El desequilibrio como orden: presentación (y 2)

Una de las imágenes que se barajó como posible portada para
El desequilibrio como orden: complejo de islas artificiales "The World", Dubai
A lo largo de estas semanas, he podido constatar como la mejor presentación en red de El desequilibrio como orden ha sido a través de la blogosfera. En efecto, al introducir el nombre del autor más el título en el buscador Google, las referencias apuntaban a todos aquellos blogs que incluían a éste como favorito con la última entrada, que correspondía con el título de la obra. Ayer, 15 de mayo, el libro empezó a ser distribuido en las librerías y es de esperar que a lo largo de las semanas venideras, aparecerán reseñas y críticas aquí y allá. Sin embargo y hasta el momento, prácticamente la única promoción de que ha disponido la obra ha sido la de este blog, ampliada por la de sus lectores más interesados. Muchas gracias a todos.
Además, ese trabajo de búsqueda me llevó a descubrir blogs muy interesantes, que desconocía. Algunos de ellos, cuyo contenido temático está relacionado con el de éste, pronto pasarán a integrar mi particular lista de favoritos.
Todo ello me anima a plantear una propuesta, tan experimental como el mismo contendido de El desequilibrio como orden. Dentro de unos días inauguraré una wiki exclusivamente destinada a todos aquellos que deseen hacer sugerencias, comentarios o preguntas referidas al libro. En el caso de que en algún momento la editorial decida lanzar una nueva edición, sería factible incorporar algunas de esas ideas y no habría inconveniente en mencionar a su autor.
Para todos aquellos interesados en acceder a la wiki, abrí una dirección a la que pueden digirse a fin de que pueda inscribirlos:
desequilibrio.como.orden@gmail.com
Se trata de una experiencia novedosa, o eso creo. Puede tener éxito o no salir adelante, pero vale la pena intentarlo. Gracias de nuevo a todos, y hasta pronto.

Otra propuesta. Belgrado: el Ministerio de Defensa atravesado de punta a punta por dos misiles de crucero. Foto de J. Argila
El desequilibrio como orden: presentación
Para ampliar, pulsar con el puntero sobre las imágenes
Ante ustedes, los dos bocetos para la portada de El desequilibrio como orden. Una historia de la Posguerra Fría, 1990-2008 (Alianza Editorial) que aparecerá en las librerías, muy en breve y (esperemos) incluso a tiempo para el Día del Libro. El diseño está basado en la ya célebre fotografía de Spencer Platt, de la agencia Getty Images, ganadora en la categoría Foto del Año del World Press Photo 2006. En ella podemos ver a unos jóvenes libaneses, más bien pijos, paseando en un descapotable por un barrio arrasado en el sur de Beirut, tras los bombardeos israelíes de la denominada Segunda guerra del Líbano o Guerra de julio.
El desequilibrio como orden es una crónica de Historia actual que arranca de los meses posteriores a la caída del Muro y llega hasta el desencadenamiento de la crisis económica de septiembre-octubre de 2008 y la victoria electoral de Obama. Es toda una era de casi veinte años, durante la cual las potencias occidentales, encabezadas por los Estados Unidos, intentan ajustar la realidad del mundo a la imagen ideológica que tienen del mismo, como vencedores de la Guerra Fría. ¿Por que fracasan en el intento? Esa es la cuestión que trata de responder el libro.
A continuación, la presentación de contenido que se podrá leer en la contracubierta, y el índice:
El periodo estudiado en este libro ya es historia, con la peculiaridad de que todos y cada uno de los años que lo integran todavía están presentes en la memoria del lector adulto. La descomposición de la Unión Soviética en 1991 supuso la puerta de entrada real al siglo XXI abriendo el mundo a profundas transformaciones que se han producido en un periodo de menos de veinte años. Ésta es la crónica de esos cambios a todos los niveles: estratégicos, económicos, tecnológicos, sociales, incluso morales. Pero para cuando llegó diciembre de 2008 había quedado claro que había concluido ese ciclo, con el fracaso en los intentos por imponer un nuevo orden geoestratégico mundial y una globalización basada en el neoliberalismo. Por el camino se habían ido manifestando todos los síntomas de ese desequilibrio gradual que se anunciaba como nuevo orden: “Chindia” y las potencias emergentes, la sociedad “low cost”, los miedos milenaristas, las guerras balcánicas, los genocidios en África, el regreso de Rusia, la revolución Internet, las migraciones intercontinentales, las nuevas formas de delincuencia, las crisis financieras que anticiparon el crash de 2008; y el guirigay de todos aquellos que se consideraron los verdaderos vencedores de la Guerra Fría, comenzando por los islamistas y continuando por la China de los dos sistemas, pugnando todos ellos por afianzarse en la estela del naufragio norteamericano. Francisco Veiga apunta claves del pasado inmediato, útiles para entender el futuro cercano: por ejemplo que la política de bloques del siglo XX ya no es concebible, que la implosión es generalizada y a todos los niveles y que, por tanto, la crisis no sólo es económica y necesitará reconversiones estructurales para ser superada.
ÍNDICE
PRÓLOGO
Prefacio: Una vieja historia china
Primera parte: Posguerra Fría, 1990-1995
Capítulo 1: El último año feliz – 1990 o el final imaginado de la Guerra Fría
Capítulo 2: Los tanques del verano – Disoluciones yugoslava y soviética en 1991
Capítulo 3: Puntos suspensivos – El experimento neoliberal en la Rusia de Yeltsin, 1992-1993
Capítulo 4: Remiendos para la esperanza – Nace el derecho de injerencia, 1992-1994
Capítulo 5: El enorme agujero negro – Genocidio en Ruanda, 1994
Capítulo 6: El espejo de la bruja – El Nuevo Orden Mundial y la guerra de Chechenia, 1994-1995
Capítulo 7: El final de una etapa – El triunfo de la diplomacia norteamericana en Bosnia, 1995
Segunda parte: El mundo se globaliza, 1996-2000
Capítulo 8: Punto de giro, entre Latinoamérica y Asia – Neoliberalismo y crisis financieras, 1994-1999
Capítulo 9: Globalización en binario – La revolución de la red de redes y sus consecuencias sociales
Capítulo 10: Continentes en movimiento – Las grandes migraciones internacionales de los años noventa
Capítulo 11: Deconstrucciones globales – La privatización institucional de las relaciones internacionales
Capítulo 12: Tiempo muerto - Final de época en la administración Clinton, 1996-1998
Capítulo 13: El aparente triunfo de la ingeniería geoestratégica - La guerra de Kosovo, 1999
Capítulo 14: Holocausto africano – “Guerras mundiales” en el continente negro, 1996-2000
Capítulo 15: Apocalipsis racionados - Miedos milenaristas en el cambio de milenio
Capítulo 16: Echelon en control directo – Asimetría y virtualidad en la estrategia y las finanzas, 2000-2001
Tercera Parte: Salto al vacío, 2001-2008
Capítulo 17: Negociar para fracasar - Implosión de la política norteamericana en Israel-Palestina, 1996-2001
Capítulo 18: “El atentado más bello de la historia” - Impacto del 11-S, 2001
Capítulo 19: El otro vencedor de la Guerra Fría - Auge del islamismo radical y sus antecedentes históricos
Capítulo 20: El plan de un fracaso - Invasión norteamericana de Irak, 2003
Capítulo 21: Relevo de viejos fantasmas - Auge de la Rusia de Putin a partir de 2000
Capítulo 22: Revoluciones de colores - Cambios “blandos” de régimen en repúblicas ex soviéticas, 2003-2005
Capítulo 23: Leopardos en la nieve – El pulso por la energía de Eurasia
Capítulo 24: Dragón y Tigre: Chindia – India y China en el arranque del siglo XXI
Capítulo 25: BRIC – Brasil como potencia emergente, y América Latina, 1998-2008
Capítulo 26: Chináfrica – Nuevas perspectivas para el continente negro, 2006-2008
Cuarta parte: Tormenta perfecta
Capítulo 27: Crisis de credibilidad – Implosión final del Nuevo Orden internacional, 2006-2008
Capítulo 28: Crisis de crédito – De la quiebra de las subprime y la sociedad low cost, al crash de 2008
EPÍLOGO: El apagón de las pantallas
El Kosovo de nunca acabar (y 2)
28 de noviembre, 2008: uno de los agentes del BND o servicio de inteligencia alemán, abandona el centro de detención de Pristina, cuidadosamente tapado. Junto con otros dos colegas, fue acusado de lanzar explosivos contra oficinas de la UE en Kosovo. Un oscuro incidente del que se puede leer una interesante versión
aquí. En cualquier caso, una de esos sucesos siniestros que acaecen en Kosovo y que no son precisamente un ejemplo de colaboración "leal" entre aliados. Por supuesto, la prensa occidental en general, y española en particular, cubrieron con toneladas de tierra esta turbia historia. ¿Hace falta que las fuerzas españolas se vean implicadas, ni que sea indirectamente, en estos torpes manejos?
Cómo era de esperar, el globo se desinfla tan rápidamente como se hinchó. Detrás quedan los restos de la resaca, entre ellos, la bochornosa sesión del Congreso del 25 de marzo, en el que quedó bien en evidencia el lamentable estado de la clase política y mediática española. Englobando en el calificativo "español", por lo tanto, a los nacionalistas vascos y catalanes, que en estos casos se hacen plenamente merecedores de los aspectos más cutres del casticismo hispánico.
La tormenta ya venía siendo anunciada por algunos artículos de opinión publicados en el primer aniversario de la independencia de Kosovo. A destacar la machacona insistencia de José Ignacio Torreblanca (en adelante: JIT) desde “El País” y a lo largo de tres o cuatro semanas, lunes tras lunes, saltándose cualquier alusión a los atentados del Ulster o cualquier otro evento europeo relevante, para martillear sobre la supuesta inconveniencia de que Madrid no hubiera reconocido a Kosovo, la inexcusable paletada de cortejar a Serbia y, por último, en un artículo con varios errores de bulto, la curiosa sugerencia de que España se acerque a Albania; según los lugareños con los que se entrevistó JIT, “Albania ha contribuido muchísimo más a la estabilidad regional” que Serbia. Curiosa afirmación cuando él mismo se refiere a la catástrofe que fue el hundimiento total del Estado albanés en 1997, de resultas de lo cual miles de armas entraron en Kosovo y Macedonia donde, por cierto, se produjo la última guerra de los Balcanes, en 2001, atizada por los albaneses, cuando Milosevic ya estaba enchironado y ya no podía ejercer más de malo universal en activo. Eso por no hablar del escandalazo que fue el descubrimiento de que el banco nacional albanés blanqueaba dinero; o los centros de entrenamiento del UÇK supervisados por el Ejército de ese país en 1999. ¿Y qué decir del tráfico de drogas y prostitución con destino a Europa, las oleadas migratorias de 1991, que son el verdadero trasfondo de “Lamerica”, de Gianni Amelio, 1994 (JIT se confunde al afirmar que el filme hace referencia la crisis de 1997).
Dado que pocos días más tarde y ya en plena tormenta por las declaraciones de chacón, Jordi Vaquer, nuevo director de CIDOB, abogaba en “El País” por un (re)acercamiento español a los Balcanes occidentales, y más especialmente a los albaneses, Kosovo y Albania, cabe pensar que el joven “cinquerío” hispano y el club de los “otanitos” anda detrás de alguna aguda jugada diplomática con punto de apoyo en el atribulado país de las águilas. Dado que no parecen conocerlo demasiado y que Albania parece resignarse a afrontar el facturón que le esperea por su pronto ingreso en la OTAN, el asunto debe estar relacionado con asuntos más locales. Quizá está conectado con la actividad del embajador Bobbio, formando todo ello un precario lobby asentado en dos difusas e inestables patas, vaya usted a saber si destinado a apuntalar la capitalidad mediterránea de Barcelona, evento logrado, al parecer, con el concurso nada desdeñable de Tirana (?). Todo parece deslavazado y pillado por los pelos, desde luego. Pero ellos sabrán; a veces la realidad supera a la ficción cuando ésta se convierte en realidad.
Cómo no, cuando estalló el “Chacoñazo” (que me disculpe la ministra: se trata de zaherir los instigadores del penoso evento, no de burlarme de su apellido), JIT vio la luz y el resultado fue un nuevo y belicoso artículo, aplastante, como aplastante es la lógica y leve es la contradicción. Afirmando que “Kosovo es, bajo cualquier criterio, un asunto menor desde el punto de vista de los intereses de España” largaba a la papelera su dale que te pego con el asunto, a lo largo de los monotemáticos artículos anteriores, y desvelaba su satisfacción por el deber cumplido de atizar una buena tormenta en un vaso de agua.
Porque, no lo olvidemos, toda esta traca era publicada por el diario “El País”, junto con otras piezas aquí y allá, como la de Albert Branchadell (25 de febrero) que desarrollaba geometrías imposibles a base de Kosovo, Osetia del Sur y Estatut de Catalunya. Y el mismo diario hizo de potente caja de resonancia cuando se declaró el incendio, a base de tonantes piezas de Miguel González, o RM de Rituerto.
Por supuesto, era de esperar que “ABC”, “El Mundo” y prensa de derechas en general lanzara rayos y centellas sobre la atribulada ministra Chacón, a partir del 19 de febrero. Pero… ¿”El País” y ya desde un mes antes? En medios de la izquierda socialdemócrata en general, se acudía con cierta sorpresa al espectáculo, indecisos sobre qué tono asumir. “¿Qué es más macho?¿lightbulb or schoolbus?” –preguntaba la provocadora Laurie Anderson en su canción “Smoke rings”, allá por los ochenta. “¿Qué es más progre?¿Barroso or Cebrián?”. Porque de eso se trataba todo el asunto: un rifirrafe más de los “corrillos madrileños” y politiquerío del foro en general, centrado esta vez en el marido de la ministra Chacón, que desde noviembre del año pasado dirigía “en secreto la comunicación del Ministerio de Defensa”. Ya saben: Barroso-Rubalcaba-Felipe-González-Cebrián y toda la tropilla (¿quién se alinea con quién, quién corta el bacalao?): estampita de rancia estirpe madrileña, con figura de mujer catalana, al fondo.
Y a partir de ahí, Rajoy con el gesto casi descompuesto, y la Rodríguez-Salmones con mirada dura, y más artículos en “El Pais” de los de siempre, en la misma línea y en papanática sucesión, deJosé Maria Ridao a Carlos Mendo, pasando por Javier Pradera, diciendo lo mismo, con escasa variaciones, y Josu Erkorena, de nuevo en el Congreso, recordando el cabreo del PNV por haber perdido la Lehendekaritza, y Joan Ridao repitiendo rígidamente lo de siempre, pero reafirmando que ahora ERC, en efecto repudia a Georgia y se alinea con Osetia del Sur (quizás). Sin querer enterarse de que empresarios españoles y catalanes preparan sus negocios en Rusia a través de la lanzadera serbia, mientras Kosovo es “un instinto y un reflejo condicionado”, asunto “lógicamente” relacionado con catalanes y vascos (¿qué otra cosa podría ser?). Y “El País” anunciando con gran satisfacción en la primera plana de su edición del 26 de marzo: “Zapatero sufre un severo castigo [sic] en el Congreso por el fiasco [sic] de Kosovo”. O mejor, primer asalto de la oposición unida contra un PSOE que se ha quedado solo con el apoyo del BNG, tras perder el del PNV; el fiasco en concreto, da igual.
Vean sino: al día siguiente, 27 de marzo, “El País” enviaba a su página 17 la incómoda noticia de que “La Eurocámara pide congelar los fondos para España por el urbanismo salvaje. Una amplia mayoría apoya el devastador informe contra todas las autoridades” (para nada en la primera página, junto a la Chacón, de nuevo, quía). Eso sí que es un fiasco y de los buenos: España denunciada públicamente en Bruselas como país de estafadores y con una corrupción de no te menees, a escala de la tantas veces denostada Turquía, Rumania, o (¿se puede escribir esto tan políticamente incorrecto?) el mismísimo Kosovo. ¿Entienden por qué es tan fácil montar campañas contra políticos corruptos en este país? Porque el fenómeno es generalizado y se podría extender con facilidad a casi cualquier partido que se pusiera en el punto de mira. Y no sólo partidos, desde luego.
¿Pero qué hacemos hablando de los recovecos de la política española, como si estuviéramos en los tiempos de Larra, en este blog dedicado al espacio ex otomano? A ver si lo entienden: el día 26, el del revolcón, también “El País” publicaba en la tercera, a toda página, que “La recesión económica tumba a tres gobiernos de la Europa oriental”: Letonia, Hungría y República checa. Esos países de Europa del Este, con sus economías tan maltrechas, con sus reflejos política de cintura para abajo, sus crispaciones eternas e internas; la misma que acogió mazmorras secretas para que la CIA escondiera sus capturas en la "guerra contra el terrorismo" o que se compromete a instalar misiles norteamericanos en su territorio, cosa a la que ya nadie accdería en Occidente. Esa “Nueva Europa” en la que nos alineó Bush, pero que, a lo peor, resulta que sí pertenecemos; y, ay el peso de la lógica, esa "Nueva Europa" la que le son tan necesarios nuestros seiscientos soldaditos y nuestra generosa ayuda.

Camp Bondsteel, base norteamericana en Kosovo, definida en noviembre de 2005 por Álvaro Gil-Robles como la "pequeña Guantánamo" por haber albergado a supuestos detenidos de Al Qaeda, procedentes de Irak y Afganistán. Nada de ésto fue pactado por los norteamericanos con los aliados europeos, o eso cabría suponer. En cualquier caso, ¿es necesaria la presencia de tropas españolas para defender "ésto", pagando tanto desencuentro con el dinero del contribuyente durante toda una década?
27/03/2009 UNA DECISIÓN POLÉMICA EN POLÍTICA INTERNACIONAL
Resbalón, pero menos
• Cara al exterior, son más negativas para España las críticas internas que el anuncio de retirada de Kosovo
Al hilo del revuelo por las declaraciones de la ministro Chacón está creciendo la especie de que España debió retirar las tropas de Kosovo hace un año, cuando se produjo su autoproclamada independencia, que Madrid no reconoció. Pero ese argumento es, simplemente, tramposo. En febrero de 2008, Bush todavía estaba en la Casa Blanca y ese gesto hubiera implicado darle dos veces en la misma mejilla al entonces presidente norteamericano, cuando faltaban tan pocos meses para que se celebraran unas elecciones que podría haber ganado McCain. Además, ya se había armado bastante revuelo, interno e internacional, con el hecho de que el gobierno español rehusara reconocer la independencia de la pequeña república y base norteamericana en los Balcanes. Recordemos además que todo eso acontecía en torno a las elecciones en nuestro país; definitivamente, no hubiera sido el momento de anunciar la retirada de las tropas.
Ahora es una buena ocasión. Entre otras razones, porque ha transcurrido un año decisivo para evaluar cómo evolucionaba la joven “república-base”. Y resulta que sólo un tercio de los países soberanos del mundo han reconocido tal autoproclamada independencia. De acuerdo que lideraron esa maniobra las potencias occidentales, encabezadas por un Bush empeñado en organizar una Neo Guerra Fría que distrajera de los desastres en Irak. Pero otros también poderosos y democráticos, como India o el enorme Brasil de Lula da Silva, que es occidental, democrático y más progresista que algunos países europeos, siguen sin reconocer la independencia del minúsculo Kosovo.
Por lo tanto, ojo con argumentos que esconden planteamientos reaccionarios. El pasado 8 de octubre, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por mayoría una resolución en la cual se exigía que la Corte Internacional de Justicia emitiera su fallo sobre la legalidad de la proclamación de la independencia por Kosovo. Este hecho en sí mismo fue un fenómeno extraordinario, uno de los escasos contragolpes contra el poder de las grandes potencias en la ONU, implantado en la Asamblea General. Sólo por eso, los que acusan al gobierno español de “provincianismo” por no seguir la senda de los “grandes” en el asunto de Kosovo, parecen ahora, con la boina bien calada, simples vendedores de la estampita.
Y por si faltara algo, en este primer año de independencia kosovar también se ha podido constatar que la soberanía no tiene por qué ser la varita mágica que ingenuamente se supone: la situación económica de la nueva república sigue siendo, como mínimo, calamitosa. Ante ese dato, sería abusivo suponer que la mera presencia de tropas internacionales en la zona es una garantía para que el país kosovar salga adelante. En realidad, lo que enseñan casi veinte años de operaciones de intervenciones supuestamente humanitarias, es que aquellos países bajo la tutela internacional y con tropas en su suelo, han ido a peor o, por lo menos, siguen paralizados como estados viables.
Aclarado todo esto, pasemos al eco de las declaraciones de la ministra en Kosovo, el pasado día de San José. El Secretario General de la OTAN el holandés Jaap de Hoop Scheffer, se las tomó bastante a mal. Es el mismo hombre que sólo pudo defender verbalmente a la díscola Georgia el pasado mes de agosto cuando su presidente se lanzó a la extraña aventura épica de enfrentarse a Rusia. Pero recientemente, el holandés tuvo que tragar la decisión de restablecer las buenas relaciones entre la OTAN y Rusia. La verdad es que la Organización Atlántica no da una a derechas en los últimos tiempos: no olvidemos lo mal que van las cosas en Afganistán. No es de extrañar que con tantos nervios, en Bruselas hayan sobreactuado ante el anuncio de la retirada española de Kosovo.
Por su parte, la reacción de Washington ha sido de desconcierto, producto de un todavía desconcertada presidencia, muy reciente en la Casa Blanca y volcada en paliar la crisis económica, pero que cuenta con el mismo Secretario de Defensa que servía a Bush. ¿Se percatan de lo que hubiera significado retirar las tropas de Kosovo en febrero de 2008?
Para terminar, en la misma España la polémica ha sido muy atizada por determinados medios de prensa, de la oposición externa e interna al partido del gobierno, que se están acostumbrado demasiado a azuzar campañas políticas. Con la resaca de la reciente dimisión del ministro de Justicia, las plumas se calentaron de nuevo con Chacón. Pero sin tanta soflama como se ha escuchado y leído estos días, la perspectiva sobre lo ocurrido en Kosovo hubiera sido más ajustada a la realidad. Defensa y Asuntos Exteriores son dos ministerios de vital interés estratégico para el gobierno, estrechamente coordinados desde Presidencia. Y estas tres instituciones mantienen sus propias formas de contacto permanente con el resto de los países. Siempre se pueden producir fallos o desencuentros, pero cara al exterior la cacofonía de las críticas ha dado una imagen del país mucho peor que el supuesto resbalón de la ministra. Etiquetas: Chacón, gobierno español, guerra de Kosovo, OTAN, Scheffer
Afganistán o la viga en el propio ojo

Febrero de 1989: las últimas tropas soviéticas abandonan Afganistán, todavía ondeando banderas rojas
Justamente hoy, 14 de febrero 2009, se cumplen veinte años clavados de la retirada final de las tropas sovieticas de Afganistán. Pero nuestros medios de comunicación ya no celebran ya tales hitos históricos, que la actualidad ha convertido en inoportunos; en la prensa, apenas hay alguna alusión a la efemérides, si es que se llega a mencionar. Responsables relevantes de los gobiernos occidentales y de la OTAN, analistas y periodistas afines a la maquinaria propagandística, se limitan a repetir como un mantra que "en Afganistán nos jugamos mucho". De la misma forma que no hace tantos años nos jugábamos también "mucho" en Bosnia o en Kosovo. El término clave es: "jugarse", verbo que denota escaso cálculo real, excesivo peso de las circunstancias azarosas y, en líneas generales, dudosa seriedad en los procedimientos, con la consiguiente mengua en la credibilidad.
Porque, precisamente, lo que está sobre la mesa es, una vez más, la credibilidad: de los líderes políticos, de los medios de comunicación, de instituciones enteras que viven de reformular en clave "políticamente correcta" (léase: "correctamente tergiversada") las meteduras de pata.
El sentido de la presencia occidental en Afganistán ha cambiado totalmente desde 2001, porque han pasado más de siete años y no se han cumplido los objetivos militares y políticos que llevaron a los Estados Unidos, primero, y la OTAN, después, a aquel remoto país. Militarmente, las fuerzas de la ISAF se enfrentan allí a una catástrofe militar, dando por sentado que la batalla política se ha perdido hace tiempo, al menos tal como se planteó inicialmente.
Por lo tanto, seguir haciendo estrategia de sillón desde las columnas de la prensa es un ejercicio que ya ni siquiera resulta justificable para el mero ejercicio del lucimiento personal de periodistas, políticos y analistas. La situación en Afganistán es realmente muy grave. De hecho, el pasado 11 de febrero, hace muy pocos días, se produjo el primer ataque en fuerza de los talibanes en el interior de Kabul; eso podría marcar el comienzo del fin para la iniciativa militar occidental en Afganistán. Argumentar que "la meta realista (...) no es la victoria, sino la contención" es una trampa capciosa tan ingenua que suena a propaganda de guerra soviética de los años ochenta; o peor aún, a las "retiradas estratégicas" alemanas en los años postreros de la Segunda Guerra Mundial. Veamos cómo lo formulaba Daniel Korski hace pocos días en "Foreign Policy": "El triunfo de Occidente no se medirá tanto por cómo hayan cambiado las cosas como por cuánto hayan mejorado; y no dependerá tanto de la derrota de los yihadistas como de conseguir bloquear sus actividades en el país centroasiático". Éste es un párrafo divertido, que hace de Korski un excelente ejemplo de spin doctor, es decir, un experto en tirar de la sinécdoque y el sofisma. Pero uno de los apartados en los que se percibe con mayor claridad el salto hacia la estratósfera de la irrealidad desde la moqueta y el sillón, es aquel en el que se argumenta que España no debe retirar sus tropas de Afganistán: "Grandes partes del sur del país, del este e incluso áreas cercanas a la capital, Kabul, se han vuelto peligrosas. Si Madrid abandonase el oeste –y la inseguridad aumentase por ello–, desencadenando un efecto cascada en Europa, las consecuencias para la misión de la OTAN podrían ser dramáticas".

Una expresiva portada del diario francés "Libération". Las encuestas en la práctica totalidad de los países participantes en la ISAF, exoresan con rotundidad el deseo mayoritario de retirarse. En noviembre de 2008, incluso el 68% de los británicos se mostraban partidarios de retirar sus tropas en el límite de un año. Lo mismo había opinado el 62% de los franceses y el 56% de los australianos dos meses antes.
A continuación, Daniel Korski pretende rematar su arenga con el consabido argumento buenista hasta lo lacrimógeno, y pretendidamente inatacable: "Abandonar Afganistán a merced de unos fortalecidos talibanes tampoco parece una decisión muy acorde con el empeño del Gobierno socialista español en la defensa de los derechos humanos. Merece la pena recordar cómo era el país hace siete años: un régimen violento y represivo que lapidaba a las mujeres o les arrojaba ácido a la cara, azotaba a los hombres por no rezar suficientes veces al día y prohibía a las chicas asistir a la escuela o al ginecólogo. No se podían volar cometas ni cantar, y se demolieron monumentos que habían resistido el paso de los ejércitos de Gengis Khan y Tamerlán. Afganistán era, con los talibanes, un país destrozado sin esperanzas de progreso. Y podría volver a serlo, si la OTAN se retira. Dejarlo y minar la firmeza y unidad de la coalición sería una extraña manera de promover los derechos humanos".
Rematando la traca argumental, Korski pretende apoyarse en una frase de José Ignacio Torreblanca: "Hay una delgada y porosa línea que se extiende desde las cámaras de seguridad de la estación de trenes de Atocha en Madrid a nuestras Fuerzas Armadas desplegadas en Afganistán”.
Si es así, Dios nos pille confesados; porque tal como están las cosas, el contingente español en Afganistán ni puede contribuir en la aplicación de los derechos humanos, ni es el bastión que nos pinta Korski, por la simple y sencilla razón de que no controla más que una exigua porción del territorio (posiblemente, no superior al 15%) que se le asignó en una de las provincias afganas en la que la presencia taliban es más poderosa. El lector todavía puede contemplar en la red el monumental video reportaje realizado el pasado verano por el periodista David Beriain. Es conveniente advertir que el acceso a la página de ADN.es, donde se encuentra toda la colección, puede resultar azaroso, posiblemente por la deficiente organización del material presentado allí. Pero una vez conseguido, se advierte de que las breves piezas resultan muy adictivas y contienen una notable cantidad de información en bruto. A efectos de subsanar en la medida de lo posible las dificutlades del acesso a la serie titulada: Perdiendo Afganistán, se ofrece ese enlace principal y otro alternativo, clicando aquí. Aunque todos son muy interesantes, se recomiendan los capítulos incluidos a continuación:
"Badghis: territorio español, territorio talibán"
Las fuerzas españolas no combaten en Afganistán, si no es en defensa propia. No contribuyen en operaciones contrainsurgentes ofensivas, como otros contingentes nacionales, y sobreviven en un rincón de sus zonas asignadas gracias a un fragil equilibrio de silencios y, posiblemente, acuerdos bajo cuerda. Todo ello se justifica en base al argumento (hasta hace meses todavía válido) de que las fuerzas españolas están allí únicamente para ayudar en la reconstrucción de Afganistán. Pero ese comodín se volverá pronto ineficaz cuando el "amigo americano" exija más presencia de sus aliados en el país y, sobre todo, un nuevo planteamiento estratégico: los paises contribuyentes de la ISAF, entre ellos España, deberán aportar tropas en orden de combate, listas para participar en operaciones ofensivas, como es propio de cualquier guerra. Porque lo que hay en Afganistán es una guerra, y no otra cosa.
Las implicaciones de esa situación que parece imponerse inexorablemente, las sopesa el historiador Henry Kamen en un artículo publicado el pasado 3 de diciembre en "El Mundo", y que se adjunta a continuación. Aquel mismo día, Daniel Korski, junto con Paddy Ashdown, publicaron otra pieza de opinión sobre el mismo asunto y con el habitual tono argumental, que en esencia reproduce lo apuntado más arriba en este post. El hecho de que ambas piezas fueran publicadas simultáneamente, potencia el interés de lo escrito por Kamen. 
Un soldado de la ISAF en Afganistán; a menudo se omite en los noticiarios la nacionalidad de las bajas, para evitar polémicas y recriminaciones. Aquello es una guerra abierta
[Los subrayados son obra del autor de este post, no de Kamen]
Hace muchos años, la última vez que visité la ciudad, todavía se llamaba Bombay, en la lengua hindi. Desde 1996 se llama Mumbai, que es el nombre en la lengua marathi, que hablan tres cuartos de la población. Mumbai se ha convertido hoy en un símbolo del horror provocado por el fanatismo religioso, mientras los cuerpos de hindúes, cristianos y judíos yacen esparcidos por una ciudad horrorizada. Lo probable es que los muy adiestrados terroristas, casi con certeza al servicio de Al Qaeda, procedan de Pakistán, Afganistán o de alguna zona de la región de Cachemira. Los expertos, sin duda, muy pronto nos darán su opinión. La tragedia no puede dejar de impactar a todos los países, incluida España.
Mumbai no se encuentra en un planeta lejano. Es un lugar con el que los hombres de negocios y políticos españoles tienen contacto diario. Como ha señalado el eurodiputado catalán Ignasi Guardans, los europeos -y por tanto, también los españoles- no pueden permanecer indiferentes ante lo ocurrido. Países como Canadá, que ha perdido ciudadanos durante los acontecimientos de la pasada semana, ya han anunciado que no permanecerán impasibles. Los ingleses, entre los que también hay varias víctimas mortales, han comunicado que enviarán más personal a Afganistán para apoyar la lucha contra el terrorismo. ¿Estará España dispuesta a apoyar a estos aliados y seguir su ejemplo?
Desafortunadamente, eso es improbable, porque el Gobierno ha borrado sistemáticamente su propia imagen internacional. A mediados de noviembre, una agencia de la Administración de Estados Unidos -el National Intelligence Council- publicó un informe de 100 páginas que trata de pronosticar el futuro que nos espera, y la contribución que varios países harán en él. Pues bien, el informe no menciona ni una sola vez a España. Hace referencia a Francia, Italia, Suecia y a casi todos los países de relevancia en el mundo moderno, pero no a España. Por esos mismos días, en Estados Unidos, José Luis Rodríguez Zapatero se mostraba orgulloso ante las cámaras de la prensa porque al fin, gracias a la generosidad del presidente de Francia, se le había permitido estrechar la mano del aún presidente George W. Bush. Fue posiblemente el momento más humillante de toda la historia moderna de España, que, una vez más, había perdido el tren. ¿Cuántos más trenes está dispuesto a perder el Gobierno de Zapatero?
La prensa internacional -no importa en qué idioma la lea uno-, se hace eco del fracaso del Ejecutivo español en la escena internacional. ¿Por qué el resto del mundo ya no se toma en serio a España? La única iniciativa política importante que ha tomado ha sido a favor de la notoria Alianza de Civilizaciones, que se basa en una estrecha alianza con Turquía (un país al que la Unión Europea sigue negando la afiliación) y una activa hostilidad hacia Israel. España ha desaparecido como jugador importante del escenario internacional. Zapatero es, con toda probabilidad, el líder más aislado de Europa. En vez de ser invitada a foros internacionales, España tiene que entrar por la puerta trasera. Y para la reunión crucial del G-20 que tendrá lugar en Londres el próximo abril, Zapatero ha declarado que «el Ejecutivo tiene una estrategia para consolidar su presencia».
La prensa en Estados Unidos ha comentado con cinismo su visita a Washington por lo embarazoso de la situación. Una entrevista que se publicó en el Houston Chronicle, de Texas, comunicaba que la ansiedad de Zapatero por ir a la Casa Blanca para ofrecer al fin sus respetos a George W. Bush, constituía un momento «surrealista». En la misma entrevista, el líder español expresaba su convicción de que el próximo presidente americano, Barack Obama, era su «nuevo mejor amigo por siempre». El comentarista del Houston encontró este reciente entusiasmo por los Estados Unidos muy extraño, ya que cada aspecto de la política de Zapatero es la antítesis de la política americana.
Pero, la aparición de Obama como el «nuevo mejor amigo», ¿ayudará a España a salir de su aislamiento? La repuesta a esta pregunta trae nuevas y sorprendentes perspectivas, sobre todo en el tema del terrorismo internacional.
Muy poca gente en España sabe que su país es uno de los comerciantes de armamento más grande del mundo. El público tiende a considerar que su Gobierno es un partidario inflexible de la paz. La verdad es que, según el Stockholm Peace Institute, aunque la España de Zapatero se niega a enviar tropas de combate a cualquier centro de conflicto terrorista, se clasifica entre los 15 mayores gastadores de armamento, inmediatamente después de Australia y Canadá. ¿Por qué un pequeño Estado que no está en guerra gasta tanto en armas? En un informe parecido, Oxfam International señala que España es el mayor proveedor de armas para el Africa subsahariana. Estos datos han pasado completamente desapercibidos en la prensa española. E, irónicamente, esta compra y exportación masiva de armas significa que España se encuentra en una posición excelente para poder ayudar al «nuevo mejor amigo por siempre» de Zapatero.
¿Y cómo ocurriría esto? A pesar de su inicial entusiasmo por el nuevo Gobierno estadounidense, los ciudadanos pronto se darán cuenta de que el precio para ser buenos amigos de Obama será que España salga de su aislamiento internacional. Y, desafortunadamente, los españoles pronto descubrirán que, en la práctica, la política internacional de Obama tal vez siga las líneas fijadas por Bush. La principal evidencia ha sido que el presidente electo ha confirmado en su puesto al actual director de operaciones en Irak, y ha acordado un nuevo tratado con este país para mantener las tropas americanas allí durante tres años más, como mínimo. Irónicamente, si España acepta estas decisiones, estará de algún modo apoyando la política de Bush.
Pero ese no es el final de la historia. Acabo de leer un análisis de la presumible futura política internacional de Obama, escrito por un experto en cuestiones de estrategia, que declara que «el primer deseo del nuevo presidente será que haya una mayor participación de los europeos en Afganistán». Obama ha dejado claro en sus primeras declaraciones tras las elecciones que la guerra en Afganistán será una prioridad para su Administración. E igualmente, sus palabras a la prensa después de la masacre en Mumbai confirman cuál es su intención. Parece seguro que enviará más tropas a Afganistán, y es muy posible que inste a las naciones europeas -que son sus «amigas»- a hacer lo mismo. Sin embargo, insistirá en que esas tropas no vayan con el rol de «pacificadoras» -como desde el Ministerio de Defensa español se insiste que están nuestros efectivos en este momento-, sino cumpliendo una clara misión militar, en un escenario de guerra.
Estas no serán buenas noticias para Zapatero, para quien cada muerte militar en Afganistán representa un golpe a su política. De la misma manera, sobre la cuestión de Irán, Obama también ha dejado claro que no dejará la opción militar fuera de la mesa. Si Zapatero insiste en apoyar a su «nuevo mejor amigo», muy pronto verá que está adoptando exactamente la misma política exterior de José María Aznar, es decir, una estrecha alianza y de colaboración con la estrategia mundial de Estados Unidos. Mientras Bush, a menudo, simplemente ignoraba a los europeos, Obama está dispuesto a trabajar con ellos. Pero a cambio pedirá cosas.
En definitiva, si España quiere librarse de la imagen humillante de su líder mendigando a la Casa Blanca, necesitará establecer aliados firmes y poderosos, y, sobre todo, necesita colaborar con Estado Unidos. Recientemente, el International Herald Tribune publicaba: «El perfil político de España se está encogiendo bajo el liderazgo de un hombre profundamente absorbido en la reforma doméstica y falto de experiencia internacional». Quizás el nuevo presidente de Estados Unidos hará posible que los líderes españoles salgan de su ombliguismo y entren en una nueva era de relevancia internacional.
El horror de Mumbai debería dar al Gobierno español la ocasión y la excusa para demostrar que es capaz de responder al desafío moral de mantener la paz, no mediante demostraciones fútiles o caceroladas en los balcones, sino a través de la cooperación militar activa en Afganistán con sus compañeros europeos y su «nuevo mejor amigo», Barack Obama.
Henry Kamen es historiador y su último libro publicado es Imagining Spain: Historical Myth & National Identity (Yale University Press, 2008).
Etiquetas: Afganistán, España, ISAF, Obama, OTAN
Otra forma de invertir

Portada inglesa original de la obra de Loretta Napoleoni publicada en castellano como: "La economía canalla"
"El Periódico" publicó ayer mismo mismo una pieza de opinión dedicada a la banca islámica, un concepto financiero que en los últimos diez años (o menos) ha ido cobrando una creciente relevancia. Posiblemente, el lector avisado opinará que el asunto está tratado de una forma un tanto simple o incluso ingenua.
No emplearé muchas energías en discutirlo. En parte, porque la pieza sólo pretende reivindicar el asunto, desde un punto de vista informativo. Si un profesional especializado demuestra que las finanzas islámicas no poseen mayor interés u originalidad o que el asunto no pasa de ser una enorme puesta en escena, bienvenida sea la información.
Sin embargo, es de temer que no abunden los análisis técnicos, rigurosos y por ello fiables. Como se puede comprobar desde el crash financiero del pasado mes de agosto, una buena parte de esa literatura posee una credibilidad limitada, incluso aplicada al muy conocidio (o eso parecía) mundo financiero del capitalismo occidental. Si a ello añadimos los prejuicios de los comentaristas y público occidentales, se comprederá que el retrato de la banca islámica siga siendo considerablemente opaco o distorsionado.
Precisamente, otro de los motivos del artículo reproducido más abajo, deriva de la compración entre el enfoque de las finanzas islámicas que ofrece Loretta Napoleoni en sus dos grandes best sellers de los últimos años: Yihad. Cómo se financia el terrorismo en la nueva economía (2004) y La economía canalla (2008).
En el primero de los volúmenes, Napoleoni hace un análisis de las diversas variedades y canales de la economía islámica conectadas con la financiación del terrorismo. La obra está documentada y resulta útil para todos aquellos profesionales que trabajan en torno a la cuestión. Pero el conjunto del grueso volúmen ofrece una imagen escorada, hasta dar la impresión de que el objetivo último del sistema financiero islámico era actuar como caballo de Troya contra el mundo occidental. En reseñas y entrevistas se volvió reiteradamente sobre esa idea.
Sin embargo, La economía canalla supuso un cambio sustancial en la valoración de la banca islámica, hasta el punto de que la autora llega a afirmar en las conclusiones del libro que será una de las claves del futuro económico y eso a escala global. Y no es una aseveración amarga o escandalizada, sino optimista. Tras leer toda la obra, publicado poco antes de la crisis de 2008 pero ya bajo los efectos de la quiebra de las subprime, es fácil suponer que Loretta Napoleoni llegó a la conclusión de que en sus aspetos más dudosos, la banca islámica es una simple aprendiza de primer grado de las finanzas occidentales

Loretta Napoleoni durante una reciente visita a Madrid
"El Periódico", 13/02/2009
EL AVANCE DE UN MODO DISTINTO DE CONCEBIR LAS FINANZAS
La banca islámica
• Oriente no es la solución a la crisis financiera de Occidente, pero sí ha llegado el momento de contar con él
Francisco VEIGA
En su último best-seller, La economía canalla, Loretta Napoleoni augura que, en el mudo posglobal en el que ya estamos entrando, las finanzas islámicas serán la base del nuevo estándar monetario y quizá no tarde mucho en imponerse el dinar-oro. Las finanzas islámicas, o banca islámica, están basadas en una serie de principios morales derivados de esa religión, y, muy en especial, el precepto de que el dinero no ha de utilizarse nunca para propósitos especulativos.
La banca islámica tuvo un nacimiento muy lento, entre los años 50 y 70 del siglo pasado, pero las grandes crisis del capitalismo la impulsaron con fuerza. Primero fueron las petrolíferas, de 1973 y 1979. Pero sobre todo los crash financieros del Sureste asiático de 1997, debidos a los ataques especulativos en el marco de la recién estrenada globalización, vistieron de largo a la banca islámica. Especialmente cuando contribuyó a la rápida recuperación de la economía de Malasia, hoy uno de los países del mundo donde se encuentra más firme y extensamente implantada.
ES DE ESPERAR que la actual parálisis financiera a escala mundial, derivada precisamente de una oleada previa de especulación desenfrenada y descontrolada, suponga un empujón decisivo a la banca islámica. De hecho, algunos de los fondos de inversión en países musulmanes parecen estar convirtiéndose en refugios más o menos seguros para los escaldados capitales occidentales. Según Napoleoni, dentro de poco las finanzas islámicas controlarán el 4% de la economía mundial, lo que se dice pronto. Y los principales bancos comerciales de Occidente hace ya tiempo que trabajan con esta modalidad financiera, tanto en los países musulmanes como en las principales plazas europeas, y, sobre todo, Londres, donde tiene su sede el Banco Islámico Británico. Napoleoni concluye que las finanzas islámicas son "innovadoras, flexibles y potencialmente muy lucrativas".
Pero hay más: la banca islámica trabaja sobre el concepto del "riesgo compartido" entre el prestamista y el prestatario. Existe, por tanto, un componente social que hace de las finanzas islámicas un concepto opuesto al de las occidentales, basadas en el interés individual, la maximización de beneficios y la transferencia de riesgos.
INTOXICADOS POR la propaganda de guerra de la era Bush, la mayor parte del público rechaza por sistema cualquier concepto cultural musulmán como retrógrado, ajeno a la posibilidad de que en territorio del islam pueda triunfar la modernidad. Pero ahí está Indonesia, ahí está Dubai. También se ignora el potencial innovador, y ahí tenemos la célebre "revolución de los microcréditos", concepto impulsado por Muhammad Yunus desde Bangladés: economista y país musulmanes, ambos. Y, por cierto, una iniciativa que basa su éxito en la concesión de pequeños créditos a la mujer, como cabeza eficaz de la microeconomía familiar.
Todo ello viene a cuento del monumental desencuentro entre finanzas, economía real y sociedad que vivimos en estos días a escala mundial. De momento, los bancos con- fían en capear el temporal gestionando el crédito, pero, si la crisis continúa, se paraliza la actividad empresarial y crece el desempleo, tanto el ahorro como la inversión caerán también, y pasarán factura a su vez al sector bancario. Es posible que entonces veamos algunos desplomes espectaculares o, en países como el nuestro, el abordaje de los nacionales por parte de grandes entidades extranjeras.
De momento, todo se cifra en esperar estoicamente. La globalización resultaba muy adictiva para el consumidor, y, en ella, la fe en la tecnología equivalía al dogma materialista histórico en el marxismo clásico: llevaría a la humanidad "inexorablemente hacia adelante". Esa ilusión, que podía permanecer como un sueño individual en medio del optimista magma global, proveía de esperanza inagotable en el futuro. Lo cual ayuda a entender el conformismo expectante y la escasa movilización social que está generando la crisis: millones de personas en todo el mundo desean creer que la situación que estamos viviendo es temporal, que no se trata sino de una versión ampliada de burbujas especulativas previas, una corrección para sanear el mercado. Pero lo cierto es que va a ser difícil que vuelva a funcionar lo mismo que teníamos, de la misma manera y bajo los mismos presupuestos. El fallo es sistémico, no coyuntural.
LOS DIRECTIVOS y responsables de antes desean seguir donde estaban y tienen el mayor interés en hacernos creer que pueden arreglar las cosas. Pero ellos mismos son el problema y por eso no pueden encontrar la solución. La conclusión es sencilla: la banca islámica no es la alternativa global a todos los enormes problemas que implica la crisis de las finanzas occidentales, ni tampoco lo son la economía china o el mercado indio. Pero sí que ha llegado el momento de contar realmente con esos nuevos actores (más allá de posiciones de simple simpatía), muchos de ellos desconocidos o tratados con condescendencia y hasta con desprecio desde Occidente, huyendo de viejos prejuicios y pasadas grandilocuencias.
Etiquetas: banca islámica, finanzas, islamismo, Loretta Napoleoni