La batalla por el alma de Turquía

Portada de "
The Economist" correspondiente a la semana del 5 al 11 de mayo de 2007
Un vistazo a la prensa española habitualmente consultada en este blog. "La Vanguardia" se despide temporalmente de la crisis turca con un análisis de Manuel Castells. No es una gran pieza, maneja poca información y conocimiento real, pero al menos es un escrito ágil y constituye un intento de hacer balance de lo ocurrido.
No esperen nada similar en "El País", al menos antes del domingo; a ver si con suerte el diario edita algún análisis de fondo en su separata. Mientras tanto, el sábado 5 de mayo, Juan Carlos Sanz firma en la página 5 un artículo más bien casposillo, con fotografía del "papa Benedicto XVI durante su visita a Turquía en noviembre de 2006". La pieza se titula: "Una Turquía laica sin libertad religiosa". Subtítulo: "Las comunidades cristianas sufren amenazas, ataques y restricciones de derechos". El artículo podría haber sido escrito hace más de ciento cincuenta años, cuando poblaban el Imperio otomano decenas de miles de cristianos. Hoy en día son una microminoría religiosa de ciento y pico mil personas. Por supuesto, eso no es óbice para que deban ser marginados, acosados o incluso agredidos. Pero si hemos de buscar problemas realmente consistentes con minorías religiosas en Turquía, la cuestión de los alevíes o alevis, cuyo número es de varios millones de creyentes, supera con mucho la importancia que puedan tener los cristianos. En estos días críticos, un comentarista de "Zaman" se preguntaba por el peso de los alevíes en las protestas de Ankara y Estambul. De los siete párrafos que componen la crónica de Sanz, sólo en el último se refiere a los alevíes, y casi de pasada. Muy complicado explicar ese tema y además no sirve para denigrar a Turquía ante lo que se supone que es el lector medio de la prensa española y su nivel de cultura. Por otra parte, mareando la perdiz sobre las leyes para la protección de minorías religiosas cristianas, Sanz se ahorra entrar en el insoluble tema de cómo elaborar tales disposiciones para los alevíes, asunto especialmente complejo que de momento nadie parece saber cómo resolver. Ni en Ankara ni en Bruselas.
Por lo tanto, tenemos entre las manos un artículo de tono y contenido decimonónico, de esos que en tiempos del imperialismo clásico se utilizaban para soliviantar los ánimos contra los pueblos tercermundistas que ponían en aprietos a los misioneros. Ya saben, como aquella aventura de la intervención militar española en la Conchinchina (actual Vietnam), allá por 1857. En fin, la vieja cantinela con la que suele aburrir Juan Carlos Sanz. No vale mucho la pena que nos quedemos tirados en esta línea argumental, pero antes de dejarla correr, una simple pregunta:
¿Estamos socialmente más avanzados en España (miembro pleno de la UE) en cuestión de libertad real de culto? No es preciso llegar a los extremos de Gran Bretaña, donde se dice que hay más mezquitas que en Pakistán, pero ¿cuántas hay aquí? Es decir: mezquitas de verdad, no habitaciones casi clandestinas de tapadillo, lugares insalubres e indignos para rezar o meditar. ¿Se reconoce y protege el derecho de las decenas de miles de emigrantes musulmanes a tener sus lugares de culto mínimamente dignos?¿Cuántos musulmanes por mezquita hay en España?¿Se explican públicamente, en la prensa, los problemas de ayuntamientos y barrios a la hora de aceptar la inauguración de lugares de culto musulmanes? (o de otras religiones). Me temo que la respuesta es un NO enorme y vergonzante.
A nuestros políticos se les llena la boca con eso de que los emigrantes pagan impuestos, lo cual contribuye a nuestro bienestar social y de paso, a su socialización. Pero ¿está prevista en la declaración de la renta la aportación para el servicio de otros cultos que no sean el católico?¿Se explica y se reconoce de forma clara? Si no es así, ¿no deberían tener derecho los emigrantes de religión no católica a que parte de sus impuestos se destinara a subvencionar el mantenimiento de sus respectivas infraestructuras materiales de culto?
No creo estar haciendo demagogia al hacer este tipo de paralelismos. Pero en todo caso, considero que durante estos días lo importante es incidir en la volátil situación política de Turquía, en lo que ha sucedido y por qué; incluso en lo que cabe esperar y se debería hacer. A tal efecto, creo de obligada lectura la prestigiosa revista "The Economist", con los dos artículos que ofrece esta semana, referidos a la situación en ese país. Dado su nivel de calidad general, la publicación facilita libre acceso en internet a ambos análisis, y por ello me limitaré aquí a establecer el correspondiente link con ellos. Pero como considero que son de referencia obligada, hice una traducción al castellano de los mismos, que se editará en dos post sucesivos.
El artículo contradice la idea, expresada varias veces en este blog, de que a Washington no le interesa un posible golpe militar en Turquía y de momento intentaría impedirlo. Debe subrayarse que las ideas expresadas por el autor del blog no son inamovibles y dado que esto no es un periódico y no hay intereses políticos ni comerciales de por medio, lo que interesa en él es la búsqueda de la información y el análisis puros, sin contumacias contaminantes. Por lo tanto, cualquier idea o hipótesis puede ser revisada en cualquier momento si el contraste con la realidad y los datos objetivos la desmienten de forma clara y lógica.
Símbolo del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), alusivo a la luz, presente en la búsqueda de lo primero y la bombilla, que personifica lo segundo. Incluso en un logo de rasgos tecnocráticos tan evidentes se han querido buscar simbologías religiosas (la luz de la fe...)
“The Economist”, May 5th-May 11th 2007
La batalla por el alma de Turquía
Si los turcos han de escoger, la democracia es más importante que el secularismo
En una época en la que el fundamentalismo islámico parece estar en auge en todo el mundo, la visión de algo entre medio y un millón de personas marchando a través de Estambul en defensa del secularismo, es algo extraordinario. Por lo tanto, Turquía es un lugar extraordinario. Como país que practica mayoritariamente una democracia completamente secular, constituye una refutación viva de la extendida creencia en que democracia e islam son incompatibles.
No es la única razón por la que Turquía importa. Es un gran país y estratégicamente importante, tiene el mayor ejército en la OTAN después del de América, ofrece una ruta crucial para la energía hacia Europa que evita Rusia y es la fuente de la mayor parte del agua en Oriente Medio. Si las negociaciones en curso para su acceso a la Unión Europea tienen éxito, será el mayor país de la UE en población. Pero la razón por la cual los ojos del mundo están fijos en ella esta semana es la posibilidad de que el ejército pueda intervenir para limitar el papel del islam en el gobierno. Porque si Turquía no puede reconciliar islam y democracia, ¿quién puede?
Cyber soldados
A lo largo de los años la democracia turca ha demostrado ser vibrante pero frágil. Queda una ristra de golpes e intervenciones militares como testimonio del autoasumido papel como guardián de la república secular de Kemal Atatürk. El ejemplo más reciente tuvo lugar tan sólo hace una década: el denominado golpe postmoderno que llevó al desalojo de un gobierno islamista.
El 27 de abril el ejército dio señales de que podría volver a hacer lo mismo de nuevo. Poco antes de la medianoche, tras un día de votación parlamentaria para elegir nuevo presidente sin que se llegara a resultados concluyentes, el Estado Mayor del Ejército posteó en su website una declaración que atacaba el nombramiento de Abdullah Gül, ministro de Asuntos Exteriores, como presidente, e insinuaba sin demasiadas sutilezas un posible golpe de estado contra el gobierno islamista moderado del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), presidido por Recep Tayyip Erdogan, primer ministro que había nombrado a Gül. El 1º de mayo la Corte Constitucional anuló la primera vuelta del voto parlamentario a la presidencia, alegando que no estaban presentes los miembros suficientes. Sin demora, Erdogan declaró que convocaría unas elecciones parlamentarias anticipadas. Protestas callejeras, primero en Ankara y después en Estambul, aumentaron la tensión. Las cafeterías de la ciudad zumbaban con teorías conspirativas.
Dado el estado fraccionario de los partidos de oposición mayoritarios y su historial de gobierno en los pasados cuatro años, las encuestas anticipan que Erdogan obtendrá una nueva y sonada mayoría. Entonces podrá escoger entre volver a atacar con Gül como candidato presidencial o buscar a otro. Pero parece poco probable que seleccione uno que logre superar las objeciones del ejército y los secularistas.
Los seculares turcos siempre han desconfiado del AKP, que tiene raíces islamistas y que desde el gobierno ha jugado con las medidas islamistas moderadas. Les desagradan Gül y Erdogan muy especialmente porque sus esposas ostentan la pañoleta musulmana, que la república de Atatürk prohibió en los recintos públicos. Les inquieta la perspectiva de esas personas controlando no sólo el gobierno y el parlamento, sino también la presidencia. Temen que una vez se ciña esa triple corona, el AKP muestre su verdadero color y que éste sea más bien verde. Dado que la lectura de los textos islámicos no distingue entre religión y estado y que el fundamentalismo se está extendiendo por el mundo musulmán, es comprensible que el pueblo pueda contemplar tales miedos.
Pero eso no justifica una intervención militar como la del día 27. Por muy deseable que pueda ser la preservación del legado secular de Atatürk, no puede ser a expensas de anular el normal desarrollo de la democracia; incluso si ese proceso produce malos gobiernos, ineficaces, corruptos o moderadamente islamistas. Argelia, donde murieron 150.000 personas en una guerra civil tras unas elecciones en las cuales el voto de los islamistas fue anulado en 1992, aporta una dura lección sobre lo que puede ocurrir cuando los militares suprimen la voluntad del pueblo. Desde luego, Turquía no es Argelia; pero los ejércitos de cualquier país deberían llevar cuidado de no subvertir las elecciones. Es cosa de los votantes, no de los soldados, castigar a los gobiernos; y ahora tendrán la oportunidad de hacerlo en Turquía.
Puede que no quieran hacerlo. El gobierno de Erdogan ha sido el de más éxito en Turquía en el último medio siglo. Tras años de inestabilidad macroeconómica, el crecimiento es firme y fuerte, la inflación ha sido controlada y la inversión extranjera se ha disparado. Más impresionantes todavía han sido las reformas constitucionales y judiciales que ha impulsado el gobierno del AK. La corrupción sigue siendo una mácula, pero no hay indicios de que el gobierno esté buscando derrocar el orden secular en Turquía. El historial justifica el mayor logro del Erdogan: persuadir a la UE de que accediera a iniciar negociaciones para la integración, 40 años después de que una menos impresionante Turquía expresara por primera vez su deseo de candidar.
¿A quién le importa lo que piense Europa?
Por desgracia, el entusiasmo de la UE por el acceso de Turquía, nunca intenso, ha menguado de forma visible. Si Nicolas Sarkozy ganas las presidenciales francesas el 6 de mayo, será otro revés para las ambiciones turcas: está categóricamente en contra la idea de que alguna vez pueda llegar a integrarse en la UE.
En la práctica no hay posibilidad de que Turquía firme en la línea de puntos durante toda una década. Pero en el país, la percepción de que tantos miembros están en contra, reduce en sí misma la influencia de la UE. Si las perspectivas de la integración en la UE hubieran sido más obviamente claras, el ejército quizá no habría intervenido tan brutalmente. Pero tal como han ido las cosas, ante la tibia condena de la UE Ankara se encogió de hombros, especialmente después de que los americanos no dijeran anda en absoluto. Su influencia en Turquía también ha disminuido mucho, principalmente a partir de que la guerra en Irak inflamara los sentimientos anti americanos.
Ante el declive de la influencia occidental sobre las acciones de su país, los mismos turcos deben resolver su crisis política. El mejor camino para ello podría ser el rechazo de la intervención militar con la reelección de AKP. Son comprensibles los miedos secularistas a una sigilosa islamización; pero el historial del AKP no los justifica y la intervención militar no es el camino para impedirla. Por el bien del estado que intentan proteger, los militares turcos deberían mantenerse al margen de la política. Etiquetas: AKP, alevíes, Ejército turco, Erdoğan, golpismo, Gül, libertad de culto, The Economist, Turquía
Turquía: continúa la siembra de vientos

Deniz Baykal, líder del CHP o Partido Republicano del Pueblo, que puso en marcha la actual crisis política en Turquía. No parece probable que obtenga destacados beneficios de todo esto
Continúa la crisis en Turquía, con el más que previsible fallo del Tribunal Constitucional en contra de la votación que se llevó a cabo el viernes 27 de abril para proclamar a Abdullah Gül presidente de la República. Dado que ningún magistrado islamista (¿existen en Turquía?), por moderado que sea, ha podido acceder históricamente al Tribunal, éste se convierte casi de forma automática en defensor de las opciones políticas planteadas por la oposición; esto es: en los términos que ésta desea y más le convienen a ésta. Mal asunto. Pero es peor todavía el problema que señalaba Nicole Pope (periodista suiza experta en política turca desde hace años) en el artículo colgado ayer en este blog: esa misma oposición no tiene capacidad política para llenar el boquete que está horadando en la estabilidad política del país. Nicole Pope aventura que quizá por ello los ciudadanos contrarios al gobierno han salido a la calle sin haber sido encuadrados formalmente por la oposición. No estoy muy de acuerdo en esto, pero sí en el hecho de que al Partido Republicano del Pueblo, ANAVATAN, DYP y los demás, se les está yendo la situación de las manos, porque no tienen capacidad real para controlarla. Esos partidos están más que gastados, no son capaces de ofrecer alternativas políticas con futuro, y cargan con una fuerte hipoteca de errores históricos.
Por lo tanto, se celebrarán elecciones anticipadas, en junio, y muy posiblemente las volverá a ganar por mayoría absoluta el Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP). ¿Y entonces, qué?¿Se volverá a plantear la candidatura de un presidente islamista y retornaremos a las andadas?¿Quién llenará la brecha creada por los minoritarios partidos de oposición sin respaldo social real? Respuesta: el Ejército: el último bastión de la unidad nacional, la república laica y bla, bla, bla: ya saben: toda esa retórica que tantas y tantas veces hemos oído en Yugoslavia, en Argelia y (temblemos un poco) en España, no hace tanto.

Un grupo de manifestantes en los alrededores de la Plaza Taksim, Estambul, ayer 1º de mayo
Esa ha sido la razón de los palos que se repartieron ayer en la Plaza Taksim. El veterano sindicato DİSK se intentó manifestar en el mismo lugar en el que hace exactamente treinta años tuvo lugar una masacre, cuando pistoleros de extrema derecha tirotearon a la multitud de medio millón de personas que se manifestaba pacíficamente con motivo del 1º de Mayo: 42 muertos. El comando de extremistas que desencadenó la catástrofe estaba ligado a la red Gladio, un enorme operativo paramilitar “durmiente” concebido para encuadrar la resistencia clandestina armada, caso de una invasión soviética de Europa occidental; o para llevar a cabo operaciones antiterroristas, contrainsurgentes o, incluso, desestabilizadoras contra gobiernos e instituciones de izquierdas. En el bronco ambiente de los “años de plomo” turcos, durante los cuales la situación era virtualmente de guerra civil de baja intensidad, la red Gladio local estaba dirigida por el general Kenan Evren. Si, el mismo que encabezaría el golpe de estado de 1980 y devendría presidente de Turquía. Pueden constatar el detalle biográfico en Wikipedia.
Por eso, la manifestación sindicalista promovida por DİSK, poseía una fuerte connotación anti militar y anti golpista. Así que hoy hemos vivido una nueva tragedia más en el decurso de esta crisis turca, aunque afortunadamente no se han producido muertos. Pero en cambio, ha sido doblada por lo que está empezando a ser habitual distorsión informativa de los sectores interesados en el descarrilamiento de la estabilidad institucional y social turca, con el objetivo, a medio plazo, del fracaso de las negociaciones de acceso a la UE. ¿Quién se llevó ayer las culpas de la represión en la Plaza Taksim? El gobierno islamista de Erdoğan. ¿Quién se ha beneficiado de lo ocurrido? El Ejército. ¿Quién se hubiera beneficiado del acto si hubiera sido permitido? El Ejército, igualmente, que habría denunciado una intolerable provocación, permitida por el gobierno islamista.
Plaza Taksim, 1º de mayo de 1977, poco antes de que se desencadenara la tragedia
No hay manera de salir de esa lógica cerrada de la que, más tarde o más temprano, se beneficia el Ejército, que permanece ahí, tranquilamente sentado y callado, esperando a que la situación se deteriore lo suficiente para intervenir. ¿Cuándo ocurrirá eso? Cuando el gobierno de Erdoğan esté hecho un lío y haya perdido autoridad. Si eso llega a suceder, aparecerán los provocadores de profecías que ya conocemos y que nos dirán que "estaba claro lo que iba a ocurrir" y que "Turquía no estaba madura para acceder a la UE". Algo similar se intentó hacer con España hace más de viente años, y por suerte no salió bien.
En nuestro país, algunos medios parecen colaborar activamente en esta dinámica. Para el “El País”, lo importante es que caiga el actual gobierno turco, porque es “islamista” o porque, en realidad, es miembro del Partido Popular Europeo. Luego, es una forma de PP a la turca o eso creen interpretar. Ahí quien tiene que gobernar es Baykal y el Partido Republicano Popular, que es socialista; por ejemplo. No importa que Rodríguez Zapatero esté comprometido en una política de alianzas y apoyo a Erdoğan. A PRISA tampoco le gusta ZP, esto es público y notorio. Tiene su propia agenda oculta y sus intereses empresariales y políticos, al margen de los del país (el de verdad, con minúsculas). Por lo tanto, al carajo con Erdoğan y con ZP.
Repaso al tratamiento informativo de los acontecimientos actuales: “La marcha del Día del Trabajo en Estambul deja 900 detenidos. Los manifestantes trataban de llegar a la plaza de Taksim, donde hace 30 años murieron 42 trabajadores”. Titular de ayer en la edición electrónica de “El País”. Pueden leerlo y releerlo: ni media frase dedicada a la connotación política actual de la protesta. Y según “El País”, 900 detenidos; el resto de los medios habla de 580 detenidos. Son muchos igualmente, de acuerdo. Pero ¿por qué incrementar la cifra en un tercio?

Pánico, 1º de mayo, 1977. Algunos manifestantes se refugian como pueden del tiroteo. La policía tardó en actuar, y cuando lo hizo varias personas fueron atropelladas por los vehículos blindados
La portada de la edición electrónica incorpora un vídeo sobre la manifestación del día 29 titulado: "Turquía quiere seguir siendo laica". Informativamente abusivo por voluntariamente confuso. ¿Qué significa "Turquía" en ese contexto?¿Los participantes en la manifestación, que eran sólo una fracción de la población con un color político determinado? En el vídeo, la locutora nos informa de que Turquía vive la mayor crisis política de los últimos años "por la creciente islamización de su gobierno". ¿Qué quiere decir eso, exactamente?¿Que Erdoğan ha regresado al lado de Erbakan, que ha dejado entrar en el gobierno? La locutora continúa informándonos de que los manifestantes protestan porque Gül "no cuenta con el apoyo popular ni con el del Ejército" (sic).
“La justicia turca anula la elección del aspirante islamista a presidente”. Titular de ayer en la edición electrónica ce “El País”. En puridad todo es correcto, ¿no? Sin embargo, habla del “aspirante islamista” como si hubiera otros; cuando el Partido Republicano Popular, desencadenante de este lío, no presentó ninguno, con toda la mala intención del mundo. La “justicia” (no el Tribunal Constitucional”) “anula la elección”. No es exacto: anula la primera vuelta de la elección, la que se planteó el viernes pasado. Si mañana hubiera quórum, Gül podría ser nombrado presidente. Y no digamos el 9 de mayo, cuando sólo con la mitad más uno de la cámara ya sería suficiente. Lo que ocurre es que, como explica Ilnur Cevik en el artículo seleccionado para hoy, el nuevo presidente tendría la hostilidad declarada de instituciones estatales que, con un talante nada democrático, han expresado su rechazo a la elección de un islamista, por el mero hecho de serlo. Eso, en el Occidente europeo sería muy mal visto, al menos si se hubiera planteado de una manera tan explícita. En cierta forma es maravilloso que la India nos tenga que dar lecciones de democracia, pues ese enorme país, de mayoría hindú, enfrentado a Pakistán y con un terrible pasado de luchas fratricidas interconfesionales, tiene un presidente musulmán, que además es el padre del programa nuclear indio: Abdul Kalam. En julio de 2002 derrotó a su oponente, que tenía el apoyo de la izquierda. 
El Ejército espera pacientemente. El general Büyükanıt en unas maniobras.
Erdogan has to face the realities
Ilnur Cevik"The New Anatolian", 01 May 2007
ilnurcevik@yahoo.com You may be right and you may be justified in your anger but at times you have to bend and accept injustices. This is what may happen to Prime Minister Recep Tayyip Erdogan and his ruling Justice and Democracy (AK) Party.
The prime minister and the party are facing a dilemma of all kinds as the country sails through stormy waters…
If the supreme court allows the ruling party to elect its candidate, will this really solve everything? On paper it will but after witnessing the mass rallies in Ankara and Istanbul it is hard to believe any president elected by the AK Party now can remain in office and serve as president without experiencing constant dissent of all kinds.
Abdullah Gul deserves the presidency more than anyone. But we see that the opposition and the conservative secularist establishment will do everything to sabotage his rule.
Even if Gul wins the presidency AK Party will face serious turmoil and dissent and will have no other alternative but to hold early elections.
If the supreme court agrees that the presidential elections process got off to a wrong start and the first round of voting has to be annulled then this will push us into turmoil where the government will have to call for snap elections.
That may prove to be a good solution in the short run but it will create more complications in the future because from then on only a 367 quorum will be needed for the election of a president…
Turkey has been pushed into a mess.
The government has misread the anger of the secularist masses and underestimated their strength. The opposition mishandled the whole affair and turned it into a crisis.
Now it is up to the AK party and the prime minister to sort out the mess.
AK Party will win the elections despite the secularist masses because the strength of the masses with religious sensitivities is greater. But what will happen to the presidential issue remains a mystery.
May be we have to opt to a full presidential system…
The secularist may repent that they let the cat out of the bag
Etiquetas: Ejército turco, Erdoğan, Evren, golpismo, Gül, política informativa, proceso de integración en la UE, red Gladio, Rodríguez Zapatero, Turquía, ultraderecha
Bailando en la punta de un alfiler

Fotografía aérea publicada por el diario turco "Hürriyet" para demostrar la envergadura de la manifestación del pasado 29 de abril de 2007. ¿Calles llenas de manifestantes o de tinta?
Se habían barajado varios titulares para este post: “La demagogia no cotiza”; o quizás algo más dramático, tal como: “El beso de la muerte”. Si siguen leyendo, verán por qué. Pero básicamente, reflejaban el estado de incertidumbre vivido a lo largo de los días 29 y 30 de abril. Tras el análisis de la manifestación acaecida en Estambul durante el domingo, la caída de la bolsa a lo largo de la mañana del lunes. Luego, la toma de contacto con el tratamiento informativo que la prensa deparó a la situación en Turquía. Por lo tanto, la decisión sobre el título del post se postergó hasta el discurso del primer ministro Recep Tayyip Erdoğan, que de una forma u otra completaría el ciclo de acontecimientos iniciado el pasado 27 de abril con la primera vuelta para la designación de presidente en el Parlamento turco.
Comencemos por lo que algunos denomina ya el “memorándum del 27 de abril” o el “expreso de medianoche”, en doble referencia a la hora en que fueron publicadas las advertencias militares en la web del Estado Mayor de la Defensa y al controvertido film de Alan Parker (1978). Si: fue sentido como una amenaza real, que por otra parte nadie asegura que no se vuelva a reproducir, dado que el gobierno no ha provocado la destitución de ningún responsable, como se hizo en España con el teniente general José Mena en enero de 2006, con motivo de su polémico discurso durante la Pascua Militar. Y es que la situación que atraviesan las relaciones entre los mandos involucionistas turcos y el gobierno recuerda bastante el estado de cosas existente en la España de los años 80, con posterioridad al 23-F (que fue un intento de copiar el golpe de estado turco de 1980, como ya he afirmado en otras ocasiones). 
El general Yaşar Büyükanıt. La interferencia política del Ejército en la noche del pasado 27 de abril, contaminó también el tono de la manifestación del día 29
En todo caso, la intervención de los militares supuso el beso de la muerte para los manifestantes del 29 de abril. Se ha repetido interesadamente –sobre todo en la prensa occidental y española en particular- que en esa ocasión no se lanzaron gritos ni se utilizaron eslóganes golpistas. Ya, pero… En primer lugar, hubo de todo. Según se puede leer en las crónicas de los corresponsales que acudieron al evento, muchos participantes repetían, por activa o por pasiva, los argumentos vertidos por el Ejército en su comunicado, algunos incluso utilizando sus mismas palabras. Y desde luego, no faltaron los que quizá no gritaban eslóganes golpistas, pero daban la razón a la intervención de los uniformados el día 27. Por supuesto, no faltaron representantes de algún que otro grupo de extrema derecha en la Plaza Cağlayan . Y según relata Ricardo Ginés en su crónica para “La Vangurdia”, la misma Türkan Saylan, presidente de la Asociación en Apoyo de la Vida Moderna, de carácter neokemalista (y que fue una de las impulsoras oficiales de la manifestación) llegó a decir desde la tribuna, dirigiéndose a la multitud, que “no deseamos el dominio del ejército, pero es un buen protector de la democracia”. Debe reconocerse que, cuanto menos, estas palabras hubieran sonado de forma muy diferente sin el manifiesto militar del 27 de abril.
A pesar de que las cifras bailen ampliamente, como es habitual en estos casos, fue una amplia manifestación. Pero su envergadura no la convierte en “concentración de la ciudadanía” o en manifestación de la sociedad civil. Fue protagonizada por un colectivo social con unos objetivos políticos determinados, tan claros como las manifestaciones organizadas por el islamista Partido de la Felicidad de Necmettin Erbakan, contra la visita del Papa Benedicto a Turquía, durante el pasado mes de diciembre, que la prensa occidental tildaba también de “protesta ciudadana”. Fue la protesta de la clase media laica, no del “pueblo”: mucho funcionario, mucho profesional liberal, poca gente de clase humilde. ¿Qué fueron muchos? Estambul, con sus once millones y pico de habitantes da para eso y más, cosa que sabe cualquier persona que se haya visto atrapada en alguno de los monumentales embotellamientos de tráfico que se pueden generar en algunos lugares de la capital en horas punta. Y por cierto, que el color escarlata de la bandera turca es de gran utilidad a la hora de dar volumen fotográfico a manifestaciones multitudinarias. O de retocar fotos de Google Earth a golpe de rotulador.
La manifestación del 29 de abril de 2007 discurrió por alguno de los barrios más modernos de Estambul
El tratamiento que le han dado algunos diarios occidentales al evento ha sido, cuanto menos, sorprendente. Y una vez más, “El País” se ha llevado la palma con su política de titulares: “Cientos de miles de turcos defienden el Estado laico en las calles de Estambul”. Con lo cual, el rotativo madrileño asume que el estado laico está siendo atacado en Turquía, da la razón a los manifestantes y parece tomar partido por su opción política. Precisamente, el diario de PRISA debería ser más sensible a estas tomas de posición cuando en los últimos dos años ha tenido que enfrentarse a la cobertura de multitudinarias manifestaciones convocadas contra la política del gobierno español, especialmente en lo relativo a las negociaciones con ETA o la política antiterrorista, alguna de las cuales también se adjudicó el millón de participantes. ¿Qué le parecería u titular del estilo “Centenares de miles de manifestantes toman las calles de Madrid para defender la libertad y la democracia”, en junio de 2005 o marzo de este mismo año?
El titular inadecuado ha venido acompañado en otras ocasiones por informaciones ienxactas o sesgadas, impropias de un corresponsal enviado especialmente a la zona. Por ejemplo, Juan Carlos Sanz, pretendiendo hacer gala de unos conocimientos que no parece tener, nos dice en crónica del 30 de abril que “las reformas que han introducido en Turquía [Erdoğan y Gül] no tienen parangón desde que Atatürk abolió el alfabeto árabe, prohibió el fez con el que tocaban su cabeza los otomanos y fundó le estado laico”. Esta forma de plantear las cosas se complementa con otra contundente información publicada por este mismo reportero el pasado 25 de abril: “Desde Atatürk, nadie como ellos ha logrado acumular tanto poder en Turquía”. Por lo visto, Sanz le ha cogido gusto al remoquete, que debe haberle chivado algún colega de “Hürriyet”·, diario que gusta de referirse a “El País” en términos de aliado. 
Adnan Menderes llegó a ocupar la portada de la revista "
Time" por el alcance de las reformas que emprendió en Turquía, ya en los años 50
Pues bien: antes del gabinete de Erdoğan se produjeron numerosas reformas protagonizadas por diferentes gobiernos, todas ellas de bastante alcance y que reformaban o enmendaban el régimen instituido por Kemal Atatürk (apellido que, por cierto, Sanz escribe en itálicas, sin que se sepa por qué, como si fuera un mote). El mismo İnönü instituyó el régimen pluripartidista después de la Segunda Guerra Mundial; y de él surgió el gobierno de Menderes, que a punto estuvo de desmantelarla herencia kemalista en su totalidad entre 1950 y 1961. Pero es que los golpistas de 1960 y 1980 también cambiaron muchas cosas. Por cierto, que en tiempos de Kenan Evren, que gustaba de presentarse como el nuevo Atatürk, se prohibieron todos los partidos políticos, incluyendo el CHP que creó el fundador de la república, lo que además supuso la destrucción de buena parte de su fondo documental. Y por último, mientras el Partido Democrático dominó la escena política turca, dos de sus líderes acapararon durante una década los puestos de primer ministro (Adnan Menderes, que a la vez fue ministro de Asuntos Exteriores) y presidente (Celal Bayar). En esos años se reintrodujo la casi obligatoriedad de guardar el Ramadán, se volvieron a construir miles de mezquitas, el adhan volvió a hacerse en árabe y hasta se habló de reinstaurar la poligamia. Nada de eso se ha hecho durante el periodo de Erdoğan como primer ministro y ni siquiera parece que el ritmo de construcción de mezquitas haya tenido nada que ver con el experimentado en tiempos de Turgut Özal quien, por cierto, fue otro de los grandes transformadores radicales de la sociedad y la política turcas.

La manifestación del 29 de abril agrupó en su mayoría a ciudadanos acomodados, clases medias funcionariales, profesionales liberales, pequeños empresarios, estudiantes e incluso algunos representantes de la "gente guapa" de Estambul. Una completa muestra fotográfica
aquíPor lo tanto, el “expreso de medianoche” castrense del pasado 27 de abril, y la gran manifa del 29 de ese mismo mes, una cosa después de la otra, han dejado un regusto a demagogia gritona que recuerda épocas mucho peores de la historia contemporánea turca. Lógicamente, el lunes comenzó con una caída espectacular de la Bolsa turca (el índice IMKB 100): un 8% que de paso devaluó la lira, aunque luego los recortes se resituaron en torno al 6%. Eso significa volatilidad, inflación y problemas cara a las negociaciones para el ingreso en la UE. El fenómeno no es nuevo: los atentados terroristas ya habían hundido la bolsa anteriormente en Turquía, pero ahora parce que debido a la coyuntura política, los efectos podrían persistir, amenazando la estabilidad económica del país, que tanto había costado conseguir y estaba dando resultados espectaculares. En definitiva, la demagogia no cotiza. Ahí tienen otro de los títulos pensados para el post.
A eso se ha referido precisamente Recep Tayyip Erdoğan su discurso de ayer por la tarde, en vísperas del 1º de mayo. Nada de laicismo o religión: logros económicos patentes, y la amenaza que plantean los devaneos de la oposición política minoritaria. El discurso había sido grabado el sábado, pero el primer ministro no consideró necesario rehacerlo tras la manifestación del domingo. Hizo bien: no entró en el juego demagógico que le plantearon (no tenía por qué, dado que el gobierno, en efecto, no amenaza el estado laico, ni está haciendo trampas en la elección de presidente) y planteó él mismo unas nuevas reglas de discusión. Erdoğan proyectó poder, y eso le gusta a los turcos. Ahora veremos cómo sortea los retos que implica la elección de Gül a la presidencia y si accede al adelanto electoral, cosa que tampoco le vendría mal a la estabilidad del país y al relanzamiento de las negociaciones con la UE. De momento, Turquía sigue bailando en la punta de un alfiler. Pero lo cierto es que si sale de ésta, Recep Tayyip Erdoğan quedará entronizado como uno de los mejores estadistas que ha tenido el país y éste recobrará grandes energías para reemprender el camino hacia Europa. 
Fotomontaje del diario "Zaman" correspondiente al 1º de mayo, con el escudo de la Presidencia turca y gráfica de la Bolsa correspondiente al día 30 de abril
Democratic test
Nicole Pope
“Zaman”, 1º de mayo, 2007
n.pope@todayszaman.com
After 20 years in this country, I have to admit that it has not lost its ability to puzzle me. Like many other journalists, Turkish and foreign, I was taken aback by the sheer size of the demonstration that took place in İstanbul. The hundreds of thousands of people who gathered to express their views were exercising a democratic right. But I couldn’t help being disturbed by some of the demonstrators’ comments and statements.
“We don’t want a covered woman in Atatürk’s presidential palace,” said one protester quoted by The Associated Press. “We want civilized, modern people there.” Is the headscarf really a unique symbol of backwardness and are all women who do not wear it “modern and civilized”? I also wondered if the extensive use of the Turkish flag, in a protest that was clearly directed at the ruling party, suggested that in the demonstrators’ view the people who voted for the Justice and Development Party (AK Party) and gave it a majority in Parliament are not proper Turks? Do they come from outer space?
Turks themselves have to answer these questions. Personally I believe the most important divide in Turkey today is not the one between secularists and believers: it is between those who defend individual rights and a democratic system that gives citizens broad latitude to express diverse views, and between partisans of a more authoritarian, centralized system that lacks trust in its citizens and imposes a narrow ideology. My observation is that in Turkey today democrats -- and indeed authoritarians -- are to be found on both sides of the secular/religious fault line.
What sadly emerged on Friday, as the presidential election began in Parliament, was the political parties’ inadequate degree of maturity. For someone like me who loves Turkey and wants to see it develop to its full political, social and economic potential, it was painful to see opposition parties deliberately relinquishing their democratic power to vote and, instead, handing the right of decision to the Constitutional Court.
The ruling party could no doubt have handled the pre-election period better. Had Prime Minister Recep Tayyip Erdoğan not kept the country waiting for months while he decided whether or not to stand for the presidency, tension might not have risen so high. But the opposition parties also have a responsibility to present their own candidate, even if the parliament’s arithmetic left them in the minority.
As far back as 1994, when Erdoğan was first elected mayor of İstanbul and a segment of Turkish society began worrying about the threat of “fundamentalism,” I remember writing that perhaps Erdoğan’s success might prompt opposition parties to devise more effective methods to win over voters. But more than a decade later it seems that the “secular” opposition has yet to develop an alternative vision and a positive strategy that does not rely solely on warning that secularism is at threat.
If so many Turkish citizens felt the need to take to the streets to get their views heard, it is partly because many of them are struggling to find political parties capable of channeling their opinions. An efficient opposition, which offers alternative views and solutions, is a fundamental element of any healthy democracy. In the past five years the opposition has proven very weak. Elections will take place sooner rather than later, but will the various political parties rise to the test and offer a clear vision of the future they envision for the country? 
Otra vista panorámica de la manifestación del pasado día 29 de abril
External Factors of April 27 Process
Ali H. Aslan
“Zaman”, 30.04.07
Last week a group of Turkish journalists and I visited Israel. The trip was organized by the American Jewish Committee. We were hosted very well and our experience turned out to be very informative and enlightening. We observed the most crucial 'project' of Jewish network right from its headquarters. While we were grateful for Israeli sympathy toward Turkey and Turks, I sensed that Israeli elites had compassion for Turkey because of its laicists. It was obvious they had strong ties with a group of Islamophobics in Turkey and had extreme laic reflexes.
We also met with Israelis experts on Turkey's domestic politics. For example, during a dinner reception with a retired Israeli ambassador, several people clearly noted that they did not favor Abdullah Gül's presidency. I was not surprised because I knew some American Jewish leaders well-connected with Israel who did not find the AK Party to be "laicist in spirit" and were disturbed by its stance on the Palestine issue. They were critical of Prime Minister Erdoğan because he had described Israel as a terrorist several times. They think Gül was a sly 'Islamist' and expressed concern over the prospects of his increased activity in international politics if he were to become president.
The ideology of neo-conservatism, which brings together Zionism -- an ideology based on Jewish nationalism -- and a supremacist American nationalism falls along the same lines. They perceive religious Muslims as a potential strategic threat. This concern increased after the Sept. 11 attacks. They support anti-Islamic social and political engineering projects that are supposedly intended to protect laicism.
Similar to the Feb. 28 process, the process following the April 27 post-modern coup takes its greatest international support from the Zionist/neo-con network. Contacts of both official and non-official actors during these periods validate this assessment. There are professional coup distributors. I'd like to point out especially one of them. If we look at her coordinates we can easily understand how this network functions. This provocateur going back and forth Turkey-Israel-US trio have the same key role in the April 27 process as she did during the Feb. 28 process. There are Turkish experts and financers in think tanks in Washington who support her as well. Such people who prepare international ground for Anti-democratic interventions that hinder Turkey's development and damage its benefits are applauded by certain powers.
How do they accomplish the task? That's very simple. They travel to Washington and explain to those they contact that Turkey's is slipping toward an Islamic regime. They find people willing to accept this nonsense. Then they return to Ankara and say Washington has given the green light for a military intervention. The information they provide is incorrect. But certain groups in Ankara hear what they want to hear.
Does US administration not realize the games that are being played? A part of the administration in fact supports the game. Take, for example, Vice President Dick Cheney. His Zionist/neo-con front and "intelligentsia" actors must be very pleased with the April 27 period. Why? Because democracy in Turkey and other Islamic countries is not a priority for them. In fact, their neo-fascist administrative tactics suggest they find democracy too luxurious even for America. They perceive Islam's motivation power to be a major obstacle to their no-colonialist aims. Hence, their ideal for the Muslim countries is to impose totalitarian laicist regimes. They would appreciate laicist Muslim dictators who would sign new defense tenders and support their wars in Iran and Syria.
Reasonable wing of the US administration led by State Department bureaucracy and partially CIA are helpless due to very organized efforts by this network. The weak statements of American officials in response to the April 27 note is possibly the end result. The night of the military note, I had a very interesting experience trying to get an official response from the Bush administration. I first spoke with the foreign press spokesman, and he said, "We support the democratic process in Turkey." He called me back to say that he meant they support "a secular democracy." Then he corrected it and said "The US fully supports the constitutional processes of the Turkey's secular democracy."
It's obvious that the US' official response was modified by different powers so not to disturb those who issued the note. Besides, they did not want to upset the military because most of their expectations from Turkey are related to the military. Perhaps they didn't want to give the impression they were picking sides on our domestic politics. Despite everything, America should have adopted a clearer stance on the side of democracy.
Unfortunately, the April 27 postmodern military intervention, like all the others, will go down in history as an action benefiting some domestic and foreign special interest groups rather than Turkey, despite all well-intended patriotic intentions.

Manifestación multitudinaria, pero esta vez no es Estambul, sino Madrid. Se trata de una de las grandes concentraciones que la derecha logró reunir en contra del gobierno socialista de Rodríguez Zapatero. Como en el caso de Erdoğan, éste no se achantó y continúa evitando
la celebración de elecciones anticipadas. Aunque pueda molestarle a "El País", ZP tiene más similitudes con "Tayyip" que con Baykal, siendo éste más similar a Rajoy en estilo. Para un interesante estudio sobre el cálculo de manifestantes, vid.:
Malaprensa, post del 21.06.05
Etiquetas: bolsa, Erbkan, Erdoğan, golpismo, Gül, manifestaciones, Menderes, Mustafa Kemal Atatürk, Saylan, Turquía
2007: ¿Quién promueve el golpismo turco?

Retrato oficial del general jefe del Estado Mayor de la Defensa del la República de Turquía, Yaşar Büyükanıt, Tras él, las banderas de Turquía y la RTNC
Ante la confusa evolución que van tomando los acontecimientos en Turquía, uno de los muy escasos periodistas españoles que han acertado en su comentario, es el veterano Xavier Batalla, otro de los maestros de “La Vanguardia”, rotativo que, una vez más, demuestra su supremacía analítica frente a la de “El País”. Vamos a dejar a las directivas de los respectivos diarios y las nutridas promociones de comunicólogos que ponen en la calle nuestras universidades cada curso, que diluciden a qué se debe ese fenómeno. Y aquí y ahora vamos a centrarnos en la compleja y cada vez más preocupante situación que atraviesa Turquía. Por ello, no se pierdan el artículo que sigue al de Batalla, cuyo autor es Ihsan Dagı, un comentarista del diario "Zaman", pro-islamista moderado.
Lo primero que salta a la vista cuando se toma un poco de altura y se examina el panorama informativo de los últimos quince días, es que la Unión Europea está demostrando una capacidad de liar la situación internacional similar a la de los Estados Unidos de George Bush. La culpa puede ser de cierta tendencia a darle la razón, innecesariamente, a todo el mundo; o la inexistencia de una política exterior común. La cuestión es que en los últimos días, Bruselas está siendo responsable directa e indirecta de la crisis en Turquía, del agrietamiento de las relaciones con Rusia y, paralelamente, de fomentar una vez más el ultranacionalismo en la generación de nuevos miembros orientales del club. Después de Polonia, Hungría y Chipre, ahora le toca al turno a Estonia. Todo lo cual lleva, básicamente, a que Bruselas tire piedras contra cada uno de sus propios tejados, a través de los cuales se supone que ha de llegarnos mañana el gas y el petróleo: sea a través de Rusia, sea a través de Turquía. No hay más.
El reputado profesor y analista de Ciencia Política, Soli Özel, suele decir que si la UE no quiere tener frontera con Oriente Medio, la tendrá de todas formas, si condena a Turquía a formar parte de esa conflictiva región. Si la situación se agrava en Turquía hasta llegar a la guerra civil, el comentario jocoso se habrá transformado en una preocupante profecía cumplida; y debido a sus devaneos, la UE tendrá una nueva guerra en su patio trasero, y de mucho mayor alcance que las de los Balcanes en la década 1991-2001.

El general Cemal Gürsel se dirige a la nación tras el golpe de 1960. Aunque no tuvo ningún papel en la preparación y desarrollo del operativo, los oficiales que sí lo organizaron decidieron nombrarle Jefe de Estado Mayor, ministro de Defensa, primer ministro y Presidente, por lo que a partir del 30 de mayo de 1960 acumuló más poder político que el mismísimo Atatürk
Sin embargo, es evidente que en este caso, los militares turcos han tenido un protagonismo que, en apariencia, es puramente autóctono. ¿O no? Vamos a discutir un poco esa idea, mientras que el lector puede encontrar otro punto de vista, más abajo, en el artículo de Ihsan Dagı.
El golpe de 1960, fue el más improvisado (obra de coroneles descontentos con el estamento, no del Estado Mayor) pero también el “más logrado” técnica y políticamente. Es cierto que supuso el ahorcamiento del primer ministro Adnan Menderes, una acción vergonzosa cometida en pleno año 1961, pero aún así, se diseñó y sancionó la Constitución de 1961, la más avanzada que tuvo Turquía hasta ahora. Desde entonces, las sucesivas asonadas militares han tenido consecuencias negativas a medio plazo. El golpe de 1971 fue una chapuza que ni siquiera palió el caos político en el país, y los uniformados quisieron rematarlo con el de 1980, que aparte de liquidar la Constitución de 1961, terminó por duplicar innecesariamente el abanico de los partidos políticos turcos, lo cual llevó a la situación de inestabilidad gubernamental crónica de la década 1991-2001. Por lo tanto, la desafortunada intervención castrense de 1980, donde además los mismos militares, encabezados por el general Kenan Evren dieron luz verde a la utilización del islamismo contra el comunismo, terminó por provocar lo que se denominó “golpe posmoderno” de 1997. Éste tampoco resolvió nada: los militares se propusieron liquidar el aparato político y económico de los islamistas. En 2001 creyeron haberlo logrado, pero les salió el tiro por la culata cuando la población turca, de toda condición, confesional y laica, votó masivamente por el AKP al año siguiente. Que al Ejército le sentó mal la aplastante victoria electoral de la alternativa islamo-democrática lo prueban las amenazas golpistas que ya le dirigió en mayo de 2003 el anterior Jefe de Estado Mayor, el general Hilmi Özkök, que algunos comentaristas tildaban de "moderado".
Por lo tanto, la apreciación de que los golpes militares han contribuido a mantener en pie al aparato kemalista, es pura y simplemente falsa. Y lo es incluso desde 1960, puesto que la liquidación del Partido Democrático y la ejecución de Menderes, dio lugar a la aparición del Partido de la Justicia de Süleyman Demirel. Abran los ojos, señores militares turcos: si dan un golpe ahora, será mejor que piensen en permanecer en el poder todo lo que puedan. El golpe políticamente “correctivo” no lleva a nada. Ahora bien: si se empeñan en una permanencia sine die en el poder, ¿cuánto aguantarían sin terminar en el desastre, como los coroneles griegos en 1974 o los generales argentinos en 1982?

El general Cevdet Sunay en la Asamblea Nacional. General jefe del Ejército de Tierra en 1960, sucedió a Gürsel al frente del la jefatura del estado en 1966 y continuó en el puesto hasta 1973
Un golpe ha de tener objetivos políticos claros, dirección firme, cierto apoyo social y una buena dosis de respaldo internacional. Todo eso lo tuvieron los golpistas turcos en 1960 y 1980 (menos en 1971). Hoy está comprobado que los norteamericanos respaldaron de una forma u otra estas acciones. En cambio, ya no está nada claro que los militares tuvieran ese respaldo en 1997, porque la Guerra Fría había quedado atrás y el supuesto peligro islamista no parecía tan grave a ojos del amigo americano antes del 11-S. Desde luego, los ”posmodernos” de 1997 no gozaron del apoyo de Europa, muy cansada ya de los uniformados turcos. Pero hoy, diez años exactos más tarde, siguen sin tenerlo de Bruselas y ni siquiera Washington lo ve claro. En realidad, un posible golpe militar a día de hoy, iría en parte dirigido contra la política norteamericana en Irak: una locura.
¿Cuál es el destino político de una acción militar en 2007? Turquía quedaría aislada internacionalmente, con la única posibilidad de acercarse a Rusia e Irán. Esta segunda opción también es impensable: ¿un régimen de militares “seculares” apoyándose en el Irán de los ayatolas? La posibilidad de apoyarse en los países árabes sería igualmente ridícula, porque si alguien ha hecho eso ha sido el gobierno actualmente en el poder, y esta vez con el consentimiento de la UE, no como durante el gobierno de Erbakan, hace una década.
Queda Rusia. Seguramente, no han de faltar nostálgicos que antes de nacer ya estaban instalados en 1920 ó 1921 y sueñan con recuperar aquel apoyo que los bolcheviques le dieron a las tropas de Mustafa Kemal en lucha contra los ocupantes europeos, griegos y armenios. Pero es que poco falta para que se cumpla un siglo de todo aquello; Lenin ya murió, así como Mustafa Kemal e incluso Lloyd George. Buscar al apoyo de Moscú no es mala jugada a corto plazo, pero resulta muy azarosa para un periodo de más de cinco años. Rusia está inmersa en una lucha muy compleja por volver a ocupar un puesto preeminente en la escena internacional. Un tira y afloja en el cual ha de velar por sus propios intereses en todo momento, y sin que haya mucho margen de maniobra para atender a sus aliados, incluso los más cercanos: recordemos lo que ocurrió con la Bielorrusia de Aleksandr Lukashenko hace muy pocos meses. Si además esos aliados lo son de ocasión (porque Turquía se acercaría a Rusia debido a su aislamiento) y gobernados por una camarilla de ineptos desesperados (una junta militar, por ejemplo) el resultado de esa maniobra podría terminar mal para Ankara.

El general Kenan Evren, líder del golpe de 1980 y presidente de la República entre 1982 y 1989. Al menos durante los años 70 fue jefe de la rama turca de Gladio
Por lo tanto, parece que los militares de tendencia golpista (que no son todos en el seno de las fuerzas armadas turcas, por suerte) y sus aliados coyunturales en el mundo de la política civil (el CHP socialdemócrata-tardokemalista, el ANAVATAN y el DYP) no poseen, hoy por hoy, un plan de acción que vaya más allá de defender sus intereses corporativos aquí y ahora. Muy poca cosa es eso para la complejidad del mundo globalizado del siglo XXI. La factura que pueden pagar por aventuras anacrónicas es cuantiosa: adiós a la UE; serios desencuentros con los amigos americanos; soledad frente a la crisis iraquí y el problema kurdo; pérdida de jugosos negocios en Oriente Medio, Europa y más allá; huida de las inversiones extranjeras; crisis económica consiguiente; despeñe de la estabilidad financiera; y al final, a ver quién le paga los salarios a los funcionarios y militares laicos. Con un poco de mala suerte, la República del Kurdistán puede terminar llegando a las puertas de Kayseri; lo cual sería un problema para los armenios, claro.
Pero aquí también hay responsabilidades, y muy serias, para actores políticos occidentales. Porque es cierto que los turcos, siempre tan necesitados de directivas políticas claras, llevan años enteros aguantando la cacofonía de las sugerencias y contrasugerencias, órdenes y contraórdenes de europeos y americanos. Y es evidente que así, no se puede seguir.
Por supuesto, en Europa muchos se están frotando las manos ante la crisis turca. La estrategia de la derecha (básicamente la francesa) consistente en hostigar y hostigar a los turcos a ver si así arrojan la toalla y abandonan su candidatura a la UE, no parecía llevar a ningún lado, porque el gobierno de Ankara se daba perfecta cuenta de que era eso, precisamente, lo que deseaban sus enemigos en Europa. Por ello, la postura coriácea de Erdoğan y el gabinete del AKP fue puenteada por la cerril oposición del CHP y otros partidos minoritarios, que además cuentan ahora con el respaldo de unas fuerzas armadas tan europeo-kemalistas (?) que están a punto de hacer descarrillar el acercamiento histórico de Turquía a la Europa. Lo que no consiguió el Papa Benedicto con el apoyo de las huestes católicas, puede que lo logre el fantasma de los jenízaros liquidados en 1826, en virtud del Benéfico Evento.
De todas maneras, todo esto es muy extraño, como venía a comentar el comisario para la Ampliación de la UE, Olli Rehn, en su comunicado contra las veleidades intervencionistas de los militares turcos. Verán: en Turquía los patrones de actuación de las fuerzas involucionistas parecen actuar de forma muy parecida en el tiempo. El 1º febrero de 1997, la sociedad civil turca, harta de los excesos que estaba cometiendo el “estado profundo” en la interminable guerra contra el PKK, organizó la “Jornada de luz contra la oscuridad” en la que decenas de miles de turcos protestaron encendiendo y apagando las luces o haciendo sonar bocinas y cacerolas. La iniciativa recordaba mucho a la que estaba teniendo lugar en Belgrado contra el régimen de Slobodan Milošević, por aquellas mismas fechas. Pero aquello que había sido una honesta y masiva movilización ciudadana, fue travestida por la prensa “laica” y algunos políticos como una protesta contra el auge del islamismo, dado que había terminado el mes de Ramadán, que el gobierno de Erbakan había intentado hacer cumplir con mayor rigor.

Jóvenes islamistas radicales escenifican la victoria de Hamas en Sıncan febrero de 1997. La ilustración es un fotograma del vídeo "
Coup / Darbe - A Documentary History of the Turkish Military Interventions", dirigido por Elif Savaş Felsen (2000)
Los militares no dejaron pasar la ocasión. También por entonces, el alcalde islamista del barrio de Sıncan, en Ankara, había organizado una provocativa jornada de apoyo al grupo palestino Hamas “por la liberación de Jerusalén”, a la que había acudido el embajador iraní. El acto incluía una dramatización de un ataque contra soldados israelíes a cargo de combatientes de Hamas y una serie de discursos incendiarios. Como respuesta, en el barrio tuvo lugar una protesta de “feministas laicas” (con rasgos similares a la manifestación de ayer mismo en Estambul) y el 4 de febrero, una columna de vehículos blindados atravesó la población. Eso fue el comienzo del denominado “golpe posmoderno” de 1997. Los militares consiguieron echar del poder a Necmettin Erbakan que, él sí, era un islamista considerablemente radical.
Parece como si los protagonistas de ahora estuvieran intentando repetir el patrón de hace diez años. Pero recordemos cómo continuó entonces la historia. Pocos meses después de que se consumara el “golpe posmoderno”, en diciembre de 1997, y durante la cumbre de Luxemburgo, se rechazó la candidatura turca para el paquete de ampliación de la UE, previsto para el periodo el 2004-2007. En parte, la culpa era del intervencionismo militar en política, claro está; pero además la guerra contra el PKK no había concluido, no paraban de producirse denuncias de corrupción política, la economía seguía por los suelos y la inflación alcanzaba el 90%.

Cómo se da un "golpe posmoderno": el Consejo de Seguridad Nacional lee la cartilla al gobierno de Erbakan ante el presidente. Fotograma recogido en
"Coup / Darbe"
Y dos años más tarde, qué curioso, fíjense lo que sucedió. Todo un viraje de la situación. El 15 de enero de 1999 tuvo lugar la rocambolesca captura de Abdullah Öcalan, el líder del PKK, en Kenia, tras haber realizado un periplo que comenzó con el acuerdo entre Ankara y Damasco para su expulsión de Siria, tras lo cual viajó por Rusia e Italia, donde fue tratado como un huésped incómodo. Protegido por los servicios de inteligencia griegos, fue capturado en Nairobi por sus homólogos turcos del MIT. Todo indica que fue una operación de inteligencia muy compleja, en la cual cooperaron diversos servicios y que concluyó… un mes antes de que comenzaran los ataques aéreos de la OTAN contra Serbia (24 de marzo), que habrían de llevar a que Kosovo se convirtiera en un protectorado internacional.
¿Creen ustedes que la captura de Öcalan no tuvo nada que ver con la encrucijada en la que se encontraba por entonces la Alianza Atlántica?¿Que fue pura casualidad? Turquía era por entonces miembro de la OTAN y había tenido un importante protagonismo en el apoyo a los musulmanes bosnios, entre 1993 y 1995. Por eso, las potencias occidentales habían hecho lo posible por pasar de puntillas sobre las operaciones que estaba desarrollando el Ejército turco contra la guerrilla del PKK, con tácticas que en muchos aspectos se asemejaban a los del Ejército de la Republika Srpska, en Bosnia. En 1999, los militares turcos aún no había concluido la guerra, y en vísperas de la gran ofensiva de la OTAN en los Balcanes, suponía una incómoda contradicción que Bruselas y Washington no podían asumir. Posiblemente, eso contribuyó a que entre unos y otros le pusieran a Öcalan en bandeja a las fuerzas de seguridad turcas (lo cual explicaría que, consciente de lo ocurrido, la moral del dirigente kurdo se hundiera como lo hizo). Y desde esa jugada se saltó a la siguiente: en Helsinki, durante la reunión semestral de los dirigentes de la UE, en diciembre de ese año, se concluyó que “Turquía, como otros candidatos se iba a beneficiar de una estrategia de preacceso destinada a estimular sus reformas”. Bruselas esperaba cambios significativos en Turquía y aunque se anunciaron rigurosos exámenes de adecuación, el horizonte de la integración en la UE comenzó a aclararse para los turcos, una vez que el ejército se quedó sin "su" guerra.

Abdullah Öcalan, esposado, vuela en dirección a Ankara tras ser capturado en Kenia por un comando de los servicios especiales turcos, febrero de 1999. Mientras tanto, los cazabombarderos de la OTAN calentaban sus motores para bombardear Serbia
Por lo tanto, los militares turcos seguramente recibieron un importante apoyo de la OTAN y las potencias occidentales para concluir la guerra contra el PKK, en 1999. Y antes de ello, a pesar de que siempre han alardeado de actuar en defensa de la integridad patria y en contra de la injerencia extranjera, resulta que, al menos en 1971 y 1980, intervinieron en nombre de los intereses norteamericanos. ¿Están actuando ahora a instancias de alguien?
Eso sería muy grave. Si los sectores golpistas están haciendo caso de cantos de sirena procedentes de Occidente –y cuesta creer que provengan de otra parte- pueden acabar haciendo un daño irreparable a los intereses de Turquía en su conjunto, liquidando para siempre el muy escaso ascendente político que les pueda quedar y perjudicándose muy seriamente a sí mismos como estamento. Porque resulta transparente a quién beneficiaría un golpe militar en Turquía, con el consiguiente descalabro político, diplomático y económico (al margen de un posible conflicto armado, “a la argelina”). O mejor dicho: a quien cree que le beneficiaría el descalabro turco. Porque en la normalización política de Turquía, toda Europa se juega mucho: más que en Kosovo o en Bosnia. Mucho más.

El general Yaşar Büyükanıt pronuncia un discurso ante un gigantesco retrato de Atatürk
Un tupido velo
Xavier Batalla
“La Vanguardia”, 29 de abril 2007
Dirigentes y analistas occidentales se pasaron la guerra fría haciéndose dos preguntas: ¿Se puede coexistir con los comunistas?¿es reformable el comunismo? Seis años después de los atentados del 11 de septiembre. El mundo occidental vuelve a plantearse similares cuestiones, aunque ahora los motivos de preocupación son el islam, el islam político y el terrorismo apocalíptico.
La posición entre el mundo occidental y el musulmán ha existido desde los orígenes del islam. Los dos se han mirado pero no se han comprendido nunca. Occdietne teme el terrorismo apocalíptico y el fundamentalismo. Y los islamistas [sic. ¿Quiere decir “musulmanes”?] acusan a Occidente de ser hostil a su cultura y de proteger, por intereses económicos, a los regímenes corruptos y antidemocráticos que controlan el inmenso arco geográfico musulmán.
Turquía llama a las puertas de Europa desde 1963, cuando se le concedió un acuerdo preferencial, y desde entonces ha cambiado de manera profunda. No ha cambiado tanto como debería, pero ha cambiado. Y el cambio se ha dado a instancias de la Unión Europea, que también en Turquía ha demostrado cómo el poder blando puede modernizar un país. Ahora, la oposición europea al ingreso de Turquía anima a los militares a intervenir en la política, lo que no es muy democrático.
El intento frustrado de Recep Tayyip Erdogan, primer ministro turco e islamista moderado, de ser elegido presidente de la república ha deparado una situación chocante. Los sectores laicos, con los militares al frente, se han opuesto a la candidatura de Erdogan, de quien temen que tenga una agenda islamista oculta, cuya parte visible sería el velo que se pone su esposa. Es comprensible. La posibilidad de que Erdogan tenga una agenda oculta no hay que descartarla, pero tampoco debería ignorarse la posibilidad de que Erdogan haya renunciado a causa de un nuevo tipo de golpe velado de los militares, que desde 1960 ya han protagonizado tres pronunciamientos tradicionales y uno posmoderno, el que le costó el poder a Erbakan, un islamista radical.
La situación resulta chocante porque si la oposición laica a los islamistas debería acercar más a los turcos a Europa, la realidad dice que Turquía, cansada de las medias tintas europeas, se está alejando. Cuando Europa aprobó la apertura de negociaciones con Turquía hace poco más de dos años, el 77% de los turcos era favorable a entrar en la comunidad. Ahora, cuando la oposición de alemanes y franceses se explica por factores culturales y religiosos, sólo el 30% es partidario del ingreso. Y quienes ganan son los ultranacionalistas y militares.
El presidente puede disolver el Parlamento y vetar una ley o el nombramiento de un juez. Quienes desconfían de Erdogan y de Gül, su segundo y ahora candidato a la presidencia, dicen que es por eso que se oponen a que el presidente sea islamista, ya que no vetaría iniciativas fundamentalistas. No hay que descartarlo. Pero si alguna vez debe haber un entendimiento con Turquía también habrá que entenderse con el islamismo moderado. Hay una expresión inglesa, self-fulfilling prophecy, que se refiere a alguien que hace una profecía y, acto seguido, dedica todas sus fuerzas para que se cumpla. Es el caso de los neoconservadores, que anunciaron el choque de civilizaciones y después invadieron Iraq. Europa dice que no hay que fiarse y después, al regatear, no ayuda a que no caiga sobre Turquía un tupido velo.

Erdoğan intenta llamar al orden a los militares, ante un enorme retrato de Atatürk. Para muchos comentaristas, el daño ya está hecho
The military intervenes: Will the West lose Turkey?
Ihsan Dagı
“Zaman”, 30.04.2007
i.dagi@todayszaman.com
The memorandum issued by the Turkish military seems to be motivated more by their objection to Turkey’s current place in the West and the direction of Westernization along the EU accession process than by their concerns with secularism. If this attempt succeeds, the West will lose Turkey. The military has not hidden its concerns with the EU accession preparations with regard to political reforms. The Turkish military’s deep disturbance with the West was displayed as recently as the April 12 press conference of Chief of General Staff Gen. Büyükanıt. In this press conference Buyukanit stated that the military “knows who makes Barzani talk against Turkey,” implying that the United States was behind Barzani. In the same press conference, believing that “creating minorities” is part of the EU acquis, Gen. Büyükanıt declared, “This [adapting the EU acquis] will divide Turkey into pieces.”
The view that the AK Party government has given too many concessions to the West and the EU in particular seems to have strong advocates in the military. Introducing revolutionary political reforms, supporting a solution to the Cyprus question along the Annan plan and encouraging foreign capital and privatization all have been regarded as selling out Turkey by nationalist forces whose concerns seem to be shared by the military. The latest intervention then expects to halt the process of Turkey’s integration with the world, including the EU, calculated as weakening Turkish independence and unity.
The common characteristics of those who support the military’s recent intervention are their anti-Western, anti-EU and anti-democracy views. They speak an anachronistic language of imperialism of the West plotting against the Turkish economy, territorial integrity and the “regime.” This was displayed by those who spoke at the meetings in Ankara on April 14 and Istanbul on April 29. They appear as the strongest ideological opponents of the West, of the EU and of the values and institutions of political modernity. They fear the West, Westernization and globalization. They also fear those people in Turkey who do not fear the West, Westernization and globalization.
EU representatives strongly condemned the military’s latest intervention in politics as unacceptable in a democracy that is conducting accession negotiations. The military’s memorandum will certainly be interpreted as an incidence of Turkey lacking a fully fledged democracy and rule of law, preconditions for the accession process as outlined in the negotiation framework document. The reason for this is very obvious: the Copenhagen political criteria refer to the “stability of institutions” guaranteeing democracy, human rights, rule of law and minority rights. But today we are in a situation in which the military openly threatens the civilian government and the Parliament with taking control. The Constitutional Court, which is to decide on a procedural dispute on the election of the president, is now under the shadow of the military’s obvious coercion.
After all this how can we describe this country as a properly functioning democracy with a notion of the rule of law? This event also shows that reforms undertaken with the EU perspective are fragile and reversible, and, thus, no one can claim the existence of the stability of institutions guaranteeing democratic institutions and values.
The damage has already been done. The Turkey skeptics have now been given a perfect case to disqualify Turkey as a democratic European state which can claim a place in the EU. My guess is that this was one of the objectives of the writers of the military memorandum anyway...
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Cuentos chinos explicados en turco
Hace un par de días, me encontré, casi por casualidad, con la noticia de que la policía turca había desbaratado un comando y un plan para atentar contra la vida del primer ministro Recep Tayyip Erdoğan, en Ankara. El asunto era tratado, casi de pasada por “La Vanguardia”, pero apenas merecía más atención en “El País”. Ya se sabe: Turquía. ¿Y todavía hay quien se empeña en meterla en la Unión Europea? La consabida actitud supuestamente bienpensante de buena parte de la presna española.
Ayer, en cambio, se podía leer todo un extenso artículo de opinión en ese mismo “El País”, firmado por Orhan Pamuk (3 de junio, 2006, pag. 17). En la pieza, el egregio escritor turco pedía solidaridad internacional para Perihan Manden, una muy desconocida escritora turca que se ha metido en líos por defender el derecho de Mehmet Terhan a cumplir el servicio militar. Al parecer, el quinto es homosexual, pero se hubiera librado de la mili tras someterse a un examen médico: el Ejército turco considera la homosexualidad una discapacidad. Pero Mehmet Terhan ejerció su derecho a la objeción y a no pasar por un reconocimiento que considera degradante. Como la escritora Perihan Manden defendió su opción públicamente, un fiscal militar pide para ella tres años de cárcel.
Ya se sabe cómo son los militares, y más cuando les tocas el asunto de la homosexualidad en filas: en Turquía, en los Estados Unidos y hasta en España, donde hace seis años ya, el caso de un coronel que se declaró públicamente gay (¿lo recuerdan?) levantó un revuelo embarazoso que todos, uniformados y encorbatados, se apresuraron a meter bajo la alfombra, y aquí paz y allá gloria. Pero ya se sabe: “El País” adoptó a Orhan Pamuk a finales del pasado verano, en significativa coincidencia con la proximidad de las negociaciones en Bruselas para admitir a Turquía como candidato a la UE, que debían celebrarse el 3 de octubre. Desde las páginas del rotativo se hinchó todo lo que se pudo el asunto de la denuncia contra Pamuk por parte de dos fiscalías turcas, a raíz de unas declaraciones “antipatrióticas” realizadas por el escritor… siete meses antes. Uno de los juicios debía celebrarse en diciembre, pero la campaña emergió en Alemania un mes antes de que se debatiera el derecho de Turquía a la candidatura UE; vaya casualidad.
Como era de esperar, al final nadie le tocó un pelo al bueno de Pamuk. Pero la conclusión de la aparatosa historia de las acusaciones retiradas y el juicio suspendido ya no era digno de cobertura informativa. Pasó sin pena ni gloria.
Abro el diario “Zaman”, edición electrónica del 2 de junio, 2006. En cabecera una crónica titulada: “Quinta organización criminal en 7 meses”, firmada por Ahmet Donmez. El articulista se refiere a toda una serie de atentados o conspiraciones organizados por elementos de la extrema derecha, ligados de una forma u otra con círculos militares. Se puede datar que la oleada comenzó el 9 de noviembre último, con un atentado en el siempre crítico Sudeste turco (Semdinli, Hakkari) y continuó con el arresto de un coronel de la Gendarmería en Bursa; luego siguió la detención del “Gang de la Sauna” (febrero 2006) que acumulaba información sobre ministros y preparaba chantajes contra políticos. En todos estos operativos figuraban, de una forma u otra, miembros retirados o en activo de las fuerzas de seguridad turcas.
El atentado del pasado día 17 de mayo, en que un abogado intentó asesinar a cinco jueces del Consejo de Estado y terminó con la muerte de un magistrado, Mustafa Yücel Özbilgin, fue inicialmente atribuido por los nacionalistas laicos a círculos islamistas, instigados incluso desde el gobierno de Erdoğan. Pero luego resultó que el terrorista, Alparslan Aslan, militaba en un grupo de extrema derecha, el Partido de la Gran Unión, escisión islamista del Partido del Movimiento Nacionalista. Su líder, Alparslan (tomen nota del nombre) Türkeş, llamado Başbuğ (Führer) por sus seguidores, fue el mentor del neofascismo turco en el último medio siglo. Por si fuera poco, resulta que un militar expulsado del Ejército está detrás de la acción de Aslan y éste lo acusó ante el tribunal de haber participado en un reciente atentado contra el diario “Cumhuriyet”, diario de tendencias laico-izquierdistas-postkemalistas. Y ahora se descubre un grupo paramilitar denominado Atabey, que poseía armas de guerra y explosivos e integraba a miembros en activo y retirados de las fuerzas armadas, algunos de unidades especiales, así como un par de mandos. El Estado Mayor del Ejército intervino y los oficiales fueron dejados en libertad sin cargos.
En Turquía hay quien dice que los militares la están armando. Que desean dar un golpe o, cuanto menos, sacar al gobierno “islamista” de en medio. Que el objetivo final es torpedear la candidatura turca a la UE. Al parecer, en las fuerzas armadas existe toda una gama de motivaciones para reventar el proceso. Desde los ultras puros y duros, para los cuales las esencias patrias están amenazadas por los mercaderes occidentales, a los más pragmáticos que desean seguir “trabajando” con los padrinos USA más que con los amigos europeos. Supongo que otros ven peligrar en la UE el enorme (literalmente: enorme) sector de la economía militar en el seno de la economía turca.
En realidad las cosas han de ser forzosamente más complicadas, porque Washington es el principal valedor del candidato turco ante la Unión Europea. Por lo tanto, ya pueden ponerse como quieran los uniformados turcos: donde manda capitán, no manda marinero. El pasado 31 de mayo, el “New York Times” pedía que alguien les dejara bien claro que la actitud de Washington era de “tolerancia cero a las interferencias militares”. Pero… siempre hay grupitos aquí y allá, old boys networks, rancios hombres de acción y deteriorados comandos a base de pringaos de todo pelaje. Y no digamos si los servicios de algún país de la misma UE estuvieran detrás de la intentona; porque de todos es sabido que Turquía tiene poderosos enemigos en el selecto club europeo.
En cualquier caso, la situación está delicada. Es evidente que los viejos partidos laicos verían con deleite la caída en desgracia del Partido de la Justicia y el Desarrollo y del mismo Erdoğan. Porque a pesar de los pesares (y precisamente a ello es debido tanto complot) parece que a todas luces el actual partido en el poder volverá a obtener mayoría absoluta en las cercanas elecciones. ¿Significará eso el triunfo de los islamistas, la posibilidad de que Turquía se convierta en una república fundamentalista? Ni de lejos. El Partido de la Justicia y el Desarrollo tiene poco de islamista y mucho de tecnócrata. Agrupa a votantes y militantes de muy diversas tendencias, hartos de los politiqueos y el desgobierno de las mil y una coaliciones de gobierno en los últimos cincuenta años, que si Ecevit, que si Demirel, que si la Çiller y el estrafalario Erbakan de por medio. En parte, el partido del actual gobierno representa también a una amplia burguesía verde surgida en los años ochenta: profesionales liberales, empresarios de pyme´s, comerciantes, hombres de negocios. Gentes poco inclinadas al fundamentalismo, conservadores y ciudadanos de Turquía tan válidos y con tantos derechos como el sector de la burguesía laica, heredera histórica del kemalismo que ahora temen se le acabe el chollo. En todo caso, no ha lugar para planes de exterminio mutuo, ni nuevos golpes. Ha comenzado una nueva era para una nueva Turquía: es tiempo de reconciliación y modernidad, de trabajar unidos para integrarse plenamente en Europa.
Ese es el asunto gordo, lo que se está jugando en Turquía. La libertad de objeción es muy importante, sí. Los libros que gracias a su martirologio pueda vender Orhan Pamuk para consumo de intelos occidntales, también. Las guerritas montadas por tal o cual plumilla han de tener asimismo su rinconcito corporativo, ¿por qué no? Pero da la sensación de que nuestra prensa, y en especial “El País” no se enteran mucho de la copla. Porque al fin y al cabo, el régimen que dicen defender los militares turcos en sus soflamas neokemalistas (por llamarles algo) es una especie de socialdemocracia laica. Si los “expertos” de “El País” no se alinean con el partido de la Justicia y el Desarrollo (seguramente alguien se empeña en asimilarlo mecánicamente al PP) ni con el opositor Deniz Baykal y su Partido Republicano Popular (el CHP: un lejano resto kemalista, formalmente social-demócrata), ¿qué opción les parecería más aconsejable?. A lo mejor el despiste está en la raíz de lo que cada vez parece manifestarse más claramente como actitud turcófoba del periódico.
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