domingo, octubre 25, 2009

¿Una crisis de 1962 resuelta a la inversa?


















Batería de S-400 en estado de revista. Aparte de la eficiacia de los proyectiles en sí, los sistemas de radar y guiado descollan por su precisión

Aunque resulta cada vez más evidente que la calidad de "El País" deriva en proporción inversa a las subidas de precios del periódico, todavía se pueden leer buenos reportajes, como los de Ángeles Espinosa sobre la crisis en Asia Central; u opiniones razonables sobre los conflictos en esa zona, como las de Miguel Ángel Aguilar o Lluís Bassets; a ello se añaden las magistrales opiniones de "El Roto" hechas caricatura.

Otra cosa son las ocasionales piezas de Carlos Mendo, que parecen obedecer a esa extraña filosofía del periódico madrileño según la cual siempre ha de estar presente en sus páginas la pluma de algún reaccionario. Sin embargo, el problema de Mendo no es que el lector habitual sospeche que su presencia sería más adecuada en un periódico francamente de derechas; al fin y al cabo, sin llegar a los extremos de Hermann Tertsch en su incomprensible larga carrera en "El País", no está mal que podamos leer las opiniones de lo que a veces parece un partidario tardío de McCain. La cosa es que el veterano periodista y ex responsable de Internacional del rotativo de PRISA, parece suponer que los lectores somos un poco tontos.

Por ejemplo: es de esos que cada cierto tiempo opinan que "Occidente se juega mucho" aquí y allá. Hace unos pocos años, Occidente se jugaba mucho en Kosovo. Ahora la pasa lo mismo en Afganistán, lo cual induce a sospechar que Mendo es de los que confunden Occidente con la OTAN y los jaleos en los que se mete esa organización en los últimos años, para dejar fuera de juego a la ONU. En realidad, el hecho de que Mendo fuera en su día
un firme partidario de la intervención en Irak, alcara bastante sobre algunas de sus opiniones actuales.

Veamos los argumentos que utiliza. El 18 de septiembre de este mismo año escribía que la retirada de Afganistán
no es una opción:

"Las opiniones públicas suelen tener la memoria flaca cuando se trata de apoyar conflictos letales en países lejanos, que causan bajas propias, sobre todo cuando sus Gobiernos no explican con la suficiente claridad las razones de esos conflictos. Pero, los atentados de Kenia y Tanzania, Nueva York, Madrid, Londres y Bali, por citar sólo los más atroces, deberían constituir en sí mismos un recordatorio trágico del peligro que correrían nuestras ciudades si Al Qaeda volviera a contar con una base de operaciones permanente en Afganistán al amparo de un nuevo Gobierno talibán"





















Caricatura de El Roto publicada en "El País", 22 de septiembre, 2009

Carlos Mendo se refiere a las "memorias flacas" de aquellos que propugnan cualquier cosa que se aprezca a una retirada de Afganistán, pero el que anda mal de memoria es él, precisamente. Porque los atentados de Madrid, Londes y Bali tuvieron lugar cuando Afganistán ya había sido invadido, el gobierno talibán destruido y el estado mayor de Al Qaeda expulsado del remoto país centro asiático. Vuelvo a preguntarlo de manera más específica: ¿Evitó la presencia internacional (y española) en Afganistán, desde hacía ya casi tres años, el atentado del 11-M en Madrid, 2004?¿La respuesta a esa pregunta es todavbía más contundente en el caso de los aentados de Londres en 2005, teniendo en cuenta que Gran Bretaña ers y es un páis militarmente muy comprometido en Afganistán.

Ya ha pasado el tiempo de argumentos tan manidos, tautologías y mantras. Vayamos a asuntos más actuales.

Hace pocos días, Carlos Mendo volvía a la carga con
otro párrafo memorable: "[Obama] Ha humillado a Europa del Este con la retirada con nocturnidad del escudo antimisiles en la República Checa y Polonia para que su secretaria de Estado, Hillary Clinton, escuchase el martes de su colega ruso, Sergei Lavrov, que las sanciones a Irán serían "contraproducentes".

En una sola, aunque larga frase, encontramos bien retratada la contradicción básica de todo ese asunto: Polonia y Chequia están muy enfadas porque Obama les ha retirado un escudo antimisiles que debía defenderles de un ataque procedente desde Irán. ¿Pero hay alguien que se crea esta bobada? Si Varsovia y Praga están encabronadas es porque sabían que el dichoso escudo iba dirigido contra los rusos; ergo, estos tenían razón en sentirse molestos. Y por si faltara algo, para Mendo los rusos tienen la clave de la tensión con Irán. O sea que muerto el perro, se acabó la rabia. Si pudiéramos doblegar a Rusia, se terminaría el problema de los iraníes.

Pues bien: vamos a darle la vuelta al tema. incoporamos a Turquía, reecuperamos una reciente historia de venta de misiles rusos, comparamos tablas cronológicas, y sale el análisis posteado acontinuación, publicado el día 6 de este mismo mes en "El Periódico".


"El Periódico", 6/10/2009

JUGADA DIPLOMÁTICA DE GRAN CALADO EN EL CÁUCASO Y ASIA CENTRAL



¿Una entente entre Rusia y Turquía?
• El abandono por Obama del escudo antimisiles podría ser una reedición de la crisis de Cuba de 1962 a la inversa



FRANCISCO Veiga*
Desde los años centrales del siglo XIX se desarrolló en Asia Central el denominado Gran Juego entre rusos y británicos, cuando sus mutuos impulsos imperialistas chocaron en torno a Afganistán. Menos de dos siglos más tarde, Afganistán y Asia Central siguen trayendo de cabeza a rusos y occidentales.

De nuevo, la lucha es muy enconada en la zona y se ha complicado por la concurrencia de protagonistas que a lo largo del siglo XIX no tenía la fuerza de nuestros días: potencias islamistas, como Irán o Arabia Saudí; potencias nucleares, como Pakistán o India; grandes superpotencias, como China.

En cualquier caso, no todo es guerra, también se producen audaces jugadas diplomáticas en toda esa zona, desde Turquía a los confines de Asia Central, pasando por el Cáucaso. Precisamente, estos días hemos asistido a una, y de gran calado, sin que la prensa occidental haya reaccionado ante lo sucedido.

El capítulo visible de la historia ha sido la reciente decisión del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de renunciar al escudo antimisiles a instalar en Polonia y la República Checa. Ese proyecto había sido impulsado por el presidente George Bush con la idea de proteger a Europa y los propios Estados Unidos de un presunto ataque balístico de los países del eje del mal, esto es, Irán y Corea del Norte. La idea recordaba mucho a la guerra de las galaxias impulsada en los años 80 por el también republicano presidente Ronald Reagan. Aquello había sido un bluff, hoy admitido por los historiadores. Y el escudo antimisiles de Europa oriental volvía a tener mucho de eso, dado que hubiera requerido enormes inversiones para poner a punto un dispositivo susceptible de ser burlado con relativa facilidad por el enemigo. De otra parte, el entusiasmo de los polacos y checos por el proyecto dejaba muy en evidencia que, de hecho, estaba más enfocado hacia Rusia que contra unos coreanos e iranís que a Varsovia o Praga dejaban indiferentes. Dicho de otra manera: el escudo antimisiles estaba más pensado para tensar las relaciones con Rusia y enfrentar a esa potencia con Europa, en una suerte de nueva guerra fría impulsada por la presidencia de Bush, que para un objetivo militar concreto y real.

Ahora, Obama ofrece un sistema alternativo de defensa ante la supuesta amenaza iraní basado en el una nueva generación de misiles antimisiles (ABM) a desplegar en el mar y en países cercanos a Irán. Entre ellos está Turquía.

Precisamente ahora, el Gobierno turco acaba de convocar una licitación para renovar su sistema de defensa antiaérea que los norteamericanos esperan ganar, de una vez por todas, con sus misiles Patriot de última generación.

Lo que no se cuenta es que ese concurso ya se planteó hace un par de años por estas fechas, en plena ofensiva diplomática de Bush, cuando arrancaba el proyecto del escudo de misiles en Europa oriental. Por entones, los rusos desbancaron a los competidores norteamericanos al ofrecer lo mejor de su arsenal: los misiles antiaéreos S-400 Tryumph, considerados por entonces los más eficaces del mundo.

La iniciativa tomó por sorpresa a los observadores occidentales y la misma plana mayor del Ejército turco acabó muy dividida ante la jugosa oferta rusa. Washington protestó recordando que, al ser Turquía un miembro de la OTAN, no debería utilizar sistemas de armas estratégicas rusas (olvidando el caso de Grecia, por cierto).

La maniobra rusa ante Turquía hablaba muy a las claras. Si los norteamericanos colocaban sistemas defensivos ante sus puertas, en países exaliados, ellos podrían hacer lo mismo con Turquía, país que hubiera sido la opción más lógica para detener una arremetida iraní.

Podemos imaginar las presiones que Washington ejerció por entonces sobre Turquía. Pero también parece evidente que ese país sacó beneficios de su actitud.

Posiblemente, la presencia de Obama en Estambul el pasado mes de abril, abogando por la candidatura turca a la UE, tuvo que ver con el deseo de conjurar las tentaciones rusas. Estas, mientras tanto, se habían materializado, de nuevo, en la venta de helicópteros de ataque MI-28 para combatir al PKK en Irak, en detrimento de los Cobra norteamericanos, cuya venta retrasaba Washington so pretexto de problemas legales debidos al traspaso de tecnología punta a los turcos.

En conjunto, en el periodo de pocos meses hemos asistido a un nuevo capítulo de lo que parece una entente ruso-turca, sobre la cual apenas informa la prensa occidental.

Ese acercamiento está provocando unas ondas subterráneas de gran alcance, que además traen recuerdos del pasado. En 1962, durante la crisis entre la Unión Soviética y Estados Unidos, Nikita Jruschov renunció a suspender el envío de misiles nucleares a Cuba a cambio de que los norteamericanos retiraran los suyos estacionados en Turquía. Si la oferta de los S-400 a Turquía influyó en la decisión de Obama con respecto al escudo antimisiles en la Europa oriental, ¿hemos vivido una reedición de ese acontecimiento, sólo que a la inversa?

*Profesor de Historia Contemporánea (UAB) y autor de El desequilibrio como orden (2009)

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jueves, octubre 15, 2009

La reconciliación turco-armenia (y 3): El gran círculo caucasiano





















El jefe de Exteriores armenio Nalbandian (izquierda) y el turco Davutoglu, tras la frma del histórico acuerdo. Foto: EFE / CHRISTIAN HARTMANN



El domingo pasado, la sección de Internacional de "El Periódico" me encargó la elaboración de una pieza sobre el histórico acuerdo armeno-turco, que se publicó el martes siguiente y figura más abajo, reproducido en este mismo post. En él, el lector habitual de este blog encontrará ideas ya expresadas anteriormente, relacionadas con la necesidad de buscar interpretaciones globales sobre lo acaecido en un contexto tan geográficamente reducido e interconectado entre sí como es el Cáucaso meridional: tres pequeños países flanqueados por dos potencias.

La novedad se encuentra al final del artículo, con la inclusión del problema kurdo en el puzzle. En efecto, si hemos de considerar que la evolución política de Georgia, Armenia y Azerbaiyán debe analizarse conjuntamente, también ha de incluirse ahí la cuestión kurda, al menos en lo referido a la parte que corresponde al Estado turco. Parece evidente que la "descongelación" política de toda esa zona, del "gran círculo caucasiano", generará una fluidez en los conflictos presentes, hasta ahora silenciados o considerados latentes. Uno de ellos es el existente entre kurdos y armenios, instrumentalizado hasta convertirlo en alianza táctica anti-turca durante la Guerra Fría. Sin embargo, esa situación no tiene por qué seguir así, y el tratamiento de esa cuestión desde Occidetne exigirá menos posicionamientos pasionales y más disposición racional a que todas las partes salgan beneficiadas de las soluciones o acuerdos que se pacten.

Por último, la pieza publicada recupera la línea de interpretación, avanzada hace algo más de un año, a raíz de la guerra ruso-georgiana, y publicada en "El País".



13/10/2009 ANÁLISIS DEL ACUERDO ENTRE TURCOS Y ARMENIOS

El gran círculo caucasiano



• La acción conjunta de Rusia y Turquía en relación al Cáucaso parece estar detrás del deshielo con Armenia
• La Unión Europea no ha sido la fuerza catalizadora del proceso

La normalización de relaciones entre las repúblicas de Armenia y Turquía ha sido saludada desde diversos medios enfatizando las dificultades de última hora, que eran las de esperar. La diáspora armenia ve cómo se le dobla esa palanca de poder que podía utilizar en los países de acogida: el recuerdo del genocidio de 1915. Pero el Gobierno de Erevan también sabe que no puede desairar así como así a una diáspora que cuenta con más miembros que ciudadanos tiene la República, y una fuerza económica y política nada desdeñable.

En cuanto a Turquía, la derecha y ultraderecha nacionalistas se echan las manos a la cabeza ante la «traición» del Gobierno islamista. Harían cualquier cosa para hundir a Erdogan, y es de esperar que intenten sabotear la solución al nudo gordiano chipriota, el último gran problema internacional que le queda a Ankara para cumplir con las condiciones de Bruselas. Sin embargo, el Gobierno islamista moderado no ha parado de afianzarse, batiendo a la oposición en su propio terreno. Y cumpliendo de paso con las condiciones impuestas por la UE en política exterior: una de ellas, la regularización de las relaciones con Armenia y la apertura de la frontera.
Pero lo importante aquí es la visión de conjunto. Hace solo dos años, por estas mismas fechas, en Europa se consideraba utópica la reanudación de las relaciones turco-armenias. Hoy no solo se han restablecido, sino que parece que de paso se está cerca de resolver el contencioso del Alto Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán, un asunto aún más espinoso, que parte de una guerra entre ambos países entre 1991 y 1994.

Ahí ha sucedido algo: demasiados cambios en muy poco tiempo. Por el camino, un rosario de contactos secretos entre turcos, armenios y azerís y una extraña guerra, la de Georgia contra Rusia, cuyas causas no están ni mucho menos claras.
¿Dónde ha estado el hilo conductor de esta historia? A pesar de la solemne presencia de Solana en el acto de apretón de manos final entre los ministros de Exteriores Davutoglu y Nalbandian, la Unión Europea no ha sido la fuerza catalizadora del proceso. Ni siquiera a través de la Asociación Oriental, puesta en marcha el pasado mes de mayo en Praga e impulsada por Angela Merkel. Eso está en sus comienzos, y en el Cáucaso todo va mucho más rápido.

La respuesta parece estar en la acción conjunta de Turquía y Rusia, que de una manera u otra se han puesto de acuerdo en relación al Cáucaso, área de influencia común. Punto central ha sido la ruptura del aislamiento de Armenia, hasta ahora satélite ruso. A su vez, y gracias a las presiones de Moscú, Erevan cederá en Nagorno-Karabaj, con lo cual Azerbaiyán mantendrá un trato más relajado con Rusia. Todo ello ha sido posible a partir de que Georgia, vencida en la guerra del 2008, ha quedado estratégicamente fuera de juego. Deberemos esperar novedades en toda la zona. Armenia entrará en el recorrido de los gasoductos y oleoductos, y también de ejes de comunicación. Con ello se evitará un camino más largo y complicado por Georgia. Así, el negocio de los hidrocarburos y su transporte quedará más concentrado en manos de rusos, azerís y turcos, con la posible incorporación de iranís.

Reordenamiento general

En todo ese juego, Turquía se está erigiendo como árbitro frente a las pretensiones europeas en la zona. Y así gana bazas en su camino hacia la UE. Pero hay algo que queda por ajustar en el puzle: la cuestión kurda. La solución, a gusto de Ankara, está en camino: la normalización de relaciones con Armenia posiblemente llevará a las pertinentes reclamaciones de propiedades de los expulsados en 1915 de Anatolia oriental. Hoy, todo eso pertenece a la población local, mayoritariamente kurda. De ahí que la solución del problema que busca Erdogan pase por la defensa del status quo a cambio de una renovada fidelidad política kurda. A no dudar, en el Cáucaso sur se está operando un verdadero reordenamiento general, y todos buscan matar sus respectivos pájaros de un solo tiro.

Profesor de Historia Contemporánea (UAB) y autor de El desequilibrio como orden (2009).

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sábado, octubre 10, 2009

La reconciliación turco-armenia (2): Bruselas tiene un problema




















En Los Ángeles, una furgoneta de la comunidad armenia denuncia el acuerdo turco-armenio sobre los rostros de los presidentes de ambos países



El miércoles de esta misma semana concluyeron las jornadas a puerta cerrada, en el CIDOB, tituladas: “A European South Caucasus? EU soft power and challenges to democracy, peace and development in the South Caucasus”. La organización corrió a cargo de la mencionada fundación junto con la Friedrich Ebert Stiftung y la European Stability Initiative (ESI). En la convocatoria se nos indicaba que deberíamos atenernos a las reglas de Chatham House, lo cual tiene un punto pretencioso: ¿por qué no se elaboran unas reglas CIDOB más adecuadas al formato y entidad de las jornadas como las organizadas? En cualquier caso, me ceñiré en la medida de lo posible a las condiciones, como si estuviéramos en Reino Unido, aunque no sea así: pueden encontrar el programa del evento en la página de la fundación.

La plantilla de invitados resultó muy correcta, lo cual suele ser habitual en las jornadas de CIDOB-ESI. Por lo demás, se notó una vez más la veteranía de la fundación barcelonesa, asociada al punto germánico que aporta ESI. La asistencia de invitados quedó bastante recortada con respecto a lo prometido en el programa, aunque es seguro que los organizadores no fueron responsables de ese fallo. En cambio, sí que se notó la ausencia de representación rusa, que corrió a cargo de un único ponente. La presencia turca fue igualmente anémica –algo menos comprensible. Y, desde luego, no se invitó a ningún iraní; y lo cierto es que Teherán siempre ha tenido mucho que decir en el Cáucaso. Personalmente, hubiera añadido algún invitado kurdo; y, aunque más difícil de conseguir, alguien que representara al Cáucaso Norte.

Segunda carencia, y ésta de mayor calado: faltó una visión de conjunto. En su lugar, se cayó en aquella práctica que resultaba habitual durante las crisis balcánicas: la parcelación. Los georgianos explicaron su guerra; los armenios de la república, su reconciliación con los turcos; los azeríes, y otra vez los armenios, la negociación sobre Nagorno-Karabaj. Previamente, tres intervenciones dedicadas a los actores mayores: una por Rusia, otra por Turquía, y la tercera por la UE. Y ni media palabra dedicada a los padres de la criatura: gaseoductos y oleoductos.

Por lo tanto, el Cáucaso apareció ante los asistentes como un rompecabezas tan artificialmente fragmentado como es habitual, con la pertinente explicación de base étnica, las declaraciones oficiales no demasiado retocadas, y mucho circunloquio. No se llegó a aquellos seminarios maratónicos de antaño, a base de jeremiadas balcánicas, con la obligada catarsis del público; pero la conclusión final de las jornadas quedó a cargo de los asistentes. Y la verdad es que vistas las cosas con una mínima perspectiva temporal, pedían una explicación a gritos.

Vean si no: hace dos años justos, la situación en el Cáucaso meridional parecía totalmente congelada. En Occidente no despertaba la menor atención. Ankara ya estaba manteniendo contactos bajo cuerda con unos y con otros, y especialmente con Yerevan, pero muy poco se sabía de eso. Los tejemenejes bajo cuerda salieron a la luz en febrero de 2008, así como la muy clara la disposición del nuevo presidente armenio a a
establecer relaciones con la vecina Turquía 'sin condiciones previas'. En agosto, la guerra ruso-georgiana. En octubre, los presidentes Gül y Sarkisian se reunían en la capital armenia con motivo del partido que enfrentó a sus selecciones nacionales para el Mundial de Fútbol 2010. Y desde entonces, las cosas avanzaron a gran velocidad. A día de hoy, todo va sobre ruedas: la apertura de la frontera turco-armenia es inminente, el conflicto de Nagorno-Karabaj entre armenios y azeríes (hasta hace poco aun asunto intocable para aquellos) parece en vías de solución; y hasta el el debate sobre el genocidio armenio ha periodo dramatismo en Turquía. Buen rollito por doquier, donde antes sólo imperaba el desencuentro; y todo ello en un tiempo récord.

¿Todos estos acontecimientos no tienen un hilo conductor, no están relacionados entre sí? Cuesta mucho de creer. Piense el lector que hablamos de conflictos de esos que políticos, periodistas e historiadores nos pintan como aparente y eternamente irresolubles, tan “característicos” de zonas como los Balcanes y el Cáucaso. Pues caramba con los conflictos eternos. ¿Quién descolgó el teléfono y marcó el número?¿Quien se puso al otro lado de la línea?¿Cuánto costó ésto y lo otro?

Mientras tanto, no hay manera de que nuestra prensa le dedique una línea a la pinza ruso-turca. Moscú y Ankara están repartiéndose el Cáucaso meridional en áreas de influencia, eso ya es muy evidente a estas alturas. Sin tal acuerdo, nunca se hubiera podido solucionar el contencioso armenio-azerí, que en su día costó tanta sangre. ¿Y qué decir de la guerra entre rusos y georgianos, que todo el mundo se veía venir, a excepción de la nube de asesores occidentales que le bailaban el agua al presidente Mijeil Saakhasvili? (por cierto: en “El País” siguen llamándole “Mijail”, a la rusa).

Seguramente, Washington anda detrás de Ankara, pero no así Bruselas. De hecho, en las jornadas del CIDOB-ESI llegaron claramente los ecos del despiste comunitario. La pregunta retórica de la convocatoria habla por sí misma. De momento, la única baza política de la UE, al menos en relación a su consistencia, es la denominada Asociación Oriental (en el programa del CIDOB le denominan “Partenariado”, pero ese término no figura en el DRAE). El proyecto se puso en marcha durante el pasado mes de mayo, en la cumbre de Praga, y estaba destinado a estrechar lazos entre la Unión Europea y una serie de repúblicas ex soviéticas: las muy cercanas Bielorrusia, Ucrania y Moldavia, junto con las tres del Cáucaso meridional: Georgia, Armenia y Azerbaiyán. Ángela Merkel puso especial empeño en la iniciativa, ante el desinterés de Sarkozy, Berlusconi y Zapatero, centrados en llevar a cabo un proyecto similar, más difuso, en el Mediterráneo. Pero la Asociación Oriental dejaba entender que ahí existía una cierta promesa implícita de integración, aunque fuera a largo plazo. Lo ideal sería que el proyecto restara protagonismo a las tendencias expansionistas de la OTAN en esa zona, lo que debería contribuir a unas relaciones más estables entre Rusia y la UE.

Sin embargo, la situación en la zona evoluciona con rapidez y el "soft power" de la UE poco tendría que hacer frente a una Turquía y una Rusia hostiles a cualquier promesa de integración al Cáucaso. O sea, que si seguimos así, pronto habrá que pedir permiso a Turquía y Rusia para seguir adelante con la Asociación Oriental. Mal asunto, por tanto, para los proyectos de tendido de ductos desde Asia Central.

Pero hay de por medio una última cuestión que tampoco salió a relucir durante las jornadas CIDOB-ESI. Cuando hablamos de política exterior europea se deben entender dos cosas diferentes. De un lado, las iniciativas consensuadas por la UE; del otro, la política exterior propia de cada uno de los países miembros, que a veces coincide con lo consensuado en Bruselas; o no. En ocasiones puede ir incluso a contracorriente de la política exterior comunitaria.

Mucho hemos de temer que en Cáucaso estén actuando una y otra. Mejor dicho: que quienes andan haciendo de las suyas sean algunos países europeos, cada uno por su lado. Por las trazas, la Italia de Berlusconi se ha colado en el eje ruso-turco y puede llegar a sacar buenos beneficios del asunto. Pero ¿cuál está siendo la actuación inglesa, francesa o alemana en la zona? El día que sepamos la respuesta exacta, no carecerá de interés.

Por supuesto, la motivación principal de esos y otros países para actuar en el Cáucaso tiene que ver más con el negocio de los hidrocarburos que con cualquier otro factor. O sea que debe existir ahí una cierta dosis de actividades inconfesables. Eso explicaría que, en base a al corrección política, en el seminario CIDOB-ESI no se haya tratado la problemática del Cáucaso actual bajo esta perspectiva.

Para finalizar, la conclusión de este post suaviza las críticas vertidas en el anterior en relación a las inhibiciones españolas en el escenario del Cáucaso, cómo no. Pero sólo en parte, dado que si bien Bruselas tiende en muchos casos a actuar como un avestruz en política exterior, eso no excluye que Madrid pueda liderar iniciativas en el seno de la comunidad (como se ha hecho en varias ocasiones, por cierto) o actuar siguiendo los propios intereses, incluso, en ocasiones, a título defensivo. Al fin y al cabo, nuestra dependencia del suministro argelino de gas es, como mínimo, temeraria.

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miércoles, octubre 07, 2009

La reconciliación turco-armenia (1): "Ir de avestruz será tu cruz"













10 de octubre de 2009: "La roja" acaba de ganar a la selección armenia por 1-2. Al parecer, sólo futbolísticamente España tiene empuje en el Cáucaso

La normalización de relaciones entre Turquía y Armenia es inminente, algo que se puede detectar no sólo por las declaraciones oficiales de ambos gobiernos, sino también por los gritos de desesperación de los ultras de ambos países, para los cuales el otro es el que sale ganando enormes ventajas, y el propio gobierno es el que ha sido estafado. En esta tesitura se sitúa el vasto campo de la diáspora armenia, con todos sus contactos políticos, lobbies e intereses económicos, que ven cómo pueden llegar a perder la bicoca del genocidio de 1915, utilizada durante decenios como palanca política (el lector curioso no tiene sino que hacer un simple exploración en Twitter para constatar la amplitud de la campaña).

Por parte turca, los nacionalistas “laicos” y los ultras ven como el gobierno Erdogan ha vuelto a consolidar su posición internacional: esta vez ante la Unión Europea, y también ante Rusia. Ahora sólo les queda la esperanza de que el proceso de negociación con Bruselas descarrile en Chipre; y es de suponer que harán todo lo posible para que así sea.

Ahora que la reconciliación entre Ankara y Yerevan parece a punto de consumarse por completo, es tiempo de comentar y replantear algunas cuestiones y lugares comunes al respecto.

La primera, referida a la gran baza diplomática que perdió el gobierno de Madrid para mediar ventajosamente en el conflicto. Y eso, al menos, desde el otoño de 2007. Por entonces, créanme, no parecía existir nadie en el Ministerio de Asuntos Exteriores (ni corrillos afines) que creyera en esa posibilidad; les parecía remotísima y azarosa. Debe decirse, en descargo de nuestra diplomacia, que el escepticismo estaba muy extendido. A comienzos de 2008, recuerdo haber hablado del asunto con el profesor Alexander Murinson, experto en el complejo laberinto de las relaciones entre Israel y Azerbaiyán, y casi me dejó con la palabra en la boca cuando surgió el asunto de la normalización de relaciones entre Turquía y Armenia.

La diferencia, quizá, estaba en que nuestro Ministerio tenía los datos de que se estaban produciendo contactos y tanteos muy activos entre Ankara y Yerevan; aunque seguramente se quedaron en algún cajón. El asunto resultó particularmente patético teniendo en cuenta que el presidente del gobierno y su entorno político apadrinan e impulsan desde hace ya unos cuantos años una conocida iniciativa denominada “Alianza de Civilizaciones”, en abierta colaboración con el gobierno turco encabezado por Recep Tayyip Erdogan. La iniciativa atraviesa en estos momentos horas muy bajas. Pero pudo haber salido adelante apostando en escenarios como el Cáucaso meridional, donde precisamente hay margen para entrar con el discurso de las civilizaciones dispuestas a aliarse o a chocar.

Bien, es evidente que en el Ministerio de Asuntos Exteriores nunca gozó de mucha popularidad eso de la “Alianza de Civilizaciones” que, al fin y al cabo, nació como una cobertura política para la retirada de las tropas españolas de Irak, allá por el año 2004. De buen apuro le sacó Erdogan a Zapatero, secundando la idea cuando nadie más dio un paso adelante y, ni franceses ni alemanes se la jugaron dándole una palmadita en la espalda, para no enfrentarse abiertamente a George Bush. No es de extrañar que, a cambio, el gobierno socialista se volcara en el apoyo a las pretensiones de Ankara de acceder a la Unión Europea.

Demasiadas consideraciones políticas para el común de una diplomacia profesional, según estándares ya un tanto obsoletos a estas alturas de siglo. Y quizá demasiado politizada; lo cual ha resultado una consecuencia inevitable de la crispación que arrastramos, y que lleva empeorando la situación general del país en todos los ámbitos, comenzando por el económico. La politización hace que una parte del funcionariado se permita llevar a su manera las directivas del gobierno –y no sólo aquella afín a las posiciones de la oposición- y ante el surgimiento de tensiones y zancadillas, unos y otros se refugien en el estricto cumplimiento de las prácticas profesionales “habituales”. Dicho de otra forma: la tendencia al escaqueo es general y nadie se compromete a nada, si sospecha que le puede perjudicar personalmente, sea en ese mismo momento o en un futuro incierto, que pueden ser las próximas elecciones, o la inminente remodelación ministerial. La consigna última es el españolísimo: “no complicarse la vida”.

Hay que decir que existen brillantes y hasta decisivas excepciones, como lo fue Luis Felipe de la Peña, ex embajador en Ankara. Pero en Madrid hubo una cierta tendencia a apostar por lo seguro, y en ese sentido, el gobierno islamista moderado del AKP no les parecía tal, quía. Durante muchos meses, demasiados, los verdaderos interlocutores fueron los amiguetes turcos de toda la vida, aquellos chicos de entonces, los del corro de Demirel o Ecevit, incluso algunos de los que ahora le estaban haciendo la pirula a su propio gobierno. No importaba si algunos eran de opiniones un tanto extremas; en realidad, en España siempre hubo sectores afines dispuestos a echar una mano, sobre todo en las filas de la derecha, mejor cuanto más dura. En fin: tampoco se trata de recordar, una y otra vez, que la intentona golpista del 23-F se inspiró de forma directa y por vía igualmente directa en el golpe militar turco de 1980. Pero ayuda a entender por qué el gobierno Aznar simpatizaba con Turquía y su candidatura a la UE; y después de las elecciones de marzo de 2004, y debido al apoyo político turco a la retirada de nuestras tropas de Irak, resultó que el gobierno Zapatero conservó esa amistad; fue uno de los muy escasos legados de la política exterior del PP continuados por el PSOE. Hay que ver las paradojas de la historia. Lo malo es que el nuevo gobierno asumió la herencia en su integridad, y eso fue un mal comienzo.

En cualquier caso, so capa de no incomodar a los amigos turcos, y en espera paralela para ver qué ocurría con el gobierno Erdogan, si era derribado o caía por sí solo (y ahí se llegó a extremos de temeraria pasividad) Madrid no se preocupó mucho de hacer verdadera política exterior con Ankara, al margen de las negociaciones para detener la ofensiva israelí sobre Gaza. La carta del Cáucaso, que pudo haberse jugado, incluso de común acuerdo con Bruselas (o imponiendo criterios propios en Bruselas, para variar) y con un coste político cero, ni tan siquiera llegó a plantearse.

Hay una refrán que reza: “lo barato, sale caro”. Pues bien: seguramente existe otro similar relacionado con la muy errónea idea de que si uno pretende “no complicarse la vida” a cualquier precio, muchas veces termina metiéndose en verdaderos berenjenales en los cuales la pereza mental, la pusilanimidad y la desidia se convierten en el capirote, el sambenito y la túnica de arpillera. ¿Quizás algo así como: "Ir de avestruz será tu cruz"?

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viernes, septiembre 11, 2009

Dilemas turcos en el Cáucaso
















Festejos en Sujumi tras el reconocimiento de la independencia por Rusia, agosto, 2008. Fotografía que acompaña el artículo de "Hürriyet" reproducida más abajo

La crónica que sigue a continuación complementa el post anterior, aunque no es sino una pincelada más en el cuadro de la reactivación de la compleja política turca en el Cáucaso, que el nuevo ministro Davutoglu está relanzando con su viaje por la región.

A pesar de que
Venezuela acaba de reconocer la independencia de Osetia del Sur y Abjasia, desde luego parece injustificado el optimismo del ministro de Asuntos Exteriores de esta última república, Sergei Shamba, con respecto a la posibilidad de que Ankara haga lo mismo en breve plazo. Pero no se recata de admitir que existen "constantes contactos a diferentes niveles" entre Sujumi y Ankara. Toda una muestra del complejo juego diplomático de Turquía en la zona, todavía más enrevesado por la reciente aproximación a Rusia, y mientras parecen intensificarse las tensiones entre Armenia y Azerbaiyán.



Abhazia hopes swift recognition from Turkey

Thursday, September 10, 2009
DÖNDÜ SARIIŞIK
ANKARA -
Hürriyet Daily News

Turkish foreign policy’s dilemma on the Georgia-Abkhazia conflict is rising to the surface once more. ‘We certainly hope that Turkey will recognize Abkhazia. There are some positive signals," Abkhazian Foreign Minister Sergei Shamba said following his talks with high-ranked Turkish diplomat Ünal Çeviköz.

The first-ever visit by a high-ranking Turkish diplomat to the self-proclaimed Abkhazia Republic has boosted the breakaway republic's hopes of being recognized by Turkey.

“We certainly hope that Turkey will recognize Abkhazia. There are some positive signals but they have to be materialized. We’re waiting for a more active approach,” Abkhazian Foreign Minister Sergei Shamba told the Hürriyet Daily News & Economic Review in a phone interview.

Turkish Deputy Undersecretary Ambassador Ünal Çeviköz visited Abkhazia on Thursday on the sidelines of Foreign Minister Ahmet Davutoğlu’s official talks with Tbilisi. Georgian officials were informed in advance about Çeviköz meetings in Abkhazia, reaffirming that Turkey’s policy of protecting the territorial integrity and political unity of Georgia has not changed.

Abkhazia announced its independence in 1999. But what changed the landscape was Russia’s recognition of Abkhazia and South Ossetia last year after the war with Georgia. Nicaragua and Venezuela followed Russia, increasing the hopes of this tiny breakaway state

Turkish foreign policy’s dilemma on the Georgia-Abkhazia conflict rose to the surface once more after a Turkish vessel called Buket was seized in international waters by Georgian coast guards with accusation of smuggling oil to Abkhazia. The captain, Mehmet Öztürk, was sentenced to 24 years in prison, but was released on Monday as a result of Davutoğlu’s talks in Tbilisi.

“The main topic was about the captured ship and our bilateral relations,” Foreign Minister Shamba said in the wake of his talks with Ambassador Çeviköz.

Seeking alliance with Turkey

With hope of a Turkish alliance, Shamba said: “We want Turkey to make its position clear that the capture of a Turkish ship in international waters is not admissible. It is in the interest of regional stability to prevent any escalation from taking place.”

“The talks were constructive,” he said, declining to give further details.

Shamba complained about the lack of direct transportation links with Turkey and urged that Abkhazian diaspora are deeply in need of it. Turkey, however, still supports the economic sanctions imposed against Abkhazia by the Commonwealth of Independent States.

“We’d like to develop economic and humanitarian contact with Turkey. We request opening of communications and passenger transport. It is a big interest because we are neighbors and we have a big Abkhazian diaspora in Turkey,” he said.

Around 500,000 Turkish citizens consider themselves to be of Abkhazian origin. Ambassador Çeviköz’s visit gave hope to those who have been lobbying for recognition of the Abkhazia Republic

Asked if he was assured that Turkey shifted its policy and might soon recognize Abkhazia, Shamba replied: “It is difficult to say now, but we’ll closely follow the situation and we’d like to maintain contacts with Turkish representatives.”

In response to Shamba’s remarks, Foreign Ministry spokesman Burak Özügergin underscored that “there is no policy change in the Caucasus” in an interview with the Daily News.

Help us to blockade the sea

Apart from the recognition, the Abkhazian foreign minister also expects Turkey to mediate to stop the sea-blockade imposed on them.

Asked what measures they are considering to break the Georgian blockade, he hinted that armed actions are on the agenda, saying: “We are now counter-playing different forms of actions ... The actions will be appropriate if needed. Symmetrical actions with the Georgian side – we will see. We hope that this incident is the last one.”

In the hope to intensify political contacts, Shamba expects to have talks in Ankara as well, saying: “We have constant contacts at different levels. If it is needed we can visit. It is possible in the near future, but it’s not yet fixed on the agenda.”

Without hinting at a visit from Abkhazia to Ankara for talks, Özügergin noted: “It is natural to pay attention to this case due to Turkey’s (geographical and political) position and Abkhazian origin population. Our main aim is to contribute to a permanent peaceful solution for the problem."

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jueves, octubre 16, 2008

El eje resolutivo Cáucaso-Balcanes

















Uno de los Cobra de las fuerzas armadas georgianas, desfila por las calles de Tblisi, antes del conflicto del pasado mes de agosto




Como afimaba un amigo diplomático, la situación internacional ha evolucionado considerablemente desde que se colgara el anterior post en este blog. En realidad, incluso desde que el artículo que sigue a continuación fuera redactado, han tenido lugar más y más acontecimientos de alcance. Por ejemplo, el pasado 8 de octubre, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución en que se exigía que la Corte Internacional de Justicia emitiera su fallo sobre la legalidad o la ilegalidad de la proclamación de la independencia por Kosovo.



En otro orden de cosas, la concesión del "Membership Action Plan" para Georgia y Ucrania en la Cumbre OTAN de diciembre ya no es tan segura como parecía. Pasadas las primeras semanas de aguantar el tipo, en Bruselas-OTAN se tiene en cuenta la actitud temeraria de la presidencia y mandos georgianos, pero también las capacidades militares reales del modesto Ejército georgiano.

De otra parte, revertir el rumbo catastrófico que ha tomado la situación militar en Afganistán va a requerir el envío de más y más contingentes militares por parte de la OTAN, incluso al margen de quién sea el ganador de las elecciones en los Estados Unidos. Y tal esfuerzo no va a dejar mucho margen para volcarse en candidaturas indefendibles, como las de Ucrania o Georgia. Los números y la geografía casi siempre terminan por imponerse a la tozudez.

"El Periódico", 16/10/2008

El eje resolutivo Cáucaso-Balcanes


España es uno de los pocos socios europeos que, hoy por hoy, pueden actuar en la región con ideas propias

• La OTAN debería tener cuidado de no dañar la labor de la UE, porque la dejaría aún peor parada



Los primeros vehículos blindados georgianos que penetraron en Tsjinval, la capital de Osetia del Sur, en la mañana del 8 de agosto pasado, fueron algunos de los Cobra adquiridos a Turquía meses antes. A pesar de la embarazosa contribución que habían tenido los turcos en el rearme georgiano, llamó la atención la muy matizada postura de Ankara durante la crisis de este verano. Turquía supo jugar por su cuenta: miembro de la OTAN, no secundó las agresivas posiciones de esta organización en los días posteriores a la crisis. Ankara demostró una vez más que su diplomacia sabe moverse con soltura en la toda la zona de Oriente Medio, Mediterráneo Oriental, Cáucaso y Asia Central.

Turquía no podía permitirse el lujo de alinearse en el conflicto georgiano, debido a sus intereses cruzados con todas las partes en conflicto. Moscú tuvo muy en cuenta esa circunstancia cuando llevó a cabo su intensa labor diplomática posterior a la guerra; y el gobierno turco respondió de forma ingeniosa con la propuesta de un Pacto de Estabilización y Cooperación para el Cáucaso. Fue una finta, pero bien jugada, porque estaba en la línea de una solución posible a la crisis: la acción integradora en la zona del Cáucaso, que no de confrontación.














Los Cobra, utilizados en la guerra de Osetia del Sur como vehículos de exploración, no fueron adversario para los antitanques rusos en manos de los independentistas. Uno de ellos destruido en las calles de Tsjinval, al día siguiente de la batalla.

Junto con Ankara, otra de las cancillerías que parece estar aprovechando sus posiciones de neutralidad es Madrid, que ante Moscú tiene a su favor la baza de no haber reconocido la autoproclamación de la independencia de Kosovo, el pasado mes de febrero. España es uno de los pocos socios europeos que hoy por hoy puede actuar con ideas propias en el eje Cáucaso-Balcanes. En torno a ese cigüeñal estratégico, gira en buena medida la solución del delicado momento que viven las relaciones entre Europa y Rusia. Cuando un grupo de países pertenecientes a la UE se lanzó en febrero a reconocer la autoproclamada soberanía de Kosovo, quedó malparado uno de los argumentos clave para el proceso de construcción europeo: su capacidad para superar los viejos conflictos nacionalistas en los rincones más sensibles del Viejo Continente. Porque el reconocimiento de Kosovo significaba crear más problemas de los que solucionaba, al establecer nuevas fronteras duras, en vez de contribuir a borrarlas.

Ahora, en el Cáucaso acaba de aparecer una oportunidad de reconducir esa situación. Y podría venir con la propuesta de integración en la UE de las tres repúblicas del Cáucaso: Georgia, Armenia y Azerbaiyán. Al fin y al cabo son tres países europeos y los dos primeros se cuentan entre los estados más pretéritos del continente. Rusia no pondría objeciones, siempre que el proceso de integración no significara el paralelo ingreso en la OTAN de esos países, o alguna forma de potencial amenaza militar.















El viaje del presidente Rodríguez Zapatero a San Peterburgo, a comienzos de este mismo mes, no fue muy bien tratado por la prensa española en general; pero resultó ser una maniobra diplomática oportuna. En realidad, la políica española hacia la zona de Turquía-Cáucaso y el problema de Kosovo, no ha variado desde el anterior gobierno Aznar al actual de Zapatero; y muy posiblemente continuaría siendo la misma bajo un hipotético gobierno Rajoy

En esta ocasión, Moscú lleva la iniciativa, y lo sabe. Da igual que determinados grupos de presión en la OTAN se empeñen en buscar la solución a la crisis del Cáucaso con la huida hacia adelante. Es posible que la integración de Georgia en la Alianza Atlántica tarde bastante tiempo en hacerse efectiva, y para entonces veremos en qué situación está la OTAN, cuyo deterioro interno a raíz de la intervención en Afganistán resulta muy evidente. La crisis financiera internacional, de no arreglarse rápidamente, repercutirá en las inversiones multimillonarias que exige el mantenimiento de la Alianza en nivel de eficacia. Los Estados Unidos, ya no son el coloso económico de hace cinco lustros y su propio rearme está siendo financiado con préstamos del exterior. Esto es: no podrá permitirse los dispendios en alta tecnología militar de la era Reagan, no digamos desplegar redes de bases en micropaíses militarmente indefendibles.

O sea que el único protagonista occidental que está haciendo algo positivo y realista en la zona de crisis caucásica es la UE; o algunos de sus socios, tirando del carro. Lo demás, desde el estricto punto de vista de la geoestrategia, son fantasías y guerra de propaganda. En realidad, la OTAN debería llevar cuidado en no dañar la labor ni la coherencia de la UE, lo cual la dejaría aún más malparada y políticamente aislada como institución. Por el contrario, puesto en marcha el proceso de integración en el Cáucaso, el resultado final podría ser el de una Osetia del Sur y una Abjasia, que dentro de algunos años no le hicieran ascos a la integración en un ámbito comunitario caucásico circunscrito al espacio Schengen.
















Cara de circunstancias. El secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates (dcha), junto al presidente kosovar, Fatmir Sejdiu, en rueda de prensa, tras la reunión mantenida en Pristina (Kosovo), a raíz de que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobara el 8 de octubre pasado la resolución en que se exige que la Corte Internacional de Justicia emitiera su fallo sobre la legalidad o la ilegalidad de la proclamación de la independencia por Kosovo. Oscurecida por la crisis financiera que vivía el planeta y por los tradicionales prejuicios, la noticia fue todo un acontecimiento histórico que parecía poner de relieve nuevas reglas en las relaciones internacionales; algo que en mundo de las finanzas también se estaba planteando con fuerza (Foto Agencia EFE)


La perspectiva de una inclusión del Cáucaso meridional en la UE tendría efectos beneficiosos para todos, estabilizando la zona e incluyendo la normalización en las relaciones entre Bruselas y Moscú, que serán decisivas para afrontar la crisis económica global. Y a más largo plazo, restauraría la idea central de que, de una forma u otra, en el proceso de integración todavía se encuentra la clave para la solución (o conjugación) pacífica de las contradicciones interétnicas y los conflictos nacionales en el espacio europeo: incluyendo los Balcanes y, por supuesto, Kosovo y la delicada situación de Serbia. Pero como no se utilice de forma resolutiva, el eje de conflictos Cáucaso-Balcanes, continuará funcionando de forma destructiva para la política y hasta la supervivencia de la UE en estos momentos tan delicados.

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lunes, agosto 11, 2008

Cáucaso: de nuevo, la extrema derecha
















Soldados georgianos desfilan orgullosamente con sus banderas y uniformes de estilo norteamericano, en mayo de este mismo año. Pocos meses más tarde, asaltarían Osetia del Sur para terminar con su proceso de autodeterminación

En líneas generales, los medios de comunicación occidentales están tratando con guante de seda los acontecimientos en Osetia del Sur. No es para menos: desde el momento en que llegó al poder gracias al "parlamentazo" de la "Revolución Rosa" en noviembre de 2003, Mijeil Saakashvili no ha dejado der ser un personaje más que polémico, con un tufo a extrema derecha apenas tapado por los asesores occidentales. No es casualidad que la entrada de su biografía en Wikipedia esté marcada como de "neutralidad disputada".

Saakashvili es un peón de Bush, y eso desde el principio. Ahora, el calamitoso presidente norteamericano incluso vería con buenos ojos un buen jaleo militar y político en el Cáucaso, justo lo necesario para tapar lo catastróficamente mal que lo ha hecho en todos los frentes que ha tocado -últimamente, incluso el acuerdo israelí-palestino ha hecho aguas. Pero es que puede llegar a ser cierto el absurdo de que George W. Bush no sabía nada de los preparativos militares del "Zorro del Cáucaso", cuyas unidades, bien pertrechadas con vehículos militares franceses y de otras potencias occidentales, entrenadas en parte por israelíes, luciendo incluso en algunos casos el camuflaje último modelo de los Marines, lanzaron una ofensiva en fuerza sobre Osetia del Sur. Precisamente, el mismo día en que se inauguraban los Juegos Olímpicos, fecha que tradicionalmente se considera de paz y reconciliación, mientras los princiaples mandatarios del planeta se encontraban en Beijing.











Las siluetas de los presidentes Bush y Saakashvili se recortan ante el Parlamento georgiano, en Tiflis, adornado con las banderas norteamericana y georgiana. Mayo de 2005

Ahora, los medios de comunicación occidentales olvidan tales circunstancias con rapidez. Los medios de prensa nos enseñan fotografías de las víctimas y desperfectos causados por las fuerzas rusas en sus ataques a Georgia, pero no hay ni una imagen de las numerosas víctimas civiles provocadas por los feroces bombardeos georgianos sobre la capital de Osetia, Tsjinval, llevados a cabo, entre otras armas, con lanzacohetes también de factura occidental.

Y como los afines se atraen entre sí, al ahora periodista de "ABC", Hermann Tertsch, cuyas posiciones ultras han quedado bien establecidas desde hace años, le ha faltado tiempo para salir por la Gran Vía, greña al viento, gritando una vez más, como Serrano Súñer
: "¡Rusia es culpable! El exterminio de Rusia es una exigencia de la historia y de porvenir de Europa". No voy a añadir un link en este post para que el lector encuentre con facilidad tamaño panfleto. Pero sí creo que vale la pena hacer un par de comentarios. El primero, que "ABC", un periódico que antaño poseía un cierto prestigio en la interpretación de la actualidad internacional, a través de algunas firmas destacadas, parece ahora empeñado en un tipo de análisis vocinglero que ni siquiera es de 1948, sino de 1914 ó, peor aún, de 1941. Véase post anterior con la "diana " conseguida por Enrique Serbeto en Turquía, rematada ahora de cabeza por Tertsch en Georgia.


















Hermann Tertsch del Valle-Lersundi. Ha tenido una visión: la de siempre

Sobre éste no se puede decir gran cosa: el tiempo pasa, se va haciendo mayor y por lo tanto, tiende a creer que las viejas recetas siempre tendrán éxito: basta irle poniendo cada vez más sal y pimienta, para disimular la ya inexistente frescura de los ingredientes. De su artículo se infiere que lo acertado hubiera sido meter de cabeza a Georgia en la OTAN, por la vía rápida, y eso desde hace meses. De esa forma, según parece argumentar, Rusia se hubiera arrugado y Saakashvili hubiera podido lanzar impunemente su ataque sobre Osetia del Sur. Se supone que, además, los osetios hubieran salido a la calle para vitoriear y dar la bienvenida a las tropas georgianas, no como ha ocurrido ahora, que han tenido que ser bombardeados y expulsados por su cabeza dura y no mostrar amor por el líder Saakashvili.

Sigamos con su línea argumental: en el peor de los casos, si las tropas rusas hubieran hecho lo mismo que ahora, la OTAN habría intervenido en fuerza contra Rusia, claro que sí. Qué estupenda oportunidad para tapar lo catastróficamente mal que le van las cosas en Afganistán y la forma más que deficiente en que los americanos y sus escasísimos aliados (entre ellos un contingente georgiano) "defienden a Occidente" (sic, en palabras de Tertsch) en Irak. Posiblemente, en el calor de los combates, el
oleoducto BTC, que pasa por Azerbaiyán, Georgia y Turquía, hubiera quedado cortado a bombazos (el otro día los rusos acertaron en un tramo). Como es una de las vías más importantes que tiene Europa para abastecerse de crudo, posiblemente acabaríamos pagando la gasolina a 300 euros el litro en cosa de pocas semanas. Supongo que que a ustedes, lectores europeos, no les daría lo mismo; a Tertsch, desde luego que sí. Lo importante, una vez más, es sostenella y no enmendalla.

Y a partir de ahí, el delirio. Si quieren comprobar adónde llevan este tipo de discursos argumentales, pueden releerse el capítulo final del libro de Hermann Tertsch, La venganza de la historia, en su primera edición (El País-Aguilar) de 1993, pags. 257-264. El capítulo se denomina: "Ejercicio de ficción" y en él, el autor no tiene ningún tipo de rubor en prefigurar lo que, en tiempos de la guerra de Bosnia, veía como catastrófico futuro para Europa, debido a los pecados de debilidad de Occidente. Guerras por aquí y por allá, el gran mogollón, efecto dominó acelerado, Turquía se aprestaba a quedarse con Tracia y Macedonia oriental, tras aplastar a los armenios en apoyo de los azeríes. Hungría se preparaba para recuperar el territorio de la Corona de San Esteban; guerra total en los Balcanes: un panorama calcado de un retorno a 1914 pero al revés. Y al final de todo, el descontrol de la inmigración, y sugerencias sobre lo que "puede pasar" que como mínimo, pueden ser catalagodas de majaderías, o de algo peor:

"Entre los españoles se ha extendido la convicción de que los inmigrantes magrebíes son culpables de la frecuente desaparición de niñas en los últimos años. No hay ninguna prueba de ello, pero desde que un diario nacional expuso esta tesis y multiplicó varias veces su tirada con una campaña contra 'asesinos y pederastas magrebíes', la mayoría de los medios de comunicación se han adherido a la misma, y ésta es ya una certeza para la inmensa mayoría de los españoles. Un partido que pide la 'limpieza étnica ya' aboga por la inmediata deportación forzosa de todos los extranjeros que no puedan comprar su estancia en España por cinco millones de pesetas anuales. Grupos de africanos que se negaban a ser internados en los campos han huido de las ciudades al monte y se han armado en asaltos a cuartelillos de Guardia Civil. Como lobos acorralados, viven del saqueo y del bandidaje" (pags. 263-264)

Esto fue escrito en 1993, faltaban más de diez años para el 11-M en Madrid. ¿Reconoce el lector español esta reacción como realista, a mediados de los noventa? Hermann Tertsch, considerado un analista a tener en cuenta para Europa Oriental, no parecía conocer bien ni a su propio país. ¿Debemos tener en cuenta sus puntos de vista sesgados y apriorísticos en escenarios bien alejados del español y basados en polvorientos manuales de historia alemanes?


















El presidente polaco Lech Kaczynski visita la catedral de Tiflis acompañado del presidente georgiano Mijeil Saakashvili, 23 de noviembre de 2007. El evento tuvo lugar con motivo del aniversario de la "Revolución rosa" que llevó a Saakashvili al poder. Los nuevos miembros de la UE muestran una acusada simpatía por los proyectos nacionalistas de sus vecinos, cuando van contra Rusia.


Por cierto: y cerrando de nuevo con la situación en Georgia y Mijeil Saakashvili: según últimas informaciones, Washington acusa a Moscú de querer derrocar al presidente georgiano. Visto así, no sería una opción tan mala. Sobre todo si el presidente georgiano es juzgado a continuación en el TPI de La Haya. ¿Una pérdida para la democracia? Bueno, hemos de recordar que en enero de este mimso año, Saakashvili tuvo problemas con la oposición tras el recuero de los votos en las presidenciales. Durante unos días, parecía que iba a repertirse la "Revolución Rosa" pero al revés, sacando de enmedio al actual mandatario. Sin embargo, ay, esta vez no hubo apoyo americano a las protestas, los medios de comunicación occidentales pasaron de puntillas sobre el asunto. Tampoco se le dió publicidad al resultado del referéndum celebrado en Osetia del Sur el 12 de noviembre de 2006: 91% de participación, 99% de unanimidad por dejar atrás a Georgia. Un caso, más flagrante que el de la mayoría de las repúblicas secesionistas en los Balcanes, por ejemplo, bendecidas por los occidentales. Pero, claro está: para Osetia del Sur, no era válido.

A continaución, sigue un artículo enviado por el autor de este post a "El País" en diciembre de 2003 y enero de 2004; no fue publicado, aunque meses más tarde, parte del contenido se vertió en otra pieza dedicada a la "Revolución Naranja" ucraniana. El lector podrá constatar que ya por entonces, los mecanismos que parecían mover a la primera de las "revoluciones de colores" no era agua clara. El final del camino, a menos de cinco años más tarde.

















Una dramatizada instantánea de la "Revolución Rosa", noviembre de 2003


Y la multitud asaltó el Parlamento


Francisco Veiga (redactado: 30 de enero, 2004, 2ª versión)

Este mismo invierno pudimos contemplar por televisión, una vez más, un espectáculo político que comienza a ser habitual en la Europa oriental: el asalto a un parlamento. En este último caso fue en la capital de Georgia, Tbilisi, y supuso la caída del presidente Shevarnadze. La fachada arquitectónica del edificio, de rancio sabor estalinista, y las imágenes invernales de la revuelta, transportaron a los espectadores de nuevo a Bucarest, diciembre de 1989. En aquella ocasión, la multitud tomó el Comité Central, no un parlamento propiamente dicho. Pero se inauguró esa práctica, que tenía como ingredientes complementarios la presencia de la televisión grabando en directo y la pasividad de las fuerzas armadas. Desde entonces se han sucedido otros casos muy similares, siempre en la Europa balcánica. En febrero de 1997, fueron multitudes búlgaras las que entraron en plena sesión parlamentaria, en el centro de Sofía y derribaron al gobierno socialista. En septiembre de 1998, manifestantes del derechista Partido Democrático Albanés tomaron el palacio presidencial, en Tirana. La penúltima de estas acciones tuvo lugar en el parlamento de Skopje, capital de la República de Macedonia, en el verano de 2001, cuando ciudadanos de la mayoría eslava protestaron pidiendo armas por el acuerdo que había alcanzado el gobierno con la última guerrilla albanesa aparecida por entonces en la zona, el Ejército de Liberación Nacional.

El ejemplo más turbador acaeció en Belgrado, en octubre del año 2000 y supuso la caída del régimen de Slobodan Milosevic: el asalto de las multitudes a la Skupstina o parlamento federal. Sin embargo, aquella acción tuvo poco de espontánea. Fue preparada -así como la marcha de cinco columnas sobre Belgrado- con precisión militar por algunos líderes opositores, encabezados por el recientemente asesinado primer ministro Zoran Djindjic, y que entonces era líder del Partido Democrático. Pero también jugó un papel primordial otro dirigente político, Nebojsa Covic, de Alternativa Democrática. El tercer conspirador fue el general Momcilo Perisic, ex jefe del Alto Estado Mayor del Ejército. Los tres se habían reunido en una de las salas de la fábrica de productos metálicos que tenía Covic: se suponía que era completamente segura y a salvo de escuchas. Todo este asunto lo explicaron después los mismos protagonistas y está recogido en un libro publicado al efecto en Serbia, así como en alguna de las recientes biografías de Milosevic aparecidas en los Estados Unidos. De la misma forma que tampoco es un secreto que entre los asaltantes de la Skupstina había bastantes chetniks ultranacionalistas -formalmente de la oposición- y que muchos de los manifestantes iban armados. Todo un detalle a tener en cuenta a la vista de los resultados de las últimas elecciones en Serbia.
Además, Washington tuvo un papel de gran protagonista en todo ello, a través de la OYA, siglas de la Office of Yugoslav Affairs, que operaba desde Budapest y fue organizada por la entonces Secretaria de Estado Madeleine Albright. Esta historia la relató el "Washington Post", hace ya tiempo, y con mal disimulado orgullo. William Montgomery, que había sido embajador norteamericano en Belgrado en los años setenta, dirigió la OYA, que trabajó de firme con la oposición serbia y pagó lo que hubo que pagar: 2,5 millones de pegatinas o cinco mil envases de spray para pintadas, por ejemplo. En 1995 los americanos enseñaron a los croatas las modernas técnicas de combate; cinco años más tarde entrenaron a los serbios en las avanzadas técnicas de la lid electoral a la americana.

Es evidente que en estas acciones participaron multitudes, pero no es tan seguro que ello sea suficiente para catalogarlo como "revuelta popular" o incluso "revolución" con las connotaciones de "democracia espontánea" que parece sugerir su tratamiento informativo. En tal caso, quizá la marcha sobre Roma de los fascistas italianos en 1922 entraría en esa categoría. No se pretende afirmar con ello que la nueva oleada de asaltos a parlamentos balcánicos y caucásicos sea de ese tipo, aunque desde luego en todos los casos -menos en el rumano de 1989- estamos ante grupos políticos formalmente derechistas que asaltan parlamentos -o instituciones de gobierno- socialistas, por mucho que se les añada la etiqueta de "postcomunistas", como justificando el hecho de pasada. De cualquier forma, deberíamos ser cuidadosos ante la tentación de aplaudir sistemáticamente ese tipo de actos, en interés de la simple coherencia informativa. Un ejemplo: seis años después del asalto contra el parlamento búlgaro que derribó al gobierno socialista del primer ministro provisional, Stefan Sofianski, ese partido ha ganado las elecciones municipales en la mayoría de los ayuntamientos del país. Claro que en Georgia, Saakashvili ha conseguido un éxito arrollador. Tanto que a pesar de ese aplastante 96,27% de votos cosechados, en Occidente nos quedamos muy satisfechos y apenas hubo algún comentario que revelaba la lógica inquietud ante resultados tan antinaturales quizá por un exceso de terciopelo revolucionario. Pero dado que consideramos al nuevo ejecutivo georgiano un "aliado natural", "educado en occidente", a nadie se le ocurrió hablar de fraude, claro está. Alexander Saakashvili es tan poco sospechoso como, por ejemplo, el mayor mafioso georgiano, Zurab Zhvania y su papel en todo esto. Pero sobre tales factores no hay mucho interés en informar porque rompen esquemas y complican mucho los análisis apriorísticos a base viejos mitos históricos, clichés en azul y rojo y lo que dicen las grandes agencias.

Pero sin entrar en la evolución de los regímenes surgidos del "parlamentazo", volviendo nuevamente al hecho desencadenante y sus justificaciones, la verdad es que ante fraudes electorales o regímenes corruptos existen muchas maneras de protesta realmente masiva y popular, sin tomar por la vía directa y violenta de asaltar el parlamento, un objetivo sospechosamente sencillo de tomar. Por lo demás, las cámaras de televisión puede que no certifiquen nada. El objetivo enfoca, escoge y lo que no entra en cuadro, no existe. Así, puede ocurrir que unos pocos metros más allá de la supuesta multitud no haya ni rastro de la ciudadanía. Todo lo cual, unido a las cautelas informativas basadas en prejuicios o filias y fobias que arrastra durante años cada medio en particular, resulta tan engañoso como unas elecciones manipuladas o un asalto tácticamente bien planeado. Y en España, el recuerdo de las sesiones parlamentarias violentamente interrumpidas debería inspirarnos una cautela más aguzada que en otros países. En todo caso, no estaría de más echarle un vistazo de vez en cuando a un libro difícil de encontrar, si, pero muy ilustrativo: Técnica del golpe de estado, de Curzio Malaparte, publicado en 1931. Al menos, los organizadores de la revuelta serbia de 2000 dijeron que lo habían leído.

Francisco Veiga, prof. de Hª de Europa oriental, UAB y autor de La trampa balcánica (2002) y Slobo. Una biografía no autorizada de Milosevic (2004
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sábado, junio 10, 2006

Zotts, doms, romaníes, bohemios, zíngaros, egipcios … gitanos

Un día apareció por mi despacho; había ido antes, consultó horarios, volvió y por fin nos conocimos. Una persona paciente y persistente, un buen investigador. Lo recuerdo como un hombre de mediana edad, se llamaba Javier Aguirre y había terminado un libro sobre la historia de los gitanos, basada en su propia tesis doctoral, leída en 1993 en la Universidad de Perpignan. En 2003, ese trabajo fue recomendado para su publicación por el Groupe de Recherche pour une Histoire Européenne des Tsiganes, de la Sorbonne. Université René Descartes, Paris V. El autor me habló de su trabajo y me prometió que me enviaría el libro. Cumplió su palabra: meses más tarde llegó un sobre que contenía el trabajo, titulado: Historia de las itinerancias gitanas. De la India a Andalucía, publicado este mimso años de 2006.

Hermoso título, ¿no creen? Incorpora ese vocablo tan bien escogido, que contiene en sí mismo un punto romántico: itinerancias. Un término que por no estar contemplado en el Diccionario de la Real Academia Española le un toque adicional de sofisticada audacia que acabo de incorporar a mi diccionario Word. Itinerancia: entiendo que es un viaje sin claro destino final. O una forma de vivir viajando, aunque un itinerario es, precisamente, una “ruta que se sigue para llegar a un lugar” (DRAE).

La obra es un volumen en cuarto menor de 570 páginas, en aromático papel cuché y agradable de leer. Se trata de historia factual, pero se agradece por estar bien documentada y porque no es tan fácil encontrar un libro de saber enciclopédico sobre un pueblo tan cercano a nuestra vida cotidiana pero del que tan poco sabemos en realidad. Precisamente, la obra de Javier Aguirre arranca de los orígenes de la lengua romaní y de las primeras noticias sobre doce mil músicos zott (o quizá luri) que el rey persa Bahram Gur mandó llevar a su reino desde la India, allá por el siglo V. A partir de ahí, la historia de los protogitanos (los lom) terminará entreverándose con la penetración de los selyúcidas en Asia Menor, los desplazamientos de población armenia y el azote de los mongoles, todo ese mundo que gira sobre sí mismo entre los siglos XI y XIII y que es la puerta de arranque de cualquier historiador interesado en la historia de los pueblos turcos. Es más: los gitanos herreros se especializaron en la manufactura de equipos para los guerreros montados de los diversos pueblos turcos nómadas del Asia Central, lo que también les convirtió en expertos de la cría y doma del caballo.

Calé proviene de kalé, plural de kaló, que en muchas lenguas de la India significa “negro”. De ahí el nombre de la Diosa Madre del tiempo y la noche suprema: Kalí. Pero en Europa se extenderá el mito de que el origen de ese pueblo estaba en Egipto; de ahí la denominación ejiftos (en griego) y evgité (albanés) de lo cual derivará gipsy en inglés (por ejemplo) o el mismo término “gitano” (de "egiptano"). Aguirre explica que su libro es el primero en dilucidar la persistencia de ese apelativo erróneo, que está relacionado con la creación de un eje comercial muy potente que unía al janato de la Horda de Oro -al norte del Mar Negro- con El Cairo a través de Constantinopla, y eso desde el siglo XIII en adelante. El motivo de este fenómeno había sido la llegada de los mongoles al Próximo Oriente, lo que interrumpió la comunicación comercial con Asia Central a través de Anatolia y el Cáucaso. Fue a lo largo de este periodo cuando llegaron los primeros contingentes importantes de gitanos a los Balcanes. Pueblo errante, de lengua desconocida, la vox populi y las autoridades eclesiásticas –que le daban una explicación bíblica al mito- expandieron el mito de su origen egipcio. “Si los gitanos no creyeron desde el principio en esa historia –escribe Aguirre- en el curso de unas décadas le prestaron crédito, sobre todo porque no podían dar mejor razón de sí. Sabiéndose errantes en Cercano Oriente, para ellos desde tiempo inmemorial, pues siendo de casta ágrafa no mantenían memoria de su pasado más allá de la de cuatro generaciones, les resultaría verosímil la fábula, que apenas respondía a su propósito, pues les integraba en el mito cristiano, lo que les daba cuando menos la posibilidad de encontrar acogida en Europa”.

Pero el libro no se queda en esas remotas historias. Javier Aguirre responde a preguntas tan interesantes como el por qué de que la actual Rumania sea pródiga en gitanos, hasta el punto de que en los Balcanes suela identificarse a válacos con romaníes. O el encuadramiento social de los gitanos bajo el Imperio otomano y cómo a través de su avance por Europa central, los troveros zíngaros reconstruyeron la música popular húngara en el siglo XVII. Y por supuesto, explica la historia de la llegada de los primeros gitanos a la Península Ibérica en fecha relativamente tardía, a lo largo del siglo XV.

El libro llega hasta mediados del siglo XIX, que es cuando la mayoría de las comunidades gitanas en Europa concluyen su larga historia itinerante y empiezan a diluirse en los medios nacionales predominantes. Sin embargo, para el caso de España el autor extiende su análisis un siglo más, incluyendo el comentario de algunas leyes específicas o la labor de la Iglesia evangélica gitana. No llega a describir los últimos ataques contra la comunidad gitana cometidos en Kosovo tras concluir la guerra de 1999, cuando acusados de colaborar con las autoridades serbias, fueron expulsados en masa por los nacionalistas albaneses: ese fue precisamente el tema de la conversación que mantuvimos aquella tarde Javier Aguirre y yo.

Javier Aguirre Felipe, Historia de las itinerancias gitanas. De la India a Andalucía, Institución Fernando el Católico (Diputación de Zaragoza). Colección: Estudios. Historia. Zaragoza, 2006. 570 páginas. Bibliografía comentada.

Algunas pistas adicionales:

La detallada reseña que se puede encontrar en el blog de Antón Castro.

La web de la
Institución “Fernando el Católico”, donde puede pedirse la obra (precio: 24 euros)

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