El contencioso armenio-turco (4): Nagorno-Karabaj

Francotiradores del Ejército de la autoproclamada República de Nagorjo-Karabaj. Ésta y las demás fotografías del post son de Yves Debay e ilustran su reportaje: "Nagorno-Karabagh. Powder Keg in the Caucasus", en: "Special Ops", vol. 37, 2006. En todos los casos se trata de unidades y material militar de las mencionadas fuerzas armadas
Una de las claves del ascedente ruso sobre Armenia, es la autoproclamada república de Nagorno-Karabaj. Escueto territorio de 4.400 kms cuadradados (una extensión algo inferior a la correspondiente a la provincia española de Pontevedra ) y menos de 200.000 habitantes, es una de las piedras de toque más conflictivas del ya de por sí problemático Cáucaso. La versión armenia sobre los orígenes de la disputa -la que más circulación y credibilidad tiene en los medios de comunicación occidentales- cuenta que en 1923, Moscú desgajó el territorio de la República soviética de Armenia cediendo el territorio autónomo de Nagorno-Karabaj (NKAO) a la República soviética de Azerbayán. La responsabilidad de la decisión habría sido de los comisarios soviéticos de nacionalidades, Gueorgui Chicherin y Josef Stalin, y los emisarios especiales Sergo Ordjonikidzé y Serguei Kirov. Por entonces, los soviéticos apostaban todavía por la baza turca para llevar la revolución a los antiguos territorios del Imperio otomano. Comenzando por la misma Turquía: no olvidemos el apoyo bolchevique a la decisiva victoria de Mustafa Kemal en la guerra contra los griegos, franceses, italianos y británicos que se habían repartido el territorio de Anatolia. Es sintomático que en septiembre 1920 se celebrara en Baku el Congreso de los Pueblos de Oriente, poco después del Segundo Congreso de la Internacional Comunista. La perspectiva histórica nos muestra que Moscú se llevaba un juego muy perverso con la totalidad del Caúcaso y sobre todo con Armenia, que en buena medida puede ser calificada como el "Israel de Rusia" en la zona.
Durante los años veinte y treinta, Stalin mantendrá contactos reservados con los dachnak en elexilio. La Dachnaksutiun o Federación Revolucionaria Armenia (FRA) había sido fundada en 1890 y constituía el movimiento nacionalista armenio más violento y radical. Por ello sorprende que el antiguo ministro de Defensa de la efímera República Armenia, el general dachnak Dro (alias de Drastamat Kanayan), fuera recibido en el Kremlin durante la guerra civil rusa y terminara liderando batallones dachanko-bolcheviques que aplastaron la revuelta de los turcos basmachis en Asia Central. Posterioremente, Dro dejó Moscú sin problemas y regresó al exilio europeo. Durante la Segunda Guerra Mundial, los dachnaks, escindidos entre sí, jugaron una doble apuesta: algunos dirigentes colaborarán con los Aliados; pero el general Dro y otros líderes, ayudarán a los nazis a formar una unidad de voluntarios armenios en la Wermacht: el batallón 812. Mientras tanto, los hijos de la Armenia soviética se integraron en la división Taman, que encuadrada en el Ejército Rojo incluso llegó hasta Berlín en 1945. También en los años veinte, los hentchaks o militantes socialdemócratas armenios, colaboraron con la causa bolchevique ayudando a crear células del partido en Siria, por entonces bajo mandato francés. De otra parte, Moscú instó y facilitó el retorno de exiliados armenios a la república soviética, para ayudar a repoblarla.
Curiosa pero significativamente, Stalin favoreció a Armenia tras la Segunda Guerra Mundial. Los chechenos resultaron deportados en masa por connnivencia con el enemigo, pero los armenios fueron premiados con nuevos esfuerzos para reintegrar al exilio en la madre patria, y eso a partir de 1947. Según Gaïdz Minassinan en su libro ya citado sobre la geoestrategia de Armenia, el dictador soviético deseaba castigar a Turquía por su neutralidad durante la Segunda Guerra Mundial, y apoyó las aspiraciones más radicales del nacionalismo armenio: la asimilación de los antiguos "territorios armenios" en Turquía. Tanto es así que a tal efecto se creó en Paris el Comité de Defensa de Armenia, participado por comunistas y dachnaks. Stalin incluso recibió las felicitaciones del insumergible general Dro.
Kruschev continuó algunos de los pasos dados por Stalin y favoreció el resurgimiento del nacionalismo armenio. Aparentemente, la Guerra Fría colocará a cada uno en su sitio durante los años venideros; y desde el exilio, los dachnaks se alinearán con Occidente. Pero seguirán manteniendo contactos secretos con Moscú, y desde aquí se continuará con la política de favorecer el regreso de los exiliados a la República soviética de Armenia. En definitiva, los soviéticos siempre se mostraron muy permisivos con el nacionalismo armenio, hasta el punto de mantener contactos discretos con los nacionalistas del exilio, a sabiendas de que eso incomodaba a las autoridades soviéticas de Erevan. En los años sesenta permitieron la creación, en esa capital armenia, del Partido Nacional Unificado, hecho insólito en la URSS. Y en 1962 hicieron la vista gorda ante la petición de 2.500 armenios de Nagorno-Karabaj para la unificación de la región autónoma a la República Socialista Soviética de Armenia. Tres años más tarde, se conmemoró, con asistencia de personalidades dachnaks, el 50º aniversario de los sucesos de 1915. En 1975, tuvo lugar una nueva manifestación masiva en Erevan, con asistencia de un millón de personas. Lo que incluyó un reportaje del diario "Pravda" sobre el genocidio armenio. Si se considera que ya en 1970 el primer secretario del PC armenio viajó a Moscú para pedir la devolución de Nagorno-Karabaj, se comprenderá que las piezas de la tragedia se habían ido acumulando con mucha antelación.

Un carro de combate pesado T-72 de la Brigada Blindada de Nagorno-Karabaj. Un monstruo de este calibre aún conserva mucho poder en los modernos campos de batalla. Obsérvese la bandera de la autoproclamada república, casi idéntica a la de Armenia, en el lado derecho de la torreta.
El conflicto de Nagorno-Karabaj comenzó en 1988, prefigurando la dinámica de las guerras yugoslavas muy pocos años después, como lo había hecho el conflicto chipriota en 1973. También se adelantó en dos años al comienzos de la guera en Chechenia. En conjunto se puede decir que el estallido de la crisis estuvo directamente relacionado con la liberalización política que llevó a la Unión Soviética el proceso de la perestroika. Ya en 1987, el “lobby armenio” en el PCUS de Moscú poseía un personaje de gran influencia: Abel Aganbeguian, consejero personal del secretario general, Mijail Gorbachev. Quizá por influencia de este personaje y desde luego en la estela de la política de glasnost, se permitió a los armenios de Nagorno Karabaj formular su deseo de integrarse en la República soviética de Armenia. El 20 de febrero de 1988, el consejo regional del NKAO hizo públicos los resultados de un referéndum según el cual la mayoría de la población armenia del territorio respaldaba esa propuesta: unas 80.000 personas de un total de 123.000 armenios y 37.000 azeríes (se suele utilizar el censo de 1979: 162.000 habitantes en total).
A partir de ahí, la catástrofe. Se produjeron enfrentamientos violentos entre armenios y azeríes en Nagorno-Karabaj (2 muertos azeríes) que fueron seguidos por un pogrom de población armenia en la ciudad azerí de Sumgaıt (26 armenios muertos). El Ejército soviético intervino en Azerbayán y Armenia para evitar un baño de sangre interétnico, con discutibles resultados. Pero ya era tarde: en verano las autoridades de la República de Armenia mostraban abiertamente su respaldo a las demandas secesionistas de Nagorno-Karabaj, los diputados de la NKAO votaron públicamente por la secesión, se organizaron agresivas manifestaciones nacionalistas en las dos repúblicas implicadas y ya en noviembre y en el corto espacio de dos semanas se sucedieron las limpiezas étnicas y los intercambios de poblaciones: 200.000 armenios escaparon de Azerbayán contra 165.000 que lo hicieron desde Armenia y Nagorno-Karabaj. Hubo también miles de desaparecidos. Desde Moscú, Gorbachev intentaba atajar el desastre repartiendo palos y zanahorias a ambas partes, consciente de que se jugaba ante Occidente su imagen y la de la perestroika. Precisamente por ello, y sabiendo de la debilidad occidental por la causa armenia, terminó favoreciéndola. Así, organizó la gestión directa del enclave, desde Moscú, nombrando a Arkadi Volski como director del Comité de Administración Especial, que a la postre favorecvió los vínculos entre Nagorno-Karabaj y Armenia. Así la secesión se consumó, de facto, con la bendición de Moscú.
Sistema de misiles antiaéreos SA-3 GOA, de origen ruso.
La medida favoreció el drástico crecimiento del nacionalismo azerí, del cual surgió el Frente Nacional de Azerbayán y enfrentamientos directos con tropas del Ejército soviético, a lo largo de 1990. Por fin, tras el fracasado golpe de estado en Moscú, de agosto de 1991, Baku proclamó la independencia de la república, a lo que siguió la creación de la República de Nagorno-Karabaj, el 2 de septiembre, y la independencia de la misma, decidida por el Soviet Supremo local, el 10 de diciembre. Todo ello desembocó en la guerra abierta entre dos ejércitos más bien famélicos, desorganizados e infradotados: el azerí y el armenio de Nagorno-Karabaj, apoyado desde Armenia con voluntarios y material, con abundantes bajas entre la población civil.
El conflicto se prolongó hasta mayo de 1994, olvidado por los medios de comunicación occidentales, embebidos por las guerras de Croacia y Bosnia. El resultado fue que los armenios se hicieron con el control de Nagorno Karabaj y expulsaron a la población del territorio. Y al final la guerra se detuvo por un alto el fuego al que nunca siguió (al menos hasta hoy en día) un acuerdo de paz formal, a pesar de los esfuerzos de la OSCE y el denominado grupo de Minsk en el que estaban presentes Rusia y Francia.
En este mismo año, la revista “Special Ops” (publicación para los forofos de las fuerzas de élite mundiales) publicó en su número 37 un reportaje sobre el Ejército de la República de Nagorno-Karabaj, firmado por Yves Debay, un periodista especializado en este tipo de temas. En tono abiertamente admirativo, el especial ofrecía un espectacular despliegue gráfico, algunas de cuyas fotografías ilustran este post. Conociendo la entidad territorial y poblacional de la minúscula república, resultaba un chocante ejercicio propagandístico, sólo apto para los más rendidos sectores del público occidental. El exiguo territorio convertido en exultante república, “mantiene” 20.000 soldados a los que se suman 60.000 reservistas, 316 carros de combate y 324 TOA´s, 322 piezas de artillería pesada, 44 lanzacohetes y modernos sistemas de defensa antiaérea. Oficialmente, se trata de las fuerzas de la República de Nagorno-Karabaj, pero es un secreto a voces que son contingentes militares de la República de Armenia con armamento y equipo suministrados por Rusia y quizá también, Grecia. Como el gobierno de la RNK no reconoce el Tratado de Fuerzas Convencionales en Europa, en su territorio se pueden almacenar todo tipo de sistemas de armas, a pesar de que Erevan haya firmado, por ejemplo, la Convención de Armas Químicas en 1993.

Batería de obuses de campaña de 152 mms. La clásica artillería de la tradicional doctrina militar soviética y rusa.
El mantenimiento en pie de guerra de la RNK supone un esfuerzo más que considerable para un estado tan pequeño como Armenia, que oficialmente declara disponer de 107 carros de combate y 204 TOA´s y vehículos blindados de todo tipo, 225 piezas de artillería pesada y 50 lanzacohetes. Eso para defender un territorio de sólo 29.800 km² y poblado por 3.000.000 de habitantes. Pero existe un problema de base política de ámbito internacional. Cuando los serbios de Croacia proclamaron la República de Krajina en 1991, los medios de comunicación occidentales insistían puntillosamente y con marcado retintín en adjetivarla como la “autoproclamada” República Serbia de Krajina. Por otra parte, esos mismos medios nos recuerdan, siempre que pueden, que la República Turca del Norte de Chipre sólo está reconocida por Turquía y ningún estado más. Pues bien, la República de Nagorno-Karabaj es también “autoproclamada” y sólo la reconoce Armenia. Todo un poema al doble rasero de los medios de comunicación (y en parte diplomáticos) de Occidente. 

Mapa del territorio y bandera de la autoproclamada república de Nagorno-Karabaj. La enseña es exactamente igual a la armenia, con excepción del galón blanco escalonado.Por lo tanto, el status militar de la RNK y la base rusa en Armenia contribuyen a complicar lo que se podría denominar “problema de los enclaves armados” en la periferia anatolia, junto la presencia militar turca en la RTNC y las bases griegas y contingente militar griego en Chipre (ELDYK) o islas del Egeo. Los unos encuentran en los otros las excusas y agravios comparativos necesarios para no desmantelar sus infraestructuras militares semiclandestinas o paralelas. Pero además, Nagorno-Karabaj es una de las claves principales que permite a Moscú mantener a la República de Armenia sujeta y bien sujeta a su poder.
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El contencioso armenio-turco (3): El papel de Moscú

Humor gráfico: Putin por Ferreres, publicado en "El Periódico", 14 de octubre, 2006
Llamada de Radio Nacional de España, uno de los noticiarios. Ocurrió el domingo pasado, por la mañana: querían un breve comentario sobre el asesinato de la periodista rusa Anna Politkovskaya y “lo que ocurre en Chechenia”, para el informativo del mediodía. Decliné como pude la oferta: era evidente que deseaban escuchar un determinado discurso, prefabricado y, además, sintético. Para una buena parte de los medios de prensa occidentales, resulta meridianamente claro que Putin es el "asesino" por razones tales como que la periodista tiroteada hablaba mal de él y su política, y el dirigente ruso fue oficial de la KGB. Descender de ese nivel argumental resulta políticamente incorrecto.
La ocasión daba para pensar en los forzados ajustes a los que recurre la prensa. En estos días, el asesinato de la Politkovskaya ha reactivado un discurso anti Putin con gruesos flecos antirrusos. Pero es que además, por estos mismos días, los medios occidentales se alinearon con Georgia en el contencioso que mantiene con Rusia. ¿Quiere decir eso que deberían hacerlo contra Armenia? Sería lo más coherente, porque esta república caucásica es prorrusa; en realidad es todo un satélite de Moscú en la zona, enfrentada a Georgia y Azerbayan, ambas aliadas de Turquía. Ankara ha denunciado en algunas ocasiones –aunque sin alzar mucho la voz- que Moscú apoya a los kurdos del PKK. A su vez, los rusos también han dejado caer que los turcos se han mezclado en la crisis chechena. En realidad la situación es más complicada, pero si los medias asumieran que algo de eso hay, vaya batería de contradicciones deberían afrontar en más de una ocasión.
Para muestra un reciente botón: la crisis entre Rusia y Georgia se debe, en buena medida, a las reiteradas acusaciones de Moscú de que ese pequeño vecino del Cáucaso no hace lo posible para capturar dentro de sus fronteras a guerrilleros que además entran en la conflictiva Chechenia a traves del Valle del Pankisi. Pero la prensa occidental consultada no ha incidido en esta cuestión, sería complicar el análisis, y eso no es platro dse gusto para el lector. La salida a tanto dilema es de una sencillez desconcertante: parcelar, tratar cada asunto por separado. Los contextos regionales, las alianzas exteriores, los vecindarios, los alineamientos en política exterior: todo eso es evitado como la peste, a pesar de que en ocasiones tales parámetros aportarían argumentos de peso a tener muy en cuenta. Pero eso es secundario: a la mayoría de los medios de comunicación y a sus periodistas respectivos esa ignorancia voluntaria les facilita mucho la tarea de vender sus productos a caballo de las pasiones dominantes en cada momento.

Chirac y su esposa depositan una corona de flores ante el monumento al genocidio armenio en Erevan, durante la visita que el presidente realizó a comienzos de este mismo mes. Paris ha utilizado a fondo ese controvertido acontecimiento histórico a beneficio de su propia política exterior e interior.
La actual situación del contencioso turco-armenio da para trenzar un caso concreto. El pasado día 12, en plena espiral histérica, la Asamblea francesa aprobó la tan cacareada ley que penaliza la negación del genocidio armenio. Confusa en el enunciado de lo que pretende castigar, bajo el pertinente discurso-moralina su único objetivo real consiste en fomentar el sentimiento antieuropeo de los nacionalistas turcos hasta hacerlo llegar a un punto de ebullición que de una forma u otra lleve a que Ankara se retire prematuramente de las negociaciones para acceder a la Unión Europea. Si es en medio de un enorme escándalo, mejor que mejor. Pero sus resultados reales consisten, básicamente en respaldar una causa que se está convirtiendo en bandera de la extrema derecha europea y en dañar irremisiblemente la política exterior de la República de Armenia. Con ello, Francia demuestra una vez más que es una potencia decadente, más obsesionada por defender los símbolos de su antiguo poder que capaz de realizar cálculos realistas de geopolítica global, como los que llevan a cabo las potencias de verdad. Más allá de preservar su porcentaje de representación en el Parlamento europeo defenestrando la candidatura turca a la UE, ¿qué política concreta posee Francia en el Cáucaso?¿Está apoyando activamente al "asesino" Putin?¿Cuántos diputados o periodistas franceses saben que Ara Abrahamian, una de las personalidades más relevantes de los grupos de presión armenios a escala internacional, es además uno de los oligarcas rusos y presidente de la Organización de los Armenios cuyo primer congreso se inauguró en Moscú en octubre de 2003 con discurso inaugural de Vladimir Putin?
Vayamos por partes, es decir, aquellas en las que divide realmente el contencioso turco-armenio, y que conviene separar: a) Los intereses nacionales y geoestratégicos de la República de Armenia; b) Los intereses de la diáspora y los grupos de presión armenios en el extranjero, que no siempre conciden con los de la República de Armenia; c) Los intereses de las potencias que juegan en la zona; d) Los intereses de los estados extranjeros que instrumentalizan la cuestión turco-armenia para sus fines particulares, ajenos en realidad a ese conflicto.
El pasado mes de julio, Eurasianet, que es una website rusa de análisis geoestratégico publicaba una crónica según la cual, Armenia se oponía al tendido del ferrocarril azerí-georgiano-turco. El proyecto arrancaba de mayo del año pasado (2005) durante la apertura ceremonial del oleoducto Bakú-Tbilisi-Ceyhan (BTC). Por entonces se estimó que la obra saldría por unos 400 millones de dólares USA y reforzaría el vínculo que ya ofrecía el oleoducto: estrechamiento de las relaciones entre los tres estados y establecimiento de un interesante vínculo de comunicación entre Europa y el Asia Central a través de una vía poco habitual e históricamente, poco segura.
La protesta de Armenia se relacionaba con el rodeo que da la línea férrea entre la ciudad turca de Kars y la de Ajalkalaki, en el sur de Georgia. Según Erevan, el trazado de esos 100 kms. evita el camino natural a través de territorio armenio que une la ciudad de Kars con la de Gyumri y de ésta pasa a todo el sur del Cáucaso. El gobierno armenio, muy preocupado por lo que contempla como un nuevo intento de aislamiento perpetrado por sus vecinos del Cáucaso, ofreció su colaboración “desinteresada” en el proyecto. En tal sentido, el ministro de Asuntos Exteriores, Vartan Oskanian indicó que “Armenia está preparada para que Turquía, Georgia y Azerbaiyán utilicen la línea de ferrocarril existente en territorio de Armenia” aunque esta república no haya sido invitado a participar en el proyecto (27 de junio, 2006).
Trazado del BTC, directamente relacionaco con el tendido de la línea férrea azerí-georgiano-turca. Mapa procedente de Wikipedia.
Las autoridades armenias no creen que el tendido de la nueva línea férrea sea puramente comercial. En vez de ello, lo ven como un paso más para el aislamiento del país, tras haber quedado fuera del proyecto del oleoducto Bakú-Tblissi-Ceyhan (BTC). En consecuencia, los influyentes grupos de presión armenios en los Estados Unidos comenzaron a moverse para frustrar el proyecto, buscando el voto de un comité del Congreso que asegure una enmienda que induzca al US Export-Import Bank la prohibición de respaldar la construcción de la línea férrea. En tal sentido, el congresista demócrata Joseph Crowley, que es el principal promotor de la idea, ya hizo unas declaraciones advirtiendo a los gobiernos de Turquía y Azerbaiyán que “excluir continuamente a Armenia de los proyectos regionales genera inestabilidad”. Los impulsores de la campaña en los EEUU creen que hacia finales de este mismo año la Cámara de Representantes en pleno podría considerar la enmienda. Posteriormente, la iniciativa podría llegar al Senado. La administración Bush no ha manifestado objeciones a las iniciativas. Por otra parte, también en la UE han surgido voces que secundan la iniciativa armenia, como la de la austriaca Benita Ferrero-Waldner ya de por sí poco simpatizante de la candidatura turca, que el pasado mes de marzo visitó Erevan.
Parece claro que el conflicto que está surgiendo en torno a la línea férrea azerí-georgiano-turca es un reflejo de pugnas de más calado. Por supuesto, está en conexión con el bien conocido proyecto BTC y la compleja trama de los oleoductos y gaseoductos que desde Próximo Oriente, Asia Central y Caspio deberán atravesar Turquía (o ya lo hacen) para llegar al corazón de Europa. Armenia ha sido dejada fuera del proyecto por motivos políticos: el contencioso de Nagorno-Karabaj que enfrenta a esa república con la vecina Azerbaiyán y con su aliada natural, Turquía. En consecuencia, Ankara no mantiene relaciones diplomáticas con Erevan y desde hace años ha cerrado a cal y canto sus fronteras con Armenia. Pero debe aclararse que su estatus de peón ruso en la región también le ha ganado muchos enemigos a este país, y que muy posiblemente, la actual crisis georgiano-rusa impida que los esfuerzos del senador Joseph Crowley lleguen a buen fin. Porque el caso es que Georgia, Azerbayán y Turquía, son aliados de Washington y Armenia está por ver si lo será o no.
Aviones de combate rusos MiG29 patrullan la frontera del espacio aéreo armeno-turco. Fotografía procedente de Wikipedia
El hecho de que los conflictos con sus vecinos turco y azerí haya dejado a Armenia fuera del negocio petrolífero ya constituye de por sí motivo de seria alarma en Erevan. Pero además, existen otros problemas de orden geoestratégico. Armenia es un satélite militar ruso desde la firma, en 1992, del Tratado de Tachkent, seguido cinco años más tarde de un específico tratado de amistad ruso-armenio. Mantiene en su territorio unos 5.000 soldados de esa potencia, destacados en dos bases, aunque agrupados la mayoría de ellos en la denominada Base Militar 102, situada en Gyumri, que, curiosamente, es el empalme ferroviario ofrecido por el gobierno de Erevan a los países del trayecto ferroviario azerí-georgiano-turco. Dicho sea de paso, resulta bastante razonable que los países vecinos no vean con buenos ojos que el ferrocarril que construyen pase a través de un enclave militar ruso. Y menos en el momento actual, cuando según la prensa occidental, la potencia puede convertirse en una dictadura neosoviética -o algo peor- de un momento a otro.
En la Base Militar 102 se cuentan unos 30 cazas rusos tipo MiG 29 y baterías de misiles antiaéreos S-300. Sin embargo, el anunciado cierre total de las bases rusas en Georgia ha supuesto que su material y personal estén siendo trasladados a Armenia. Además de acantonar efectivos en el país, Rusia entrena y prepara a la totalidad del cuerpo de oficiales armenio. Y no sólo eso: los guardias de frontera rusos patrullan en los límites con Turquía e Irán. Mientras tanto, continúan las entregas de armas rusas al aliado, que hacen del ejército de esa república el más potente del Cáucaso meridional. Por todo ello, volvemos al mismo punto ya enunciado: no es de extrañar que las relaciones de Armenia con Turquía, Azerbaiyán y Georgia sean tensas.
En el plano económico, la dependencia armenia del vecino ruso es todavía más apabullante. En 2001, Vladimir Putin visitó Erevan y firmó decenas de acuerdos bilaterales para toda la década. Y al año siguiente, Rusia y Armenia firmaron un pacto de Asistencia energética contra anulación de la deuda. A cambio de la condonación de 100 millones de dólares de deuda, Erevan traspasaba el 80% del potencial energético armenio a manos rusas. En definitiva, no le faltó razón a Boris Gryzlov, presidente de la Duma rusa, cuando en a primavera de 2005 declaró sin tapujos que Armenia es un "puesto avanzado" de Rusia en la región.

Decir que los armenios están contentos con esta situación resulta equívoco. Por lo que parece están más hechos un lío, como se desprende de un interesante libro publicado hace pocos meses: Géopolitique de l´Arménie (Ellipses, Éditions Marketing, Paris, 2005) escrito por un inteligente analista armenio: Gaïdz Minassian. El autor distingue claramente entre los diferentes factores e intereses que intervienen en el contencioso armeno-turco, y también los diversos objetivos y problemas que manejan los actores en presencia: el gobierno de Erevan, los políticos, los nacionalistas armenios más duros o la diáspora con sus diversos grupos de presión. El diagnóstico que extra el propio lector es que la pequeña república se mantiene a flote con dificultades en un mar de contradicciones que nacen de los conflictos con sus vecinos, la geoestrategia del gas y el petróleo centrada en la región caucásica, la manipulación externa de sus problemas por las grandes potencias, el apoyo ruso y el equilibrio imposible que supone el deseo de conjugar el decisivo soporte ruso con el naciente interés occidental y el ingreso en la OTAN y la UE.
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