miércoles, junio 17, 2009

El desequilibrio como orden: una reseña























Una seguidora de Musaví muestra algunos de los símbolos de la protesta. ¿Un adelanto de la rebelión de las clases medias que quizá tenga lugar también en otros países? Las consecuencias del periodo 1990-2008 nos alcanzan todavía de lleno



Hace unos pocos días, "Rebelión" publicó la primera reseña extensa y digna de tal nombre sobre El desequilibrio como orden. En conjunto, la pieza está bien y a pesar de que es un poco severa (se trata de “Rebelión”…) el libro sale bien parado. En lo tocante al contenido, estoy ampliamente de acuerdo; y en cuanto al tono (algo que tiene su importancia en las reseñas) es correcto y hasta afable, algo que se agradece. También aprecio que recomiende este mismo blog y la wiki que ya lleva algunas semanas en funcionamiento y arrojando los primeros resultados. Pero vayamos ahora a la "contracrítica", género que el desarrollo de internet contribuirá sin duda a impulsar en el futuro próximo.

Como autor reseñado, lo más satisfactorio ha sido leer eso de que “el libro está escrito con agilidad”, lo cual “hace que se lea del tirón, a veces casi como si fuera una buena novela”. Dado que ese era, precisamente, uno de los objetivos principales cuando lo escribí, resulta un alivio constatarlo; y a la vez anula incertidumbres y críticas, alguna de ellas emitida en la misma reseña. Por ejemplo la alusión a “la extraña organización de algunos capítulos”, comentario simpático porque se lee en una publicación en teoría tan poco convencional como “Rebelión”. Cabe pensar, más bien, que si la obra logra mantener la tensión en algunos momentos es debido, al menos en parte, a esa “cosa rara” de los capítulos; lo cual, a la postre, quiere decir que la idea dio resultado. En consecuencia, si hay una segunda edición será cuestión de eliminar párrafos repetidos (aunque de momento sólo detecté un caso) y errores tipográficos (¿hay muchos? de momento sólo existe constancia de un par). Pero la estructura “desenfocada” de los capítulos forma parte de la personalidad de la obra, para mal o, por lo que parece, para bien.

Los primeros cuatro párrafos de la reseña resumen con bastante precisión una parte del argumento central de la obra. Pero se quedan a medias porque el autor quizá aborda la interpretación de El desequilibrio como orden de una manera un poco convencional. Falta una alusión a la idea de que, uno de los aciertos de la globalización fue, precisamente, la expectativa implícita de impulsar la creación de clases medias a escala planetaria. Clases medias, entiéndase, de modelo norteamericano. Todo el debate en torno a la sociedad “low cost” va por ahí, precisamente. Y también la curiosa desmovilización social que ha traído la crisis de 2008, que quizá puede ser entendida, precisamente, como la espera paciente de todos aquellos –y son centenares de millones de personas en todo el mundo- que creyeron en la promesa de promoción social. En estos días, la oleada de protestas en Irán está siendo impulsada por las clases medias partidarias de Musaví, lo cual resulta significativo a ese respecto.

Por lo tanto, sí que se habla de cuestiones sociales en el libro. El capítulo dedicado a las migraciones lo es. Hay también largos párrafos dedicados a la evolución de la situación socio-política en Rusia y China. Se explica la problemática y trasfondo histórico del enfrentamiento entre hutus y tutsis en Ruanda o el debate sobre el neoliberalismo como redentor de África, especialmente tras el impulso dado por la presencia china. Y por supuesto, el desarrollo autónomo del nuevo islamismo en los países árabes. Lo que ocurre es que las cuestiones sociales se suelen enfocar a escala global, porque ese es el ámbito lógico de un ensayo que explica el desarrollo inicial de la globalización. Y posiblemente, los protagonismos cambiarán en los próximos años; pero en la Posguerra Fría, quien luchó a brazo partido por mantenerlo fueron las grandes potencias occidentales, justamente porque se consideraban vencedoras y destinadas a extender su modelo hegemónico.

Por otra parte, es evidente que hubiera sido muy interesante descender hasta el análisis socio-político de cambios a escala local, desde la evolución del Méjico posterior a la hegemonía del PRI, a lo que parece el fin del legado político del kemalismo en Turquía, con el auge de la nueva clase media musulmana, el tejido social de las repúblicas del Asia Central ex soviética o la evolución interior de Nigeria o Sudáfrica. Son sólo unos ejemplos entre otros muchos, que hubieran convertido al libro en un mamotreto de mil páginas. Y eso si que lo hubiera hecho inmanejable y pesado de leer. Aún así, El desequilibrio como orden, no lo olvidemos, pasa de las 500 páginas.

Algo parecido ocurre con la problemática ecológica, que en efecto, no tuvo cabida en un capítulo entero, aunque algunos aspectos polémicos se diseminaron entre otros. Por ejemplo, hay alusiones claras a la percepción de las catástrofes ecológicas en el dedicado a la cultura del miedo, o al debate en torno a los biocombustibles cuando se habla del Brasil de Lula. Debo decir, de todas formas, que desde el punto de vista del movimiento ecologista, tampoco percibí el periodo de la Posguerra Fría como demasiado innovador en relación a la década de los setenta y, sobre todo, los ochenta del siglo XX. Aunque puede que esté en un error, desde luego. Y si hay segunda edición, intentaré integrar en las conclusiones finales lo que Cerrillo denomina en la reseña “los cada vez más visibles límites al crecimiento desbocado de la sociedad industrial-capitalista”.

El desequilibrio como orden es un libro esforzado e incluso audaz, pero no pretende engañar al lector. Por eso está asumido que los capítulos dedicados a Latinomárica no son lo mejor del libro. Pura y simplemente, quedan muy lejos de mi especialización, tal como apunta Cerrillo, y eso se nota. Debo confesar que a lo largo de mi vida profesional, la Historia contemporánea de Latinoamérica tampoco me ha atraído como tema de estudio. Es una cuestión de gustos. Y lo digo siendo consciente de que en muchos aspectos, las sociedades latinoamericanas han sobrepasado en modernidad a España, en diversos periodos a lo largo del siglo XX. Pero quizá lo que se percibe en el libro es falta de aplomo por parte del autor, más que evaluaciones erróneas. Por ejemplo, y lo siento, no percibo la Venezuela de Chávez como un fenómeno histórico concluido y susceptible de ser analizado como un éxito… o un fracaso. Simplemente, hay muchas incógnitas todavía. Y creo que ese punto de vista está muy extendido. A los pocos días de la aparición del libro, tuve dos conferencias en el prestigioso Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, institución nada sospechosa de antichavismo. Expuse delicadamente esas dudas ante el alumnado cubano y de otros países (entre ellos algunos jóvenes diplomáticos venezolanos) y puedo asegurar que no hubo debate sobre los “procesos políticos latinoamericanos desencadenados por la Revolución Bolivariana en Venezuela” –a que alude Cerrillo quizá de forma un tanto entusiasta.

Deseo añadir dos cosas más en relación a Latinoamérica en la Posguerra Fría. La primera, que durante una buena parte de esos casi veinte años que van de 1990 a 2008, no tuvo el protagonismo central que alcanzó a otras regiones del mundo. El cambio comenzó a producirse a finales de los noventa y en muchos aspectos, no ha concluido el ciclo. En realidad, más parece que esté comenzando realmente ahora, y que será sujeto central de los libros que arranquen de 2008. En segundo lugar, debe subrayarse la carencia de una bibliografía digna de mención sobre la reciente historia de Latinoamérica, a escala continental o nacional. Algunos de los libros recientemente publicados sobre la Venezuela bolivariana, Evo Morales o Lula da Silva, son trabajos de escasa seriedad, pensados para aprovechar la moda. Sobre Colombia, Argentina, Chile, Ecuador a América Central, no hay ni siquiera eso en las librerías.

Para ir concluyendo, desearía subrayar una vez más que el libro es un ensayo, no una obra divulgadora o pedagógica. La universidad española tuvo buenos ensayistas hace años, pero me temo que esa tradición anda de capa caída. Como profesor, he procurado promover el ensayo en mis clases –con resultados desiguales, debo admitirlo. Un ensayo, en definición del DRAE es un “escrito en el cual un autor desarrolla sus ideas sin necesidad de mostrar el aparato erudito”. Y eso es lo que ha pretendido ser El desequilibrio como orden; por lo tanto, lo que me interesó desde el primer momento fue organizar una construcción argumental sólida, no una colección de ensayos encadenados, una cronología o una enciclopedia
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sábado, mayo 16, 2009

El desequilibrio como orden: presentación (y 2)














Una de las imágenes que se barajó como posible portada para El desequilibrio como orden: complejo de islas artificiales "The World", Dubai


A lo largo de estas semanas, he podido constatar como la mejor presentación en red de El desequilibrio como orden ha sido a través de la blogosfera. En efecto, al introducir el nombre del autor más el título en el buscador Google, las referencias apuntaban a todos aquellos blogs que incluían a éste como favorito con la última entrada, que correspondía con el título de la obra. Ayer, 15 de mayo, el libro empezó a ser distribuido en las librerías y es de esperar que a lo largo de las semanas venideras, aparecerán reseñas y críticas aquí y allá. Sin embargo y hasta el momento, prácticamente la única promoción de que ha disponido la obra ha sido la de este blog, ampliada por la de sus lectores más interesados. Muchas gracias a todos.

Además, ese trabajo de búsqueda me llevó a descubrir blogs muy interesantes, que desconocía. Algunos de ellos, cuyo contenido temático está relacionado con el de éste, pronto pasarán a integrar mi particular lista de favoritos.

Todo ello me anima a plantear una propuesta, tan experimental como el mismo contendido de El desequilibrio como orden. Dentro de unos días inauguraré una wiki exclusivamente destinada a todos aquellos que deseen hacer sugerencias, comentarios o preguntas referidas al libro. En el caso de que en algún momento la editorial decida lanzar una nueva edición, sería factible incorporar algunas de esas ideas y no habría inconveniente en mencionar a su autor.

Para todos aquellos interesados en acceder a la wiki, abrí una dirección a la que pueden digirse a fin de que pueda inscribirlos:

desequilibrio.como.orden@gmail.com

Se trata de una experiencia novedosa, o eso creo. Puede tener éxito o no salir adelante, pero vale la pena intentarlo. Gracias de nuevo a todos, y hasta pronto.







Otra propuesta. Belgrado: el Ministerio de Defensa atravesado de punta a punta por dos misiles de crucero. Foto de J. Argila

jueves, abril 02, 2009

El desequilibrio como orden: presentación

Para ampliar, pulsar con el puntero sobre las imágenes


Ante ustedes, los dos bocetos para la portada de El desequilibrio como orden. Una historia de la Posguerra Fría, 1990-2008 (Alianza Editorial) que aparecerá en las librerías, muy en breve y (esperemos) incluso a tiempo para el Día del Libro. El diseño está basado en la ya célebre fotografía de Spencer Platt, de la agencia Getty Images, ganadora en la categoría Foto del Año del World Press Photo 2006. En ella podemos ver a unos jóvenes libaneses, más bien pijos, paseando en un descapotable por un barrio arrasado en el sur de Beirut, tras los bombardeos israelíes de la denominada Segunda guerra del Líbano o Guerra de julio.

El desequilibrio como orden es una crónica de Historia actual que arranca de los meses posteriores a la caída del Muro y llega hasta el desencadenamiento de la crisis económica de septiembre-octubre de 2008 y la victoria electoral de Obama. Es toda una era de casi veinte años, durante la cual las potencias occidentales, encabezadas por los Estados Unidos, intentan ajustar la realidad del mundo a la imagen ideológica que tienen del mismo, como vencedores de la Guerra Fría. ¿Por que fracasan en el intento? Esa es la cuestión que trata de responder el libro.

A continuación, la presentación de contenido que se podrá leer en la contracubierta, y el índice:

El periodo estudiado en este libro ya es historia, con la peculiaridad de que todos y cada uno de los años que lo integran todavía están presentes en la memoria del lector adulto. La descomposición de la Unión Soviética en 1991 supuso la puerta de entrada real al siglo XXI abriendo el mundo a profundas transformaciones que se han producido en un periodo de menos de veinte años. Ésta es la crónica de esos cambios a todos los niveles: estratégicos, económicos, tecnológicos, sociales, incluso morales. Pero para cuando llegó diciembre de 2008 había quedado claro que había concluido ese ciclo, con el fracaso en los intentos por imponer un nuevo orden geoestratégico mundial y una globalización basada en el neoliberalismo. Por el camino se habían ido manifestando todos los síntomas de ese desequilibrio gradual que se anunciaba como nuevo orden: “Chindia” y las potencias emergentes, la sociedad “low cost”, los miedos milenaristas, las guerras balcánicas, los genocidios en África, el regreso de Rusia, la revolución Internet, las migraciones intercontinentales, las nuevas formas de delincuencia, las crisis financieras que anticiparon el crash de 2008; y el guirigay de todos aquellos que se consideraron los verdaderos vencedores de la Guerra Fría, comenzando por los islamistas y continuando por la China de los dos sistemas, pugnando todos ellos por afianzarse en la estela del naufragio norteamericano. Francisco Veiga apunta claves del pasado inmediato, útiles para entender el futuro cercano: por ejemplo que la política de bloques del siglo XX ya no es concebible, que la implosión es generalizada y a todos los niveles y que, por tanto, la crisis no sólo es económica y necesitará reconversiones estructurales para ser superada.


ÍNDICE

PRÓLOGO
Prefacio: Una vieja historia china
Primera parte: Posguerra Fría, 1990-1995
Capítulo 1: El último año feliz – 1990 o el final imaginado de la Guerra Fría
Capítulo 2: Los tanques del verano – Disoluciones yugoslava y soviética en 1991
Capítulo 3: Puntos suspensivos – El experimento neoliberal en la Rusia de Yeltsin, 1992-1993
Capítulo 4: Remiendos para la esperanza – Nace el derecho de injerencia, 1992-1994
Capítulo 5: El enorme agujero negro – Genocidio en Ruanda, 1994
Capítulo 6: El espejo de la bruja – El Nuevo Orden Mundial y la guerra de Chechenia, 1994-1995
Capítulo 7: El final de una etapa – El triunfo de la diplomacia norteamericana en Bosnia, 1995

Segunda parte: El mundo se globaliza, 1996-2000
Capítulo 8: Punto de giro, entre Latinoamérica y Asia – Neoliberalismo y crisis financieras, 1994-1999
Capítulo 9: Globalización en binario – La revolución de la red de redes y sus consecuencias sociales
Capítulo 10: Continentes en movimiento – Las grandes migraciones internacionales de los años noventa
Capítulo 11: Deconstrucciones globales – La privatización institucional de las relaciones internacionales
Capítulo 12: Tiempo muerto - Final de época en la administración Clinton, 1996-1998
Capítulo 13: El aparente triunfo de la ingeniería geoestratégica - La guerra de Kosovo, 1999
Capítulo 14: Holocausto africano – “Guerras mundiales” en el continente negro, 1996-2000
Capítulo 15: Apocalipsis racionados - Miedos milenaristas en el cambio de milenio
Capítulo 16: Echelon en control directo – Asimetría y virtualidad en la estrategia y las finanzas, 2000-2001

Tercera Parte: Salto al vacío, 2001-2008
Capítulo 17: Negociar para fracasar - Implosión de la política norteamericana en Israel-Palestina, 1996-2001
Capítulo 18: “El atentado más bello de la historia” - Impacto del 11-S, 2001
Capítulo 19: El otro vencedor de la Guerra Fría - Auge del islamismo radical y sus antecedentes históricos
Capítulo 20: El plan de un fracaso - Invasión norteamericana de Irak, 2003
Capítulo 21: Relevo de viejos fantasmas - Auge de la Rusia de Putin a partir de 2000
Capítulo 22: Revoluciones de colores - Cambios “blandos” de régimen en repúblicas ex soviéticas, 2003-2005
Capítulo 23: Leopardos en la nieve – El pulso por la energía de Eurasia
Capítulo 24: Dragón y Tigre: Chindia – India y China en el arranque del siglo XXI
Capítulo 25: BRIC – Brasil como potencia emergente, y América Latina, 1998-2008
Capítulo 26: Chináfrica – Nuevas perspectivas para el continente negro, 2006-2008

Cuarta parte: Tormenta perfecta
Capítulo 27: Crisis de credibilidad – Implosión final del Nuevo Orden internacional, 2006-2008
Capítulo 28: Crisis de crédito – De la quiebra de las subprime y la sociedad low cost, al crash de 2008
EPÍLOGO: El apagón de las pantallas

Y aquí no ha pasado nada

A modo de coda, tras la polvareda mediático-hispana en torno a al retirada de tropas de Kosovo.

Lunes 30 de marzo: coincidiendo con el aumento de precio de "El País" (ya está en 1,20 euros) que contraviene las recomendaciones más elementales para superar la crisis, pregonadas por el mismo periódico desde sus páginas, el rotativo nos ofrecía, agazapado entre los pliegues de la sección "España", el artículo de Enrique Gil Calvo, titulado: "¿Fiabilidad?"

La pieza está bien concebida como ejercidio periodístico; pero junto a lo que se llegó a escribir estos días pasados en ese mismo periódico, y publicado al final de toda la traca, parece ejercer de apósito, de tirita, de algo más grosero, incluso.

Gil Calvo no deja títere con cabeza del mundillo político hispano: hace bien. Pero por aquello de que "perro no come a perro", nada se dice de los mediáticos actores. Aunque el asunto no tiene nada que ver con el "fiasco de Kosovo" -como sigue largando Rajoy- sí da una medida de la dudosa fiabilidad de nuestra prensa. El gazapo, de tamaño descomunal, fue parido por la edición de ayer del diario "ABC"; si, el mismo que va consolidando una bien ganada tradición de
"desaciertos" en sus análisis sobre la actualidad turca.

En efecto, el castizo diario no tuvo empacho en publicar como cierta la noticia del Día de los Inocentes anglosajón (Fool´s Day), publicada por el diario inglés "The Guardian", según el cual, éste iba a ser el primer periódico del mundo que se publicaría a través de Twitter. Cualquiera que se haya asomado durante unos minutos al espacio enloquecido de la red social Twitter habrá pestañeado antes de volver a leer la cabecera de la pieza. Pues bien: en "ABC" no sólo se lo tragaron con patatas, sino que reprodujeron la noticia como cierta, con destacados como: "Los expertos afirman que cualquier historia puede contarse con 140 caracteres" (sic). A continuación, dándose cuenta de la descomunal metedura de pata, "ABC" retiró la noticia y la sustituyó por la crónica de la inocentada, sin disculpas, sin ni siquiera admitir o mencionar el patinazo, sin el más mínimo rubor. ¿Fiabilidad?, como escribiría Enrique Gil Calvo. Decididamente, "ABC" podría publicarse en Twitter.

Sigue a continuación la transcripción de parte de la noticia (las negritas son las del artículo original, tal como fue publicado):

"The Guardian cambia el papel por Twitter"

A. VIAN - MADRID /Actualizado Miércoles, 01-04-09, a las 12:40

Consolidando su posición en la punta de la nueva tecnología de los medios de comunicación, The Guardian anuncia hoy que será el primer periódico del mundo en ser publicado exclusivamente en Twitter, la red social que ha transformado la comunicación online.

Esta transformación, descrita como "de la época" por varios comentaristas de medios de comunicación, supondrá una adaptación de los contenidos del periódico The Guardian para encajar su formato en los breves mensajes de texto que proporciona Twitter, conocidos como "tweets" y que son limitados a 140 caracteres cada uno.

Empujado por la participación de numerosas celebridades en esta red social, como Madonna, Britney Spears y Stephen Fry, el perfil de Twitter se ha levantado en los últimos meses, atrayendo a más de 5 millones de usuarios que envían, leen y contestan a los mensajes enviados vía web, o a través de sus teléfonos móviles.

Como una publicación exclusiva de Twitter, The Guardian será capaz de aprovechar el poder sin precedentes de la difusión de las noticias, demostrado recientemente cuando un pasajero que se estrelló fuera de Denver fue capaz de enviar actualizaciones en tiempo real sobre la historia de cómo se desarrollo el suceso y cómo se hizo un aterrizaje forzoso sobre el Rio Hudson de Nueva York. Twitter también ha democratizado radicalmente la industria editorial de noticias, dando la posibilidad de que cualquier persona con una conexión de Internet pueda contar al mundo cuándo se siente triste o simplemente que piensa tomarse una taza de té.

También está en marcha un gigantesco proyecto para volver a escribir el archivo de todo el periódico desde 1821 en forma de "tweet". Las principales historias ya completadas incluyen la reforma de 1832 sobre el derecho a voto o la invasión de Polonia por parte de Hitler.

Los escépticos han expresado sus preocupaciones en torno a la cuestión de que 140 caracteres pueden ser insuficientes para capturar la totalidad de la actividad humana, pero los expertos en redes sociales dicen que la extensión de Twitter anima la brevedad, y que debería ser posible transportar la idea esencial de cualquier mensaje en un "tweet".

viernes, marzo 27, 2009

El Kosovo de nunca acabar (y 2)















28 de noviembre, 2008: uno de los agentes del BND o servicio de inteligencia alemán, abandona el centro de detención de Pristina, cuidadosamente tapado. Junto con otros dos colegas, fue acusado de lanzar explosivos contra oficinas de la UE en Kosovo. Un oscuro incidente del que se puede leer una interesante versión aquí. En cualquier caso, una de esos sucesos siniestros que acaecen en Kosovo y que no son precisamente un ejemplo de colaboración "leal" entre aliados. Por supuesto, la prensa occidental en general, y española en particular, cubrieron con toneladas de tierra esta turbia historia. ¿Hace falta que las fuerzas españolas se vean implicadas, ni que sea indirectamente, en estos torpes manejos?

Cómo era de esperar, el globo se desinfla tan rápidamente como se hinchó. Detrás quedan los restos de la resaca, entre ellos, la bochornosa sesión del Congreso del 25 de marzo, en el que quedó bien en evidencia el lamentable estado de la clase política y mediática española. Englobando en el calificativo "español", por lo tanto, a los nacionalistas vascos y catalanes, que en estos casos se hacen plenamente merecedores de los aspectos más cutres del casticismo hispánico.

La tormenta ya venía siendo anunciada por algunos artículos de opinión publicados en el primer aniversario de la independencia de Kosovo. A destacar la machacona insistencia de José Ignacio Torreblanca (en adelante: JIT) desde “El País” y a lo largo de tres o cuatro semanas, lunes tras lunes, saltándose cualquier alusión a los atentados del Ulster o cualquier otro evento europeo relevante, para martillear sobre la supuesta inconveniencia de que Madrid no hubiera reconocido a Kosovo, la inexcusable paletada de cortejar a Serbia y, por último, en un artículo con varios errores de bulto, la curiosa sugerencia de que España se acerque a Albania; según los lugareños con los que se entrevistó JIT, “Albania ha contribuido muchísimo más a la estabilidad regional” que Serbia. Curiosa afirmación cuando él mismo se refiere a la catástrofe que fue el hundimiento total del Estado albanés en 1997, de resultas de lo cual miles de armas entraron en Kosovo y Macedonia donde, por cierto, se produjo la última guerra de los Balcanes, en 2001, atizada por los albaneses, cuando Milosevic ya estaba enchironado y ya no podía ejercer más de malo universal en activo. Eso por no hablar del escandalazo que fue el descubrimiento de que el banco nacional albanés blanqueaba dinero; o los centros de entrenamiento del UÇK supervisados por el Ejército de ese país en 1999. ¿Y qué decir del tráfico de drogas y prostitución con destino a Europa, las oleadas migratorias de 1991, que son el verdadero trasfondo de “Lamerica”, de Gianni Amelio, 1994 (JIT se confunde al afirmar que el filme hace referencia la crisis de 1997).

Dado que pocos días más tarde y ya en plena tormenta por las declaraciones de chacón, Jordi Vaquer, nuevo director de CIDOB, abogaba en “El País” por un (re)acercamiento español a los Balcanes occidentales, y más especialmente a los albaneses, Kosovo y Albania, cabe pensar que el joven “cinquerío” hispano y el club de los “otanitos” anda detrás de alguna aguda jugada diplomática con punto de apoyo en el atribulado país de las águilas. Dado que no parecen conocerlo demasiado y que Albania parece resignarse a afrontar el facturón que le esperea por su pronto ingreso en la OTAN, el asunto debe estar relacionado con asuntos más locales. Quizá está conectado con la actividad del embajador Bobbio, formando todo ello un precario lobby asentado en dos difusas e inestables patas, vaya usted a saber si destinado a apuntalar la capitalidad mediterránea de Barcelona, evento logrado, al parecer, con el concurso nada desdeñable de Tirana (?). Todo parece deslavazado y pillado por los pelos, desde luego. Pero ellos sabrán; a veces la realidad supera a la ficción cuando ésta se convierte en realidad.

Cómo no, cuando estalló el “Chacoñazo” (que me disculpe la ministra: se trata de zaherir los instigadores del penoso evento, no de burlarme de su apellido), JIT vio la luz y el resultado fue un nuevo y belicoso artículo, aplastante, como aplastante es la lógica y leve es la contradicción. Afirmando que “Kosovo es, bajo cualquier criterio, un asunto menor desde el punto de vista de los intereses de España” largaba a la papelera su dale que te pego con el asunto, a lo largo de los monotemáticos artículos anteriores, y desvelaba su satisfacción por el deber cumplido de atizar una buena tormenta en un vaso de agua.

Porque, no lo olvidemos, toda esta traca era publicada por el diario “El País”, junto con otras piezas aquí y allá, como la de Albert Branchadell (25 de febrero) que desarrollaba geometrías imposibles a base de Kosovo, Osetia del Sur y Estatut de Catalunya. Y el mismo diario hizo de potente caja de resonancia cuando se declaró el incendio, a base de tonantes piezas de Miguel González, o RM de Rituerto.

Por supuesto, era de esperar que “ABC”, “El Mundo” y prensa de derechas en general lanzara rayos y centellas sobre la atribulada ministra Chacón, a partir del 19 de febrero. Pero… ¿”El País” y ya desde un mes antes? En medios de la izquierda socialdemócrata en general, se acudía con cierta sorpresa al espectáculo, indecisos sobre qué tono asumir. “¿Qué es más macho?¿lightbulb or schoolbus?” –preguntaba la provocadora Laurie Anderson en su canción “
Smoke rings”, allá por los ochenta. “¿Qué es más progre?¿Barroso or Cebrián?”. Porque de eso se trataba todo el asunto: un rifirrafe más de los “corrillos madrileños” y politiquerío del foro en general, centrado esta vez en el marido de la ministra Chacón, que desde noviembre del año pasado dirigía “en secreto la comunicación del Ministerio de Defensa”. Ya saben: Barroso-Rubalcaba-Felipe-González-Cebrián y toda la tropilla (¿quién se alinea con quién, quién corta el bacalao?): estampita de rancia estirpe madrileña, con figura de mujer catalana, al fondo.

Y a partir de ahí, Rajoy con el gesto casi descompuesto, y la Rodríguez-Salmones con mirada dura, y más artículos en “El Pais” de los de siempre, en la misma línea y en papanática sucesión, deJosé Maria Ridao a Carlos Mendo, pasando por Javier Pradera, diciendo lo mismo, con escasa variaciones, y Josu Erkorena, de nuevo en el Congreso, recordando el cabreo del PNV por haber perdido la Lehendekaritza, y Joan Ridao repitiendo rígidamente lo de siempre, pero reafirmando que ahora ERC, en efecto repudia a Georgia y se alinea con Osetia del Sur (quizás). Sin querer enterarse de que empresarios españoles y catalanes preparan sus negocios en Rusia a través de la lanzadera serbia, mientras Kosovo es “un instinto y un reflejo condicionado”, asunto “lógicamente” relacionado con catalanes y vascos (¿qué otra cosa podría ser?). Y “El País” anunciando con gran satisfacción en la primera plana de su edición del 26 de marzo: “Zapatero sufre un severo castigo [sic] en el Congreso por el fiasco [sic] de Kosovo”. O mejor, primer asalto de la oposición unida contra un PSOE que se ha quedado solo con el apoyo del BNG, tras perder el del PNV; el fiasco en concreto, da igual.

Vean sino: al día siguiente, 27 de marzo, “El País” enviaba a su página 17 la incómoda noticia de que
“La Eurocámara pide congelar los fondos para España por el urbanismo salvaje. Una amplia mayoría apoya el devastador informe contra todas las autoridades” (para nada en la primera página, junto a la Chacón, de nuevo, quía). Eso sí que es un fiasco y de los buenos: España denunciada públicamente en Bruselas como país de estafadores y con una corrupción de no te menees, a escala de la tantas veces denostada Turquía, Rumania, o (¿se puede escribir esto tan políticamente incorrecto?) el mismísimo Kosovo. ¿Entienden por qué es tan fácil montar campañas contra políticos corruptos en este país? Porque el fenómeno es generalizado y se podría extender con facilidad a casi cualquier partido que se pusiera en el punto de mira. Y no sólo partidos, desde luego.

¿Pero qué hacemos hablando de los recovecos de la política española, como si estuviéramos en los tiempos de Larra, en este blog dedicado al espacio ex otomano? A ver si lo entienden: el día 26, el del revolcón, también “El País” publicaba en la tercera, a toda página, que “La recesión económica tumba a tres gobiernos de la Europa oriental”: Letonia, Hungría y República checa. Esos países de Europa del Este, con sus economías tan maltrechas, con sus reflejos política de cintura para abajo, sus crispaciones eternas e internas; la misma que acogió mazmorras secretas para que la CIA escondiera sus capturas en la "guerra contra el terrorismo" o que se compromete a instalar misiles norteamericanos en su territorio, cosa a la que ya nadie accdería en Occidente. Esa “Nueva Europa” en la que nos alineó Bush, pero que, a lo peor, resulta que sí pertenecemos; y, ay el peso de la lógica, esa "Nueva Europa" la que le son tan necesarios nuestros seiscientos soldaditos y nuestra generosa ayuda.




Camp Bondsteel, base norteamericana en Kosovo, definida en noviembre de 2005 por Álvaro Gil-Robles como la "pequeña Guantánamo" por haber albergado a supuestos detenidos de Al Qaeda, procedentes de Irak y Afganistán. Nada de ésto fue pactado por los norteamericanos con los aliados europeos, o eso cabría suponer. En cualquier caso, ¿es necesaria la presencia de tropas españolas para defender "ésto", pagando tanto desencuentro con el dinero del contribuyente durante toda una década?


27/03/2009 UNA DECISIÓN POLÉMICA EN POLÍTICA INTERNACIONAL

Resbalón, pero menos

• Cara al exterior, son más negativas para España las críticas internas que el anuncio de retirada de Kosovo

Al hilo del revuelo por las declaraciones de la ministro Chacón está creciendo la especie de que España debió retirar las tropas de Kosovo hace un año, cuando se produjo su autoproclamada independencia, que Madrid no reconoció. Pero ese argumento es, simplemente, tramposo. En febrero de 2008, Bush todavía estaba en la Casa Blanca y ese gesto hubiera implicado darle dos veces en la misma mejilla al entonces presidente norteamericano, cuando faltaban tan pocos meses para que se celebraran unas elecciones que podría haber ganado McCain. Además, ya se había armado bastante revuelo, interno e internacional, con el hecho de que el gobierno español rehusara reconocer la independencia de la pequeña república y base norteamericana en los Balcanes. Recordemos además que todo eso acontecía en torno a las elecciones en nuestro país; definitivamente, no hubiera sido el momento de anunciar la retirada de las tropas.

Ahora es una buena ocasión. Entre otras razones, porque ha transcurrido un año decisivo para evaluar cómo evolucionaba la joven “república-base”. Y resulta que sólo un tercio de los países soberanos del mundo han reconocido tal autoproclamada independencia. De acuerdo que lideraron esa maniobra las potencias occidentales, encabezadas por un Bush empeñado en organizar una Neo Guerra Fría que distrajera de los desastres en Irak. Pero otros también poderosos y democráticos, como India o el enorme Brasil de Lula da Silva, que es occidental, democrático y más progresista que algunos países europeos, siguen sin reconocer la independencia del minúsculo Kosovo.

Por lo tanto, ojo con argumentos que esconden planteamientos reaccionarios. El pasado 8 de octubre, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por mayoría una resolución en la cual se exigía que la Corte Internacional de Justicia emitiera su fallo sobre la legalidad de la proclamación de la independencia por Kosovo. Este hecho en sí mismo fue un fenómeno extraordinario, uno de los escasos contragolpes contra el poder de las grandes potencias en la ONU, implantado en la Asamblea General. Sólo por eso, los que acusan al gobierno español de “provincianismo” por no seguir la senda de los “grandes” en el asunto de Kosovo, parecen ahora, con la boina bien calada, simples vendedores de la estampita.

Y por si faltara algo, en este primer año de independencia kosovar también se ha podido constatar que la soberanía no tiene por qué ser la varita mágica que ingenuamente se supone: la situación económica de la nueva república sigue siendo, como mínimo, calamitosa. Ante ese dato, sería abusivo suponer que la mera presencia de tropas internacionales en la zona es una garantía para que el país kosovar salga adelante. En realidad, lo que enseñan casi veinte años de operaciones de intervenciones supuestamente humanitarias, es que aquellos países bajo la tutela internacional y con tropas en su suelo, han ido a peor o, por lo menos, siguen paralizados como estados viables.

Aclarado todo esto, pasemos al eco de las declaraciones de la ministra en Kosovo, el pasado día de San José. El Secretario General de la OTAN el holandés Jaap de Hoop Scheffer, se las tomó bastante a mal. Es el mismo hombre que sólo pudo defender verbalmente a la díscola Georgia el pasado mes de agosto cuando su presidente se lanzó a la extraña aventura épica de enfrentarse a Rusia. Pero recientemente, el holandés tuvo que tragar la decisión de restablecer las buenas relaciones entre la OTAN y Rusia. La verdad es que la Organización Atlántica no da una a derechas en los últimos tiempos: no olvidemos lo mal que van las cosas en Afganistán. No es de extrañar que con tantos nervios, en Bruselas hayan sobreactuado ante el anuncio de la retirada española de Kosovo.

Por su parte, la reacción de Washington ha sido de desconcierto, producto de un todavía desconcertada presidencia, muy reciente en la Casa Blanca y volcada en paliar la crisis económica, pero que cuenta con el mismo Secretario de Defensa que servía a Bush. ¿Se percatan de lo que hubiera significado retirar las tropas de Kosovo en febrero de 2008?

Para terminar, en la misma España la polémica ha sido muy atizada por determinados medios de prensa, de la oposición externa e interna al partido del gobierno, que se están acostumbrado demasiado a azuzar campañas políticas. Con la resaca de la reciente dimisión del ministro de Justicia, las plumas se calentaron de nuevo con Chacón. Pero sin tanta soflama como se ha escuchado y leído estos días, la perspectiva sobre lo ocurrido en Kosovo hubiera sido más ajustada a la realidad. Defensa y Asuntos Exteriores son dos ministerios de vital interés estratégico para el gobierno, estrechamente coordinados desde Presidencia. Y estas tres instituciones mantienen sus propias formas de contacto permanente con el resto de los países. Siempre se pueden producir fallos o desencuentros, pero cara al exterior la cacofonía de las críticas ha dado una imagen del país mucho peor que el supuesto resbalón de la ministra.

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viernes, marzo 20, 2009

El Kosovo de nunca acabar (1)












La ministra de Defensa Rosa Chacón, con el contingente militar español en Kosovo, 19 de marzo, 2009




Vuelve el diminuto Kosovo a ocupar el centro de las noticias, redimensionado hasta la desmesura para alcanzar el techo de las conciencias universales. San José de 2009: la ministra Chacón anuncia por sorpresa la retirada del contingente español. La decisión se veía venir desde hace meses, porque hay un cúmulo de razones para ello. Desde luego, las recientes visitas de Tadic (9 de marzo) y Medvedev (2 de marzo) han tenido que ver con el anuncio de la retirada. Pero aparte de las causas concretas que existan para que se haya escogido el 19 de marzo o cualquier otro día, las razones que aconsejaban la retirada del contingente español se amontonaban.

El pasado día 13 de marzo, se envió a un rotativo catalán el artículo que sigue a continuación. Su publicación es inminente, pero dado que los acontecimientos se han adelantado, se ha considerado oportuno traerlo a este blog:




Al parecer, retornan los símbolos del viejo merchandising; o puede que nunca hubieran desaparecido.












Kosovo-Belfast, 2009

Pasó el aniversario de la autoproclamación de independencia de Kosovo, sin pena ni gloria. En algunos periódicos, algunos columnistas nos repitieron una y otra vez las viejas tautologías y admoniciones. El gobierno debería reconocer a Kosovo, subirse al carro de las democracias occidentales. Eso mismo le podían decir, por ejemplo, al enorme Brasil de Lula da Silva, que es occidental, democrático y más progresista que algunos países europeos; y que sin embargo, sigue sin reconocer la independencia del minúsculo Kosovo, con su gran base militar norteamericana en medio.

Tiene bastante gracia que por estos pagos se siga jugando tan descaradamente con los argumentos de la vieja era Bush, como si tal cosa. Por ejemplo: sería bastante ingenuo que el gobierno español reconociera precisamente ahora la independencia de Kosovo, cuando resulta que el pasado 8 de octubre, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por mayoría una resolución en la cual se exigía que la Corte Internacional de Justicia emitiera su fallo sobre la legalidad de la proclamación de la independencia por Kosovo. Este hecho en sí mismo fue un fenómeno extraordinario, uno de los escasos contragolpes contra el poder de las grandes potencias en la ONU, articulado en la Asamblea General. Los que acusan al gobierno de “provincianismo” por no seguir la senda de los “grandes” en el asunto de Kosovo, parecen ahora, con la boina bien calada, simples vendedores de la estampita.

Por otra parte, cuando la OTAN comenzó su ofensiva aérea contra Serbia, en 1999, se dijo que no era contra el pueblo, sino contra Milosevic. Una vez que cayó el dirigente serbio (más de un año después y no como consecuencia de los bombardeos) el argumento quedó relegado al olvido, y ahora algunos nos recuerdan aquello de que Kosovo fue desgajado de Serbia porque “no se respetó su autonomía”. Sin embargo, entre la caída de Milosevic y la independencia de Kosovo, pasaron ocho largos años en los cuales las nuevas autoridades serbias ofrecieron la reintegración de la autonomía. ¿En qué quedamos?¿Fue una acción militar contra Milosevic, un castigo contra el pueblo serbio o una intervención favor de una opción soberanista?

Pero sobre todo, hay algo que el gobierno no puede explicar abiertamente, pero está en la base de la negativa a reconocer la soberanía de Kosovo. Entre el final de la campaña de bombardeos de la OTAN y la independencia de la antigua provincia transcurrieron casi nueve años. ¿Por qué las grandes potencias occidentales, encabezadas por los Estados Unidos como actor principal, tardaron tanto tiempo en respaldar la autoproclamación de la independencia kosovar? Pues en parte, para dar tiempo a que Londres terminara de completar el proceso de paz en Irlanda del Norte, que había comenzado en abril de 1998 con el Acuerdo de Viernes Santo. Al mes siguiente ya se organizó un reférendum para ratificarlo en todo el territorio de Irlanda. Y sin embargo, sólo en 2005 el IRA anunció su desarme y el 8 de mayo de 2007 se devolvió la autonomía a Irlanda del Norte. En total, siete años de negociaciones. Pues bien, diez meses después de que Irlanda del Norte quedara finalmente pacificada, Kosovo proclamaba su independencia y las grandes potencias, Gran Bretaña y los Estados Unidos a la cabeza, accedían a respaldarla.

En medio de esa dinámica, España continuó albergando el único proceso de activismo político armado de Europa, tras declarar ETA que daba por finalizado el alto el fuego en junio de 2007, una vez volado por los aires el parking de la terminal T4 de Barajas. Por lo tanto, mientras parecía solucionarse definitivamente el conflicto de Irlanda del Norte y se aplaudía la independencia de Kosovo (premiando la insurgencia armada) el gobierno de Zapatero fue abandonado a sus medios ante el problema de la violencia terrorista.


Menos de dos años más tarde, los recientes atentados en Irlanda del Norte, a cargo del IRA Auténtico han coincidido con las grandes incertidumbres que se abren para Ia verde isla en el futuro de la Unión Europea; pero también con el primer aniversario de la independencia kosovar. Afirmar que eso forma parte de una trama de causa-efecto es exagerado. Pero sí que está todo ello relacionado con el hecho de que con Obama en la Casa Blanca, la situación internacional se está reformateando a gran escala. Viene a ser como un enorme reset, que se diría en informática. Ese fenómeno no es bueno ni malo: es simplemente desconcertante para todos.

Según un amigo, la situación internacional podría asimilarse a la que se abrió con la llegada del presidente Jimmy Carter a la Casa Blanca en 1977. Eso supondría que Obama apostará por mostrarse escrupuloso con la conducta de los dudosos aliados respaldados por Bush, a la vez que abriría vías de diálogo con los que hasta ayer eran diabólicos enemigos. ¿Qué puede suponer esto? Desconcierto, debilitamiento de alianzas y al final, cada uno a lo suyo. Por lo tanto, nos esperan años en que la crisis económica no será el único protagonista.

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sábado, febrero 14, 2009

Afganistán o la viga en el propio ojo



Febrero de 1989: las últimas tropas soviéticas abandonan Afganistán, todavía ondeando banderas rojas






Justamente hoy, 14 de febrero 2009, se cumplen veinte años clavados de la retirada final de las tropas sovieticas de Afganistán. Pero nuestros medios de comunicación ya no celebran ya tales hitos históricos, que la actualidad ha convertido en inoportunos; en la prensa, apenas hay alguna alusión a la efemérides, si es que se llega a mencionar. Responsables relevantes de los gobiernos occidentales y de la OTAN, analistas y periodistas afines a la maquinaria propagandística, se limitan a repetir como un mantra que "en Afganistán nos jugamos mucho". De la misma forma que no hace tantos años nos jugábamos también "mucho" en Bosnia o en Kosovo. El término clave es: "jugarse", verbo que denota escaso cálculo real, excesivo peso de las circunstancias azarosas y, en líneas generales, dudosa seriedad en los procedimientos, con la consiguiente mengua en la credibilidad.

Porque, precisamente, lo que está sobre la mesa es, una vez más, la credibilidad: de los líderes políticos, de los medios de comunicación, de instituciones enteras que viven de reformular en clave "políticamente correcta" (léase: "correctamente tergiversada") las meteduras de pata.

El sentido de la presencia occidental en Afganistán ha cambiado totalmente desde 2001, porque han pasado más de siete años y no se han cumplido los objetivos militares y políticos que llevaron a los Estados Unidos, primero, y la OTAN, después, a aquel remoto país. Militarmente, las fuerzas de la ISAF se enfrentan allí a una catástrofe militar, dando por sentado que la batalla política se ha perdido hace tiempo, al menos tal como se planteó inicialmente.


Por lo tanto, seguir haciendo estrategia de sillón desde las columnas de la prensa es un ejercicio que ya ni siquiera resulta justificable para el mero ejercicio del lucimiento personal de periodistas, políticos y analistas. La situación en Afganistán es realmente muy grave. De hecho, el pasado 11 de febrero, hace muy pocos días, se produjo el primer ataque en fuerza de los talibanes en el interior de Kabul; eso podría marcar el comienzo del fin para la iniciativa militar occidental en Afganistán.


Argumentar que "la meta realista (...) no es la victoria, sino la contención" es una trampa capciosa tan ingenua que suena a propaganda de guerra soviética de los años ochenta; o peor aún, a las "retiradas estratégicas" alemanas en los años postreros de la Segunda Guerra Mundial. Veamos cómo lo formulaba Daniel Korski hace pocos días en "Foreign Policy": "El triunfo de Occidente no se medirá tanto por cómo hayan cambiado las cosas como por cuánto hayan mejorado; y no dependerá tanto de la derrota de los yihadistas como de conseguir bloquear sus actividades en el país centroasiático".


Éste es un párrafo divertido, que hace de Korski un excelente ejemplo de spin doctor, es decir, un experto en tirar de la sinécdoque y el sofisma. Pero uno de los apartados en los que se percibe con mayor claridad el salto hacia la estratósfera de la irrealidad desde la moqueta y el sillón, es aquel en el que se argumenta que España no debe retirar sus tropas de Afganistán: "Grandes partes del sur del país, del este e incluso áreas cercanas a la capital, Kabul, se han vuelto peligrosas. Si Madrid abandonase el oeste –y la inseguridad aumentase por ello–, desencadenando un efecto cascada en Europa, las consecuencias para la misión de la OTAN podrían ser dramáticas".




Una expresiva portada del diario francés "Libération". Las encuestas en la práctica totalidad de los países participantes en la ISAF, exoresan con rotundidad el deseo mayoritario de retirarse. En noviembre de 2008, incluso el 68% de los británicos se mostraban partidarios de retirar sus tropas en el límite de un año. Lo mismo había opinado el 62% de los franceses y el 56% de los australianos dos meses antes.


A continuación, Daniel Korski pretende rematar su arenga con el consabido argumento buenista hasta lo lacrimógeno, y pretendidamente inatacable: "Abandonar Afganistán a merced de unos fortalecidos talibanes tampoco parece una decisión muy acorde con el empeño del Gobierno socialista español en la defensa de los derechos humanos. Merece la pena recordar cómo era el país hace siete años: un régimen violento y represivo que lapidaba a las mujeres o les arrojaba ácido a la cara, azotaba a los hombres por no rezar suficientes veces al día y prohibía a las chicas asistir a la escuela o al ginecólogo. No se podían volar cometas ni cantar, y se demolieron monumentos que habían resistido el paso de los ejércitos de Gengis Khan y Tamerlán. Afganistán era, con los talibanes, un país destrozado sin esperanzas de progreso. Y podría volver a serlo, si la OTAN se retira. Dejarlo y minar la firmeza y unidad de la coalición sería una extraña manera de promover los derechos humanos".


Rematando la traca argumental, Korski pretende apoyarse en una frase de José Ignacio Torreblanca: "Hay una delgada y porosa línea que se extiende desde las cámaras de seguridad de la estación de trenes de Atocha en Madrid a nuestras Fuerzas Armadas desplegadas en Afganistán”.


Si es así, Dios nos pille confesados; porque tal como están las cosas, el contingente español en Afganistán ni puede contribuir en la aplicación de los derechos humanos, ni es el bastión que nos pinta Korski, por la simple y sencilla razón de que no controla más que una exigua porción del territorio (posiblemente, no superior al 15%) que se le asignó en una de las provincias afganas en la que la presencia taliban es más poderosa.


El lector todavía puede contemplar en la red el monumental video reportaje realizado el pasado verano por el periodista David Beriain. Es conveniente advertir que el acceso a la página de ADN.es, donde se encuentra toda la colección, puede resultar azaroso, posiblemente por la deficiente organización del material presentado allí. Pero una vez conseguido, se advierte de que las breves piezas resultan muy adictivas y contienen una notable cantidad de información en bruto.


A efectos de subsanar en la medida de lo posible las dificutlades del acesso a la serie titulada: Perdiendo Afganistán, se ofrece ese enlace principal y otro alternativo, clicando aquí. Aunque todos son muy interesantes, se recomiendan los capítulos incluidos a continuación:


"Guerra de voluntades" ("Españoles: entre la reconstrucción y la guerra abierta con los talibanes")


"Badghis: territorio español, territorio talibán"

Las fuerzas españolas no combaten en Afganistán, si no es en defensa propia. No contribuyen en operaciones contrainsurgentes ofensivas, como otros contingentes nacionales, y sobreviven en un rincón de sus zonas asignadas gracias a un fragil equilibrio de silencios y, posiblemente, acuerdos bajo cuerda. Todo ello se justifica en base al argumento (hasta hace meses todavía válido) de que las fuerzas españolas están allí únicamente para ayudar en la reconstrucción de Afganistán. Pero ese comodín se volverá pronto ineficaz cuando el "amigo americano" exija más presencia de sus aliados en el país y, sobre todo, un nuevo planteamiento estratégico: los paises contribuyentes de la ISAF, entre ellos España, deberán aportar tropas en orden de combate, listas para participar en operaciones ofensivas, como es propio de cualquier guerra. Porque lo que hay en Afganistán es una guerra, y no otra cosa.

Las implicaciones de esa situación que parece imponerse inexorablemente, las sopesa el historiador Henry Kamen en un artículo publicado el pasado 3 de diciembre en "El Mundo", y que se adjunta a continuación. Aquel mismo día, Daniel Korski, junto con Paddy Ashdown, publicaron otra pieza de opinión sobre el mismo asunto y con el habitual tono argumental, que en esencia reproduce lo apuntado más arriba en este post. El hecho de que ambas piezas fueran publicadas simultáneamente, potencia el interés de lo escrito por Kamen.




Un soldado de la ISAF en Afganistán; a menudo se omite en los noticiarios la nacionalidad de las bajas, para evitar polémicas y recriminaciones. Aquello es una guerra abierta

"El Mundo", 03/12/2008

Mumbai: una oportunidad para España

Henry Kamen
[Los subrayados son obra del autor de este post, no de Kamen]

Hace muchos años, la última vez que visité la ciudad, todavía se llamaba Bombay, en la lengua hindi. Desde 1996 se llama Mumbai, que es el nombre en la lengua marathi, que hablan tres cuartos de la población. Mumbai se ha convertido hoy en un símbolo del horror provocado por el fanatismo religioso, mientras los cuerpos de hindúes, cristianos y judíos yacen esparcidos por una ciudad horrorizada. Lo probable es que los muy adiestrados terroristas, casi con certeza al servicio de Al Qaeda, procedan de Pakistán, Afganistán o de alguna zona de la región de Cachemira. Los expertos, sin duda, muy pronto nos darán su opinión. La tragedia no puede dejar de impactar a todos los países, incluida España.

Mumbai no se encuentra en un planeta lejano. Es un lugar con el que los hombres de negocios y políticos españoles tienen contacto diario. Como ha señalado el eurodiputado catalán Ignasi Guardans, los europeos -y por tanto, también los españoles- no pueden permanecer indiferentes ante lo ocurrido. Países como Canadá, que ha perdido ciudadanos durante los acontecimientos de la pasada semana, ya han anunciado que no permanecerán impasibles. Los ingleses, entre los que también hay varias víctimas mortales, han comunicado que enviarán más personal a Afganistán para apoyar la lucha contra el terrorismo. ¿Estará España dispuesta a apoyar a estos aliados y seguir su ejemplo?

Desafortunadamente, eso es improbable, porque el Gobierno ha borrado sistemáticamente su propia imagen internacional. A mediados de noviembre, una agencia de la Administración de Estados Unidos -el National Intelligence Council- publicó un informe de 100 páginas que trata de pronosticar el futuro que nos espera, y la contribución que varios países harán en él. Pues bien, el informe no menciona ni una sola vez a España. Hace referencia a Francia, Italia, Suecia y a casi todos los países de relevancia en el mundo moderno, pero no a España. Por esos mismos días, en Estados Unidos, José Luis Rodríguez Zapatero se mostraba orgulloso ante las cámaras de la prensa porque al fin, gracias a la generosidad del presidente de Francia, se le había permitido estrechar la mano del aún presidente George W. Bush. Fue posiblemente el momento más humillante de toda la historia moderna de España, que, una vez más, había perdido el tren. ¿Cuántos más trenes está dispuesto a perder el Gobierno de Zapatero?

La prensa internacional -no importa en qué idioma la lea uno-, se hace eco del fracaso del Ejecutivo español en la escena internacional. ¿Por qué el resto del mundo ya no se toma en serio a España? La única iniciativa política importante que ha tomado ha sido a favor de la notoria Alianza de Civilizaciones, que se basa en una estrecha alianza con Turquía (un país al que la Unión Europea sigue negando la afiliación) y una activa hostilidad hacia Israel. España ha desaparecido como jugador importante del escenario internacional. Zapatero es, con toda probabilidad, el líder más aislado de Europa. En vez de ser invitada a foros internacionales, España tiene que entrar por la puerta trasera. Y para la reunión crucial del G-20 que tendrá lugar en Londres el próximo abril, Zapatero ha declarado que «el Ejecutivo tiene una estrategia para consolidar su presencia».

La prensa en Estados Unidos ha comentado con cinismo su visita a Washington por lo embarazoso de la situación. Una entrevista que se publicó en el Houston Chronicle, de Texas, comunicaba que la ansiedad de Zapatero por ir a la Casa Blanca para ofrecer al fin sus respetos a George W. Bush, constituía un momento «surrealista». En la misma entrevista, el líder español expresaba su convicción de que el próximo presidente americano, Barack Obama, era su «nuevo mejor amigo por siempre». El comentarista del Houston encontró este reciente entusiasmo por los Estados Unidos muy extraño, ya que cada aspecto de la política de Zapatero es la antítesis de la política americana.

Pero, la aparición de Obama como el «nuevo mejor amigo», ¿ayudará a España a salir de su aislamiento? La repuesta a esta pregunta trae nuevas y sorprendentes perspectivas, sobre todo en el tema del terrorismo internacional.

Muy poca gente en España sabe que su país es uno de los comerciantes de armamento más grande del mundo. El público tiende a considerar que su Gobierno es un partidario inflexible de la paz. La verdad es que, según el Stockholm Peace Institute, aunque la España de Zapatero se niega a enviar tropas de combate a cualquier centro de conflicto terrorista, se clasifica entre los 15 mayores gastadores de armamento, inmediatamente después de Australia y Canadá. ¿Por qué un pequeño Estado que no está en guerra gasta tanto en armas? En un informe parecido, Oxfam International señala que España es el mayor proveedor de armas para el Africa subsahariana. Estos datos han pasado completamente desapercibidos en la prensa española. E, irónicamente, esta compra y exportación masiva de armas significa que España se encuentra en una posición excelente para poder ayudar al «nuevo mejor amigo por siempre» de Zapatero.

¿Y cómo ocurriría esto? A pesar de su inicial entusiasmo por el nuevo Gobierno estadounidense, los ciudadanos pronto se darán cuenta de que el precio para ser buenos amigos de Obama será que España salga de su aislamiento internacional. Y, desafortunadamente, los españoles pronto descubrirán que, en la práctica, la política internacional de Obama tal vez siga las líneas fijadas por Bush. La principal evidencia ha sido que el presidente electo ha confirmado en su puesto al actual director de operaciones en Irak, y ha acordado un nuevo tratado con este país para mantener las tropas americanas allí durante tres años más, como mínimo. Irónicamente, si España acepta estas decisiones, estará de algún modo apoyando la política de Bush.

Pero ese no es el final de la historia. Acabo de leer un análisis de la presumible futura política internacional de Obama, escrito por un experto en cuestiones de estrategia, que declara que «el primer deseo del nuevo presidente será que haya una mayor participación de los europeos en Afganistán». Obama ha dejado claro en sus primeras declaraciones tras las elecciones que la guerra en Afganistán será una prioridad para su Administración. E igualmente, sus palabras a la prensa después de la masacre en Mumbai confirman cuál es su intención. Parece seguro que enviará más tropas a Afganistán, y es muy posible que inste a las naciones europeas -que son sus «amigas»- a hacer lo mismo. Sin embargo, insistirá en que esas tropas no vayan con el rol de «pacificadoras» -como desde el Ministerio de Defensa español se insiste que están nuestros efectivos en este momento-, sino cumpliendo una clara misión militar, en un escenario de guerra.

Estas no serán buenas noticias para Zapatero, para quien cada muerte militar en Afganistán representa un golpe a su política. De la misma manera, sobre la cuestión de Irán, Obama también ha dejado claro que no dejará la opción militar fuera de la mesa. Si Zapatero insiste en apoyar a su «nuevo mejor amigo», muy pronto verá que está adoptando exactamente la misma política exterior de José María Aznar, es decir, una estrecha alianza y de colaboración con la estrategia mundial de Estados Unidos. Mientras Bush, a menudo, simplemente ignoraba a los europeos, Obama está dispuesto a trabajar con ellos. Pero a cambio pedirá cosas.

En definitiva, si España quiere librarse de la imagen humillante de su líder mendigando a la Casa Blanca, necesitará establecer aliados firmes y poderosos, y, sobre todo, necesita colaborar con Estado Unidos. Recientemente, el International Herald Tribune publicaba: «El perfil político de España se está encogiendo bajo el liderazgo de un hombre profundamente absorbido en la reforma doméstica y falto de experiencia internacional». Quizás el nuevo presidente de Estados Unidos hará posible que los líderes españoles salgan de su ombliguismo y entren en una nueva era de relevancia internacional.

El horror de Mumbai debería dar al Gobierno español la ocasión y la excusa para demostrar que es capaz de responder al desafío moral de mantener la paz, no mediante demostraciones fútiles o caceroladas en los balcones, sino a través de la cooperación militar activa en Afganistán con sus compañeros europeos y su «nuevo mejor amigo», Barack Obama.

Henry Kamen es historiador y su último libro publicado es Imagining Spain: Historical Myth & National Identity (Yale University Press, 2008).

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viernes, febrero 13, 2009

Otra forma de invertir






















Portada inglesa original de la obra de Loretta Napoleoni publicada en castellano como: "La economía canalla"


"El Periódico" publicó ayer mismo mismo una pieza de opinión dedicada a la banca islámica, un concepto financiero que en los últimos diez años (o menos) ha ido cobrando una creciente relevancia. Posiblemente, el lector avisado opinará que el asunto está tratado de una forma un tanto simple o incluso ingenua.


No emplearé muchas energías en discutirlo. En parte, porque la pieza sólo pretende reivindicar el asunto, desde un punto de vista informativo. Si un profesional especializado demuestra que las finanzas islámicas no poseen mayor interés u originalidad o que el asunto no pasa de ser una enorme puesta en escena, bienvenida sea la información.


Sin embargo, es de temer que no abunden los análisis técnicos, rigurosos y por ello fiables. Como se puede comprobar desde el crash financiero del pasado mes de agosto, una buena parte de esa literatura posee una credibilidad limitada, incluso aplicada al muy conocidio (o eso parecía) mundo financiero del capitalismo occidental. Si a ello añadimos los prejuicios de los comentaristas y público occidentales, se comprederá que el retrato de la banca islámica siga siendo considerablemente opaco o distorsionado.


Precisamente, otro de los motivos del artículo reproducido más abajo, deriva de la compración entre el enfoque de las finanzas islámicas que ofrece Loretta Napoleoni en sus dos grandes best sellers de los últimos años: Yihad. Cómo se financia el terrorismo en la nueva economía (2004) y La economía canalla (2008).

En el primero de los volúmenes, Napoleoni hace un análisis de las diversas variedades y canales de la economía islámica conectadas con la financiación del terrorismo. La obra está documentada y resulta útil para todos aquellos profesionales que trabajan en torno a la cuestión. Pero el conjunto del grueso volúmen ofrece una imagen escorada, hasta dar la impresión de que el objetivo último del sistema financiero islámico era actuar como caballo de Troya contra el mundo occidental. En reseñas y entrevistas se volvió reiteradamente sobre esa idea.

Sin embargo, La economía canalla supuso un cambio sustancial en la valoración de la banca islámica, hasta el punto de que la autora llega a afirmar en las conclusiones del libro que será una de las claves del futuro económico y eso a escala global. Y no es una aseveración amarga o escandalizada, sino optimista. Tras leer toda la obra, publicado poco antes de la crisis de 2008 pero ya bajo los efectos de la quiebra de las subprime, es fácil suponer que Loretta Napoleoni llegó a la conclusión de que en sus aspetos más dudosos, la banca islámica es una simple aprendiza de primer grado de las finanzas occidentales


























Loretta Napoleoni durante una reciente visita a Madrid

"El Periódico", 13/02/2009

EL AVANCE DE UN MODO DISTINTO DE CONCEBIR LAS FINANZAS


La banca islámica

• Oriente no es la solución a la crisis financiera de Occidente, pero sí ha llegado el momento de contar con él

Francisco VEIGA

En su último best-seller, La economía canalla, Loretta Napoleoni augura que, en el mudo posglobal en el que ya estamos entrando, las finanzas islámicas serán la base del nuevo estándar monetario y quizá no tarde mucho en imponerse el dinar-oro. Las finanzas islámicas, o banca islámica, están basadas en una serie de principios morales derivados de esa religión, y, muy en especial, el precepto de que el dinero no ha de utilizarse nunca para propósitos especulativos.

La banca islámica tuvo un nacimiento muy lento, entre los años 50 y 70 del siglo pasado, pero las grandes crisis del capitalismo la impulsaron con fuerza. Primero fueron las petrolíferas, de 1973 y 1979. Pero sobre todo los crash financieros del Sureste asiático de 1997, debidos a los ataques especulativos en el marco de la recién estrenada globalización, vistieron de largo a la banca islámica. Especialmente cuando contribuyó a la rápida recuperación de la economía de Malasia, hoy uno de los países del mundo donde se encuentra más firme y extensamente implantada.

ES DE ESPERAR que la actual parálisis financiera a escala mundial, derivada precisamente de una oleada previa de especulación desenfrenada y descontrolada, suponga un empujón decisivo a la banca islámica. De hecho, algunos de los fondos de inversión en países musulmanes parecen estar convirtiéndose en refugios más o menos seguros para los escaldados capitales occidentales. Según Napoleoni, dentro de poco las finanzas islámicas controlarán el 4% de la economía mundial, lo que se dice pronto. Y los principales bancos comerciales de Occidente hace ya tiempo que trabajan con esta modalidad financiera, tanto en los países musulmanes como en las principales plazas europeas, y, sobre todo, Londres, donde tiene su sede el Banco Islámico Británico. Napoleoni concluye que las finanzas islámicas son "innovadoras, flexibles y potencialmente muy lucrativas".

Pero hay más: la banca islámica trabaja sobre el concepto del "riesgo compartido" entre el prestamista y el prestatario. Existe, por tanto, un componente social que hace de las finanzas islámicas un concepto opuesto al de las occidentales, basadas en el interés individual, la maximización de beneficios y la transferencia de riesgos.

INTOXICADOS POR la propaganda de guerra de la era Bush, la mayor parte del público rechaza por sistema cualquier concepto cultural musulmán como retrógrado, ajeno a la posibilidad de que en territorio del islam pueda triunfar la modernidad. Pero ahí está Indonesia, ahí está Dubai. También se ignora el potencial innovador, y ahí tenemos la célebre "revolución de los microcréditos", concepto impulsado por Muhammad Yunus desde Bangladés: economista y país musulmanes, ambos. Y, por cierto, una iniciativa que basa su éxito en la concesión de pequeños créditos a la mujer, como cabeza eficaz de la microeconomía familiar.

Todo ello viene a cuento del monumental desencuentro entre finanzas, economía real y sociedad que vivimos en estos días a escala mundial. De momento, los bancos con- fían en capear el temporal gestionando el crédito, pero, si la crisis continúa, se paraliza la actividad empresarial y crece el desempleo, tanto el ahorro como la inversión caerán también, y pasarán factura a su vez al sector bancario. Es posible que entonces veamos algunos desplomes espectaculares o, en países como el nuestro, el abordaje de los nacionales por parte de grandes entidades extranjeras.

De momento, todo se cifra en esperar estoicamente. La globalización resultaba muy adictiva para el consumidor, y, en ella, la fe en la tecnología equivalía al dogma materialista histórico en el marxismo clásico: llevaría a la humanidad "inexorablemente hacia adelante". Esa ilusión, que podía permanecer como un sueño individual en medio del optimista magma global, proveía de esperanza inagotable en el futuro. Lo cual ayuda a entender el conformismo expectante y la escasa movilización social que está generando la crisis: millones de personas en todo el mundo desean creer que la situación que estamos viviendo es temporal, que no se trata sino de una versión ampliada de burbujas especulativas previas, una corrección para sanear el mercado. Pero lo cierto es que va a ser difícil que vuelva a funcionar lo mismo que teníamos, de la misma manera y bajo los mismos presupuestos. El fallo es sistémico, no coyuntural.

LOS DIRECTIVOS y responsables de antes desean seguir donde estaban y tienen el mayor interés en hacernos creer que pueden arreglar las cosas. Pero ellos mismos son el problema y por eso no pueden encontrar la solución. La conclusión es sencilla: la banca islámica no es la alternativa global a todos los enormes problemas que implica la crisis de las finanzas occidentales, ni tampoco lo son la economía china o el mercado indio. Pero sí que ha llegado el momento de contar realmente con esos nuevos actores (más allá de posiciones de simple simpatía), muchos de ellos desconocidos o tratados con condescendencia y hasta con desprecio desde Occidente, huyendo de viejos prejuicios y pasadas grandilocuencias.

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