domingo, abril 20, 2008

Turquía: la legalización del suicidio político





Nimbado como un santo del sagrado panteón laico: Abdurrahman Yalçınkaya, Fiscal Jefe de la Corte Suprema de Apelación: interpuso demanda contra el partido del gobierno el pasado 14 de marzo y pidió su ilegalización argumentando que es un "punto focal de actividades antiseculares"






Desde que el pasado 30 de marzo el Tribunal Constitucional de Turquía decidió lanzar un proceso de ilegalización contra el gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, por sus siglas en turco) se ha inaugurado en el país anatolio una nueva crisis política de confusos perfiles. ¿Cómo puede ocurrir que la fiscalía del Tribunal Constitucional, en un país supuestamente democrático, se lance a ilegalizar el partido del gobierno que además goza de amplia mayoría parlamentaria?¿Sus señorías se han dado cuanta, precisamente ahora, de que la formación política que ha ganado por amplio margen dos elecciones legislativas consecutivas es un peligro para la democracia? La acusación achaca “actividades antilaicas” al AKP, en cansina repetición de la ya vieja cantinela sobre la “agenda oculta” del partido en el poder.

Porque en esencia, el ataque, que desearía devenir un golpe de estado jurídico, es un anacronismo. La maniobra ha venido siendo habitual en la Turquía republicana desde la misma instauración del régimen por Mustafá Kemal en los años veinte del siglo pasado. Después, durante la Guerra Fría, los poderes fácticos se acostumbraron a este tipo de actos de fuerza, en tiempos de democracia vigilada, cuando Turquía era un peón estratégico de los Estados Unidos en la lucha contra el Imperio del Mal soviético.

Precisamente por ese largo pasado de actos de fuerza, todavía le impresionan mucho a la mayoría de los turcos estas maniobras y golpes de fuerza. Pero esta vez parece que las cosas están cambiando. Una de las razones principales de ello reside en Bruselas. Ha transcurrido tan sólo un año desde que el pasado año, el 17 de abril, el Estado Mayor del Ejército turco colgó en su página web un memorando en el que protestaba ante la elección de un presidente de la república procedente del islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo. Por entonces, la respuesta de la Unión Europea a la amenaza de un posible golpe real, fue más bien tibia.
















Tras admitir a trámite la querella, el Tribunal Constitucional adoptó medidas de seguridad extras, como si se fuera a producir un peligroso ataque islamista


Pero por esta vez, doce meses más tarde, la Unión Europea ha tenido claro el mensaje a enviar: adelante con las reformas, acelerarlas en la medida de lo posible, y nada de entretenerse en las viejas disputas políticas. Y lo ha hecho el mismo Durão Barroso, el presidente de la Comisión Europea, que viajó a Ankara el pasado 10 de abril. Incluso el mismo gesto de desplazarse hasta allí resultaba de inequívoco apoyo al ejecutivo de Erdoğan y la presidencia de Gül. También Olli Rehn, el Comisario para la Ampliación, se mostró muy crítico con la escasa calidad democrática de la denuncia. Y lo mismo hizo el gobierno alemán, todavíoa más contundente. Por su parte, el ejecutivo turco respondió favorablemente llevando al Parlamento el polémico artículo 301 del Código Penal para su retirada: esta ley permitía procesar con facilidad a cualquier ciudadano por acusaciones de insulto contra la identidad nacional turca. Ello, lógicamente, ha exacerbado la inquina de los sectores que hasta ahora eran definidos simplemente como “laicos” peor que de hecho se vienen identificando cada vez más como ultranacionalistas.

¿Qué es lo que ha cambiado para que Bruselas haya dado un viraje tan pronunciado en el periodo de un año? En primer lugar, la constatación de que la popularidad de Partido de la Justicia y el Desarrollo es real: ha ganado dos legislativas consecutivas por mayoría, tras largos años de parlamentos fraccionados. De otra parte, el comportamiento democrático del gobierno es constatable, mientras que las acusaciones de su “agenda oculta” islamista son tan sólo eso: una clásica teoría conspirativa que pretende utilizar como pruebas la falta de indicios. Las acusaciones vertidas por la derecha conservadora laica en el sentido de de que las enormes subidas del precio del arroz en Turquía (un 130% en los últimos tres meses) son debidas a maniobras especulativas de empresas alimenticias relacionadas con el gobierno, vienen a tratar de ignorante a la población, en un momento en el que la prensa mundial está alertando del aumento de los precios de productos agrícolas básicos en todo el mundo, con episodios de explosiones sociales en Egipto, Túnez o Haiti, situaciones de gran alarma social en Filipinas y subidas pronunciadas incluso en los Estados Unidos.

Por lo tanto es un momento delicado: se perfilan nubarrones de recesión económica capaces de descargar sobre la sociedad turca arruinando el prestigio adquirido por Erdogan y su gobierno; pero eso ocurre después de que el ejecutivo, apoyado en la mayoría parlamentaria, hubiera estabilizado la política turca. En tal contexto, Bruselas no le perdonaría a los sectores “laicos”, nacionalistas o ultraderechistas que desestabilizaran a Turquía justo en este momento, cuando las posibilidades de ingreso del país en la UE empezaban a cobrar impulso. Porque el daño sería devastador, dado que esos sectores de oposición no presentan un frente unido, no tienen un proyecto político moderno, no podrían llevar a Turquía a la UE y desequilibrarían al país irremisiblemente y durante años.



El presidente del Tribunal Constitucional, Hasim Kilic, ya protagonista del intento de obstaculizar la elección de Abdulah Gül como Presidente de la República, el año pasado. En esta ocasión se mostró partidario de no encausar a Gül en la denuncia contra el AKP





Además, la respuesta de Barroso deja aclaro algo que, a estas alturas, ya no es ninguna novedad, a pesar de que determinados comentaristas se empeñen en seguir sosteniendo lo contrario, más por prejuicios ideológicos –muchas veces de extrema derecha tendencia Eurabia más o menos camuflada en envolturas seudointelectuales- o personales, que en base a un análisis riguroso y desapasionado. Esto es: según cómo y en base a qué tuviera lugar, un fracaso en el proceso de negociación de la candidatura turca sería una catástrofe para la Unión Europea. Y ello no tanto por la pérdida de los beneficios económicos o estratégicos que se derivarían de esa integración, como por tener que asumir importantes errores de cálculo, incapacidad para gestionar el proceso y establecimiento de precedentes que incluso podrían afectar a países ya integrados.

Por lo tanto, la maniobra ejecutada, claramente política, puede costarle muy cara al Tribunal Constitucional truco. Está claro que tiene en contra a Bruselas, así como a un porcentaje muy elevado de la población; y ni siquiera está demostrado que una parte significativa del Ejército y el aparato de inteligencia esté detrás de la intentona desestabilizadora. Si triunfa la iniciativa el Partido de la Justicia y el Desarrollo resulta ilegalizado, cayendo el gobierno y colapsándose hasta la presidencia, ¿quién tomará en sus manos la ruina política que será Turquía?¿El más que agotado CHP neokemalista (en realidad socialista nacional) con su
desacreditado Deniz Baykal a la cabeza?¿Pero tienen realmente un régimen político de recambio? Aquí se está jugando una partida fuerte, no un remiendo, no una finta. Aunque sea producto de un espasmo corporativo -el de un poder judicial que se considera último depositario de las esencias de la República- la maniobra de apostar por la ilegalización del AKP es una estocada, no un bofetón. Va mucho más allá de una polémica entre intelos de salón en cualquier periódico.

Y lo que es peor: no parece que sea el comienzo de nuevas ideas, de propuestas inteligentes y realistas, sino que después de múltiples empujones, manifestaciones, amenazas, rumores, llanto y crujir de dientes, a los sectores laicos más duros ya no se les ocurre nada más que lanzar por delante a un grupo eminentes juristas. Si hubieran podido hacer algo más eficaz o contundente, ya lo hubieran hecho. Y de momento, no han podido.



Una caricatura publicada en "Le Monde" el pasado 17 de abril y firmada por Selcuk Demirel. Juega con la bandera turca y el perfil de la pañoleta tradicional campesina (anudada bajo la barbilla), que no el "velo" o "türban", moda importada desde Líbano hace algo más de veinte años y denunciado como excesivamente islamista por los "turcos blancos" y la derecha laica









Curiosamente, es posible que ni la extrema derecha nacionalista (el MHP o Partido de Acción Nacionalista) esté realmente interesada en el vacío político que generaría en la arena política turca la ilegalización del AKP. En los últimos meses, la formación ultra ha estado acariciando la posibilidad de erigirse en “partido bisagra” entre el CHP y el AKP. El pasado mes de febrero, una amplia mayoría de diputados del Parlamento en Ankara, superior a dos tercios del total, votó a favor de las enmiendas constitucionales propuestas por el AKP, en virtud de las cuales se terminaba con la prohibición del velo (el türban, en realidad) en las aulas. Pues bien, al parecer la maniobra contó con el apoyo del MHP, dado que la extrema derecha turca ha ido estructurando un discurso en el que cabe de todo: ataturkismo, glorias otomanas al frente del islam, panturquismo y exaltación de la herencia republicana. Un discurso “tous azimuts” muy propio del fascismo y el populismo radicales, que ahora le viene muy bien al MHP para tontear con unos y otros. A cambio de eso, la jugada suprema: un golpe de estado encabezado por los fiscales del Tribunal Supremo que generaría un enorme vacío de poder, y un MHP que lo llenaría, desbordando al CHP y a golpe de consignas “contra todos” como las coreadas en una “manifestación popular” hace pocos días, en la que se gritaba contra el “complot internacional”, contra Europa y contra América.

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martes, marzo 25, 2008

Kosovo: la situación continúa fluida


















El senador republicano John McCain (y hoy candidato presidencial) haciendo propaganda a favor del UÇK en las calles de NY, 11 de febrero de 2000. La foto procede del blog de Justin Raimondo, que añade: "McCain is in New York for the day to attend fundraisers and to talk to the press before returning to South Carolina Friday night. (AP Photo/Stephan Savoia)"

A lo largo de estos pasados días de vacaciones, se generó en la lista Balkan un breve debate sobre la situación en los Balcanes occidentales, a raíz de los incidentes de Mitrovica y la oferta norteamericana de armas a la autoproclamada República de Kosovo. Todo ello, junto con la reciente propuesta a la ONU, realizada por el gobierno de Belgrado, para llevar a cabo una división administrativa de su ex provincia a lo largo de líneas étnicas. Ambas noticias son confusas; en la primera, parece que Washington está intentando zapar las bases del Plan Ahtisaari que respaldó hace pocas semanas. En cuanto a la actitud de Belgrado, no queda claro si la sugerencia vendería a suponer, de facto, el reconocimiento de la soberanía de Kosovo. En cualquier caso, parece que bajo la superficie de las noticias destinadas al gran público, algo se está moviendo y posiblemente veamos los resultados a corto plazo. En la urgencia de la situación, se publican aquí algunas reflexiones a vuelo pluma enviadas por el autor de este post a la lista Balkan, ayer y anteayer.






















Kouchner en divertida complicidad con "Condi". Como si no hubiera pasado el tiempo, vuelven a resucitar el lenguaje de madera en torno a la "comunidad internacional", que ni siquiera incluye a la ONU. En 2008 en "grupo de las Azores ampliado" ha cambiado al José María Aznar de Irak-2003 (que en 1999 fue también ferviente impulsor de la intervención en Kosovo) por Nicolas Sarkozy

Sujeto: Primera tacada de reflexiones rápidas
Enviado: sábado, 22 de marzo de 2008 16:35:00
Para: Balkan (balkan@listserv.rediris.es)

Hola a todos los que no hayan renunciado a conectar el pc en la quietud de la Semana Santa.

Breve comentario al mail de Jordi, porque efectivamente, la lista Balkan está más que tiesa.

-Por sistema, me negaría a hacerle el juego a Kouchner y regresar a esa terminología o lenguaje de madera de la 'comunidad internacional'; al menos en este foro en el que, se supone, colaboramos analistas aficionados y profesionales medianamente serios. Propongo: 'potencias intervinientes', 'grandes potencias occidentales', 'grupo de las Azores ampliado' o incluso: 'grupo de los 30', para los que deseen ser más polémicos. Pero dado que se han saltado al único foro de la comunidad internacional existente, identificar OTAN con ONU (no UNMIK con KFOR, como hace Jordi, y yo mismo) como pretenden los neocons al uso, se me antoja una grosería.

-Me parece de lo más acertado buscar las claves globales de la situación; está ya muy claro que quedándonos en Serbia y sus elecciones no se entiende nada de lo que está ocurriendo. Y parece evidente que si bien no se puede descifrar en clave de teoría conspirativa pura, "a la balcánica", tampoco podemos ir de ingenuos y pensar que las cosas van saliendo porque sí, y caen las bolas con los numeritos como si estuviéramos en el bingo. A veces ocurre, desde luego; pero a veces no: lo mejor es no tomar posturas apriorísticas.

-Jordi, te olvidas del caso de Bulgaria, que tiene más importancia que el de Hungría y Croacia. Estos días andaba preparando una conferencia sobre las Guerras Balcánicas de 1912-1913 y en el libro de Richard C. Hall se pueden leer algunas consideraciones sobre el papel de ese país en la geoestrategia balcánica, perfectamente aplicables a nuestros días. En breve: desde 1913, serbios y griegos han luchado en determinadas épocas para que Bulgaria no se extendiera por Macedonia, conectando con Albania y aislándolas una de la otra. La línea “Albania-Macedonia-Bulgaria” tiene tanta importancia hoy como entonces para entender la situación.

-Hay mucho más, pero por partes. De momento, dejo aquí una entrevista que me hicieron en “La Vanguardia” que tuvo bastante eco por estos pagos (existe versión en portugués):





El libro de Santos Molano sobre los manejos norteamericanos, orquestados por Teddy Roosevelt, en torno a la inducida independencia de Panamá, reconocida inmediatamente por los Estados Unidos y aliados europeos. Todo un precedente del "único e irrepetible" caso de Kosovo.












Sujeto: Panamá-Kosovo y otras ideas
Enviado: domingo, 23 de marzo de 2008 16:58:07
Para: Balkan (balkan@listserv.rediris.es)


Ahí van cuatro piezas de conexión micro-macro:

a) Kosovo. La especie que anda corriendo por ahí es que este caso se parece cada vez más a la
creación del estado de Panamá en 1903. Muy, muy parecido. Panamá es un invento americano en torno al Canal [concluido en 1913] configurado en lo que por entonces era territorio del Estado colombiano. Respaldaron también un supuesto 'hecho diferencial panameño', y de paso organizaronn un estado que [desde entonces] sirve para cubrir muchos negocios y enjuagues. Desde que los EEUU han decidido aplicar la Doctrina del Destino Manifiesto fuera del continente americano, cada vez resulta más útil revisar las aplicaciones "internacionales" de la Doctrina Monroe y repasar de vez en cuando, en plan comparativo, las lecciones que ofrece la historia de Latinoamérica. Ah: y recordar la inveterada afición USA a inventarse flagrantes casus belli: Maine, Golfo de Tonkin, armas de destrucción masiva... [Y la tendencia a reconfigurar la legalidad internacional impulsada por ellos mismos, que viene siendo recurrente en la construcción del Nuevo Orden propugnado por Bush padre: desde la intervención de la OTAN en Kosovo a su reconocimiento diplomático, pasando por la invasión de Irak, Guantánamo y las cárceles secretas en Europa]

b) Por lo tanto, una línea de trabajo a seguir es la siguiente: ¿Hasta qué punto la súbita presión norteamericana en torno al 'proyecto Kosovo-Panamá' tiene que ver con la campaña electoral USA y un George W. Bush que quiere dejar situadas determinadas piezas en el tablero internacional? Recordemos que McCain fue un declarado partidario del UÇK y del lobby albanés en los Estados Unidos. ¿O estamos ante una estretegia de más largo alcance? Yo me inclino por lo primero. Pero las implicaciones de esta línea las dejo para otros mails.

En cualquier caso, en torno a la nueva crisis de Kosovo giran asuntos muy importantes: las relaciones USA-UE-Rusia, la quebradiza situación de la OTAN, la estrategia de tirar balones fuera con respecto al fiasco de Irak.

c) Por lo que sé, a Bruselas-Washington (sobre todo el segundo factor) les da igual quién gane en las elecciones serbias. Sencillamente, se ha planteado desde fuera un dilema de hierro que los serbios no podrán resolver por mucho que se empeñen. Si gana la línea ultra, hay plan B; y si gana la europeísta, hay plan B. Como cada vez está más difícil hacer distingos tan drásticos, pues mejor: hay plan B. Ya no hay tiempo para pillar con 'sorpresas' a las potencias intervinientes. En realidad, el Plan B famoso es el mismo para todos los casos: meter presión a Belgrado, intentando generar la célebre 'catarsis' que [las potencias occidentales] llevan promoviendo desde hace no sé cuántos años, con escaso resultado. Buena es la 'Srpski inat' (por cierto: 'inat' es una palabra árabe y tiene exactamente el mismo significado que en serbio)

d) Rusos. Van con mucho cuidado, pero están dispuestos a actuar. De todas formas, eso quiere decir varias cosas. ¿Que andan por ahí algunos spetsnaz montando gresca en Mitrovica?¿Qué han aumentado los cursillos de Systema en Serbia y Macedonia? Es posible, pero para tal viaje no son necesarias grandes alforjas. La 'mano de Moscú' de que habla nuestra prensa, rememorando tonos de 1936-1945, no es tan necesaria de momento, a no ser que los rusos logren meter en Serbia un par de brigadas aerotransportadas y montar una réplica rusa a la base norteamericana de Bondsteel, en Kosovo; que todo puede ser. El problema para las potencias occidentales, ahora mismo, es que empiecen a caer helicópteros en Afganistán [o morterazos en la “Zona Verde” de Bagdad] y se agraven las tensiones entre los aliados, por ejemplo. De momento, sin embargo, Moscú está sospechosamente colaborativo en Afganistán y últimamente ha sugerido algunas facilidades a la OTAN. Se rumoreaba que incluso habían ofrecido tropas para ese frente, pero lo han desmentido rotundamente. Como se dice en catalán, de momento prefieren 'jugar a la puta y la Ramoneta', con perdón de la contundente expresión.

e) Sección de autogoles y tiros a poste. En el primer caso, de momento sobresale Canadá. Tras reconocer a Kosovo, el primer ministro [Stephen Harper] negó rotundamente que ese caso fuera un precedente y etc., etc.; pero algunos intelectuales y políticos québécois [Alain Gagnon, Bernard Landry] han respondido que sí lo es para Quebec. :-D En cambio, la jugada en China ha salido mal, con la victoria de Ma Ying-jeou en Taiwan. Rebote en el marco.


Divide et impera: Frank Wisner, embajador de los EEUU en Kosovo. Invitó a la Organización de la Confederación Islámica a que sus miembros invirtieran en este "nuevo estado musulmán europeo" ("The Washington Times", 19 de marzo)











Sujeto: Ser paria tiene sus ventajas
Enviado: lunes, 24 de marzo de 2008 17:14:49
Para: Balkan (balkan@listserv.rediris.es)

Si os fijáis y enlazáis noticias de aquí y allá en los últimos diez días, veréis que se está poniendo en marcha una carrera por dejar 'atado y bien atado' el asunto de Kosovo antes de... ¿junio?

Razones:

-Washington se propone reventar desde dentro el Plan Ahtisaari o lo que sea a lo que denominemos lo que se está poniendo en marcha en Kosovo. El ofrecimiento de armas a los albaneses ha venido acompañado de un discursete americano en el cual se lee, de forma bastante clara, que están dispuestos a financiar o poner en pie un ejército local. Eso cuadra bastante con: a) El objetivo de convertir a Kosovo en un nuevo Panamá; b) Aplicarle un nuevo revés a la ONU; y si también recibe la UE en la cresta, pues no pasa nada. Pero eso de que Kosovo no podrá tener fuerzas armadas propias... b) El hecho de que Albania vaya a entrar en la OTAN por la vía rápida. ¿No os parece incongruente una Albania en la OTAN con un Kosovo desmilitarizado defendido por... la UNMIK?¿O por unos cuantos europolis rumanos y ucranianos?¿O desde Bondsteel? Bush mismo ha trazado la línea: el mes de junio.

(De otra forma, dado que la campaña internacional para el reconocimiento de Kosovo ha sido un fiasco, hay que tirar por otro camino)

-Si eso es así, y me parece que en Belgrado han tomado conciencia de ello (aunque andan un poco espesos, me temo) urge negociar o imponer algo. Ese 'algo' pudo haberse hecho por las buenas antes de febrero desde el 'grupo de las Azores ampliado'. Por ejemplo, creando una República Federal Albano-Serbia de Kosovo, que hubiera cambiando MUCHO las cosas. Pero ahora ya parece que no hay espacio de maniobra para eso. Washington y los hegemónicos de Bruselas se han negado y dicen que no hay marcha atrás (como si ellos mismos no hubieran dado marcha atrás en otras ocasiones, anulando por ejemplo lo que se firmó en Dayton y Paris-1995 con el estatus de Kosovo).

Por lo tanto, el contrajuego lógico es imponer hechos consumados o tirar por la estrategia de la negociaciación dura. La plataforma básica para ello es jugar a imponer una situación de inestabilidad crónica en la zona. Dado que Serbia ha sido relegada al rincón, puede permitirse el lujo de fastidiar, desgastar y hostigar sine die. Alguna ventaja has de tener cuando te convierten en paria. ¿Qué pueden perder? Pues en las actuales circunstancias, poca cosa. En cambio, saben que Bruselas no puede permitirse tener un 'pozo séptico' en medio de los Balcanes, donde se pueden colar todo tipo de virus, bacterias y amenazas poco agradables.

¿Cuál puede ser la línea de hostigamiento serbia? Variable y adaptativa. Desde la simple resistencia pasiva a la posibilidad de montar un Ulster en Mitrovica, pasando por la presión negociadora.

¿Cuál puede ser la respuesta de Washington-Bruselas a una situación así? Pues difícil está la cosa. Los serbios aprendieron de la situación generada en el Pacto de Varsovia [durante la Guerra Fría]: los soviéticos podían intervenir hoy en Hungría [1956] y dentro de diez años en Checoslovaquia [1968]. Pero no podían andar metiendo y sacando los tanques en los países aliados [un año sí y el otro también]. El desgaste que produce ese tipo de "políticas del garrote" es muy fuerte. Por lo tanto, un hostigamiento calculado, que no desemboque en guerra abierta, y que no de para justificar un nuevo bombardeo de Serbia, sería bastante eficaz. ¿E invadir Serbia? :-D ¿Para qué, queridos suscriptores?¿Para convertir a Serbia en un país 'más democrático'?¿Para hacer de Serbia un nuevo Estado de los USA?Eso sería la única opción posible...


















Disturbios en Mitrovica, 17 de marzo, aniversario de la limpieza étnica de 2004 llevada a cabo por los albaneses en Kosovo. Para que los serbios "ulstericen" el territorio no hace falta mucha "mano oculta de Moscú" ni conspiraciones de capa y espada, como sugieren algunos medios de la prensa occidental, resucitando el lenguaje de la Guerra Fría o épocas aún más oscuras.

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lunes, marzo 17, 2008

El Festival del Eurocontrol (2)


















Póster de un concierto celebrado en Knin, capital de la Krajina por el cantante ultranacionalista croata Marko Perković Thompson en agosto de 2007. "Oluja" ´("Tormenta", en croata) hace referencia a la operación militar que terminó con la insurgencia serbia y expulsó toda la población de esa nacionalidad en la región de la Krajina, agosto de 1995. La fecha de la ofensiva es fiesta nacional en la república. Vid. una selección de sus videos a cargo de un fan en Suecia, con abundante parafernalia "ustacha". El intérprete no rehuía las puestas en escena belicosas. Vid: un vídeo enarbolando una ametralladora Thompson que adoptó como nombre artístico



Afirmar que la candidatura croata a la UE está dando saltos de gigante no sería lo correcto, porque al fin y al cabo, ya quedó muy claro en octubre de 2005 de qué iba el asunto cuando el país balcánico, a la par que Turquía, vio aprobada su candidatura y las previsiones para el ingreso apuntaban al final de la década, es decir, 2010. Lo divertido es constatar como Bruselas pretende hacer comulgar con ruedas de molino a la ciudadanía comunitaria con escaso sentido del ridículo. Así, mientras Durao Barroso anuncia al veloz adelantamiento croata gracias a la renuncia de lo que en Zagreb se denomina oficialmente la “Zona de protección ecológica-pesquera”, el propio Diario Oficial de la Unión Europea publicaba, tan sólo un mes antes (12 de febrero, 2008) La
“Decisión del Consejo sobre los principios, las prioridades y las condiciones de la Asociación para la adhesión con Croacia". Como puede constatar el lector por sí mismo, el total de las condiciones por cumplir es elevado, destacando las siguientes cuestiones (utilizo el material aportado por Jelena Bjelajać en la lista Balkan:

— Garantizar la correcta aplicación de todos los compromisos asumidos en el Acuerdo de estabilización y asociación.

— Actualizar y aplicar la estrategia y el plan de acción para la reforma judicial.

— Adoptar y aplicar con rapidez una estrategia marco de reforma de la administración pública.

— Actualizar y aplicar aceleradamente el programa de lucha contra la corrupción y los planes de acción relacionados con el mismo y garantizar un enfoque mejor coordinado y más dinámico de los esfuerzos para prevenir, detectar y perseguir eficazmente la corrupción, especialmente la de alto nivel.

Aplicar la Ley constitucional sobre minorías nacionales, con especial atención a las disposiciones que garantizan la representación proporcional de las minorías en el mercado de trabajo. Actuar más ampliamente contra la discriminación en el sector público.

Completar el proceso de regreso de los refugiados; solucionar definitivamente todos los casos de adjudicación de viviendas a los antiguos titulares de derechos de ocupación/arrendamiento; completar la reconstrucción y restitución de propiedades y ofrecer nuevamente la posibilidad de presentar solicitudes de convalidación.


Los serbios conservan memoria de otra imagen: la expulsión masiva de sus tierras en la Krajina, que fue la mayor operación de limpieza étnica realizada de una sola vez en las guerras de la ex Yugoslavia. Una parte esos refugiados ha regresado, pero no todos, y no parece que se pueda recuperar la identidad socio-cultural de la zona, tal como estaba configurada en 1990









— Proseguir los esfuerzos encaminados a la reconciliación entre los ciudadanos de la región

—Incrementar los esfuerzos para encontrar soluciones definitivas a las cuestiones bilaterales pendientes, en particular las relativas a fronteras con Eslovenia, Serbia, Montenegro y Bosnia y Herzegovina y resolver la cuestión de la zona de protección ecológica y pesquera.

—Mantener la plena cooperación con el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia y velar por la integridad de los procesos penales nacionales contra los crímenes de guerra.

— Mejorar el entorno empresarial y el potencial de crecimiento económico, en particular reduciendo las subvenciones, reestructurando las grandes empresas deficitarias e incrementando la eficacia del gasto público.

A día de hoy: ¿Cumple la República de Croacia con todos estos requisitos, que además son una selección del conjunto? Seguramente sí, al menos desde el día 12 de febrero; caso contrario, es un suponer, Durao Barroso no se hubiera mostrado tan optimista al anunciar la casi inminente entrada de Croacia en la UE. Posiblemente, las delegaciones de la Comisión Europea tampoco estarían organizando viajes promocionales en dirección a Zagreb. Y sin embargo, lo que son las cosas, siempre hay gente incrédula.

Miren por dónde: Lluis Foix, el veterano columnista de “La Vanguardia”, no lo ve nada claro. Él fue uno de los que acudieron al agasajo de la delegación barcelonesa de la Comisión Europea; y lo relataba hace unos días, en un
breve artículo publicado en el periódico y titulado, muy gráficamente: “Tres días en Zagreb” (6 de marzo, 2008, pag. 32) sin que, aparentemente, exista ni rastro de ironía en la frase. El autor nos viene a decir que “vió caras tristes y preocupadas” en la visita a la capital croata aunque, comienza afirmando que “no hay motivos objetivos para preocuparse”. De todas formas la construcción del párrafo es algo confusa y parece aludir al hecho de que la visita, organizada por la Representación en Barcelona de la Comisión europea estaba dirigida por “el fino y experimentado catalán Manel Camós, que participó muy directamente en el proceso de ingreso de Letonia en la Unión Europea”.

¿Lo hizo? No se pretende dudar aquí de la finura y experiencia en catalanidad de Camós, pero si tenemos en cuenta que Letonia protagonizó el que quizá fue el acceso a la UE más polémico hasta la fecha, debido a que un porcentaje más que elevado de su población lo hizo en calidad de
minoría nacional sin derechos, quizá no deberíamos estar tan tranquilos sobre la inocuidad de determinadas “expertisen”, al menos como precedente para dar la bienvenida a Croacia. De hecho, el asunto no paró ahí: el gobierno de Riga ha venido acumulando denuncias de organizaciones internacionales de derechos humanos sobre problemas socio-sanitarios (prevalencia de tuberculosis, World Health Organization), abandono de menores en las calles, abusos policiales y procedimientos jurídicos opacos (recordemos el bochornoso juicio de estilo kafkiano contra dos jóvenes españoles acusados de ultrajar un banderín nacional, hace ahora casi un año) o seria vulneración de la libertad de expresión contra colectivos de gays y lesbianas (Human Rights Watch), entre otros tics propios de la extrema derecha.


Un ciudadano ruso de Letonia es detenido en Riga, 2005, tras manifestarse vestido con el uniforme de un campo de concetración nazi. El estatus de las minorías nacionales en la pequeña república báltica ha sido uno de los asuntos tabú en los problemas que ha generado la ampliación de la UE desde 2004.











Pero volviendo al testimonio de Foix, a pesar de haber sido recibido, con los demás, por el mismísimo primer ministro Ivo Sanader ( procede del HDZ, el partido nacionalista de derechas fundado por Franjo Tudjman) y de que “respondió con tranquilidad y precisión a todas las preguntas” el periodista vió “caras tristes y preocupadas”, “miedo en conversaciones”, todo ello debido al “peso del legado del pasado con abusos cometidos hacia las minorías”. No va desencaminado Lluis Foix, porque el asunto no constituye ningún secreto. Queda reflejado, por ejemplo, en el último informe de Human Rights Watch sobre Croacia (2007):

“There was limited progress toward resolving the ongoing obstacles to the return and reintegration of displaced and refugee Serbs. As of July 2007 around 125,000 of the 300,000 to 350,000 Serb refugees who fled the conflict were registered as having returned to Croatia. Around 60 percent of those who return stay permanently in Croatia. Figures from the United Nations High Commissioner for Refugees (UNHCR) indicate that 1,745 Serbs returned between January and September 2007. More than 80,000 refugees in neighboring countries have yet to decide about their future”

El informe contiene otros datos y algunos casos muy concretos referidos a abusos y actitudes poco recomendables hacia refugiados o incluso simples visitantes serbios. Además, según los datos del comisariado serbio para los refugiados, en Croacia hay unas 30.000 viviendas serbias ocupadas ilegalmente por otros inquilinos, lo que significa que al menos unos 100.000 serbios refugiados no pueden regresar a sus hogares, ni vender su propiedad en caso de que no quieran volver.




















Mapa de poblaciones nacionales en la Europa sudoriental, 2003. La integración de Croacia en la UE supondría que sus fronteras limitarán con población croata en países no comunitarios, muy especialmente en el caso de Bosnia. Si el reconocimiento internacional de las fronteras pactadas en Dayton 1995 ha sido anulado con la soberanía de Kosovo, lo mismo es teóricamente válido para Hercegovina con respecto a Croacia. Se impone la lógica de las "grandes patrias" nacionales puramente étnicas. Presionar con el puntero sobre la imagen para obtener ampliación del mapa


Por lo tanto, estamos ante lo que parece una escalada de facilidades destinadas a encajar el complejo mapa croata en la UE al menor tiempo posible y pelillos a la mar. Pero esa expresión, tan coloquial y relajada, esconde muchos más problemas, no ya los derivados del pasado, que Foix pudo percibir sin mucho esfuerzo. Incluso cabe considerar conflictos peores. Por ejemplo, y tal como argumentaba un suscriptor de la lista Balkan hace unos días, el mero hecho de que Croacia adelante su acceso a la UE en una década con respecto a vecinos como Serbia, Bosnia-Hercegovina y Montenegro, puede ser una fuente de incordios para el mismo candidato. Por ejemplo, podría perjudicar la integración económica de Croacia con respecto a las repúblicas ex yugoslavas vecinas, un proceso que actualmente se está produciendo por sí mismo con notable vigor. El hecho de que tanto en Hercegovina como en la Vojvodina existan minorías croatas localmente significativas, puede ser asimismo fuente de conflictos o incluso de disfuncionalidades jurídico-legales a varias bandas. Máxime teniendo en cuenta los precedentes que está creando el caso de Kosovo. Por otra parte, si Croacia se beneficia de un claro despegue en su nivel de vida, en creciente contraste con el de sus vecinos ex yugoslavos, es posible que aumente la presión de los refugiados por regresar o que puedan prosperar pleitos complejos que terminen pasando por Bruselas e incluso sirvan de precedente en futuras incorporaciones (por ejemplo, las anunciadas reclamaciones de los herederos de los armenios desplazados por las autoridades otomanas en 1915).

En definitiva: ¿Qué puede estar motivando esta precipitación en el proceso de ingreso de Croacia en la Unión Europea, justamente ahora, no antes ni después? Existen, por lo menos, tres objetivos que se explicarán en el siguiente y último post sobre el Festival del Eurocontrol que estamos viviendo en estas semanas.

(Continuará)

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sábado, marzo 15, 2008

El Festival del Eurocontrol (1)





















Sin complejos: el campeón de catch irlandés Sheamus O'Shaunessy, promociona a "Dustin the Turkey", el pavo de gomaespuma que representará a la católica isla en el Festival de Eurovisión 2008. En Bruselas esperan con la respiración contenida el resultado del referéndum irlandés sobre el nuevo tratado de la Unión Europea, en la segunda semana de junio. Irlanda es el único de los 27 Estados miembros de la UE que celebrará un referéndum sobre el tratado. Un posible "no" por parte del votante irlandés echaría otra vez abajo el proyecto para poner fin a años de debate sobre las reformas institucionales de la Unión. ¿Refleja "Dustin" la actual concepción que tienen los irlandeses sobre la UE?


La nota apareció en “La Vanguardia” el pasado 8 de marzo, cuando aún no se había desencadenado la tormenta del “Chiki chiki”, es decir, la victoria total e inesperada de la canción de Chikilicuatre (el cómico catalán David Fernández) que este año representará a España en el Festival de Eurovisión (pinchar aquí para la versión en serbio a cargo de Bojana Vešković). A estas alturas, el resultado de la votación por sms se confunde para muchos lectores de nuestra prensa con los porcentajes emitidos en las legislativas del pasado domingo. “Confío en que esos electores [los de Chikilicuatre] actuaran con otros criterios en la cita que el domingo teníamos todos los españoles en las urnas” –afirmaba el pasado 12 de marzo una lectora en la sección de Cartas al Director de “El País”. Lo curioso no es que haya ciudadanos que piensen así, sino que uno de los principales periódicos del país decida que la carta posee el suficiente peso intelectual o interés social como para publicar la reflexión.

La nota a la que se hacía referencia más arriba venía firmada por el reportero Plàcid García-Planas, habitual durante un tiempo en los conflictos balcánicos y Palestina. Escribe el periodista: “En el este, la esquizofrenia: Todos quieren estar cerca de Londres, Berlín o París; pero en Eurovisión –mira qué bien- sólo se votan a ellos mismos”. Hubo un tiempo en que Massiel representó para España un estrafalario aliento de aceptación europea. Ahora, los del Este magnifican el festival de Eurovisión y víctimas del correspondiente sarampión de ingenuidad transicional, creen que significa algo, al margen de su más puro interés lúdico. Sï: durante años, los de Occidente también agitamos banderitas y libramos batallas nacionales, voto a voto, en torno a grupos como “Abba” (suponiendo que el europop merezca un lugar destacado en la historia de la música) pero arropando también, cada dos por tres, a intérpretes impresentables de los que nadie se acuerda, y es bueno que así sea. En el ínterin, la mayoría de los países occidentales ni siquiera concurren ya a Eurovisión; comenzando por Italia, verdadera potencia de la canción melódica, y continuando por Gran Bretaña. De hecho, los países occidentales ya están en minoría, incluso contando con Islandia y Andorra.

Lo chocante es que en España estemos viviendo un proceso de regresión infantil en torno a la canción del “Chiki chiki”. Personalmente, y ya que estamos en onda, tenía la esperanza de que la charlotada sirviera para terminar de sacudirnos de encima algunos complejos de aldeanos en imagen exterior; por lo visto, aún nos luce el pelo de la dehesa. Pero hay algo peor que se mueve por ahí debajo.




Logo de "Bushido": intérprete bosnio de turbofolk-bosnio-euroislamista con toques de yugoslavismo reconciliatorio. Es sólo un ejemplo posible entre decenas, repartidos en las repúblicas ex yugoslavas y más allá. El guirigay de tendencias musicales etno-manele-turbo-raperas (por decir algo) en los Balcanes es, simplemente, fenomenal. No se puede reducir a los vetustos parámetros de hace una década, como hace la entrada de Wikipedia dedicada a turbo-folk




“El año pasado, Serbia –vencedora- obtuvo 12 puntos de cada una de las ex repúblicas yugoslavas, incluidas las Croacia de Vukovar o la Bosnia de Srebrenica” –continúa Plàcid García-Planas con un punto de indignación indisimulado. Esta es buena: por lo visto, "desde aquí" nos corresponde dar luz verde a cualquier forma de reconciliación que intenten "los de allí", y no vale cualquier cosa que no sea una buena misa o un juicio justiciero. De la misma manera que la destacada lectora de "El País" insinúa que las legislativas españolas del 9-M 2008 pueden ponerse a la altura de Eurovisión - Belgrado 2008, García-Planas parece considerar un acto de interés geoestratégico o incluso moral en el hecho de que Croacia o Bosnia (con toda la simplicidad que conlleva hablar de “Croacia” o “Bosnia”, así, en abstracto) voten por Serbia en… el Festival de Eurovisión. Deberían haber tenido en cuenta a Vukovar o Srebrenica. Qué falta de seriedad, qué bárbaros. Han pasado más de quince años en un caso y una década en el otro, pero aún no les hemos dado permiso para que superen el asunto. Y menos utilizando "nuestro" Festival de Eurovisión.

Este tipo de reflexiones son banales, desde luego. “El cachondeo está asegurado” –concluye García-Planas con toda la razón del mundo y parte de la europea. Pero en serio, en broma o a medias, ignoran las realidades locales. Como por ejemplo, que los soldados musulmanes escuchaban la misma música turbo-folk que sus enemigos serbios en plena guerra de Bosnia; música, por ejemplo, que según revela un estudio reciente del diario croata “Jutarnji List”, se está poniendo
de moda entre los jóvenes croatas: les gusta nada menos que al 43% de los que tienen entre 17-18 años de edad. "Los jóvenes están fascinados. Es una verdadera fiebre de turbo folk. He tratado de poner música diferente, pero el público me abucheaba y se iba a su casa. Ellos quieren esto," dice Ivica Sovic, el propietario de la discoteca “Sova” en las afueras de Zagreb, uno de los templos de la nueva moda. Desde luego, existe turbo-folk albanés guego de Kosovo ¿O se creían que era cosa de chetniks? Y por si faltara alguna guinda, el turbo-folk ha sido utilizado incluso en una marcha gay en Viena.

En fin: a veces, breves apuntes en secciones no frecuentadas por el periodista, hacen aflorar en estado bruto esa peculiar forma de razonar que nos gastamos en Occidente y llevamos agazapada en las entretelas. Hemos sido nosotros los que nos hemos inventado crisis, guerras, etnias, pueblos, identidades: una “nación kosovar”, los “bosnio-musulmanes”, los “eslavo-macedonios”, reconocimiento diplomático para unos y no para otros, hoy toca, mañana no toca, premiamos la insurgencia armada aquí, nombramos terroristas allá. Lo de siempre: Europa, el polvorín de los Balcanes.






















Una moneda croata de 25 kunas, batida en 2005 en conmemoración de la candidatura oficial del país a la UE. El hecho se produjo entre fuertes presiones de algunos países de la Unión, con especial protagonismo austriaco, a cambio de no bloquear la candidatura turca.

Pero a la postre -y de ello es síntoma lo dicho- parece que en realidad nunca nos hemos creído eso de que son realmente europeos, de que tienen derecho a expresar sus temores, intereses y/o puntos de vista. Desde aquí nos encanta pensar que caerán de rodillas ante la modernidad occidental hasta el punto de reconocer públicamente que son unos horteras pueblerinos y renunciar a sus dioses. Gran desconcierto cuando se comprueba que compartimos las mismas creencias y similar escala de valores (o restos de la misma). Y no es un problema actual, sino una constante histórica de las relaciones entre Europa occidental y los países del Este, y más en especial del Sudeste: nos suele molestar profundamente que ellos copien, utilicen o intenten emular nuestras iniciativas. Como contrapartida, siempre se mira con sospecha lo que llega de allí: existe una especie de alerta permanente sobre la competencia de sus científicos, la solvencia de sus negocios, la validez de sus ideas, la originalidad de su cultura. Sus sentimientos nacionalistas, al parecer, nos resultan excesivos, como si nosotros no viviéramos inmersos en cotidianos argumentos patrióticos, por no decir, pura y simplemente, chauvinistas.

Gran contraste: los que son bendecidos como hijos pródigos quedan a salvo de cualquier duda. El pasado 1º de febrero, quien esto escribe recibió vía mail una invitación de la Representación de la Comisión Europea en Barcelona para “participar en una visita a Zagreb (Croacia) dirigida a directores de medios y opinadores de Cataluña y las Islas Baleares” que se llevaría a cabo entre los días 3 y 5 de marzo. En la misiva electrónica no se especificaba mucho más, aparte de los horarios de los vuelos y el hotel de la capital croata donde serían alojados los invitados. ¿A qué venía tan generosa iniciativa? Lógicamente, estaba relacionada con la candidatura de Croacia a la Unión Europea, o eso cabía deducir de la opaca nota de invitación. Por teléfono se me informó someramente que el viaje estaría destinado a que los invitados (periodistas, tertulianos y enterados en general) “evaluaran” los méritos del país. Ya se pueden imaginar de qué manera: una comida por aquí, entrevista con un ministro por allá, todo buenas formas, alfombra roja, ambiente en rosa. Desde luego: previamente se habían organizado viajes similares para otros candidatos, como Rumania o Bulgaria. No, no se sabía nada de un posible viaje similar a la salud de la candidatura de Turquía. No, por supuesto, la visita no se hacía a instancias de algún lobby o país pro-croata en el seno de la Comisión Europea.

La información que me facilitaron algunos de los participantes a su regreso, cuadraba con la impresión que ofrecía la convocatoria: un breve festival del ditirambo y el piropo a mayor gloria del candidato balcánico. Desde entonces, no han cesado de aparecer en los medios de comunicación señales de que “alguien” ha decidido darle un firme empujón a Croacia. Precisamente ahora, ha comenzado en el TPI de La Haya el juicio contra Ante Gotovina y los principales responsables de la limpieza étnica en la Krajina en agosto de 1995. Al general croata se le considera en su país
un héroe de guerra, de la misma forma que en Serbia se hace con el general Mladic. Lo interesante del caso es que, al parecer, en el tribunal se está aceptando este planteamiento: su defensor, el abogado Gregory Kehoe, no tiene empacho en abundar sobre esa versión, señalándolo como “responsable de la paz” en los Balcanes y el “hombre que logró detener al general serbio Ratko Mladić, cuya intención era unir Krajina con los territorios serbobosnios” o que “puso fin a la matanza perpetrada por los serbios”. A pesar de las reconvenciones del juez Orie, más dirigidas a la forma que al fondo, la estrategia del defensor parece ir dirigida a obtener el respaldo popular de Croacia, que como inminente miembro de la UE y la OTAN, ha de serlo libre de polvo y paja, y no puede tener a su más brillante general condenado como criminal de guerra. ¿Lo admitirían Bruselas, Berlín o Washington? Además es dudoso que Gotovina relate ante el tribunal el grado de coordinación que mantenía con sus asesores norteamericanos durante la ofensiva “Oluja” en agosto de 1995. Ni que salga a relucir el número de víctimas mortales entre la población civil, superior al sufrido en Srebrenica. O las bajas sufridas por el contingente de cascos azules de la ONU ante sus tropas.











Cabecera de una de las numerosas páginas web mantenidas por asociaciones nacionalistas de emigrantes croatas en América o Australia, a favor de la absolución de Gotovina en La Haya

En realidad, el teatro que se está montando es importante. “Barroso espera la adhesión de Croacia para el año que viene” –proclamaba hace un par de días el diario “El País” (13 de marzo, 2008) en crónica procedente de Reuters. Hasta hace poco, el único obstáculo serio que parecía existir era la reclamación croata de derechos territoriales en el Adriático a fin de salvaguardar sus recursos pesqueros: su flota sólo captura una décima parte del tonelaje de la italiana (200.000 Tms. anuales). Pues bien, dado que el miércoles pasado el Parlamento croata votó por mayoría simple la plena devolución de los derechos de pesca a los países de la UE, el cielo quedó abierto, y sin muchos más trámites, el presidente de la Comisión anunció que Croacia debería concluir sus negociaciones en el 2009 para convertirse en el siguiente país en ingresar en la Unión Europea”.


(Continuará)

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sábado, marzo 01, 2008

La OTAN se la juega en Kosovo y Afganistán












Reacción internacional a la autoproclamación de independencia de los albaneses de Kosovo. En naranja, los países que han adoptada una postura francamente contraria; en un tono más claro, aquellos que han expresado su disgusto por la medida; en ocre, los que no tienen una posición clara. En gris, los que no han expresado opinión al respecto. En azul, los que han reconocido, y en tono más claro, aquellos que lo harán. El mapa proviene de Wikipedia y se puede ampliar y presionando con el puntero sobre la imagen. Para actualizarlo, pulsar en el link de Wikipedia.



Como es habitual cuando estalla una crisis balcánica, y eso desde 1821, en que los griegos se alzaron para obtener la independencia del Imperio otomano, en Occidente se desatan pasiones que, con el tiempo, acaban tomando formato futbolístico. Los artículos de opinión firmados por todos y cada uno de los comentaristas habituales de los periódicos -dado que cada uno se siente obligado a posicionarse- y las cartas al director que no cesan de llegar a las redacciones, suelen enfocar el asunto desde el ángulo estricto de la más pura teoría acompañada, a veces, de alguna ocurrencia original, más ingeniosa que la del vecino, aunque en el fondo todos se atienen a tres o cuatro posiciones básicas. Por lo tanto, el problema de tal tipo de debates sobre arbitraje, reglas, penalties y declaraciones de los entrenadores, es que contribuyen a congelar los términos del problema real y por lo tanto, evitan su resolución y contribuyen a perpetuarlo o diseminarlo.

Pero los tiempos cambian, y mucho se ha transformado el mundo y sus circunstancias entre 1991 y 2008; o incluso desde 1999, fecha de la anterior crisis kosovar. Por fortuna, para el caso del nuevo incidente en la zona, tenemos a mano un interesante baremo susceptible de medir el impacto positivo o negativo del hecho histórico que nos ocupa: el mapa de los países que han accedido a reconocer la independencia kosovar o que, por alguna razón no lo han hecho todavía o no lo harán.











Perros que deberían seguir dormidos: La cuestión kosovar ha reabierto el debate nacionalista en Argentina sobre las Malvinas, ahora ya sin Junta Militar de por medio. En la imagen, bandera argentina con el perfil de las islas en su centro, actualmente... ¿parte del territorio de la UE?


En un primer nivel de rechazo o cautela, se sitúan las nuevas potencias emergentes: China, Brasil e India. Parece evidente que estos nuevos poderes, que dentro de pocos años tendrán un peso decisivo no sólo en la economía sino en la política internacional, no pueden ver con simpatía la perpetuación de actos de fuerza al estilo del perpetrado por el “trío de las Azores” en 2003, incluso aunque en este caso toda una serie de países europeos se hayan alineado con el núcleo decisorio original (los Estados Unidos y Gran Bretaña) no sin reticencias de sectores íntegros de sus fuerzas políticas internas (caso de Alemania, por ejemplo). Podemos objetar que todo termina olvidándose y que ya pasarán por el aro. Puede ser; o no, dado que las nuevas potencias emergentes lo son y ejercerán como tales en el futuro, justamente porque no pretenden alinearse con el Nuevo Orden proclamado por George Bush a comienzos de los noventa.

Rusia, por supuesto, es una potencia “reemergente” y tiene sus propios intereses hegemónicos en esta cuestión. Pero por lo visto, el menor o mayor nivel democrático de su régimen la excluye por razones “morales” del actual litigio. No se pensó lo mismo en junio de 1999, cuando Moscú contribuyó a votar la resolución 1244 en las Naciones Unidas, que terminó el conflicto armado desencadenado por la OTAN contra los restos de la última Yugoslavia. Pocos meses antes, el debate sobre la crisis de Kosovo había sido puenteado en base a que Rusia no sintonizaba con la intervención armada que se pensaba votar; ahora, nueve años más tarde, se recurre al mismo mecanismo. En realidad, los credenciales democráticos de Rusia suben y bajan a ojos de los occidentales en función de las bases militares en Asia Central que Moscú desee ceder y su disponibilidad para apoyar algunas aventuras militares occidentales; las facilidades ofrecidas a los especuladores extranjeros o el precio del gas y el petróleo; y en general y a ojos de Washington, está en razón inversa del nivel de acercamiento a Europa.














Proyectada bandera de la posible República de Taiwan, si llega a consumarse la separación entre las dos Chinas. Otra polémica reabierta muy lejos geográficamente de Kosovo y con una entidad real mucho mayor. El 14 de marzo de 2005 China aprobó la Ley Anti-Secesión, que autoriza de forma explícita el uso de la fuerza para recuperar el control de un territorio sublevado. En Europa, nadie opina sobre estos problemas.

Aparte de Canadá, donde al parecer el asunto kosovar podría reabrir de nuevo, una vez más, la cuestión del Quebec, el mapa de los poco favorables a reconocer la independencia kosovar se extiende por casi toda América Latina. Claro está que Venezuela la rechaza, como era de prever. Pero también lo hace Argentina, donde se ha reabierto la cuestión de las Malvinas, islas argentinas dependientes de la UE; y Bolivia, donde el presidente Evo Morales teme por la provincia de Santa Cruz. O Brasil, ya mencionado antes en el grupo de las nuevas potencias. Es normal esa reticencia: si los “gringos” han logrado redibujar de nuevo las fronteras europeas en pleno 2008, ¿qué no podrán hacer con las del continente donde la doctrina Monroe se aplicó de forma particularmente abusiva? Esa reacción es todavía más ostensible en África, continente que casi en su integridad ha rechazo ni siquiera pronunciarse sobre la soberanía kosovar. Y que tiene una experiencia muy reciente sobre lo útiles que pueden ser los estados títere, creados sobre la marcha, para las jugadas de las grandes potencias occidentales. Recordemos, además, la reciente penetración china en el continente negro. Por lo tanto, es muy posible que el debate sobre la independencia kosovar en las Naciones Unidas hubiera contado con más oposición que la rusa, como se nos quiere hacer creer.

Pero ha sido en los Balcanes donde la reacción adversa ha resultado más contundente. Aparte del conocido caso de Chipre y por supuesto, la misma Serbia, ni Rumania, ni Bulgaria, ni Grecia –tres socios de la UE- han querido reconocer la independencia kosovar. Bosnia y Montenegro siguen sin pronunciarse , en parte porque la “solución” kosovar amenaza de una forma u otra su propia arquitectura estatal. Por lo tanto, lo que debería de haber sido una aportación a la estabilidad de los Balcanes, ha resultado ser todo lo contrario. Y lo peor es que ha puesto en entredicho las expectativas de que la UE sería el vehículo más seguro, el único posible para la superación de los conflictos interétnicos en la zona a partir de la progresiva disolución de las fronteras en un espacio económico común. Esto queda bien en evidencia para el caso de Rumania, donde grupos nacionalistas húngaros de Transilvania ya se manifestaron por las calles de Cluj expresando sus simpatía por Kosovo, un conflicto que, expresado de esa forma, llevaba ya más de dieciséis años.












Bandera del estado-protectorado de Bosnia-Herzegovina. La independencia no trajo la solución de los problemas de esa región europea. Dejar pasar el tiempo, tampoco.

Y ese es precisamente uno de los problemas que se están poniendo de relieve ante la situación. El de aquellos que se encogen de hombros y opinan que “todo pasará”, que de aquí a dos días nadie se acordará del contencioso, que unos y otros bajarán la cabeza, terminarán por reconocer a Kosovo y “tal día hará un año”, como reza la expresión popular. Pues justamente, ese es uno de los errores. Tal cosa se pensaba precisamente en junio de 1991, cuando se avecinaba la autoproclamación de independencia de Eslovenia y Croacia. Pelillos a la mar, todo pasará, tragarán; la eterna huida hacia adelante, el hecho consumado que tanto complace a las potencias occidentales, incluyendo, en su momento, el Tercer Reich.

A su vez, el hecho consumado impone el doble rasero. Y así llevamos ¡diecisiete años!, con un rosario de cinco guerras, sólo en las repúblicas ex yugoslavas. Eslovenia ha entrado en la UE, Croacia pronto lo hará: cuenta con buenos aliados europeos, que saben hacer discreta política lobbista. Las cuestiones morales y éticas que tanto se aplican a Rusia, resultan políticamente incorrectas referidas a Eslovenia y Croacia, cualesquiera que fueran sus responsabilidades en la cadena de guerras que asolaron la implosionada Yugoslavia. Y quizá, sino no hubiera sido por ellos, sus particulares intereses y los de aquellos países muy concretos que los secundaron, toda la ex Yugoslavia sería ya miembro del club europeo. Sin necesidad de disolver fronteras bautizadas con sangre, sin tener que dar un largo rodeo por el siglo XIX para llegar al XXI con todos esos debates seudo académicos sobre la “legalidad” o no de soberanías ganadas a punta de cañón, como fue en el caso de los Balcanes occidentales.

Todo el mundo acabó accediendo, esas independencias fueron reconocidas, Eslovenia es un miembros honorable y hasta ocupa la presidencia de la UE, con lo cual contribuye, por su parte y de nuevo, a la cada vez más escasa credibilidad política del club. Y es que el mundo está cambiando demasiado velozmente para los vetustos trucos, la política de las cañoneras, la vieja doble moral y las armas de destrucción masiva que, como todo el mundo sabe, existen y algún día se demostrará. ¿O no? Da igual, fue otro hecho consumado basado en una ficción de esas que se escenifican en Washington o Londres, convertidas más adelante en nueva legalidad fulgurante.

Por eso Kosovo ya no pertenece a los Balcanes, ni éstos a Europa. Esa es asimismo la razón de que, una vez más, como en 1999, la necesidad de justificar la viabilidad de la OTAN haya tenido un papel nada desdeñable en la tozudez norteamericana para aplicar la solución que ya había programado por entonces para Kosovo. Ahora, cuando todo va cada vez peor en el lejano Afganistán, cuando se debe ir preparando la retirada, la OTAN tiene que presentar balance positivo en, al menos, una de los dos campañas militares que emprendió. Seguir en Kosovo sin aplicar la “solución” que fue planeada, sería una amenaza demasiado contundente para la continuidad de una alianza militar que hasta hace bien poco, nadie sabía ya para qué servía. Por lo tanto: autodeterminación, el asunto pasa a Bruselas, los soldados cambian la bandera de la OTAN por otra más europea, y es la UE quien carga con los gastos y desgastes, financieros y políticos. Misión cumplida.












Nueva bandera de Kosovo, que de forma más que chocante, resulta muy similar a la de Bosnia-Hercegovina. ¿Misma bandera, mismas causas y síntomas, mismo destino?

Entiéndase: la guerra por Kosovo de 1999 se hizo, hipotéticamente, con la intención de que sirviera para derribar a Milosevic. Pero de hecho acaeció casi dos años más tarde, y no se debió precisamente a la operación militar atlantista en la provincia. Si eso era así, ¿cómo devolver Kosovo a Serbia una vez caído el presidente serbio? En buena medida, hubiera significado asumir y proclamar públicamente la inutilidad del gesto, subrayando la humillación con el disgusto de los nacionalistas albaneses y el regocijo de los serbios. Además, había que inducir al olvido el por qué de la operación militar de 1999, que en su momento fue un ejercicio para demostrar que el Nuevo Orden era una realidad, a pesar de los pesares; y que en él la OTAN tenía un papel central.

Por lo tanto, tras toda esta operación consistente en imponer internacionalmente el reconocimiento de Kosovo, se esconde la intención real de justificar la utilidad de la operación de la OTAN en 1999, algo tanto más decisivo en estos momentos cuanto que esa misma Alianza Atlántica está fracasando en Afganistán, que es nada más y nada menos que la segunda operación militar que emprendió la organización –y no de tipo defensivo, precisamente- en todo su medio siglo de historia. ¿Un mero detalle? Ni mucho menos: en estos momentos, Washington y Bruselas luchan desesperadamente por imponer urbi et orbi la idea de que la OTAN tiene un sentido, sirve para algo, a pesar del desastre que se avecina. Se están jugando, nada más y nada menos, que la supervivencia de la única organización militar internacional existente en el mundo (aunque pueden aparecer otras, y no precisamente controladas por los occidentales). Y para ello, no dudarán en recurrir a lo que sea, incluso a inventarse una nueva guerra fría totalmente artificial con Rusia, levantada a golpe de enfrentamientos provocados por sistemas defensivos de misiles en Polonia y Chequia, hostigamientos a Serbia o integración de los países del Cáucaso o la misma Ucrania, en la OTAN. La vieja huida hacia adelante, tirada por la vieja troika: fuerza bruta, hechos consumados y doble rasero.
















Going back home
: esta misma semana, el príncipe Enrique fue "oportunamente descubierto" por la prensa sirviendo en Afganistán y reenviado de vuelta a la patria. Las cosas se están poniendo demasiado feas en aquel frente como para seguir utilizándolo en campañas de propaganda triunfalista o para que la Casa Real británica sirva a la OTAN en primera línea

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martes, febrero 19, 2008

Kosovo: primer balance (¿1908-2008?)















Clásico recurso iconográfico de niño ataviado con símbolos nacionales o políticos. Durante los festejos por la autoproclamada independencia de Kosovo, llamó la atención la exhibición de banderas norteamericanas y la ausencia casi total de símbolos de la Unión Europea.




A veinticuatro horas de la autoproclamada independencia de Kosovo ya se pueden comenzar a extraer algunas conclusiones, aunque sean rápidas:

-Washington-Bruselas (creo que es correcto hablar de este orden de importancia y no otro) han aplicado su plan de acción tan rígidamente como Moscú. No parece que las consecuencias a medio plazo de la maniobra estén realmente calculadas, basándolo todo en el efecto “huida hacia adelante” y la política de hechos consumados.

-La primera cosecha de efectos negativos es la mala acogida que ha tenido la iniciativa en el ámbito balcánico. Aunque las noticias son un tanto contradictorias, no cabe duda que exceptuando el caso de Croacia –por fidelidad total ante Washington-Bruselas- o el Macedonia (porque no pueden hacer otra cosa que confiar ciegamente en sus protectores teóricos) y, desde luego, el seguro satélite albanés, el resto de los estados balcánicos han puesto proa o mala cara a la iniciativa de reconocer la autoproclamada independencia de Kosovo. Hablamos nada menos que de: Rumania, Bulgaria, Bosnia, Grecia y Chipre, aparte, lógicamente, de Serbia. Por lo tanto la estrategia de Washington-Bruselas ha conseguido lo impensable hace poco: unir en mayor o menor medida, por activa o por pasiva, a países tradicionalmente enfrentados en la zona


















"Hotel Victory" en Pristina, con su propia réplica de la Estatua de la Libertad en la terraza

-Se está generando una crisis de confianza en la UE. Debemos recordar que hasta hace poco, la idea central era que la integración sería un vehículo para superar contradicciones y conflictos en los Balcanes que parecían imposibles de solucionar. Pues eso no es lo que está resultando de todo este asunto. La imagen que está ofreciendo Bruselas es la de una “Unión Europea de las hegemonías”, en la cual un grupo central toma las decisiones y los demás pasan por el aro. La gama de posibilidades es bastante desagradable. Recordemos, por ejemplo, que no hace mucho, Paris y Berlín dejaron bastante claro quién era su caballo ganador en las elecciones generales españolas del próximo mes de marzo. Eso también contribuye a explicar el malestar de Madrid en las actuales circunstancias. En realidad, la manera de actuar de la UE en los Balcanes no difiere mucho de la que hubieran adoptado las potencias hegemónicas de Europa hace un siglo. De hecho, es el perfecto aniversario: 1908-2008. La primera de esas fechas señala la anexión por el Imperio Austro-Húngaro del protectorado que era entonces Bosnia-Hercegovina, lo que llevó a la Gran Guerra cinco años más tarde.

-Con respecto a Rusia, se le está cargando con la culpabilidad de las posibles consecuencias de una maniobra mal pensada. ¿Por qué “la solución menos mala” era la independencia de Kosovo? ¿Por qué reconocer fronteras e independencias que luego no son reales y en el futuro se habrán de diluir en el seno de la UE? Si Bruselas hubiera dejado bien claro que Serbia y Kosovo entrarían juntos en la UE a diez años vista o menos, dejando para entonces la cuestión de las soberanías, otro hubiera sido el panorama. A cambio, en Europa occidental nos enzarzamos con frases sobre la “maldad de Putin”, “Rusia contra el mundo”, etc. En realidad, ha sido George W. Bush el que, en las postrimerías de su mandato, ha logrado debilitar a la UE con sus ideas y soluciones, coladas a través de los primos británicos, con el concurso de un presidente “Sarkoyes” en caída libre; y una Alemania que quiere hacerse perdonar y olvidar la jugada de 1991, cuando reconoció la soberanía de Croacia por su propia cuenta, dejando en evidencia a Bruselas.

-Hemos de temer que con Rusia se esté recurriendo al conocido esquema de las “predicciones autocumplidas”. Se insiste en que se está convirtiendo en una potencia peligrosa y se le hostiga para que reaccione así. Luego aprovechamos para pedirle precios rebajados para el petróleo y el gas; y como no aceptan el chantaje, más de lo mismo. Y de paso, le damos la razón a los tramposos ucranianos, que aprovechan para colar a los clientes occidentales gas y petróleo de peor calidad, cobrando a precio ruso y embolsándose la diferencia.

-Como conclusión genérica respecto a la sugerencia de que la independencia de Kosovo ha contribuido a generar “mayor democracia” o “descentralización” a escala internacional, la idea es de una ingenuidad evidente. Si lo ocurrido demuestra que las fronteras del odiado estado nación no son intangibles, desde luego tampoco lo serán para el nuevo estado nación kosovar. Ni para ninguna república, europea o no, que se autoproclame como tal en los próximos años. Todo dependerá del grado de utilidad que le reporte a la potencia de turno que, por cierto, no va a consentir ese tipo de planteamientos dentro de las suyas propias.

A continuación sigue un interesante artículo de "The Guardian" remitido por Luis Lidon, de EFE Viena a la lista Balkan.




















El presidente Bush revisa al Cuerpo de Protección de Kosovo (TMK) que, curiosamente, luce un uniforme de gala con gorras y charreteras de estilo ruso. Junio de 2007

"The Guardian", Tuesday February 19 2008

A postmodern declaration

Kosovo's sovereignty is a fiction: real power lies with EU officials backed by western firepower

John Laughland

There seemed to be no immediate consequences when, in 1908, Austria annexed Bosnia-Herzegovina. Vienna was in clear violation of the 1878 Treaty of Berlin, which it had signed and kept Bosnia in Turkey, yet the protests of Russia and Serbia were in vain. The following year, the fait accompli was written into an amended treaty. Six years later, however, a Russian-backed Serbian gunman exacted revenge by assassinating the heir to the Austrian throne in Sarajevo in June 1914. The rest is history.

Parallels between Kosovo in 2008 and Bosnia in 1908 are relevant, but not only because, whatever legal trickery the west uses to override UN security council resolution 1244 - which kept Kosovo in Serbia - the proclamation of the new state will have incalculable long-term consequences: on secessionist movements from Belgium to the Black Sea via Bosnia, on relations with China and Russia, and on the international system as a whole. They are also relevant because the last thing the new state proclaimed in Pristina on Sunday will be is independent. Instead, what has now emerged south of the Ibar river is a postmodern state, an entity that may be sovereign in name but is a US-EU protectorate in practice.

The European Union plans to send some 2,000 officials to Kosovo to take over from the United Nations, which has governed the province since 1999. It wants to appoint an International Civilian Representative who - according to the plan drawn up last year by Martti Ahtisaari, the UN envoy - will be the "final authority" in Kosovo with the power to "correct or annul decisions by the Kosovo public authorities". Kosovo would have had more real independence under the terms Belgrade offered than it will now.



Restaurante de comida rápida en Kosovo ("kebabs") inspirado en la cadena MacDonalds. Fotografía procedente del blog madisonian.net

















Those who support the sort of "polyvalent sovereignty" and "postnational statehood" that we already have in the EU welcome such arrangements as a respite from the harsh decisionism of post-Westphalian statehood. But such fictions are in fact always underpinned by the timeless realities of brute power. There are 16,000 Nato troops in Kosovo and they have no intention of coming home: indeed, they are even now being reinforced with 1,000 extra troops from Britain. They, not the Kosovo army, are responsible for the province's internal and external security.

Kosovo is also home to the vast US military base Camp Bondsteel, near Urosevac - a mini-Guantanamo that is only one in an archipelago of new US bases in eastern Europe, the Balkans and central Asia. This is why the Serbian prime minister, Vojislav Kostunica, speaking on Sunday, specifically attacked Washington for the Kosovo proclamation, saying that it showed that the US was "ready to unscrupulously and violently jeopardise international order for the sake of its own military interests".

In order to symbolise its status as the?newest Euro-Atlantic colony, Kosovo has chosen a flag modelled on that of Bosnia-Herzegovina - the same EU gold, the same arrangement of stars on?a?blue background. For Bosnia, too, is?governed by a foreign high representative, who has the power to sack elected politicians and annul laws, all in the name of preparing the country for EU integration.

As in Bosnia, billions have been poured into Kosovo to pay for the international administration but not to improve the lives of ordinary people. Kosovo is a sump of poverty and corruption, both of which have exploded since 1999, and its inhabitants have eked out their lives for nine years now in a mafia state where there are no jobs and not even a proper electricity supply: every few hours there are power cuts, and the streets of Kosovo's towns explode in a whirring din as every shop and home switches on its generator. This tragic situation is made possible only because there is a fatal disconnect in all interventionism between power and responsibility. The international community has micro-managed every aspect of the break-up of Yugoslavia since the EU brokered the Brioni agreement within days of the war in Slovenia in July 1991. Yet it has always blamed the locals for the results. Today, the new official government of Kosovo will be controlled by its international patrons, but they will similarly never accept accountability for its failings. They prefer instead to govern behind the scenes, in the dangerous - and no doubt deliberate - gap between appearance and reality.



Remodelación estratégica de fronteras como hipotética solución a los problemas existentes, un clásico proyecto neocon norteamericano: esbozo para rediseñar el "espacio ex otomano", comenzando por Oriente Próximo.

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domingo, febrero 17, 2008

February 17th: Freedom Fighters Day





















Monumento a los caídos del UÇK en la guerra de 1996-1999: Vucitrin / Vushtrri, Kosovo. Obsérvese que el mapa que enmarca la silueta del caído es el de la Gran Albania. Aunque es improblable que se convierta en una realidad a medio plazo, también es cierto que no se trata de "propaganda serbia¨, como argumentan los simpatizantes de la causa albanesa.

Dentro de pocas horas nacerá la “autoproclamada República de Kosovo”, adjetivo que en los últimas décadas la prensa occidental distribuía selectivamente por aquí, callaba por allá y obviaba acullá. Hace ya bastantes años que los dobles raseros se aplican generosamente en diversas regiones del planeta, aquellas que son más dadas a la colonización y división en zonas de influencia que otras. La lista, aplicable a los Balcanes y extensible al resto del espacio ex otomano, es larga y tiene probada profundidad histórica. Eran peyorativamente “autoproclamadas” la República Serbia de la Krajina y lo es la República Turca del Norte de Chipre. Pero no lo es Nagorno-Karabaj, territorio no tan ignoto que ha provocado numerosas tensiones en el Cáucaso, amén de un número crecido de muertes. Eso, mejor meterlo en el cajón.

La verdad es que, aunque pueden cobrar una gran relevancia en un momento dado –las “repúblicas autoproclamadas” son carne de manipulación por excelencia- la exhibición de dobles o triples varas de medir ha tenido momentos estelares en la reciente historia de las crisis balcánicas. Aparte del ya bien conocido “vals de la federación” (“Yugoslavia federal no es factible-Bosnia está destinada a serlo-Kosovo nunca lo será-en Macedonia la solución está ahí, precisamente”) no han faltado grotescos momentos estelares, si no fuera porque terminaron en tragedia. Por ejemplo: el 6 de abril de 1992, la Comunidad Europea reconoció formalmente a la República de Bosnia-Hercegovina. Una de esas “soluciones” de la diplomacia occidental que ignoró olímpicamente el deseo de una mayoría de serbios de Bosnia de abandonar esa república; en este caso, la sagrada “voluntad de la mayoría” no tuvo ningún valor para Bruselas y Washington. Pero, casi peor, en la agenda de ese mismo día 6 de abril estaba previsto reconocer la República de Macedonia. Sin embargo, ese asunto se dejó de lado para no contradecir a Grecia, que por entonces desplegaba una desmesurada campaña nacionalista contra lo que se consideraba una amenaza revisionista. Según el gobierno de Atenas, la homónima región norteña de Grecia era la verdadera Macedonia, mientras que la república ex yugoslava era un invento de Tito, con objetivos descaradamente anexionistas. Sea como fuere, Bruselas demostró una marcada indolencia hacia la soberanía Macedonia, y una innecesaria impaciencia en reconocer la independencia bosnia, que ayudó a precipitar la guerra
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Monumento al héroe del UÇK en la plaza principal de Prizren. Fotografía procedente del blog: "Els viatges del Xavi"

Casi dieciséis años más tarde, estamos ante un caso parecido. Los aplausos orgánicos que escuchamos en occidente hacia la epopeya soberanista de los albaneses de Kosovo, se permiten ignorar los derechos de la minoría serbia, objeto de flagrantes campañas de limpieza étnica ante la indiferencia de la administración internacional. Por lo visto los albaneses “se merecen” la independencia, pero la minoría serbia “no se merece” una especial atención hacia sus derechos. Debe de ser cosa del número exiguo de los que quedan (menos del cinco por ciento de la población total de Kosovo). Aunque si tenemos en cuenta que la definición de genocidio se ajustó en el Tribunal Penal Internacional hasta un mínimo de seis mil personas para poder acusar a Slobodan Milosevic y los líderes nacionalistas serbios de Bosnia de ese crimen en relación con los sucesos de Srebrenica, bien se puede dictaminar que los algo más de cien mil serbios que sobreviven como pueden en Kosovo son una minoría demasiado minoritaria para ser tenida en cuenta, o “reajuste” similar de última hora.

En realidad, los diez años de crisis yugoslavas han ido creando unas lógicas manipuladoras casi mecánicas. Adonde no se llega con unos argumentos amañados, se prueba con otros y sobre todo con las pasiones futbolísticas que embargan incluso a sesudos académicos cuando de Balcanes se trata. Y aquí si que los resultados pueden llegar a ser francamente divertidos, cuando contemplamos alineados en el mismo bando “soberanista” a intelectuales de rancio abolengo progre con derechosos periodistas de imperial pijería. Y ya son ganas de emborronar papeles a mayor gloria de la vanidad sublimada en el “sostenella y no enmendalla”, para terminar haciendo masa coral con lo que no es sino el objetivo de cualquier extremismo político no islamista en la Europa de hoy: conseguir como sea el apoyo norteamericano no sólo para obtener la victoria, sino también para bendecirla. Todo ello bien poco tiene que ver con el derecho a la soberanía de los albaneses de Kosovo y es mero interés coyuntural de un grupo de potencias hegemonistas enfrascados en salir del paso obviando hipócritamente cualquier cosa que no sean sus intereses aquí y ahora.

Desde ese punto de vista, la decisión del gobierno español de no reconocer al nuevo estado “soberano” de Kosovo es consecuente, correcta y valiente. Que no quedó más remedio que llevarla a cabo en una coyuntura internacional desventajosa, de eso no cabe duda. A la vista está: distanciamiento de Bruselas, nuevo desencuentro con Washington y por si faltara algo, aprovechamiento desconsiderado de Moscú en beneficio de su propio guión –y como venganza, habitual desde hace años, contra la figura y significado de Javier Solana, en 1999 al frente de la OTAN y ahora, en decisivo cargo comunitario.



















Iconografías similares, valoraciones diferentes: Miembros del Real IRA se entrenan en uniformes de campaña ya en 2001

¿Se dio ese paso en nombre de la preservación de las españolísimas esencias patrias? Parece evidente que ese debe ser el caso desde las filas del Partido Popular. Pero, obligaciones del peculiar momento de la campaña electoral al margen, la decisión del gobierno de Zapatero tiene otro trasfondo. Porque lo que se debate aquí no es la vieja discusión bizantino-politológica sobre la intangibilidad de las fronteras realmente existentes o el hipotético “efecto dominó” sobre los soberanismos celtibéricos. La cuestión es otra.

El problema central, que lógicamente no vamos a encontrar debatido en la prensa democrática occidental, es que Washington y Bruselas están reconociendo de facto y de iure, la validez de la vía armada para conseguir objetivos políticos nacionalistas en el continente europeo. O más precisamente, el viejo principio básico de "acción-reacción" de los grupos guerrillerosa y terroristas desde hace más de un siglo. Porque no representa otra cosa el hecho de que el actual primer ministro albanés de Kosovo sea Hashin Thaçi, un antiguo comandante guerrillero del UÇK cuyo nombre en clave era “Serpiente”. O que otro anterior primer ministro, Ramush Haradinaj, también antiguo líder militar del UÇK, esté siendo juzgado en el TPI de La Haya por crímenes de guerra.

Lógicamente, como antídoto a cualquier tentación de aproximarse demasiado a esta delicada cuestión, los apologetas del guión desarrollado en Washington y aplicado desde Bruselas insisten una y otra vez que se le está concediendo la independencia a los albaneses como una especie de premio a sus sufrimientos o de compensación a la abolición de su autonomía en 1989 por obra de Slobodan Milosevic. En realidad, la intervención de la OTAN en 1999 no se produjo en base a esas cuestiones. En el verano de 1996, quien escribe estas líneas visitó Kosovo, donde comenzaba a oírse hablar de los atentados de un misterioso grupo nacionalista albanés contra policías y administradores serbios, amén de los “colaboracionistas” albaneses. Pues bien, la gran mayoría de los albaneses kosovares a quienes entrevistó dijeron no saber nada de “aquella gente” violenta, que posiblemente no eran “de por allí”. Rugova, el líder de la Liga Democrática de Kosovo, la opción mayoritaria, gradualista y no violenta de soberanismo albanés en Kosovo, negaba de forma vehemente y reiterada, que los activistas del UÇK existieran: eran “meras provocaciones de la policía serbia”. Por entonces, los diplomáticos occidentales en la zona no querían oír hablar de aquel feo asunto de Kosovo, cuando hacía pocos meses que se había logrado concluir la guerra de Bosnia. ¿Qué es ese cuento de hadas de que la UE –o determinados socios de la UE- están reconociendo estos días los méritos también de esa opción moderada? Si el UÇK no hubiera empezado a liarse a tiros a lo largo de 1996, profusamente equipados con armas procedentes de Albania al año siguiente, muy diferente hubiera sido la historia. La OTAN nunca hubiera intervenido para apoyar a Ibrahim Rugova y sus seguidores. De eso no hay la menor duda, porque precisamente lo que produjo la aparición del UÇK fue la conciencia de que la opción gradualista del LDK no parecía llevar a la deseada intervención occidental después de que en 1995 los occidentales reconocieran en las conversaciones de Dayton las fronteras de Bosnia, sí; pero también las de Croacia y Serbia, y en éstas se incluía Kosovo. Eso lo saben ahora y lo sabían entonces los albaneses de Kosovo, y de ahí la proliferación de un verdadero culto al combatiente del UÇK expresado en estatuas de regusto stalinista en varias de las ciudades y pueblos de Kosovo, o en las decenas de monumentos a los caídos, que también están presentes en la zona albanesa de Macedonia, con gran profusión de insignias y banderas.






















1958-2008: este mismo año se cumple el medio siglo de existencia de ETA. Conmemoriaciones inoportunas en coincidencia con iconografías similares bendecidas precisamente en estos mismos días por Washington y algunos miembros de la UE

Uno estaría incluso tentado de suponer que Washington y Londres esperaron a que se solucionara el conflicto del Ulster para impulsar la independencia de Kosovo. Porque ese doble rasero sí que resultaba totalmente insostenible. Por otra parte, hoy puede parecer inimaginable que algún día ETA pudiera ser reconocida en Euskadi en términos parecidos a como el UÇK lo fue en Kosovo. Pero si no es así, es bien cierto que el precedente kosovar sí puede convertirse en la base de la utilización del radicalismo armado vasco –por ejemplo- como forma externa de presión sobre el gobierno de turno en Madrid. De hecho, la estrategia de apoyar a grupos radicales le fue bien a Washington durante la Guerra Fría –incluso a costa de subvencionar a Bin Laden y similares “freedom fighter” en Afganistán- y ahora parece retomar la idea: ahí está residiendo, dicen, el éxito del plan de pacificación de Irak: en apoyar a unos contra los otros. Y es que subvencionar grupos armados radicales puede resultar muy rentable. Cuatro fusiles por aquí y dos pistolas por allá, y ya tenemos organizado un grupo armado de "freedom fighters" que puede convertirse fácilmente en instrumento de poder y autoridad. Un líder guerrillero convenientemente afeitado o al menos con un traje caro, puede devenir en estadista aceptable, incluso con un aura romántica de la que carece el político civil de toda la vida. Pero eso sí: el grupito y su líder han de saber claramente quién es el amo, quién manda allí en último término.

Entendámonos: eso, al fin y al cabo, puede que ni siquiera suponga una gran ventaja a largo plazo para la opción violenta y radical objeto de las atenciones de Washington. El margen de acción política real y de soberanía que le queda a Thaçi no es envidiable, y ese es el final de la historia tras años de ardua lucha. Hoy en día, ningún movimiento radical armado tiene posibilidades de éxito en Occidente sin el respaldo de Washington. El IRA es un ejemplo bien claro; también el UÇK, desde luego, pero es que incluso Al Fatah tuvo que ponerse en manos de la CIA hace bien poco tiempo. La verdad es que si yo fuera un activista radical europeo estaría preocupado ante el mensaje que supone la respaldada proclamación de la independencia kosovar: hoy por hoy, si no están los americanos detrás, olvídate. Y en el mejor de los casos, serás un mero peón en manos del Tio Sam. Ahí tenemos a los miles y miles de albaneses que ya están celebrando la independencia agitando obsesivamente banderas norteamericanas con el mismo valor sentimental que la albanesa –que por cierto, no debería ser la enseña del nuevo estado kosovar-. Esas banderas americanas se las frotan los interesados por las narices a la familia europea, a los países del club UE, a Bruselas. Muy poquitas parecen ser las enseñas azules de la Europa comunitaria que se agitan en Kosovo. Por lo tanto, y ya que las fronteras del mundo parecen haberse vuelto elásticas, para regocijo de algunos, pues quizás sería el momento de proponer a los norteamericanos que adoptaran a Kosovo como un nuevo estado de la Unión.

Lo que, en todo caso, resulta un tanto incomprensible es esa idea de que la integración en la UE aportará la solución de los problemas en la zona. Ahí tenemos a los países balcánicos, pero europeos a la postre, haciendo piña contra el reconocimiento de la independencia de Kosovo. Ya no sólo son Serbia (lógicamente), Rumania, Chipre, Grecia y Bulgaria, sino también Bosnia. Son todos estados balcánicos con nutridas minorías nacionales y situados, precisamente en los Balcanes. ¿Cómo pueden demostrar entusiasmo ante lo que está ocurriendo a pocos kilómetros de sus fronteras? Parece lógico que ni siquiera se fíen de las ideas de Bruselas miembros locales de la UE, como Rumania, Bulgaria, Grecia y Chipre. Tampoco lo hace Eslovaquia, que no es un país balcánico pero sí desconfía de lo que pueda ocurrir con su minoría magiar.























Adem Jasari, uno de los mitos de la primera rebelión del UÇK, allá por 1996, muerto dos años más tarde. Ese es el origen real de la intervención OTAN en la zona que llevó indefectiblemente a la independencia proclamada hoy

Por lo tanto, la UE no está resultando nada tranquilizadora. Y menos aún actuando a dictado de Washington. Pero aún poniéndole toda la buena fe del mundo, toda la candidez bienintencionada de la que (aún) podamos ser capaces, ¿qué sentido tiene montar todo este circo de la independencia kosovar si se supone que de aquí a pocos años ese país, junto a Serbia y los demás formarán parte de la UE en un único mercado común, con instituciones financieras y legales conjuntas y unas fronteras medio disueltas por el “espacio Schengen”?¿Si las fronteras son hoy en día relativas y no son en absoluto intangibles ¿por qué construimos más y las bendecimos una y otra vez?






"El Periódico", 16/2/2008
LA DECLARACIÓN UNILATERAL DE INDEPENDENCIA DE LA REGIÓN SERBIA

Kosovo es el comienzo


Bruselas está tirando piedras a su propio tejado: tres de los cinco países que rechazan el nuevo Estado son miembros de la UE

Si los albaneses macedonios deciden irse con los kosovares sí que tendremos un problema serio

La proclamación de la independencia de Kosovo el próximo día 17 es presentada por muchos analistas, con más pasión que otra cosa, como el final de un proceso iniciado hace casi veinte años. En realidad, es más de lo mismo por lo que toca a la situación interna del nuevo estado; y a la vez, el comienzo de algo nuevo a escala internacional.

Que los fastos no nos engañen: la independencia