sábado, julio 25, 2009

CK Way (3): de Doğubeyazıt a Van y Ahlat





Tres guerreros. La simplicidad de las lápidas del cementerio selyúcida de Ahlat tiene algo de la elegancia zen













A partir de Doğubeyazıt, el recorrido traza la otra mitad simétrica del arco de la "C". El camino abunda en paisajes naturales de gran belleza, sobre todo a lo largo de la costa del Lago de Van. Tienen razón quienes dicen que parece un mar interior: desde casi cualquier rincón, el horizonte es la línea azul del agua, aunque como es habitual en los lagos, la superficie es plana, tranquila. Van es un lugar para pasarse horas contemplando las diversas especies de pájaros, desde la orilla o desde alguna de las pequeñas islas.

Los tramos de soledad son amplios. Como dice una amiga nacida en la zona, es la nada, luego un poco de algo, y a continuación, más nada. Por el camino apenas hay bares o estaciones de servicio donde refrescarse. No abundan las aldeas. Sólo es habitual la presencia militar y de la gendarmería, así como las inscripciones patrióticas en las laderas de las montañas y colinas.

La ciudad de Van contrasta con todo eso. Es una población de nueva planta; recuerda a la misma Ankara, con su ajetreo y desorden. Una de las vías principales está de obras, y el caos automovilístico es total, con aparatosos embotellamientos, claxonazos a diestro y siniestro, y autobuses que circulan en dirección contraria, saltándose las señales habituales y las añadidas. De vez en cuando se escucha el altavoz de algún coche patrulla de la policía, dando instrucciones o llamando la atencióna a algún conductor. Primero suena una señal acústica y luego se oye la voz eléctrica y gutural, en tono apremiante.













Estampa habitual en las orillas del lago de Van. Una pequeña aldea se refleja en las aguas tranquilas



Van es interesante para el viajero que conozca bien la zona o para quien busque elaborar un estudio sociológico de la vida urbana en Turquía. Pero como destino turístico es desdeñable. Antes de la Gran Guerra había sido una ciudad de importante presencia armenia (un tercio del total, según censo de 1914). Pero toda la zona del lago y muy especialemtne la ciudad, fueron teatro de fuertes combates entre las troaps otomanas, de una parte, y los insurgentes armenios apoyados por el Ejército ruso, de la otra. Van fue tomada por unos y recuperada por los otros en varias ocasiones. El forcejeo continuó durante la Guerra de la Indepedencia turca. El resultado final fue la destrucción total de la vieja ciudad de Van. Hoy pueden contemplarse algunos restos de la antigua población, de una horizontalidad que recuerda las fotos de Hiroshima tras el lanzamiento de la bomba atómica. Numerosos restos de la civilización armenia en la zona, como el monasterio de Narekavank, fueron también destruidos hasta la última piedra. Pero tampoco quedan muchos vestigios de la pretérita cultura musulmana. La soledad de los paisajes en torno al lago de Van, es un bello sudario para los recuerdos del horror.

La joya de la ciudad de Van es la masiva fortaleza que presidía el antiguo casco urbano, rodeado a su vez de murallas hoy desaparecidas. La urbe era uno más de los puntos fortificados de la zona, siempre en los límites fronterizos de uno u otro estadode. Para los interesados en la Historia Antigua, Van fue la capital del
reino de Urartu: la fortaleza es testimonio de ello. Los restos arqueológicos se pueden contemplar en el pequeño museo local. Algunas guías hacen referencia a paneles sobre las matanzas de la Gran Guerra, pero culpando al otro, a los armenios. Sin embargo, a la altura de julio de 2009 habían desaparecido, quizá debido a la mejora de relaciones entre Ankara y Yerevan.
















Vista de la antigua ciudad de Van en 1893, presidida por el castillo

Otros atractivos de Van son más inocentes. Uno de ellos es el queso, que incluye yerbas aromáticas en su elaboración (otlu peynir) En general, los desayunos de Van, a base de olivas, tomate y queso de la región, tienen fama de abundantes y sabrosos.

Y además: los
gatos de Van, célebres por tener un ojo de cada color y no demostrar rechazo alguno al agua. Al parecer, quedan ya muy pocos. Pero a la salida de la ciudad, en el centro de una rotonda, un enorme monumento, entrañablemente kitsh, recuerda al viajero la importancia sentimental de esos habitantes de la ciudad.























Un característico gato de Van, con un ojo de cada color. Además de ese extraño rasgo, la raza se distingue por dar unos animales excepcionalmente inteligentes y amigables (se ha llegado a decir que son algo así como "gatos perrunos") y amantes del agua (verdaderos "gatos nadadores"). Por su faltara algo, se dice que son gatos hipoalergénicos, a prueba de amos con problemas de esa índole. Debido al clima extremo de su región de origen, cambian completamente de pelaje entre verano e invierno. En Occidente se les ha confundido, durante siglos, con los gatos de Angora (Ankara, en la actualidad). Sin embargo, el gato de Van sólo comenzó a criarse en Gran Bretaña en 1955


En general, Van no es una ciudad pobre ni subdesarrollada, adjetivos corrientemente dedicados por la prensa occidental al conjunto de la Turquía oriental. Tiene ese característico punto desordenado y bullicioso, pero no faltan modernos hospitales, los transportes públicos son abundantes y rápidos, las tiendas están llenas de género y clientes, que tampoco están ausentes de los restaurantes; y sobre todo, muchas casas muestran en sus tejados grandes placas solares, lo que hace pensar por qué en España, con este sol despiadado, estamos tan a merced de las subidas desmesuradas en la tarifa eléctrica.

El viajero que no desee pasar todo un día o una tarde en Van, puede limitarse a visitar o fotografiar la fortaleza, pero desde el ángulo Oeste, desde la costa del lago; o subir hasta las mismas ruinas. Más al sur, le espera la iglesia armenia de Akdamar.

El templo es pequeño y es la única construcción en medio de una diminuta isla, a unos veinte minutos de navegación desde la costa. Hay un pequeño embarcadero, justo enfrente, desde donde se pueden tomar los transbordadores. El problema reside en que los transportistas no sólo atienden al beneficio en dinero, sino también en tiempo. La ecuación viene a ser: cuántos más pasajeros y menor tiempo de espera, mejor (lo cual no quiere decir que eso revierta en más pasajeros por día). El resultado es que los tipos de las embarcaciones sólo conceden media hora de visita, lo cual apenas deja tiempo para echar un vistazo y algunas fotos a la iglesia de Santa Cruz y sus bajorrelieves exteriores. Toca olvidarse de tomas más espectaculares desde el promontorio. Dado que hay un chiringuito en las cercanías del templo, cabe la posibildiad de almorzar (o lo que sería mejor: cenar) y disponer de más tiempo para admirar los paisajes, pero la información es un bien escaso en la CK Way.












Contrapicado del cimborrio de la iglesia de Santa Cruz, en la isla de Akdamar. Las palomas y sus sombras se entremezclan con la fauna de los bajorrelieves exteriores: son los animales que Noé llevó en su Arca.


Aunque el recorrido hasta Tatvan está cada vez más explotado turísticamente, sigue siendo una constante la presencia de las fuerzas del orden, vigilando las riberas del lago. De todas formas, queda mucho por hacer hasta llegar a los niveles occidentales. El disfrute masivo de la costa parece reñido con la cultura popular musulmana. El litoral del lago de Van ofrece rincones muy hermosos para una zambullida o un rato de sol. Sin embargo, es algo que el viajero deberá organizarse por su cuenta. Ni pueblos ni ciudades suelen ofrecer facilidades. Nada de embarcaderos, chiringuitos, terrazas o playas acondicionadas. En Tatvan, un desolado paseo discurre a lo largo de unos rompientes de piedra que aprovechan los pescadores. Hay bancos públicos desde los que sentarse y observar el paisaje; pero las patatas fritas y la bebida refrescante (no alcohólica) la pones tú. En conjunto, "bajar a la costa" en la ciudad supone el mismo grado de comodidad que tomar el sol en un polígiono industrial.






















Taysim, orgulloso de haber llegado con su taxi al cráter lacustre del Nemrut Daǧı

Sin embargo, como en otras ciudades de la zona, el viajero podrá encontrar en Tatvan un centro comercial moderno, las últimas pelis en cartelera, restaurantes de calidad a un precio muy asequible y hoteles con wi-fi en las habitaciones, cajeros automáticos en cualquier esquina e internet cafés a cada paso. Barrios tradicionales donde miran al turista con curiosidad, pero también calles de clase media donde el extranjero pasa completamente desapercibido. Esto es Turquía, desde el Egeo al Cáucaso.

Tatvan no merece mayor atención en sí misma; pero es la base desde la cual el viajero puede acceder al reputado Nemrud Daǧı. Ojo: no confundir el Nemrud Daǧı de Tatvan con el de Kahta, es decir el parque nacional del Nemrud Daǧı, con sus estatuas y enormes cabezas de piedra de los tiempos del rey Antíoco. El monte al que se hace mención aquí es puro paisaje natural: se trata de un antiguo volcán extinto que en su cráter contiene un lago. En las laderas, el viajero se puede topar con pobladores nómadas; y con un poco de suerte, las fotos pueden ser dignas del "National Geographic". La vista panorámica del Lago de Van es espectacular: garantizado.

El problema es, una vez más, el transporte. Lo mejor es alquilar un taxi en Tatvan o intentar integrarse en una excursión organizada. Pero los que no se manejen en turco o kurdo van a tener problemas de comunicación. Si se llega en automóvil de alquiler, atención a la resistencia del vehículo, porque los caminos y subidas no son aptos para todos los amortiguadores y neumáticos.

De regreso a la carretera comarcal 965 el viajero no debería perderse una excursión al pueblo de Ahlat. Es muy poco conocido que justamente aquí, a comienzos del siglo XI, se inició la turcificación de Anatolia, por entonces parte del Imperio bizantino. Aunque la batalla decisiva que derrotó a las huestes del emperador bizantino Romano IV Diógenes se libró más al norte, cerca de la actual población de Malazgirt (
26 de agosto de 1071) el sultán selyúcida Alp Arslan estableció su base en la por entonces fortificada ciudad de Ahlat.








Usta Şaǧırt Kümbeti: elegancia arquitectónica que ha sobrevivido ocho siglos











Quedan algunos restos de aquella gloria y el tormentoso pasado de pugnas que vivió Ahlat. El viajero puede encontrar fácilmente el mausoleo (Kümbet) del Usta Şaǧırt, una fina construcción funeraria del siglo XIII. Es la mayor de su género en toda la región y totalmente selyúcida ("kümbet" es, precisamente, un término turco selyúcida). En el verano de 2009, la cancela de hierro estaba abierta y el visitante podía acceder a las mismas tumbas, en el misterioso sótano del kümbet.

Pero el plato fuerte de la visita a Ahlat es el cementerio selyúcida, en las afueras del pueblo. Si en toda la zona el turismo es escaso, aquí es inexistente. El monumento consiste en un romántico campo tachonado por decenas de estelas funeraria en toba volcánica, negra o rojiza. Se trata de las tumbas de la
dinastía de los Ahlahshahs, descendientes de Sökmen el Kutbî, es decir, Sökmen el Esclavo, uno de los generales del ejército de Alp Arslan (en el islam, y sobre entre las tribus turcas, un esclavo podía llegar a general sin perder esa condición). Según la guía Lonely Planet dedicada a Turquía, "casi todas las tumbas están vigiladas por un cuervo, y entre las ruinas también se pasean tortugas". El viajero no observó mayor presencia de cuervos bajo las inmensas nubes, ni tortugas entre los juegos de luz que adornaban las altas hierbas. Pero las autoridades locales están haciendo esfuerzos para que el cementerio sea incluido en la World Heritage List (Patrimonio Mundial) de la UNESCO; lo cual, por cierto, estaría plenamente justificado.





Cementerio selyúcida en Ahlat. Los guerreros y notables de la dinastía Ahlahshahs-Sökmenli, descansan bajo el inmenso cielo protector

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