede provocar un robo para detener a unos potenciales delincuentes. Por ello, sin negar el carácter represivo del régimen de Milosevic, la necesidad de la “injerencia humanitaria” que presidió la intervención de la OTAN en Kosovo es bastante discutible. Máxime teniendo en cuenta que pocos meses más tarde, cuando las fuerzas occidetnales ya habían entrado en la provincia, los nacionalistas albaneses organizaron otra limpieza étnica, pero en este caso de serbios locales; y los soldados de la OTAN no intervinieron para detenerla. Todo lo más, escoltaron a las caravanas de refugiados en su huida.


















Una larga caravana de refugiados serbios escapa de Kosovo en el verano de 1999, encabezada por un vehículo blindado de la OTAN

Ocho años más tarde, Kosovo está a punto de obtener la independencia, apadrinada por la UE. La operación violentará la resolución 1244, emitida por la ONU en junio de 1999, como parte de los esfuerzos pacificadores iniciales tras la rendición serbia y la entrada de las fuerzas de la OTAN en Kosovo. No deja de ser fascinante la desfachatez con la que fuentes occidentales admiten ante la prensa que juristas a sueldo de la ONU están “retorciendo” activamente la resolución 1244.

Por lo tanto, abundan las pistas que señalan que todo está repartido en el futuro de Kosovo y que sólo es cuestión de unas pocas semanas que obtenga alguna forma de soberanía, apadrinada por la Unión Europea. Lo que sigue sin estar claro es en base a qué las principales potencias occidentales han estado concediendo a los albaneses de Kosovo todo lo que han querido, al menos desde 1999. Una intervención militar con fines humanitarios, llevada a cabo por la OTAN, ha terminado por dar lugar a la independencia de la provincia de un estado soberano, ocho años más tarde ¿En base a qué se justifica exactamente ese gesto político?

Según un joven colega dado a los esquematismos bienintencionados, si los albaneses son mayoría en Kosovo y desean la soberanía, ¿cómo se les puede negar? Sin embargo, y en este caso, el problema reside en considerar quiénes son mayorías y minorías en cada momento. Por ejemplo, si antes de la ocupación de la OTAN en 1999 -con la consiguiente segregación de facto de la provincia- se hubiera llevado a cabo un referéndum en Serbia sobre la soberanía de Kosovo, hubiera dado por resultado un “no” rotundo. Está claro: dado que los serbios eran mayoría, no hubieran accedido a la segregación de una de sus provincias de entonces, cuya población albanesa era minoría en el conjunto de toda la república. Pero en la nueva situación, y con la república ya segregada de Serbia, ¿por qué no se convocó en estos últimos años otro referéndum entre la población que habita Kosovska Mitrovica y las comarcas del norte? Allí, la gran mayoría de la población es serbia y posiblemente desearían la secesión con respecto al Kosovo albanés; o al menos, algún tipo de entidad federativa, como se hizo en Bosnia con cada una de las etnias de la república.

El resultado de todo ello es que la ONU ha intentado tutelar la independencia de una provincia perteneciente a un estado soberano, violentando una resolución propia emitida con anterioridad; ante la oposición activa de, al menos un miembro del Consejo de Seguridad, parece que la Unión Europea será la encargada de llevar a cabo esa tarea. Y todo ello sin que quede claro en base a qué razón real se le ha de conceder esa independencia a la mencionada provincia. Por supuesto, tampoco existen derechos históricos a restablecer: Kosovo no fue nunca independiente con anterioridad.

Este cúmulo de imprecisiones están continuamente presentes en los análisis y afirmaciones de académicos, diplomáticos, analistas o políticos, que escriben y escriben artículos o ensayos pero no terminan de explicitar nunca en base a qué razón real o concreta los albaneses de Kosovo deben o pueden constituir una entidad soberana. El lector puede comprobarlo casi a diario. Tómese, por ejemplo, el artículo de opinión firmado por Juan Garrigues, investigador de Paz y Seguridad en FRIDE, publicado ayer mismo en “El País” y titulado: “
Kosovo: la solución menos mala”. En medio de su extensa pieza de 6.700 caracteres sin espacios y 1.300 palabras, Garrigues le dedica tan sólo 421 caracteres y 84 palabras a intentar explicarnos por qué empezó todo, qué justificó el hecho de que la intervención de las potencias occidentales llevara al fenomenal problema político y jurídico de nuestros días. Así, nos dice que, “enfrentados a una creciente resistencia, las tropas serbias empezaron una ola de masacres que condujo a la decisión de la OTAN de intervenir militarmente contra Serbia en 1999 para evitar un genocidio”.

Lean bien: con la “creciente resistencia” de los albaneses de Kosovo, Garrigues debe referirse al alzamiento insurreccional protagonizado por la guerrilla del UÇK a partir de 1998 (aunque existían numerosos casos de acciones de cariz terrorista desde 1996) que dejaron fuera de juego al “gobierno clandestino” albanés del LDK, liderado por Ibrahim Rugova, quien por ciento, se hartó de explicarle a los periodistas occidentales a lo largo de 1997, que los activistas que andaban pegando tiros por Kosovo eran en realidad "provocadores de la policía serbia”. Rugova sabía mejor que nadie que la ofensiva del UÇK no sólo iba dirigida contra los serbios, sino también contra la estrategia pacifista y gradualista que él encabezaba.



2004: Nueva limpieza étnica de serbios en Kosovo, al socaire de los disturbios. El mapa procede de una web proserbia













De hecho las acciones violentas aumentaron coincidiendo con las elecciones presidenciales clandestinas de los albaneses de Kosovo, convocadas para marzo. El lector puede encontrar varios ejemplos de tales afirmaciones si revisa la prensa de la época. Por supuesto, Garrigues tampoco hace mención de los abusos y atrocidades cometidos contra la población civil serbia y gitana por algunas unidades y miembros de la guerrilla del UÇK y eso ya desde 1998, razón por la cual está siendo juzgado por el TPIY y desde enero de este mismo año el ex primer ministro albanés del gobierno de Kosovo, Ramush Haradinaj.

A continuación, Juan Garrigues nos explica que “las tropas serbias empezaron una ola de masacres”, refiriéndose a la campaña contrainsurgente llevada a cabo por las fuerzas de seguridad serbias entre marzo y finales de octubre de 1998 en las que se produjeron varias matanzas, cada una de ellas de entre veinte y treinta albaneses, replicadas a veces por el UÇK con población civil serbia y colaboracionistas albaneses. Pero esa situación no condujo a la intervención de la OTAN, sino a la detención de los combates, a partir del 27 de octubre, y a la apertura de un proceso negociador entre serbios y albaneses, tutelado por el Grupo de Contacto, que concluyó en Rambouillet, en febrero de 1999. Y fue la más que previsible negativa de la delegación serbia a aceptar algunos aspectos del “Diktat” que se le presentaron (como el célebre Interim Agreement for Peace and Self-Government in Kosovo, especialmente en su Apéndice B, capítulo 8, páginas 75 a 80) lo que llevó a cancelar posteriores negociaciones dando luz verde al ataque de la OTAN.

Por lo tanto, la OTAN no intervino para detener una guerra que de hecho estaba en stand by, ni una limpieza étnica en marcha, dado que hasta el momento había salido de Kosovo hacia Albania un procentaje reducido de los albaneses desplazados por las operaciones militares. También hoy en día se cuentan centenares de miles de colombianos desplazados (hay quien habla de tres millones) víctimas de la guerra civil, y nadie piensa en intervenir en fuerza en ese país. Es más: por entonces, en 1999, el Ejército turco llevaba casi quince años de guerra contra el PKK en el Sudeste de Anatolia, con el resultado de centenares de miles de desplazadas (¿un millón, dos millones?) y aldeas quemadas, y al parecer, la reacción de los occidentales fue ayudar al gobierno de Ankara a capturar a Öcalan, en febrero de ese mismo año.

















Guerrilleros del UÇK se pasean con trofeos: cabezas de víctimas decapitadas, en algún momento de la campaña insurgente de 1998 ó 1999. No sólo las fuerzas de seguridad serbias cometieron excesos


En realidad, Juan Garrigues nos desvela él mismo la naturaleza “preventiva” del ataque cuando afirma que la OTAN intervino “para evitar un genocidio”. Eso es: para evitar algo que no estaba sucediendo todavía. Y de hecho, no existen pruebas reales de que fuera a suceder tal cosa. En cambio, las expulsiones de albaneses en la primavera de 1999 –no acompañadas de matanzas masivas- fueron una respuesta a los ataques de las OTAN y no al revés. Es por ello, precisamente, por lo que la naturaleza preventiva de la ofensiva aérea contra Kosovo, llevada a cabo por la OTAN con exclusión de la ONU, es un antecedente real del ataque también supuestamente preventivo contra Irak, en 2003. Por entonces, Washington y Londres mintieron descaradamente; ¿lo hicieron también los protagonistas del bombardeo estratégico contra Yugoslavia, en marzo de 1999?

Pero no pretendo criticar la pieza de Garrigues, puesto que no posee una relevancia especial, ni informativa ni argumental; no es sino un ejemplo entre otros muchos sobre cómo los analistas pasan de puntillas sobre la explicación precisa de la intervención atlantista en Kosovo. Al parecer, hace pocos días, un profesor de cierta universidad madrileña explicaba a sus alumnos que los Estados Unidos apoyaban la independencia de Kosovo “para librarse de las mafias albanesas en su territorio”. No es de extrañar que realmente se haya hecho tal afirmación en un aula, porque lo cierto es que a falta de justificaciones diáfanas para explicar el por qué de la previsible independencia de Kosovo, se recurre a veces a las teorías más peregrinas.




Unidad especial del UÇK, con sus distintivos uniformes negros, desfila triunfalmente por Kosovo, en junio de 1999


Por otra parte, las justificaciones que quedan en pie son tan difíciles de admitir desde Occidente, que es mejor dejarlas de lado. Ya se ha hablado mucho sobre el hecho de que el reconocimiento, por parte de la ONU o de la UE de la independencia de una provincia perteneciente a un estado soberano constituye un precedente con consecuencias difíciles de prever, y se menciona al País Vasco, Cataluña, Córcega, Bretaña, Escocia y tutti quanti en Europa occidental. Pero esto es un fantasma más que una realidad; y para muestra, la crisis belga, que no ha esperado al "modelo kosovar" para desencadenarse. En cambio, no se habla para nada de las consecuencias más posibles y cercanas de lo que ocurra con Kosovo sobre los denominados "estados o territorios pre-estatales microperiféricos" tales como: Abjasia, Nagorno-Karabaj, República Turca del Norte de Chipre, Republika Srpska, oeste albanés de Macedonia, República del Transdniéster, Kurdistán iraquí, Sur del Líbano (¿por qué no?) o Gaza (de nuevo: ¿por qué no?).



¿Combatientes del UÇK, 1999? No: unidad de fuerzas especiales de la milicia de Hezbollah, sur del Líbano, 2006 Una estética parecida, una causa similar: forzar la creación de un pequeño estado propio con ayuda exterior


En realidad, Kosovo supone precedentes potencialmente más extravagantes todavía. Por ejemplo, la institucionalización del triunfo de la vía armada para que la UE reconozca soberanías, algo que ya ocurrió de hecho en 1991, con Eslovenia o Croacia, y que explica las simpatías o posturas complacientes que despiertan en algunos países europeos las opciones nacionalistas radicales y secesionistas presentes en el territorio de otros socios (y mejor no seguir con este escandaloso asunto). Y ya puestos, permítanme otro recuerdo: el de una señora mallorquina que acudió a una conferencia sobre el conflicto de Kosovo, celebrada en al Ateneu Barcelonés en aquel mismo año de 1999, y que dijo entender el problema desde la óptica de su isla, en relación a la creciente población alemana que había comprado ya un 14% del suelo de Mallorca. “De fuera vendrán, y de casa te sacarán”- apostilló lapidariamente. Quizás era una postura exagerada, desde luego. Pero aún así y a veinte años vista, quizá menos: ¿Surgirán en la Europa del futuro repúblicas basadas en núcleos compactos de población inmigrante?¿Serán definidos esos núcleos poblacionales como “minorías” algún día? El tiempo y el precedente kosovar lo dirán.

Pero de momento sigue en pie la pregunta: ¿Por qué una intervención militar destinada (supuestamente) a evitar una guerra interétnica en el interior de un estado soberano concluye en la independencia de la región afectada? Se supone que una vez conjurada la guerra y pacificado el territorio, liquidado el régimen de Milosevic en Belgrado y sustituido por otro netamente democrático, se hubiera podido lograr un proceso de reconciliación que garantizara la convivencia pacífica, la administración eficaz y la prosperidad material de la zona. Algo parecido al triunfo del federalismo, como ocurrió en Bosnia. En cambio, persistió el rancio estado nación, la economía de Kosovo sigue paralizada después de ocho años de administración internacional y para postres se le va a conceder la indepedencia como única "solución" a la desastrosa evolución del problema; la ONU va a violentar sus propias resoluciones y clavar un calvo más en su propio ataúd; la UE va a pagar los platos rotos de los demás y en virtud de la implicación de Rusia y los Estados Unidos en el asunto, el problema de un territorio no mayor que Asturias está cobrando un desproporcionado estatus de símbolo y precedente universal, aplicable en teoría a otras regiones del mundo más extensas, complejas e importantes. En definitiva: ¿Dónde reside la grotesca "magia" del problema kosovar?




(Continuará)

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,

sábado, octubre 21, 2006

El contencioso armenio-turco (4): Nagorno-Karabaj


Francotiradores del Ejército de la autoproclamada República de Nagorjo-Karabaj. Ésta y las demás fotografías del post son de Yves Debay e ilustran su reportaje: "Nagorno-Karabagh. Powder Keg in the Caucasus", en: "Special Ops", vol. 37, 2006. En todos los casos se trata de unidades y material militar de las mencionadas fuerzas armadas


Una de las claves del ascedente ruso sobre Armenia, es la autoproclamada república de Nagorno-Karabaj. Escueto territorio de 4.400 kms cuadradados (una extensión algo inferior a la correspondiente a la provincia española de Pontevedra ) y menos de 200.000 habitantes, es una de las piedras de toque más conflictivas del ya de por sí problemático Cáucaso. La versión armenia sobre los orígenes de la disputa -la que más circulación y credibilidad tiene en los medios de comunicación occidentales- cuenta que en 1923, Moscú desgajó el territorio de la República soviética de Armenia cediendo el territorio autónomo de Nagorno-Karabaj (NKAO) a la República soviética de Azerbayán. La responsabilidad de la decisión habría sido de los comisarios soviéticos de nacionalidades, Gueorgui Chicherin y Josef Stalin, y los emisarios especiales Sergo Ordjonikidzé y Serguei Kirov. Por entonces, los soviéticos apostaban todavía por la baza turca para llevar la revolución a los antiguos territorios del Imperio otomano. Comenzando por la misma Turquía: no olvidemos el apoyo bolchevique a la decisiva victoria de Mustafa Kemal en la guerra contra los griegos, franceses, italianos y británicos que se habían repartido el territorio de Anatolia. Es sintomático que en septiembre 1920 se celebrara en Baku el Congreso de los Pueblos de Oriente, poco después del Segundo Congreso de la Internacional Comunista. La perspectiva histórica nos muestra que Moscú se llevaba un juego muy perverso con la totalidad del Caúcaso y sobre todo con Armenia, que en buena medida puede ser calificada como el "Israel de Rusia" en la zona.

Durante los años veinte y treinta, Stalin mantendrá contactos reservados con los dachnak en elexilio. La Dachnaksutiun o Federación Revolucionaria Armenia (FRA) había sido fundada en 1890 y constituía el movimiento nacionalista armenio más violento y radical. Por ello sorprende que el antiguo ministro de Defensa de la efímera República Armenia, el general dachnak Dro (alias de
Drastamat Kanayan), fuera recibido en el Kremlin durante la guerra civil rusa y terminara liderando batallones dachanko-bolcheviques que aplastaron la revuelta de los turcos basmachis en Asia Central. Posterioremente, Dro dejó Moscú sin problemas y regresó al exilio europeo. Durante la Segunda Guerra Mundial, los dachnaks, escindidos entre sí, jugaron una doble apuesta: algunos dirigentes colaborarán con los Aliados; pero el general Dro y otros líderes, ayudarán a los nazis a formar una unidad de voluntarios armenios en la Wermacht: el batallón 812. Mientras tanto, los hijos de la Armenia soviética se integraron en la división Taman, que encuadrada en el Ejército Rojo incluso llegó hasta Berlín en 1945. También en los años veinte, los hentchaks o militantes socialdemócratas armenios, colaboraron con la causa bolchevique ayudando a crear células del partido en Siria, por entonces bajo mandato francés. De otra parte, Moscú instó y facilitó el retorno de exiliados armenios a la república soviética, para ayudar a repoblarla.

Curiosa pero significativamente, Stalin favoreció a Armenia tras la Segunda Guerra Mundial. Los chechenos resultaron deportados en masa por connnivencia con el enemigo, pero los armenios fueron premiados con nuevos esfuerzos para reintegrar al exilio en la madre patria, y eso a partir de 1947. Según Gaïdz Minassinan en su libro ya citado sobre la geoestrategia de Armenia, el dictador soviético deseaba castigar a Turquía por su neutralidad durante la Segunda Guerra Mundial, y apoyó las aspiraciones más radicales del nacionalismo armenio: la asimilación de los antiguos "territorios armenios" en Turquía. Tanto es así que a tal efecto se creó en Paris el Comité de Defensa de Armenia, participado por comunistas y dachnaks. Stalin incluso recibió las felicitaciones del insumergible general Dro.

Kruschev continuó algunos de los pasos dados por Stalin y favoreció el resurgimiento del nacionalismo armenio. Aparentemente, la Guerra Fría colocará a cada uno en su sitio durante los años venideros; y desde el exilio, los dachnaks se alinearán con Occidente. Pero seguirán manteniendo contactos secretos con Moscú, y desde aquí se continuará con la política de favorecer el regreso de los exiliados a la República soviética de Armenia. En definitiva, los soviéticos siempre se mostraron muy permisivos con el nacionalismo armenio, hasta el punto de mantener contactos discretos con los nacionalistas del exilio, a sabiendas de que eso incomodaba a las autoridades soviéticas de Erevan. En los años sesenta permitieron la creación, en esa capital armenia, del Partido Nacional Unificado, hecho insólito en la URSS. Y en 1962 hicieron la vista gorda ante la petición de 2.500 armenios de Nagorno-Karabaj para la unificación de la región autónoma a la República Socialista Soviética de Armenia. Tres años más tarde, se conmemoró, con asistencia de personalidades dachnaks, el 50º aniversario de los sucesos de 1915. En 1975, tuvo lugar una nueva manifestación masiva en Erevan, con asistencia de un millón de personas. Lo que incluyó un reportaje del diario "Pravda" sobre el genocidio armenio. Si se considera que ya en 1970 el primer secretario del PC armenio viajó a Moscú para pedir la devolución de Nagorno-Karabaj, se comprenderá que las piezas de la tragedia se habían ido acumulando con mucha antelación.


Un carro de combate pesado T-72 de la Brigada Blindada de Nagorno-Karabaj. Un monstruo de este calibre aún conserva mucho poder en los modernos campos de batalla. Obsérvese la bandera de la autoproclamada república, casi idéntica a la de Armenia, en el lado derecho de la torreta.

El conflicto de Nagorno-Karabaj comenzó en 1988, prefigurando la dinámica de las guerras yugoslavas muy pocos años después, como lo había hecho el conflicto chipriota en 1973. También se adelantó en dos años al comienzos de la guera en Chechenia. En conjunto se puede decir que el estallido de la crisis estuvo directamente relacionado con la liberalización política que llevó a la Unión Soviética el proceso de la perestroika. Ya en 1987, el “lobby armenio” en el PCUS de Moscú poseía un personaje de gran influencia: Abel Aganbeguian, consejero personal del secretario general, Mijail Gorbachev. Quizá por influencia de este personaje y desde luego en la estela de la política de glasnost, se permitió a los armenios de Nagorno Karabaj formular su deseo de integrarse en la República soviética de Armenia. El 20 de febrero de 1988, el consejo regional del NKAO hizo públicos los resultados de un referéndum según el cual la mayoría de la población armenia del territorio respaldaba esa propuesta: unas 80.000 personas de un total de 123.000 armenios y 37.000 azeríes (se suele utilizar el censo de 1979: 162.000 habitantes en total).

A partir de ahí, la catástrofe. Se produjeron enfrentamientos violentos entre armenios y azeríes en Nagorno-Karabaj (2 muertos azeríes) que fueron seguidos por un pogrom de población armenia en la ciudad azerí de Sumgaıt (26 armenios muertos). El Ejército soviético intervino en Azerbayán y Armenia para evitar un baño de sangre interétnico, con discutibles resultados. Pero ya era tarde: en verano las autoridades de la República de Armenia mostraban abiertamente su respaldo a las demandas secesionistas de Nagorno-Karabaj, los diputados de la NKAO votaron públicamente por la secesión, se organizaron agresivas manifestaciones nacionalistas en las dos repúblicas implicadas y ya en noviembre y en el corto espacio de dos semanas se sucedieron las limpiezas étnicas y los intercambios de poblaciones: 200.000 armenios escaparon de Azerbayán contra 165.000 que lo hicieron desde Armenia y Nagorno-Karabaj. Hubo también miles de desaparecidos. Desde Moscú, Gorbachev intentaba atajar el desastre repartiendo palos y zanahorias a ambas partes, consciente de que se jugaba ante Occidente su imagen y la de la perestroika. Precisamente por ello, y sabiendo de la debilidad occidental por la causa armenia, terminó favoreciéndola. Así, organizó la gestión directa del enclave, desde Moscú, nombrando a Arkadi Volski como director del Comité de Administración Especial, que a la postre favorecvió los vínculos entre Nagorno-Karabaj y Armenia. Así la secesión se consumó, de facto, con la bendición de Moscú.


Sistema de misiles antiaéreos SA-3 GOA, de origen ruso.



La medida favoreció el drástico crecimiento del nacionalismo azerí, del cual surgió el Frente Nacional de Azerbayán y enfrentamientos directos con tropas del Ejército soviético, a lo largo de 1990. Por fin, tras el fracasado golpe de estado en Moscú, de agosto de 1991, Baku proclamó la independencia de la república, a lo que siguió la creación de la República de Nagorno-Karabaj, el 2 de septiembre, y la independencia de la misma, decidida por el Soviet Supremo local, el 10 de diciembre. Todo ello desembocó en la guerra abierta entre dos ejércitos más bien famélicos, desorganizados e infradotados: el azerí y el armenio de Nagorno-Karabaj, apoyado desde Armenia con voluntarios y material, con abundantes bajas entre la población civil.

El conflicto se prolongó hasta mayo de 1994, olvidado por los medios de comunicación occidentales, embebidos por las guerras de Croacia y Bosnia. El resultado fue que los armenios se hicieron con el control de Nagorno Karabaj y expulsaron a la población del territorio. Y al final la guerra se detuvo por un alto el fuego al que nunca siguió (al menos hasta hoy en día) un acuerdo de paz formal, a pesar de los esfuerzos de la OSCE y el denominado grupo de Minsk en el que estaban presentes Rusia y Francia.

En este mismo año, la revista “Special Ops” (publicación para los forofos de las fuerzas de élite mundiales) publicó en su número 37 un reportaje sobre el Ejército de la República de Nagorno-Karabaj, firmado por Yves Debay, un periodista especializado en este tipo de temas. En tono abiertamente admirativo, el especial ofrecía un espectacular despliegue gráfico, algunas de cuyas fotografías ilustran este post. Conociendo la entidad territorial y poblacional de la minúscula república, resultaba un chocante ejercicio propagandístico, sólo apto para los más rendidos sectores del público occidental. El exiguo territorio convertido en exultante república, “mantiene” 20.000 soldados a los que se suman 60.000 reservistas, 316 carros de combate y 324 TOA´s, 322 piezas de artillería pesada, 44 lanzacohetes y modernos sistemas de defensa antiaérea. Oficialmente, se trata de las fuerzas de la República de Nagorno-Karabaj, pero es un secreto a voces que son contingentes militares de la República de Armenia con armamento y equipo suministrados por Rusia y quizá también, Grecia. Como el gobierno de la RNK no reconoce el Tratado de Fuerzas Convencionales en Europa, en su territorio se pueden almacenar todo tipo de sistemas de armas, a pesar de que Erevan haya firmado, por ejemplo, la Convención de Armas Químicas en 1993.



Batería de obuses de campaña de 152 mms. La clásica artillería de la tradicional doctrina militar soviética y rusa.


El mantenimiento en pie de guerra de la RNK supone un esfuerzo más que considerable para un estado tan pequeño como Armenia, que oficialmente declara disponer de 107 carros de combate y 204 TOA´s y vehículos blindados de todo tipo, 225 piezas de artillería pesada y 50 lanzacohetes. Eso para defender un territorio de sólo 29.800 km² y poblado por 3.000.000 de habitantes. Pero existe un problema de base política de ámbito internacional. Cuando los serbios de Croacia proclamaron la República de Krajina en 1991, los medios de comunicación occidentales insistían puntillosamente y con marcado retintín en adjetivarla como la “autoproclamada” República Serbia de Krajina. Por otra parte, esos mismos medios nos recuerdan, siempre que pueden, que la República Turca del Norte de Chipre sólo está reconocida por Turquía y ningún estado más. Pues bien, la República de Nagorno-Karabaj es también “autoproclamada” y sólo la reconoce Armenia. Todo un poema al doble rasero de los medios de comunicación (y en parte diplomáticos) de Occidente.

Mapa del territorio y bandera de la autoproclamada república de Nagorno-Karabaj. La enseña es exactamente igual a la armenia, con excepción del galón blanco escalonado.

Por lo tanto, el status militar de la RNK y la base rusa en Armenia contribuyen a complicar lo que se podría denominar “problema de los enclaves armados” en la periferia anatolia, junto la presencia militar turca en la RTNC y las bases griegas y contingente militar griego en Chipre (ELDYK) o islas del Egeo. Los unos encuentran en los otros las excusas y agravios comparativos necesarios para no desmantelar sus infraestructuras militares semiclandestinas o paralelas. Pero además, Nagorno-Karabaj es una de las claves principales que permite a Moscú mantener a la República de Armenia sujeta y bien sujeta a su poder.

Etiquetas: , , , , , , , , , , ,