sábado, diciembre 19, 2009

Katyn: recordar la tragedia, olvidar el film [Katyn: remember the tragedy, forget the movie]






















El film “Katyn”, de Andrzej Wajda ha sido, para mí, una obra decepcionante. Seguramente lo mismo opinan una buena parte de los espectadores españoles, dado que el film permaneció muy poco tiempo en cartelera. Y es que la película tiene varios problemas que lo señalan como una obra de decadencia dentro de la filmografía del director polaco. En primer lugar, la narración está mal construida, no mantiene el interés del espectador y se hace aburrida. En buena medida, ello es porque protagonismo de los militares prisioneros y el de sus familias está mal repartido a lo largo del guión. Pero sobre todo, el film tiene un tono patriotero que afecta al realismo de los personajes. Wajda siempre había sido un buen constructor de caracteres, con interesantes matices sicológicos que pesaban más que las ideologías. Quizás el ejemplo más claro se encuentra en aquella “Cenizas y diamantes”, de 1959, en que tanto el dirigente comunista como el guerrillero nacionalista expresaban una fatiga, un cansancio de la guerra y del enfrentamiento que hicieron del film una obra maestra.

En “Katyn” no queda casi nada de aquello. Es una obra puesta al servicio del moderno nacionalismo polaco, pensada para ser estrenada precisamente en 2009, aniversario de 1939, especialmente enfocado desde Varsovia como una celebración anti rusa, más que anti alemana. Por lo tanto, su calidad de film patriótico y propagandístico aplasta la sicología de los personajes, casi todos muy rígidos o esquemáticos. Y ese es un rasgo de “Katyn” que afecta incluso aquellos caracteres más acordes con el nuevo viraje ideológico de Wajda: así, el joven combatiente clandestino de la Armia Krajowa que aparece en “Katyn” es un joven atolondrado y más bien banal, que poco tiene que ver con aquel Maciek que interpretaba Zbigniew Cybulski, de “Cenizas y diamantes” (hace justamente medio siglo, otra efemérides) que llegó a ser conocido como el “James Dean del Este”.

En cuanto a la intencionalidad política de “Katyn” sólo cabe esperar que mejore la calidad de los miles de films pendientes sobre asuntos de condolencias históricas, esperando a ver si dentro de seis años, en 2015, algún director japonés dirige algún film-efeméride similar sobre el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, con la misma intencionalidad de buscar la disculpa histórica de los culpables, en este caso los estadounidenses.






















The film "Katyn" from Andrzej Wajda has been, for me, a disappointing movie. Surely a good portion of Spanish public should felt the same, since the film spent very little time in cinemas. In fact, the movie has several problems that indicate a decline in work of Polish director's filmography. First, the narrative is poorly constructed: fails to hold audience interest and becomes boring. Maybe that happens because the script badly divides the role of military prisoners and their families. But mostly, the film has a patriotic background that affects the realism of the characters. Wajda has always been a good character builder, with interesting psychological nuances that weighed more than ideologies. Perhaps the clearest example lies in that "Ashes and Diamonds", 1959, in which both the Communist leader and the nationalist fighter, expressed weariness of war and confrontation; and it just made that film a masterpiece.

In "Katyn" almost nothing remains of it. It is a work in the service of Polish present-day nationalism, just intended to be released in year 2009, the anniversary of 1939, particularly focused from Warsaw as a celebration of anti-Russian, rather than anti-German feelings. Therefore, as a patriotic and propagandistic film, it crushes the psychology of the characters, almost all very rigid or schematic. And that is a feature of "Katyn" affecting even those characters more in line with the new ideological shift of Wajda: thus, the young fighter from the clandestine Armia Krajowa that appears in "Katyn" is a reckless and rather banal young , that has little to do with that Maciek who played Zbigniew Cybulski in "Ashes and Diamonds" (just half a century ago, another anniversary) which became known as the "James Dean of the East".

As for the political purposes of "Katyn" one would want a clear improvement in the quality of the thousands of outstanding films on historical condolences, waiting to see if, within six years, in 2015, a Japanese director made a movie -as commemoration of the nuclear bombings of Hiroshima and Nagasaki, with the same intention of seeking the historic apology for the guilty, in this case the Americans.

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viernes, octubre 26, 2007

Destinos de Estambul

















Desde el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) me sugieren que en este blog se anuncie la serie de conferencias y actos culturales programados en torno a la ciudad de Estambul, lo cual a su vez forma parte de un ciclo sobre grandes ciudades de Oriente Próximo. Por supuesto, merece la pena que los lectores y amigos estén informados de este evento, tanto por las interesantes personalidades que participarán en él, como por el pequeño ciclo cinematográfico que lo acompaña. Una excelente ocasión para entender la que, para muchos, es ciudad de ciudades.

Destinos de Estambul

CCCB, 3-6 de noviembre de 2007

Estambul es, junto con Atenas y Roma, uno de los tres grandes centros históricos y culturales del Mediterráneo. Sustituida por Ankara como capital turca desde el inicio del período kemalista, durante les últimas décadas ha experimentado transformaciones importantes. Por un lado ha surgido un gran interés por los pasados cristiano y otomano, así como por los diferentes pueblos y culturas que han confluido y confluyen en la ciudad. Asimismo, el fin de la URSS y de los regímenes comunistas de los Balcanes ha traído nuevas conexiones comerciales y marítimas con el Mar Negro y más allá. Finalmente, mientras que una parte de la intelectualidad turca ha intentado recuperar Estambul como un modelo de cosmopolitismo y tolerancia, la inmigración masiva desde la Anatolia rural ha cambiado el carácter de buena parte de la ciudad y la ha convertido en el centro de las nuevas fuerzas islamistas.

En este debate (el quinto de la serie sobre ciudades de Oriente Próximo), se presentan un conjunto de visiones sobre el papel de Estambul en la Turquía actual y en Europa. Intervienen investigadores y escritores turcos y armenios, y las sesiones se acompañan con la proyección de películas y documentales sobre la ciudad. El objetivo de estas jornadas es constituir un foro de debate donde se cuestionen los estereotipos del pasado y se analicen los retos de la ciudad contemporánea.

Fred Halliday







Sábado, 3 de noviembre

19 h PROYECCIONES

Hrant Dink: a Video of Conversations, Nouritza Matossian, 2007, 14’, VOSC

Con la presencia de la autora, que presentará la pieza y responderá las preguntas de los asistentes.

Hrant Dink era un periodista turco de origen armenio, activista en favor de la reconciliación entre los dos países. En enero de 2007 fue asesinado mientras volvía a casa. Esta pieza fue preparada por la escritora Nouritza Matossian con motivo de un homenaje póstumo.

Crossing the bridge, Fatih Akın, 2005, 90’, VOSE

Quien no conoce la música de un lugar, no lo conoce realmente. Con esta premisa, el bajista alemán Alexander Hacke realiza un viaje por la diversidad musical de Estambul, bajo la atenta mirada de la cámara de Fatih Akın, director del filme.


Domingo, 4 de noviembre

19 h PROYECCIÓN

Mozart in Turkey, Mick Csáky, 2003, 88’, VOSE

El realizador británico Mick Csáky filma en el palacio de Topkapi de Estambul la obra de Mozart El rapto en el serrallo. Escrita desde el punto de vista de un occidental que no pisó nunca Turquía, la ópera se representa por primera vez en el escenario original, en una película que nos muestra también el proceso mismo de la filmación.




















Lunes, 5 de noviembre

19 h DEBATE: «Istanbul: cosmopolitismo y nuevos retos sociales».
Presentación: Josep Ramoneda, director del CCCB.

Ponentes:

Ayhan Aktar, profesor de Sociología de la Universidad Bilgi de Estambul.
«Estambul 1870-1970: de ciudad portuaria y cosmopolita a megalópolis».

Soli Özel, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Bilgi de Estambul y director de la edición turca de Foreign Policy.
«La posición estratégica de Estambul después del colapso de la Unión Soviética».

Umut Özkırımlı, politólogo y director de Estudios Turcogriegos de la Universidad Bilgi de Estambul.
«Estambul: una historia de dos ciudades. Los turcos blancos y los turcos negros».

Moderador: Fred Halliday, profesor de Relaciones Internacionales de la London School of Economics y profesor visitante del Instituto Barcelona de Estudios Internacionales (IBEI).


21.30 h PROYECCIÓN

Uzak, Nuri Bilge Ceylan, 2002, 110’, VOSE.

La película explica la historia de Yusuf, un joven que deja el campo para buscar una vida mejor en Estambul, donde convivirá con su primo Mahmut. Galardonada con el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 2003.


Martes, 6 de noviembre

19 h DEBATE: «Explosión urbana y cultural de una ciudad caleidoscopio».

Ponentes:

Murat Belge, profesor de Literatura Comparada de la Universidad Bilgi de Estambul y activista por los derechos humanos.
«Estambul, capital de tres imperios».

Nouritza Matossian, escritora armenia.
«El papel de la comunidad armenia en Estambul».

Moderador: Francisco Veiga, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona y autor de El turco (Debate, 2006).


Organiza:
Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona

Colabora:
"El País"

Información:
Hay servicio de traducción simultánea al catalán

Entrada gratuita a todas las sesiones, aforo limitado
Todas las proyecciones serán en formato vídeo

Las sesiones tienen lugar en el CCCB: Auditorio (proyecciones) y Mirador (debates)
Montalegre, 5 - 08001 Barcelona
93 306 41 00 /
http://www.cccb.org/


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sábado, agosto 04, 2007

I Wanna Be Like Osama (1)















Cartel del vodevil: "Yihad: el musical", estrenado el pasado 1º de agosto en Edimburgo. De momento, y que se sepa, sin incidentes


La música es pegadiza, no lo duden: se escucha un par de veces, y luego aparece y reaparece por la cabeza a lo largo del día: “I-Wanna…Be Like Osama…!” Supongo que es la melodía central de: "Jihad: The Musical" que se estrenó el 1º de agosto en el Edinburgh Fringe Festival, obra de la compañía neoyorkina Silk Circle Productions. La obra es una pieza clásica del vodevil anglosajón, que en su forma más simple puede ser utilizado para amenizar los finales de curso de instituciones académicas y educativas o incluso algún congreso, como los que describe David Lodge en su magistral novela: El mundo es un pañuelo (Small World, 1984). La historia que nos ocupa, esto es: "Yihad: el musical", cuenta cómo un ambiciosillo campesino afgano llamado Sayid al-Boom (un nombre que no necesita comentarios) sueña en llegar a ser un exitoso cultivador de adormidera. Pero una misteriosa mujer envelada le propone trabajar para una no menos intrigante compañía que exporta las amapolas a Occidente. El campesino pronto descubre que en realidad intenta captarle una organización terrorista musulmana que pretende atentar contra el supremo objetivo: “A Very Prestigious Landmark”.

Sin embargo, una siniestra reportera norteamericana llamada Foxy Redstate (otro nombre que no disimula complicadas alusiones) descubre el complot y pretende que Sayid le mantenga al corriente para obtener así el scoop, la gran exclusiva soñada por cualquier reportero que se precie. La recta y mandona hermana del afgano (Shazzia) acude al rescate ayudada por un francés, el profesor Jacques, de la Sorbona (!) aunque la decisión de Sayid queda pendiente hasta el último momento, otro elemento típico y tópico de la narrativa anglosajona.



El actor Sorab Wadia interpreta en la obra al reclutador y terrorista Hussein al-Mansur, que con un inglés de acento recortado y un espantoso traje de raya diplomática canta: "I Wanna be Like Osama". Obsérvense el coro de féminas de riguroso burka, armadas con lanzagranadas y ametralladoras de cartón








Los autores, argumentan que Yihad: el musical es “a madcap gallop through the wacky world of international terrorism; one that puts the powers that be in their place, and that invokes the Blitz spirit that we must laugh at those who seek to intimidate us. Stand back! This is a high-kicking chorus line!”. Resulta evidente que no estamos ante ninguna obra maestra de la dramaturgia universal. Yihad: el musical es una pieza que derrocha sal gruesa, argumento facilón y estilo voluntariamente zafio e infantil. Formalmente es cutre y salchichera, parece cosa de aficionados y está producida con cuatro céntimos. Pero de eso se trata, precisamente. El piano que acompaña la pieza “I Wanna Be Like Osama” es, en efecto, un aderezo indispensable del estilo cabaretero que los británicos tanto gustan de corear bebiéndose unas buenas pintas. Y, en efecto, si que recuerda mucho el fondo y la forma de aquellas obritas que ayudaban a mantener la moral británica en 1940 cuando llovían las bombas alemanas sobre la isla (la Batalla de Inglaterra o Blitz a que hace referencia la reseña).

Ante esta voluntaria provocación, los bienpensantes se han infligido aparatosos desgarros de vestimenta, llanto y crujir de dientes. Según la nota de Efe que reprodujeron fielmente “La Vanguardia” y “El País” sin quitar una coma, “ya hay algunos que, antes del estreno, se han levantado contra lo inapropiado de que este musical se estrene en Escocia, escenario hace un mes de un atentado fallido contra el aeropuerto de Glasgow, y en un país como el Reino Unido, que sigue en estado grave de amenaza terrorista. En la página web del 10 de Downing Street, residencia del Primer Ministro británico, varios ciudadanos piden a su inquilino, Gordon Brown, que "condene este retrato de mal gusto del terrorismo y sus víctimas".

Tiene gracia ese “algunos”, seguido más abajo del “varios ciudadanos”. ¿Cuántos son exactamente, qué peso social, intelectual, político e incluso moral tienen “algunos” que envían sus mails a las página web del gobierno británico o que se enzarzan en discusiones paletas entre ellos mismos, en los foros de las ediciones on-line de los periódicos, bien escudados tras los respectivos alias?. Hubiera estado bien leer las protestas de esos tipos en 1942, cuando se estrenó “
To Be or Not to Be” de Ernst Lubitsch, que incluía mucha broma sobre la ocupación alemana de Polonia, los campos de concentración y, cómo no, el mismísimo Adolf Hitler. O contra Chaplin en “El gran dictador”.




Fotograma de "Ser o no ser" (1942), la celebrada sátira de Lubitsch contra el nazismo




Y es que Yihad: el musical es una obra que intenta ridiculizar al enemigo. Podemos discutir (y así se hará) sobre la entidad real de ese adversario; pero existe como tal, porque así se ha definido por sí mismo a través de los discursos y proclamas editados en internet o divulgados por todo el mundo a través de las cadenas de televisión (nunca, y es un detalle interesante, a través de la prensa escrita). Por lo tanto, un grupo de comediantes, tiene todo el derecho del mundo a montar una obrita de tres al cuarto en la que intentan ridiculizar al enemigo y con ello, desdramatizar la amenaza. El hecho de que haya participado algún judío no tiene por qué ser motivo de especial escándalo, y menos aún teniendo en cuenta que en el reparto haya actores como Daniella Rabbani, italo-americana, o Sorab Wadia (que es quien canta “I Wanna Be Like Osama”, nacido en Bombay, India (y no judío, como argumentaba, con gran indignación un comentario a pie de vídeo en You Tube).

¿Constituye el vodevil una falta de respeto explícito para con las víctimas? No parece que tenga mucha lógica el argumento de que atacar al verdugo suponga burlarse de aquellos que lo han padecido. Si fuera así, “La vida es bella” (1997), dirigida e interpretada por Roberto Benigni, habría recibido duras críticas de la comunidad judía, cosa que no fue así, por acercarse con humor a la tragedia del Holocausto. De forma más precisa, denunciar "Yihad: el Musical" como inapropiado podría equipararse a haberlo hecho con varias de las comedias de Monty Python en los años ochenta, comenzando con la divertida caricatura de los “movimientos de liberación” tan al uso por entonces, en “La vida de Bryan” (1979).


















Bryan crucificado por haberse metido en los líos políticos del "Frente de Liberación de Judea", en el cáustico film de Monty Python

Pero quizá, en tal caso, y si es así, la afrenta de ridiculizar al terrorismo de Al Qaeda no sólo iría dirigida contra las víctimas del 11-S, del 11-M o del 7-J, sino también los miles de personas inocentes que mueren continuamente en Irak ante la casi total indiferencia universal. Ya saben: mujeres, niños, ancianos, atrapados entre la fracasada política de intervención angloamericana y la ineficacia criminal de las bombas extremistas de la insurgencia y de los supuestos aliados de Al Qaeda. Y algo similar podría decirse de las víctimas en Afganistán, también hombres, mujeres, niños, ancianos, todos civiles e inocentes, que son uno de los resultados colaterales de seis años de “intervención humanitaria”, liderada por una OTAN que nadie sabe ya para qué sirve, aparte de ayudar a reinventar una imposible guerra fría con Rusia.

Claro, aquí hay un problema añadido: ¿Es el vodevil de Silk Circle Productions un ataque contra el islam? Algunos pequeños miserables se regocijaban en los foros de que la obra atacara a los musulmanes. En realidad, “Yihad: el Musical” va dirigida contra el fanatismo de una organización terrorista, no contra el islam. De ahí precisamente este post: la sátira no tiene nada que ver con, “Borat”, por ejemplo, que fue acremente reseñada en este mismo blog, hace algunos meses. El “chorus line” de Silk Circle Productions no ataca a ninguna colectividad social o nacional de una forma tan gratuita, como lo hacía el film de Sacha Baron Cohen. De la misma forma, el vodevil angloamericano que se estrenó en Edimburgo tampoco tiene relación con las caricaturas contra Mahoma publicadas en septiembre de 2005 por el diario danés “Jyllands Postem” y que tan virulento rechazo cosecharon en el mundo musulmán. En aquella ocasión se atacó a un símbolo religioso universal identificando de paso a islam con terrorismo. Eso fue, ni más ni menos, que una notoria demostración del creciente racismo y la intolerancia que están creciendo en Europa. Para los nazis, cualquier judío del mundo era eso, antes que ciudadano de su nación. El ser judío era una calidad “cosmopolita” (entendido el adjetivo de forma despectiva) debido a su base “racial” y por ello, jamás se definiría como alemán, francés, ruso lo que fuera: siempre sería, antes y ante todo, judío.












El "Jyllands-Posten", venerable diario danés (1781) que, en 2005 no dudó en explotar a fondo la "comercialización de la libertad de expresión" a base de unas caricaturas islamofóbicas, expresión del auge de la opinión ultra y racista en Europa. Aún hoy, la edición on line del diario sólo permite a los abonados el acceso a las caricaturas, aunque éstas pueden ser vistas a través de Wikipedia. De otra parte, el periódico acapara en su propio país duras controversias sobre sus opiniones en relación a temas como la inmigración. Y según "Media Guardian" en su edición del 6 de febrero de 2006, el "Jyllands-Posten" rechazó publicar caricaturas sobre Jesucristo en abril de 2003 con el pretexto de que podrían herir la sensibilidad del lector danés.



Actualmente asistimos a la reactivación de esa misma mentalidad racista, fomentada incluso desde medios de comunicación presuntamente progresistas. Un sirio, un egipcio, un iraquí, un paquistaní o un afgano, son simplemente y ante todo “musulmanes” para miles de cristianos bienpensantes del Viejo Continente. Seguramente, a toda esa gente les resulta imposible concebir que el Holocausto o el genocidio de Ruanda fueron perpetrados por cristianos. ¿Qué opinarían si un periódico no blanco ni europeo publicara una caricatura en la que Cristo se identificara con el fascismo, el nazismo o el simple racismo?¿Acaso los viejos antisemitas del siglo XIX no se esforzaron por “demostrar” que Jesucristo no había sido judío sino ario?

De otra parte, “Yihad: el musical” aporta su granito de arena contra la prepotente y zorruna prensa occidental y sus pretensiones de “libertad de expresión” cuando le conviene, lo que muchas veces se traduce en el objetivo de lograr una mejor venta de la propia mercancía informativa. El nombre de la periodista norteamericana que pretende manipular a Sayid no tiene desperdicio: “Foxy Redstate”. Si, desde luego que hace referencia a cierto canal de televisión; y a alguna que otra profesión menos correcta políticamente. Habrá que visionar la obra para comprobar qué papel juega el profesor francés que quiere salvar a Sayid; quizá se haya introducido alguna modificación de última hora que recuerde la forma en que Sarko se dedica a hacer “intervencionimso humanitrario” a costa de vender misiles antitanque Milan a Gadafi (por valor de 168 millones de euros) y pactar la construcción de una central nuclear en Libia, con el pretexto de haber contribuido a la liberación de las enfermeras búlgaras.
















Sarkozy acompaña a Gadafi durante la reciente visita de presidente francés a Libia. El dictador exhibe un look próximo al de los disfraces de Michael Jackson



Por lo tanto, amigos, ya lo saben: sobran los motivos. Dejen atrás los miedos y prejuicios, no se queden encogidos en una esquina cagándose en los zapatos. En el mejor de los casos y aunque sea en una microscópica proporción, contribuirán a la paz mundial. Vean y escuchen el videoclip, dejense llevar por la pegadiza tonadilla, pongan su mejor voz cazallosa para hacer el coro y entonen: “I-Wanna…Be Like Osama!!” (La letra, a pie del video)






Letra de la canción por gentileza de Jauhara al Kafirah, que vive en Infidelphia y se define en su blog como "THE Najiest Kuffar in all of Dar el Harb!"

I Wanna Be Like Osama!

I wanna be like Osama
I wanna bomb a path to fame across the earth!
I know people may abhor me, but by God they won’t
ignore me
When the CIA determines what I’m worth.
I will delegate the killing to the malleable and willing
But be sure to have top billing when the news gets
around,
Please make me like Osama B.
I’ll be Islamically renowned!

I wanna be like Osama
I want aplomb, allure and flair that can convince!
If I hadn’t been so rowdy, they’d have let me stay in
Saudi,
But I couldn’t play the big leagues as a prince.
So I film eloquent reminders that the Yanks have yet to
find us,
Though we’re happy to attack them on home ground!
Please make me like Osama B.
I’ll be Islamically renowned!

And they will speak of me throughout history,
Oh, what bliss to be al Mansour!
I’ll enact my plan, be the bogeyman!
With a brand new holy war!

I wanna be like Osama
I wanna wear designer clothes beneath a robe!
While my lackeys loom like vultures, I’ll declare a clash
of cultures,
Kill civilians by the millions round the globe!
Grow a beard down to my navel, conquer YouTube, get
on cable,
And be wealthier than any man I know!
Please make me like Osama B.
With an al Jazeera Show!

Who could ask for more, to be six-foot-four,
Oh, the name Mansour will be known!
And I won’t be missed on the wanted list,
With a jihad of my own! Yes a jihad of my own!

I wanna be like Osama
I want celebrity and riches that astound!
Please make me like Osama B
I’ll be Islamically renowned! I’ll be Islamically renowned!

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jueves, mayo 24, 2007

Los turcos en el cine (3): "Contra la pared"







Cartel original del film, en alemán, organizado en torno a la inquietante mirada de Sibel











De madrugada, se encienden las luces del local, es el momento más deprimente en cualquier discoteca o sala de conciertos. Aparece Cahit y se pone a recoger los cascos de las botellas y los restos de la juerga. Ese es su trabajo. Viene a la cabeza aquel brutal reportaje de Günter Wallraff, titulado Cabeza de turco (Abajo del todo) y que tanto éxito tuvo en los años ochenta. El periodista de entonces, caracterizado de turco, se parece bastante al Cahit de nuestros días, con esa mirada de perro apaleado y acorralado. El hombre tiene una mala noche. Sale del trabajo de madrugada, ya borracho, y se pelea en otro bar. Al final, pone su auto en marcha y recorre la ciudad. Trepida en la radio “I Feel You” de Dépêche Mode, la mejor canción posible cuando uno pretende suicidarse con premeditación y va directo al grano. La cámara enfoca un primer plano de Cahit y de fondo, tras los vidrios velados, luces que bailan. Se percibe perfectamente el olor a sudor y alcohol. El chirrido de los neumáticos sobre el pavimento es continuo, suena como una guadaña afilándose contra la pared y soltando chispas. Cahit sólo pretende suicidarse para estar vivo, porque desde que lo hemos visto aparecer en pantalla, es un cadáver. Gira a la izquierda, enfila hacia la pared, toma distancia con los ojos entrecerrados, acelera a conciencia.

Es un intento de suicidio muy bien filmado, brutal pero nada aparatoso; a Fatih Akın no se le ocurre jugar a los efectos especiales. Es una escena de cine europeo, alemán. Pero Cahit no muere, sólo sufre un latigazo cervical, y quizá se rompe una pierna. Lo internan en un siquiátrico, una institución también muy alemana. Sigue siendo un ambiente gélido y Cahit vuelve a ser un muerto en vida, atrapado esta vez en un collarín. Lo recibe en la consulta un médico alemán, un personaje que, con todo, posee un punto mágico. La escena y los consejos del doctor tienen algo de iniciático; en realidad, éste le sugiere enigmáticamente a su paciente lo que va a hacer pocas horas más tarde. A la salida, una joven turca, Sibel, aborda a Cahit y le propone en matrimonio.

Cahit y Sibel: ¿Una pareja imposible? Una de las claves del film es la muy convincente química que se establece entre ambos protagonistas: contra todo y todos, a pesar de todo


La historia está en marcha, funciona a chorro hasta el final, y el espectador ya no se la podrá sacar de la cabeza durante varios días. Quizá considere que es el mejor film que ha visto en mucho tiempo. Como la mayoría de las grandes obras, no se basa en un argumento complicado. Es una historia de amor de final casi predecible. No hay grandes decorados, ni gastos en fotografía de diseño. Pero el duelo interpretativo entre Cahit (Birol Ünel) y Sibel (Sibel Kekilli), entre la mirada de uno y la sonrisa de la otra, es de una envergadura tal, que el espectador, como si estuviera ante una historia real de la vida cotidiana, siente en cada minuto que puede pasar cualquier cosa.

No voy a desvelar los entresijos y mucho menos el final de la trama, porque además aquí se trata de entresacar la forma en que los turcos se ven a sí mismos, o son percibidos por los extranjeros a partir de una serie de films. En ese aspecto, Contra la pared expresa una curiosa paradoja: comienza como una película alemana pero termina siendo turca. La locura, el amor y la muerte, según relata el mismo director en los extras del DVD, presiden el argumento del film: asuntos, así combinados, muy germánicos. También los protagonistas lo son: Cahit se maneja en un buen alemán y un mal turco. “Se me rompió” –le responde a su futuro cuñado cuando éste le reprocha el mal uso que hace que de la lengua turca. Sibel, con su rostro de Anatolia central, también quiere ser muy alemana, alternativa, libre: una chica moderna, europea. Entre ella y Cahit hablarán en alemán en sus momentos más íntimos, hasta el final del film.














Siguiendo la fórmula narrativa de las tragedias clásicas, las partes del film están separadas por canciones tradicionales turcas interpretadas contra el fondo de la Süleymaniye


Pero todos terminan viajando de retorno a Estambul: Sibel, la primera; Cahit detrás de ella; incluso el mismo director de la película, Fatih Akın se traslada a la ciudad en cuerpo y alma. Fíjense que se trata de Estambul, no de Turquía. La protagonista nació en Hamburgo, pero su familia procede de Zonguldak, ciudad minera de carbón, en la costa del Mar Negro; su compañero de relato es de Mersin, una capital de provincia del sur anatolio, justo en el otro extremo. Acaban yendo a Estambul, la ciudad donde se detiene el tiempo y es posible recomenzar toda una nueva vida. El mito parece funcionar también para los turcos, o al menos para esos mestizos culturales, medio alemanes, que no saben muy bien lo que son ni lo que desean acabar siendo.

Por el camino, Akın muestra toda una galería de personajes turcos, inmersos en su particular salsa social. El colega y amigo de Cahit, un tipo rechoncho y bigotudo lleno de sabiduría popular, un verdadero Sancho Panza, que se porta muy bien con todos. La familia de Sibel: el viejo padre (con un cierto parecido a nuestro Chanquete) que es el severo patriarca tradicional. Le ayuda en la tarea su hijo, hermano de la protagonista: el turco nunca integrado, rodeado de amigotes y obsesionado por el honor de la familia. La madre: una mujer que aguanta como puede la presión de tanta tradición mal entendida, pero que fuma y va teñida de rubio, no lleva pañoleta. La prima de Sibel o la imagen de la ambición, la mujer ejecutiva, triunfadora y moderna, que ya acaricia la posibilidad de dirigir su propio hotel en Estambul. Todo un pequeño catálogo con sus contradicciones y matices a cuestas, nada de maniqueísmo. Cuando la familia expulsa a Sibel no vemos la tragedia mortal que nos explican los diarios occidentales, sino una serie de actos torpes y patéticos. En ese sentido, el film posee un importante componente desmitificador de ciertos estereotipos sobre turcos y alemanes.


El director turco-germano Fatih Akın


















Sin embargo y al final, como ocurre, con los personajes principales, todos son inequívocamente turcos. El director procura mantener la ambivalencia hasta el final, con Cahit y Sibel sosteniendo su diálogo de amor en alemán, en el centro de Estambul. O en esa divertida escena en la cual un taxista, cien por cien turco pero antiguo gästarbeiter, afirma que “es de Munich”, respondiendo a Cahit, que dice ser “de Hamburgo”: y acto seguido ambos cambian del turco al alemán. ¿Mestizaje real o raíces turcas predominantes? La respuesta de Fatih Akın parece honrada: al final siempre termina imponiéndose la fascinación por lo propio, cuando la integración no es tan real como parecía. A ambos protagonistas les fallan sus respectivos amantes alemanes y terminan convirtiéndose en un matrimonio turco. Eso tampoco funciona; pero lo que no rueda en este caso es que ambos lo habían organizado como lo que ellos creían que podía ser un improbable matrimonio alemán.

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viernes, marzo 30, 2007

Los turcos en el cine (2): “Hamam”

Cartelera de la versión alemana del film. "Hamam" fue una exitosa coproducción turco-italo-española.















El film “Hamam” ha terminado por convertirse en uno de los títulos clásicos de cualquier “filmoteca gay”, como recomiendan los catálogos especializados que se pueden encontrar en la red. De hecho, la cosa va más allá porque el mismo icono tipo “seducción-en-hamam” parece haber gozado de algún predicamento estético en el espacio de la fantasía homosexual masculina, sin duda derivado del escenario ligue-en-la-sauna. Ciertamente hubo razones para que el film diera mucho de sí en ese sentido: uno de los componentes narrativos de la obra abordaba la relación amorosa entre Francesco, el protagonista (Alessandro Gassman) y el joven Mehmet, encarnado por el actor turco Mehmet Günsur, ciertamente apuesto. El film contenía una escena de amor bastante explícita entre los dos hombres, lo que hace diez años aún podía dar lugar a cierto escándalo –como así fue en la misma Turquía. Por otra parte, Ferzan Özpetek dirigió posteriormente “El hada ignorante” (2001) cuyo argumento recordaba bastante al de “Hamam”: una mujer cuyo marido ha fallecido en accidente de tráfico descubría que su marido mantenía una relación homosexual. Ella busca al amante y en ese proceso descubría y se involucraba en todo el mundo social que le rodeaba. La integración de personajes desnortados y solitarios en nuevas familias, recuperando segundas madres o padres, es un tema recurrente en Özpetek.






Francesco (Alessandro Gassman) llega a Estambul. Primer contacto con el paraíso perdido









Sin embargo, como reconocía el mismo Alessandro Gassman (hijo del mítico Vittorio Gassman) en una entrevista, el componente homosexual no era central en la película. El resultado narrativo hubiera sido similar si el protagonista se hubiera enamorado de la hija del matrimonio que lo acoge, en vez del hijo. La cuestión es que Francesco se descubre a sí mismo y deviene mejor de lo que fue anteriormente. En efecto, el film no es bandera de la opción gay. El protagonista busca un nuevo entorno afectivo y lo descubre en la familia de Omar, que había regentado el baño turco adquirida por su tía Anita, la “Madame” del film, que lo preside en todo momento sin aparecer nunca en efigie o en flash back memorístico, como una “Rebeca” (Hitchcock, 1940) positiva. Y éste sí es un asunto que parece recurrente en Özpetek, y que también es el núcleo argumental de “El hada ignorante”. De hecho, al comienzo de “Hamam”, encontramos que el film está dedicado “A la segunda madre”. Y ese es uno de los enigmas del film, porque a través de sus cartas leídas en off y de algunos detalles (las preguntas de Francesco al ex diplomático Óscar, las fotografías que guardaba Anita de su supuesto sobrino y su cuñado, el motivo nunca explicado, de la drástica ruptura entre ésta y su hermana).

Pero ese es sólo una de las claves de “Hamam”. La otra es más usual en los films que tienen a Estambul como protagonista. Francesco llega a la ciudad y descubre que el tiempo se ha detenido y que gracias a ello, puede empezar de nuevo. Es la oportunidad única, tanto más milagrosa cuanto que aquello que parece casual –su viaje a la ciudad- parece formar parte del destino que le está reservado. Porque Anita recorrió ese camino antes que él, y fue feliz; y porque Anita es de su sangre, es muy afín a él, quizás incluso es su madre verdadera. Una aventurera italiana, como se define a sí misma. Una mujer anhelante de vida, alta, bella, inteligente y animosa, que ama a los hombres –con ese vitalismo cálido y positivo del “
Hombre que amaba a las mujeres”, de Truffaut (1977). Y que en el film se afirma que fue pareja de un personaje afín a su carácter: Nazim Hikmet.
















Francesco y Mehmet. El hamam como ámbito de sensual deshinibición, pero también espacio atemporal




Estambul como némesis, como lugar donde el tiempo se detiene. Y percibimos que Francesco entra en el embrujo mientras un plato de cobre gira perezosamente, eternamente, en la pila de agua del primer hamam en el que descansa. O en esa escena en la que se queda dormido en la mesa –ha llegado a su destino, al fin- tras cenar con su nueva familia de adopción. Pero hay otros momentos cumbre más explícitos de esa intensa emoción tranquila: Francesco y su ex mujer, Marta, leyendo cada uno por separado las viejas cartas en uno de los “vapur” que cruzan el Bósforo (si, ambos coinciden en ese pequeño rito); o ese hondo colofón, con Estambul ejerciendo su enorme potencia de absorción final, y Marta fumando como Anita, porque en realidad ya es Anita.

Resulta muy significativo que en varias de las películas que tienen a Estambul como protagonista, sea una constante argumental el retorno a la ciudad; para quedar fatalmente atrapado. Ahí está la mismísima “Contra la pared” (2004), de Fatih Akın, que de hecho le afectó a él mismo, como turco alemán que es, y le llevó a dirigir “Cruzando el puente” (2005). Ahí está también: “El señor Ibrahim y las flores del Corán” (2003) de François Dupeyron, aunque en este caso Estambul no es el destino final, sino la puerta de entrada al viaje postrero, donde el pequeño Momo recogerá la muy personal herencia que le deja la persona más querida, como hace Francesco en “Hamam”. También el griego Fanis regresa a Estambul, para reencontrarse con la tienda de especies de su abuelo en “Un toque de canela” (2003, Tassos Boulmetis); y es, como en las demás historias, un impulso irresistible. Desideria, la protagonista de “La pasión turca” (Vicente Aranda, 1994), es víctima del viaje a Estambul, y la historia termina muy mal para ella; destino trágico que comparte con Francesco en “Hamam” y no deja de ser curioso que provenga de la imaginación de autores italianos y españoles.


Bruno Ganz contempla el estuario del Tajo tras la cortina de su pensión en Lisboa. El tiempo está suspendido.


Resultaría sencillo liquidar todo esto con el habitual topicazo: el embrujo de Estambul surge de su calidad de puerta entre Oriente y Occidente. En 1983, el director Alain Tanner demostró que Lisboa posee poderes similares. Cuando Paul, el marino suizo, entra en un bar de la capital lusitana, queda prendado por el reloj de pared que marcha al revés. Y ahí está: el tiempo detenido, no hay vuelta atrás; y Paul, como Francesco, le escribe a su esposa explicándole que no sabe cuándo regresará, ni qué va hacer con su vida. Bruno Ganz, En la ciudad blanca, en el vacío de tiempo condensado de vida. Sólo la ciudad frente al estuario, iguales Lisboa y Estambul, bellezas arrasadas, viejas capitales de imperios con tranvías y vaporetos atravesándola como espectros. Al igual que las góndolas. Como Venecia, sólo el mar y Tažio, el adagietto de Mahler y el voluntario viaje sin retorno de Gustav von Aschenbach, enamorado, de la ciudad crepuscular, el elefante que va a morir a un territorio mítico. Y entonces, quizás, ahí está la clave, de Venecia, de Lisboa o Estambul: “Aquel que ha contemplado la belleza está destinado a seducirla o morir”

















Venecia es otra de las ciudades atemporales en las que belleza y decadencia pueden coincidir en el eterno viaje final


“Hamam” se completa con una hermosa y melancólica banda sonora, obra del compositor Aldo De Scalzi, inspirada en piezas de la música clásica turca de comienzos del siglo XX y en los ritmos rituales de los derviches giróvagos de Konya, acompañamiento simbólico –pero quizás un tanto ruidoso para el film- del rito iniciático que es el viaje de Francesco a Estambul. A notar: los viejos caserones de madera, restos de la arquitectura otomana y que no parecen propios del barrio de Fatih, como sugiere el film, sino más bien de Üsküdür. En cuanto al nombre del hamam de Anita y Francesco, “El Sultán de los Espejos”…

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lunes, marzo 26, 2007

Los turcos en el cine (1): Trece espejos




A lo largo del presente curso de una asignatura sobre historia y cultura de Turquía que imparto para el Instituto de Estudios Internacionales de la UAB, decidimos, de acuerdo con los alumnos de la clase, desarrollar un pequeño ciclo de cine de y sobre los turcos. Para ello contamos con la impagable colaboración de Cultura en Viu – Cinema, que nos cedió la sala de proyección un día a la semana, todo ello sin casi margen de tiempo para programar el ciclo.


Así que esta primavera nos hemos embarcado en una experiencia que, aunque no lo parezca, resulta bastante ambiciosa, básicamente por la dificultad de localizar los films adecuados, que deben estar subtitulados en castellano o catalán y que no pueden proceder la descarga por internet. De momento está funcionando bien, tanto desde el punto de vista técnico como el humano, puesto que el intercambio de pareceres y la preparación de una mínima documentación sobre los films siempre ayudan a exprimir más y más el contenido de la obra.

A fin de aprovechar esos retazos de información, puntos de vista e ideas de todo tipo, voy a intentar incluir en este blog una serie de reseñas sobre los films proyectados, e incluso alguno que puede no llegar ser exhibido en nuestro humilde ciclo. Si hay suerte, los films seleccionados para este curso y/o el siguiente podrían ser:

“Contra la pared” (2004) de Fatih Akın

“El señor Ibrahim y las flores del Corán” (2003) de François Dupeyron

“Hamam” (1997) de Ferzan Ozpetek

“Yol” (1982) de Yılmaz Güney

“Uzak” (2002) de Nuri Bilge Ceylan

“Cruzando el puente” (2005) de Fatih Akın

“Gallípoli” (1981) de Peter Weir

“Gelibolu” (2005) de Tolga Örnek

“Un toque de canela” (2003) de Tassos Boulmetis

“Miguel el Valiente” (1970) de Sergiu Nicolaescu

“El expreso de medianoche” (1978) de Alan Parker

“El valle de los lobos” (2006) de Serdar Akar – Sadullah Sentürk

“Topkapi” (1964) de Jules Dassin



Como se puede apreciar, los films se agrupan en dos grandes bloques: los turcos que muestran a los turcos retratados por sí mismos y aquellos en los que son vistos por los occidentales o incluso por sus vecinos (el film rumano sobre el voivoda Mihai es un interesante ejemplo y mejor aún, el film del griego Tassos Boulmetis). En este ciclo, ésta es una sección complementaria, que vendría inaugurada por un hipotético –y seguramente imposible) doble pase de dos films contrapuestos sobre el mismo hecho histórico: la campaña de Gallípoli durante la Gran Guerra, a través de los magníficos trabajos de Peter Weir y Tolga Örnek. Eso también ocurre un poco en los dos films de Fatih Akın, cada uno sobre sí mismo y uno junto al otro.


“El expreso de medianoche” es una verdadera bestia negra cinematográfica para la gran mayoría de los turcos, por dar una visión negativa sobre el país que ha perdurado durante muchos años. “El valle de los lobos” salda cuentas pendientes, aunque no se haya podido beneficiar de los canales de distribución propios de las superproducciones americanas. “Topkapi”, por último, es el comienzo de toda la historia: una Turquía turística, muy años sesenta, escenario ideal para un audaz “rififí”, también muy de la época. Un país no problemático, un aliado fiel que no pasa factura: el perfecto escenario para dar un golpe.

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miércoles, enero 31, 2007

Venganzas freakies: de "El Valle de los Lobos" a "International Gorillay"


Conocida carátula del film "El Valle de los Lobos", con el rostro del protagonista. El film fue rodado a partir de una popular serie televisiva turca, que narra las peripecias del agente secreto Polat Alemdar.












Hace ya unos cuantos meses, mi profesora de turco cumplió amablemente con el encargo que le hice y me compró en Estambul el DVD del film “El Valle de los Lobos” (“Kurtlar Vadisi: Irak”) dirigida por Serdar Akar y Sadullah Sentürk, con guión de Bahadir Ozdener y estrenada en 2005. La obra, recordarán, levantó una importante polémica. Resultaba ser la película más cara de la historia del cine turco, batió records de taquilla en el propio país y entre los emigrantes de esa nacionalidad, especialmente en Alemania. El argumento partía de un acontecimiento real: el arresto, por tropas norteamericanas, de un grupo de once combatientes de las fuerzas especiales turcas presentes en el norte de Irak, en Sulaymaniye. El incidente, que tuvo lugar el 4 de julio de 2003, fue denominado “Bags Incident”, porque a fin de ocultar la identidad de los militares turcos, sus captores norteamericanos les cubrieron las cabezas con sendas fundas de almohada.

Sinopsis: Polat Alemdar (interpertado por el actor Necati Şaşmaz), un oficial del servicio de intleigencia turco (MIT), al mando de dos de sus hombres, entra en Irak con el propósito de vengar el honor militar de su país. Lo hace en respuesta a la carta póstuma de un amigo, un teniente del Ejército turco implicado en el incidente de Suleymaniye, que se suicida ante la vergüenza sufrida. Polat Alemdar y sus hombres pretenden humillar al siniestro jefe local de la CIA (San Marshall, interpretado por
Billy Zane) y a sus mercenarios. Para ello minan con explosivo plástico un lujoso hotel de Mosul y toman como rehén al agente americano, al que planean hacer salir con la cabeza tapada por una de las fundas de almohada que se utilizaron con los turcos meses atrás. Pero Polat Alemdar minusvalora la astucia y el cinismo del americano y la situación se complica. Afortunadamente para el turco y sus hombres, serán ayudados por Leyla (Bergüzar Korel), una joven que enviudó el mismo día de su boda, cuando los hombres de Marshall irrumpieron en la fiesta en busca de “terroristas”, causando una carnicería.















Secuencia del film turco: ataque suicida con bomba en el norte de Irak. "El Valle de los Lobos" utiliza numerosos y espectaculares efectos especiales, a la manera de los films de acción de Hollywood


A partir de ahí, el film se mete en los característicos meandros del cine de acción hasta el previsible desenlace final. Por el camino, el guionista carga en el argumento todos los fantasmas del nacionalismo turco referidos al conflicto iraquí: los kurdos son unos felones de los americanos, con el único objetivo de crear un estado propio, limpiando de paso su zona de árabes y turcomanos. Esta situación juega un importante papel en el film, con abundantes alusiones a la crueldad de los kurdos, el triste destino de los turcomanos y las supuestas buenas relaciones históricas que, al fin y al cabo, mantienen turcos y árabes. Según el film, los turcomanos poseen una destacada influencia en el norte de Irak (no en vano la provincia de Mosul es una reinvidicación histórica del nacionalismo turco) y un buen símbolo de ello es la figura del jeque Abdurrahman Halis Kerkuki (un impresionante Ghassan Massoud) que resulta ser un derviche con enorme autoridad moral (hasta el jefe miliciano kurdo lo respeta) y que el guionista utiliza además para aleccionar sobre el lado más pacífico y humanista del islam. Por lo demás, hay también kurdos "amigos": uno de los hombres del comando de Polat Alemdar lo es, y pelea como un bravo hasta el final, liquidando a sus compatriotas "iraquíes" sin ningún miramiento.

Pero lo que causó una gran escandalera en Occidente fue el trato que el film le reservaba a los norteamericanos. Como se puede leer muy acertadamente en
un blog que reseña la película, el guionista parece haber tenido carta blanca para incluir cualquier barbaridad. Sam Marshall (vaya nombre) el jefe americano (se supone que de la CIA) es un malvado al que no se le ahorran ruindades: desalmado, cruel, sádico, traidor y en línea general, un tipo repugnante. En un momento determinado del film, sus plegarias y meditaciones metafísicas en off nos lo presentan como algo parecido a un fundamentalista católico, o al menos eso parece indicar el imponente Cristo al que reza. Sus mercenarios -el guionista insiste en que Sam y los suyos no son soldados, como los turcos- exhiben estampa macarra: músculación de culturista resaltada por camisetas de tirantes, cadenitas, peinados tribal y parafernalia segurata. Son meras máquinas de matar, y su jefe -el lugarteniente de Marshall-, un sádico insensible que no duda en liquidar sobre la marcha a un oficial norteamericano. Pero quien se lleva la palma es un médico que en la siniestra prisión de Abu Ghraib extirpa órganos de los detenidos para enviarlos a Tel Aviv, Londres y Nueva York; o al menos, así rezan las direcciones de las cajitas en las que congela y empaqueta riñones y todo tipo de vísceras. En realidad, el guión casi da a entender que las detenciones arbitrarias que lleva a cabo Sam Marshall tienen como objeto proveerle de vísceras frescas. El doctor luce una expresión desencajada y un look capilar que recuerdan al desalmado profesor judío de "Metrópolis". Pero es que además, el médico de Abu Ghraib es también judío en el film, y eso elevó varios grados la ebullición de la indignada crítica occidental.


Sam Marshall (Billy Zane) en un momento del film.










Por lo demás, "El Valle de los Lobos" añade algunos toques documentales sobre las atrocidades perpetradas por los ocupantes y el infierno en el que se ha convertido el país: dramatización de las torturas en Abu Ghraib (incluyendo una émula de Lyndie England, limpieza étnica, ataques injustificados contra objetivos civiles, terrorismo islamista. Desde luego, el guión queda bien sobrecargado con todo tipo de denuncias, ataques, símbolos, exorcismos, amarguras e indignaciones varias. El planteamiento narrativo no ayuda a soportar tal cantidad de quincalla argumental, pero es que además tiene problemas de ritmo narrativo, sobre todo en la primera media hora de metraje, cuando el espectador se puede hacer un cierto lío con las idas y venidas inesperadas entre agentes turcos, celebrantes de la boda y autoridades locales.










Torturas en la prisión de Abu Ghraib, dramatizadas en "El Valle de los Lobos" a partir de las conocidas fotografías que escandalizaron a la opinión pública mundial


Con todo, lo que hace del film un serie B de pura raza (a pesar del crecido presupuesto que se llevó el rodaje) es la ingenuidad con la que fue concebido. Algunas explicitaciones son infantiles y desde luego, el personaje del médico judío es innecesario. Tampoco sirve la excusa de que "El Valle de los Lobos" es una copia simétrica de los films de Rambo, James Bond o el Equipo A, porque el cine norteamericano de superhéroes siempre aporta un poso irónico y de autocrítica (a veces muy evidente, como es el caso de una parte de los films de Stallone, concluyendo en "Rocky Balboa"). Y el film turco está planteado con una pétrea seriedad cosa que, precisamente, lo hace más irreal. Resulta significativo que uno de los actores que se mueve con mayor naturalidad sea precisamente Billy Zane, al que se le ve muy cómodo en su papel de malo integral; tanto que veces deja escapar alguna sonrisa, un gesto, ese tipo de detalles que, paradójicamente, ayudan a tomarse más en serio la obra.
















Los mercenarios de Sam Marshall en acción

Es evidente que "El Valle de los Lobos" es un film de tono nacionalista pensado para consumo interior. Pero resulta más discutible que le haga un favor a las fuerzas armadas. Posiblemente, un militar inteligente actuando como director, hubiera hecho una película más creíble e interesante sobre el “Bags Incident”. Y sobre todo, más europea. Porque conforme el film va discurriendo, se tiñe con un orientalismo de pandereta que concluye en un final digno de título Bollywood, con Leyla en sus mejores galas, muriendo en brazos de Polat Alemdar, mientras amanece sobre el nuevo Irak libre de tipos como Sam Marshall, felizmente atravesado éste por la curva daga de la venganza. Los elegantes trajes descorbatados de los protagonistas turcos, la parafernalia de melenas o patillas, terminan de dar un look “kıro” que tampoco ayuda mucho en evitar que el film envejezca estéticamente. Pero en fin, hemos de entender que si un día existió en España un "Curro Jiménez" que arrasó en las pantallas con sus hazañas contra los gabachos, se le pueden perdonar ciertos excesos estéticos a "El Valle de los Lobos".



Poster del film paquistaní "International Guerrillas": una rareza, incluso en internet










A riesgo de incurrir en las iras de algún lector turco, la película me ha traído a la memoria uno de los títulos estrella de la filmografía paquistaní: "International Guerrillas", que el lector curioso también puede buscar en internet por su transliteración fonética: "International Gorillay". Recuerdo haber leído un amplio reportaje firmado por un tal Enrico Ragazzoni, junto con algunas fotografías hoy imposibles de encontrar en un diario ya extinto: "El Observador", domingo 27 de enero de 1991. Dirigida por Jan Mohammad, el film se estrenó en 1990 y tuvo un resonante éxito en Pakistán, sobre todo en los feudos fundamentalistas de Peshawar y Quetta: enormes recaudaciones y 19 semanas en taquilla. Dos horas y cuarto de metraje y un argumento delirante y sobrecargado hacen de este film algo que cualquier joven de hoy en día calificaría como de auténtica "frikada". El barroco y bizarro entramado argumental parte de una idea principal: el escritor Salman Rushdie (si, el autor de Los versos satánicos, interpretado en el film por Afzal Khan ) encabeza una organización terrorista dedicada a destruir el Islam. El objetivo principal de su campaña es Pakistan, que según el guionista es la “fortaleza” del islam en nuestros días. Para ello, el “satánico” escritor planea abrir una red de discotecas y casinos que extiendan el vicio y la corrupción por el país. Por lo demás, Salman Rushdie es en el film un refinado sádico-sicópata que crucifica a sus enemigos, se empapa con su sangre o bien, lo que a juicio del guionista es casi peor, les tortura leyéndoles pasajes de sus Versos satánicos.

Ante la amenaza, un policía pakistaní (interpretado por
Mustafa Qureshi) organiza un comando de “muyahidines” con sus dos hermanos, ambos en el desempleo. Les une la venganza, pues el hermano menor ha muerto en una protesta contra los Versos satánicos (la histórica y real, acaecida el 19 de febrero de 1989). A partir de ahí, el acabose, el delirio argumental: una frenética mezcla surrealista de farsa, guasa y fanatismo infantil. No he podido visionar el film, pero al parecer hay de todo: desde una épica secuencia en la cual los protagonistas han de disfrazarse de Batman, hasta la espectacular conversión de Dolly (la ayudante de Rushdie) a la fe verdadera, en medio de un alud de efectos especiales. Además, cantos, bailes y lentejuelas al mejor estilo Lollywood, bombas, hombres rana, litros de sangre y un jeque árabe con limpiaparabrisas en las gafas. Lo que sí podemos admirar, gracias a You Tube, es el apoteósico final de Salman Rushdie, atacado por ejemplares del Corán que volando en círculo sobre su víctima, lanzan rayos destructores de color violáceo.



Otro poster de "International Gorillay" en el que se resalta su abigarramiento argumental













Un comentarista define al film como una “maniacal high farce”. Por ello insisto una vez más: desde un punto de vista argumental y de calidad, nada que ver con “El Valle de los Lobos”. Políticamente, defienden causas diametralmente opuestas: la película turca se asienta sobre argumentos nacionalistas, no islamistas. En cambio hay dos factores que los emparentan. De un lado, que en ambos casos se trata de “venganzas cinematográficas”. En el caso del film turco, contra la actitud de los norteamericanos en el tercio kurdo de Irak (además de funcionar como un desahogo por el incidente de Suleymaniye). La obra paquistaní, planteaba también un desquite, en este caso contra Salman Rushdie, que a mediados de 1989 había sido condenado a muerte por el ayatola Jomeini. Por lo tanto, dos burlas contra los occidentales, que recurren a los mismos o parecidos vehículos argumentales, que de paso, también quedan ridiculizados. Y en segundo lugar, dos películas denunciadas con una misma inmerecida y envarada seriedad desde Occidente, confundiendo el culo con las témporas, como suele decirse. En el caso de “International Guerrillas”, el mismo Salman Rushdie llegó a escribir al British Board of Film Classification (BBFC) a fin de que levantara el veto (por “criminal libel”) para la exhibición del film en Gran Bretaña. El célebre escritor –que en aquella época aún permanecía escondido y estaba sujeto a drásticas medidas de seguridad- demostró una vez más su inteligencia desactivando él mismo la instrumentalización que se podía haber hecho de tan descabellado film. Y así fue como “International Guerrillas” se estrenó en Londres, fue comercializada como vídeo para consumo de la comunidad paquistaní, y hasta emitida por televisión. Y después, nada. Hoy parece haber desaparecido completamente, incluso de eMule.


Salman Rushdie es atacado por el rayo violáceo de un Corán volador. Fotograma del film "International Gorillay" cuyas secuencias finales se pueden visionar todavía en You Tube






Las conclusiones que se pueden sacar de todo esto son muy sencillas. Primero, que desde Europa no debemos precipitarnos en el rasgado de vestiduras ante este tipo de films. Muchas veces son síntomas de algo que está sucediendo y conviene reflexionar sobre ello, sin precipitarnos a cavar más trincheras que perpetúen esa ficción llamada “choque de civilizaciones”. Además, puede ocurrir que el contenido real de las películas sea más suave que el de otros muchos estrenos occidentales, que no dejan de ser basura brutal, asimilada sin más como parte de nuestra cultura. Y por último, recordemos que, sin más, hay un público para este tipo de frikadas, qué le vamos a hacer. Por cierto: ¿Alguién sabe dónde conseguir una copia en buen estado de “International Gorillays”?¿Algunos fotogramas de calidad, cuanto menos?

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sábado, diciembre 09, 2006

Borat: choque de una civilización contra sí misma



Borat en una versión un punto estilizada tal como fue fotografiado para la revista "Rolling Stones", diciembre de 2006, pag. 58


Hace unas pocas semanas (edición del 13 de noviembre, pag.39), el corresponsal de “La Vanguardia” Andy Robinson, publicó una reseña sobre el film: “Borat. Enseñanzas culturales de América en beneficio de Gloriosa Nación de Kazajistán”. La pieza estaba adornada con toques de jerga técnica: que si es una comedia guerrilla a base de entrevistas-secuestro, aunque quizá también pueda ser catalogada como mockumentary con aspectos de cringe comedy… En realidad la fórmula base sobre la que se ha construido “Borat” tiene casi tres siglos de antigüedad. En 1721, Charles-Louis de Secondat, más conocido como barón de Montesquieu, publicó las Cartas persas, obra en la que, utilizando el género epistolar, un viajero procedente de un país remoto comentaba y criticaba caústicamente aspectos que para él eran chocantes de la sociedad francesa. Ese vehículo le permitió a Montesquieu atacar los privilegios y libertades de las clases altas. Años más tarde, en plena decadencia del Imperio español, Ángel Ganivet volvió a repetir la jugada con sus Cartas finlandesas (1898). En pleno 2006, las cartas han sido sustituidas por el relato filmográfico con toques del Cándido de Voltaire, del Simplicissimus de Grimmelshausen o de cualquier obra de la picaresca española del Siglo de Oro: Borat es un reportero de la República de Kazajastán que viaja a los Estados Unidos enviado por la televisión estatal de su país. Allí deberá rodar un gran reportaje sobre usos y costumbres del gran país de referencia a fin de extraer lecciones para modernizar los del estado del Asia Central, cuyas pasiones son, según el film, “beber orines de caballo y violar mujeres”. Pero una vez en los Estados Unidos, Borat se enamora de Pamela Anderson y decide atravesar el país de costa a costa para proponerle matrimonio. El viaje, claro está, da ocasión narrativa a la crítica mordaz.

Cartel del film: "Borat´s Cultural Learnings of America for Make Benefit Glorious Nation of Kazajkhstan"




Explicado así, se supondría que el objeto de la película es la burla de determinadas instituciones sociales norteamericanas. El historiador Niall Ferguson comentaba ese mismo 13 de noviembre, también en “La Vanguardia”, que la artillería de Borat se centraba en estamentos y figuras del más rancio abolengo republicano (“Perros azules, Borat y Bush”), y posiblemente no le falta razón; además explicaría en parte el enorme éxito del film en ese país, en paralelo con la decadencia de la era Bush. Pero en realidad, “Borat” posee varias lecturas y la de Ferguson no es sino una de ellas.

El film juega con una apuesta segura: el humor zafio. Trasladado a estándares españoles, "Borat" contiene aquellos vetustos ingredientes del humor regional, luego autonómico. También recuerda ocurrencias de aquel olvidado Emilio el Moro y Arévalo, mucho humor verde y marrón de Arévalo. Al travestirlo con vestimentas anglosajonas, es evidente que no hablamos de humor británico, ni tan siquiera en esa versión con sal gruesa que crearon los gloriosos Monty Python. El film "Borat" es humor judío paleto, con mucho potz, mucho pirgue y mucha caca (recordemos que el supuesto idioma kazako que hablan los protagonistas entre sí es, en realidad, puro yiddish). En efecto: si en el extremo del abanico tenemos el humor judío neoyorkino de Woody Allen, en el opuesto figura el de Sacha Baron Cohen, como surgido de las profundidades de cualquier aldea de la Galitzia, quizá de la vieja Ucrania, de Moldavia o la Bucovina, una de esa regiones de la Europa oriental de los que, a no dudar, proceden los ancestros de Sacha. Y esa es precisamente una de las claves del éxito de la parodia: el actor realmente se metió realmente, día y noche, en la piel de un zafio prototipo de patán "del Este". Porque es cierto que Borat podría ser kazako; pero también rumano, ruso, rumano, ucraniano, polaco o "de por ahí". Ya saben: la supuesta aldea kazaka de la que supuestamente procede Borat es un pueblecito rumano cuyo delito es ser pobre y atrasado; la b.s.o. es pura música gitana de los Balcanes, mezcla de la
Fanfara Ciocarlia y la banda de Goran Bregović. No debe extrañar que la desdeñosa actitud de Sacha Baron Cohen hacia los viejos vecinos goyim de su familia de "por ahí" haya provocado heridas en Rusia o Rumania. En la aldea de Glod –toponímico rumano que en castellano se traduce por “lodo”, un detalle que hace mucha gracia a los medias occidentales-, están furiosos. Alegan que Sacha Baron Cohen los estafó, no les informó sobre el argumento real del film ni qué papel les reservaba a ellos y a su aldea, todo ello comprado a peso de saldo, a tres libras esterlinas por cabeza.


Portadilla de la crónica publicada por "Rolling Stone" sobre Borat y su film, diciembre 2006



La cosa podría quedar en que "Borat" es una peli para pueblerinos que se ríen de las respuestas pueblerinas de paletos de toda índole, pertenecientes incluso a supuestas elites sociales. Pero resulta casi inevitable sospechar que Sacha Baron Cohen ha introducido cierto trasfondo de venganza calculada. Porque las animaladas que Borat utiliza para puntear su presunta identidad cultural kazaka, no son sino las viejas acusaciones que los antisemitas de las clases más bajas utilizaban ya en los siglos XIX y XX, en esas regiones orientales de "por ahí" para referirse a los vecinos judíos: el viejo mito de la concupiscencia hebrea que podía degenerar en violación, el asesinato ritual de niños cristianos raptados para utilizar su sangre en los rituales de la Pascua, los brebajes, la suciedad y miseria de las remotas aldeas. Pero lo más sorprendente es comprobar qué bien funcionan todavía –sin apenas remozarlas- las arcanas alusiones en pleno siglo XXI. La conclusión de estos comentarios no es la de que debemos evitar "Borat", que ciertamente se ha convertido en una comedia de gran éxito a mayor gloria de la MTV. Pero también se supone que no está de más saber por qué y de qué nos reimos a mandíbula batiente. A partir de ahí, posiblemente tendría mayor éxito una segunda parte de “Borat” en que el afamado reportero kazako se dedicara a tantear y ridiculizar las profundidades del racismo interjudío en Israel: los desprecios a los ciudadanos de origen ruso o los negros falashas africanos, el tono despectivo de las viejas familias sionistas y laboristas dedicado los "sefardíes" (en sentido abusivamente extenso) y, en fin, todos los defectillos que emigraron desde aquellas zonas de la Europa de "por ahí" a la vieja tierra de Sión.



El inválido rumano Nicu Tudorache, de la aldea de Glod, en Rumania, se considera especialmente perjudicado por Sacha Baron Cohen. Vid. entrevista publicada por el "Daily Mail" el pasado 11 de noviembre. En los últimas semanas han llovido las denuncias sobre la productora del film.



Más allá de eso, recordemos que Kazajstán es realmente una gran nación -como reza el himno inventado para el film- y no precisamente por ser un gran exportador de potasio. A comienzos de este mismo mes de diciembre, la Unión Europea firmó un acuerdo con ese enorme país de Asia Central (cinco veces la superficie de España: es el noveno país del mundo en extensión) para reducir la dependencia energética hacia Rusia. Kazajstán posee grandes reservas de petróleo, gas, uranio y todo tipo de minerales. Ocupa el décimo lugar en la lsita de países con reservas de crudo, y el decimoquinto en las de gas. Dado que en el 2025 la UE dependerá hasta en un 70% de las importaciones de energía, oiremos hablar bastante de Kazajstán, y no precisamente por sus reporteros ficticios de televisión. Por ejemplo, el país aspira a ocupar la presidencia de la OSCE en 2009. Como los kazakos y los europeos buscan salidas al petróleo y gas que no pasen por territorio ruso, sólo restan un par de países puente hacia el oeste: Azerbaiyán y Turquía, o bien otro aliado de ambos: Georgia. Detalle que trae a colación otro dato interesante: el kazako, hablado por el 64,4% de la población, es una lengua turca de la familia altaica.

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lunes, agosto 07, 2006

La isla de hierro

Como suele ocurrir de manera natural con la mayor parte de los filmes, “La isla de hierro” contiene varias lecturas derivadas de una principal, aquella sobre la que gira el argumento. La crítica tiende a resaltar sólo una: o bien se conforma con la más evidente o tira por vericuetos interpretativos supuestamente ingeniosos. Pero puede ser muy posible que estén presentes en el film todos ellos y alguno más.

“La isla de hierro” (2005) es la segunda obra del director Mohammad Rasoulof, estrenada hace pocos días en “Verdi Park”, que parece haberse convertido en el destino final de las películas turcas e iraníes que llegan a Barcelona. Narra la vida de una comunidad de familias desplazadas y outsiders de todo tipo que residen en un enorme petrolero en alta mar, en pleno Golfo Pérsico, varado ante las costas iraníes. Toda esa sociedad en miniatura está gobernada, encuadrada, atendida y exprimida por el astuto “capitán” Nemat, cuyo nombre, tratándose de cosa marina y de ínfulas de mando, parece una clara alusión al capitán Nemo de Julio Verne.

El personaje de Nemat [imagen] lo interpreta magistralmente uno de los mejores actores iraníes, Ali Nasirian (definido como el Paco Rabal iraní, por un crítico español apresurado) y es realmente el epicentro de la historia. El capitán ha ideado el sistema de alquiler pagadero en trabajo. Y la actividad económica principal de toda esa masa de gente consiste en desmontar pieza a pieza el propio buque que les sirve de vivienda para venderlo como chatarra. Además, en un momento climático del film, los “inquilinos” logran también extraer los restos del combustible que transportaba el petrolero en sus depósitos, que jóvenes y niños llevarán a nado hasta la costa empujando como pueden los bidones flotantes.

No hay nada enteramente nuevo en el trasfondo de este argumento que en realidad forma parte de un género cinematográfico que se podría denominar “de vecindario”: microcosmos social aislado o acorralado y dirigido por un líder paternalista e ingenioso que salva a la comunidad. El mejor ejemplo reciente es el film colombiano “La estrategia del caracol” (Sergio Cabrera, 1994) pero recuerdo haber visto otro similar en la filmografía española de los cincuenta. En realidad, el trasfondo argumental puede hacerse extensivo a un pueblo aislado y tenemos dos obras de Luís García Berlanga: “Los jueves, milagro” (1957) y “Bienvenido Míster Marshall” (1952) o ese remake bosnio que es la excelente película de Pjer Žalica, “Gori Vatra” (2004).

Pero en “La isla de hierro” también se explora el fenómeno social del liderazgo: por qué unos mandan y otros obedecen. Ese tema no es nuevo en absoluto en la historia del cine (recuerdo con cariño
“Trabajo clandestino” -1982- de Jerzy Skolimowsky, con un Jeremy Irons que bordaba su papel). Pero en este film iraní el asunto posee una gracia especial por dos razones. Primero, porque el director recurre a un estilo casi de reportaje a la hora de rodar “la comunidad”, que en sus propias palabras es el personaje principal del film: “Un enorme grupo limitado, confinado, presa de reglas muy arbitrarias. Por eso rehuí un acercamiento sentimental o psicológico y no quise realzar a un habitante del barco más que a otro. Sobre todo me importaba describir el conjunto, no el destino de cada individuo, más bien de toda la comunidad”. Sin embargo, y curiosamente, Mohammad Rasoulof no hace ningún comentario sobre al figura del capitán Nemat. Las críticas más superficiales nos lo muestran como un aprovechado, un estafador que utiliza a la comunidad en su provecho. Sin embargo, las cosas son más complejas: él mismo vive frugalmente, está inmerso en la comunidad a la que dirige, se interesa por los pequeños problemas cotidianos de unos y otros. Y al final, cuando el espectador cree que va a dejar tirados a todos en el desierto, reaparece y se los lleva detrás, en pos de su proyecto más loco. La cámara enfoca entonces las pertenencias de los desgraciados, abandonadas bajo el sol: el capitán los tiene, literalmente, hipnotizados.

Único contacto con el mundo exterior: un móvil. Contabilidad: ventanilla anexa

Parece evidente que el magnetismo de Nemat sobre la comunidad es lo que de verdad le interesa a Mohammad Rasoulof, aunque no pueda admitirlo abiertamente, porque es un tema perverso y hasta políticamente peligroso para un país como Irán. De ahí la importancia que el film y el mismo director conceden al “niño pez”, que es la imagen de la libertad, el único que no está sometido a la tiranía de Nemat. En realidad tampoco lo está el viejo que pasa las horas oteando el sol, pero él es ya demasiado viejo. El crío, en el otro extremo generacional, es la esperanza, desde luego. Y con su fuga termina el film. Pero en realidad, su escapada es tan incierta y visionaria como la de todos aquellos que también siguen al capitán Nemat en sus proyectos por el desierto iraní.

¿Cabe aquí la parábola política? En el prospecto que se regala a los espectadores en la misma sala, se puede leer un comentario de Marta Barrón, en La Voz de Asturias: “Un dibujo de lo que sucede actualmente en Irán, donde el petrolero sería el país; el capitán, el poder conservador, y el profesor, uno de los personajes contestatarios, los reformistas”. Bueno, siempre estamos a tiempo de enfocar cualquier film bajo esquemas tan cuadriculados y llegar a la conclusión de que alguna película de Cantinflas podría servir de referente simbólico a la situación en México. Pero parece difícil suponer que Mohammad Rasoulof no hubiera tenido problemas en el Irán actual para estrenar un film con un mensaje tan diáfano. En realidad, si nos atenemos al papel jugado por la religión en esta obra –un asunto tan sensible para ese país- podremos entender el planteamiento lógico y real de director y guionista, que son la misma persona en “La isla de hierro”. El capitán Nemat recurre a la religión cotidianamente: utiliza la “piedad social” en su trato con los ocupantes del barco, mantiene las formas morales en todo momento, lleva a los desalojados inquilinos del barco a rezar a un mausoleo. Sería lógico pensar que el director introduce una crítica directa a la religión como opio del pueblo, como un medio más para domesticar a las ingenuos multitudes. Y sin embargo, al final entrevemos que el malparado Ahmad resuelve su cuestión sentimental con su amada gracias a que se encuentra con ella en ese mismo santuario. ¿Recurso para escapar de la censura o recuperación de la verdadera esencia religiosa?¿Encuentro casual, milagroso o preparado por el mismo capitán Nemat? En cualquier caso, el film termina sin ni siquiera una insinuación de conflicto social, como escribe un avezado crítico de
“The New Republic”.
Canibalismo: el desguace del buque y la venta de los restos de petróleo que conserva en sus depósitos son la actividad económica principal de los residentes en la isla de hierro. Los barriles se llevan a nado hasta la costa.

En definitiva: una película recomendable, entretenida y sin esa tendencia a la pedantería del tan ensalzado (y de todas formas genial) compatriota de Mohammad Rasoulof que es Abbas Kiarostami. Un buena fotografía que contrasta la oscuridad del interior del barco con la brillante luz del Golfo Pérsico y el desierto calcáreo. Y para los que estudiamos turco, una divertida ocasión de reconocer aquí y allá palabras sueltas del farsi: düşman, düniya…

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