Un proyecto para Afganistán

Soldados turcos llegan a Kabul por vía aérea, junio 2002
Asuntos profesionales prioritarios han mantenido este blog inactivo durante algunas semanas. Sin embargo, esa situación no se ha resuelto completamente. Y mientras tanto, los asuntos a tratar, se acumulan.
A efectos de ir restableciendo el pulso del blog (sin garantías de que vaya a continuar editándose por mucho tiempo) se ha optado de momento por ir publicando algunos post a base de comentarios breves o mediante la reedición de meras noticias, que a su vez hacen referencia a las anteriores líneas de análisis trabajadas en este blog. Por supuesto, todo ello sin concesiones al diseño de edición: de momento no hay disponibilidad de tiempo para incluir apoyo gráfico. De todas formas, y dado que este blog cuenta con algunos fieles seguidores, se confía en su paciencia y comprensión para subsanar el bache.
El artículo que se reproduce a continuación fue publicado hace pocos días y se refiere a una cuestión que últimamente suscita mucha polémica en la prensa española y, por extensión, en la occidental. ¿Debe continuar la presencia de la misión ISAF en Afganistán?¿Qué postura debe tomar el gobierno español al efecto? El lector encontrará una respuesta en el artículo que sigue, asociada al papel (poco conocido) que juega Turquía en ese escenario. Debe tenerse presente que ese país cuenta con muy útiles relaciones en la zona, además de tener excelentes expertos y analistas en Afganistán y Asia Central, a los que posiblemente le dedicaremos atención en futuros post.
El profesor Akın Özçer ha tenido la gentileza de incluir la pieza en la revista que dirige: "Hispanatolia". Es por esa razón, y por la afortunada coincidencia de que s eesté celebrando en Estambul la Trilateral turco-afgano-paquistaní, por lo cual el autor decidió editar su propio artículo en su propio blog, aún contando con los problemas de tiempo y disponibilidad mencionados más arriba.
Pinchar sobre la imagen para ampliar: Restos de los 96 vehículos de transporte de la misión OTAN-ISAF destruidos por un comando talibán en Peshawar, Pakistán, el pasado 7 de diciembre. 96 vehículos son muchos vehículos. El ataque se volvió a repetir al día siguiente contra otra terminal cercana. Todo indica que los talibanes están iniciando las operaciones para el estrangulamiento de Kabul;
las tropas ISAF podrán seguir siendo abastecidas, pero posiblemente la población civil de la capital sufrirá las consecuencias y la insurgencia prenderá en el interior de la ciudad. El margen para aplicar soluciones políticas
se estrecha a cada día que pasa.
"El Periódico", 29/11/2008
Un proyecto para Afganistán
La Alianza de Civilizaciones es el marco apropiado para vehicular los estudios, ideas y propuestas que pudieran hacerse desde Turquía
• Es de temer que, en el plano militar, la posición de España en el país sea insostenible a medio plazo
FRANCISCO Veiga
Hace cuatro años, el contingente militar español en Irak era un "eslabón débil", dado que, políticamente, España no podía permitirse encajar pérdidas elevadas participando en un conflicto que era muy impopular. Por razones que no se van a discutir aquí, Madrid continuó enviando tropas en misiones internacionales a zonas de crisis en el mundo islámico: Afganistán y el Líbano. La diferencia con lo ocurrido en Irak es que ahora el Gobierno sabe que, le guste o no, ha de estar preparado para encajar golpes de la insurgencia o el terrorismo. Retirar unilateralmente las tropas de alguno de esos puntos amenazadores puede resultar contraproducente para la seguridad del Estado, porque convertiría al resto de los contingentes, y a la población española en su conjunto, en el perfecto rehén del terrorismo islamista o de cualquier otro.
Más allá de esa consideración, es de temer que, desde un punto de vista militar, nuestra posición en Afganistán sea insostenible a medio plazo. Argumentar que las tropas españolas permanecen en aquel remoto país para defender una red de centros de atención médica y escuelas o para echar una mano en la habilitación de infraestructuras básicas resulta, como poco, escasamente realista. Todo ese tinglado flota en el aire sin beneficiarse del apoyo de unas instituciones administrativas locales que tampoco tienen claro el futuro de su país. Mientras decae irremisiblemente la estrella del presidente Karzai, ni militares extranjeros ni autoridades locales poseen un plan político claro al margen de consignas bienintencionadas. Analistas occidentales empecinados abogan por enviar más tropas allí, lo que equivale a más fuerza militar para defender un proyecto político que sigue sin existir. Así que, mientras en Madrid esperan a que lo elaboren otros, la opción parece ser mantener en zona de guerra unas tropas sin material pesado y que pueden convertirse en el pim pam pum de los insurgentes talibanes.
Y, sin embargo, el momento es apropiado para pensar que España podría contribuir, con ideas propias, al diseño de ese plan para Afganistán, en el marco de la Alianza de Civilizaciones, esto es, en colaboración con Turquía. En los últimos meses, el Gobierno de Ankara, que no termina de ver aplicaciones prácticas al proyecto, pretende encontrarlas en alguna forma de colaboración hispano-turca para abordar conjuntamente los problemas que suponen ETA y el PKK. Pero la Alianza de Civilizaciones no es un programa antiterrorista conjunto. Ante una idea tan escasamente práctica, cabe pensar que el Gobierno de Erdogan esté siendo mal asesorado desde sectores de la derecha laica, interesados en deteriorar las relaciones entre Madrid y Ankara.
En cambio, la experiencia turca resulta altamente valiosa para buscar una solución práctica para Afganistán. El mundo turco siempre ha sido un laboratorio de innovaciones políticas en torno al islam; posee un enorme conocimiento histórico del Asia central, y buenas relaciones allí. Prueba de ello es la privilegiada relación que tiene Turquía con Pakistán, por poner un ejemplo. Y ese país es precisamente una de las claves para el destino de Afganistán. Además, Ankara colabora con un contingente propio de soldados en la misión de la ISAF (la fuerza internacional de seguridad).
Turquía es un país con una política exterior muy compleja, dado que debe moverse en escenarios dispares. Por ello, no va a dar el primer paso para desarrollar por su cuenta ningún plan político para Afganistán. En cambio, la Alianza de Civilizaciones sí es el marco apropiado para vehicular los estudios, ideas y propuestas que pudieran hacerse al respecto. Madrid tendría una ocasión única para reflotar un proyecto que nació a raíz de la retirada de las tropas españolas de Irak, en el 2004, y que podría tener los días contados, desaparecido Bush de la Casa Blanca y restablecidas las buenas relaciones con Wa- shington a través de un presidente Obama que parece llegar con actitudes propias sobre las civilizaciones, sus choques y alianzas, si es que todo ello se puede enfocar así.
En estos tiempos, Ankara también necesita de alguna baza brillante al servicio de sus aliados en la OTAN y amigos en la Unión Europea. El Gobierno de Erdogan se ha atascando sine díe en una interminable guerra contra el PKK, bajo unas directivas estratégicas marcadas por los militares, que no sirvieron de gran cosa en la guerra de 1984-1999 y que ahora parecen llevar el mismo camino. Los oleoductos que pasan por el país están amenazados por el PKK, mientras el precio del petróleo no para de bajar, y Turquía como camino alternativo de los oleoductos desde el Caspio a Europa se devalúa en paralelo al acercamiento entre la UE y Rusia. Rematando todo el conjunto, el proceso de reformas que deberían llevar al país a la UE parece haberse atascado también.
En definitiva, los errores cometidos en Irak son responsabilidad histórica del presidente George W. Bush, y ello contribuyó precisamente a que Estados Unidos haga frente a una crisis de credibilidad internacional sin precedentes. En cambio, las responsabilidades en Afganistán están más distribuidas e implican no solo a los norteamericanos, sino también a los europeos y a la OTAN. Es decir, a nosotros también nos alcanzan.
Etiquetas: Afganistán, Alianza de Civilizaciones, Erdoğan, España, Karzai, OTAN, PKK, talibanes, Turquía
Un respiro para Turquía (1)

Despliegue de los objetivos estratégicos del Ejército turco en territorio iraquí, publicado por la prensa turca. Procede del
blog de Erkan SakaParece que lo peor ha pasado: no habrá intervención del Ejército turco en el Kurdistán iraquí. No, al menos, de forma inminente. Eso no quita que se puedan producir intervenciones puntuales para buscar y destruir determinados objetivos concretos; eso se viene produciendo desde hace años, no es nuevo en absoluto. Pero lo más preocupante era que más de cien mil soldados turcos entraran en bloque por el norte de Irak. Pueden imaginarse. Esa fuerza, que podría llegar a ser equivalente a diez divisiones, bien a ser la misma que han desplegado los norteamericanos en Irak. Dos ejércitos de tamaño parecido, ambos de la OTAN y teóricamente aliados, cara a cara sobre los restos de Irak: una situación cuanto menos embarazosa para Washington.
Por ello, los norteamericanos han reaccionado de diversas maneras. Por un lado, dejando claro que la guerrilla del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) es tan enemigo de ellos como de los turcos. Lo dijo públicamente el mismo presidente Bush, por ejemplo, aunque no fue la única puntualización al respecto. En otras circunstancias, esto podría ser mera retórica circunstancial –al fin al cabo, Israel les ayudó en algunos momentos, y aparentemente, el PKK también se enfrenta a los iraníes. Pero en esta ocasión, Washington ha reconocido abiertamente que traspasó información confidencial sobre el PKK a los militares turcos. En base a esa colaboración, estos organizaron los ataques puntuales de hace unas semanas.
Girando la torreta y con el arma alerta: un anticuado BTR-60 mostrado por las televisiones occidentales hace unos días, de patrulla por la frontera turco-iraquí
De otra parte, al ceder esa información de inteligencia y en plena crisis, los norteamericanos también han dado a entender, una vez más, lo que no es ningún secreto desde hace años: que Turquía es para ellos muy valiosa. Y que, llegado el caso, aunque los militares dieran un golpe en toda regla, Washington se entendería con la junta resultante. Y más teniendo en cuenta que tal como está la situación en Afganistán, Irak y ahora Pakistán, los último que desearía Washington ahora sería perder el control de Turquía. Eso no puede ser nada tranquilizador para el actual gobierno de Ankara y para una parte sustancial de la población turca, claro está. Pero sí para los militares, que empezaban a sufrir cierto síndrome de abandono ante la capacidad política de los nuevos gobernantes turcos y el crédito popular del que siguen gozando, como demostraron las elecciones de julio.
Y es que además, y esta afirmación llega a través de fuente de toda confianza, los uniformados turcos no tienen mucho afán por combatir. Lanzarse en masa sobre el norte de Irak significa meterse de lleno en una campaña compleja que no se pudo solucionar en más de diez años de lucha abierta y, además, hacerlo en puertas del duro invierno en las montañas de Kandil. También existe el riesgo de sufrir más bajas de las debidas, y arriesgarse a cualquier fallo, a perder prestigio político, que ya está muy rebajado. Y como no, abrir quizás el debate sobre la necesuidad de mprofesionalizar a las fuerzas armadas y terminar con el anticuado sistema de leva.
Además, se trataría de entrar en combate con un ejército que, a juzgar por las fotografías que se han ido viendo en los medios de comunicación internacionales, no es precisamente un dechado de modernidad. Sólo basta ver a esos soldados con equipos anticuados, empuñando viejísimos fusiles de asalto HK G3 de los cuales eran pariente los venerables CETMEs españoles de primera generación. O los vetustos BTR-60, vehículos blindados de exploración y transporte de tropas, de origen soviético, que datan ya de los años sesenta del siglo pasado, patrullando por las sinuosas carreteras de la frontera turco-iraquí, sin protección alguna contra las modernas armas anticarro, ni una simple rejilla contra los RPG-7, nada. Tampoco parece que los carros M-60 utilicen corazas reactivas.

Soldados turcos de las unidades especiales, de patrulla por la zona amenazada: sin chalecos antibalas, ni cascos kevlar, ni visores nocturnos, ni equipamiento electrónico. Obsérvense las colchonetas de goma espuma y el fusil de asalto HK G3 del soldado en primer plano
Hace pocos días y en Lisboa, Yavuz Baydar, el columnista de “Zaman”, le comentaba al autor de este post que en los próximos meses existían tres escenarios posibles: a) Provocaciones del PKK que, a pesar de todo, obligarían al Ejército turco a intervenir; b) Calma invernal hasta la siguiente primavera, que le daría al ejecutivo de Erdoğan un tiempo precioso; c) Desactivación total del PKK por una u otra vía.
Son tres opciones lógicas que, sin embargo, dejan en el aire algunas preguntas. Una de ellas, referida al aspecto “interno” del conflicto. Esto es: ¿Qué parte del mismo correspondió a la voluntad militar de aprovechar la tensión para recuperar protagonismo y fuerza política en Turquía tras las elecciones de julio? Es una pregunta incómoda, por supuesto, pero hemos de recordar la muy mala cara que le pusieron los militares a Gül tras su elección como presidente, las declaraciones bastante agresivas del jefe de Estado Mayor, los desplantes, las manifestaciones patrióticas tras los atentados del PKK, que el CHP y el MHP intentaron capitalizar rápidamente, trayendo a la memoria de nuevo la situación política de la pasada primavera. Y el baile de objetivos posibles, caso de que se produjera una entrada en fuerza de los turcos en el norte de Irak: ¿La destrucción de los santuarios del PKK en la cordillera de Kandil?¿Castigar a Barzani?¿Llegar hasta Irbil o, al menos, hasta Mosul, la vieja reivindicación irredentista turca que Atatürk no logró cumplir?¿Ejercer una influencia directa sobre el gobierno autónomo del Kurdistán iraquí, cuando parece irreversible la aparición de un Estado soberano kurdo en la zona, que podría ser reconocido internacionalmente siguiendo la estela de Kosovo?

Un guardia de aldea kurdo patrulla junto a un soldado del Ejército regular turco. Estas unidades de paramilitares kurdos que colaboran con el gobierno turco contra el PKK, han demostrado ser bastante efectivas, a pesar de su escaso equipo y armamento ligero: conocen el terreno y el medio social circundante a la perfección. La UE exige su desmovilización como una de las condiciones de acceso de Turquía
Es cierto que en las últimas semanas, la gran mayoría de los reporteros y analistas han enfocado la crisis poniendo en el centro al PKK y la cuestión kurda en Turquía e Irak. Vale la pena tener en cuenta, por ejemplo, la explicación que dio en su momento Sedat Laciner, director del Uluslararası Stratejik Araştırmalar Kurumu (USAK) o Organización de Investigación Estratégica Internacional, basada en Reino Unido. Según este analista, al PKK le urge recuperar ascendiente sobre la comunidad kurda en Turquía tras las pasadas elecciones de julio, en las que llegaron al Parlamento de ese país un total de 20 diputados del Partido de la Sociedad Democrática (DTP), nacionalista y socialdemócrata kurdo. Siempre según Laciner, en declaraciones recogidas por Andrés Mourenza, “el PKK ha perdido legitimidad ante los kurdos, que ahora rechazan el terrorismo. Así que quiere que el estado turco prohiba el DTP para recuperar la legitimidad de la lucha violenta. El PKK ha ido eliminando a todos los grupos kurdos que se le oponían y ahora pretende acabar con la única alternativa moderada que queda, el DTP”. Además, “el PKK ha reanudado la violencia ahora que el gobierno del AKP, que está siguiendo las reformas exigidas por la UE, había levantado las prohibiciones sobre la lengua kurda y es que, desde las pasadas elecciones, el AKP es el partido más votado por los kurdos. El próximo año hay elecciones municipales y probablemente el PJD podría ganar las alcaldías de las principales ciudades del sudeste [de mayoría kurda]”.
El punto de vista de Laciner es interesante porque nos recuerda que la cuestión kurda en Turquía no se puede reducir al PKK y menos ahora, cuando en el país ya existe una extensa clase media de esa etnia, con medios propios, con poder socio-económico real, con aspiraciones de proyectar todo ello en una opción política parlamentaria mucho más viable a largo plazo que el PKK; y con unos deseos nada disimulados de que Turquía acceda a la Unión Europea. Por otro lado, el PKK es una organización bastante amorfa en su cúpula dirigente, apoyos exteriores y métodos operativos; muchas veces tampoco está clara su estrategia ni cuáles consideran que son sus aliados. Por supuesto, saben que el régimen de Barzani no los va a entregar a los turcos (ni quiere hacerlo, al menos de momento) pero también desean hacerse un hueco, tener su propio espacio en la región autónoma del Kurdistán iraquí. Por todo ello, el PKK puede convertirse con cierta facilidad en comparsa, más que en actor principal, y de ahí que quepa un cierto espacio de duda para algunas cuestiones poco claras o complejas, vistas desde Turquía pero también desde Irak 
"No te fallaré, amigo": Bush ha dado todo tipo de seguridades al preocupado primer ministro turco, durante la reciente visita de éste a la Casa Blanca. A fin de cuentas, Turquía es, para Washington, sagrada
En fin: de momento no hay respuesta para estas preguntas, el tiempo hará que las respuestas suban a la superficie, cuando los acontecimientos se estanquen en la zona. De momento, lo que tenemos parece claro: se refuerza decisivamente la figura de Erdoğan como un político hábil y con gran capacidad de maniobra. Se refuerza la imagen de estabilidad del gobierno del AKP y la imagen moderada de partido: ya no es tan insistente el recurso a la “agenda oculta” de los islamistas, ni siquiera en la misma Turquía; de hecho, cada vez son más los analistas que coinciden en recordar que el AKP no es propiamente un partido islamista, sobre todo si atendemos a la masa políticamente heterogénea de votantes.
Etiquetas: CHP, DTP, Ejército turco, Erdoğan, Irak, Kurdistán, MHP, PKK
NOTA: Turquia bombardea Wall Street

Caída de Wall Street ayer, 15 de octubre, aunque con rebote final. Gráfica de
InvertiaPrimera cosecha de consecuencias de la tensión en la frontera turco-iraquí: caída de las bolsas internacionales cuando apenas comenzaban a recuperarse de la crisis de las "subprimes" de este pasado verano. El Dow Jones cayó un 0,8% y el resto de las bolsas siguieron por ese camino: el FTSE 100 nada menos que un 1,3%; el DAX un 0,9%, el CAC 40 un 0,6% y la bolsa italiana un 1,3%. El IBEX 35 español, muy volatil desde hace meses, descendió un 0,5%.
En las últimas horas, por lo tanto, parece que son los turcos quienes empiezan a tener la sartén por el mango. Por supuesto, el Alto Mando norteamericano no parece tener planes de contingencia para el caso de que se produzca una incursión turca en profundidad y prolongada en el tiempo. Se supone que, ante esa situación, fuerzas norteamericanas deberían enfrentarse a los invasores, lo cual podría suponer situaciones muy desafortunadas y hasta peligrosas para ellas. ¿O sería mejor cruzarse de brazos y dejar que los turcos hicieran su trabajo libremente? Tal actitud supondría abandonar a su suerte al aliado kurdo Massud Barzani. En ese caso, la imagen de las fuerzas norteamericanas destacadas en Irak todavía caería más bajo, si cabe.
Por otra parte, cobra relevancia la posición de Turquía como distribuidor de combustibles hacia el Mediterráneo oriental y Europa. A continuación, dos artículos de entre los muchos que se publicaron en la red, ayer lunes.

Paracaidistas norteamericanos en Irak. ¿Cuál sería la reacción de las fuerzas de coupación ante los nuevos invasores?
MERCADO Digital, Argentina
Lunes, 15 de octubre, 2007
Turquía golpea Wall Street, lleva el crudo a US$ 86,10, el euro a 1,42 y el oro a 760 la onza
Los ataques turcos sobre el noreste de Irak sacuden los mercados. El WTI marca récord nominal en US$ 86,10 por barril. El Dow Jones industrial pierde 0,91%. Otras materias primas también suben. El euro vuelve a US$ 1,42,
A US$ 760 la onza troy, el oro torna a fines de enero de 1981 y se acerca al pico nominal absoluto, US$ 850, el 20 de ese mes, hace casi 27 años. Entretanto, el euro remonta a US$ 1,42 y el dólar no pasa de R 1,815 en San Pablo. Por su parte, los crudos tejanos rebotaban a US$ 86,10 y el Brent nórdico a 82,85. En ambos casos, máximos nominales.Hasta el lunes 8, a la sazón, muchos analistas afirmaban que la serie de balances trimestrales castigados por bancos y firmas de valores marcaba el fin de dos crisis, la hipotecaria y la de liquidez financiera. Por ende, no harían falta nuevas rebajas en los tipos básico (hoy en 4,75% anual) y de redescuento (5,75%) y Wall Street subiría.
Minutas en mano, los gurúes volvieron a darse vuelta el martes y se lanzaron a anticipar –para dentro de unos días- otra rebaja de medio punto, con la cual las tasas citadas cederían a 4,25 y 5,25% anual. Fue una fiesta, pero no duró. El miércoles, fue suficiente para añadir récords, que se pincharon el jueves, trataron de recomponerse el viernes y volvieron a ceder este lunes. Ahora, en medio de una crisis geopolítica desatada por Turquía.
EEUU: petróleo termina en récord de 86,13 dólares en Nueva York
NUEVA YORK (AFP) — Los precios del crudo terminaron este lunes por primera vez sobre los 86 dólares el barril (86,13 USD) en Nueva York, sostenidos por el incremento de la tensión en la frontera turco-iraquí, que hacen temer una nueva disparada de las cotizaciones y alcanzaron un nuevo récord en Londres.
En el New York Mercantile Exchange (Nymex), el baril de "light sweet crude" para entrega en noviembre subió 2,44 para terminar en 86,13 dólares, un récord de cierre.
El lunes, los precios subieron netamente, franqueando por primera vez la barra de los 85 dólares, en los intercambios electrónicos previos a la apertura, luego la de los 86 dólares a comienzos de la tarde. El barril llegó al nivel jamás alcanzado antes, de 86,22 dólares, superando en más de dos dólares su precedente marca del 20 de setiembre (84,10 dólares).
En el Intercontinental Exchange de Londres, el barril de Brent del mar del Norte para entrega en noviembre también fue impulsado a niveles récord, superando los 82 dólares (82,90 USD), contra su anterior marca de 81,05 dólares a fines de setiembre. Finalmente cerró en alza de 2,20 dólares en 82,75 dólares.
Este claro impulso de los precios estuvo alimentado principalmente por la creciente inestabilidad en la frontera de Turquía e Irak.
"Si Turquía interviene militarmente en Irak contra los rebeldes kurdos, se teme la desestabilización del norte de Irak, una región hasta ahora relativamente calma. Ello aumentaría la amenaza que pesa sobre la producción de petróleo en la región", explicó John Kilduff, analista de MF Global.
La tensión entre Turquía y los rebeldes separatistas kurdos del Partido de los Trabajadores del Kurdistan (PKK), que se refugian en el norte de Irak, se intensificaron, luego de que el gobierno enviara al parlamento turco el lunes una moción sobre una incursión militar en el norte de Irak.
Por esa zona pasa un oleoducto que transporta el petróleo extraído en los yacimientos de Kirkuk, en el norte de Irak, hasta la terminal de Ceyhan, en el Mediterráneo.
"Es la principal preocupación del momento. Actualmente la producción no está afectada, pero el mercado teme que lo sea", explicó Robert Montefusco, analista de la casa de corretajes Sucden.
"No son solamente las tensiones geopolíticas que impulsan al mercado, también los temores sobre una oferta que se reduce", agregó Phil Flynn, analista de Alaron Trading.
Al aproximarse el invierno boreal, cuando se incrementa la demanda de combustible para calefacción, los operadores se inquietan ante toda señal que ponga en evidencia la precariedad de la oferta de crudo para fin de año.
La semana pasada, el departamento de Energía estadounidense había anunciado un neto descenso de los stocks de crudo en Estados Unidos. Al mismo tiempo, la Agencia Internacional de Energía (AIE) subrayó la precariedad del aprovisionammiento en los países desarrollados.
Pero según Eric Wittenauer, analista de AG Edwards, el brusco ascenso del precio del crudo se debe en primer término "al dinero de los fondos que entran al mercado".
Luego de haberse retirado de los mercados de materias primas durante la crisis financiera de agosto, los fondos especulativos, alentados por los nuevos récords, refuerzan sus posiciones, lo que amplifica los movimientos del mercado.
Etiquetas: Irak, mercado bursátil, petróleo, PKK, Turquía
Diplomacia al borde del abismo

Hacia Irak. Tropas turcas, con equipo completo, están siendo dirigidas hacia la frontera
Un lector habitual de este blog plantea sus dudas sobre la relación entre la resolución en el Congreso norteamericano con respecto al genocidio armenio y la posibilidad de que tal suceso posea alguna intencionalidad concreta con respecto a lo que parece una inminente intervención turca en el norte de Irak. La duda es totalmente justificada y la forma en que se formula la pregunta es inteligente y abre una serie de reflexiones. A continuación y debido a que los acontecimientos son muy graves y la situación evoluciona con rapidez, unas apresuradas consideraciones aclaratorias al respecto.
a) La prensa occidental (y por supuesto, la española) tiende a aceptar que la resolución plantada en el Congreso norteamericano por el Comité de Relaciones Exteriores está directamente relacionado con la política interior norteamericana y que le hace un flaco favor a la administración Bush al complicarle las cosas en Irak. Mi tesis (que puede estar completamente equivocada, por supuesto) va en un sentido contrario.
b) Los analistas que asumen la hipótesis comentada no parecen tener en cuenta el orden cronológico de los acontecimientos, que por sí solo parece aportar una pista importante. La intención turca de atacar en el norte de Irak no es posterior a la resolución del Comité de Relaciones Exteriores en el Congreso, sino todo lo contrario: es muy anterior. Recordemos que a comienzos de agosto, Erdoğan y al Maliki se reunieron y acordaron intensificar su colaboración en la lucha antiterrorista, en particular contra la guerrilla del PKK. El mandatario árabe dijo que su gobierno "estaba de acuerdo con Turquía sobre la lucha contra el terrorismo" y agregó: "Irak no permite (al PKK) estar presente en su territorio y no lo permitirá (tampoco) en el futuro". Sin embargo, las autoridades iraquíes, que están desbordadas por la situación de caos general en su propio territorio no hicieron nada, y en las últimas semanas, el PKK intensificó sus acciones contra las fuerzas turcas, liquidando a un total de 17 soldados en poco tiempo. Ante esta escalada, las fuerzas armadas turcas, respaldadas políticamente por el gobierno, reactivaron su plan de intervención en Irak. O lo llevan a cabo ahora, o dentro de escasas semanas las circunstancias climáticas en la zona lo harán más complicado.

Una escena que muchos conductores pudieron ver a lo largo de las carreteras en la frontera turco-iraquí
c) Por lo tanto, se veía venir la ofensiva turca. Y en ese contexto, qué casualidad, se presenta la resolución sobre el genocidio armenio en el Congreso norteamericano. La pregunta es, ¿qué buscaba exactamente esa iniciativa en relación con los planes turcos de atacar en Irak ?
En primer lugar, la cuestión clave que le precede es: ¿Qué podía hacer la administración Bush para pararle los pies a Ankara hace una semana o diez días? Prácticamente nada. Las relaciones turco-americanas no eran tan malas como para que Washington tuviera posibilidades de lanzar un órdago duro como, por ejemplo, amenazar con sanciones. En diplomacia, un amigo no cambia hacia esa actitud de un día para otro. Además, como se ha repetido muchas veces en las últimas horas, un porcentaje muy elevado de la logística norteamericana con respecto a Irak, pasa sobre el espacio aéreo y territorio turcos, y la base de İncirlik es la piedra angular del poder aéreo norteamericano en Oriente Próximo. Por lo tanto, el asunto era muy delicado. Además, moralmente, los norteamericanos tampoco podían recriminarle a los turcos su actitud. El PKK tampoco es plato de gusto para Washington, pero saben que militarmente, hoy por hoy, apenas pueden hacer nada contra ellos; ni siquiera les conviene, porque pondrían en aprietos a los aliados kurdos en el norte de Irak. Imaginemos si, además, el PKK está recibiendo ayuda exterior. Pongamos por caso, que alguna potencia europea interesada en desestabilizar políticamente a Turquía, les estuviera enviando ayuda técnica o información sensible a través de terceros, como Siria, Libia o la misma Armenia (es un ejemplo hipotético).
Bien: los americanos no tienen, hoy por hoy, capacidad de intervención directa sobre Turquía y ante la emergencia deciden jugar la carta de la “diplomacia al borde del abismo”. Esto es, forzar la situación para llevarla a un punto de ebullición y aprovechando el momento, arrancar unas negociaciones dramáticas que salven la cara de todos y, de paso, precisamente a través del llanto y crujir de dientes, se reconozca indirectamente la legitimidad de las quejas turcas. Y es ahí donde entra la “bomba” de la resolución presentada por el Comité de Relaciones Exteriores sobre la muy explosiva cuestión del genocidio armenio.
Claro está, la maniobra no la podía llevar a cabo la propia administración Bush, porque eso hubiera sido un gesto de hostilidad directo hacia Ankara, un punto automático de no retorno, al que hubiera seguido la ruptura inmediata. Además, George Bush hubiera quedado no como un imbécil -eso es poco- sino como un verdadero demente. Por lo tanto, la piedra tenía que tirarla otro: el “poli malo”. El presidente haría de “poli bueno”.
En realidad, piénsenlo bien, no debió ser difícil lograr que la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso presentara la resolución sobre el genocidio armenio el pasado miércoles. Y en la pedrada venía envuelta en varios mensajes dirigidos a Ankara:
Mensaje nº 1. A pesar de lo mal que le van las cosas, Washington todavía puede actuar ofensivamente de formas diversas. Por ejemplo, convirtiendo a un país cualquiera en un paria internacional, a través de diversas formas de presión y denuncia. Como, también por ejemplo, y aunque pueda parecer surrealista, la cuestión del genocidio armenio acaecido hace casi un siglo.
Mensaje nº 2. Por ello, el gobierno de Erdoğan debe refrenar su apoyo a los militares en la proyectada ofensiva sobre Irak. Si no lo hace, el estamento castrense terminará por controlar la política turca nuevamente, y en ese caso, Washington apoyará a los uniformados. Recuerden que durante el denominado “e-golpe” del pasado mes abril, la reacción norteamericana de condena fue significativamente lenta y tibia, más incluso que la europea. Esta consecuencia resultaría especialmente dolosa porque además, la ofensiva militar contra el PKK será (posiblemente) baldía. En cualquier caso, es importante tener muy presente que Washington le besará el culo al diablo, pero no renunciará fácilmente a Turquía. Antes apoyaría a una dócil dictadura militar (por ejemplo).
Mensaje nº 3. Si Ankara hace oídos sordos y continúa adelante, la responsabilidad será suya y no de Washington. Esto significa varias cosas y todas malas para los turcos. Por ejemplo, supondrá que el gobierno de los Estados Unidos se reserva la posibilidad de seguir con una escalada de presiones ya más directas, duras y desagradables, muhco más que la cuestión del genocidio armenio. Además, Turquía cargará con una imagen internacional de intolerancia e impulsividad que le hará perder bazas morales ante la comunidad internacional y se las entregará al PKK, lo que fortalecerá justamente aquello que desean evitar: la formación de un estado kurdo en sus fronteras. Recuerden Kosovo, amigos turcos, aprendan de los errores serbios.

Silueta de un combatiente del PKK con la carga de un lanzamisiles RPG-7 al hombro.
Estos son algunos mensajes, entre otros. Por supuesto, la jugada de Washington es arriesgada. Si los turcos se ponen de acuerdo con los iraníes para actuar conjuntamente en Irak, mal asunto para los americanos; nefasta situación. Por otra parte, los rusos no están nada contentos con Condoleezza Rice y Bush por toda la bobada esa del escudo antimisiles en Polonia y Chequia, y justamente, esta misma semana estaban explicándole a los norteamericanos cuán enfadados están, mientras la delegación norteamericana se dedicaba a hacer el teatro de que eran ellos quienes estaban echando bronquitas a los rusos por esto y lo otro. Por lo tanto, muy mal momento para que Bush haga todavía más el tonto en Irak. Los rusos tienen ganas de armarla y por supuesto apoyarían gustosos a los turcos. (de hecho, ya lo hacen). Y alos iraníes. Y a todos aquellos que pudieran bajarle los humos a Bush y a la "Vieja Europa". Por si faltara algo, si los turcos se le suben a las barbas a los americanos, los saudíes tendrán un aliciente más para hacer lo mismo. Puede que terminen por intervenir más directamente en Irak, en apoyo de sus hermanos suníes. Pero si no lo hacen, podrán vender todavía más caro su apoyo a los americanos
¿Y los europeos? Ah, ese es otro capítulo. Si en Bruselas hubiera un poco de imaginación, los réditos que se podrían obtener del conflicto turco-americano serían importantes y cuantiosos. Pero mejor dejemos este asunto para otro día. Hoy sólo recalcar que para Washington, el margen de maniobra era ciertamente escaso: poco más se podía hacer. Ahora, a esperar acontecimientos. Etiquetas: al Maliki, Bush, Ejército turco, Erdoğan, Irak, Irán, Kosovo, PKK, Rusia, Turquia
Un pulso a la turca (y 2)

Por fin, en agosto, Erdoğan logró atraer a Al Maliki a Ankara, aunque la falta de entusiasmo del árabe es patente en casi todas las fotos de su viaje a Turquía
Y comienzan a pasar cosas en Turquía. Y nadie comenta nada. Claro, es el mes de agosto, y todos aquellos que no paran con Turquía, arriba y abajo, parece que se han tomado un respiro. Pues se están perdiendo la procesión, que va por dentro, o es que no lo ven nada claro.
El primer ministro iraquí, Nuri Al Maliki, tras visitar por fin Ankara, accedió a firmar un acuerdo con el gobierno turco para luchar conjuntamente contra el PKK. Era un secreto a voces que los norteamericanos andaban por detrás, que planificaron con los turcos la forma de atacar las bases del PKK y, con toda seguridad, presionaron a Al Maliki para que, oreja gacha, acudiera a Ankara en un momento en el que –supuestamente- la cuestión del PKK es el menor de sus problemas. A continuación, el primer ministro iraquí fue a reunirse con los iraníes, incluyendo al presidente Ahmadineyad, lo que provocó serios recelos y advertencias de los norteamericanos y la fractura política interna, en el mismo Irak, con los suníes. Y para rematar la turbia historia, el Ejército turco y el iraní están bombardeando supuestas bases kurdas en el norte iraquí: los turcos apuntaron sus cañones contra territorio del PKK, y los iraníes largaron sus obuses sobre posiciones de la guerrilla kurda que opera en su territorio, brazo armado del Partido de la vida en Libertad del Kurdistan (Pejak). Mientras tanto, en otro frente, diplomáticos turcos se han estado reuniendo con sus homólogos israelíes y sirios, mediando entre ambos para rebajar las tensiones entre ambos países.
Por lo tanto, algo parece indicar que Ankara no ha perdido ni un ápice de su capacidad de maniobra en el Próximo Oriente y está trabajando contra reloj para sacar el mayor provecho posible de la situación. Eso quiere decir que, muy posiblemente, Erdoğan está moviéndose en varias direcciones a la vez: acercándose a Irán, con quien le unen cada vez mayores y más provechosos proyectos petrolíferos, actuando como actor con recursos y objetivos propios en Oriente Medio, desactivando la presión del PKK y “haciendo algo” con el Ejército turco. Pero ¿qué exactamente? La respuesta, ahora mismo, parece estar en Ankara, y no en la frontera con Irak. 
Köksal Toptan, elegido presidente de la Gran Asamblea Nacional. A su espalda, aplaudiendo, Erdoğan
El pasado día 9, gobierno y oposición consensuaron la elección de un presidente para la Gran Asamblea Nacional, el moderado Köksal Toptan, militante del AKP: obtuvo los votos de 450 parlamentarios, de un total de 535 asistentes. Aquel día, el parlamento turco pareció vivir la fiesta de la democracia: todos felicitaban a Toptan, todo era concordia y buen ambiente. Se rumoreaba que Erdoğan retiraría la candidatura de Gül a la presidencia, asunto que había contribuido a desencadenar la crisis de abril y se pactaría la selección de un nuevo candidato con los principales partidos de la oposición. Al fin y al cabo, algo así había prometido durante la campaña electoral e incluso después, en las declaraciones de la victoria.
Sin embargo, tan sólo cinco días más tarde, el ministro de Asuntos Exteriores turco, Abdullah Gül, volvió a presentar su candidatura respaldado por su partido en el gobierno, el AKP. Fue un suceso bastante curioso, porque nada más comenzar el periodo de nominación de candidatos a la presidencia (10 de agosto) el diario islamista “Yeni Şafak” publicó un artículo en el que se instaba a Gül a que depusiera su intención de volverse a presentar; y la pieza iba firmada por Yalçın Akdoğan, consejero de Erdoğan. En cualquier caso, el CHP reaccionó como era de esperar, como en abril: anunció su intención de boicotear la elección del nuevo presidente el próximo lunes día, 20. Algunos periódicos continuaron con la misma matraca de entonces, englobando en el CHP a “los laicos”. Pero esta vez las cosas parece que van a cambiar de forma radical, porque tanto los nacionalistas kurdos del Partido de la Sociedad Democrática como los ultraderechistas del MHP o Partido de Acción Nacionalista, anunciaron su intención de personarse el lunes en la elección, aunque no con el ánimo de votar por el candidato Gül. Da lo mismo: sumando esos 90 diputados a los 341 del AKP, en la Gran Asamblea Nacional habría quórum de sobra para completar el que en abril fue polémico mínimo de 367 diputados presentes para sacar adelante la elección.
Este personaje, con una expresión beatífica curiosamente similar a la del ministro español Jesús Caldera, es en realidad Yalçın Akdoğan, consejero de Erdoğan y protagonista de una lucha de poder interna en el AKP en torno a la candidatura de Gül.
Por lo tanto, el lunes Turquía podría tener nuevo presidente y ese sería Gül, si de alguna forma lograra obtener el voto afirmativo de los 367 diputados. Caso de que no lo consiguiera, que es lo más probable, el día 28 se celebraría la tercera vuelta y en esta sólo sería necesario el respaldo de la mayoría absoluta (276 diputados).
Así que, en las últimas horas, la tensión política ha subido apreciablemente en Turquía. Para redondearla, el presidente Ahmet Necdet Sezer, se está terminando de perfilar como un personaje movido más por el resentimiento que la capacidad política real. Ni siquiera se dignó echar un vistazo a la lista del nuevo gobierno que Erdoğan le presentó el pasado jueves. Se limitó a comunicarle que sería mejor que el nuevo gobierno lo aprobara el nuevo presidente. Eso fue un golpe bajo que sólo denota rencor, un sentimiento personal impuesto a las necesidades del país, que atraviesa un momento delicado, política y económicamente, pues la bolsa turca cayó fuertemente, arrastrada por la crisis de las “subprime” que asoló los mercados internacionales la pasada semana. Turquía necesita estabilidad y capacidad de decisión, pero continuará a flote con un gobierno provisional hasta que no disponga de un nuevo presidente. Aún así, con gesto de gran señor, Erdoğan salvó la situación ante la prensa con una jugada maestra de la retórica, al afirmar que la decisión de Sezer era muy positiva porque denotaba la confianza y la buena voluntad del presidente saliente hacia el entrante.

Y reaparece, intacto, el candidato Gül, a mediados de agosto, con la expresión habitual y rodeado de preocupados guardaespaldas
¿Cómo se atan todos estos cabos sueltos? Pongamos en marcha una hipótesis que, por supuesto, será total o parcialmente errónea, pero puede servir como herramienta de trabajo. En primer lugar debemos considerar cuál es el principal problema que tiene enfrente el gobierno de Erdoğan: no es el pobre Sezer, ni tan sólo en CHP con un tocado Baykal al frente, que ni siquiera ha intentado sacar los manifestantes a la calle, como hiciera en abril. Pura y simplemente, no puede: se quedó sin margen de maniobra para hacerlo, tras la arrasadora victoria electoral del AKP. Los manifestantes podrían gritar lo que quisieran el domingo, antes o después de ir al fútbol, pero la mayoría de los turcos ha dicho lo contrario y lo ha firmado con su voto. Erdoğan actuó con una total confianza en sí mismo, en el partido y en los votantes, y ha ganado esa batalla.
Ahora tiene otra más difícil delante y se llama Ejército turco. Una parte del problema parece haberse resuelto entre bastidores. Los americanos atendieron las reclamaciones turcas y echaron una mano contra el PKK; Al-Maliki viajó a Ankara, poniendo mucho más difícil una intervención del Ejército turco en el Norte de Irak. Agosto entra en su último tercio y comienza a ser tarde para lanzarse a una operación militar en fuerza en las complicadas montañas de Kandil; encontrarse metido allí en octubre o noviembre puede ser problemático.
Guerra virtual: interface de un proyecto informático comercial para elaborar un juego sobre el Ejército turco. Todo un símbolo de la "ofensiva congelada" o "posmoderna" en la frontera kurda de Irak
Pero hay otro frente y éste consiste en poner las cosas en claro, públicamente, con las fuerzas armadas, el Alto Estado Mayor y el Consejo de Seguridad Nacional. Entendámonos: tras el “e-golpe” del pasado 27 de abril, el Ejército no ganó el pulso; pero tampoco hubo depuración de responsabilidades en sus filas. Nadie pagó los platos rotos, no se se produjeron dimisiones ni destituciones. Llegaron las elecciones del 22 de julio, ganó el AKP, y desde el Estado Mayor volvieron a escucharse refunfuños y gruñidos. El pasado día 4, hasta un total de veintitrés militares fueron expulsados del Ejército turco por “actividades islamistas”, sin que se explicara en qué consistieron éstas ni otros detalles de procedimiento. No es ningún secreto que al Ejército no le hizo ninguna gracia la victoria electoral del AKP y además, tuvo lugar una repetición de la advertencia lanzada el 27 de abril. Pero, una vez más, nadie respondió públicamente por el gesto. Por si faltara algo, últimamente se han producido cruces de declaraciones entre el primer ministro y el general Büyükanıt, con bastante sorna y retranca por parte del uniformado, que llegó a decir que sólo dimitiría "para que subiera la Bolsa". Este tipo de actitudes tienden a poner de relieve que en Turquía existen dos poderes que compiten entre sí, lo cual es, a todos luces, impropio de un estado de derecho.
Por lo tanto, parece evidente que si el gobierno del AKP no deja bien claro quién manda realmente en el país, no podrá pasar a la siguiente fase, la que le interesa realmente: la carrera contra reloj para recuperar el tiempo perdido y reiniciar las reformas que relancen las negociaciones para la candidatura en la Unión Europea. Así, por ejemplo, si el ejército sigue practicando una política obstruccionista, será imposible desbloquear la situación en Chipre, dado que el Alto Mando no querrá dar el brazo a torcer ni un milímetro, como ya pasó en el pasado mes de diciembre. Y llegará el momento de hablar con Bruselas de OYAK, el holding económico de los militares, y estos tampoco se mostrarán flexibles. Además, hay que buscar una salida honrosa a la “ofensiva congelada” en la frontera iraquí, y siempre será más fácil hacerlo si queda claro que quien da las órdenes es el ejecutivo, civil, y las fuerzas armadas obedecen, como en cualquier régimen democrático que se precie.

Distinto del MIT, o servicio de inteligencia turco. La efigie de Atatürk tiene todo el protagonismo en la chapa, pero queda por ver qué papel está jugando el servicio en el elaborado pulso político que mantiene el gobierno del AKP con el Ejército
Pero sobre todo, lo que no puede hacer un gobierno es ceder a las presiones y chantajes, porque si lo hace, no podrá desempeñar su labor, que es gobernar; y menos aún en las actuales circunstancias, en las que ese mismo gobierno está pasando un meticuloso examen, con reválida incluida, ante la Unión Europea. Por lo tanto, Erdoğan tiene que meterse a los militares en el bolsillo, pero sin humillarlos: como se quiera, pero una versión suave del españolísimo trágala. E imponiendo a Gül en la presidencia, el mensaje es claro: la voz de las urnas ha hablado y si una amplia mayoría del electorado ha votado por el AKP, y no por el MHP o el CHP, eso quiere decir que hubieran votado en la misma proporción por el candidato presidencial del AKP; y ante eso no valen rezongues, ni sorna, ni artimañas legales ni movilizaciones demagógicas.
Con todo, quedan por aclarar algunos puntos. Uno, muy interesante, que tardaremos mucho en conocer, es el papel del MIT, es decir, los servicios de inteligencia del estado turco. Como se sabe, en todas las instituciones dedicadas a gestionar la información sensible del estado, sea cual sea el país, siempre suele existir un grupito de mandos que ve venir las nuevas situaciones. Y echa una mano para que la transición se produzca de la forma más adecuada; lo que quiere decir que ellos mismos y una parte significativa de las estructuras del servicio quedan a salvo, listas para servir al nuevo patrón. No sabemos qué forma toma esto en Turquía, pero sería muy extraño que algunos mandos del MIT no estuvieran a favor de evitar que la situación del nuevo gobierno del AKP se deteriorara. Eso al margen de las antipatías que esté concitando el polémico general Büyükanıt al frente del Estado Mayor, que las rivalidades corporativas no perdonan.

Devlet Bahçeli, ante la bandera de su partido. No insulta a nadie: ejecuta con los dedos el signo del lobo, animal ligado a los orígenes míticos del pueblo turco y símbolo de la ultraderecha nacionalista
También queda por dilucidar, y esto parece más sencillo, esa curiosa actitud dialogante y hasta conciliadora del ultranacionalista MHP, que incluso podría contribuir a la elección de Gül el próximo lunes. ¿De qué va la cosa? De momento, no parece existir una respuesta clara. Posiblemente revela que Devlet Bahçeli (Devlet, nombre de pila muy apropiado en este caso, porque en turco significa “Estado”) por el hecho de ser el líder de la ultraderecha no ha de ser necesariamente tonto; o al menos no tanto como Deniz Baykal, cabeza visible del CHP. Sabe que empeñarse en estrategias como la de abril ya no lleva a ningún sitio, sólo al descrédito político. Ahora hay que pasar página, y lo cierto es que la filosofía de oponerse a un presidente y un gobierno con cara y ojos puede ser más rentable que jugar al “cuanto mejor, peor” que viene practicando Baykal y su CHP, apoyados por determinadas personalidades de la alta clase media laica y funcionarial de Turquía, que detentan posiciones de poder en la alta judicatura o las fuerzas armadas del país. Eso, al margen de que Erdoğan no haya estado ofreciendo alguna forma discreta y limitada de reparto del pastel lo que, bien mirado y dadas las circunstancias, sería una jugada astuta.
Etiquetas: AKP, Bahçeli, Baykal, CHP, Ejército turco, Erdoğan, Gül, Irak, Irán, MHP, PKK, proceso de integración en la UE, servicios de inteligencia, Sezer, Turquía
NOTA: El síndrome de los 90

Imagen de un cyberataque protagonizado por un autodenominado Turkish Hacker, en nombre del islam, en febrero de este año
Por fin ha terminado la campaña electoral, e incluso el tiempo de reflexión. Dentro de pocas horas, los electores turcos acudirán a las urnas. Contradiciendo a los agoreros profesionales de lo anti turco, apenas se han producido incidentes reseñables de carácter puramente político. Y sin embargo, en la prensa occidental ha tenido un incómodo protagonismo lo que podríamos denominar "síndrome de los 90", muy presente en los análisis que se hacen todavía hoy de las crisis balcánicas (ahora la de Kosovo). ¿En que consiste ese fenómeno? En la pervivencia de ideas preconcebidas y prejuicios anticuados, en informaciones todavía no contrastadas a pesar del paso de los años, en todo un arsenal de mantras y consignas, en una parafernalia argumental que rebela que su autor se ha quedado detenido en 1993, 1994, 1995... Curiosamente, muchos de esos analistas gozan de gran predicamento entre el gran público, justamente porque ofrecen ideas tópicas que hacen sentir más seguros a sus lectores. Esos mismos autores se agarran con uñas, dientes y lo que sea menester al síndrome porque constituye una verdadera teta de la que seguir chupando durante años y años. Y que nunca llegue día en que la realidad rebele la caducidad de esos planteamientos que sólo son mentiras o medias verdades mil veces repetidas.
¿Qué aspectos de la actualidad turca están lastrados informativamente por el "síndrome de los 90"? He aquí algunos ejemplos:
a) "El Ejército turco puede volver a actuar una y otra vez como en 1960, 1971 ó 1980". Es discutible. Si no lo hizo en 1997 sería por algo. El caso es que se limitaron a dar un "golpe virtual" o "posmoderno", pero no sacaron los tanques a la calle. Por algo sería. Una década más tarde, el Ejército turco podría tener serios problemas si diera un golpe "clásico". Y los altos mandos lo saben. Es evidente que los tendrían a escala internacional, que el régimen que impusieran no contaría con el apoyo de la UE y ni siquiera de los EEUU (aunque, dado el nivel de descomposición que sufre el liderazgo político podría generar "bolsas de vacío" en su capacidad de respuesta que podrían propiciar situaciones inesperadas). Sin embargo, en 2007 los altos mandos han de contar con el sentimiento pro islamista de una parte de su oficialidad y de la tropa. O sencillamente, la posibilidad de que una parte de los cuadros y los reclutas provoquen serios problemas operacionales al no asimilar las consignas ideológias de un golpe. Las fuerzas armadas turcas son de leva: eso le dio fuerza política durante muchos años, pero ahora empieza a ser parte de su debilidad. Así, es muy posible que, dando un golpe, el Ejército, como el escorpión de la fábula, mataría a a su vehículo (la rana) pero moriría con él. ¿Cuál seria sería el grado o la posibilidad de ruptura socio-política interna en las FFAA turcas? No lo sabemos y posiblemente tampoco lo saben los altos mandos. Eso todavía añade más incertidumbre. Pero está claro que andamos por el 2007, los años 90 han quedado atrás.
b) "CHP y MHP pueden formar una coalición y gobernar en minoría". Cierto, es perfectamente posible. Pero sus líderes son conscientes que podría ocurrirles como al Ejército: el escorpión, la rana, ya saben: el riesgo de autodestrucción a medio plazo. La clase política turca no es una gran cosa, pero son gente astuta que conoce el escenario en el que se mueven, y a su pueblo. Como contraste, nuestros analistas parece que se empeñan en no tener en cuenta que el gobierno del AKP ha establecido un precedente en la vida política turca. Organizar un gobierno CHP-MHP con el AKP en la oposición, copando la mayoría del Parlamento podría convertirse en una pesadilla digna del mejor terror y gore para sus protagonistas. En realidad, ese escenario casi sería una bendición para el AKP, que podría retirarse del poder todavía sin mácula, con su prestigio intacto, recobrar fuerzas, y contraatacar forzando unas nuevas elecciones anticipadas, para terminar machacando a los temerarios CHP-MHP. Hemos de tener en cuenta, al hacer este análisis, que el AKP ha terminado representando a fuerzas muy poderosas de la sociedad turca, a todo un amplio sector de la clase media. Por contra, lo que le interesa al CHP y al MHP es la estrategia del hostigamiento, esperar a que el AKP se desgaste, cometa fallos, se corrompa claramente y se sitúe al nivel devaluado del resto de los partidos de la arena turca. Claro que es posible un pacto CHP-MHP, pero no sería como en los noventa, porque estamos en 2007 y el tiempo no pasa en vano, ni siquiera en Turquía.
c) "El viejo problema kurdo sigue sin resolverse". En general, la cuestión kurda es una de las más ancladas en el "síndrome de lo 90". Nuestros analistas y periodistas supuestamente expertos tienden a ofrecernos la vieja y romántica imagen que tienen algunos analistas extranjeros del nacionalismo radical vasco: "desperados", "freedom fighters", "bandoleros". Este tipo de planteamientos esconde otras ideas, más atrevidas pero también más políticamente incorrectas. No es nueva, por ejemplo, la teoría de que sin ETA el País Vasco sería independiente desde hace tiempo. En la era del "poder blando", la acción directa y violenta es ya una antigualla que sólo utilizan movimientos políticos de países socialmente atrasados. Por supuesto que el Kurdistán turco no tiene nada que ver, desde un punto de vista social y económico con el próspero País Vasco. Pero también lo es que el Sudeste turco no es lo que era, que la guerra de 1984-1999 desplazó a decenas de miles de kurdos hacia el oeste de Anatolia, que Diyarbakır no es ya, ni de lejos, la mayor ciudad kurda de Turquía. Pero sobre todo, hoy existe una clase media kurda con poder propio, con planes propios, con una creciente capacidad de marcarse objetivos e irlos cumpliendo. Normalmente, nuestros periodistas hablan de "los kurdos" como una especie de masa nacional sin diferencias políticas, sin estratificación social o sin importantes diferencias políticas. Y todo eso existe: ser kurdo en la Turquía de 2007 ya no es como serlo en la de 1993, 1994... Es cierto que muchos políticos y simples kurdos de a pie hablan todavía con extrema admiración de Apo Öcalan. Pero hemos de considerar por qué lo hacen: ¿Porque es una manera segura de hacerles la puñeta a los turcos, a casi cualquier turco?¿Porque todavía no tienen ningún otro lider de recambio al que admirar y eso encubre un fracaso real?¿O porque, precisamente, interesa disimular que ese ya no es el modelo, sino que hay otro más viable en marcha? Al fin y al cabo, el PKK le resulta muy útil al nacionalismo turco más duro; sin él, la situación política general le sería más favorable al nacionalismo kurdo. Porque hay una clase media kurda, que convive y se entremezcla con las dos de los turcos, la laica y la musulmana; y como ellas, tiene una creciente capacidad de liderazgo y de maniobra política. Pero es difícil de estudiar porque la consigna general es no evidenciarse. Si se sigue pensando en la cuestión kurda como algo inamovible desde 1984, se pierde una perspectiva útil para buscar la normalización y resolver el problema. Sin olvidar que los kurdos son los más firmes partidarios de la entrada de Turquía en la UE. Por lo tanto, más de un "admirador" empeñado en lo contrario, les está haciendo la puñeta.
Ahora la palabra la tienen los turcos, como debe ser. Pero serán los de 2007 los que votarán, no los de hace diez o quince años. Por mucho que nos empeñemos, la realidad es tozuda, incluso para quien escribe estas líneas, que, por supuesto, puede estar equivocado de medio a medio. Pero esa realidad es la que debemos estudiar, sin empeñarnos en trasladar el pasado al presente. Y teniendo en cuenta, en efecto, que muchos turcos también caen en el mismo error. Aún así, Turquía sigue siendo un importantísimo laboratorio social y político; no perdamos la oportunidad de aprender lecciones impagables.
Etiquetas: AKP, CHP, Ejército turco, elecciones, kurdos, MHP, PKK, Turquía
Los turcos no son divisibles

"Taksim": fotografía de Bulent İcgudel, 2006
Dada la rapidez con la que pueden evolucionar los acontecimientos en el Sudeste europeo y Próximo Oriente, algunos aspectos del artículo que sigue más abajo podrían variar en cuestión de días. Por ejemplo, no sería extraño que los intentos de Erdoğan por desactivar la crisis en el Kurdistán iraquí quedaran en nada ante las reiteradas presiones del Ejército turco por intervenir en la zona. Algunas fuentes, habitualmnete bien informadas, ya hablan de una fecha precisa para la operación militar: en torno a las elecciones del 22 de julio.
Pero el mensaje real de la pieza no resultaría afectado por esos acontecimientos, ni tan siquiera en el peor de los casos, aunque Turquía se quedara definitivamente fuera de la larga marcha por acceder a la Unión Europea. Tal como están las cosas, el país no saldría demasiado perjudicado del desencabalgamiento. Sobre todo, desde las consideraciones más estrictamente sociales y económicas. Turquía está creciendo a buen ritmo, y las tensiones subterráneas que empieza a sufrir la economía de la UE -enjugadas por la ciudadanía- podrían tener efectos muy negativos sobre la estabilidad social turca. En cambio, el adiós de Turquía sería un golpe importante para Bruselas, ahora que se estaban dando pasos hacia la estabilización en el proceso de integración, superando las histerias de hace dos años. Demasiadas impotencias sumadas, especialmente ahora, que Polonia ha salido triunfante del pulso en la cumbre sobre el Tratado (22-23 de junio) y volverá una y otra vez con nuevas exigencias o desplantes.

Unidad del Ejército turco operando en las montañas del Kurdistán iraquí, 1995
Lo más destacable del artículo es la idea de que, en relación a Turquía, deberíamos relajar esa tendencia a escoger, o a que nos obliguen a hacerlo. ¿Por qué debemos posicionarnos continuamente? ¿Islamismo o laicidad?¿Lo de 1915 fue un genocidio o no?¿Es Turquía europea o asiática y en qué proporción? Nadie intentó obsesionarnos con este tipo de planteamientos cuando, durante las negociaciones de acceso a la UE, el gobierno de Polonia presionó hasta el final (y aún no estaban los nefastos Kaczynski en el poder) buscando obtener ventajas excepcionales. Después, nadie pareció preocupado por discutir si la cultura política de países cristianos y ortodoxos, como Rumania o Bulgaria, eran adecuados para el espacio comunitario (lo que, por otra parte, hubiera sido una soberana tontería). Mucho peor es el caso de Croacia, que se está colando por la puerta de atrás de la UE, sin que a nadie le interesen un comino responsabilidades históricas como las que tuvo en el desencadenamiento de las guerras de la ex Yugoslavia o el reparto de Bosnia. No digamos en el hecho histórico de que fue el único aliado de la Alemania nazi que tuvo campos de exterminio propios (Jasenovac) en los que se batieron marcas de liquidación de serbios, gitanos y judíos. Nadie va a demandar cuentas históricas y nadie pide o da opiniones.
Ahora, Turquía no debe decantarse por el islamismo o el laicismo, es una discusión ociosa y, sobre todo, peligrosa. Nosotros, desde Europa, todavía tenemos menos derecho a intervenir en tales querellas. Ambas opciones han de convivir y contribuir a que el país se encuentre a sí mismo. Ese es su destino histórico, no hay otro. Hace casi un siglo, Mustafa Kemal logró encontrar una salida a la catástrofe histórica que supuso para los turcos el hundimiento del Imperio otomano. El temple del líder sirvió para evitar la destrucción de Turquía en unos años especialmente turbulentos. Por desgracia murió relativamente joven, antes de que pudiera reorientar la marcha del país hacia la modernidad en las nuevas circunstancias que supuso el final de la Segunda Guerra Mundial. Esa tarea les quedó como herencia a los turcos. Y ahora, a comienzos del siglo XXI, la gran fase evolutiva parece estar llegando a buen puerto. Porque no se trata de que Turquía regrese a 1909 ó a 1923; ni siquiera a 1950. Esas batallas ya son historia. Ahora se han de resolver los desafíos que plantea 2007 y ya no son necesarios los fusiles, los golpes de estado ni las aventuras políticas, sino la voluntad de todos los turcos de progresar conjuntamente.

Mayo de 1909: Las tropas del denominado Ejército Operacional ocupan las calles de Estambul tras aplastar la rebelión contra el regimen de los Jóvenes Turcos. Fue el primer encontronazo violento entre laicismo e islamismo turcos
Publicado en "El País", 29 de junio, 2007
Francisco VeigaTurquía, o el irreversible camino hacia la modernidadLo sabe casi cualquier turco: cuando el primer ministro Recep Tayyip Erdoğan decidió no presentarse como candidato a la presidencia (una apuesta muy elevada, muy incierta y que no podía permitirse perder) la cúpula de su partido acordó que los candidatos alternativos podrían ser dos: Vecni Gönül, ministro de Defensa, en buenas relaciones con el estamento castrense. O bien, Nimet Çubukçu: una mujer, moderada ella misma dentro de un partido islamista moderado y que ni siquiera utiliza en público el polémico türban o pañoleta. El día 20 de abril, llegaron señales de que los militares podrían estar conformes con cualquiera de ambas opciones. Y entonces, se produjo algo inesperado.

Nimet Çubukçu, dirigente islamista y sin pañoleta. Pudo haber sido una buena opción para la presidencia turca
Bulet Arınç, el presidente del Parlamento, protagonizó una rebelión interna, apoyándose en la base más popular y radical del partido y postulándose él mismo como presidenciable. Ante esta presión, Erdoğan aplicó una solución salomónica: ni Gönül, ni Çubukçu ni Arınç: su ministro de Asuntos Exteriores y brazo derecho, Abdullá Gül, sería el candidato.
La noticia sentó muy mal en el Estado Mayor del Ejército, y no sólo propició el denominado “e-golpe” del 27 de abril, sino que facilitó una alianza táctica entre los principales partidos de oposición, con la satisfecha aquiescencia del poder judicial. Todo ello se revistió con protestas populares que en Turquía tuvieron un gran impacto, dado que en el país el fenómeno resultaba muy novedoso: no existe una tradición de manifestaciones cívicas a gran escala (aunque sí sindicales y de izquierdas, en los años setenta). Eso implica que el gran público tampoco tiene en cuenta las modernas técnicas de movilización que pueden utilizar gobiernos y partidos, y que en este caso agruparon mucho público espontáneo, pero también a participantes menos casuales, traídos y llevados a las diversas capitales.
En cualquier caso, queda claro que Erdoğan cometió un error al no llevar con mano más firme la cuestión de la candidatura presidencial. Los efectos del traspié han sido subsanados de diversas formas: en el Partido de la Justicia y el Desarrollo se han llevado a cabo las oportunas purgas de los elementos más radicales. La convocatoria anticipada de elecciones legislativas se hizo ágilmente y con las mínimas tensiones. Y la batalla para enmendar la Constitución e introducir la posibilidad de que el presidente sea escogido por sufragio universal, parece ir por buen camino, a pesar de la oposición del presidente en funciones, Ahmet Necdet Sezer, que en estos años ha hecho lo que ha podido por obstaculizar no sólo esta iniciativa, sino otras reformas que pudieran no parecerle suficientemente “laicas”.

Bülent Arınç, cabeza del sector conservador del AKP: una injerencia muy desafortunada
Pero donde más se puede percibir que Erdoğan es un político de altura es en la forma que está llevando, hasta ahora, las relaciones con el Ejército. Tras el error de abril –seguramente propiciado por la creencia de que Bruselas y Washington le iban a ser de más ayuda en este asunto- ha sabido trastear con el ejército como un verdadero De Gaulle: jugando en su terreno, manteniendo la autoridad e intentando desactivar las iniciativas más peligrosas. Por otra parte, unos y otros saben que las fuerzas armadas no tendrían apoyo internacional caso de una intervención en fuerza en el Norte de Irak. Que además, no sería de gran utilidad militar real, dado que en la actual situación política de esa zona, los guerrilleros del PKK podrían retirarse desde los montes de Qandil hacia el interior. De momento, Erdoğan ha invitado al primer ministro iraquí Nuri al Maliki a viajar a Turquía para neutralizar la crisis, lo que podría tener efectos ciertamente positivos, porque además demuestra que Ankara sabe jugar sus cartas en la zona. Eso sí: los turcos están deviniendo más y más filo rusos (algo hasta cierto punto tradicional en situaciones de emergencia nacional) y eso podría tener efectos nefastos para la política americana en Irak, sobre todo si la simpatía se extiende conjuntamente a Irán, lo que además podría formar una peligrosa tenaza sobre el kurdistán iraquí.
De todas formas, la situación turca es delicada. Por decirlo de alguna forma, el candidato a la UE se metió un gol en propia puerta con los sucesos de esta primavera. La imagen de inestabilidad política fue alarmante, y cobró tintes más oscuros a ojos de Bruselas ante la catastrófica entrada de Rumania en el club europeo debido a la crisis entre el presidente Băsescu, el gobierno y los partidos que integran la coalición y pueblan el Parlamento. La certidumbre de que Rumania entró antes de tiempo en la UE, los problemas que está creando Polonia, la llegada de Sarkozy a la presidencia francesa y el precario equilibrio de Oriente Próximo, propician la tendencia a ver y esperar cómo evoluciona la situación en Turquía. Pero ya se puede decir que 2007 ha sido un año prácticamente tirado por la borda en los esfuerzos del candidato turco.
Sin embargo, hay también elementos de optimismo. Ingrese Turquía o no en la UE, la legislatura del Partido de la Justicia y el Desarrollo ha creado un punto de inflexión muy positivo en la historia turca: es el final de una evolución que comenzó en 1950. Ha quedado demostrado que un gobierno islamista moderado puede ser tan occidental o más que los que hasta ahora se postulaban como adalides de la modernidad en Turquía, esto es, la clase media laica que detenta todavía importantes cuotas de poder. Y eso es muy interesante, porque demuestra que se puede operar una evolución positiva en el sentido de una modernización total de Turquía.

Como surgido de "Star Trek": Dr. Abdul Kalam, Presidente de la India y padre del programa nuclear de esa potencia
Entendámonos: no hay “dos Turquías”, no hay dos países. Hay dos clases medias, lo que es algo muy diferente y menos dramático. Una de ellas, más funcionarial y estatalista, la que denominados “laica”; la otra, de estilo más neoliberal y musulmán (no necesariamente “islamista”). Y no pueden autoexcluirse o eliminarse la una a la otra, eso sólo llevaría a la destrucción de Turquía, sin resultado alguno. Lo ideal sería que ambas clases medias tendieran a una cierta fusión para alcanzar ese estadio de modernidad propio de las potencias emergentes. En realidad están obligadas a entenderse y dirigir conjuntamente al país, es el inevitable camino hacia la modernidad y más en un país que está creciendo económicamente como lo hace Turquía. ¿Una armonización imposible? Ni mucho menos: recordemos, por ejemplo, que el presidente de la India, desde 2002, es el doctor Abdul Kalam, musulmán y padre científico del programa nuclear indio. El país que preside, de amplia mayoría hinduista, comparte un genocidio con el vecino Pakistán, país musulmán, y tres guerras. India: esa enorme democracia donde nunca ha habido un golpe de estado militar, en cuyo estado de Uttar la primer ministro es una mujer de la casta de los intocables, y que ya disputa con Japón el podio de la primacía económica.
¿No es ésta una referencia muy europea? Quizá no. Pero debería servir para recordar que tampoco lo es la actitud de mostrarse más laicistas que Bruselas: la UE ha estado apoyando al gobierno de Erdoğan y eso es un referente importante para recordar que nuestra evolucionada Europa actual reconoce la existencia de una moderna Turquía musulmana que existe y no va a esfumarse, por muchos conjuros sobre “agendas ocultas” que lancen los demagogos dentro y fuera del país Etiquetas: AKP, al Maliki, Çubukçu, doble clase media, Erdoğan, Gül, Irak, PKK, Turquía
Dilemas de hierro

Base del PKK, montes Qandil: La subcomandante Sozdar Serbiliz, con el retrato de "
Apo" Abdullah Öcalan
La primavera está a punto de concluir y nos encaminamos hacia un verano complejo para todo el Sudeste europeo, Asia Menor y Oriente Medio. La conquista de la franja de Gaza por Hamas parece la primera ficha de un dominó que puede tener su continuidad en una nueva intervención israelí en el Líbano, guerra civil en ese país, o incluso la extensión del conflicto armado a Siria. En los Balcanes, la crisis política en Rumania, país recién llegado al club de la UE, se toca geográficamente con unas estabilidad serbia que pende de un hilo y que cada vez tiene más que ver con lo que ocurra con Kosovo. La previsible proclamación de la independencia, sea de la mano del Plan Ahtisaari o por efecto de una acción unlietaral respaldada -ahora lo sabemos con total claridad- por George Bush puede tener consecuencias muy diversas, pero todas negativas.
Nadie quiere recordar que eso puede significar el fin del jovencísimo estado macedonio -Bulgaria ya ha comenzado a reaccionar expresando su malestar ante la previsible crisis que le afectará- pero también, por qué no, puede abrir de nuevo viejas puertas hasta ahora sólo entornadas. ¿Por qué Kosovo sí, y no la República Turca del Norte de Chipre? Si la antigua provincia serbia proclama su independencia respaldada por las potencias occidentales, a saber si Rusia se decidirá a reconocer la soberanía de la RTNC o se replantea la cuestión de su estatus, creando una nueva crisis en el seno de la UE.
Otro nuevo frente de problemas se sitúa en el Kurdistán iraquí, donde las tropas turcas amenazan con intervenir para terminar con los santuarios del PKK. La incertidumbre sobre lo que puede suceder es enorme, y a lo largo y lo ancho de la misma Turquía se cruzan apuestas y rumores sobre las posibilidades de que se produzca o no la intervención, cuándo, bajo qué forma y con qué efectos. Muchos turcos se encogen de hombros: al final no ocurrirá nada; otros incluso creen saber con precisión cuándo empezará todo.
Sigue más abajo la contribución de "El País" al debate, bajo la forma de editorial publicado hace pocos días. No estamos ante una de las piezas más brillantes de ese periódico, comenzando por el hecho de que su autor confunde a Massud Barzani con Mustafá Barzani, muerto ya en 1979 y que fue presidente del Partido Democrático del Kurdistan. No está mal el patinazo tratándose de un editorial. Por lo demás, quien se ocupó de redactar la pieza nos dice que una intervención del Ejército turco en el norte de Irak "destruiría las esperanzas que pueden quedarle a Turquía de ingresar en la UE" (¿en cuánto cifra el autor "las esperanzas que puedan quedarle a Turquía"?¿Un 60%, un 20%, quizás?). También nos dice que los EEUU deberían presionar al gobierno del Kurdistán iraquí para que impidiera las acciones del PKK con lo cual el Ejército turco "carecería de excusa" para intervenir.
¿Es realmente una cuestión de excusas? Es ampliamente sabido que una operación militar turca en el interior del territorio iraquí, no lograría liquidar un número significativo de fuerzas del PKK, dado que estas se retirarían hacia el interior del país. Ahora pueden hacerlo sin costes políticos ni militares: tienen de su lado al gobierno de Barzani y ya no existe un Ejército iraquí capaz de crearles problemas. Claro está, como dice el editorial de "El País", que ello le supondría a Ankara un enorme problema de respaldo internacional, dado que Washington (y no digamos Bruselas) rechazan de plano una injerecnioa de tal calibre en uno de los escenarios más explosivos del mundo, que precisamente los norteamericanos intentan estabilizar a toda costa.
La cuestión es que el periódico madrileño (y la gran mayoría de los analistas internacionales) aplican una relación costes-efectos de lógica occidental. Los militares turcos no están utilizando ese baremo, al menos en el planteamiento completo de su órdago, que no va dirigido de forma preferente contra el PKK, sino contra el gobierno del AKP. Desde ese punto de vista, poco le importarán a los generales las "excusas" que puedan quitarle los americanos o Barzani.
Por lo tanto, el editorial de "El País" se convierte en una especie de apelación, más que una pieza de conclusiones o análisis. Como tal, lógicamente, resulta bastante inútil. E ingenuo: si desean leer una pieza con mucha más calidad periodística, pueden dedicarle unos minutos al artículo que sigue, en este mismo post, publicado por "Herald Tribune" y firmado por Thomas Seibert. La idea esencial que subayace es la del dilema de hierro al que el ejército está sometiendo al ejecutivo del AKP: si Erdoğan rechaza intervenir en el Kurdistan será un flojo, su patriotismo quedará en duda y será tachado de amigo de los americanos. Por contra, si acepta y da luz verde a la incursión en fuerza, deberá asumir su parte de responsabilidad en el coste humano de la operación -víctimas civiles, errores colaterales, la posible ineficacia militar del plan y el tremendo desgaste de las relaciones con los Estados Unidos y, lo que es peor, con la UE. Quizá por ello, algunos pronostican que, ateniéndose al puro objetivo militar, el ataque podría ser lanzado en torno al día de las elecciones (22 de julio) porque de una forma u otra en esas fechas se dará un vacío de poder.
Así pues, ¿qué aporta el editorial de "El País"? Un ingrediente original: no descarga todas las responsabilidades en el Ejército turco, como cabría esperar hace poco, sino que pasa cuentas a los Estados Unidos y, atención, al régimen de Massud (que no Mustafá) Barzani. Y no es el único ejemplo de esta nueva forma de ver las cosas: véase también el amplio artículo de Juan Goytisolo, titulado: "Dos Turquías" y publicado también en "El País" el pasado 3 de junio.

La efigie de Massud Barzani contra la bandera del Kurdistan.
El País”, 11.06.2007
EDITORIAL- “Turquía amenaza”
Una de las pocas cosas que podría hacer aún más catastrófica la situación en Irak sería una invasión del ejército turco en el norte del país, el Kurdistán cuasi independiente desde el que los kurdos separatistas del PKK atacan objetivos en Turquía, causando numerosas muertes entre militares y civiles. Desde hace semanas, 150.000 soldados turcos, con artillería y blindados, acampan en la frontera, presionando al Gobierno de Tayyip Erdogan, islamista moderado, para que dé la orden de atacar.
La invasión de Irak abriría una gravísima brecha entre Estados Unidos y Turquía, que ya ha advertido a Ankara que no mueva un dedo; podría obligar a las fuerzas del miniestado kurdo a ayudar a sus hermanos y hasta a que interviniera el régimen de Bagdad, siquiera fuese formalmente, lo que sumaría otra guerra a la que ya libran Washington y el Gobierno iraquí contra la resistencia nacional y el terrorismo islamista en el país; destruiría las esperanzas que puedan quedarle a Turquía de ingresar en la UE y crearía un nuevo y lacerante antagonismo con todo el mundo árabe, recordándole cómo el Imperio Otomano había señoreado hasta 1918 esas tierras.
Pero eso no significa que Ankara no tenga una queja grave y válida contra la nación kurda, sea turco-separatista o gobernante en su zona de Irak. La Casa Blanca no quiere soldados turcos en el área, pero no hace nada para impedir las incursiones del PKK, ante las que también permanece de brazos cruzados el Gobierno kurdo de Mustafá Barzani. Por añadidura, hay poderosos argumentos internos turcos en favor de una acción militar. No sólo la pide el ejército, en la medida que una victoria jugaría en su favor en el forcejeo con Erdogan para defender lo que llaman la laicidad del Estado, que en la práctica es su preeminencia sobre las autoridades civiles, sino que el propio Erdogan, que ha convocado elecciones el 22 de julio como contraataque político, podría considerar saludable envolverse en el manto de la patria para derrotar al enemigo que amenaza la unidad del Estado turco.
Ante este complejo laberinto de pretensiones e intereses parece claro el camino. Estados Unidos y, sobre todo, el Gobierno kurdo deben suprimir, por la fuerza si es preciso, las incursiones terroristas contra Turquía. Y Washington, de paso, aclarar cuál es su política en el Kurdistán, siempre garantizando la unidad territorial iraquí. Así, el ejército turco carecería de excusas, a la espera, el mes próximo, de conocerse si los ciudadanos sostienen o no a un Gobierno de raíz islamista, pero de comportamiento democrático hasta la fecha.

El general Büyükanit contra un comando guerrillero del PKK. Fotomontaje
"The Herald Tribune", 13.06.2007
"The fatal attraction of invasion"
by Thomas Seibert
Scenes of pain and sorrow have returned to everyday public life in cities across Turkey. Flag-draped coffins of soldiers killed in clashes with Kurdish rebels are carried through the streets on their way to their graves.
At least 19 people have died in attacks blamed on rebels of the PKK, the militant Kurdistan Workers Party, since late May. The Turkish army is calling for an incursion into neighboring Iraq to destroy the rebels' camps and supply lines there.
The government has so far resisted public and military pressure for a push over the border. But time is running out.
The war between the PKK and the Turkish state started in 1984; some soldiers killed in the latest attacks were not even born then. More than a quarter of a century and nearly 40,000 deaths after the first shots were fired, the fighting is still going on.
It is not as intense as it was in the 1990s, when victims' funerals first became commonplace in towns all over Turkey. But it is heating up again after a lull following the capture of PKK leader Abdullah Ocalan by Turkish agents in 1999.
Today, the PKK is no longer fighting for an independent Kurdish state in southeastern Turkey. Instead, the rebels demand Ocalan's release and an amnesty covering all their leaders and fighters - something Ankara refuses to contemplate.
Calling on the government and Parliament in Ankara to grant permission to invade northern Iraq, Turkey's generals argue that thousands of PKK fighters hide, train and buy weapons there.
For years, Turkey has been asking Iraqi Kurds, who govern the north of the country, and the United States to do something about the PKK, but not much has happened. According to supporters of a Turkish incursion, military action by Ankara would therefore be an act of self-defense covered by international law.
The call to arms is, however, only partially driven by a genuine feeling of threat. A heavy dose of domestic politics is involved as well. The secularist Turkish army is ideologically opposed to the government of Prime Minister Recep Tayyip Erdogan, whose AK-Party is a champion of a new Muslim middle class.
The generals, who recently warned of a military coup in case one of Erdogan's friends should become president, would not mind seeing the AK-Party's share of votes plummet in elections scheduled for July 22. Pushing Erdogan into a corner over the Iraq issue might be a way of bringing this about.
If the prime minister refuses to give the green light for the incursion, he will be branded soft on national security and an ally of America - a label every Turkish politician wants to avoid these days.
If Erdogan does send the army into Iraq, responsibility for the heavy cost - in casualties, in inevitable problems with Iraq, the United States and Europe, and in a possible economic downturn - would be his, too.
So far, Erdogan has been playing for time, hinting that he is prepared to move into Iraq if need be, but not taking any action to convene parliament for a vote on the issue. But it is doubtful that he can sit on the fence until election day, especially if the PKK's attacks keep coming and Turkish losses keep rising. Meanwhile, the army is massing troops on the border and increasing pressure on Erdogan by continually repeating demands for a parliamentary go-ahead.
Even proponents of an incursion have to admit that the benefits of military action would be few. The PKK has had ample time to prepare for an attack and might even profit from it. There are reports that some rebels have retreated further into Iraq to avoid becoming targets for Turkish guns.
A Turkish move into Iraq could strengthen the PKK by allowing it to cast itself as a victim of Turkish aggression against all Kurds.
Several cross-border interventions by Turkey in the past have not succeeded in destroying the rebel group. Still, domestic pressure for an incursion is growing, and options to avoid it are limited.
One would be for the Iraqi Kurds to put pressure on the PKK to end its attacks in Turkey. Another would be for American or Iraqi forces to capture one or more leaders of the PKK, which is labelled as a terrorist organization by Washington, and hand them over to Ankara.
Steps like these would not end the PKK presence in Iraq, let alone solve the Kurdish question in Turkey. But they could help to prevent a wounded, angry and divided Turkey from throwing the whole region into a new crisis.
Etiquetas: Ejército turco, Erdoğan, Kosovo, Kurdistán, Massoud Barzani, PKK, proceso de integración en la UE RTNC