lunes, febrero 26, 2007

Sociedades civiles musulmanas

Dahiye, Beirut, 15 de agosto de 2007: la foto ganadora del World Press Photo. Autor: Spencer Platt, de Getty Images. Esta copia proviene de la web de fotografía Caborian




Ayer, el diario "El País", separata "Domingo", publicó un interesante reportaje firmado por Gert Van Langendonck dedicado a la "foto del año", esto es, la ganadora del World Press Photo, de Spencer Platt (Getty Images). El fotógrafo cuenta cómo el pasado 15 de agosto deambulaba por el Dahiye, suburbio al sur de Beirut bombardeado por los israelíes durante la guerra de un mes que acaba de finalizar. De repente, por entre la destrucción y los miles de refugiados, apareció un descapotable rojo ocupado por cinco chicas y conducido por un joven. En la pieza, Platt afirma: "Me gustó porque porque mostraba el otro lado de la guerra: el Beirut estupendo". En el reportaje, Gert Van Langendonck reúne a los protagonistas de la instantánea y cuenta su historia: un grupo de jóvenes libaneses cristianos en su veintena, con una amiga musulmana. En la entrevista, los chavales tratan de justificarse: aquel era su barrio, habían ido a ver los daños sufridos en el domicilio familiar, hacía calor y por eso iban con ropa ajustada y gafas de sol de diseño, una de las chicas trabaja en una ONG... Y sobre todo, no pertenecen a la burguesía cristiana.

Pero quizás, el mejor argumento lo aportó Noor Nasser, la única musulmana del grupo: "Somos libaneses. Nos vestimos así todos los días. Cualquier otro día, nadie se habría fijado en nosotros, ni siquiera en el Dahiye". Y efectivamente, compruébenlo: ninguna de las personas que roden el automóvil está reparando en él. Parece que la escena sólo le llamó realmente la atención al fotógrafo norteamericano, quizá presa él mismo de los estereotipos occidentales. Líbano es un país mayoritariamente musulmán, aquel era un barrio básicamente chií y controlado por Hezbollah, recién destruido por los israelíes, y aquel coche ocupado por lo que en apariencia era un grupo de jóvenes pijos, no cuadraba en el conjunto.

Al margen de lo que hicieran realmente los protagonistas de la fotografía en aquel escenario, tiene razón Noor Nasser: ellos son libaneses, forman parte de una sociedad civil libanesa muy desarrollada, más acostumbrada a la convivencia cotidiana que a la confrontación violenta. Las jóvenes del Morris Cooper no llevaban velo ni mostraban cautela o miedo; estaban en su barrio y formaban parte de ese Beirut que Platt, acertadamente, califica de "estupendo". Por lo tanto, el jurado de la World Press Photo ha tenido un gran acierto con el premio, porque la instantánea es en sí misma la muestra de una realidad social interesante: todo lo contrario de los estereotipos facilones a los que suele acudir la prensa fotográfica habitualmente.

















La enorme manifestación de despedida a los restos de Hrant Dink toma por la céntrica avenida Istiklal de Estambul. Es una de las fotografías tomadas por Andrés Mourenza, Rike Kalthoff y Selahattin Kaplan



Hace pocos días, el pasado 10 de febrero, Andrés Mourenza reproducía en su blog algunas fotografías tomadas por él mismo y algunos amigos, de la manifestación organizada en Estambul tras el asesinato de Hrant Dink. En total, seis instantáneas que por sí mismas testimonian sobre la diversidad de los que integraron la enorme despedida: viejos y jóvenes, cristianos y musulmanes, mujeres con velo procedentes del interior de Anatolia: la sociedad civil turca, rechazando la acción aislada del ultranacionalismo violento. Mourenza, que se está convirtiendo en el mejor periodista español experto en Turquía -ojalá pronto lo contrate alguno de nuestros grandes periódicos y ponga un poco de orden en el tema- me remitió también el link con el artículo que le habían publicado en "El Periódico" el pasado 24 de enero, ilustrado por una descriptiva fotografía de Reuters. Por desgracia, la mayoría de los periodistas han considerado que el scoop informativo y el hecho ilustrativo de lo que es Turquía en enero de 2007 estaba en el asesinato de Dink, no en la respuesta ciudadana. Si Spencer Platt hubiera cometido el mismo error, no le hubieran dado nunca el premio de la World Press Photo.

Tercera aparición del asunto en la prensa de las últimas semanas: Enric González, corresponsal de "El País" en Roma, entrevista a Pinar Selek, socióloga y feminista turca, acusada en 1998 de participar en un atentado del PKK. Tras pasar dos años en prisión y quedar demostrado que no tuvo nada que ver en lo que, de hecho, fue una explosión de gas, continúa procesada tras recurrir el fiscal. A pesar de ello, pudo salir de Turquía para participar en un seminario sobre feminismo organizado por el Instituto Cervantes de Roma. El periódico publicó la entrevista el pasado 12 de febrero en su página 43. Es muy recomendable la lectura de la entrevista, no exactamente por las preguntas de González, notablemente tópicas, sino por las afiladas respuestas de Pinar Selek.


Pinar Selek, sale de prisión, esposada, para su procesamiento

















"Turquia parece condenada a elegir entre el nacionalismo del Ejército y el islamismo" -pregunta, casi afirmando el periodista. La respuesta de Selek pone las cosas en su sitio: "Hay una tercera vía. Y el islamismo no representa un auténtico problema. En realidad, el actual Gobierno, con un fuerte componente islámico, ha sido votado por personas de izquierda que no se sentían con ánimos de votar a la izquierda política, demasiado dogmática y prohibicionista. Lo que quiere la gente es democracia, no islamismo. No hay que confundir a los musulmanes con los islamistas. Y la religión musulmana se practica en Turquía de forma mucho más relajada que en otros países". Enric González vuelve a al carga: "El asesinato del periodista Hrant Dink y la fuga por amenazas [sic] de Orhan Pamuk, premio Nobel de Literatura, parecen indicar una involución". Y la sociólga continúa poniendo los puntos sobre las íes con su respuesta: "El proceso es duro, no hay duda. Pero la dinámica hacia la democracia existe. Las manifestaciones son muy abundantes, y no hay que mirar sólo lo que ocurre en Estambul o Ankara. También hay movilizaciones en las pequeñas ciudades de las zonas rurales. Como activista del feminismo le aseguro que florecen por todas partes, incluso en las regiones más rurales y atrasadas, pequeñas cooperativas y asociaciones de mujeres. Lo que ocurre no es muy distinto de lo que ocurría en España en los últimos años de la dictadura: la sociedad va por delante del régimen político".

Un aplauso para Pinar Selek por sacar a relucir a la sociedad civil turca, aunque debe reconocerse que Enric González se lo pone a huevo con su insistencia en sentido contrario: "En las calles turcas hay más y más mujeres con la cabeza cubierta con el pañuelo tradicional". Respuesta: "Eso no significa gran cosa: a nuestras reuniones acuden también mujeres con el pañuelo. El movimiento feminista es fuerte. Por la vía del diálogo, entrevistándonos uno a uno con muchos diputados, hemos conseguido cambiar el código civil en lo referente a los matrimonios. Ahora, el marido tiene que compartir sus bienes con la mujer. También se ha modificado el código penal, para combatir los crímenes de honor dentro de la familia. Sigue habiendo malos tratos y asesinatos de mujeres en el ámbito doméstico, pero están perseguidos."

Teniendo en cuenta que Pinar Selek ha sido una víctima real del sistema, en mucha mayor medida que Pamuk (por ejemplo) resulta admirable el temple que conserva para poner las cosas en su sitio. Reitera que el movimiento feminista turco confía en el proceso de integración en la UE, "pero la UE no debe caer en las provocaciones, e incluyo en esa categoría los asesinatos de gente ilustre, porque hay quien quiere sabotear el proceso de acercamiento. También necesita paciencia. Y tiene que ampliar las vías de diálogo. Turquía no es sólo el Estado. La UE ha de conectar también con la sociedad civil." Aplauso final.

El profesor Atilla Yayla (nuestros periodistas suelen escribir mal su apellido), cuyos estudios sobre la sociedad civil turca han sido publicados en otros países de mayoría social musulmana, como Indonesia. La prensa suele mencionar sus dificultades con los ultranacionalistas, pero nunca escribe sobre sus interesantes estudios científicos. Fotografía publicada en "Zaman"



La cuestión de las sociedades civiles en los países de mayoría islámica es abordado de vez en cuando por la prensa occidental en relación a los acontecimientos centrales de la actualidad informativa, aunque sea de forma tangencial. Por ejemplo, Joaquín Luna publicó, el pasado 17 de febrero en "La Vanguardia", un breve "reportaje de domingo" sobre los iraníes de a pie, en el centro de la tensión nuclear que protagoniza su país. Pero, por regla general, suelen ser piezas secundarias, a veces incluso "casuales" o que incluso parecen tratar la cuestión en contra de la voluntad del autor. Además, terminan formando parte de lo que hace años era definido como "reportaje colorista". En fin: sigue siendo impensable pedirle a la mayor parte de los periodistas que le echen un vistazo a cualquier libro académico especializado, aunque sólo sea de vez en cuando.

Es cierto que no abundan los instrumentos para entender el moderno fenómeno de las sociedades civiles en los países musulmanes, pero alguno hay. Como el libro de Amyn B. Sajoo (ed.), Civil Society in the Muslim World: Contemporary Perspectives, (London: I. B. Tauris, 2002). Y es que la clave sociológica resulta fundamental: es precisamente la marca distintiva de los países de mayoría social musulmana más modernos. Y no sólo eso: los especialistas de esos países son conscientes de su importancia, estudian el fenómeno y comparten sus descubrimientos con los colegas de otros países similares. Un ejemplo: el libro del profesor Atilla Yayla, Civil Society and Market Economy, publicado originariamente por la Asociación Turca para el Pensamiento Liberal, fue reeditado en Indonesia por la Fundación Friedrich Naumann (Yakarta). Precisamente, Atilla Yayla tuvo problemas en Turquía por criticar el legado de Atatürk. Además de él, otros académicos han explorado esta interesante cuestión en relación a Turquía u otros países: Ihsan Yilmaz, Norman Barry, Imad-ad-Dean Ahmad, Masoud Kamali, Norani Othman y otros nombres que estudian las claves que ya están logrando modernizar a las sociedades de los países de mayoría musulmana y terminar con los mitos sobre el "choque de civilizaciones" o el supuesto fracaso del islam frente a la modernidad.

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domingo, enero 21, 2007

La pistola amarilla












Escenario para un escándalo: restos del accidente de Susurluk. Entre los servicios de inteligencia de algunos países de la Europa oriental existe una cierta tradición de liquidar adversarios mediante accidentes de tráfico en los que se utilizan camiones, aunque nunca se encontraron pruebas de que lo sucedido en Susurluk no fuera meramente casual


El 3 de noviembre de 1996, hace ahora poco más de diez años, un Mercedes negro chocó contra un camión cerca del remoto pueblo de Susurluk, en Anatolia occidental, resultando muertos casi todos sus ocupantes. Estos eran un mafioso y antiguo activista de los Lobos Grises, es decir, el brazo armado de la extrema derecha neofascista turca; un alto mando de las fuerzas de seguridad que había sido jefe de la policía en Estambul, así como un parlamentario del Partido la Recta Vía, que era un jefe tribal kurdo, el cual había creado su propia milicia, colaboracionista. En el automóvil apareció además abundante droga, armas sofisticadas y alguna documentación comprometedora. Se sospechaba que el ministro del Interior, del partido de la entonces primera ministro Tansu Çiller, había estado presente poco antes en una reunión con esa muestra de la connivencia entre la política, las fuerzas de seguridad, la mafia y la extrema derecha. La investigación que llevó a cabo una comisión parlamentaria no hizo sino confirmar las peores sospechas, lo que incluía la financiación de la guerra sucia con tráfico de armas y drogas, todo ello impulsado a raíz del golpe militar de 1980. Casi todos los partidos políticos que habían pasado por el poder estaban implicados de una forma u otra. El islamista Refah era una excepción, pero Erbakan, ansioso por mantener viva la coalición gubernamental que mantenía su partido con el de la Recta Vía se alineó con Tansu Çiller –ella misma implicada en la utilización de fondos ilegales- e hizo lo que pudo para defenderla.

Viejo colgante de los Lobos Grises. Colección particular del autor




A imagen y semejanza de las manifestaciones populares que por
aquellas mismas fechas estaban teniendo lugar en Belgrado contra el régimen de Slobodan Milošević, el 1º de febrero de 1997 se convocó espontáneamente en Turquía una “Jornada de luz contra la oscuridad (Sürekli Aydınlık İçin 1 Dakika Karanlık) en la que decenas de miles de ciudadanos protestaron encendiendo y apagando las luces o haciendo sonar bocinas y cacerolas. El impacto de la protesta sobre los entonces todopoderosos militares turcos fue de gran envergadura. Incluso pudiera ser que el denominado "golpe posmoderno" (o "golpe virtual") de ese mismo mes de febrero tuviera como objetivo cercenar ese tipo de manifestaciones tanto o más que el declarado intento de hacer caer el gobierno islamista surgido de la coalición Erbakan-Çiller, lo cual acaeció meses más tarde, el 6 de junio de ese mismo año. Posiblemente, los militares también temieron que islamismo y contestación cívica confluyeran a partir de las protestas contra Susurluk.

La "Jornada de la luz contra la oscuridad" fue un evento espectacular muy poco mencionado por la prensa occidental de la época y que hoy en día está casi completamente olvidado. Y sin embargo, tuvo un profundo significado que iba mucho más allá del hartazgo de la ciudadanía con los militares y la interminable guerra del Kurdistán con sus vergonzosos abusos. La protesta de aquel mes de febrero probaba que existía una sociedad civil turca con sobrada consciencia de su propia fuerza y con sólidas credenciales democráticos. El amarillismo con el que se tiñe buena parte de la prensa occidental cuando encuentra ocasión de denunciar la candidatura turca ante la Unión Europea, tiene gran interés en difuminar su existencia o en olvidar que Susurluk dio lugar a la espectacular jornada de protesta: véase, por ejemplo la crónica de Ricardo Ginés en "La Vanguardia", edición del 21 de enero, pag. 9


Ogün Samast, asesino confeso del periodista Hrant Dink, captado por una cámara de seguridad momentos después del atentado.



El reciente asesinato del periodista Hrant Dink ha reabierto la archimanida caja de los petardos con los estampidos habituales. Por supuesto, los encabeza Robert Fisk con uno de sus carácterísticas piezas "fiskeables" en las que condensa sus bombásticos "descubrimientos" particulares de historiador aficionado sobre los sucesos de 1915, que ya se analizaron en otro post dentro de este mismo blog. Pero la pieza del pasado 20 de enero incluye dos apreciaciones interesantes: de un lado adelanta un dato que se abrió paso durante las primeras horas: que el asesino de Dink fuera él mismo un armenio, basándose en que el periodista acusaba a sus congéneres armenios "de manifestar animadversión y hostilidad contra los turcos por el genocidio". Y a la vez, Fisk calificaba al autor del atentado de "asesino profesional" dando a entender... ¿qué exactamente? ¿Qué el adolescente Ogün Samast cobraba de algún gobierno, de alguna institución capaz de abonar sus servicios profesionales? Difícil de creer que alguna organización activista mínimamente eficaz contrate a un chaval de 17 años de edad que difícilmente va a aguantar un interrogatorio policial. Incapaz de resistir a la tentación del sensacionalismo periodístico Fisk exhuda satisfacción al titular su pieza: "La víctima 1.500.001 del genodicio". ¿No podría ser la 300.001? No: a pesar de que se supone que está a favor del diálogo turco-armenio para la dilucidación de la verdad histórica sobre el denominado genocidio de 1915, Fisk se pone sin rubor del lado del nacionalismo armenio duro: 1.500.000 y no se hable más.

Pero Fisk es un "periodista flagelo" y ya sabemos que en base a ello, trabaja principalmente por su propia causa. Sólo una breve alusión al asunto de fondo: "No se trata únicamente de un golpe horroroso asestado a un miembro de comunidad armenia superviviente del genocidio, sino de un desbaratamiento de las esperanzas turcas de entrar en la Unión Europea, aspiración si se quiere visionaria que de hecho ya se hallaba en peligro por la ruptura de relaciones con Chipre y su negativa a reconocer el genocidio". ¿Seguro? ¿Quién ha hablado en Bruselas del "desbaratamiento" de las esperanzas turcas desde el asesinato de Dink? ¿Por qué son "visionarias" tales esperanzas? ¿Porque lo digan Fisk, Sarkozy e Identidad, Tradición y Soberanía, es decir el nuevo grupo ultraderechista en el Parlamento Europeo? ¿A qué se refiere con "ruptura de relaciones con Chipre"? ¿Acaso fue eso lo que ocurrió el pasado mes de diciembre? Fisk no es precisamente un cronista preciso; tira de incontinencia. Como muchas de las crónicas en que interviene de cerca o de lejos Juan Carlos Sanz, de "El País": "La muertre a tiros en Estambul del periodista Hrant Dink torpedea el acercamiento de Ankara a la UE": ¡Bang, bang! Así rezaba, nada menos que el subtítulo de la crónica de ese periódico dedicada al atentado en su edición del pasado 20 de enero, página 2. Es cierto, el mismo primer ministro Erdoğan dijo aquello de que "han disparado contra la democracia y la libertad de expresión", a poco de conocerse la noticia. Pero ¿de dónde sale que el luctuoso suceso "torpedea el acercamiento de Ankara a la UE"?

Esquina donde fue asesinado Olof Palme en Estocolmo, en febrero de 1986. Fotografía procedente de su biografía en Wikipedia. El atentado continúa sin haberse resuelto, aunque o bien se admite que fue obra de Christer Pettersson en solitario, o que algún servicio de inteligencia occidental estuvo detrás. Lo cual probaría que no sólo en Turquía existe "Derin Devlet".




Quizá Ricardo Ginés tiene la respuesta y nos la ofrece desde "La Vanguardia": la culpa la tienen el gobierno y los medios de comunicación turcos. El primero, por no ofrecer protección a la víctima (al parecer sí lo hizo, y ésta la rechazó). Como dicen los italianos: "¿Piove?¡Governo ladro!":
Ya se sabe, el gobierno siempre tiene la culpa de todo, y en primera instancia además. Después le toca reparto de responsabilidad a los colegas de los medios de comunicación, así en general: "Los medios turcos [¿todos?] son en gran parte culpables, sobre todo por cómo han tratado el contencioso armenio. Ignorando el pasado, editores y presentadores de televisión parecían estar llevando a cabo campañas de odio contra personas como Dink, señalándolas como traidores. Esto condujo a amenazas de muerte masivas por parte de un público ignorante y emocional". Claro, sólo que esto no lo dice Ginés por sí mismo, sino un periodista, "amigo de la víctima". Y para redondear la investigación, añade en su crónica... ¡declaraciones a "La Vanguardia" del correponsal de "The Economist" en Turquía! Sorprende bastante que el periódico barcelonés acepte torpezas de ese calibre, las cuales dejan malparada la autoridad (o capacidad) informativa de un periódico, abandonada en manos de las opiniones de la competencia.

Pero da igual: para Fisk, Sanz y toda la tropilla, lo importante es que el gobierno, los medios de comunicación y una inmensa mayoría de los turcos son, de una forma u otra, culpables de la muerte de Dink. Todos apretaron el gatillo y por lo tanto, queda claro que Turquía no es europea, es un país poblado por asiáticos ignorantes. Y dejemos para otro día el hecho de que son musulmanes e islamistas fanáticos en potencia. Nunca existió la "Jornada de luz por la oscuridad" en 1997, nadie protestó en Turquía por la muerte de Dink (ni siquiera sabemos quiénes eran los contestatarios), las declaraciones de Erdoğan no son suficientes para el "El País", según reza en el editorial del 20 de enero ("Tragedia en Estambul"): "Erdoğan aún no cumple del todo con suficiente honestidad ante la historia y el futuro". Bien, ¿y que se espera exactamente del primer ministro turco?

La incontinencia periodística suele basarse sobre inestables juegos malabares con la lógica. Imaginemos que el estado turco hubiera "reconocido" como genocidio los sucesos de 1915. ¿Habría eso evitado la muerte de Dink a manos de un adolescente obnubilado? ¿O quizás hubiera provocado muchos más problemas de los que debería solucionar? Según este tipo de argumentación, por ejemplo (hay muchos otros) la muerte de Olof Palme en la supercivilizada, tolerante y democrática Suecia, sin aparentes deudas no reconocidas con el pasado, nunca debió haber sucedido.

La paja en el ojo ajeno y la viga en el propio: José Amedo, jefe operativo de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL): no apartaron a España de la Comunidad Europea


Y ya que estamos en esta línea, echemos mano de la pedagogía comparativa. ¿Podemos imaginar que algún periódico occidental o turco le hubiera dado el mismo trato informativo a la reciente tragedia de la T4 en Barajas? ¿Qué tal si algún cronista extranjero hubiera achacado la culpa del atentado y las dos muertes al gobierno y una supuesta mala fe negociadora apoyándose en las declaraciones de algún colega "amigo" de los responsables del acto? ¿Y si un Robert Fisk insinuara que la causa de lo ocurrido el pasado diciembre estuviera en el bombardeo de Gernika? Pero sobre todo, y esto va dirigido a los periodistas de mala memoria o los jóvenes que no tienen en cuenta la historia cercana, hemos de recordar que los asesinatos de los GAL, vergonzoso terrorismo de estado convicto y confeso, no evitó que España ingresara en la Comunidad Europea, allá por 1986 (y recordemos que los Grupos Antiterroristas de Liberación actuaron entre 1983 y 1987, siendo responsables de 23 asesinatos). Por lo tanto, y teniendo en cuenta el precedente español en materia de crímenes de estado, el asesinato de Hrant Dink, por lamentable que resulte en sí mismo, deja aún mucho, pero lo que se dice mucho, margen de esperanza para las aspiraciones de Turquía en relación a la UE.

La sociedad civil turca en acción: más de 100.000 personas despiden el féretro de Hrant Dink en un monumental manifestación por el centro de Estambul, 23 de enero, 2007. Fotografía publicada por laverdad.es


Por lo tanto, seamos honestos y no hagamos exactamente lo mismo que denunciamos. Si, qué duda cabe: el ultranacionalismo turco organizó linchamientos mediáticos contra intelectuales liberales: eso no es nuevo en absoluto, llevan así más de cuarenta años. Pero eso no quiere decir que los culpables de lo sucedido a Dink sean el gobierno, los medios de comunicación de aquel país o la población en general. No linchemos a todo un país desde la impunidad occidental. Y sobre todo, hagamos un poco de examen de conciencia: Dink no tenía que haber muerto bajo ningún concepto; pero menos que nada, por una polémica absolutamente innecesaria atizada también desde Occidente, en parte por una derecha (y una ultraderecha) tan cavernícola como la turca, por las conveniencias de los políticos oportunistas de turno y por el afán de notoriedad de unos cuantos intelectuales y periodistas vanidosos.

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