viernes, octubre 26, 2007

Destinos de Estambul

















Desde el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) me sugieren que en este blog se anuncie la serie de conferencias y actos culturales programados en torno a la ciudad de Estambul, lo cual a su vez forma parte de un ciclo sobre grandes ciudades de Oriente Próximo. Por supuesto, merece la pena que los lectores y amigos estén informados de este evento, tanto por las interesantes personalidades que participarán en él, como por el pequeño ciclo cinematográfico que lo acompaña. Una excelente ocasión para entender la que, para muchos, es ciudad de ciudades.

Destinos de Estambul

CCCB, 3-6 de noviembre de 2007

Estambul es, junto con Atenas y Roma, uno de los tres grandes centros históricos y culturales del Mediterráneo. Sustituida por Ankara como capital turca desde el inicio del período kemalista, durante les últimas décadas ha experimentado transformaciones importantes. Por un lado ha surgido un gran interés por los pasados cristiano y otomano, así como por los diferentes pueblos y culturas que han confluido y confluyen en la ciudad. Asimismo, el fin de la URSS y de los regímenes comunistas de los Balcanes ha traído nuevas conexiones comerciales y marítimas con el Mar Negro y más allá. Finalmente, mientras que una parte de la intelectualidad turca ha intentado recuperar Estambul como un modelo de cosmopolitismo y tolerancia, la inmigración masiva desde la Anatolia rural ha cambiado el carácter de buena parte de la ciudad y la ha convertido en el centro de las nuevas fuerzas islamistas.

En este debate (el quinto de la serie sobre ciudades de Oriente Próximo), se presentan un conjunto de visiones sobre el papel de Estambul en la Turquía actual y en Europa. Intervienen investigadores y escritores turcos y armenios, y las sesiones se acompañan con la proyección de películas y documentales sobre la ciudad. El objetivo de estas jornadas es constituir un foro de debate donde se cuestionen los estereotipos del pasado y se analicen los retos de la ciudad contemporánea.

Fred Halliday







Sábado, 3 de noviembre

19 h PROYECCIONES

Hrant Dink: a Video of Conversations, Nouritza Matossian, 2007, 14’, VOSC

Con la presencia de la autora, que presentará la pieza y responderá las preguntas de los asistentes.

Hrant Dink era un periodista turco de origen armenio, activista en favor de la reconciliación entre los dos países. En enero de 2007 fue asesinado mientras volvía a casa. Esta pieza fue preparada por la escritora Nouritza Matossian con motivo de un homenaje póstumo.

Crossing the bridge, Fatih Akın, 2005, 90’, VOSE

Quien no conoce la música de un lugar, no lo conoce realmente. Con esta premisa, el bajista alemán Alexander Hacke realiza un viaje por la diversidad musical de Estambul, bajo la atenta mirada de la cámara de Fatih Akın, director del filme.


Domingo, 4 de noviembre

19 h PROYECCIÓN

Mozart in Turkey, Mick Csáky, 2003, 88’, VOSE

El realizador británico Mick Csáky filma en el palacio de Topkapi de Estambul la obra de Mozart El rapto en el serrallo. Escrita desde el punto de vista de un occidental que no pisó nunca Turquía, la ópera se representa por primera vez en el escenario original, en una película que nos muestra también el proceso mismo de la filmación.




















Lunes, 5 de noviembre

19 h DEBATE: «Istanbul: cosmopolitismo y nuevos retos sociales».
Presentación: Josep Ramoneda, director del CCCB.

Ponentes:

Ayhan Aktar, profesor de Sociología de la Universidad Bilgi de Estambul.
«Estambul 1870-1970: de ciudad portuaria y cosmopolita a megalópolis».

Soli Özel, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Bilgi de Estambul y director de la edición turca de Foreign Policy.
«La posición estratégica de Estambul después del colapso de la Unión Soviética».

Umut Özkırımlı, politólogo y director de Estudios Turcogriegos de la Universidad Bilgi de Estambul.
«Estambul: una historia de dos ciudades. Los turcos blancos y los turcos negros».

Moderador: Fred Halliday, profesor de Relaciones Internacionales de la London School of Economics y profesor visitante del Instituto Barcelona de Estudios Internacionales (IBEI).


21.30 h PROYECCIÓN

Uzak, Nuri Bilge Ceylan, 2002, 110’, VOSE.

La película explica la historia de Yusuf, un joven que deja el campo para buscar una vida mejor en Estambul, donde convivirá con su primo Mahmut. Galardonada con el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes de 2003.


Martes, 6 de noviembre

19 h DEBATE: «Explosión urbana y cultural de una ciudad caleidoscopio».

Ponentes:

Murat Belge, profesor de Literatura Comparada de la Universidad Bilgi de Estambul y activista por los derechos humanos.
«Estambul, capital de tres imperios».

Nouritza Matossian, escritora armenia.
«El papel de la comunidad armenia en Estambul».

Moderador: Francisco Veiga, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona y autor de El turco (Debate, 2006).


Organiza:
Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona

Colabora:
"El País"

Información:
Hay servicio de traducción simultánea al catalán

Entrada gratuita a todas las sesiones, aforo limitado
Todas las proyecciones serán en formato vídeo

Las sesiones tienen lugar en el CCCB: Auditorio (proyecciones) y Mirador (debates)
Montalegre, 5 - 08001 Barcelona
93 306 41 00 /
http://www.cccb.org/


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jueves, mayo 24, 2007

Los turcos en el cine (3): "Contra la pared"







Cartel original del film, en alemán, organizado en torno a la inquietante mirada de Sibel











De madrugada, se encienden las luces del local, es el momento más deprimente en cualquier discoteca o sala de conciertos. Aparece Cahit y se pone a recoger los cascos de las botellas y los restos de la juerga. Ese es su trabajo. Viene a la cabeza aquel brutal reportaje de Günter Wallraff, titulado Cabeza de turco (Abajo del todo) y que tanto éxito tuvo en los años ochenta. El periodista de entonces, caracterizado de turco, se parece bastante al Cahit de nuestros días, con esa mirada de perro apaleado y acorralado. El hombre tiene una mala noche. Sale del trabajo de madrugada, ya borracho, y se pelea en otro bar. Al final, pone su auto en marcha y recorre la ciudad. Trepida en la radio I Feel You de Dépêche Mode, la mejor canción posible cuando uno pretende suicidarse con premeditación y va directo al grano. La cámara enfoca un primer plano de Cahit y de fondo, tras los vidrios velados, luces que bailan. Se percibe perfectamente el olor a sudor y alcohol. El chirrido de los neumáticos sobre el pavimento es continuo, suena como una guadaña afilándose contra la pared y soltando chispas. Cahit sólo pretende suicidarse para estar vivo, porque desde que lo hemos visto aparecer en pantalla, es un cadáver. Gira a la izquierda, enfila hacia la pared, toma distancia con los ojos entrecerrados, acelera a conciencia.

Es un intento de suicidio muy bien filmado, brutal pero nada aparatoso; a Fatih Akın no se le ocurre jugar a los efectos especiales. Es una escena de cine europeo, alemán. Pero Cahit no muere, sólo sufre un latigazo cervical, y quizá se rompe una pierna. Lo internan en un siquiátrico, una institución también muy alemana. Sigue siendo un ambiente gélido y Cahit vuelve a ser un muerto en vida, atrapado esta vez en un collarín. Lo recibe en la consulta un médico alemán, un personaje que, con todo, posee un punto mágico. La escena y los consejos del doctor tienen algo de iniciático; en realidad, éste le sugiere enigmáticamente a su paciente lo que va a hacer pocas horas más tarde. A la salida, una joven turca, Sibel, aborda a Cahit y le propone en matrimonio.

Cahit y Sibel: ¿Una pareja imposible? Una de las claves del film es la muy convincente química que se establece entre ambos protagonistas: contra todo y todos, a pesar de todo


La historia está en marcha, funciona a chorro hasta el final, y el espectador ya no se la podrá sacar de la cabeza durante varios días. Quizá considere que es el mejor film que ha visto en mucho tiempo. Como la mayoría de las grandes obras, no se basa en un argumento complicado. Es una historia de amor de final casi predecible. No hay grandes decorados, ni gastos en fotografía de diseño. Pero el duelo interpretativo entre Cahit (Birol Ünel) y Sibel (Sibel Kekilli), entre la mirada de uno y la sonrisa de la otra, es de una envergadura tal, que el espectador, como si estuviera ante una historia real de la vida cotidiana, siente en cada minuto que puede pasar cualquier cosa.

No voy a desvelar los entresijos y mucho menos el final de la trama, porque además aquí se trata de entresacar la forma en que los turcos se ven a sí mismos, o son percibidos por los extranjeros a partir de una serie de films. En ese aspecto, Contra la pared expresa una curiosa paradoja: comienza como una película alemana pero termina siendo turca. La locura, el amor y la muerte, según relata el mismo director en los extras del DVD, presiden el argumento del film: asuntos, así combinados, muy germánicos. También los protagonistas lo son: Cahit se maneja en un buen alemán y un mal turco. “Se me rompió” –le responde a su futuro cuñado cuando éste le reprocha el mal uso que hace que de la lengua turca. Sibel, con su rostro de Anatolia central, también quiere ser muy alemana, alternativa, libre: una chica moderna, europea. Entre ella y Cahit hablarán en alemán en sus momentos más íntimos, hasta el final del film.














Siguiendo la fórmula narrativa de las tragedias clásicas, las partes del film están separadas por canciones tradicionales turcas interpretadas contra el fondo de la Süleymaniye


Pero todos terminan viajando de retorno a Estambul: Sibel, la primera; Cahit detrás de ella; incluso el mismo director de la película, Fatih Akın se traslada a la ciudad en cuerpo y alma. Fíjense que se trata de Estambul, no de Turquía. La protagonista nació en Hamburgo, pero su familia procede de Zonguldak, ciudad minera de carbón, en la costa del Mar Negro; su compañero de relato es de Mersin, una capital de provincia del sur anatolio, justo en el otro extremo. Acaban yendo a Estambul, la ciudad donde se detiene el tiempo y es posible recomenzar toda una nueva vida. El mito parece funcionar también para los turcos, o al menos para esos mestizos culturales, medio alemanes, que no saben muy bien lo que son ni lo que desean acabar siendo.

Por el camino, Akın muestra toda una galería de personajes turcos, inmersos en su particular salsa social. El colega y amigo de Cahit, un tipo rechoncho y bigotudo lleno de sabiduría popular, un verdadero Sancho Panza, que se porta muy bien con todos. La familia de Sibel: el viejo padre (con un cierto parecido a nuestro Chanquete) que es el severo patriarca tradicional. Le ayuda en la tarea su hijo, hermano de la protagonista: el turco nunca integrado, rodeado de amigotes y obsesionado por el honor de la familia. La madre: una mujer que aguanta como puede la presión de tanta tradición mal entendida, pero que fuma y va teñida de rubio, no lleva pañoleta. La prima de Sibel o la imagen de la ambición, la mujer ejecutiva, triunfadora y moderna, que ya acaricia la posibilidad de dirigir su propio hotel en Estambul. Todo un pequeño catálogo con sus contradicciones y matices a cuestas, nada de maniqueísmo. Cuando la familia expulsa a Sibel no vemos la tragedia mortal que nos explican los diarios occidentales, sino una serie de actos torpes y patéticos. En ese sentido, el film posee un importante componente desmitificador de ciertos estereotipos sobre turcos y alemanes.


El director turco-germano Fatih Akın


















Sin embargo y al final, como ocurre, con los personajes principales, todos son inequívocamente turcos. El director procura mantener la ambivalencia hasta el final, con Cahit y Sibel sosteniendo su diálogo de amor en alemán, en el centro de Estambul. O en esa divertida escena en la cual un taxista, cien por cien turco pero antiguo gästarbeiter, afirma que “es de Munich”, respondiendo a Cahit, que dice ser “de Hamburgo”: y acto seguido ambos cambian del turco al alemán. ¿Mestizaje real o raíces turcas predominantes? La respuesta de Fatih Akın parece honrada: al final siempre termina imponiéndose la fascinación por lo propio, cuando la integración no es tan real como parecía. A ambos protagonistas les fallan sus respectivos amantes alemanes y terminan convirtiéndose en un matrimonio turco. Eso tampoco funciona; pero lo que no rueda en este caso es que ambos lo habían organizado como lo que ellos creían que podía ser un improbable matrimonio alemán.

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viernes, marzo 30, 2007

Los turcos en el cine (2): “Hamam”

Cartelera de la versión alemana del film. "Hamam" fue una exitosa coproducción turco-italo-española.















El film “Hamam” ha terminado por convertirse en uno de los títulos clásicos de cualquier “filmoteca gay”, como recomiendan los catálogos especializados que se pueden encontrar en la red. De hecho, la cosa va más allá porque el mismo icono tipo “seducción-en-hamam” parece haber gozado de algún predicamento estético en el espacio de la fantasía homosexual masculina, sin duda derivado del escenario ligue-en-la-sauna. Ciertamente hubo razones para que el film diera mucho de sí en ese sentido: uno de los componentes narrativos de la obra abordaba la relación amorosa entre Francesco, el protagonista (Alessandro Gassman) y el joven Mehmet, encarnado por el actor turco Mehmet Günsur, ciertamente apuesto. El film contenía una escena de amor bastante explícita entre los dos hombres, lo que hace diez años aún podía dar lugar a cierto escándalo –como así fue en la misma Turquía. Por otra parte, Ferzan Özpetek dirigió posteriormente “El hada ignorante” (2001) cuyo argumento recordaba bastante al de “Hamam”: una mujer cuyo marido ha fallecido en accidente de tráfico descubría que su marido mantenía una relación homosexual. Ella busca al amante y en ese proceso descubría y se involucraba en todo el mundo social que le rodeaba. La integración de personajes desnortados y solitarios en nuevas familias, recuperando segundas madres o padres, es un tema recurrente en Özpetek.






Francesco (Alessandro Gassman) llega a Estambul. Primer contacto con el paraíso perdido









Sin embargo, como reconocía el mismo Alessandro Gassman (hijo del mítico Vittorio Gassman) en una entrevista, el componente homosexual no era central en la película. El resultado narrativo hubiera sido similar si el protagonista se hubiera enamorado de la hija del matrimonio que lo acoge, en vez del hijo. La cuestión es que Francesco se descubre a sí mismo y deviene mejor de lo que fue anteriormente. En efecto, el film no es bandera de la opción gay. El protagonista busca un nuevo entorno afectivo y lo descubre en la familia de Omar, que había regentado el baño turco adquirida por su tía Anita, la “Madame” del film, que lo preside en todo momento sin aparecer nunca en efigie o en flash back memorístico, como una “Rebeca” (Hitchcock, 1940) positiva. Y éste sí es un asunto que parece recurrente en Özpetek, y que también es el núcleo argumental de “El hada ignorante”. De hecho, al comienzo de “Hamam”, encontramos que el film está dedicado “A la segunda madre”. Y ese es uno de los enigmas del film, porque a través de sus cartas leídas en off y de algunos detalles (las preguntas de Francesco al ex diplomático Óscar, las fotografías que guardaba Anita de su supuesto sobrino y su cuñado, el motivo nunca explicado, de la drástica ruptura entre ésta y su hermana).

Pero ese es sólo una de las claves de “Hamam”. La otra es más usual en los films que tienen a Estambul como protagonista. Francesco llega a la ciudad y descubre que el tiempo se ha detenido y que gracias a ello, puede empezar de nuevo. Es la oportunidad única, tanto más milagrosa cuanto que aquello que parece casual –su viaje a la ciudad- parece formar parte del destino que le está reservado. Porque Anita recorrió ese camino antes que él, y fue feliz; y porque Anita es de su sangre, es muy afín a él, quizás incluso es su madre verdadera. Una aventurera italiana, como se define a sí misma. Una mujer anhelante de vida, alta, bella, inteligente y animosa, que ama a los hombres –con ese vitalismo cálido y positivo del “
Hombre que amaba a las mujeres”, de Truffaut (1977). Y que en el film se afirma que fue pareja de un personaje afín a su carácter: Nazim Hikmet.
















Francesco y Mehmet. El hamam como ámbito de sensual deshinibición, pero también espacio atemporal




Estambul como némesis, como lugar donde el tiempo se detiene. Y percibimos que Francesco entra en el embrujo mientras un plato de cobre gira perezosamente, eternamente, en la pila de agua del primer hamam en el que descansa. O en esa escena en la que se queda dormido en la mesa –ha llegado a su destino, al fin- tras cenar con su nueva familia de adopción. Pero hay otros momentos cumbre más explícitos de esa intensa emoción tranquila: Francesco y su ex mujer, Marta, leyendo cada uno por separado las viejas cartas en uno de los “vapur” que cruzan el Bósforo (si, ambos coinciden en ese pequeño rito); o ese hondo colofón, con Estambul ejerciendo su enorme potencia de absorción final, y Marta fumando como Anita, porque en realidad ya es Anita.

Resulta muy significativo que en varias de las películas que tienen a Estambul como protagonista, sea una constante argumental el retorno a la ciudad; para quedar fatalmente atrapado. Ahí está la mismísima “Contra la pared” (2004), de Fatih Akın, que de hecho le afectó a él mismo, como turco alemán que es, y le llevó a dirigir “Cruzando el puente” (2005). Ahí está también: “El señor Ibrahim y las flores del Corán” (2003) de François Dupeyron, aunque en este caso Estambul no es el destino final, sino la puerta de entrada al viaje postrero, donde el pequeño Momo recogerá la muy personal herencia que le deja la persona más querida, como hace Francesco en “Hamam”. También el griego Fanis regresa a Estambul, para reencontrarse con la tienda de especies de su abuelo en “Un toque de canela” (2003, Tassos Boulmetis); y es, como en las demás historias, un impulso irresistible. Desideria, la protagonista de “La pasión turca” (Vicente Aranda, 1994), es víctima del viaje a Estambul, y la historia termina muy mal para ella; destino trágico que comparte con Francesco en “Hamam” y no deja de ser curioso que provenga de la imaginación de autores italianos y españoles.


Bruno Ganz contempla el estuario del Tajo tras la cortina de su pensión en Lisboa. El tiempo está suspendido.


Resultaría sencillo liquidar todo esto con el habitual topicazo: el embrujo de Estambul surge de su calidad de puerta entre Oriente y Occidente. En 1983, el director Alain Tanner demostró que Lisboa posee poderes similares. Cuando Paul, el marino suizo, entra en un bar de la capital lusitana, queda prendado por el reloj de pared que marcha al revés. Y ahí está: el tiempo detenido, no hay vuelta atrás; y Paul, como Francesco, le escribe a su esposa explicándole que no sabe cuándo regresará, ni qué va hacer con su vida. Bruno Ganz, En la ciudad blanca, en el vacío de tiempo condensado de vida. Sólo la ciudad frente al estuario, iguales Lisboa y Estambul, bellezas arrasadas, viejas capitales de imperios con tranvías y vaporetos atravesándola como espectros. Al igual que las góndolas. Como Venecia, sólo el mar y Tažio, el adagietto de Mahler y el voluntario viaje sin retorno de Gustav von Aschenbach, enamorado, de la ciudad crepuscular, el elefante que va a morir a un territorio mítico. Y entonces, quizás, ahí está la clave, de Venecia, de Lisboa o Estambul: “Aquel que ha contemplado la belleza está destinado a seducirla o morir

















Venecia es otra de las ciudades atemporales en las que belleza y decadencia pueden coincidir en el eterno viaje final


Hamam” se completa con una hermosa y melancólica banda sonora, obra del compositor Aldo De Scalzi, inspirada en piezas de la música clásica turca de comienzos del siglo XX y en los ritmos rituales de los derviches giróvagos de Konya, acompañamiento simbólico –pero quizás un tanto ruidoso para el film- del rito iniciático que es el viaje de Francesco a Estambul. A notar: los viejos caserones de madera, restos de la arquitectura otomana y que no parecen propios del barrio de Fatih, como sugiere el film, sino más bien de Üsküdür. En cuanto al nombre del hamam de Anita y Francesco, “El Sultán de los Espejos”…

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martes, junio 27, 2006

Un puente (aún) lejano

El film llega prácticamente con un año de retaso a los cines de la ciudad. O mejor dicho: al cine, porque sólo se puede ver en el “Verdi Park”. Tuve la primera noticia de Cruzando el puente. Sonidos de Estambul exactamente el mes de junio de 2005 por estas mismas fechas, en el blog de Erkan a quien tuve el placer de conocer en esa misma ciudad, pocos días después. La verdad es que una de las razones por las que me hacía ilusión ver el film era porque imaginaba que iba a ser un retrato de cierto tipo de joven turco. Parecido, precisamente, a Erkan Saka: familia de origen tártaro, de aquellos que escaparon de Crimea hace decenios, licenciado en Antropología y profesor en Bilgi Universitesi, antiguo estudiante en Rice University. Intrépido tesinando lanzado a un proyecto tan audaz como el estudio etnográfico del papel de los periodistas turcos como receptores y emisores del discurso UE en Turquía. En fin: Erkan como “individuo fussion” o más propiamente, como intelectual turco contemporáneo, producto de la aculturación.

Pues bien: “Cruzando el puente” falla en ese planteamiento, que hubiera sido precisamente el más interesante. Y no es por falta de materia prima, como puede atisbarse a lo largo del film Lo más posible es que en eso la película sea víctima de un montaje un tanto lineal, producto de la ordenada mentalidad germánica del tándem Akin-Hacke.

El recorrido musical que nos propone el director parte del extremo más “vanguardista-ahora” al “vanguardista-de-entonces” pasando por los estilos tradicionales. Durante los primeros minutos el espectador cree estar en los puntos más calientes de los Estados Unidos. Ese
Duman con su punk metal forjado en Seattle parece tener muy poco de turco, aparte de la lengua en la que canta el vocalista Kaan Tangöze. Replikas es un asunto más trabajado, una banda de músicos adultos y sofisticados. Y como reconoce un miembro del grupo, sólo con el tiempo comenzaron a prestarle alguna atención a la música turca de su entorno cultural. Con Ceza y sus colegas raperos del barrio de Kadiköy ya estamos a muchos más kilómetros de Estambul, aunque aparezca por el local alguna bandera turca con Atatürk de propina y la portada de su blog no tenga desperdicio. Cierto: su rapeo ametrallado es de lo más original, hasta el punto de pensar que el turco es mucho más apropiado para esas lides que el castellano. Pero no dejar de ser pura traslación de Public Enemy. Y ya con los İstanbul Style Breakers pegamos el salto definitivo desde el barrio de Bakirköy al South Bronx, b-boying con los chavas rigurosamente uniformados: Tribal, Puma, boombox, tracksuits, Adidas o Kangools, quizás.

La experiencia está bien, porque al menos le saca de la cabeza al espectador con mentalidad de turista que Turquía es sólo Sultan Ahmed, los derviches giróvagos, interminables conciertos de saz y tópicos similares. Pero con cierta rapidez, Fatih Akın da el viraje y nos lleva de regreso por agrestes senderos y panoramas musicales cada vez más tradicionales. Y además, con insistencia innecesaria en paisajes de fondo a base de mezquitas de Sinan.
Mercan Dede tiene una tarjeta de visita gráfica de lo más sofisticado, pero su música electrónica –incluso con sus ocasionales derivaciones hacia el jazz- suena demasiado a adaptación de los tradicionales temas sufis. Está bien, es atractiva, pero la fusión debe ir más allá de la utilización de nuevas tecnologías. Con la canadiense Brenna MacCrimmon pasa algo parecido: es muy loable que cante (y hable) un turco que parece perfecto, que haya rescatado viejas melodías y hasta que editado un álbum (“Karsilama”) cuyo diseño de portada recuerda claramente un cuadro de Chagall. Pero eso no es cruzar el puente entre Oriente y Occidente, sino el caso de una investigadora extranjera entusiasmada con el objeto de su estudio en estado puro. Un fenómeno que ocurre desde hace mucho tiempo, en Turquía y todos los países del mundo. Muy significativamente, uno de los primeros inductores del nacionalismo turco en el Imperio otomano fue un antropólogo húngaro, Arminius Vambery en los años 60 del siglo XIX.

Ese giro en el film alcanza su momento culminante con la cantante kurda
Aynur Doğan y el gitano Selim Sesler en la fasil de Kesan. Eso es puro arte local. Potente y grandioso, digno del mayor de los empeños en su rescate y preservación. Pero ahí no hay nada de “jazz gitano” ni “blues kurdo”. La evidente alusión al flamenco que se produce en relación a un virtuoso intérprete de laúd podría remontarse al siglo XVI o antes, y no vale como demostración de la fructífera aculturación musical turca de nuestros días. Algo similar ocurre con la “vieja dama” de Estambul, Müzeyyen Senar entrañable, indispensable; pero en cierta manera la anti-fussion por naturaleza.

El reportaje termina con dos grandes figuras.
Orhan Gencebay es toda una institución en Turquía, un actor y músico, intérprete y compositor, ídolo de las masas en los años setenta. Pero Fatih Akın nos lo presenta en su faceta de renovador de otra época, cuando contribuyó de forma decisiva a fusionar elementos de la música árabe egipcia con la turca dando lugar al “arabesk”, ese género que incluso en nuestros días tiene miles de seguidores en la voz de Ibrahim Tatlisses, “Ibo Imperator” o simplemente, Ibo. Y esa musa de siempre que fue y es Sezen Akzu, querida y respetada por todos, incluso los raperos radicales de Kadiköy. En una muy rara intervención, la cantante actúa en el film y su nostálgica balada se mezcla con las extraordinarias fotografías del viejo Estambul en los 50 y los 60 debidas al maestro Ara Güler.

En definitiva: “Cruzando el puente. Voces de Estambul” es un hermoso retablo de la música turca en los últimos treinta años, incidiendo en las corrientes vanguardistas, aún vivas o en crecimiento. En algunos casos Fatih Akın y Alexander Hacke nos entresacan algunos ejemplos de esa apertura musical turca hacia Occidente y Oriente, desde el hip hop al arabesk. Por lo tanto y sólo por eso, film altamente recomendable para todos los públicos, siempre que posean alguna curiosidad intelectual; no apto para los cerrados de mollera. Pero no termina de convencer mucho la hipótesis que sugiere el título en el sentido de que se esté produciendo una aculturación musical real. Hay rock turco, si; y jazz, también. Y todas las nuevas formas de vanguardia procedentes de los Estados Unidos. Pero en la mayoría de los casos lo que se detecta es la persistencia de una forma esencialmente turca (y un poco iraní, todo hay que decirlo) de hacer música que no termina de dar como resultado algo nuevo. En algunos casos se roza el logro: por ejemplo cuando suena la pieza ethno-techno “İstanbul” del grupo
Orient Expressions. Vale: no es un sonido sorprendente, pero funciona; y no cabe duda de que el saxo del americano Richard Kramer ayuda bastante. Sin embargo, a la que se pinchan otros temas no incluidos en el film, como “Ehmedo” el peso de lo puramente turco domina la pieza. Quizá todo esto pueda parecer una crítica demasiado purista; pero atravesada la mitad del metraje, el espectador comienza a pensar que el puente no se ha cruzado del todo. Y por cierto: no parece casualidad que en la red exista una cierta curiosidad internacional por los músicos callejeros de Siya Siyabend, unos tíos majetes y muy ingenuos pero que logran improvisar interesantes niveles de fusión y aculturación en el amplio y duro, pero real, asfalto de Estambul.

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