domingo, febrero 07, 2010

Un paso hacia el pasado













24 de diciembre, 2009: una larga fila de representantes políticos e institucionales kurdos, detenidos, esposados y encolumnados por las calles de Diyarbakir



6/2/2010 TURQUÍA EN EL PROCESO DE INTEGRACIÓN EUROPEO

Victoria pírrica, y algo peor

La ilegalización del Partido de la Sociedad Democrática (DTP) aleja a Ankara de la Unión Europea

La reciente ilegalización del DTP o Partido de la Sociedad Democrática, kurdo, a instancias del Tribunal Constitucional turco, es un hecho sobre el que la prensa occidental ha pasado de puntillas. Más embarazosa todavía ha sido la difusión de las fotografías que mostraban alcaldes kurdos, elegidos democráticamente en su día por el DTP, sindicalistas, abogados, todos ellos vergonzosamente esposados y encolumnados por las calles de Diyarbakir. La comparación que se hizo con Batasuna no es acertada; en palabras del diplomático turco Akin Özçer, experto en nacionalismo vasco, “el DTP no era sólo Batasuna, sino también el PNV y EA”, dictamen totalmente ajustado a la realidad.

Durante las pasadas Navidades, la imagen de los detenidos paseados por las calles de la capital kurda, nos llevaba a otras épocas; y de ese mismo periodo surgía la iniciativa del Tribunal Constitucional, dirigido, sobre todo, contra el gobierno islamista. En Turquía, jurisprudencia y fuerzas armadas siguen siendo poderosos reductos de la derecha autotitulada kemalista, dispuesta a sabotear toda aquella iniciativa gubernamental que le acerque a Bruselas. Por lo tanto, la ilegalización del DTP a instancias de la fiscalía es todo un torpedo en la línea de flotación, que aleja a Ankara de la UE.

Los reductos de Atatürkia, en su faceta más vetusta, modelo años setenta y ochenta, continúan lanzando órdagos en la línea del suicidio político, como ya se pudo constatar con motivo de la campaña para ilegalizar al mismísimo partido en el poder, el islamista AKP, a comienzos de 2008. Aunque el golpe contra el DTP es, en apariencia, una victoria menor en comparación con aquello, lo cierto es que la UE ya no ha reaccionado con la misma firmeza en la defensa del partido kurdo. Eso es bastante lógico si tenemos en cuenta que en Bruselas la cuestión de la candidatura turca atraviesa horas bajas. Empieza a producirse un cierto cansancio: el gobierno de Erdogan, que también soporta presiones internas dentro del mismo partido AKP, apenas ha puesto en marcha las iniciativas legales que exige la confluencia con el acervo comunitario. Por ejemplo, y sobre todo, la reforma de la vigente Constitución de 1983, surgida del golpe militar de 1980. Por otra parte, París y Berlín han logrado ir asentando su política hegemonista en le UE, y ni Sarkozy ni Merkel ven con buenos ojos la candidatura turca. Por si fuera poco, a ellos se une ahora el recién elegido presidente del Consejo de Europa, Herman Van Rompuy.

Pero sobre todo, el gran problema de Turquía radica, hoy por hoy, en esa compleja transición post-kemalista, con la consiguiente lucha cainita entre las dos clases medias: la que nació y se crió con la República, laica, con fuerte presencia en la administración; y la nueva, de apariencia islamista, más neoliberal y que intenta consolidarse en el poder. Hasta que no se resuelva armónicamente esa pugna, Turquía será una potencia emergente con pies de barro, con tendencia a una persistente inestabilidad política; y la primera consecuencia de ello será una relación traumática con la UE.

Por supuesto, todos aquellos que abominan de la candidatura turca, estarán ahora frotándose las manos. Los sectores más radicales y violentos del independentismo kurdo, también. La decisión de ilegalizar al DTP les ha dado un estupendo balón de oxígeno cuando, este mismo verano, la solución a la cuestión kurda parecía que podría materializarse pasando sobre sus cabezas. Por lo tanto, la victoria de la Fiscalía, y del nacionalismo conservador es menos que pírrica. Y puede ser peor todavía.

Hasta ahora, va quedando claro que en Europa y los espacios colindantes, las aspiraciones soberanistas poseen un futuro más o menos prometedor en función de que se realicen dentro o fuera de la UE. En el primer caso, la ruptura interna dentro de un país miembro, sería difícilmente aceptada por Bruselas y la mayoría de los países miembros. Crearía precedentes que más adelante supondrían poner en marcha más procesos de ingreso para los nuevos estados surgidos de la desintegración, y complicaría la ya de por sí enmarañada arquitectura institucional de la Unión. Todo ello a cambio de una soberanía limitada para la nueva entidad, en una UE con espacio Schengen, moneda común y legislación supervisada desde Bruselas.

Pero en el exterior de ese ámbito, las cosas son diferentes, como lo demuestra el empeño de la mayor parte de los socios de esa misma UE en reconocer a los nuevos estados surgidos de la caída del Muro. Por lo tanto, si Turquía se queda fuera del proceso de integración europeo, quién sabe si algún día Bruselas no terminará por reconocer a un Kurdistán autoproclamado como estado independiente, si así conviene. Al fin y al cabo, el maquiavelismo es un antiguo invento europeo, que siempre ha tendido a llevarse bien alto, con cierto desvergonzado orgullo, por parte de los dirigentes políticos del Viejo Continente.

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domingo, noviembre 11, 2007

Un respiro para Turquía (1)

















Despliegue de los objetivos estratégicos del Ejército turco en territorio iraquí, publicado por la prensa turca. Procede del blog de Erkan Saka


Parece que lo peor ha pasado: no habrá intervención del Ejército turco en el Kurdistán iraquí. No, al menos, de forma inminente. Eso no quita que se puedan producir intervenciones puntuales para buscar y destruir determinados objetivos concretos; eso se viene produciendo desde hace años, no es nuevo en absoluto. Pero lo más preocupante era que más de cien mil soldados turcos entraran en bloque por el norte de Irak. Pueden imaginarse. Esa fuerza, que podría llegar a ser equivalente a diez divisiones, bien a ser la misma que han desplegado los norteamericanos en Irak. Dos ejércitos de tamaño parecido, ambos de la OTAN y teóricamente aliados, cara a cara sobre los restos de Irak: una situación cuanto menos embarazosa para Washington.

Por ello, los norteamericanos han reaccionado de diversas maneras. Por un lado, dejando claro que la guerrilla del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) es tan enemigo de ellos como de los turcos. Lo dijo públicamente el mismo presidente Bush, por ejemplo, aunque no fue la única puntualización al respecto. En otras circunstancias, esto podría ser mera retórica circunstancial –al fin al cabo, Israel les ayudó en algunos momentos, y aparentemente, el PKK también se enfrenta a los iraníes. Pero en esta ocasión, Washington ha reconocido abiertamente que traspasó información confidencial sobre el PKK a los militares turcos. En base a esa colaboración, estos organizaron los ataques puntuales de hace unas semanas.



















Girando la torreta y con el arma alerta: un anticuado BTR-60 mostrado por las televisiones occidentales hace unos días, de patrulla por la frontera turco-iraquí

De otra parte, al ceder esa información de inteligencia y en plena crisis, los norteamericanos también han dado a entender, una vez más, lo que no es ningún secreto desde hace años: que Turquía es para ellos muy valiosa. Y que, llegado el caso, aunque los militares dieran un golpe en toda regla, Washington se entendería con la junta resultante. Y más teniendo en cuenta que tal como está la situación en Afganistán, Irak y ahora Pakistán, los último que desearía Washington ahora sería perder el control de Turquía. Eso no puede ser nada tranquilizador para el actual gobierno de Ankara y para una parte sustancial de la población turca, claro está. Pero sí para los militares, que empezaban a sufrir cierto síndrome de abandono ante la capacidad política de los nuevos gobernantes turcos y el crédito popular del que siguen gozando, como demostraron las elecciones de julio.

Y es que además, y esta afirmación llega a través de fuente de toda confianza, los uniformados turcos no tienen mucho afán por combatir. Lanzarse en masa sobre el norte de Irak significa meterse de lleno en una campaña compleja que no se pudo solucionar en más de diez años de lucha abierta y, además, hacerlo en puertas del duro invierno en las montañas de Kandil. También existe el riesgo de sufrir más bajas de las debidas, y arriesgarse a cualquier fallo, a perder prestigio político, que ya está muy rebajado. Y como no, abrir quizás el debate sobre la necesuidad de mprofesionalizar a las fuerzas armadas y terminar con el anticuado sistema de leva.

Además, se trataría de entrar en combate con un ejército que, a juzgar por las fotografías que se han ido viendo en los medios de comunicación internacionales, no es precisamente un dechado de modernidad. Sólo basta ver a esos soldados con equipos anticuados, empuñando viejísimos fusiles de asalto HK G3 de los cuales eran pariente los venerables CETMEs españoles de primera generación. O los vetustos BTR-60, vehículos blindados de exploración y transporte de tropas, de origen soviético, que datan ya de los años sesenta del siglo pasado, patrullando por las sinuosas carreteras de la frontera turco-iraquí, sin protección alguna contra las modernas armas anticarro, ni una simple rejilla contra los RPG-7, nada. Tampoco parece que los carros M-60 utilicen corazas reactivas.





















Soldados turcos de las unidades especiales, de patrulla por la zona amenazada: sin chalecos antibalas, ni cascos kevlar, ni visores nocturnos, ni equipamiento electrónico. Obsérvense las colchonetas de goma espuma y el fusil de asalto HK G3 del soldado en primer plano


Hace pocos días y en Lisboa, Yavuz Baydar, el columnista de “Zaman”, le comentaba al autor de este post que en los próximos meses existían tres escenarios posibles: a) Provocaciones del PKK que, a pesar de todo, obligarían al Ejército turco a intervenir; b) Calma invernal hasta la siguiente primavera, que le daría al ejecutivo de Erdoğan un tiempo precioso; c) Desactivación total del PKK por una u otra vía.

Son tres opciones lógicas que, sin embargo, dejan en el aire algunas preguntas. Una de ellas, referida al aspecto “interno” del conflicto. Esto es: ¿Qué parte del mismo correspondió a la voluntad militar de aprovechar la tensión para recuperar protagonismo y fuerza política en Turquía tras las elecciones de julio? Es una pregunta incómoda, por supuesto, pero hemos de recordar la muy mala cara que le pusieron los militares a Gül tras su elección como presidente, las declaraciones bastante agresivas del jefe de Estado Mayor, los desplantes, las manifestaciones patrióticas tras los atentados del PKK, que el CHP y el MHP intentaron capitalizar rápidamente, trayendo a la memoria de nuevo la situación política de la pasada primavera. Y el baile de objetivos posibles, caso de que se produjera una entrada en fuerza de los turcos en el norte de Irak: ¿La destrucción de los santuarios del PKK en la cordillera de Kandil?¿Castigar a Barzani?¿Llegar hasta Irbil o, al menos, hasta Mosul, la vieja reivindicación irredentista turca que Atatürk no logró cumplir?¿Ejercer una influencia directa sobre el gobierno autónomo del Kurdistán iraquí, cuando parece irreversible la aparición de un Estado soberano kurdo en la zona, que podría ser reconocido internacionalmente siguiendo la estela de Kosovo?
















Un guardia de aldea kurdo patrulla junto a un soldado del Ejército regular turco. Estas unidades de paramilitares kurdos que colaboran con el gobierno turco contra el PKK, han demostrado ser bastante efectivas, a pesar de su escaso equipo y armamento ligero: conocen el terreno y el medio social circundante a la perfección. La UE exige su desmovilización como una de las condiciones de acceso de Turquía



Es cierto que en las últimas semanas, la gran mayoría de los reporteros y analistas han enfocado la crisis poniendo en el centro al PKK y la cuestión kurda en Turquía e Irak. Vale la pena tener en cuenta, por ejemplo, la explicación que dio en su momento Sedat Laciner, director del Uluslararası Stratejik Araştırmalar Kurumu (USAK) o Organización de Investigación Estratégica Internacional, basada en Reino Unido. Según este analista, al PKK le urge recuperar ascendiente sobre la comunidad kurda en Turquía tras las pasadas elecciones de julio, en las que llegaron al Parlamento de ese país un total de 20 diputados del Partido de la Sociedad Democrática (DTP), nacionalista y socialdemócrata kurdo. Siempre según Laciner, en declaraciones recogidas por Andrés Mourenza, “el PKK ha perdido legitimidad ante los kurdos, que ahora rechazan el terrorismo. Así que quiere que el estado turco prohiba el DTP para recuperar la legitimidad de la lucha violenta. El PKK ha ido eliminando a todos los grupos kurdos que se le oponían y ahora pretende acabar con la única alternativa moderada que queda, el DTP”. Además, “el PKK ha reanudado la violencia ahora que el gobierno del AKP, que está siguiendo las reformas exigidas por la UE, había levantado las prohibiciones sobre la lengua kurda y es que, desde las pasadas elecciones, el AKP es el partido más votado por los kurdos. El próximo año hay elecciones municipales y probablemente el PJD podría ganar las alcaldías de las principales ciudades del sudeste [de mayoría kurda]”.

El punto de vista de Laciner es interesante porque nos recuerda que la cuestión kurda en Turquía no se puede reducir al PKK y menos ahora, cuando en el país ya existe una extensa clase media de esa etnia, con medios propios, con poder socio-económico real, con aspiraciones de proyectar todo ello en una opción política parlamentaria mucho más viable a largo plazo que el PKK; y con unos deseos nada disimulados de que Turquía acceda a la Unión Europea. Por otro lado, el PKK es una organización bastante amorfa en su cúpula dirigente, apoyos exteriores y métodos operativos; muchas veces tampoco está clara su estrategia ni cuáles consideran que son sus aliados. Por supuesto, saben que el régimen de Barzani no los va a entregar a los turcos (ni quiere hacerlo, al menos de momento) pero también desean hacerse un hueco, tener su propio espacio en la región autónoma del Kurdistán iraquí. Por todo ello, el PKK puede convertirse con cierta facilidad en comparsa, más que en actor principal, y de ahí que quepa un cierto espacio de duda para algunas cuestiones poco claras o complejas, vistas desde Turquía pero
también desde Irak

















"No te fallaré, amigo": Bush ha dado todo tipo de seguridades al preocupado primer ministro turco, durante la reciente visita de éste a la Casa Blanca. A fin de cuentas, Turquía es, para Washington, sagrada

En fin: de momento no hay respuesta para estas preguntas, el tiempo hará que las respuestas suban a la superficie, cuando los acontecimientos se estanquen en la zona. De momento, lo que tenemos parece claro: se refuerza decisivamente la figura de Erdoğan como un político hábil y con gran capacidad de maniobra. Se refuerza la imagen de estabilidad del gobierno del AKP y la imagen moderada de partido: ya no es tan insistente el recurso a la “agenda oculta” de los islamistas, ni siquiera en la misma Turquía; de hecho, cada vez son más los analistas que coinciden en recordar que el AKP no es propiamente un partido islamista, sobre todo si atendemos a la masa políticamente heterogénea de votantes.

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