domingo, diciembre 13, 2009

And the winner is...
















































With shirt, without shirt, with or without a t-shirt, the man is here, there, crying to the camera, the corpse to one side to the other, the orange blanket appears, disappears... A hard staged press photo, indeed

Con camisa, sin camisa, con o sin camiseta, el hombre está aquí, allí, llorando hacia la cámara, el cadáver de un lado o del otro, la manta naranja aparece, desaparece... Una foto currada, desde luego



Por fin, acudí a la exposición World Press Photo, 2009 en el CCCB de Barcelona, justo el último día antes de su clausura: entre los ganadores (tercer premio de “Spot News”) una foto más que polémica, de la agencia Reuters. Según informa el pie de foto, el protagonista es un georgiano que abraza a su hermano, muerto en un bombardeo ruso sobre Gori, el 9 de agosto de 2008.

Lo primero que llama la atención es que la foto en cuestión aparecía firmada por el georgiano David Mdzinarishvili, pero también por el ucraniano Gleb Garanich (ambos de Reuters, al parecer) que es quien se lleva el premio.

Si bien es cierto que la secuencia fotográfica del georgiano abrazando al hermano ha sido reproducida en muchas ocasiones, también lo es que ha levantado una importante polémica sobre su autenticidad. En la red no es nada difícil encontrar una y otra vez las discusiones sobre los aspectos más que dudosos de la toma. Y eso desde un principio: ya el 18 de agosto de 2008 incluí noticia del asunto en este mismo blog. Lo interesante es que no se ha podido demostrar que no fuera un “fake”. Los que defienden su autenticidad alegan simplemente un “I don´t tihink… I don´t think…” reiterado, y poco más.

También se ha intentado zanjar la polémica argumentando que el bombardeo no fue un invento, que el muerto es real. Nadie lo duda. Hubo un bombardeo, hubo víctimas, entre ellas los que aparecen en las fotos. Lo que se denuncia aquí es que existen pruebas bastante concluyentes de que se llevó a cabo un posado bastante grosero, utilizado posteriormente como propaganda de guerra por el bando georgiano, y premiado finalmente en World Press Photo. Suficientemente vergonzoso.

Y lo peor es que la polémica no se queda en la foto mencionada. Hay otra, también del ucraniano Gleb Garanich, de ese mismo día, que asimismo levanta serias dudas. Y que también está colgada en la galería de honor de World Photo Press 2009. Mmm… demasiadas sospechas.

Eso, de por sí, es grave para la profesión periodística. Tanto más si tenemos en cuenta que en 2006, se despidió a un fotógrafo árabe por recurrir al Photoshop para dramatizar la escena de un bombardeo retocando el humo. ¿Quieren ver más ejemplos de utilización de Photoshop en fotos premiadas? Echen un vistazo cuidadoso a las fotos del World Press Photo 2009. Si ustedes han utilizado Photoshop alguna vez, seguro que localizarán fácilmente más de una.

¿Para cuándo el World Press Fake? Será muy interesante para todos aquellos que no tragan el fotoreportaje industrial de los grandes mass media, con toda esa característica “miseria de diseño” y propaganda de guerra. Mientras llega ese momento, pueden disfrutar de excelentes ejemplos de auténtica fotografía histórica en: Ian Jeffrey, Cómo leer la fotografía. entender y disfrutar los grandes fotógrafos, de Stieglitz a Doisneau, Electa, Barcelona, 2009



Finally, I attended the World Press Photo exhibition, 2009 at the CCCB of Barcelona, just the last day before its closure: among the winners (third prize for "Spot News") a snapshot rather than polemic, from Reuters news agency. As reported by the caption, the scene depicts a Georgian man who embraces his brother, killed in a Russian strike on Gori, 9th August, 2008.

The first thing that strikes us is that near the same scene was signed by the Georgian David Mdzinarishvili, but also by the Ukrainian Gleb Garanich (both from Reuters, apparently) although it was the latter who took the award.

While it is true that photographic sequence of the Georgian brothers (?) has been reproduced many times, it is equally important that it has raised a controversy over its authenticity. It´s not difficult to find in the net the discussions on the more than doubtful shot, again and again. Already on 19 August 2009, I published a post on the curious photos made from Garanich in Gori. And the interesting thing is that is no clear evidence that there was NOT a fake. Those who defend their plausibility simply repeat: "I don´t think... I don´t think...”, and little else.

Some people have tried to settle the controversy by arguing that the attack was not an invention, that the dead is real. Nobody doubts that. There was a Russian strike, there were victims, including those in the photos. What is reported here is the pretty conclusive evidence that Garanich largely staged the picture, later used as war propaganda by the Georgian side, and finally awarded by World Press Photo. Embarrassing enough.

The worst thing is that the controversy does not remain in the picture above. There's another, also from Ukrainian Gleb Garanich, just the same day, and it also raises serious questions. And this second picture also hangs in the gallery of honor of World Press Photo 2009. Mmm... more and more suspicious.

That, in itself, is a serious affront for the journalistic profession. All the more if we consider that in 2006, Reuters fired an Arab photographer who tried to dramatize the scene of an Israelí strike by tweaking the smoke with a little help from Photoshop. Want to see more examples of using Photoshop in winning press snapshots? Take a close look at the photos of the World Press Photo 2009. If you ever have used Photoshop, surely you will see more than one such.

For when the World Press Fake award? It will be interesting for those who do not swallow the industrial photo-mass media, with all that characteristic "misery desing” and war propaganda. Until that time, you may have wonderful examples of really authentic historical picture in the book by Ian Jeffrey: How to Read a Photograph: Lessons from Master Photographers, Putnam, New York, 2008

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jueves, octubre 15, 2009

La reconciliación turco-armenia (y 3): El gran círculo caucasiano





















El jefe de Exteriores armenio Nalbandian (izquierda) y el turco Davutoglu, tras la frma del histórico acuerdo. Foto: EFE / CHRISTIAN HARTMANN



El domingo pasado, la sección de Internacional de "El Periódico" me encargó la elaboración de una pieza sobre el histórico acuerdo armeno-turco, que se publicó el martes siguiente y figura más abajo, reproducido en este mismo post. En él, el lector habitual de este blog encontrará ideas ya expresadas anteriormente, relacionadas con la necesidad de buscar interpretaciones globales sobre lo acaecido en un contexto tan geográficamente reducido e interconectado entre sí como es el Cáucaso meridional: tres pequeños países flanqueados por dos potencias.

La novedad se encuentra al final del artículo, con la inclusión del problema kurdo en el puzzle. En efecto, si hemos de considerar que la evolución política de Georgia, Armenia y Azerbaiyán debe analizarse conjuntamente, también ha de incluirse ahí la cuestión kurda, al menos en lo referido a la parte que corresponde al Estado turco. Parece evidente que la "descongelación" política de toda esa zona, del "gran círculo caucasiano", generará una fluidez en los conflictos presentes, hasta ahora silenciados o considerados latentes. Uno de ellos es el existente entre kurdos y armenios, instrumentalizado hasta convertirlo en alianza táctica anti-turca durante la Guerra Fría. Sin embargo, esa situación no tiene por qué seguir así, y el tratamiento de esa cuestión desde Occidetne exigirá menos posicionamientos pasionales y más disposición racional a que todas las partes salgan beneficiadas de las soluciones o acuerdos que se pacten.

Por último, la pieza publicada recupera la línea de interpretación, avanzada hace algo más de un año, a raíz de la guerra ruso-georgiana, y publicada en "El País".



13/10/2009 ANÁLISIS DEL ACUERDO ENTRE TURCOS Y ARMENIOS

El gran círculo caucasiano



• La acción conjunta de Rusia y Turquía en relación al Cáucaso parece estar detrás del deshielo con Armenia
• La Unión Europea no ha sido la fuerza catalizadora del proceso

La normalización de relaciones entre las repúblicas de Armenia y Turquía ha sido saludada desde diversos medios enfatizando las dificultades de última hora, que eran las de esperar. La diáspora armenia ve cómo se le dobla esa palanca de poder que podía utilizar en los países de acogida: el recuerdo del genocidio de 1915. Pero el Gobierno de Erevan también sabe que no puede desairar así como así a una diáspora que cuenta con más miembros que ciudadanos tiene la República, y una fuerza económica y política nada desdeñable.

En cuanto a Turquía, la derecha y ultraderecha nacionalistas se echan las manos a la cabeza ante la «traición» del Gobierno islamista. Harían cualquier cosa para hundir a Erdogan, y es de esperar que intenten sabotear la solución al nudo gordiano chipriota, el último gran problema internacional que le queda a Ankara para cumplir con las condiciones de Bruselas. Sin embargo, el Gobierno islamista moderado no ha parado de afianzarse, batiendo a la oposición en su propio terreno. Y cumpliendo de paso con las condiciones impuestas por la UE en política exterior: una de ellas, la regularización de las relaciones con Armenia y la apertura de la frontera.
Pero lo importante aquí es la visión de conjunto. Hace solo dos años, por estas mismas fechas, en Europa se consideraba utópica la reanudación de las relaciones turco-armenias. Hoy no solo se han restablecido, sino que parece que de paso se está cerca de resolver el contencioso del Alto Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán, un asunto aún más espinoso, que parte de una guerra entre ambos países entre 1991 y 1994.

Ahí ha sucedido algo: demasiados cambios en muy poco tiempo. Por el camino, un rosario de contactos secretos entre turcos, armenios y azerís y una extraña guerra, la de Georgia contra Rusia, cuyas causas no están ni mucho menos claras.
¿Dónde ha estado el hilo conductor de esta historia? A pesar de la solemne presencia de Solana en el acto de apretón de manos final entre los ministros de Exteriores Davutoglu y Nalbandian, la Unión Europea no ha sido la fuerza catalizadora del proceso. Ni siquiera a través de la Asociación Oriental, puesta en marcha el pasado mes de mayo en Praga e impulsada por Angela Merkel. Eso está en sus comienzos, y en el Cáucaso todo va mucho más rápido.

La respuesta parece estar en la acción conjunta de Turquía y Rusia, que de una manera u otra se han puesto de acuerdo en relación al Cáucaso, área de influencia común. Punto central ha sido la ruptura del aislamiento de Armenia, hasta ahora satélite ruso. A su vez, y gracias a las presiones de Moscú, Erevan cederá en Nagorno-Karabaj, con lo cual Azerbaiyán mantendrá un trato más relajado con Rusia. Todo ello ha sido posible a partir de que Georgia, vencida en la guerra del 2008, ha quedado estratégicamente fuera de juego. Deberemos esperar novedades en toda la zona. Armenia entrará en el recorrido de los gasoductos y oleoductos, y también de ejes de comunicación. Con ello se evitará un camino más largo y complicado por Georgia. Así, el negocio de los hidrocarburos y su transporte quedará más concentrado en manos de rusos, azerís y turcos, con la posible incorporación de iranís.

Reordenamiento general

En todo ese juego, Turquía se está erigiendo como árbitro frente a las pretensiones europeas en la zona. Y así gana bazas en su camino hacia la UE. Pero hay algo que queda por ajustar en el puzle: la cuestión kurda. La solución, a gusto de Ankara, está en camino: la normalización de relaciones con Armenia posiblemente llevará a las pertinentes reclamaciones de propiedades de los expulsados en 1915 de Anatolia oriental. Hoy, todo eso pertenece a la población local, mayoritariamente kurda. De ahí que la solución del problema que busca Erdogan pase por la defensa del status quo a cambio de una renovada fidelidad política kurda. A no dudar, en el Cáucaso sur se está operando un verdadero reordenamiento general, y todos buscan matar sus respectivos pájaros de un solo tiro.

Profesor de Historia Contemporánea (UAB) y autor de El desequilibrio como orden (2009).

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sábado, octubre 10, 2009

La reconciliación turco-armenia (2): Bruselas tiene un problema




















En Los Ángeles, una furgoneta de la comunidad armenia denuncia el acuerdo turco-armenio sobre los rostros de los presidentes de ambos países



El miércoles de esta misma semana concluyeron las jornadas a puerta cerrada, en el CIDOB, tituladas: “A European South Caucasus? EU soft power and challenges to democracy, peace and development in the South Caucasus”. La organización corrió a cargo de la mencionada fundación junto con la Friedrich Ebert Stiftung y la European Stability Initiative (ESI). En la convocatoria se nos indicaba que deberíamos atenernos a las reglas de Chatham House, lo cual tiene un punto pretencioso: ¿por qué no se elaboran unas reglas CIDOB más adecuadas al formato y entidad de las jornadas como las organizadas? En cualquier caso, me ceñiré en la medida de lo posible a las condiciones, como si estuviéramos en Reino Unido, aunque no sea así: pueden encontrar el programa del evento en la página de la fundación.

La plantilla de invitados resultó muy correcta, lo cual suele ser habitual en las jornadas de CIDOB-ESI. Por lo demás, se notó una vez más la veteranía de la fundación barcelonesa, asociada al punto germánico que aporta ESI. La asistencia de invitados quedó bastante recortada con respecto a lo prometido en el programa, aunque es seguro que los organizadores no fueron responsables de ese fallo. En cambio, sí que se notó la ausencia de representación rusa, que corrió a cargo de un único ponente. La presencia turca fue igualmente anémica –algo menos comprensible. Y, desde luego, no se invitó a ningún iraní; y lo cierto es que Teherán siempre ha tenido mucho que decir en el Cáucaso. Personalmente, hubiera añadido algún invitado kurdo; y, aunque más difícil de conseguir, alguien que representara al Cáucaso Norte.

Segunda carencia, y ésta de mayor calado: faltó una visión de conjunto. En su lugar, se cayó en aquella práctica que resultaba habitual durante las crisis balcánicas: la parcelación. Los georgianos explicaron su guerra; los armenios de la república, su reconciliación con los turcos; los azeríes, y otra vez los armenios, la negociación sobre Nagorno-Karabaj. Previamente, tres intervenciones dedicadas a los actores mayores: una por Rusia, otra por Turquía, y la tercera por la UE. Y ni media palabra dedicada a los padres de la criatura: gaseoductos y oleoductos.

Por lo tanto, el Cáucaso apareció ante los asistentes como un rompecabezas tan artificialmente fragmentado como es habitual, con la pertinente explicación de base étnica, las declaraciones oficiales no demasiado retocadas, y mucho circunloquio. No se llegó a aquellos seminarios maratónicos de antaño, a base de jeremiadas balcánicas, con la obligada catarsis del público; pero la conclusión final de las jornadas quedó a cargo de los asistentes. Y la verdad es que vistas las cosas con una mínima perspectiva temporal, pedían una explicación a gritos.

Vean si no: hace dos años justos, la situación en el Cáucaso meridional parecía totalmente congelada. En Occidente no despertaba la menor atención. Ankara ya estaba manteniendo contactos bajo cuerda con unos y con otros, y especialmente con Yerevan, pero muy poco se sabía de eso. Los tejemenejes bajo cuerda salieron a la luz en febrero de 2008, así como la muy clara la disposición del nuevo presidente armenio a a
establecer relaciones con la vecina Turquía 'sin condiciones previas'. En agosto, la guerra ruso-georgiana. En octubre, los presidentes Gül y Sarkisian se reunían en la capital armenia con motivo del partido que enfrentó a sus selecciones nacionales para el Mundial de Fútbol 2010. Y desde entonces, las cosas avanzaron a gran velocidad. A día de hoy, todo va sobre ruedas: la apertura de la frontera turco-armenia es inminente, el conflicto de Nagorno-Karabaj entre armenios y azeríes (hasta hace poco aun asunto intocable para aquellos) parece en vías de solución; y hasta el el debate sobre el genocidio armenio ha periodo dramatismo en Turquía. Buen rollito por doquier, donde antes sólo imperaba el desencuentro; y todo ello en un tiempo récord.

¿Todos estos acontecimientos no tienen un hilo conductor, no están relacionados entre sí? Cuesta mucho de creer. Piense el lector que hablamos de conflictos de esos que políticos, periodistas e historiadores nos pintan como aparente y eternamente irresolubles, tan “característicos” de zonas como los Balcanes y el Cáucaso. Pues caramba con los conflictos eternos. ¿Quién descolgó el teléfono y marcó el número?¿Quien se puso al otro lado de la línea?¿Cuánto costó ésto y lo otro?

Mientras tanto, no hay manera de que nuestra prensa le dedique una línea a la pinza ruso-turca. Moscú y Ankara están repartiéndose el Cáucaso meridional en áreas de influencia, eso ya es muy evidente a estas alturas. Sin tal acuerdo, nunca se hubiera podido solucionar el contencioso armenio-azerí, que en su día costó tanta sangre. ¿Y qué decir de la guerra entre rusos y georgianos, que todo el mundo se veía venir, a excepción de la nube de asesores occidentales que le bailaban el agua al presidente Mijeil Saakhasvili? (por cierto: en “El País” siguen llamándole “Mijail”, a la rusa).

Seguramente, Washington anda detrás de Ankara, pero no así Bruselas. De hecho, en las jornadas del CIDOB-ESI llegaron claramente los ecos del despiste comunitario. La pregunta retórica de la convocatoria habla por sí misma. De momento, la única baza política de la UE, al menos en relación a su consistencia, es la denominada Asociación Oriental (en el programa del CIDOB le denominan “Partenariado”, pero ese término no figura en el DRAE). El proyecto se puso en marcha durante el pasado mes de mayo, en la cumbre de Praga, y estaba destinado a estrechar lazos entre la Unión Europea y una serie de repúblicas ex soviéticas: las muy cercanas Bielorrusia, Ucrania y Moldavia, junto con las tres del Cáucaso meridional: Georgia, Armenia y Azerbaiyán. Ángela Merkel puso especial empeño en la iniciativa, ante el desinterés de Sarkozy, Berlusconi y Zapatero, centrados en llevar a cabo un proyecto similar, más difuso, en el Mediterráneo. Pero la Asociación Oriental dejaba entender que ahí existía una cierta promesa implícita de integración, aunque fuera a largo plazo. Lo ideal sería que el proyecto restara protagonismo a las tendencias expansionistas de la OTAN en esa zona, lo que debería contribuir a unas relaciones más estables entre Rusia y la UE.

Sin embargo, la situación en la zona evoluciona con rapidez y el "soft power" de la UE poco tendría que hacer frente a una Turquía y una Rusia hostiles a cualquier promesa de integración al Cáucaso. O sea, que si seguimos así, pronto habrá que pedir permiso a Turquía y Rusia para seguir adelante con la Asociación Oriental. Mal asunto, por tanto, para los proyectos de tendido de ductos desde Asia Central.

Pero hay de por medio una última cuestión que tampoco salió a relucir durante las jornadas CIDOB-ESI. Cuando hablamos de política exterior europea se deben entender dos cosas diferentes. De un lado, las iniciativas consensuadas por la UE; del otro, la política exterior propia de cada uno de los países miembros, que a veces coincide con lo consensuado en Bruselas; o no. En ocasiones puede ir incluso a contracorriente de la política exterior comunitaria.

Mucho hemos de temer que en Cáucaso estén actuando una y otra. Mejor dicho: que quienes andan haciendo de las suyas sean algunos países europeos, cada uno por su lado. Por las trazas, la Italia de Berlusconi se ha colado en el eje ruso-turco y puede llegar a sacar buenos beneficios del asunto. Pero ¿cuál está siendo la actuación inglesa, francesa o alemana en la zona? El día que sepamos la respuesta exacta, no carecerá de interés.

Por supuesto, la motivación principal de esos y otros países para actuar en el Cáucaso tiene que ver más con el negocio de los hidrocarburos que con cualquier otro factor. O sea que debe existir ahí una cierta dosis de actividades inconfesables. Eso explicaría que, en base a al corrección política, en el seminario CIDOB-ESI no se haya tratado la problemática del Cáucaso actual bajo esta perspectiva.

Para finalizar, la conclusión de este post suaviza las críticas vertidas en el anterior en relación a las inhibiciones españolas en el escenario del Cáucaso, cómo no. Pero sólo en parte, dado que si bien Bruselas tiende en muchos casos a actuar como un avestruz en política exterior, eso no excluye que Madrid pueda liderar iniciativas en el seno de la comunidad (como se ha hecho en varias ocasiones, por cierto) o actuar siguiendo los propios intereses, incluso, en ocasiones, a título defensivo. Al fin y al cabo, nuestra dependencia del suministro argelino de gas es, como mínimo, temeraria.

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lunes, julio 06, 2009

CK Way (1): desde Trabzon a Kars













La mezquita está en una vaguada en el camino hacia Kars. Sólo sobresale el minarete

Se me ocurrió bautizarla como “ruta CK”, sin asomo de ironía, dado que no hace referencia a ninguna marca de colonia . Simplemente, el camino trazaba una “C” invertida que recorría Turquía oriental; y de hecho la zona estaba poblada mayoritariamente por kurdos: de ahí la “K”. En conjunto es un largo trecho de más de 1.600 kilómetros, ignorado para las agencias turísticas de Europa occidental. En la misma Turquía hay algunos operadores que prácticamente a título individual han organizado tours desde Kars hasta Diyarbakır, pero no resulta fácil dar con ellos; y además, eso denota que se trata de una zona en la que el turismo turco recién comienza a acudir tras los años del conflicto armado con las guerrillas del PKK. Pero no es todavía una zona de turismo internacional, lo cual resulta bastante extraordinario en pleno 2009.

El arco se puede iniciar desde el norte o desde el sur, lo cual resulta indiferente para el resultado final del viaje. Si se escoge la primera opción, se aconseja comprar un billete de avión Estambul-Trabzon. Cabe la posibilidad de llegar a la zona de forma más directa mediante la ruta aérea Estambul-Ankara-Kars (que tiene un minúsculo aeropuerto) pero eso supone saltarse la espectacular carretera que, procedente de Trabzon, recorre las estribaciones del Cáucaso. En todo caso, es una alternativa para aquellos viajeros más apresurados, o los que no hayan encontrado otra combinación terrestre que la de Trabzon-Kars por Erzurum, la más habitual. Por fin, el regreso se puede hacer desde el aeropuerto de Diyarbakır. Pero atención: en Turquía los vuelos interiores pueden sufrir retrasos, por lo que se aconseja no calcular enlaces ajustados para el vuelo de regreso a casa desde Estambul. Tomarse las cosas con calma y dedicar una horas a la escala en la antigua capital del Imperio otomano, es lo más realista.


Ruinas de Ani. En el CK Way abundan los paisajes de una belleza desolada. Historia en bruto

Cuando el avión se dispone a aterrizar, una breve mirada a las escarpadas montañas del entorno para recordar que fue allí donde se estrelló el Yak 42 con 62 militares españoles y 15 tripulantes ucranianos en 2003. Por lo demás, Trabzon es una ciudad con historia: durante unos pocos años fue la última capital del Imperio bizantino, tras caer Constantinopla en manos de los turcos otomanos, en 1453. Pero quedan muy escasas trazas de aquel esplendor. Hoy una ciudad comercial, ajetreada y con escasa personalidad para el turista. Eso sí: tiene fama de rumbosa en el contexto de Turquía oriental. Conforme se adentre en el corazón del CK Way, el viajero entenderá esa fama y hasta llegará a echarla de menos en algunos momentos.













La fortaleza de Kars, eterno objtivo estratégico en las inumerables guerras por los pasos del Cáucaso

Trabzon es también la capital de los lazis, objeto de numerosas bromas ente los turcos, similares a las que se hacen en España con los leperos. los franceses con los belgas, los estadonunidenses con los suecos, los argentinos con los gashegos, suma y sigue. Los lazis son un grupo étnico que habita en la costa turca del Mar Negro, con lengua propia relacionado con el megrelio, georgiano y svan. Originariamente cristianos ortodoxos, se convirtieron al islam en tiempos del Imperio otomano, en torno al siglo XVI y en su propio sanjak destacaron como agricultores especializados en te y maíz y también como pescadores, con la anchoa como parte central de su dieta.

Relativamente cerca de la ciudad (unos 50 kilómetros) se encuentra el monasterio greco ortodoxo de
Sümela, fundado en el siglo IV y abandonado (e incendiado) en la década de los años 20 del siglo pasado, en tiempos del brutal intercambio de poblaciones entre Turquía y Grecia. Vale la pena la excursión, porque es uno de los principales monumentos reseñables en toda la costa turca del mar Negro: viene a ser un pequeño Monte Athos abandonado en plena Anatolia. Pero deben hacerse dos puntualizaciones. La primera: si el viajero es aficionado a la fotografía, vdebería llevarse un buen teleobjetivo. Hay dos vistas exteriores del impresionante monasterio incrustado en la ladera de una arbolada montaña. La primera, desde la carretera de acceso, en contrapicado, donde no se detienen los microbuses. La segunda es la que se obtiene desde una terraza panorámica, donde casi concluye el viaje; y aunque desde ahí se contempla todo el escarpado valle, la fachada del monasterio queda lejana y algo escondida. Segunda observación: ojo con la picaresca asociada a los transportes en Turquía; el interior del monasterio se puede ver en una media hora pero el microbús puede tardar hasta dos horas en regresar y recoger a los turistas; o no volver; o esperar a pie de la montaña, en un hotel y restaurante, al que se llega tras una buena caminata de casi media hora (y eso cuesta abajo).














Paisaje de montaña. Pueden pasar muchos kilómetros sin encontrar presencia humana

El recorrido Trabzon-Kars es el primer desafío importante del CK Way. El camino más pintoresco es el más largo y tortuoso, porque transcurre pegado a la frontera georgiana, por carretra de montaña. Pero los medios de transporte regulares brillan por su ausencia, e ir confiando en los microbuses que unen pueblos muy distantes puede suponer la pérdida de mucho tiempo en largas esperas a mitad de camino hacia la nada. La mejor solución consiste en contratar taxis para trayectos largos (una práctica nada extraña y no muy cara en Turquía y en el mundo balcánico y caucásico) o alquilar un coche.

De esa forma, camino de la lejana Kars, el viajero pasa de una soleada costa de aspecto mediterráneo (desolada y nada explotada turísticamente) a un paisaje alpino intensamente verde. Pero son más de 400 kilómetros de carretera llena de curvas y cuestas. La primera parte discurre por valles estrechos en los que se pueden ver, de tanto en tanto, arroyos de alta montaña y desvencijadas cabañas de madera, típicas del Cáucaso. Sin embargo, el último tramo antes de llegar a Kars son prados altos, intensamente verdes y desolados. En todos los paisajes están presentes los minaretes de las mezquitas: entre los abetos o surgiendo del horizonte de las praderas.



La antigua catedral armenia, tesoro arquitectónico en el desolado centro histórico de Kars













Kars forma parte de ese entorno geográfico, se percibe al primer golpe de vista. Pero hay algo más: tiene fama de ser una ciudad lúgubre, fría y apartada. La célebre novela tostón de Pamuk que transcurre en esa ciudad (“kar” significa “nieve”, en turco) terminó de remachar esa imagen. Ante tal imagen, lo único que se puede decir es que Kars posee un ambiente que tiene sus adeptos. El conjunto urbano está dominado por una poderosa y negra fortaleza aupada sobre un picacho. Allí pudo haber transcurrido el argumento del Desierto de los Tártaros de Dino Buzzati, pero dado que la ciudad perteneció a Rusia durante muchos años, también trae a la memoria el viaje de Tolstoi al Cáucaso y su estancia en el fuerte de Stari Yurt durante la Guerra de Crimea contra el Imperio otomano. En definitiva, Kars es ciudad fronteriza por antonomasia, campo de batalla en guerras eternas entre rusos, turcos, armenios y persas, punto de tratados internacionales y pieza de intercambio entre unos y otros. A lo pies de la oscura fortaleza, todavía en uso, la ciudad parece desordenada, inacabada: la abandonada y compacta catedral armenia, contribuye a esa impresión. Los viejos edificios administrativos rusos pasan desapercibidos por descuidados. Algunos bares y tiendas son el colmo de la decrepitud y la melancolía. Todo va en tonos de piedra oscura, a menudo bajo un cielo encapotado.

Más allá del barrio histórico, desolado y sucio, la arteria principal de Kars, conserva ese mismo ambiente, aunque esté llena de vida. Eso sí: aunque ajena a su abigarrado y violento pasado histórico, el ambiente anodino del centro conserva un punto de Far West. Abundan cafés internet, algo que el viajero encontrará en las ciudades de todo el CK Way, pero el visitante es toda una rareza y las miradas de los habitantes o los saludos de los niños se lo hacen saber a cada paso.



San Gregorio, Ani








Ir a Kars significa acercarse a contemplar las ruinas de Ani, la que fue esplendorosa capital del reino armenio medieval, a la que se apoda “ciudad de las mil y una iglesias”. Cae un sol de justicia y pasear por la enorme extensión de Ani respirando nubes de insectos es una experiencia poderosamente irreal. El silencio lo puede todo –son escasos grupos de turistas y se pierden enseguida en la inmensidad del paisaje. El cielo aplasta los escasos restos de edificaciones, aquí y allá, surgiendo de la vegetación agostada y salvaje. Apenas se han hecho excavaciones y el horizonte es el de un cementerio abandonado. Es muy difícil imaginarse que hubo vida allí; más parece como si un genio de la escenografía hubiera construido aquellos restos a propósito, para empequeñecer al viajero.

En algunas tomas es imposible evitar que quede constancia del paso de gruesos insectos voladores antes el objetivo; de la misma forma, a veces aparecen, a lo lejos, las torres de vigilancia de los guardias turcos de fronteras. Los costados de la extinta ciudad de Ani pasan junto a gargantas por la que fluyen los ríos Ajurian y Tsalkotsajour, que marcan la frontera entre las actuales Turquía y Armenia, por lo que la fabulosa ciudad de Ani, por la que vivieron y pelearon armenios, georgianos, kurdos, turcos selyúcidas y hasta mogoles, sigue sin poder descansar en paz; continúa siendo símbolo de símbolos disputados, aunque ya nadie viva en sus desaparecidas calles.



Torre de la Iglesia de San Salvador, partida por un rayo; al fondo, la Catedral. Ruinas de Ani


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jueves, octubre 16, 2008

El eje resolutivo Cáucaso-Balcanes

















Uno de los Cobra de las fuerzas armadas georgianas, desfila por las calles de Tblisi, antes del conflicto del pasado mes de agosto




Como afimaba un amigo diplomático, la situación internacional ha evolucionado considerablemente desde que se colgara el anterior post en este blog. En realidad, incluso desde que el artículo que sigue a continuación fuera redactado, han tenido lugar más y más acontecimientos de alcance. Por ejemplo, el pasado 8 de octubre, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución en que se exigía que la Corte Internacional de Justicia emitiera su fallo sobre la legalidad o la ilegalidad de la proclamación de la independencia por Kosovo.



En otro orden de cosas, la concesión del "Membership Action Plan" para Georgia y Ucrania en la Cumbre OTAN de diciembre ya no es tan segura como parecía. Pasadas las primeras semanas de aguantar el tipo, en Bruselas-OTAN se tiene en cuenta la actitud temeraria de la presidencia y mandos georgianos, pero también las capacidades militares reales del modesto Ejército georgiano.

De otra parte, revertir el rumbo catastrófico que ha tomado la situación militar en Afganistán va a requerir el envío de más y más contingentes militares por parte de la OTAN, incluso al margen de quién sea el ganador de las elecciones en los Estados Unidos. Y tal esfuerzo no va a dejar mucho margen para volcarse en candidaturas indefendibles, como las de Ucrania o Georgia. Los números y la geografía casi siempre terminan por imponerse a la tozudez.

"El Periódico", 16/10/2008

El eje resolutivo Cáucaso-Balcanes


España es uno de los pocos socios europeos que, hoy por hoy, pueden actuar en la región con ideas propias

• La OTAN debería tener cuidado de no dañar la labor de la UE, porque la dejaría aún peor parada



Los primeros vehículos blindados georgianos que penetraron en Tsjinval, la capital de Osetia del Sur, en la mañana del 8 de agosto pasado, fueron algunos de los Cobra adquiridos a Turquía meses antes. A pesar de la embarazosa contribución que habían tenido los turcos en el rearme georgiano, llamó la atención la muy matizada postura de Ankara durante la crisis de este verano. Turquía supo jugar por su cuenta: miembro de la OTAN, no secundó las agresivas posiciones de esta organización en los días posteriores a la crisis. Ankara demostró una vez más que su diplomacia sabe moverse con soltura en la toda la zona de Oriente Medio, Mediterráneo Oriental, Cáucaso y Asia Central.

Turquía no podía permitirse el lujo de alinearse en el conflicto georgiano, debido a sus intereses cruzados con todas las partes en conflicto. Moscú tuvo muy en cuenta esa circunstancia cuando llevó a cabo su intensa labor diplomática posterior a la guerra; y el gobierno turco respondió de forma ingeniosa con la propuesta de un Pacto de Estabilización y Cooperación para el Cáucaso. Fue una finta, pero bien jugada, porque estaba en la línea de una solución posible a la crisis: la acción integradora en la zona del Cáucaso, que no de confrontación.














Los Cobra, utilizados en la guerra de Osetia del Sur como vehículos de exploración, no fueron adversario para los antitanques rusos en manos de los independentistas. Uno de ellos destruido en las calles de Tsjinval, al día siguiente de la batalla.

Junto con Ankara, otra de las cancillerías que parece estar aprovechando sus posiciones de neutralidad es Madrid, que ante Moscú tiene a su favor la baza de no haber reconocido la autoproclamación de la independencia de Kosovo, el pasado mes de febrero. España es uno de los pocos socios europeos que hoy por hoy puede actuar con ideas propias en el eje Cáucaso-Balcanes. En torno a ese cigüeñal estratégico, gira en buena medida la solución del delicado momento que viven las relaciones entre Europa y Rusia. Cuando un grupo de países pertenecientes a la UE se lanzó en febrero a reconocer la autoproclamada soberanía de Kosovo, quedó malparado uno de los argumentos clave para el proceso de construcción europeo: su capacidad para superar los viejos conflictos nacionalistas en los rincones más sensibles del Viejo Continente. Porque el reconocimiento de Kosovo significaba crear más problemas de los que solucionaba, al establecer nuevas fronteras duras, en vez de contribuir a borrarlas.

Ahora, en el Cáucaso acaba de aparecer una oportunidad de reconducir esa situación. Y podría venir con la propuesta de integración en la UE de las tres repúblicas del Cáucaso: Georgia, Armenia y Azerbaiyán. Al fin y al cabo son tres países europeos y los dos primeros se cuentan entre los estados más pretéritos del continente. Rusia no pondría objeciones, siempre que el proceso de integración no significara el paralelo ingreso en la OTAN de esos países, o alguna forma de potencial amenaza militar.















El viaje del presidente Rodríguez Zapatero a San Peterburgo, a comienzos de este mismo mes, no fue muy bien tratado por la prensa española en general; pero resultó ser una maniobra diplomática oportuna. En realidad, la políica española hacia la zona de Turquía-Cáucaso y el problema de Kosovo, no ha variado desde el anterior gobierno Aznar al actual de Zapatero; y muy posiblemente continuaría siendo la misma bajo un hipotético gobierno Rajoy

En esta ocasión, Moscú lleva la iniciativa, y lo sabe. Da igual que determinados grupos de presión en la OTAN se empeñen en buscar la solución a la crisis del Cáucaso con la huida hacia adelante. Es posible que la integración de Georgia en la Alianza Atlántica tarde bastante tiempo en hacerse efectiva, y para entonces veremos en qué situación está la OTAN, cuyo deterioro interno a raíz de la intervención en Afganistán resulta muy evidente. La crisis financiera internacional, de no arreglarse rápidamente, repercutirá en las inversiones multimillonarias que exige el mantenimiento de la Alianza en nivel de eficacia. Los Estados Unidos, ya no son el coloso económico de hace cinco lustros y su propio rearme está siendo financiado con préstamos del exterior. Esto es: no podrá permitirse los dispendios en alta tecnología militar de la era Reagan, no digamos desplegar redes de bases en micropaíses militarmente indefendibles.

O sea que el único protagonista occidental que está haciendo algo positivo y realista en la zona de crisis caucásica es la UE; o algunos de sus socios, tirando del carro. Lo demás, desde el estricto punto de vista de la geoestrategia, son fantasías y guerra de propaganda. En realidad, la OTAN debería llevar cuidado en no dañar la labor ni la coherencia de la UE, lo cual la dejaría aún más malparada y políticamente aislada como institución. Por el contrario, puesto en marcha el proceso de integración en el Cáucaso, el resultado final podría ser el de una Osetia del Sur y una Abjasia, que dentro de algunos años no le hicieran ascos a la integración en un ámbito comunitario caucásico circunscrito al espacio Schengen.
















Cara de circunstancias. El secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates (dcha), junto al presidente kosovar, Fatmir Sejdiu, en rueda de prensa, tras la reunión mantenida en Pristina (Kosovo), a raíz de que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobara el 8 de octubre pasado la resolución en que se exige que la Corte Internacional de Justicia emitiera su fallo sobre la legalidad o la ilegalidad de la proclamación de la independencia por Kosovo. Oscurecida por la crisis financiera que vivía el planeta y por los tradicionales prejuicios, la noticia fue todo un acontecimiento histórico que parecía poner de relieve nuevas reglas en las relaciones internacionales; algo que en mundo de las finanzas también se estaba planteando con fuerza (Foto Agencia EFE)


La perspectiva de una inclusión del Cáucaso meridional en la UE tendría efectos beneficiosos para todos, estabilizando la zona e incluyendo la normalización en las relaciones entre Bruselas y Moscú, que serán decisivas para afrontar la crisis económica global. Y a más largo plazo, restauraría la idea central de que, de una forma u otra, en el proceso de integración todavía se encuentra la clave para la solución (o conjugación) pacífica de las contradicciones interétnicas y los conflictos nacionales en el espacio europeo: incluyendo los Balcanes y, por supuesto, Kosovo y la delicada situación de Serbia. Pero como no se utilice de forma resolutiva, el eje de conflictos Cáucaso-Balcanes, continuará funcionando de forma destructiva para la política y hasta la supervivencia de la UE en estos momentos tan delicados.

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jueves, septiembre 25, 2008

La OTAN zancadillea a la UE, mientras Wall Street se desploma



















16 de septiembre: Jaap de Hoop Scheffer, en directo desde Tbilisi: intentando aparentar la inarrugable determinación de introducir a toda costa a Georgia en la OTAN.


Las cosas estaban yendo bastante bien para la mayoría. Bruselas-UE parecía haber logrado sortear la tensa situación con Rusia, heredada de la guerra de agosto pasado con Georgia. Es cierto que no había logrado revertir la situación en esa república al estadio anterior a 1992, pero eso no lo había conseguido nadie en todos estos años, ni siquiera en tiempos de la gran debilidad rusa, bajo el presidente Yeltsin. Y recuérdese, esto es importante, que tanto Abjasia como Osetia del Sur vivían en virtual estado de rebelión e independencia de Georgia desde aquellas ya lejanas fechas, siete años antes de que la OTAN forzara a bombazo limpio una soberanía de facto para Kosovo.

Bruselas-UE incluso había logrado salvar la cara ante Moscú, ofreciéndole a Ucrania una cierta promesa de inclusión en el proceso de integración europea. Era una salida posibilista, porque Moscú no protestó; la clave estuvo en dejar claro que la iniciativa era de la UE, no se trataba de promesas militares ligadas a la OTAN. Tanto Medvedev como Putin aceptaron. Al fin y al cabo, ya Gorbachov buscaba puentes, y la promesa, ni que fuera lejana, de una Ucrania en la UE era eso, precisamente: una pasarela, una zona de contacto entre Rusia y la UE, no una barricada.

Y de repente ocurrió: amaneció el 16 de septiembre de 2008, día histórico donde los haya. Desde Tblisi (Tiflis) la capital georgiana, el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer proclamó que la organización mantenía las puertas abiertas a Georgia. Las declaraciones, hechas con tono más bien bronco, deslegimitaban completamente los esfuerzos de la UE por controlar la situación por su cuenta. No es ninguna percepción; es pura y simple labor de hemeroteca. Justamente el día anterior, Scheffer había delcarado al “Financial Times” que permitir la presencia de tropas rusas en los dos territorios "era inaceptable". Como no podía ser menos, tales declaraciones sentaron mal en Bruselas-UE.



















Diego López Garrido se refirió expresamente a la "opinión" del Secretario General de la OTAN, en abierta defensa de lo que parecía una diplomacia independiente de la UE

Buena prueba de ello fueron, por ejemplo, las reacciones de la habitualmente timorata diplomacia española. Diego López Garrido, actual Secretario de Estado para Asuntos Europeos “comentó que las palabras de Scheffer, que revelan una ruptura en el frente occidental, no fueron comentadas por los ministros de la UE. ‘La UE no se siente vinculada en absoluto con lo que diga el secretario general de la Alianza’” –subrayó el secretario de Estado. Al mismo tiempo, ese más que mediocre diplomático que es Bernard Kouchner, quiso creer que el holandés había “quitado hierro” a sus palabras e incluso habló de “rectificación”. Scheffer "apoya el acuerdo de Sarkozy", dijo Kouchner. "Sólo ha presentado algunas reservas".

Pues caída con todo el equipo, y de morros al suelo. Al día siguiente Jaap de Hoop Scheffer dijo lo que dijo, y Bruselas-UE empezó a “comerse el marrón”, que en el castellano hablado en España en los últimos años es como viene a denominarse al antiguo “trágala”.

Ese mismo día tuvo lugar uno de los mayores terremotos financieros de los últimos setenta y cinco años, cuando la Reserva Federal de Estados Unidos decidió acudir al rescate de AIG, la mayor aseguradora del mundo, a fin de evitar su quiebra. Dicho de otra forma, la crisis de Wall Street alteró el orden financiero internacional y provocó la mayor intervención desde la Gran Depresión: “
Diez días que cambiaron el capitalismo”, cómo tituló el diario “El País” el amplio reportaje que publicó en sus páginas financieras, el pasado domingo 21 de septiembre.

De ahí el título que encabeza este post: "La OTAN zancadillea a la UE, mientras Wall Street se desploma”. La mayor crisis de las relaciones internacionales se complicaba con una implosión interna en las relaciones entre la UE y la OTAN, mientras los sumos sacerdotes del neoconservadurismo ultraliberal norteamericano debían aplicar medidas de urgencia del más puro intervencionismo estatal. para salvar a Wall Street: el modelo chino en sentido contrario. El pasado 16 de septiembre, la imagen que dió eso que llamamos Occidente, fue de incoherencia total.













El secretario del Tesoro USA, Henry Paulson. Junto con Timothy Geithner y Ben Bernanke han constituido un "grupo de los tres" para afrontar con medidas de choque el huracán financiero de septiembre, 2008



Lógicamente, la crisis no hizo sino ahondarse en días sucesivos, no podía ser de otra manera, porque el 16, nadie solucionó nada. Bruselas-OTAN saboteó la salida a la crisis con Rusia que había intentado Bruselas-UE. Era muy fácil ver que esto estaba ocurriendo. Mientras la situación financiera en los Estados Unidos ocupaba las primeras planas de la prensa mundial, el asunto de Georgia pasó a páginas muy interiores o incluso desapareció de las crónicas en muchos periódicos. Eso sí, se siguieron manteniendo los espacios de opinión; es decir, opinión sin compañía de información: mal asunto para la honestidad de la política informativa. El recurso a respetar las opiniones confrontadas: puede llegar a ser una engañifa destinada a enmascarar que, o bien no se posee información, o no se quiere ofrecer. Porque la labor de los opinadores puede ocurrir que vaya destinada a unos pocos lectores, amigos o adversarios; o sea una colección de párrafos tramposos a mayor gloria de la contumacia del opinador o de los servicios que rinde a los intereses que sean.

Por ejemplo, y volviendo a los sucesos del día 17 y a las palabras de López-Garrido, que se refirió explícitamente al secretario de la Alianza Atlántica. ¿Fue ese secretario, a título personal, quién abrió las puertas de la OTAN a Georgia el pasado día 17?¿Qué órgano de gobierno democrático respaldó ese paso?¿Tuvo un aval suficientemente rerpesentativo, o fue fruto de esos demonios que persiguen a los políticos y gobiernos holandeses desde que sus tropas en Srebrenica, 1995, fueron manipuladas por unos, otros y los de más allá?¿O acaso Scheffer recibió sugerencias concretas de Washington y estamos de nuevo ante una maniobra norteamericana para dividir a los europeos entre sí?

Tiene su gracia que hablemos genéricamente sobre "la OTAN", incluso en foros académicos o políticos de alto nivel, como si existiera una voluntad unánime, un perpetuo consenso interno y una fluidez de relaciones con la UE, que es mera teoría. Y menos ahora, ante la desastrosa situación en Afganistán, que está llevando la crisis interna de la OTAN a cotas insostenibles: conviene recordarlo de vez en cuando, por eso de que la opinión tiende a sustituir a la información.

Mientras tanto, en los últimos días fracasaba la maniobra de la UE –con aquiescencia de los rusos- para pacificar la zona. Así, Bruselas-UE acaba de abandonar sus planes de mantener conversaciones internacionales de alto nivel sobre el conflicto en Georgia, el mes próximo y en Ginebra. Se atribuye a “desencuentros con Rusia”, pero resulta evidente que Bruselas-UE se ha puesto firmes ante Bruselas-OTAN, aunque sólo sea para no agrandar más la crisis interna en la organización atlántica, empeñada en clavase a sí misma el aguijón. De hecho, en último término sí es una cuestión de vida o muerte, porque en Bruselas-OTAN cunde la alarma ante la posibilidad de que la crisis actual repercuta en la nutrida cartera de gastos militares. Al fin y al cabo, es una de las razones centrales que justifican la existencia de la OTAN y la continuada búsqueda de su implicación en conflictos “controlables” e hiperinflados, desde 1994.













"Condi" Rice en la sede de la OTAN, Bruselas. Ella se ha encargado de continuar con la presión sobre la UE y Rusia mientrras el presidente Bush intentaba atender al derrumbe financiero norteamericano

Paralelamente, la manipulación de la UE continúa implacablemente. Ayer mismo, La secretaria de Estado estadounidense, Condoleezza Rice prometió el apoyo firme de Washington para la apuesta de Ucrania por unirse a la alianza militar OTAN. Y de paso, se tomó la libertad de implicar a la UE: “Nosotros, por supuesto, estamos, hemos estado y continuaremos apoyando las ambiciones de Ucrania. Y, por supuesto, la posición de EU sobre el MAP fue muy clara” -aseveró “lady Chevron”.

Por lo tanto, y de momento, la UE parece estar quedando fuera de juego. Como mínimo, en esa crisis ofrece un perfil mucho más bajo que hace diez días. Para el autor de este post, como europeísta que es, no resulta una buena noticia. Pero como anuncio de la aceleración de lo que parece inevitable “catarsis OTAN”, el autor de este post no puede por menos que alegrarse. Esperando, una vez más, que los intereses particulares de la organización atlántica, sus patrones y empleados –lo cual significa mucho dinero- no nos lleve a catástrofes irreparables: no olvidemos que en 1993, en plena era del decadente Yeltsin, Moscú amenazó a Turquía con utilizar el arma nuclear si ese país se mezclaba en la guerra entre Armenia y Azerbaiyán por Nagorno-Karabaj.

Como afirma John Gray en la tribuna que sigue a continuación, más vale que vayamos despertando, que nos arremanguemos y que nos pongamos a solucionar seriamente el problema, aportando un poco más de imaginación y menos contumacia de la bravata barata. Partir de la base, como hacen nuestros analistas de derechosa tendencia, que un reloj parado marca la hora exacta dos veces al día, no es la solución. Ni siquiera para defender sus cargos.




Sigue también un interesante análisis sobre la crisis georgiana publicada en "Al Ahran" y firmada por Eric Walberg, un curioso analista que nos ofrece puntos de vista e información desde ángulos alternativos. Desde este blog no se asume la validez de tales extremos, sólo se reproduce como muestra de que los ángulos de aproximación a la crisis pueden ser mucho más variados de lo que habitualmente leemos en nuestra prensa.




















El paseo del cadáver político de Misha Saakashvili forma parte de la campaña de presión y desafío de Washington contra Moscú. Aquí, el atribulado polítigo georgiano promete una "segunda revolución de las rosas" en la ONU el pasado 24 de septiembre. Mientras tanto, apenas ha sabido explicar lo que ocurrió el 7 de agosto y eso de forma balbuciente





TRIBUNA: JOHN GRAY

Los riesgos de la ampliación de la OTAN

Engañado sobre su verdadero lugar en el mundo, Occidente no valora suficientemente los riesgos de intervenir en la vecindad de Rusia. Lo prudente sería aplazar las incorporaciones del Este a la Alianza Atlántica

JOHN GRAY 20/09/2008

El pánico actual a propósito de Rusia es un fenómeno curioso. Si se aplican criterios objetivos, los rusos son más libres en el Estado autoritario instaurado por Putin que cuando vivían en la Unión Soviética. Muchos también viven materialmente mejor. Rusia ha abandonado el expansionismo mundial y es una versión disminuida de lo que ha sido a lo largo de casi toda su historia, un imperio euroasiático cuya principal preocupación es defenderse de las amenazas externas. Sin embargo, las actitudes occidentales son más hostiles de lo que lo fueron durante gran parte de la guerra fría, cuando mucha gente de izquierdas consideraba a la URSS, responsable de decenas de millones de muertes, un régimen benigno.

Para comprender cómo se ha llegado a esta situación, hay que entender la narrativa progresista -adoptada hoy tanto por la derecha como por la izquierda- que inspira las percepciones de Occidente. El derrumbe soviético fue una derrota del comunismo, una ideología prototípicamente progresista. Una Rusia como la de Putin era algo que se veía venir, pero el regreso de la historia no forma parte del guión progresista. Nuestros dirigentes son, en su mayor parte, discípulos de Woodrow Wilson, con una fe religiosa en lo que Francis Fukuyama describió hace nada como "la marcha de la historia hacia la democracia mundial". La prosperidad entraña el aburguesamiento y, por consiguiente, los valores liberales, o eso creen. Rusia -rica, nacionalista y autoritaria- no encaja en este cuento de hadas progresista, y la reacción de Occidente es una mezcla de bravata amenazadora y un pánico cada vez mayor.

No hay mayor error que hablar de una nueva guerra fría. Lo que estamos presenciando es el final de la era posterior a la guerra fría y una nueva oleada de conflictos geopolíticos como los que se producían a finales del siglo XIX. Los líderes occidentales, con las mentes empañadas por las tonterías de moda sobre la globalización, creen que la democracia liberal está extendiéndose de forma imparable. La realidad es que sigue habiendo diversidad política. Las repúblicas y los imperios, las democracias liberales y las no liberales y una amplia variedad de regímenes autoritarios estarán todavía con nosotros durante un tiempo, por mucho que se globalice el mundo. La globalización no es más que la industrialización constante del planeta, y el nacionalismo creciente respecto a los recursos forma parte intrínseca del proceso (también lo es la aceleración del cambio climático, pero ése es otro asunto). A medida que la industrialización se extiende, los países que controlan los recursos naturales los utilizan para impulsar sus objetivos estratégicos. Al desplegar la energía como arma, Rusia no está resistiéndose a la globalización, sino explotando sus contradicciones.

Estamos otra vez en la política de grandes potencias, alianzas cambiantes y esferas de influencia. La diferencia es que ya no manda Occidente. Con sus diferentes historias y sus intereses a veces contradictorios, Rusia, China, India y los Estados del Golfo no van a formar ningún tipo de bloque. Pero ésos son los países que están configurando la evolución del mundo en este comienzo del siglo XXI. Estados Unidos -con las instituciones hipotecarias en bancarrota y nacionalizadas, y la inmensa máquina de guerra financiada, en la práctica, mediante préstamos exteriores- está en un pronunciado declive. Occidente tiene un sistema financiero en peor situación que nunca desde los años treinta y, como consecuencia, su capacidad de influir en los acontecimientos disminuye día a día. Los sermones sobre "relaciones basadas en las leyes internacionales" resultan ridículos después de Irak y, en el fondo, son poco más que nostalgia por una hegemonía desaparecida.

Engañado sobre su verdadero lugar en el mundo, Occidente no valora suficientemente los riesgos de intervenir en un exterior próximo de Rusia. Los puntos débiles rusos -el declive demográfico, el amiguismo en la economía y la sensación generalizada de humillación nacional- son bien conocidos, pero Occidente también tiene sus aspectos vulnerables. Nuestros líderes insisten en que Rusia nos necesita tanto como nosotros a ella. La realidad es que, a pesar de algún traspiés reciente, las inversiones en aquel país son una consecuencia del mercado globalizado que seguirá adelante mientras sean rentables, mientras que el suministro energético ruso puede verse interrumpido en cualquier momento por decisión del gobierno. Los economistas nos dicen que el país depende demasiado del petróleo. Pero las reservas mundiales de crudo están llegando a su máximo tope mientras la globalización sigue avanzando, y es inevitable que Rusia salga beneficiada de cualquier conflicto internacional en el que el abastecimiento se vea afectado. Occidente también necesita a Rusia para resolver alguna vez la crisis nuclear iraní por medios pacíficos, y sin la cooperación logística rusa a las fuerzas de la OTAN les será cada vez más difícil poner algún tipo de fin a la guerra sin sentido e imposible de ganar en Afganistán.

Los biempensantes de derechas de todos los partidos opinan que Rusia estaría más dispuesta a tener en cuenta los intereses occidentales si fuera una democracia más auténtica. Pero la gran popularidad de Putin se debe precisamente a que está reafirmando el poder ruso frente a Occidente y, si tuviera que responder más ante su opinión pública, quizá sería un interlocutor todavía más duro. La democracia tiene numerosas ventajas, pero no garantiza una política exterior razonable.

El embrollo georgiano es una derivación de la política democrática. La temeraria incursión de Saakashvili en Osetia del Sur, donde las fuerzas rusas se encuentran estacionadas desde hace 16 años en virtud de acuerdos internacionales, fue espoleada seguramente por algunos elementos del Gobierno de Bush, con la esperanza de perjudicar a Obama en plena campaña para las presidenciales. El resultado ha sido un conflicto que aumenta el control de Rusia sobre la circulación de petróleo en la región y fortalece a Irán en Asia central. Si la promesa de apoyar a Georgia que hizo Dick Cheney era un movimiento de ficha en el Gran Juego, fue espectacularmente imprudente.

Con la excepción de algunos en la "vieja Europa", nuestros dirigentes no saben lo que hacen. La grandilocuencia de David Miliband y David Cameron en Ucrania es un ejemplo. No pararon de decir tonterías sobre la autodeterminación nacional y la integridad territorial de los Estados, sin que parecieran darse cuenta de que los dos principios suelen ser incompatibles. La autodeterminación significa la secesión y la ruptura de los Estados. En el Cáucaso, una región de múltiples enemistades nacionales, significa una guerra más generalizada y una limpieza étnica aún más terrible. En Ucrania, está en juego incluso más. Profundamente dividido y con una gran base naval rusa en el puerto de Sebastopol, en Crimea, el nuevo Estado acabará seguramente desgarrado si se intenta arrancarlo de la esfera de influencia de Rusia. El país se convertirá en un campo de batalla y las grandes potencias acabarán inmersos en él. Jugar en estas condiciones con las nociones wilsonianas de autodeterminación es coquetear con el desastre.

Que no haya equívocos: Rusia es, en ciertos aspectos, un Estado peligroso. Sus dirigentes, con su historial de pertenencia a los servicios de seguridad, son pragmáticos implacables, dispuestos a emplear cualquier medio para alcanzar sus objetivos. Por ahora, perciben que Occidente está en declive y están comprobando si tiene alguna estrategia coherente para proteger sus intereses. Y, por lo que hemos oído de nuestros dirigentes hasta la fecha, no la tiene.

Un buen punto de partida sería aplazar los planes de ampliación de la OTAN, aunque dejando claro que se van a cumplir los compromisos existentes en Europa del Este y los Estados Bálticos. Al mismo tiempo, es preciso hacer todos los esfuerzos posibles para reducir la dependencia europea de la energía rusa. Los líderes occidentales deben adquirir la capacidad de pensar de forma realista, o la fuerza de los acontecimientos les despertará de su sueño de progreso.

John Gray es profesor de Pensamiento Europeo en la Escuela de Ciencias Económicas de Londres. Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. © John Gray, 2008.
















Uno de los bombarderos estratégicos rusos Tu-160 destacados en la Base Aérea Libertador de Venezuela. En este caso se trata del Rojo 07 'Aleksandr Molodchiy'





"Al Ahran Weekly On-Line", 18 - 24 September 2008

Issue No. 915


The ghost of Stalingrad

Russia is determined to bring NATO's expansion eastward to a halt. Can it prevail, asks Eric Walberg

NATO's metamorphosis from Cold War Euro-policeman into the unabashed global military arm of the United States over the past 18 years has left a trail of debris from the Balkans to Afghanistan that will take decades to clear. It is a flagrant violation of the agreement James Baker III made with Soviet president Mikhail Gorbachev that the US would not extend the borders of NATO eastwards in return for Moscow allowing a united Germany to be a member of NATO. Russia was still in disarray and in no position to protest when the Eastern European countries and the Baltics joined, but as this policy of expansion turned into a blatant encirclement of Russia and a conquest of the Middle East, a furious, now self- confident Russia has finally drawn the line, at least in its immediate neighbourhood, with Georgia and Ukraine the last straws.

In a provocative analogy, Russian President Dmitri Medvedev called Georgia's 8 August attack on Ossetia Russia's 9/ 11, and said Russia would react the same even if Georgia is accepted as a prospective member of NATO. He announced to the Russian Information Agency 31 August "Five Points of Russian foreign policy" already dubbed the Medvedev Doctrine, as a response to what we might call the Bush I/ Clinton/ Bush II Doctrine, i.e., the dismemberment of the USSR/ Russia to ensure a US-dominated unipolar world. They include:

- A commitment to the principles of international law,

- A statement that "the world should be multipolar",

- The wish to have peaceful friendly relations with all nations,

- The intent to protect its citizens "wherever they may be", and

- The decisive fifth point: "as is the case of other countries, there are regions in which Russia has privileged interests. These regions are home to countries with which we share special historical relations and are bound together as friends and good neighbours. We will pay particular attention to our work in these regions and build friendly ties with these countries, our close neighbours."

The crisis in Georgia will be seen by future historians as the beginning of the end for the grandiose plans of the US to bring its version of a New World Order in Eurasia to fruition, if not "Russia's 9/11". Instead of a seemingly inexorable march towards the Volga and the dismantling of the Russian Federation -- recall this was Hitler's goal -- we are now witnessing war preparations at full tilt across the globe, with little Georgia as the catalyst.

The spider's web of intrigue surrounding Georgia is thick indeed. It even reaches as far as Iran, which Israel appeared to be preparing to attack using nearby Georgian bases as a launching pad. This plan has been thwarted for the moment, though Iran proceeded last week with its war games to test its defences in anticipation of a US/Israeli attack from farther afield.

As Georgia welcomes a permanent US military presence to help restore its battered army, Russia is expanding its military presence at Tajikstan's Gissar Airport. As the US positions missiles in Russia's neighbours Poland and the Czech Republic, Russia is preparing to hold joint naval drills with US neighbour Venezuela (10-14 November) and station long- range anti-submarine patrol aircraft there "temporarily".

The Russian navy has resumed its (or rather its predecessor's) presence in different regions of the world's oceans. A naval task force from Russia's Northern Fleet conducted a two-month tour of duty in the Mediterranean Sea and North Atlantic from December 2007 to February 2008.

Russia's Foreign Ministry spokesman Andrei Nesterenko insisted that Russia's decision to send its armed forces to Venezuela was made before Russia's war with Georgia. "This deployment had been planned in advance, and it's unrelated to the current political situation and the developments in the Caucasus." But the announcement was made just a week after Prime Minister Vladimir Putin warned that Russia would mount an unspecified response to recent US aid shipments to Georgia.

Thankfully, the war is still at the level of hot air. "Go ahead and squeal, Yankees," Venezuelan President Hugo Chavez said in a national broadcast in which he announced the exercises. The US mocked the announcement. State Department spokesman Sean McCormack poked fun at Russia's navy, expressing surprise that "they found a few ships that can make it that far." Just in case Venezuela is too far from US shores for the outmoded Russian vessels, Russia has signaled it is keen to restore military and intelligence ties with Cuba. There are rumours it is seeking a naval base in Vietnam.

Not to be left out of the increasingly complex maritime equation, in June the US Navy announced it was re- establishing the Fourth Fleet, disbanded in 1950, which would direct naval operations in the Caribbean and Latin America. It is also negotiating with Georgia and Turkey to establish a naval base at the Georgian port of Poti. One of the responsibilities of US Special Forces in the region is to ensure the security of an oil pipeline passing through Georgia.

As US "aid" flows to the Black Sea in US warships, Russian military hardware flows to the Caribbean, as Venezuela recently bought 24 Russian Sukhoi fighter jets, as well as submarines and missiles. Chavez has said that he would allow Venezuela to be a strategic base for Russian bombers should it be required. "In Venezuela they will always have a green light, they will be welcome, because Russia is an ally of Venezuela," said Chavez. He proceeded to expel the US ambassador last week until after the November presidential elections.

Sergei Markov, a United Russia Duma member, sees this as posturing rather than the prelude to setting up a permanent base in the Americas. "We need bases on the territory of Iran and Syria where our strategic interests lie." While Russia will indeed re-establish a permanent presence in the Mediterranean using a Soviet-era base in Tarsus, Syria, this talk of bases in Iran is a new development. It is rumoured that Russia may set up bases there and supply Tehran with the cutting edge S-300 missile system to help protect its nuclear facilities from airstrikes.

But apart from Venezuela, the main posturing is going on in Tbilisi, where President Mikhail Saakashvili insisted the West would help his country regain control of South Ossetia and Abkhazia, the separatist regions of Georgia recognised as independent nations by Russia and a trickle of other countries, including Nicaragua and Belarus. "Our territorial integrity will be restored, I am more convinced of this than ever," Saakashvili said in a televised appearance. "This will not be an easy process, but now this is a process between an irate Russia and the rest of the world."

The hot air and military strutting by this collection of antagonists is beginning to look like the calm before the storm. If it is true that US military were part of the invasion of South Ossetia, if only as advisors, this could mean that Russian soldiers might have been killed by Americans, something that never happened even during the height of the Cold War. During the Cold War, "the sides were very careful of each other. They were careful not to come too close," said Alexander Pikayev. "The risk of direct military clashes is much higher. This situation is much riskier than the Cold War." Both US presidential candidates are talking tough, and vice presidential hopeful Sarah Palin said, "We will not repeat a Cold War", presumably meaning she preferred a hot one.

In such a hair-trigger atmosphere, Ukraine and Georgia can kiss any dream of joining the ersatz Western "defence" alliance do svidania.

Nevertheless, last week Vice President Dick Cheney toured ex-Soviet countries the US considers threatened by Russia, including Ukraine, Georgia and Azerbaijan, promising Georgia $1 billion (where do these nice round sums come from?), vowing the US will continue to back the country's NATO application and saying that Moscow's intervention "cast grave doubt on Russia's intentions and on its reliability as an international partner." In Ukraine, he spoke of the "threat of tyranny, economic blackmail and military invasion or intimidation" from Russia. That is an interesting slant on the Medvedev Doctrine. The reader can easily conjure up appropriate words that Medvedev might use to describe the Bush I/ Clinton/ Bush II Doctrine.

Ukraine is now embroiled in a mud-slinging match, with the collapse of the coalition government 3 September, when President Viktor Yushchenko withdrew his support over the refusal of Prime Minister Yulia Tymoshenko to back the president in his support for Georgia and condemnation of Russia. Yushchenko accused Tymoshenko of "treason and political corruption", over her failure to back a pro-US stand, and of seeking Moscow's support of her likely presidential bid. Ukraine's pro-Russian former prime minister Viktor Yanukovich, who heads the Party of Regions, did not rule out the possibility of forming a parliamentary majority with the Yulia Tymoshenko bloc. Such a move would remove from the discussion the entire issue of a Ukrainian application to join NATO. Tymoshenko could well pull off a metaphorical coup by campaigning in the upcoming presidential elections on a sober platform of peace with Russia, which would very likely hand her the presidency with the support of the large Russian population of Ukraine as well as astute Ukrainians.

Another such scandal is brewing in Georgia itself, with the arrest of former president Zviad Gamsakhurdia's son Tsotne as a Russian spy smack in the middle of Cheney's visit to Georgia. He was charged in late 2007 with an attempted coup and links with Russian security services after opposition protests against Saakashvili. The voices of sensible Georgians, fed up with President Mikheil Saakashvili's reckless chauvinism, are clearly being cut in the bud, as he consolidates a very nasty dictatorship backed by the Americans and Israelis. Of course, all Western media coverage of Georgia slavishly supports this loose cannon, but Medvedev's description of him as "a political corpse" probably is closer to the truth.

It is hard not to sympathise with the Russians. The Black Sea, once the domain of the Soviet navy, now is the home of three NATO members -- Turkey, Bulgaria and Romania -- and two applicants, Georgia and Ukraine. If the two applicants join the alliance, Russia's Black Sea coastline would be surrounded by NATO. The volatile Caucasus would then be the playground of the US.

"Now it looks like there is a certain red line that exists in the heads of Russian leadership and they are willing to do anything to stop it from being crossed," said Nikolai Petrov, at the Carnegie Endowment for International Peace. "And this red line is Ukraine and Georgia joining NATO."

Russia's success in thwarting the Georgian attempt to wrest back Ossetia has shown its resolution. Russian warships have been sent to the coast of nearby Abkhazia. In the relatively close proximity in which the Russian and American ships operate there and elsewhere in the Black Sea, one misunderstanding could create an international incident. "We remember very well the Tonkin Gulf incident" in which untrue reports of North Vietnamese ships firing on US ships started the Vietnam War, said Markov. This was seconded by Republican California Congressman Dana Rohrabacher in a sharp criticism of US support for the Georgian attack.

Aleksandr Dugin, whose ideas about America's weakening geopolitical standing are popular with many Russian leaders, said Russia was challenging US dominance and that confrontation may be unavoidable. Russia's move into Georgia was "an irreversible decision that will mean in the future a serious, profound, irreversible confrontation with the United States. The stakes are so high that Moscow has placed all its chips on the table."

It is not surprising that the Shanghai Cooperation Organisation, which includes Russia, China and the former Soviet Asian republics Kazakhstan, Kyrgyzstan, Tajikistan and Uzbekistan, are supporting Moscow for "assisting peace and cooperation in this region." Nor that Armenia and Belarus also support Russia, and the non-Yushchenko forces in the Ukraine are backing away from the flirtation with NATO. It is clear now that the US has insufficient power to cope with the occupations of Iraq and Afghanistan. Both were to have been an essential part of a US policy to militarily control Eurasian rivals, especially Russia and China.

If the Russians hold firm, and it is worth remembering their spectacular defeat of the Nazis at Stalingrad in this regard, this crisis will defuse with or without fireworks, US hawks will find their feathers clipped, and the world will adjust to a "post-America" multilateral sanity.

The tide has already turned. The latter-day Strangelove was pointedly ignored on his cheerleading tour of countries supposedly threatened by Russia, except by his pal Saakashvili, and the European Union disregarded the US veepee's bluster, hammering out an agreement with Russia to replace Russian troops with EU observers in undisputed Georgian territory by 1 October.

The bottom line here is a very mundane one: the EU is Russia's neighbour and dependent on it for gas, whether her politicians like it or not. It is one thing for the US to wage wars far from its shores, as it is doing in Afghanistan and Iraq, or to play war games in other people's backyards, as it is doing in Poland and Georgia, but it is quite another thing to expect a war-weary Europe to sign up and prepare to freeze in the dark.

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martes, septiembre 16, 2008

De Georgia a Eurasia, evitando el sexo de Kosovo






















Los viejos mapas étnico-lingüísticos fueron muy poco utilizados por periodistas, políticos y diplomáticos occidentales en la reciente crisis del Cáucaso. En ambientes nacionalistas e irredentistas de Europa, todavía se discute (en sordina) sobre si los osetios "tienen derecho histórico" o no a la soberanía. La noticia de que los osetios emparentan con los antiguos alanos parece haber sorprendido a más de uno. Clicar sobre el mapa para obtener ampliación

Con el paso de las semanas, el revuelo informativo e interpretativo en torno a la crisis georgiana se va apaciguando en la gran prensa, mientras empiezan a salir a la superficie, aquí y allá, los restos de los naufragios provocados por la borrasca.

Casi la totalidad de nuestros analistas habituales para todo han dado ya su versión interpretativa, e incluso algunos han tenido la oportunidad de repetir y remendar lo dicho, con aquello de que donde dijeron digo quisieron decir Diego. Pero en líneas generales, ésta ha sido una crisis que ha descolocado a muchos, y además, de forma flagrante. Buena prueba de ello es que interpretaciones hechas a menos de dos semanas vista, han quedado ya anticuadas.

Ahí tenemos la pieza publicada por Moisés Naím el pasado 31 de octubre: “La causa secreta de la guerra”. El autor no es precisamente un arribista: coeditor en jefe de “Foreign Policy”, ex ministro de Economía de Venezuela, opinión autorizada en los más prestigiosos medios occidentales. Por lo tanto, sorprende que en algunos casos, como el de la crisis georgiana, todo quede reducido a la idea –manejada extensamente por los mismos nacionalistas georgianos- de que la clave del asunto radica en que Osetia del Sur y Abjasia son “importantísimos centros mundiales de todo tipo de tráficos ilegales”. Se supone que el hecho de que Naím haya escrito un libro dedicado al fenómeno de la delincuencia global (Ilícito. Cómo traficantes, contrabandistas y piratas están cambiando el mundo, Debate, 2006) debería ser aval de seriedad para respaldar un argumento de factura básicamente conspirativa, que es el mismo que aplican los nacionalistas de cualquier país contra enclaves extranjeros en su propio territorio. Recuerdo a un joven universitario marroquí que conocí hace años, quejándose de Ceuta y Melilla como puertas hacia el Magreb de todo tipo de tráficos ilegales. ¿Y quién no ha escuchado el argumento de que Gibraltar no es sino un nido de piratas avalado por el proverbial cinismo británico y con bandera propia?














Nuevas banderas soberanas, temporada otoño-invierno 2008. En este caso, la enseña de la República de Abjasia. ¿Le gusta el diseño?

También resulta divertido recordar que se utilizó en numerosas ocasiones el mismo argumento para denostar, precisamente, la existencia de la autoproclamada República de Kosovo: un pequeño estado cuya existencia sólo se justifica por dar amparo a todo tipo de mafias, la puerta de entrada al tráfico de drogas hacia Europa central y las mil y una historias que llevan más de una década yendo de aquí para allá en la prensa internacional.

Dentro de las propuestas estrafalarias de los últimos días también se puede encontrar un extemporáneo artículo de José Ignacio Torreblanca dedicado, a lo que parece a insuflar de moral a la troika comunitaria que el pasado 8 de septiembre viajó a Moscú para discutir en torno a la reciente crisis georgiana. La pieza, jalea recios argumentos morales que Torreblanca supone darán mucho juego en la negociación; pero el autor pretende resucitar un asunto que fue caballo de batalla particular suyo y que a estas alturas está más que agotado: el bizantino debate en torno al sexo de Kosovo. Como si la pura fuerza militar de la OTAN en 1999 pudiera asimilarse a la fuerza moral y jurídica. Por lo visto, los aviones de la Alianza Atlántica no bombardearon Serbia y Kosovo con bombas supuestamente inteligentes y munición de núcleo de uranio, sino con pesados mamotretos jurídicos.

Torreblanca lleva meses pretendiendo “corregir” una de las decisiones españolas más acertadas de la política exterior española en la última década, tras la retirada de sus tropas de Irak. Pero claro, para aceptar eso, hay que reconocer que la intervención en Kosovo fue, en su cobertura jurídica, el precedente de la que llevó a los Estados Unidos y sus aliados de entonces al atribulado país de Oriente Medio. En puros términos militares, los rusos fueron bastante más eficaces y contundentes: estos hicieron su tarea en apenas una semana, mientras que las tropas de la OTAN, desencadenaron una campaña supuestamente basada en la última tecnologíaa militar de la época, que tardó más de diez semanas en doblegar a los serbios, causando importantes daños a las infraestructuras del país.

Dado que el mero ejercicio de la fuerza militar no es suficiente para asimilar Kosovo a los casos de Osetia del Sur y Abjasia, Torreblanca regresa de nuevo, una y mil veces, con el conocido mantra: “El caso de Kosovo es absolutamente sui géneris, sólo puede ser entendido en el marco de la desintegración de la Federación Yugoslava, en modo alguno pone en cuestión el principio de integridad territorial ni tampoco concede a ninguna minoría ni Estado el derecho automático a redibujar unilateralmente o por la fuerza frontera alguna”. ¿Y quién respalda tales afirmaciones?¿La Organización de Naciones Unidas?¿La “comunidad internacional menos Rusia, China, India, la gran mayoría de los países latinoamericanos…”? Por supuesto, redactar asertos sin sujeto claro puede llevar a la veja trampa retórica de la tautología.













Bandera de Osetia del Sur. Tanto ésta enseña como la de Abjasia vienen siendo enarboladas desde 1992. La autoproclamación de la soberanía de ambos territorios no viene de este verano, sino del proceso de desintegración de la URSS, en 1991


Resulta mucho más clarificador tener en cuenta el mensaje de Moscú de este verano dirigido hacia la política unilateralista practicada desde Washington en los últimos ocho años: “Quien siembra vientos, recoge tempestades”. Pretender que una delegación comunitaria vaya a Moscú para discutir si los vientos son alisios o puro siroco, si las tempestades del mozón son equiparables a las del Atlántico Norte, es puro bizantinismo de salón, más propio de un periodista que de un moderno profesional de la "diplomacia cuántica".

Se llama escribir con trazo grueso (y con notable ingenuidad en relación a la inteligencia de los lectores) la pretensión de que los actos de fuerza militar no basados en alguna forma de legalidad internacional solvente o, al menos, en las resoluciones de las Naciones Unidas, poseen un diferente peso moral al amparo de los diferentes intereses que cada potencia tuvo en su momento. En 2008 rusos no buscaron obtener ninguna resolución 1244 de la ONU para Osetia meridional y Abjasia, como se hizo para Kosovo en 1999. Pero ¿para qué? Si precisamente lo que intentaron los rusos este verano fue recordarle a Torreblanca que la resolución 1244 fue totalmente violada por los países que reconocieron la autodeterminación de Kosovo el pasado mes de febrero.

Ahora bien: aconsejar a los compañeros diplomáticos de la troika europea que viaja hacia Moscú, que se olviden del amigo americano y lo metan debajo de la alfombra, parece cosa de conjuro mágico. Zas, y de repente, hacemos que se esfume en el aire la base norteamericana de Bondsteel, en el centro de Kosovo, utilizada en su momento como centro de interrogatorio o “cárcel secreta” en la ya olvidada “guerra internacional contra el terrorismo”, por cierto. De momento, los rusos no tienen nada parecido en Osetia del Sur o Abjasia; deben estar esperando el correspondiente permiso de no se sabe quién en Occidente. ¿Podrán construir una similar en Venezuela o Bolivia, el día de mañana?¿Quizás en Siria?














Uno de los diseños que compitieron en su día para convertirse en la enseña nacional de la República de Kosovo. Pretendía ser un homenaje a la bandera norteamericana y fue una suerte que no se aprobara, visto el parecido final con la de Abjasia


Por fortuna, como recordaba el editorial de “El País” el mismo día en que se publicó el artículo de Torreblanca, en Moscú primó el pragmatismo. Los rusos no debieron quedar muy impresionados por el convincente poder del comodín kosovar. Aunque posiblemente, el pretendido pragmatismo era más bien la actitud profesional de unos diplomáticos que saben muy bien lo que andan buscando desde hace ya algún tiempo, y no dejarán de hacerlo. La fenomenal quiebra de Lehman Brothers, acaecida ayer mismo, demuestra una vez más que los neocons norteamericanos ni siquiera han sabido gestionar aquello de lo que más presumían: la pura y simple economía liberal. Los rusos hace tiempo que decidieron que las recetas neoliberales que les dictaba Jeffrey Sachs en los noventa, eran puro veneno. Desde el otro lado del Atlántico nunca perdonaron ese desaire, nunca aceptaron el fracaso y rechazaron que Rusia siguiera su propio camino.
















Tropas regulares chechenas integradas en el Ejército ruso (como las de la fotografía) operaron en Osetia meridional (y posiblemente en Georgia) durante el pasado mes de agosto.


"El Periódico de Catalunya", 13/9/2008

EL CONTROL DE UNA ZONA GEOESTRATÉGICA EN EBULLICIÓN


La batalla por Eurasia ha empezado

En parte, los norteamericanos cuentan con salir de la actual situación de crisis invirtiendo en desarrollo tecnológico militar

• La UE espera lograr energía barata, mientras que el objetivo de EEUU es mantener su hegemonía

FRANCISCO Veiga*

En apariencia, las cosas están yendo como la seda para casi todos, menos para los norteamericanos. La Unión Europea entreabrió la puerta a Ucrania: algunos comentaristas lo han confundido con una señal de que también va en el paquete la inclusión en la OTAN. Pero no es así: la oferta viene de Bruselas, es un acuerdo de asociación comercial privilegiado y no hay referencia a cuestiones militares. La OTAN es un asunto básicamente norteamericano, y la respuesta rusa a su despliegue naval en el mar Negro son las anunciadas maniobras en el Caribe. Significativamente: hasta el momento, Moscú no ha protestado en voz alta contra el trato de favor de la UE a Ucrania. Algo muy sintomático, si se liga al protagonismo que le ha dado Moscú a Bruselas a lo largo de toda la crisis de Georgia.

ESTO PODRÍA probar que, en efecto, Rusia y la Unión Europea están en pleno proceso de acercamiento, intentando los europeos eludir la interferencia norteamericana. Las lágrimas de cocodrilo de algunos analistas --sobre todo de derechas-- por la supuesta decadencia occidental ante el oso ruso descontrolado esconden esas contradicciones. La razón del acercamiento ruso-europeo está en los desastres que han comportado los ochos años de presidencia de George Bush, tanto militares como económicos. Al final, algunas potencias de la Unión Europea se han decidido a buscar la iniciativa en determinados escenarios geoestratégicos, aprovechando los meses finales de su presidencia.

Uno de ellos, quizá el más importante, es Eurasia, y más concretamente las rutas y países que conectan a Europa con los yacimientos de gas y petróleo del mar Caspio. Pero también Rusia, superpotencia energética. El tercer actor de esta historia es Irán, que tiene un peso nada desdeñable porque está dispuesto a ofrecer esa misma energía a Europa, pero más barata que la procedente de las repúblicas de Asia Central.

Por su parte, los norteamericanos, que se abastecen mayoritariamente de gas y petróleo procedentes de Canadá, México, Venezuela y Bolivia, tienen un interés básicamente hegemonista, dado que buscan dejar fuera de juego a determinados productores (como Irán), controlar los ductos procedentes de algunos países de Asia Central exsoviética hacia Europa y, sobre todo, establecer condiciones beneficiosas para ellos en el mercado de la energía: fijar precios y condiciones en las necesarias inversiones para llevar a cabo y modernizar las extracciones, y mantener la hegemonía del dólar como medio de pago.

ESTO ES muy importante, porque hacer los desembolsos del crudo y el gas en su propia moneda permite a los norteamericanos operar con malabarismos financieros cuando es necesario: pagar en bonos, negociar aplazamientos y, sobre todo, no pagar por el cambio de divisas. Si el dólar perdiera un apreciable protagonismo en el mercado de la energía, los norteamericanos afrontarían un déficit extra que, posiblemente, les obligaría a controlar el consumo interno y ralentizar su carrera de armamentos. ¿Y por qué es esto tan importante? Porque, en parte, los norteamericanos cuentan con salir de la actual situación de crisis invirtiendo en desarrollo tecnológico militar. Al fin y al cabo, piensan, la segunda guerra mundial ayudó a superar la larga Depresión de los años 30, y la carrera de armamentos de la era Reagan ha sido presentada muchas veces como el detonante de una beneficiosa recuperación económica en los años 80. Los jugosos contratos multimillonarios son la esencia del tan célebre como inútil y provocador escudo antimisiles que Washington pretende instalar en Polonia.

En este tira y afloja financiero, los iranís están interesados en imponer el euro como moneda de pago preferente de los hidrocarburos, con el argumento de que el dólar se devalúa con facilidad y ocasiona grandes pérdidas, lo cual también afectó a los rusos, y mucho, el año pasado. Varios países relacionados con la compra y venta de energía en grandes cantidades --como China-- abogan por desvincularse del dólar e imponer sus propias monedas nacionales, cestas de divisas o el euro.

La crisis de Georgia, que ha propiciado la devaluación del rublo, todavía ha hecho más atractivo el precio de su petróleo y su gas para los europeos, sobre todo si lo pueden pagar con euros fuertes. La neutralización temporal de la presión norteamericana contra Irán podría posibilitar la construcción de un oleoducto a través del Cáucaso, y quizá Ucrania, hacia Europa. Por lo tanto, las perspectivas de una energía cara y los cuentos sobre posibles extorsiones rusas a Europa pueden no ser precisamente las correctas a medio plazo.

ESO SÍ: el guiño a Ucrania le puede salir bien caro a Bruselas. Es un país problemático, con una clase política demasiado volátil y una estructura nacional interna ciertamente explosiva. Posiblemente, a Moscú no le parezca tan mal que la UE cargue con su propia cuota de responsabilidad en controlar a la díscola Ucrania, que hasta ahora ha dado muchos quebraderos de cabeza a los rusos. Como dice el viejo y sombrío refrán chino, aplicable ahora a las potencias europeas más favorables a Kiev: "Ten cuidado con lo que deseas: podría llegar a cumplirse".

*Profesor de Historia Contemporánea de Europa Oriental y Turquía (UAB).

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