Otra forma de invertir

Portada inglesa original de la obra de Loretta Napoleoni publicada en castellano como: "La economía canalla"
"El Periódico" publicó ayer mismo mismo una pieza de opinión dedicada a la banca islámica, un concepto financiero que en los últimos diez años (o menos) ha ido cobrando una creciente relevancia. Posiblemente, el lector avisado opinará que el asunto está tratado de una forma un tanto simple o incluso ingenua.
No emplearé muchas energías en discutirlo. En parte, porque la pieza sólo pretende reivindicar el asunto, desde un punto de vista informativo. Si un profesional especializado demuestra que las finanzas islámicas no poseen mayor interés u originalidad o que el asunto no pasa de ser una enorme puesta en escena, bienvenida sea la información.
Sin embargo, es de temer que no abunden los análisis técnicos, rigurosos y por ello fiables. Como se puede comprobar desde el crash financiero del pasado mes de agosto, una buena parte de esa literatura posee una credibilidad limitada, incluso aplicada al muy conocidio (o eso parecía) mundo financiero del capitalismo occidental. Si a ello añadimos los prejuicios de los comentaristas y público occidentales, se comprederá que el retrato de la banca islámica siga siendo considerablemente opaco o distorsionado.
Precisamente, otro de los motivos del artículo reproducido más abajo, deriva de la compración entre el enfoque de las finanzas islámicas que ofrece Loretta Napoleoni en sus dos grandes best sellers de los últimos años: Yihad. Cómo se financia el terrorismo en la nueva economía (2004) y La economía canalla (2008).
En el primero de los volúmenes, Napoleoni hace un análisis de las diversas variedades y canales de la economía islámica conectadas con la financiación del terrorismo. La obra está documentada y resulta útil para todos aquellos profesionales que trabajan en torno a la cuestión. Pero el conjunto del grueso volúmen ofrece una imagen escorada, hasta dar la impresión de que el objetivo último del sistema financiero islámico era actuar como caballo de Troya contra el mundo occidental. En reseñas y entrevistas se volvió reiteradamente sobre esa idea.
Sin embargo, La economía canalla supuso un cambio sustancial en la valoración de la banca islámica, hasta el punto de que la autora llega a afirmar en las conclusiones del libro que será una de las claves del futuro económico y eso a escala global. Y no es una aseveración amarga o escandalizada, sino optimista. Tras leer toda la obra, publicado poco antes de la crisis de 2008 pero ya bajo los efectos de la quiebra de las subprime, es fácil suponer que Loretta Napoleoni llegó a la conclusión de que en sus aspetos más dudosos, la banca islámica es una simple aprendiza de primer grado de las finanzas occidentales

Loretta Napoleoni durante una reciente visita a Madrid
"El Periódico", 13/02/2009
EL AVANCE DE UN MODO DISTINTO DE CONCEBIR LAS FINANZAS
La banca islámica
• Oriente no es la solución a la crisis financiera de Occidente, pero sí ha llegado el momento de contar con él
Francisco VEIGA
En su último best-seller, La economía canalla, Loretta Napoleoni augura que, en el mudo posglobal en el que ya estamos entrando, las finanzas islámicas serán la base del nuevo estándar monetario y quizá no tarde mucho en imponerse el dinar-oro. Las finanzas islámicas, o banca islámica, están basadas en una serie de principios morales derivados de esa religión, y, muy en especial, el precepto de que el dinero no ha de utilizarse nunca para propósitos especulativos.
La banca islámica tuvo un nacimiento muy lento, entre los años 50 y 70 del siglo pasado, pero las grandes crisis del capitalismo la impulsaron con fuerza. Primero fueron las petrolíferas, de 1973 y 1979. Pero sobre todo los crash financieros del Sureste asiático de 1997, debidos a los ataques especulativos en el marco de la recién estrenada globalización, vistieron de largo a la banca islámica. Especialmente cuando contribuyó a la rápida recuperación de la economía de Malasia, hoy uno de los países del mundo donde se encuentra más firme y extensamente implantada.
ES DE ESPERAR que la actual parálisis financiera a escala mundial, derivada precisamente de una oleada previa de especulación desenfrenada y descontrolada, suponga un empujón decisivo a la banca islámica. De hecho, algunos de los fondos de inversión en países musulmanes parecen estar convirtiéndose en refugios más o menos seguros para los escaldados capitales occidentales. Según Napoleoni, dentro de poco las finanzas islámicas controlarán el 4% de la economía mundial, lo que se dice pronto. Y los principales bancos comerciales de Occidente hace ya tiempo que trabajan con esta modalidad financiera, tanto en los países musulmanes como en las principales plazas europeas, y, sobre todo, Londres, donde tiene su sede el Banco Islámico Británico. Napoleoni concluye que las finanzas islámicas son "innovadoras, flexibles y potencialmente muy lucrativas".
Pero hay más: la banca islámica trabaja sobre el concepto del "riesgo compartido" entre el prestamista y el prestatario. Existe, por tanto, un componente social que hace de las finanzas islámicas un concepto opuesto al de las occidentales, basadas en el interés individual, la maximización de beneficios y la transferencia de riesgos.
INTOXICADOS POR la propaganda de guerra de la era Bush, la mayor parte del público rechaza por sistema cualquier concepto cultural musulmán como retrógrado, ajeno a la posibilidad de que en territorio del islam pueda triunfar la modernidad. Pero ahí está Indonesia, ahí está Dubai. También se ignora el potencial innovador, y ahí tenemos la célebre "revolución de los microcréditos", concepto impulsado por Muhammad Yunus desde Bangladés: economista y país musulmanes, ambos. Y, por cierto, una iniciativa que basa su éxito en la concesión de pequeños créditos a la mujer, como cabeza eficaz de la microeconomía familiar.
Todo ello viene a cuento del monumental desencuentro entre finanzas, economía real y sociedad que vivimos en estos días a escala mundial. De momento, los bancos con- fían en capear el temporal gestionando el crédito, pero, si la crisis continúa, se paraliza la actividad empresarial y crece el desempleo, tanto el ahorro como la inversión caerán también, y pasarán factura a su vez al sector bancario. Es posible que entonces veamos algunos desplomes espectaculares o, en países como el nuestro, el abordaje de los nacionales por parte de grandes entidades extranjeras.
De momento, todo se cifra en esperar estoicamente. La globalización resultaba muy adictiva para el consumidor, y, en ella, la fe en la tecnología equivalía al dogma materialista histórico en el marxismo clásico: llevaría a la humanidad "inexorablemente hacia adelante". Esa ilusión, que podía permanecer como un sueño individual en medio del optimista magma global, proveía de esperanza inagotable en el futuro. Lo cual ayuda a entender el conformismo expectante y la escasa movilización social que está generando la crisis: millones de personas en todo el mundo desean creer que la situación que estamos viviendo es temporal, que no se trata sino de una versión ampliada de burbujas especulativas previas, una corrección para sanear el mercado. Pero lo cierto es que va a ser difícil que vuelva a funcionar lo mismo que teníamos, de la misma manera y bajo los mismos presupuestos. El fallo es sistémico, no coyuntural.
LOS DIRECTIVOS y responsables de antes desean seguir donde estaban y tienen el mayor interés en hacernos creer que pueden arreglar las cosas. Pero ellos mismos son el problema y por eso no pueden encontrar la solución. La conclusión es sencilla: la banca islámica no es la alternativa global a todos los enormes problemas que implica la crisis de las finanzas occidentales, ni tampoco lo son la economía china o el mercado indio. Pero sí que ha llegado el momento de contar realmente con esos nuevos actores (más allá de posiciones de simple simpatía), muchos de ellos desconocidos o tratados con condescendencia y hasta con desprecio desde Occidente, huyendo de viejos prejuicios y pasadas grandilocuencias.
Etiquetas: banca islámica, finanzas, islamismo, Loretta Napoleoni
NOTA: ¿Se está fabricando un nuevo Eje del Mal?

Panorámica de los tanques de combustible del aeropuerto internacional JFK de NY
En las últimas veinticuatro horas han saltado a la actualidad informativa dos noticias de alcance que parecen continuar la línea argumental del último post publicado en este blog. Primera: el supuesto complot para atentar contra el aeropuerto JFK de Nueva York a cargo de una “célula terrorista de extremistas musulmanes muy persistente” –definición del portavoz del FBI. Según la fiscal del distrito Este de NY, Roslynn Mauskopf (es imposible evitar alguna broma sobre lo que sugiere la traducción de ese apellido) se trata de uno de los “complots más escalofriantes que se pueda imaginar”.
La descripción de la trama, componentes, objetivos supuestos, reales o imaginarios del rocambolesco complot no tienen que ver con la temática de este blog. Pero sí algunos datos que, de pasada, conectan la noticia con la situación en Oriente Próximo. Primera: las sucesivas crónicas no relacionan a los detenidos con Al Qaeda. El portavoz del FBI no lo hizo, aunque tampoco parece haberla negado.
Segundo: de los detenidos, dos son de Guayana y un tercero de Trinidad y Tobago. Se busca a un cuarto integrante de la “célula” que también sería de Guayana. Esto quiere decir Caribe, y esos países se sitúan muy cerca de Venezuela. Como recordarán, ya hace meses que determinados foros e incluso agencias de noticias insisten en la posibilidad de que el Irán de Ahmadineyad y la Venezuela de Chávez hayan forjado una turbia alianza que va más allá de acuerdos en la venta de crudo; el último grito parece ser la rutilante aparición de Hezbollah (recientemente investido como "grupo terrorista más peligroso del mundo") por el Caribe.
Casi todas las crónicas publicadas en la red y en la prensa son copia de un par de noticias de agencia y repiten los mismos datos una y otra vez, pero rastreando con cuidado podemos encontrar un detalle interesante: “Isha Kadir, la esposa del sospechoso [Abdul Kadir], dijo que su marido voló a Trinidad el jueves y fue detenido el viernes al abordar un vuelo desde ese país a
Venezuela, donde planeaba recoger una visa para asistir a una conferencia islámica en
Irán” –podemos leer en una crónica publicada en red por “
Univisión” el 3 de junio a las 09:43 ET. De todas formas, el detalle ya saltó a la red durante el día de ayer, nada más conocerse la noticia.
Abdul Kadir es un antiguo parlamentario de Guyana, mientras que el resto de los acusados pertenecerían a la organización afro-trinidaria
Jamaat al Muslimeen, grupo que parece centrar su atención e intenciones en la situación interna de la isla, aunque
especulaciones altamente alarmistas de hace dos años consideraban la posibilidad de que células terroristas pudieran atacar el canal de Panamá desde el Caribe.
Para concluir, algunas declaraciones de expertos ya están quitándole hierro al “escalofriante” complot. En crónica de “
La Vanguardia” de hoy mismo: “El portavoz de la compañía [que gestiona los depósitos de combustible del JFK], Roy Haase, restó importancia a los supuestos planes de atentado, al indicar que el conducto [contra el que se pretendía atentar] está enterrado casi por completo y no contiene oxígeno, un elemento indispensable para provocar un estallido. "Decir que el conducto iba a estallar simplemente no es posible", agregó Haase, que opinó que si lo que estallara fuera un tanque de combustible los daños se limitarían a las cercanías de ese tanque, no al conducto en sí.”
Por lo demás, el ejército libanés se enfrenta a un nuevo foco de insurgencia palestina radical en otro campo, el de Ain el Helu donde, según Seymour Hersh en su artículo del pasado mes de marzo, también llegaban “ayudas” de círculos cercanos al gobierno de Siniora. Parece que el Ejército libanés está aprobando el primer examen contra al Fatah al Islam; veremos cómo le va con el segundo y si pronto estará preparado para misiones de más calibre.
Etiquetas: Al Qaeda, Chávez, Hezbollah, Irán, islamismo, Líbano, OLP, Siniora, terrorismo, Venezuela
Die Nervensäge Papst
Día 13 de noviembre: acudo a un debate sobre las negociaciones para el acceso de Turquía a la Unión Europea. Tiene lugar en el Centro de Estudios Europeos de la Universidad San Pablo, en Madrid. Como es natural, la discusión se centró en torno al invitado de honor, el profesor Bahri Yılmaz de la Sabancı de Estambul. Pero el denominado Grupo de Reflexión contaba con interesantes invitados: muchos diplomáticos, expertos del mundo empresarial, algunos profesore,s y todo ello presidido por Marcelino Oreja Aguirre, presidente del Instituto Universitario de Estudios Europeos y José María Beneyto, director del mismo centro.
A primera vista, era de esperar un debate más bien caldeado, dado que un porcentaje de los asistentes se inscribían políticamente en el campo de una derecha conservadora y católica que, en teoría, no ve con buenos ojos la entrada de Turquía en la UE, lo que dejaría definitivamente fuera de juego la definición de Europa como un continente cristiano. Además, estaba presente la señora Rea Yordalis, Embajadora de Chipre, y había sido invitado el Primer Consejero de la legación francesa. Y sin embargo, como estábamos entre técnicos y expertos, el ambiente fue cordial y con un considerable respecto hacia la postura turca, defendida por el invitado de honor.

3 de octubre, 2006: comienza a alimentarse la histeria en la prensa occidental: según se dice, los secuestradores de un avión de línea turco "protestaban contra la visita del Papa a Turquía". La realidad sería más prosaica. De hecho se trataba de un solo secuestrador que "buscaba asilo político en Italia"
Recordé ese tono agradable y eficaz cuando pocos días más tarde, los periódicos publicaron titulares que eran síntoma de histeria en caída libre: “Marcha islamista en Turquía contra la llegada del Papa” –proclamaba en grandes titulares “La Vanguardia” del 27 de noviembre. Quizás el rotativo buscaba hacer un paralelismo implícito con la “Marcha Verde” de los marroquíes en 1975, pero en absoluto quedaba claro el significado de la frase. Había que ir a la página 6 para que, desde Estambul, Ricardo Ginés aclarase que “los islamistas reúnen a 20.000 personas, muy por debajo de lo esperado. La cifra es irrisoria si se compara con la que vaticinaban los medios islamistas turcos, que anticipaban hasta un millón de participantes”. En realidad, parece que el Partido de la Felicidad (Saadet) de Erbakan fue el único que intentó sacar provecho de todo ese ruido.

Manifestaciones en los días previos a la visita del Papa. La importancia numérica de estos actos, que demostraron una vez más la disciplina imperante en el Partido de la Felicidad, no se correspondieron en modo alguno con el nivel de incomodidad que generó entre los turcos la visita del Pontífice.
El Papa llegó en plena periodo electoral, y de una manera u otra, en mayor o menor grado, incomodó a todos. A los musulmanes practicantes e islamistas, dado que no entienden –y llevan buena parte de razón- por qué han de sentir algo especial por el líder religioso de una fe que no es la suya. Eso sin contar con todos aquellos que se sienten heridos por las declaraciones del Papa en Ratisbona y antes, en 2004, en contra de la entrada de Turquía en la Unión Europea. Y los turcos del sector laico, que continua siendo muy importante e incluso mayoritario en la sociedad de ese país, porque la visita de Benedicto pone en evidencia ante el resto de Europa, y además de forma reiterada, machacona, que Turquía es musulmana. Y “sólo” por ello, se supone que el viaje conllevaba un alto grado de riesgo, como remacharon una y otra vez los periodistas de la derecha europea. Esa actitud, como de adentrarse resignada y valientemente en tierra de martirio, resultaba ofensiva tanto para los musulmanes turcos, como para los laicos, a los que repugna esa falsa imagen de su país como peligroso nido de fundamentalistas, dispuestos a comerse crudo al Papa.
En realidad, junto con las provocaciones por pasiva, se han sucedido, por parte de Benedicto, una serie de gestos desafortunados. La respuesta, notablemente desábrida del Papa al ministro de Asuntos Exteriores Gül cuando éste le convidó a una cena privada (“El Pontífice no participa en actos mundanos”) conllevaba una penosa contradicción. Sólo el pasado domingo se informó oficialmente sobre el objetivo real del viaje –lo cual contiene también su dosis de altanería- que era de carácter pastoral y por tanto, religioso. Paradójicamente, la prensa turca –por ejemplo, el diario moderado islamista “Zaman”- informaron antes y más precisamente del asunto que la occidental. Se trataba de organizar una reunión con el patriarca greco ortodoxo Bartolomeo el día de la festividad de San Andrés, con la asistencia al servicio religioso de miembros de la muy exigüa comunidad católica de Turquía (30.000 almas). Una reunión que quizá pretendía evocar pálidamente el concilio de 1439, cuando el Papa Eugenio IV logró reunir en Florencia y Ferrara a delegados de las iglesias de Egipto, Siria, Georgia y Rusia para superar el Gran Cisma de 1054.

El Papa Benedicto XVI saluda al patriarca Bartolomeo I. Las intenciones del viaje papal, tal como fueron justificadas desde el Vaticano, eran puramente pastorales
Esta escenificación tan forzada, junto con el contenido del polémico discurso de Ratisbona, dan idea de que este Papa parede obsesionado con Bizancio. Hasta hace poco, daba la sensación de que, frente a Juan Pablo II, su objetivo era el de recristianizar Europa. Ahora quizás añade el de reunificar de alguna forma el cristianismo, especialmente a las iglesias de Oriente, con el catolicismo, frente a lo que podría antojársele el avance del islam. Pero en todo caso, y a la vista del objetivo pastoral de Benedicto, ¿por qué los líderes políticos turcos tenían que dedicar largas horas de su tiempo a reunirse con Benedicto? Porque lo cierto es que apoyar públicamente la candidatura turca a la UE es una declaración francamente política.
En realidad, ni siquiera ahora que el viaje del Pontífice terminó, ha quedado muy claro cuál era el objeto real del mismo. En su editorial del 2 de diciembre, “El País” aventuraba que el Papa desea crear un frente común contra el laicismo, en el cual el islam puede ser un valioso aliado. Esa debe ser, según la interpretación del rotativo español, la verdadera frontera de la Europa unida. Algo tenían que escribir, claro. Pero no me digan que todo esto no tiene aspecto de ser un tremendo lío, incluso en la mitrada cabeza teológica del germánico Pontífice. Similar al descomunal parálisis del tráfico que generó en Estambul la masiva operación policial que tuvo como objetivo aislar barrios enteros y cortar las principales arterias del centro de la capital. “Resultaba impresionante ver a filas de centenares de personas caminando en silencio hasta diez kilómetros para tomar un medio de transporte hasta sus hogares” –relataba el pasado 30 de noviembre Andrés Mourenza, joven periodista cuyo blog se ha convertido en referencia obligada para entender la actualidad turca.

El Papa abandona Turquía. Sólo él parece saber si realmente cumplió con los objetivos que se había autoasignado en su viaje, o si estos fueron cambiando sobre la marcha,
Se suele decir que bien está lo que bien acaba. Al final, por ejemplo, el “Corriere de la Sera”, en su edición del 1º de diciembre reproducía en fotografía las primeras planas de la prensa turca. “Vatan”: "Sorpresa del Papa… gestos recíprocos”; “Sabah”: "Peregrinaje sin cruz”; “Milliyet”: “Llamada del Papa al diálogo”; “Bugün”: gran foto del Papa con la bandera turca; “Hürriyet”: “Türkleri seviyorum”: “Amo a la turcos” – Cita de Juan XXIII. Todo ha quedado teñido con ese desdibujado tono, tan característico de la diplomacia vaticana. Los consumidores más piadosos de prensa pudieron llegar a temer que el Papa realmente saltara en pedazos o resultara devorado por las hordas musulmanas. Otros, más escépticos, quizá opinaron que al fin y al cabo, no es cosa del Sumo Pontífice embarcarse en viajes de arriesgado alto voltaje o mezclarse en asuntos políticos, como esas declaraciones a favor de la entrada de Turquía en la Unión Europea. Pero en fin, no le vendrá mal a Ankara en pequeño balón de oxígeno en estos días en los que el doble lenguaje histérico de la prensa occidental ya discurre por las costas de Chipre. En todo caso, los hostigamientos políticos dirigidos contra el candidato turco están siendo desactivados, desinflados, uno tras otro. Algunos lo han hecho por sí solos. Si seguimos así, valga la paradoja, podría resultar que al final Turquía acabara accediendo al club europeo más en virtud de argumentos políticos que técnicos y económicos. Eso es lo que pasó con Polonia, los bálticos y lo grecochipriotas, y así le luce el pelo a Bruselas.
Etiquetas: Andrés Mourenza, Benedicto XVI, Erbakan, islamismo, Papa, patriarca griego, proceso de integración en la UE, Ratisbona, Turquía