Memoria selectiva para otro juicio impreciso

El acusado sonríe en algún momento, durante la vista
El pasado 29 de agosto, tuvo lugar en La Haya la segunda comparecencia de Radovan Karadzic ante el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY). Tan sólo había pasado un mes desde la primera, que tanta expectación cosechó, hasta el punto que TVE1 transmitió íntegra y en directo. Pero la del otro día pasó completamente desapercibida. Es cierto que ayudó mucho el silencio del acusado, que se negó a presentar alegato alguno por los cargos que se le imputan. Pero también lo es que ante la nueva situación de reorden internacional creada este verano por la guerra ruso-georgiana y el reconocimiento de la autodeterminación abjazia y surosetia por Rusia, el proceso contra Radovan Karadzic cobra todavía más carga política de la que tenía al comienzo.
Por si faltara algo, el proceso pronto adquirió una vertiente especialmente polémica ante las declaraciones del mismo acusado denunciando que existía un pacto de impunidad hacia su persona acordado con las autoridades norteamericanas a raíz de los acuerdos de Dayton, negociados en el otoño de 1995.
Karadzic apuntó directamente a Richard Holbrooke, el negociador especial norteamericano, el cual por aquellos meses puso en marcha los acuerdos diplomáticos que llevaron a la histórica negociación de Dayton y al final de la guerra en Bosnia. El americano, que fue un duro negociador pero siempre adoleció de calidades políticas, respondió abruptamente a las afirmaciones de Karadzic, y la disputa pronto alcanzó la categoría de patio de escuela. Holbrooke se limitó a negarlo todo y a argumentar que la denuncia del procesado era una vieja teoría sostenida por el entorno de Karadzic sin ninguna base que la sustentara. La televisión y las crónicas de prensa transmitieron el "si" del uno y el "no" del otro y poco más.
Pero ya saben que la prensa tiene la memoria de un crío de cinco años. Nadie pareció recordar (ni los medias, ni incluso, quizá, la fiscalía) la existencia de un libro publicado hace tan solo un año, que investiga el célebre acuerdo de impunidad acordado a Karadzic, aunque extiende el protagonismo a Washington, Londres y Moscú.
Por si fuera poco, la autora es nada menos que Florence Hartmann, periodista y portavoz en su día de la fiscalía del TPIY, cuando estaba dirigida por Carla Del Ponte (y por tanto en absoluto sospechosa de ser lo que en otros tiempos se denominaba una "filoserbia"). Resultará interesante si Florence, a quien conocí en Belgrado en sus tiempos de periodista, es llamada a declarar. 
Radovan Karadzic hace su entrada en la sala
Una colaboradora de la fiscal Carla Del Ponte revela que EE UU y Rusia pactaron no capturar a Karadzic
ISABEL FERRER ("El País") - La Haya - 12/09/2007
Apoyada en un título de alta carga simbólica, Paz y castigo, Florence Hartmann, periodista y antigua portavoz de la fiscalía del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia, ha escrito un libro donde asegura que Estados Unidos, Rusia y el Reino Unido han entorpecido el arresto de los máximos responsables del genocidio de Srebrenica: el líder político serbobosnio Radovan Karadzic y su jefe militar, el general Ratko Mladic. Según la autora, de los testimonios de ambos podría deducirse que las potencias occidentales no evitaron a tiempo la matanza de cerca de 8.000 varones musulmanes perpetrada en aquella ciudad bosnia en 1995. Para eludir dicha responsabilidad, tanto Washington como Moscú y Londres les habrían permitido ocultarse.
Sirviéndose de documentos y notas confidenciales manejados durante los seis años en que trabajó junto a Carla del Ponte, fiscal jefe del Tribunal (TPIY), Hartmann señala que este organismo sufre las consecuencias de la obstrucción de las mismas potencias que lo constituyeron en 1993. Del Ponte siempre ha dicho que Mladic y Karadzic estaban localizables, pero Belgrado no colaboraba lo suficiente para detenerlos. Su opinión cambió con la entrega de varios acusados de alto rango, el pasaporte necesitado por Serbia para negociar su ingreso en la UE.
Entre los pasajes más significativos del libro, editado en francés por Flammarion, figura la revelación hecha en 2000 por el entonces presidente francés, Jacques Chirac, a Del Ponte. "Que Karadzic siga libre es cosa de Rusia. Borís Yeltsin [presidente ruso hasta final de 1999] me ha dicho que Karadzic sabe demasiado de Milosevic [ex presidente serbio] y nunca permitirá que le cojan".
Chirac también le habría dicho que durante la firma de los acuerdos de Dayton, que pusieron fin a la guerra de Bosnia en 1995, se habría llegado a un pacto de caballeros con Karadzic. El mandatario galo reconocía, sin embargo, no poder probarlo. Cuando la fiscal interpeló al general estadounidense Wesley Clark, representante entonces del Pentágono, obtuvo una respuesta bien distinta. Chirac habría pactado con el líder serbobosnio a cambio de la liberación de dos pilotos franceses.
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Karadžić: el gurú que nunca calló

El "Dr. Dragan Dabić" en plena conferencia. Una vida dedicada a perorar: como siquiatra, como político y como gurú: ni en la clandestinidad se mantuvo en silencio. La captura de Radovan Karadžić ha incluido la sorpresa de su inusitado aspecto y
su dedicación a la medicina naturista y la energía PSY.
Karadžić detenido: es lógica la conmoción inicial que provocó la noticia, sobre todo por venir acompañada de los detalles freakies sobre la falsa identidad del ex estadista serbobosnio. Realmente, la cultura balcánica posee una capacidad de sorprender a los occidentales prácticamente inagotable. ¡Y todavía hay quien tilda de surrealista el contenido argumental de los films de Kusturica! Pero no: el esperpento no es un invento tan hispánico, como lo demuestra incluso la imagen valleinclanesca del "Dr. Dragan Dabić". Aunque en realidad la impostura no estaba tan lejos de la realidad en la forma de pensar original del piadoso siquiatra Radovan Karadžić. Los estereotipos populares que trazan sencillas identificaciones, suelen olvidar que Adolf Hitler era vegetariano o que determinados sectores del Partido nazi mostraron mucho interés por lo esotérico y hasta se envió una expedición al Tibet. Que varios de los líderes populistas y fascistas en los Balcanes abominaban de las ciudades como centros de pecado y recurrían a la medicina natural. Cosa que impulsó el mismo Nicolae Ceauşescu en los años 80, favoreciendo de paso a círculos de meditación trascendental.
Al hilo de esa reflexión: los centros de medicinas alternativas, esoterismos varios y energías de vaivén, tienden a devenir sectarios y no es extraño que algún iluminado logre controlar a su pequeño grupito de segudiores. Sólo hay que tener labia y un cierto carisma, y Karadžić poseía ambas. Por ende, su carácter piadoso cuadraba muy bien con la versión popular sobre las capacidades del gran héroe nacional de la ciencia en Serbia (disputado duramente por Croacia) que es Nikola Tesla
De hecho, incluso la literatura clásica sobre espionaje y misterio lleva años recurriendo a ese tipo de tinglados. ¿Quién no recuerda la academia de Esperanto descrita por Graham Greene (su director es una caricatura del mismísimo Zamenhof) que sirve de tapadera de contacto a su Agente confidencial (1939)?
Sin embargo, no deberíamos ser tan ingenuos como los seguidores del Dr. Dabić (las personalidades internacionales que se han precipitado a hacer grandes declaraciones bobas no lo son, en absoluto): cambiar de aspecto, convertirse en un gurú New Age, y largar parrafas abstrusas sobre energías captadas por la coleta, no es suficiente. En realidad, no lo es justamente por el disfraz escogido, que incluso en el variopinto Belgrado (donde todo el mundo se conoce, a pesar de ser una gran ciudad) debía llamar la atención. Un buen camuflaje requiere, ante todo, papeles creíbles: documentos de identidad falsos de buena calidad, certificados a prueba de curiosos enterados y que respalden la historia, un pasado cuidadosamente inventado y memoriazado. Sobre todo si se llama en realidad Radovan Karadžić, posee una voz característica y es uno de los fugitivos más buscados de Europa.

a primera fotografía que llegó a las redacciones tras la detención del prófugo. Al parecer, algunos seguidores consideraban que la trenza tenía por función captar energías
Por todo ello, lo más probable es lo que parece: que quien sabía sobre la verdadera identidad del Dr. Dabić, mantuvo esa carta en la manga, a buen recaudo, para jugarla en el momento más apropiado: tras el resbalón de los americanos y la UE en Kosovo, en un contexto de aperturismo comunitario hacia Serbia (con la excepción de Holanda, que no se puede perdonar a sí misma la responsabilidad de lo ocurrido en Srebrenica) y cuando el mandato Bush se acaba, no va a ganar Clinton y ya veremos qué ocure con el candidato Obama. Mientras tanto, el as Mladic (más importante y comprometedor que Karadžić) continúa escondido en la manga para la jugada final de partida. ¿Es lícito este planteamiento? En todo caso, no es ni la primera ni la última vez que se juega este tipo de partidas en los Balcanes. Ya la ganó el gobierno croata con Ante Gotovina en 2005, por poner un ejemplo cercano.
Pero lo importante es tener muy presente que con haber detenido a Karadžić ya todo está solucionado. Al contrario: justamente ahora recomienzan viejos via crucis. Si asociar naturismo con pacifismo puede resultar engañoso, es temerario suponer que una detención o una acusación bastan para probar la culpabilidad de una persona. Eso está en el orígen de numerosos linchamientos públicos, de esos que vivimos cotidianamante en nuestro propio país.
¿Quiere decir esto que Karadžić podría no ser culpable? Personalmente, creo que caben muy pocas dudas sobre la envergadura de lo que hizo y por qué. Pero ahora hay que demostrarlo mediante un juicio técnicamente bien organizado, profesional, eficaz. Al fin y al cabo lo ha dicho el mismo Serge Bremmertz, actual fiscal jefe del TPIY: la presunción de inocencia es básica para poder garantizarle un juicio justo al procesado. El que se siguió contra Milošević no tuvo esas características, y el desastre no sólo contribuyó a terminar con su vida -la del acusado más importante de la historia del Tribunal Penal Internacional- sino que liquidó la carrera de la mediática fiscal Carla Del Ponte. En abril de este mismo año, cuando ya era embajadora de la Confederación Helvética en Buenos Aires, presentó en Milán su libro: La caza. Yo y los criminales de guerra, en el que hacía importantes acusaciones contra el actual primer ministro kosovar albanés y ex líder guerrillero Hashim Thaçi.
El Ministerio de Asuntos Exteriores suizo intentó callar a Del Ponte y hubo reprimenda oficial. Pero en cualquier caso, Del Ponte recurrió al ajuste de cuentas en forma de críticas a la manera en que funcionaba el TPIY, lo que a su vez era respuesta las críticas profesionales que había generado su estrategia procesal y a las enemistades que dejó en varias ex repúblicas yugoslavas incluyendo, si, a Bosnia.
Todos estos avatares han dejado malparado al TPIY, caben pocas dudas de ello. Por eso, el previsible juicio a Radovan Karadžić será todo un desafío en el cual el Tribunal se jugará definitivamente su credibilidad; pero también, ojo, toda una forma europea de entender la justicia internacional. Por activa y por pasiva: el proceso a Karadžić será, posiblemente, un juicio paralelo al TPI y su valía real.
Y por último una consideración que es menos evidente para los especialistas que para el lector cotidiano de prensa: el mundo ha cambiado mucho desde el año 2001, cuando Milošević fue enviado al TPIY; y no digamos desde 1995, cuando el Tribunal emitió orden de captura contra Karadžić. Leerse los comentarios que dejan los lectores a pie de noticia en la prensa on-line es repasar un catálogo de "agravios-2008" del que sobresale el siguiente: ¿Cuándo le tocará a Bush ser juzgado? Claro: los atentados del 11-S, del 11-M, del 6-J, Fallujah y las granadas de fósforo blanco, Abu Ghraib, las torturas en Guantánamo (mientras usted se acuesta o desayuna por la mañana), los ¿150.000?¿650.000?¿1.2000.000? muertos en la guerra de Irak entre 2003 y 2007, los bombardeos del sur de Beirut con munición de racimo... Nada de esto había sucedido en 1995 ni en aquel 28 de junio de 2001, cuando Slobo fue empaquetado hacia La Haya y se suponía que los americanos habían logrado imponer, por fin, el tan ansiado Nuevo Orden que debería dejar clara su aplastante victoria en la Guerra Fría.

El Dr. Dabic se dispone a ingerir un refrigerio tras haber dado una conferencia en Sombor, Vojvodina, el
pasado mes de mayo"Público"
La detención de Karadzic, una nueva prueba para Europa
FRANCISCO VEIGA - 23/07/2008 00:07
Karadzic ha sido, por fin, detenido. Y una vez más, los telediarios dieron la vuelta al reloj y lograron que volviéramos a vivir en el ambiente informativo de mediados de los noventa. Como ya vamos para los tres lustros de aquellos dramáticos sucesos acaecidos en Bosnia, los jóvenes presentadores y documentalistas se han hecho pequeños líos con la presentación del personaje y sus culpas.
Karadzic detenido: qué duda cabe, es un una noticia positiva. Aunque habremos de esperar a que aquello que venga a continuación se aborde correctamente en el contexto de las actuales circunstancias. Por ejemplo, han cambiado muchas cosas desde 1995, cuando terminó la guerra de Bosnia; o incluso desde 2001, año en que Milosevic fue llevado al Tribunal Penal Internacional. Entre ellas, lo que se espera actualmente de esa corte.
La misteriosa muerte de Milosevic en su propia celda, hace dos años y medio, cuestionó la seguridad del centro de detención de Scheveningen. Pero sobre todo, puso seriamente en entredicho la estrategia procesal contra ese personaje capital, cuyo ritmo vino muy marcado por la fiscal Carla del Ponte.
Ésta dio portazo después del fiasco, y terminó denunciando la parcialidad en los juicios de los responsables de los crímenes de guerra cometidos en las diversas repúblicas de la ex Yugoslavia publicando un libro muy polémico. Los medios de comunicación taparon el asunto como pudieron, pero resulta evidente que la misma fiscal estrella de otras épocas desautorizó a la justicia-espectáculo que ella misma aplicó.
Detener a Karadzic era algo que se esperaba desde hace muchos años. Pero ahora debe ser procesado, una labor que será ardua; de paso, el proceso también debe explicar los enjuagues y acuerdos que se tejieron en torno a la guerra de Bosnia y que implicaron a estadistas europeos y norteamericanos. Además, el entorno del juicio debe ser lo más serio y consecuente posible. Si mientras tanto se toleran las muestras internacionales de simpatía por el acusado Ante Gotovina (el Mladic croata) o se deja en libertad sin cargos a inculpados bosnios o albaneses (cosa que ya ha sucedido) el juicio contra los responsables serbios terminará por volverse en contra de una Europa que necesita buenas dosis de coherencia y seriedad en el proceso de integración. No se puede estar metiendo bajo la alfombra lo que no interesa airear, porque tarde o temprano saldrá a la luz y no es una buena base para la justicia y la reconciliación.
El nuevo Gobierno serbio ha dado un paso correcto y digno, en unas circunstancias delicadas para el país, debido a la polémica “autodeterminación respaldada” de Kosovo, cuyo encaje jurídico internacional sigue sin haber sido solucionado por sus padrinos internacionales.
Ahora corresponde a Bruselas responder a las promesas y sugerencias hechas a Belgrado, mostrarse a la altura de las circunstancias, con presteza y rapidez.
Como mínimo, para evitar que el necesario proceso de reconciliación y justicia en los Balcanes occidentales no termine contribuyendo a la desestabilización de una zona cuyas heridas le corresponde curar a la Unión Europea.
No lo olvidemos: en el comienzo de las guerras de la ex Yugoslavia tuvo mucha culpa una diplomacia comunitaria que no supo atajar las cosas a tiempo. No sería mala idea crear algún día un tribunal para los estadistas irresponsables, aunque posiblemente estaría perpetuamente desbordado por el trabajo a evacuar.
Francisco Veiga es profesor de Historia de Europa Oriental y Turquía en la UAB

2008 y 1995: del camuflaje a la vegetación, ida y vuelta
Etiquetas: Bosnia, Carla del Ponte, guerras de secesión yugoslavas, Karadzic, TPIY
11-Milošević

Slobodan Milosevic llega a la prisión de Scheveningen en la noche del 28 de junio, 2001
Una superstición serbia dice que el día 28 de junio, día de San Vito (Vidovdan) suelen acaecer sucesos sorprendentes y muchas veces, infaustos. Esa fecha corresponde al día en que tuvo lugar la batalla de Kosovo Polje, en 1389, cuando los ejércitos serbios sufrieron la decisiva derrota ante las fuerzas otomanas conquistadoras de Murad I. Quizás el 11 de marzo empieza a competir con el 28 de junio, a la vista de la coincidencia entre un atentado terrorista de alcance internacional y la muerte de Slobodan Milošević, persoanlidad central en los conflictos del occidente balcánico a fines del siglo XX. Ha pasado ya un año desde ese suceso y nada nuevo parece haberse añadido a las sombrías sospechas sobre el suceso o al impacto que tuvo sobre el intento de construir una legalidad internacional centrada en Europa. A continuación se reproducen tres artículos firmados por el autor de este blog: dos de ellos publicados, el tercero sale ahora a la luz tras ser rechazado por "El País".
Muerte anunciada e inoportuna, "El Periódico", 12.03.2006
La muerte de Slobodan Milošević en su celda de La Haya fue una pesadilla anunciada para los cada vez más escasos profesionales de la jurisprudencia y la política que seguían su juicio con una mínima asiduidad. En efecto, el proceso contra el mandatario serbio era la joya de la corona de una nueva justicia internacional que ya quedó un tanto tocada cuando se permitió que Saddam Hussein fuera juzgado en Irak y no en La Haya. Además, muchos otros estadistas susceptibles de ser encausados, nunca fueron ni siquiera molestados. En el juicio de Milošević las pruebas no solían ser muy concluyentes y algunas acusaciones, como la de genocidio, resultaban indemostrables. Y sobre todo, la duración: el juicio estaba resultando larguísimo, interminable. Eso era restarle contundencia y sobre todo, propiciar que ocurriera lo que al final sucedió: la muerte del acusado.
El general Ratko Mladic. Cabe la posibilidad de que este personaje tuviera que ver en alguna medida con los sucesos que confluyeron en la muerte de Milosevic. E incluso en la de Babic
Por si todo ello no fuera suficiente, el suceso acaece a los pocos días de que Milan Babić fuera encontrado muerto en su celda, tras haber cometido suicidio. Éste reo había sido presidente de la fantasmagórica República Serbia de la Krajina, una entidad que había surgida en Croacia en los comienzos de la guerra, allá por el verano de 1991. No se entiende muy bien qué pudo inducir a Babić a suicidarse, porque de hecho terminó siendo una víctima de Milošević y estaba en La Haya para testificar en su contra. Pero el suceso recibió una muy escasa cobertura mediática: buena muestra del desinterés que genera la justicia internacional en la sociedad. Y quizá también entre los mismos responsables del juicio. ¿Cómo puede ser que logre suicidarse un prisionero en una celda de alta seguridad?¿Cómo no se controló más estrictamente la salud de Milošević, cuyos problemas cardiacos eran bien conocidos?
La dejadez, el hastío, revelan hasta qué punto el proceso contra el estadista serbio poseía un componente de espectáculo que falló desde el comienzo, cuando el mismo acusado demostró ser capaz de defenderse a sí mismo con inesperada eficacia. Y a partir de ahí, la suerte del resto de los reos serbios en el TPIY pasó a depender de complejas negociaciones sobre lo que debían o podían testificar en función de las conveniencias de la acusación contra Milošević. Muy posiblemente, la odisea de Radovan Karadžić y Ratko Mladić tuvo que ver con esto: resulta realmente muy extraño que no hayan sido capturados desde 1995 escondidos como están en países tan pequeños como Bosnia, Montenegro o Serbia, y estrechamente vigilados por los servicios de inteligencia occidentales. Precisamente, la muerte de Milošević acaece después de unos meses de tira y afloja sobre la posibilidad de que el general Mladić se entregara a la corte internacional; el último rumor desmentido, hace pocas semanas. El quid de la cuestión podría residir en que el testimonio del militar serbio, de triste memoria, no habría implicado a Milošević en la matanza de Srebrenica y otros crímenes de guerra similares. Otro gol para la acusación y un triunfo para la defensa del ex mandatario serbio, que se vería reflejado al final en una sentencia mucho más suave de la esperada.
Heather Cottin, miembro del comité norteamericano de apoyo a Milosevic, en una manifestación de apoyo al estadista ante el tribunal de La Haya. Las asociaciones internacionales que lo apoyaban solían estar integradas por militantes de la izquierda comunista radical
Explicado así, parece que la muerte de Slobodan Milošević haya sido bien oportuna. Sin que el juicio llegue a su culminación, pervivirá internacionalmente la imagen que se tenía de él en 2001, cuando fue detenido. Ciertamente que en Serbia no tardará en surgir un culto a su figura como mártir de la “injusticia internacional”. Pero eso también iba a suceder una vez fuera leída la sentencia. Y al fin y al cabo, bien poco peso internacional tiene la opinión pública serbia: que digan lo que quieran aquellos que lo llorarán, que ya son bien pocos. Pero quien piense así caerá en aquello del “pan para hoy y hambre para mañana”. Los juicios y suicidios de jerarcas nazis en Nuremberg, tras la Segunda Guerra Mundial, no son un precedente comparable, porque Alemania había quedado destruida y ocupada, y no contaba ya nada en la política internacional, ante unos vencedores unidos en el interés por erradicar el nazismo. No es el caso de los juicios contra los criminales de guerra en la ex Yugoslavia. Los procesos a estadistas han de ser preparados con una perfección técnica superior a la requerida por los reos de derecho común, porque normalmente, un ex presidente tiene recursos para defenderse que son superiores a los de un ratero o incluso un estafador. Entre otros, la posibilidad de desvelar datos muy delicados que pueden salpicar a estadistas de las grandes potencias. 
Un momento de relajación en pleno juicio ante el TPIY. Milosevic fue un político con una extrema confianza en sí mismo. No lo hizo mal como abogado, cuando actuó en su propia defensa.
Slobo: un epitafio político, "La Vanguardia", 12.03.2006
Los relatos que describen a Slobodan Milošević como una persona dotada de una enorme frialdad o una inteligencia diabólica son sólo un reflejo del sensacionalismo de ciertos medios. “Slobo” era un hombre notablemente común y corriente, parecido a los que podemos encontrar cerca de nosotros mismos, en nuestro trabajo, entre el vecindario, en el grupo de conocidos que frecuentamos habitualmente.
¿Qué fue entonces lo excepcional de Milošević, qué le proyectó de forma imparable hacia el poder? En primer lugar, una acentuada confianza en sí mismo, muy superior a la que cualquier persona tiene en sus capacidades. Eso terminaría siendo también su perdición, pues hasta el último momento creyó que lograría jugar contra el resto del mundo. Después, una desconcertante capacidad para ir combinando, según le convenía, las diferentes facetas de su personalidad. Una parte de ese componente provenía de su pasado como cargo importante en la Liga de los Comunistas de Yugoslavia: Slobo era un comunista y lo fue hasta el final. Pero a la vez, era un admirador de cierta imagen de eficacia occidental que se resumía a la perfección en los Estados Unidos. Milošević admiraba ese país, sobre todo a raíz de los viajes que hizo cuando estaba al cargo de un importante banco yugoslavo. Y eso se notó claramente durante las conversaciones de Dayton, en 1995. Por último, Slobo era además un serbio procedente de una oscura ciudad de provincias y en ocasiones también extrajo recursos de ahí, especialmente cara a los que le votaban o apoyaban en su país. La combinación de esos tres elementos de su personalidad hacían de él un político muy impredecible en su época, tanto para los extranjeros como para los mismos serbios.
Firma del Tratado de Paris, que concluyó la guerra de Bosnia, 1995. Fue uno de los momentos de mayor gloria de Milosevic, coronado como estadista internacional y personaje clave en las conversaciones de Dayton. A la derecha de Milosevic, Felipe González
Esos recursos le sirvieron para gobernar de forma autoritaria sin llegar a imponer un régimen totalitario. En efecto, Slobo no gobernó como un dictador; pura y simplemente no podía hacerlo, porque nunca dispuso de los medios para instaurar una dictadura. Entre el Ejército federal y él no existía la mutua confianza necesaria para dar un golpe conjunto o para que las fuerzas armadas colaboraran. Posiblemente se hubiera desencadenado una guerra civil entre serbios, y a eso no quería llegar nadie.
En consecuencia, Slobo hubo de echar mano de sus recursos, capacidades y un estilo propio que en parte recordaba su pasado de político formado en las conspiraciones de la Liga, pero también de su formación jurídica. En efecto, a veces gobernó como un abogado tramposo, logrando la proclamación de leyes que le convenían para forzar después su interpretación; o haciendo juegos malabares con los votos y los porcentajes. La derivación nefasta de todo ello fue su tendencia a métodos gangsteriles, como el recurso a "hombres para todo" capaces de organizar palizas o armar grupos paramilitares como los que actuaron en Bosnia. Pero nunca fue un hombre de uniformes fantasiosos, como el nacionalista Tudjman: Slobo era de traje y corbata, un líder de despacho al que no le hacía ninguna gracia visitar hospitales o provincias irredentas. Jugó a ser caudillo carismático, pero en cuanto pudo representó ese papel desde la televisión; las grandes tribunas al aire libre fueron una temprana excepción. En tal sentido, su forma de gobernar siempre estuvo hecha a base de reuniones cortas, preparadas de antemano y en las que no se discutía. Si alguien expresaba alguna disensión era convocado más tarde, a solas. El poder que ejercía Slobo no se ayudaba con ruidosas oficinas, activos grupos de trabajo y equipos de consejeros.
Corbata y americana bajo el calor: el célebre discurso de Milosevic en Gazimestan, Kosovo, 28 de junio de 1989
En realidad, nada de esto era tan específico de Milošević; tampoco estaba enraizado en la forma serbia de concebir la política, si es que existe tal cosa. En toda Europa del Este, a lo largo de la primera mitad del siglo XX, se sucedieron regímenes políticos similares al de Slobo, que algunos historiadores denominan "de democracia vigilada" o "congelación de la democracia". El parlamento continuaba funcionando, pero los partidos representaban cada vez menos a los ciudadanos, éstos veían sus derechos restringidos; la prensa seguía siendo independiente pero recibía duros golpes, el presidente o proto-dictador se imponía mediante subterfugios legales y políticos y, ocasionalmente, la fuerza bruta. Tal ocurrió en la Hungría o la Polonia del periodo de entreguerras.
Colección de sellos conmemorativos relativos al sindicato polaco Solidaridad. Los motivos religiosos hicieron causa común con las reivinidcaciones obreras y todo ello articuló la recuperación de un nacionalismo agresivamente anticomunista del que surgieron los actuales gemelos Kaczynski
Más cercanas en el tiempo, son las comparaciones entre el lenguaje político utilizado o instrumentalizado por Milosevic y el de su misma época. A mediados de los 80, los brotes de nacionalismo en Europa oriental -con toda la carga de "peligrosidad" que se le daba desde Occidente- tenían ya unos cuantos años. Se puede decir que todo comenzó de forma muy clara y explosiva con el nacionalismo de raíz católica reactivado en torno al sindicato Solidaridad en Polonia desde 1980. Procesiones con popes o el dramático periplo de los restos del príncipe Lazar que se vivieron en Serbia en la segunda mitad de esa misma época, tuvieron de hecho su precedente y equivalente en las emotivas misas y confesiones públicas celebradas en los astilleros de Gdansk, las peregrinaciones al santuario de Częstochowa o el delirio colectivo provocado por la visita del Papa Karol Wojtyla en junio de 1979. Los medios de comunicación occidentales se extasiaron ante la resurrección de la catolicidad anticomunista, símbolo eterno del nacionalismo polaco, y se mofaron de la ortodoxia balcánica convertida en bandera del nuevo nacionalismo serbio (y rumano o búlgaro). Pero en realidad formaban parte de un mismo discurso político.
Cuando en la primavera de 1987 Slobo dio su célebre discurso en Kosovo, las cosas habían evolucionado mucho en todo el Este. Por aquella época, recién comenzada la "perestroika" en la Unión Soviética, el desencanto con los regímenes comunistas estaba ampliamente extendido en toda la mitad oriental de Europa, entremezclado con las crisis económicas que se vivían en varios de ellos. En consecuencia, algunos líderes comunistas recurrieron a resucitar antiguas o nuevas consignas nacionalistas buscando movilizar a la ciudadanía o, al menos, un respaldo popular a las necesarias reformas que solían tener mucho de impopular. Desde occidente ese renacimiento del nacionalismo en el Este fue calificado de forma positiva o negativa según las circunstancias o las conveniencias, como había ocurrido con el nacionalismo de base católica a comienzos de los ochenta.
El dirigente comunista húngaro Imre Pozsgay recurrió al nacionalismo para reactivar el entusiasmo popular por el partido comunista, más o menos por la misma época en que Milosevic hacía lo mismo. Pozsgay agitó la situación de la minoría magiar en Transilvania y Milosevic la de los serbios en Kosovo.
En definitiva, Slobo no era un hombre tan alejado de su época ni de su contexto cultural; tampoco era ajeno al ambiente social en el que vivió y creció durante los primeros años de su carrera. Parece ser que incluso se sentía cómodo en el arrabal de bloques que era Novi Beograd, donde vivió nada más llegar a la capital.
Por lo tanto, el epitafio político y personal de Slobodan Milošević podría ser el siguiente: gobernó a la última Yugoslavia como si fuera una gran potencia internacional. Con la audacia, arrogancia y brutalidad con que los grandes estadistas manejan sus grandes estados todopoderosos. Pero resultó algo así como conducir un pequeño SEAT (o Zastava) 600 en los grandes circuitos de carreras, con aspiraciones a que hiciera el papel de un fórmula 1. Aún así, obtuvo resultados más allá de lo que cabría esperar. Pero fue perdiendo piezas por el camino y el desastre final, para Serbia, y para sí mismo, fue de considerables proporciones.
Una de las fotos más originales de Milosevic y en cierta manera, también una de las más representativas
La última pirueta del supervillano, rechazado por "El País"
El fallecimiento de Slobodan Milošević en su celda de la prisión de Scheveningen y el abrupto final del juicio que se seguía contra él en el Tribunal penal internacional de La Haya, han sido casi unánimemente calificados en la prensa europea como de serio inconveniente para lo que debería haber sido una nueva justicia internacional erigida sobre las ruinas del mundo bipolar de la Guerra Fría. Al margen de que el juicio estuviera mal o bien planteado, es innegable que las cosas en la prisión de Scheveningen no funcionaban como es debido. No resulta fácil justificar lo que parece flagrante negligencia que llevó al suicidio de dos detenidos: primero el de Slavko Dokmanović, y ahora, el de Milan Babić , pocos días antes de que falleciera Milošević, detalle revelador que se ha metido bajo la alfombra en una buena parte de los periódicos occidentales. Lo llamativo del caso Babić es que no se entienda la lógica que subyace al suceso, dado que terminó siendo una víctima de Milošević y como tal iba a declarar en contra de su antiguo protector. Pero la ingesta de medicinas no controladas por el ex presidente serbo-yugoslavo no puede disimularse fácilmente como rocambolesco complot por parte del fallecido: el asunto central es que, al parecer, nadie detectó la entrada de tales medicamentos en una prisión de alta seguridad, ni su ingesta reiterada por parte del reo más importante.

Milan Babic: los periódicos españoles, y entre ells "El País", pasaron de largo sobre su suicidio en la prisión de Scheveningen. Posiblemente, consideraron que no resultaba significativo el hecho de que tuviera lugar pocos días antes de la muerte de Milosevic. O quizá pensaron lo contrario.
Por lo tanto, intentar justificar moralmente que de una forma u otra, Milošević es el culpable de lo ocurrido, antes de saber lo que realmente ocurrió, viene a ser postura de beata colocando moralinas, lo cual, como mínimo, resulta poco útil para analizar lo sucedido y sus consecuencias reales. Aplaudir la pena de muerte por intercesión divina no es sino una forma de añorar su aplicación terrenal, sin tener el valor de pedirla. O sea: es ponerse a la altura de Milošević o de algunos de sus adversarios en las repúblicas vecinas, que sí la aplicaron. El tiempo dirá si el mandatario serbio estaba en situación física de planear rocambolescas fugas en la mejor tradición cinematográfica del género, lo cual tampoco disculparía en absoluto la relajada seguridad de la cárcel holandesa. Pero lo cierto es que su fallecimiento, incluso por las causas más naturales que imaginarse puedan, es una mala noticia para Europa, y así lo ha comentado la gran mayoría de la prensa del continente. Porque el Tribunal Internacional de La Haya es una institución de factura básicamente europea, y el varapalo que ha recibido no deja de ser un golpe más al prestigio de las instituciones continentales, en una época en la que éstas vienen siendo muy cuestionadas. El efecto negativo de lo ocurrido en Scheveningen se amplifica, si cabe, por el hecho de que desde Europa se ha criticado –y con razón- la formaen que más allá de nuestras costas se hace justicia en la lucha contra el terrorismo internacional. Por estos pagos, no podemos caer en tales errores; y mucho menos, intentar disimularlos con disculpas que a veces rondan la frivolidad o que traen ecos de un tipo de “complot balcánico” al que Milošević y los suyos eran tan aficionados.

Los expertos en jurisprudencia fueron muy críticos con Carla del Ponte y su estrategia en el proceso a Milosevic. Puede que su larga duración tuviera una influencia decisiva en el fallecimiento del reo, físicamente debilitado. Pero desde luego, la fiscal no supo prever que esa posibilidad pudiera tener lugar, lo que constituyó un golpe demoledor al intento de poner en marcha una justicia internacional. Y aún así, no dimitió: sigue siendo una de las escasas figuras del grupo inicial de juristas que continúa actuando en los procesos del TPIY
En cuanto a éste, ya ni siquiera es tema para juristas: ha pasado definitivamente al dominio de la historiografía. Y desde ese punto de vista es posible analizar la responsabilidad del sensacionalismo mediático y político en la agudización de un problema político. Podría denominársele la “teoría del supervillano”: al exagerar tanto la maldad de un determinado estadista, al marcar las tintas sobrepasando incluso las líneas editoriales y convertirlo en esperpento, la figura del supervillano se hace increíble para una parte importante del público consumidor. Ese efecto paradójico marcó casi toda la vida política de Milošević, e incluso las circunstancias de su muerte. Pero también parece haber tenido una gran responsabilidad en lo mal llevado que fue el juicio, con una fiscalía que se obcecó en probar infructuosamente la acusación por genocidio y en generar un monumental precedente histórico que se prolongó durante cuatro años. Milošević tuvo la habilidad de utilizar a su favor la desmesura del juicio, hasta el punto de que el pasado mes de diciembre él mismo rechazó la separación del proceso sobre Kosovo que hubiera supuesto una rápida sentencia en firme sobre una parte del total. El resultado es que, como señalan los expertos internacionales cercanos al TPI, el reo ha muerto sin poder probar su culpabilidad. Algo, que lógicamente, ha sentado muy mal a sus víctimas.
Una viñeta francesa, ciertamente grosera, pero muy descriptiva de lo que supuso la muerte de Milosevic para el TPIY
Por lo tanto y ahora que los únicos jueces de Milošević serán los historiadores, se impone desechar las consignas y recuperar cierto rigor en el análisis. Hace días, y tras equivocarse reiteradamente en la fecha en la cual Milošević viajó a Kosovo por primera vez, iniciando así su estrategia de apoyarse en el emergente nacionalismo serbio, un académico escribió en esta misma sección que era una “candorosa superstición” suponer que “desde 1986” –en realidad 1987- Milošević buscaba preservar el estado yugoslavo. ¿Todavía nos manejamos con artículos de fe? Han pasado casi veinte años: el dato se tiene o no se tiene, no es una cuestión de creencias o supersticiones. En definitiva, está fuera de lugar que sigamos luchando en guerras del pasado para justificar las torpezas del presente. Ya no podremos utilizar a Milošević para tapar el desastre que ha sido la justicia internacional; ni tampoco para echarle las culpas sobre la parálisis política, institucional y económica de Bosnia y Kosovo. Occidente ha de asumir su importante cuota de culpa en lo sucedido, sobre todo para enmendar los errores y construir un futuro viable para los afectados.
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Srebrenica: la manipulación de una tragedia (1)

La presidenta de la Corte Internacional de Justicia, Rosalyn Higgins, leyendo la sentencia sobre la culpabilidad de Serbia en las masacres acaecidas durante la guerra de Bosnia: 26 de febrero, 20007
La onda de choque de la noticia duró un par de días. Y dado que la noticia era más bien breve, hemos pagado esos dos euros por leer la música del mismo disco rayado de siempre. La noticia, venía a decir lo siguiente (extraída aquí del boletín de la BBC): “La Corte Internacional de Justicia (CIJ), el máximo tribunal de Naciones Unidas, dictaminó este lunes que Serbia no es responsable por las muertes de 200 mil personas durante la guerra con Bosnia, en la década de los '90”. Y continuaba: “Sin embargo, el alto tribunal señaló que Serbia violó la ley internacional al no prevenir la masacre de Srebrenica, en 1995”.
Esta fue la esencia de la carga informativa de la noticia sobre la que se estuvo debatiendo estos últimos días. Para el autor de este blog significó conceder dos entrevistas, una al informativo de RN1, y otra a Canal 4. En líneas generales, los medios españoles le dieron una cobertura desproporcionada, que expresaba la pervivencia de las pasiones que despertó en su momento la guerra de Bosnia. La denuncia, interpuesta por las autoridades de Sarajevo en 1993, cuando el conflicto estaba en su apogeo, no era sino una forma de hacer la guerra recurriendo a todos los medios propagandísticos y jurídicos posibles. La sentencia se hizo esperar (14 años) y su resultado era muy previsible teniendo en cuenta que (según el mismo boletín citado de la BBC): “El juicio trataba el primer caso donde un Estado -y no sus líderes gubernamentales o militares- es acusado de genocidio”.
¿Qué significa juzgar un estado pero “no a sus líderes gubernamentales o militares”? ¿Qué definición nos queda de “estado” si hacemos abstracción de sus líderes? Según el Diccionario de la Real Academía, “estado” es el “conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano”. Es decir, entidades que sin un liderazgo político no significan gran cosa. Por lo tanto, parece que toda esta cuestión del juicio fue aceptado por el CIJ en un momento de pasiones desatadas, allá por 1993, cuando Bosnia era presentada por la propaganda de guerra como un estado “agredido” por otro llamado Serbia y quedó más o menos dormido durante casi tres lustros hasta que ahora, flop, aterrizó en las agencias de prensa en un día de finales de febrero de 2007.
En realidad, si nos tomamos un momento para pensar fríamente, todo el juicio, y la sentencia que lo corona, parecen formar parte de una jugada política que pone muy entredicho la independencia del CIJ. Y si no es así, si todo es fruto de la casualidad, mal asunto también, porque emitir la sentencia en estos días, precisamente ahora, deja muy mal el sentido de la oportunidad política del CIJ.

Ahtisaari y Tadic reunidos en Belgrado para discutir el estatuto de Kosovo. No parece casual que después de tantos años, haya sido elegido este momento para dictar la sentencia del CIJ
Veamos: en primer lugar, la sentencia se emite justamente en medio de todo el tira y afloja –protagonizado por la ONU, precisamente- en torno al Plan Athisaari sobre Kosovo. Se están ejerciendo presiones sobre Belgrado para que el gobierno en funciones acepte el plan (tras haber elegido el momento con cuidado, inmediatamente después las elecciones) y la sentencia es todo un guiño. “Serbia” ha sido exculpada de lo sucedido en Bosnia. Ergo no tendrá que pagar reparaciones de guerra (algo que interesa mucho en esta oleada de “disculpas históricas” que vivimos) . Ergo, si los serbios se portan bien, la “comunidad internacional” le facilitará las cosas. Ahí va una muestra.
Segundo mensaje incluido en la sentencia. Existe el temor de que los serbios de Bosnia den el mismo paso que los albaneses de Kosovo en su día: independizarse unilateralmente. La maniobra tendría su lógica, porque la Republika Srpska hizo una guerra precisamente para eso, para separarse de Bosnia. Y los albaneses de Kosovo hicieron otra guerra para independizarse de Serbia. Pero en un caso las grandes potencias e instancias internacionales no reconocieron ese derecho e instaron a los pueblos en liza a convivir juntos (Bosnia) mientras que en el otro si lo aprobaron y ahora se muestran dispuestos a aceptar la soberanía de los secesionistas (Kosovo). Las decisiones de conveniencia política para salir del paso fueron una constante en las mediaciones e intervenciones internacionales en las guerras de Bosnia y el resultado fue un grotesco monumento al doble rasero, de una década de duración:
a.- Eslovenia y Croacia: las grandes potencias reconocieron su derecho a la independencia “porque no podían convivir” con los serbios y otras naciones de la ex Yugoslavia.
b.- Bosnia: debió permanecer unida –siendo un estado sin apenas background histórico como entidad independiente y soberana- en nombre de la “convivencia interértnica”. El resultado, surgido de los Acuerdos de Dayton y la paz de Paris (1995) fue una “mini Yugoslavia” gobernada en nombre de la “clave (kljuć) interétnica” de los tiempos de Tito.
c.- Kosovo: Se volvió al planteamiento de 1991: serbios y albaneses “no podían permanecer” unidos y por lo tanto, el único camino era reconocer la secesión albanesa, siendo esta nacionalidad la vencedora y los serbios, los perdedores (otra innovación con respecto a la guerra de Bosnia, donde no hubo vencedores ni vencidos). d.- Macedonia: Retorno al esquema del estado unitario pluriétnico (los albaneses debieron acomodarse a la convivencia con la mayoría macedonia eslava) sin vencederes ni vencidos
Por lo tanto, y en vistas a prevenir que los serbios de Bosnia reclamen para sí lo que se le ha permitido (y aplaudido) a los albaneses, un toque de atención: el CIJ consideró que "no puede establecerse que la masacre de Srebrenica haya sido cometida por órganos dependientes" de la entonces vecina República Federal de Yugoslavia, pero eso deja en suspenso que “alguien” la cometió, esto es, la Republika Srpska.
Tropas del Ejército de Bosnia-Hercegovina se preparan para acudir a Irak. Un pequeño contingente sirve en el país árabe junto con tropas norteamericanas. Agrupa soldados de la Republika Srpska y de la Federación Croato-Musulmana. A pesar de estos gestos simbólicos existe preocupación ante la posibilidad de que los serbios de Bosnia proclamen su soberanía
Así pues, doble mensaje en un momento muy oportuno. O eso parece, a todas luces. Y de esa forma, maniobra política, más que sentencia jurídica. Recordemos que el CIJ admitió a trámite, en su día, la denuncia de las autoridades de Sarajevo contra Serbia. Pero en cambio, años más tarde, no admitió la denuncia de Belgrado contra la OTAN por el bombardeo de 1999, ciertamente al margen de la legalidad internacional.
Eso en lo que respecta a la letra gruesa de la sentencia. En letra pequeña hay otros contenidos. Por ejemplo (cita de “La Vanguardia”): “El máximo tribunal de las Naciones Unidas consideró en cambio que Belgrado violó la Convención contra el Genocidio de 1948 al no haber actuado para prevenir la masacre, ni castigar a sus culpables, y le reclamó que entregue al ex militar serbobosnio Ratko Mladić al Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (TPIY).” Y concluye el rotativo barcelonés: “Esta es la primera ocasión en que la CIJ se pronuncia sobre un caso basado en la Convención de Prevención de Genocidio”.
Por lo tanto, reaparece una vez más la masacre de Srebrenica, utilizada como palanca política. Hay que reconocer que uno de los peores homenajes que se les puede hacer a las víctimas de aquella carnicería es su continua presencia en ese mercadeo que se originó ya en el verano de 1995, recién acecidos los hechos. Algunas fechas: la caída del enclave en manos serbias tuvo lugar el 11 de julio. Ese mismo día, una columna de entre 10 a 15.000 hombres, compuesta por combatientes bosniacos (musulmanes bosnios) pertenecientes a la 28ª división de la Armija (junto con civiles en edad militar, autoridades políticas del enclave, personal del hospital y familias) que defendía el enclave, intentó escapar hacia el noroeste, a través de las líneas serbias, hacia territorio amigo en la ciudad de Tuzla. Ese grupo cayó en dos importantes emboscadas de las fuerzas de seguridad serbias (días 13 y 14). Aparte de las cuantiosas bajas producidas por esas acciones, entre los días 13 y 16, unidades del Ejército de la Republika Srpska y de las fuerzas de seguridad de esa entidad y también del Ejército yugoslavo (Serbia y Montenegro) llevaron a cabo ejecuciones de prisioneros bosniacos.
Mapa con los principales acontecimientos que rodearon la caída del enclave de Srebrenica en manos de las tropas serbobosnias, 9-11 de julio de 1995. Se puede ampliar con el puntero. Fuente:
Wikipedia
Pues bien, nada se publicó hasta que el 9 de agosto (24 días después de las últimas masacres), la emisaria del presidente Clinton ante las Naciones Unidas, Madeleine Albright, denunció ante el Consejo de Seguridad de la ONU que las tropas serbobosnias del Cuerpo del Drina, habían llevado a cabo matanzas en la zona de Srebrenica. Para ello se basó en un par de fotografías tomadas por aviones espía U-2 norteamericanos en las que se mostraba una zona de terreno removida por excavadoras, en lo que parecía ser una fosa común. En un conocido artículo de la época, publicado por un medio tan serio como el “The New York Review of Books” y firmado por Charles Lane y Thom Shanker (“Bosnia: What the CIA Didn't Tell Us”, 9 de mayo, 1996) se explica cómo la Albright insistió personalmente para que un encargado de los archivos fotográficos de Langley, sede central de la CIA, buscara y rebuscara hasta encontrar fotos que probaran las atrocidades. Al parecer, el empleado de la agencia de inteligencia pasó toda una noche sin dormir hasta que logró encontrar dos fotos de U-2, una tomada antes y otra después de la caída de Srebrenica en manos serbias.
¿Por qué Madeleine Albright tenía tanta prisa por aparecer en la ONU con las fotografías? Estaba previsto que ese mismo día 9 de agosto de 1995, se condenaran en el Consejo de Seguridad los abusos y masacres que estaban cometiendo los croatas en su ofensiva contra la Krajina, que había comenzado cinco días antes. De la dureza del ataque croata son prueba los 200.000 serbios expulsados de la región en menos de 72 horas, 14.000 civiles asesinados y el 73% de los domicilios serbios quemados y destruidos. En contraste con lo ocurrido en Srebrenica, cascos azules de la ONU fueron capturados y hasta eliminados por las tropas croatas. También a diferencia de lo sucedido en Srebenica, las fuerzas croatas fueron activamente ayudadas por la más moderna tecnología militar occidental: el primer día de la ofensiva, aviones norteamericanos de la OTAN destruyeron los sistemas serbios de radar y sus defensas antiaéreas; además, aparatos EA-6B de guerra electrónica, patrullaron por toda la zona impidiendo las comunicaciones serbias. Y desde luego, las unidades croatas de la Guardia que participaron en la ofensiva, habían sido entrenadas a fondo por instructores norteamericanos y alemanes en los meses precedentes. Por lo tanto, un clavo sacó a otro clavo: la publicación de lo ocurrido en Srebrenica por Madeleine Albright, sirvió para desviar a vía muerta los nutridos pecados croatas.

La célebre fotografía aérea que Madeleine Albright presentó en la ONU el 9 de agosto de 1995
Desde entonces, Srebrenica se ha convertido un “símbolo interesado”, un instrumento de presión y a veces, como en un juego de magia, de ocultación. En el otoño de 2005, la veterana pacifista y activista de izquierdas Diana Johnstone (que se destacó en los 60 contra la Guerra de Vietnam) publicó un artículo que levantó gran escándalo entre los círculos de lo políticamente correcto, pero fue profusamente publicado por la prensa alternativa: “Using War as an Excuse for More War: Srebrenica Revisited”. Se llegó a decir que Johnstone “negaba” la masacre de Srebrenica, pero sólo es necesario leer el artículo para descubrir que la autora busca, sobre todo, llamar la atención sobre las consecuencias, en profundidad, de la forma bajo la que se trata lo acaecido en Srebrenica.
“La explotación política de Srebrenica –afirma Diana Johnstone- ha convertido la Guerra de Bosnia en una pantomima moral entre el puro bien y la pura maldad, una versión de los acontecimientos que los serbios nunca aceptarán realmente y los musulmanes no desean dejar de lado. Esto es un obstáculo en el camino de la investigación imparcial y el análisis histórico serio. La reconciliación es de hecho descartada por la insistencia moralista en que se debe hacer una cruda distinción entre “agresor” y “víctima”.

Diana Johnstone, en una foto reciente
La sentencia del CIJ conserva esa filosofía, cuando establece, por ejemplo, que “Serbia violó la ley internacional al no prevenir la masacre de Srebrenica, en 1995”. La sentencia da por sentado que Belgrado sabía lo que iba a ocurrir en el enclave o, al menos, que iba a caer en manos de las tropas de Mladić. Para muchos bosniacos, la sentencia ha sido una gran decepción, corroborando lo que argumenta Diana Johnstone. "La sentencia deja el triste mensaje de que la violencia es rentable" –afirma en una entrevista a “El País” el escritor y periodista bosnio Emir Suljagić (edición del 27 de febrero) que se presenta como superviviente de Srebrenica. Cree que Serbia es culpable y en esa idea hacen causa común muchos diarios occidentales, que cuando les conviene acatan las decisiones de los tribunales internacionales, y cuando no se acomodan a sus líneas editoriales, las torean, contribuyendo a dar la sensación de que, en el fondo, la justicia internacional no es tomada muy en serio. Pues bien, como periodista de un medio tan crítico con el poder del SDA como es la revista “Dani”, Suljagić seguramente recuerda aquella célebre entrevista –que aún campa por internet- que concedió Ibran Mustafić, fundador del SDA en Srebrenica y diputado en el Parlamento Federal (de la ex Yugoslavia) y en el bosnio. Él también sobrevivió a la caída del enclave, pero conservó íntegro el sentimiento de rabia que embargó aquellos días a muhcos moradores de Srebrenica: los civiles y políticos contra el gobierno de Sarajevo; los militares, contra el 2º Cuerpo de Ejército con sede en Tuzla. En este caso, porque las fuerzas bosniacas externas al enclave, no hicieron prácticamente nada por salvar a los que lograron escapar, o para aliviar la presión militar serbia sobre el enclave. Y los demás, todos en realidad porque sospechaban lo que Mustafić acabó afirmando en su entrevista: “La presidencia y el Alto Mando [de la Armija] sacrificaron Srebrenica”. La pieza fue publicada en “Slobodna Bosna” de Sarajevo el 14 de julio de 1996. Etiquetas: Albright, Corte Internacional de Justicia CIJ, Mladic, Republika Srpska, Srebrenica, TPIY
NOTA: Hombres violentos
Gendarmes antidisturbios rumanos integrados en la fuerza de la ONU hacen prácticas wn Kosovo. Fotografía publicada por el diario rumano "Adevǎrul" el pasado 14 de febrero. Al parecer, los gendarmes rumanos fueron atacados a pedradas por los albaneses en ocasiones anteriores
El seguimiento del plan Ahtisaari en Kosovo está siendo de todo menos tranquilo. Si en las manifestaciones del sábado día 10 organizadas por el movimiento Vetëvendosja se produjeron 80 heridos y dos muertos (víctimas de las heridas sufridas) ayer tuvo lugar un atentado con explosivos contra vehículos de la ONU en Pristina. De momento, nadie ha revindicado la acción terrorista, pero está claro que se enmarca en las denuncias contra la supuesta brutalidad de la policía especial de la ONU integrada por agentes antidisturbios ucranianos y rumanos ("Koha Ditore", 13 de febrero, 2007). Es de señalar, junto con el lógico protagonismo de Albin Kurti, líder de Vetëvendosje!- la activa presencia de Adem Demaçi, que parece haber convertido en profesión su muy veterana militancia como disidente albanés en tiempos de Tito. El que en su día fue Premio Sajarov del Parlamento Europeo lleva ya años apuntándose a la contra de cualquier iniciativa mayoritaria en su Kosovo natal. Mientras tanto, sigue sin explicarse el hecho de que durante la guerra de Kosovo, permaneciera en la región, en paradero conocido por las fuerzas de seguridad serbias sin que nadie le tocara un pelo. Como anécdota complementaria sobre la personalidad de este contradictorio personaje, en ocasiones intentaba cobrar las entrevistas que concedía a los periodistas extranjeros.Mientras tanto, el montenegrino "Vijesti" publicaba el pasado día 17 que había muerto en accidente automovilístico Kujtim Berisha, uno de los principales testigos de cargo contra Ramush Haradinaj, antiguo comandante de la guerrilla del UÇK, y posteriormente, primer ministro kosovar durante un corto periodo de tiempo (3 de diciembre 2004-marzo de 2005), además de líder de la Alianza para el Futuro de Kosovo o AAK (Aleanca për Ardhmërinë e Kosovës). El juicio contra este personaje comenzará en el TPIY de La Haya el próximo 5 de marzo, acusado de practicar la limpieza étnica y las represalias contra civiles serbios, diversas poblaciones minoratarias y albaneses "desleales", sobre todo en torno a Pec y Decani (1998). En total, 37 cargos por crímenes de guerra, emitidos en febrero de 2005. El testimonio del gitano Kujtim Berisha se refería al presunto asesinato de dos de sus familaires a manos de los hombres de Haradinaj en la localidad de Reznici, en agosto de ese año. La importancia de Berisha radicaba en que era uno de los muy escasos testigos que la fiscalía había podido conseguir contra Rasmush Haradinaj, un problema del cual se ha quejado en numerosas ocasiones Carla del Ponte. Aunque el accidente pudo haber sido casual (la biografía de Haradinaj en Wikipedia, claramente parcial, señala que el conductor montenegrino estaba bebido), la policía de la república ex yugoslava investiga activamente el caso. Tanto la prensa kosovar como la serbia han comentado en ocasiones que las víctimas de algunos asesinatos inexplicados en Kosovo podrían ser precisamente testigos protegidos de la acusación contra Haradinaj. Etiquetas: Carla del Ponte, Demaçi, Haradinaj, Kosovo, Kurti, plan de Ahtisaari, TPIY
Srebrenica y algo más (artículo rechazado por "El País", 1º de julio 2005)
¿Qué significó Srebrenica? Han pasado diez años y la respuesta sigue sin estar clara. Para todos aquellos que se quedaron con el recuerdo de aquel trágico suceso, en julio de 1995, poco ha cambiado. Las tropas serbio bosnias del general Mladic cometieron “la peor masacre acaecida en Europa desde la Segunda Guerra Mundial”. La frase se repitió miles de veces, como un mantra, hasta quedar convertida en una verdad. Pero no fue exactamente así: no hace falta tener conocimientos especializados en historia de Europa para recordar que, como mínimo, hubo dos casos parecidos en el medio siglo transcurrido entre 1945 y 1995.
De todas formas, lo ocurrido en Srebrenica no necesita de comparaciones pedantes. Fue horroroso en sí mismo. Tampoco es tan importante establecer si fueron tantos o cuantos los muertos. Los croatas también hicieron de las suyas durante su guerra de independencia, en la misma guerra de Bosnia y durante las ofensivas de ese mismo verano en Eslavonia occidental y la Krajina. Ahí está el caso del general Ante Gotovina, que ha paralizado el acceso de Croacia a la UE y por el cual el gobierno norteamericano ofrece una recompensa de 5 millones de dólares. Los líderes de los musulmanes bosnios también recurrieron en muchas ocasiones a los métodos de sus enemigos. En abril de 1994, el entonces presidente Alija Izetbegovic reconoció la existencia de campos de concentración en los cuales civiles serbios eran retenidos ilegalmente. La información salió a relucir en el proceso de Milosevic y la publicó el diario “Dani” de Sarajevo hace un par de años. También hubo 2.000 desparecidos en Sarajevo. Y el general Mladic le tenía una especial inquina a Srebrenica porque desde el enclave, las milicias musulmanas lanzaron varias incursiones en las que destruyeron diversas aldeas serbias del entorno. El comandante militar de Srebrenica, el bosnio musulmán Nasir Oric –antiguo guardaespaldas de Milosevic- está siendo juzgado en La Haya en un proceso que hasta los testigos más desapasionados describen como “desganado”. El acusado se limita a decir que no sabía nada de lo que hacían sus hombres: ni de las incursiones, ni de las destrucciones, ni de las torturas de detenidos, que también las hubo.
De cualquier forma, la masacre de Srebrenica resume todos los excesos cometidos en las guerras de la ex Yugoslavia, incluyendo las de Croacia, Bosnia y Kosovo. Pero hay algo más: es el símbolo de una pesadilla europea. Durante los años de la Guerra Fría, se terminó por asumir que la contienda nunca debería tener lugar en el Viejo Continente. Soviéticos y americanos podrían pelearse directa o indirectamente en Asia o el Caribe, en África o América Central, pero no en Europa. Nunca importó demasiado la factura humana que se pagó en Corea, Vietnam, Namibia o Afganistán: al fin y al cabo eran guerras de telediario en los hogares occidentales. Por eso, cuando cayó el Muro de Berlín y con él todo el telón de Acero y la Guerra Fría llegó a su fin, fue bien audible el suspiro de alivio en la civilizada Europa. De ahí el profundo espanto que generó ya la primera guerra de Yugoslavia, aquella especie de opereta a que dio lugar la independencia de Eslovenia en el verano de 1991. Después siguió el horror en Croacia y el infierno de Bosnia: la desintegración de la Unión Soviética no significó el triunfo del Bien sobre el Mal; en realidad, el aflojamiento de la tensión bipolar trajo de la mano el resurgimiento de los peores fantasmas europeos surgidos de las profundidades más lóbregas. Srebrenica fue el final de ese camino: una matanza cometida cuando la guerra de Bosnia estaba terminando, cuando los planes de paz ya estaban elaborados. Una masacre generada por el deseo de venganza del general Mladic, al que las milicias de Nasir Oric le habían arrasado la hacienda familiar en una de sus incursiones. Varios miles de muertos que se les habían ido de las manos a las grandes potencias, como en otras muchas ocasiones.
Porque Srebrenica fue también producto del doble lenguaje, de la diplomacia oculta, de la pusilanimidad. En realidad, el comienzo del camino tuvo lugar en el verano de 1991, cuando el entonces Secretario de Estado norteamericano, James Baker, viajó a Yugoslavia poco antes de que se desataran las primeras crisis bélicas, en Eslovenia y Croacia. Con un conocimiento muy superficial de lo que estaba ocurriendo y quién era quién, reiteró públicamente la decisión de no reconocer la independencia de los secesionistas, apoyó los intentos de reforma del gobierno federal y a tres días de las proclamaciones de independencia eslovena y croata, se tragó la promesa hipócrita de los líderes secesionistas en el sentido de evitar toda acción unilateral susceptible de envenenar aún más la crisis. Por otra parte, desautorizó el uso de la fuerza por parte de Belgrado para prevenir las declaraciones de independencia. En realidad no fue sino la primera ocasión en que las potencias occidentales se dedicaron a lanzar mensajes contradictorios a las partes en litigio, una práctica nefasta que no era nueva en la historia de los Balcanes, pero que se iba a repetir como un vicio a lo largo de la siguiente década, antes de cada una de las crisis que sacudieron los restos de la desmembrada Yugoslavia.
Casi cuatro años justos más tarde, los norteamericanos, ya bajo la presidencia de Clinton, habían puesto en marcha un plan de paz que implicaba simplificar el muy complejo mapa de los frentes de guerra en Bosnia. Existen numerosos indicios de que las tropas serbias de Bosnia recibieron luz verde de las potencias occidentales en general y de los norteamericanos en particular para eliminar los enclaves musulmanes situados al este de la república. Por eso las autoridades de Sarajevo evacuaron a Nasir Oric con antelación, para evitar que cayera en manos de los serbios. Dejaron al enclave sin mando, porque ya sabían lo que iba a ocurrir. Lo que nadie esperaba fue la matanza que siguió.
Por lo tanto, Srebrenica contiene también el pecado de ser el símbolo imperfecto: seis mil muertos, quizá más, quizá menos, víctimas de una compleja maraña de cálculos fallidos, rencores poco gloriosos e hipocresías varias. Una matanza en vía muerta, que no obedeció a ninguna cruel utilidad estratégica, quizá la más absurda de todas las cometidas en Bosnia. Pero sobre todo, un acontecimiento que se aísla y se encorseta en el perpetuo doble rasero al que una y otra vez nos aferramos los occidentales para disimular la muy notable falta de ideas y soluciones, para esconder pudorosamente nuestro propio y soberbio nacionalismo ¿Por qué Faluya no puede ser considerada la nueva versión de Vukovar o Srebrenica?¿Por qué los campos de concentración en Bosnia han de ser peores que Guatánamo o Abu Ghraib?
Etiquetas: Abu Ghraib, Baker, Faluya, Gotovina, Guantánamo, Izetbegovic, Krajina, Mladic, Oric, Srebrenica, TPIY, Vukovar
Un poco de luz sobre la sombría Srebrenica ("El Mundo", 3 de julio, 2005)
Ocurrió hace una década, por estas mismas fechas: las tropas serbias de Bosnia, dirigidas por el general Ratko Mladic tomaron el enclave bosnio musulmán de Srebrenica y ejecutaron a un crecido número de prisioneros y civiles. No fue la peor matanza cometida en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, tópico repetido hasta la saciedad en la prensa occidental, como si fuera un mantra: ya en 1956, por ejemplo, tuvo lugar una importante masacre cuando las tropas soviéticas entraron a sangre y fuego en Hungría. Pero ocurre que la historia de esa insurrección es un asunto que todavía hoy genera polémica entre los mismos húngaros y quizás eso contribuye a dejarla de lado en la comparación. Con el tiempo, podría ocurrir algo similar con Srebrenica, a pesar de que eso parezca hoy en día imposible. Pero lo cierto es que esa masacre en la que todo parece estar en blanco sobre negro, encierra diversos asuntos polémicos que llevan mucho tiempo metidos bajo la alfombra de lo políticamente correcto y que por las trazas y actitudes de muchos medios de comunicación, parece que seguirá siendo así quizá durante otra década.
A cinco años vista, Srebrenica se ha convertido en una de las piedras de toque de la acusación contra Milosevic. Si pudiera demostrarse que tuvo alguna forma de responsabilidad en la carnicería, sería acusado de genocidio, a lo que contribuiría la redefinición a la baja del concepto efectuada en el mismo tribunal –reduciendo el número de víctimas necesarias para tipificar el caso- y que permitió que, en su día, las matanzas de Srebrenica fueran las únicas legalmente establecidas como “genocidio” durante la guerra de Bosnia. La reciente aparición de unos descarnados vídeos en los que se puede apreciar cómo agentes de la policía especial serbia ejecutan a detenidos musulmanes ha generado un gran impacto mediático y político en la misma Serbia, dando a entender que algo se está moviendo allí, aunque la prensa occidental ha dejado de lado que la pieza probatoria fue conseguida por Natasa Kandic, la célebre luchadora por los derechos humanos en Serbia.
No queda muy claro por qué el protagonismo de Kandic ha sido ninguneado. Quizá para tapar la muy cuestionable eficacia de la acusación en el juicio que se sigue contra Milosevic en el TPI de La Haya. Porque además, el revuelo de los vídeos oculta también que desde hace dos años se debate sobre un documento oficial que demuestra la participación de unidades del Ministerio del Interior de Serbia en las masacres de Srebrenica. El problema está en que al parecer actuaba bajo mando directo del coronel Ljubomir Borovcanin, jefe de las unidades de la policía especial serbobosnia, sin que Milosevic tuviera control alguno sobre el asunto. Claro que tampoco tal extremo ha quedado absolutamente establecido, dado que Budimir Babovic, ex jefe de la oficina de Interpol yugoslava, elaboró un informe que intentaba demostrar la responsabilidad de Milosevic en el control de esa unidades. Eso ocurrió ya en 2003, y no queda claro por qué no ha sido utilizado tal material o no ha sido considerado de valor probatorio.
Por lo tanto, el hecho de que ahora hayan salido a la luz los impactantes vídeos de las ejecuciones podría estar conectado con la entrega de Ratko Mladic o Radovan Karadzic al TPI y ello a su vez en relación con el caso de Ante Gotovina en Croacia, relacionado todo ello a su vez con las dificultades que se presentan para las negociaciones del proceso de ampliación de la UE hacia los Balcanes... Pero si políticamente la aparición de las cintas de video ha tenido un efecto saludable, desde el punto de vista estrictamente procesal puede que no sean de gran utilidad; en parte porque por sí mismas no parecen demostrar la implicación directa de Milosevic en las masacres.
Otra cosa diferente es considerar si éste sabía o no lo que estaba ocurriendo en Srebrenica. A eso puede responderse afirmativamente, casi con total seguridad. Y también al hecho de que el mandatario serbio conoció con antelación los preparativos del ataque. El problema es que, al parecer, no fue el único: la eliminación del enclave de Srebrenica parecía formar parte del plan global norteamericano para simplificar el complejo mapa de frentes que había trazado la guerra de Bosnia en 1995 e iniciar conversaciones de paz. Así lo expresó claramente Sandy Vershbow, uno de los asesores del presidente Clinton, en una entrevista a la célebre periodista británica Laura Silber, autora del mejor libro sobre las guerras de la ex Yugoslavia y una celebrada serie de reportajes televisivos sobre el mismo tema, editados por la BBC. También lo menciona David Rhode en su voluminoso y ya clásico libro sobre Srebrenica, el cual se entrevistó con fuentes de la inteligencia americana. O Tim Judah, otro celebrado periodista británico que utiliza como fuente un documentado artículo sobre la actuación de la CIA en Bosnia.
Por lo tanto, parece quedar bastante claro que al menos los norteamericanos sabían lo que iba a ocurrir y dieron luz verde al ataque. Según el mediador británico lord Owen, fue todo el Grupo de Contacto el que accedió a que los serbios de Bosnia tomaran los enclaves de Srebrenica y Zepa. Lo que no esperaban era que tuviera lugar la matanza que, en efecto, acaeció. Hace algunos años, el escritor austriaco Peter Handke se preguntaba en un célebre y polémico libro, qué razón de ser había tenido la masacre de Srebrenica. No la negaba: inquiría por las razones de una acción brutal que no parecía tener lógica. La cuestión no era tan baladí, porque pocos días después de Srebrenica también cayó en manos serbobosnias el enclave de Zepa y allí no se produjeron ejecuciones como las vividas escasos kilómetros más al norte. Ahora ya se conoce la respuesta. A lo largo del otoño e invierno de 1992, las milicias bosnio musulmanas de Srebrenica lanzaron numerosos ataques contra las aldeas serbias limítrofes, concluyendo en el más duro, durante las navidades ortodoxas, en enero de 1993. Precisamente por estas acciones está siendo – muy desganadamente- juzgado en el TPI el que fue comandante de las fuerzas musulmanas en el enclave, Nasir Oric. Al parecer, en una de esas incursiones destruyeron la hacienda familiar de los Mladic en la aldea de Visnice.
Así que las matanzas de Srebrenica parecen haber sido producto de una venganza o al menos de la decisión personal de Mladic. No poseían aparente utilidad estratégica, como la limpieza étnica, que causaba enormes problemas al enemigo; y por ende, complicaba todavía más la búsqueda de una salida negociada al conflicto bosnio que favoreciera a los serbios. Por otra parte, hasta el momento nadie ha sabido responder qué ventaja política o personal habría sacado Milosevic de la carnicería.
Por supuesto, la explicación no es exculpación; pero el ninguneo de este tipo de informaciones no contribuye a buscar soluciones ni evitar futuras repeticiones de este tipo de tragedias. Por ejemplo, sería lamentable que el recuerdo de la tragedia de Srbrenica quedara asociada tan sólo al juicio de Milosevic. Hay demasiadas preguntas sin respuesta como para que la muerte de varios miles de personas se quede sólo en eso. En Belgrado, parte de los altos mandos de las fuerzas armadas serbo-montenegrinas en 1995, por ejemplo, pudieron haber conocido el destino que le esperaba a Srebrenica. Mladic mantenía contactos fluidos con el ministro de Defensa federal y con el alto mando yugoslavo, personificado en el general Momcilo Perisic: si, el mismo Perisic que se enfrentó a Milosevic durante las grandes manifestaciones de 1996 en Belgrado, el mismo que fue descubierto con las manos en la masa mientras espiaba para la CIA en 2002, ya como viceprimer ministro. Los militares del ex Ejército Popular Yugoslavo nunca fueron entusiastas de Milosevic y de hecho, los espectaculares atentados contra el entorno más comprometido con el mandatario serbio en los últimos años del régimen (“Tref”, “Bazda”, “Kundak”, Bulatovic, “Zica” Petrovic, el mismo “Arkan”) pudieron haber sido obra de la inteligencia militar de acuerdo con algunos de sus colegas occidentales. Por lo tanto, colgarle la responsabilidad de lo ocurrido en Srebrenica a Milosevic podría tener la utilidad de desviar la atención sobre otros responsables más directamente implicados con los que, en su momento se llegó a acuerdos comprometidos. Si realmente llega a entregarse, el juicio a Mladic logrará despejar muchas dudas al respecto... o enterrar definitivamente las peliagudas implicaciones de lo que ocurrió en aquel verano de 1995, en Srebrenica, convirtiendo para siempre esa tragedia en floridas y sentidas efemérides a cargo de las oportunas firmas orgánicas de turno.
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11-Srebrenica
El año pasado, entre el 3 y el 11 de julio, “El País” publicó una verdadera catarata de artículos de opinión referidos al décimo aniversario de la denominada masacre de Srebrenica. Hubo de todo: una especie de desgarro-reportaje de Juan Goytisolo con Hermann Tertsch como telonero, dos columnas más del germánico reportero referidas al mismo tema, una de Lluís Bassets (¿o fueron un par?) y dos editoriales, dos; además, varios reportajes de Ramón Lobo desde el lugar de la tragedia y más allá, sin ahorrar columnas, a lo grande. Pero toda esa pirotecnia se limitaba a esconder que, tras una década, aún no sabemos el por qué de lo ocurrido aquellos trágicos días de verano en la Bosnia oriental. El año pasado, todos los exaltados corifeos de opinión, en ese periódico pero también en los demás se limitaron a repetir por activa y por pasiva lo de siempre, lo que se ha leído una y otra vez como un mantra interminable a lo largo de diez años: que la de Srebrenica fue la peor masacre desde la Segunda Guerra Mundial (en Europa, claro), que los “cascos azules” holandeses fracasaron lamentablemente a la hora de proteger a los habitantes del enclave, que es una vergüenza que Radovan Karadžić y el general Ratko Mladić sigan el libertad...
Y ahora, si tienen tiempo o les apetece, revisen todo ese aluvión de papel y tinta. Comprobarán ustedes y por sí mismos, que en casi ninguno de ellos (y son páginas y páginas rubricadas por “enterados y expertos”) se encuentra ni la más mínima referencia a una de las preguntas principales: ¿Por qué tuvo lugar la matanza de Srebrenica?
Se insiste en la pregunta porque es esencial, y por alguna razón (o por varias) muy pocos en Occidente tienen interés en responderla. Verán: el próximo 25 de julio se conmemorará el aniversario de la caída de Žepa, el segundo enclave de Bosnia oriental en manos de las tropas serbo bosnias del general Ratko Mladić. Pues bueno: allí no hubo matanzas, no se produjeron ejecuciones. Desapareció el comandante Avdo Palić, jefe militar del enclave, y según todos los indicios, fue asesinado por los asaltantes serbios tras ser detenido y aislado durante meses. Pero no hubo masacre, la población fue enviada a territorio bosnio musulmán, sin más. ¿Por qué?¿Por qué en Srebrenica sí y en Žepa no?
Por supuesto, el 25 de julio de 2005, ni “El País” ni ningún otro periódico español (incluso occidental) dijeron media palabra sobre el asunto. Y ahora, hace pocos días, ese periódico publicó en un rinconcito que Naser Orić, el comandante de la unidad que defendió Srebrenica había sido condenado a una muy leve pena por el Tribunal Penal internacional de La Haya. Como ya había pasado dos años en prisión, salió en libertad. Tras el irregular fallecimiento de Milošević en prisión y el suicidio de Milan Babić en su celda, pocos días antes –otro asunto del que los periódicos españoles huyen como de la peste- el relajado juicio de Orić es otro clavo en la credibilidad de los procesos seguidos por el TPI en relación a las guerras de la ex Yugoslavia. Quizás usted, lector, crea que, al fin y al cabo, todo está claro y más que transparente. Si es así, ¿podría explicarse a sí mismo (cuanto menos) por qué Radovan Karadžić y Ratko Mladić aún no han sido detenidos y no han sido juzgados en La Haya? Si aún así se encoge de hombros no se queje si mañana o pasado, quizá por cuarta vez, lee que el general Mladić ha estado a punto de entregarse, una vez más, pero al final, siempre había algo que lo impedía. Algo que nunca sabemos qué es.
Estos días se cumplen 11 años de la caída de Srebrenica y el trágico final de muchos de sus habitantes. No es la efemérides habitual y tampoco resulta políticamente correcta; pero quizá puede ser un poco más esclarecedora. Como contribución inicial, dos artículos acompañan a este post. Uno fue publicado por “El Mundo”. El otro, tras una mes y medio de espera en la sección de opinión de “El País”, fue rechazado “porque había cola”.
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