domingo, noviembre 11, 2007

Un respiro para Turquía (1)

















Despliegue de los objetivos estratégicos del Ejército turco en territorio iraquí, publicado por la prensa turca. Procede del blog de Erkan Saka


Parece que lo peor ha pasado: no habrá intervención del Ejército turco en el Kurdistán iraquí. No, al menos, de forma inminente. Eso no quita que se puedan producir intervenciones puntuales para buscar y destruir determinados objetivos concretos; eso se viene produciendo desde hace años, no es nuevo en absoluto. Pero lo más preocupante era que más de cien mil soldados turcos entraran en bloque por el norte de Irak. Pueden imaginarse. Esa fuerza, que podría llegar a ser equivalente a diez divisiones, bien a ser la misma que han desplegado los norteamericanos en Irak. Dos ejércitos de tamaño parecido, ambos de la OTAN y teóricamente aliados, cara a cara sobre los restos de Irak: una situación cuanto menos embarazosa para Washington.

Por ello, los norteamericanos han reaccionado de diversas maneras. Por un lado, dejando claro que la guerrilla del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) es tan enemigo de ellos como de los turcos. Lo dijo públicamente el mismo presidente Bush, por ejemplo, aunque no fue la única puntualización al respecto. En otras circunstancias, esto podría ser mera retórica circunstancial –al fin al cabo, Israel les ayudó en algunos momentos, y aparentemente, el PKK también se enfrenta a los iraníes. Pero en esta ocasión, Washington ha reconocido abiertamente que traspasó información confidencial sobre el PKK a los militares turcos. En base a esa colaboración, estos organizaron los ataques puntuales de hace unas semanas.



















Girando la torreta y con el arma alerta: un anticuado BTR-60 mostrado por las televisiones occidentales hace unos días, de patrulla por la frontera turco-iraquí

De otra parte, al ceder esa información de inteligencia y en plena crisis, los norteamericanos también han dado a entender, una vez más, lo que no es ningún secreto desde hace años: que Turquía es para ellos muy valiosa. Y que, llegado el caso, aunque los militares dieran un golpe en toda regla, Washington se entendería con la junta resultante. Y más teniendo en cuenta que tal como está la situación en Afganistán, Irak y ahora Pakistán, los último que desearía Washington ahora sería perder el control de Turquía. Eso no puede ser nada tranquilizador para el actual gobierno de Ankara y para una parte sustancial de la población turca, claro está. Pero sí para los militares, que empezaban a sufrir cierto síndrome de abandono ante la capacidad política de los nuevos gobernantes turcos y el crédito popular del que siguen gozando, como demostraron las elecciones de julio.

Y es que además, y esta afirmación llega a través de fuente de toda confianza, los uniformados turcos no tienen mucho afán por combatir. Lanzarse en masa sobre el norte de Irak significa meterse de lleno en una campaña compleja que no se pudo solucionar en más de diez años de lucha abierta y, además, hacerlo en puertas del duro invierno en las montañas de Kandil. También existe el riesgo de sufrir más bajas de las debidas, y arriesgarse a cualquier fallo, a perder prestigio político, que ya está muy rebajado. Y como no, abrir quizás el debate sobre la necesuidad de mprofesionalizar a las fuerzas armadas y terminar con el anticuado sistema de leva.

Además, se trataría de entrar en combate con un ejército que, a juzgar por las fotografías que se han ido viendo en los medios de comunicación internacionales, no es precisamente un dechado de modernidad. Sólo basta ver a esos soldados con equipos anticuados, empuñando viejísimos fusiles de asalto HK G3 de los cuales eran pariente los venerables CETMEs españoles de primera generación. O los vetustos BTR-60, vehículos blindados de exploración y transporte de tropas, de origen soviético, que datan ya de los años sesenta del siglo pasado, patrullando por las sinuosas carreteras de la frontera turco-iraquí, sin protección alguna contra las modernas armas anticarro, ni una simple rejilla contra los RPG-7, nada. Tampoco parece que los carros M-60 utilicen corazas reactivas.





















Soldados turcos de las unidades especiales, de patrulla por la zona amenazada: sin chalecos antibalas, ni cascos kevlar, ni visores nocturnos, ni equipamiento electrónico. Obsérvense las colchonetas de goma espuma y el fusil de asalto HK G3 del soldado en primer plano


Hace pocos días y en Lisboa, Yavuz Baydar, el columnista de “Zaman”, le comentaba al autor de este post que en los próximos meses existían tres escenarios posibles: a) Provocaciones del PKK que, a pesar de todo, obligarían al Ejército turco a intervenir; b) Calma invernal hasta la siguiente primavera, que le daría al ejecutivo de Erdoğan un tiempo precioso; c) Desactivación total del PKK por una u otra vía.

Son tres opciones lógicas que, sin embargo, dejan en el aire algunas preguntas. Una de ellas, referida al aspecto “interno” del conflicto. Esto es: ¿Qué parte del mismo correspondió a la voluntad militar de aprovechar la tensión para recuperar protagonismo y fuerza política en Turquía tras las elecciones de julio? Es una pregunta incómoda, por supuesto, pero hemos de recordar la muy mala cara que le pusieron los militares a Gül tras su elección como presidente, las declaraciones bastante agresivas del jefe de Estado Mayor, los desplantes, las manifestaciones patrióticas tras los atentados del PKK, que el CHP y el MHP intentaron capitalizar rápidamente, trayendo a la memoria de nuevo la situación política de la pasada primavera. Y el baile de objetivos posibles, caso de que se produjera una entrada en fuerza de los turcos en el norte de Irak: ¿La destrucción de los santuarios del PKK en la cordillera de Kandil?¿Castigar a Barzani?¿Llegar hasta Irbil o, al menos, hasta Mosul, la vieja reivindicación irredentista turca que Atatürk no logró cumplir?¿Ejercer una influencia directa sobre el gobierno autónomo del Kurdistán iraquí, cuando parece irreversible la aparición de un Estado soberano kurdo en la zona, que podría ser reconocido internacionalmente siguiendo la estela de Kosovo?
















Un guardia de aldea kurdo patrulla junto a un soldado del Ejército regular turco. Estas unidades de paramilitares kurdos que colaboran con el gobierno turco contra el PKK, han demostrado ser bastante efectivas, a pesar de su escaso equipo y armamento ligero: conocen el terreno y el medio social circundante a la perfección. La UE exige su desmovilización como una de las condiciones de acceso de Turquía



Es cierto que en las últimas semanas, la gran mayoría de los reporteros y analistas han enfocado la crisis poniendo en el centro al PKK y la cuestión kurda en Turquía e Irak. Vale la pena tener en cuenta, por ejemplo, la explicación que dio en su momento Sedat Laciner, director del Uluslararası Stratejik Araştırmalar Kurumu (USAK) o Organización de Investigación Estratégica Internacional, basada en Reino Unido. Según este analista, al PKK le urge recuperar ascendiente sobre la comunidad kurda en Turquía tras las pasadas elecciones de julio, en las que llegaron al Parlamento de ese país un total de 20 diputados del Partido de la Sociedad Democrática (DTP), nacionalista y socialdemócrata kurdo. Siempre según Laciner, en declaraciones recogidas por Andrés Mourenza, “el PKK ha perdido legitimidad ante los kurdos, que ahora rechazan el terrorismo. Así que quiere que el estado turco prohiba el DTP para recuperar la legitimidad de la lucha violenta. El PKK ha ido eliminando a todos los grupos kurdos que se le oponían y ahora pretende acabar con la única alternativa moderada que queda, el DTP”. Además, “el PKK ha reanudado la violencia ahora que el gobierno del AKP, que está siguiendo las reformas exigidas por la UE, había levantado las prohibiciones sobre la lengua kurda y es que, desde las pasadas elecciones, el AKP es el partido más votado por los kurdos. El próximo año hay elecciones municipales y probablemente el PJD podría ganar las alcaldías de las principales ciudades del sudeste [de mayoría kurda]”.

El punto de vista de Laciner es interesante porque nos recuerda que la cuestión kurda en Turquía no se puede reducir al PKK y menos ahora, cuando en el país ya existe una extensa clase media de esa etnia, con medios propios, con poder socio-económico real, con aspiraciones de proyectar todo ello en una opción política parlamentaria mucho más viable a largo plazo que el PKK; y con unos deseos nada disimulados de que Turquía acceda a la Unión Europea. Por otro lado, el PKK es una organización bastante amorfa en su cúpula dirigente, apoyos exteriores y métodos operativos; muchas veces tampoco está clara su estrategia ni cuáles consideran que son sus aliados. Por supuesto, saben que el régimen de Barzani no los va a entregar a los turcos (ni quiere hacerlo, al menos de momento) pero también desean hacerse un hueco, tener su propio espacio en la región autónoma del Kurdistán iraquí. Por todo ello, el PKK puede convertirse con cierta facilidad en comparsa, más que en actor principal, y de ahí que quepa un cierto espacio de duda para algunas cuestiones poco claras o complejas, vistas desde Turquía pero
también desde Irak

















"No te fallaré, amigo": Bush ha dado todo tipo de seguridades al preocupado primer ministro turco, durante la reciente visita de éste a la Casa Blanca. A fin de cuentas, Turquía es, para Washington, sagrada

En fin: de momento no hay respuesta para estas preguntas, el tiempo hará que las respuestas suban a la superficie, cuando los acontecimientos se estanquen en la zona. De momento, lo que tenemos parece claro: se refuerza decisivamente la figura de Erdoğan como un político hábil y con gran capacidad de maniobra. Se refuerza la imagen de estabilidad del gobierno del AKP y la imagen moderada de partido: ya no es tan insistente el recurso a la “agenda oculta” de los islamistas, ni siquiera en la misma Turquía; de hecho, cada vez son más los analistas que coinciden en recordar que el AKP no es propiamente un partido islamista, sobre todo si atendemos a la masa políticamente heterogénea de votantes.

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domingo, octubre 14, 2007

Diplomacia al borde del abismo





Hacia Irak. Tropas turcas, con equipo completo, están siendo dirigidas hacia la frontera











Un lector habitual de este blog plantea sus dudas sobre la relación entre la resolución en el Congreso norteamericano con respecto al genocidio armenio y la posibilidad de que tal suceso posea alguna intencionalidad concreta con respecto a lo que parece una inminente intervención turca en el norte de Irak. La duda es totalmente justificada y la forma en que se formula la pregunta es inteligente y abre una serie de reflexiones. A continuación y debido a que los acontecimientos son muy graves y la situación evoluciona con rapidez, unas apresuradas consideraciones aclaratorias al respecto.

a) La prensa occidental (y por supuesto, la española) tiende a aceptar que la resolución plantada en el Congreso norteamericano por el Comité de Relaciones Exteriores está directamente relacionado con la política interior norteamericana y que le hace un flaco favor a la administración Bush al complicarle las cosas en Irak. Mi tesis (que puede estar completamente equivocada, por supuesto) va en un sentido contrario.

b) Los analistas que asumen la hipótesis comentada no parecen tener en cuenta el orden cronológico de los acontecimientos, que por sí solo parece aportar una pista importante. La intención turca de atacar en el norte de Irak no es posterior a la resolución del Comité de Relaciones Exteriores en el Congreso, sino todo lo contrario: es muy anterior. Recordemos que a comienzos de agosto, Erdoğan y al Maliki se reunieron y acordaron intensificar su colaboración en la lucha antiterrorista, en particular contra la guerrilla del PKK. El mandatario árabe dijo que su gobierno "estaba de acuerdo con Turquía sobre la lucha contra el terrorismo" y agregó: "Irak no permite (al PKK) estar presente en su territorio y no lo permitirá (tampoco) en el futuro". Sin embargo, las autoridades iraquíes, que están desbordadas por la situación de caos general en su propio territorio no hicieron nada, y en las últimas semanas, el PKK intensificó sus acciones contra las fuerzas turcas, liquidando a un total de 17 soldados en poco tiempo. Ante esta escalada, las fuerzas armadas turcas, respaldadas políticamente por el gobierno, reactivaron su plan de intervención en Irak. O lo llevan a cabo ahora, o dentro de escasas semanas las circunstancias climáticas en la zona lo harán más complicado.


Una escena que muchos conductores pudieron ver a lo largo de las carreteras en la frontera turco-iraquí









c) Por lo tanto, se veía venir la ofensiva turca. Y en ese contexto, qué casualidad, se presenta la resolución sobre el genocidio armenio en el Congreso norteamericano. La pregunta es, ¿qué buscaba exactamente esa iniciativa en relación con los planes turcos de atacar en Irak ?

En primer lugar, la cuestión clave que le precede es: ¿Qué podía hacer la administración Bush para pararle los pies a Ankara hace una semana o diez días? Prácticamente nada. Las relaciones turco-americanas no eran tan malas como para que Washington tuviera posibilidades de lanzar un órdago duro como, por ejemplo, amenazar con sanciones. En diplomacia, un amigo no cambia hacia esa actitud de un día para otro. Además, como se ha repetido muchas veces en las últimas horas, un porcentaje muy elevado de la logística norteamericana con respecto a Irak, pasa sobre el espacio aéreo y territorio turcos, y la base de İncirlik es la piedra angular del poder aéreo norteamericano en Oriente Próximo. Por lo tanto, el asunto era muy delicado. Además, moralmente, los norteamericanos tampoco podían recriminarle a los turcos su actitud. El PKK tampoco es plato de gusto para Washington, pero saben que militarmente, hoy por hoy, apenas pueden hacer nada contra ellos; ni siquiera les conviene, porque pondrían en aprietos a los aliados kurdos en el norte de Irak. Imaginemos si, además, el PKK está recibiendo ayuda exterior. Pongamos por caso, que alguna potencia europea interesada en desestabilizar políticamente a Turquía, les estuviera enviando ayuda técnica o información sensible a través de terceros, como Siria, Libia o la misma Armenia (es un ejemplo hipotético).

Bien: los americanos no tienen, hoy por hoy, capacidad de intervención directa sobre Turquía y ante la emergencia deciden jugar la carta de la “diplomacia al borde del abismo”. Esto es, forzar la situación para llevarla a un punto de ebullición y aprovechando el momento, arrancar unas negociaciones dramáticas que salven la cara de todos y, de paso, precisamente a través del llanto y crujir de dientes, se reconozca indirectamente la legitimidad de las quejas turcas. Y es ahí donde entra la “bomba” de la resolución presentada por el Comité de Relaciones Exteriores sobre la muy explosiva cuestión del genocidio armenio.

Claro está, la maniobra no la podía llevar a cabo la propia administración Bush, porque eso hubiera sido un gesto de hostilidad directo hacia Ankara, un punto automático de no retorno, al que hubiera seguido la ruptura inmediata. Además, George Bush hubiera quedado no como un imbécil -eso es poco- sino como un verdadero demente. Por lo tanto, la piedra tenía que tirarla otro: el “poli malo”. El presidente haría de “poli bueno”.

En realidad, piénsenlo bien, no debió ser difícil lograr que la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso presentara la resolución sobre el genocidio armenio el pasado miércoles. Y en la pedrada venía envuelta en varios mensajes dirigidos a Ankara:

Mensaje nº 1. A pesar de lo mal que le van las cosas, Washington todavía puede actuar ofensivamente de formas diversas. Por ejemplo, convirtiendo a un país cualquiera en un paria internacional, a través de diversas formas de presión y denuncia. Como, también por ejemplo, y aunque pueda parecer surrealista, la cuestión del genocidio armenio acaecido hace casi un siglo.

Mensaje nº 2. Por ello, el gobierno de Erdoğan debe refrenar su apoyo a los militares en la proyectada ofensiva sobre Irak. Si no lo hace, el estamento castrense terminará por controlar la política turca nuevamente, y en ese caso, Washington apoyará a los uniformados. Recuerden que durante el denominado “e-golpe” del pasado mes abril, la reacción norteamericana de condena fue significativamente lenta y tibia, más incluso que la europea. Esta consecuencia resultaría especialmente dolosa porque además, la ofensiva militar contra el PKK será (posiblemente) baldía. En cualquier caso, es importante tener muy presente que Washington le besará el culo al diablo, pero no renunciará fácilmente a Turquía. Antes apoyaría a una dócil dictadura militar (por ejemplo).

Mensaje nº 3. Si Ankara hace oídos sordos y continúa adelante, la responsabilidad será suya y no de Washington. Esto significa varias cosas y todas malas para los turcos. Por ejemplo, supondrá que el gobierno de los Estados Unidos se reserva la posibilidad de seguir con una escalada de presiones ya más directas, duras y desagradables, muhco más que la cuestión del genocidio armenio. Además, Turquía cargará con una imagen internacional de intolerancia e impulsividad que le hará perder bazas morales ante la comunidad internacional y se las entregará al PKK, lo que fortalecerá justamente aquello que desean evitar: la formación de un estado kurdo en sus fronteras. Recuerden Kosovo, amigos turcos, aprendan de los errores serbios.



Silueta de un combatiente del PKK con la carga de un lanzamisiles RPG-7 al hombro.







Estos son algunos mensajes, entre otros. Por supuesto, la jugada de Washington es arriesgada. Si los turcos se ponen de acuerdo con los iraníes para actuar conjuntamente en Irak, mal asunto para los americanos; nefasta situación. Por otra parte, los rusos no están nada contentos con Condoleezza Rice y Bush por toda la bobada esa del escudo antimisiles en Polonia y Chequia, y justamente, esta misma semana estaban explicándole a los norteamericanos cuán enfadados están, mientras la delegación norteamericana se dedicaba a hacer el teatro de que eran ellos quienes estaban echando bronquitas a los rusos por esto y lo otro. Por lo tanto, muy mal momento para que Bush haga todavía más el tonto en Irak. Los rusos tienen ganas de armarla y por supuesto apoyarían gustosos a los turcos. (de hecho, ya lo hacen). Y alos iraníes. Y a todos aquellos que pudieran bajarle los humos a Bush y a la "Vieja Europa". Por si faltara algo, si los turcos se le suben a las barbas a los americanos, los saudíes tendrán un aliciente más para hacer lo mismo. Puede que terminen por intervenir más directamente en Irak, en apoyo de sus hermanos suníes. Pero si no lo hacen, podrán vender todavía más caro su apoyo a los americanos

¿Y los europeos? Ah, ese es otro capítulo. Si en Bruselas hubiera un poco de imaginación, los réditos que se podrían obtener del conflicto turco-americano serían importantes y cuantiosos. Pero mejor dejemos este asunto para otro día. Hoy sólo recalcar que para Washington, el margen de maniobra era ciertamente escaso: poco más se podía hacer. Ahora, a esperar acontecimientos.

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viernes, octubre 12, 2007

¿Controversia o instrumento?

















Bush y el congresista Tom Lantos (izquierda) en un momento divertido. Aparte de judío de origen húngaro y superviviente del Holocausto, y a pesar de militar en el Partido Demócrata, Tom Lantos fue un partidario acérrimo de la intervención norteamericana contra Irak, tanto en 1991 como en 2003. No es de extrañar que le esté echando una mano al presidente Bush para evitar la intervención turca en la zona, sacando a relucir la cuestión del genocidio armenio, palanca mediático-emocional que suele tener un éxito asegurado



De repente, Turquía vuelve a atravesar horas delicadas. Se terminó la feliz situación del "no news, goods news": no ha durado ni tres meses. Turquía paga, una vez más, el caro peaje de los países situados en las encrucijadas geoestratégicas más valiosas. Parece que es inminente una incursión militar en fuerza sobre territorio del norte iraquí, operación que en este mismo blog se insinuó que podría haber tenido lugar en julio. En todo caso, en la misma Turquía eran insistentes los rumores de que tendría lugar, más tarde o más temprano.

La sombra del conflicto armado se complica con la belicosa declaración del Congreso norteamericano ante el genocidio armenio. Porque eso, por cierto ¿a qué viene ahora?

Hace casi exactamente un año, en este mismo blog, se explicó por qué los grupos de presión armenios estaban trabajando activamente en los Estados Unidos para lograr alguna forma de protesta que lograra paralizar la financiación (especialmente por parte del US Export-Import Bank) para construir al tendido de ferrocarril azerí-georgiano-turco que seguía el recorrido del oleoducto BTC (Bakú-Tbilisi-Ceyhan) del cual Armenia quedaba excluida por actuar como un peón de Rusia en la zona del Cáucaso. Inicialmente, fue el congresista demócrata John Crowley el que comenzó a mover la campaña (que parece remontarse a julio de 2006) con el propósito explícito de denunciar el apartamiento de Armenia de los proyectos regionales en el Caúcaso, es decir, de los negocios en torno al petróleo y el gas.





Voluntarios armenios en el Ejército alemán, campaña de Crimea. Al parecer, unidades especiales de esta nacionalidad participaron en la represión de alzamiento de Varsovia, en 1944. Su trayectoria es objeto de culto en webs neonazis, como "Pan Aryan Alliance" de la cual procede esta foto. La manipulación propagandística y política del genocidio armenio ha sido tan intensa que se ha vuelto incontrolable



No deja de tener su amarga ironía el hecho de que hayan terminado por significarse en la campaña personajes como el demócrata Tom Lantos, el presidente del comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes. El parlamentario norteamericano, de religión judía y orígen húngaro, hizo pesar su dramática experiencia como superviviente del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial. Pues bien, la actual tendencia entre la ultraderecha dura (digamos nazi, por ejemplo) es la de denunciar que judíos y armenios no son lo mismo, ni de lejos. Estos son "arios", muchos de ellos combatieron como voluntarios en los ejércitos del Tercer Reich en la Segunda Guerra Mundial e incluso, pudieron haber sido víctimas de la "judería". Parece sorprendente y lo es, pero cualquier lector que tenga internet a su disposición puede ir al foro Nuevo Orden (el nombre lo dice todo) y leer, por ejemplo, una pieza firmada, desde Venezuela, por Carlos Vartkés Pozian titulada: "La Juderia Turca y su relacion con el genocidio armenio. Kemal Atatürk, la verdadera película"

Por lo tanto, parece que estamos, una vez más, ante el lamentable espectáculo de la manipulación de una tragedia con fines muy diferentes a la simples declamaciones buenistas referidas a la "justicia universal", que a veces lleven a ese infierno que está pavimentado de buenas intenciones. Y el incidente que nos ocupa, muy en especial, porque tiene todo el apsecto de estar destinado a presionar al gobierno turco para que no intervenga militarmente en Irak. ¿Coincidencia de fechas? Hay mucho en juego en el desgraciado país árabe como para suponer, ingenuamente, que estamos ante una simple coincidencia, sobre todo cuando ello se canaliza con algo algo tan fácil de manejar como el genocidio armenio de 1915





















Carros de combate turco patrullan por las inmediaciones de la frontera iraquí, durante el pasado verano. La intervención militar contra el PKK parece inminente, y va a complicar enormemente la posición norteamericana en Irak y ante Irán. ¿Estamos ante una nueva versión de la crisis de las Malvinas en 1982?







TRIBUNA: Conflicto entre Washington y Ankara

¿Controversia o instrumento?

FRANCISCO VEIGA 12/10/2007

En abril de 1915, durante la I Guerra Mundial, el Imperio otomano estaba siendo atacado desde distintos frentes (Dardanelos, Mesopotamia, Cáucaso), lo cual hacía temer un inminente colapso militar. Una de las ofensivas más peligrosas estaba protagonizada por el Ejército ruso, ayudado por guerrilleros armenios en el Cáucaso. El 24 de abril, el Estado Mayor otomano ordenó evacuar a la población civil armenia de la zona para reasentarla en áreas muy alejadas del frente. Sin embargo, las operaciones de deportación, que se prolongaron durante meses, pronto degeneraron en matanzas, perpetradas muchas veces por los mismos encargados de escoltar a los civiles desplazados. Los responsables materiales fueron, en su gran mayoría, unidades irregulares de kurdos y circasianos, o bien grupos paramilitares formados incluso con presidiarios liberados. Además, las condiciones sanitarias de los traslados eran tan deficientes, que miles de mujeres, niños y ancianos perecieron de fatiga y enfermedades.

Las cifras de la masacre varían entre el millón y medio de víctimas que utilizan los nacionalistas armenios y las 300.000 que manejan sus homólogos turcos. En cualquiera de ambos casos, el evento puede ser calificado como genocidio. Sin embargo, la polémica ha evolucionado hasta centrarse en el esclarecimiento de la motivación real que guió a las autoridades otomanas: ¿Fue un genocidio intencionado de principio a fin, y planeado desde Estambul? ¿Fue cosa de autoridades locales o bien el resultado previsible de una operación de contrainsurgencia como las que previamente habían organizado los españoles en Cuba o los británicos en Suráfrica, con alto coste de vidas civiles? Falta de documentos, aparición de algunas pruebas falseadas y, sobre todo, la sempiterna y candente politización del acontecimiento hacen difícil la clarificación.

La campaña de represalias organizada por los nacionalistas armenios comenzó inmediatamente después de la Gran Guerra: dos miembros del triunvirato que gobernó el imperio entre 1913 y 1918 fueron asesinados por activistas armenios. Años después, un grupo terrorista denominado Ejército Secreto Armenio para la Liberación de Armenia, fundado en 1973, asesinó a más de 35 diplomáticos turcos a lo largo de 20 años. Con el tiempo, el debate sobre el genocidio armenio se ha ido convirtiendo en un instrumento de presión contra el Gobierno turco en diversos frentes. Recientemente, es un argumento muy utilizado desde aquellos países que se oponen al acceso de Turquía a la Unión Europea. Pero también han recurrido a ella los grupos de presión armenios en Francia o Estados Unidos en relación con los proyectos de tendido de gasoductos y oleoductos que discurren por el Cáucaso y evitan territorio de la República armenia, que por otra parte es un satélite militar ruso. Ahora, la reciente iniciativa del comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes estadounidense podría ser una forma escenificada de presionar a Ankara para que se abstenga de lo que parece una inminente intervención turca en Irak. Por último, sectores de la ultraderecha internacional podrán estar buscando la demostración de que el Holocausto judío no fue un hecho único y aislado, rebajando su importancia histórica al equipararlo con el genocidio armenio y el Holodomor, o genocidio ucraniano de 1932-1933.

F. Veiga es autor del libro El turco. Diez siglos a las puertas de Europa (Debate)

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sábado, agosto 18, 2007

Un pulso a la turca (y 2)


Por fin, en agosto, Erdoğan logró atraer a Al Maliki a Ankara, aunque la falta de entusiasmo del árabe es patente en casi todas las fotos de su viaje a Turquía






Y comienzan a pasar cosas en Turquía. Y nadie comenta nada. Claro, es el mes de agosto, y todos aquellos que no paran con Turquía, arriba y abajo, parece que se han tomado un respiro. Pues se están perdiendo la procesión, que va por dentro, o es que no lo ven nada claro.

El primer ministro iraquí, Nuri Al Maliki, tras visitar por fin Ankara,
accedió a firmar un acuerdo con el gobierno turco para luchar conjuntamente contra el PKK. Era un secreto a voces que los norteamericanos andaban por detrás, que planificaron con los turcos la forma de atacar las bases del PKK y, con toda seguridad, presionaron a Al Maliki para que, oreja gacha, acudiera a Ankara en un momento en el que –supuestamente- la cuestión del PKK es el menor de sus problemas. A continuación, el primer ministro iraquí fue a reunirse con los iraníes, incluyendo al presidente Ahmadineyad, lo que provocó serios recelos y advertencias de los norteamericanos y la fractura política interna, en el mismo Irak, con los suníes. Y para rematar la turbia historia, el Ejército turco y el iraní están bombardeando supuestas bases kurdas en el norte iraquí: los turcos apuntaron sus cañones contra territorio del PKK, y los iraníes largaron sus obuses sobre posiciones de la guerrilla kurda que opera en su territorio, brazo armado del Partido de la vida en Libertad del Kurdistan (Pejak). Mientras tanto, en otro frente, diplomáticos turcos se han estado reuniendo con sus homólogos israelíes y sirios, mediando entre ambos para rebajar las tensiones entre ambos países.

Por lo tanto, algo parece indicar que Ankara no ha perdido ni un ápice de su capacidad de maniobra en el Próximo Oriente y está trabajando contra reloj para sacar el mayor provecho posible de la situación. Eso quiere decir que, muy posiblemente, Erdoğan está moviéndose en varias direcciones a la vez: acercándose a Irán, con quien le unen cada vez mayores y más provechosos proyectos petrolíferos, actuando como actor con recursos y objetivos propios en Oriente Medio, desactivando la presión del PKK y “haciendo algo” con el Ejército turco. Pero ¿qué exactamente? La respuesta, ahora mismo, parece estar en Ankara, y no en la frontera con Irak.








Köksal Toptan, elegido presidente de la Gran Asamblea Nacional. A su espalda, aplaudiendo, Erdoğan









El pasado día 9, gobierno y oposición consensuaron la elección de un presidente para la Gran Asamblea Nacional, el moderado Köksal Toptan, militante del AKP: obtuvo los votos de 450 parlamentarios, de un total de 535 asistentes. Aquel día, el parlamento turco pareció vivir la fiesta de la democracia: todos felicitaban a Toptan, todo era concordia y buen ambiente. Se rumoreaba que Erdoğan retiraría la candidatura de Gül a la presidencia, asunto que había contribuido a desencadenar la crisis de abril y se pactaría la selección de un nuevo candidato con los principales partidos de la oposición. Al fin y al cabo, algo así había prometido durante la campaña electoral e incluso después, en las declaraciones de la victoria.

Sin embargo, tan sólo cinco días más tarde, el ministro de Asuntos Exteriores turco, Abdullah Gül, volvió a presentar su candidatura respaldado por su partido en el gobierno, el AKP. Fue un suceso bastante curioso, porque nada más comenzar el periodo de nominación de candidatos a la presidencia (10 de agosto) el diario islamista “Yeni Şafak” publicó un artículo en el que se instaba a Gül a que depusiera su intención de volverse a presentar; y la pieza iba firmada por Yalçın Akdoğan, consejero de Erdoğan. En cualquier caso, el CHP reaccionó como era de esperar, como en abril: anunció su intención de boicotear la elección del nuevo presidente el próximo lunes día, 20. Algunos periódicos continuaron con la misma matraca de entonces, englobando en el CHP a “los laicos”. Pero esta vez las cosas parece que van a cambiar de forma radical, porque tanto los nacionalistas kurdos del Partido de la Sociedad Democrática como los ultraderechistas del MHP o Partido de Acción Nacionalista, anunciaron su intención de personarse el lunes en la elección, aunque no con el ánimo de votar por el candidato Gül. Da lo mismo: sumando esos 90 diputados a los 341 del AKP, en la Gran Asamblea Nacional habría quórum de sobra para completar el que en abril fue polémico mínimo de 367 diputados presentes para sacar adelante la elección.




Este personaje, con una expresión beatífica curiosamente similar a la del ministro español Jesús Caldera, es en realidad Yalçın Akdoğan, consejero de Erdoğan y protagonista de una lucha de poder interna en el AKP en torno a la candidatura de Gül.





Por lo tanto, el lunes Turquía podría tener nuevo presidente y ese sería Gül, si de alguna forma lograra obtener el voto afirmativo de los 367 diputados. Caso de que no lo consiguiera, que es lo más probable, el día 28 se celebraría la tercera vuelta y en esta sólo sería necesario el respaldo de la mayoría absoluta (276 diputados).

Así que, en las últimas horas, la tensión política ha subido apreciablemente en Turquía. Para redondearla, el presidente Ahmet Necdet Sezer, se está terminando de perfilar como un personaje movido más por el resentimiento que la capacidad política real. Ni siquiera se dignó echar un vistazo a la lista del nuevo gobierno que Erdoğan le presentó el pasado jueves. Se limitó a comunicarle que sería mejor que el nuevo gobierno lo aprobara el nuevo presidente. Eso fue un golpe bajo que sólo denota rencor, un sentimiento personal impuesto a las necesidades del país, que atraviesa un momento delicado, política y económicamente, pues la bolsa turca cayó fuertemente, arrastrada por la crisis de las “subprime” que asoló los mercados internacionales la pasada semana. Turquía necesita estabilidad y capacidad de decisión, pero continuará a flote con un gobierno provisional hasta que no disponga de un nuevo presidente. Aún así, con gesto de gran señor, Erdoğan salvó la situación ante la prensa con una jugada maestra de la retórica, al afirmar que la decisión de Sezer era muy positiva porque denotaba la confianza y la buena voluntad del presidente saliente hacia el entrante.
















Y reaparece, intacto, el candidato Gül, a mediados de agosto, con la expresión habitual y rodeado de preocupados guardaespaldas


¿Cómo se atan todos estos cabos sueltos? Pongamos en marcha una hipótesis que, por supuesto, será total o parcialmente errónea, pero puede servir como herramienta de trabajo. En primer lugar debemos considerar cuál es el principal problema que tiene enfrente el gobierno de Erdoğan: no es el pobre Sezer, ni tan sólo en CHP con un tocado Baykal al frente, que ni siquiera ha intentado sacar los manifestantes a la calle, como hiciera en abril. Pura y simplemente, no puede: se quedó sin margen de maniobra para hacerlo, tras la arrasadora victoria electoral del AKP. Los manifestantes podrían gritar lo que quisieran el domingo, antes o después de ir al fútbol, pero la mayoría de los turcos ha dicho lo contrario y lo ha firmado con su voto. Erdoğan actuó con una total confianza en sí mismo, en el partido y en los votantes, y ha ganado esa batalla.

Ahora tiene otra más difícil delante y se llama Ejército turco. Una parte del problema parece haberse resuelto entre bastidores. Los americanos atendieron las reclamaciones turcas y echaron una mano contra el PKK; Al-Maliki viajó a Ankara, poniendo mucho más difícil una intervención del Ejército turco en el Norte de Irak. Agosto entra en su último tercio y comienza a ser tarde para lanzarse a una operación militar en fuerza en las complicadas montañas de Kandil; encontrarse metido allí en octubre o noviembre puede ser problemático.





Guerra virtual: interface de un proyecto informático comercial para elaborar un juego sobre el Ejército turco. Todo un símbolo de la "ofensiva congelada" o "posmoderna" en la frontera kurda de Irak



Pero hay otro frente y éste consiste en poner las cosas en claro, públicamente, con las fuerzas armadas, el Alto Estado Mayor y el Consejo de Seguridad Nacional. Entendámonos: tras el “e-golpe” del pasado 27 de abril, el Ejército no ganó el pulso; pero tampoco hubo depuración de responsabilidades en sus filas. Nadie pagó los platos rotos, no se se produjeron dimisiones ni destituciones. Llegaron las elecciones del 22 de julio, ganó el AKP, y desde el Estado Mayor volvieron a escucharse refunfuños y gruñidos. El pasado día 4, hasta un total de veintitrés militares fueron expulsados del Ejército turco por “actividades islamistas”, sin que se explicara en qué consistieron éstas ni otros detalles de procedimiento. No es ningún secreto que al Ejército no le hizo ninguna gracia la victoria electoral del AKP y además, tuvo lugar una repetición de la advertencia lanzada el 27 de abril. Pero, una vez más, nadie respondió públicamente por el gesto. Por si faltara algo, últimamente se han producido cruces de declaraciones entre el primer ministro y el general Büyükanıt, con bastante sorna y retranca por parte del uniformado, que llegó a decir que sólo dimitiría "para que subiera la Bolsa". Este tipo de actitudes tienden a poner de relieve que en Turquía existen dos poderes que compiten entre sí, lo cual es, a todos luces, impropio de un estado de derecho.

Por lo tanto, parece evidente que si el gobierno del AKP no deja bien claro quién manda realmente en el país, no podrá pasar a la siguiente fase, la que le interesa realmente: la carrera contra reloj para recuperar el tiempo perdido y reiniciar las reformas que relancen las negociaciones para la candidatura en la Unión Europea. Así, por ejemplo, si el ejército sigue practicando una política obstruccionista, será imposible desbloquear la situación en Chipre, dado que el Alto Mando no querrá dar el brazo a torcer ni un milímetro, como ya pasó en el pasado mes de diciembre. Y llegará el momento de hablar con Bruselas de OYAK, el holding económico de los militares, y estos tampoco se mostrarán flexibles. Además, hay que buscar una salida honrosa a la “ofensiva congelada” en la frontera iraquí, y siempre será más fácil hacerlo si queda claro que quien da las órdenes es el ejecutivo, civil, y las fuerzas armadas obedecen, como en cualquier régimen democrático que se precie.

















Distinto del MIT, o servicio de inteligencia turco. La efigie de Atatürk tiene todo el protagonismo en la chapa, pero queda por ver qué papel está jugando el servicio en el elaborado pulso político que mantiene el gobierno del AKP con el Ejército




Pero sobre todo, lo que no puede hacer un gobierno es ceder a las presiones y chantajes, porque si lo hace, no podrá desempeñar su labor, que es gobernar; y menos aún en las actuales circunstancias, en las que ese mismo gobierno está pasando un meticuloso examen, con reválida incluida, ante la Unión Europea. Por lo tanto, Erdoğan tiene que meterse a los militares en el bolsillo, pero sin humillarlos: como se quiera, pero una versión suave del españolísimo trágala. E imponiendo a Gül en la presidencia, el mensaje es claro: la voz de las urnas ha hablado y si una amplia mayoría del electorado ha votado por el AKP, y no por el MHP o el CHP, eso quiere decir que hubieran votado en la misma proporción por el candidato presidencial del AKP; y ante eso no valen rezongues, ni sorna, ni artimañas legales ni movilizaciones demagógicas.

Con todo, quedan por aclarar algunos puntos. Uno, muy interesante, que tardaremos mucho en conocer, es el papel del MIT, es decir, los servicios de inteligencia del estado turco. Como se sabe, en todas las instituciones dedicadas a gestionar la información sensible del estado, sea cual sea el país, siempre suele existir un grupito de mandos que ve venir las nuevas situaciones. Y echa una mano para que la transición se produzca de la forma más adecuada; lo que quiere decir que ellos mismos y una parte significativa de las estructuras del servicio quedan a salvo, listas para servir al nuevo patrón. No sabemos qué forma toma esto en Turquía, pero sería muy extraño que algunos mandos del MIT no estuvieran a favor de evitar que la situación del nuevo gobierno del AKP se deteriorara. Eso al margen de las antipatías que esté concitando el polémico general Büyükanıt al frente del Estado Mayor, que las rivalidades corporativas no perdonan.


Devlet Bahçeli, ante la bandera de su partido. No insulta a nadie: ejecuta con los dedos el signo del lobo, animal ligado a los orígenes míticos del pueblo turco y símbolo de la ultraderecha nacionalista




También queda por dilucidar, y esto parece más sencillo, esa curiosa actitud dialogante y hasta conciliadora del ultranacionalista MHP, que incluso podría contribuir a la elección de Gül el próximo lunes. ¿De qué va la cosa? De momento, no parece existir una respuesta clara. Posiblemente revela que Devlet Bahçeli (Devlet, nombre de pila muy apropiado en este caso, porque en turco significa “Estado”) por el hecho de ser el líder de la ultraderecha no ha de ser necesariamente tonto; o al menos no tanto como Deniz Baykal, cabeza visible del CHP. Sabe que empeñarse en estrategias como la de abril ya no lleva a ningún sitio, sólo al descrédito político. Ahora hay que pasar página, y lo cierto es que la filosofía de oponerse a un presidente y un gobierno con cara y ojos puede ser más rentable que jugar al “cuanto mejor, peor” que viene practicando Baykal y su CHP, apoyados por determinadas personalidades de la alta clase media laica y funcionarial de Turquía, que detentan posiciones de poder en la alta judicatura o las fuerzas armadas del país. Eso, al margen de que Erdoğan no haya estado ofreciendo alguna forma discreta y limitada de reparto del pastel lo que, bien mirado y dadas las circunstancias, sería una jugada astuta.

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domingo, julio 22, 2007

NOTA: El síndrome de los 90






















Imagen de un cyberataque protagonizado por un autodenominado Turkish Hacker, en nombre del islam, en febrero de este año



Por fin ha terminado la campaña electoral, e incluso el tiempo de reflexión. Dentro de pocas horas, los electores turcos acudirán a las urnas. Contradiciendo a los agoreros profesionales de lo anti turco, apenas se han producido incidentes reseñables de carácter puramente político. Y sin embargo, en la prensa occidental ha tenido un incómodo protagonismo lo que podríamos denominar "síndrome de los 90", muy presente en los análisis que se hacen todavía hoy de las crisis balcánicas (ahora la de Kosovo). ¿En que consiste ese fenómeno? En la pervivencia de ideas preconcebidas y prejuicios anticuados, en informaciones todavía no contrastadas a pesar del paso de los años, en todo un arsenal de mantras y consignas, en una parafernalia argumental que rebela que su autor se ha quedado detenido en 1993, 1994, 1995... Curiosamente, muchos de esos analistas gozan de gran predicamento entre el gran público, justamente porque ofrecen ideas tópicas que hacen sentir más seguros a sus lectores. Esos mismos autores se agarran con uñas, dientes y lo que sea menester al síndrome porque constituye una verdadera teta de la que seguir chupando durante años y años. Y que nunca llegue día en que la realidad rebele la caducidad de esos planteamientos que sólo son mentiras o medias verdades mil veces repetidas.

¿Qué aspectos de la actualidad turca están lastrados informativamente por el "síndrome de los 90"? He aquí algunos ejemplos:


a) "El Ejército turco puede volver a actuar una y otra vez como en 1960, 1971 ó 1980". Es discutible. Si no lo hizo en 1997 sería por algo. El caso es que se limitaron a dar un "golpe virtual" o "posmoderno", pero no sacaron los tanques a la calle. Por algo sería. Una década más tarde, el Ejército turco podría tener serios problemas si diera un golpe "clásico". Y los altos mandos lo saben. Es evidente que los tendrían a escala internacional, que el régimen que impusieran no contaría con el apoyo de la UE y ni siquiera de los EEUU (aunque, dado el nivel de descomposición que sufre el liderazgo político podría generar "bolsas de vacío" en su capacidad de respuesta que podrían propiciar situaciones inesperadas). Sin embargo, en 2007 los altos mandos han de contar con el sentimiento pro islamista de una parte de su oficialidad y de la tropa. O sencillamente, la posibilidad de que una parte de los cuadros y los reclutas provoquen serios problemas operacionales al no asimilar las consignas ideológias de un golpe. Las fuerzas armadas turcas son de leva: eso le dio fuerza política durante muchos años, pero ahora empieza a ser parte de su debilidad. Así, es muy posible que, dando un golpe, el Ejército, como el escorpión de la fábula, mataría a a su vehículo (la rana) pero moriría con él. ¿Cuál seria sería el grado o la posibilidad de ruptura socio-política interna en las FFAA turcas? No lo sabemos y posiblemente tampoco lo saben los altos mandos. Eso todavía añade más incertidumbre. Pero está claro que andamos por el 2007, los años 90 han quedado atrás.


b) "CHP y MHP pueden formar una coalición y gobernar en minoría". Cierto, es perfectamente posible. Pero sus líderes son conscientes que podría ocurrirles como al Ejército: el escorpión, la rana, ya saben: el riesgo de autodestrucción a medio plazo. La clase política turca no es una gran cosa, pero son gente astuta que conoce el escenario en el que se mueven, y a su pueblo. Como contraste, nuestros analistas parece que se empeñan en no tener en cuenta que el gobierno del AKP ha establecido un precedente en la vida política turca. Organizar un gobierno CHP-MHP con el AKP en la oposición, copando la mayoría del Parlamento podría convertirse en una pesadilla digna del mejor terror y gore para sus protagonistas. En realidad, ese escenario casi sería una bendición para el AKP, que podría retirarse del poder todavía sin mácula, con su prestigio intacto, recobrar fuerzas, y contraatacar forzando unas nuevas elecciones anticipadas, para terminar machacando a los temerarios CHP-MHP. Hemos de tener en cuenta, al hacer este análisis, que el AKP ha terminado representando a fuerzas muy poderosas de la sociedad turca, a todo un amplio sector de la clase media. Por contra, lo que le interesa al CHP y al MHP es la estrategia del hostigamiento, esperar a que el AKP se desgaste, cometa fallos, se corrompa claramente y se sitúe al nivel devaluado del resto de los partidos de la arena turca. Claro que es posible un pacto CHP-MHP, pero no sería como en los noventa, porque estamos en 2007 y el tiempo no pasa en vano, ni siquiera en Turquía.


c) "El viejo problema kurdo sigue sin resolverse". En general, la cuestión kurda es una de las más ancladas en el "síndrome de lo 90". Nuestros analistas y periodistas supuestamente expertos tienden a ofrecernos la vieja y romántica imagen que tienen algunos analistas extranjeros del nacionalismo radical vasco: "desperados", "freedom fighters", "bandoleros". Este tipo de planteamientos esconde otras ideas, más atrevidas pero también más políticamente incorrectas. No es nueva, por ejemplo, la teoría de que sin ETA el País Vasco sería independiente desde hace tiempo. En la era del "poder blando", la acción directa y violenta es ya una antigualla que sólo utilizan movimientos políticos de países socialmente atrasados. Por supuesto que el Kurdistán turco no tiene nada que ver, desde un punto de vista social y económico con el próspero País Vasco. Pero también lo es que el Sudeste turco no es lo que era, que la guerra de 1984-1999 desplazó a decenas de miles de kurdos hacia el oeste de Anatolia, que Diyarbakır no es ya, ni de lejos, la mayor ciudad kurda de Turquía. Pero sobre todo, hoy existe una clase media kurda con poder propio, con planes propios, con una creciente capacidad de marcarse objetivos e irlos cumpliendo. Normalmente, nuestros periodistas hablan de "los kurdos" como una especie de masa nacional sin diferencias políticas, sin estratificación social o sin importantes diferencias políticas. Y todo eso existe: ser kurdo en la Turquía de 2007 ya no es como serlo en la de 1993, 1994... Es cierto que muchos políticos y simples kurdos de a pie hablan todavía con extrema admiración de Apo Öcalan. Pero hemos de considerar por qué lo hacen: ¿Porque es una manera segura de hacerles la puñeta a los turcos, a casi cualquier turco?¿Porque todavía no tienen ningún otro lider de recambio al que admirar y eso encubre un fracaso real?¿O porque, precisamente, interesa disimular que ese ya no es el modelo, sino que hay otro más viable en marcha? Al fin y al cabo, el PKK le resulta muy útil al nacionalismo turco más duro; sin él, la situación política general le sería más favorable al nacionalismo kurdo. Porque hay una clase media kurda, que convive y se entremezcla con las dos de los turcos, la laica y la musulmana; y como ellas, tiene una creciente capacidad de liderazgo y de maniobra política. Pero es difícil de estudiar porque la consigna general es no evidenciarse. Si se sigue pensando en la cuestión kurda como algo inamovible desde 1984, se pierde una perspectiva útil para buscar la normalización y resolver el problema. Sin olvidar que los kurdos son los más firmes partidarios de la entrada de Turquía en la UE. Por lo tanto, más de un "admirador" empeñado en lo contrario, les está haciendo la puñeta.


Ahora la palabra la tienen los turcos, como debe ser. Pero serán los de 2007 los que votarán, no los de hace diez o quince años. Por mucho que nos empeñemos, la realidad es tozuda, incluso para quien escribe estas líneas, que, por supuesto, puede estar equivocado de medio a medio. Pero esa realidad es la que debemos estudiar, sin empeñarnos en trasladar el pasado al presente. Y teniendo en cuenta, en efecto, que muchos turcos también caen en el mismo error. Aún así, Turquía sigue siendo un importantísimo laboratorio social y político; no perdamos la oportunidad de aprender lecciones impagables.


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sábado, junio 16, 2007

Dilemas de hierro















Base del PKK, montes Qandil: La subcomandante Sozdar Serbiliz, con el retrato de "Apo" Abdullah Öcalan

La primavera está a punto de concluir y nos encaminamos hacia un verano complejo para todo el Sudeste europeo, Asia Menor y Oriente Medio. La conquista de la franja de Gaza por Hamas parece la primera ficha de un dominó que puede tener su continuidad en una nueva intervención israelí en el Líbano, guerra civil en ese país, o incluso la extensión del conflicto armado a Siria. En los Balcanes, la crisis política en Rumania, país recién llegado al club de la UE, se toca geográficamente con unas estabilidad serbia que pende de un hilo y que cada vez tiene más que ver con lo que ocurra con Kosovo. La previsible proclamación de la independencia, sea de la mano del Plan Ahtisaari o por efecto de una acción unlietaral respaldada -ahora lo sabemos con total claridad- por George Bush puede tener consecuencias muy diversas, pero todas negativas.

Nadie quiere recordar que eso puede significar el fin del jovencísimo estado macedonio -Bulgaria ya ha comenzado a reaccionar expresando su malestar ante la previsible crisis que le afectará- pero también, por qué no, puede abrir de nuevo viejas puertas hasta ahora sólo entornadas. ¿Por qué Kosovo sí, y no la República Turca del Norte de Chipre? Si la antigua provincia serbia proclama su independencia respaldada por las potencias occidentales, a saber si Rusia se decidirá a reconocer la soberanía de la RTNC o se replantea la cuestión de su estatus, creando una nueva crisis en el seno de la UE.

Otro nuevo frente de problemas se sitúa en el Kurdistán iraquí, donde las tropas turcas amenazan con intervenir para terminar con los santuarios del PKK. La incertidumbre sobre lo que puede suceder es enorme, y a lo largo y lo ancho de la misma Turquía se cruzan apuestas y rumores sobre las posibilidades de que se produzca o no la intervención, cuándo, bajo qué forma y con qué efectos. Muchos turcos se encogen de hombros: al final no ocurrirá nada; otros incluso creen saber con precisión cuándo empezará todo.

Sigue más abajo la contribución de "El País" al debate, bajo la forma de editorial publicado hace pocos días. No estamos ante una de las piezas más brillantes de ese periódico, comenzando por el hecho de que su autor confunde a Massud Barzani con Mustafá Barzani, muerto ya en 1979 y que fue presidente del Partido Democrático del Kurdistan. No está mal el patinazo tratándose de un editorial. Por lo demás, quien se ocupó de redactar la pieza nos dice que una intervención del Ejército turco en el norte de Irak "destruiría las esperanzas que pueden quedarle a Turquía de ingresar en la UE" (¿en cuánto cifra el autor "las esperanzas que puedan quedarle a Turquía"?¿Un 60%, un 20%, quizás?). También nos dice que los EEUU deberían presionar al gobierno del Kurdistán iraquí para que impidiera las acciones del PKK con lo cual el Ejército turco "carecería de excusa" para intervenir.

¿Es realmente una cuestión de excusas? Es ampliamente sabido que una operación militar turca en el interior del territorio iraquí, no lograría liquidar un número significativo de fuerzas del PKK, dado que estas se retirarían hacia el interior del país. Ahora pueden hacerlo sin costes políticos ni militares: tienen de su lado al gobierno de Barzani y ya no existe un Ejército iraquí capaz de crearles problemas. Claro está, como dice el editorial de "El País", que ello le supondría a Ankara un enorme problema de respaldo internacional, dado que Washington (y no digamos Bruselas) rechazan de plano una injerecnioa de tal calibre en uno de los escenarios más explosivos del mundo, que precisamente los norteamericanos intentan estabilizar a toda costa.

La cuestión es que el periódico madrileño (y la gran mayoría de los analistas internacionales) aplican una relación costes-efectos de lógica occidental. Los militares turcos no están utilizando ese baremo, al menos en el planteamiento completo de su órdago, que no va dirigido de forma preferente contra el PKK, sino contra el gobierno del AKP. Desde ese punto de vista, poco le importarán a los generales las "excusas" que puedan quitarle los americanos o Barzani.

Por lo tanto, el editorial de "El País" se convierte en una especie de apelación, más que una pieza de conclusiones o análisis. Como tal, lógicamente, resulta bastante inútil. E ingenuo: si desean leer una pieza con mucha más calidad periodística, pueden dedicarle unos minutos al artículo que sigue, en este mismo post, publicado por "Herald Tribune" y firmado por Thomas Seibert. La idea esencial que subayace es la del dilema de hierro al que el ejército está sometiendo al ejecutivo del AKP: si Erdoğan rechaza intervenir en el Kurdistan será un flojo, su patriotismo quedará en duda y será tachado de amigo de los americanos. Por contra, si acepta y da luz verde a la incursión en fuerza, deberá asumir su parte de responsabilidad en el coste humano de la operación -víctimas civiles, errores colaterales, la posible ineficacia militar del plan y el tremendo desgaste de las relaciones con los Estados Unidos y, lo que es peor, con la UE. Quizá por ello, algunos pronostican que, ateniéndose al puro objetivo militar, el ataque podría ser lanzado en torno al día de las elecciones (22 de julio) porque de una forma u otra en esas fechas se dará un vacío de poder.

Así pues, ¿qué aporta el editorial de "El País"? Un ingrediente original: no descarga todas las responsabilidades en el Ejército turco, como cabría esperar hace poco, sino que pasa cuentas a los Estados Unidos y, atención, al régimen de Massud (que no Mustafá) Barzani. Y no es el único ejemplo de esta nueva forma de ver las cosas: véase también el amplio artículo de Juan Goytisolo, titulado: "Dos Turquías" y publicado también en "El País" el pasado 3 de junio.



La efigie de Massud Barzani contra la bandera del Kurdistan.







El País”, 11.06.2007

EDITORIAL- “Turquía amenaza”


Una de las pocas cosas que podría hacer aún más catastrófica la situación en Irak sería una invasión del ejército turco en el norte del país, el Kurdistán cuasi independiente desde el que los kurdos separatistas del PKK atacan objetivos en Turquía, causando numerosas muertes entre militares y civiles. Desde hace semanas, 150.000 soldados turcos, con artillería y blindados, acampan en la frontera, presionando al Gobierno de Tayyip Erdogan, islamista moderado, para que dé la orden de atacar.

La invasión de Irak abriría una gravísima brecha entre Estados Unidos y Turquía, que ya ha advertido a Ankara que no mueva un dedo; podría obligar a las fuerzas del miniestado kurdo a ayudar a sus hermanos y hasta a que interviniera el régimen de Bagdad, siquiera fuese formalmente, lo que sumaría otra guerra a la que ya libran Washington y el Gobierno iraquí contra la resistencia nacional y el terrorismo islamista en el país; destruiría las esperanzas que puedan quedarle a Turquía de ingresar en la UE y crearía un nuevo y lacerante antagonismo con todo el mundo árabe, recordándole cómo el Imperio Otomano había señoreado hasta 1918 esas tierras.

Pero eso no significa que Ankara no tenga una queja grave y válida contra la nación kurda, sea turco-separatista o gobernante en su zona de Irak. La Casa Blanca no quiere soldados turcos en el área, pero no hace nada para impedir las incursiones del PKK, ante las que también permanece de brazos cruzados el Gobierno kurdo de Mustafá Barzani. Por añadidura, hay poderosos argumentos internos turcos en favor de una acción militar. No sólo la pide el ejército, en la medida que una victoria jugaría en su favor en el forcejeo con Erdogan para defender lo que llaman la laicidad del Estado, que en la práctica es su preeminencia sobre las autoridades civiles, sino que el propio Erdogan, que ha convocado elecciones el 22 de julio como contraataque político, podría considerar saludable envolverse en el manto de la patria para derrotar al enemigo que amenaza la unidad del Estado turco.

Ante este complejo laberinto de pretensiones e intereses parece claro el camino. Estados Unidos y, sobre todo, el Gobierno kurdo deben suprimir, por la fuerza si es preciso, las incursiones terroristas contra Turquía. Y Washington, de paso, aclarar cuál es su política en el Kurdistán, siempre garantizando la unidad territorial iraquí. Así, el ejército turco carecería de excusas, a la espera, el mes próximo, de conocerse si los ciudadanos sostienen o no a un Gobierno de raíz islamista, pero de comportamiento democrático hasta la fecha.


El general Büyükanit contra un comando guerrillero del PKK. Fotomontaje











"The Herald Tribune", 13.06.2007

"The fatal attraction of invasion"


by Thomas Seibert


Scenes of pain and sorrow have returned to everyday public life in cities across Turkey. Flag-draped coffins of soldiers killed in clashes with Kurdish rebels are carried through the streets on their way to their graves.

At least 19 people have died in attacks blamed on rebels of the PKK, the militant Kurdistan Workers Party, since late May. The Turkish army is calling for an incursion into neighboring Iraq to destroy the rebels' camps and supply lines there.

The government has so far resisted public and military pressure for a push over the border. But time is running out.

The war between the PKK and the Turkish state started in 1984; some soldiers killed in the latest attacks were not even born then. More than a quarter of a century and nearly 40,000 deaths after the first shots were fired, the fighting is still going on.

It is not as intense as it was in the 1990s, when victims' funerals first became commonplace in towns all over Turkey. But it is heating up again after a lull following the capture of PKK leader Abdullah Ocalan by Turkish agents in 1999.

Today, the PKK is no longer fighting for an independent Kurdish state in southeastern Turkey. Instead, the rebels demand Ocalan's release and an amnesty covering all their leaders and fighters - something Ankara refuses to contemplate.

Calling on the government and Parliament in Ankara to grant permission to invade northern Iraq, Turkey's generals argue that thousands of PKK fighters hide, train and buy weapons there.

For years, Turkey has been asking Iraqi Kurds, who govern the north of the country, and the United States to do something about the PKK, but not much has happened. According to supporters of a Turkish incursion, military action by Ankara would therefore be an act of self-defense covered by international law.

The call to arms is, however, only partially driven by a genuine feeling of threat. A heavy dose of domestic politics is involved as well. The secularist Turkish army is ideologically opposed to the government of Prime Minister Recep Tayyip Erdogan, whose AK-Party is a champion of a new Muslim middle class.

The generals, who recently warned of a military coup in case one of Erdogan's friends should become president, would not mind seeing the AK-Party's share of votes plummet in elections scheduled for July 22. Pushing Erdogan into a corner over the Iraq issue might be a way of bringing this about.

If the prime minister refuses to give the green light for the incursion, he will be branded soft on national security and an ally of America - a label every Turkish politician wants to avoid these days.

If Erdogan does send the army into Iraq, responsibility for the heavy cost - in casualties, in inevitable problems with Iraq, the United States and Europe, and in a possible economic downturn - would be his, too.

So far, Erdogan has been playing for time, hinting that he is prepared to move into Iraq if need be, but not taking any action to convene parliament for a vote on the issue. But it is doubtful that he can sit on the fence until election day, especially if the PKK's attacks keep coming and Turkish losses keep rising. Meanwhile, the army is massing troops on the border and increasing pressure on Erdogan by continually repeating demands for a parliamentary go-ahead.

Even proponents of an incursion have to admit that the benefits of military action would be few. The PKK has had ample time to prepare for an attack and might even profit from it. There are reports that some rebels have retreated further into Iraq to avoid becoming targets for Turkish guns.

A Turkish move into Iraq could strengthen the PKK by allowing it to cast itself as a victim of Turkish aggression against all Kurds.

Several cross-border interventions by Turkey in the past have not succeeded in destroying the rebel group. Still, domestic pressure for an incursion is growing, and options to avoid it are limited.

One would be for the Iraqi Kurds to put pressure on the PKK to end its attacks in Turkey. Another would be for American or Iraqi forces to capture one or more leaders of the PKK, which is labelled as a terrorist organization by Washington, and hand them over to Ankara.

Steps like these would not end the PKK presence in Iraq, let alone solve the Kurdish question in Turkey. But they could help to prevent a wounded, angry and divided Turkey from throwing the whole region into a new crisis.

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domingo, mayo 06, 2007

Secularismo contra democracia





Una joven modelo turca exhibe un türban para una revista de modas











Es lo que tiene el análisis de prensa: puede dar lugar a divertidas sorpresas. Hoy domingo, "La Vanguardia" perdió inesperadamente el pulso con "El País" en torno a la crisis turca. Ricardo Ginés, cuya calidad informativa ha mejorado considerablemente en los últimos meses, dejó de enviar crónicas o no fueron publicadas. Y en cambio, se incluyó un artículo de Carlos Nadal, en su columna de análisis de la actualidad internacional, Week-end Político Mundial, que por lo visto, nadie se preocupó por supervisar. O nadie quiso hacerlo. Ese es un problema de "La Vanguardia": su apego por un sistema de veteranos (por decir algo) comentaristas propio de una época periclitada en la que el periodista sabelotodo opinaba sobre lo divino y lo humano en cualquier de los cuatro puntos cardinales del globo. Hoy, la especialización se impone, sobre todo cuando miles de lectores, televidentes y cybernavegantes son bombardeados -les guste o no- por ofertas informativas de lo más variado y el contacto directo con el lugar de la noticia es, muchas veces, fácil e instantáneo. Claro que algunos tienen calidad para mantener el pulso -caso de Xavier Batalla- pero los más hacen aguas de una manera lamentable o se refugian en artículos que repiten obviedades y no aportan absolutamente nada, excepto el renombre de una firma pomposa.

Nadal comenzó bien, aunque tirando de las obviedades -que suelen gustar mucho en opinión de "La Vanguardia"- como aquello que siempre queda bien: "Recientes hechos ponen de relieve que la integración turca en la UE no puede ser objeto de simplificaciones". Pero a mitad de pieza, el hombre empezó a hacerse un lío, por aquello del aderezo sensacionalista. En su opinión, conviene apoyar al partido islamista moderado en el poder, aunque con reparos. "Mucho ha hecho, aunque no del todo convincente para establecer la normalidad democrática, los derechos fundamentales. Incluso ha prohibido el velo en las escuelas". Primera noticia de que en Turquía las mujeres usen "velo", al menos de forma tan extendida que deba ser prohibido en las escuelas. En ese país el 55% de la población femenina recurre al "türban", que es una pañoleta, usualmente estampada con vivos colores, que tapa más o menos el cabello (hay un margen para la coquetería). Algo similar al tocado de aquellas jóvenes europeas que iban en Vespa en los años cincuenta.

"Pero las sombras están ahí" -continúa Carlos Nadal invitándonos a un paseo tenebroso. Y entonces comienza a amasar una aparatosa croqueta a base de "asesinatos por razones religiosas o racistas". Bueno, no es exactamente lo mismo, porque en muchos casos no está claro quiénes son los autores reales o intelectuales de tales hechos: puede que en algunos casos hayan sido obra de algún islamo-nacionalista radical (opción que sí existe en Turquía, incluso la de islamo-kemalista ultra) aunque en ese caso quizá sería más achacable a los círculos islamistas radicales. Algo así como si a finales de los 80 alguien atribuyera los desmanes de los Guerrilleros de Cristo Rey a Convergencia i Unió. Pero es que además, en otros casos, la autoría de los crímenes pertenece claramente a los neofascistas y ultranacionalistas laicos, o sea del bando anti-islamista; y eso no se le puede apuntar a la cuenta del gobierno de Erdoğan. Al revés: fueron maquinados por sus enemigos para socavarlo.

Pero lo peor llegó a continuación, uno de esos resbalones que pueden dejar maltrecha una carrera periodística: "¿No ha tenido que salir del país el premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk?" -se pregunta Carlos Nadal, rematando dramáticamente el párrafo.



Orhan Pamuk, reaparecido en Estambul y reutilizado una y otra vez por la prensa occidental





Bueno, bueno, bueno... Precisamente el periódico de Carlos Nadal, que es "La Vanguardia", envió a un corresponsal (Xavi Ayén) y un fotógrafo (Kim Manresa) a Estambul, no hace mucho, para realizar la oportuna entrevista al "fugado" Premio Nobel, que había reaparecido milagosamenrte en las calles de su querida ciudad tras un mes y pico de espectacular ausencia. El trabajo fue publicado, con gran despliegue de colorín fotográfico en la edición del "Magazine" de "La Vangurdia"... ¡el pasado 22 de abril! Aún está caliente el papel cuché. En la portada figuraba el mismo Orhan Pamuk, posando con sonrisa torcida ante la imprescindible mezquita de fondo. El título del reportaje: "No me escondo, vivo en Estambul". Es evidente. Y tras soltar una risita, el galardonado autor explica: "Parafraseando una broma de Mark Twain, que afirmó en una ocasión que la noticia acerca de su muerte era algo exagerada, yo les digo ahora: las noticias sobre mi exilio son un poco exageradas". Claro, en su momento no se preocupó o no le interesó desmentir los rumores, contribuyendo a sobrecargar la tensión política en su país. Pero el final la cosa ha estado bien, porque de esa forma Pamuk se ha despolitizado considerablemente, vuelve a ser un literato puro y duro, y eso es bueno para todos.

La excusa de Carlos Nadal es imaginable: él escribe que el Premio Nobel de Literatura tuvo que salir del país y eso fue lo que ocurrió, ¿no? Salir del país por un mes y pico, es salir del país, al fin y al cabo. Respuesta de Pamuk: "Fui utilizado como arma arrojadiza en medio del contencioso entre la Unión Europea y Turquía. Algunos medios deseaban un tipo de intelectual comprometido que, la verdad, yo no soy".

Claro, con un
material informativo tan exagerado, confuso y escasamente veraz como el que utiliza Carlos Nadal, no es de extrañar que la crisis turca esté tan desenfocada y los lectores se lleven un lío fenomenal. Y cuanto más revueltos están datos y apreciaciones con rumores y simples inventos, menos se atreve el resto de la grey periodística a opinar; o lo hace en base a filias y fobias, o salen por la tangente de lo que "les parece" en ese momento. No es de extrañar que haya comentaristas más o menos profesionales que digan sin rubor que todo este jaleo comenzó porque la esposa de Gül lleva pañoleta o que se crean a pies juntillas ese cuento de viejas sobre la "agenda oculta" de Erdoğan .

Por contra, en esta ocasión Juan Carlos Sanz se descolgó con una interesante iniciativa, reflejada en los reportajes de hoy, domingo 6 de mayo de 2007. Salió de Ankara y se dirigió a Konya, la ciudad santa de Turquía, equivalente local a nuestro Santiago de Compostela, donde hizo un reportaje entrevistando a
islamistas moderados y al líder local de CHP, presentado como el "partido socialdemócrata laico" (sic) y no como específicamente kemalista. Todo un avance y una sugerencia interesante para que algún día alguien se lence a fundar un partido socialdemócrata "islamista". Además, en Ankara Sanz llevó a cabo una entrevista con una abogada feminista laica (aunque olvida explicar que en Turquía hay feministas musulmanas) y un "diplomático europeo radicado en Ankara", es decir, miembro de alguna embajada. Conviene resaltar los párrafos finales de este trabajo, porque ponen de relieve con especial precisión el trasfondo de la actual crisis turca como nunca antes lo había hecho un reportaje de Juan Carlos Sanz:



El centro comercial Kanyon, en Estambul. El último símbolo de la modernidad y pujanza económica turca





Afirma la abogada Selma Acuner: "Es cierto que hay claros signos de falta de laicismo en algunos sectores del gobierno, pero no creo que el AKP pretenda imponer el uso obligatorio del pañuelo a las mujeres, ni que tenga una agenda oculta para islamizar Turquía después de hacerse con el poder. Parecen estar más concentrados en combatir la pobreza del país y en impulsar el ingreso de Turquía en la UE, aunque en el partido de Erdoğan y Gül hay un sector mucho menos liberal que ellos. Claro que en Europa también se encuentran bastantes políticos conservadores que hablan un lenguaje dominante masculino"

En cuanto al diplomático europeo radicado en Ankara: "La gran paradoja turca es que son los laicos quienes presentan hoy las actitudes más inmovilistas ante los cambios, y no quieren alterar un orden social kemalista que les ha beneficiado (...) Entre ellos surgen voces nacionalistas que critican a EEUU y a la UE como responsables de los actuales males de Turquía, al tiempo que defienden una economía más controlada por el Estado. Mientras tanto, los hechos hablan por sí solos en el campo de los islamistas moderados del AKP, que han reformado el sistema legal para homologarlo con los europeos, han abierto la puerta de la UE para Turquía y han emprendido una política de privatizaciones y de modernización de la economía".





Distintivo de las Fuerzas Armadas de la República de Turquía














“The Economist”, May 5th-May 11th 2007

Secularismo contra democracia
Se evitó un golpe militar, pero se avecinan unas elecciones anticipadas. Los problemas de Turquía se han pospuesto, no resuelto


Su primer ministro, Recep Tayyip Erdoğan, dijo que eso fue “un disparo contra la democracia”. Otros lo etiquetaron como un “e-golpe”. Llámesele como se quiera, la amenaza de intervenir contra la el gobierno islamista moderado de Turquía, posteada en la website del Estado Mayor el pasado 27 de abril lastimó a la democracia y ahondó la sima entre laicos y piadosos. Un desafiante Erdoğan llamó a elecciones generales anticipadas. Deberán tener lugar en julio, en vez de la fecha programada, el 4 de noviembre. Las encuestas de opinión sugieren que el AKP volverá a batir a sus rivales seculares.

¿Cómo responderá el Ejército a esto? Avezados observadores de la realidad turca, que alguna vez se burlaron de la posibilidad de un nuevo golpe, dicen ahora que no debería ser descartado. Algunos admiten que la Unión Europea es parcialmente culpable. Las vacilaciones de la UE sobre la candidatura turca abollaron los entusiasmos: cuando Olli Rhen, el Comisario para la Ampliación regañó al ejército por su intromisión, pocos prestaron atención.

El jaleo comenzó cuando Erdoğan designó a su primer ministro, Abdullah Gül, para reemplazar al presidente Ahmet Necdet Sezer, que concluía su mandato el 16 de mayo. Una vez Gül flirteó con el islam político; su esposa lleva una pañoleta (como el 55% de las mujeres turcas). Se supone que eso supone un peligro existencial para la república secular. Deniz Baykal, el líder del principal partido de la oposición, el Republicano del Pueblo (CHP), logró bloquear la elección de Gül en una primera ronda de voto parlamentario el 27 de abril, alegando, de forma dudosa, ante la Corte Constitucional, que faltaba quórum en el Parlamento.

Fue cosa de la Corte decidir si Baykal estaba en lo cierto. Pero los generales no tentaron la suerte. En su ultimátum, entregado antes de que los 11 jueces dieran su veredicto el 1º de mayo, el Ejército hizo una lista de ejemplos sobre cómo, supuestamente, el gobierno estaba llevando a la deriva al país hacia una teocracia islámica. Cuando más tarde la Corte dictaminó en favor de la oposición, nadie se sorprendió.

Cerca de un millón de turcos laicos se reunieron en Estambul el 29 de abril para poner en escena su segunda protesta de masas contra el gobierno en una quincena. Esto le pone difícil a Erdogan y su AKP reducir la crisis a un mero intento del Ejército por reafirmar su influencia. Cantando “no al golpe” y “no a la sharia” los manifestantes afirmaron que su estilo de vida liberal estaba amenazado. Muchos eran mujeres que decían ser las más vulnerables de todos. Algunos denunciaron intentos del AKP para crear “zonas libres de alcohol”; otros, los intentos de criminalizar el adulterio. Muchos proclamaban que un presidente, primer ministro y portavoz parlamentario era más de lo que podían soportar.

Pero ninguno fue capaz de nombrar una sola ley promovida por ese partido que amenazara de forma directa los principios seculares de la Constitución: porque de hecho no hay ninguna.

El malestar más profundo experimentado por esos “turcos blancos” urbanos y seculares está enraizado realmente en el fenómeno de las multitudinarias inmigraciones de millones de personas que llegaron a las grandes ciudades procedentes de la Anatolia rural en las pasadas décadas. Asertivamente piadosa y agresivamente emprendedora, esta nueva clase, cuyo campeón es Erdoğan, ha sido sistemáticamente sacudida del poder económico y político de la élite secular. “Los turcos blancos ven en el vecindario a una mujer con pañoleta paseando al perro [y] haciendo jogging y se les cruzan los cables”, dice Baskin Oran, un académico liberal en Ankara. Este shock puede atenuarse; con el tiempo será más difícil para los generales mutar la hostilidad secular hacia los vendedores de alfombras anatolios en paranoia sobre el islam reptante, considera.

Los laicistas también se han debilitado. El CHP, fundado por el héroe republicano de Turquía, Kemal Atatürk, ha permanecido fuera del poder durante más de una década. Hubo un tiempo en el cual el kemalismo transformó a Turquía, pero ahora ha fallado en transformarse a sí mismo, dice Oran.

Mientras el chulo Baykal no da signos de auto reprocharse nada, un ataque sin precedentes de examen de conciencia provocado por el cyber-golpe está comenzando a atenazar al AKP. Durante cuatro años y medio falló en aplacar las sospechas seculares y llegar a la oposición. El partido debería haberse percatado de que que el país no estaba listo para tener un presidente del AKP, reconoce un líder de esa formación. El jaleo actual podría haber sido evitado si Erdoğan hubiera elegido un candidato externo al partido. Ahora el primer ministro sugiere que se modifique la constitución para dejar que el pueblo elija por su cuenta al jefe del estado.

Esto podría ser un paso adelante, pero los liberales escépticos dicen que las miras de Erdogan en democracia son selectivas. “¿Dónde estaba él cuando los políticos kurdos iban a ser arrestados y golpeados y “Nokta” [una revista disidente] sufrió una redada de la policía?” pregunta uno.

La respuesta del gobierno al ultimátum del Ejército fue inusualmente crujiente. Cemil Çiçek, el ministro de Justicia, dijo que era “inaceptable” y recordó a los generales que estaban vinculados constitucionalmente a las órdenes del primer ministro y no viceversa.

Pero no es justamente el gusto del Ejército por la política lo preocupante. El general en jefe dijo recientemente que era “necesario” y hasta “útil” un ataque contra los rebeldes kurdos basados en el norte de Irak. Aunque estuvo de acuerdo en que la constitución concede al Parlamento autoridad sobre las fuerzas armadas, muchos temen que el ejército decida atacar de todas formas. “Lo están deseando”, susurra un occidental que analiza cuestiones sobre la seguridad turca. Esto podría explicar por qué la respuesta de América a la crisis política ha sido tan poco convincente. “Lo último que desean es una disputa con los militares turcos” observa un funcionario occidental. La pesadilla para América es que soldados turcos y americanos intercambien disparos en Irak. A partir de los eventos de la última semana, nada puede ser descartado.

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