Una mala cena la tiene cualquiera

Característico fotomontaje de "El País": se escogió la enorme foto de un bilioso Vladimir Putin "durante la rueda de prensa en Lahti" para contrastar, enfrentada, con los alegres semblantes de Chirac, Merkel y Zapatero, procedentes de otros eventos. Al parecer, no hubo manera de encontrar una instantánea más risueña de Romano Prodi. El conjunto gráfico ilustra la crónica de Carbajosa y Missé: "Putin critica la corrupción de los alcaldes españoles", en: "El País", domingo, 22 de octubre, pag. 9. La foto de Putin es de Associated Pres; las demás no incluyen créditos.
Una de las definiciones más concretas y descriptivas que conozco de un acontecimiento histórico, la formuló el historiador A.J.P. Taylor en referencia a los líderes de las revoluciones europeas de 1848 y sus motivaciones: "Los primeros movimientos nacionales fueron creados y dirigidos por escritores, principalmente por poetas e historiadores, y su política era la de la literatura más que la de la vida. los líderes nacionales hablaban como si tuvieran el apoyo de un pueblo consciente y organizado; sin embargo, sabían que la nación estaba todavía sólo en sus libros (...) En el mundo cerrado de su imaginación, estos líderes de la primera época volvieron a combatir en las históricas batallas que, siglos antes, se habían decidido. No sabían cuándo negociar y cuándo resistir y, sobre todo, no sabían con qué resistir. No entendían que la política es un conflicto de fuerzas, creían que se trataba de un conflicto de argumentos".
Parece que esa especie de ingenuidad ha cambiado poco, al menos a la vista de la forma en que descarriló la conversación diplomática mantenida en la cena por algunos dirigentes de la Unión Europea y el presidente ruso Vladimir Putin. Puede que la falta de imaginación haya contribuido a añadir una cierta dosis de estupidez; incluso sería justificable que el simple miedo, el temor de sentirse a merced de los rusos esté contribuyendo a la contumaz torpeza diplomática de algunos dirigentes euorpeos. O la peor opción posible: que al cabo de los años esos mismos individuos hayan terminado por creerse su propio discurso de madera, como les ocurría a los ministros soviéticos en tiempos de Breznev, cuando ni siquiera poseían -ni deseaban conocer- la información sobre el estado real del país.
Como se sabe, los líderes y a la vez representantes de la UE se habían reunido con Putin en Lahti (Finlandia) para llegar a un acuerdo con Moscú a fin de garantizar el necesario suministro de energía para el Viejo Continente. Actualmente, según últimas informaciones, Rusia suministra a los países de la UE hasta el 25% de sus necesidades energéticas. Las conversaciones se llevaban con guante de seda. La consigna era evitar asuntos incómodos referidos a la política interior rusa. Durante la cena, las diversas intervenciones, incluyendo la de Putin, fueron encajando según el guión previsto. Habló el dirigente ruso, reconocienmdo la necesidad y voluntad de cooperar con la UE en materia energética, reabriendo la puerta a la posibilidad de formar joint ventures europeas con las empresas rusas dedicadas a la extracción de gas y petróleo. Le respondió en términos cautos el presidente de la Comisión Europea, el portugués Durão Barroso. Luego hablaron con tono parecido aquellos dirigentes con los que Putin tiene más confianza, es decir, los más poderosos: "Jacques" (Chirac), "Tony" (Blair), "Ángela" (Merkel).
La crónica de "El País" precisa que todo se torció cuando "los países bálticos tomaron la palabra", sacando a colación los temas más polémicos posibles: la tensión entre Rusia y Georgia y la situación de los derechos humanos en la gran potencia, al hilo del asesinato de la periodista Anna Politkovskaya -no los del banquero Alexandr Plojin (10 de octubre) ni el del gerente de la Agencia Itar-Tass, Anatoli Voronin (15 de octubre). Al parecer, se trataba de una de esas actitudes gamberras que están adoptando los nuevos socios orientales de la UE en los últimos tiempos: el desprecio por los derechos de las minorías, los homosexuales o los extranjeros en Letonia y Polonia, el olímpico desdén a las recomendaciones comunitarias sobre estrategia económica en Hungría o la petulancia intransigente y obstruccionista en Chipre. En todos los casos suelen ser países pequeños -con exclusión de Polonia- que mezclan el euroescepticismo con sus pequeñas revanchas históricas y el deseo de mostrrar en Bruselas que "ellos saben" cómo tratar a Rusia, a Turquía a sus vecinos y hasta a la misma Bruselas. Al fin y al cabo, se supone que Bruselas les protege con el manto azul de la Virgen, en el cual está inspirada la bandera de las estrellas.

Pepe Borrell en tiempos de mejores digestiones
A pesar de todo, y como en Moscú también son expertos en egoísmos nacionales, Putin aguantó. Los bálticos hubieran quedado en evidencia ellos solos, de no haber sido por Josep Borrell, cadáver político en España desde hace ya años y a la sazón presidente del Parlamento Europeo. Según explican Ana Carbajosa y Andreu Missé en la crónica de "El País", Borrell protagonizó una intervención muy subida de tono. Comenzó "con palabras cargadas de sarcasmo" [sic]: "Hemos de agradecer al señor Putin que cerrara temporalmente el grifo a Ucrania, el pasado enero, porque gracias a esto estamos aquí discutiendo de política energética común". Y ya puesto, Borrell expresó "la preocupación de los ciudadanos europeos por la devaluación de los derechos humanos en Rusia" [sic, según la crónica citada], le recordó a Putin que el Parlamento Europeo dedicó un minuto de silencio por el asesinato de la Politovskaya y de propina se refirió a un tema que debió parecerle muy novedoso y apropiado para ser resuelto de un plumazo durante la cena: las dificultades que padece la oposición y las ONG en Rusia.
Ya sólo esta traca de petardos levantinos hubiera bastado para mover de sus casillas al mísmisimo ZP. Pero según parece, Borrell remató: "Sacamos petróleo de países peores que el suyo, pero nuestra preocupación es que con ustedes queremos asociarnos y ello exige compartir unos valores". Ante un párrafo de tamaño calibre insolente, cabe preguntarse si la pronunció literalmente Josep Borrell o es una transcripción aproximada artribuible a la grosería con la que Ana Carbajosa suele retratar a los personajes que no le caen bien (Putin, en este caso); o quizás es la conocida tendencia, propia de muchos periodistas, a mostrarse más papista que el Papa. Aunque quizá no sea justo mostrarse tan duro con el periódico o con la Carbajosa por lo que es un mero reflejo de incredulidad ante la más que evidente chapuza política de Borrell, que no hace sino reflejar años de dialéctica marrullera en nuestra propia política. Al fin y al cabo, Fernando García, enviado especial de "La Vanguardia" apunta que Borrell dijo también algo así como: "No cambiaremos energía por derechos humanos", frase que de ser cierta, no mencionan Carbajosa y Missé, conscientes que de que Borrell, con toda esa vena populista y demagógica, es al fin y al cabo afín a la ideología-bandera de la empresa de su periódico.
Por supuesto que la situación de los derechos humanos debe mejorar en Rusia y los mafiosos y asesinos han de terminar en la cárcel. Pero aquí lo que se pone en solfa es la necesidad de organizar una zapatiesta como la que protagonizó Borrell como el camino más indicado y eficaz para hacer algo útil y no terminar abochornado: él y el país que representa. Porque se supone que estamos hablando de profesionales de la alta diplomacia, no de líderes rockeros con ambiciones de trascendencia o alterados jóvenes alternativos. Posiblemente Borrell es realmente alguien que, como explicaba Taylor con referencia a los líderes de 1848, no sabe cuándo negociar, ni cuándo resistir y no entiende que la política (y más la internacional) no es un conflicto de argumentos, sino de fuerzas e incluso de astucia. En cualquier caso, ni Ana Carbajosa ni Andreu Missé nos explican por qué a nuestro Pepe le dio ese inoportuno y sobre todo, innecesario, arrebato polémico-justiciero. Quizá una mala cena y los gases de los que se hablaba en la reunión de Lahti, se fueron por la tubería no deseada.
Putin respondió como cabría esperar cuando alguien se siente muñeco de pim pam pún de feria: echando en cara los europeos su alegre tendencia al dobre rasero. Por supuesto que le recordó a los españoles los escándalos de corrupción inmobiliaria, que se tiran a la cara mutuamente el partido del gobierno y la oposición. Por estos pagos parecemos ser tan inconscientes como ajenos al hecho científicamente demostrado de que nuestras fronteras no son opacas y que las continuas broncas políticas se están cargando la escasa imagen exterior que le queda a España. Y menos mal que Putin se quedó ahí, porque lo más posible es que, como antiguo profesional del tema, posea datos más sensibles referidos a la corrupción española en ámbitos más diversificados que pueden ir desde el mundo bursátil a la gestión del flujo inmigratorio o el turismo, pasando por determinadas campañas de prensa o connivencia nacional con mafias extranjeras: todo ese mundillo en el que están incluidos personajes de aquí y allá, de todo el espectro político español, y que se veía reflejado en una tabla sobre corrupción a escala mundial que se citó en este mismo blog, hace pocos meses. Vaya usted a saber si Putin incluso está informado del escándalo de fraude fiscal que le costó a Pepe Borrell su carrera en el PSOE, allá por 1998 (asunto Aguiar-Huguet).
El mandatario ruso también recordó que el término Mafia se inventó en Italia; y lo hizo mirando a Romano Prodi, que se llevó un cachete colateral. Pudo hacerlo impunemente, dejándolo bien mudo, porque ahora ya no gobierna Berlusconi, del cual debe conocer también un buen número de secretos. Por lo demás, se abstuvo de mencionar el auge de la extrema derecha que se observa en el continente, y no digamos en el futuro socio comunitario búlgaro. No tuvo necesidad de disparar contra Blair ni menos aún contra Chirac. Al fin y al cabo, Paris lleva años intentando resucitar la viejísima y por lo tanto, tradicional política de alianza franco-rusa. Menos aún contra Ángela, pues con Berlín existen también años de Ostpolitik. Y quizá por ello se intoxicó Borrell de buenismo justiciero, recordando aquello tiempos en que se le conocía como el “Inquisidor”: el diario "El País" lleva un par de días denunciando de forma contundente el egoísmo alemán, que se permite negocios bilaterales con el ruso para obtener el necesario gas a espaldas de la política europea comunitaria. No le falta razón al rotativo, pero cabe dudar si no late detrás la rabieta del expediente decidido por la Comisión Europea contra España por el caso E.ON. De tales croquetas, tamañas indigestiones. Etiquetas: Borrell, corrupción, energía, Lahti, Politovskaya, Putin, Rusia, UE
El contencioso armenio-turco (3): El papel de Moscú

Humor gráfico: Putin por Ferreres, publicado en "El Periódico", 14 de octubre, 2006
Llamada de Radio Nacional de España, uno de los noticiarios. Ocurrió el domingo pasado, por la mañana: querían un breve comentario sobre el asesinato de la periodista rusa Anna Politkovskaya y “lo que ocurre en Chechenia”, para el informativo del mediodía. Decliné como pude la oferta: era evidente que deseaban escuchar un determinado discurso, prefabricado y, además, sintético. Para una buena parte de los medios de prensa occidentales, resulta meridianamente claro que Putin es el "asesino" por razones tales como que la periodista tiroteada hablaba mal de él y su política, y el dirigente ruso fue oficial de la KGB. Descender de ese nivel argumental resulta políticamente incorrecto.
La ocasión daba para pensar en los forzados ajustes a los que recurre la prensa. En estos días, el asesinato de la Politkovskaya ha reactivado un discurso anti Putin con gruesos flecos antirrusos. Pero es que además, por estos mismos días, los medios occidentales se alinearon con Georgia en el contencioso que mantiene con Rusia. ¿Quiere decir eso que deberían hacerlo contra Armenia? Sería lo más coherente, porque esta república caucásica es prorrusa; en realidad es todo un satélite de Moscú en la zona, enfrentada a Georgia y Azerbayan, ambas aliadas de Turquía. Ankara ha denunciado en algunas ocasiones –aunque sin alzar mucho la voz- que Moscú apoya a los kurdos del PKK. A su vez, los rusos también han dejado caer que los turcos se han mezclado en la crisis chechena. En realidad la situación es más complicada, pero si los medias asumieran que algo de eso hay, vaya batería de contradicciones deberían afrontar en más de una ocasión.
Para muestra un reciente botón: la crisis entre Rusia y Georgia se debe, en buena medida, a las reiteradas acusaciones de Moscú de que ese pequeño vecino del Cáucaso no hace lo posible para capturar dentro de sus fronteras a guerrilleros que además entran en la conflictiva Chechenia a traves del Valle del Pankisi. Pero la prensa occidental consultada no ha incidido en esta cuestión, sería complicar el análisis, y eso no es platro dse gusto para el lector. La salida a tanto dilema es de una sencillez desconcertante: parcelar, tratar cada asunto por separado. Los contextos regionales, las alianzas exteriores, los vecindarios, los alineamientos en política exterior: todo eso es evitado como la peste, a pesar de que en ocasiones tales parámetros aportarían argumentos de peso a tener muy en cuenta. Pero eso es secundario: a la mayoría de los medios de comunicación y a sus periodistas respectivos esa ignorancia voluntaria les facilita mucho la tarea de vender sus productos a caballo de las pasiones dominantes en cada momento.

Chirac y su esposa depositan una corona de flores ante el monumento al genocidio armenio en Erevan, durante la visita que el presidente realizó a comienzos de este mismo mes. Paris ha utilizado a fondo ese controvertido acontecimiento histórico a beneficio de su propia política exterior e interior.
La actual situación del contencioso turco-armenio da para trenzar un caso concreto. El pasado día 12, en plena espiral histérica, la Asamblea francesa aprobó la tan cacareada ley que penaliza la negación del genocidio armenio. Confusa en el enunciado de lo que pretende castigar, bajo el pertinente discurso-moralina su único objetivo real consiste en fomentar el sentimiento antieuropeo de los nacionalistas turcos hasta hacerlo llegar a un punto de ebullición que de una forma u otra lleve a que Ankara se retire prematuramente de las negociaciones para acceder a la Unión Europea. Si es en medio de un enorme escándalo, mejor que mejor. Pero sus resultados reales consisten, básicamente en respaldar una causa que se está convirtiendo en bandera de la extrema derecha europea y en dañar irremisiblemente la política exterior de la República de Armenia. Con ello, Francia demuestra una vez más que es una potencia decadente, más obsesionada por defender los símbolos de su antiguo poder que capaz de realizar cálculos realistas de geopolítica global, como los que llevan a cabo las potencias de verdad. Más allá de preservar su porcentaje de representación en el Parlamento europeo defenestrando la candidatura turca a la UE, ¿qué política concreta posee Francia en el Cáucaso?¿Está apoyando activamente al "asesino" Putin?¿Cuántos diputados o periodistas franceses saben que Ara Abrahamian, una de las personalidades más relevantes de los grupos de presión armenios a escala internacional, es además uno de los oligarcas rusos y presidente de la Organización de los Armenios cuyo primer congreso se inauguró en Moscú en octubre de 2003 con discurso inaugural de Vladimir Putin?
Vayamos por partes, es decir, aquellas en las que divide realmente el contencioso turco-armenio, y que conviene separar: a) Los intereses nacionales y geoestratégicos de la República de Armenia; b) Los intereses de la diáspora y los grupos de presión armenios en el extranjero, que no siempre conciden con los de la República de Armenia; c) Los intereses de las potencias que juegan en la zona; d) Los intereses de los estados extranjeros que instrumentalizan la cuestión turco-armenia para sus fines particulares, ajenos en realidad a ese conflicto.
El pasado mes de julio, Eurasianet, que es una website rusa de análisis geoestratégico publicaba una crónica según la cual, Armenia se oponía al tendido del ferrocarril azerí-georgiano-turco. El proyecto arrancaba de mayo del año pasado (2005) durante la apertura ceremonial del oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan (BTC). Por entonces se estimó que la obra saldría por unos 400 millones de dólares USA y reforzaría el vínculo que ya ofrecía el oleoducto: estrechamiento de las relaciones entre los tres estados y establecimiento de un interesante vínculo de comunicación entre Europa y el Asia Central a través de una vía poco habitual e históricamente, poco segura.
La protesta de Armenia se relacionaba con el rodeo que da la línea férrea entre la ciudad turca de Kars y la de Ajalkalaki, en el sur de Georgia. Según Erevan, el trazado de esos 100 kms. evita el camino natural a través de territorio armenio que une la ciudad de Kars con la de Gyumri y de ésta pasa a todo el sur del Cáucaso. El gobierno armenio, muy preocupado por lo que contempla como un nuevo intento de aislamiento perpetrado por sus vecinos del Cáucaso, ofreció su colaboración “desinteresada” en el proyecto. En tal sentido, el ministro de Asuntos Exteriores, Vartan Oskanian indicó que “Armenia está preparada para que Turquía, Georgia y Azerbaiyán utilicen la línea de ferrocarril existente en territorio de Armenia” aunque esta república no haya sido invitado a participar en el proyecto (27 de junio, 2006).
Trazado del BTC, directamente relacionaco con el tendido de la línea férrea azerí-georgiano-turca. Mapa procedente de Wikipedia.
Las autoridades armenias no creen que el tendido de la nueva línea férrea sea puramente comercial. En vez de ello, lo ven como un paso más para el aislamiento del país, tras haber quedado fuera del proyecto del oleoducto Bakú-Tblissi-Ceyhan (BTC). En consecuencia, los influyentes grupos de presión armenios en los Estados Unidos comenzaron a moverse para frustrar el proyecto, buscando el voto de un comité del Congreso que asegure una enmienda que induzca al US Export-Import Bank la prohibición de respaldar la construcción de la línea férrea. En tal sentido, el congresista demócrata Joseph Crowley, que es el principal promotor de la idea, ya hizo unas declaraciones advirtiendo a los gobiernos de Turquía y Azerbaiyán que “excluir continuamente a Armenia de los proyectos regionales genera inestabilidad”. Los impulsores de la campaña en los EEUU creen que hacia finales de este mismo año la Cámara de Representantes en pleno podría considerar la enmienda. Posteriormente, la iniciativa podría llegar al Senado. La administración Bush no ha manifestado objeciones a las iniciativas. Por otra parte, también en la UE han surgido voces que secundan la iniciativa armenia, como la de la austriaca Benita Ferrero-Waldner ya de por sí poco simpatizante de la candidatura turca, que el pasado mes de marzo visitó Erevan.
Parece claro que el conflicto que está surgiendo en torno a la línea férrea azerí-georgiano-turca es un reflejo de pugnas de más calado. Por supuesto, está en conexión con el bien conocido proyecto BTC y la compleja trama de los oleoductos y gaseoductos que desde Próximo Oriente, Asia Central y Caspio deberán atravesar Turquía (o ya lo hacen) para llegar al corazón de Europa. Armenia ha sido dejada fuera del proyecto por motivos políticos: el contencioso de Nagorno-Karabaj que enfrenta a esa república con la vecina Azerbaiyán y con su aliada natural, Turquía. En consecuencia, Ankara no mantiene relaciones diplomáticas con Erevan y desde hace años ha cerrado a cal y canto sus fronteras con Armenia. Pero debe aclararse que su estatus de peón ruso en la región también le ha ganado muchos enemigos a este país, y que muy posiblemente, la actual crisis georgiano-rusa impida que los esfuerzos del senador Joseph Crowley lleguen a buen fin. Porque el caso es que Georgia, Azerbayán y Turquía, son aliados de Washington y Armenia está por ver si lo será o no.
Aviones de combate rusos MiG29 patrullan la frontera del espacio aéreo armeno-turco. Fotografía procedente de Wikipedia
El hecho de que los conflictos con sus vecinos turco y azerí haya dejado a Armenia fuera del negocio petrolífero ya constituye de por sí motivo de seria alarma en Erevan. Pero además, existen otros problemas de orden geoestratégico. Armenia es un satélite militar ruso desde la firma, en 1992, del Tratado de Tachkent, seguido cinco años más tarde de un específico tratado de amistad ruso-armenio. Mantiene en su territorio unos 5.000 soldados de esa potencia, destacados en dos bases, aunque agrupados la mayoría de ellos en la denominada Base Militar 102, situada en Gyumri, que, curiosamente, es el empalme ferroviario ofrecido por el gobierno de Erevan a los países del trayecto ferroviario azerí-georgiano-turco. Dicho sea de paso, resulta bastante razonable que los países vecinos no vean con buenos ojos que el ferrocarril que construyen pase a través de un enclave militar ruso. Y menos en el momento actual, cuando según la prensa occidental, la potencia puede convertirse en una dictadura neosoviética -o algo peor- de un momento a otro.
En la Base Militar 102 se cuentan unos 30 cazas rusos tipo MiG 29 y baterías de misiles antiaéreos S-300. Sin embargo, el anunciado cierre total de las bases rusas en Georgia ha supuesto que su material y personal estén siendo trasladados a Armenia. Además de acantonar efectivos en el país, Rusia entrena y prepara a la totalidad del cuerpo de oficiales armenio. Y no sólo eso: los guardias de frontera rusos patrullan en los límites con Turquía e Irán. Mientras tanto, continúan las entregas de armas rusas al aliado, que hacen del ejército de esa república el más potente del Cáucaso meridional. Por todo ello, volvemos al mismo punto ya enunciado: no es de extrañar que las relaciones de Armenia con Turquía, Azerbaiyán y Georgia sean tensas.
En el plano económico, la dependencia armenia del vecino ruso es todavía más apabullante. En 2001, Vladimir Putin visitó Erevan y firmó decenas de acuerdos bilaterales para toda la década. Y al año siguiente, Rusia y Armenia firmaron un pacto de Asistencia energética contra anulación de la deuda. A cambio de la condonación de 100 millones de dólares de deuda, Erevan traspasaba el 80% del potencial energético armenio a manos rusas. En definitiva, no le faltó razón a Boris Gryzlov, presidente de la Duma rusa, cuando en a primavera de 2005 declaró sin tapujos que Armenia es un "puesto avanzado" de Rusia en la región.

Decir que los armenios están contentos con esta situación resulta equívoco. Por lo que parece están más hechos un lío, como se desprende de un interesante libro publicado hace pocos meses: Géopolitique de l´Arménie (Ellipses, Éditions Marketing, Paris, 2005) escrito por un inteligente analista armenio: Gaïdz Minassian. El autor distingue claramente entre los diferentes factores e intereses que intervienen en el contencioso armeno-turco, y también los diversos objetivos y problemas que manejan los actores en presencia: el gobierno de Erevan, los políticos, los nacionalistas armenios más duros o la diáspora con sus diversos grupos de presión. El diagnóstico que extra el propio lector es que la pequeña república se mantiene a flote con dificultades en un mar de contradicciones que nacen de los conflictos con sus vecinos, la geoestrategia del gas y el petróleo centrada en la región caucásica, la manipulación externa de sus problemas por las grandes potencias, el apoyo ruso y el equilibrio imposible que supone el deseo de conjugar el decisivo soporte ruso con el naciente interés occidental y el ingreso en la OTAN y la UE.
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