De Georgia a Eurasia, evitando el sexo de Kosovo

Los viejos mapas étnico-lingüísticos fueron muy poco utilizados por periodistas, políticos y diplomáticos occidentales en la reciente crisis del Cáucaso. En ambientes nacionalistas e irredentistas de Europa, todavía se discute (en sordina) sobre si los osetios "tienen derecho histórico" o no a la soberanía. La noticia de que los osetios emparentan con los antiguos alanos parece haber sorprendido a más de uno.
Clicar sobre el mapa para obtener ampliaciónCon el paso de las semanas, el revuelo informativo e interpretativo en torno a la crisis georgiana se va apaciguando en la gran prensa, mientras empiezan a salir a la superficie, aquí y allá, los restos de los naufragios provocados por la borrasca.
Casi la totalidad de nuestros analistas habituales para todo han dado ya su versión interpretativa, e incluso algunos han tenido la oportunidad de repetir y remendar lo dicho, con aquello de que donde dijeron digo quisieron decir Diego. Pero en líneas generales, ésta ha sido una crisis que ha descolocado a muchos, y además, de forma flagrante. Buena prueba de ello es que interpretaciones hechas a menos de dos semanas vista, han quedado ya anticuadas.
Ahí tenemos la pieza publicada por Moisés Naím el pasado 31 de octubre: “La causa secreta de la guerra”. El autor no es precisamente un arribista: coeditor en jefe de “Foreign Policy”, ex ministro de Economía de Venezuela, opinión autorizada en los más prestigiosos medios occidentales. Por lo tanto, sorprende que en algunos casos, como el de la crisis georgiana, todo quede reducido a la idea –manejada extensamente por los mismos nacionalistas georgianos- de que la clave del asunto radica en que Osetia del Sur y Abjasia son “importantísimos centros mundiales de todo tipo de tráficos ilegales”. Se supone que el hecho de que Naím haya escrito un libro dedicado al fenómeno de la delincuencia global (Ilícito. Cómo traficantes, contrabandistas y piratas están cambiando el mundo, Debate, 2006) debería ser aval de seriedad para respaldar un argumento de factura básicamente conspirativa, que es el mismo que aplican los nacionalistas de cualquier país contra enclaves extranjeros en su propio territorio. Recuerdo a un joven universitario marroquí que conocí hace años, quejándose de Ceuta y Melilla como puertas hacia el Magreb de todo tipo de tráficos ilegales. ¿Y quién no ha escuchado el argumento de que Gibraltar no es sino un nido de piratas avalado por el proverbial cinismo británico y con bandera propia?

Nuevas banderas soberanas, temporada otoño-invierno 2008. En este caso, la enseña de la República de Abjasia. ¿Le gusta el diseño?
También resulta divertido recordar que se utilizó en numerosas ocasiones el mismo argumento para denostar, precisamente, la existencia de la autoproclamada República de Kosovo: un pequeño estado cuya existencia sólo se justifica por dar amparo a todo tipo de mafias, la puerta de entrada al tráfico de drogas hacia Europa central y las mil y una historias que llevan más de una década yendo de aquí para allá en la prensa internacional.
Dentro de las propuestas estrafalarias de los últimos días también se puede encontrar un extemporáneo artículo de José Ignacio Torreblanca dedicado, a lo que parece a insuflar de moral a la troika comunitaria que el pasado 8 de septiembre viajó a Moscú para discutir en torno a la reciente crisis georgiana. La pieza, jalea recios argumentos morales que Torreblanca supone darán mucho juego en la negociación; pero el autor pretende resucitar un asunto que fue caballo de batalla particular suyo y que a estas alturas está más que agotado: el bizantino debate en torno al sexo de Kosovo. Como si la pura fuerza militar de la OTAN en 1999 pudiera asimilarse a la fuerza moral y jurídica. Por lo visto, los aviones de la Alianza Atlántica no bombardearon Serbia y Kosovo con bombas supuestamente inteligentes y munición de núcleo de uranio, sino con pesados mamotretos jurídicos.
Torreblanca lleva meses pretendiendo “corregir” una de las decisiones españolas más acertadas de la política exterior española en la última década, tras la retirada de sus tropas de Irak. Pero claro, para aceptar eso, hay que reconocer que la intervención en Kosovo fue, en su cobertura jurídica, el precedente de la que llevó a los Estados Unidos y sus aliados de entonces al atribulado país de Oriente Medio. En puros términos militares, los rusos fueron bastante más eficaces y contundentes: estos hicieron su tarea en apenas una semana, mientras que las tropas de la OTAN, desencadenaron una campaña supuestamente basada en la última tecnologíaa militar de la época, que tardó más de diez semanas en doblegar a los serbios, causando importantes daños a las infraestructuras del país.
Dado que el mero ejercicio de la fuerza militar no es suficiente para asimilar Kosovo a los casos de Osetia del Sur y Abjasia, Torreblanca regresa de nuevo, una y mil veces, con el conocido mantra: “El caso de Kosovo es absolutamente sui géneris, sólo puede ser entendido en el marco de la desintegración de la Federación Yugoslava, en modo alguno pone en cuestión el principio de integridad territorial ni tampoco concede a ninguna minoría ni Estado el derecho automático a redibujar unilateralmente o por la fuerza frontera alguna”. ¿Y quién respalda tales afirmaciones?¿La Organización de Naciones Unidas?¿La “comunidad internacional menos Rusia, China, India, la gran mayoría de los países latinoamericanos…”? Por supuesto, redactar asertos sin sujeto claro puede llevar a la veja trampa retórica de la tautología.

Bandera de Osetia del Sur. Tanto ésta enseña como la de Abjasia vienen siendo enarboladas desde 1992. La autoproclamación de la soberanía de ambos territorios no viene de este verano, sino del proceso de desintegración de la URSS, en 1991
Resulta mucho más clarificador tener en cuenta el mensaje de Moscú de este verano dirigido hacia la política unilateralista practicada desde Washington en los últimos ocho años: “Quien siembra vientos, recoge tempestades”. Pretender que una delegación comunitaria vaya a Moscú para discutir si los vientos son alisios o puro siroco, si las tempestades del mozón son equiparables a las del Atlántico Norte, es puro bizantinismo de salón, más propio de un periodista que de un moderno profesional de la "diplomacia cuántica".
Se llama escribir con trazo grueso (y con notable ingenuidad en relación a la inteligencia de los lectores) la pretensión de que los actos de fuerza militar no basados en alguna forma de legalidad internacional solvente o, al menos, en las resoluciones de las Naciones Unidas, poseen un diferente peso moral al amparo de los diferentes intereses que cada potencia tuvo en su momento. En 2008 rusos no buscaron obtener ninguna resolución 1244 de la ONU para Osetia meridional y Abjasia, como se hizo para Kosovo en 1999. Pero ¿para qué? Si precisamente lo que intentaron los rusos este verano fue recordarle a Torreblanca que la resolución 1244 fue totalmente violada por los países que reconocieron la autodeterminación de Kosovo el pasado mes de febrero.
Ahora bien: aconsejar a los compañeros diplomáticos de la troika europea que viaja hacia Moscú, que se olviden del amigo americano y lo metan debajo de la alfombra, parece cosa de conjuro mágico. Zas, y de repente, hacemos que se esfume en el aire la base norteamericana de Bondsteel, en el centro de Kosovo, utilizada en su momento como centro de interrogatorio o “cárcel secreta” en la ya olvidada “guerra internacional contra el terrorismo”, por cierto. De momento, los rusos no tienen nada parecido en Osetia del Sur o Abjasia; deben estar esperando el correspondiente permiso de no se sabe quién en Occidente. ¿Podrán construir una similar en Venezuela o Bolivia, el día de mañana?¿Quizás en Siria?

Uno de los diseños que compitieron en su día para convertirse en la enseña nacional de la República de Kosovo. Pretendía ser un homenaje a la bandera norteamericana y fue una suerte que no se aprobara, visto el parecido final con la de Abjasia
Por fortuna, como recordaba el editorial de “El País” el mismo día en que se publicó el artículo de Torreblanca, en Moscú primó el pragmatismo. Los rusos no debieron quedar muy impresionados por el convincente poder del comodín kosovar. Aunque posiblemente, el pretendido pragmatismo era más bien la actitud profesional de unos diplomáticos que saben muy bien lo que andan buscando desde hace ya algún tiempo, y no dejarán de hacerlo. La fenomenal quiebra de Lehman Brothers, acaecida ayer mismo, demuestra una vez más que los neocons norteamericanos ni siquiera han sabido gestionar aquello de lo que más presumían: la pura y simple economía liberal. Los rusos hace tiempo que decidieron que las recetas neoliberales que les dictaba Jeffrey Sachs en los noventa, eran puro veneno. Desde el otro lado del Atlántico nunca perdonaron ese desaire, nunca aceptaron el fracaso y rechazaron que Rusia siguiera su propio camino.

Tropas regulares chechenas integradas en el Ejército ruso (como las de la fotografía) operaron en Osetia meridional (y posiblemente en Georgia) durante el pasado mes de agosto.
"El Periódico de Catalunya", 13/9/2008
EL CONTROL DE UNA ZONA GEOESTRATÉGICA EN EBULLICIÓN
La batalla por Eurasia ha empezado
En parte, los norteamericanos cuentan con salir de la actual situación de crisis invirtiendo en desarrollo tecnológico militar
• La UE espera lograr energía barata, mientras que el objetivo de EEUU es mantener su hegemonía
FRANCISCO Veiga*
En apariencia, las cosas están yendo como la seda para casi todos, menos para los norteamericanos. La Unión Europea entreabrió la puerta a Ucrania: algunos comentaristas lo han confundido con una señal de que también va en el paquete la inclusión en la OTAN. Pero no es así: la oferta viene de Bruselas, es un acuerdo de asociación comercial privilegiado y no hay referencia a cuestiones militares. La OTAN es un asunto básicamente norteamericano, y la respuesta rusa a su despliegue naval en el mar Negro son las anunciadas maniobras en el Caribe. Significativamente: hasta el momento, Moscú no ha protestado en voz alta contra el trato de favor de la UE a Ucrania. Algo muy sintomático, si se liga al protagonismo que le ha dado Moscú a Bruselas a lo largo de toda la crisis de Georgia.
ESTO PODRÍA probar que, en efecto, Rusia y la Unión Europea están en pleno proceso de acercamiento, intentando los europeos eludir la interferencia norteamericana. Las lágrimas de cocodrilo de algunos analistas --sobre todo de derechas-- por la supuesta decadencia occidental ante el oso ruso descontrolado esconden esas contradicciones. La razón del acercamiento ruso-europeo está en los desastres que han comportado los ochos años de presidencia de George Bush, tanto militares como económicos. Al final, algunas potencias de la Unión Europea se han decidido a buscar la iniciativa en determinados escenarios geoestratégicos, aprovechando los meses finales de su presidencia.
Uno de ellos, quizá el más importante, es Eurasia, y más concretamente las rutas y países que conectan a Europa con los yacimientos de gas y petróleo del mar Caspio. Pero también Rusia, superpotencia energética. El tercer actor de esta historia es Irán, que tiene un peso nada desdeñable porque está dispuesto a ofrecer esa misma energía a Europa, pero más barata que la procedente de las repúblicas de Asia Central.
Por su parte, los norteamericanos, que se abastecen mayoritariamente de gas y petróleo procedentes de Canadá, México, Venezuela y Bolivia, tienen un interés básicamente hegemonista, dado que buscan dejar fuera de juego a determinados productores (como Irán), controlar los ductos procedentes de algunos países de Asia Central exsoviética hacia Europa y, sobre todo, establecer condiciones beneficiosas para ellos en el mercado de la energía: fijar precios y condiciones en las necesarias inversiones para llevar a cabo y modernizar las extracciones, y mantener la hegemonía del dólar como medio de pago.
ESTO ES muy importante, porque hacer los desembolsos del crudo y el gas en su propia moneda permite a los norteamericanos operar con malabarismos financieros cuando es necesario: pagar en bonos, negociar aplazamientos y, sobre todo, no pagar por el cambio de divisas. Si el dólar perdiera un apreciable protagonismo en el mercado de la energía, los norteamericanos afrontarían un déficit extra que, posiblemente, les obligaría a controlar el consumo interno y ralentizar su carrera de armamentos. ¿Y por qué es esto tan importante? Porque, en parte, los norteamericanos cuentan con salir de la actual situación de crisis invirtiendo en desarrollo tecnológico militar. Al fin y al cabo, piensan, la segunda guerra mundial ayudó a superar la larga Depresión de los años 30, y la carrera de armamentos de la era Reagan ha sido presentada muchas veces como el detonante de una beneficiosa recuperación económica en los años 80. Los jugosos contratos multimillonarios son la esencia del tan célebre como inútil y provocador escudo antimisiles que Washington pretende instalar en Polonia.
En este tira y afloja financiero, los iranís están interesados en imponer el euro como moneda de pago preferente de los hidrocarburos, con el argumento de que el dólar se devalúa con facilidad y ocasiona grandes pérdidas, lo cual también afectó a los rusos, y mucho, el año pasado. Varios países relacionados con la compra y venta de energía en grandes cantidades --como China-- abogan por desvincularse del dólar e imponer sus propias monedas nacionales, cestas de divisas o el euro.
La crisis de Georgia, que ha propiciado la devaluación del rublo, todavía ha hecho más atractivo el precio de su petróleo y su gas para los europeos, sobre todo si lo pueden pagar con euros fuertes. La neutralización temporal de la presión norteamericana contra Irán podría posibilitar la construcción de un oleoducto a través del Cáucaso, y quizá Ucrania, hacia Europa. Por lo tanto, las perspectivas de una energía cara y los cuentos sobre posibles extorsiones rusas a Europa pueden no ser precisamente las correctas a medio plazo.
ESO SÍ: el guiño a Ucrania le puede salir bien caro a Bruselas. Es un país problemático, con una clase política demasiado volátil y una estructura nacional interna ciertamente explosiva. Posiblemente, a Moscú no le parezca tan mal que la UE cargue con su propia cuota de responsabilidad en controlar a la díscola Ucrania, que hasta ahora ha dado muchos quebraderos de cabeza a los rusos. Como dice el viejo y sombrío refrán chino, aplicable ahora a las potencias europeas más favorables a Kiev: "Ten cuidado con lo que deseas: podría llegar a cumplirse".
*Profesor de Historia Contemporánea de Europa Oriental y Turquía (UAB). Etiquetas: Abjasia, Asia Central, Eurasia, Georgia, Irán, Kosovo, Osetia del Sur, Ucrania, UE
Un cuento navideño con gnomos europeos

Una de las estatuas más imponentes del Turkmenbaşı en Aşgabad, erigida sobre el Arco de la Neutralidad. Las fotografías de la capital turkmena proceden de la web de viajes del matrimonio Leon Peute-Mírjam Stark (
BamJam)
¿Qué sabe usted de Turkmenistan? No se acongoje: posiblemente posea más nociones del país que muchos periodistas. Algunos acaban de descubrir, hace tan sólo unos pocos días que estaba gobernado por un extravagante tirano: Saparmurat Niyazov, que se hacía llamar Turkmenbaşı, señor de los turkmenos. Una proporción significativa de las crónicas se dedicó a detallar las extravagancias de Niyazov: que si había prohibido el ballet, las radios en los automóviles, los dientes de oro y las clínicas regionales. Que si declaró ilegales toda una serie de enfermedades infecciosas. Y no olvidemos que ordenó rebautizar los meses del año con los nombres de sus familiares; o construir un zoológico con instalaciones para pingüinos y pistas de patinajes en el tórrido desierto de Kara Kum. A los periodistas les pirran estos detalles, porque automáticamente declaran "loco" al estadista y todo queda explicado. No hace falta buscar coherencia en la política del país en cuestión, no es necesario saber más. Era un lugar lejano y extraño gobernado por un chalado; por lo tanto, no existió nunca o no hacía falta conocer nada de él y sus habitantes. Hoy mismo, día de Navidad, los periódicos españoles le dedican un breve espacio con fotografía al sepelio del “déspota”.
El
Ruhnama o libro de pensamientos, ideas y consejos morales del Turkmenbaşı. La imagen corresponde a una reproducción en cemento de la obra, convertida en monumento y expuesta en la vía pública en la capital (foto procedente del blog de BamJam). A la muerte del estadista estaba a punto de publicarse el volúmen II, confeccionado con las cartas de los turkmenos.
Turkmenistan es un país construido en torno a un desierto, el de Kara Kum. "Construir" es un verbo que le cuadra. En los años veinte, Moscú reorganizó a propia conveniencia las que deberán ser nuevas repúblicas socialistas federativas soviéticas en Asia Central. Lo importante era evitar cualquier proyecto autóctono de reagrupamiento. En 1921 fue creada la región autónoma de Turkmen y al año siguiente la de Kirguizia. Y en 1924 dejaron de existir Jiva y Bujara como estados nacionales herederos de los antiguos janatos. Ese mismo año, en octubre, el Comité Ejecutivo Central de la URSS votó por la fundación de las repúblicas socialistas de Turkmenistan y Uzbekistan. Desde 1991 esas repúblicas han devenido independientes, algunas de ellas bajo regímenes políticos peculiares, legitimando su existencia en teorías históricas notablemente forzadas y sobre todo, a partir de notables recursos naturales. En el caso de Turkmenistan es el gas. Algunos periodistas han confundido las exageraciones de Niyazov con la importancia real de los yacimientos. Claro que la república no tiene unas reservas de 12 billones de metros cúbicos, como trompeteaba triunfalmente el Turkmenbası; pero las actualmente existentes de 2,86 billones de metros cúbicos, ya la definen como el undécimo productor mundial de gas. Hoy la prensa española afima, con amplia posibilidad de error, que es el quinto, lo cual situaría a esa república a la altura de Rusia, Irán, Qatar, Arabia Saudí, Estados Unidos o Argelia; pero en cualquier caso, no son cifras en absoluto desdeñables. Y por si fuera poco, Turkmenistan posee otros recursos naturales nada despreciables: petróleo, oro, platino y uranio.

Esos datos ya son suficientes para entender la importancia real del país centroasiático y la política exterior rigurosamente neutralista seguida por Niyazov, ésta si, completamente coherente. La república procuraba tener buenas relaciones con sus vecinos peligrosos, especialmente con Irán. Con Rusia, las cosas eran todavía más difíciles, pero en líneas generales el dictador tendía a evitar las tensiones. Y sin embargo, el sueño del régimen perjudicaba potencialmente a iraníes y rusos, por cuanto consistía en tender un gaseoducto que a través de Afganistán llegara a Pakistán y al Índico (o la India, posible gran cliente futuro de Turkmenistan). Para hacer realidad el proyecto, Niyazov mantuvo cordiales relaciones con los talibanes; y también con las fuerzas de la Alianza del Norte. Más adelante, tras la invasión de 2001, la cordialidad se trasladó a los norteamericanos. Pero Turkmenistán no se llegó a embarcar en alianzas estrechas con Washington. En la guerra contra el terrorismo, Niyazov tampoco se comprometió; apenas hizo concesiones: permiso de sobrevuelo con fines básicamente humanitarios, pero nada de bases militares. Washington se temió que el país terminara sirviendo de refugio a los talibanes, pero los turkmenos cumplieron bien.

Fotografía de Saparmurat Niyazov. Para leer su biografía oficial pinchar aquí.
En la actualidad, el soñado proyecto del gaseoducto transafgano parece que va para largo. Los combates se recrudecen en la zona, los talibanes están recuperando su perdida fuerza, la OTAN no sabe cómo salir del atolladero y no se cumplen las mínimas condiciones de paz y estabilidad para tender un gaseoducto hacia Pakistan. Y justamente ahora, cuando proliferan misteriosamente las guerras civiles potenciales o reales en países árabes como Irak, Líbano y territorios palestinos (vaya coincidencia), cuando prosperan las sanciones de la ONU y de los norteamericanos contra Irán, siendo éste activamente apoyado por los rusos, fallece de un ataque al corazón (qué casualidad) el tirano Saparmurat Niyazov, conocido como Turkmenbaşı. Sobre todo, los rusos fueron quienes dieron la voz de alarma. Académicos, expertos, políticos y diplomáticos se han lanzado a opinar sobre un país que conocen bien. Unos cuantos de entre ellos pronostican tensiones e incluso crisis internas entre los diversos clanes por el control del poder. Fueron precisamente los rusos quienes han explicado que la sucesión en torno al viceprimer ministro y ministro de Sanidad, Gurbanguly Berdymuhammedow, se debe a que es hijo natural del desaparecido dictador.
Y es que Turkmenistán está en el centro de un juego de fuerzas de difícil equilibrio. De un lado vende gas a Rusia, que a su vez es máximo exportador mundial. Esto es así, porque el enorme país eslavo oferta tal cantidad de gas que al final siempre se queda corto en las previsiones para el consumo interno, y las ventas turkmenas ayudan a paliar esa carencia a un precio razonable. Pero Rusia es la parte fuerte y el ajuste de los precios no suele ser favorable a Turkmenistan. A partir de 1999 las cosas se complicaron con el descubrimiento del yacimiento de gas Şah-Deniz en el Caspio, cuya explotación puso en conflicto a Azerbayan con Turkmenistan, y no sólo por la cuestión del reparto del mar y sus explotaciones, sino también en lo referente de las ventas a Turquía, cuya demanda de gas está creciendo de forma apreciable: en 2010 se calcula que necesitará 55,2 billones de metros cúbicos, cifra que en 2020 ascenderá a 87,2. Durante un tiempo se consideró la posibilidad de tender un gaseoducto a través de Irán, otro cliente y vecino peligroso de Turkmenistan. Pero no resultaba convincente entregar a los iraníes el control de una salida tan importante como esa; durante el último año, las presiones de los países europeos y los Estados Unidos, que han catalizado en un paquete de sanciones votadas en la ONU, la posibilidad de contar con Irán como socio comercial se han vuelto demasiado problemáticas. Y tal como se ha dicho, la salida hacia la India está completamente cerrada a través Afganistán. Y los vecinos Uzbekistan y Kazajstan tienen su propio gas.

Por lo tanto, Turkmenistan resulta ser un país estratégicamente aislado, y no queda tan claro si esa circunstancia fue la base para la política de Niyazov o resultó más bien al revés. Casi cabe decir que a pesar de la cautelosa política exterior del difunto tirano el país había quedado rodeado por una cadena de coyunturas internacionales insalvables. Eso ayuda a entender que Ucrania se hubiera convertido en uno de los clientes más importantes del gas turkmeno, lo cual generaba curiosos efectos colaterales. Por ejemplo, ese "balón de gas" evitaba una mayor dependencia de Kiev hacia Moscú. Además, diversos prestamistas occidentales hicieron su agosto transfiriendo divisas a Kiev para que pagara sus crecidas importaciones de gas turkmeno. Pero aún así, los ucranianos tendían a saldar sus cuentas tarde y mal. Por ello, Aşgabad necesita tender gaseoductos hacia clientes fiables, solventes y capaces de absorber su potencial exportador. Pero también son necesarios socios inversores.

Una de las mezquitas principales de Aşgabad, edificada con aportaciones turcas. Fotografía procedente de la web de BamJam
Turquía es el primer paso; y a partir de ella, Europa. En este sentido, la muerte de Niyazov puede dar lugar a escenarios fatídicos o prometedores; todas las expectativas permanecen ahora dramáticamente abiertas. En pocos meses Turkmenistan podría devenir un anulado satélite ruso-iranio. O bien resolver sus diferencias con los primos azeríes y acercarse a Turquía. Al fin y al cabo no es sólo es una cuestión comercial. Los turkmenos son turcos de origen oğuz, ancestros de los actuales turcos de Anatolia y azeríes. A este respecto, la prensa turca ha recogido con atención la participación de la importante delegación de Ankara que acudió al sepelio de Saparmurat Niyazov en Aşgabad.

Perfil de la ciudad de Aşgabad en el horizonte. Fotografía procedente de la web de BamJam
Rusos y turcos siguen con atención los acontecimientos en la capital turkmena. Europa parece ajena al asunto. Mientras Francia, Alemania, Holanda, Italia y otros países miembros de la UE han preferido negociar bilateralmente con Moscú los suministros de gas, y España los obtiene de Argelia, la "vía turca" hacia el gas y el petróleo de Asia Central se antoja algo remoto. Cuando aún resuenan los pueriles suspiros de aquellos que consideran que los últimos obstáculos inventados para ralentizar la candidatura turca a la UE alejan las fronteras europeas de los países árabes de Oriente Próximo y sus conflictos, en realidad las apartan de las riberas del Caspio y de las fuentes de energía que podrían hacer del viejo continente el gigante del siglo XXI. El mismo periódico que hace pocos días apenas podía disimular su satisfación por el hecho de que Turquía haya sido “castigada”, se lleva ahora las manos a la cabeza ante el hecho de que Europa será cada vez más dependiente de la energía rusa, sin acertar a ver la importancia de la jugada turca que estamos tirando por el fregadero a cambio de nada. Por desgracia parece que seguiremos viviendo como enanitos bajo las setas de las leyendas franco-centroeuropeas. Slitzweitz!
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Zotts, doms, romaníes, bohemios, zíngaros, egipcios … gitanos
Un día apareció por mi despacho; había ido antes, consultó horarios, volvió y por fin nos conocimos. Una persona paciente y persistente, un buen investigador. Lo recuerdo como un hombre de mediana edad, se llamaba Javier Aguirre y había terminado un libro sobre la historia de los gitanos, basada en su propia tesis doctoral, leída en 1993 en la Universidad de Perpignan. En 2003, ese trabajo fue recomendado para su publicación por el Groupe de Recherche pour une Histoire Européenne des Tsiganes, de la Sorbonne. Université René Descartes, Paris V. El autor me habló de su trabajo y me prometió que me enviaría el libro. Cumplió su palabra: meses más tarde llegó un sobre que contenía el trabajo, titulado: Historia de las itinerancias gitanas. De la India a Andalucía, publicado este mimso años de 2006.
Hermoso título, ¿no creen? Incorpora ese vocablo tan bien escogido, que contiene en sí mismo un punto romántico: itinerancias. Un término que por no estar contemplado en el Diccionario de la Real Academia Española le un toque adicional de sofisticada audacia que acabo de incorporar a mi diccionario Word. Itinerancia: entiendo que es un viaje sin claro destino final. O una forma de vivir viajando, aunque un itinerario es, precisamente, una “ruta que se sigue para llegar a un lugar” (DRAE).
La obra es un volumen en cuarto menor de 570 páginas, en aromático papel cuché y agradable de leer. Se trata de historia factual, pero se agradece por estar bien documentada y porque no es tan fácil encontrar un libro de saber enciclopédico sobre un pueblo tan cercano a nuestra vida cotidiana pero del que tan poco sabemos en realidad. Precisamente, la obra de Javier Aguirre arranca de los orígenes de la lengua romaní y de las primeras noticias sobre doce mil músicos zott (o quizá luri) que el rey persa Bahram Gur mandó llevar a su reino desde la India, allá por el siglo V. A partir de ahí, la historia de los protogitanos (los lom) terminará entreverándose con la penetración de los selyúcidas en Asia Menor, los desplazamientos de población armenia y el azote de los mongoles, todo ese mundo que gira sobre sí mismo entre los siglos XI y XIII y que es la puerta de arranque de cualquier historiador interesado en la historia de los pueblos turcos. Es más: los gitanos herreros se especializaron en la manufactura de equipos para los guerreros montados de los diversos pueblos turcos nómadas del Asia Central, lo que también les convirtió en expertos de la cría y doma del caballo.
Calé proviene de kalé, plural de kaló, que en muchas lenguas de la India significa “negro”. De ahí el nombre de la Diosa Madre del tiempo y la noche suprema: Kalí. Pero en Europa se extenderá el mito de que el origen de ese pueblo estaba en Egipto; de ahí la denominación ejiftos (en griego) y evgité (albanés) de lo cual derivará gipsy en inglés (por ejemplo) o el mismo término “gitano” (de "egiptano"). Aguirre explica que su libro es el primero en dilucidar la persistencia de ese apelativo erróneo, que está relacionado con la creación de un eje comercial muy potente que unía al janato de la Horda de Oro -al norte del Mar Negro- con El Cairo a través de Constantinopla, y eso desde el siglo XIII en adelante. El motivo de este fenómeno había sido la llegada de los mongoles al Próximo Oriente, lo que interrumpió la comunicación comercial con Asia Central a través de Anatolia y el Cáucaso. Fue a lo largo de este periodo cuando llegaron los primeros contingentes importantes de gitanos a los Balcanes. Pueblo errante, de lengua desconocida, la vox populi y las autoridades eclesiásticas –que le daban una explicación bíblica al mito- expandieron el mito de su origen egipcio. “Si los gitanos no creyeron desde el principio en esa historia –escribe Aguirre- en el curso de unas décadas le prestaron crédito, sobre todo porque no podían dar mejor razón de sí. Sabiéndose errantes en Cercano Oriente, para ellos desde tiempo inmemorial, pues siendo de casta ágrafa no mantenían memoria de su pasado más allá de la de cuatro generaciones, les resultaría verosímil la fábula, que apenas respondía a su propósito, pues les integraba en el mito cristiano, lo que les daba cuando menos la posibilidad de encontrar acogida en Europa”.
Pero el libro no se queda en esas remotas historias. Javier Aguirre responde a preguntas tan interesantes como el por qué de que la actual Rumania sea pródiga en gitanos, hasta el punto de que en los Balcanes suela identificarse a válacos con romaníes. O el encuadramiento social de los gitanos bajo el Imperio otomano y cómo a través de su avance por Europa central, los troveros zíngaros reconstruyeron la música popular húngara en el siglo XVII. Y por supuesto, explica la historia de la llegada de los primeros gitanos a la Península Ibérica en fecha relativamente tardía, a lo largo del siglo XV.
El libro llega hasta mediados del siglo XIX, que es cuando la mayoría de las comunidades gitanas en Europa concluyen su larga historia itinerante y empiezan a diluirse en los medios nacionales predominantes. Sin embargo, para el caso de España el autor extiende su análisis un siglo más, incluyendo el comentario de algunas leyes específicas o la labor de la Iglesia evangélica gitana. No llega a describir los últimos ataques contra la comunidad gitana cometidos en Kosovo tras concluir la guerra de 1999, cuando acusados de colaborar con las autoridades serbias, fueron expulsados en masa por los nacionalistas albaneses: ese fue precisamente el tema de la conversación que mantuvimos aquella tarde Javier Aguirre y yo.
Javier Aguirre Felipe,
Historia de las itinerancias gitanas. De la India a Andalucía, Institución Fernando el Católico (Diputación de Zaragoza). Colección: Estudios. Historia. Zaragoza, 2006. 570 páginas. Bibliografía comentada.Algunas pistas adicionales:
La detallada reseña que se puede encontrar en el blog de
Antón Castro.Etiquetas: Anatolia, Asia Central, Balcanes, Cáucaso, gitanos, Horda de Oro, India, Javier Aguirre, mongoles, turcos, zott